clubforenses.com

clubforenses.com

Mes: Junio 2015

Factores de Criminalidad. Club Ciencias Forenses.

Factores que conducen a la criminalidad.

Factores de Criminalidad. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, esta semana les ofrecemos un resumen del artículo “Los factores de la Criminalidad son los Genes, el Temperamento y la Personalidad psicopática”, de los autores Matt DeLisi de la Universidad Estatal de Iowa (EE.UU.) y Michael G. Vaughn de la Universidad de Saint-Louis (EE.UU.), que trata sobre los factores que conducen a la criminalidad.

El estudio de la conducta antisocial grave y violenta ha evolucionado de un enfoque basado en los factores estructurales y medioambientales hasta un nivel individual. La criminología ha empezado a prestar atención a los factores constitucionales que influyen en la autorregulación, el procesamiento emocional, el funcionamiento neuropsicológico y los procesos relacionados. En este trabajo se plantea que las condiciones necesarias para la criminalidad implican características constitucionales básicas y recalca la reciente investigación sobre genes, temperamento y personalidad psicopática. Se centra además en la Evaluación Integral de la Personalidad Psicopática (CAPP) y en el estudio de la posible integración de la genética, el temperamento, y la psicopatía para comprender la criminalidad.

Más allá de los factores de riesgo sociales, existen otros factores que explican la varianza de la agresión, la ira y los problemas de conducta en la infancia. Y esos otros factores son los factores genéticos. Gracias a los numerosos estudios sobre asociación genética molecular existe un amplio conjunto de genes específicos que se han relacionado con la criminalidad. Se ha descubierto que los portadores del alelo G manifiestan más comportamientos antisociales en situaciones de estrés social. Se han revelado asimismo asociaciones significativas entre los genes de la dopamina y el comportamiento antisocial cuando se dan en contextos ambientales que evidencian un control social bajo. Se han hallado recientemente asociaciones significativas entre el gen de la monoaminaooxidasa A (MAOA) y la adversidad en la infancia. Se ha podido demostrar igualmente una relación entre el gen DRD4 y la delincuencia, la ira y la búsqueda de emociones. Es importante recordar que, aunque significativos, los efectos genéticos normalmente son muy escasos y suelen darse en ambientes desfavorecidos. A la larga, el ADN, el ARN y la síntesis de proteínas se expresan en nuestra biología, y lo más importante, en nuestro cerebro. El temperamento es la tendencia estable, en gran parte innata con la que un individuo percibe el entorno y regula sus respuestas hacia él. El temperamento refleja las diferencias básicas en la reactividad del sistema nervioso central que se manifiestan en la varianza en el nivel de actividad, la emotividad y el humor, los comportamientos de acercamiento y retirada, y la autorregulación. Por otro lado, los factores de riesgo genéticos relacionados con el temperamento de la madre biológica interactúan con los factores de riesgo ambientales para influir en los comportamientos desafiantes infantiles. El perfil temperamental ofensivo se asocia especialmente con la insensibilidad y formas más agresivas de problemas conductuales. En resumen, los déficits temperamentales caracterizados por una baja autorregulación, una emocionalidad negativa e intercambios hostiles con otros, proporcionan toda una vida con problemas de conducta. Por lo tanto el temperamento constituye un componente principal de la criminalidad y, afortunadamente se observa en edades muy tempranas para facilitar las intervenciones preventivas. A pesar de que el temperamento refleja la diferenciación biológica básica, generalmente se considera la base sobre la cual descansa la personalidad. La personalidad psicopática, caracterizada por rasgos afectivos, comportamentales, y estilos de vida distintivos, es moderadamente hereditaria e identificable en niños y adolescentes. Asimismo, la antisocialidad es inherente a la psicopatía. Una innovación relativamente reciente pero importante en la bibliografía sobre psicopatía ofrece la posibilidad de integrar todos estos ingredientes básicos para la comprensión de la criminalidad. La Evaluación Integral del Trastorno de Personalidad Psicopática (CAPP) conceptualiza el trastorno en un modelo léxico de la personalidad. El CAPP incluye 33 síntomas que son adjetivos o frases adjetivas que se definen en términos de otros tres adjetivos/frases adjetivas. Estos síntomas se agrupan en seis áreas que representan: 1) apego, 2) regulación o restricción conductual, 3) cognición, 4) dominación o relaciones de estado, 5) emoción y 6) identidad.

Uno de los debates más importantes en psicología se centra en la utilidad de la aplicación de los modelos estructurales de la personalidad para la comprensión de la psicopatía. Los modelos estructurales son las evaluaciones globales de la personalidad que no están centrados en un tema específico, como la antisocialidad o la aptitud profesional. El modelo estructural más conocido es el modelo de los Cinco Factores o comúnmente conocido como los Cinco Grandes (Big Five), que se mide con el NEO-PIR. Esta reciente conceptualización ha encontrado su camino en la psiquiatría, la práctica clínica y correccional. En el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), el Trastorno Antisocial de la Personalidad está compuesto por dos criterios diagnósticos. Es decir, existe un reciente y creciente movimiento hacia la conceptualización de las condiciones antisociales, o más generalmente, de la criminalidad, como un conjunto de rasgos básicos reflejados por constructos de orden superior. En consecuencia la criminalidad está determinada por rasgos de personalidad psicopática (que se encuentran dentro de los rasgos normales de la personalidad), que se apoya en extensiones fisiológicas y psicológicas del temperamento, y es significativamente hereditaria. Las ventajas de un mayor ámbito de investigación empírica es que facilita no sólo nueva conceptualizaciones sino también una poderosa evidencia convergente que puede ser relacionada con mecanismos básicos. Además de para saber la verdad, esto es importante para llevar a cabo intervenciones preventivas que son posiblemente más sostenibles ya que están unidas a procesos causales subyacentes que ocurren a una edad relativamente temprana. Por otra parte, los científicos de prevención también han señalado que muchas intervenciones efectivas son de naturaleza biosocial, que se ajustan muy bien a los elementos básicos de la criminalidad analizados en el presente trabajo. Aunque es cierto que muchas de estas intervenciones necesitan más pruebas y perfeccionamiento, se espera que una base etiológica de conocimiento más fuerte pueda prestarse a una mayor eficacia de las tecnologías de prevención, que pueden ser ampliamente divulgadas para beneficio de todos.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Mujeres Terroristas. Club Ciencias Forenses.

Características que definen a las mujeres terroristas.

Mujeres Terroristas. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les proponemos un resumen del artículo “Mitos y realidades sobre las mujeres terroristas”, de los autores Karen Jacques y Paul J. Taylor de la Universidad Lancaster (Reino Unido), sobre las características que definen a las mujeres terroristas.

El 9 de noviembre de 2005, Muriel Degauque, una belga convertida al Islam chocó contra una patrulla de la policía iraquí y detonó una bomba que mató a cinco personas e hirió a muchas otras. Los profesionales forenses se suelen referir al ataque de Degauque como una “llamada de atención”, no solo porque fue la primera mujer europea en llevar a cabo un ataque de ese tipo, sino porque era una mujer joven con estudios, con una buena educación, y que provenía de una familia y una comunidad que le apoyaba. El historial de Degauque contradice ampliamente las previsiones sostenidas acerca de la participación femenina en el terrorismo, y plantea preguntas acerca de cuál es la mejor forma de tratar este tipo de delincuencia. Su caso evidenció lo poco que se sabe sobre los factores de riesgo asociados a las mujeres que cometen actos de terrorismo. En este artículo, se responde a esta necesidad probando ocho hipótesis sobre la naturaleza de la implicación femenina en el terrorismo. Estas hipótesis se refieren a tres explicaciones interrelacionadas para la implicación que prevalecen en la literatura actual: en primer lugar, existe un grupo demográfico vulnerable susceptible a la participación; segundo, las circunstancias sociales actúan como motor de la participación; y tercero, la exposición previa a o la implicación en la delincuencia es un precursor dominante para la implicación. De las hipótesis adelantadas por estas explicaciones, algunas tendrán precedentes, ya sea porque se basan en la investigación relacionada con el terrorismo masculino o porque dependen de los factores de riesgo estáticos y contextuales identificados para otros tipos de delitos. Así pues, al probar estas hipótesis se ha tratado de verificar las explicaciones predominantes sobre los factores asociados a las mujeres terroristas, y al mismo tiempo disipar algunos conceptos erróneos relacionados con este tipo de delincuencia.

Muchos intentos de explicar la implicación en el terrorismo se centran en delimitar un grupo demográfico vulnerable, es decir, un conjunto de factores estáticos y contextuales relacionados con el individuo que aumenta el riesgo de delinquir. Del mismo modo, algunas explicaciones sostienen que las mujeres sin estudios son un grupo demográfico vulnerable al terrorismo debido a su ignorancia y susceptibilidad a un “lavado de cerebro” o su creencia de que el terrorismo es la única vía para ganarse el respeto. Este enfoque sobre la educación está a menudo vinculado a la falta de empleo. Estas hipótesis interrelacionadas de vulnerabilidad demográfica son admisibles, sin embargo no hay que aceptarlas tal cual. Se ha tratado de proporcionar una prueba más completa de la explicación de vulnerabilidad demográfica probando tres hipótesis: el historial de mujeres terroristas mostrará una prevalencia de mujeres jóvenes, sin estudios y desempleadas. Una segunda explicación acerca de la etiología del terrorismo, no se basa en el individuo sino en las circunstancias sociales. La desconexión de la sociedad y las vulnerabilidades derivadas de esta son algunos de los precursores del terrorismo fundamentales para la comprensión de la delincuencia. Por lo tanto, se ha examinado el papel de las circunstancias sociales a través de tres hipótesis: la inmigración, la conversión religiosa y la ausencia de matrimonio, se dan con frecuencia en las mujeres terroristas. Una tercera explicación es la exposición a la delincuencia. Existe una relación entre el crimen organizado y la financiación de actividades terroristas. Normalmente, se asocia la idea de que los lazos familiares juegan un papel en la implicación en el terrorismo con esta perspectiva. Se ha probado la hipótesis predominante de que los vínculos familiares con el activismo son frecuentes en la población femenina terrorista. Así pues, sigue existiendo una falta de comprensión de los factores predominantes en las mujeres que se involucran en el terrorismo. Por tanto, dada la falta de pruebas, se han analizado las anteriores previsiones empleando una muestra amplia y diversa de terroristas femeninas y una muestra de comparación de terroristas masculinos.

Los hallazgos desafían algunos de los estereotipos existentes sobre el terrorismo llevado a cabo por mujeres, así como algunas hipótesis de investigación sobre otros grupos de delincuentes. Por ejemplo, la descripción de una mujer terrorista como un individuo aislado que no tiene apego a un grupo social no es compatible con las bajas tasas de inmigración y soltería halladas. Del mismo modo, el estereotipo de mujer terrorista sin estudios no es consistente con la correlación positiva entre el nivel de educación alcanzado y el número de mujeres que habían alcanzado ese nivel. Finalmente, el hallazgo de altos niveles de empleo en la muestra actual se suma a la evidencia de los estudios de terroristas masculinos que plantean que las dificultades económicas no son un factor de riesgo importante para el terrorismo. En conjunto, estos resultados se suman a los recientes esfuerzos para identificar las “circunstancias psicosociales” (en lugar de las psicopatológicas) que son comunes a la participación masculina en el terrorismo. De hecho, varios de los factores examinados aquí muestran patrones de relevancia similares en hombres y mujeres. Tal vez lo más sorprendente es que se han encontrado asimismo muy pocos casos de una implicación previa en delitos tanto en mujeres como en hombres. Esta falta de relación entre delincuencia y terrorismo contrasta con lo que se encuentra normalmente en otros tipos de delitos. ¿Por qué esta discrepancia? Una posible razón que no puede descartarse es la metodología. Es decir, si los terroristas no estaban dispuestos a confesar más delitos, o si ocultaban su actividad criminal a los familiares que proporcionaron los informes biográficos, entonces esa actividad no era registrada en los datos. No obstante, una segunda posibilidad es que la delincuencia no esté relacionada con el terrorismo. Esto puede deberse a que la delincuencia es una característica indeseable en un potencial terrorista, puesto que puede llamar la atención de las autoridades. O simplemente puede ser que, tener un historial criminal no es un precursor importante para el terrorismo. A pesar de las similitudes entre hombres y mujeres terroristas, sería un error considerar su etiología equivalente. En comparación con sus homólogos masculinos, las mujeres tienen menos probabilidades de estar empleadas, menos probabilidades de ser convertidas, y menos probabilidades de ser inmigrantes. En relación con el matrimonio, también se ha encontrado que las mujeres tienen más probabilidades de ser viudas o divorciadas en comparación con sus homólogos masculinos. Uno de los aspectos en que los datos fueron consistentes con las explicaciones anteriores es en relación con la edad. Se ha descubierto que aproximadamente el 84% de la muestra tiene entre 18 y 35 años de edad, que es consistente con la idea de que el terrorismo, como muchos otros tipos de delincuencia es un “juego de jóvenes”. Es interesante, sin embargo, que siga existiendo una pequeña minoría de terroristas femeninos y masculinos que tienen más de 35 años. Otro aspecto que coincide con las explicaciones predominantes es en relación al activismo social. Casi un tercio de las mujeres terroristas de la muestra tienen vínculos familiares con el terrorismo, lo que sugiere que el activismo familiar puede desempeñar un papel en la implicación de algunas mujeres. A pesar de que este estudio es la primera investigación a gran escala sobre terrorismo femenino, la naturaleza de los datos y el tipo de análisis realizado dejan abierta una serie de limitaciones. Una de las limitaciones se deriva del hecho de que los datos se han obtenido de fuentes secundarias. Una segunda limitación de esta investigación se deriva del hecho de que la muestra de terroristas masculinos no siempre coincide por pertenencia a un grupo. Una tercera limitación se deriva del alcance de las variables examinadas. El muestreo de ocho variables solo proporciona una breve reseña de la variedad de factores que pueden influir en la implicación en el terrorismo. Este estudio ha demostrado que las características sociodemográficas de las mujeres terroristas varían considerablemente, y que esas características no siempre se ajustan a los estereotipos establecidos por los medios de comunicación o a las expectativas generadas por los estudios sobre terrorismo masculino y sobre otros tipos de delitos. En consecuencia, al igual que con otros grupos criminales, los resultados presentados aquí pueden informar acerca de futuros tratamientos e investigaciones que proporcionen una base para la comprensión de la naturaleza de la implicación femenina en el terrorismo.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Policía y Salud Mental. Club Ciencias Forenses.

Cómo se enfrenta la Policía a personas con trastornos mentales en su trabajo diario.

Policía y Salud Mental. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, esta vez les ofrecemos un resumen del artículo “Policía y Salud Mental”, de los autores H. Richard Lamb y Linda E. Weinberger de la Universidad de California del Sur (EE.UU.) y Walter J. DeCuirJr de la Unidad de Evaluación Mental del Departamento de Policía de Los Ángeles (EE.UU.), que trata acerca de cómo se enfrenta la Policía a personas con trastornos mentales en su trabajo diario.

El propósito de este artículo es repasar la bibliografía existente acerca del papel de la Policía en el trato con personas con enfermedades mentales graves que sufren crisis y las cuestiones que surgen a menudo durante la necesaria interacción entre las fuerzas del orden y los profesionales de la salud mental. Con respecto a los enfermos mentales, la Policía tiene la facultad de trasladarlos para su evaluación y tratamiento psiquiátrico cuando existe una causa probable para pensar que son un peligro para ellos mismos o para los demás debido a su condición. Ellos son los responsables ya sea del reconocimiento de la necesidad de tratamiento como de ponerlos en relación con los medios de tratamiento adecuados o determinar que el hecho cometido es la principal preocupación y la persona debe ser detenida. En consecuencia, los agentes han pasado a asumir el papel de “psiquiatras de calle”. Un problema importante que supone cumplir esta función es que la Policía tiene poco entrenamiento en este tipo de situaciones. Así pues, esta falta de formación es uno de los factores que ha contribuido a la criminalización de los enfermos mentales. La policía actúa con total discrecionalidad en el ejercicio de sus funciones, incluyendo la decisión sobre lo que debe hacerse en el caso de tener que tratar con un enfermo mental. En la mayoría de los casos, se emplean métodos informales, como tratar de “calmar” a la persona o trasladarla a su domicilio. En situaciones que no pueden ser manejadas de manera informal, la Policía puede tener que conducirlos a los hospitales o a los calabozos. Sin embargo en algunos casos, esta discrecionalidad se ve limitada, por lo que tanto la evaluación psiquiátrica como el tratamiento se llevarán a cabo mientras la persona está bajo custodia. Se han planteado una serie de factores para explicar por qué, en el caso de delitos menores, un agente de policía decide detener a una persona con problemas mentales en lugar de llevarla a un hospital. Para un agente no es tan evidente determinar si una persona padece un trastorno mental como lo es para un profesional de la salud mental, puesto que a pesar de su experiencia, no ha recibido la suficiente formación. Por otro lado, la Policía es muy consciente de que si refieren un enfermo mental al sistema judicial penal, será tratado de manera más apropiada. Cuando la interacción entre el agente y el enfermo es iniciada por la propia Policía, goza de una mayor discrecionalidad. En estos casos, actúan libremente y resuelven el problema de la forma que consideren adecuada, en base a sus conocimientos. El resultado es que algunos policías son más propensos a arrestar a estas personas, otros intentan que sean hospitalizadas y otros tienden simplemente a dejarlos libres sin otra disposición. A menudo, sin embargo, esta interacción es iniciada por los propios ciudadanos. En tales casos, las demandas de los ciudadanos también pueden entrar en juego y limitar la discrecionalidad de la Policía.

Generalmente, la violencia subyace en la mayoría de las emergencias psiquiátricas. Así pues, la evidencia sugiere que existe un subgrupo de personas con trastornos mentales graves que son significativamente más peligrosos; como son los psicóticos, los que no toman su medicación y los toxicómanos. Este subgrupo plantea un reto considerable tanto para los profesionales de la salud mental como para la Policía. Por lo tanto, es crucial que en situaciones de crisis, tanto la Policía como el sistema de salud mental de emergencia trabajen en estrecha colaboración. Se han desarrollado diferentes estrategias para proporcionar un equipo móvil de la Policía o de profesionales de la salud mental, o ambos para responder a emergencias de este tipo. Muchos partidos judiciales disponen de policías con una formación especial en salud mental que intervienen en situaciones de crisis y actúan como enlaces con el sistema de salud mental. Se denomina a este enfoque el modelo de Memphis. En efecto, estos equipos pueden intervenir en situaciones de emergencia sanitaria o actuar como consultores de los agentes en el lugar de los hechos. Otro plan de acción es la contratación por el propio Departamento de Policía de consejeros de salud mental, que en este caso no serían agentes de policía. Otra estrategia ampliamente aceptada es recurrir, mediante un acuerdo especial con el Departamento de Policía, a equipos psiquiátricos de emergencias constituidos por profesionales de la salud mental que forman parte del sistema sanitario, para responder a situaciones delicadas en el lugar de los hechos. Otro método empleado es el despliegue de equipos integrados tanto por agentes especializados como por profesionales de la salud mental. Los principales objetivos de estos equipos móviles especializados en crisis es resolver el incidente y reducir la criminalización. Una parte fundamental en el desarrollo y mantenimiento de estos equipos móviles especializados es que se debe llevar a cabo una rigurosa y continua evaluación del programa. Además de las alternativas elegidas, las tasas de detención de estos equipos deben ser evaluadas con regularidad para asegurar que se están poniendo en práctica las disposiciones adecuadas y que los centros de salud mental están cooperando en este sentido.

Se ha podido demostrar, que en general, la formación policial es insuficiente para poder identificar y hacer frente a personas con trastornos mentales. Los propios policías consideran que carecen de la formación adecuada para gestionar este segmento de la población. Por lo tanto, esta formación en salud mental es necesaria para todos los agentes, no solo para los que forman parte de los equipos móviles especializados en situaciones de crisis. Además, se debería hacer énfasis en reducir las situaciones que pudieran conllevar el uso de fuerza letal contra personas con trastornos mentales. Por otra parte, probablemente no existe otra situación más difícil para los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley que el llamado “suicidio por policía” o “suicidio asistido por la Policía”. En este tipo de situaciones, un suicida inicia un comportamiento que constituye una amenaza con un arma letal, o con lo que parece ser un arma letal, con la intención de que los propios agentes le disparen en legítima defensa o para proteger a los ciudadanos. En consecuencia, ni el sistema de salud mental ni el sistema policial pueden gestionar las crisis de salud mental de manera eficaz sin la ayuda del otro. Es importante que los agentes de policía sean conscientes de que su función principal sigue siendo el cumplimiento de la ley, aunque posean una formación especial en salud mental. Asimismo, es importante que los profesionales de la salud mental, miembros de los equipos móviles de crisis, no traten de actuar como policías. Para promover aún más la colaboración entre el sistema de salud mental y los departamentos de Policía, deberían realizarse reuniones informativas de forma regular y permanente con representantes de ambas instituciones. Otro elemento importante en la resolución de crisis en las que se ven involucrados enfermos mentales, así como en la reducción de su criminalización, es la disponibilidad de recursos de salud mental apropiados. Existe igualmente la necesidad de mejorar la formación de los agentes en relación a los trastornos mentales, de satisfacer adecuadamente las necesidades de los enfermos mentales, y de saber emplear los recursos de salud mental. Evidentemente, se puede hacer mucho para que ambos sistemas atiendan mejor a las personas con trastornos mentales. En los Estados Unidos, los enfermos mentales han sido asesinados o gravemente heridos en los intentos de manejar las situaciones de crisis sobrevenidas. Estos hechos, con razón, han indignado a la ciudadanía y frustrado a los agentes de la ley y a los profesionales de la salud mental. Así pues, para lograr reducir estos trágicos errores y garantizar una mejor seguridad para todos, se debe favorecer un trabajo eficaz de colaboración entre las fuerzas del orden y el sistema de salud mental.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Grafología y Grafología Forense. Club Ciencias Forenses.

1-clínicaEstimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, esta semana les presentamos un resumen del artículo “Grafología y Grafología Forense”, de los autores Nursel Yalçin y Filiz Gürbüz de la Universidad de Gazi (Turquía), que trata acerca de la relación entre un texto escrito y su autor.

La Grafología no es sólo una disciplina que analiza la personalidad a través de la escritura manuscrita, sino también una disciplina científica que utiliza la escritura en distintos campos. A pesar de ser históricamente un método antiguo, ha sido aceptado como disciplina científica edesd 1970. La grafología se emplea en muchos ámbitos, como los sistemas biométricos de seguridad en tecnologías de la información, el análisis de personalidad en psicología, la selección de personal en las organizaciones, la autentificación e identificación de delincuentes en las ciencias forenses, los servicios de orientación y prácticas similares en educación. La Grafología se basa en el movimiento de la psicología experimental. Aunque ha sido definida como una disciplina que analiza la personalidad a través de la escritura manuscrita, es un método de observación que analiza científicamente la relación entre un texto y su autor, y examina el texto como una expresión de la personalidad de su autor. La escritura es una habilidad motora compleja basada en la neurología y la fisiología. Al igual que la personalidad, la escritura también se va desarrollando. Así pues, la infancia, la adolescencia y la edad adulta se reflejan en la escritura.

En el análisis grafológico es importante identificar los hábitos de escritura. Existen diferentes alfabetos con distintos signos gráficos. Estos hábitos deben tenerse en cuenta en el análisis de la escritura manuscrita. De lo contrario, las características de la muestra pueden ser percibidas como las características personales del autor del texto. Por este motivo se examinan las características estructurales e individuales en el análisis forense de un documento. En el acto de escribir están implicados muchos factores externos que afectan a la escritura. Uno de ellos es el estado de ánimo del individuo. El estado de ánimo afecta a la escritura y puede producir cambios como la regularidad en la escritura, la mala escritura, etc. Otro de los factores que afectan a la escritura son las condiciones físicas. Por ejemplo, una persona no puede escribir de la misma manera cuando hace mucho frío o mucho calor. Incluso el estilo de expresión puede cambiar bajo estas circunstancias. La escritura revela los rasgos de la persona, y estas características no cambian a menos que varíen las condiciones físicas o psíquicas de la persona. A pesar de los múltiples campos de aplicación de la grafología, se han estudiado dos ramas generales. Por un lado, la grafología forense que analiza la autenticidad de un texto o firma y su autoría, y por otro la grafología psicológica que es capaz de determinar los rasgos y el estado mental y físico de un individuo a través de su escritura manuscrita. Aunque ambas ramas examinan las características del autor de un texto, existen diferencias entre la grafología forense y otras áreas de aplicación de la grafología en relación a los factores considerados.

La grafología forense es una de las disciplinas que más se emplea dentro de la Grafología. La grafología forense trata de determinar si un texto o firma es auténtico o quien es el autor de un texto o una firma en un documento. Al escribir un texto o al realizar una firma, los individuos actúan de manera diferente y bajo el efecto de muchos factores como la anatomía de la mano y el brazo, el movimiento de la mano, la estructura de los caracteres, la ocupación y la frecuencia con la que se escribe o firma. Al analizar estas diferencias (o semejanzas), por lo general, se puede determinar quien es el autor del texto o firma examinado o si ha sido ejecutados por la misma mano a través de distintas muestras de escritura o firmas. En los casos presentados ante las autoridades legales, se puede detectar la falsificación de una firma en un documento, en documentos utilizados en relaciones comerciales (letras de cambio, recibos, etc.), en testamentos, en contratos de alquiler de inmuebles, y muchos otros documentos privados y oficiales. Asimismo, la identificación de la autoría de un documento gana importancia en los casos que se someten a las autoridades judiciales y a las fuerzas del orden público, como cartas de suicidio, amenazas o testamentos. En los casos de secuestro o de notas de rescate, delimitar la identificación del sospechoso puede ser fundamental para las fuerzas del orden público, y esta rama de la ciencia puede emplearse en estos casos. La información acerca del género del autor de un documento escrito, para determinar la autoría en Grafología Forense, parece ser importante en la investigación criminal. Del mismo modo, es igualmente importante poder determinar la edad del autor del texto. La determinación del género se aborda discretamente en las investigaciones grafológicas. Pero resulta más complicado determinar la edad que el género. Por otro lado, para determinar la antigüedad de la tinta se tiene que calcular el tiempo transcurrido desde la realización del texto hasta el momento del análisis, pero en estos estudios no se tienen en cuenta las propiedades grafológicas. Se consideran las propiedades de la tinta utilizada en la redacción del texto.

En resumidas cuentas, la grafología es la rama de la ciencia que investiga la relación entre la escritura y su autor, y el análisis de cualquier tipo de relación entre el texto y su autor se encuentra dentro del ámbito de aplicación de esta rama. Se utiliza mayoritariamente en las ciencias forenses. El desarrollo de programas capaces de analizar los manuscritos como lo hacen las técnicas tradicionales, son extremadamente útiles para ahorrar tiempo. Los datos que revelan la relación entre el texto y su autor son muy valiosos para llevar a cabo las investigaciones con mayor rapidez en casos legales. En consecuencia, en estos casos sería necesario desarrollar sistemas biométricos de alta fiabilidad capaces de restringir el número de muestras de escritura a analizar entre las que pertenecen a la persona sospechosa.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno