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Categoría: Medios de comunicación y delincuencia

Estrategias de persuasión en grooming online de menores. Club ciencias forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Estrategias de persuasión en grooming online de menores: un análisis cualitativo con agresores en prisión”, de los autores Patricia de Santisteban y Manuel Gámez-Guadix, de la Universidad Autónoma de Madrid, que analiza las estrategias que siguen los delincuentes de grooming para embaucar a los menores.

Las tecnologías avanzan y, con ellas, los peligros. Un nuevo problema social muy serio se cierne online sobre los menores: el grooming. Así es cómo se conoce al proceso en el cual un adulto se gana la confianza de un menor con el objetivo de obtener algún tipo de contacto sexual con él. Cada vez es más común que los niños tengan acceso a internet y, lo que es más preocupante, sin control parental, lo que genera y prolifera este tipo de delitos. Conocida esta problemática, este estudio busca explorar las estrategias de acceso, persuasión y manipulación que tienen lugar en el proceso de grooming online desde la perspectiva de los agresores para identificar elementos que facilitan y/o mantienen dicho proceso.

Para este estudio se entrevistaron en profundidad a 12 hombres condenados por grooming online, con edades comprendidas entre 21 y 51 años. Los condenados cumplían penas de prisión por delitos sexuales contra niños menores de 16 años que se iniciaron o cometieron por internet (11 niñas y 6 niños). También se comparó la información obtenida con el análisis de los hechos probados de sus condenas.

El análisis de las entrevistas mostró una progresión en el proceso de grooming online. Se observa como inician la persuasión en el comienzo del contacto con las potenciales víctimas, analizan sus vulnerabilidades y despliegan estrategias, adaptadas a las necesidades de los menores, para conseguir la implicación del menor en el abuso. El resultado son los encuentros sexuales entre adultos y menores, que pueden ser tanto puntuales como sostenidos en el tiempo.

En un primer momento, para acceder a los menores los agresores usaban un número considerable de técnicas, desde el uso de chats hasta la obtención indiscriminada de correos electrónicos de terceros. El siguiente paso era adaptar su lenguaje a la jerga típica de los menores y hablaban de temas de interés para estos, proporcionándoles una identidad basada en la real pero mejorada (quitarse años, por ejemplo) o creando una nueva identidad más deseable y acorde a los gustos de los menores, a partir de lo cual consiguen llamar la atención del menor y sostenerla.

Iniciado el contacto y tras conseguir mantener la atención de los menores, los adultos comienzan a centrarse en el estudio de la víctima y su entorno. Se observa cómo los adultos se interesaban por elementos estructurales de la vida diaria de los niños, como sus horarios, actividades o cuidadores disponibles. Se aseguraban de conocer importantes detalles acerca de los conflictos familiares y carencias materiales del menor, pero también sobre situaciones de maltrato, negligencia o problemas psicológicos, con lo que se conforman un marco de la vulnerabilidad del menor y las particularidades de su entorno. Los datos pusieron de manifiesto que los agresores desarrollan una serie de estrategias de persuasión que parecen utilizar para adaptarse a las necesidades de los niños; con ello, tratan de involucrar a los menores de manera activa en el proceso de abuso, o bien presionarlos para que accedan a sus pretensiones. Principalmente encontramos 4 estrategias que sirven para ejercer y mantener la situación abusiva tratando de evitar la revelación: engaño, corrupción, implicación y agresión.

  • Engaño. Las estrategias de engaño encontradas van más allá de la mera ocultación de las intenciones, apareciendo diferentes grados de elaboración. En algunos casos el engaño se mantiene y aumenta para sostener y potenciar la falsa identidad creada desde le persuasión inicial, llegando incluso a contar con colaboradores externos que participan en la farsa. En otros casos se introducían pretextos para conseguir la implicación de los menores, o se creaban historias paralelas, implicando a varios personajes reales o ficticios para dar credibilidad a las mentiras.
  • Corrupción. Las estrategias de corrupción encontradas en los casos estudiados se relacionan con el ofrecimiento de bienes materiales a los menores. En varios casos se les ofreció dinero explícitamente a cambio de sexo, trabajo como modelo o actriz, o regalos.
  • Implicación. Las estrategias de implicación encontradas se centran en cómo los agresores tratan de conseguir la implicación afectiva del menor en la relación abusiva, mostrándose ante ellos como si de una relación libre y equitativa se tratara. Se identificaron varios tipos de implicación, como la inversión de tiempo y dedicación. Finalmente emergen diversos modos de posicionamiento (como amigo, cuidador, pareja, etc.) frente al menor, probablemente en ese intento de adaptarse a sus necesidades afectivas estudiadas previamente.
  • Agresión. En ocasiones se observa como el adulto también emplea conductas de acoso, intimidación o coacción, ya sea para conseguir mantener la relación abusiva o como venganza por no ceder a sus pretensiones o dar por finalizada la relación.

Con las estrategias desarrolladas los adultos consiguen su propósito de mantener relaciones sexuales con los menores, tanto vía online (a través de intercambio de fotos o vídeos de contenido sexual) como offline (encuentros sexuales). Estos resultados son un contacto sexual puntual o un contacto sexual sostenido; asimismo, pueden haber sido realizados con una o múltiples víctimas.

En definitiva, estos depredadores tienen refinadas estrategias para engañar a los menores y hacerse partícipes de sus vidas a espaldas de cualquier adulto que esté al cargo, sabiendo manipular la situación hasta lograr de ellos lo que desean. Es por ello que es importante que los padres hablen con sus hijos para prevenirles de estos peligros y estar pendientes a las señales de aviso. Así mismo, los programas de prevención podrían beneficiarse enormemente de incorporar los hallazgos sobre las tácticas y estrategias que los agresores utilizan para manipular y explotar sexualmente a los menores.

La credibilidad en casos de agresión sexual cuando se es obeso. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The Effects of Obesity Myths on Perceptions of Sexual Assault Victims and Perpetrators’ Credibility”, de los autores Niwako Yamawaki, Christina Riley, Claudia Rasmussen and Mary Cook, de la Universidad Brigham Young, que abordan como afecta la obesidad a la credibilidad en casos de agresión sexual.

Los derechos humanos de las mujeres han mejorado a lo largo de los años. Sin embargo, la violación y la agresión sexual siguen siendo una amenaza común para las mujeres en todo el mundo. En Estados Unidos, aunque los incidentes reportados han disminuido, se estima que una de cada seis mujeres es víctimas de violación cada año. Además, aproximadamente el 64% de las agresiones sexuales no se informa a las autoridades. Por lo tanto, la violación y las agresiones sexuales cometidas contra las mujeres continúan siendo graves preocupaciones sociales y de derechos humanos, ya que siguen siendo altamente infravaloradas independientemente de las recientes disminuciones en la prevalencia.

Pero otra preocupación que merece atención y examen es la subutilización de los recursos apropiados por las víctimas. Se calcula que sólo una de cada cuatro víctimas de agresión sexual o violación recibe ayuda o asesoramiento. Esta subutilización y falta de denuncia puede atribuirse a la victimización secundaria, que se refiere a un proceso en el cual las actitudes y reacciones negativas de los demás hacia las víctimas las disuaden de buscar ayuda. Ocurre tanto en entornos formales (por ejemplo, hospitales o comisarías) como en entornos informales (entre familiares y amigos), se culpa a la víctima, se excusa al agresor y se minimiza el incidente. En consecuencia, la victimización secundaria intensifica los efectos psicológicos negativos sobre las víctimas de violación y de agresión sexual, y este proceso de re-victimización es, de hecho, más severo que el trauma original.

Para entender la victimización secundaria, se han estudiado en diversas investigaciones algunas características relacionadas con las víctimas y los agresores y qué características del observador que pueden influir en las actitudes negativas de un individuo hacia las víctimas de violación. Los investigadores encontraron que algunas características del observador son predictores significativos de las actitudes negativas hacia las víctimas de violación. Por ejemplo, se ha encontrado diferencias raciales (se culpa más a la víctima cuando es de una raza diferente a la de su agresor), sexuales (se culpa más a la víctima cuando es un hombre), sobriedad (se las culpabiliza más si habían tomado alcohol previamente), la relación (si se conocían de antes se culpabiliza menos al agresor por haber “malinterpretado” la relación entre ambos) o la clase social (si el agresor es de clase alta se minimiza el suceso).

Otro factor importante pero a menudo ignorado que puede influir en gran medida las actitudes negativas de un observador hacia las víctimas de violación es la obesidad y ese fue el objetivo de este estudio. Una de cada cinco personas en España tiene obesidad, porcentaje que asciende a una de cada tres en Estados Unidos, no es una población despreciable y menos cuando hay datos de que ser obeso afecta la credibilidad en casos de agresión sexual. Además, este estudio quería demostrar que tener ciertas ideas preconcebidas o mitos sobre la obesidad nos lleva a juzgar más duramente a este colectivo cuando realizan una denuncia de este tipo.

Para este experimento se creo un escenario de violación heterosexual. Una chica, Janet, acusaba a su compañero de estudio de haber abusado de ella mientras estudiaban juntos en el dormitorio de él. Janet afirmaba estar dolida ya que ella protestó y se negó y aun así fue forzada por su amigo. Por el contrario, el chico, Mark, afirmaba que había sido consentido y que de hecho fue Janet la que inició la aproximación sexual, y decía estar sorprendido y dolido por la acusación de su amiga. Esta historia se les presentaba a los ciento sesenta y cinco estudiantes universitarios que participaron de este estudio en el que se les dividía en tres grupos. La diferencia entre los grupos residía en el físico de los personajes: en una Janet era obesa y Mark, no; en otra, era Mark el obeso y no Janet; y en la última lo eran ambos. Posteriormente se pasaba un cuestionario que tomaban tres medidas: atribución de la culpa a las víctimas, una escala de credibilidad sobre los testimonios de ambos y una escala de mitos sobre la obesidad (como, por ejemplo, que los obesos buscan llamar la atención o que no les importa que se aprovechen de ellos).

Los resultados muestran que la obesidad afecta a la credibilidad: La gente veía más creíble la versión del agresor cuando la víctima era obesa y él no, y menos creíble cuando el obeso era él y no ella o cuando eran obesos los dos. En contraste, la credibilidad de la víctima no variaba: no importaba si ella era obesa o no, o si lo era su atacante; lo que varía es la credibilidad que damos al agresor. Sin embargo, sí que se encontró que la obesidad afectaba a la credibilidad de la víctima cuando el observador creía en los mitos sobre la obesidad, pero únicamente cuando la víctima es la obesa y no su agresor. Se especula el porqué de este hallazgo y los investigadores creen que es posible que se deba a que de por si una queja por violación siempre parece menos creíble si no hay violencia o armas y se pone en duda que siendo más corpulenta la víctima no pueda defenderse del agresor. También es posible que se apoyen en mitos como que “nadie se siente atraído por una persona obesa” o “las personas obesas están desesperadas por llamar la atención”, de manera que se toma menos en serio a la víctima e incluso se la culpabiliza, ya no sólo de que la agresión fuera consentida, sino de haber buscado ellas mismas que sucediera. Los hombres resultaron creer esos mitos más que las mujeres.

En muchos casos de agresión sexual no hubo testigos o pruebas fiables para probar el sexo no consensuado, por lo tanto, durante el procesamiento legal, la credibilidad de la presunta víctima y de su agresor se ha convertido en un factor crucial para convencer a los miembros del jurado. Este estudio muestra que la credibilidad se ve afectada por el peso y es importante concienciarnos de que los mitos sobre la obesidad pueden llevarnos a ver menos creíbles ciertas denuncias y no dar el apoyo y la ayuda necesaria a las víctimas.

Las características del ciberacoso frente al acoso tradicional. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Cyberstalking versus off-line stalking in a forensic sample”, de los autores Cristina Cavezza y Troy E. McEwan, de la Universidad de Melbourne (Australia), que aborda las diferencias entre el ciberacoso y el acoso tradicional.

En esta época en la que gran parte de las interacciones humanas están pasando a ser a través de una pantalla, el ciberacoso o cyberstalking se alza como una nueva forma de delito. Dada la naturaleza cambiante de la tecnología, los tipos de conductas que suponen un acoso cibernético es probable que aumenten con el tiempo, pero hasta la fecha incluyen: el envío de correos o mensajes instantáneos no deseados, la publicación de información falsa u hostil sobre la víctima, el uso de redes sociales para acosar, suscribirse a productos o servicios en nombre de la víctima, pirateo de cuentas personales, robo de identidad, envío de spam o virus y reclutar a otros para hostigar a la víctima.

Internet ofrece cuatro elementos únicos para los acosadores que facilitan mucho su labor: (1) la falta de limitaciones sociales que inhiban la agresión; (2) la falta de estímulos sensoriales que conducen a una mayor fantasía en el delincuente; (3) la oportunidad para el engaño; y (4) el potencial de descubrir que la relación con su víctima no se ajusta a lo deseado. Se ha planteado que estos aspectos pueden invitar a los individuos a acechar por internet, gente que de otra manera no lo haría.

Debido a la escasez de datos sobre este nuevo tipo de acoso, aún hay cierto debate sobre si el ciberacoso es realmente una forma distinta de acoso o tan sólo una extensión en línea. Por ello, el objetivo de este estudio es investigar las diferencias demográficas, clínicas y de conducta entre los ciberacosadores y los acosadores tradicionales.

Los participantes del estudio fueron 271 pacientes de una clínica que habían sido remitidos allí por tribunales y servicios de libertad condicional entre otros por tener conductas de acoso. Todos dieron su consentimiento para el estudio y se excluyó a los que no tenían buen dominio del idioma o su estado mental impedía dar el consentimiento. Para el estudio se analizaron detalladamente los archivos de cada caso y se separó a los que realizaron ciberacoso de los que no. Luego se emparejaron los ciberacosadores con los acosadores por género, edad similar (±2 años) y en el mismo periodo de actuación.

Para delimitar las conductas a evaluar se definió acoso (stalking en el inglés original) como intrusiones no deseadas y repetidas que causan miedo o preocupación. Mientras que ciberacoso se considera al uso de internet para llevar a cabo la conducta acosadora e incluye cualquiera de los siguientes comportamientos:

  • Contacto por mail con la víctima.
  • Uso de redes sociales para comunicarse con la víctima o sobre ella.
  • Uso indirecto de internet como: crear páginas webs despectivas sobre la víctima, usar internet para acceder a información de la víctima, suplantar a la víctima online o publicar información sobre la víctima en páginas de internet que no sean redes sociales.

Puede además categorizarse como “comunicativo” y “no-comunicativo”. El ciberacoso comunicativo incluye intentos de comunicarse directamente con las víctimas, por lo general a través de correos electrónicos o mensajes en las redes sociales. Mientras que el no comunicativo hacía referencia a mensajes en sitios webs hablando de la víctima, hacerse pasar por ella, etc. Es decir, sin intentos directos de comunicarse con la víctima. En el caso de utilizarse ambas categorías se considera “mixto”.

De los 271 pacientes, se encontraron 36 casos de ciberacoso (13%). De los cuales, un 94% eran hombres con una edad media de 37 años, similar a la de los acosadores fuera de internet. Dos de los casos surgieron entre 2002 y 2005, ocho entre 2006 y 2008 y el resto entre 2010 y 2013, lo que indica que se está volviendo un método popular de acoso. Entre los dos grupos no hubo diferencias en cuanto a la forma de ingresarlos en el centro ni de nivel educativo. Además, tampoco encontramos diferencias en cuanto a amenazas, historial de acoso o violencia antes del episodio de acecho.

Las características clínicas de ambos grupos también eran similares: 1 de cada 5 acosadores, en ambos casos, había sido diagnosticado con un trastorno de la personalidad. Sin embargo, son pocos casos para obtener datos significativos sobre el tipo de trastorno predominante. Y respecto al tipo de acoso, no difirieron en la duración, en el género predominante y tenían la misma propensión a tener más de una víctima simultáneamente.

Donde sí encontramos una diferencia significativa es en la relación con la víctima, ya que la mayoría de los ciberacosadores eran exparejas de los susodichos. Además, los ciberacosadores tenían más probabilidades de tener una orden de alejamiento (aunque ambos tipos tenían la misma tendencia a infringirlas). Por otro lado, los ciberacosadores tenían menos tendencia a acercarse a sus víctimas fuera del ordenador pero sus amenazas eran más explícitas.

En conclusión, aunque se trata de conceptos similares tienen algunas diferencias fundamentales. Sería aconsejable replicar el estudio con más participantes para corroborar esas diferencias y poder hablar definitivamente de que se tratan de dos tipos de acoso diferentes, ya que también son muchas las similitudes. Aunque todo parece indicar que a nivel legal y de salud mental no hacen falta tratamientos diferentes para ambos tipos de acosadores.

Asesinatos en masa. Club Ciencias Forenses.

Asesinatos en masa. Club Ciencias Forenses.

Asesinatos en masa. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les ofrecemos un resumen del artículo “Asesinatos en masa: lo que sabemos y hacia dónde vamos”, de los autores Michael Eskey de la Park University (EE. UU.), Tom O’Connor de la Austin Peay State University (EE. UU.), Jeff Rush de la Troy University (EE. UU.) y Frank Schmalleger de la University of NC (EE. UU.), que trata sobre los numerosos asesinatos en masa que se han producido en los últimos tiempos en EE. UU.

En los últimos tiempos, ha habido una serie de tiroteos masivos en EE. UU. El FBI lo define como un ataque en el que un mínimo de cuatro víctimas son asesinadas y los asesinatos se producen próximos unos de otros. La cobertura de los medios de comunicación e Internet, y las redes sociales han reavivado estos sucesos. Lo cual ha tenido un impacto en la percepción y temores de la opinión pública. Los tiroteos masivos no han aumentado, tal y como aseguran los medios de comunicación, sino lo contrario, se han estabilizado. Cabe señalar que estos asesinatos en masa se diferencian de otros tipos de muertes en muchos aspectos. Por lo general, los asesinos mueren en la escena del crimen. Y, más de la mitad se sabe que han sufrido un trastorno mental antes del ataque. Los asesinos suelen planificar cuidadosamente sus ataques. No se trata de “actos aleatorios pasionales”. El tirador tiende a estar motivado por un profundo agravio personal teñido de sentimientos de persecución y humillación, real y percibida. Los tiradores suelen ser cobardes; casi todos los tiroteos en masa ocurren en lugares donde las víctimas no pueden defenderse. ¿Qué motiva o disuade a los “tiradores masivos”? Quieren hacer una declaración en contra de un “blanco” o un grupo, o una clase. Apenas ocurren estos sucesos, ya están planteando propuestas y soluciones a este problema. En un primer momento, los expertos tienden a centrarse en las armas de fuego y el control de armas. Otros se centran en la necesidad de ampliar los servicios de salud mental; y, otros apuntan a la necesidad de aumentar los niveles de seguridad en las escuelas, instalaciones militares, centros comerciales, teatros, iglesias, etc. Este artículo incluye publicaciones de expertos y demás colaboradores acerca de este tema. Existen una serie de teorías criminológicas y sociológicas que pueden explicar el fenómeno de los tiroteos masivos. La mayoría de las teorías tienen un modelo secuencial de tres etapas que constan de variables antecedentes (historial), que pueden remontarse a traumas infantiles. Por lo general, los investigadores se centran en variables de rango medio conocidas como variables intermedias y se puede observar que los crímenes menos complejos suelen tener una o dos variables intermedias destacables. Sin embargo, tipos particulares de delincuencia, como el terrorismo o el tiroteo masivo, tienen múltiples variables intermedias; por lo tanto, hay muchas cajas negras que tener en cuenta para el análisis. Una de las teorías que se aplican a la mayoría de los tiradores masivos, es la Teoría general de la frustración de Agnew, que se compone de tres grupos variables principales: (1) fracaso en el logro de objetivos valorados positivamente; (2) pérdida de estímulos positivos; y (3) presentación de estímulos negativos. Por otra parte, la Teoría del Control, introducida por Travis Hirschi, cuenta con cuatro dimensiones: las relaciones sociales, la estructura de oportunidades, la implicación y las creencias. Por último, la Teoría del Aprendizaje de Ronald Akers utiliza pares de variables como facilitadores. Por otro lado, existen otras teorías como: las teorías psicológicas de Yacov Rofe, las teorías de la personalidad de Smirnoff, teorías de la realidad, otras teorías de la personalidad antisocial, narcisismo, psicosis, traumas infantiles, etc.

¿Cómo se pueden prevenir los asesinatos en masa? El hecho de privar a los asesinos de lo que quieren (publicidad y notoriedad) ayudará a prevenir estos crímenes. Schulman afirmó que las autoridades y los medios de comunicación nunca deberían publicar o divulgar los manifiestos de propaganda, notas, otras proclamas o incluso información básica sobre los tiradores. Ocultar los nombres de los asesinos y ocultar sus rostros. No mostrarles en la televisión, los periódicos o en Internet. No revelar sus biografías o especular sobre sus motivos. Minimizar las acciones específicas y los detalles sangrientos de los sucesos. Por tanto, es importante tener en cuenta la minimización de los detalles específicos. Alguien podría pensar en imitar el crimen, o al menos considerar imitarlo. Los medios de comunicación deben, por supuesto, hablar de las víctimas, los heridos o los fallecidos. Sin embargo, deben reducir al mínimo la descripción e identidad del asesino. Relegar la historia a la última página del documento, en lugar de incluirlas en primera plana. En resumidas cuentas, para detener el espectáculo de los asesinatos en masa, hay que evitar que se conviertan en espectáculos de masas. Una cuestión interesante en relación con los tiroteos masivos es que después de que se produzcan, la primera respuesta es…el control de armas. Existe una creencia subyacente de que las armas son malas y hay que prohibir las armas de fuego; y, al prohibirlas, los tiroteos y los que están en contra de la prohibición de armas de fuego se detendrán. Sin embargo, aún hay millones de armas de fuego en los Estados Unidos, 270 millones y el 88 % de los ciudadanos las posee. La idea de que de alguna manera, el control de armas resuelve el problema no está justificada. Lo que actualmente está cobrando más sentido son los factores culturales. ¿Podría ser que una comprobación de los antecedentes mantuviese las armas fuera del alcance de criminales peligrosos? ¿De los tiradores de masivos? La respuesta es no. ¿Por qué? Esto no va a funcionar porque; normalmente los tiradores masivos no tienen nada en sus historiales que pueda imperdirles la compra de un arma. Además, tampoco cuentan con un historial de enfermedades mentales. No se les podría impedir comprar un arma de fuego legalmente. Por lo tanto, es una propuesta que podría ayudar, pero no va a resolver el problema de los asesinos en masa. A menudo se dice que ese acto atroz fue cometido por un individuo que estalló de repente. Se ha intentado determinar si existe un conjunto de factores o características que deban abordarse. Además, se presume que matan de forma indiscriminada. Sin embargo, el hecho de que estallen de forma súbita, es algo infundado. ¿Qué provocaría eso? La planificación, la fijación de la hora, del lugar, las armas y los objetivos, realmente no parece encajar con un individuo que de repente revienta. Los asesinos en masa no suelen ser enfermos mentales. Entonces, ¿cuál es el motivo? Los asesinos en masa se ven a sí mismos como víctimas, como alguien que ha sido maltratado, tratado injustamente. Por lo tanto, se vengan. Fundamentalmente, los tiradores masivos matan a personas concretas por razones específicas. Tal vez se necesiten más tratamientos mentales y mejores. Sin embargo, es muy probable que no lleguen a los individuos que cometen este tipo de crímenes. Además, ellos piensan que los demás tienen la culpa. No quieren recibir tratamiento, no sienten que lo necesiten. Desgraciadamente, el sistema de salud mental se niega a encargarse adecuadamente de los enfermos peligrosos, ya sea por su propia protección o para la protección de la sociedad en su conjunto. Aun así, se pueden tomar medidas para mantener las armas fuera de las manos de los enfermos mentales. ¿Se puede realizar un perfil del tirador masivo? Por supuesto. El problema con los perfiles generados para “predecir” un suceso tan excepcional como un asesinato en masa es que las predicciones simplemente terminan “sobreprediciendo”. Muchos individuos encajan en el perfil de la ira, frustración, problemas, resentimientos, celos, complejos, etc.; pero muy pocos llegan realmente a cometer un asesinato y mucho menos un asesinato en masa.

Así pues, se ha hecho referencia a distintas políticas, métodos, prevenciones y tratamientos en relación al control de armas, los servicios de salud mental y la seguridad en las escuela, pero han tenido una capacidad muy limitada para prevenir los tiroteos masivos. Esto no quiere decir que no se deban tratar. Hay que seguir intentándolo. Los asesinatos en masa son sucesos extremadamente excepcionales cometidos en cualquier lugar, a menudo cuando menos se esperan. Las restricciones de armas de fuego, el control de armas, la seguridad de las armas, etc., no pueden detener a los asesinos en masa, pero pueden mejorar el bienestar de millones de estadounidenses. Se han abordado muchas causas, puntos de vista, áreas y conjeturas acerca de los tiroteos masivos en EE. UU. y, a falta de medidas extremas y acuerdos rigurosos entre las principales instituciones hay que asumir que los asesinatos en masa son un precio por la libertades personales.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses.

Traducción y edición: Leticia Moreno

Autocontrol y Ciberdelincuencia. Club Ciencias Forenses.

Autocontrol y Ciberdelincuencia. Club Ciencias Forenses.

Autocontrol y Ciberdelincuencia. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les ofrecemos un resumen del artículo “Bajo autocontrol y ciberdelincuencia: Explorando la utilidad de la Teoría general del delito más allá de la piratería digital”, de los autores Christopher M. Donner de la Universidad Estatal de Fayetteville (EE.UU.), Catherine D. Marcum de la Universidad Estatal de los Apalaches (EE.UU.), Wesley G. Jennings de la Universidad de Florida del Sur (EE.UU.), George E. Higgins de la Universidad de Louisville (EE.UU.) y Jerry Banfield de Ban Work LLC (EE.UU.), sobre las causas de la ciberdelincuencia.

Durante las últimas tres décadas la sociedad global ha sido testigo de un número de avances en la tecnología electrónica (teléfonos móviles, ordenadores personales e Internet). Y, mientras que estos relativamente nuevos recursos se utilizan ampliamente y se han hecho muy populares en los Estados Unidos, estas herramientas también se han convertido en vías para la delincuencia y la desviación, que plantean un sinfín de preguntas para los criminólogos y una serie de problemas para el sistema de justicia penal. Además, la aparición de estas tecnologías no sólo ha hecho crímenes “preexistentes” disponibles para cometerse en otros foros (venta de drogas, acoso), pero también ha creado una serie de nuevas conductas antisociales (creación y difusión de malwares) que antes eran imposibles si no fuera por la nueva tecnología. Estos comportamientos incluyen, pero no se limitan a: la piratería informática, la piratería digital (descarga y subida ilegal de música y programas), la exclusión de la comunidad online y el acoso, y el uso de la contraseña de otra persona sin su permiso. En un intento por comprender mejor los factores que impulsan a las personas a participar en el delito cibernético y la desviación online, los criminólogos han recurrido a la teoría criminológica para obtener explicaciones para este comportamiento. En general, las investigaciones señalan que las teorías criminológicas tradicionales son útiles para explicar el delito cibernético y la desviación online. Así pues, el principal objetivo de este estudio es investigar si el nivel de autocontrol de un individuo está significativamente relacionado con su implicación en la desviación online además de la piratería digital.

El crecimiento de la tecnología de la información ha introducido una nueva forma de criminalidad en el sistema de justicia penal: el delito cibernético. La ciberdelincuencia se puede considerar como cualquier forma de desviación online utilizando la tecnología, ya sea un ordenador, teléfono inteligente o PDA. La primera generación de ciberdelincuencia supone actos desviados caracterizados por el uso ilegal de ordenadores centrales y sistemas operativos. Un ejemplo de este tipo de delitos es el uso de Internet para aprender cómo construir una bomba o hacer metanfetamina. La segunda generación de ciberdelincuencia utiliza la red y se considera delito híbrido. Hackear y crakear son formas comunes de esta generación, así como la difusión de pornografía infantil o la prostitución. Por último, la tercera generación de ciberdelincuencia se caracteriza por la naturaleza de la distribución y se desarrolló exclusivamente a raíz de la creación de Internet. La difusión de malwares (virus o troyanos), es un ejemplo de esta generación de ciberdelincuencia. En base a este continuo de cibercriminalidad, han surgido múltiples formas de desviación online y se están convirtiendo en un importante problema para el sistema de justicia penal. Estudios anteriores sobre la desviación online han descubierto varios correlatos demográficos, como la edad, el sexo biológico y la raza. Específicamente, la investigación ha encontrado que los individuos más jóvenes varones y los no blancos son más propensos a relacionarse con la desviación online. La Teoría del autocontrol de Gottfredson y Hirschi, indica que los individuos son responsables de tomar decisiones racionales. Esto significa que los individuos sopesan las consecuencias de sus acciones y eligen las acciones que les aportan mayor placer y menor dolor. Las personas que tienen bajos niveles de autocontrol (es decir, la incapacidad de ver las consecuencias de sus acciones) encontrarán el crimen y la desviación atractivos puesto que son “impulsivos, insensibles, agresivos, temerarios, cortos de miras y no verbales”. Según Gottfredson y Hirschi los que poseen un bajo autocontrol, muy probablemente se deba a un control parental ineficaz. A pesar de la atención que ha recibido la teoría general del delito en cuanto a la relación entre bajo autocontrol y conducta antisocial, existe la limitación de que gran parte de los estudios sobre desviación online se han dedicado exclusivamente a la piratería digital. Y, si bien se ha demostrado que el bajo autocontrol se relaciona positivamente con la piratería digital, es importante investigar más a fondo la hipótesis general de la teoría analizando otras formas de desviación online. El presente estudio, pretende abordar la limitada investigación sobre ciberdelincuencia en este campo, empleando una muestra de 488 estudiantes para explorar en que grado el bajo autocontrol predice la desviación online. En base a la teoría de Gottfredson y Hirschi, el estudio analiza dos hipótesis relacionadas. En primer lugar, se plantea la hipótesis de que el bajo autocontrol está significativamente relacionado con un índice de variedad de desviación online de siete ítems. En segundo lugar, ya que el principal objetivo de este estudio es examinar la ciberdelincuencia además de la piratería digital, se plantea la hipótesis de que el bajo autocontrol se relaciona significativamente con un índice de variedad de desviación online de cinco ítems que no incluye actos de piratería digital.

Respecto a la primera hipótesis, los resultados apoyan la utilidad de la teoría del autocontrol para explicar la implicación en una serie de conductas desviadas online. Los hallazgos apoyan asimismo la segunda hipótesis que aún no había sido considerada en investigaciones previas. De esta manera, la teoría del autocontrol puede servir como explicación para otras desviaciones online además de la piratería digital. A pesar de estos resultados, es importante reconocer una serie de limitaciones que vale la pena considerar. En primer lugar, el estudio se basa en datos de una muestra de gran tamaño (n = 488). En segundo lugar, la muestra se compone de un gran número de estudiantes de sexo femenino y latinos, y por tanto serían convenientes estudios adicionales para ver el grado en que estos resultados se mantienen en universidades con diferentes características demográficas. En tercer lugar, las características de la muestra para los ciberdelitos individuales se basaron en el recuento inicial de frecuencias variables de los encuestados que informaron de las veces que se dedicaban a actos individuales. Así pues, la estadística descriptiva para estas variables puede ser algo inexacta debido a errores de los encuestados. Por último, el presente estudio no ha sido capaz de responder por otras teorías criminológicas contrarias a la teoría del autocontrol para explicar la desviación online que han sido estudiadas en anteriores investigaciones sobre ciberdelincuencia. En general, el actual estudio ha sido capaz de demostrar la eficacia de la Teoría del autocontrol de Gottfredson y Hirschi como posible predictor de la desviación online en general y para una variedad de formas de desviación online en particular. Si la evidencia hallada es señal de tal relación entonces parece que la hipótesis general de la teoría de Gottfredson y Hirschi es adecuada para explicar la desviación online además de la piratería digital.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Mujeres delincuentes sexuales y feminidades paria. Club Ciencias Forenses.

Mujeres delincuentes sexuales y feminidades paria

Mujeres delincuentes sexuales y feminidades paria. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, esta semana les presentamos un resumen del artículo “Mujeres delincuentes sexuales y feminidades paria: Reescribiendo los guiones sexuales ” de los autores Sharon Hayes y Bethney Baker de la Universidad de Tecnología de Queensland (Australia) en el que se aborda el tema del género en la delincuencia.

Este artículo explora cómo los medios informan acerca de los delincuentes sexuales, en particular, de las mujeres delincuentes sexuales. La investigación hasta la fecha indica que es difícil determinar la frecuencia del abuso sexual infantil debido a la falta de datos, y esto necesariamente tiene un impacto en lo que se sabe sobre el género de los delincuentes sexuales. Sin embargo, sí existen “estadísticas oficiales” y generalmente indican que la mayoría de los agresores son hombres y la mayoría de las víctimas son mujeres. Así pues, la mayor parte de la investigación sobre delincuencia sexual tiende a centrarse en los hombres como agresores y en las mujeres como víctimas. La investigación reciente, sin embargo, muestra un aumento tanto de mujeres delincuentes sexuales condenadas como de víctimas de género masculino menores de 16 años. La investigación actual propone un perfil de agresora sexual: edad comprendida entre los veinte y los treinta y tantos años, poca formación, mayor nivel de subempleo y bajo nivel socioeconómico. La literatura psicológica indica que las delincuentes sexuales son más propensas a los problemas de salud mental, incluyendo trastornos de personalidad, abuso de sustancias, depresión, “escasas habilidades de enfrentamiento”, así como a las experiencias de victimización graves. Sin embargo, mientras que las estadísticas oficiales indican que las mujeres cometen menos delitos sexuales, lo que se especula en los medios de comunicación y entre los profesionales del campo sugiere que el número de mujeres delincuentes está aumentando. Estas mismas estadísticas inspiran la teoría y la práctica actuales, y por lo tanto se sigue desconociendo el impacto de las agresiones sexuales a niños cometidas por mujeres. Este artículo examina qué piensa la gente acerca de las mujeres agresoras sexuales y si se percibe su culpabilidad de la misma manera que la de los delincuentes de género masculino. Explora asimismo las diferencias en las percepciones entre los que agreden a niños y los que abusan de adolescentes. En términos de percepción de peligrosidad, las mujeres que agreden a niños menores de 11 años son tratadas de forma semejante a los delincuentes de género masculino tanto por los medios de comunicación como por los tribunales pero no parecen ser consideradas tan peligrosas como los hombres. Las mujeres que abusan de niños mayores suelen lograr condenas más leves que sus homólogos masculinos y pueden o no ser requeridas para firmar un registro de delincuentes sexuales.

El marco teórico de este estudio se extrae de las teorías del género y de los patrones sexuales. En particular, se analiza el concepto de “feminidades paria” de Schippers como herramienta explicativa para desentrañar la construcción social de las mujeres agresoras. Calificar a las mujeres como pasivas, inocentes, y sexualmente sumisas ha “ayudado tanto en la falta de reconocimiento como en la denuncia de la agresión sexual por parte de la mujer”. Tal negación, junto con el refuerzo de los patrones sexuales tradicionales, se extiende asimismo a las instituciones tales como la ley penal y el sistema judicial, los medios de comunicación y las propias víctimas. Los patrones sexuales institucionalizados a menudo retratan a las mujeres como víctimas y a los hombres como agresores. Este artículo tiene como objetivo explorar los discursos anteriores analizando las noticias acerca de delincuentes sexuales de género femenino. El análisis se llevó a cabo con informes de medios recogidos de los principales medios de información, tanto en Australia como en el Reino Unido. El proyecto pretende examinar los discursos públicos acerca de las mujeres agresoras para identificar posibles temáticas, así como cualquier similitud y/o diferencia entre los dos países. Los artículos se recabaron de medios de información digitales. La codificación inicial divide los informes en dos grupos: víctimas prepúberes (11 años o menos) y víctimas adolescentes (12-16 años). Los artículos se analizan como discursos con el fin de identificar patrones de referencia al perjuicio explícitos e implícitos, subjetividad, y género; conceptos teóricos fundamentales que conforman la investigación. En este trabajo, se retoma el análisis desde la perspectiva de las feminidades paria.

El análisis de los informes de medios revela que, especialmente en el caso de las víctimas prepúberes, la mayoría de las mujeres delincuentes actuaron con o estaban compinchadas con un hombre delincuente y fueron identificadas como”cómplices”. Las insinuaciones sobre la vulnerabilidad y la manipulación por el “cabecilla” sugieren que estos comportamientos de las mujeres pueden ser justificados de alguna forma o al menos ser más coherentes. Sin embargo, al mismo tiempo, son tachadas de “horribles” y “malvadas” y sus actos como de “máxima traición femenina”, y los comentarios del público son del tipo: “una madre no haría eso”. Estas delincuentes son despreciadas y calumniadas incluso más que sus compinches hombres. En total, treinta de los artículos eran representativos del constructo de “paria” de mujeres agresoras, mostrando un lenguaje explícito sobre la temática. Se identificaron seis subtemáticas: (1) demonización (creación de una “paria tóxica”); (2) sensacionalismo y excitación (artículos de prensa sobre delitos sexuales se apoyan con frecuencia en la sexualidad y las relaciones de género.); (3) reducción al mínimo y mitigación (mujeres “cómplices” de delincuentes sexuales de género masculino, designadas como parias, son asimismo identificadas a menudo como víctimas y por lo tanto no plenamente responsables de sus actos.); (4) medicalización y psicologización (justificación del comportamiento por enfermedades o trastornos mentales.); (5) idealización de las mujeres agresoras (recurrir al apego romántico sirve para mitigar el comportamiento de la presunta agresora); y (6) mujeres como cuidadoras (estos roles tradicionales refuerzan el patrón sexual de la “mujer” como un ser pasivo, sumiso, inocente, cuidador, y proporcionan un contrapunto a sus horribles actos). Mientras que la primera trata claramente a las mujeres agresoras como parias, en las siguientes temáticas, se ve cómo los medios las representan de una manera que trata de retirarlas de la hegemonía del género, declarándolas dañadas y vulnerables, lo que proporciona una explicación o incluso una excusa para su condición de paria.

A pesar de que este estudio posee una serie de limitaciones, hace una contribución única a la comprensión de la percepción de los medios de comunicación acerca de los delincuentes sexuales. Por otra parte, ha sido muy útil para poner de relieve en que medida se trata a las mujeres agresoras en los medios de comunicación, en particular la forma en que refuerzan los patrones sexuales tradicionales y emplean las feminidades paria. El análisis de las temáticas emergentes de los treinta artículos de la muestra revela que, en general, los medios de comunicación refuerzan la hegemonía de género y emplean y favorecen las feminidades paria, aunque en diferentes grados. El tema de la “paria tóxica” demuestra claramente cómo mujeres que se apartan de la conducta tradicional de género y de los patrones sexuales reflejan y pueden ser calificadas en términos de Schippers como ‘”feminidades paria”. Mientras que los roles de “esposa”, “madre”, “cuidadora”, “ama de casa”, “hermana”, y “maestra” evocan el rol tradicional y normativo de la mujer, los términos “lesbiana pervertida”, “depredadora”, y “pedófila” sugieren una paria tóxica. Ambos conjuntos de descriptores, producen un grado de tensión que mantiene al lector enganchado y vivo el polémico debate sobre las agresiones sexuales cometidas por mujeres.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno