Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Neuropsychological and Intellectual Differences Between Types of Murderers: Affective/Impulsive Versus Predatory/ Instrumental (Premeditated) Homicide”, de los autores Robert E. Hanlon, Michael Brook, John Stratton, Marie Jensen y Leah H. Rubin, de la Escuela de Medicina de Feinberg en la Universidad de Northwestern en Chicago, que analizan las diferencias entre los asesinos impulsivos y los premeditados. 

Incluso de forma intuitiva, la gente que no sabe demasiado acerca de ciencias forenses también intuye que no hay un único tipo de asesino. Todos tenemos en mente a clásicos personajes del cine como Patrick Bateman, interpretado por Christian Bale en American Pshyco, o el Dr. Hannibal Lecter del Silencio de los Corderos, llevado a la pantalla por Anthony Hopkins. Son claros ejemplos de asesinos inteligentes y planificadores; ese es el típico psicópata que nos viene a la cabeza por lo general. Sin embargo, también hay otro tipo de asesino que nos viene a la mente en segundo lugar: el violento. Ese que se deja llevar por la ira y, si bien carece de escrúpulos al igual que el otro, no es planificado sino visceral y brutal. Tenemos como ejemplo a Jack Torrance, protagonista del film basado en la novela de Stephen King, El Resplandor, magistralmente interpretado por Jack Nicholson en la película de Kubrick.

Cabría, quizás, hacerse la pregunta de, puestos a encontrarse a alguno de estos dos perfiles en un callejón oscuro por la noche, ¿cuál sería peor? La psicología forense hace mucho que aconseja mantener ciertas distancias con psicópatas de bajo cociente intelectual y un historial de abuso de drogas o alcohol. No hace falta ser un genio para ver que esa mezcla no puede acabar bien. Sin embargo, el siguiente estudio va más allá de la “psicología popular” y nos trae datos sobre ambos tipos de asesinos.

Los investigadores examinaron a 77 reclusos: 90% varones, 68% afroamericanos, con una edad promedio de 32 años dentro de un rango de 16 a 67 años y un promedio de 10,5 años de educación.  Posteriormente clasificaron a estos reclusos (que habían sido acusados ​​o condenados por los asesinatos de 137 personas diferentes) en dos grupos: el grupo afectivo/impulsivo y el grupo premeditado/depredador usando los criterios forenses de Meloy (1988, 1997) relacionados con la violencia. Además, los autores definen la violencia predatoria o instrumental como “un acto planificado, deliberado y, sobre todo, consciente; mientras que la violencia afectiva o impulsiva se refiere a actos reactivos, inmediatos y principalmente emocionales “.

Cada recluso había sido referido por su abogado o por el tribunal para la evaluación neuropsicológica relacionada con la aptitud para ser juzgado, la responsabilidad criminal, retraso mental o anormalidades neuropsicológicas. Los investigadores estaban interesados ​​en examinar las diferencias neuropsicológicas y de inteligencia, si las hubiera, entre estos dos grupos de criminales. Todos los reclusos participaron en una entrevista clínica y completaron una batería de pruebas neuropsicológicas.

Los análisis mostraron que el grupo afectivo/impulsivo era de media más joven, con menos años de educación, más propensos a ser afroamericanos, más propensos a tener antecedentes de abuso de sustancias (93% a 76%) o trastornos del desarrollo y menos probabilidades de tener antecedentes de diagnóstico psiquiátrico o trastorno de la personalidad que los pertenecientes al grupo predatorio/instrumental.

El grupo afectivo/impulsivo parecía menos inteligente (CI 79 de media) frente al predatorio/instrumental (CI 93 de media). Además tenían peor memoria, peor atención y un pobre reconocimiento facial. También se observaba menos eficiencia en la resolución de problemas y la flexibilidad cognitiva.

Por otro lado, los predatorios/instrumentales tenían más probabilidades de tener trastornos del Eje I (trastornos mentales importantes como la esquizofrenia o el trastorno bipolar) y trastornos del Eje II (trastornos de la personalidad como antisocial, narcisista, histriónico, límite, etc).

Esto sugiere que los asesinos afectivos/impulsivos tienen importantes déficits neuropsicológicos e intelectuales, mientras que los ​​predatorios/instrumentales tienen en gran medida intactos todos los dominios neurocognitivos. Por tanto, los asesinos predatorios/instrumentales es probable que sean más inteligentes y con menos probabilidades de ser capturados (o al menos menos no rápidamente atrapados). El asesino afectivo/impulsivo es probable que cometa el crimen con una menor evaluación previa de las consecuencias y sin un plan de fuga o coartada. Pero volviendo a la pregunta inicial, mejor evitar encontrarnos con ninguno de los dos.