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Mes: Octubre 2014

Casos de vinculación del comportamiento en delitos resueltos y sin resolver. Club de las Ciencias Forenses.

Casos de vinculación del comportamiento en delitos resueltos y sin resolver. Club de las Ciencias Forenses.

Vinculación del comportamiento en los delitos. Club de las Ciencias Forenses.

En esta ocasión, estimados seguidores del Club de las Ciencias Forenses, les ofrecemos el artículo elaborado por Matthew Tonkin, Ray Bull, John W. Bond, todos de la Universidad de Leicester (UK) y Jessica Woodhamsb de la Universidad de Birmingham (UK), que versa sobre el importante tema para la criminalística como es el estudio de casos delictivos de vinculación de comportamiento. Es importante distinguir entre los crímenes cometidos por la misma persona (delitos vinculados) y los cometidos por diferentes personas (delitos no vinculados) a través de la vinculación del comportamiento, en cada caso. Las investigaciones policiales se limitan, por lo general, a los casos de delitos resueltos, que no indican cómo se utilizaría este procedimiento aplicado a la vida real. El presente artículo pretende probar la posibilidad de relación del comportamiento entre los crímenes resueltos y los no resueltos.

Pueden establecerse diferentes categorías de delitos teniendo en cuenta los tipos de delito, el número de kilómetros o distancia existente entre dichos delitos y la cantidad de días o la proximidad temporal entre los mismos, gracias a lo cual podremos empezar a distinguir entre delitos vinculados y no vinculados. La distancia o la proximidad temporal son capaces de lograr niveles estadísticamente significativos de precisión a la hora de llevar a cabo esta discriminación, a través de categorías, tipos de delitos y, dentro de los tipos de delincuencia, a través del análisis característico (ROC) de funcionamiento del receptor. Esto sugiere que la vinculación del comportamiento, en los diferentes casos, se puede utilizar para ayudar a la investigación, detección y enjuiciamiento de los delincuentes en serie más prolíficos y versátiles.

Con frecuencia, los investigadores tratan de identificar los grupos de los llamados delitos vinculados que han sido cometidos por el mismo delincuente. Las ventajas de hacerlo suponen un aumento de la probabilidad de detección y enjuiciamiento de la persona responsable mediante la combinación de las pruebas recogidas durante la mayoría de las investigaciones realizadas con éxito. Los investigadores disponen de una variedad de técnicas procedentes de la ciencia forense, como el cotejo de ADN, el análisis de huellas dactilares, el análisis Bitemark o el de las impresiones del calzado. Estas técnicas se utilizan para identificar un grado estadísticamente significativo de coincidencia entre el material físico obtenido en dos o más escenas del crimen, lo que permitirá al investigador inferir si la misma persona o personas fueron las responsables del acto punible. Sin embargo, este tipo de material físico no siempre está disponible para vincular los crímenes, sobre todo porque algunos delincuentes pueden estar aprendiendo rápidamente a ocultar su identidad en la comisión del delito (por ejemplo, guantes, mascarillas o preservativos). Sólo el 12% de las escenas del crimen examinadas en Inglaterra y Gales durante los años 2004 y 2005 arrojaron evidencia de ADN y sólo el 6% aportó muestras adecuadas para ser cargadas en la Base de Datos Nacional de ADN. Asimismo, incluso cuando este material se encuentre disponible para vincular los crímenes, su procesamiento puede ser lento y costoso y muchas organizaciones de investigación no poseen los recursos para procesar grandes volúmenes de material físico de manera regular. Por estas razones, las organizaciones de investigación utilizan pruebas de comportamiento además de, o en ausencia de, evidencia física para vincular el crimen. Esto requiere de un investigador para determinar si existe un patrón estable de comportamiento en los diversos delitos (consistencia del comportamiento) y para ver si ese patrón resulta suficientemente diferente de los que se muestran en otros delitos (distintivo del comportamiento), con el objetivo de inferir que la misma persona puede ser la responsable.

La investigación que nos atañe ha probado si el comportamiento del delincuente en la escena del crimen se puede utilizar para distinguir entre los delitos cometidos por la misma persona (delitos vinculados) y los crímenes cometidos por diferentes personas (delitos no vinculados). Se ha limitado a probar la consistencia del comportamiento, su carácter distintivo y la precisión de la discriminación a través de muestras homogéneas en determinados tipos de delito. Esto es problemático porque la mayoría de los delincuentes (sobre todo los más prolíficos) tienden a cometer una variedad de diferentes tipos de delitos en lugar de especializarse en delitos únicos. En consecuencia, los investigadores se enfrentan regularmente a detener a infractores versátiles que han cometido una serie de delitos diferentes. Esta investigación se basa en si las formas simples del comportamiento del delincuente se podrían utilizar para vincular los crímenes a través de diferentes tipos de delitos y categorías, lo que ayudaría a los investigadores a detectar y perseguir a los delincuentes seriales versátiles con más éxito. En el momento del estudio se establecieron tres niveles para discriminar crímenes diferentes. En el primer nivel, “dentro de los tipos de delitos”, se examinaron los delitos del mismo tipo. En el segundo nivel, “a través de los tipos de delitos”, se probó la discriminación de los crímenes de diferentes tipos específicos. En el tercer nivel, “a través de las categorías de delitos”, se examinaron los crímenes completamente diferentes dentro de una misma categoría de delito.

La conducta de un delincuente puede variar a través de una serie de delitos (causando errores en el proceso de vinculación) debido a una serie de factores situacionales, tales como la presencia o ausencia de resistencia de las víctimas o como consecuencia de la maduración y el aprendizaje proveniente de una experiencia penal. Las estimaciones de exactitud en la discriminación, derivadas de muestras de los delitos resueltos, pueden ser demasiado altas en comparación con lo que se esperaría ver en la vida real, porque los crímenes que se solventan pueden ser más coherentes y distintivos que los que permanecen sin resolver.

En realidad, hay dos escenarios en los que el caso del comportamiento de vinculación se llevó a cabo. En el primero, un investigador se presentaría con un delito concreto (a menudo un crimen resuelto) y buscaría en sus bases de datos para abordar los crímenes no resueltos que pudieran estar vinculados al primero. En el segundo escenario, el investigador no tendría un delito inicial específico, sino que buscaría de forma proactiva un delito para identificar vínculos potenciales. Esto podría implicar incluso que se llegaran a conectar dos crímenes sin resolver.

La investigación no ha probado el caso de vinculación del comportamiento de una manera que refleje la forma en que se utiliza en la práctica, aunque el uso de los delitos resueltos y no resueltos en este estudio proporciona una prueba realista de precisión y discriminación. Por lo tanto, este estudio aporta una base sólida sobre la cual desarrollar la práctica del caso de vinculación del comportamiento. Además, estos resultados proporcionan a las organizaciones de investigación orientación precisa sobre cómo pueden identificar series de crímenes vinculados que contengan varios tipos de delitos, lo que tiene el potencial de contribuir significativamente a la investigación, detección y enjuiciamiento de los delincuentes prolíficos y versátiles.

Dada la complejidad de los conceptos manejados en el artículo publicado por los autores, os dejamos el enlace al documento que dió origen a la investigación y que fué la tesis doctoral del autor principal, Matthew James Tonkin. <descargar documento>

Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

Los accidentes automovilísticos como método de suicidio: una visión global. Club de las Ciencias Forenses.

Los accidentes automovilisticos como metodo de suicidio: una vision global

Los accidentes automovilísticos como método de suicidio. Club de las Ciencias Forenses.

El tema que abordamos hoy, queridos seguidores del Club de las Ciencias Forenses, es de gran importancia para la sociedad actual, ya que abre vías de investigación que permiten conocer mejor las causas de los accidentes de tráfico lo que redundará en una reducción de los mismos. Esta investigación ha sido llevada a cabo por Mario Amore de la Universidad de Parma (Italia), Maurizio Pompili, Gianluca Serafini, Marco Innamorati, Franco Montebovi, Mario Palermo, Sandra Campi, Henry Stefani, Gloria Giordano, Ludovica Telesforo, y Paolo Girardi, todos de la Universidad Sapienza de Roma (Italia).
La literatura de investigación proporciona numerosas evidencias sobre la posible relación entre los conductores implicados en accidentes de un solo coche y un intento de suicidio. Algunos expertos han destacado el papel de las motivaciones inconscientes suicidas en algunos de estos accidentes. Este artículo revisa la literatura relevante sobre este tema y arroja luz sobre los factores que podrían desempeñar un papel central en la reducción del número de muertes por accidente de tráfico.

Se estima que en el 2% de los accidentes de tráfico existen comportamientos suicidas, aunque la asociación directa entre el accidente en sí y los impulsos inconscientes autodestructivos sea todavía difícil de determinar. Algunos de los comportamientos que culminan en un accidente parecen ser el resultado de una actividad mental inconsciente, incluida la percepción del bienestar subjetivo y los rasgos neuróticos de la persona. En general, los accidentes de un solo vehículo con un único ocupante rara vez son certificados como suicidio por los médicos forenses. Sin embargo, hay que tener muy en cuenta que el 8% de los conductores fallecidos y el 6% de los conductores heridos habían experimentado algún grado de tendencia suicida en los dos años anteriores a su accidente. Mientras que el 5,9% de todas las muertes de conductores podría ser clasificado como suicidio, la cifra dada en las estadísticas oficiales durante los últimos años sólo ha sido del 2,7%.

En un reciente estudio se ha establecido una relación del 60% entre el suicidio y los accidentes en los pacientes con trastorno bipolar. También se identificaron como síntomas más frecuentemente asociados a los accidentes, manía inicial, posterior y concurrente, manía o hipomanía y posiblemente también abuso de alcohol. Resulta elocuente que el comportamiento de alto riesgo está vinculado a la conducta auto-destructiva indirecta. A menudo, las primeras experiencias vitales traumáticas, como el abuso físico en la infancia, se pueden identificar en aquellas personas que manifiestan conductas de riesgo y comportamiento autodestructivo.

La teoría de que ciertos accidentes automovilísticos fatales pudieron ser suicidios fue apoyada por Selzer y Payne, quienes encontraron que los pacientes suicidas habían estado involucrados en el doble de accidentes de tráfico que los pacientes no suicidas (se encontró también esta diferencia entre los pacientes alcohólicos y los que no lo eran). Hernetkoski y Keskinen investigaron los accidentes de tráfico en Finlandia y observaron que tanto el número de suicidios como los conductores negligentes habían aumentado de manera significativa durante el período 1974-1992. Por su parte, Grossman encontró que muchas hospitalizaciones por lesiones y una notable proporción de accidentes en adultos jóvenes podrían representar en gran parte intentos de suicidio no reconocidos. Asimismo, en un estudio en el norte de Noruega, realizado por Bjornstig, en el que se produjeron 293 muertes por accidentes de tráfico, el 4% de ellos fueron considerados como posibles suicidios. Por su parte, en una encuesta a gran escala, Murray y De Leo encontraron que el 14,8% de las personas que reconocieron la planificación de un suicidio habían pensado en causarlo provocando un accidente automovilístico. La dependencia, el egocentrismo, la falta de reflexividad, el mal control de la hostilidad, rasgos depresivos, estrés, baja tolerancia a la tensión, impulsividad, beligerancia, negatividad y egocentrismo son algunas de las características que se han encontrado frecuentemente entre los conductores implicados en varios accidentes.

Una autopsia psicológica ayudaría a aclarar una muerte equívoca, entrevistando a personas que conocieron al individuo fallecido (cónyuge, hijos mayores de edad, vecinos, empleados y médicos), así como el análisis de la historia clínica de la persona fallecida. Se plantean por lo menos tres preguntas ante las que la autopsia psicológica puede aportar respuestas: ¿por qué las personas lo cometen?, ¿cómo la persona ha muerto? y ¿cuál es el modo más probable de la muerte? Murphy indicó que las autopsias completas deberían realizarse de forma rutinaria en percances de un solo vehículo con un solo ocupante fallecido, para que tanto la causa como la forma de la muerte pudieran documentarse del modo más claro posible. También, los médicos de los servicios de urgencias tendrían que cotejar la presencia de ideas suicidas u otros factores de riesgo para el suicidio (depresión o deseos de muerte en el pasado reciente) con miembros de la familia, dentro de la evaluación de los conductores que tuvieron un accidente de tráfico en el que el mecanismo del accidente fue difícil de explicar.

Los impulsos autodestructivos inconscientes y los accidentes de tráfico no pueden ser vinculados directamente a día de hoy. Se ha comprobado que los individuos con mayor riesgo de suicidio toman con frecuencia drogas psicotrópicas (antidepresivos y benzodiacepinas), factor asociado a un mayor riesgo de tener un accidente de tráfico como conductor y que hay que tener en cuenta en futuros estudios. No existe una técnica concreta que sea utilizada para evaluar los resultados de las distintas estrategias preventivas. Sí se ha visto que los conductores que habían tenido ideas suicidas en los doce meses anteriores a su estudio y no estaban recibiendo medicación de manera regular tenían un mayor riesgo de tener un accidente. Sin embargo, no se encontró ninguna asociación significativa entre la encuesta de pensamientos suicidas y el riesgo de accidente con lesión entre los conductores que recibían tratamiento antidepresivo regular.

La evidencia que sugiere la existencia de una asociación entre los accidentes de tráfico individuales y el suicidio no es firme todavía, pero este tema es digno de investigación futura y podría conducir a una mejor comprensión de las causas de los accidentes de tráfico y las propuestas para reducir su incidencia.

Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

Agrupación temporal y geográfica de incendios en urbanizaciones: una plataforma teórica para la prevención dirigida de incendios. Club de las Ciencias Forenses.

Criminalística ambiental. Plataforma teórica para la prevención dirigida de incendios. Club de las Ciencias Forenses.

Criminalística ambiental. Plataforma teórica para la prevención dirigida de incendios. Club de las Ciencias Forenses.

Apreciados amigos del Club de las Ciencias Forenses, hoy toca acercarse a la criminología ambiental, a través del artículo que nos ofrecen Joseph Clare de la Universidad de Australia Occidental (Australia), Kathryn Wuschke de la Universidad Simon Fraser (Canadá) y Len Garis de la Universidad de Fraser Valley (Canadá).

La teoría de la criminología ambiental ha establecido que el crimen no es aleatorio en el tiempo y el espacio. Esto ha generado el desarrollo de teorías que han ayudado a crear un conjunto de herramientas altamente eficaces, dirigidas a la prevención del delito. Aunque el acceso a datos de alta calidad temporal y espacial sobre incendios ha mejorado en las últimas décadas, el nexo espacio-tiempo, la teoría y la prevención de incendios dirigida permanecen en gran parte sin explorar. Para hacer frente a esto, el presente trabajo compara la distribución temporal y espacial de incendios y de robos en urbanizaciones residenciales dentro de una ciudad de América del Norte durante un período de tres años. Este análisis revela la agrupación espacial superpuesta en estos dos tipos de incidentes y los patrones temporales distintos que se infieren; todo lo cual se puede explicar por la lógica que sustenta la teoría de la criminología ambiental.

Teorías de la criminología ambiental (como la de la actividad rutinaria y la del patrón del crimen) han subrayado en repetidas ocasiones que los acontecimientos criminales se distribuyen de manera desigual en las zonas urbanas, de forma no aleatoria. Estas teorías ambientales han ayudado a perfeccionar la investigación espacial y temporal, lo que explica por qué los patrones de criminalidad pueden emerger como lo hacen y cómo se ha llegado al desarrollo de enfoques exitosos dirigidos a la prevención del delito, tales como la política orientada a la resolución de problemas y a la prevención situacional. Los incendios y robos se producen en los mismos lugares, pero en momentos diferentes: una combinación de patrones que se puede explicar por las teorías criminológicas ambientales pertinentes. Al explorar los patrones temporales y espaciales de los eventos de fuego, dentro de un contexto teórico, se reduce la brecha entre la investigación de dónde y cuándo se producen dichos incendios para entender cómo esta información puede estar vinculada a la teoría. Esto a su vez puede conducir a la práctica de prevención dirigida de incendios.

El crimen no se distribuye al azar a través del paisaje urbano, sino más bien se produce en momentos y lugares predecibles y específicos. Las experiencias de incendios se agrupan, también, en lo que respecta al tipo de víctimas y al tipo de edificio. La rutina diaria de los residentes urbanos en la sociedad moderna crea patrones regulares de movimiento y actividad. Estos patrones predecibles dan como resultado una convergencia espacio-temporal en los delincuentes motivados que tienen unos objetivos concretos; cuando esta concurrencia se produce, además, en ausencia de un vigilante, puede ocurrir un crimen. Los cambios en las actividades rutinarias de la población a través del tiempo pueden explicar los cambios en los patrones de criminalidad. Por lo tanto, existe una mayor probabilidad de que se produzcan incendios cuando un detonante y un objetivo se cruzan en el tiempo y el espacio, en ausencia de un vigilante o ante la presencia de uno que no suponga ninguna amenaza. En general, los datos recogidos sobre robos a través del tiempo y el espacio de una manera totalmente coherente con la investigación criminológica se explican a través de la teoría criminológica ambiental. Existe la posibilidad de utilizar esta toma de conciencia de las variaciones no aleatorias en la toma de decisiones con respecto a la asignación de los recursos para la prevención de incendios. La lógica de estos resultados se ha utilizado para impulsar las estrategias eficaces de prevención de incendios en zonas de alto riesgo y ayudar a centrar los recursos limitados en las áreas identificadas como de mayor peligro. Específico para el fuego se ha demostrado el efecto que este enfoque puede tener, al ser implementada una campaña de prevención de incendios y educación cívica que produjeron una reducción notable de las tasas de los incendios residenciales y un aumento significativo simultáneo en la frecuencia de uso de los detectores de humo en caso de incendio. Un año de análisis de seguimiento a esta campaña puso de manifiesto una reducción del 19% en la tasa anual de incendios de estructuras residenciales en la zona y una disminución del 64% en el número de robos residenciales.

Como se ha reiterado dada su importancia, los incendios, como otros delitos, no se distribuyen de manera uniforme a través del tiempo y el espacio, sino que se producen de una manera previsible y no al azar. La importancia de comprender la distribución de los incendios se ha subrayado en repetidas ocasiones dentro de la literatura académica reciente. Con una mejor comprensión de los patrones de incendios residenciales los recursos limitados pueden ser asignados para obtener el máximo beneficio y las actividades de prevención de incendios se pueden dirigir a áreas identificadas como de mayor necesidad y riesgo. Si bien se ha avanzado en el análisis de eventos relacionados con el fuego, sigue habiendo peticiones de nuevas investigaciones espaciales y temporales en diferentes entornos geográficos. Esta investigación obedece a esta demanda mediante la exploración del patrón temporal y espacial de los incendios en el contexto de la teoría de la criminología ambiental. Teorías ambientales han ayudado en el análisis de la delincuencia y la asignación de los recursos de la policía para la prevención específica, proporcionando explicaciones coherentes para la agrupación temporal y espacial de crímenes, delitos y desórdenes dentro de las áreas urbanas.

Este trabajo supone un principio en el desarrollo de la comprensión teórica de la agrupación y relación de incendios a través del tiempo y el espacio. Estos hallazgos deben ser incrementados por estudios adicionales para examinar la aparente coincidencia en la resolución de incendios y el servicio de policía. Además, sería útil seguir explorando la relación entre las características socio-económicas del vecindario y las características propias de las víctimas de cada delito, tanto de incendios como de otro tipo de crímenes. Por último, dada la amplia gama de llamadas de urgencia que los departamentos de bomberos responden habitualmente, sería útil incluir un rango más extenso de los servicios prestados por los cuerpos de bomberos, como otros tipos de incendios, accidentes de vehículos de motor y emergencias médicas.

Al igual que con todos los otros ejemplos de enfoques exitosos para la prevención dirigida del delito, el mayor impacto de éste se logrará sobre el tipo específico de problema que se esté tratando, así como el hecho de ser persistente en lograr una solución.

Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar