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Categoría: Reconocimiento facial

Detectar el suicidio en los rasgos faciales. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Detecting Suicidality From Facial Appearance”, de los autores Sela Kleiman y Nicholas O. Rule, de la Universidad de Toronto, que estudian los rasgos faciales asociados a la conducta suicida. 

El suicidio es la primera causa de muerte no natural en España. Dificultad para concentrarse, desprenderse de sus pertenencias, cambios repentinos de comportamiento, pérdida de interés en sus actividades, dificultades en el trabajo, modificación de los hábitos alimentarios o de sueño, conductas autodestructivas o consumo de drogas o alcohol. Hay muchas señales y a pesar de todo, no somos capaces de verlo venir. Es difícil estar atento a tantas señales que a veces pueden achacarse a otros factores… Pero, ¿y si pudiéramos preverlo con un simple vistazo?

Un equipo canadiense plantea la posibilidad, a lo largo de varios estudios y experimentos, de que haya algún tipo de patrón detectable en la cara de los suicidas que nos pueda dar la pista de que van a cometer un suicidio en breve. Lo cual sería una valiosa herramienta en la prevención.

Para este experimento se cogieron fotos de personas fallecidas por suicidio y de personas vivas de sus anuarios del instituto y la universidad. Fueron un total de 80 fotos, 40 de cada tipo (12 mujeres y 28 hombres), que se emparejaron por sexo y raza y se recortaron para mostrar únicamente el rostro. Además se pusieron en escala de grises para tratar de homogeneizarlas entre sí.

En la primera fase del estudio, se pidió a 33 participantes que observaran las 80 fotos y determinaran rápidamente, basándose en su “intuición”, si creían que las personas de las fotografías se habían suicidado o si estaban vivas. Sin importar si el participante ni el individuo representado en la foto eran hombre o mujer, los participantes fueron capaces de identificar con éxito a aquellos que se habían suicidado a un nivel significativamente por encima del azar.

En la siguiente fase, los investigadores querían estar seguros de que el peinado o la forma de la cara no estaban afectando las decisiones. Así que se recortó las fotos más para mostrar sólo “características faciales internas”. 30 participantes examinaron las fotos y, de nuevo, fueron capaces de identificar a las personas que se habían suicidado por encima del azar.

Posteriormente se consiguieron otras 25 fotos de suicidas que posaban mirando a la cámara de entre 14 y 19 años y se emparejaron de nuevo con la misma cantidad de fotos coincidentes en sexo y raza. Esta vez también se tuvieron en cuenta otros detalles al emparejarlos como llevar gafas, por ejemplo. Y, para mayor fiabilidad, realizó el emparejamiento una persona ajena a la investigación para evitar posibles sesgos. Una vez más se recortaron para mostrar sólo los rasgos faciales internos y se presentaron a 29 participantes, que de nuevo acertaron por encima del azar.

Para un segundo estudio, 161 estudiantes de calificaron las fotos de la primera fase del estudio anterior en medidas de depresión, desesperanza, satisfacción con la vida o impulsividad. Las víctimas de suicidio fueron vistas como más impulsivas y más deprimidas, pero no se observaron diferencias en los otros factores. Por lo tanto, las inferencias de la depresión e impulsividad contribuyen a las percepciones sobre el suicidio, pero sólo las inferencias sobre impulsividad realmente pueden predecir si un individuo se suicidará.

En un tercer estudio, pidieron a 133 participantes que evaluaran cada cara sobre la probabilidad de que pensaran que la persona representada podría hacer una compra impulsiva, participar en un comportamiento sexual impulsivo (relaciones sexuales sin protección) o participar en un acto violento impulsivo (una pelea en un bar). Los suicidas fueron juzgados con mayor probabilidad de estar involucrados en un altercado violento, pero no se les veía más propensos a participar en relaciones sexuales sin protección o a realizar una compra impulsiva.  Con lo cual, los investigadores concluyen que, como el suicidio constituye un acto violento contra el yo, hay algún tipo de señal en la apariencia facial que indica la posibilidad violencia impulsiva para el observador.

En conclusión, parece que es posible que haya algún tipo de lenguaje no verbal que ponga en evidencia la ideación suicida. Sería importante aprender a evaluar esos rasgos concretos y detectarlos como una importante medida de prevención.

Los sesgos del uniforme policial. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Students Wearing Police Uniforms Exhibit Biased Attention toward Individuals Wearing Hoodies”, de los autores Ciro Civile y Sukhvinder S. Obhi, de la Universidad de Hamilton (Canadá), que analizan como el uniforme policial activa sesgos atencionales contra la gente de bajo nivel socioeconómico.

La ropa tiene poder simbólico y nos influye a nivel subconsciente. Es bien sabido que puede estar asociada al estatus socioeconómico, el género, la religión o la ocupación. Es algo poco estudiado por ahora pero se ha visto que afecta a nivel cognitivo en algunos estudios. Sabemos que un tipo de ropa u otro pueden hacer que nos cambiemos de acera por la noche o hacernos sentir seguros como un uniforme de policía. Sin embargo, no sólo nos influye en cómo vemos a otras personas por la ropa que llevan ellos, sino que lo que nosotros mismos llevamos puede afectarnos en cómo vemos a los demás.

Según estos investigadores, los agentes de policía operan en un entorno laboral en el que con frecuencia se enfrentan al peligro y, de manera consciente o inconsciente, les puede llevar a observar a la gente de su entorno separando a los que pueden suponer una amenaza de los que no. Es por ello que este estudio se propuso analizar los sesgos que implican para los policías su propio uniforme.

En el primer experimento participaron 28 estudiantes (23 mujeres), los cuales eran divididos en dos grupos: 14 llevaban uniforme de policía y 14 uniforme de mecánico. Debían ver un total de 64 fotografías de caras, siendo 32 de raza blanca y 32 de raza negra. En los resultados no se encontró que el uniforme afectara a la discriminación de caras de distinta raza.

En un segundo experimento, participaron otros 28 estudiantes (22 mujeres), con la misma división en dos subgrupos por uniformes. Esta vez debían ver personas de raza blanca y negra también pero unos vestían de traje y otros sudaderas con capucha. Se iban presentando las imágenes y un cuando aparecía un punto negro en alguna parte de la pantalla debían pulsar un botón. En esta ocasión se encontró un sesgo atencional en aquellos que llevaban uniforme policial: cuando en escena había una persona con traje y otra con sudadera y el punto aparecía junto al sujeto con sudadera sus tiempos de reacción eran más rápidos, lo cual significa que estaban prestando más atención a uno que a otro.

En el tercer experimento fueron esta vez 56 estudiantes (45 mujeres), 28 por subgrupo. Esta vez el uniforme policial fue el de seguridad del campus, y un subgrupo debía llevarlo puesto y el otro tan sólo se sentaba en una mesa junto al uniforme. La tarea era la misma que en el experimento 2 y, además de corroborar sus resultados, se encontró que la “influencia del uniforme” ocurría sólo mientras se llevaba puesto.

La explicación más probable de estos resultados es la identidad social que simboliza llevar puesto el uniforme y la subcultura que eso implica, que afectaría a su forma de pensar y comportarse. Los policías a menudo se enfrentan a individuos peligrosos y están concienciados de la amenaza y, del mismo modo que la raza no supuso ningún tipo de diferencia, la clase social se activaba a nivel subconsciente como un indicador de posibles peligros. Sin embargo, es importante recalcar que en todos los experimentos los participantes eran estudiantes, no policías reales. Sería importante replicar los resultados con policías reales y comprobar si los estereotipos funcionan de la misma forma con otro tipo de empleos.

Si lleva gafas es inocente: El efecto de las gafas en la percepción, el reconocimiento y las impresiones. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The glasses stereotype revisited: Effects of glasses on perception, recognition and impressions of faces”, de los autores Michael Forster, Gernot Gerger y Helmut Leder, de la Universidad de Viena, que abordan los estereotipos sobre las personas con gafas y cómo afectan al reconocimiento facial.

Los escoceses son alcohólicos, las rubias son tontas y los andaluces son perezosos. ¿Quién no ha oído alguna vez uno de estos estereotipos? Los hay de raza, género, edad, procedencia o apariencia y los usamos para configurar nuestras visiones del mundo de forma subconsciente y pueden afectarnos a la hora de determinar la culpabilidad de alguien. A pesar de que los estereotipos puedan fallar, nos ayudan a tomar decisiones rápidas y economizar esfuerzos cognitivos y por eso no podemos evitar utilizarlos. Algunos de esos estereotipos los comentábamos el otro día, como es el caso del baby face: las personas con rasgos faciales aniñados parecen más inocentes e inmaduras, características útiles para un acusado pero perjudiciales para el testigo. Otro de los estereotipos es el ahora conocido como “estereotipo nerd”, que consiste en ver a los individuos que llevan gafas como más inteligentes aunque menos atractivos. Y no sólo eso, además reciben menos veredictos de culpabilidad. Sin embargo, no se ha estudiado qué tipo de gafas producen este efecto o si lo hacen todas.

Del mismo modo, en un contexto jurídico, las caras juegan un papel crucial en el reconocimiento de los testigos. Y algo tan simple como cambiar de gafas o dejar de usarlas puede influir tanto en la percepción de esa persona como en la capacidad de poder reconocerla. Es decir, que las gafas pueden influir tanto en el reconocimiento como en la evaluación de los rasgos de personalidad de un individuo. Para estudiar este hecho se llevaron a cabo cuatro experimentos.

Para el primer experimento se pidió a un total de 76 participantes que calificara el éxito, la inteligencia, la confiabilidad, el atractivo, la simpatía y la cooperación de 78 caras: 26 sin gafas, 26 con gafas de montura gruesa y 26 con gafas con cristal al aire. Los resultados mostraron que las personas sin gafas se veían más atractivas y agradables que las que llevaban gafas con montura gruesa. Pero las caras con gafas sin montura tuvieron los mismos resultados que no llevar gafas en esas dos variables. En cuanto al éxito y la inteligencia, las personas con gafas (de los dos tipos) fueron calificadas como más exitosas e inteligentes que las que no llevaban gafas. Por otro lado, las personas con gafas al aire se veían más dignas de confianza que las que no llevaban gafas, pero no hubo diferencias en cuanto a cooperación.

Los ojos son una parte central y muy informativa del rostro humano y es a donde miramos principalmente cuando miramos una cara. Además, sabemos que llevar gafas cambia el aspecto de esta zona. Por ello, en el segundo experimento se pidió a 20 personas que evaluaran 26 caras en tres versiones (sin gafas, con gafas al aire y con gafas de montura gruesa), lo que hace un total de 78 imágenes. Para que atendieran a las imágenes se les pidió que valoraran el atractivo y la peculiaridad de cada rostro. Se realizó un seguimiento ocular de los observadores mientras estudiaban las fotos y se encontró que dedicaban más tiempo a la zona ocular cuando las imágenes llevaban fotos. Curiosamente los dos tipos de gafas atraían la atención el mismo tiempo.

Como hemos visto, las gafas afectan a cómo miramos un rostro, así que era relevante estudiar también si nos afectaría ese cambio en la percepción a la hora de discriminar caras. Para esto se mostraban dos caras, al mismo tiempo o secuencialmente, y debía decirse lo más rápido posible si se trataba de la misma cara o no. Los participantes fueron 20 estudiantes y examinaron 180 pares de caras. Una de las dos caras de la pareja siempre llevaba gafas y la otra no, para ver la influencia de este elemento. Los resultados muestran que cuando ambas caras se presentan simultáneamente requiere más tiempo discriminarlas cuando una de ellas lleva gafas de montura gruesa pero no afectaba a la exactitud, es decir, sólo les realentizaba. Pero no se encontró tal efecto cuando las imágenes eran secuenciales, que es como ocurre en la vida real ya que la identificación de testigos ocurre tiempo después del crimen.

Una vez demostrada la capacidad de discriminación, se buscó evaluar el reconocimiento. Para ello, 24 estudiantes tuvieron que ver rostros sin gafas y más tarde con gafas, sin que se les pidiera que las memorizaran, ya que en una situación real no se es consciente de la necesidad de memorizar un rostro. Los resultados muestran que hay mayor reconocimiento cuando la imagen era idéntica, es decir, cuando no añadíamos ni quitábamos elementos como las gafas. Por otro lado, las gafas sin montura tenían más posibilidades de evaluarse como que se habían visto previamente (falsos positivos).

En conclusión, las gafas afectan a la imagen que nos formamos de la persona, pero no todas las gafas producen el mismo efecto en el observador. También lograban llamar más la atención y ralentizar la discriminación, pero lo realmente importante es que las gafas sin montura daban la sensación de haber visto una cara anteriormente, lo que puede conseguir que un inocente sea acusado por los testigos oculares de ser el culpable falsamente. Así que jugar con las gafas puede ser un elemento interesante en un juicio según si uno es culpable o inocente.

Identificación de las regiones de la cara en los escenarios forenses. Club de las Ciencias Forenses.

IDENTIFICACION DE LAS REGIONES FACIALES. CLUB DE LAS CIENCIAS FORENSES.

Identificación de las regiones faciales. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados amigos del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les invitamos a disfrutar del interesante artículo elaborado por Pedro Tome, Julián Fierrez, Rubén Vera-Rodríguez y Daniel Ramos, todos ellos integrantes del Biometric Recognition Group – ATVS de la Universidad Autónoma de Madrid, que versa sobre la importancia en el campo forense de la identificación de las regiones de la cara. Efectivamente, el reconocimiento automático de la cara ha sido un ámbito de análisis forense muy estudiado a lo largo de las últimas décadas. Este interés se debe, sobre todo, a la facilidad de toma de muestras, y a la importancia de la aplicación biométrica en cada vez más numerosos escenarios, como el control de acceso, la videovigilancia, el pasaporte o el permiso de conducir. Dentro del ámbito forense sirve incluso para probar, o no, la culpabilidad de un sospechoso, utilizándose por el sistema judicial.
Es cierto que tanto el ADN como las huellas dactilares son los dos métodos más fiables de identificación en ciencias forenses, pero la tecnología de reconocimiento automático del rostro está avanzando enormemente en los últimos años, pudiendo determinar la identidad de una persona, incluso en imágenes de vídeo vigilancia. Así, la mejora de estas técnicas es uno de los objetivos actuales del Programa de Identificación de Próxima Generación del FBI.

Cierto es, que todavía hay que mejorar mucho la investigación y su técnica, sobre todo en el área de la videovigilancia, ya que son muchas las variables que están presentes a la hora de realizar, por este método, un reconocimiento facial. Los principales sistemas de reconocimiento de caras están diseñados para que sean capaces de comparar rostros completos, pero en la práctica los investigadores forenses se encuentran que pocas son las ocasiones en las que se dispone de una cara completa para realizar dicha comparativa. Así, se demuestra la importancia del análisis y comparación morfológica exhaustiva de una parte concreta del rostro, dentro del análisis forense (nariz, boca, ojos, cejas… o rasgos como marcas, lunares o arrugas). De hecho, cuando los examinadores forenses comparan dos imágenes de la cara, no solamente se centran en la similitud global de los rostros, sino que llevan a cabo una comparación morfológica de las diferentes partes de la cara (nariz, boca, cejas…). Así, podemos preguntarnos en qué medida cada región de la cara puede ayudar a la identificación de una persona, mediante la utilización de una base de datos.

Con todo, los autores de este artículo se preguntan, ¿cuáles son las zonas más discriminativas de la cara, en su reconocimiento?

El primer paso se centra en extraer un conjunto predefinido de puntos de referencia antropométrica, bajo dos configuraciones distintas, manual y automática. Esta tarea es complicada debido a la gran variabilidad de apariencias faciales. Se utiliza el Luxand FaceSDK, que es capaz de detectar automáticamente 65 puntos de referencia faciales. A continuación, se seleccionan puntos de referencia de cada región facial (cejas, ojos, nariz, boca y barbilla) y se eliminan el resto. Los 13 puntos de referencia faciales fueron seleccionados siguiendo los protocolos de reconocimiento forense del rostro utilizado por la Guardia Civil. En el enfoque manual, además de los 13 puntos de referencia, se marcan hasta 21 puntos, incluidos los oídos y el extremo superior de la cabeza. A continuación se realiza la extracción de las proporciones faciales, hasta 15 regiones faciales. El segundo extractor, basado en rasgos faciales antropométricos, nos ayuda a extraer regiones faciales con mayor precisión. Una región facial se extrae mediante la estimación del centro entre cada uno de los dos puntos de referencia faciales por rasgo facial, generando un cuadro delimitador que contiene la región facial concreta. Este procedimiento se sigue con las 15 regiones faciales forenses delimitadas.

Los autores, utilizaron una colección de fichas policiales y un circuito cerrado de televisión, y los rostros de 130 sujetos de dos bases de datos diferentes, la SCface y MOPRH. El SCface (surveillance cameras face database) es una base de datos de imágenes estáticas de rostros humanos con 4.160 imágenes, correspondientes a 130 sujetos.

Con todo, se observó que en todos los casos el rendimiento del reconocimiento de las regiones faciales depende de la distancia a la que se adquirieron las imágenes. Las tres regiones faciales mejores con alto poder de discriminación en la corta distancia son la cara, la nariz y la frente. Sin embargo, en la media distancia, el mejor rendimiento se logra por la frente. Esta región facial, la frente, adquiere un importante papel en los escenarios con una distancia similar a la existente en el visionado de un circuito cerrado de televisión.

Club del las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez.

Edición: Belén Alcázar.