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Categoría: Psicología forense (página 1 de 3)

Perfiles neuropsicológicos de los asesinos de niños. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Killing A Child: Neuropsychological Profiles of Murderers of Children”, de los autores Nicole M. Azores-Gococo, Michael Brook, Saritha P. Teralandur y Robert E. Hanlon, de la Universidad de Northwestern, que analizan las diferencias entre asesinos de niños y otros tipos de asesinos. 

El homicidio de una víctima infantil es una de las categorías más raras y menos entendidas de homicidio. Es por ello que la identificación de las diferencias entre los asesinos de niños y homicidas de cualquier rango de edad es muy limitada pero podría ayudar a predecir qué niños pueden estar en riesgo.

Estudios anteriores se han centrado principalmente en las mujeres que mataron a bebés y niños. El estudio actual amplió el enfoque para incluir a hombres y mujeres. Por tanto, el objetivo del estudio fue examinar los perfiles demográficos, criminológicos, psiquiátricos y cognitivos de un grupo de autores de homicidios que mataron a niños.

Los participantes incluyeron a 33 personas (27 hombres y 6 mujeres) condenadas por asesinato de primer grado en tres estados (Illinois, Missouri e Indiana) que fueron remitidos para evaluaciones neuropsicológicas forenses para evaluar la aptitud para someterse a juicio, su responsabilidad penal o la sentencia. De este pequeño grupo, la edad promedio fue de 32 años, el 48,5% eran afroamericanos, el 36,4% eran caucásicos y el 12,1% eran hispanos, mientras que el 3,0% se describía como “otro” en términos de raza/etnia. Además, un 60,6% eran solteros.

Las evaluaciones forenses incluyeron tres componentes: (a) una entrevista clínica detallada, (b) revisión de registros pertinentes, y (c) evaluación neuropsicológica integral. En la entrevista clínica, se preguntó a los participantes acerca de su información demográfica, historia de desarrollo, historia educativa, historia vocacional, historia médica, historia psiquiátrica, antecedentes penales, relación con la víctima y los relatos de sus respectivos delitos. La revisión de registros incluyó informes policiales, fotos de escenas del crimen, informes de autopsias, informes de antecedentes penales, registros correccionales, expedientes médicos, registros psiquiátricos, registros escolares, documentos judiciales y entrevistas de colaterales y abogados. El rendimiento neurocognitivo se evaluó mediante pruebas neuropsicológicas estandarizadas y el funcionamiento intelectual se evaluó utilizando la Escala de Inteligencia de Adultos Wechsler 4ª edición (WAIS-IV).

Los resultados nos revelan que los individuos que matan solamente a niños tienden a tener una inteligencia relativamente baja y eran más propensos a puntuar más bajo en las mediciones del lenguaje y la memoria verbal (que los investigadores vinculan a habilidades de mediación de conflictos pobres). Además tienden a matar impulsivamente, con métodos manuales (por ejemplo, palizas, ahogamiento), en comparación con las personas que asesinan a niños y uno o más adultos en el mismo acto homicida. En cambio, los homicidas que no discriminan de edad tienden a cometer asesinatos premeditados y a utilizar armas. Poseen una inteligencia normal pero tienen rasgos antisociales de personalidad y abusan de sustancias. Los investigadores plantean que puede ser por su limitada inteligencia y su falta de organización que estos homicidas maten niños en lugar de adultos, debido a que sería un crimen más “fácil”.

Según los hallazgos de este estudio, los autores advierten de lo poco que tiene en común la realidad con el estereotipo mediático de madres psicóticas que matan a sus propios niños. A pesar de las limitaciones por su escasa muestra, los hallazgos proporcionan la primera evidencia empírica de que los delincuentes que matan únicamente a los niños pueden ser un fenotipo criminológico identificable, distinto de los delincuentes generales de homicidio y aquellos que matan a niños y adultos como parte del delito. La evaluación apropiada y los enfoques preventivos para quienes tienen antecedentes de violencia, especialmente aquellos que están cerca de los niños, pueden reducir el riesgo de violencia fatal ayudando a las personas con terapias de control de los impulsos y control de la ira.

Diferencias entre homicidios dentro y fuera de casa. Club ciencias forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Domestic homicide: neuropsychological profiles of murderers who kill family members and intimate partners”, de los autores Robert E. Hanlon, Michael Brook, Jason A. Demery y Mark D. Cunningham, de la Universidad de Northwestern en Chicago, que aborda las diferencias entre los asesinos de desconocidos y aquellos que matan a sus familiares o parejas.

No es raro ver en las noticias terribles sucesos de asesinatos. Hombres que asesinan a sus mujeres, madres que asesinan a sus hijos. Son crímenes que nos remueven en lo más profundo porque sabemos que no es lo mismo hacer daño a un desconocido que a alguien querido, aunque ambos crímenes sean igual de execrables.

Sin embargo, sabemos que tiene que haber alguna diferencia más allá de lo cercana que sea la víctima. Asesinar a un ser querido por lo general se produce en un arrebato pasional y suele implicar drogas o alcohol, quizás impulsados por celos o venganza tras una separación. Son explosiones de ira que acaban con alguien cogiendo un cuchillo de la cocina y apuñalando a otro cuarenta y dos veces.

Por tanto, existen diferencias entre los que matan a miembros de su familia y los que asesinan a extraños. Es por esto que los autores auguran que podrían quizás prevenir los homicidios de la familia si somos capaces de ver los indicios.

Los investigadores entrevistaron a 153 hombres y mujeres acusados y/o condenados por asesinato en primer grado en Illinois, Missouri, Indiana, Colorado y Arizona que fueron remitidos para evaluaciones neuropsicológicas para determinar su capacidad para ser procesados, la responsabilidad penal o para determinar la sentencia apropiada. Cada participante recibió una entrevista clínica detallada, la evaluación neuropsicológica, revisión de los registros pertinentes, incluyendo informes de la policía, fotografías de la escena del crimen, los informes de la autopsia, informes de antecedentes penales, registros penitenciarios, documentos de la corte y entrevistas de los abogados. Los participantes eran en su mayoría hombres (88,2%) y afroamericanos (64,7%), con edades comprendidas entre los 15 y los 67 años de edad (con una edad media de 33,1 años) y un amplio rango en cuanto a educación, con una media de 10,5 años.

Las armas de fuego eran el arma más común (40,5%), luego cuchillos (29,4%), y estrangulamiento o asfixia (15,7%). Otras armas incluyen bates de béisbol, martillos, palos, piedras, puños, ahogamiento y fuego (22,2%). El número total de víctimas por los 153 participantes fue de 263, teniendo lugar en la mayoría de ellos (62,1%) una sola víctima. Los hombres agresores, tuvieron como víctimas a mujeres en casi la mitad de los casos (48,4%), mientras que las mujeres mataron a casi el doble de hombres (65%) que de mujeres.

Sin embargo, no hubo diferencias significativas entre los que mataron a miembros de la familia y los que mataron a desconocidos con respecto a múltiples variables demográficas (por ejemplo, edad, educación, origen étnico, empleo). Tampoco hubo diferencias entre los grupos en términos de la historia neurológica, la historia del desarrollo neurológico, historia de abuso (físico o sexual) o la prevalencia del consumo de drogas. Ambos grupos tenían lo que los investigadores llaman una “alta incidencia de consumo de drogas ilegales, traumatismo en la cabeza y una alta prevalencia de trastornos psiquiátricos”.

En cuanto a las diferencias entre ambos grupos, los “homicidios domésticos espontáneos” (que es como los autores denominaron a este tipo de crimen) son diferentes de los que matan a otros (homicidios no domésticos) en:

  • Tenían dos veces más probabilidades de un diagnóstico de un trastorno psicótico, pero menos probabilidades de tener un diagnóstico de trastorno de la personalidad antisocial.
  • Tenían más probabilidades de habérseles recetado un antipsicótico o antidepresivo y un poco menos propensos a tener antecedentes de condenas por delitos graves.
  • El número promedio de víctimas fue menor para aquellos que mataron a miembros de la familia que los que mataron a desconocidos.
  • Era menos probable (14%) utilizar un arma de fuego en sus crímenes en comparación con los autores de homicidios no domésticos (59%). Era más probable en su lugar usar cuchillos, bates de béisbol, palos o los puños.
  • Tenían un menor cociente intelectual y peores niveles atencionales, función ejecutiva y memoria, pero las habilidades lingüísticas fueron aproximadamente las mismas.

En conclusión, los autores creen que estas diferencias pueden ser útiles para discernir cuando los miembros de la familia están en riesgo de causar algún daño y ayudan a comprender cuándo es el momento de retirarse de la situación antes de que sea demasiado tarde.

Racismo y violación: ¿quién es el culpable? Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Victim Blaming in Rape: Effects of Victim and Perpetrator Race, Type of Rape, and Participant Racism”, de los autores William H. George, de la Universidad de Washington, y Lorraine J. Martínez, de la Universidad de Berkeley en California, que aborda cómo el racismo afecta a la credibilidad en casos de violación.

Según el Registro Nacional de Exoneraciones de Estados Unidos, sólo entre octubre de 2016 y marzo de 2017, de las 1900 exoneraciones que se produjeron de condenas injustas a inocentes, el 47% fueron sobre afroamericanos a pesar de que apenas suponen el 13% de la población, lo que pone en evidencia un claro sesgo: Una preso de raza negra tiene siete veces más probabilidades de ser apresado siendo inocente que otros convictos. Y de promedio pasan tres años más en la cárcel antes de su liberación, cuatro si están condenados a pena de muerte. ¿Y en España? En el 2015, el 38% de los crímenes de odio fueron por racismo. Es decir, sólo en 2015 hubo 505 casos de delitos racistas. ¡Más de uno al día!

Hace unas semanas ya hablamos de los estereotipos que afectan a la credibilidad en los casos de violación y ahora ahondaremos en cómo la raza afecta a esa credibilidad. Los autores de este estudio, recopilaron algunas de las creencias que la gente tiene sobre los afroamericanos: se piensa que las personas de raza negra son más sexuales, experimentadas, accesibles, indiscriminadas y capaces que los blancos o los europeos. Y, concretamente por sexos, que las mujeres son más promiscuas, y que los hombres son propensos a violar mujeres blancas.

Los autores trataron de poner a prueba esos estereotipos con el presente estudio, para el cuál contaron con 332 estudiantes universitarios, de los cuales 170 fueron hombres y 162 mujeres, con una edad promedio de 20 años. Un 60% fueron blancos (192) y casi un tercio asiáticos (108). El 10% restante fueron afroamericanos (5), latinos (8) u otros (19). Para medir el racismo de los participantes rellenaron la Escala de Racismo Moderno, que mide el racismo sutil expresado como resentimiento por beneficios inmerecidos.

Después se les presentaba una viñeta que fue desarrollada específicamente para este estudio. En el escenario principal se ve a una mujer sola en casa por la noche, después sale a buscar a su gato al jardín y responde a un comentario amistoso de un hombre que pasa por la calle (ya sea un vecino o un extraño). Después podía ocurrir que ella invitara al hombre a casa para seguir conversando o que fuera empujada dentro de la casa con violencia por el extraño, según la versión que le tocara a cada uno de los participantes. La escena posterior incluía agresión física por parte del atacante y resistencia a la violación por parte de la mujer en todas las versiones de la historia.

Se midieron por tanto las variables: raza del agresor (blanco/negro), raza de la víctima (blanca/negra), relación con el agresor (desconocido/conocido). Y para todas las versiones de la historia, los participantes debían contestar a unas preguntas sobre lo que habían visto:
1) ¿Fue realmente una violación?
2) ¿Qué grado de culpabilidad tuvo la víctima/agresor?
3) ¿Es creíble la resistencia que opuso la víctima?
4) ¿Qué sentencia recomendarías para el agresor?

Los resultados mostraron que la raza fue muy influyente en todas las valoraciones. Los participantes juzgaron a las mujeres violadas interracialmente como más culpables de lo que les había ocurrido que las que eran violadas por alguien de su misma raza. Viendo también la violación como algo menos serio, su resistencia menos creíble y castigando con penas más pequeñas al agresor. Además, a la hora de condenar al agresor, los hombres pedían penas más duras para los agresores afroamericanos que para los blancos.

En conclusión, a día de hoy aún persisten los estereotipos raciales y aplicados a la violación no son nada benignos. Esto conlleva a que en la práctica, las mujeres negras sean culpabilizadas de ser violadas cuando el agresor es un hombre blanco, y a que los hombres negros sean más duramente castigados que los blancos por el mismo crimen. El racismo sigue siendo una asignatura pendiente en Estados Unidos, y está por ver, con las estadísticas del resto de países, si nosotros no suspenderíamos también.

Experiencias traumáticas en la infancia y criminalidad adulta. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Adverse Childhood Experiences and Adult Criminality: How Long Must We Live before We Possess Our Own Lives?”, de los autores James A Reavis, Jan Looman, Kristina A. Franco y Briana Rojas, de la clínica de salud mental Intrapsychic en San Diego (California, Estados Unidos), que analiza cómo las experiencias traumáticas en la infancia afectan a la vida adulta.

De tal palo, tal astilla. Es un refrán popular que hace referencia al parecido entre padres e hijos. Por desgracia, esa filosofía parece poder aplicarse también a las conductas antisociales. Maltrato físico, sexual, emocional… Cualquier tipo de abuso que sufra un niño es una secuela permanente que poco a poco irá conformando a un adulto disfuncional.

El maltrato infantil es, pues, la acción, omisión o trato negligente que no se produce de manera accidental, y que priva al niño de sus derechos y su bienestar, que amenaza o interfiere su ordenado desarrollo físico, psíquico y social, y cuyos autores de estos hechos pueden ser personas, instituciones o la propia sociedad.

El objetivo de este estudio fue demostrar cómo, en comparación con la población normal, podemos encontrar que los criminales de hoy son los niños maltratados, violados y hostigados de ayer.

La muestra se compuso de 151 delincuentes varones adultos que por orden judicial iban a recibir tratamiento psicológico posterior a su condena. Los crímenes por los que habían sido juzgados estaban asociados a la violencia doméstica, el acoso, el abuso infantil, la violencia y la desviación sexual. De estos sujetos, 35 (23,2%) cometieron abuso infantil no sexual; 45 (29,8%) fueron acusados de violencia doméstica; 61 (40,4%) fueron catalogados como delincuentes sexuales, y 10 (6,6%) eran acosadores. Las categorías no se superpusieron en ningún caso.

Se dividió a los participantes en dos grupos: los que puntuaron alto en el Cuestionario de Experiencias Infantiles Adversas y los que puntuaron bajo. Luego se analizó la correlación entre esa puntuación con la pertenencia a los distintos grupos de delincuencia y las puntuaciones normativas estandarizadas.

Se encontró que en la población normal, tan sólo un 12,5% de la gente puntuaría alto en el cuestionario de Experiencias Infantiles Adversas, mientras que en la muestra puntuaban así un 48,3%, casi la mitad. De todos los eventos por los que se preguntó, se encontró mucha más prevalencia en el grupo de delincuentes que en la población general, duplicándolo en casos como el abuso sexual y llegando a ser hasta siete veces más alto como en el caso del abuso psicológico. Lo cual evidencia que la acumulación de experiencias traumáticas en la infancia disminuye la capacidad de formar relaciones normales y sanas como adulto. Un claro ejemplo es cómo los chicos que sufrieron abusos sexuales de niños tenían 45 veces más posibilidades de maltratar a sus parejas en la adolescencia.

En conclusión, los datos evidencian que en muchos casos la criminalidad de hoy es fruto de un pasado traumático. Es importante prevenir las experiencias traumáticas en niños y, cuando éstas sucedan, tratarlas adecuadamente para prevenir el daño psicológico que devendrá en muchas más víctimas en el futuro.

Nota suicida y autopsia psicológica. Parte II. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, como comentábamos la semana pasada, les presentamos un resumen del artículo “Nota suicida y autopsia psicológica: Aspectos comportamentales asociados”, de los autores Mª Patricia Acinas, José I. Robles y M. Ángeles Peláez-Fernández, en un estudio del SEPADEM (Sociedad Española de Psicología Aplicada a Desastres, Urgencias y Emergencias), que analiza con detalle el suicidio y la autopsia psicológica. Por su extensión, lo partimos en dos secciones y hoy abordaremos la segunda parte, la autopsia psicológica.

La conducta suicida consumada es cada vez más prevalente, llegando a superar las muertes por accidente de tráfico. La autopsia psicológica ayuda a diferenciar una muerte suicida de otra muerte violenta (homicidio, simulación de suicidio cuando es un asesinato…) y facilita las gestiones médicas y el llegar a conclusiones más fiables con mayor eficiencia y efectividad. En la autopsia psicológica, la nota suicida es uno de los documentos que se emplean para clarificar la situación. El análisis de los elementos que rodean a la nota suicida (tipología, intencionalidad, etc.), los peritajes y análisis grafológicos, se convierten en piezas clave fundamentales de la autopsia psicológica para reconstruir y conocer el estado mental de la persona de manera previa al suicidio. Por ejemplo, una persona depresiva podría emplear frases o palabras casi inconexas, que emanen tristeza, un trazo lento, torpe, con poca presión sobre el papel, con psicomotricidad fina alterada, hipotonía en los dedos que hacen pinza para la escritura, etc.

La autopsia psicológica es un método de investigación retrospectivo e indirecto sobre las características de la personalidad que tuvo el individuo en vida para poder acercarse a las circunstancias de su muerte. La autopsia psicológica es una peritación, un instrumento procesal y, por este motivo, debe realizarse con las garantías que estipula la Ley Procesal, bien porque le interese a la Autoridad Judicial competente o a las partes interesadas en el procedimiento. Es un aspecto importante que es éticamente incompatible que realice este procedimiento el mismo profesional de la salud mental que haya atendido en consulta a esa persona.

Si se considera la posibilidad de suicidio, se buscarán entrevistas con familiares, pero debe actuarse con rigurosa delicadeza para que la familia no se sienta invadida ni cuestionada, tratando de no incurrir en una victimización secundaria (conductas y actitudes que culpabilizan a las víctimas). Se realizará también, previa autorización judicial, el estudio y análisis de efectos personales como diarios personales, cuadernos de notas, correspondencia, emails, mensajes en móviles… Por tanto, la autopsia psicológica puede facilitar el esclarecimiento en casos de muerte dudosa: Valorando los factores de riesgo, el estilo de vida, el estado mental en el momento de la muerte, las áreas de conflicto y motivacionales, el perfil de personalidad, señales de preaviso suicida; y en los casos de otras muertes violentas puede delimitar el círculo de sospechosos.

Hay varios modelos para sistematizar la tarea:

  • MAPI (Modelo de Autopsia Psicológica Integrado). Es el más usado en el área iberoamericana (México, Chile, Honduras, Costa Rica…). Se aplicó a víctimas de suicidio, homicidio y accidentes. Es muy estructurado y sistematizado con respuesta cerrada que disminuye los posibles sesgos y la subjetividad del entrevistado. Es uno de los más completos; abarca 59 categorías con numerosas subcategorías y va acompañado de instrucciones para los aplicadores y respuestas a las dudas que puedan surgir en el proceso, además de requisitos para seleccionar las fuentes de información que deben explorarse.
  • ARMY. Este modelo se aplicó dentro del ámbito militar para poder elaborar planes preventivos; clasifica los suicidios en tres grados:
    • Intención clara de suicidio.
    • Impulsivo, no premeditado.
    • Intención no suicida (casos de suicidio por negligencia como los acaecidos por juegos de riesgo, abuso de sustancias…).
  • NAVY. Modelo del Servicio de Investigación Criminal de la Marina estadounidense.
  • Modelo sistematizado que plantea cuatro pasos a seguir:
    • Examen cuidadoso de la escena de los hechos (fotos, grabaciones).
    • Estudio de documentos disponibles, declaración de testigos, reporte de autopsia médica y toxicología.
    • Documentos que informen de la vida de la víctima antes de la muerte (notas escolares, visitas al médico, centros de salud mental, información laboral).
    • Entrevista con personas relevantes.

La autopsia psicológica se inicia con la aparición del cadáver y los métodos policiales y forenses, pero continua luego con otros especialistas y métodos (como técnicas de Entrevista Cognitiva para personas especialmente afectadas y/o con problemas de memoria; y cuestionarios más cerrados para informadores de referencia). Algunos autores recomiendan entre uno y seis meses después de ocurrido el hecho, porque aún se conserva la nitidez del recuerdo y la información obtenida es confiable. El tiempo promedio de la entrevista será de dos horas aunque puede extenderse un poco más.

La elección de los informantes es crucial: en suicidios de adultos se escoge a cónyuges o parientes de primer grado, además de informantes secundarios, como amigos, compañeros de trabajo, compañeros de piso, médicos, dependientes de tiendas, bares o lugares frecuentados por la persona. Cuando el suicidio es cometido por un adolescente, la información se extrae de padres, hermanos, amigos… (Con la autorización de padres o tutores de los menores), profesores, que pudieron detectar signos de aviso en alguna circunstancia. En ancianos, se amplía el rango de informantes para poder averiguar presencia de enfermedad física subyacente, medicación, circunstancias socioeconómicas… por lo que se podría entrevistar a trabajadores sociales, farmacéuticos, vecinos.

La autopsia psicológica, considerada como método de trabajo ante muerte dudosa o posible suicidio, tiene como objetivos: Aumentar la exactitud de las certificaciones; ofrecer indicaciones que el investigador puede emplear para evaluar el propósito letal de personas vivas; y postvención o función terapéutica con los familiares.

La AP debe responder, por tanto, al menos a tres cuestiones distintas:

  • ¿Por qué lo hizo el individuo? (explicar las razones del acto o descubrir qué llevó a él, reconstruyendo las motivaciones del difunto).
  • ¿Cómo murió el individuo y cuándo, o sea, por qué en ese momento particular? (aclarar las razones sociopsicopatológicas por las que murió en ese momento).
  • ¿Cuál es el modo de muerte más probable? (cuando el modo de muerte es equívoco, establecer con cierta probabilidad lo que pudo ocurrir).

Nota suicida y autopsia psicológica. Parte I. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Nota suicida y autopsia psicológica: Aspectos comportamentales asociados”, de los autores Mª Patricia Acinas, José I. Robles y M. Ángeles Peláez-Fernández, en un estudio del SEPADEM (Sociedad Española de Psicología Aplicada a Desastres, Urgencias y Emergencias), que analiza con detalle el suicidio y la autopsia psicológica. Por su extensión, lo partiremos en dos secciones y hoy abordaremos la nota de suicidio.

Hasta pronto, amigo mío, hasta pronto, querido mío, te llevo en el corazón. La separación predestinada promete un nuevo encuentro. Hasta pronto, amigo mío, sin gestos ni palabras, no te entristezcas ni frunzas el ceño. En esta vida el morir no es nuevo y el vivir, por supuesto, no lo es.

Los últimos versos del poeta ruso Serguéi Esenin fueron escritos con su propia sangre antes de ahorcarse en su habitación de hotel en San Petesburgo. Aquellos versos eran su carta de suicidio.

Una nota de suicidio puede ser un elemento fundamental a la hora de clarificar una muerte de la que no se conocen las causas, indicando un suicidio donde, de otra manera, se vería un accidente. Aunque también pueden falsificarse para encubrir homicidios. Esta probabilidad es remota y suele aclararse tras la investigación policial. Aun así, la nota nos aporta las últimas palabras del suicida, sus últimos sentimientos ya fueran de soledad, rabia, desesperación, culpabilidad… de cómo había llegado hasta ahí, en definitiva. Son importantes porque nos aportan gran información sobre el suicida: conocimiento de las circunstancias, intencionalidad, posibles llamadas de atención o deseo de ser encontrado antes de la consumación, etc. Por otro lado, implica premeditación: un suicidio impulsivo no daría tiempo a una nota. Y, finalmente, permite desde lo médico-legal calificar la muerte como sospechosa o como suicidio.

Mediante el análisis de las cartas suicidas publicadas en los últimos 25 años, los autores han realizado una clasificación de los tipos según intenciones y objetivos, aunque no es extraño que una misma nota se clasifique en más de una categoría:

  • Despedida: Suele estar asociada a agradecimientos a las personas cercanas y a desculpabilizarlas ante la decisión que la persona ha tomado de quitarse la vida.
  • Instrucciones: La persona indica lo que quiere que hagan con su cuerpo o pertenencias tras la muerte, o cómo desea que arreglen sus diferencias a la hora de repartir testamento. O incluso como petición de últimos deseos. En algunos casos, las instrucciones de la nota suicida van dirigidas al médico que certifique la muerte, aunque esta circunstancia es bastante inusual porque las notas suicidas suelen ir dirigidas a personas queridas.
  • Acusaciones: Cuando intenta culpabilizar a otros; en ocasiones como intento manipulador de cargar a otros con la culpa de su muerte.
  • Petición de perdón: La persona no suele querer hacer sentir mal a otros de su decisión suicida y trata de disculparse por el sufrimiento causado en el pasado o por el sufrimiento que va a causar la noticia de su muerte. Por ejemplo: “Siento decepcionaros…”.
  • Justificación del propio suicidio: Obedece a cuestiones de honor, aspectos culturales arraigados, o cuando la persona considera que las circunstancias le han obligado. El suicida explica lo que ha ocurrido. No suele haber explícitos componentes de culpabilidad ni de petición de perdón.

El papel es el soporte qué más suele utilizarse para las notas suicidas, aunque existen otros como el espejo del baño pintado con lápiz de labios o en la propia ropa. También hay casos en los que se han pintado en la propia piel o en formato electrónico. El uso de mensajería instantánea nos da pistas sobre si quería ser rescatado o no. En cuanto al tamaño del papel, suele ajustarse al tamaño del mensaje que desea dejarse y por una sola cara. Suelen ser manuscritas, dejando constancia de su voluntariedad. Una nota a ordenador denota vergüenza o que considera que su caligrafía no será entendida, aunque también puede ser un indicio de nota falsa.

El útil de escritura más utilizado es el bolígrafo, aunque también la barra de labios y la propia sangre, como en el caso del poeta Sergei que comentábamos antes. Las notas suelen dejarse en el domicilio en un alto porcentaje de los casos (80%) y suelen estar dirigidas, por orden de importancia, a hermanos, policía, la pareja, amigos, padres, u otro familiar.

El contenido de las notas suicidas se refiere a cuestiones de ruina económica, enfermedad terminal, enfermedad crónica invalidante, desempleo, soledad, vejez, disminución de calidad de vida, pérdida de un ser querido, enfermedad mental, desarraigo, vergüenza por cambio en la imagen social tras un hecho acaecido. Incluso en algunos casos también se aprecia que la nota ha sido escrita durante un brote psicótico.

En definitiva, cuando se produce una muerte en circunstancias traumáticas, ambiguas, desconocidas o inciertas, cabe pensar en la posibilidad del suicidio. En muchas ocasiones, una nota junto al cuerpo nos ayuda a aclarar los aspectos necesarios y, así mismo, contribuyen en el estudio psicológico de la persona y las circunstancias que la llevaron a la muerte.

El papel de los trastornos del sueño en la conducta suicida y autolesiva en adolescentes. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The Role of Sleep Disturbance in Suicidal and Nonsuicidal Self-Injurious Behavior among Adolescents”, de los autores Eleanor L. McGlynchey, Elizabeth A. Courtney-Seidler, Miguelina German y Alec L. Miller, del Instituto Psiquiátrico Estatal de Nueva York y el Centro Médico de la Universidad de Columbia, que analiza como causa de autolesión y suicidio en adolescentes los problemas de sueño.

Mueren en España 10 personas por suicidio al día. Esos son los cálculos aproximados del 2016. Ésta es además la primera causa de mortalidad entre las chicas de entre 15 y 19 años. Y es también la primera causa de muerte no natural, por encima de accidentes de tráfico, homicidios y accidentes laborales. El suicidio se ha convertido en un importante problema de salud pública dado que aumenta cada década que pasa y seguirá aumentando si no cuenta con la investigación y prevención necesarias para impedir que esto ocurra. Por ello, una mayor comprensión de los factores que conducen al suicidio en adolescentes es un paso crucial para la disminución de éstos.

Un factor que es particularmente relevante para la comprensión del suicidio en la adolescencia es la influencia de los trastornos del sueño. Muchos adolescentes experimentan cambios en sus ritmos de sueño debido a la pubertad: dificultad para conciliar el sueño, sueño ligero, despertarse demasiado pronto, inversión del ritmo circadiano y/o somnolencia diurna excesiva. Y los adolescentes con trastornos del ánimo o de ansiedad son especialmente vulnerables a tener dificultades para dormir, y los problemas para dormir pueden preceder a la aparición de síntomas psiquiátricos.

Por ello, identificar a los adolescentes con problemas de sueño y el ánimo afectado puede ser el objetivo principal de intervenciones dirigidas a reducir la ideación suicida y las autolesiones. Por tanto, el objetivo de este estudio era asociar los problemas de sueño y las conductas relacionadas con el suicidio y la autolesión en una muestra clínica de adolescentes, tratando además de dilucidar qué problemas de sueño concretos correlacionaban con cada una de las conductas para buscar posibles predictores.

Para este estudio participaron 223 personas del Programa de Depresión y Suicidio Adolescente de Centro Médico de Montefiore y el Colegio de Medicina Albert Einstein de Nueva York, de los cuales el 72% eran mujeres. El rango de edad comprendía entre los 11 y los 19 años y la gran mayoría eran hispanos (63%) seguidos de raza negra (19%). Los adolescentes, con permiso paterno y del centro médico, debían rellenar el Inventario de Depresión Beck. Las dificultades en el sueño se evaluaron con algunos ítems del test K-SADS, que evaluaban: insomnio leve, insomnio moderado, insomnio terminal, reversión circadiana, sueño no reparador e hipersomnia. Para evaluar las conductas de autolesión no suicida y los intentos de suicidio se utilizó el BAASSI y para la ideación suicida el SIQ-JR.

Se encontró pensamientos y conductas autolesivas en el 49% de la muestra, un 30% había tenido al menos un intento de suicidio y hubo un promedio muy alto en la mayoría de ellos de ideación suicida. Por otro lado, un 77,8% reportó alteraciones del sueño moderadas y un 65% alteraciones del sueño graves. Al poner en relación los dos tipos de variables se encontró que había diferencias significativas entre el grupo con problemas de sueño y el de sueño normal en cuanto a conductas autolesivas, siendo mayores en el grupo con problemas de sueño. Sin embargo, al analizar por separado los tipos de trastornos del sueño no se encontró que ninguno en concreto fuera predictor de estas conductas. En cambio, se encontró que el insomnio moderado y la reversión circadiana fueron predictores de los intentos de suicidio y el insomnio terminal lo fue de la ideación suicida. Además podemos encontrar diferencias de género, siendo más propensas las mujeres a la autolesión y los intentos de suicidio. También se encontró que la edad influía, haciendo que los más jóvenes estuvieran más predispuestos a la ideación suicida, del mismo modo que afectaba padecer depresión. Sin embargo, no se halló que la raza influyera en ninguna de las tres variables.

En resumen, parece ser que hay una correlación entre tener dificultades en el sueño y las conductas de autolesión, los intentos de suicidio y la ideación suicida. Así pues, debido al aumento de los suicidios y las conductas autolesivas en adolescentes, es de vital importancia atender a cualquier señal que pueda indicarnos que hay riesgo y, en vistas a los resultados, examinar el sueño de los adolescentes puede ser una clave para la prevención. Basándonos en los resultados de este estudio, sería aconsejable que los profesionales enfoquen el sueño como uno de los objetivos a evaluar y considerar.

Si lleva gafas es inocente: El efecto de las gafas en la percepción, el reconocimiento y las impresiones. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The glasses stereotype revisited: Effects of glasses on perception, recognition and impressions of faces”, de los autores Michael Forster, Gernot Gerger y Helmut Leder, de la Universidad de Viena, que abordan los estereotipos sobre las personas con gafas y cómo afectan al reconocimiento facial.

Los escoceses son alcohólicos, las rubias son tontas y los andaluces son perezosos. ¿Quién no ha oído alguna vez uno de estos estereotipos? Los hay de raza, género, edad, procedencia o apariencia y los usamos para configurar nuestras visiones del mundo de forma subconsciente y pueden afectarnos a la hora de determinar la culpabilidad de alguien. A pesar de que los estereotipos puedan fallar, nos ayudan a tomar decisiones rápidas y economizar esfuerzos cognitivos y por eso no podemos evitar utilizarlos. Algunos de esos estereotipos los comentábamos el otro día, como es el caso del baby face: las personas con rasgos faciales aniñados parecen más inocentes e inmaduras, características útiles para un acusado pero perjudiciales para el testigo. Otro de los estereotipos es el ahora conocido como “estereotipo nerd”, que consiste en ver a los individuos que llevan gafas como más inteligentes aunque menos atractivos. Y no sólo eso, además reciben menos veredictos de culpabilidad. Sin embargo, no se ha estudiado qué tipo de gafas producen este efecto o si lo hacen todas.

Del mismo modo, en un contexto jurídico, las caras juegan un papel crucial en el reconocimiento de los testigos. Y algo tan simple como cambiar de gafas o dejar de usarlas puede influir tanto en la percepción de esa persona como en la capacidad de poder reconocerla. Es decir, que las gafas pueden influir tanto en el reconocimiento como en la evaluación de los rasgos de personalidad de un individuo. Para estudiar este hecho se llevaron a cabo cuatro experimentos.

Para el primer experimento se pidió a un total de 76 participantes que calificara el éxito, la inteligencia, la confiabilidad, el atractivo, la simpatía y la cooperación de 78 caras: 26 sin gafas, 26 con gafas de montura gruesa y 26 con gafas con cristal al aire. Los resultados mostraron que las personas sin gafas se veían más atractivas y agradables que las que llevaban gafas con montura gruesa. Pero las caras con gafas sin montura tuvieron los mismos resultados que no llevar gafas en esas dos variables. En cuanto al éxito y la inteligencia, las personas con gafas (de los dos tipos) fueron calificadas como más exitosas e inteligentes que las que no llevaban gafas. Por otro lado, las personas con gafas al aire se veían más dignas de confianza que las que no llevaban gafas, pero no hubo diferencias en cuanto a cooperación.

Los ojos son una parte central y muy informativa del rostro humano y es a donde miramos principalmente cuando miramos una cara. Además, sabemos que llevar gafas cambia el aspecto de esta zona. Por ello, en el segundo experimento se pidió a 20 personas que evaluaran 26 caras en tres versiones (sin gafas, con gafas al aire y con gafas de montura gruesa), lo que hace un total de 78 imágenes. Para que atendieran a las imágenes se les pidió que valoraran el atractivo y la peculiaridad de cada rostro. Se realizó un seguimiento ocular de los observadores mientras estudiaban las fotos y se encontró que dedicaban más tiempo a la zona ocular cuando las imágenes llevaban fotos. Curiosamente los dos tipos de gafas atraían la atención el mismo tiempo.

Como hemos visto, las gafas afectan a cómo miramos un rostro, así que era relevante estudiar también si nos afectaría ese cambio en la percepción a la hora de discriminar caras. Para esto se mostraban dos caras, al mismo tiempo o secuencialmente, y debía decirse lo más rápido posible si se trataba de la misma cara o no. Los participantes fueron 20 estudiantes y examinaron 180 pares de caras. Una de las dos caras de la pareja siempre llevaba gafas y la otra no, para ver la influencia de este elemento. Los resultados muestran que cuando ambas caras se presentan simultáneamente requiere más tiempo discriminarlas cuando una de ellas lleva gafas de montura gruesa pero no afectaba a la exactitud, es decir, sólo les realentizaba. Pero no se encontró tal efecto cuando las imágenes eran secuenciales, que es como ocurre en la vida real ya que la identificación de testigos ocurre tiempo después del crimen.

Una vez demostrada la capacidad de discriminación, se buscó evaluar el reconocimiento. Para ello, 24 estudiantes tuvieron que ver rostros sin gafas y más tarde con gafas, sin que se les pidiera que las memorizaran, ya que en una situación real no se es consciente de la necesidad de memorizar un rostro. Los resultados muestran que hay mayor reconocimiento cuando la imagen era idéntica, es decir, cuando no añadíamos ni quitábamos elementos como las gafas. Por otro lado, las gafas sin montura tenían más posibilidades de evaluarse como que se habían visto previamente (falsos positivos).

En conclusión, las gafas afectan a la imagen que nos formamos de la persona, pero no todas las gafas producen el mismo efecto en el observador. También lograban llamar más la atención y ralentizar la discriminación, pero lo realmente importante es que las gafas sin montura daban la sensación de haber visto una cara anteriormente, lo que puede conseguir que un inocente sea acusado por los testigos oculares de ser el culpable falsamente. Así que jugar con las gafas puede ser un elemento interesante en un juicio según si uno es culpable o inocente.

Síndrome de Munchausen por Poder. Club de las Ciencias Forenses.

Sindrome de Munchausen por poder Club Ciencias Forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Síndrome de Munchausen por poder”, de los autores María Fernanda Cujiño, Andrés Dávila, Mónica María Sarmiento, María Inés Villareal y Roberto Chaskel, de la Universidad de Bogotá, que realizan una revisión sobre el síndrome de Munchausen por poder en niños.

En el siglo XVIII, Karl Friedrich Hieronymus, barón de Münchhausen, se hizo famoso por contar historias de aventuras fantásticas que nunca le habían sucedido, como haber bailado en el estómago de una ballena o haber viajado a la luna. No fue hasta 1951 cuando el doctor Richard Asher, en honor al fantasioso barón, tomó su nombre para identificar a un peculiar síndrome consistente en fingir síntomas de enfermedad en ausencia de ésta. Es importante diferenciarlos de aquellos que simulan las dolencias para obtener algún beneficio o evitar responsabilidades, como sería el caso de cobrar un seguro médico o evitar la cárcel.  Los que adolecen este síndrome no buscan incentivos externos más allá de la atención médica que logran como pacientes.

Una variante de este síndrome es el Munchausen por poder, también conocido como trastorno facticio impuesto a otro, que como su nombre indica consiste en atribuir la enfermedad a otra persona, llegando a provocarle los síntomas incluso. Es frecuente que las víctimas en este caso sean menores de edad por lo que es considerada una forma de maltrato infantil potencialmente peligrosa y muy distinta de la que acostumbramos a tratar.

Los elementos esenciales del síndrome son la presencia de síntomas físicos o psicológicos que pueden ser inventados o producidos por los padres o cuidadores y que además remiten al separar a los niños de ellos y la negación por su parte de haber perpetrado la farsa. Los padres o cuidadores tienen la necesidad de enfermar al niño o de llamar la atención de esta forma. El problema radica en que no se posee una manera fácil de detectar las señales de este síndrome, por lo que es complejo ayudar a la sospecha diagnóstica ya que cualquier sistema puede encontrarse comprometido (respiratorio, gastrointestinal, cardiovascular) e incluso a veces presentar síntomas de diversas enfermedades al mismo tiempo. El síntoma más frecuente es el sangrado de cualquier tipo (44%), seguido de convulsiones (42%), apnea (15%), diarrea (11%), vómito (10%) y fiebre (10%).

Se ha calculado que existe una incidencia anual de 0,5 a 2 por cada 100000 niños menores de 16 años. La prevalencia es por igual en ambos sexos y la edad promedio es entre los tres y los cuatro años, aunque incluso se han observado casos en fetos. Y el intervalo entre el inicio de los síntomas y el diagnóstico es de 15 meses. Por lo general, la causante es la madre.

Como decíamos, no es fácil detectar este síndrome, pero hay algunas señales que pueden servir de indicadores a los clínicos:

  • Enfermedad persistente o recurrente que no puede ser explicada adecuadamente con una base médica.
  • Signos y síntomas que aparecen en la presencia del cuidador y desaparecen en su ausencia.
  • Madre sobreinvolucrada con la atención del paciente y siempre presente en el hospital.
  • El caso descrito parece un trastorno raro.
  • Ausencia de respuesta a tratamientos adecuados.
  • Discrepancia entre la historia, los hallazgos clínicos y el buen estado del niño.
  • Madre menos preocupada que el personal médico acerca de la enfermedad del paciente.
  • Familias con antecedentes previos de muertes infantiles inexplicadas.
  • Cuidador con experiencia o entrenamiento en el campo de la salud.
  • Historia psiquiátrica de la madre.
  • Conducta extraña de la madre en el hospital.
  • Gran cantidad de exámenes paraclínicos realizados y dentro de los límites normales.

Además, es importante conocer a los padres para ver sus perfiles. En general, los padres tienen buena relación con el equipo médico hasta que se descartan las causas orgánicas de la enfermedad de su hijo. La mayoría serán madres con experiencia o cercanía al área de salud y padres que no saben de la supuesta enfermedad o están poco involucrados en el cuidado del niño, frecuentemente con trabajos que les alejan de la familia por largos periodos de tiempo y una relación marital pobre.  Además, podemos ver que las madres son sobreprotectoras, aunque más afectivas con sus hijos cuando hay personas delante, y no reaccionan bien cuando se les discute sobre la enfermedad del niño o de las técnicas médicas a emplear.

La tasa de mortalidad de los niños diagnosticados es de 9%, siendo las causas de muerte más frecuente son sofocación y envenenamiento. En aquellos pacientes que no habían sufrido previamente heridas físicas y volvieron con sus familias se encontró evidencia de maltrato en 17% a los dos años de seguimiento. Algunos estudios añaden que, en caso de muerte en el primer niño, los padres inician el síndrome en otros niños de la casa. También se ha observado el patrón de que, al crecer, los niños se vuelven colaboradores y aceptan su papel de enfermos, aprendiendo pasivamente a tolerar los procedimientos médicos. Son niños que en un futuro muestran comportamiento hipocondriaco y llegan a ser perpetuadores del síndrome de Munchausen con sus propios hijos.

En conclusión, aún sabemos poco de este tipo de abuso que, por lo general, tiene como víctimas a los niños. A pesar de tener algunos indicadores basados principalmente en el perfil psicológico de los padres, es difícil dar una respuesta rápida ya que por las diversas formas de manifestarse el maltrato no es hasta que falla el tratamiento que podemos empezar a sospechar que se trata de una sintomatología provocada. Sin embargo, una vez detectado es importante la intervención tanto en el adulto perpetrador como en el propio niño para evitar que en un futuro continúe esa cadena de atrocidad.

Notas de suicidio reales y falsas: un análisis de contenido. Club de las Ciencias Forenses.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Genuine and simulated suicide notes: An analysis of content”, de los autores Maria Ioannou y Agata Debowska, de la International Research Centre for Investigative Psychology, donde se analizan las diferencias en el contenido entre notas de suicidios reales y simuladas.

“Lo siento. Ya no puedo más.
Lo he intentado, de verdad que sí, pero ya no puedo más.
Adiós”

¿Verdadera o falsa? Detrás de cada nota de suicidio hay una pregunta, la diferencia entre una despedida y un asesino que queda en impune. Y no sólo eso, las cartas siempre están dirigidas a alguien, reflejan la necesidad de ser comprendidos: son un acto social. El estudio de las notas de suicidio nos permite ahondar en la mente perturbada y ayudarnos a comprenderla.

Con este objetivo se analizaron sesenta y seis notas: treinta y tres notas pertenecientes a personas que cometieron suicidio y treinta y tres notas falsas. Para homegeneizar la muestra, las cartas se agruparon por parejas de una real y una falsa haciéndolas corresponder en edad, sexo y nivel ocupacional de sus autores. Las cartas falsas se obtuvieron de voluntarios a los que se les pidió que escribieran la nota que dejarían en caso de cometer suicidio.

Se encontró que se podían clasificar los temas que figuraban en las notas de suicidio en: reales, falsos y neutros (los que se encuentran por igual en ambos tipos de nota).

  • Las notas auténticas son muy emocionales y plantean problemas interpersonales complejos. Por otro lado, podemos encontrar tanto emociones positivas como negativas, a veces incluso entremezcladas a lo largo de la carta. Los temas más comunes son identificar a los familiares, dejar instrucciones, morir por un ideal, relacionar eventos con el suicidio, relación amorosa compleja, autodesprecio, sarcasmo, ira y despedirse. Así mismo, también se señalan algunos temas menos comunes pero que raramente se encuentran en notas falsas: Fecha y firma del escritor, decisión difícil, no escriben en tiempo futuro, adicción, soledad, cuidar de los seres queridos desde el más allá, lamentar el pasado, dar las gracias, despreciar a otros y falta de resentimiento.
  • Las notas falsas se caracterizan por un enfoque más cognitivo que emocional y un habla más metafórica, no abordan directamente las razones para cometer suicidio y hablan de nobles ideas a veces no relacionadas. Los temas falsos más significativos fueron la autonomía, ser una carga y la injusticia.
  • Los elementos que se pueden encontrar en ambos tipos de notas, es decir, los catalogados como neutros, son los asuntos médicos o psiquiátricos, el esfuerzo, la duración de los problemas y ser un mártir.

Además se encontró que algunos elementos se utilizaron en más del 40% de todas las notas y, por lo tanto, no se pueden utilizar para diferenciar entre notas genuinas y simuladas. Éstos son: disculpas (45,5%), razones inespecíficas de suicidio (43,9%), construcción positiva de la pareja (42,4%) y expresiones de amor (40,9%).

La escritura refleja el estado psicológico del escritor y eso nos adentra en la mente suicida. De modo que podemos utilizar los temas del contenido de las notas de suicidio para diferenciar las notas genuinas de las falsas con bastante fiabilidad.

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