clubforenses.com

clubforenses.com

Mes: septiembre 2014

Objetivo de selección de los violadores: el papel de los factores ambientales y contextuales. Club de las Ciencias Forenses.

Objetivo de seleccion de los violadores: el papel de los factores ambientales y contextuales

Elección de víctimas por los violadores: la influencia del entorno. Club de las Ciencias Forenses.

En esta ocasión, estimados seguidores del Club de las Ciencias Forenses, les brindamos el artículo elaborado por Patricia Silva y María Francisca Rebochoa de la a Universidad Fernando Pessoa de Oporto (Portugal), que analiza la influencia del entorno en la elección de sus víctimas por los violadores. En efecto, la investigación sobre los delincuentes sexuales ha subrayado sistemáticamente el papel de los factores personales, dejando de lado los aspectos ambientales y situacionales. La perspectiva medioambiental pone el centro de atención en el crimen, del que el autor es sólo un elemento. El análisis se inicia con la localización de los delitos, con miras a la clasificación de patrones basados en dónde, cuándo y cómo ocurren los crímenes. En los últimos años se ha producido un aumento de la investigación sobre el modus operandi de los violadores en cuanto a la toma de decisiones geográfica y selección de sus objetivos. Este artículo tiene como propósito proporcionar una revisión exhaustiva de lo escrito hasta ahora en el campo de la selección de los objetivos por parte de los violadores y su comportamiento de caza desde el punto de vista ambiental.

A lo largo de los años, la corriente principal de la investigación sobre el crimen se ha centrado en la motivación, el deseo o la compulsión de cometer un crimen. Dos perspectivas surgieron al respecto: mientras que algunos investigadores consideran la motivación criminal como algo inherente, el producto de alguna causa interna, otros lo ven como la consecuencia de diversas fuerzas externas a la persona, incluidas las presiones del entorno social y económico. El crimen es un evento complejo que ocurre cuando convergen cuatro elementos: una ley, un delincuente, un blanco y un lugar. Éstos conforman las dimensiones de la delincuencia y concurren junto a otras características sociales, económicas, políticas, biológicas y físicas. La criminología ambiental, por ejemplo, se podría definir como el estudio de la cuarta dimensión de la delincuencia.

Varios enfoques teóricos se han identificado en el campo de la criminología ambiental, la teoría de la rutina de actividad, la teoría de la elección racional y la de los patrones, entre otros. Todos ellos afirman que el comportamiento individual es producto de la interacción de una persona con su entorno físico y esta configuración proporciona diversos niveles de oportunidad para el crimen. En cuanto a la teoría de la actividad de rutina la hipótesis plantea la convergencia de tres elementos: un probable infractor, un objetivo adecuado y la ausencia de alguien que pueda evitar el crimen. La idoneidad de actuar se caracteriza por el valor o atractivo de la meta, calculada a partir de la perspectiva racional subjetiva del delincuente; la inercia de la meta, que incluye todos los aspectos físicos que pueden facilitar o inhibir el transporte de la meta (peso, movilidad o resistencia), la visibilidad del objetivo, su accesibilidad y la posibilidad de huida. Por otra parte, a pesar de que la motivación detrás de algunos crímenes expresivos puede ser patológica, su planificación y ejecución pueden, sin embargo, ser muy racionales. Por ejemplo, los delincuentes sexuales muestran un alto grado de racionalidad en la comisión de sus crímenes.

Se ha identificado un modelo descriptivo específico para el proceso de búsqueda de los delincuentes sexuales en serie, desde la perspectiva de la elección racional, que consta de nueve fases: actividades de rutina de los delincuentes y de las víctimas, elección de campo de caza, selección de la víctima, método de enfoque, elección del lugar de ataque, método para llevar a las víctimas a sitios en los que delinquir, elección del lugar del crimen, método para cometer el delito y elección del lugar de abandono de la víctima.

La mayoría de los delincuentes se dirigen a una víctima específica. El factor más importante relacionado con la selección de la víctima es la ubicación y la disponibilidad de la misma, seguido por su apariencia física en general, la vulnerabilidad, la edad, la personalidad y la conducta. Después de elegir una víctima, el delincuente utiliza diferentes métodos de aproximación. El más utilizado es la falsa identidad, seguida de la violencia física y las amenazas. También, el efecto sorpresa, la seducción/persuasión y el ofrecimiento de dinero, regalos o juegos. El proceso de la comisión de un delito concluye con el abandono de la víctima. La mayoría de los delincuentes, después de haber completado el asalto, dejaron a sus víctimas en la escena del crimen. La toma de decisiones en torno al proceso de caza varía en función de la estrategia del delincuente, el tipo de víctima y su posible reacción, el contexto situacional del delito y el medio ambiente/entorno. La toma de decisiones en la selección de objetivos se relaciona, por lo tanto, con factores ambientales.

Existen tres clases de delincuentes sexuales: manipuladores, oportunistas y coercitivos. Los abusadores de niños son más propensos a ser del primer tipo. Su comportamiento implica una cuidadosa premeditación y un proceso de selección no aleatorio de la víctima. Estos delincuentes no se dirigen a los extraños, sino que seleccionan víctimas conocidas. Sus estilos de caza preferidos son el cazador y el controlador y su método de ataque típico es el emboscador. El tipo oportunista muestra poca preocupación a la hora de premeditar el crimen y seleccionar a la víctima. Parece que la oportunidad juega un papel decisivo en la selección de objetivos. La elección del método de ataque y enfoque es probable que se asocie con las características de la ubicación del encuentro, así como con las propias características de la víctima, la edad y la constitución física, entre otros factores ambientales y de situación. Los violadores son más propensos a ser delincuentes coercitivos, no premeditan sus delitos ni seleccionan a sus víctimas y, por lo general, se dirigen a los extraños. Su estilo habitual es el de cazador, pero también puede utilizar el de cazador furtivo. Estos delincuentes suelen ser acosadores, aunque también pueden optar por un ataque rapaz. Los criminales violentos son depredadores que buscan víctimas humanas de maneras similares a las que los carnívoros cazan sus presas. Y al igual que la fauna salvaje, emplean diversos estilos de caza en sus esfuerzos por buscar y encontrar víctimas de sus ataques. Subyacente al proceso de la caza del delincuente humano existe un proceso de toma de decisiones complejo compuesto por varias etapas, cada una de las cuales exige una serie de evaluaciones y elecciones. Todo este proceso está influenciado no sólo por las características y actividades individuales del delincuente, sino también por las características y actividades de la víctima, por el entorno y por las señales situacionales. El análisis de la cacería criminal tiene en cuenta todos estos factores, así como sus interacciones.

Los estudios realizados demuestran un proceso de selección de objetivos racionales subyacente en los delincuentes sexuales e ilustran la complejidad de cada etapa de toma de decisiones. Patrones claros, que pueden ser identificados y analizados, permiten una mejor comprensión de los eventos criminales para desarrollar estrategias de prevención más eficaces. Estos patrones, así como la relación encontrada entre ellos y las variables de su modus operandi, pueden ser útiles para investigación criminal, aunque no exclusivamente, en la elaboración de los perfiles de los delincuentes. Sin embargo, se necesitan más estudios en esta área, a fin de aumentar la eficacia de las estrategias de investigación, las medidas de prevención y los programas de intervención.

Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

Psicopatía frente a sociopatía: ¿por qué la distinción se ha vuelto crucial? Club de las Ciencias Forenses.

Psicopatia frente a sociopatia: distinción crucial. Club de las Ciencias Forenses.

Anders Breivik: sociópata. Club de las Ciencias Forenses.

Queridos amigos del Club del Lenguaje no Verbal, les ofrecemos en esta ocasión, dada la necesidad actual de usar una terminología adecuada para cada trastorno, el artículo elaborado por Jack Pemment de la Universidad de Mississippi (USA), en el que se distingue la psicopatía de la sociopatía. Cierto es, que los términos psicópata y sociópata se utilizan a menudo indistintamente, pero hay reticencia por parte de los investigadores en las diversas disciplinas que comprenden la criminología para continuar con esta tendencia. La psicopatía es el más común de los dos términos y conlleva una definición mucho más específica, lo que la aleja de su primo distanciado, la sociopatía. Como el lenguaje puede servir para obstaculizar o confundir una investigación es fundamental que estos términos obtengan su propio lugar.

En la ciencia del cerebro, la diferencia entre estos dos términos se ha convertido en crucial por numerosas razones. En primer lugar, en la historia del estudio de la psicopatía se ha llegado a un punto en el que la palabra psicópata significa algo muy específico. En segundo lugar, parece que hay una indecisión entre los estudiosos a la hora de utilizar los términos indistintamente, prefiriendo utilizar sociopatía en aquellos casos en los que existe una lesión cerebral o un sistema de creencias que hayan dado lugar a la conducta antisocial en cuestión. Y, por último, a la luz de los dos primeros motivos, la neurología subyacente en el psicópata y en el sociópata es muy diferente; un hecho crucial para entender la etiología, las características del comportamiento y los posibles tratamientos para cada uno.

Hervey Cleckley fue uno de los primeros expertos en salud mental que clasificó el término psicopatía en su libro The Mask of Sanity, publicado por primera vez en 1941. Cleckley enumeró los rasgos psicopáticos con los que todos nos hemos familiarizado, como el encanto superficial, la falta de remordimiento o una vida sexual impersonal. La PCL-R es una prueba elaborada desde un punto de vista estrictamente conductual y con ella se ha conseguido generar una lista de todos los comportamientos propios del psicópata, además de crear un sistema de puntuación que podría indicar si la persona es psicópata o no. Mediante el uso de la PCL-R (o PCL-SV) como herramienta de cribado, se puede inferir que los psicópatas tienen reducida la materia gris en sus lóbulos frontales, mayor volumen del estriado, asimetría anormal en el hipocampo, un cuerpo calloso más grande, falta de integridad estructural en el fascículo uncinado, actividad anormal en la corteza cingulada anterior y deformaciones en la amígdala. La PCL-R funciona muy bien, ya que las diferencias en neurología reflejan los resultados de la prueba, por lo menos en un ambiente académico, máxime cuando numerosos estudios neurológicos han añadido una inmensa cantidad de conocimiento acerca de lo que significa biológicamente ser un psicópata.

Hare y Babiek (2006) reconocen una diferencia clara entre psicopatía y sociopatía. La psicopatía supone que el individuo no tiene ni empatía ni sentido de la moral. Sociopatía es un indicativo de que el sujeto sí tiene sentido de la moral y una conciencia bien desarrollada, aunque su sentido del bien y del mal no es el mismo que el propio de la cultura de los padres. Existen correlatos neurológicos de cómo las creencias podrían promover determinados tipos de morales, actitudes y conductas. Estas correlaciones proporcionan una base para el estudio de cómo las creencias crean nuestra identidad moral al afectar a nuestra empatía. Sin embargo, un gran componente de la sociopatía implica un comportamiento antisocial. La sociopatía es muy poco frecuente en los jóvenes delincuentes, a diferencia de la psicopatía, que puede ser diagnosticada en forma de trastorno de la personalidad antisocial extrema a los 18 años. Esto disminuye la utilidad de usar la sociopatía en criminología, sobre todo porque, por ejemplo, muchos de los sujetos con demencia no desarrollan una conducta sociopática. La psicopatía es un trastorno del desarrollo asociado a determinados tipos de comportamiento. La sociopatía adquirida es muy diferente de la psicopatía. El sujeto presenta conductas antisociales provocadas por lesiones procedentes de traumas, cirugía o demencia. El descubrimiento de cómo las creencias afectan al cerebro y a nuestro juicio moral es fundamental. Sin embargo, cómo las ideas pueden causar cambios fisiológicos en el cerebro no es tan obvio como la búsqueda de daños o anormalidades. Si somos capaces de ampliar los estudios que ya existen, podremos ver cómo las creencias de una subcultura proporcionan una moral y una visión del mundo que podrían permitir a la persona disfrutar de actos atroces como, por ejemplo, el asesinato en masa.

Este nuevo enfoque para la comprensión de la sociopatía nos permitiría entender a individuos como Anders Breivik, el asesino noruego que el 22 de julio de 2011 asesinó a 77 personas; 8 con un coche bomba en Oslo y 69, disparando en un campamento de verano en la isla de Utoya. Breivik había escrito previamente un manifiesto en el que reflejaba su propia versión del socialismo nacional. Veía su misión en el mundo como una cruzada y su papel, como un mártir de su causa, así que para él todos sus actos eran necesarios. Breivik tenía un sentido del bien y del mal que claramente difería de la moral de la cultura de sus padres y mató sin piedad. La clave para entender la sociopatía tiene que radicar en el poder que las ideas ejercen sobre el cerebro.

Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar