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Categoría: Lingüística forense

Nota suicida y autopsia psicológica. Parte I. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Nota suicida y autopsia psicológica: Aspectos comportamentales asociados”, de los autores Mª Patricia Acinas, José I. Robles y M. Ángeles Peláez-Fernández, en un estudio del SEPADEM (Sociedad Española de Psicología Aplicada a Desastres, Urgencias y Emergencias), que analiza con detalle el suicidio y la autopsia psicológica. Por su extensión, lo partiremos en dos secciones y hoy abordaremos la nota de suicidio.

Hasta pronto, amigo mío, hasta pronto, querido mío, te llevo en el corazón. La separación predestinada promete un nuevo encuentro. Hasta pronto, amigo mío, sin gestos ni palabras, no te entristezcas ni frunzas el ceño. En esta vida el morir no es nuevo y el vivir, por supuesto, no lo es.

Los últimos versos del poeta ruso Serguéi Esenin fueron escritos con su propia sangre antes de ahorcarse en su habitación de hotel en San Petesburgo. Aquellos versos eran su carta de suicidio.

Una nota de suicidio puede ser un elemento fundamental a la hora de clarificar una muerte de la que no se conocen las causas, indicando un suicidio donde, de otra manera, se vería un accidente. Aunque también pueden falsificarse para encubrir homicidios. Esta probabilidad es remota y suele aclararse tras la investigación policial. Aun así, la nota nos aporta las últimas palabras del suicida, sus últimos sentimientos ya fueran de soledad, rabia, desesperación, culpabilidad… de cómo había llegado hasta ahí, en definitiva. Son importantes porque nos aportan gran información sobre el suicida: conocimiento de las circunstancias, intencionalidad, posibles llamadas de atención o deseo de ser encontrado antes de la consumación, etc. Por otro lado, implica premeditación: un suicidio impulsivo no daría tiempo a una nota. Y, finalmente, permite desde lo médico-legal calificar la muerte como sospechosa o como suicidio.

Mediante el análisis de las cartas suicidas publicadas en los últimos 25 años, los autores han realizado una clasificación de los tipos según intenciones y objetivos, aunque no es extraño que una misma nota se clasifique en más de una categoría:

  • Despedida: Suele estar asociada a agradecimientos a las personas cercanas y a desculpabilizarlas ante la decisión que la persona ha tomado de quitarse la vida.
  • Instrucciones: La persona indica lo que quiere que hagan con su cuerpo o pertenencias tras la muerte, o cómo desea que arreglen sus diferencias a la hora de repartir testamento. O incluso como petición de últimos deseos. En algunos casos, las instrucciones de la nota suicida van dirigidas al médico que certifique la muerte, aunque esta circunstancia es bastante inusual porque las notas suicidas suelen ir dirigidas a personas queridas.
  • Acusaciones: Cuando intenta culpabilizar a otros; en ocasiones como intento manipulador de cargar a otros con la culpa de su muerte.
  • Petición de perdón: La persona no suele querer hacer sentir mal a otros de su decisión suicida y trata de disculparse por el sufrimiento causado en el pasado o por el sufrimiento que va a causar la noticia de su muerte. Por ejemplo: “Siento decepcionaros…”.
  • Justificación del propio suicidio: Obedece a cuestiones de honor, aspectos culturales arraigados, o cuando la persona considera que las circunstancias le han obligado. El suicida explica lo que ha ocurrido. No suele haber explícitos componentes de culpabilidad ni de petición de perdón.

El papel es el soporte qué más suele utilizarse para las notas suicidas, aunque existen otros como el espejo del baño pintado con lápiz de labios o en la propia ropa. También hay casos en los que se han pintado en la propia piel o en formato electrónico. El uso de mensajería instantánea nos da pistas sobre si quería ser rescatado o no. En cuanto al tamaño del papel, suele ajustarse al tamaño del mensaje que desea dejarse y por una sola cara. Suelen ser manuscritas, dejando constancia de su voluntariedad. Una nota a ordenador denota vergüenza o que considera que su caligrafía no será entendida, aunque también puede ser un indicio de nota falsa.

El útil de escritura más utilizado es el bolígrafo, aunque también la barra de labios y la propia sangre, como en el caso del poeta Sergei que comentábamos antes. Las notas suelen dejarse en el domicilio en un alto porcentaje de los casos (80%) y suelen estar dirigidas, por orden de importancia, a hermanos, policía, la pareja, amigos, padres, u otro familiar.

El contenido de las notas suicidas se refiere a cuestiones de ruina económica, enfermedad terminal, enfermedad crónica invalidante, desempleo, soledad, vejez, disminución de calidad de vida, pérdida de un ser querido, enfermedad mental, desarraigo, vergüenza por cambio en la imagen social tras un hecho acaecido. Incluso en algunos casos también se aprecia que la nota ha sido escrita durante un brote psicótico.

En definitiva, cuando se produce una muerte en circunstancias traumáticas, ambiguas, desconocidas o inciertas, cabe pensar en la posibilidad del suicidio. En muchas ocasiones, una nota junto al cuerpo nos ayuda a aclarar los aspectos necesarios y, así mismo, contribuyen en el estudio psicológico de la persona y las circunstancias que la llevaron a la muerte.

La entrevista estratégica para detectar el engaño. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Strategic Interviewing to Detect Deception: Cues to Deception across Repeated Interviews”, de los autores Jaume Masip, Iris Blandón-Gitlin, Carmen Martínez, Carmen Herrero y Izaskun Ibabe, en un estudio conjunto de la Universidad de Salamanca, la Universidad Estatal de California y la Universidad del País Vasco, que trata de cómo discernir la verdad de la mentira con un procedimiento original durante un interrogatorio.

La detección del engaño es extremadamente difícil. Las personas apenas pueden distinguir una mentira por encima de la probabilidad de azar, y por ahora, los profesionales son apenas un poco más precisos en la detección. Es por ello que es importante seguir estudiando este campo y hallar nuevas conductas que discriminen a los mentirosos de los veraces.

Esta investigación recicla la idea de que los mentiros son tan consistentes en sus respuestas como los sinceros porque siguen una “estrategia de repetición” en las entrevistas. Por ello, el objetivo de este experimento fue diseñar un procedimiento que eludiera esa estrategia haciendo que no supieran que iban a ser entrevistados una segunda vez y presionando a los sospechosos para obtener una respuesta rápida, sin darles tiempo a forzar la memoria o desarrollar una mentira.

Los participantes fueron 48 estudiantes, con una edad media de 20 años, repartidos en 15 mujeres y 9 hombres en cada uno de los dos grupos experimentales (inocentes y culpables). Para motivarles con el interrogatorio, se les incentivó diciendo que los declarados culpables deberían escribir una redacción sobre una asignatura que detestaran.

Para este experimento, los participantes asignados en el rol de culpables cometían un falso crimen, y los inocentes realizaban unas tareas a petición del experimentador como ver un pequeño documental o jugar al tetris. A ambos grupos se les informaba de que se les consideraba sospechosos de un crimen y serían entrevistados, y su máxima debía ser convencer al entrevistador de que eran inocentes. Por tanto, los inocentes sólo debían ser sinceros, mientras que los culpables debían mentir, fingiendo que habían realizado las mismas tareas que los inocentes. La entrevista tenía lugar ese mismo día, pero después de que a los culpables se les diera toda la información que requirieran sobre las actividades sobre las que debían mentir. En la entrevista ambos grupos recibían las mismas preguntas y tenían las siguientes características:

  1. Se centraba en la coartada (las tareas de los inocentes), no en el delito. Lo normal es que en un interrogatorio la policía tiene una información limitada sobre el crimen pero es fácil obtener información sobre las coartadas. Por ejemplo, si un detenido afirma que estuvo viendo un programa de televisión a cierta hora, sería una buena técnica ver el programa e interrogarle con preguntas muy específicas acerca de él para comprobar si realmente lo ha visto.
  2. Se les hicieron preguntas centrales y periféricas. Los datos centrales serían los esenciales, los que no pueden cambiarse sin alterar la historia. Mientras que los periféricos son irrelevantes, detalles añadidos. Sin embargo, a la hora de interrogar, lo más probable es que los culpables tengan muchos datos centrales (qué, dónde y cómo), ya que han podido preguntar al respecto a los experimentadores, pero apenas tendrán información periférica, mientras que los inocentes tendrán de ambos tipos ya que realmente vivieron la experiencia.
  3. Las preguntas se centraron en los detalles muy específicos. ¿De qué color era la puerta? Por muy bien que hubieran preparado su coartada, una sola palabra podía contestar correctamente esa pregunta.
  4. Se pidió a los entrevistados que respondieran lo más rápido posible. La velocidad de respuesta es algo cognitivamente exigente para los mentirosos ya que, por una parte, la información no está codificada de la misma forma en la memoria largo plazo al ser inventada y requiere más tiempo, y por otra parte, si no la recuerdan necesitan inventar algo coherente para decir en su lugar, lo que también requiere tiempo.
  5. La clave fundamental era que la entrevista se repetiría una semana después y sin previo aviso.

La primera hipótesis a contrastar sería que los culpables solicitarían información central a los experimentadores para prepararse para el interrogatorio, pero no periférica. La segunda sería que los culpables contestarían menos preguntas correctamente que los inocentes en ambas entrevistas, debido a la información incompleta que poseían. Efecto que se vería con más fuerza en las preguntas periféricas (tercera hipótesis). Además, dado que ocurriría una semana entre ambas entrevistas, tendría lugar una degradación en el recuerdo y éste ocurriría con más fuerza en los culpables por no recordar vivencias sino palabras, por lo que al repetir las preguntas encontraríamos más incongruencias entre ambas entrevistas que en los inocentes (cuarta hipótesis) y esto ocurriría también con más fuerza en los detalles periféricos (hipótesis cinco). Por otro lado, al obligar a responder rápido sería más probable que se recurriera a respuestas evasivas por la incapacidad para improvisar una mentira o no recordar los datos, así que sexta hipótesis era que los mentirosos darían más respuestas evasivas, y la séptima hipótesis, que las darían particularmente en las preguntas sobre datos periféricos.

En los resultados se encontró que, efectivamente, los culpables se centraron en la información principal y obviaron la periférica. Además contestaron menos preguntas correctamente que los inocentes. Sin embargo, no pudo probarse la distinción entre información central y periférica respecto a la memoria. Quizás porque la información que solicitaron fue demasiado escasa o porque estuvo mal codificada y no pudieron recordarla una semana después. Por otro lado, la coherencia, es decir, mantener la misma versión todo el tiempo, era un indicador válido de la verdad, del mismo modo que las respuestas fueron un indicador de las mentiras. Sin embargo, no sólo fueron más evasivos en los datos periféricos, sino también en los centrales. Y al contrario ocurrió con la coherencia, donde no se encontraron resultados diferentes entre los dos tipos de información.

En conclusión, este estudio nos aporta unas interesantes estrategias para detectar la mentira, pero es importante replicarlo en situaciones reales para darle mayor validez externa. Además, debe tenerse en cuenta que no hay criterios inequívocos para la detección de la mentira. Una respuesta errónea, incongruente o evasiva puede deberse también a un bajo cociente intelectual, personas altamente sugestionables, ansiedad o déficit de memoria. Sin embargo, los datos son muy prometedores y pueden ser una herramienta muy útil en el futuro.

Notas de suicidio reales y falsas: un análisis de contenido. Club de las Ciencias Forenses.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Genuine and simulated suicide notes: An analysis of content”, de los autores Maria Ioannou y Agata Debowska, de la International Research Centre for Investigative Psychology, donde se analizan las diferencias en el contenido entre notas de suicidios reales y simuladas.

“Lo siento. Ya no puedo más.
Lo he intentado, de verdad que sí, pero ya no puedo más.
Adiós”

¿Verdadera o falsa? Detrás de cada nota de suicidio hay una pregunta, la diferencia entre una despedida y un asesino que queda en impune. Y no sólo eso, las cartas siempre están dirigidas a alguien, reflejan la necesidad de ser comprendidos: son un acto social. El estudio de las notas de suicidio nos permite ahondar en la mente perturbada y ayudarnos a comprenderla.

Con este objetivo se analizaron sesenta y seis notas: treinta y tres notas pertenecientes a personas que cometieron suicidio y treinta y tres notas falsas. Para homegeneizar la muestra, las cartas se agruparon por parejas de una real y una falsa haciéndolas corresponder en edad, sexo y nivel ocupacional de sus autores. Las cartas falsas se obtuvieron de voluntarios a los que se les pidió que escribieran la nota que dejarían en caso de cometer suicidio.

Se encontró que se podían clasificar los temas que figuraban en las notas de suicidio en: reales, falsos y neutros (los que se encuentran por igual en ambos tipos de nota).

  • Las notas auténticas son muy emocionales y plantean problemas interpersonales complejos. Por otro lado, podemos encontrar tanto emociones positivas como negativas, a veces incluso entremezcladas a lo largo de la carta. Los temas más comunes son identificar a los familiares, dejar instrucciones, morir por un ideal, relacionar eventos con el suicidio, relación amorosa compleja, autodesprecio, sarcasmo, ira y despedirse. Así mismo, también se señalan algunos temas menos comunes pero que raramente se encuentran en notas falsas: Fecha y firma del escritor, decisión difícil, no escriben en tiempo futuro, adicción, soledad, cuidar de los seres queridos desde el más allá, lamentar el pasado, dar las gracias, despreciar a otros y falta de resentimiento.
  • Las notas falsas se caracterizan por un enfoque más cognitivo que emocional y un habla más metafórica, no abordan directamente las razones para cometer suicidio y hablan de nobles ideas a veces no relacionadas. Los temas falsos más significativos fueron la autonomía, ser una carga y la injusticia.
  • Los elementos que se pueden encontrar en ambos tipos de notas, es decir, los catalogados como neutros, son los asuntos médicos o psiquiátricos, el esfuerzo, la duración de los problemas y ser un mártir.

Además se encontró que algunos elementos se utilizaron en más del 40% de todas las notas y, por lo tanto, no se pueden utilizar para diferenciar entre notas genuinas y simuladas. Éstos son: disculpas (45,5%), razones inespecíficas de suicidio (43,9%), construcción positiva de la pareja (42,4%) y expresiones de amor (40,9%).

La escritura refleja el estado psicológico del escritor y eso nos adentra en la mente suicida. De modo que podemos utilizar los temas del contenido de las notas de suicidio para diferenciar las notas genuinas de las falsas con bastante fiabilidad.

El Lenguaje de los Psicópatas. Club Ciencias Forenses.

El Lenguaje de los Psicópatas. Club Ciencias Forenses.

El Lenguaje de los Psicópatas. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, esta semana les ofrecemos un resumen del artículo “Hambre de lobo: Un análisis de los patrones lingüísticos del lenguaje de los psicópatas”, de los autores Jeffrey T. Hancock de la Universidad Cornell (EE.UU.) y, Michael T. Woodworth y Stephen Porter de la Universidad de Columbia Británica (Canadá), sobre las características lingüísticas de un psicópata.

Las palabras pueden revelar importantes conocimientos sobre el funcionamiento psicológico incluidos la depresión, la personalidad, e incluso si una persona está mintiendo. Una creciente linea de investigación sugiere que los patrones sutiles en la selección de palabras pueden revelar los procesos cognitivos y emocionales subyacentes, en gran parte debido a la operación automática y no consciente de la producción del lenguaje que está estrechamente relacionada con los estados y las dinámicas psicológicas básicas. Se puede obtener una comprensión más depurada de las particulares características psicológicas a través de programas de análisis estadístico de textos que analizan de manera eficaz una diversidad de variables lingüísticas. Aunque este tipo de investigación plantea que la psicopatología puede reflejarse en los estilos lingüísticos idiosincrásicos, existen pocos análisis de relatos de psicópatas. Los psicópatas poseen combinaciones específicas de características cognitivas, sociales y emocionales que los diferencian de la población general. Demuestran una tendencia totalmente egoísta y un profundo déficit emocional, como se evidencia en estudios de psicofisiología, neurología y conducta. Los psicópatas suelen ser hábiles conversadores y emplean el lenguaje para mentir, atraer, y en última instancia “utilizan” a los demás para obtener un beneficio material, drogas, sexo o poder. A pesar de esta habilidad aparente, estudios previos han revelado que el lenguaje del psicópata parece ser, sorprendentemente, menos coherente que el de los no psicópatas. Se ha podido observar, que el discurso de los psicópatas suele ser más accesorio e incoherente. El presente estudio es el primero en analizar únicamente las cualidades específicas del lenguaje psicopático utilizando unas sofisticadas herramientas de análisis estadístico de textos.

Usando estas herramientas, se han examinado las características lingüísticas de los psicópatas (al relatar sus crímenes violentos) en tres características principales: su naturaleza instrumental, material único y necesidades socioemocionales y déficit emocional. En primer lugar, parece que los psicópatas ven el mundo y a los demás de una manera instrumental. Sería interesante comprobar si su orientación instrumental se refleja en su discurso con un lenguaje más obvio y enfocado a sus actos criminales, con un uso relativamente elevado de conjunciones subordinadas (“porque”, “puesto”, “como”, “por lo que”). En segundo lugar, se supone que los psicópatas tienen impulsos y necesidades socioemocionales especiales que podrían dar lugar a patrones lingüísticos particulares. En tercer lugar, los psicópatas evidencian un déficit generalizado en su capacidad para interpretar y experimentar la emoción. Se ha investigado por tanto, si este déficit emocional se refleja en varias dimensiones de su lenguaje. El distanciamiento psicológico se relaciona con un mayor uso de formas verbales en pasado y menos formas verbales del presente, y un mayor empleo de artículos o nombres concretos. Se espera que los psicópatas utilicen un lenguaje consistente con el distanciamiento psicológico y que hablen de sus asesinatos como si hubiesen ocurrido hace mucho tiempo y empleando más artículos que los no psicópatas. La muestra se compone de 52 asesinos de género masculino, psicópatas (n=14) y no psicópatas (n=38), encarcelados en centro penitenciarios canadienses, que admitieron sus crímenes y se ofrecieron voluntarios para este estudio. La psicopatía se midió utilizando el Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R), el método más ampliamente utilizado para la evaluación de la psicopatía en los últimos 20 años. Mientras estaban siendo grabado tanto en vídeo como en audio, se pedía a los participantes que describieran el acto homicida con el mayor detalle posible. Se han utilizado dos herramientas de análisis de texto para analizar las transcripciones. La primera es el programa de análisis de corpus Wmatrix, empleado para comparar las partes del discurso y analizar los conceptos semánticos en los corpus de los psicópatas y del grupo control. La segunda herramienta de análisis de texto es el Dictionary of Affect in Language (DAL), un programa que se usa para examinar el estilo afectivo de las palabras.

Se espera que los psicópatas muestren patrones lingüísticos únicos relacionados con su visión del mundo instrumental, sus necesidades fisiológicas primitivas, y su profundo déficit emocional, al describir un suceso autobiográfico importante (un homicidio). Generalmente, los resultados han sido consistentes con las predicciones; las narraciones de los psicópatas contienen una mayor instrumentalidad y más aclaraciones, enfocadas en la auto-preservación y la necesidades corporales, y con más interrupciones del habla, orientadas hacia el pasado, y con menos intensidad emocional en comparación con los delincuentes no psicópatas. Es importante destacar que estas diferencias en el estilo están probablemente fuera del control consciente y son difíciles de alterar intencionalmente en un discurso. El primer hallazgo, es que los psicópatas son más propensos a utilizar un lenguaje aclaratorio y enfocado a sus actos criminales, con un nivel relativamente alto de conjunciones subordinadas, lo que indica más afirmaciones de causa-efecto. Este patrón sugiere que los psicópatas probablemente consideran el crimen como un resultado lógico de un plan, consistente con que su violencia es más instrumental y está más motivada por los objetivos que la de otros delincuentes. En segundo lugar, se ha descubierto que los psicópatas usan aproximadamente dos veces más palabras relacionadas con las necesidades fisiológicas y de autoconservación básicas al describir su violencia que sus homólogos. Por otra parte, los delincuentes no psicópatas utilizan un lenguaje más relacionado con las necesidades sociales. Este patrón es consistente con el hecho de que la conceptualización de los psicópatas está centrada en las necesidades más básicas o en una etapa más temprana del desarrollo del yo. Los resultados, sin embargo, también pueden simplemente reflejar que son más propensos a recordar detalles accesorios del asesinato (como lo que comieron ese día) que los no psicópatas que suelen recordar los detalles más centrales del homicidio. Otro hallazgo importante se refiere al contenido emocional de los relatos. Era de suponer que los psicópatas describieran el horrible acto de manera fría, sin emociones, consistente con el conocimiento teórico y empírico existente. Así pues, los individuos con altas puntuaciones en el Factor 1 del PCL-R (rasgos afectivos/interpersonales) describen el crimen con menor intensidad emocional y utilizan asimismo un lenguaje menos emocionalmente agradable, lo que demuestra efectivamente la naturaleza más oscura de su personalidad. El hecho de que los psicópatas sitúen el asesinato lejos en el pasado puede ser consistente con la idea del distanciamiento emocional, tal y como se observa por el incremento en el uso de formas verbales del pasado pero no de formas verbales del presente. Por otra parte, los no psicópatas pueden visualizar y describir el suceso en el presente. No obstante, el principal hallazgo es que el lenguaje del psicópata contiene considerablemente más interrupciones del habla. La específica tarea de describir un intenso suceso “emocional” a otra persona de manera que parezca apropiado (gestión de la impresión) puede producir una mayor carga cognitiva en el psicópata, lo que da lugar a un habla menos fluida y coherente. Sin embargo, existen algunas limitaciones que deben tenerse en cuenta en la interpretación de los resultados. En primer lugar, el análisis estadístico de textos se ha llevado a cabo con narraciones relativas a un tipo de suceso (un homicidio), evidentemente, un tipo inusual de suceso en términos de tasas de referencia y contenido emocional. En segundo lugar, se pidió a los delincuentes que describieran un suceso que no fue grabado. Por lo que es probable que algunos de los sujetos no fueran del todo sinceros acerca de los detalles del suceso. En resumidas cuentas, el análisis del lenguaje de los psicópatas revela que describen sucesos emocionales intensos (sus crímenes) de una forma peculiar. En relación con otros individuos, sus relatos contienen más afirmaciones de causa-efecto, más referencias a necesidades fisiológicas básicas, son menos emocionales y menos positivos, muestran un desapego emocional al usar más tiempos en pasado, y revelan una gran falta de fluidez que sugiere que la tarea es cognitivamente exigente. En general, estos resultados abren una nueva ventana a la mente del psicópata, permitiendo deducir que la visión del mundo de un psicópata es fundamentalmente diferente del resto de la especie humana.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Lingüística Forense (2ª parte). Club de las Ciencias Forenses.

Lingüística Forense. Club de las Ciencias Forenses.

Lingüística Forense. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, como ya os adelantamos la semana pasada os ofrecemos la segunda parte del artículo “Lingüística Forense: Una visión general del cruce y la interrelación entre Lengua y Derecho” de la autora Maite Correa de la Universidad Estatal de Colorado (EE.UU.) que nos introduce en el novedoso y desconocido tema de la lingüística forense. En la primera parte ya vimos: la Evidencia Lingüística, la Identificación de la Autoría, los Delitos de Lenguaje y el Lenguaje de la Ley. Esta semana, en la segunda parte tenemos: el Lenguaje en procedimientos legales y discursos en salas de juicios y ¿qué es lo que el lingüista forense no hace?

Lenguaje en procedimientos legales y discursos en salas de juicios
El lenguaje, además de servir para redactar leyes y documentos legales, es también un medio de comunicación entre los agentes de la ley y los sospechosos/testigos, es igualmente el medio de argumentación legal en un juicio. Para poder entender las complejidades de cualquier interacción entre interlocutores, el Principio Cooperativo de Paul Grice y la Teoría de los actos de habla son de gran ayuda. Según el Principio Cooperativo existen cuatro máximas que deben ser respetadas para una comunicación eficicaz: 1. Calidad (no decir lo que puede ser falso o para lo que no se tenga evidencia), 2. Cantidad (no decir más o menos de lo requerido), 3. Narración (relevante), 4. Forma (evitar ambigüedades, ser breve y ordenado). Cuando el orador incumple una máxima, entonces el oyente trata de conciliar lo que ha dicho con la suposición de que está cooperando. Es precisamente esta situación la que conduce al oyente a inferir lo que el orador quiere decir. Así pues, lo que se ha dicho, la intención del orador, y lo que el oyente ha entendido no siempre coinciden. Los actos de habla se analizan a tres niveles: 1. Locucionario (lo que realmente se ha dicho), 2. Ilocucionario (la intención del orador) y 3. Perlocucionario (efecto del acto de habla en los demás).
Otro asunto que ha llamado mucho la atención de los lingüistas forenses es la gestión del “Miranda warning” (la lectura de los derechos de un detenido). A pesar de que su enunciación constituya un acto de habla a nivel locucionario (la lectura de derechos no puede llevarse a cabo a menos que sea dicha), el efecto perlocucionario que tiene en la persona detenida (sin importar que haya entendido o no sus derechos o diga que los entiende) es de vital importancia. En otras palabras, si la lectura de derechos le informa y/o recuerda que tiene derecho a guardar silencio, ¿Porqué aproximadamente el 80% sigue contestando a las preguntas de los policías antes de contratar a un abogado? Una posible explicación es que el “Miranda warning” viola la mayoría de las reglas del inglés hablado y es realmente difícil de entender incluso en las mejores circunstancias. Aunque esta declaración informa del derecho a “la presencia de un abogado durante cualquier interrogatorio”, este derecho debe ser ejercido por el detenido a través de otro acto de habla (solicitar un abogado). Ainsworth (2010) observó que el uso de una forma interrogativa tal como “¿Podría llamar a mi abogado?” o “¿Le importaría que estuviera mi abogado conmigo?” puede impedir que el detenido consiga un abogado, ya que una interrogación no se interpreta necesariamente como una petición. Del mismo modo que una prueba obtenida ilegalmente no puede ser usada en un juicio, una confesión involuntaria o forzada tampoco puede ser admitida. Shuy (1997), en su análisis de interacciones policía/sospechoso enfatizó la naturaleza coercitiva de las preguntas a los sospechosos y la dificultad que tienen de permanecer en silencio en la sala de interrogatorios. Estos son algunos ejemplos de técnicas coercitivas empleadas habitualmente durante los interrogatorios: 1. preguntas cerradas (si/no), 2. preguntas de confirmación, 3. preguntas que presuponen un hecho que aún no se ha demostrado y 4. promesas y/o amenazas. Las preguntas cerradas muestran un mayor control del interrogador que las preguntas abiertas. Las preguntas de confirmación y las que incluyen presuposiciones son incluso más potentes en pruebas determinantes puesto que, sin importar la respuesta, la presuposición “sigue siendo admitida”.
Niños, adolescentes y personas con trastornos cognitivos o mentales son especialmente susceptibles a renunciar a sus derechos, a modificar sus declaraciones, a hacer falsas confesiones, o aceptar declaraciones de culpabilidad. Drizin y Leo (2004), en su análisis de 125 casos demostrados de falsas confesiones inducidas en interrogatorios, encontraron que los métodos psicológicos de manipulación de los interrogadores a menudo llevan a una persona inocente de algún colectivo vulnerable a hacer una falsa confesión. Redlich (2007) fue más allá y mencionó que a pesar de que entre un 70% a un 100% de los menores involucrados en procedimientos judiciales tienen “trastornos diagnosticados”, muchos siguen siendo interrogados como si se tratara de adultos sanos, lo cual hace que la probabilidad de obtener falsas confesiones sea aún más alarmante. Este colectivo no es únicamente vulnerable como sospechoso si no que también lo es como testigo o como víctima de abusos. Aldridge (2010), Eades (2010) y Ellison (2002), analizaron la interacción entre sospechosos/acusados y sus entrevistadores y concluyeron que, aunque habitualmente se establecen medidas para su protección, el interrogatorio está sembrado de recursos lingüísticos y técnicas interrogativas que ponen en situación de desventaja a los que tienen una limitada capacidad de lenguaje debido a su inmadurez o incapacidad. Por último, dentro del colectivo de personas vulnerables se encuentran los que por su origen cultural o lingüístico no están adecuadamente protegidos o representados en el sistema acusatorio. Consecuentemente, este colectivo es mucho más vulnerable a la auto-incriminación y su testimonio suele ser declarado insuficiente, inadecuado, poco fiable, o simplemente inválido.
En los casos en los que se requiere la asistencia de un intérprete, cabe mencionar que lo se transcribe son sus palabras interpretadas y, así, se queda como registro oficial. Berk-Seligson (2002) reveló que la interpretación no solamente es un proceso altamente complejo, si no que además la discordancia entre la función del intérprete y lo que los demás entienden que es da lugar a consecuencias catastróficas. Uno de los mayores obstáculos es que no se le suele prestar mucha atención ni al contenido pragmático del testimonio interpretado ni al sintáctico. Los resultados del estudio demuestran que los intérpretes no interpretan consistentemente “con perfección y exactitud” y que se requiere una formación lingüística para tomar consciencia de la importancia del estilo en un juicio. Por ejemplo, se ha observado que añadiendo el tratamiento señor o señora, los miembros del jurado tienden a considerar al testigo más competente y convincente. Del mismo modo, hacer una versión más vulgar que la original (añadiendo palabras como jodido) “recae negativamente en el acusado”.
La lectura de derechos y las entrevistas que implican necesariamente el lenguaje, que pueden incluso llegar a convertirse en pruebas, generalmente se llevan a cabo sin un intérprete (titulado). Los sospechosos sordos son especialmente vulnerables en estas situaciones, ya que la mayoría de las veces su condición no se reconoce inmediatamente, y como consecuencia, su silencio puede ser interpretado como resistencia o falta de cooperación con la policía.
A pesar de que jueces y jurados son los que tienen la última palabra, los lingüistas pueden ser “extremadamente útiles analizando la estructura discursiva y el contenido lingüístico de los interrogatorios”. Por ello, se ha sugerido repetidamente que, como medida de precaución, las entrevistas entre los agentes de la ley y los sospechosos sean grabadas en todas las etapas del procedimiento. El lingüista puede asimismo ayudar planteando de que maneras la policía puede hacer uso de un lenguaje menos coercitivo durante sus interacciones. En el caso de menores y personas con incapacidades comunicativas, el lingüista podría proporcionar una formación especializada a los entrevistadores con el fin de que sean capaces de evaluar y reconocer las características lingüísticas de un sospechoso y actuar adecuadamente. De igual modo, pueden valorar la competencia y el rendimiento lingüísticos de los no nativos y decidir si poseen habilidades básicas de comunicación interpersonal. El lingüista puede igualmente asegurarse de que el intérprete no está favoreciendo (o desfavoreciendo) al acusado debido a su mala práctica.
El Principio Cooperativo de Grice presenta principalmente dos problemas: asume una situación de discurso ideal, y se limita al acto locucionario de habla. Como consecuencia, también presenta algunas limitaciones: ¿Porqué debería asumirse que cualquiera que esté involucrado en un delito o en una investigación criminal quiere cooperar? En el caso de las interpretaciones en los tribunales, las limitaciones son muy claras: en tanto que el testimonio original no sea grabado para poder compararlo con la versión interpretada, los lingüistas no pueden hacer más que especular sobre la calidad de la interpretación.

¿Qué es lo que los Lingüistas Forenses no hacen?
Contrariamente a la creencia popular, el deber de un lingüista forense no es llevar a cabo análisis de textos para descubrir la intención del autor o describir su perfil psicológico o su estado de ánimo. Otras áreas que se encuentran fuera de su cometido son entre otras: la grafología, el análisis caligráfico o la documentoscopia. Por último, es crucial señalar que lo que el lingüista forense analiza es el lenguaje, no la culpabilidad o la inocencia.

Para concluir, podría afirmarse que la ley es inconcebible sin el lenguaje: sin lenguaje no habría leyes, ni juicios, y en algunos casos, no habría pruebas. Aunque el campo de la lingüística forense todavía está en sus comienzos, su contribución al sistema judicial criminal es significativa. Como cualquier otra disciplina emergente presenta numerosas limitaciones que no deberían pasarse por alto. En primer lugar, la prueba lingüística por si sola a menudo no es suficiente para condenar o exonerar a alguien. En segundo lugar, a pesar de que el análisis lingüístico se está volviendo cada vez más riguroso con la ayuda de la tecnología, sigue sin ser 100% infalible. Finalmente, la imposibilidad de manipulación experimental en los tribunales hace que ciertas asunciones acerca de lo que pasa sean difíciles de demostrar. Mientras sea el caso, lo que debe quedar claro es que cuando los lingüistas actúan como testigos expertos, su objetivo principal es asistir al jurado en la comprensión de la prueba arrojando luz sobre cuestiones que pueden no ser evidentes.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Lingüística Forense. Club de las Ciencias Forenses

Lingüística Forense. Club de las Ciencias Forenses

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Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión os presentamos la primera parte del artículo “Lingüística Forense: Una visión general del cruce y la interrelación entre Lengua y Derecho” de la autora Maite Correa de la Universidad Estatal de Colorado (EE.UU.) que nos introduce en el novedoso y desconocido tema de la lingüística forense. En esta primera parte veremos: la Evidencia Lingüística, la Identificación de la Autoría, los Delitos de Lenguaje y el Lenguaje de la Ley. La semana que viene, en una segunda parte tendremos: el Lenguaje en procedimientos legales y discursos en salas de juicios y ¿qué es lo que el lingüista forense no hace?

La lingüística forense es un subcampo relativamente nuevo dentro de la lingüística aplicada que estudia la diferentes interrelaciones entre el lenguaje y el campo legal. Este artículo aborda la lingüística general con una visión de conjunto del vasto campo de la lingüística forense y hace hincapié en los diferentes modos en los que puede contribuir al sistema judicial criminal. Presenta un resumen de algunos de los casos legales más conocidos y discutidos y explica a grandes rasgos las interrelaciones entre la lingüística aplicada y su emergente campo en tres áreas interrelacionadas: (1) el lenguaje como medio de comunicación entre fuerzas del orden y sospechosos/testigos o como medio de argumentación legal en el juzgado, (2) el lenguaje de la ley y (3) los delitos del lenguaje y las evidencias lingüísticas.

Evidencia lingüística
La evidencia de lingüística forense es cualquier tipo de texto que pueda ser usado en una investigación criminal o como prueba en un juicio (llamadas de emergencia, notas de secuestro, anónimos, notas de suicidio, mensajes de texto, grabaciones policiales, confesiones, declaraciones, etc.).

Identificación de la autoría
La estilística forense (o estilometría) es una técnica que utiliza el análisis lingüístico del estilo de la escritura para identificar al autor. Dado que existe una variación individual, en gran parte inconsciente, en el uso del lenguaje, para establecer la huella lingüística de un texto concreto, se pueden usar diversos métodos de riguroso análisis cuantitativo y cualitativo. Como regla general, la lingüística forense compara los textos presentados como evidencias con otros textos escritos/hablados por el presunto autor y determina la probabilidad de que esa persona u otra diferente haya producido el texto cuestionado. Un ejemplo famoso de identificación forense es el caso Prinzivalli. Prinzivalli era un empleado de Aerolíneas Panamericanas sospechoso de realizar amenazas de bomba por teléfono a su jefe en Los Ángeles porque: a) se sabía que era un empleado infeliz, y b) era de Nueva York (se creía que el que hacía esas amenazas tenía acento neoyorquino). Se escuchó una grabación de la amenaza original y otra con muestras realizadas por el sospechoso. En base a la distribución de algunas vocales, se pudo determinar que la persona que amenazaba era en realidad del este de Nueva Inglaterra y no de Nueva York (Prinzivalli fue exculpado).
Los mensajes de texto (SMS) son otro tipo de evidencia lingüística que está siendo cada vez más usada en los juicios. Por ejemplo, en el caso de Danielle Jones, una chica que desapareció en 2001, dos mensajes enviados desde su teléfono móvil a su tío después de su desaparición fueron cruciales en la identificación de su posible raptor y asesino. Se compararon 65 mensajes que la chica había enviado durante los tres días anteriores a su desaparición con esos dos últimos en cuestión. En función de una serie de opciones lingüísticas ausentes o infrecuentes en el corpus de Danielle, se pudo determinar que “era bastante probable” que no los escribiera ella, lo que quiere decir que seguramente otra persona haciéndose pasar por ella lo hiciera (en este caso, su tío).

Delitos de lenguaje
Se puede decir que existe una gran variedad de delitos de lenguaje, como la proposición, la conspiración, el soborno, el perjurio, la difamación, las amenazas, y el plagio entre otros. En este caso, la principal diferencia entre este tipo de delitos y otros en los que hay evidencias lingüísticas es que basta la amenaza verbal, la solicitación o la oferta para que se constituya el delito. En estos casos la dificultad no radica en identificar al autor si no en determinar si ha habido o no delito. Como estos delitos son en esencia actos de habla, hay que tener en cuenta no solo lo que se ha dicho (acto locucionario), si no también lo que se quiere decir (acto ilocucionario) y el efecto que tiene en el oyente (acto perlocucionario).
El concepto de contaminación coloquial (Shuly 1993), es igualmente crucial para determinar si se ha cometido un delito de lenguaje o no. En una conversación en la que, por ejemplo, tiene lugar una conspiración o solicitación, es muy importante fijarse en quien ha introducido el tema y como responde la otra persona.
Finalmente, en otro caso mencionado por Solan y Tiersma, un hombre llamado Lawrence Gerenstein fue acusado de conspiración y proposición para matar a su mujer. Incluso con la ausencia de una proposición directa al otro hombre, se incriminó a sí mismo hablando de los diferentes tipos de armas que se podían utilizar para perpetrar el crimen.
El deber de un forense lingüista, como en cualquier investigación forense, es observar lo que puede no ser evidente a simple vista. Sabe lo que tiene que escuchar en una conversación (estrategias de respuestas, patrones de interrupción, duración de las pausas, actos del habla, inferencias, etc.). Los lingüistas forenses deben poseer una gran experiencia en diversas áreas de análisis lingüístico. Del mismo modo, los que se encargan de los delitos de lenguaje necesitan una sólida formación práctica. Después de llegar a sus conclusiones, deben transmitirlas de manera sencilla y no técnica a su audiencia.
En cuanto a las limitaciones, las numerosas variables que entran en juego en la identificación de la autoría mediante la lingüística forense pueden afectar considerablemente a su fiabilidad. El lingüista no siempre tendrá la suerte de encontrar una palabra u otra evidencia que le guíe a una conclusión firme. Por esa razón, muchos análisis lingüísticos pueden ser inconcluyentes, y consecuentemente, no usados en el juicio. El uso práctico tampoco está exento de limitaciones. Por ejemplo, la diferencia entre actos locucionarios, ilocucionarios y perlocucionarios no está siempre clara, lo que hace altamente problemática la atribución de intencionalidad. Además, el hecho de depender de grabaciones de audio sin poder tener en cuenta el lenguaje corporal o confiar en la explicación de lo que el testigo cree que se dijo, pueden volver la evidencia imprecisa o inadmisible en el juicio.

Lenguaje de la ley: inteligibilidad e interpretación del lenguaje legal
La gente corriente tiene que ocuparse regularmente de numerosos documentos legales (contratos, estatutos, bienes raíces, testamentos, etc.). En general el lenguaje legal resulta “extremadamente difícil de usar para sus consumidores no expertos”. Debido a esto, los lingüistas forenses han llevado a cabo una considerable cantidad de investigaciones que demuestran, contrariamente a la creencia popular, que el lenguaje legal empleado en las transacciones cotidianas solo es accesible a un reducido porcentaje de la población (p. ej.: planes de pensiones y notificaciones de tarjetas de crédito). Aunque los jueces a menudo se apoyan en los diccionarios para dar con las definiciones oficiales de las palabras que encuentran en la legislación, los lingüistas forenses prefieren basar sus definiciones en la observación del uso actual de esas palabras. Puesto que esas palabras cotidianas empleadas en la jerga legal tienen significados muy diferentes (homónimos legales). Por ejemplo, se puede mencionar el caso de un hombre que tenía una orden de alejamiento contra él. Este deslizó una carta de disculpa por debajo de la puerta de su compañera, por lo que fue acusado de haberla importunado, de haberse entrometido en su vida o de haberla amenazado. Evidentemente, el problema estuvo en que el acusado no conocía la definición legal de los términos y no creyó que “una inocente disculpa” pudiera ser considerada por la ley como una amenaza o un acto inoportuno. Varias investigaciones han analizado la complejidad del lenguaje de las instrucciones que se dan a los miembros de un jurado popular y como la falta de comprensión puede derivar en consecuencias fatales. El lingüista forense Levi demostró en un caso de condena a muerte que la mayoría de los miembros del jurado pudo haber comprendido mal los puntos fundamentales de la ley que se aplicó en ese caso.
En estos casos lo que los lingüistas forenses pueden hacer es modificar ese lenguaje con el fin de hacerlo más accesible a los usuarios colaborando con diseñadores de documentos y abogados. Pueden sugerir diferentes formulaciones y los abogados asegurarse de que el significado sigue siendo el que se le quería dar.
En cuanto a las limitaciones, mientras que puede parecer sencillo probar que un texto es denso, complejo o difícil de entender, es muy complicado demostrar si una persona en particular lo ha entendido o no.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de las Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno