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Categoría: Criminologia ambiental

Psicopatía, sadismo y maltrato animal – Club de las Ciencias Forenses

Psicopatía, sadismo y maltrato animal - Behavior and law

Estimados suscriptores y seguidores del Club de Ciencias Forenses, esta semana les ofrecemos un resumen del artículo “Among a German Sample of Forensic Patients, Previous Animal Abuse Mediates Between Psychopathy and Sadistic Actions”, de los autores Alexandra Stupperich, de la Police Academy of Lower Saxony, y Micha Strack, del Georg-Elias-Mueller-Institute of Psychology, que busca relacionar un historial previo de abusos a animales con la presencia de actitudes sádicas posteriores.

Hace mucho tiempo que se presta atención a las motivaciones personales de aquellos que cometen agresiones interpersonales severas. Sin embargo, no se ha prestado tanta atención a los contribuidores observables a estas formas de agresión. En este sentido, recientes estudios han puesto de relevancia un elevado número de vías ambientales a través de las cuales un individuo puede desarrollar una tendencia a realizar conductas sádicas durante sus crímenes. Aunque hay un gran número de factores de riesgo (por ejemplo, falta de culpabilidad, de empatías, etc.), hay uno que ha llamado particularmente la atención, y que aparece a edades jóvenes: el abuso y maltrato de animales.

Pero, ¿Qué son las conductas sádicas? se trata de conductas caracterizadas por la presencia de un patrón de crueldad, agresividad, manipulación y conducta despreciativa hacia otros. Pero además, si observamos más en profundidad las investigaciones y analizamos las posibles relaciones entre comportamientos, encontramos que ambas conductas (el maltrato animal y las conductas sádicas) pueden encontrarse relacionadas con otro desorden de la personalidad: la psicopatía. Con esta tríada de conceptos, las autoras de esta investigación realizan dos preguntas:

1. ¿Pueden los abusadores de animales ser identificados como un perfil concreto dentro de la psicopatía?

2. ¿Media la conducta de agresión a los animales entre la psicopatía y la violencia sádica interpersonal?

Si la respuesta a ambas cuestiones es sí, los psicópatas que abusen de animales deberán ser distintos de aquellos que no lo son en las escalas de la “Psychopathy Checklist”, y las mismas escalas deberán permitir predecir las conductas sádicas. Pues bien: para poner a prueba estas hipótesis, se recurrió a una muestra de 60 hombres alemanes durante su estancia en hospitales forenses de alta seguridad en Alemania. Los crímenes de los mismos variaron entre el asesinato (11), violación (7), abuso a menores (5), crímenes de lesiones (26) robos (6) y otros (5). Para evaluar la psicopatía se utilizó el PCL-SV, una escala de 12 ítems basada en la PCL-R. La existencia de conductas de maltrato hacia animales y de otras conductas sádicas se analizó a través del estudio de archivos y de entrevistas con los presos.

Entre los 60 pacientes, se encontró que 10 habían abusado de animales. De entre los mismos, seis confesaron haber llevado a cabo acciones sádicas en sus crímenes. Aunque esta muestra era pequeña, se encontró que la asociación entre abuso animal y actuaciones sádicas era significativa. A su vez, se encontró (poniendo a prueba la primera hipótesis) que los abusadores puntuaban significativamente más alto en conducta antisocial en la adolescencia, superficialidad, falta de remordimientos, falta de empatía y grandiosidad. Es decir, se encontraron diferencias significativas en los factores afectivos e interpersonales, aunque no en los de estilo de vida.

Con el fin de demostrar la segunda hipótesis, se estudió la relación entre las tres variables. Así, se encontró que el abuso animal aparece como necesario para realizar acciones sádicas (recordemos la particularidad de la muestra). Por otro lado, se comprobó que si el abuso animal permite predecir las conductas sádicas en los crímenes, y que la puntuación en la escala de psicopatía permitía predecir la realización de conductas sádicas y la presencia de abuso animal. Por tanto, y en base a los cálculos estadísticos realizados, se encontró que en la muestra estudiada, la mediación entre la psicopatía y la conducta sádica a través del abuso animal era completo, demostrándose así una posible conexión entre crueldad con los animales y desarrollo psicopático, y la relación existente entre la crueldad con los animales y el uso de conductas sádicas a nivel criminal.

Factores de Criminalidad. Club Ciencias Forenses.

Factores que conducen a la criminalidad.

Factores de Criminalidad. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, esta semana les ofrecemos un resumen del artículo “Los factores de la Criminalidad son los Genes, el Temperamento y la Personalidad psicopática”, de los autores Matt DeLisi de la Universidad Estatal de Iowa (EE.UU.) y Michael G. Vaughn de la Universidad de Saint-Louis (EE.UU.), que trata sobre los factores que conducen a la criminalidad.

El estudio de la conducta antisocial grave y violenta ha evolucionado de un enfoque basado en los factores estructurales y medioambientales hasta un nivel individual. La criminología ha empezado a prestar atención a los factores constitucionales que influyen en la autorregulación, el procesamiento emocional, el funcionamiento neuropsicológico y los procesos relacionados. En este trabajo se plantea que las condiciones necesarias para la criminalidad implican características constitucionales básicas y recalca la reciente investigación sobre genes, temperamento y personalidad psicopática. Se centra además en la Evaluación Integral de la Personalidad Psicopática (CAPP) y en el estudio de la posible integración de la genética, el temperamento, y la psicopatía para comprender la criminalidad.

Más allá de los factores de riesgo sociales, existen otros factores que explican la varianza de la agresión, la ira y los problemas de conducta en la infancia. Y esos otros factores son los factores genéticos. Gracias a los numerosos estudios sobre asociación genética molecular existe un amplio conjunto de genes específicos que se han relacionado con la criminalidad. Se ha descubierto que los portadores del alelo G manifiestan más comportamientos antisociales en situaciones de estrés social. Se han revelado asimismo asociaciones significativas entre los genes de la dopamina y el comportamiento antisocial cuando se dan en contextos ambientales que evidencian un control social bajo. Se han hallado recientemente asociaciones significativas entre el gen de la monoaminaooxidasa A (MAOA) y la adversidad en la infancia. Se ha podido demostrar igualmente una relación entre el gen DRD4 y la delincuencia, la ira y la búsqueda de emociones. Es importante recordar que, aunque significativos, los efectos genéticos normalmente son muy escasos y suelen darse en ambientes desfavorecidos. A la larga, el ADN, el ARN y la síntesis de proteínas se expresan en nuestra biología, y lo más importante, en nuestro cerebro. El temperamento es la tendencia estable, en gran parte innata con la que un individuo percibe el entorno y regula sus respuestas hacia él. El temperamento refleja las diferencias básicas en la reactividad del sistema nervioso central que se manifiestan en la varianza en el nivel de actividad, la emotividad y el humor, los comportamientos de acercamiento y retirada, y la autorregulación. Por otro lado, los factores de riesgo genéticos relacionados con el temperamento de la madre biológica interactúan con los factores de riesgo ambientales para influir en los comportamientos desafiantes infantiles. El perfil temperamental ofensivo se asocia especialmente con la insensibilidad y formas más agresivas de problemas conductuales. En resumen, los déficits temperamentales caracterizados por una baja autorregulación, una emocionalidad negativa e intercambios hostiles con otros, proporcionan toda una vida con problemas de conducta. Por lo tanto el temperamento constituye un componente principal de la criminalidad y, afortunadamente se observa en edades muy tempranas para facilitar las intervenciones preventivas. A pesar de que el temperamento refleja la diferenciación biológica básica, generalmente se considera la base sobre la cual descansa la personalidad. La personalidad psicopática, caracterizada por rasgos afectivos, comportamentales, y estilos de vida distintivos, es moderadamente hereditaria e identificable en niños y adolescentes. Asimismo, la antisocialidad es inherente a la psicopatía. Una innovación relativamente reciente pero importante en la bibliografía sobre psicopatía ofrece la posibilidad de integrar todos estos ingredientes básicos para la comprensión de la criminalidad. La Evaluación Integral del Trastorno de Personalidad Psicopática (CAPP) conceptualiza el trastorno en un modelo léxico de la personalidad. El CAPP incluye 33 síntomas que son adjetivos o frases adjetivas que se definen en términos de otros tres adjetivos/frases adjetivas. Estos síntomas se agrupan en seis áreas que representan: 1) apego, 2) regulación o restricción conductual, 3) cognición, 4) dominación o relaciones de estado, 5) emoción y 6) identidad.

Uno de los debates más importantes en psicología se centra en la utilidad de la aplicación de los modelos estructurales de la personalidad para la comprensión de la psicopatía. Los modelos estructurales son las evaluaciones globales de la personalidad que no están centrados en un tema específico, como la antisocialidad o la aptitud profesional. El modelo estructural más conocido es el modelo de los Cinco Factores o comúnmente conocido como los Cinco Grandes (Big Five), que se mide con el NEO-PIR. Esta reciente conceptualización ha encontrado su camino en la psiquiatría, la práctica clínica y correccional. En el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), el Trastorno Antisocial de la Personalidad está compuesto por dos criterios diagnósticos. Es decir, existe un reciente y creciente movimiento hacia la conceptualización de las condiciones antisociales, o más generalmente, de la criminalidad, como un conjunto de rasgos básicos reflejados por constructos de orden superior. En consecuencia la criminalidad está determinada por rasgos de personalidad psicopática (que se encuentran dentro de los rasgos normales de la personalidad), que se apoya en extensiones fisiológicas y psicológicas del temperamento, y es significativamente hereditaria. Las ventajas de un mayor ámbito de investigación empírica es que facilita no sólo nueva conceptualizaciones sino también una poderosa evidencia convergente que puede ser relacionada con mecanismos básicos. Además de para saber la verdad, esto es importante para llevar a cabo intervenciones preventivas que son posiblemente más sostenibles ya que están unidas a procesos causales subyacentes que ocurren a una edad relativamente temprana. Por otra parte, los científicos de prevención también han señalado que muchas intervenciones efectivas son de naturaleza biosocial, que se ajustan muy bien a los elementos básicos de la criminalidad analizados en el presente trabajo. Aunque es cierto que muchas de estas intervenciones necesitan más pruebas y perfeccionamiento, se espera que una base etiológica de conocimiento más fuerte pueda prestarse a una mayor eficacia de las tecnologías de prevención, que pueden ser ampliamente divulgadas para beneficio de todos.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Criminología Biosocial y prevención de la delincuencia. Club Ciencias Forenses.

Criminología Biosocial y prevención de la delincuencia. Club Ciencias Forenses.

Criminología Biosocial y prevención de la delincuencia. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les ofrecemos un resumen del artículo “Criminología Biosocial y prevención del crimen moderno”, de los autores Michael Rocque de la Universidad de Maine y de la Universidad del Noreste (EE.UU.), Brandon C. Welsh de la Universidad del Noreste (EE.UU.) y Adrian Raine de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.), acerca de la aplicación de la biología a la prevención del crimen.

En los últimos años, se ha centrado el interés en la prevención del delito. Este artículo, trata de demostrar que la nueva prevención biológica del crimen es muy diferente de los enfoques biológicos del pasado. Lejos de abogar por medidas eugenésicas poco éticas, este trabajo se centra en la mejora del entorno para promover un desarrollo biológico sano en la infancia. Por lo tanto, en cierto sentido, este trabajo de prevención del delito es integrador en el reconocimiento de la importancia del entorno como del organismo. El interés académico por el estudio de la prevención ambiental del delito ha crecido en los últimos años. Los programas para niños que buscan mejorar el desarrollo comenzaron a recopilar datos sobre la delincuencia y la conducta antisocial, ayudando a demostrar el potencial de la prevención temprana del delito. Un enfoque de prevención básico aboga por determinar qué facilita el comportamiento criminal y aborda esos factores antes de que se produzca el delito. En este caso, los médicos no se basan en la identificación de las víctimas de una enfermedad como su único medio para tratar la enfermedad; sino que comparten su conocimiento acerca de los factores de riesgo que pueden llegar a producir ciertas enfermedades y orientan a las personas en riesgo con el fin de evitar la enfermedad antes de que se manifieste. La prevención del desarrollo se refiere a las intervenciones diseñadas para prevenir el desarrollo del potencial criminal de los individuos, especialmente los factores de riesgo de victimización y de protección descubiertos en los estudios sobre desarrollo humano. La prevención comunitaria se refiere a las intervenciones diseñadas para modificar las condiciones sociales y las instituciones que influyen en la delincuencia en zonas residenciales. La prevención situacional se refiere a las intervenciones diseñadas para prevenir la ocurrencia de delitos mediante la reducción de oportunidades y el aumento del riesgo y la dificultad de delinquir. La prevención judicial penal se refiere a las estrategias de rehabilitación, de incapacitación y de disuasión tradicionales aplicadas por las fuerzas del orden y los organismos del sistema judicial penal. La prevención del desarrollo es la nueva forma de prevención del delito. Es asimismo la más relevante para la prevención del delito desde una perspectiva biológica y, posiblemente, el enfoque que puede dar lugar a dilemas neuroéticos.

El trabajo de Raine y sus colegas ha demostrado cómo la tecnología (por ejemplo, imágenes de resonancia magnética funcional) puede ilustrar la relación entre los déficits de funcionamiento del cerebro y el comportamiento criminal/antisocial. Uno de los correlatos más fuertes de la conducta criminal tardía son los déficits neuropsicológicos o cognitivos en la infancia. Lo más probable es que existan varias causas para el deterioro de las funciones cognitivas dentro de las cuales se incluyen las predisposiciones genéticas, biológicas, psicológicas y sociales. Mientras que los criminólogos a menudo consideran la impulsividad y la emocionalidad negativa como rasgos de la personalidad, la investigación ha indicado que tienen base biológica. Algunos teóricos sostienen que la impulsividad es más importante que cualquier otro rasgo en el desarrollo de la delincuencia. El temperamento negativo también puede asociarse con una mala conducta dadas las respuestas sociales que “provoca”. La investigación ha demostrado que la agresión temprana o el diagnóstico de trastornos conductuales en niños son predictores significativos de un comportamiento antisocial o criminal posterior. Mientras que el comportamiento agresivo en los niños se puede considerar como una conducta antisocial, la investigación ha demostrado que está relacionado con la violencia y el delito en la posterior edad adulta. La investigación también ha señalado que la salud física y mental (o enfermedad) se relaciona con la conducta delictiva y antisocial. Sin embargo, cabe mencionar que la relación entre la enfermedad mental y la delincuencia es compleja, y la evidencia muestra que no todas las enfermedades mentales están asociadas con un aumento del riesgo de manifestar un comportamiento criminal. La mala salud se ha asociado con una conducta criminal posterior, debido a una mala alimentación de la madre y del niño.

La mayoría de los enfoques modernos que incorporan la biología a la prevención del delito reconocen que factores tales como los genes o la personalidad interaccionan con el medio ambiente y la mejor forma de abordarlos es alterando este último. Los Biocriminólogos e investigadores de diversas disciplinas están empezando a hacer recomendaciones para la prevención de la delincuencia compatibles con los enfoques sociológicos tradicionales. Los estudiosos que defienden la integración de la biología en la criminología argumentan que la conducta antisocial se puede evitar mediante la aplicación de programas específicos, y no tienen que implicar “intervenciones estatales represivas”. Además, algunos trabajos experimentales muestran cómo tratar los factores biológicos que pueden conducir a una reducción del comportamiento antisocial. Se ha evidenciado que los programas de salud y nutrición para mujeres embarazadas y sus hijos pueden influir en una posterior conducta antisocial. Estos programas, que por lo general se concentran en la mejora de las habilidades de crianza, han sido revisados por numerosos académicos y en general muestran un impacto positivo en el desarrollo del niño. Desafortunadamente, muchas evaluaciones de programas de prevención del desarrollo no incluyen medidas de conducta antisocial, crimen, o delincuencia. Algunos programas que tratan de alterar el desarrollo de los factores de riesgo biológicos de comportamiento antisocial se han llevado a cabo en un contexto escolar. Los programas preescolares enriquecidos están diseñados para proporcionar “a los niños económicamente desfavorecidos una estimulación cognitiva y experiencias enriquecedoras que sus padres no pueden aportarles en casa”. Sus principales objetivos son la mejora de las habilidades cognitivas, la preparación para la escuela, y el desarrollo social y emocional. Existen asimismo una serie de programas de prevención del delito en las escuelas desarrollados para jóvenes con factores de riesgo biológicos identificados. Existe cierta evidencia que señala que los programas pueden ayudar a la prevención de ciertas enfermedades mentales graves o trastornos. En la medida en que ciertos tipos de enfermedades mentales son un factor de riesgo para la delincuencia, prevenir la enfermedad debería reducir el comportamiento criminal posterior. La evidencia más reciente hasta la fecha sugiere que la relación entre la salud y el delito radica en que la delincuencia habitual conlleva un deterioro de la salud. Sin embargo, parece que poco se sabe sobre la relación entre salud y delincuencia en la infancia. Debido al creciente número de investigaciones que han demostrado la existencia de una relación entre el déficit cognitivo, el funcionamiento del cerebro y la delincuencia, tal vez no sea sorprendente que estudios recientes hayan demostrado que la nutrición puede ayudar a prevenir la conducta antisocial. Parece que la nutrición puede tener incluso un efecto significativo en el comportamiento. De esta manera, las investigaciones experimentales han demostrado que los suplementos nutricionales pueden afectar significativamente al comportamiento, incluyendo la delincuencia. Lo que plantea otro importante vínculo entre la biología y el comportamiento que aún no ha sido estudiado por la criminología convencional o la prevención del delito.

La actual bibliografía sobre prevención del delito se caracteriza por diversos enfoques, desde estrategias comunitarias y de espacio construido, a estrategias de desarrollo infantil. Con respecto a las causas biológicas de la delincuencia, una estrategia relevante de prevención del delito es la estrategia del desarrollo. Este enfoque reconoce la interacción entre el individuo y el entorno. El enfoque del desarrollo tiende a centrarse en la identificación de factores de riesgo en niños o familias y trata de mejorar las condiciones ambientales con el fin de facilitar el desarrollo saludable del niño. Existe una gran cantidad de literatura acerca de cómo un entorno desfavorable en la infancia tiene un efecto negativo en el desarrollo cognitivo. En el futuro, es razonable suponer que surgirán más programas o estrategias centrados en los factores de riesgo biológicos. Es importante destacar que, estos enfoques no buscan alterar la biología del individuo de forma radical, sino más bien mejorar su funcionamiento en el mundo social. En cuanto a la prevención del desarrollo de la delincuencia, las investigaciones señalan que cuanto antes sea la intervención, mejor. Por lo tanto, la intervención temprana es fundamental para el tratamiento de algunas causas biológicas de la delincuencia. Con respecto al sistema judicial penal, es probable que prevalezca un enfoque más limitado, pero no cabe esperar que los programas que se dirigen a las “necesidades criminógenas” aborden factores biológicos/genéticos en el futuro. Será igualmente importante para los investigadores asegurar que con el nuevo conocimiento sobre el papel del organismo en el comportamiento criminal, los enfoques de prevención no participen en conductas poco éticas. Tal vez el mayor peligro asociado al estudio de la prevención del delito desde una perspectiva biológica es el “mal uso” por los líderes políticos o los medios de comunicación de dicha información. Sin embargo, tal y como se ha demostrado en este artículo, se puede utilizar un enfoque biológico de una manera eficaz y no discriminatoria para prevenir la delincuencia. El actual enfoque de prevención de la bio-delincuencia reconoce la importancia del medio ambiente y de la intervención temprana. Estas estrategias tratan de mejorar la vida en lugar de eliminar a los individuos de la sociedad. En este sentido, la prevención de la bio-delincuencia es una evolución positiva que merece más atención por parte de la comunidad criminológica.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Direccionalidad Delictiva y Urbanismo. Club Ciencias Forenses.

Direccionalidad Delictiva y Urbanismo. Club Ciencias Forenses.

Direccionalidad Delictiva y Urbanismo. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Direccionalidad delictiva y diseño urbano” de los autores Richard Frank, Martin A. Andresen y Patricia L. Brantingham de la Universidad Simon Fraser (Canadá), acerca del urbanismo y su relación con la delincuencia.

Dentro del análisis espacial de la delincuencia, el proceso de toma de decisiones de los individuos implica tres elementos interconectados y fundamentales: lugar, distancia y dirección. La bilbiografía sostiene que la delincuencia en los micro espacios tales como los tramos o las esquinas de las calles son la clave para entender la actividad criminal. Suponiendo que el proceso de decisión de la comisión de un delito se inicia en el lugar del domicilio, el “camino al delito” puede ser relativamente corto. Esta suposición puede ser problemática ya que el camino al delito puede comenzar en un lugar distinto al domicilio. El camino corto al delito se apoya en varios estudios de ubicaciones, tanto en Estados Unidos como en Europa. El camino (distancia de la casa) varía de un tipo de delito a otro, según la edad del delincuente, según la ubicación de los potenciales objetivos, según el medio de desplazamiento, pero tiende a ser corto. Debido a las limitaciones de nuestro  entorno (urbanizado), normalmente desarrollamos rutinas entre los lugares que visitamos con frecuencia. Los trayectos entre el domicilio y el trabajo o el trabajo y los lugares de ocio tienen una orientación direccional; circulamos regularmente por los itinerarios que nos conducen a nuestros destinos.

El fundamento teórico de la presencia de direccionalidad en la actividad delictiva se basa en la teoría geométrica de la delincuencia y en la teoría de la limitación temporal. Los principales conceptos de este trabajo para la comprensión de la direccionalidad en la conducta criminal son los nodos y las rutas. Básicamente, los nodos son esos lugares de nuestro entorno desde y hacia los que nos desplazamos: domicilio, trabajo, escuela, zonas de ocio, entretenimiento y comerciales; las rutas son los vectores por los que nos movemos para ir de un nodo a otro: estas rutas son a menudo carreteras y calles peatonales. Juntos, los nodos y las rutas comprenden las zonas de nuestro entorno que constituyen nuestras actividades y espacios conocidos, puesto que es donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo. Estos espacios pueden ser representados como mapas que luego pueden ser utilizados para ilustrar por que cabe esperar direccionalidad en la conducta criminal. Una consecuencia de considerar estas dos formas de actividad espacial es que la fuerza de la direccionalidad, en general, va a depender de la frecuencia relativa de los espacios de actividad direccional fuerte y débil en la población general. Sin embargo, si la mayoría de las actividades se concentran a lo largo de un vector particular (trabajo u ocio, por ejemplo), la direccionalidad estará presente. La teoría de la limitación temporal, como su nombre indica, subraya la importancia del tiempo en la comprensión de la actividad criminal. Esta teoría no sólo muestra la importancia del tiempo, sino también que el tiempo y el espacio están íntimamente relacionados: debido a las limitaciones temporales, limitamos nuestros movimientos a través del espacio. Así pues, con el fin de medir nuestras limitaciones temporales, debemos elegir nuestra dirección con cuidado. Se ha evaluado si los delincuentes que viven cerca unos de otros se mueven en la misma dirección para cometer sus delitos. Se descubrió que, independientemente del tipo de delincuente, se mueven en direcciones similares para cometer sus delitos. Únicamente considerando los homicidios en serie, se ha evidenciado que los asesinos seriales están direccionalmente sesgados no sólo por la selección de los objetivos, sino también por la disposición de los cuerpos. Al investigar homicidios en serie, violaciones y robos, no sólo se ha encontrado una fuerte tendencia direccional, sino que la fuerza de esa tendencia varía según el tipo de delito: es más fuerte en los ladrones, luego en los violadores y finalmente en los asesinos. El problema de esta investigación, en particular de los primeros trabajos, es el tamaño de las muestras. Aunque las pequeñas muestras utilizadas en estos trabajos pueden de hecho ser representativas de direccionalidad delictiva, es difícil establecer una generalización.

La direccionalidad importa. Esta afirmación ha sido fácil de justificar desde un punto de vista teórico para este elemento de la criminología espacial en cuestión, pero ha eludido en gran medida la verificación empírica. Este trabajo es el primer análisis de la fuerza de la direccionalidad delictiva basado en un gran conjunto de datos de incidentes y diferentes diseños urbanos. Se han encontrado asimismo diferencias significativas en la fuerza de la tendencia de direccionalidad en los distintos diseños urbanos. Por lo tanto, cuando se estudia la toma de decisiones espacial para la comisión del delito, la direccionalidad debe tener tanta consideración como el lugar y la distancia para entender la espacialidad de los sucesos criminales. Se ha demostrado claramente que el lugar es fundamental para predecir las localizaciones reales de los delitos. Se sabe igualmente que los delincuentes, en general, cometen los delitos cerca del domicilio, especialmente los crímenes violentos. Con respecto a la distancia, la comprensión de la direccionalidad puede emplearse para identificar a los sospechosos: el delincuente no sólo es probable que actúe cerca de su domicilio, sino también de una dirección concreta. Esto permite a los investigadores utilizar su conocimiento del entorno urbanizado para predecir de dónde viene el delincuente. En relación al lugar, la direccionalidad también puede emplearse para identificar el sistema de desarrollo de factores de generación y atracción de la delincuencia. Si se controla la tendencia direccional de los delincuentes, los lugares que se están desarrollando como generadores y atrayentes de la delincuencia pueden llegar a ser objetivo de los planes de prevención del delito para evitar que se conviertan en zonas conflictivas. No obstante, este análisis tiene sus limitaciones. Primero y ante todo, se basa en datos de la policía. En segundo lugar, hay que suponer que el camino al delito se inicia en el domicilio. Por último, únicamente se puede identificar una tendencia direccional con respecto al camino al delito. Ahora que se ha podido demostrar empíricamente lo que se conocía teóricamente desde hace décadas, existen una serie de implicaciones y futuras líneas de investigación. En primer lugar, tanto la direccionalidad individual como colectiva, no sólo la proximidad, pueden utilizarse en el perfilado geográfico para reducir aún más los sospechosos. En segundo lugar, la prevención de la delincuencia a través de técnicas de diseño ambiental puede mejorarse, si varios delincuentes se mueven hacia el mismo lugar. Y en tercer lugar, conocer los domicilios de los delincuentes y las direcciones relevantes puede servir para explicar y predecir donde hay mayor delincuencia.

Con respecto a futuras investigaciones, aparecen una serie de problemas. En primer lugar, ¿Varía la fuerza de la direccionalidad según el tipo de delito? Al igual que con la distancia, no debería esperarse que la direccionalidad fuera la misma para todos los tipos de delitos. En segundo lugar, ¿Por qué/dónde son atraídos los delincuentes? La distribución de las oportunidades sin duda influirá en la dirección del recorrido. En tercer lugar, ¿Cuántas “direcciones” usan los delincuentes? La teoría geométrica de la delincuencia plantea varios nodos. Si una parte significativa de los delincuentes sólo tiene una dirección y existe un patrón para esa dirección, esta información puede ser útil para la investigación. Por otra parte, ¿Los delincuentes que repiten se van más o menos direccionalmente sesgando a medida que aumentan los delitos? Los puntos de encuentro comunes están probablemente más orientados hacia la dirección de desplazamiento. Así pues, la investigación sobre señalética apoya el aumento de direccionalidad en zonas conocidas. Por lo tanto, conocer la estructura de las calles, el modo de desplazamiento (a pie, transporte público, vehículo) influirá probablemente en la interacción direccionalidad/distancia. En consecuencia, debe quedar claro que la dirección es un aspecto fundamental en el estudio de la dimensión espacial de la actividad criminal.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Coleccionistas: Delincuentes sexuales en serie que conservan pruebas de sus crímenes. Club de las Ciencias Forenses.

Coleccionistas: Delincuentes sexuales en serie que conservan pruebas de sus crimenes. Club de las Ciencias Forenses.

Coleccionistas. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados seguidores del Club de las Ciencias Forenses, una vez más, es un placer poder mostrarles un artículo que despierta  nuestro interés y curiosidad, como en este caso el realizado por Park E. Dietz, Robert R. Hazelwood y Janet I. Warren de la Universidad de Virginia (EE.UU.) que versa sobre el terrorífico mundo de los delincuentes sexuales que coleccionan recuerdos de sus víctimas.

Un comportamiento coleccionista es contrario a la intuición, ya que representa una prueba irrefutable de la responsabilidad de un sujeto en la comisión de un delito grave. El proceso de reunión de estos artículos y el hecho de mantenerlos juntos cerca del delincuente parece suponer una experiencia psicológica fundamental para la motivación a la hora de cometer los crímenes.

Entre los comportamientos asociados a las parafilias se encuentra la búsqueda de la estimulación a través de imágenes y materiales adquiridos hasta conformar una colección personal. Los delincuentes sexuales en serie que cumplen sus deseos parafílicos (conocidos por la policía como delincuentes sexuales rituales) no son una excepción a esta regla. En la investigación de este tipo de delincuentes se ha observado un fenómeno extraordinario: algunos intencionalmente graban, conservan y archivan numerosos detalles de sus crímenes sexuales. Sus métodos incluyen grabación en vídeo, cintas de audio, fotografías, dibujos, redacciones en diarios, cartografía, anotaciones en calendarios, largas descripciones y conservación de ropa interior, joyas u otros objetos pertenecientes a la víctima, incluso líquidos y/o partes de su cuerpo.¿Qué mueve a los delincuentes a preservar las pruebas fehacientes que confirman sus crímenes, algo que amenaza su libertad y su vida? Se ha encontrado un patrón de conservación de artículos de los crímenes en serie entre asesinos sádicos sexuales, asesinos, violadores, necrófilos y pederastas. Los delincuentes utilizan una variedad de modalidades para la grabación y archivo de sus crímenes y algunos de ellos utilizan más de una modalidad. Esto no constituye una tipología de los delincuentes, ya que dichas modalidades no son ni mutuamente excluyentes dentro del repertorio ni recoge todas las posibilidades existentes.

Algunos delincuentes acumulan material a modo de catálogo de posibles futuras víctimas. Esto les proporciona una fantasía pre-delito, además de identificar a un grupo de víctimas que pueda estar disponible cuando se decidan a actuar. La búsqueda incesante de una nueva adquisición les genera entusiasmo, ansiosas expectativas y emoción. Este proceso de seleccionar víctimas potenciales tiene el doble objetivo de crear un catálogo entre las que elegir y generar una fantasía de oportunidades y conquistas sexuales interminables. Poseer algo que pertenece a la víctima, que simboliza a la víctima, valida su conquista o victoria sobre ella a modo de trofeo. Los objetos cumplen una función de enlace, manteniendo al delincuente psicológicamente conectado con la víctima a pesar de la terminación del delito o incluso de la muerte de la víctima. Por otra parte, las colecciones permiten revivir la experiencia, refinar futuros delitos sexuales y generar pornografía para uso personal o para compartir con otros. Una vez que la víctima se añade a su archivo, el crimen se vuelve interminable y la víctima es capturada en un perpetuo estado de victimización.

La importancia psicológica de las colecciones de los delincuentes sexuales en serie es extraordinaria para ellos, ya que arriesgan sus vidas y su libertad mediante la preservación de las pruebas de sus crímenes. Hay un impulso para mantener la colección a mano y disponible para poder verla y manejarla a su antojo, vincularla a sus víctimas y disfrutar de los beneficios psicológicos de la misma (captura, posesión, fantasía sexual, recuerdo y poder). Desde una perspectiva más amplia, estos hechos ilustran la multiplicidad de trastornos parafílicos demostrados por delincuentes sexuales violentos y la conexión entre la conducta fetichista y los asesinatos en serie. Esta es una conexión documentada hace muchos años en varios estudios de asesinos en serie en los que se refleja la conexión entre los asesinatos en serie, el travestismo y otras formas específicas de conducta fetichista.

Este hallazgo también tiene relevancia para los profesionales del orden público, la salud mental o la comunidad forense, que deberían considerar si un delincuente sexual o una persona que presenta parafilias, a priori inofensivas, podría tener en el futuro impulsos y conductas más peligrosas. Deberán estar especialmente vigilantes sobre aquellos que tienen un historial de actos criminales, trastornos de la personalidad, enfermedad mental, abuso de sustancias o trauma sexual personal. La probabilidad de reincidencia en delincuentes en serie es muy alta y no existe ningún tratamiento capaz de reconstituir sus personalidades con el fin de hacerlas inocuas. En 1930, Wilhelm Stekel, en su obra Las aberraciones sexuales, argumentó que este tipo de delincuente debe ser “entregado a un especialista para un tratamiento después de un examen preliminar”. Desgraciadamente, no existe antídoto alguno para erradicar las perversiones violentas junto a trastornos de personalidad. Por lo tanto, la rápida identificación y aprehensión es lo mejor que puede hacerse ante el estado actual de conocimiento.

Seríamos negligentes si no resaltáramos que solo porque algunos delincuentes en serie amasen una colección de materiales de fantasía no significa que todos los que tengan colecciones de este tipo vayan a delinquir. Existen individuos no delincuentes cuyas colecciones están disponibles para el estudio y recogen gran cantidad de, por ejemplo, pornografía especializada. Estas colecciones son obviamente de naturaleza sexual, pero no están asociadas a la violencia, al menos hacia una víctima real. Sin embargo, existe un riesgo claro de que las personas que no entiendan bien la naturaleza del deseo o de las parafilias inocuas confundan una colección de material de fantasía con un catálogo de posibles víctimas.

Existe una obvia relación entre la parafilia, teniendo en cuenta el factor secreto de este comportamiento sexual, y una colección inanimada que ayude a preservar las experiencias de su propietario. En conclusión, esta tendencia que se da entre algunos delincuentes parafílicos en serie constituye una importante área de estudio psicológico y criminológico. Gracias a ello se revela parte de la motivación del delincuente y su fantasía sexual esencial y puede corroborar su asociación con la víctima, que a menudo ha fallecido antes de que se descubra la colección.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

La Biocriminología en la prevención del delito. Club de las Ciencias Forenses.

Aplicacion de la biocriminologia en la prevencion del delito. Club de las Ciencias Forenses

Biocriminología. Club de las Ciencias Forenses.

En esta ocasión, queridos seguidores del Club de las Ciencias Forenses,  les ofrecemos un artículo que aborda un tema innovador y sin duda interesantísimo como es la aplicación de la criminología biosocial en la prevención del delito, gracias a la investigación llevada a cabo por Michael Rocque de la Universidad del Noreste, Boston (EE.UU), Brandon C. Welsh de Universidad de Maine, Orono (EE.UU) y Adrian Raine  Universidad de Pennsylvania, Philadelphia (EE.UU).

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, los esfuerzos criminológicos para prevenir o reducir el crimen se centraron en abordar las presuntas causas biológicas de la criminalidad. Hoy en día, la prevención del delito pone un énfasis especial en los factores de riesgo biológico y fisiológico, sobre todo durante los períodos tempranos de la vida. Existe un número creciente de programas de prevención del delito que estudian los factores de riesgo biológico en la delincuencia criminal. Estos programas se aplican en los entornos de la familia, la escuela y la comunidad. La evidencia sugiere que estos programas pueden reducir el crimen. Aunque “la prevención biológica del delito” no ha surgido todavía como un campo independiente de estudio, los resultados muestran que la biología supone un impacto significativo en la aparición del delito. A día de hoy, muchos criminólogos se mantienen cautelosos frente a cualquier estudio que infiera la biología como factor del delito. Sin embargo, la investigación criminológica examina los factores biológicos de un modo sofisticado y atendiendo a la importancia del contexto social. Por lo tanto, la prevención del delito con base biológica vuelve a estar presente en la literatura criminológica, pero de manera muy diferente a las estrategias biológicas del pasado. Lejos de abogar por medidas eugenésicas no éticas, este trabajo se centra en mejorar el entorno del sujeto para promover el desarrollo biológico saludable desde la edad temprana.

La prevención del delito tiene una larga historia en el campo de la criminología y la justicia penal. Las evaluaciones de los programas de prevención del delito se han llevado a cabo durante décadas, sobre todo en Estados Unidos. Con respecto a la biología, los esfuerzos de prevención del delito a finales del siglo XIX y principios del XX llaman a evitar que los denominados pueblos inferiores se reproduzcan a través de políticas eugenésicas.

Un esquema influyente distingue cuatro estrategias principales para la clasificación de los programas de prevención del delito (Tonry y Farrington, 1995):

– La prevención del desarrollo se refiere a intervenciones diseñadas para prevenir el desarrollo del potencial criminal de las personas, especialmente las dirigidas a abordar los factores de riesgo y de protección descubiertos en los estudios sobre el desarrollo humano (Farrington y Welsh, 2007  y  Tremblay y Craig, 1995).
– La prevención de la comunidad se refiere a intervenciones diseñadas para cambiar las condiciones sociales y las de las instituciones (por ejemplo, las familias, los compañeros, las normas sociales u organizaciones) que influyen en la delincuencia, dentro de las comunidades residenciales (Hope, 1995).
– La prevención situacional se refiere a aquellas intervenciones diseñadas para prevenir los delitos mediante la reducción de las oportunidades de actuar del sujeto (Clarke, 2009).
– La prevención de la justicia penal se refiere al elemento de disuasión tradicional, llevando a cabo estrategias de rehabilitación gestionadas por la policía y por los organismos del sistema de justicia penal (Blumstein, Cohen y Nagin, 1978).

La literatura actual de prevención del delito se caracteriza por estudiar diversos focos de atención: la comunidad, el entorno y las estrategias de desarrollo en la primera infancia. Con respecto a las causas biológicas del delito, una estrategia de prevención de la delincuencia será muy relevante. Este enfoque reconoce la interacción entre la persona y su entorno, punto de vista de los investigadores biosociales contemporáneos del crimen y la delincuencia. El enfoque de desarrollo tiende a centrarse en la identificación de los factores de riesgo en niños o familias para mejorar sus condiciones ambientales, con el fin de facilitar el desarrollo sano de los más pequeños.

Un enfoque de prevención del delito biológico que se centre únicamente en la “identificación de los nacidos para cometer el crimen” es una reliquia del pasado en criminología. Los programas de prevención de la delincuencia y los programas existentes defendidos por biocriminólogos buscan prevenir la aparición de factores de riesgo biológico (impidiendo el desarrollo de déficits cognitivos) y la conducta delictiva entre quienes tienen factores de riesgo identificados. La investigación indica que los programas de prevención precoz fomentan el desarrollo saludable del cerebro y producen mejoras cognitivas de manera acumulativa. Los estudios demuestran, además, que una nutrición adecuada puede mejorar el crecimiento de los nervios cerebrales, hecho crucial en el tema que nos atañe. En los casos en los que los factores de riesgo son hereditarios o genéticos, los programas pueden prevenir la delincuencia a través de la identificación de los factores ambientales que puedan incrementar la conducta criminal.

En el futuro es razonable suponer que surgirán un mayor número de programas o estrategias basados en los factores de riesgo biológico. En cuanto a la prevención del delito en el desarrollo, la investigación ha demostrado que cuanto antes se efectúe la intervención, mejor. La etapa más importante del desarrollo para el crecimiento cognitivo parece transcurrir entre el embarazo y los primeros 2 años de vida. Los traumas durante este período pueden resultar especialmente impactantes, afectando al desarrollo del cerebro en la edad adulta. La desventaja de determinados entornos pueden retrasar gravemente el desarrollo cognitivo con unos efectos duraderos, incluido un mayor riesgo de pobreza, nivel de educación más bajo y oportunidades de empleo más pobres. Se ha demostrado que un tratamiento dirigido a personas expuestas a un trauma precoz puede mejorar los efectos del desarrollo cognitivo negativos de dicho trauma. Por lo tanto, la intervención temprana es de suma importancia en el tratamiento de ciertas causas biológicas de la criminalidad. Los programas de prevención dependen de los presupuestos gubernamentales. La identificación de las causas biológicas de la criminalidad puede ser políticamente atractiva, pero sin una continuidad puede tener consecuencias engañosas e incluso peligrosas.

Un enfoque basado en la biología puede utilizarse de una manera eficaz a la hora de prevenir el delito. Programas de prevención biocrimen reconocen la importancia del entorno de la persona y de la intervención temprana. Estas estrategias pretenden mejorar la vida de los sujetos en lugar de sacarlos de la sociedad. En este sentido, la prevención biocrimen supone un desarrollo positivo que merece más atención de la comunidad criminológica.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

La posesión de armas de fuego: ¿protectoras o productoras de violencia? Club de las Ciencias Forenses.

Posesión de armas de fuego y muerte violenta: una revisión crítica. Club de las Ciencias Forenses.

Posesión de armas de fuego. Club de las Ciencias Forenses.

Apreciados amigos del Club de las Ciencias Forenses, el artículo elaborado por Wolfgang Stroebe de la Universidad de Utrecht (Países Bajos), que hoy les ofrecemos, constituye una revisión crítica de la investigación empírica sobre la asociación entre la posesión de armas de fuego y el suicidio y el homicidio. Tanto el suicidio como el homicidio reflejan un comportamiento intencional con el objetivo de matar, bien a uno mismo o a otra persona. Se puede esperar que la tasa de posesión de armas de fuego se relacione positivamente con las tasas globales de suicidios y homicidios. El fácil acceso a las armas de fuego aumenta el riesgo de morir por causas violentas. Con muy pocas excepciones, diferentes estudios han encontrado la propiedad de armas como positivamente relacionada con los suicidios y los homicidios causados por ellas. Las personas primero deben tener el objetivo de matar y segundo, tener acceso a un arma de fuego con el fin de lograr este objetivo mediante el uso de dicha arma.

La mayor parte de los estudios utilizan comparaciones de corte transversal, con lo que una asociación positiva puede ser parcial o totalmente debida a la causalidad inversa, es decir, que las personas que quieren suicidarse saldrán, por ejemplo, a comprar armas. Diferentes estudios de casos han encontrado la propiedad de armas asociada significativamente a un aumento sustancial de las tasas globales de suicidio. Dado que las armas son solo un medio a utilizar para llevar a cabo un propósito determinado, sería posible que los suicidios con armas fueran simplemente sustituidos por otras formas de acabar con la propia vida.

Los investigadores han ofrecido tres explicaciones para plantear una relación positiva entre la posesión de armas y los homicidios. La hipótesis de la instrumentalidad de las armas asume que una relación positiva sería debida a la mayor letalidad de armas de fuego, esto es, las armas proporcionan uno de los medios más eficaces para matar a otras personas. Las personas que, por ejemplo, viven en ambientes donde las armas están fácilmente disponibles son más propensas a ser asesinadas, porque los asesinos potenciales suelen tener un arma y por tanto es más sencillo matar a una víctima potencial en un ataque concreto. Esta es la posición generalizada de “a más armas más crímenes”.

 Existen dos posibles explicaciones para la asociación negativa entre la prevalencia de armas y la aparición de la violencia:

– En entornos en los que hay armas, la víctima potencial también puede poseer una. Y puesto que se supone que las armas sirven para proporcionar un medio eficaz para la defensa de uno mismo contra los ataques violentos, puede inferirse que las personas que poseen armas de fuego son menos propensas a ser asesinadas.

– Por otra parte tenemos la hipótesis de la disuasión, a través de la que puede argumentarse que el conocimiento de que todo el mundo posee un arma podría disuadir a los delincuentes de planificar crímenes.

 Se dan dos posibles explicaciones ante el fracaso a la hora de encontrar una relación entre la prevalencia de armas y el homicidio, a saber, que no existe una relación entre estas dos variables o que los dos procesos opuestos se anulan mutuamente.

En diferentes estudios se ha visto que las personas que viven en una casa con un arma de fuego tienen casi tres veces más probabilidades de ser asesinadas que las que viven en un hogar limpio. La mayoría de las víctimas son asesinadas por un familiar o un amigo y solo muy pocos fueron asesinados por un desconocido.  De todos modos, únicamente la mitad de estos homicidios fueron cometidos con un arma de fuego. La gran mayoría de los hallazgos sobre la asociación de la disponibilidad de armas de fuego y el suicidio o el homicidio es consistente con la hipótesis de que el fácil acceso a las armas de fuego aumenta el riesgo de morir por causas violentas. Con pocas excepciones, los estudios han encontrado que la propiedad de armas está positivamente asociada con suicidios y homicidios por armas de fuego. Dado que apenas existen estudios que encuentren una relación negativa entre la disponibilidad de armas y los homicidios, se puede rechazar la hipótesis de la legítima defensa y la disuasión. Por lo tanto, se puede concluir claramente que la existencia de más armas se asocia a más muertes violentas. Por otra parte, también hay evidencia de que las armas no sólo sirven como sustitutas de otros medios de matar, sino que aumentan las tasas globales de suicidio y homicidios. Aunque los hallazgos en esta revisión son consistentes con la hipótesis de que el acceso a un arma de fuego aumenta el riesgo de suicidio u homicidio (por ejemplo, a partir de estudios a nivel individual), también aparece el apoyo a la hipótesis de que la asociación positiva se debe en parte a la causalidad inversa. Debido a que las armas son un medio eficaz de suicidio, las personas que planean suicidarse a veces compran un arma para hacerlo. Del mismo modo, mientras que el acceso a las armas hace que sea más fácil cometer un asesinato, las personas que viven en zonas de alta criminalidad suelen comprar armas para su propia protección. Estas dos interpretaciones no son incompatibles. Con respecto a las tasas de homicidio, es probable entrar en un círculo vicioso: el fácil acceso a las armas de fuego aumenta la tasa de homicidios y el aumento de las tasas de homicidio lleva a motivar a la gente a comprar armas para su propia protección. Esta necesidad de auto-protección es probable que sea una de las raíces más profundas de la resistencia de los norteamericanos a la aprobación de leyes de armas más estrictas, algo difícil de entender desde una perspectiva europea.

La mayoría de los europeos no podría pensar en tener un arma para su protección personal. Entonces, ¿por qué los estadounidenses se sienten con la necesidad de poseer armas? Una razón obvia sería la relativa alta tasa de homicidios que se produce en aquel país. Para reducir esta necesidad se podría, por lo tanto reducir aún más las tasas de homicidios. Otra estrategia sería la de convencer a la gente de que la posesión de un arma de fuego supone, finalmente, más peligro que protección.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

Agrupación temporal y geográfica de incendios en urbanizaciones: una plataforma teórica para la prevención dirigida de incendios. Club de las Ciencias Forenses.

Criminalística ambiental. Plataforma teórica para la prevención dirigida de incendios. Club de las Ciencias Forenses.

Criminalística ambiental. Plataforma teórica para la prevención dirigida de incendios. Club de las Ciencias Forenses.

Apreciados amigos del Club de las Ciencias Forenses, hoy toca acercarse a la criminología ambiental, a través del artículo que nos ofrecen Joseph Clare de la Universidad de Australia Occidental (Australia), Kathryn Wuschke de la Universidad Simon Fraser (Canadá) y Len Garis de la Universidad de Fraser Valley (Canadá).

La teoría de la criminología ambiental ha establecido que el crimen no es aleatorio en el tiempo y el espacio. Esto ha generado el desarrollo de teorías que han ayudado a crear un conjunto de herramientas altamente eficaces, dirigidas a la prevención del delito. Aunque el acceso a datos de alta calidad temporal y espacial sobre incendios ha mejorado en las últimas décadas, el nexo espacio-tiempo, la teoría y la prevención de incendios dirigida permanecen en gran parte sin explorar. Para hacer frente a esto, el presente trabajo compara la distribución temporal y espacial de incendios y de robos en urbanizaciones residenciales dentro de una ciudad de América del Norte durante un período de tres años. Este análisis revela la agrupación espacial superpuesta en estos dos tipos de incidentes y los patrones temporales distintos que se infieren; todo lo cual se puede explicar por la lógica que sustenta la teoría de la criminología ambiental.

Teorías de la criminología ambiental (como la de la actividad rutinaria y la del patrón del crimen) han subrayado en repetidas ocasiones que los acontecimientos criminales se distribuyen de manera desigual en las zonas urbanas, de forma no aleatoria. Estas teorías ambientales han ayudado a perfeccionar la investigación espacial y temporal, lo que explica por qué los patrones de criminalidad pueden emerger como lo hacen y cómo se ha llegado al desarrollo de enfoques exitosos dirigidos a la prevención del delito, tales como la política orientada a la resolución de problemas y a la prevención situacional. Los incendios y robos se producen en los mismos lugares, pero en momentos diferentes: una combinación de patrones que se puede explicar por las teorías criminológicas ambientales pertinentes. Al explorar los patrones temporales y espaciales de los eventos de fuego, dentro de un contexto teórico, se reduce la brecha entre la investigación de dónde y cuándo se producen dichos incendios para entender cómo esta información puede estar vinculada a la teoría. Esto a su vez puede conducir a la práctica de prevención dirigida de incendios.

El crimen no se distribuye al azar a través del paisaje urbano, sino más bien se produce en momentos y lugares predecibles y específicos. Las experiencias de incendios se agrupan, también, en lo que respecta al tipo de víctimas y al tipo de edificio. La rutina diaria de los residentes urbanos en la sociedad moderna crea patrones regulares de movimiento y actividad. Estos patrones predecibles dan como resultado una convergencia espacio-temporal en los delincuentes motivados que tienen unos objetivos concretos; cuando esta concurrencia se produce, además, en ausencia de un vigilante, puede ocurrir un crimen. Los cambios en las actividades rutinarias de la población a través del tiempo pueden explicar los cambios en los patrones de criminalidad. Por lo tanto, existe una mayor probabilidad de que se produzcan incendios cuando un detonante y un objetivo se cruzan en el tiempo y el espacio, en ausencia de un vigilante o ante la presencia de uno que no suponga ninguna amenaza. En general, los datos recogidos sobre robos a través del tiempo y el espacio de una manera totalmente coherente con la investigación criminológica se explican a través de la teoría criminológica ambiental. Existe la posibilidad de utilizar esta toma de conciencia de las variaciones no aleatorias en la toma de decisiones con respecto a la asignación de los recursos para la prevención de incendios. La lógica de estos resultados se ha utilizado para impulsar las estrategias eficaces de prevención de incendios en zonas de alto riesgo y ayudar a centrar los recursos limitados en las áreas identificadas como de mayor peligro. Específico para el fuego se ha demostrado el efecto que este enfoque puede tener, al ser implementada una campaña de prevención de incendios y educación cívica que produjeron una reducción notable de las tasas de los incendios residenciales y un aumento significativo simultáneo en la frecuencia de uso de los detectores de humo en caso de incendio. Un año de análisis de seguimiento a esta campaña puso de manifiesto una reducción del 19% en la tasa anual de incendios de estructuras residenciales en la zona y una disminución del 64% en el número de robos residenciales.

Como se ha reiterado dada su importancia, los incendios, como otros delitos, no se distribuyen de manera uniforme a través del tiempo y el espacio, sino que se producen de una manera previsible y no al azar. La importancia de comprender la distribución de los incendios se ha subrayado en repetidas ocasiones dentro de la literatura académica reciente. Con una mejor comprensión de los patrones de incendios residenciales los recursos limitados pueden ser asignados para obtener el máximo beneficio y las actividades de prevención de incendios se pueden dirigir a áreas identificadas como de mayor necesidad y riesgo. Si bien se ha avanzado en el análisis de eventos relacionados con el fuego, sigue habiendo peticiones de nuevas investigaciones espaciales y temporales en diferentes entornos geográficos. Esta investigación obedece a esta demanda mediante la exploración del patrón temporal y espacial de los incendios en el contexto de la teoría de la criminología ambiental. Teorías ambientales han ayudado en el análisis de la delincuencia y la asignación de los recursos de la policía para la prevención específica, proporcionando explicaciones coherentes para la agrupación temporal y espacial de crímenes, delitos y desórdenes dentro de las áreas urbanas.

Este trabajo supone un principio en el desarrollo de la comprensión teórica de la agrupación y relación de incendios a través del tiempo y el espacio. Estos hallazgos deben ser incrementados por estudios adicionales para examinar la aparente coincidencia en la resolución de incendios y el servicio de policía. Además, sería útil seguir explorando la relación entre las características socio-económicas del vecindario y las características propias de las víctimas de cada delito, tanto de incendios como de otro tipo de crímenes. Por último, dada la amplia gama de llamadas de urgencia que los departamentos de bomberos responden habitualmente, sería útil incluir un rango más extenso de los servicios prestados por los cuerpos de bomberos, como otros tipos de incendios, accidentes de vehículos de motor y emergencias médicas.

Al igual que con todos los otros ejemplos de enfoques exitosos para la prevención dirigida del delito, el mayor impacto de éste se logrará sobre el tipo específico de problema que se esté tratando, así como el hecho de ser persistente en lograr una solución.

Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

Objetivo de selección de los violadores: el papel de los factores ambientales y contextuales. Club de las Ciencias Forenses.

Objetivo de seleccion de los violadores: el papel de los factores ambientales y contextuales

Elección de víctimas por los violadores: la influencia del entorno. Club de las Ciencias Forenses.

En esta ocasión, estimados seguidores del Club de las Ciencias Forenses, les brindamos el artículo elaborado por Patricia Silva y María Francisca Rebochoa de la a Universidad Fernando Pessoa de Oporto (Portugal), que analiza la influencia del entorno en la elección de sus víctimas por los violadores. En efecto, la investigación sobre los delincuentes sexuales ha subrayado sistemáticamente el papel de los factores personales, dejando de lado los aspectos ambientales y situacionales. La perspectiva medioambiental pone el centro de atención en el crimen, del que el autor es sólo un elemento. El análisis se inicia con la localización de los delitos, con miras a la clasificación de patrones basados en dónde, cuándo y cómo ocurren los crímenes. En los últimos años se ha producido un aumento de la investigación sobre el modus operandi de los violadores en cuanto a la toma de decisiones geográfica y selección de sus objetivos. Este artículo tiene como propósito proporcionar una revisión exhaustiva de lo escrito hasta ahora en el campo de la selección de los objetivos por parte de los violadores y su comportamiento de caza desde el punto de vista ambiental.

A lo largo de los años, la corriente principal de la investigación sobre el crimen se ha centrado en la motivación, el deseo o la compulsión de cometer un crimen. Dos perspectivas surgieron al respecto: mientras que algunos investigadores consideran la motivación criminal como algo inherente, el producto de alguna causa interna, otros lo ven como la consecuencia de diversas fuerzas externas a la persona, incluidas las presiones del entorno social y económico. El crimen es un evento complejo que ocurre cuando convergen cuatro elementos: una ley, un delincuente, un blanco y un lugar. Éstos conforman las dimensiones de la delincuencia y concurren junto a otras características sociales, económicas, políticas, biológicas y físicas. La criminología ambiental, por ejemplo, se podría definir como el estudio de la cuarta dimensión de la delincuencia.

Varios enfoques teóricos se han identificado en el campo de la criminología ambiental, la teoría de la rutina de actividad, la teoría de la elección racional y la de los patrones, entre otros. Todos ellos afirman que el comportamiento individual es producto de la interacción de una persona con su entorno físico y esta configuración proporciona diversos niveles de oportunidad para el crimen. En cuanto a la teoría de la actividad de rutina la hipótesis plantea la convergencia de tres elementos: un probable infractor, un objetivo adecuado y la ausencia de alguien que pueda evitar el crimen. La idoneidad de actuar se caracteriza por el valor o atractivo de la meta, calculada a partir de la perspectiva racional subjetiva del delincuente; la inercia de la meta, que incluye todos los aspectos físicos que pueden facilitar o inhibir el transporte de la meta (peso, movilidad o resistencia), la visibilidad del objetivo, su accesibilidad y la posibilidad de huida. Por otra parte, a pesar de que la motivación detrás de algunos crímenes expresivos puede ser patológica, su planificación y ejecución pueden, sin embargo, ser muy racionales. Por ejemplo, los delincuentes sexuales muestran un alto grado de racionalidad en la comisión de sus crímenes.

Se ha identificado un modelo descriptivo específico para el proceso de búsqueda de los delincuentes sexuales en serie, desde la perspectiva de la elección racional, que consta de nueve fases: actividades de rutina de los delincuentes y de las víctimas, elección de campo de caza, selección de la víctima, método de enfoque, elección del lugar de ataque, método para llevar a las víctimas a sitios en los que delinquir, elección del lugar del crimen, método para cometer el delito y elección del lugar de abandono de la víctima.

La mayoría de los delincuentes se dirigen a una víctima específica. El factor más importante relacionado con la selección de la víctima es la ubicación y la disponibilidad de la misma, seguido por su apariencia física en general, la vulnerabilidad, la edad, la personalidad y la conducta. Después de elegir una víctima, el delincuente utiliza diferentes métodos de aproximación. El más utilizado es la falsa identidad, seguida de la violencia física y las amenazas. También, el efecto sorpresa, la seducción/persuasión y el ofrecimiento de dinero, regalos o juegos. El proceso de la comisión de un delito concluye con el abandono de la víctima. La mayoría de los delincuentes, después de haber completado el asalto, dejaron a sus víctimas en la escena del crimen. La toma de decisiones en torno al proceso de caza varía en función de la estrategia del delincuente, el tipo de víctima y su posible reacción, el contexto situacional del delito y el medio ambiente/entorno. La toma de decisiones en la selección de objetivos se relaciona, por lo tanto, con factores ambientales.

Existen tres clases de delincuentes sexuales: manipuladores, oportunistas y coercitivos. Los abusadores de niños son más propensos a ser del primer tipo. Su comportamiento implica una cuidadosa premeditación y un proceso de selección no aleatorio de la víctima. Estos delincuentes no se dirigen a los extraños, sino que seleccionan víctimas conocidas. Sus estilos de caza preferidos son el cazador y el controlador y su método de ataque típico es el emboscador. El tipo oportunista muestra poca preocupación a la hora de premeditar el crimen y seleccionar a la víctima. Parece que la oportunidad juega un papel decisivo en la selección de objetivos. La elección del método de ataque y enfoque es probable que se asocie con las características de la ubicación del encuentro, así como con las propias características de la víctima, la edad y la constitución física, entre otros factores ambientales y de situación. Los violadores son más propensos a ser delincuentes coercitivos, no premeditan sus delitos ni seleccionan a sus víctimas y, por lo general, se dirigen a los extraños. Su estilo habitual es el de cazador, pero también puede utilizar el de cazador furtivo. Estos delincuentes suelen ser acosadores, aunque también pueden optar por un ataque rapaz. Los criminales violentos son depredadores que buscan víctimas humanas de maneras similares a las que los carnívoros cazan sus presas. Y al igual que la fauna salvaje, emplean diversos estilos de caza en sus esfuerzos por buscar y encontrar víctimas de sus ataques. Subyacente al proceso de la caza del delincuente humano existe un proceso de toma de decisiones complejo compuesto por varias etapas, cada una de las cuales exige una serie de evaluaciones y elecciones. Todo este proceso está influenciado no sólo por las características y actividades individuales del delincuente, sino también por las características y actividades de la víctima, por el entorno y por las señales situacionales. El análisis de la cacería criminal tiene en cuenta todos estos factores, así como sus interacciones.

Los estudios realizados demuestran un proceso de selección de objetivos racionales subyacente en los delincuentes sexuales e ilustran la complejidad de cada etapa de toma de decisiones. Patrones claros, que pueden ser identificados y analizados, permiten una mejor comprensión de los eventos criminales para desarrollar estrategias de prevención más eficaces. Estos patrones, así como la relación encontrada entre ellos y las variables de su modus operandi, pueden ser útiles para investigación criminal, aunque no exclusivamente, en la elaboración de los perfiles de los delincuentes. Sin embargo, se necesitan más estudios en esta área, a fin de aumentar la eficacia de las estrategias de investigación, las medidas de prevención y los programas de intervención.

Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar