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Categoría: Medicina

Síndrome de Munchausen por Poder. Club de las Ciencias Forenses.

Sindrome de Munchausen por poder Club Ciencias Forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Síndrome de Munchausen por poder”, de los autores María Fernanda Cujiño, Andrés Dávila, Mónica María Sarmiento, María Inés Villareal y Roberto Chaskel, de la Universidad de Bogotá, que realizan una revisión sobre el síndrome de Munchausen por poder en niños.

En el siglo XVIII, Karl Friedrich Hieronymus, barón de Münchhausen, se hizo famoso por contar historias de aventuras fantásticas que nunca le habían sucedido, como haber bailado en el estómago de una ballena o haber viajado a la luna. No fue hasta 1951 cuando el doctor Richard Asher, en honor al fantasioso barón, tomó su nombre para identificar a un peculiar síndrome consistente en fingir síntomas de enfermedad en ausencia de ésta. Es importante diferenciarlos de aquellos que simulan las dolencias para obtener algún beneficio o evitar responsabilidades, como sería el caso de cobrar un seguro médico o evitar la cárcel.  Los que adolecen este síndrome no buscan incentivos externos más allá de la atención médica que logran como pacientes.

Una variante de este síndrome es el Munchausen por poder, también conocido como trastorno facticio impuesto a otro, que como su nombre indica consiste en atribuir la enfermedad a otra persona, llegando a provocarle los síntomas incluso. Es frecuente que las víctimas en este caso sean menores de edad por lo que es considerada una forma de maltrato infantil potencialmente peligrosa y muy distinta de la que acostumbramos a tratar.

Los elementos esenciales del síndrome son la presencia de síntomas físicos o psicológicos que pueden ser inventados o producidos por los padres o cuidadores y que además remiten al separar a los niños de ellos y la negación por su parte de haber perpetrado la farsa. Los padres o cuidadores tienen la necesidad de enfermar al niño o de llamar la atención de esta forma. El problema radica en que no se posee una manera fácil de detectar las señales de este síndrome, por lo que es complejo ayudar a la sospecha diagnóstica ya que cualquier sistema puede encontrarse comprometido (respiratorio, gastrointestinal, cardiovascular) e incluso a veces presentar síntomas de diversas enfermedades al mismo tiempo. El síntoma más frecuente es el sangrado de cualquier tipo (44%), seguido de convulsiones (42%), apnea (15%), diarrea (11%), vómito (10%) y fiebre (10%).

Se ha calculado que existe una incidencia anual de 0,5 a 2 por cada 100000 niños menores de 16 años. La prevalencia es por igual en ambos sexos y la edad promedio es entre los tres y los cuatro años, aunque incluso se han observado casos en fetos. Y el intervalo entre el inicio de los síntomas y el diagnóstico es de 15 meses. Por lo general, la causante es la madre.

Como decíamos, no es fácil detectar este síndrome, pero hay algunas señales que pueden servir de indicadores a los clínicos:

  • Enfermedad persistente o recurrente que no puede ser explicada adecuadamente con una base médica.
  • Signos y síntomas que aparecen en la presencia del cuidador y desaparecen en su ausencia.
  • Madre sobreinvolucrada con la atención del paciente y siempre presente en el hospital.
  • El caso descrito parece un trastorno raro.
  • Ausencia de respuesta a tratamientos adecuados.
  • Discrepancia entre la historia, los hallazgos clínicos y el buen estado del niño.
  • Madre menos preocupada que el personal médico acerca de la enfermedad del paciente.
  • Familias con antecedentes previos de muertes infantiles inexplicadas.
  • Cuidador con experiencia o entrenamiento en el campo de la salud.
  • Historia psiquiátrica de la madre.
  • Conducta extraña de la madre en el hospital.
  • Gran cantidad de exámenes paraclínicos realizados y dentro de los límites normales.

Además, es importante conocer a los padres para ver sus perfiles. En general, los padres tienen buena relación con el equipo médico hasta que se descartan las causas orgánicas de la enfermedad de su hijo. La mayoría serán madres con experiencia o cercanía al área de salud y padres que no saben de la supuesta enfermedad o están poco involucrados en el cuidado del niño, frecuentemente con trabajos que les alejan de la familia por largos periodos de tiempo y una relación marital pobre.  Además, podemos ver que las madres son sobreprotectoras, aunque más afectivas con sus hijos cuando hay personas delante, y no reaccionan bien cuando se les discute sobre la enfermedad del niño o de las técnicas médicas a emplear.

La tasa de mortalidad de los niños diagnosticados es de 9%, siendo las causas de muerte más frecuente son sofocación y envenenamiento. En aquellos pacientes que no habían sufrido previamente heridas físicas y volvieron con sus familias se encontró evidencia de maltrato en 17% a los dos años de seguimiento. Algunos estudios añaden que, en caso de muerte en el primer niño, los padres inician el síndrome en otros niños de la casa. También se ha observado el patrón de que, al crecer, los niños se vuelven colaboradores y aceptan su papel de enfermos, aprendiendo pasivamente a tolerar los procedimientos médicos. Son niños que en un futuro muestran comportamiento hipocondriaco y llegan a ser perpetuadores del síndrome de Munchausen con sus propios hijos.

En conclusión, aún sabemos poco de este tipo de abuso que, por lo general, tiene como víctimas a los niños. A pesar de tener algunos indicadores basados principalmente en el perfil psicológico de los padres, es difícil dar una respuesta rápida ya que por las diversas formas de manifestarse el maltrato no es hasta que falla el tratamiento que podemos empezar a sospechar que se trata de una sintomatología provocada. Sin embargo, una vez detectado es importante la intervención tanto en el adulto perpetrador como en el propio niño para evitar que en un futuro continúe esa cadena de atrocidad.

En busca de los “Ángeles de la Muerte”: Conceptualización del enfermero asesino en serie contemporáneo. Club de las Ciencias Forenses.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “In Search of the ‘Angels of Death’: Conceptualising the Contemporary Nurse Healthcare Serial Killer”, de los autores Elizabeth Yardley y David Wilson, en un estudio de la Universidad de Birmingham, que hacen una revisión acerca de los asesinos en serie conocidos como “ángeles de la muerte” que actúan en el ámbito sanitario.

Inteligentes o no tanto. Jóvenes o maduros. Algunos son hombres, otros son mujeres. De distintas orientaciones sexuales. Médicos, enfermeras o meros asistentes. Hay una enorme diversidad tras este colectivo que en principio sólo parece tener una cosa en común: su capacidad para matar a la gente a la que deberían cuidar.

Son los llamados ángeles de la muerte. Se considera así a los empleados del sistema sanitario que hayan aprovechado su posición laboral para cometer al menos dos asesinatos en dos incidentes separados y poseer la capacidad psicológica de seguir haciéndolo. Entrarían dentro de este grupo médicos, enfermeros o cualquier persona que tenga a otras a su cargo y cuidado como trabajadores de residencias de ancianos. Este cargo “estratégico” les otorga la posición de poder sobre sus víctimas para decidir sobre la vida y la muerte. Víctimas que, por otro lado, se encuentran en un estado de indefensión, de enfermedad o de padecimiento crónico, lo que las convierte en víctimas ideales y de bajo riesgo para el asesino.

Algunas de las señales de advertencia que se han asociado con los ángeles de la muerte son los siguientes rasgos de personalidad o comportamientos:

  • Trasladarse de un hospital a otro.
  • Relaciones personales difíciles o reservadas.
  • Historia de inestabilidad mental o depresión.
  • Predice cuando alguien va a morir.
  • Comentarios extraños o afirmaciones sobre ser “gafe”.
  • Le gusta hablar sobre la muerte o hace comentarios extraños cuando alguien muere.
  • Durante su turno de trabajo hay una mayor incidencia de muertes.
  • Se muestra excesivamente entusiasmado acerca de sus habilidades.
  • Hace declaraciones inconsistentes cuando es interrogado acerca de las muertes.
  • Prefiere los turnos nocturnos o en los que haya menos compañeros.
  • Están asociados a incidentes en otros hospitales.
  • Ha estado involucrado en otras actividades criminales.
  • Sus compañeros se sienten ansiosos acerca de él o sospechan de él.
  • Busca captar atención.
  • Intentan evitar que otros supervisen a sus pacientes.
  • Se involucran durante la investigación de las muertes.
  • Están en posesión de drogas en sus casas o sus taquillas.
  • Mienten acerca de información personal.
  • Están en posesión de libros sobre venenos o asesinatos en serie.
  • Han tenido problemas disciplinarios.
  • Parecen tener un trastorno de la personalidad.
  • Tienen un problema de abuso de sustancias.

Por desgracia, no se sabe decir cuántas de estas señales deben de verse juntas para considerarlo un indicador o cuáles son mejores indicadores que otros. Y por ahora tampoco sabe decirse si un mayor número de estos rasgos correlaciona con una mayor tasa de asesinatos. Por ello, el objetivo de esta revisión de casos es servir de utilidad tanto a los hospitales como a la comprensión criminológica a la hora de detectar y comprender este subtipo de asesino en serie que por ahora ha pasado de puntillas por la investigación académica.

Para una revisión algo más exhaustiva se analizaron 41 casos de enfermeros que habían trabajado en un hospital y habían cometido mínimo dos asesinatos. Sin embargo, se excluyeron después de la lista los casos que apelaron o que más tarde fueron condenados por homicidio involuntario en lugar de asesinato. Se recogieron datos sociodemográficos de los distintos casos utilizando registros legales como Lexis y Westlaw, y con informes de prensa obtenidos a través de Nexis (base de datos electrónica con los principales periódicos británicos y unos 2000 periódicos del resto del mundo).

Finalmente la muestra se vio reducida a 16 asesinos (9 mujeres y 7 hombres). Los asesinatos ocurrieron entre 1977 y 2009, principalmente en Estados Unidos y Europa. Las edades fueron muy diversas, aunque la mitad de ellos estaban en la franja de edad entre 31 y 40 años. Respecto al número de asesinatos, a la mayoría se le asignan menos de 10 asesinatos (12 de 16). Existen casos de asesinos a los que se les han estimado más de 400 víctimas, pero no parecen representativos de este grupo. Respecto al tiempo de actividad, a gran parte les cogieron antes de los tres meses, aunque no hay ninguna tendencia temporal, llegando algunos a prolongar su actividad hasta los dos años. Así mismo, la mayoría cometieron sus crímenes en un único hospital o centro, aunque este dato ha de ser tomado con precaución: No puede descartarse que cometieran más crímenes en otros emplazamientos que hayan podido no ser detectados o para los que los fiscales no hayan logrado suficientes pruebas.

Respecto al género de las víctimas, salvo raras excepciones que mostraban predilección por un sexo en concreto, en la mayoría de casos encontramos que los ángeles de la muerte asesinan por igual a hombres y mujeres. En cuanto a las edades, podemos ver que la mitad de nuestra muestra asesinaban a adultos y personas de edad avanzada, además de un tercio que mataban únicamente a personas ancianas. Elegir como víctimas a niños o jóvenes es algo raro según estos datos. Además, la gran mayoría de ángeles de la muerte prefieren utilizar un único método para sus crímenes, siendo además el envenenamiento el método más popular. La sustancia utilizada en cambio es muy variada, siendo la más popular la insulina (19%).

Se ha intentado hacer una correlación entre estos datos y las 22 señales de alerta que antes mencionábamos. Se encontró que el asesino que más señales mostró fueron 11 pero los datos fueron muy dispersos. Aunque sí se encontró que los indicadores más comunes eran: mayor incidencia de muertes en su turno (94%), historia de inestabilidad mental o depresión (62,5%), provoca ansiedad a sus compañeros (56%), posesión de drogas (50%) y aparente trastorno de la personalidad (50%). Sin embargo, algunos indicadores no salieron ni una vez en esta muestra: Evitar que otros supervisen a sus pacientes, involucrarse en la investigación de la muerte y mentir sobre información personal. Aunque es importante tener en cuenta que los datos son poco fiables dado que están sujetos a interpretación al ser rasgos de personalidad y conductas poco específicas. (¿Moverse regularmente de un hospital a otro cada cuanto tiempo sería para decir que sí? ¿Cómo se mide objetivamente que alguien intente llamar la atención?).

En conclusión, esta investigación ha arrojado algo de luz a un subtipo de asesinos en serie poco estudiados como lo son los ángeles de la muerte. Sería interesante poder ampliar la muestra para lograr datos más fiables y que se perfeccionara la lista de indicadores con aclaraciones más precisas, de manera que podamos detectar a tiempo a estos criminales.

Estimación de la edad dental en niños españoles. Club de las Ciencias Forenses.

Edad dental infatil. Club de las Ciencias Forenses.

Edad dental infatil. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados amigos del Club de las Ciencias Forenses, la investigación realizada por Gonzalo Feijóo, Elena Barbería, Joaquín De Nova y José Luís Prieto, todos miembros de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), que presentamos en este artículo, aborda un tema de gran interés para la antropología forense, como es el conocimiento de la edad cronológica a partir de la estimación de la edad dental.

El objetivo de este estudio fue el de aplicar el método de cálculo de edad dental propuesto por Demirjian a una muestra de niños españoles, seguido de una comparación entre sus edades dental y cronológica. Este estudio también se propuso crear diversas tablas para plasmar la edad dental específica, utilizando los datos de madurez obtenidos en la muestra.

El presente estudio se realizó sobre una muestra de 1.010 ortopantomografías tomadas a niños españoles (485 niños y 525 niñas) de entre 2 y 16 años de edad. Se encontró que la edad dental estimada media superó la cronológica, tanto en los niños como en las niñas, con diferencia de medias de 0,87 y 0,55 años, respectivamente. Finalmente, se adaptó el método de Demirjian a esta muestra de estudio para obtener las tablas y las curvas de conversión específica. Todas las radiografías fueron tomadas en la Facultad de Odontología de la UCM y el protocolo del estudio fue aprobado previamente por el Comité de Ética de la UCM en el Comité de Investigación Clínica.

En los niños participantes en el estudio, se halló que la edad dental media establecida por el método de Demirjian fue mayor que la edad cronológica media para todos los grupos de edad, con diferencias de 0,87 años. Las diferencias encontradas fueron estadísticamente significativas para todos los grupos, a excepción de los niños de 12 y 13 años de edad. En el caso de las niñas, la edad dental media determinada fue superior a la edad cronológica real de todos los grupos, a excepción de los de 3 y 15 años de edad. Las diferencias fueron estadísticamente significativas para todos los grupos, excepto para los de las edades de 3, 13, 14 y 15 años. En general, si nos fijamos en las niñas en todos los grupos de edad, la edad media estimada dental fue 0,55 años mayor que la media de la edad cronológica.

Existen dos parámetros macroscópicos fundamentales que deben ser considerados como indicadores de la edad biológica de una persona: el desarrollo óseo (estudiando el cierre de la epífisis) y la edad dental. Numerosos autores han demostrado que la madurez ósea está decisivamente influenciada por factores externos, ambientales, nutricionales u hormonales, por lo que a veces puede darse una falta de correspondencia entre el hueso y la edad cronológica. En contraste, la odontogénesis parece ser un indicador muy útil de la madurez y, por lo tanto, de la edad biológica, ya que el desarrollo del diente está menos influenciado por factores externos.

Desde el punto de vista forense, el estudio del desarrollo dental es a veces la única aproximación fiable de la edad cronológica de un individuo, una pieza fundamental de información para los procesos de escolarización y de adopción, así como para la identificación de los niños desaparecidos y fallecidos. Se han propuesto diferentes métodos para evaluar la madurez dental y estimar la edad dental con base en dichas evaluaciones. La mayoría se basan en la observación de las diferentes etapas de la formación, que se define por los diferentes autores a través de los registros radiográficos. En este estudio se optó por utilizar el método propuesto por Demirjian debido a su simplicidad y a que se basa en ortopantomografías, que permite una estandarización mucho más fiable. Además, se trata de uno de los métodos más utilizados y muestra una óptima reproducibilidad y concordancia. Sin embargo, numerosos estudios han puesto de manifiesto la necesidad de adaptar este sistema de puntuación, debido a la costumbre de aplicar las normas elaboradas en la población francocanadiense original a poblaciones de origen europeo. Por ello, uno de los objetivos de este estudio fue el de aplicar los estándares de madurez propuestos por Demirjian a una muestra de población española para poner a prueba su fiabilidad.

Después de analizar los resultados obtenidos tanto para niñas como para niños, se constata que la edad media estimada utilizando el método de Demirjian fue mayor que la edad cronológica legal de la muestra para la mayoría de los grupos de edad estipulados. Entre los varones, la diferencia media entre la edad cronológica y estimado fue de 0,87 años. En las niñas la diferencia media fue de 0,55 años. Estos datos son una indicación indirecta de que el desarrollo de nuestra población se produce antes de lo que lo hace en la muestra estudiada por Demirjian. Calculando así la edad dental en nuestra población, utilizando las directrices propuestas por este autor, el estudio arrojará datos inexactos ya que la edad dental estimada no se corresponderá con la edad cronológica.

Esta discrepancia es consistente con los hallazgos de otros autores, quienes coinciden en que la aplicación directa del método de Demirjian para el cálculo de edad dental se traducirá en una estimación incorrecta de la edad cronológica. Existen resultados que apoyan estos datos tras la realización de una serie de estudios llevados a cabo entre españoles, británicos, polacos, indios, noruegos, turcos, australianos, árabes, malasios e iraníes, entre otros.

Todo lo anterior lleva a considerar la necesidad de adaptar el método de Demirjian a la población en nuestra área geográfica. El elenco de datos se plasmó en curvas específicas de madurez y, basándose en ellas, en tablas de conversión, con el fin de que la puntuación de la edad dental Demirjian pudiera ser adaptada a la muestra española. Por lo tanto, estas tablas permitirán el cálculo de la edad dental de los niños españoles utilizando el sistema propuesto por Demirjian.

Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

Los accidentes automovilísticos como método de suicidio: una visión global. Club de las Ciencias Forenses.

Los accidentes automovilisticos como metodo de suicidio: una vision global

Los accidentes automovilísticos como método de suicidio. Club de las Ciencias Forenses.

El tema que abordamos hoy, queridos seguidores del Club de las Ciencias Forenses, es de gran importancia para la sociedad actual, ya que abre vías de investigación que permiten conocer mejor las causas de los accidentes de tráfico lo que redundará en una reducción de los mismos. Esta investigación ha sido llevada a cabo por Mario Amore de la Universidad de Parma (Italia), Maurizio Pompili, Gianluca Serafini, Marco Innamorati, Franco Montebovi, Mario Palermo, Sandra Campi, Henry Stefani, Gloria Giordano, Ludovica Telesforo, y Paolo Girardi, todos de la Universidad Sapienza de Roma (Italia).
La literatura de investigación proporciona numerosas evidencias sobre la posible relación entre los conductores implicados en accidentes de un solo coche y un intento de suicidio. Algunos expertos han destacado el papel de las motivaciones inconscientes suicidas en algunos de estos accidentes. Este artículo revisa la literatura relevante sobre este tema y arroja luz sobre los factores que podrían desempeñar un papel central en la reducción del número de muertes por accidente de tráfico.

Se estima que en el 2% de los accidentes de tráfico existen comportamientos suicidas, aunque la asociación directa entre el accidente en sí y los impulsos inconscientes autodestructivos sea todavía difícil de determinar. Algunos de los comportamientos que culminan en un accidente parecen ser el resultado de una actividad mental inconsciente, incluida la percepción del bienestar subjetivo y los rasgos neuróticos de la persona. En general, los accidentes de un solo vehículo con un único ocupante rara vez son certificados como suicidio por los médicos forenses. Sin embargo, hay que tener muy en cuenta que el 8% de los conductores fallecidos y el 6% de los conductores heridos habían experimentado algún grado de tendencia suicida en los dos años anteriores a su accidente. Mientras que el 5,9% de todas las muertes de conductores podría ser clasificado como suicidio, la cifra dada en las estadísticas oficiales durante los últimos años sólo ha sido del 2,7%.

En un reciente estudio se ha establecido una relación del 60% entre el suicidio y los accidentes en los pacientes con trastorno bipolar. También se identificaron como síntomas más frecuentemente asociados a los accidentes, manía inicial, posterior y concurrente, manía o hipomanía y posiblemente también abuso de alcohol. Resulta elocuente que el comportamiento de alto riesgo está vinculado a la conducta auto-destructiva indirecta. A menudo, las primeras experiencias vitales traumáticas, como el abuso físico en la infancia, se pueden identificar en aquellas personas que manifiestan conductas de riesgo y comportamiento autodestructivo.

La teoría de que ciertos accidentes automovilísticos fatales pudieron ser suicidios fue apoyada por Selzer y Payne, quienes encontraron que los pacientes suicidas habían estado involucrados en el doble de accidentes de tráfico que los pacientes no suicidas (se encontró también esta diferencia entre los pacientes alcohólicos y los que no lo eran). Hernetkoski y Keskinen investigaron los accidentes de tráfico en Finlandia y observaron que tanto el número de suicidios como los conductores negligentes habían aumentado de manera significativa durante el período 1974-1992. Por su parte, Grossman encontró que muchas hospitalizaciones por lesiones y una notable proporción de accidentes en adultos jóvenes podrían representar en gran parte intentos de suicidio no reconocidos. Asimismo, en un estudio en el norte de Noruega, realizado por Bjornstig, en el que se produjeron 293 muertes por accidentes de tráfico, el 4% de ellos fueron considerados como posibles suicidios. Por su parte, en una encuesta a gran escala, Murray y De Leo encontraron que el 14,8% de las personas que reconocieron la planificación de un suicidio habían pensado en causarlo provocando un accidente automovilístico. La dependencia, el egocentrismo, la falta de reflexividad, el mal control de la hostilidad, rasgos depresivos, estrés, baja tolerancia a la tensión, impulsividad, beligerancia, negatividad y egocentrismo son algunas de las características que se han encontrado frecuentemente entre los conductores implicados en varios accidentes.

Una autopsia psicológica ayudaría a aclarar una muerte equívoca, entrevistando a personas que conocieron al individuo fallecido (cónyuge, hijos mayores de edad, vecinos, empleados y médicos), así como el análisis de la historia clínica de la persona fallecida. Se plantean por lo menos tres preguntas ante las que la autopsia psicológica puede aportar respuestas: ¿por qué las personas lo cometen?, ¿cómo la persona ha muerto? y ¿cuál es el modo más probable de la muerte? Murphy indicó que las autopsias completas deberían realizarse de forma rutinaria en percances de un solo vehículo con un solo ocupante fallecido, para que tanto la causa como la forma de la muerte pudieran documentarse del modo más claro posible. También, los médicos de los servicios de urgencias tendrían que cotejar la presencia de ideas suicidas u otros factores de riesgo para el suicidio (depresión o deseos de muerte en el pasado reciente) con miembros de la familia, dentro de la evaluación de los conductores que tuvieron un accidente de tráfico en el que el mecanismo del accidente fue difícil de explicar.

Los impulsos autodestructivos inconscientes y los accidentes de tráfico no pueden ser vinculados directamente a día de hoy. Se ha comprobado que los individuos con mayor riesgo de suicidio toman con frecuencia drogas psicotrópicas (antidepresivos y benzodiacepinas), factor asociado a un mayor riesgo de tener un accidente de tráfico como conductor y que hay que tener en cuenta en futuros estudios. No existe una técnica concreta que sea utilizada para evaluar los resultados de las distintas estrategias preventivas. Sí se ha visto que los conductores que habían tenido ideas suicidas en los doce meses anteriores a su estudio y no estaban recibiendo medicación de manera regular tenían un mayor riesgo de tener un accidente. Sin embargo, no se encontró ninguna asociación significativa entre la encuesta de pensamientos suicidas y el riesgo de accidente con lesión entre los conductores que recibían tratamiento antidepresivo regular.

La evidencia que sugiere la existencia de una asociación entre los accidentes de tráfico individuales y el suicidio no es firme todavía, pero este tema es digno de investigación futura y podría conducir a una mejor comprensión de las causas de los accidentes de tráfico y las propuestas para reducir su incidencia.

Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

La esquizofrenia y sus implicaciones para la criminología. Club de las Ciencias Forenses.

Esquizofrenia

La esquizofrenia como patología forense. Club de las Ciencias Forenses.

En esta ocasión, apreciados seguidores del Club de las Ciencias Forenses, nos complace presentarles el artículo elaborado por Anthony Walsh de la Universidad Estatal de Boise (EE.UU.) y por Ilhong Yun de la Universidad Chosun (Corea del Sur) que se ocupa del controvertido trastorno de la esquizofrenia.

Recientemente William Johnson (2011) destacó el carácter preocupante de las enfermedades mentales en general, y de la esquizofrenia en particular, por la relativa falta de atención que estos enfermos tenían en su interacción con los sistemas de justicia. Así, advirtió que las cárceles en Estados Unidos, hoy en día, se han convertido en hospitales psiquiátricos de sustitución. Este hecho pone de manifiesto la importancia de conocer y comprender el comportamiento de los esquizofrénicos y su interacción con la justicia. Fisher (2006) consideró además fundamental la comprensión de esta enfermedad debido a que es la que más a menudo está en asociación con el comportamiento criminal.

Así, la esquizofrenia es uno de los trastornos psiquiátricos más extendido, siendo de carácter progresivo y pasando, por lo tanto, inadvertido hasta que los síntomas se manifiestan de forma evidente. Algunos pacientes pueden mejorar con la edad, y sus síntomas aparecer de manera episódica. Afecta a hombres y mujeres por igual, teniendo una edad de inicio más temprana en los hombres (adolescencia) que en las mujeres (20 a 30 años). Cuanto antes aparezca la enfermedad, más graves pueden llegar a ser las deficiencias generadas. La esquizofrenia se manifiesta en una gran cantidad de subtipos, según los síntomas, siendo el paranoide (hostil y desconfiado), el más propenso a la agresión física. Así las cosas, hay que dejar constancia de que aunque no existe una cura para esta enfermedad, los síntomas son manejables, pudiendo llevarse una vida productiva bajo un tratamiento adecuado.

Los síntomas de la esquizofrenia son tanto positivos como negativos. Los positivos incluyen delirios (creencias sin base en la realidad), trastornos del pensamiento (usar palabras sin sentido), alucinaciones (oír, ver y oler cosas que no están allí) y trastornos del movimiento (movimientos lentos y gestos repetitivos). Los síntomas negativos incluyen la anhedonia (incapacidad para experimentar emociones placenteras), alogia (pobreza del lenguaje) abulia y apatía (falta de energía e interés), aislamiento social y problemas cognitivos de atención. La severidad de estos síntomas varía ampliamente entre los individuos, razón por la que la esquizofrenia se considera un trastorno del espectro, en lugar de una enfermedad concreta que uno o bien tiene o no tiene (Garrett, 2009).

La genética juega un papel muy importante en el desarrollo de la esquizofrenia, mostrándose, según múltiples estudios, una heredabilidad promedio del 80% (Keshaven y colaboradores, 2011). Existen tasas de concordancia para la esquizofrenia en gemelos monocigóticos con independencia de que se hayan criado juntos o separados, lo que sugiere que las influencias ambientales ocurren antes del nacimiento o durante el periodo perinatal.

Se han estudiado modelos de neurodesarrollo relacionados con la esquizofrenia a través de la genética, la epigenética, la inmunología y los dos periodos especialmente críticos para el desarrollo cerebral, el prenatal/perinatal y la adolescencia. Además, una amplia variedad de agentes infecciosos se han relacionado con la esquizofrenia, centrándose, por lo tanto, una gran cantidad de investigación en torno a la respuesta inmune (Meyer y Feldon, 2009). Cuando el sistema inmunitario detecta una sustancia extraña en el cuerpo del anfitrión, éste moviliza una gran cantidad de células especializadas para lanzar un ataque contra ella. Estas células liberan una clase de proteínas llamadas citoquinas, que llevan señales de célula a célula sobre la ubicación del antígeno (el cuerpo extraño), y alteran el funcionamiento de la célula para iniciar la respuesta inmune. Así, las citoquinas liberadas por el sistema inmune de la madre embarazada (y/o la placenta o el sistema inmunitario fetal) en respuesta a una infección, pueden ser las responsables de la interacción entre la infección de la madre durante el embarazo, la alteración del desarrollo neuronal y las enfermedades mentales (Depino, 2006).

Por lo que respecta a la relación entre la esquizofrenia y el comportamiento criminal, según Elbogen y Johnson ( 2009 ), después de décadas de negar la existencia de una relación entre la enfermedad mental y la delincuencia , la comunidad psiquiátrica ha revertido su posición, a pesar de que todavía hay cierta reticencia a afirmar el vínculo entre el crimen y la esquizofrenia, por miedo a estigmatizar aún más a un grupo ya muy estigmatizado , pero la evidencia (incremento de las tasas de detención de esquizofrénicos) no puede ser desestimada o ignorada. Un estudio sueco concluyó que las personas con psicosis tienen hasta cuatro veces más probabilidades de tener antecedentes penales que los miembros de una población general (Tuninger y colaboradores, 2001). No obstante, hay que dejar claro que la violencia impulsada por la psicosis sigue siendo una parte muy pequeña del problema de la violencia en la sociedad (Taylor, 2008).

En otro orden, el abuso de sustancias en personas con esquizofrenia, se estima en un 50% frente al 15% de la población general (Musser y colaboradores, 2013), derivado de un intento de automedicación, erróneo, que a su vez pone a las personas con esquizofrenia en riesgo de realizar mayor número de comportamientos violentos. Taylor (2008) afirma que las personas con esquizofrenia también son las de mayor riesgo de ser victimizadas.

Con todo, es de gran importancia que tanto los criminólogos miembros del Equipo de Intervención en Crisis (CIT) en Estados unidos, como el Equipo Móvil de Crisis (MCT) de Canadá, así como todos los profesionales que realicen intervención de urgencia con enfermos mentales, tengan conocimiento y entrenamiento en relación a la psicopatología del comportamiento delictivo. Igualmente es fundamental que conozcan esta área de estudio los agentes de la libertad condicional.

La medicación es fundamental para la estabilización del enfermo de esquizofrenia. Actúa estabilizando las funciones biológicas mediante la reducción o eliminación de los pensamientos engañosos y la reducción de la ansiedad. Las terapias cognitivo conductuales, las terapias de intervención familiar y de habilidades sociales, son las consideradas de mayor utilidad para la normalización de estos pacientes.

Club de las Ciencias Forenses.

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

3D- MSCT: Tomografía Computarizada. Club de las Ciencias Forenses.

Utilización de la Tomografía computarizada multicorte en la investigación médico forense. Club del Lenguaje no Verbal.
La Tomografía computarizada multicorte en la investigación médico forense.
Club de las Ciencias Forenses.

Estimados seguidores del Club de las Ciencias Forenses, hoy disfrutaremos de la lectura de los beneficios que nos proporcionan el uso de  las nuevas tecnologías en las investigaciones forenses, en concreto, el uso de la  tomografía computarizada multicorte  en tres dimensiones (3D-MSCT: Multi-slice computer tomografy).  Así, en el presente artículo, publicado por T. Colard, Y. Delannoy, V. Hedouin, C. Marechal (todos ellos pertenecientes a la Universidad de Lille Nord de France), F. Bresson (Instituto Nacional de la Policía Científica, Laboratorio de Lille en Francia) y J.S. Raul (Instituto de Medicina Forense del Hospital Universitario de Estrasburgo), se analizan diferentes investigaciones post mortem, que están cada vez más a menudo, asistidas por la tomografía computarizada multicorte  en tres  dimensiones (3D-MSCT). Actualmente, la MSCT se ha vuelto más asequible para su uso por parte de patólogos forenses.

Hace casi 40 años que Hounsfield y Cormack nos introdujeron en el concepto revolucionado de la imagen médica de la tomografía computarizada (TC). La TC ha avanzado muchísimo a lo largo de estos años, sobre todo en lo relativo a las técnicas de grabación, helicoidales y sensibles, mejorando velocidad y precisión y reduciendo la radiación emitida.

En los casos de heridas por arma de fuego, la 3D-MSCT puede proporcionarnos una descripción precisa de la ubicación de la bala, de las fracturas óseas, y lo que es más interesante, una visión clara de la trayectoria intracorpórea. Estos exámenes médicos forenses se pueden combinar con reconstrucciones tridimensionales de la trayectoria de la bala, creados por expertos en balística forense. En los estudios que tratan de averiguar la causa de la muerte, sobre todo en los casos de heridas de bala, la 3D-MSCT ha sido revolucionaria, utilizándose dentro de la “autopsia virtual” o “virtopsia”, que no es más que un complemento no invasivo para la autopsia clásica. El potencial de la TC multicorte es muy alto, ya que además de lograr localizar la bala (o sus fragmentos) dentro del cuerpo, permite una reconstrucción 3D de la pista de la bala en el cuerpo de la víctima. Andenmatten y sus colaboradores (2008), demostraron que los exámenes médico forenses mejoraban mucho con la utilización de esta técnica. Hoy en día, el estudio de  las heridas de bala con la 3D-MSCT, sobre todo si ha afectado a la cabeza, es fundamental. Así, los escáneres 3D, y el software desarrollado para la investigación, se utilizan para la reconstrucción en 3D de la escena del crimen, presentando principalmente dos ventajas:

  1. Científica: proporciona una mucha mejor comprensión de los hechos ocurridos.
  2. Comunicativa: ofrece una forma clara y concisa de explicar una situación concreta que ha acontecido, sustituyendo complicadas exposiciones con fotos y matrices de datos.

En el presente artículo, los investigadores nos presentan varios casos prácticos en los que han estudiado el uso de la 3D-MSCT.  En uno de los casos, se analiza su aplicación sobre un cadáver de 32 años encontrado en un vehículo quemado. El cuerpo se encontró en el asiento del conductor, reclinado el tronco y la cabeza sobre el asiento del pasajero. Se realizó una exploración completa del cuerpo antes de ser trasladado al instituto forense, en donde, a través de la autopsia, se observó una intensa carbonatación sobre la superficie del cuerpo, con gran destrucción torácica y abdominal, y exposición de vísceras. Se recuperó un proyectil del cuerpo, y este presentaba un pequeño aplanamiento de la punta, atribuible a un impacto contra la superficie rígida y no dúctil (como podría ser la ventana lateral del vehículo). La reconstrucción 3D mostró una trayectoria en el plano horizontal, de derecha a izquierda. La duda era si dicha herida podría haber sido realizada por un tirador situado en el exterior del vehículo. Si bien, la reconstrucción 3D de la escena, junto con la reconstrucción 3D de la trayectoria dentro de la cabeza, permitió la elaboración de un escenario consistente con el hecho de que el disparo proviniese desde fuera del vehículo. Esta reconstrucción resultó ser una poderosa herramienta para la investigación de la escena.

No cabe duda que las imágenes de rayos X convencionales son ampliamente utilizadas como complemento de la autopsia. Permiten localizar el proyectil, sus fragmentos así como el punto de entrada y salida. Sin embargo, las imágenes obtenidas mediante TC multicorte, nos permiten multitud de opciones de análisis computacional, incluyendo la reconstrucción 3D, por lo que podemos observar una presentación clara de la aplicación de los métodos tridimensionales y sus resultados en la reconstrucción de la escena del crimen, destacando el valor de la colaboración entre los expertos policiales y los institutos de medicina forense, así como el uso fundamental de la aplicación 3D-MSCT en la comunicación visual de los expertos ante tribunales de justicia.

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

Club de las Ciencias Forenses, 2014

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