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Mes: diciembre 2014

Lingüística Forense (2ª parte). Club de las Ciencias Forenses.

Lingüística Forense. Club de las Ciencias Forenses.

Lingüística Forense. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, como ya os adelantamos la semana pasada os ofrecemos la segunda parte del artículo “Lingüística Forense: Una visión general del cruce y la interrelación entre Lengua y Derecho” de la autora Maite Correa de la Universidad Estatal de Colorado (EE.UU.) que nos introduce en el novedoso y desconocido tema de la lingüística forense. En la primera parte ya vimos: la Evidencia Lingüística, la Identificación de la Autoría, los Delitos de Lenguaje y el Lenguaje de la Ley. Esta semana, en la segunda parte tenemos: el Lenguaje en procedimientos legales y discursos en salas de juicios y ¿qué es lo que el lingüista forense no hace?

Lenguaje en procedimientos legales y discursos en salas de juicios
El lenguaje, además de servir para redactar leyes y documentos legales, es también un medio de comunicación entre los agentes de la ley y los sospechosos/testigos, es igualmente el medio de argumentación legal en un juicio. Para poder entender las complejidades de cualquier interacción entre interlocutores, el Principio Cooperativo de Paul Grice y la Teoría de los actos de habla son de gran ayuda. Según el Principio Cooperativo existen cuatro máximas que deben ser respetadas para una comunicación eficicaz: 1. Calidad (no decir lo que puede ser falso o para lo que no se tenga evidencia), 2. Cantidad (no decir más o menos de lo requerido), 3. Narración (relevante), 4. Forma (evitar ambigüedades, ser breve y ordenado). Cuando el orador incumple una máxima, entonces el oyente trata de conciliar lo que ha dicho con la suposición de que está cooperando. Es precisamente esta situación la que conduce al oyente a inferir lo que el orador quiere decir. Así pues, lo que se ha dicho, la intención del orador, y lo que el oyente ha entendido no siempre coinciden. Los actos de habla se analizan a tres niveles: 1. Locucionario (lo que realmente se ha dicho), 2. Ilocucionario (la intención del orador) y 3. Perlocucionario (efecto del acto de habla en los demás).
Otro asunto que ha llamado mucho la atención de los lingüistas forenses es la gestión del “Miranda warning” (la lectura de los derechos de un detenido). A pesar de que su enunciación constituya un acto de habla a nivel locucionario (la lectura de derechos no puede llevarse a cabo a menos que sea dicha), el efecto perlocucionario que tiene en la persona detenida (sin importar que haya entendido o no sus derechos o diga que los entiende) es de vital importancia. En otras palabras, si la lectura de derechos le informa y/o recuerda que tiene derecho a guardar silencio, ¿Porqué aproximadamente el 80% sigue contestando a las preguntas de los policías antes de contratar a un abogado? Una posible explicación es que el “Miranda warning” viola la mayoría de las reglas del inglés hablado y es realmente difícil de entender incluso en las mejores circunstancias. Aunque esta declaración informa del derecho a “la presencia de un abogado durante cualquier interrogatorio”, este derecho debe ser ejercido por el detenido a través de otro acto de habla (solicitar un abogado). Ainsworth (2010) observó que el uso de una forma interrogativa tal como “¿Podría llamar a mi abogado?” o “¿Le importaría que estuviera mi abogado conmigo?” puede impedir que el detenido consiga un abogado, ya que una interrogación no se interpreta necesariamente como una petición. Del mismo modo que una prueba obtenida ilegalmente no puede ser usada en un juicio, una confesión involuntaria o forzada tampoco puede ser admitida. Shuy (1997), en su análisis de interacciones policía/sospechoso enfatizó la naturaleza coercitiva de las preguntas a los sospechosos y la dificultad que tienen de permanecer en silencio en la sala de interrogatorios. Estos son algunos ejemplos de técnicas coercitivas empleadas habitualmente durante los interrogatorios: 1. preguntas cerradas (si/no), 2. preguntas de confirmación, 3. preguntas que presuponen un hecho que aún no se ha demostrado y 4. promesas y/o amenazas. Las preguntas cerradas muestran un mayor control del interrogador que las preguntas abiertas. Las preguntas de confirmación y las que incluyen presuposiciones son incluso más potentes en pruebas determinantes puesto que, sin importar la respuesta, la presuposición “sigue siendo admitida”.
Niños, adolescentes y personas con trastornos cognitivos o mentales son especialmente susceptibles a renunciar a sus derechos, a modificar sus declaraciones, a hacer falsas confesiones, o aceptar declaraciones de culpabilidad. Drizin y Leo (2004), en su análisis de 125 casos demostrados de falsas confesiones inducidas en interrogatorios, encontraron que los métodos psicológicos de manipulación de los interrogadores a menudo llevan a una persona inocente de algún colectivo vulnerable a hacer una falsa confesión. Redlich (2007) fue más allá y mencionó que a pesar de que entre un 70% a un 100% de los menores involucrados en procedimientos judiciales tienen “trastornos diagnosticados”, muchos siguen siendo interrogados como si se tratara de adultos sanos, lo cual hace que la probabilidad de obtener falsas confesiones sea aún más alarmante. Este colectivo no es únicamente vulnerable como sospechoso si no que también lo es como testigo o como víctima de abusos. Aldridge (2010), Eades (2010) y Ellison (2002), analizaron la interacción entre sospechosos/acusados y sus entrevistadores y concluyeron que, aunque habitualmente se establecen medidas para su protección, el interrogatorio está sembrado de recursos lingüísticos y técnicas interrogativas que ponen en situación de desventaja a los que tienen una limitada capacidad de lenguaje debido a su inmadurez o incapacidad. Por último, dentro del colectivo de personas vulnerables se encuentran los que por su origen cultural o lingüístico no están adecuadamente protegidos o representados en el sistema acusatorio. Consecuentemente, este colectivo es mucho más vulnerable a la auto-incriminación y su testimonio suele ser declarado insuficiente, inadecuado, poco fiable, o simplemente inválido.
En los casos en los que se requiere la asistencia de un intérprete, cabe mencionar que lo se transcribe son sus palabras interpretadas y, así, se queda como registro oficial. Berk-Seligson (2002) reveló que la interpretación no solamente es un proceso altamente complejo, si no que además la discordancia entre la función del intérprete y lo que los demás entienden que es da lugar a consecuencias catastróficas. Uno de los mayores obstáculos es que no se le suele prestar mucha atención ni al contenido pragmático del testimonio interpretado ni al sintáctico. Los resultados del estudio demuestran que los intérpretes no interpretan consistentemente “con perfección y exactitud” y que se requiere una formación lingüística para tomar consciencia de la importancia del estilo en un juicio. Por ejemplo, se ha observado que añadiendo el tratamiento señor o señora, los miembros del jurado tienden a considerar al testigo más competente y convincente. Del mismo modo, hacer una versión más vulgar que la original (añadiendo palabras como jodido) “recae negativamente en el acusado”.
La lectura de derechos y las entrevistas que implican necesariamente el lenguaje, que pueden incluso llegar a convertirse en pruebas, generalmente se llevan a cabo sin un intérprete (titulado). Los sospechosos sordos son especialmente vulnerables en estas situaciones, ya que la mayoría de las veces su condición no se reconoce inmediatamente, y como consecuencia, su silencio puede ser interpretado como resistencia o falta de cooperación con la policía.
A pesar de que jueces y jurados son los que tienen la última palabra, los lingüistas pueden ser “extremadamente útiles analizando la estructura discursiva y el contenido lingüístico de los interrogatorios”. Por ello, se ha sugerido repetidamente que, como medida de precaución, las entrevistas entre los agentes de la ley y los sospechosos sean grabadas en todas las etapas del procedimiento. El lingüista puede asimismo ayudar planteando de que maneras la policía puede hacer uso de un lenguaje menos coercitivo durante sus interacciones. En el caso de menores y personas con incapacidades comunicativas, el lingüista podría proporcionar una formación especializada a los entrevistadores con el fin de que sean capaces de evaluar y reconocer las características lingüísticas de un sospechoso y actuar adecuadamente. De igual modo, pueden valorar la competencia y el rendimiento lingüísticos de los no nativos y decidir si poseen habilidades básicas de comunicación interpersonal. El lingüista puede igualmente asegurarse de que el intérprete no está favoreciendo (o desfavoreciendo) al acusado debido a su mala práctica.
El Principio Cooperativo de Grice presenta principalmente dos problemas: asume una situación de discurso ideal, y se limita al acto locucionario de habla. Como consecuencia, también presenta algunas limitaciones: ¿Porqué debería asumirse que cualquiera que esté involucrado en un delito o en una investigación criminal quiere cooperar? En el caso de las interpretaciones en los tribunales, las limitaciones son muy claras: en tanto que el testimonio original no sea grabado para poder compararlo con la versión interpretada, los lingüistas no pueden hacer más que especular sobre la calidad de la interpretación.

¿Qué es lo que los Lingüistas Forenses no hacen?
Contrariamente a la creencia popular, el deber de un lingüista forense no es llevar a cabo análisis de textos para descubrir la intención del autor o describir su perfil psicológico o su estado de ánimo. Otras áreas que se encuentran fuera de su cometido son entre otras: la grafología, el análisis caligráfico o la documentoscopia. Por último, es crucial señalar que lo que el lingüista forense analiza es el lenguaje, no la culpabilidad o la inocencia.

Para concluir, podría afirmarse que la ley es inconcebible sin el lenguaje: sin lenguaje no habría leyes, ni juicios, y en algunos casos, no habría pruebas. Aunque el campo de la lingüística forense todavía está en sus comienzos, su contribución al sistema judicial criminal es significativa. Como cualquier otra disciplina emergente presenta numerosas limitaciones que no deberían pasarse por alto. En primer lugar, la prueba lingüística por si sola a menudo no es suficiente para condenar o exonerar a alguien. En segundo lugar, a pesar de que el análisis lingüístico se está volviendo cada vez más riguroso con la ayuda de la tecnología, sigue sin ser 100% infalible. Finalmente, la imposibilidad de manipulación experimental en los tribunales hace que ciertas asunciones acerca de lo que pasa sean difíciles de demostrar. Mientras sea el caso, lo que debe quedar claro es que cuando los lingüistas actúan como testigos expertos, su objetivo principal es asistir al jurado en la comprensión de la prueba arrojando luz sobre cuestiones que pueden no ser evidentes.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Lingüística Forense. Club de las Ciencias Forenses

Lingüística Forense. Club de las Ciencias Forenses

Lingüística Forense. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión os presentamos la primera parte del artículo “Lingüística Forense: Una visión general del cruce y la interrelación entre Lengua y Derecho” de la autora Maite Correa de la Universidad Estatal de Colorado (EE.UU.) que nos introduce en el novedoso y desconocido tema de la lingüística forense. En esta primera parte veremos: la Evidencia Lingüística, la Identificación de la Autoría, los Delitos de Lenguaje y el Lenguaje de la Ley. La semana que viene, en una segunda parte tendremos: el Lenguaje en procedimientos legales y discursos en salas de juicios y ¿qué es lo que el lingüista forense no hace?

La lingüística forense es un subcampo relativamente nuevo dentro de la lingüística aplicada que estudia la diferentes interrelaciones entre el lenguaje y el campo legal. Este artículo aborda la lingüística general con una visión de conjunto del vasto campo de la lingüística forense y hace hincapié en los diferentes modos en los que puede contribuir al sistema judicial criminal. Presenta un resumen de algunos de los casos legales más conocidos y discutidos y explica a grandes rasgos las interrelaciones entre la lingüística aplicada y su emergente campo en tres áreas interrelacionadas: (1) el lenguaje como medio de comunicación entre fuerzas del orden y sospechosos/testigos o como medio de argumentación legal en el juzgado, (2) el lenguaje de la ley y (3) los delitos del lenguaje y las evidencias lingüísticas.

Evidencia lingüística
La evidencia de lingüística forense es cualquier tipo de texto que pueda ser usado en una investigación criminal o como prueba en un juicio (llamadas de emergencia, notas de secuestro, anónimos, notas de suicidio, mensajes de texto, grabaciones policiales, confesiones, declaraciones, etc.).

Identificación de la autoría
La estilística forense (o estilometría) es una técnica que utiliza el análisis lingüístico del estilo de la escritura para identificar al autor. Dado que existe una variación individual, en gran parte inconsciente, en el uso del lenguaje, para establecer la huella lingüística de un texto concreto, se pueden usar diversos métodos de riguroso análisis cuantitativo y cualitativo. Como regla general, la lingüística forense compara los textos presentados como evidencias con otros textos escritos/hablados por el presunto autor y determina la probabilidad de que esa persona u otra diferente haya producido el texto cuestionado. Un ejemplo famoso de identificación forense es el caso Prinzivalli. Prinzivalli era un empleado de Aerolíneas Panamericanas sospechoso de realizar amenazas de bomba por teléfono a su jefe en Los Ángeles porque: a) se sabía que era un empleado infeliz, y b) era de Nueva York (se creía que el que hacía esas amenazas tenía acento neoyorquino). Se escuchó una grabación de la amenaza original y otra con muestras realizadas por el sospechoso. En base a la distribución de algunas vocales, se pudo determinar que la persona que amenazaba era en realidad del este de Nueva Inglaterra y no de Nueva York (Prinzivalli fue exculpado).
Los mensajes de texto (SMS) son otro tipo de evidencia lingüística que está siendo cada vez más usada en los juicios. Por ejemplo, en el caso de Danielle Jones, una chica que desapareció en 2001, dos mensajes enviados desde su teléfono móvil a su tío después de su desaparición fueron cruciales en la identificación de su posible raptor y asesino. Se compararon 65 mensajes que la chica había enviado durante los tres días anteriores a su desaparición con esos dos últimos en cuestión. En función de una serie de opciones lingüísticas ausentes o infrecuentes en el corpus de Danielle, se pudo determinar que “era bastante probable” que no los escribiera ella, lo que quiere decir que seguramente otra persona haciéndose pasar por ella lo hiciera (en este caso, su tío).

Delitos de lenguaje
Se puede decir que existe una gran variedad de delitos de lenguaje, como la proposición, la conspiración, el soborno, el perjurio, la difamación, las amenazas, y el plagio entre otros. En este caso, la principal diferencia entre este tipo de delitos y otros en los que hay evidencias lingüísticas es que basta la amenaza verbal, la solicitación o la oferta para que se constituya el delito. En estos casos la dificultad no radica en identificar al autor si no en determinar si ha habido o no delito. Como estos delitos son en esencia actos de habla, hay que tener en cuenta no solo lo que se ha dicho (acto locucionario), si no también lo que se quiere decir (acto ilocucionario) y el efecto que tiene en el oyente (acto perlocucionario).
El concepto de contaminación coloquial (Shuly 1993), es igualmente crucial para determinar si se ha cometido un delito de lenguaje o no. En una conversación en la que, por ejemplo, tiene lugar una conspiración o solicitación, es muy importante fijarse en quien ha introducido el tema y como responde la otra persona.
Finalmente, en otro caso mencionado por Solan y Tiersma, un hombre llamado Lawrence Gerenstein fue acusado de conspiración y proposición para matar a su mujer. Incluso con la ausencia de una proposición directa al otro hombre, se incriminó a sí mismo hablando de los diferentes tipos de armas que se podían utilizar para perpetrar el crimen.
El deber de un forense lingüista, como en cualquier investigación forense, es observar lo que puede no ser evidente a simple vista. Sabe lo que tiene que escuchar en una conversación (estrategias de respuestas, patrones de interrupción, duración de las pausas, actos del habla, inferencias, etc.). Los lingüistas forenses deben poseer una gran experiencia en diversas áreas de análisis lingüístico. Del mismo modo, los que se encargan de los delitos de lenguaje necesitan una sólida formación práctica. Después de llegar a sus conclusiones, deben transmitirlas de manera sencilla y no técnica a su audiencia.
En cuanto a las limitaciones, las numerosas variables que entran en juego en la identificación de la autoría mediante la lingüística forense pueden afectar considerablemente a su fiabilidad. El lingüista no siempre tendrá la suerte de encontrar una palabra u otra evidencia que le guíe a una conclusión firme. Por esa razón, muchos análisis lingüísticos pueden ser inconcluyentes, y consecuentemente, no usados en el juicio. El uso práctico tampoco está exento de limitaciones. Por ejemplo, la diferencia entre actos locucionarios, ilocucionarios y perlocucionarios no está siempre clara, lo que hace altamente problemática la atribución de intencionalidad. Además, el hecho de depender de grabaciones de audio sin poder tener en cuenta el lenguaje corporal o confiar en la explicación de lo que el testigo cree que se dijo, pueden volver la evidencia imprecisa o inadmisible en el juicio.

Lenguaje de la ley: inteligibilidad e interpretación del lenguaje legal
La gente corriente tiene que ocuparse regularmente de numerosos documentos legales (contratos, estatutos, bienes raíces, testamentos, etc.). En general el lenguaje legal resulta “extremadamente difícil de usar para sus consumidores no expertos”. Debido a esto, los lingüistas forenses han llevado a cabo una considerable cantidad de investigaciones que demuestran, contrariamente a la creencia popular, que el lenguaje legal empleado en las transacciones cotidianas solo es accesible a un reducido porcentaje de la población (p. ej.: planes de pensiones y notificaciones de tarjetas de crédito). Aunque los jueces a menudo se apoyan en los diccionarios para dar con las definiciones oficiales de las palabras que encuentran en la legislación, los lingüistas forenses prefieren basar sus definiciones en la observación del uso actual de esas palabras. Puesto que esas palabras cotidianas empleadas en la jerga legal tienen significados muy diferentes (homónimos legales). Por ejemplo, se puede mencionar el caso de un hombre que tenía una orden de alejamiento contra él. Este deslizó una carta de disculpa por debajo de la puerta de su compañera, por lo que fue acusado de haberla importunado, de haberse entrometido en su vida o de haberla amenazado. Evidentemente, el problema estuvo en que el acusado no conocía la definición legal de los términos y no creyó que “una inocente disculpa” pudiera ser considerada por la ley como una amenaza o un acto inoportuno. Varias investigaciones han analizado la complejidad del lenguaje de las instrucciones que se dan a los miembros de un jurado popular y como la falta de comprensión puede derivar en consecuencias fatales. El lingüista forense Levi demostró en un caso de condena a muerte que la mayoría de los miembros del jurado pudo haber comprendido mal los puntos fundamentales de la ley que se aplicó en ese caso.
En estos casos lo que los lingüistas forenses pueden hacer es modificar ese lenguaje con el fin de hacerlo más accesible a los usuarios colaborando con diseñadores de documentos y abogados. Pueden sugerir diferentes formulaciones y los abogados asegurarse de que el significado sigue siendo el que se le quería dar.
En cuanto a las limitaciones, mientras que puede parecer sencillo probar que un texto es denso, complejo o difícil de entender, es muy complicado demostrar si una persona en particular lo ha entendido o no.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de las Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

 

Coleccionistas: Delincuentes sexuales en serie que conservan pruebas de sus crímenes. Club de las Ciencias Forenses.

Coleccionistas: Delincuentes sexuales en serie que conservan pruebas de sus crimenes. Club de las Ciencias Forenses.

Coleccionistas. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados seguidores del Club de las Ciencias Forenses, una vez más, es un placer poder mostrarles un artículo que despierta  nuestro interés y curiosidad, como en este caso el realizado por Park E. Dietz, Robert R. Hazelwood y Janet I. Warren de la Universidad de Virginia (EE.UU.) que versa sobre el terrorífico mundo de los delincuentes sexuales que coleccionan recuerdos de sus víctimas.

Un comportamiento coleccionista es contrario a la intuición, ya que representa una prueba irrefutable de la responsabilidad de un sujeto en la comisión de un delito grave. El proceso de reunión de estos artículos y el hecho de mantenerlos juntos cerca del delincuente parece suponer una experiencia psicológica fundamental para la motivación a la hora de cometer los crímenes.

Entre los comportamientos asociados a las parafilias se encuentra la búsqueda de la estimulación a través de imágenes y materiales adquiridos hasta conformar una colección personal. Los delincuentes sexuales en serie que cumplen sus deseos parafílicos (conocidos por la policía como delincuentes sexuales rituales) no son una excepción a esta regla. En la investigación de este tipo de delincuentes se ha observado un fenómeno extraordinario: algunos intencionalmente graban, conservan y archivan numerosos detalles de sus crímenes sexuales. Sus métodos incluyen grabación en vídeo, cintas de audio, fotografías, dibujos, redacciones en diarios, cartografía, anotaciones en calendarios, largas descripciones y conservación de ropa interior, joyas u otros objetos pertenecientes a la víctima, incluso líquidos y/o partes de su cuerpo.¿Qué mueve a los delincuentes a preservar las pruebas fehacientes que confirman sus crímenes, algo que amenaza su libertad y su vida? Se ha encontrado un patrón de conservación de artículos de los crímenes en serie entre asesinos sádicos sexuales, asesinos, violadores, necrófilos y pederastas. Los delincuentes utilizan una variedad de modalidades para la grabación y archivo de sus crímenes y algunos de ellos utilizan más de una modalidad. Esto no constituye una tipología de los delincuentes, ya que dichas modalidades no son ni mutuamente excluyentes dentro del repertorio ni recoge todas las posibilidades existentes.

Algunos delincuentes acumulan material a modo de catálogo de posibles futuras víctimas. Esto les proporciona una fantasía pre-delito, además de identificar a un grupo de víctimas que pueda estar disponible cuando se decidan a actuar. La búsqueda incesante de una nueva adquisición les genera entusiasmo, ansiosas expectativas y emoción. Este proceso de seleccionar víctimas potenciales tiene el doble objetivo de crear un catálogo entre las que elegir y generar una fantasía de oportunidades y conquistas sexuales interminables. Poseer algo que pertenece a la víctima, que simboliza a la víctima, valida su conquista o victoria sobre ella a modo de trofeo. Los objetos cumplen una función de enlace, manteniendo al delincuente psicológicamente conectado con la víctima a pesar de la terminación del delito o incluso de la muerte de la víctima. Por otra parte, las colecciones permiten revivir la experiencia, refinar futuros delitos sexuales y generar pornografía para uso personal o para compartir con otros. Una vez que la víctima se añade a su archivo, el crimen se vuelve interminable y la víctima es capturada en un perpetuo estado de victimización.

La importancia psicológica de las colecciones de los delincuentes sexuales en serie es extraordinaria para ellos, ya que arriesgan sus vidas y su libertad mediante la preservación de las pruebas de sus crímenes. Hay un impulso para mantener la colección a mano y disponible para poder verla y manejarla a su antojo, vincularla a sus víctimas y disfrutar de los beneficios psicológicos de la misma (captura, posesión, fantasía sexual, recuerdo y poder). Desde una perspectiva más amplia, estos hechos ilustran la multiplicidad de trastornos parafílicos demostrados por delincuentes sexuales violentos y la conexión entre la conducta fetichista y los asesinatos en serie. Esta es una conexión documentada hace muchos años en varios estudios de asesinos en serie en los que se refleja la conexión entre los asesinatos en serie, el travestismo y otras formas específicas de conducta fetichista.

Este hallazgo también tiene relevancia para los profesionales del orden público, la salud mental o la comunidad forense, que deberían considerar si un delincuente sexual o una persona que presenta parafilias, a priori inofensivas, podría tener en el futuro impulsos y conductas más peligrosas. Deberán estar especialmente vigilantes sobre aquellos que tienen un historial de actos criminales, trastornos de la personalidad, enfermedad mental, abuso de sustancias o trauma sexual personal. La probabilidad de reincidencia en delincuentes en serie es muy alta y no existe ningún tratamiento capaz de reconstituir sus personalidades con el fin de hacerlas inocuas. En 1930, Wilhelm Stekel, en su obra Las aberraciones sexuales, argumentó que este tipo de delincuente debe ser “entregado a un especialista para un tratamiento después de un examen preliminar”. Desgraciadamente, no existe antídoto alguno para erradicar las perversiones violentas junto a trastornos de personalidad. Por lo tanto, la rápida identificación y aprehensión es lo mejor que puede hacerse ante el estado actual de conocimiento.

Seríamos negligentes si no resaltáramos que solo porque algunos delincuentes en serie amasen una colección de materiales de fantasía no significa que todos los que tengan colecciones de este tipo vayan a delinquir. Existen individuos no delincuentes cuyas colecciones están disponibles para el estudio y recogen gran cantidad de, por ejemplo, pornografía especializada. Estas colecciones son obviamente de naturaleza sexual, pero no están asociadas a la violencia, al menos hacia una víctima real. Sin embargo, existe un riesgo claro de que las personas que no entiendan bien la naturaleza del deseo o de las parafilias inocuas confundan una colección de material de fantasía con un catálogo de posibles víctimas.

Existe una obvia relación entre la parafilia, teniendo en cuenta el factor secreto de este comportamiento sexual, y una colección inanimada que ayude a preservar las experiencias de su propietario. En conclusión, esta tendencia que se da entre algunos delincuentes parafílicos en serie constituye una importante área de estudio psicológico y criminológico. Gracias a ello se revela parte de la motivación del delincuente y su fantasía sexual esencial y puede corroborar su asociación con la víctima, que a menudo ha fallecido antes de que se descubra la colección.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

La Biocriminología en la prevención del delito. Club de las Ciencias Forenses.

Aplicacion de la biocriminologia en la prevencion del delito. Club de las Ciencias Forenses

Biocriminología. Club de las Ciencias Forenses.

En esta ocasión, queridos seguidores del Club de las Ciencias Forenses,  les ofrecemos un artículo que aborda un tema innovador y sin duda interesantísimo como es la aplicación de la criminología biosocial en la prevención del delito, gracias a la investigación llevada a cabo por Michael Rocque de la Universidad del Noreste, Boston (EE.UU), Brandon C. Welsh de Universidad de Maine, Orono (EE.UU) y Adrian Raine  Universidad de Pennsylvania, Philadelphia (EE.UU).

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, los esfuerzos criminológicos para prevenir o reducir el crimen se centraron en abordar las presuntas causas biológicas de la criminalidad. Hoy en día, la prevención del delito pone un énfasis especial en los factores de riesgo biológico y fisiológico, sobre todo durante los períodos tempranos de la vida. Existe un número creciente de programas de prevención del delito que estudian los factores de riesgo biológico en la delincuencia criminal. Estos programas se aplican en los entornos de la familia, la escuela y la comunidad. La evidencia sugiere que estos programas pueden reducir el crimen. Aunque “la prevención biológica del delito” no ha surgido todavía como un campo independiente de estudio, los resultados muestran que la biología supone un impacto significativo en la aparición del delito. A día de hoy, muchos criminólogos se mantienen cautelosos frente a cualquier estudio que infiera la biología como factor del delito. Sin embargo, la investigación criminológica examina los factores biológicos de un modo sofisticado y atendiendo a la importancia del contexto social. Por lo tanto, la prevención del delito con base biológica vuelve a estar presente en la literatura criminológica, pero de manera muy diferente a las estrategias biológicas del pasado. Lejos de abogar por medidas eugenésicas no éticas, este trabajo se centra en mejorar el entorno del sujeto para promover el desarrollo biológico saludable desde la edad temprana.

La prevención del delito tiene una larga historia en el campo de la criminología y la justicia penal. Las evaluaciones de los programas de prevención del delito se han llevado a cabo durante décadas, sobre todo en Estados Unidos. Con respecto a la biología, los esfuerzos de prevención del delito a finales del siglo XIX y principios del XX llaman a evitar que los denominados pueblos inferiores se reproduzcan a través de políticas eugenésicas.

Un esquema influyente distingue cuatro estrategias principales para la clasificación de los programas de prevención del delito (Tonry y Farrington, 1995):

– La prevención del desarrollo se refiere a intervenciones diseñadas para prevenir el desarrollo del potencial criminal de las personas, especialmente las dirigidas a abordar los factores de riesgo y de protección descubiertos en los estudios sobre el desarrollo humano (Farrington y Welsh, 2007  y  Tremblay y Craig, 1995).
– La prevención de la comunidad se refiere a intervenciones diseñadas para cambiar las condiciones sociales y las de las instituciones (por ejemplo, las familias, los compañeros, las normas sociales u organizaciones) que influyen en la delincuencia, dentro de las comunidades residenciales (Hope, 1995).
– La prevención situacional se refiere a aquellas intervenciones diseñadas para prevenir los delitos mediante la reducción de las oportunidades de actuar del sujeto (Clarke, 2009).
– La prevención de la justicia penal se refiere al elemento de disuasión tradicional, llevando a cabo estrategias de rehabilitación gestionadas por la policía y por los organismos del sistema de justicia penal (Blumstein, Cohen y Nagin, 1978).

La literatura actual de prevención del delito se caracteriza por estudiar diversos focos de atención: la comunidad, el entorno y las estrategias de desarrollo en la primera infancia. Con respecto a las causas biológicas del delito, una estrategia de prevención de la delincuencia será muy relevante. Este enfoque reconoce la interacción entre la persona y su entorno, punto de vista de los investigadores biosociales contemporáneos del crimen y la delincuencia. El enfoque de desarrollo tiende a centrarse en la identificación de los factores de riesgo en niños o familias para mejorar sus condiciones ambientales, con el fin de facilitar el desarrollo sano de los más pequeños.

Un enfoque de prevención del delito biológico que se centre únicamente en la “identificación de los nacidos para cometer el crimen” es una reliquia del pasado en criminología. Los programas de prevención de la delincuencia y los programas existentes defendidos por biocriminólogos buscan prevenir la aparición de factores de riesgo biológico (impidiendo el desarrollo de déficits cognitivos) y la conducta delictiva entre quienes tienen factores de riesgo identificados. La investigación indica que los programas de prevención precoz fomentan el desarrollo saludable del cerebro y producen mejoras cognitivas de manera acumulativa. Los estudios demuestran, además, que una nutrición adecuada puede mejorar el crecimiento de los nervios cerebrales, hecho crucial en el tema que nos atañe. En los casos en los que los factores de riesgo son hereditarios o genéticos, los programas pueden prevenir la delincuencia a través de la identificación de los factores ambientales que puedan incrementar la conducta criminal.

En el futuro es razonable suponer que surgirán un mayor número de programas o estrategias basados en los factores de riesgo biológico. En cuanto a la prevención del delito en el desarrollo, la investigación ha demostrado que cuanto antes se efectúe la intervención, mejor. La etapa más importante del desarrollo para el crecimiento cognitivo parece transcurrir entre el embarazo y los primeros 2 años de vida. Los traumas durante este período pueden resultar especialmente impactantes, afectando al desarrollo del cerebro en la edad adulta. La desventaja de determinados entornos pueden retrasar gravemente el desarrollo cognitivo con unos efectos duraderos, incluido un mayor riesgo de pobreza, nivel de educación más bajo y oportunidades de empleo más pobres. Se ha demostrado que un tratamiento dirigido a personas expuestas a un trauma precoz puede mejorar los efectos del desarrollo cognitivo negativos de dicho trauma. Por lo tanto, la intervención temprana es de suma importancia en el tratamiento de ciertas causas biológicas de la criminalidad. Los programas de prevención dependen de los presupuestos gubernamentales. La identificación de las causas biológicas de la criminalidad puede ser políticamente atractiva, pero sin una continuidad puede tener consecuencias engañosas e incluso peligrosas.

Un enfoque basado en la biología puede utilizarse de una manera eficaz a la hora de prevenir el delito. Programas de prevención biocrimen reconocen la importancia del entorno de la persona y de la intervención temprana. Estas estrategias pretenden mejorar la vida de los sujetos en lugar de sacarlos de la sociedad. En este sentido, la prevención biocrimen supone un desarrollo positivo que merece más atención de la comunidad criminológica.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

La posesión de armas de fuego: ¿protectoras o productoras de violencia? Club de las Ciencias Forenses.

Posesión de armas de fuego y muerte violenta: una revisión crítica. Club de las Ciencias Forenses.

Posesión de armas de fuego. Club de las Ciencias Forenses.

Apreciados amigos del Club de las Ciencias Forenses, el artículo elaborado por Wolfgang Stroebe de la Universidad de Utrecht (Países Bajos), que hoy les ofrecemos, constituye una revisión crítica de la investigación empírica sobre la asociación entre la posesión de armas de fuego y el suicidio y el homicidio. Tanto el suicidio como el homicidio reflejan un comportamiento intencional con el objetivo de matar, bien a uno mismo o a otra persona. Se puede esperar que la tasa de posesión de armas de fuego se relacione positivamente con las tasas globales de suicidios y homicidios. El fácil acceso a las armas de fuego aumenta el riesgo de morir por causas violentas. Con muy pocas excepciones, diferentes estudios han encontrado la propiedad de armas como positivamente relacionada con los suicidios y los homicidios causados por ellas. Las personas primero deben tener el objetivo de matar y segundo, tener acceso a un arma de fuego con el fin de lograr este objetivo mediante el uso de dicha arma.

La mayor parte de los estudios utilizan comparaciones de corte transversal, con lo que una asociación positiva puede ser parcial o totalmente debida a la causalidad inversa, es decir, que las personas que quieren suicidarse saldrán, por ejemplo, a comprar armas. Diferentes estudios de casos han encontrado la propiedad de armas asociada significativamente a un aumento sustancial de las tasas globales de suicidio. Dado que las armas son solo un medio a utilizar para llevar a cabo un propósito determinado, sería posible que los suicidios con armas fueran simplemente sustituidos por otras formas de acabar con la propia vida.

Los investigadores han ofrecido tres explicaciones para plantear una relación positiva entre la posesión de armas y los homicidios. La hipótesis de la instrumentalidad de las armas asume que una relación positiva sería debida a la mayor letalidad de armas de fuego, esto es, las armas proporcionan uno de los medios más eficaces para matar a otras personas. Las personas que, por ejemplo, viven en ambientes donde las armas están fácilmente disponibles son más propensas a ser asesinadas, porque los asesinos potenciales suelen tener un arma y por tanto es más sencillo matar a una víctima potencial en un ataque concreto. Esta es la posición generalizada de “a más armas más crímenes”.

 Existen dos posibles explicaciones para la asociación negativa entre la prevalencia de armas y la aparición de la violencia:

– En entornos en los que hay armas, la víctima potencial también puede poseer una. Y puesto que se supone que las armas sirven para proporcionar un medio eficaz para la defensa de uno mismo contra los ataques violentos, puede inferirse que las personas que poseen armas de fuego son menos propensas a ser asesinadas.

– Por otra parte tenemos la hipótesis de la disuasión, a través de la que puede argumentarse que el conocimiento de que todo el mundo posee un arma podría disuadir a los delincuentes de planificar crímenes.

 Se dan dos posibles explicaciones ante el fracaso a la hora de encontrar una relación entre la prevalencia de armas y el homicidio, a saber, que no existe una relación entre estas dos variables o que los dos procesos opuestos se anulan mutuamente.

En diferentes estudios se ha visto que las personas que viven en una casa con un arma de fuego tienen casi tres veces más probabilidades de ser asesinadas que las que viven en un hogar limpio. La mayoría de las víctimas son asesinadas por un familiar o un amigo y solo muy pocos fueron asesinados por un desconocido.  De todos modos, únicamente la mitad de estos homicidios fueron cometidos con un arma de fuego. La gran mayoría de los hallazgos sobre la asociación de la disponibilidad de armas de fuego y el suicidio o el homicidio es consistente con la hipótesis de que el fácil acceso a las armas de fuego aumenta el riesgo de morir por causas violentas. Con pocas excepciones, los estudios han encontrado que la propiedad de armas está positivamente asociada con suicidios y homicidios por armas de fuego. Dado que apenas existen estudios que encuentren una relación negativa entre la disponibilidad de armas y los homicidios, se puede rechazar la hipótesis de la legítima defensa y la disuasión. Por lo tanto, se puede concluir claramente que la existencia de más armas se asocia a más muertes violentas. Por otra parte, también hay evidencia de que las armas no sólo sirven como sustitutas de otros medios de matar, sino que aumentan las tasas globales de suicidio y homicidios. Aunque los hallazgos en esta revisión son consistentes con la hipótesis de que el acceso a un arma de fuego aumenta el riesgo de suicidio u homicidio (por ejemplo, a partir de estudios a nivel individual), también aparece el apoyo a la hipótesis de que la asociación positiva se debe en parte a la causalidad inversa. Debido a que las armas son un medio eficaz de suicidio, las personas que planean suicidarse a veces compran un arma para hacerlo. Del mismo modo, mientras que el acceso a las armas hace que sea más fácil cometer un asesinato, las personas que viven en zonas de alta criminalidad suelen comprar armas para su propia protección. Estas dos interpretaciones no son incompatibles. Con respecto a las tasas de homicidio, es probable entrar en un círculo vicioso: el fácil acceso a las armas de fuego aumenta la tasa de homicidios y el aumento de las tasas de homicidio lleva a motivar a la gente a comprar armas para su propia protección. Esta necesidad de auto-protección es probable que sea una de las raíces más profundas de la resistencia de los norteamericanos a la aprobación de leyes de armas más estrictas, algo difícil de entender desde una perspectiva europea.

La mayoría de los europeos no podría pensar en tener un arma para su protección personal. Entonces, ¿por qué los estadounidenses se sienten con la necesidad de poseer armas? Una razón obvia sería la relativa alta tasa de homicidios que se produce en aquel país. Para reducir esta necesidad se podría, por lo tanto reducir aún más las tasas de homicidios. Otra estrategia sería la de convencer a la gente de que la posesión de un arma de fuego supone, finalmente, más peligro que protección.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar