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Categoría: Cine

Diferencias del desarrollo en la niñez intermedia en la memoria y la sugestión para eventos negativos y positivos. Club de las Ciencias Forenses.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Developmental Differences across Middle Childhood in Memory and Suggestibility for Negative and Positive Events”, de los autores Pedro M. Paz-Alonso y Gail S. Goodman, en un estudio conjunto de la Universidad de California y el Centro de Cognición, Cerebro y Lenguaje de Gipuzkoa, que estudia las diferencias en la memoria de los niños para eventos positivos y negativos según su franja de edad.

Una niña dice una mentira, pongamos que por un enfado propio de su edad. La niña acusa a un adulto de haber hecho algo que no debía con ella. Otros adultos lo oyen, se escandalizan y, a falta de un interrogatorio correctamente realizado, la niña es sugestionada y acaba creyendo su propia mentira. Y con esto, tanto la vida del hombre como de la niña quedan destrozadas.

El argumento de La Caza de Thomas Vinterberg podría ser fácilmente una historia basada en hechos reales. En el ámbito jurídico, el testimonio de los niños en ocasiones es necesario y si bien todos somos vulnerables de caer en las falsas memorias, es importante recordar que la mente de los niños es especialmente manipulable. Es por ello que es importante el estudio de los interrogatorios a menores para tener siempre la mayor confianza posible de que estamos acusando o defendiendo a alguien bajo un testimonio verídico.

Además, en gran medida, los experimentos sobre testimonios de niños se han basado en la memoria de estímulos neutros. Aunque también es posible que se necesite declarar sobre casos así, es más probable que el testimonio requerido sea en torno a un acontecimiento con carga emocional. Por ello, este estudio trata de evaluar la memoria de los niños de distintas edades sobre elementos con carga emocional.

El experimento tuvo dos fases. En la primera, se examinaron a 216 niños de 8 a 12 años sobre la intensidad de experiencias negativas y positivas. En primer lugar, se les pedía que dijeran hasta cuatro eventos positivos y otros cuatro negativos que les hubiera ocurrido en el último año. Después se les pedía que valoraran la intensidad de esos eventos de 0 (nada intensa) a 4 (muy intensa). Codificando juntos los eventos similares (por ejemplo, “mi décimo cumpleaños” y “mi fiesta de cumpleaños”) se juntaron un total de 37 eventos negativos y 40 positivos. La experiencia negativa más común fue “accidente/enfermedad”, mientras que la positiva fue “excursión/viaje con los padres”, por lo que se escogieron esas dos categorías para la siguiente fase.

En la segunda fase se utilizaron a otros 227 niños diferentes de los de la fase anterior de la misma franja de edad y se les clasificó en niños de 8 y 9 años por un lado, y niños de 10 a 12 por otro. Para esta fase se diseñaron dos vídeos basándose en los resultados de la primera fase, con una duración de 3 minutos y 40 segundos. Ambos vídeos mostraban una excursión familiar al campo pero tenían 30 segundos de metraje diferente: en uno, el niño se caía y lloraba en el suelo por las heridas de sus brazos y rodillas (evento negativo); en el otro, el niño jugaba con su padre (evento positivo). También se crearon dos textos diferentes para acompañar al vídeo: en uno de ellos se añadían detalles falsos que no aparecían en el vídeo y en el otro sólo había información verídica. Por lo tanto, dentro de cada uno de los dos grupos de edades se asignó a los niños a una de las cuatro condiciones experimentales: mal informados-evento negativo, mal informados-evento positivo, bien informados-evento negativo y bien informados-evento positivo.

Posteriormente se pasaba a los niños un cuestionario con 40 preguntas de respuesta múltiple para evaluar la memoria sobre el evento. La mitad de las preguntas eran correctas (por ejemplo, “¿el padre tenía el cabello oscuro y corto?” y así era). Diez de las preguntas restantes eran incorrectas (“¿lanza la pelota la niña al niño?” pero no sucedía así). Y las diez restantes tenían información incorrecta que aparecía en el texto con información falsa (“¿comían los niños un aperitivo?”). El orden de las preguntas fue aleatorio y de las cuatro opciones de respuesta, una era la verdadera, dos falsas y la cuarta era un “no lo sé” para evitar la respuesta forzosa.

Para confirmar que los datos de la primera fase se cumplían en esta segunda muestra, se pidió a los niños que dijeran si alguna vez habían vivido una experiencia similar a la del vídeo y que lo valoraran del 0 al 4. En ambos vídeos unas tres cuartas partes de los niños habían tenido una experiencia similar y la valoración media fue por encima de 3 puntos, por lo que se le atribuyó una alta intensidad emocional.

Se encontró que los niños de más edad eran menos maleables en cuanto a sus recuerdos y menos vulnerables a la información falsa que los más pequeños. También se encontró que se mejora el reconocimiento con la edad en el grupo que vio el evento negativo, pero no se encontró el mismo efecto en los que vieron el evento positivo. Además, el dar información falsa produjo más errores, especialmente cuando se trataba de detalles secundarios.

Aunque los datos son muy interesantes y suponen un avance, deben ser tenidos con cuidado en el ámbito forense. Los niños no fueron interrogados con recuerdo libre sino respondiendo a un test, lo que sesga la variedad de respuesta. Además, no había consecuencias de un error ni de una mentira en este experimento al tratarse de casi un juego para ellos y no de un testimonio real en un contexto policial. Por tanto, es aconsejable tomarse las generalizaciones con cuidado.

Cine y Psicopatía: ¿realidad o ficción? (II). Club Ciencias Forenses.

Cine y Psicopatía: ¿realidad o ficción? (II). Club Ciencias Forenses.

Cine y Psicopatía: ¿realidad o ficción? (II). Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les ofrecemos la segunda parte del resumen del artículo “La psicopatía y el cine: ¿realidad o ficción?”, de los autores Samuel J. Leistedt y Paul Linkowski de la Universidad Libre de Bruselas (Belgica), que analiza la caracterización de los personajes psicopáticos a lo largo de la historia del cine.

Los psicópatas en las películas poseen generalmente unas características que no son necesariamente tan comunes entre los psicópatas de la vida real. Así pues, el tradicional “Psicópata de Hollywood”, de antes del año 2000, suele manifestar algunas o todas las características siguientes, que los hacen “Villanos/sobrehumanos ideales”: (1) alta inteligencia y tendencia a la estimulación intelectual; (2) actitud un tanto vanidosa, elegante; (3) prestigio o carrera de éxito; (4) calmado, calculador y autocontrolado; y (5) ingeniosa y excepcional habilidad matando. Estos rasgos, especialmente en combinación, normalmente no están presentes en los psicópatas reales. Por otra parte, algunos de los “psicópatas” más famosos en las películas no son psicópatas, sino psicóticos (Norman Bates en Psicósis y Travis Bickel en Taxi Driver). Estos personajes están, en mayor o menor medida, desconectados de la realidad y padecen ideas delirantes. El psicópata criminal o antisocial es probablemente el tipo más común que aparece en las películas. A menudo, los personajes se basan en psicópatas reales, como el personaje de James Wood en The Onion Field o Gary Gilmore en The Executioner’s Song. Ejemplos destacados de psicópatas criminales de ficción son Michael Corleone en El Padrino o el personaje de Dennis Hopper en Blue Velvet. Al igual que en la realidad, no suelen verse mujeres psicópatas en el cine, (ni son conocidas ni estudiadas) y cuando aparecen, suelen actuar como maquinadoras manipuladoras cuya principal arma es su sexualidad. Por otra parte, algunas películas tienen personajes psicópatas muy interesantes, más realistas, “sociales” y exitosos, como George Harvey en The Lovely Bones. El cambio del “psicópata realista” y “no maníaco” desde un punto de vista clínico comenzó a surgir en el 2000. Las variantes del “psicópata de élite” se han vuelto menos educadas y más sumisas con el tiempo, dando lugar a caracterizaciones más psicopatológicas, clínicas, y centradas en este grave trastorno de la personalidad, como la falta de empatía, la crueldad y requisitos profesionales, en lugar de un gran número de conductas disfuncionales y horribles. Entre los recientes personajes psicópatas uno de los más interesantes y realistas es Anton Chigurh de la película No Es País Para Viejos. Anton Chigurh es un psicópata idiopático/primario prototípico bien concebido. George Harvey de la película The Lovely Bones es otro personaje diferente e interesante. Tiene una casa, es socialmente competente y parece un ciudadano normal y corriente. En cuanto a “psicópata de éxito”, Gordon Gekko de Wall Street es probablemente uno de los personajes de ficción más interesantes y manipuladores hasta la fecha. Los personajes psicópatas manipuladores aparecen cada vez más en las películas y series. En los últimos años, con la crisis económica mundial y algunos juicios mediáticos, la atención de los médicos está más centrada en los “psicópatas exitosos”, también llamados psicópatas ejecutivos. Están surgiendo películas y series con personajes corredores de bolsa, comerciantes deshonestos, abogados viciosos, que se dedican al espionaje empresarial (ej.: Mad Men, The Wire) y generalmente están relacionadas con la economía global y los negocios internacionales. En cuanto a los psiquiatras psicópatas, a pesar de que no son muy frecuentes en la ficción, existen. Quizás el más famoso y “caricaturizado” ejemplo de este tipo de psicópata es el psiquiatra caníbal Dr. Hannibal Lecter, interpretado por Anthony Hopkins en la película El silencio de los corderos. Como era de esperar, los “psiquiatras malvados” emergieron a lo largo de la década de los 90. Los psiquiatras corruptos e incompetentes abundan especialmente en las películas de la década de los 80.

A pesar de la capacidad de retratar al psicópata de una forma bastante adecuada, no se le comprende. Lo que se conoce no menoscaba la maravilla que es la hermosa complejidad del cerebro y el comportamiento sino que la engrandece. Uno de los atractivos de la literatura (de los cuales el cine forma parte) es la experiencia vicaria. Se pueden experimentar personas y situaciones que nunca se hubieran podido vivir de otra forma. En resumidas cuentas, la psiquiatría y el cine son capaces de ofrecer una convincente explicación de la compleja psique humana. No obstante, parece que la psicopatía en el cine, a pesar de la verdadera evolución clínica sigue siendo ficción. Existen personajes psicópatas de ficción realistas, pero son una minoría. Algunos de esos personajes de ficción pueden ser valiosos para la enseñanza y para ilustrar distintos aspectos de la psiquiatría forense, como los trastornos de personalidad, las parafilias, las particularidades de los peritos, la actuación del sistema legal, los comportamientos de los abogados y los procedimientos judiciales.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Cine y Psicopatía: ¿realidad o ficción? (I). Club Ciencias Forenses.

La psicopatía y el cine: ¿realidad o ficción? (I). Club Ciencias Forenses.

Cine y Psicopatía: ¿realidad o ficción? (I). Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les ofrecemos la primera parte del resumen del artículo “La psicopatía y el cine: ¿realidad o ficción?”, de los autores Samuel J. Leistedt y Paul Linkowski de la Universidad Libre de Bruselas (Belgica), que analiza la caracterización de los personajes psicopáticos a lo largo de la historia del cine.

Las películas son especialmente apropiadas para representar los estados psicológicos y la enfermedad mental. Su influencia en la percepción del público sobre las enfermedades mentales es especialmente notable ya que suele haber mucha desinformación acerca de los trastornos mentales. El principal interés aquí es la representación de los psicópatas de ficción en las películas. En lugar de evaluar su éxito comercial o “calidad estética” y reclamo, se analiza el grado de realismo de su caracterización desde el punto de vista clínico y psicopatológico de psiquiatras, psicólogos clínicos, y profesionales de la salud mental. Los autores obtuvieron la mayor cantidad de información posible sobre cada personaje de ficción, basándose principalmente en las películas, y utilizando asimismo cualquier otra fuente o documentación disponibles para hacer un diagnóstico psiquiátrico preciso, concretamente en términos de psicopatía. Actualmente, existe un creciente apoyo a la heterogeneidad de la psicopatía; sin embargo, hay poco acuerdo sobre cómo diferenciar e identificar subtipos. En base a una revisión bibliográfica exhaustiva, los autores optaron por dos clasificaciones. La primera clasificación es una expansión de la idea original de Karpman (1941) de psicopatía primaria y secundaria. La psicopatía primaria se caracteriza por un déficit afectivo hereditario. Por otro lado, la psicopatía secundaria está caracterizada por una perturbación afectiva ambientalmente adquirida. Según la teoría, ambas psicopatías primaria y secundaria son fenotípicamente similares, difiriendo sólo en el origen de los síntomas: un déficit afectivo de origen constitucional o una perturbación afectiva resultante del aprendizaje psicosocial temprano. La segunda clasificación está relacionada con el estudio sobre subtipos psicopáticos realizado por Hervé en 2003. Cuatro grupos principales surgieron de este: (1) clásico/idiopático/prototípico, (2) manipulador, (3) “macho” y (4) pseudopsicópata o sociopata.

Las primeras representaciones de psicópatas en el cine solían elaborarse en base a un conocimiento deficiente o incompleto de las personalidades psicopáticas. En general, eran caricaturizados como sádicos, impredecibles, sexualmente depravados, y emocionalmente inestables, con una compulsión a cometer actos de violencia indiscriminada, asesinatos y destrucción, presentando normalmente una serie de extrañas particularidades (risa nerviosa, carcajadas, o tics faciales), generando a menudo personajes famosos e irreales. El desconocimiento general del público acerca de la enfermedad mental o los trastornos psicológicos llevó a aceptar esta representación e incluso a considerarla como prácticamente “realista”. Generalmente, hasta finales de 1950, los convencionalismos cinematográficos estadounidenses relegaron al psicópata al género de villanos, tales como gángsters, científicos locos, súper villanos, asesinos en serie, etc. Incluso la homosexualidad fue retratada como conducta psicopática antes de la retirada de la homosexualidad del DSM en 1973. Un cambio muy interesante ocurrió en 1957 con la detención de Ed Gein en Plainfield, Wisconsin. Debido a la atención recibida, la representación de los psicópatas en el cine fue desviada hacia un género cinematográfico casi independiente y exclusivo: el terror. Tras lo cual, surgieron dos notables discrepancias en la representación típica del psicópata: (1) el inadaptado socialmente funcional con una compulsión sexualmente motivada para matar (Norman Bates de Psicosis) y (2) el extremadamente violento caótico asesino en masa, con conductas y apariencia idiosincrásicas (Leatherface de La matanza de Texas). Las hazañas de muchos psicópatas reales y asesinos en serie durante los años 60 y 70 generó una cantidad cada vez mayor de información relativa a las conductas, sobre todo acerca de la descripción clínica de los psicópatas con formas ritualistas de matar, haciéndose de conocimiento público. De este modo, empezaron a surgir las películas slasher. Estas películas se basan en un villano idiosincrásico recurrente con una firma, un modus, un arma, y, en particular, una apariencia estética (una “máscara distintiva”) en una historia que implica la masacre secuencial de adolescentes inocentes de varias formas espectaculares y grotescas. Las sagas de Halloween, Viernes 13 y Sé lo que hicisteis el último verano son algunos ejemplos de este género. En estas películas, los personajes psicópatas en general son poco realistas, acumulando muchos rasgos y características, como el sadismo, la inteligencia y la capacidad de predecir el plan que las futuras víctimas utilizarán para escapar. Hoy en día, estas son más bien representaciones populares icónicas del mal de asesinos de ficción que de psicópatas interesantes. A la larga, la detención y la popularidad de los famosos asesinos en serie John Wayne Gacy, Jeffrey Dahmer, y Ted Bundy y la creación del “Violent Criminal Apprehension Program” (ViCAP) en 1985 condujo a un incremento adicional en la descripción (y comprensión) de cómo la psicopatía y la investigación criminal (como el perfilado criminal) eran interpretados y retratados en el cine. Este cambio llevó a la popularidad de la “élite psicópata”, o del psicópata que muestra niveles exagerados de inteligencia, sofisticados modales, y astucia, a veces hasta niveles sobrehumanos y supermediatizados (Ej.: El doctor Hannibal Lecter). Desde principios de 2000, la representación y caracterización de los psicópatas de ficción ha cambiado. De hecho, se se han vuelto más humanos y vulnerables, con verdaderas debilidades.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno