Geomorfologia

Geomorfología. Club de las Ciencias Forenses

Estimados amigos del Club de las Ciencias Forenses, es un placer poder ofrecerles este artículo realizado por Alastair Ruffell y Jennifer McKinley, pertenecientes a la Universidad de Queen (Belfast, Irlanda del Norte) que aborda el curioso y desconocido mundo de la geomorfología en el campo forense. Efectivamente, la topografía y el estudio de los suelos ha sido clave para las ciencias forenses desde hace más de 120 años. Así, la geomorfología es capaz de arrojar luz a la escena del crimen, de la misma forma que lo hacen otras áreas forenses. De esta manera, juega un papel crítico para determinar tanto objetos como cuerpos enterrados. Por ello, los autores de este trabajo pretenden resaltar la importancia del análisis de las formas del relieve, la cartografía y su evolución, el estudio de los suelos y su relación con la geología y la biogeología en el estudio de la escena de un crimen.

El estudio del suelo, los sedimentos y las rocas se han utilizado en las investigaciones penales desde 1854, pero no fue hasta 1969 cuando Brooks y Newton utilizaron el adjetivo “forense” para referirse a alguno de estos análisis. Murray y Tedrow (1975) prosiguieron su camino con su obra “Geología Forense”. Así, los autores del presente artículo realizan una completa revisión bibliográfica a lo largo de los años en relación a la morfología de la tierra, el cambio de los tipos de los suelos, el uso de la tierra o la biogeografía asociada al mundo forense.

Podemos considerar cómo libro más importante de la ciencia forense el “Handbook for the Coroner´s System of Criminology” de Hans Gross (1983), ya que es uno de los primeros textos completos que se publicaban en relación al análisis de la escena del crimen. En esta obra, se analizan los paisajes como entornos dinámicos y los estanques y pozos como posibles lugares de accidentes por ahogamiento. Gross intenta integrar los rasgos físicos y humanos del entorno, bajo su especial punto de vista como investigador de la escena del crimen. Inicialmente realizaban en arcilla los modelos del mapa del entorno de la escena del crimen, estableciendo en la arcilla las diferentes ubicaciones. Con todo, se observaba que mediante la creación de este modelo se perdía una enorme cantidad de tiempo, por lo que finalmente al introducirse la fotografía aérea, los modelos digitales del terreno y la visualización tridimensional asistida por ordenador del entorno, la mejora fue realmente considerable.

Rossmo (2000) afirmó que el perfil geográfico es una metodología de investigación que utiliza la ubicación de una serie conectada de actos delincuenciales para determinar la zona más probable de residencia del autor. Rossmo asegura que solamente el 2% de los crímenes seriales se producían en ámbito rural o zonas deshabitadas, sin embargo el “volcado de cuerpo”, es decir los lugares de disposición del cadáver, se realizaban en parques (5,8%), zonas rurales o agrícolas (12,5%) o zonas deshabitadas (21,2%). De ahí la importancia de la geomorfología forense para analizar y evaluar correctamente un escenario forense y su infrautilización. De hecho, el citado autor, en el caso New Brunswick, utiliza la cartografía y el Sistema de Información Geográfica (SIG) para su análisis, ofreciendo una amplia justificación estadística para el uso de la geomorfología en la búsqueda del lugar de la deposición corporal.

Por otro lado, Boyd (1979) consideró fundamental la actividad antes, durante y después del entierro de una víctima, en el análisis de la escena de un crimen con el fin de otorgar las respuestas de toda investigación forense, cómo y cuándo. Determinó que los intentos para ocultar la superficie de la tumba son raros en las localidades rurales y comunes en las zonas urbanas. Analizó especialmente los alrededores de las tumbas, si interrumpieron la estratigrafía, dañaron la vegetación o introdujeron elementos extraños. Son características fundamentales para la localización de tumbas.

Killiam (2004) ofrece la obra más completa sobre la búsqueda de restos humanos, al igual que otros objetos enterrados y escondidos. El trabajo de Killiam abarca una amplia combinación de criminalística, arqueología y análisis del comportamiento. Así, determina que la topografía es importante para la localización de objetos ocultos (o restos humanos) y para la organización de la propia búsqueda en sí misma, aumentando la eficacia de los recursos humanos y materiales.

En la actualidad, Pringle (2012) está realizando grandes e interesantes investigaciones en relación a la cartografía geomorfológica y las formas del relieve. Utiliza nuevas formas de teledetección, usando mapas históricos y de uso del suelo, imágenes vía satélite e infrarroja, ultravioleta, multi e hiperespectral.

Todo ello nos lleva a destacar la importancia de la teledetección, la cartografía, la geofísica y la arqueología para analizar la escena de un crimen, al igual que el estudio de los suelos, sedimentos y geoquímica.

Club de las Ciencias Forenses.

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar