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Categoría: Psicología (página 1 de 3)

Detectar el suicidio en los rasgos faciales. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Detecting Suicidality From Facial Appearance”, de los autores Sela Kleiman y Nicholas O. Rule, de la Universidad de Toronto, que estudian los rasgos faciales asociados a la conducta suicida. 

El suicidio es la primera causa de muerte no natural en España. Dificultad para concentrarse, desprenderse de sus pertenencias, cambios repentinos de comportamiento, pérdida de interés en sus actividades, dificultades en el trabajo, modificación de los hábitos alimentarios o de sueño, conductas autodestructivas o consumo de drogas o alcohol. Hay muchas señales y a pesar de todo, no somos capaces de verlo venir. Es difícil estar atento a tantas señales que a veces pueden achacarse a otros factores… Pero, ¿y si pudiéramos preverlo con un simple vistazo?

Un equipo canadiense plantea la posibilidad, a lo largo de varios estudios y experimentos, de que haya algún tipo de patrón detectable en la cara de los suicidas que nos pueda dar la pista de que van a cometer un suicidio en breve. Lo cual sería una valiosa herramienta en la prevención.

Para este experimento se cogieron fotos de personas fallecidas por suicidio y de personas vivas de sus anuarios del instituto y la universidad. Fueron un total de 80 fotos, 40 de cada tipo (12 mujeres y 28 hombres), que se emparejaron por sexo y raza y se recortaron para mostrar únicamente el rostro. Además se pusieron en escala de grises para tratar de homogeneizarlas entre sí.

En la primera fase del estudio, se pidió a 33 participantes que observaran las 80 fotos y determinaran rápidamente, basándose en su “intuición”, si creían que las personas de las fotografías se habían suicidado o si estaban vivas. Sin importar si el participante ni el individuo representado en la foto eran hombre o mujer, los participantes fueron capaces de identificar con éxito a aquellos que se habían suicidado a un nivel significativamente por encima del azar.

En la siguiente fase, los investigadores querían estar seguros de que el peinado o la forma de la cara no estaban afectando las decisiones. Así que se recortó las fotos más para mostrar sólo “características faciales internas”. 30 participantes examinaron las fotos y, de nuevo, fueron capaces de identificar a las personas que se habían suicidado por encima del azar.

Posteriormente se consiguieron otras 25 fotos de suicidas que posaban mirando a la cámara de entre 14 y 19 años y se emparejaron de nuevo con la misma cantidad de fotos coincidentes en sexo y raza. Esta vez también se tuvieron en cuenta otros detalles al emparejarlos como llevar gafas, por ejemplo. Y, para mayor fiabilidad, realizó el emparejamiento una persona ajena a la investigación para evitar posibles sesgos. Una vez más se recortaron para mostrar sólo los rasgos faciales internos y se presentaron a 29 participantes, que de nuevo acertaron por encima del azar.

Para un segundo estudio, 161 estudiantes de calificaron las fotos de la primera fase del estudio anterior en medidas de depresión, desesperanza, satisfacción con la vida o impulsividad. Las víctimas de suicidio fueron vistas como más impulsivas y más deprimidas, pero no se observaron diferencias en los otros factores. Por lo tanto, las inferencias de la depresión e impulsividad contribuyen a las percepciones sobre el suicidio, pero sólo las inferencias sobre impulsividad realmente pueden predecir si un individuo se suicidará.

En un tercer estudio, pidieron a 133 participantes que evaluaran cada cara sobre la probabilidad de que pensaran que la persona representada podría hacer una compra impulsiva, participar en un comportamiento sexual impulsivo (relaciones sexuales sin protección) o participar en un acto violento impulsivo (una pelea en un bar). Los suicidas fueron juzgados con mayor probabilidad de estar involucrados en un altercado violento, pero no se les veía más propensos a participar en relaciones sexuales sin protección o a realizar una compra impulsiva.  Con lo cual, los investigadores concluyen que, como el suicidio constituye un acto violento contra el yo, hay algún tipo de señal en la apariencia facial que indica la posibilidad violencia impulsiva para el observador.

En conclusión, parece que es posible que haya algún tipo de lenguaje no verbal que ponga en evidencia la ideación suicida. Sería importante aprender a evaluar esos rasgos concretos y detectarlos como una importante medida de prevención.

Minorías sexuales: La discriminación mata. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Structural stigma and all-cause mortality in sexual minority populations”, de los autores Mark L. Hatzenbuehler, Anna Bellatorre, Yeonjin Lee, Brian K. Finch, Peter Muennig y Kevin Fiscella, en un estudio conjunto de las universidades de Nueva York, Nebraska y Pennsylvania, que analizan cómo la discriminación acorta considerablemente la esperanza de vida.

Tras un intenso debate social, el 30 de junio de 2005 se aprobó en España la ley que permite a los homosexuales casarse y adoptar. En marzo de 2007 se aprobó, además, una ley que permite a las personas transexuales cambiar su nombre y la definición legal de su sexo sin necesidad de una sentencia judicial ni una operación quirúrgica previa. Andalucía dio un paso más en junio de 2014 al aprobar una ley que reconoce el derecho de la libre autodeterminación del género sin necesidad de diagnóstico. Sin embargo, sólo 63 países tienen legislaciones específicas que prohíben y persiguen la discriminación por razón de orientación sexual y sólo en 22 se reconoce el matrimonio homosexual mientras que en 72 países la homosexualidad sigue criminalizada y perseguida y en 8 aún se castiga con pena de muerte.

Y el problema no radica sólo en la ley, sino también en la propia sociedad. Estigmatizar a individuos, ya sea por su orientación sexual, su raza/etnia o incluso su aspecto físico, conlleva un aumento en el riesgo de padecer deterioro en la salud física y mental. Es por ello que el objetivo de este estudio es demostrar cómo afecta a la esperanza de vida vivir en una sociedad altamente prejuiciosa frente a una tolerante cuando se es una minoría sexual.

Para este estudio se analizaron los datos de la Encuesta Nacional de Entrevistas de Salud y la Encuesta Nacional de Exámenes de Salud y Nutrición, todas ellas y otras más recogidas en el Centro Nacional de Estadísticas de Salud que recoge los datos referentes a este tema en la población estadounidense. Los años estudiados fueron de 1988 a 2002 (dado que antes de esa fecha no estaban disponibles los datos de las minorías sexuales). De los 21045 encuestados evaluados, 914 (4,34%) mantuvieron relaciones con personas de su mismo sexo.

Por un lado se midieron las actitudes contra las minorías sexuales a través de cuatro ítems: (1) “Si algunas personas en su comunidad sugirieran que un libro a favor de la homosexualidad se sacara de la biblioteca pública, ¿favorecería usted la eliminación de este libro o no?”; (2) “¿Debería permitirse a un hombre que admita que es homosexual enseñar en un colegio o universidad o no?”; (3) “Supongamos que un hombre que admite ser homosexual quisiera hacer un discurso en su comunidad. ¿Debería permitirse que hablara o no?”; (4) “¿Cree usted que las relaciones sexuales entre dos adultos del mismo sexo siempre son algo malo, casi siempre son algo malo, son malas sólo a veces, o no son malas en absoluto?”.  Luego se evaluaron variables de las minorías sexuales que fallecieron en esos años como nivel de ingresos, nivel educativo, percepción subjetiva de la salud, raza, sexo, edad y lugar de nacimiento.

Los resultados mostraron que había una diferencia significativa entre vivir en una comunidad con alto nivel de prejuicios y estigmatización y en una tolerante: la esperanza de vida se reducía una media de 12 años para las minorías sexuales.  Además, era tres veces más probable morir por asesinato en estas comunidades y que se cometiera suicidio con más frecuencia y a una edad mucho más temprana de lo habitual.

Aunque sería interesante ampliar este estudio en otras poblaciones y evaluando también los últimos quince años, los datos no son nada desdeñables. Es importante prevenir y concienciar en la sociedad en contra de los prejuicios y la estigmatización para evitar que el odio siga matando, incluso cuando no lo haga de forma física sino psicosocial.

Los sesgos del uniforme policial. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Students Wearing Police Uniforms Exhibit Biased Attention toward Individuals Wearing Hoodies”, de los autores Ciro Civile y Sukhvinder S. Obhi, de la Universidad de Hamilton (Canadá), que analizan como el uniforme policial activa sesgos atencionales contra la gente de bajo nivel socioeconómico.

La ropa tiene poder simbólico y nos influye a nivel subconsciente. Es bien sabido que puede estar asociada al estatus socioeconómico, el género, la religión o la ocupación. Es algo poco estudiado por ahora pero se ha visto que afecta a nivel cognitivo en algunos estudios. Sabemos que un tipo de ropa u otro pueden hacer que nos cambiemos de acera por la noche o hacernos sentir seguros como un uniforme de policía. Sin embargo, no sólo nos influye en cómo vemos a otras personas por la ropa que llevan ellos, sino que lo que nosotros mismos llevamos puede afectarnos en cómo vemos a los demás.

Según estos investigadores, los agentes de policía operan en un entorno laboral en el que con frecuencia se enfrentan al peligro y, de manera consciente o inconsciente, les puede llevar a observar a la gente de su entorno separando a los que pueden suponer una amenaza de los que no. Es por ello que este estudio se propuso analizar los sesgos que implican para los policías su propio uniforme.

En el primer experimento participaron 28 estudiantes (23 mujeres), los cuales eran divididos en dos grupos: 14 llevaban uniforme de policía y 14 uniforme de mecánico. Debían ver un total de 64 fotografías de caras, siendo 32 de raza blanca y 32 de raza negra. En los resultados no se encontró que el uniforme afectara a la discriminación de caras de distinta raza.

En un segundo experimento, participaron otros 28 estudiantes (22 mujeres), con la misma división en dos subgrupos por uniformes. Esta vez debían ver personas de raza blanca y negra también pero unos vestían de traje y otros sudaderas con capucha. Se iban presentando las imágenes y un cuando aparecía un punto negro en alguna parte de la pantalla debían pulsar un botón. En esta ocasión se encontró un sesgo atencional en aquellos que llevaban uniforme policial: cuando en escena había una persona con traje y otra con sudadera y el punto aparecía junto al sujeto con sudadera sus tiempos de reacción eran más rápidos, lo cual significa que estaban prestando más atención a uno que a otro.

En el tercer experimento fueron esta vez 56 estudiantes (45 mujeres), 28 por subgrupo. Esta vez el uniforme policial fue el de seguridad del campus, y un subgrupo debía llevarlo puesto y el otro tan sólo se sentaba en una mesa junto al uniforme. La tarea era la misma que en el experimento 2 y, además de corroborar sus resultados, se encontró que la “influencia del uniforme” ocurría sólo mientras se llevaba puesto.

La explicación más probable de estos resultados es la identidad social que simboliza llevar puesto el uniforme y la subcultura que eso implica, que afectaría a su forma de pensar y comportarse. Los policías a menudo se enfrentan a individuos peligrosos y están concienciados de la amenaza y, del mismo modo que la raza no supuso ningún tipo de diferencia, la clase social se activaba a nivel subconsciente como un indicador de posibles peligros. Sin embargo, es importante recalcar que en todos los experimentos los participantes eran estudiantes, no policías reales. Sería importante replicar los resultados con policías reales y comprobar si los estereotipos funcionan de la misma forma con otro tipo de empleos.

La psicopatía desde la perspectiva de la teoría del apego. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Examining psychopathy from an attachment perspective: the role of fear of rejection and abandonment”, de los autores Henk Jan Conradi, Sanne Dithe Boertien, Hal Cavus y Bruno Verschuere, en un estudio conjunto de las Universidades de Amsterdam, Ghent (Bélgica) y Limerick (Irlanda), que pone en relación la teoría del apego con la psicopatía.

Tendemos a imaginar a los psicópatas como nos los muestra Hollywood: depredadores sociales y asesinos en serie sin corazón. Lo cierto es que, tras esa imagen tan demonizada, debemos saber que ni todos los asesinos son psicópatas, ni todos los psicópatas son asesinos. De hecho, se estima que un 2% de la población mundial son psicópatas, siendo tres veces más común en hombres que en mujeres. La psicopatía es un constructo complejo y multifacético, que por lo general se expresa como una afectividad fría, relaciones interpersonales superficiales, engañosas y manipuladoras, arrogancia y comportamiento imprudente y, a menudo, antisocial. Pero la característica central sería esa especie de anestesia afectiva por la cual no sienten culpa ni ningún tipo de sentimiento de amistad o amor, aunque sí puedan sentir emociones como la ira.

Hace ya más de setenta años, Bowlby observó que en los delincuentes jóvenes, aquellos que mostraban rasgos de psicopatía eran mucho más propensos a haber experimentado privación materna. Es decir, que habían sido separados de su madre durante seis o más meses en sus dos primeros años de vida. Es en este periodo vital cuando, según la teoría del apego, los bebés se apegan emocionalmente a los adultos que son sensibles y receptivos a relacionarse con ellos, principalmente sus cuidadores principales. Es decir, los padres, por lo general. El desarrollo de esa relación con el cuidador es fundamental para el desarrollo emocional y social del niño más adelante. De manera que el estudio puso en evidencia que ese mal desarrollo del apego normal en la niñez pudo derivar en el desarrollo de la psicopatía en la adolescencia y juventud y, más tarde, en una conducta delictiva.

A pesar de esos resultados, otros estudios no han logrado replicar el estudio debido a la utilización de muestras pequeñas o al uso de muestras delictivas frente a las no delictivas, lo que causaba inconsistencias en los resultados. Es por ello que el objetivo de este estudio es tomar el relevo de esta teoría pero con ciertas variantes. Para empezar, parten de la base de que el abandono emocional del bebé no provocaría la psicopatía (esto ocurre con la sociopatía, no con la psicopatía), sino que sería el niño el que, en esa fase en la que por lo general un niño busca una figura de apego, un niño con psicopatía a pesar de tener un cuidador que alente ese vínculo se mantendrían distantes emocionalmente incluso a tan corta edad. Del mismo modo, cabe esperar que este tipo de personas no padezcan miedo ni ansiedad por la separación ya que están poco conectados socialmente y sus conexiones son superficiales e interesadas. También se hipotetiza que puntuarán alto en miedo al rechazo, pues utilizan a las figuras de apego como forma de conseguir apoyo y validación en una forma de sobrecompensar su falta de vínculo, siendo esa la razón por la que se mostrarían tan irascibles ante la falta de atención de las personas de su entorno.

Para probar sus hipótesis contaron con 1074 participantes con una edad media de 20 años y estudios universitarios, en su mayoría mujeres. Los participantes llevaron a cabo el Inventario de Rasgos Psicopatológicos Juveniles (YIP), donde debían valorar de 1 (no se me aplica en absoluto) a 4 (se me aplica totalmente) un total de 50 ítems como “Creo que llorar es un signo de debilidad, incluso si nadie te ve”. Los ítems se subdividen en tres categorías: carencia de emociones, vanidoso/manipulador e impulsivo/irresponsable. Después llevaron a cabo el cuestionario ECR que mide el apego en relaciones de pareja pasadas y presentes. Este test tiene dos subescalas: la ansiedad por el rechazo y el abandono (por ejemplo, “me preocupa ser abandonado”) y la evitación de la intimidad (por ejemplo, “prefiero no ser muy cercano con mis parejas sentimentales”). En este caso se evaluaba de 1 (muy en desacuerdo) a 7 (totalmente de acuerdo).

Se pusieron en relación los resultados de ambos cuestionarios, encontrando que efectivamente hay una relación entre la carencia de emociones y evitación del apego y la intimidad. Del mismo modo encontramos que los rasgos impulsivos e irresponsables están relacionados con la ansiedad por el rechazo, como decíamos, posiblemente como estrategia para llamar la atención y suplir el vínculo emocional en la relación. Curiosamente se encontró también que la faceta ególatra y manipuladora también correlacionaba con la falta de apego y el miedo al rechazo. Esto sugiere un posible mecanismo de compensación en el que se generan sentimientos de grandiosidad en la distancia, inflando su autoestima para reducir la necesidad de apego y el miedo a ser rechazado por los demás. Los hombres puntuaron más bajo en ansiedad por el rechazo que las mujeres, pero es difícil sacar conclusiones sobre esta diferencia teniendo en cuenta que eran minoritarios en la muestra. Sin embargo, con estos datos podemos decir que la teoría del apego nos ayuda a entender mejor la psicopatía y da un nuevo enfoque a su comprensión.

El orden de los factores altera el producto: El efecto de contraste en la percepción de la gravedad de un delito. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Contrast effect on the perception of the severity of a criminal offence”, de los autores Gabriel Rodríguez y Sara Blanco, de la Universidad del País Vasco, que estudian cómo nuestra percepción de la gravedad de un delito puede verse modulada por la gravedad de otras acciones a las que hemos sido previamente expuestos.

¿Has visto alguna vez la ilusión óptica conocida como el tablero de Adelson? Si no es así seguramente te costará creer que la casilla A y la casilla B son del mismo color. Y, sin embargo, así es. El efecto producido por los colores de alrededor y las sombras engañan a la vista, produciendo una ilusión llamada efecto de contraste, consistente en percibir algo de una manera o de otra en función de lo que lo rodea.

Este peculiar efecto no se encuentra sólo en la vista, afecta a toda nuestra percepción y por tanto, sesga nuestra concepción del mundo y afecta a nuestras decisiones. Pongamos como ejemplo dos jueces. El primero ha estado en audiencias anteriores atendiendo casos muy severos como homicidios y acciones terroristas. El segundo, en cambio, ha estado con casos más leves como multas de tráfico. Si a continuación a ambos se les presentara un caso de una gravedad media, ¿reaccionarían imponiendo la misma condena?

Lo ideal sería poder responder que sí, pero somos humanos y como decíamos antes nuestras decisiones se ven afectadas por nuestros sesgos. Es por ello que los autores de esta investigación creyeron que en estos casos también afectaría el efecto de contraste: la experiencia previa modularía la gravedad con que se vería ese caso, sobreacusándolo el juez que hubiera estado con delitos leves y desdeñándolo el de los delitos graves.

Para demostrarlo contaron con la colaboración de 152 estudiantes universitarios a los que dividieron en dos grupos. Todos los grupos verían cinco actos delictivos contemplados en el código penal junto a la gama de sentencias en meses que se corresponden para cada uno. Uno de los grupos vería cuatro delitos graves (como por ejemplo homicidio o prostitución de menores) y el otro cuatro delitos leves (como amenazar o cometer una infracción al volante). El quinto delito sería de gravedad media y sería el mismo para ambos: robo con violencia.

Los participantes simplemente debían asignar la pena que ellos creían adecuada para cada delito dentro del rango que dictaba la ley. Tal como se esperaba, aquellos que estuvieron viendo delitos graves tuvieron tendencia a aplicar las sentencias más leves al robo, mientras que los que vieron los delitos leves aplicaron las más severas. Lo cual nos da evidencia de que la experiencia previa se convierte en marco cognitivo para interpretar la información venidera, con las consecuencias que eso pueda tener como sesgo en nuestras decisiones.

En definitiva, una persona recibiría una condena diferente según la experiencia previa del juez, lo cual supone una injusticia. Sabiendo que este sesgo existe debería buscarse la manera de proteger a los acusados de una sentencia exagerada o reblandecida por motivos ajenos a ellos, en lugar de esperar que la suerte juegue a su favor.

El “acoso romántico”: Actitudes que normalizan y minimizan el acoso. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “ʻIt’s Not Really Stalking If You Know the Personʼ: Measuring Community Attitudes That Normalize, Justify and Minimise Stalking”, de los autores Bronwyn McKeon, Troy E. McEwan y Stefan Luebbers, de la Universidad de Monash (Australia), que aborda la confusión entre romanticismo y acoso, principalmente en los hombres.

Llamadas amenazantes de una expareja. Fotos comprometidas en internet. Alguien que te sigue por la calle o te espera frente a tu casa hasta que salgas. Hay muchas formas de acoso y algunas se ven más claras que otras. Por definición, entendemos como acoso un patrón de contactos reiterados y no deseados que son experimentados como intrusivos por parte del destinatario y le hacen sentir angustia o miedo. Sin embargo, hay situaciones que, debido a la cultura en la que hemos crecido, nos cuesta más distinguir como acoso.

Por lo general, se tiende a ver como una amenaza a los acosadores desconocidos, pero no a los que son cercanos a la víctima. Y, sin embargo, la investigación nos demuestra que los extraños tienen menos tendencia a persistir en el acoso y son mucho menos propensos a utilizar la violencia. Un exnovio que no ha superado la ruptura o un conocido que trata de “conquistar” a la víctima son vistos como algo legítimo en la mayoría de los casos, lo que conlleva que las víctimas no reciban la ayuda necesaria e incluso que ni siquiera la pidan porque saben la respuesta legal y social que les espera.

Algunos estudios anteriores han demostrado que los hombres y las mujeres entienden por igual el acoso cuando se trata de violencia hacia la víctima, de forzarla o de acecharla. Sin embargo, difieren cuando las conductas pueden disfrazarse de “romanticismo” como el envío de regalos o preguntar información acerca de ellas. Debido a este problema de confusión entre el cortejo y el acoso se propuso indagar las actitudes y creencias de la población al respecto para ser capaces de hacer campañas educativas contra el acoso y programas de tratamiento para los acosadores y las víctimas.

Para este estudio contaron con 524 participantes (244 personas de la población general y 280 miembros del cuerpo de policía), con cierto predominio masculino en la muestra (61% de hombres en la población general y 73% en la de policías). El rango de edad fue entre 20 y 84 años, con una edad media de 43, mientras que la media entre los policías fue de diez años menos y sólo hasta los 63 años. Se envió a los participantes un paquete que contenía una carta explicativa con las instrucciones, un cuestionario demográfico, una viñeta que describía una situación de acoso, una copia de la ley contra el acecho y el acoso, un cuestionario relativo a sus percepciones sobre el acoso que se ve en la viñeta, el Cuestionario sobre Actitudes Relacionadas con el Acoso (SRAQ) y un sobre en el que renviar sus respuestas.

El SRAQ es un cuestionario con 34 preguntas tipo Likert que deben valorarse de 1 (absolutamente falso) a 7 (totalmente cierto) e indican acuerdo con mitos o estereotipos sobre el acoso. 15 de los artículos son específicos para un agresor masculino y una víctima femenina (ej: “A un hombre se le debe permitir perseguir a una mujer hasta cierto punto, si es parte del romance”). Las otras 19 son sin género (ej: “No es realmente acoso si conoces a las personas y ellas te conocen a ti”). Sobre las escenas de acoso, había seis en total pero cada participante recibía sólo una al azar que consistían en situaciones de acoso entre un agresor masculino y una víctima femenina que persistía durante varias semanas e involucraban acercamientos e intentos de comunicación no deseados. La variante entre las escenas era la motivación para acosar a la víctima: intentar conseguir una cita, delirio romántico, tratar de reanudar una relación, venganza o trastorno sexual. No hubo problema con utilizar distintas imágenes ya que pertenecían a otro estudio sobre el acoso y no hay diferencias estadísticas entre ellas.

Según el estudio, se encontraron tres creencias o actitudes latentes sobre el acoso en la muestra que minimizan la gravedad del acoso y lo normalizan: “el acoso no es algo serio”, “el acoso es romántico” y “la culpa es de las víctimas”. Además, se encontró que los hombres apoyaban las creencias sobre el acoso más que las mujeres y disculpaban al acosador, así mismo, los miembros de la policía apoyaban estos mitos en menor medida que el resto de la población. En términos generales, este estudio apoya la idea de que existen actitudes en la población que influyen en si se toman en serio o no a las víctimas de acoso y del nivel de apoyo y ayuda que reciben. Es posible que la diferencia de percepción de este problema entre la población general y los miembros de la policía sea por la formación adicional que estos reciben sobre el tema, lo cual es esperanzador, ya que podría significar que con la intervención adecuada podría concienciarse al resto de la población (y principalmente a los hombres) de la importancia y gravedad de este problema, dismitificándolo fuera del amor romántico.

La privación del sueño provoca confesiones falsas. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Sleep deprivation and false confessions”, de los autores Steven J. Frenda, Shari R. Berkowitz, Elizabeth F. Loftus, and Kimberly M. Fenn, en un estudio conjunto de la Universidad de Nueva York, la Universidad de California y la Universidad de Michigan, que aborda como la privación del sueño hace más propensas a las personas a firmar una confesión falsa.

En Estados Unidos se calcula que al menos el 4% de las personas condenadas a muerte eran en realidad inocentes. Los estudios sobre condenas erróneas reconocidas nos dicen que las confesiones falsas son un importante factor. Entendemos confesión falsa cuando una persona inocente hace la falsa declaración de culpabilidad y añade la narrativa de por qué y cómo cometió el delito. Aunque incluso sin la narrativa, una confesión de culpabilidad convierte al sospechoso en el blanco de la investigación criminal. Incluso cuando se avisa al jurado de que la confesión ha sido forzada, ésta afecta su percepción del acusado e influye en su decisión.

Sería fácil pensar que las confesiones falsas sólo aparecen tras algún tipo de coacción física; sin embargo, los interrogadores a menudo recurren a estrategias de coacción psicológicas. La falta de sueño afecta a muchas de las habilidades cognitivas que pueden ser cruciales en la resistencia a este tipo de coacción: además de alterar el estado de ánimo, reduce el control inhibitorio, lo que lleva a la gente a tomar decisiones más arriesgadas e interfiere con su capacidad para anticipar y medir las consecuencias de sus acciones. Además, investigaciones recientes han puesto en relación la falta de sueño con la formación de recuerdos falsos y distorsionados de sucesos pasados, lo que sugiere que las personas privadas de sueño son especialmente vulnerables a sugestión y manipulación.

Debido a la gravedad de utilizar estas técnicas, cuyos resultados no influyen a los culpables sino que van en detrimento de los inocentes es el objetivo de esta investigación comprobar la tendencia a confesar algo de lo que se es inocente a gente descansada y gente privada de sueño para comprobar las diferencias entre ambos grupos.

En el experimento participaron 88 estudiantes universitarios de entre 18 y 23 años, de diverso origen étnico y la mitad mujeres. Consistía en tres sesiones de laboratorio: tanto en la primera como en la segunda se les pedía que hicieran unos test a ordenador, entre ellos unos para medir la impulsividad cognitiva, y se les advertía que no debían tocar la tecla ESC del ordenador o se perderían los datos. Entre ambas sesiones se dejaba pasar una semana. Tras la segunda, a la mitad se les dejó dormir en el laboratorio y a la otra mitad se les obligó a permanecer toda la noche despiertos, ocurriendo la tercera sesión al día siguiente por la mañana. En esta sesión se les acusaba falsamente de haber pulsado la tecla ESC en la primera sesión y se les dio una declaración para que la firmaran, afirmando haber pulsado la tecla.

Tras la primera solicitud de que firmaran, encontramos que la mitad de lo que no han dormido aceptan, mientras que de los descansados sólo lo hacen el 18%. Tras una segunda y última insistencia, el 68,2% de los que no han dormido confiesan y un 38,6% de los que sí lo han hecho. Sin embargo, los datos realmente impactantes son en correlación a las otras pruebas realizadas. En relación al nivel de somnolencia subjetiva percibida, independientemente de en qué grupo experimental estuvieran, los participantes que reportaban altos niveles de somnolencia tenían 4,5 veces más posibilidades de confesar que en participantes con bajos niveles de somnolencia. También se encontró que los participantes que eran impulsivos eran más vulnerables a las confesiones falsas, tal y como se esperaba.

En conclusión, la privación del sueño tiene consecuencias desastrosas a la hora de obtener confesiones, impulsando a los inocentes a declarar; especialmente cuando se trata de personas vulnerables al cansancio o impulsivas. Es por ello que esta técnica no debería ser utilizada para lograr confesiones, del mismo modo que no deberían llevarse a cabo interrogatorios durante la noche ni de más de 12 o incluso 24 horas como en ocasiones se ha hecho, para evitar que el desgaste cognitivo haga el mismo efecto que la privación del sueño.

Efectos de la personalidad, técnicas de interrogación y plausibilidad en un paradigma experimental de confesión falsa. Club de las Ciencias Forenses.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Effects of personality, interrogation techniques and plausibility in an experimental false confession paradigm”, de los autores Jessica R. Klaver, Zina Lee y V. Gordon Rose, de las universidades de Alabama (USA) y Simon Fraser (Canadá), que trata de abordar los factores individuales y situacionales que pueden contribuir a la obtención de confesiones falsas.

Por lo general, una confesión es la prueba más influyente en un juicio. Incluso en casos de juicios simulados, cuando se ha pedido expresamente que no se tengan en cuenta las confesiones, éstas aumentan la tasa de veredictos de culpabilidad. Y es que es una prueba que ha demostrado un impacto más fuerte que incluso el testimonio de testigos.

Ciertamente, la mayoría de sospechosos que confiesan un crimen son culpables y en gran parte de las confesiones hay corroboración. Sin embargo, existen numerosos casos de condenas erróneas resultado de confesiones falsas. Por tanto, debido a gran influencia que tienen las confesiones en el veredicto es importante examinar qué factores pueden estar implicados en la producción de confesiones falsas.

Para este estudio los participantes fueron 219 estudiantes universitarios, en su mayoría mujeres, de unos dieciocho años, y de diverso origen étnico. Se les aplicaron test de sugestionabilidad, obediencia, autoestima y locus de control. También completaron un cuestionario de datos demográficos para indagar sobre la edad, el género, el origen étnico, la fluidez del idioma y el nivel educativo.

Posteriormente se pedía a los participantes que llevaran a cabo una prueba de mecanografía, haciéndoles creer que se estaba midiendo su velocidad. Se diseñaron dos versiones del experimento: alta y baja verosimilitud. En la de alta verosimilitud, a los participantes se les advirtió que no debían tocar la tecla ALT, ya que hacerlo bloquearía el programa y se perderían los datos. El diseño estaba preparado para que cuando pulsaran la tecla Z (muy cercana a ALT) se bloqueara el ordenador. En el diseño de baja verosimilitud, lo que no debían pulsar era la tecla ESC, que está distante de la Z, lo que haría poco plausible que la tocaran por accidente durante el ejercicio. En esta situación también se bloqueaba el ordenador al pulsar la Z en determinado momento.

Luego se dividía a los participantes en dos estrategias diferentes de interrogatorio con la finalidad de hacerles firmar una confesión escrita de que habían pulsado la tecla prohibida. Una de las estrategias consistía en minimizar el acto para normalizarlo, culpando al ordenador en lugar de al participante para darle una sensación de falsa seguridad: “No se preocupe, no fue su culpa. Varias personas lo han pulsado por accidente. La tecla es demasiado sensible y con apenas rozarla se activa. ¿Es eso lo que pasó?”

En la condición de maximizar el acto, el experimentador inducía intimidación y exageraba la gravedad de la presunta transgresión: “Hemos llevado a cabo más de cincuenta ensayos en las últimas tres semanas y es la única vez que se ha bloqueado el ordenador. Ahora no hay manera de recuperar los datos. Usted lo ha pulsado, ¿verdad?”

En todas las condiciones se pedía al participante que firmara una confesión escrita que indicaba: “He pulsado la tecla ALT/ESC y he causado que el equipo se bloquee. Todos los datos se perdieron”. Independientemente de si firmaba, el experimentador explicaba que el ordenador tendría que ser reprogramado para que se pudiera terminar el ensayo y se le pudiera dar el crédito al estudiante y alegaba tener que salir de la habitación para hablar con el supervisor del proyecto. Una vez salía de la habitación entraba otro experimentador que se hacía pasar por otro estudiante y preguntaba al participante qué había ocurrido porque había oído voces fuera. La respuesta del participante se registraba literalmente.

Las dos medidas que se buscaban en el experimento eran la confesión falsa y la internalización de la culpa. La confesión se medía en cuanto a la firma del papel con la confesión, y la internalización en función de la respuesta dada al otro experimentador. Para evitar sesgos sólo se consideraba internalizada la culpa si el participante aceptaba haber pulsado la tecla. Si daba respuestas vagas como “creo que sí”, “no estoy seguro”, “tal vez” o “él dice que he pulsado la tecla” se consideraba que no la había internalizado.

Los resultados muestran que un 43% de los participantes confesaron haberlo hecho aun siendo inocentes y un 10% llegó a internalizar la culpa, es decir, a creerlo de verdad. Además, si se minimizaban los hechos era mucho más probable una confesión y una internalización, y también influyó altamente si los hechos eran plausibles (tecla cercana o alejada). De hecho, ningún participante internalizó la culpa en el caso de la baja plausibilidad, ni siquiera minimizando los hechos. Esto concuerda con otros experimentos que afirman que los eventos pueden ser implantados en la memoria en la medida en la que son plausibles para la persona.

En cuanto a las otras variables, se encontró que había una tendencia mayor a las confesiones en las mujeres pero los datos no llegaron a ser significativos. Tampoco hubo diferencias significativas en cuanto a la etnia ni las variables de personalidad estudiadas. Sin embargo, sí se encontró que las personas más sugestionables eran más propensas a firmar la confesión falsa, aunque curiosamente esta evidencia se cumplía únicamente en los participantes caucásicos.

Es posible que se requieran otros paradigmas para estudiar la influencia del comportamiento en las confesiones falsas, o quizás sean otros rasgos de la personalidad los que han de someterse a estudios. Lo que es seguro es que aún nos queda mucho por averiguar y que, dados estos resultados, debemos tener cautela a la hora de minimizar los hechos en un interrogatorio.

Las reglas de la mafia: normas de conducta en organizaciones mafiosas. Club de las ciencias forenses.

Las reglas de la mafia - normas organizacionales en grupos criminales - club ciencias forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, esta semana les proponemos un resumen del artículo “Mafia rules. The role of criminal codes in mafia organizations.”, del autor Maurizio Catino, de la University of Milan, donde se analiza cómo los grupos mafiosos aplican normas de comportamiento organizacionales para solventar sus posibles problemas internos.

Las normas son una parte esencial de la vida de las organizaciones. Como un conjunto de acciones, regulaciones, prohibiciones y políticas, determinan cómo los miembros de las mismas deben llevar a cabo sus actividades. Así, una organización creará unas reglas a las que recurrir en el caso de decisiones rutinarias, que en la mayor parte de ocasiones se refieren a todos los miembros del grupo (o varían jerárquicamente). Adaptándose constantemente al ambiente, las normas deben ser constantemente adaptadas para afrontar los problemas de cada organización, siendo creadas ante una situación novedosa o eliminadas ante una situación obsoleta. Es a través de estas reglas, por tanto, como las conductas y las acciones de los individuos son reguladas en el seno de cualquier organización.

Sin embargo, ¿Cómo puede una organización criminal, carente de mecanismos legales de resolución de disputas, funcionar de manera eficiente? A través del establecimiento de estas reglas organizacionales. En realidad, el control de la conducta de los individuos es utilizado tanto en el mundo legal como en el mundo ilegal. ¿Por qué? En primer lugar, porque en el mundo criminal no se puede confiar en una corte judicial que medie en cualquier tipo de problema. En segundo lugar, porque la cooperación en las organizaciones criminales es necesaria para alcanzar los intereses (normalmente económicos). En este caso, el autor de esta investigación analizó las reglas creadas para sostener un tipo de organización criminal fuertemente organizada: la mafia.

Las organizaciones mafiosas tienen que hacer frente a gran cantidad de problemas organizacionales críticos. Esto es debido a que las mismas existen en ambientes relativamente hostiles, en los cuáles un error puede resultar en el descubrimiento y derrumbe de la organización. Resulta especialmente complejo, además, mantener un orden en este tipo de organizaciones, debido a problemas como el encontrar gente de confianza, no mantener registros, etc. Deben, en general, mantener un control exhaustivo sobre los miembros de su organización, así como defenderse de cualquier amenaza externa. Es por ello por lo que deben recurrir a estrictas normas y reglas creadas para mantener la organización en funcionamiento.

A pesar de la dificultad de encontrar individuos que hablen sobre la mafia, y que casi toda la información de la misma es transmitida de manera oral, las investigaciones señalan que existen diversos códigos de conducta establecidos en el seno de las organizaciones mafiosas. Esta investigación, por su parte, se centró en analizar dos grupos mafiosos en concreto: la “Cosa Nostra” siciliana y la “Cosa Nostra” americana (siendo mafias muy similares, pese al mayor tamaño de la americana respecto a la siciliana). A continuación, se plantearán los tres tipos de normas esenciales existentes en estos grupos, así como las normas existentes en los mismos.

Reglas como métodos de organización.

Este tipo de normas coordina las jerarquías horizontales y verticales, así como los roles y las distinciones territoriales dentro de cada familia. Hay que recordar, sin embargo, que por parte de los miembros de la organización, el grupo mafioso siempre tiene mayor peso que cualquier individuo aislado. Aquí podemos conocer parte de sus normas esenciales.

Cosa Nostra siciliana (CNS)

  • Estar siempre disponible para la Cosa Nostra es un deber, incluso si tu mujer está dando a luz.
  • Los compañeros y las órdenes deben ser absolutamente respetados.
  • Cuando se pregunte sobre cualquier información, la respuesta siempre debe ser la verdad.

Cosa Nostra americana (CNA)

  • Siempre mostrar respeto por aquellos que mandan.
  • Se debe reportar cualquier fallo como muestra de respeto hacia el patrón inmediatamente.

Reglas como método de contención del conflicto y la violencia.

Las normas sirven para controlar la agresión, proveyendo a la organización de métodos legítimos para la expresión de la misma, así como para aplicar castigos. Para las organizaciones mafiosas, la violencia es un instrumento, no un fin en si mismo. Dada la imposibilidad de acudir a la justicia, las mafias han designado un conjunto de normas para controlar las tensiones que puedan provocarse en las actividades ilegales. Algunas de sus normas esenciales son:

CNS

  • Nunca mirar a la mujer de compañeros.
  • Uno no puede apropiarse del dinro si pertenece a otros o a otras familias.
  • No se debe tocar a las mujeres de otros hombres de honor.
  • No se debe robar a otro hombre de honor ni, en general, a nadie.
  • No se debe matar a otro hombre de honor si no es estrictamente necesario.
  • No se debe pelear con otro hombre de honor.

CNA

  • La violencia debe ser utilizada, aunque sea limitadamente, para infundir respeto
  • Nunca debe usarse la violencia en una disputa con otro miembro o asociado de otra familia.
  • Nunca usar la violencia con un miembro de la propia familia.
  • Si el patrón solicita que dos partes trabajen juntas, él debe actuar como árbitro entre las mismas.
  • El jefe puede recurrir a la violencia, e incluso al asesinato, contra otro miembro de la familia. Sin embargo, no puede recibir ningún provecho de la agresión.
  • El jefe no puede utilizar violencia contra un miembro cercano a otra familia sin la consulta previa a la misma.

Reglas como medio para mantener el secreto.

Saber que uno no debe hablar es una habilidad requerida en organizaciones como la mafia. La premisa esencial de estas organizaciones consiste en llevar a cabo sus actividades ilegales en condiciones de total secretismo. Para poder llevarla a cabo, se establecen normas que aseguran un estado de silencio absoluto en la organización. De hecho, el término mafioso “Omertà” es un término derivado de una conducta esquiva o silenciosa con la información. Algunas de sus reglas esenciales son las siguientes:

CNS

  • Nadie puede presentarse a sí mismo a otro amigo. Siempre debe haber una tercera persona que lo haga.
  • Nunca se debe ser visto con policías.
  • No se debe ir a pubs o clubs.
  • Las mujeres deben ser  tratadas con respeto.
  • No puede ser parte de la Cosa Nostra: cualquiera relacionado con la policía, cualquiera con una doble vida, cualquiera que se comporte mal, aquel que no acate las normas morales y aquel que hable sobre la Cosa Nostra.

CNA

  • Nunca preguntar un apellido.
  • No utilizar teléfonos salvo para acordar sitios de encuentro, preferiblemente en código, desde el cuál viajaréis a un sitio seguro para hacer negocios.
  • Evitar nombrar a personas, lugares o fechas concretas al hacer negocios.
  • Mantén la boca cerrada: lo que veas y oigas debe mantenerse en secreto en tu cabeza.
  • No hagas preguntas innecesarias. La cantidad de información dada es la que necesitas para llevar a cabo tus instrucciones.
  • El principal medio de seguridad en la mafia es que alguien responda por otro individuo. Si ese otro individuo resulta ser un policía encubierto o un informante, se aplicará la pena de muerte.

En conclusión, y como podemos ver en esta investigación (recomendamos leerla completa, dada la longitud de la misma), hay una gran relevancia de las normas en cualquier tipo de organización; entre ellas, las criminales. De este modo, las familias mafiosas utilizan las normas organizacionales como método de control interno, ante la ausencia de normales legales que puedan dirigir la conducta de los individuos. La similitud entre las reglas incluso a través de distintas mafias muestra que, aunque se encuentren diferencias históricas y culturales, existen problemas organizacionales comunes, y la aplicación de un código de conducta determinado sirve a las mismas como medio de contención de problemas.

 

 

Asesinatos en masa. Club Ciencias Forenses.

Asesinatos en masa. Club Ciencias Forenses.

Asesinatos en masa. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les ofrecemos un resumen del artículo “Asesinatos en masa: lo que sabemos y hacia dónde vamos”, de los autores Michael Eskey de la Park University (EE. UU.), Tom O’Connor de la Austin Peay State University (EE. UU.), Jeff Rush de la Troy University (EE. UU.) y Frank Schmalleger de la University of NC (EE. UU.), que trata sobre los numerosos asesinatos en masa que se han producido en los últimos tiempos en EE. UU.

En los últimos tiempos, ha habido una serie de tiroteos masivos en EE. UU. El FBI lo define como un ataque en el que un mínimo de cuatro víctimas son asesinadas y los asesinatos se producen próximos unos de otros. La cobertura de los medios de comunicación e Internet, y las redes sociales han reavivado estos sucesos. Lo cual ha tenido un impacto en la percepción y temores de la opinión pública. Los tiroteos masivos no han aumentado, tal y como aseguran los medios de comunicación, sino lo contrario, se han estabilizado. Cabe señalar que estos asesinatos en masa se diferencian de otros tipos de muertes en muchos aspectos. Por lo general, los asesinos mueren en la escena del crimen. Y, más de la mitad se sabe que han sufrido un trastorno mental antes del ataque. Los asesinos suelen planificar cuidadosamente sus ataques. No se trata de “actos aleatorios pasionales”. El tirador tiende a estar motivado por un profundo agravio personal teñido de sentimientos de persecución y humillación, real y percibida. Los tiradores suelen ser cobardes; casi todos los tiroteos en masa ocurren en lugares donde las víctimas no pueden defenderse. ¿Qué motiva o disuade a los “tiradores masivos”? Quieren hacer una declaración en contra de un “blanco” o un grupo, o una clase. Apenas ocurren estos sucesos, ya están planteando propuestas y soluciones a este problema. En un primer momento, los expertos tienden a centrarse en las armas de fuego y el control de armas. Otros se centran en la necesidad de ampliar los servicios de salud mental; y, otros apuntan a la necesidad de aumentar los niveles de seguridad en las escuelas, instalaciones militares, centros comerciales, teatros, iglesias, etc. Este artículo incluye publicaciones de expertos y demás colaboradores acerca de este tema. Existen una serie de teorías criminológicas y sociológicas que pueden explicar el fenómeno de los tiroteos masivos. La mayoría de las teorías tienen un modelo secuencial de tres etapas que constan de variables antecedentes (historial), que pueden remontarse a traumas infantiles. Por lo general, los investigadores se centran en variables de rango medio conocidas como variables intermedias y se puede observar que los crímenes menos complejos suelen tener una o dos variables intermedias destacables. Sin embargo, tipos particulares de delincuencia, como el terrorismo o el tiroteo masivo, tienen múltiples variables intermedias; por lo tanto, hay muchas cajas negras que tener en cuenta para el análisis. Una de las teorías que se aplican a la mayoría de los tiradores masivos, es la Teoría general de la frustración de Agnew, que se compone de tres grupos variables principales: (1) fracaso en el logro de objetivos valorados positivamente; (2) pérdida de estímulos positivos; y (3) presentación de estímulos negativos. Por otra parte, la Teoría del Control, introducida por Travis Hirschi, cuenta con cuatro dimensiones: las relaciones sociales, la estructura de oportunidades, la implicación y las creencias. Por último, la Teoría del Aprendizaje de Ronald Akers utiliza pares de variables como facilitadores. Por otro lado, existen otras teorías como: las teorías psicológicas de Yacov Rofe, las teorías de la personalidad de Smirnoff, teorías de la realidad, otras teorías de la personalidad antisocial, narcisismo, psicosis, traumas infantiles, etc.

¿Cómo se pueden prevenir los asesinatos en masa? El hecho de privar a los asesinos de lo que quieren (publicidad y notoriedad) ayudará a prevenir estos crímenes. Schulman afirmó que las autoridades y los medios de comunicación nunca deberían publicar o divulgar los manifiestos de propaganda, notas, otras proclamas o incluso información básica sobre los tiradores. Ocultar los nombres de los asesinos y ocultar sus rostros. No mostrarles en la televisión, los periódicos o en Internet. No revelar sus biografías o especular sobre sus motivos. Minimizar las acciones específicas y los detalles sangrientos de los sucesos. Por tanto, es importante tener en cuenta la minimización de los detalles específicos. Alguien podría pensar en imitar el crimen, o al menos considerar imitarlo. Los medios de comunicación deben, por supuesto, hablar de las víctimas, los heridos o los fallecidos. Sin embargo, deben reducir al mínimo la descripción e identidad del asesino. Relegar la historia a la última página del documento, en lugar de incluirlas en primera plana. En resumidas cuentas, para detener el espectáculo de los asesinatos en masa, hay que evitar que se conviertan en espectáculos de masas. Una cuestión interesante en relación con los tiroteos masivos es que después de que se produzcan, la primera respuesta es…el control de armas. Existe una creencia subyacente de que las armas son malas y hay que prohibir las armas de fuego; y, al prohibirlas, los tiroteos y los que están en contra de la prohibición de armas de fuego se detendrán. Sin embargo, aún hay millones de armas de fuego en los Estados Unidos, 270 millones y el 88 % de los ciudadanos las posee. La idea de que de alguna manera, el control de armas resuelve el problema no está justificada. Lo que actualmente está cobrando más sentido son los factores culturales. ¿Podría ser que una comprobación de los antecedentes mantuviese las armas fuera del alcance de criminales peligrosos? ¿De los tiradores de masivos? La respuesta es no. ¿Por qué? Esto no va a funcionar porque; normalmente los tiradores masivos no tienen nada en sus historiales que pueda imperdirles la compra de un arma. Además, tampoco cuentan con un historial de enfermedades mentales. No se les podría impedir comprar un arma de fuego legalmente. Por lo tanto, es una propuesta que podría ayudar, pero no va a resolver el problema de los asesinos en masa. A menudo se dice que ese acto atroz fue cometido por un individuo que estalló de repente. Se ha intentado determinar si existe un conjunto de factores o características que deban abordarse. Además, se presume que matan de forma indiscriminada. Sin embargo, el hecho de que estallen de forma súbita, es algo infundado. ¿Qué provocaría eso? La planificación, la fijación de la hora, del lugar, las armas y los objetivos, realmente no parece encajar con un individuo que de repente revienta. Los asesinos en masa no suelen ser enfermos mentales. Entonces, ¿cuál es el motivo? Los asesinos en masa se ven a sí mismos como víctimas, como alguien que ha sido maltratado, tratado injustamente. Por lo tanto, se vengan. Fundamentalmente, los tiradores masivos matan a personas concretas por razones específicas. Tal vez se necesiten más tratamientos mentales y mejores. Sin embargo, es muy probable que no lleguen a los individuos que cometen este tipo de crímenes. Además, ellos piensan que los demás tienen la culpa. No quieren recibir tratamiento, no sienten que lo necesiten. Desgraciadamente, el sistema de salud mental se niega a encargarse adecuadamente de los enfermos peligrosos, ya sea por su propia protección o para la protección de la sociedad en su conjunto. Aun así, se pueden tomar medidas para mantener las armas fuera de las manos de los enfermos mentales. ¿Se puede realizar un perfil del tirador masivo? Por supuesto. El problema con los perfiles generados para “predecir” un suceso tan excepcional como un asesinato en masa es que las predicciones simplemente terminan “sobreprediciendo”. Muchos individuos encajan en el perfil de la ira, frustración, problemas, resentimientos, celos, complejos, etc.; pero muy pocos llegan realmente a cometer un asesinato y mucho menos un asesinato en masa.

Así pues, se ha hecho referencia a distintas políticas, métodos, prevenciones y tratamientos en relación al control de armas, los servicios de salud mental y la seguridad en las escuela, pero han tenido una capacidad muy limitada para prevenir los tiroteos masivos. Esto no quiere decir que no se deban tratar. Hay que seguir intentándolo. Los asesinatos en masa son sucesos extremadamente excepcionales cometidos en cualquier lugar, a menudo cuando menos se esperan. Las restricciones de armas de fuego, el control de armas, la seguridad de las armas, etc., no pueden detener a los asesinos en masa, pero pueden mejorar el bienestar de millones de estadounidenses. Se han abordado muchas causas, puntos de vista, áreas y conjeturas acerca de los tiroteos masivos en EE. UU. y, a falta de medidas extremas y acuerdos rigurosos entre las principales instituciones hay que asumir que los asesinatos en masa son un precio por la libertades personales.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses.

Traducción y edición: Leticia Moreno

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