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Mes: Enero 2015

La importancia del interrogatorio en la investigación policial. Club Ciencias Forenses.

La importancia del interrogatorio en la investigación policial. Club Ciencias Forenses.

La importancia del interrogatorio en la investigación policial. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “La importancia del interrogatorio al sospechoso en la investigación policial” de los autores Dragana Batic y Bogdancho Gogov de la Universidad de Sofía (Bulgaria) que nos acerca al interesante tema del interrogatorio policial.

Este artículo trata sobre los principios, procedimientos, conocimientos y habilidades necesarios para poder llevar a cabo un interrogatorio de forma eficaz. El objetivo principal del interrogatorio es captar la información útil, lo que depende fundamentalmente de la habilidad del agente de policía para establecer un contacto eficaz y eficiente con el sospechoso y del conocimiento criminológico y psicológico para dirigir la entrevista. La técnica de interrogatorio empleada con frecuencia en la práctica policial es la minimización o maximización del delito y las responsabilidades del sospechoso. En los casos en que se utiliza la minimización para tratar de atenuar la responsabilidad del sospechoso se produce la confesión. En los casos en que se usa la maximización, el propósito es agravar las consecuencias del acto delictivo e infundir de esta manera un fuerte sentimiento de culpa al sospechoso. El enfoque general de las entrevistas en los Estados Unidos durante los últimos 50 años se ha alejado de la utilización de técnicas coercitivas acercándose hacia la manipulación psicológica y el engaño. Estas técnicas pueden ser muy eficaces rompiendo la resistencia del sospechoso durante el interrogatorio. Desafortunadamente, entrañan ciertos riesgos y el propósito del artículo es señalar las consecuencias indeseadas de las técnicas coercitivas y manipulativas de interrogatorio recomendadas en algunos manuales. Los dos cambios más innovadores para reforzar la fiabilidad y la imparcialidad de los interrogatorios policiales son las grabaciones de las entrevistas y la presencia de “adultos responsables” para evitar que las personas vulnerables hagan falsas declaraciones.

El modelo de entrevista recomendado consiste en una serie de instrucciones que utilizan la figura mnemotécnica PEACE, que significa: P-preparación y planificación; E-interaccionar y explicar; A-relato; C-cierre y E-evaluación. Los principios básicos para la planificación de entrevistas son: (1) La plena cooperación de los entrevistados durante la conversación da al entrevistador una mayor libertad para entrevistar a los que no cooperan; (2) Definición de los objetivos de la entrevista; (3) Reconocimiento y comprensión de los puntos legales que deben ser probados; (4) Análisis de la prueba que ya está disponible; (5) Valoración de la prueba que se necesita y donde puede obtenerse; (6) Comprensión de la PACE (Acta de Pruebas Policiales y Criminales) y sus códigos de prácticas; y (7) Diseño de un enfoque flexible de entrevista. La fiabilidad o credibilidad de las pruebas está determinada por un gran número de factores que pueden clasificarse en dos grupos relacionados con: (a) factores motivacionales (voluntad de decir la verdad); y (b) factores de vulnerabilidad (características inherentes a la persona que pueden hacer la explicación poco fiable). Existe una serie de factores de vulnerabilidad que pueden hacer que la narración de una persona durante el interrogatorio no sea fiable. Se pueden clasificar en tres grupos: en primer lugar, los entrevistados que padecen algún tipo de trastorno mental en el momento del interrogatorio; en segundo lugar, las personas que sufren un estado mental anormal durante la reclusión y el interrogatorio; y por último, las características de personalidad, tales como una alta sugestionabilidad o conformidad.

Obtener una confesión sigue siendo una parte importante del proceso del interrogatorio. La confesión se produce por una combinación de factores. El reconocimiento de un delito es un fenómeno psicodinámico complejo. Al sospechoso generalmente se le da cierto crédito cuando se da la combinación de tres factores: la percepción del sospechoso sobre la solidez de las pruebas en su contra, la necesidad de reconocimiento interno y la presión externa, como el miedo a la cárcel. Varias encuestas realizadas en Gran Bretaña muestran que los mayores logros se obtienen durante la entrevista inicial y en un corto espacio de tiempo. Sin embargo, ciertas técnicas de interrogatorio pueden dar lugar a una falsa confesión, legal y moralmente inadmisible. Los sospechosos interrogados bajo presión psicológica, engaño o promesas poco realistas, a veces confiesan un delito menor para colaborar como informantes, u ofrecen su cooperación como informantes por otros delitos graves a fin de cumplir las expectativas de los agentes y frenar el acoso psicológico, y en ocasiones físico, al que son sometidos. La confesión mediante extorsión provoca consecuencias adversas, y en casos extremos, falsas confesiones. Probablemente las falsas confesiones sean imposibles de eliminar por completo como parte de un proceso social complejo y al ocurrir por diferentes razones y motivos. Así pues, un interrogatorio justo reducirá el riesgo de falsas confesiones.

Se han llevado a cabo más investigaciones para identificar las formas en que el interrogatorio a delincuentes sexuales puede ser más eficaz y para determinar los factores que pueden aumentar la probabilidad de confesión. Se ha descubierto que la agresión, la hostilidad y el comportamiento ofensivo y condenatorio del entrevistador, denominados “dominación”, reducen la probabilidad de confesar. Sin embargo, la amabilidad y el sentimiento de cooperación, denominados “humanidad”, se asocian con un aumento del número de confesiones. El hecho de que el enfoque humanitario pueda tener éxito podría explicarse debido a que los delincuentes se sienten más cómodos, y más dispuestos a mitigar su culpabilidad mediante la confesión, especialmente si se compara con un agente que muestra dominación. Lo que sugiere que los agentes de policía tienen un impacto significativo sobre la confesión o negación de un delito. La razón fundamental para confesar es el sentimiento de culpa. Aunque también hay que tener en cuenta la importancia de la confesión para lograr una condena más leve. En consecuencia, para que los agentes de policía consigan más confesiones, las entrevistas deberían seguir un enfoque justo, compasivo, no agresivo y honesto. En cuanto a la negación, el motivo por el que se suele recurrir a ella es para evitar la condena por crímenes que se han cometido o que no se han cometido, por lo tanto los policías deben tener cuidado al acusar por delitos sobre los que no haya pruebas suficientes. De este modo, mostrando un comportamiento agresivo habrá menos probabilidades de obtener confesiones. Así pues, estos estudios indican que tanto los sospechosos como los agentes consideran que el enfoque ético da mejores resultados durante el interrogatorio que el enfoque poco ético y autoritario.

El interrogatorio es una de las herramientas más importantes para la prevención, detección y erradicación de la delincuencia. Se trata de un proceso social dinámico e interactivo a través del cual se pueden recoger datos e informaciones útiles, siempre que el agente posea las habilidades para establecer la comunicación con el sospechoso, aunque es igualmente importante tener conocimientos de criminología, criminalística y psicología a fin de llevar a cabo la entrevista con éxito. El uso del engaño e incluso de la violencia en algunos casos puede dar resultado, y en otros, causar una reacción totalmente contraria, en función de la personalidad del sospechoso, del tipo de delito, y de muchos otros factores psicológicos, sociológicos y culturales. La confesión obtenida mediante métodos y herramientas poco éticos a veces puede resultar falsa, y puede provocar que personas inocentes sean arrastradas hacia un procedimiento penal complejo y agotador que perjudica tanto al individuo como al sistema judicial penal en general.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Falso testimonio. Club de las Ciencias Forenses.

Falso testimonio. Club de las Ciencias Forenses.

Falso testimonio. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, esta semana os ofrecemos un resumen del artículo “Falso testimonio-Evaluación y prevención” de la autora Adelina Dutu de la Universidad Ecológica de Bucarest (Rumanía) que aborda el interesante tema del falso testimonio desde una perspectiva interdisciplinar.

El presente estudio tiene por objetivo identificar a los testigos de mala fe y diagnosticar el falso testimonio, así como analizar los rasgos psicológicos de buena fe, las garantías y los conocimientos legales para identificar el falso testimonio y los criterios para valorar la veracidad del testimonio en un juicio. El testimonio, o las pruebas testificales, representan uno de los más antiguos medios probatorios y está entre los más empleados en los juicios. Los testigos son personas ajenas al juicio que informan de hechos o circunstancias decisivos con el fin de solucionar un caso del que tienen conocimiento.  Por lo tanto, su declaración constituye un tipo de evidencia.

El testimonio de mala fe es un testimonio, que a pesar de hacerse bajo juramento, es falaz. Sin embargo, se trata de un ámbito en el que resulta bastante complejo distinguir entre el error y la  mentira y entre la exactitud y la sinceridad, y en el que las declaraciones insinceras tienen repercusiones significativas, implicando incluso responsabilidad criminal. La naturaleza deshonesta de la declaración de un testigo puede ser analizada desde tres perspectivas. En primer lugar está el enfoque subjetivo, que sostiene que existe falso testimonio siempre que se diga cualquier otra cosa de lo que se está pensando. Otro enfoque, el objetivo, pone de manifiesto la diferencia entre la realidad física y la relatada por el testigo. Su falta de sinceridad no significa necesariamente una alteración de las posibilidades de hallar la verdad. Finalmente, el último enfoque destaca la dimensión normativa de la obligación del testigo de ser sincero, que analiza el modo en el que cumple su obligación con la moralidad. Se han podido registrar algunos casos en la práctica legal relevantes para la investigación sobre manifestaciones de buena fe de testigos. Sin embargo, al mismo tiempo, estos casos revelan grandes errores de la justicia, que desgraciadamente, siguen sucediendo actualmente debido a testimonios insinceros infundidos por sentimientos de miedo o terror. Los testigos pueden verse influidos por la presión o por las amenazas lanzadas contra ellos o sus familias, con el fin de obtener declaraciones con el contenido deseado; existen multitud de factores objetivos y subjetivos que, de una manera u otra, pueden influir en el testimonio.

Es necesario recalcar que los criterios para comprobar la autenticidad de un supuesto falso testimonio, tienen un cierto grado de relatividad. No obstante, hay que tenerlos en cuenta, para cumplir la obligación que tienen las autoridades judiciales de comprobar los testimonios que puedan ser insinceros o inexactos. Esos criterios son: la fuente del testimonio; la relación del testigo con las partes implicadas en el proceso; sus características sociales, morales, psicológicas y temperamentales; la preocupación que manifiesta el testigo hacia la provisión de pruebas y la buena fe en la evaluación del testigo.

Las razones para actuar de mala y fe y por tanto aportar un falso testimonio pueden variar, y dependiendo de ellas el investigador tendrá que adoptar ciertas posturas para prevenirlo. Se deben tener en cuenta tanto el estilo de vida de la persona como su entorno. En consecuencia, el testigo puede declarar la verdad porque la conoce; puede no decir la verdad porque no la conoce; puede mentir para beneficiar o perjudicar a alguien o puede mentir para protegerse a sí mismo, y así sucesivamente. Generalmente, la mala fe del testigo se descubre más adelante durante la fase de juicio oral, tras la confrontación de su declaración con otras pruebas existentes. En este caso, las autoridades judiciales deberían seguir un procedimiento específico, concretamente el mismo que se lleva a cabo en la fase de instrucción al investigar al acusado. Si existen fundamentos para creer que la declaración del testigo se ha hecho de mala fe debido a contradicciones o inexactitudes en el contenido, no es recomendable revelarlo. El testimonio debe ser grabado y guardado hasta el momento psicológico apropiado para exponerlo, y de este modo realizar las preguntas adecuadas acerca de los detalles de las circunstancias. Se puede además emplear el método de escuchar reiteradamente al testigo en varios intervalos de tiempo, con lo cual es posible obtener nuevas informaciones. Mediante el empleo de este procedimiento, los hechos en la memoria del testigo se ordenan por lo que consigue recolocar los recuerdos de lo que realmente percibió desde la primera manifestación. El propósito de la psicología forense es detectar los puntos débiles, localizar donde pueden ocurrir con más facilidad los errores y donde son necesarias instrucciones adicionales.

Es fundamental tener en mente el hecho de que la memoria de un testigo resulta de vital importancia a la hora de tomar decisiones en un juicio; no obstante, nadie es capaz de valorar de forma objetiva si lo que recuerda el testigo es correcto, advirtiendo que no existen versiones objetivas alternativas de los hechos por los que está testificando. Las principales causas analizadas del falso testimonio en la declaración de un testigo son: la existencia de presiones y las amenazas al testigo para conseguir una manifestación con el contenido deseado, el miedo de las consecuencias negativas del proceso judicial y, las relaciones familiares y los lazos emocionales.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Realidad virtual e investigación criminológica. Club de las Ciencias Forenses.

Realidad virtual e investigación criminológica. Club de las Ciencias Forenses.

Realidad virtual e investigación criminológica. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les proponemos un resumen del artículo “El uso de realidad virtual en la investigación criminológica” de los autores Jean-Louis van Gelder del Instituto para el Estudio del Crimen y Seguridad Pública de los Países Bajos, Marco Otte de la Universidad de Ámsterdam (Países Bajos) y Eva C. Luciano de la Universidad de Bern (Suiza) que trata sobre la aplicación de tecnología de realidad virtual en el campo de la criminología.

La tecnología de realidad virtual (RV) está siendo cada vez más empleada por los científicos sociales. Dados los recientes desarrollos que han mejorado considerablemente el realismo, la reducción de costes, y las incrementes posibilidades de aplicación, la RV va camino de convertirse en una consolidada herramienta de investigación de las ciencias sociales. El término realidad virtual (RV) es empleado generalmente para referirse a una representación tridimensional de la realidad, artificial o generada por ordenador, que es experimentada a través de las sensaciones y es interactiva, es decir, en la cual las acciones del usuario determinan el curso de la interacción. Un entorno virtual (EV) es un espacio digital en el que los movimientos del usuario son registrados y su ambiente es representado. Algunos estudios científicos, tales como los famosos experimentos de Milgram y Zimbardo, demuestran que la tecnología de RV es capaz de provocar reacciones sociales y psicológicas en los participantes similares a las del mundo real. Y por otra parte, evidencian que los EV adaptan los entornos para el estudio de fenómenos sociales difíciles de analizar experimentalmente en el mundo real.

En la psicología experimental, los investigadores se enfrentan habitualmente a la disyuntiva de mantener el control del experimentador, y así maximizar la validez interna, o alcanzar un alto grado de validez ecológica. La tecnología RV, al provocar procesos cognitivos y afectivos, puede aumentar sustancialmente el realismo y reducir la variabilidad en los resultados. En el campo de la criminología, que suele ser menos “experimental” que el de la psicología social, se emplea el método de guiones escritos. Ciertamente, el uso de RV o EV puede mejorar y modernizar este tipo de investigaciones. Los guiones escritos tienen pocas probabilidades de generar respuestas fisiológicas con la misma intensidad que la RV. Es más, en el caso de la RV el ritmo de la respuesta fisiológica puede estar vinculado a sucesos específicos que ocurren en el EV, mientras que con un guion escrito es imposible. Es decir, en lugar de pedir a los participantes que se imaginen en una situación dada, la RV permite al investigador “sumergirlos” realmente en esa situación. Lo cual probablemente suscita reacciones más genuinas y validas. Además, la RV puede usarse en combinación con un número ilimitado de medidas objetivas y fisiológicas, como la cercanía entre los participantes o los estímulos del entorno, movimientos oculares, miradas, ritmo cardíaco, conductancia de la piel, actividad cerebral, etc. La RV también puede servir como herramienta para probar teorías o para el estudio de fenómenos que son difíciles de analizar en el mundo real por cuestiones prácticas. Según la hipótesis de Van Gelder et al. (2013), transmitir a los delincuentes una mayor sensación de vivencia de su futuro debería motivarles para actuar de una forma más orientada a este y consecuentemente reducir su tendencia a delinquir. Para probarlo, usaron RV de inmersión para que los participantes conocieran su futuro. Su estudio demostró que esa vivencia del futuro predice la delincuencia y puede ser experimentalmente manipulada. Los efectos de esa manipulación pueden trasladarse al mundo real.

Debido a que los delitos tienden a ser una actividad encubierta, rara vez puede observarse el delito in fraganti, menos aún permite un estudio sistemático de forma empírica. En consecuencia, el conocimiento del actual proceso de infracción se apoya en gran parte en la evidencia indirecta, lo cual pone limitaciones obvias al entendimiento del suceso delictivo. En algunos casos el uso de la RV puede ser una solución a esos problemas ya que permite el estudio del suceso delictivo según se presenta. En un trabajo reciente, Park et al. (2012) usaron un EV para analizar el impacto de la toma de decisiones en entornos de alto riesgo con el objetivo de demostrar el valor de esta tecnología para la teoría criminológica y la prevención del delito. En otro estudio de Park et al. (2012), Toet y Van Schaik (2012), exploraron la validez ecológica de un EV analizando si las reacciones en el caso de un vecindario real, pacífico o bien con señales de disturbios, serían similares a las de un equivalente virtual. Concluyeron que parece que las personas se concentran más en los detalles en un entorno virtual que en uno real.

Sin embargo, existen muchas limitaciones relacionadas con la RV y su tecnología. Para crear un EV efectivo en el que se está presente, el usuario necesita dejar de lado la conciencia y conocimiento de que los estímulos no son reales. Esto se denomina suspensión de la incredulidad. Por eso la RV debería ser diseñada de manera que el riesgo de alteración de la suspensión de incredulidad sea minimizado. En cuanto a la tecnología utilizada, muchos aparatos de RV siguen siendo bastante engorrosos, difíciles de usar e incómodos de transportar. Por otro lado, la calidad de los estímulos virtuales puede afectar negativamente a la experiencia de presencia en el EV. Esto igualmente puede ser la causa principal del llamado cibermal; un malestar físico debido a las discrepancias entre las expectativas internas del usuario y el feedback real de la VR (por ejemplo: un retardo entre el movimiento de cabeza del usuario y el feedback visual de la RV). Del mismo modo, el contenido del EV puede causar una ruptura de la suspensión de incredulidad. Por último, una experiencia previa del usuario con videojuegos modernos o entornos virtuales puede tener un papel en la aceptación de EV y su eficacia. Hoy en día instalar un sistema de RV de alta calidad es bastante sencillo y no requiere un presupuesto muy amplio. Además, la posibilidad de reutilización es una clara ventaja de los actuales sistemas de RV. El software aplicado debe posibilitar la creación del EV y reproducir los resultados del ordenador en el monitor. El manejo del sistema debería ser relativamente fácil de aprender, debería ser compatible con muchos formatos de entrada y debería usar un lenguaje de programación sencillo. En cuanto al hardware, aunque la mayoría de los ordenadores modernos son capaces de ejecutar EV recopilados, para crear un EV es necesario un PC de alto rendimiento. El usuario puede interaccionar con el EV a través del teclado y del ratón o de un controlador de juegos. Para una mejor inmersión en la realidad virtual se puede usar un sistema de seguimiento y un casco de realidad virtual.

Los estudios mencionados demuestran que la manipulación de las distintas características de un EV pueden tener un impacto significativo en el usuario, tanto psicológica como fisiológicamente, lo que hace que los EV sean muy adecuados para la investigación con el fin de alcanzar un mejor entendimiento de la conducta criminal. A fin de cuentas, se puede decir que la RV tiene un tremendo potencial para la investigación criminal y actualmente puede ser aplicada tanto por los que no dominan mucho la tecnología como por los que no tienen grandes habilidades en programación. Tal y como se ha argumentado en el artículo, la RV no solo aporta más posibilidades para mejorar los métodos existentes de compilación de datos, tales como los guiones escritos, proporciona asimismo la oportunidad de estudiar un fenómeno que por razones prácticas, financieras o éticas sería imposible de estudiar de otra forma. El sistema judicial criminal puede incorporar esta tecnología, junto con los métodos convencionales, con el fin de avanzar en el campo de la investigación, la formación y la rehabilitación.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Violencia de género: Tipologías de maltratadores y tratamiento. Club de las Ciencias Forenses.

Violencia de género: Tipologías de maltratadores y tratamiento. Club de las Ciencias Forenses.

Violencia de género: Tipologías de maltratadores y tratamiento. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, esta semana os ofrecemos un resumen del artículo “La violencia de pareja: generación de una tipología de maltratadores basada en los datos e implicaciones para el tratamiento” de los autores Olga Cunha y Rui Abrunhosa Gonçalves de la Universidad de Minho (Portugal) que trata sobre la violencia de género.

Diferentes estudios han propuesto que los maltratadores de género pueden ser clasificados en función de la psicopatología, la severidad de la violencia y la frecuencia. En este caso, se planteó un estudio de campo con el objetivo de definir una tipología del maltratadores basada en la evidencia y sus implicaciones para la rehabilitación y la reinserción. Para ello se evaluó a 187 varones condenados por violencia de género, de los que 111 cumplían condena en prisión y 76 en servicio a la comunidad.

La violencia doméstica es transversal a todas las culturas, sociedades y estatus sociales y tiene un impacto significativo en muchos aspectos. Se pretende reducir los problemas y consecuencias asociados con la violencia doméstica estableciendo programas de tratamiento de maltratadores. Sin embargo, existe un alto índice de abandono y reincidencia en maltratadores que han sido tratados. Una posible explicación es que muchos de los programas de tratamiento están estandarizados y se aplican de manera uniforme sin tener en cuenta los diferentes factores de interacción. La clasificación de maltratadores ha surgido como un campo de investigación para estudiar esta cuestión. La categorización de maltratadores aporta un práctico y exitoso método para planificar y diseñar intervenciones eficaces. La tipología más prominente fue desarrollada por Holtzworth-Munroe y Stuart (1994). Su análisis reveló que los hombres que son violentos con sus parejas mostraban heterogeneidad en características individuales relacionadas con tres dimensiones teóricas: a) severidad y frecuencia de la violencia marital; b) generalidad de la violencia y c) psicopatología. De este modo identificaron tres subtipos de maltratadores: generalmente violentos/antisociales (GVA), disfóricos/límites (borderline) (DB), y sólo familiares (FO). En una posterior prueba empírica de su tipología, se encontraron cuatro tipos: los tres mencionados previamente y uno adicional, el grupo antisocial bajo. Los maltratadores tipo FO están implicados únicamente en violencia marital y mostraron lo niveles más bajos de abuso sexual y psicológico, y ausencia de, o menor, psicopatología. Los hombres tipo DB están implicados en violencia marital de moderada a severa, aunque también manifiestan algunas conductas violentas fuera del domicilio. Son asimismo los más psicológicamente angustiados, experimentan celos delusorios y no toleran la separación. Los maltratadores tipo GVA son predeciblemente el subtipo más violento. Alcanzan niveles moderados a severos de violencia marital y extra familiar y generalmente poseen antecedentes penales. Tienen igualmente más probabilidad de presentar características del trastorno antisocial de personalidad o psicopatía. Finalmente, el tipo antisocial de nivel bajo (LLA), obtiene una puntuación moderada en conducta antisocial, violencia marital y violencia en general.

Sin embargo, las investigaciones en este campo presentan algunas limitaciones. En primer lugar, están basadas principalmente en muestras clínicas y forenses, con solo unos pocos estudios con reclusos. En segundo lugar, los investigadores tratan repetidamente de validar empíricamente las tipologías de maltratadores usando las mismas medidas y diseño. En este contexto, se ha diseñado un trabajo de campo, aplicando procesos similares a investigaciones previas, para analizar si las tipologías de maltratadores pueden extenderse a una muestra variada y a un conjunto diferente de medidas. Como era de esperar, se identificaron tres subtipos de maltratadores a partir de los datos empíricos: maltratadores no-patológicos (NP), trastornados (DB) y antisociales/violentos (AV). Estos resultados apoyan la heterogeneidad en los hombres que infligen violencia sobre sus parejas y la consistencia en lo que respecta a las tipologías estudiadas desde una perspectiva multicultural. Los análisis muestran que el grupo de maltratadores AV se caracteriza por ejercer violencia física y psicológica, por tener un comportamiento antisocial, estilo de vida desviado, antecedentes penales, violencia interparental y abuso de drogas. Los maltratadores DB muestran comportamientos de violencia psicológica, agresión física y hostilidad, así como sintomatología clínica (somatización, depresión, ansiedad, ideación paranoide), antecedentes penales, comportamiento antisocial y un estilo de vida socialmente desviado. Finalmente los maltratadores NP no se caracterizan por ninguna de las variables relacionadas con la criminalidad y la reincidencia.

Este estudio demuestra que, aun con un conjunto diferente de medidas, con una muestra diferente de maltratadores, y con distintos niveles de violencia, se puede hallar un patrón similar en las tipologías. En consecuencia, estos resultados avalan una consistencia relativa entre tipologías de maltratadores. Por otro lado, los hallazgos revelan que incluso con una brecha cultural de estudios anteriores, se pueden encontrar patrones semejantes en los tipos de maltratadores. Los resultados sugieren del mismo modo, que los maltratadores condenados a penas de prisión o servicios a la comunidad poseen unas características comunes que deben ser consideradas a la hora de tomar las posibles decisiones judiciales. Para concluir, estos hallazgos muestran que aunque el uso de una muestra variada puede cubrir un gran número de casos y ofrecer una mayor comprensión del fenómeno, aun así puede no conducir a resultados variables. Las tipologías de maltratadores dan por hecho que dado que los maltratadores son un grupo heterogéneo, los programas de rehabilitación deberían adaptarse al tipo de maltratador y a sus necesidades y carencias. Además, es necesaria una rigurosa evaluación de cada maltratador con el fin de identificar todas las carencias para mejorar la eficacia del tratamiento y adaptar el diseño de la intervención a sus características y necesidades. De hecho, está demostrado que diferentes maltratadores responden de manera distinta al mismo tratamiento. Los resultados relativos a los maltratadores DB revelaron que poseían un fuerte componente psicopatológico diferencial y requieren una intervención clínica específica. Es más, la psicopatología al ser considerada un importante factor de riesgo de violencia en general, los maltratadores con trastornos psicopatológicos no solo deberían participar en programas de rehabilitación, si no también someterse a terapia clínica con el objetivo de corregir la probabilidad de recaída/reincidencia. Se pueden establecer las mismas conclusiones para el grupo antisocial/violento. Consecuentemente, algunos autores argumentan que los maltratadores antisociales podrían beneficiarse de una intervención integral con un enfoque multimodal, un planteamiento cognitivo y conductual, y enfoque multinivel, dirigido al maltratador y a otras áreas relacionadas con la violencia sobre la pareja. Por último, al no presentar rasgos antisociales, los maltratadores NP son más proclives a la rehabilitación y probablemente tengan un mejor pronóstico. Con lo cual, deberían ser tratados por separado, no solo porque sus necesidades sean diferentes, si no también por el riesgo de contaminación por otros delincuentes con rasgos antisociales. Por consiguiente, la identificación de tipologías de maltratadores puede llevar a detecciones, evaluaciones de riesgo e intervenciones más precisas con el fin de reducir la violencia en el seno de la pareja y de este modo mejorar la protección de las víctimas de violencia doméstica.

Para concluir, cabe mencionar algunas de las lagunas que presenta la investigación actual. En primer lugar, la encuesta no lleva a cabo ninguna comparación con otro grupo no violento. Además, los estudios de tipologías usan un conjunto limitado de medidas para obtener grupos, basados esencialmente en un modelo intraindividual. No obstante, los resultados indican que los investigadores necesitan seguir atendiendo al sentido práctico de sus resultados empíricamente extraídos y que en futuras investigaciones sería necesario evaluar la precisión de estos perfiles de maltratadores.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno