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Mes: marzo 2014

Identificación de las regiones de la cara en los escenarios forenses. Club de las Ciencias Forenses.

IDENTIFICACION DE LAS REGIONES FACIALES. CLUB DE LAS CIENCIAS FORENSES.

Identificación de las regiones faciales. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados amigos del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les invitamos a disfrutar del interesante artículo elaborado por Pedro Tome, Julián Fierrez, Rubén Vera-Rodríguez y Daniel Ramos, todos ellos integrantes del Biometric Recognition Group – ATVS de la Universidad Autónoma de Madrid, que versa sobre la importancia en el campo forense de la identificación de las regiones de la cara. Efectivamente, el reconocimiento automático de la cara ha sido un ámbito de análisis forense muy estudiado a lo largo de las últimas décadas. Este interés se debe, sobre todo, a la facilidad de toma de muestras, y a la importancia de la aplicación biométrica en cada vez más numerosos escenarios, como el control de acceso, la videovigilancia, el pasaporte o el permiso de conducir. Dentro del ámbito forense sirve incluso para probar, o no, la culpabilidad de un sospechoso, utilizándose por el sistema judicial.
Es cierto que tanto el ADN como las huellas dactilares son los dos métodos más fiables de identificación en ciencias forenses, pero la tecnología de reconocimiento automático del rostro está avanzando enormemente en los últimos años, pudiendo determinar la identidad de una persona, incluso en imágenes de vídeo vigilancia. Así, la mejora de estas técnicas es uno de los objetivos actuales del Programa de Identificación de Próxima Generación del FBI.

Cierto es, que todavía hay que mejorar mucho la investigación y su técnica, sobre todo en el área de la videovigilancia, ya que son muchas las variables que están presentes a la hora de realizar, por este método, un reconocimiento facial. Los principales sistemas de reconocimiento de caras están diseñados para que sean capaces de comparar rostros completos, pero en la práctica los investigadores forenses se encuentran que pocas son las ocasiones en las que se dispone de una cara completa para realizar dicha comparativa. Así, se demuestra la importancia del análisis y comparación morfológica exhaustiva de una parte concreta del rostro, dentro del análisis forense (nariz, boca, ojos, cejas… o rasgos como marcas, lunares o arrugas). De hecho, cuando los examinadores forenses comparan dos imágenes de la cara, no solamente se centran en la similitud global de los rostros, sino que llevan a cabo una comparación morfológica de las diferentes partes de la cara (nariz, boca, cejas…). Así, podemos preguntarnos en qué medida cada región de la cara puede ayudar a la identificación de una persona, mediante la utilización de una base de datos.

Con todo, los autores de este artículo se preguntan, ¿cuáles son las zonas más discriminativas de la cara, en su reconocimiento?

El primer paso se centra en extraer un conjunto predefinido de puntos de referencia antropométrica, bajo dos configuraciones distintas, manual y automática. Esta tarea es complicada debido a la gran variabilidad de apariencias faciales. Se utiliza el Luxand FaceSDK, que es capaz de detectar automáticamente 65 puntos de referencia faciales. A continuación, se seleccionan puntos de referencia de cada región facial (cejas, ojos, nariz, boca y barbilla) y se eliminan el resto. Los 13 puntos de referencia faciales fueron seleccionados siguiendo los protocolos de reconocimiento forense del rostro utilizado por la Guardia Civil. En el enfoque manual, además de los 13 puntos de referencia, se marcan hasta 21 puntos, incluidos los oídos y el extremo superior de la cabeza. A continuación se realiza la extracción de las proporciones faciales, hasta 15 regiones faciales. El segundo extractor, basado en rasgos faciales antropométricos, nos ayuda a extraer regiones faciales con mayor precisión. Una región facial se extrae mediante la estimación del centro entre cada uno de los dos puntos de referencia faciales por rasgo facial, generando un cuadro delimitador que contiene la región facial concreta. Este procedimiento se sigue con las 15 regiones faciales forenses delimitadas.

Los autores, utilizaron una colección de fichas policiales y un circuito cerrado de televisión, y los rostros de 130 sujetos de dos bases de datos diferentes, la SCface y MOPRH. El SCface (surveillance cameras face database) es una base de datos de imágenes estáticas de rostros humanos con 4.160 imágenes, correspondientes a 130 sujetos.

Con todo, se observó que en todos los casos el rendimiento del reconocimiento de las regiones faciales depende de la distancia a la que se adquirieron las imágenes. Las tres regiones faciales mejores con alto poder de discriminación en la corta distancia son la cara, la nariz y la frente. Sin embargo, en la media distancia, el mejor rendimiento se logra por la frente. Esta región facial, la frente, adquiere un importante papel en los escenarios con una distancia similar a la existente en el visionado de un circuito cerrado de televisión.

Club del las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez.

Edición: Belén Alcázar.

Reducción de la violencia psicopática. Club de las Ciencias Forenses

Reducción de la violencia psicopática. Club de las Ciencias Forenses

Reducción de la violencia psicopática. Club de las Ciencias Forenses

El artículo, que en esta ocasión, queridos amigos del Club de las Ciencias Forenses, nos place ofrecerles, aborda el controvertido y dificultoso camino para atajar o reducir la violencia psicopática. Se trata de una revisión de la literatura existente sobre el tratamiento de la psicopatía llevado a cabo por Dennis E. Reidy, Megan C. Kearns, y Sarah DeGue, pertenecientes a Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y a la División para la Prevención de la Violencia (Estados Unidos).

La psicopatía es una patología de la personalidad que predispone a los individuos a la comisión de actos de violencia crónica y grave, a lo largo de su vida.La violencia atribuible a personas con rasgos psicopáticos constituye una parte sustancial de los casos llevados ante el sistema judicial penal. Solo en 2011, el FBI estimó que en los Estados Unidos de América existieron alrededor de 1,2 millones de crímenes violentos. La psicopatía parece un importante factor de riesgo, particularmente pertinente y predictor de disposición a la agresión y a la violencia (Dolan y Doyle, 2000; Neuman y Hare, 2008), por lo que es fundamental para la comunidad científica su estudio, análisis e investigación. Diferentes estudiosos de este trastorno de personalidad mantienen que un deficiente procesamiento de las emociones durante el desarrollo temprano, puede perturbar la socialización normal de una persona, favoreciendo la aparición de comportamientos psicopáticos. Con todo, la relación entre la psicopatía y la violencia se ha justificado tanto en la población forense, como en la comunidad, dando lugar a estudios en los que se observa que el 1% de la población general y el 20% de la población penitenciaria podrían ser considerados como psicópatas (Blair, Mitchell y Blair, 2005).

Analizados estos datos, es enormemente preocupante y extraño que existan tan pocos estudios científicos centrados en la búsqueda de las causas y, sobre todo, de la mejora en la detección, prevención y tratamiento de personas con trastorno psicopático. Uno de los pocos estudios de respuesta al tratamiento es el realizado por Richards y colaboradores (2003), llevado a cabo con mujeres encarceladas que fueron asignadas a una comunidad terapéutica en la que los tratamientos se centraron en el desarrollo de habilidades y empoderamiento de las participantes, aceptando la responsabilidad de sus acciones. Esta intervención se realizó bajo una orientación cognitivo-conductual. Los investigadores observaron una tasa de deserción del 40%, ya que fueron liberadas sin regresar a prisión. Este dato coincide con el paradójico estudio de Porter, Brinke y Wilson (2009) en el que concluyen que los delincuentes encarcelados con altas puntuaciones en psicopatía, obtienen la libertad condicional mucho antes que el resto, a pesar de tener un mayor historial de violencia. Esto puede ser debido al estilo impersonal, manipulador, astuto y locuaz por el que se categorizan los psicópatas, llegando incluso a engañar hasta a las juntas de tratamiento. Igualmente se ha observado que los psicópatas que obtienen una puntuación más alta en diferentes análisis y cortes diagnósticos, como los llevados a cabo utilizando la escala de evaluación de psicopatía (PCL: PsychopathyChecklist) de Hare (1980), la escala de evaluación de psicopatía revisada (PCL-R) de Hare (2003) así como la PCL-SV (screeningversion) (Hart, Cox y Hare, 1995), son excluidos de la muestra y de los grupos de tratamiento. Asimismo, se observa que son los individuos de menor riesgo, los más propensos a recibir tratamiento (Harris y rice, 2006).

Si realizamos un repaso de la literatura reciente sobre el tratamiento a los psicópatas y su respuesta a la intervención, los resultados no son muy esperanzadores, sobre todo si tomamos como único indicador de éxito la ausencia de conducta violenta. Por ello, son muchos los investigadores que prefieren realizar un análisis más completo de la relación entre el psicópata y la violencia, tras la intervención.Así, podemos observar que las intervenciones específicas y adaptadas, que tienen en cuenta los patrones únicos que se presentan en personas psicopáticas, y basados en el condicionamiento conductual, pueden ser de gran potencial en la reducción de la conducta violenta.

Por otro lado, los autores de la presente revisión señalan que existen ciertas intervenciones que, potencialmente, pueden exacerbar el comportamiento violento de estas personas. Con todo, una de las principales conclusiones de dicha revisión es que hay que aumentar el control metodológico en la investigación de la psicopatía y su tratamiento/intervención, incluyendo grupos de control, sin tratamiento, y aumentando de esta manera, la transparencia de las intervenciones realizadas.

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

Club de las Ciencias Forenses, 2014

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