Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Structural stigma and all-cause mortality in sexual minority populations”, de los autores Mark L. Hatzenbuehler, Anna Bellatorre, Yeonjin Lee, Brian K. Finch, Peter Muennig y Kevin Fiscella, en un estudio conjunto de las universidades de Nueva York, Nebraska y Pennsylvania, que analizan cómo la discriminación acorta considerablemente la esperanza de vida.

Tras un intenso debate social, el 30 de junio de 2005 se aprobó en España la ley que permite a los homosexuales casarse y adoptar. En marzo de 2007 se aprobó, además, una ley que permite a las personas transexuales cambiar su nombre y la definición legal de su sexo sin necesidad de una sentencia judicial ni una operación quirúrgica previa. Andalucía dio un paso más en junio de 2014 al aprobar una ley que reconoce el derecho de la libre autodeterminación del género sin necesidad de diagnóstico. Sin embargo, sólo 63 países tienen legislaciones específicas que prohíben y persiguen la discriminación por razón de orientación sexual y sólo en 22 se reconoce el matrimonio homosexual mientras que en 72 países la homosexualidad sigue criminalizada y perseguida y en 8 aún se castiga con pena de muerte.

Y el problema no radica sólo en la ley, sino también en la propia sociedad. Estigmatizar a individuos, ya sea por su orientación sexual, su raza/etnia o incluso su aspecto físico, conlleva un aumento en el riesgo de padecer deterioro en la salud física y mental. Es por ello que el objetivo de este estudio es demostrar cómo afecta a la esperanza de vida vivir en una sociedad altamente prejuiciosa frente a una tolerante cuando se es una minoría sexual.

Para este estudio se analizaron los datos de la Encuesta Nacional de Entrevistas de Salud y la Encuesta Nacional de Exámenes de Salud y Nutrición, todas ellas y otras más recogidas en el Centro Nacional de Estadísticas de Salud que recoge los datos referentes a este tema en la población estadounidense. Los años estudiados fueron de 1988 a 2002 (dado que antes de esa fecha no estaban disponibles los datos de las minorías sexuales). De los 21045 encuestados evaluados, 914 (4,34%) mantuvieron relaciones con personas de su mismo sexo.

Por un lado se midieron las actitudes contra las minorías sexuales a través de cuatro ítems: (1) “Si algunas personas en su comunidad sugirieran que un libro a favor de la homosexualidad se sacara de la biblioteca pública, ¿favorecería usted la eliminación de este libro o no?”; (2) “¿Debería permitirse a un hombre que admita que es homosexual enseñar en un colegio o universidad o no?”; (3) “Supongamos que un hombre que admite ser homosexual quisiera hacer un discurso en su comunidad. ¿Debería permitirse que hablara o no?”; (4) “¿Cree usted que las relaciones sexuales entre dos adultos del mismo sexo siempre son algo malo, casi siempre son algo malo, son malas sólo a veces, o no son malas en absoluto?”.  Luego se evaluaron variables de las minorías sexuales que fallecieron en esos años como nivel de ingresos, nivel educativo, percepción subjetiva de la salud, raza, sexo, edad y lugar de nacimiento.

Los resultados mostraron que había una diferencia significativa entre vivir en una comunidad con alto nivel de prejuicios y estigmatización y en una tolerante: la esperanza de vida se reducía una media de 12 años para las minorías sexuales.  Además, era tres veces más probable morir por asesinato en estas comunidades y que se cometiera suicidio con más frecuencia y a una edad mucho más temprana de lo habitual.

Aunque sería interesante ampliar este estudio en otras poblaciones y evaluando también los últimos quince años, los datos no son nada desdeñables. Es importante prevenir y concienciar en la sociedad en contra de los prejuicios y la estigmatización para evitar que el odio siga matando, incluso cuando no lo haga de forma física sino psicosocial.