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Categoría: Criminologia biosocial

El cerebro se adapta a la falta de honestidad. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The Brain Adapts to Dishonesty”, de los autores Neil Garrett, Stephanie C. Lazzaro, Dan Ariely y Tali Sharot, de la Universidad de Londres, que analizan cómo el cerebro se adapta a los actos deshonestos.

¿Cuántas veces te has sentido tentado de hacer algo deshonesto? Quizás alguna vez en el supermercado te dieron de más en el cambio y te sentiste tentado de quedarte esas monedas extra. O tal vez mentiste inventando un compromiso ineludible para evitar un evento al que no te apetecía en absoluto asistir. Ser poco honrado es una tentación común y estas pequeñas tentaciones son parte de la vida cotidiana. Continuamente debemos decidir cómo actuar según nuestra moral y, en parte, lo que guía esas decisiones es lo desagradable que es la falta de honestidad.

Sin embargo, ¿qué pasaría si pudiéramos acostumbrarnos a ese malestar y acabar por “superarlo”? No es tan disparatado pensar que nadie se vuelve un estafador, un ladrón o cualquier otra alternativa fraudulenta de la noche a la mañana. Es más lógico pensar que, como todo largo camino, empezó con un pequeño paso. Por ello, la hipótesis de este estudio era: ¿y si al hacer algo mal, la siguiente vez nos resulta más fácil? ¿Podría ser que nuestra deshonestidad aumente como una bola de nieve rodando por una colina?

Esta hipótesis parte de la idea de la adaptación neuronal, consistente en que el cerebro se vuelve menos sensible a los estímulos después de una exposición repetida. Por ejemplo, somos plenamente conscientes del olor a pan recién hecho cuando entramos en una panadería, pero si nos quedáramos mucho rato allí dejaríamos de percibirlo aunque el olor siga en el aire. De la misma forma, una vez que nos hemos vestido, dejamos de ser conscientes del tacto de la ropa a menos que pensemos activamente en ello, o ignoramos el sonido del ventilador o del aire acondicionado cuando ya lleva un rato oyéndose ese murmullo repetitivo de fondo. Igual que nos adaptamos a los estímulos físicos, podemos adaptarnos a los emocionales, así que no es desproporcionado pensar que podríamos acostumbrarnos y, por tanto, dejar de percibir la aversión a la deshonestidad.

Para probar esta hipótesis participaron 55 individuos entre 18 y 65 años con una edad media de 23 años; 34 de ellos, mujeres. Se les realizaba una resonancia magnética funcional mientras llevaban a cabo una tarea en la que debían cooperar con otra persona que era en realidad un cómplice del investigador. Entre los dos debían valorar cuántas monedas de un centavo había en un frasco que contenía entre £15 y £35. Los participantes podían ver la imagen en grande y durante varios segundos, pero los cómplices apenas la veían un segundo y mucho más pequeña. En una primera tarea se les pidió simplemente cooperación para valorar la capacidad de estimación de los participantes y poder así compararla con la segunda tarea, en la que se pretendía provocar la falta de honradez.

En una segunda tarea, se les dijo a los participantes que serían recompensados de acuerdo a la cantidad que su acompañante sobreestimara por encima de la real, mientras que los acompañantes serían recompensados por acertar con precisión. Además, se les indicaba que sólo a ellos se les había informado de que ese cambio de normas. Es decir, las parejas no tenían por qué dudar de la buena intención de los participantes cuando exageraran la cantidad para beneficiarse ellos mismos a costa de sus compañeros. También se aplicaron otras tareas en las que el beneficiado podía ser el acompañante o ambos.

Los resultados son bastante pesimistas: las pequeñas trasgresiones iniciales iban acompañadas de fuertes respuestas emocionales, pero poco a poco se iban acostumbrando a realizarlas adaptándose a la respuesta y dejando de mostrar esa fuerte aversión. Y, finalmente, podían ser mucho más deshonestos que al principio del experimento pero con una sensibilidad emocional mucho más limitada. La falta de honradez empezaba a sentirse como algo “no tan malo”. Sin embargo, también se encontró que la gente mentía más cuando sacarían beneficio de ello tanto sus compañeros como ellos mismos, viendo así su falta de honradez como algo menos malo.

En conclusión, los resultados son muy relevantes ya que nos muestran un posible origen de las conductas transgresoras y su justificación a nivel neuronal. Es muy posible que este mecanismo esté presente en otras conductas que también escalan a peor como la asunción de riesgos o la conducta violenta. Así pues, queda en evidencia la importancia de la prevención en las fases primarias de esos pequeños actos deshonestos antes de que la bola de nieve sea demasiado grande para pararla.

Factores de Criminalidad. Club Ciencias Forenses.

Factores que conducen a la criminalidad.

Factores de Criminalidad. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, esta semana les ofrecemos un resumen del artículo “Los factores de la Criminalidad son los Genes, el Temperamento y la Personalidad psicopática”, de los autores Matt DeLisi de la Universidad Estatal de Iowa (EE.UU.) y Michael G. Vaughn de la Universidad de Saint-Louis (EE.UU.), que trata sobre los factores que conducen a la criminalidad.

El estudio de la conducta antisocial grave y violenta ha evolucionado de un enfoque basado en los factores estructurales y medioambientales hasta un nivel individual. La criminología ha empezado a prestar atención a los factores constitucionales que influyen en la autorregulación, el procesamiento emocional, el funcionamiento neuropsicológico y los procesos relacionados. En este trabajo se plantea que las condiciones necesarias para la criminalidad implican características constitucionales básicas y recalca la reciente investigación sobre genes, temperamento y personalidad psicopática. Se centra además en la Evaluación Integral de la Personalidad Psicopática (CAPP) y en el estudio de la posible integración de la genética, el temperamento, y la psicopatía para comprender la criminalidad.

Más allá de los factores de riesgo sociales, existen otros factores que explican la varianza de la agresión, la ira y los problemas de conducta en la infancia. Y esos otros factores son los factores genéticos. Gracias a los numerosos estudios sobre asociación genética molecular existe un amplio conjunto de genes específicos que se han relacionado con la criminalidad. Se ha descubierto que los portadores del alelo G manifiestan más comportamientos antisociales en situaciones de estrés social. Se han revelado asimismo asociaciones significativas entre los genes de la dopamina y el comportamiento antisocial cuando se dan en contextos ambientales que evidencian un control social bajo. Se han hallado recientemente asociaciones significativas entre el gen de la monoaminaooxidasa A (MAOA) y la adversidad en la infancia. Se ha podido demostrar igualmente una relación entre el gen DRD4 y la delincuencia, la ira y la búsqueda de emociones. Es importante recordar que, aunque significativos, los efectos genéticos normalmente son muy escasos y suelen darse en ambientes desfavorecidos. A la larga, el ADN, el ARN y la síntesis de proteínas se expresan en nuestra biología, y lo más importante, en nuestro cerebro. El temperamento es la tendencia estable, en gran parte innata con la que un individuo percibe el entorno y regula sus respuestas hacia él. El temperamento refleja las diferencias básicas en la reactividad del sistema nervioso central que se manifiestan en la varianza en el nivel de actividad, la emotividad y el humor, los comportamientos de acercamiento y retirada, y la autorregulación. Por otro lado, los factores de riesgo genéticos relacionados con el temperamento de la madre biológica interactúan con los factores de riesgo ambientales para influir en los comportamientos desafiantes infantiles. El perfil temperamental ofensivo se asocia especialmente con la insensibilidad y formas más agresivas de problemas conductuales. En resumen, los déficits temperamentales caracterizados por una baja autorregulación, una emocionalidad negativa e intercambios hostiles con otros, proporcionan toda una vida con problemas de conducta. Por lo tanto el temperamento constituye un componente principal de la criminalidad y, afortunadamente se observa en edades muy tempranas para facilitar las intervenciones preventivas. A pesar de que el temperamento refleja la diferenciación biológica básica, generalmente se considera la base sobre la cual descansa la personalidad. La personalidad psicopática, caracterizada por rasgos afectivos, comportamentales, y estilos de vida distintivos, es moderadamente hereditaria e identificable en niños y adolescentes. Asimismo, la antisocialidad es inherente a la psicopatía. Una innovación relativamente reciente pero importante en la bibliografía sobre psicopatía ofrece la posibilidad de integrar todos estos ingredientes básicos para la comprensión de la criminalidad. La Evaluación Integral del Trastorno de Personalidad Psicopática (CAPP) conceptualiza el trastorno en un modelo léxico de la personalidad. El CAPP incluye 33 síntomas que son adjetivos o frases adjetivas que se definen en términos de otros tres adjetivos/frases adjetivas. Estos síntomas se agrupan en seis áreas que representan: 1) apego, 2) regulación o restricción conductual, 3) cognición, 4) dominación o relaciones de estado, 5) emoción y 6) identidad.

Uno de los debates más importantes en psicología se centra en la utilidad de la aplicación de los modelos estructurales de la personalidad para la comprensión de la psicopatía. Los modelos estructurales son las evaluaciones globales de la personalidad que no están centrados en un tema específico, como la antisocialidad o la aptitud profesional. El modelo estructural más conocido es el modelo de los Cinco Factores o comúnmente conocido como los Cinco Grandes (Big Five), que se mide con el NEO-PIR. Esta reciente conceptualización ha encontrado su camino en la psiquiatría, la práctica clínica y correccional. En el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), el Trastorno Antisocial de la Personalidad está compuesto por dos criterios diagnósticos. Es decir, existe un reciente y creciente movimiento hacia la conceptualización de las condiciones antisociales, o más generalmente, de la criminalidad, como un conjunto de rasgos básicos reflejados por constructos de orden superior. En consecuencia la criminalidad está determinada por rasgos de personalidad psicopática (que se encuentran dentro de los rasgos normales de la personalidad), que se apoya en extensiones fisiológicas y psicológicas del temperamento, y es significativamente hereditaria. Las ventajas de un mayor ámbito de investigación empírica es que facilita no sólo nueva conceptualizaciones sino también una poderosa evidencia convergente que puede ser relacionada con mecanismos básicos. Además de para saber la verdad, esto es importante para llevar a cabo intervenciones preventivas que son posiblemente más sostenibles ya que están unidas a procesos causales subyacentes que ocurren a una edad relativamente temprana. Por otra parte, los científicos de prevención también han señalado que muchas intervenciones efectivas son de naturaleza biosocial, que se ajustan muy bien a los elementos básicos de la criminalidad analizados en el presente trabajo. Aunque es cierto que muchas de estas intervenciones necesitan más pruebas y perfeccionamiento, se espera que una base etiológica de conocimiento más fuerte pueda prestarse a una mayor eficacia de las tecnologías de prevención, que pueden ser ampliamente divulgadas para beneficio de todos.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Criminología Biosocial y prevención de la delincuencia. Club Ciencias Forenses.

Criminología Biosocial y prevención de la delincuencia. Club Ciencias Forenses.

Criminología Biosocial y prevención de la delincuencia. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les ofrecemos un resumen del artículo “Criminología Biosocial y prevención del crimen moderno”, de los autores Michael Rocque de la Universidad de Maine y de la Universidad del Noreste (EE.UU.), Brandon C. Welsh de la Universidad del Noreste (EE.UU.) y Adrian Raine de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.), acerca de la aplicación de la biología a la prevención del crimen.

En los últimos años, se ha centrado el interés en la prevención del delito. Este artículo, trata de demostrar que la nueva prevención biológica del crimen es muy diferente de los enfoques biológicos del pasado. Lejos de abogar por medidas eugenésicas poco éticas, este trabajo se centra en la mejora del entorno para promover un desarrollo biológico sano en la infancia. Por lo tanto, en cierto sentido, este trabajo de prevención del delito es integrador en el reconocimiento de la importancia del entorno como del organismo. El interés académico por el estudio de la prevención ambiental del delito ha crecido en los últimos años. Los programas para niños que buscan mejorar el desarrollo comenzaron a recopilar datos sobre la delincuencia y la conducta antisocial, ayudando a demostrar el potencial de la prevención temprana del delito. Un enfoque de prevención básico aboga por determinar qué facilita el comportamiento criminal y aborda esos factores antes de que se produzca el delito. En este caso, los médicos no se basan en la identificación de las víctimas de una enfermedad como su único medio para tratar la enfermedad; sino que comparten su conocimiento acerca de los factores de riesgo que pueden llegar a producir ciertas enfermedades y orientan a las personas en riesgo con el fin de evitar la enfermedad antes de que se manifieste. La prevención del desarrollo se refiere a las intervenciones diseñadas para prevenir el desarrollo del potencial criminal de los individuos, especialmente los factores de riesgo de victimización y de protección descubiertos en los estudios sobre desarrollo humano. La prevención comunitaria se refiere a las intervenciones diseñadas para modificar las condiciones sociales y las instituciones que influyen en la delincuencia en zonas residenciales. La prevención situacional se refiere a las intervenciones diseñadas para prevenir la ocurrencia de delitos mediante la reducción de oportunidades y el aumento del riesgo y la dificultad de delinquir. La prevención judicial penal se refiere a las estrategias de rehabilitación, de incapacitación y de disuasión tradicionales aplicadas por las fuerzas del orden y los organismos del sistema judicial penal. La prevención del desarrollo es la nueva forma de prevención del delito. Es asimismo la más relevante para la prevención del delito desde una perspectiva biológica y, posiblemente, el enfoque que puede dar lugar a dilemas neuroéticos.

El trabajo de Raine y sus colegas ha demostrado cómo la tecnología (por ejemplo, imágenes de resonancia magnética funcional) puede ilustrar la relación entre los déficits de funcionamiento del cerebro y el comportamiento criminal/antisocial. Uno de los correlatos más fuertes de la conducta criminal tardía son los déficits neuropsicológicos o cognitivos en la infancia. Lo más probable es que existan varias causas para el deterioro de las funciones cognitivas dentro de las cuales se incluyen las predisposiciones genéticas, biológicas, psicológicas y sociales. Mientras que los criminólogos a menudo consideran la impulsividad y la emocionalidad negativa como rasgos de la personalidad, la investigación ha indicado que tienen base biológica. Algunos teóricos sostienen que la impulsividad es más importante que cualquier otro rasgo en el desarrollo de la delincuencia. El temperamento negativo también puede asociarse con una mala conducta dadas las respuestas sociales que “provoca”. La investigación ha demostrado que la agresión temprana o el diagnóstico de trastornos conductuales en niños son predictores significativos de un comportamiento antisocial o criminal posterior. Mientras que el comportamiento agresivo en los niños se puede considerar como una conducta antisocial, la investigación ha demostrado que está relacionado con la violencia y el delito en la posterior edad adulta. La investigación también ha señalado que la salud física y mental (o enfermedad) se relaciona con la conducta delictiva y antisocial. Sin embargo, cabe mencionar que la relación entre la enfermedad mental y la delincuencia es compleja, y la evidencia muestra que no todas las enfermedades mentales están asociadas con un aumento del riesgo de manifestar un comportamiento criminal. La mala salud se ha asociado con una conducta criminal posterior, debido a una mala alimentación de la madre y del niño.

La mayoría de los enfoques modernos que incorporan la biología a la prevención del delito reconocen que factores tales como los genes o la personalidad interaccionan con el medio ambiente y la mejor forma de abordarlos es alterando este último. Los Biocriminólogos e investigadores de diversas disciplinas están empezando a hacer recomendaciones para la prevención de la delincuencia compatibles con los enfoques sociológicos tradicionales. Los estudiosos que defienden la integración de la biología en la criminología argumentan que la conducta antisocial se puede evitar mediante la aplicación de programas específicos, y no tienen que implicar “intervenciones estatales represivas”. Además, algunos trabajos experimentales muestran cómo tratar los factores biológicos que pueden conducir a una reducción del comportamiento antisocial. Se ha evidenciado que los programas de salud y nutrición para mujeres embarazadas y sus hijos pueden influir en una posterior conducta antisocial. Estos programas, que por lo general se concentran en la mejora de las habilidades de crianza, han sido revisados por numerosos académicos y en general muestran un impacto positivo en el desarrollo del niño. Desafortunadamente, muchas evaluaciones de programas de prevención del desarrollo no incluyen medidas de conducta antisocial, crimen, o delincuencia. Algunos programas que tratan de alterar el desarrollo de los factores de riesgo biológicos de comportamiento antisocial se han llevado a cabo en un contexto escolar. Los programas preescolares enriquecidos están diseñados para proporcionar “a los niños económicamente desfavorecidos una estimulación cognitiva y experiencias enriquecedoras que sus padres no pueden aportarles en casa”. Sus principales objetivos son la mejora de las habilidades cognitivas, la preparación para la escuela, y el desarrollo social y emocional. Existen asimismo una serie de programas de prevención del delito en las escuelas desarrollados para jóvenes con factores de riesgo biológicos identificados. Existe cierta evidencia que señala que los programas pueden ayudar a la prevención de ciertas enfermedades mentales graves o trastornos. En la medida en que ciertos tipos de enfermedades mentales son un factor de riesgo para la delincuencia, prevenir la enfermedad debería reducir el comportamiento criminal posterior. La evidencia más reciente hasta la fecha sugiere que la relación entre la salud y el delito radica en que la delincuencia habitual conlleva un deterioro de la salud. Sin embargo, parece que poco se sabe sobre la relación entre salud y delincuencia en la infancia. Debido al creciente número de investigaciones que han demostrado la existencia de una relación entre el déficit cognitivo, el funcionamiento del cerebro y la delincuencia, tal vez no sea sorprendente que estudios recientes hayan demostrado que la nutrición puede ayudar a prevenir la conducta antisocial. Parece que la nutrición puede tener incluso un efecto significativo en el comportamiento. De esta manera, las investigaciones experimentales han demostrado que los suplementos nutricionales pueden afectar significativamente al comportamiento, incluyendo la delincuencia. Lo que plantea otro importante vínculo entre la biología y el comportamiento que aún no ha sido estudiado por la criminología convencional o la prevención del delito.

La actual bibliografía sobre prevención del delito se caracteriza por diversos enfoques, desde estrategias comunitarias y de espacio construido, a estrategias de desarrollo infantil. Con respecto a las causas biológicas de la delincuencia, una estrategia relevante de prevención del delito es la estrategia del desarrollo. Este enfoque reconoce la interacción entre el individuo y el entorno. El enfoque del desarrollo tiende a centrarse en la identificación de factores de riesgo en niños o familias y trata de mejorar las condiciones ambientales con el fin de facilitar el desarrollo saludable del niño. Existe una gran cantidad de literatura acerca de cómo un entorno desfavorable en la infancia tiene un efecto negativo en el desarrollo cognitivo. En el futuro, es razonable suponer que surgirán más programas o estrategias centrados en los factores de riesgo biológicos. Es importante destacar que, estos enfoques no buscan alterar la biología del individuo de forma radical, sino más bien mejorar su funcionamiento en el mundo social. En cuanto a la prevención del desarrollo de la delincuencia, las investigaciones señalan que cuanto antes sea la intervención, mejor. Por lo tanto, la intervención temprana es fundamental para el tratamiento de algunas causas biológicas de la delincuencia. Con respecto al sistema judicial penal, es probable que prevalezca un enfoque más limitado, pero no cabe esperar que los programas que se dirigen a las “necesidades criminógenas” aborden factores biológicos/genéticos en el futuro. Será igualmente importante para los investigadores asegurar que con el nuevo conocimiento sobre el papel del organismo en el comportamiento criminal, los enfoques de prevención no participen en conductas poco éticas. Tal vez el mayor peligro asociado al estudio de la prevención del delito desde una perspectiva biológica es el “mal uso” por los líderes políticos o los medios de comunicación de dicha información. Sin embargo, tal y como se ha demostrado en este artículo, se puede utilizar un enfoque biológico de una manera eficaz y no discriminatoria para prevenir la delincuencia. El actual enfoque de prevención de la bio-delincuencia reconoce la importancia del medio ambiente y de la intervención temprana. Estas estrategias tratan de mejorar la vida en lugar de eliminar a los individuos de la sociedad. En este sentido, la prevención de la bio-delincuencia es una evolución positiva que merece más atención por parte de la comunidad criminológica.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Coleccionistas: Delincuentes sexuales en serie que conservan pruebas de sus crímenes. Club de las Ciencias Forenses.

Coleccionistas: Delincuentes sexuales en serie que conservan pruebas de sus crimenes. Club de las Ciencias Forenses.

Coleccionistas. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados seguidores del Club de las Ciencias Forenses, una vez más, es un placer poder mostrarles un artículo que despierta  nuestro interés y curiosidad, como en este caso el realizado por Park E. Dietz, Robert R. Hazelwood y Janet I. Warren de la Universidad de Virginia (EE.UU.) que versa sobre el terrorífico mundo de los delincuentes sexuales que coleccionan recuerdos de sus víctimas.

Un comportamiento coleccionista es contrario a la intuición, ya que representa una prueba irrefutable de la responsabilidad de un sujeto en la comisión de un delito grave. El proceso de reunión de estos artículos y el hecho de mantenerlos juntos cerca del delincuente parece suponer una experiencia psicológica fundamental para la motivación a la hora de cometer los crímenes.

Entre los comportamientos asociados a las parafilias se encuentra la búsqueda de la estimulación a través de imágenes y materiales adquiridos hasta conformar una colección personal. Los delincuentes sexuales en serie que cumplen sus deseos parafílicos (conocidos por la policía como delincuentes sexuales rituales) no son una excepción a esta regla. En la investigación de este tipo de delincuentes se ha observado un fenómeno extraordinario: algunos intencionalmente graban, conservan y archivan numerosos detalles de sus crímenes sexuales. Sus métodos incluyen grabación en vídeo, cintas de audio, fotografías, dibujos, redacciones en diarios, cartografía, anotaciones en calendarios, largas descripciones y conservación de ropa interior, joyas u otros objetos pertenecientes a la víctima, incluso líquidos y/o partes de su cuerpo.¿Qué mueve a los delincuentes a preservar las pruebas fehacientes que confirman sus crímenes, algo que amenaza su libertad y su vida? Se ha encontrado un patrón de conservación de artículos de los crímenes en serie entre asesinos sádicos sexuales, asesinos, violadores, necrófilos y pederastas. Los delincuentes utilizan una variedad de modalidades para la grabación y archivo de sus crímenes y algunos de ellos utilizan más de una modalidad. Esto no constituye una tipología de los delincuentes, ya que dichas modalidades no son ni mutuamente excluyentes dentro del repertorio ni recoge todas las posibilidades existentes.

Algunos delincuentes acumulan material a modo de catálogo de posibles futuras víctimas. Esto les proporciona una fantasía pre-delito, además de identificar a un grupo de víctimas que pueda estar disponible cuando se decidan a actuar. La búsqueda incesante de una nueva adquisición les genera entusiasmo, ansiosas expectativas y emoción. Este proceso de seleccionar víctimas potenciales tiene el doble objetivo de crear un catálogo entre las que elegir y generar una fantasía de oportunidades y conquistas sexuales interminables. Poseer algo que pertenece a la víctima, que simboliza a la víctima, valida su conquista o victoria sobre ella a modo de trofeo. Los objetos cumplen una función de enlace, manteniendo al delincuente psicológicamente conectado con la víctima a pesar de la terminación del delito o incluso de la muerte de la víctima. Por otra parte, las colecciones permiten revivir la experiencia, refinar futuros delitos sexuales y generar pornografía para uso personal o para compartir con otros. Una vez que la víctima se añade a su archivo, el crimen se vuelve interminable y la víctima es capturada en un perpetuo estado de victimización.

La importancia psicológica de las colecciones de los delincuentes sexuales en serie es extraordinaria para ellos, ya que arriesgan sus vidas y su libertad mediante la preservación de las pruebas de sus crímenes. Hay un impulso para mantener la colección a mano y disponible para poder verla y manejarla a su antojo, vincularla a sus víctimas y disfrutar de los beneficios psicológicos de la misma (captura, posesión, fantasía sexual, recuerdo y poder). Desde una perspectiva más amplia, estos hechos ilustran la multiplicidad de trastornos parafílicos demostrados por delincuentes sexuales violentos y la conexión entre la conducta fetichista y los asesinatos en serie. Esta es una conexión documentada hace muchos años en varios estudios de asesinos en serie en los que se refleja la conexión entre los asesinatos en serie, el travestismo y otras formas específicas de conducta fetichista.

Este hallazgo también tiene relevancia para los profesionales del orden público, la salud mental o la comunidad forense, que deberían considerar si un delincuente sexual o una persona que presenta parafilias, a priori inofensivas, podría tener en el futuro impulsos y conductas más peligrosas. Deberán estar especialmente vigilantes sobre aquellos que tienen un historial de actos criminales, trastornos de la personalidad, enfermedad mental, abuso de sustancias o trauma sexual personal. La probabilidad de reincidencia en delincuentes en serie es muy alta y no existe ningún tratamiento capaz de reconstituir sus personalidades con el fin de hacerlas inocuas. En 1930, Wilhelm Stekel, en su obra Las aberraciones sexuales, argumentó que este tipo de delincuente debe ser “entregado a un especialista para un tratamiento después de un examen preliminar”. Desgraciadamente, no existe antídoto alguno para erradicar las perversiones violentas junto a trastornos de personalidad. Por lo tanto, la rápida identificación y aprehensión es lo mejor que puede hacerse ante el estado actual de conocimiento.

Seríamos negligentes si no resaltáramos que solo porque algunos delincuentes en serie amasen una colección de materiales de fantasía no significa que todos los que tengan colecciones de este tipo vayan a delinquir. Existen individuos no delincuentes cuyas colecciones están disponibles para el estudio y recogen gran cantidad de, por ejemplo, pornografía especializada. Estas colecciones son obviamente de naturaleza sexual, pero no están asociadas a la violencia, al menos hacia una víctima real. Sin embargo, existe un riesgo claro de que las personas que no entiendan bien la naturaleza del deseo o de las parafilias inocuas confundan una colección de material de fantasía con un catálogo de posibles víctimas.

Existe una obvia relación entre la parafilia, teniendo en cuenta el factor secreto de este comportamiento sexual, y una colección inanimada que ayude a preservar las experiencias de su propietario. En conclusión, esta tendencia que se da entre algunos delincuentes parafílicos en serie constituye una importante área de estudio psicológico y criminológico. Gracias a ello se revela parte de la motivación del delincuente y su fantasía sexual esencial y puede corroborar su asociación con la víctima, que a menudo ha fallecido antes de que se descubra la colección.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

La Biocriminología en la prevención del delito. Club de las Ciencias Forenses.

Aplicacion de la biocriminologia en la prevencion del delito. Club de las Ciencias Forenses

Biocriminología. Club de las Ciencias Forenses.

En esta ocasión, queridos seguidores del Club de las Ciencias Forenses,  les ofrecemos un artículo que aborda un tema innovador y sin duda interesantísimo como es la aplicación de la criminología biosocial en la prevención del delito, gracias a la investigación llevada a cabo por Michael Rocque de la Universidad del Noreste, Boston (EE.UU), Brandon C. Welsh de Universidad de Maine, Orono (EE.UU) y Adrian Raine  Universidad de Pennsylvania, Philadelphia (EE.UU).

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, los esfuerzos criminológicos para prevenir o reducir el crimen se centraron en abordar las presuntas causas biológicas de la criminalidad. Hoy en día, la prevención del delito pone un énfasis especial en los factores de riesgo biológico y fisiológico, sobre todo durante los períodos tempranos de la vida. Existe un número creciente de programas de prevención del delito que estudian los factores de riesgo biológico en la delincuencia criminal. Estos programas se aplican en los entornos de la familia, la escuela y la comunidad. La evidencia sugiere que estos programas pueden reducir el crimen. Aunque “la prevención biológica del delito” no ha surgido todavía como un campo independiente de estudio, los resultados muestran que la biología supone un impacto significativo en la aparición del delito. A día de hoy, muchos criminólogos se mantienen cautelosos frente a cualquier estudio que infiera la biología como factor del delito. Sin embargo, la investigación criminológica examina los factores biológicos de un modo sofisticado y atendiendo a la importancia del contexto social. Por lo tanto, la prevención del delito con base biológica vuelve a estar presente en la literatura criminológica, pero de manera muy diferente a las estrategias biológicas del pasado. Lejos de abogar por medidas eugenésicas no éticas, este trabajo se centra en mejorar el entorno del sujeto para promover el desarrollo biológico saludable desde la edad temprana.

La prevención del delito tiene una larga historia en el campo de la criminología y la justicia penal. Las evaluaciones de los programas de prevención del delito se han llevado a cabo durante décadas, sobre todo en Estados Unidos. Con respecto a la biología, los esfuerzos de prevención del delito a finales del siglo XIX y principios del XX llaman a evitar que los denominados pueblos inferiores se reproduzcan a través de políticas eugenésicas.

Un esquema influyente distingue cuatro estrategias principales para la clasificación de los programas de prevención del delito (Tonry y Farrington, 1995):

– La prevención del desarrollo se refiere a intervenciones diseñadas para prevenir el desarrollo del potencial criminal de las personas, especialmente las dirigidas a abordar los factores de riesgo y de protección descubiertos en los estudios sobre el desarrollo humano (Farrington y Welsh, 2007  y  Tremblay y Craig, 1995).
– La prevención de la comunidad se refiere a intervenciones diseñadas para cambiar las condiciones sociales y las de las instituciones (por ejemplo, las familias, los compañeros, las normas sociales u organizaciones) que influyen en la delincuencia, dentro de las comunidades residenciales (Hope, 1995).
– La prevención situacional se refiere a aquellas intervenciones diseñadas para prevenir los delitos mediante la reducción de las oportunidades de actuar del sujeto (Clarke, 2009).
– La prevención de la justicia penal se refiere al elemento de disuasión tradicional, llevando a cabo estrategias de rehabilitación gestionadas por la policía y por los organismos del sistema de justicia penal (Blumstein, Cohen y Nagin, 1978).

La literatura actual de prevención del delito se caracteriza por estudiar diversos focos de atención: la comunidad, el entorno y las estrategias de desarrollo en la primera infancia. Con respecto a las causas biológicas del delito, una estrategia de prevención de la delincuencia será muy relevante. Este enfoque reconoce la interacción entre la persona y su entorno, punto de vista de los investigadores biosociales contemporáneos del crimen y la delincuencia. El enfoque de desarrollo tiende a centrarse en la identificación de los factores de riesgo en niños o familias para mejorar sus condiciones ambientales, con el fin de facilitar el desarrollo sano de los más pequeños.

Un enfoque de prevención del delito biológico que se centre únicamente en la “identificación de los nacidos para cometer el crimen” es una reliquia del pasado en criminología. Los programas de prevención de la delincuencia y los programas existentes defendidos por biocriminólogos buscan prevenir la aparición de factores de riesgo biológico (impidiendo el desarrollo de déficits cognitivos) y la conducta delictiva entre quienes tienen factores de riesgo identificados. La investigación indica que los programas de prevención precoz fomentan el desarrollo saludable del cerebro y producen mejoras cognitivas de manera acumulativa. Los estudios demuestran, además, que una nutrición adecuada puede mejorar el crecimiento de los nervios cerebrales, hecho crucial en el tema que nos atañe. En los casos en los que los factores de riesgo son hereditarios o genéticos, los programas pueden prevenir la delincuencia a través de la identificación de los factores ambientales que puedan incrementar la conducta criminal.

En el futuro es razonable suponer que surgirán un mayor número de programas o estrategias basados en los factores de riesgo biológico. En cuanto a la prevención del delito en el desarrollo, la investigación ha demostrado que cuanto antes se efectúe la intervención, mejor. La etapa más importante del desarrollo para el crecimiento cognitivo parece transcurrir entre el embarazo y los primeros 2 años de vida. Los traumas durante este período pueden resultar especialmente impactantes, afectando al desarrollo del cerebro en la edad adulta. La desventaja de determinados entornos pueden retrasar gravemente el desarrollo cognitivo con unos efectos duraderos, incluido un mayor riesgo de pobreza, nivel de educación más bajo y oportunidades de empleo más pobres. Se ha demostrado que un tratamiento dirigido a personas expuestas a un trauma precoz puede mejorar los efectos del desarrollo cognitivo negativos de dicho trauma. Por lo tanto, la intervención temprana es de suma importancia en el tratamiento de ciertas causas biológicas de la criminalidad. Los programas de prevención dependen de los presupuestos gubernamentales. La identificación de las causas biológicas de la criminalidad puede ser políticamente atractiva, pero sin una continuidad puede tener consecuencias engañosas e incluso peligrosas.

Un enfoque basado en la biología puede utilizarse de una manera eficaz a la hora de prevenir el delito. Programas de prevención biocrimen reconocen la importancia del entorno de la persona y de la intervención temprana. Estas estrategias pretenden mejorar la vida de los sujetos en lugar de sacarlos de la sociedad. En este sentido, la prevención biocrimen supone un desarrollo positivo que merece más atención de la comunidad criminológica.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar