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Vínculos entre el maltrato infantil y las tipologías de asesinos en serie. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “A behaviour sequence analysis of serial killers’ lives: from childhood abuse to methods of murder” de Marono A. J., Reid S., Yaksic E. y Keatley D. A. (2020), en el cual se analizan posibles vínculos entre sufrir abuso infantil y cometer crímenes en serie con la ayuda del Análisis Secuencial de la Conducta.

Un homicidio se define como la acción/conducta de matar a una persona. Es un término que incluye subcategorías tales como: crimen, homicidio múltiple y homicidio involuntario. En el segundo grupo encontramos a los asesinos en serie. El FBI define a los asesinatos en serie como el asesinar a dos o más personas en eventos separados. Es un acto intencional, premeditado y no es un crimen impulsivo o en respuesta a una amenaza percibida.

No hay que confundir a los asesinos seriales con los asesinos en masa ni con los asesinos frenéticos. Los asesinos en masa matan a 4 o más personas durante un solo evento, sin intervalos temporales distintivos entre un asesinato y otro. Los crímenes de un asesino frenético ocurren en dos o más lugares distintos, de manera consecutiva y sin periodos de enfriamiento emocional entre los crímenes.

Los avances en tecnología, así como la creación de amplias bases de datos han permitido el desarrollo de modelos predictivos, por ejemplo, para predecir quién es probable que cometa asesinatos en serie. También se pretende interpretar los patrones de conducta con el fin de predecir reincidencias.

Independientemente del tipo de predicción, para desarrollar tales modelos es necesario entender la cadena de eventos que preceden a los asesinatos. Una forma de hacerlo es clasificando las conductas relacionadas con los crímenes, agrupándolas, por ejemplo, según la forma de aproximarse a las víctimas.

Las primeras clasificaciones eran muy simples: conductas/crímenes organizados y desorganizados. Dada su simplicidad, las tipologías se han desarrollado ampliamente. En cualquier caso, el refinamiento de las tipologías no asegura la existencia de asesinos en serie (u otros tipos) prototípicos.

El profiling es una técnica retrospectiva. Aunque sea muy útil, no está exenta de posibles errores. Y, para poder perfilar de manera más adecuada, se ha sugerido que es importante incluir datos de los historiales de los criminales y/o factores de personalidad. En el historial personal lo que se destaca de gran importancia son los eventos más traumáticos, especialmente aquellos relacionados con la violencia.  El maltrato infantil sería uno de ellos.

La OMS define el maltrato infantil como los abusos y la desatención de menores de 18 años, e incluye todos los tipos de maltrato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otro tipo que causen o puedan causar un daño a la salud, desarrollo o dignidad del niño, o poner en peligro su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder. La exposición a la violencia de pareja también se incluye a veces entre las formas de maltrato infantil.

Muchas investigaciones han sugerido que el perfil de un asesino en serie incluye a menudo haber sufrido de maltrato infantil. La relación entre ese daño en la etapa infantil y las conductas criminales se explicarían, por ejemplo, por haber desarrollado habituación y tolerancia al dolor (según el tipo de maltrato recibido).

El maltrato infantil también se ha asociado con problemas de procesamiento cognitivo. Por ejemplo, sesgos de atribución hostiles, accesibilidad de respuestas agresivas, evaluaciones positivas de la agresividad, etc.

En algunos estudios se han mostrado relaciones entre abuso infantil y crímenes basado en gratificación sexual. El 50% de los asesinos en serie analizados han informado haber sufrido de abuso psicológico. Un 36% ha sufrido de maltrato físico en la infancia y un 26% de abuso sexual.

Conocer estas relaciones es de gran utilidad. No obstante, se desconocen las vías secuenciales entre el maltrato infantil y las diferentes tipologías de asesinos en serie. Para ello, los autores proponen aplicar el Análisis Secuencial de la Conducta (ASC).

El ASC es un método cuyo objetivo es entender las relaciones dinámicas entre las progresiones conductuales y las interacciones sociales que tienen lugar a lo largo del tiempo. Con ello se investigan las vinculaciones entre cadenas de comportamiento y eventos. Determina cuánto es de probable (en comparación con el nivel de azar) que un evento sea consecuente a otro antecedente. Por ejemplo, el sujeto X ha sufrido un abuso A; ¿cuánto es de probable que se dé el comportamiento B, C o D?

En este estudio, se analizan dos eventos, aunque el análisis permite la vinculación de tantos eventos/comportamientos como se considere adecuado. El primer evento es el tipo de maltrato infantil sufrido. El segundo evento hace referencia a los crímenes y se tienen en cuenta los tipos de asesinos en serie, así como con el comportamiento en la escena del crimen (características del modus operandi).

Los autores del estudio se enfocan en tres tipos de abuso: físico, psicológico y sexual. La tipología de asesinos en serie que se utiliza es la basada en motivaciones: lujuria, ira, poder y ganancias económicas.

En cuanto a conducta que se dan en el escenario del crimen, se analiza cómo se asesinó a la víctima y qué se hizo posteriormente con el cuerpo. La muestra de análisis se compone de 233 asesinos en serie que han sido víctimas de maltrato infantil. Los crímenes de estos sujetos han ocurrido entre 1850 y 2014.

A modo general, los resultados del estudio muestran que diferentes tipos de maltrato afectan a diferentes tipologías de asesinos y comportamiento criminales.

Haber sufrido de maltrato físico aumenta las probabilidades de mostrar una conducta homicida exagerada. Es decir, de hacer mucho más daño a la víctima del necesario para quitarle la vida. En cualquier caso, los asesinos en serie que más conductas violentas muestran (p. ej. tortura, mutilación, etc.) son aquellos que han sufrido de abusos sexuales y/o maltrato psicológico.

Entre los asesinos en serie que han sufrido de abusos sexuales se observó una tendencia de llevar a cabo el crimen con rapidez. Aunque no se pueda determinar el porqué, una hipótesis es que aquellos que han sufrido de abuso sexual sienten ira y culpabilidad, lo que les hace arremeter y matar con rapidez.

Un crimen con rapidez se ha observado en todos los casos en los que la motivación se basa en el poder. Y en este subgrupo, al igual que entre aquellos que han sufrido abusos sexuales, no se dan conductas homicidas exageradas. Tampoco se observan torturas o mutilaciones a las víctimas.

 La motivación de poder implica obtener placer a través de la sensación de tener control sobre las víctimas. Pero más allá del placer, según evidencias previas, estos asesinos en serie ven el matar como una necesidad. De ahí la rapidez y la falta conductas homicidas que inflijan dolor innecesario.

Aquellos asesinos en serie clasificados como siguiendo unas motivaciones de lujuria (que suelen ser violadores) a menudo han llevado a cabo actividades sexuales postmortem y toturas. La existencia de estas conductas se observa como independiente al tipo de abuso que hayan sufrido en la infancia.

Las explicaciones en este caso se centran en la presencia de parafilias anormales o sadismo sexual. En cualquier caso, parece que la presencia de abuso sexual en sus historiales, sea asilado o junto a otros tipos de maltrato, guarda relación con la presencia de mutilaciones y/o torturas a las víctimas.

De manera opuesta a muchas investigaciones previas, en este estudio no se observan patrones consistentes para la forma de asesinar a las víctimas y la disposición del cuerpo a posteriori, en función de la tipología. Ya existen autores que sugieren que, aunque se puedan clasificar a los asesinos en serie, las tipologías no son mutuamente excluyentes. Haría falta prestar más atención a qué factores influyen a métodos criminales específicos y menos en sus motivaciones individuales.

Cabe destacar que el análisis de los autores tiene el objetivo de mostrar la utilidad del ASC.  Utilizar tan solo dos momentos temporales puede que no sea suficiente para sacar grandes conclusiones, por lo que se necesitan más estudios.

 Asimismo, con este estudio pretenden subrayar la posible importancia de eventos de violencia o de gravedad similar que han ocurrido tempranamente en la vida de los asesinos en serie. El maltrato infantil tiene graves impactos en la vida de las personas, a corto y largo plazo.

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Grafología y lateralidad: análisis de la preocupación generalizada en zurdos vs. diestros. Club de Ciencias Forenses

 Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Worry assessment by handwriting analysis of right-handed and left-handed individuals” de Mudaliar L., Bhandari D. y Dabholkar (2017), en el cual se evalúa la preocupación mediante el análisis de la escritura en busca de posibles diferencias entre diestros y zurdos.

Escribir a mano es una habilidad motora compleja que implica múltiples procesos e impulsos a nivel sensorial, neurológico y fisiológico. Específicamente, en el proceso de escribir a mano participan la percepción visual, conocimiento de formas, vías motoras y sensoriales del sistema nervioso, así como la anatomía y fisiología de huesos y músculos del brazo.

Cuando aprendemos escribir a mano, empezamos por prácticas muy simples y vamos cada vez a lo más complejo. A medida que se perfecciona el proceso de escritura, expresamos patrones inconscientes propios a través de ella. La forma de escribir expresa características individuales y un experto grafólogo puede captarlas, analizarlas e inferir rasgos de personalidad del escritor.

La grafología es entender la psique humana a través de los impulsos que están detrás del escribir y que se plasman en un papel. No tienen que ser necesariamente letras, también dan información los dibujos, los garabatos, las firmas o los escritos numéricos. Los patrones conductuales del escritor se predicen a partir de los rasgos de escritura como tamaño, presión, numero de interrupciones, márgenes, velocidad de escritura, espaciado e inclinación.

La grafología se utiliza especialmente en el campo forense, por ejemplo, en casos de fraude y/o falsificación. Además, el enfoque holístico del análisis de la escritura parece tener cierto valor diagnóstico y podría ofrecer pautas útiles en psicoterapia. Y aunque el análisis de la escritura para inferir rasgos de personalidad puede que no tenga evidencias totalmente consistentes, sí puede utilizarse para identificar condiciones neurológicas.

Ser zurdo o diestro es una característica que se expresa de muchas maneras en nuestras vidas. Por ejemplo, influye en nuestra percepcón del bien  del mal. Como no, escribir también es un área que recibe influencias de la lateralidad. Escribir a mano es una actividad neuromuscular, por lo que está influida por la lateralidad del escritor.  Y si la escritura refleja la personalidad y la lateralidad implica diferencias a varios niveles como neurológica y/o muscular, entonces ¿las personalidades también están influidas por la lateralidad? ¿Muestran los diestros y los zurdos rasgos de personalidad diferenciales en su escritura a mano?

Los autores de este estudio intentan responder a esta pregunta. Haciendo un análisis grafológico, analizan si hay diferencias en la evaluación de la preocupación de los escritores en función de su lateralidad. Para ello, analizan muestras de escritos a mano de 50 diestros y 50 zurdos. Estos también cubren una escala que mide la tendencia general a preocuparse (preocupación como rasgo), una cuestión importante en algunos problemas de salud mental, por ejemplo, el Trastorno de Ansiedad Generalizada.

Lo que observan es ciertas características de escritura sí muestran diferencias significativas entre diestros y zurdos. Por ejemplo, más diestros (35%) que zurdos (15%) escriben con una inclinación izquierda. La inclinación hacia la izquierda denota quietud, tranquilidad, pensar antes de actuar y tendencia a ser solitario.

Asimismo, más zurdos (35%) que diestros (25%) escribieron con inclinación derecha. Este tipo de inclinación se interpreta como asertividad, confianza y a veces (junto a otras características presentes) como insensibilidad.

La escritura a mano sin inclinación se observa en el 50% de los zurdos y el 45% de los diestros. También se observan diferencias en cuanto a los márgenes de página. El 80% de los diestros dejan un margen izquierdo y el 20% centran el texto. En cambio, el 60% de los zurdos dejan un margen izquierdo, 30% centran el texto y también se encuentra un 10% que dejan un margen derecho, algo no observado entre los diestros.

Un margen izquierdo refleja una orientación hacia el pasado y dificultades para dejar las cosas atrás. El margen derecho, observado en esta muestra solo en los zurdos, denota miedo a lo desconocido y preocupación constante sobe el futuro. Centrar el texto se interpreta como buena organización, estabilidad y toma de decisiones duradera y clara.

En términos generales, se puede decir que hay bastante heterogeneidad. Hay algunas diferencias destacables entre zurdos y diestros, pero no es suficiente para considerar que se deban a la lateralidad.

Atendiendo a la hipótesis principal del estudio, id est niveles diferentes de preocupación en función de la lateralidad y observada en la escritura a mano de los participantes, se destaca que no se han registrado diferencias significativas. Los niveles de preocupación se reflejan de manera similar entre zurdos y diestros y hay heterogeneidad.

Un 30% de diestros y un 25% de zurdos muestran baja preocupación. Un 55% y 65% de diestros y zurdos, respectivamente, muestran un nivel medio de preocupación. Por ultimo, 15 y 10% se corresponden a diestros y zurdos con altos niveles de preocupación.

En conclusión, que la personalidad de los zurdos y diestros sean diferentes podría perfectamente ser solo un mito. Claro está que los autores solo analizan el nivel general de preocupación y no la personalidad en general. No obstante, es un paso más que añade información interesante. Siempre con cautela, se puede deducir que el rasgo de preocupación generalizada no varía en función de la lateralidad.

En cuanto a la utilidad de la grafología, este estudio es buen ejemplo. Por otro lado, recordar que la grafología puede ser una buena herramienta de apoyo a otras técnicas, herramientas o métodos, tal como vimos en un artículo anterior sobre el diagnostico de TDAH.

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El fraude empresarial: ¿cuestión de ética personal u organizacional?

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Fraud and understanding the moral mind: need for impementation of organizational characteristics into behavioral ethics” de Houdek P. (2019), en el cual se analiza el porqué y el cómo de la ocurrencia del fraude a nivel empresarial desde el punto de vista del funcionamiento de la moral humana.

En el año 2015, nos contaban que Volkswagen había alterado los resultados de los controles técnicos de emisiones contaminantes en 11 millones de automóviles. Este escándalo dañó la reputación de esta organización tan admirada e innovadora. Unos hechos de tal magnitud no podían deberse a un puñado de ingenieros que querían engañar. Probablemente había toda una cadena de gestión y dirección que aprobó tal fraude.

Hay muchos ejemplos de fraudes empresariales. Lo más preocupante no solo es el fraude en sí y sus consecuencias, sino un comportamiento de las personas que los cometen aparentemente sin culpa y sin grandes esfuerzos para esconderlas. Por eso, no sería descabellado preguntarnos: ¿el fraude es la excepción o la regla?

La ética conductual es un área de estudio que puede arrojar luz sobre los procesos implicados en el razonamiento moral, las emociones relacionadas y el impacto de los factores situacionales en el comportamiento deshonesto.

Existen muchos estudios sobre las respuestas humanas ante dilemas morales. No obstante, se conoce muy poco sobre su ocurrencia en contextos organizacionales. Hay cuatro aspectos de la conducta no ética poco explorados que los autores de este estudio analizan y los describimos a continuación.

1.La deshonestidad y el engaño como características deseables en algunas profesiones y sectores. La habilidad de engañar puede ser un rasgo de valor para algunas profesiones. Ser capaz de convencer a otros a través de la mentira a veces se considera como una competencia y no como una razón para desconfiar.

Según diversas estimaciones, se descubre solo un cuarto de los fraudes financieros y el castigo raramente se corresponde a la magnitud del daño provocado. Si una empresa lleva a cabo actividades fraudulentas, fácilmente se genera una cultura empresarial basada en engañar a los clientes. Además, si una organización obtiene beneficios del fraude y el engaño, la motivación para prevenir tales conductas puede ser nula.

Lo que se nos dice es que ser deshonesto señala la baja integridad de las personas que muestran tales conductas y la violación de las normas se castiga. Esto es algo que todos sabemos de manera explícita o implícita. No obstante, no es algo universal. Estereotípicamente, el engaño es parte de algunas profesiones como las ligadas a la política, inversiones, espionaje, venta y artes escénicas.

De los pocos estudios relativos al engaño y la profesión hay uno muy interesante. En dicho estudio, los participantes observaban jugadores que tenían que elegir entre engañar a su contrincante o no. Los participantes que habían observado el desarrollo del juego, clasificaron posteriormente a cada jugador en un tipo de profesión u otra.

Los jugadores que habían engañado fueron preferidos mayoritariamente para ventas e inversiones bancarias. La mayoría de los jugadores honestos fueron clasificados en roles de contable y gestor y especialmente en sectores sin ánimo de lucro. Por tanto, el engaño había sido considerado como signo de habilidad o competencia para ciertas profesiones.

El comportamiento de fraude no siempre es algo buscado deliberadamente. A veces, las personas justifican tales conductas racionalizando y, así, disminuyendo las amenazas a la faceta moral de su autoconcepto. Por ejemplo, cuando la vuelta de una compra es errónea y beneficiosa para nosotras, algunas no decimos nada. Justificamos de diversas maneras: así aprende quien se haya equivocado, a nosotras también se nos ha engañado otras veces, nos dimos cuenta muy tarde, etc.

Por otro lado, engañar, mentir o hacer daño deliberadamente puede generar auténticas emociones positivas. Y estas no solo aparecen en personas con psicopatía/sociopatía. Por ejemplo, pensemos en la cantidad de conductas de bullying que se dan en la escuela. Asimismo, las conductas de engaño en relación a las cualidades o rendimiento de uno mismo también pueden elevar la autoconfianza. Y la alta autoconfianza puede llevar a que uno mismo se convierta objetivamente en una persona exitosa.

2.La deshonestidad puede ser un costo aceptable a cambio de otros rasgos deseados de un empleado. La racionalización de las conductas de fraude puede que sea uno de los mecanismos psicológicos esenciales que permiten la persistencia y/o ocurrencia de la deshonestidad. Si las personas pueden justificar porqué sus conductas no son problemáticas, tales conductas pueden propagarse.

Un estudio relacionó la habilidad de racionalizar con la creatividad. Ambas podrían partir de la misma fuente, es decir, la habilidad (mental) de romper las reglas, sean estas la toma de decisiones convencional o las normas sociales. En dicho estudió se observó que las personas más creativas estaban más dispuestas a engañar. Primar la creatividad también aumentaba esa disposición.

Parece que la relación entre creatividad y deshonestidad está mediada por la habilidad de racionalizar, es decir, de modificar creativamente las reglas. Por tanto, a nivel organizacional, sería fácil que donde se consiga un compromiso con la creatividad y la innovación, también se consiga un menor respeto para las normas sociales. Además, algunas empresas pueden priorizar la contratación/promoción de empleados creativos y pasar por alto actividades deshonestas (y reforzarlas).

Se ha observado que las personas que engañan en las entrevistas de trabajo no quedan necesariamente en desventaja. Por ejemplo, a candidatos que, cuando se les preguntaron por sus debilidades contestaron con frases más típica de fanfarroneo (p. ej. suelo trabajar demasiado), se les percibieron menos empáticos, de confianza u honestos, pero, a la vez, más inteligentes, flexibles o capaces.

3.La deshonestidad y el engaño pueden ser vistas incluso como actividades prosociales, por lo menos desde el punto de vista del que toma una decisión. Un ejemplo es cuando mentimos para proteger a otros e incluso para darles un beneficio, como ocurre con las mentiras piadosas. Alabamos el trabajo de un niño, aunque tenga poca calidad o alabamos la comida de una pareja, aunque no nos haya gustado.

Una mentira se considera como algo malo solo cuando es beneficiosa para el que la cuenta. Si la mentira sirve en beneficio de otros se ve como una virtud.  De manera similar, un empleado puede mentir con el fin de beneficiar a su empresa y aunque afecte a otra, esa conducta puede considerarse como virtud por parte de sus jefes y del equipo. Por tanto, las mentiras vistas como prosociales pueden fortalecer lazos intra-grupo e incluso aumentar el estatus del que miente.

No obstante, a largo plazo, las mentiras pueden volverse en contra del que las emite, disminuir su estatus moral y hacer daño a aquellos que en un principio haya defendido o protegido. Y aunque alguien que miente puede llegar a ser visto como empático, también puede ser visto como cobarde e incapaz de resolver los problemas, optando por la deshonestidad en lugar de afrontar. Además, las personas deshonestas nunca llegan a recibir un feedback realista sobre sus decisiones o rendimiento y, por tanto, no podrán mejorar o corregir fallos.

Otro dato relevante es que si alguien detecta que un compañero de trabajo es deshonesto o comete fraudes e informa de ello, ¿quién quedará afectado? Todos tenemos cierto miedo a ser acusados de chivatos y no es solo un miedo, la posibilidad de tales acusaciones es real. En un estudio se observó que el 82% de las personas que denunciaron fraudes intra-empresa acabaron despedidos, dimitieron por coacción o vieron modificadas drásticamente sus responsabilidades.

4.La implementación de sistemas éticos ineficientes es probable si muchas intervenciones situacionales recomendadas por la ética conductual no funcionan por las razones antes descritas. Que exista un código de conducta en la empresa no influye en las actitudes de los empleados. Muchas empresas que cometen fraudes tienen un código ético y, por desgracia, puede ser un simple adorno.

En un sistema ético efectivo los gestores, directivos o managers deben modelar y moldear el comportamiento deseado. También hay intervenciones conductuales simples con posibles efectos importantes. Una sería el nudging, empujar a la gente hacia la honestidad, por ejemplo, utilizando recordatorios morales. Además, se pueden practicar narrativas, escribir diferentes respuestas a diferentes problemas, juego de roles, etc.

Los empleados deben ver que las sanciones ocurren si se viola el código de conducta. En cualquier caso, las soluciones a los dilemas morales en una organización rara vez son simples y/o claras. El castigo de la deshonestidad puede llevar a su disminución (o evitación del castigo), pero afecta negativamente también a otros no implicados. Se pueden dar fácilmente situaciones de injusticia y el clima positivo puede verse afectado por un aumento de desconfianza.

Por último, las medidas situacionales actuales y predominantes a favor de la ética no son capaces de resolver dilemas organizacionales complejos. Se requieren estudios más realistas con respecto a la realidad organizacional, con dilemas diversos, ente otras cosas. Y se requiere reducir las discrepancias que hay en cuanto al beneficio versus costes de las conductas relativas a la ética.

 

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Los perfiles de agresores sexuales y homicidas de personas de la tercera edad. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The unusual victim: understanding the specific crime processes and motivations for elderly sexual homicide” de Chopin J. y Beauregard E. (2019), en el cual se analizan los aspectos diferenciales de los homicidios sexuales con víctimas de la tercera edad, en comparación con los homicidios sexuales que afectan a víctimas jóvenes y adultas.

A pesar de ser un crimen horrible, la investigación de la violencia sexual cuyas víctimas son personas de tercera edad es muy limitada. Las agresiones sexuales y crímenes contra las personas de tercera edad son relativamente raras en comparación con aquellas que afectan a otros grupos de edad.

Aun así, las agresiones sexuales y crímenes con víctimas de tercera edad (VTE) conforman un grupo diferenciado de casos con víctimas adultas y jóvenes (VAJ). Por ello, se deben analizar sus características por separado y, así, poder crear perfiles criminales más precisos.

Investigaciones previas en agresiones sexuales a VTE vs. VAJ

En las agresiones sexuales que afectan a VTE hay mayor violencia física. Esta se observa en las estrategias de aproximación a la víctima y en la agresión per se. Suele haber más golpes violentos y consecuencias más graves a nivel físico.

La mayoría de las agresiones ocurren en el domicilio de la víctima. Esto es congruente con la evidencia de que el domicilio de una víctima suele ser uno de los escenarios más comunes de violación. Las motivaciones del perpetrador en este tipo de agresiones se clasifican en tres dimensiones: basadas en ira, sexuales y oportunistas. Los autores añaden una cuarta posible, que sería la experimental.

Cuanto se trata de ira, esta es una ira típicamente misógina, con humillación sexual y fantasías sádicas. El agresor suele mostrar un alto grado de expresión de la ira y comportamientos antisociales en etapas juvenil y adulta. La aproximación a la víctima suele ser de tipo súbito y agreden a la víctima sin que haya necesariamente penetración.

Cuando se trata de motivaciones sexuales lo que se busca es la gratificación sexual. Estos agresores suelen consumir y poseer mucho material pornográfico y suelen presentar conductas sexuales desviadas.  La ira suele estar ausente, con bajos niveles de violencia física y altos niveles de penetración sexual. Asimismo, después de la agresión, suelen dejar libre a la víctima deliberadamente.

Los agresores sexuales oportunistas de VTE aprovechan situaciones de vulnerabilidad de la víctima. Por ejemplo, cuando no hay nadie que les pueda proteger. Este tipo de agresiones pueden darse a menudo en un contexto de robo. No suele haber penetración sexual, sino besos o caricias sexuales. El escenario suele darse en zonas públicas o exteriores.

También podría existir una cuarta dimensión de la motivación: experimental. Estos agresores sexuales buscarían deliberadamente una experiencia sexual con una víctima vulnerable elegida. Serían agresores de tipo hibrido, cuya experiencia con VTE no estaría muy bien definida.

Investigación actual sobre los homicidios sexuales con VTE

Los autores del estudio analizan diferencias entre 513 casos de homicidios sexuales que implican víctimas entre 16 y 45 años y 56 casos que implican víctimas de 65 años o más. Se excluyen las edades entre 45 y 65 años debido a características que se solapan y, por ello, dificultades para clasificar de manera precisa adultos y personas de tercera edad. Asimismo, los casos con víctimas de menores de 16 años se excluyen debido a que conforman un cluster normalmente bien diferenciado.

Los casos provienen de una base de datos oficial, con casos de Francia y Canadá y abarcan el periodo desde 1984 hasta 2018. Para que un homicidio sea considerado de naturaleza sexual debe tener al menos una de varias características. Por ejemplo, la exposición de partes sexuales del cuerpo de la víctima y/o evidencias de actividad sexual o sustitutos de ella.

Por un lado, se observa que los homicidios sexuales a VTE conforman un grupo diferenciado de los casos con VAJ, al igual que lo observado en las agresiones sexuales.  En la mayoría de los casos el escenario del crimen es el domicilio de la víctima, donde también ocurre la aproximación a ella.

La mayor probabilidad de que los crímenes ocurran en el domicilio se explicarían por las rutinas de las VTE. Suelen desarrollarse en el domicilio, además de las situaciones comunes de soledad, jubilación o enfermedad que provoca la permanencia en casa.

Algo parecido ocurriría en el caso de las víctimas menores, cuyas actividades también se desarrollan mayoritariamente en el hogar. Otra similitud con los casos que implican menores es la mayor cantidad de criminales que son conocidos de la víctima.

Al igual que en las agresiones, los homicidios sexuales a VTE son mucho más violentos que los homicidios sexuales de VAJ. Esto puede deberse a que la mayoría de estos criminales suelen actuar con motivaciones de ira y sadismo, ambas asociadas a altos niveles de violencia.

En cuanto a conductas sexuales per se, no hay muchas diferencias en las conductas normalizadas (p. ej. penetración vaginal). En cambio, si se detecta un alto número de conductas extrañas, como la penetración con objetos o actividad sexual postmortem. La primera se puede considerar como una conducta de tortura o sustituto de actividad sexual debido a disfunción sexual. La segunda es una conducta parafílica, pero también puede darse como resultado de una disfunción sexual.

Aparte de estas diferencias generales, los autores desarrollan una clasificación para los criminales sexuales de VTE según sus motivaciones y mediante el análisis del modus operandi, similar a la descrita para las agresiones sexuales. Se trataría de motivaciones sexuales, de robo, sádicas y experimentales.

Los criminales motivados sexualmente atacan a mujeres y especialmente cuando están durmiendo. En todos los casos se da penetración vaginal y suele haber mucha diversidad de actos sexuales cometidos comparado con otros tipos de agresores. Entre ellas, se da la penetración con objetos extraños en una tercera parte de los casos.

Suelen utilizar métodos ilegales para entrar en el domicilio. Matan a la víctima especialmente porque suelen ser conocidos, pero rara vez llevan a cabo conductas para destruir pruebas. También roban cosas de valor de la víctima, pero impulsivamente más que llevarse souvenirs.

Los motivados por el robo también atacan principalmente a mujeres, en sus domicilios y mientras están durmiendo o llevando a cabo alguna actividad doméstica. Lo más diferencial de estos criminales es que lo principal es el robo, mientras que la agresión sexual y el homicidio son subsecuentes y basadas en la oportunidad. Las agresiones sexuales suelen ser relativas a masturbación y similar. En la agresión y el homicidio se suelen notar aspectos que indican la falta de premeditación.

Los criminales sádicos atacan exclusivamente a mujeres en sitios exteriores y especialmente cuando las víctimas hacen deporte. Suelen ser desconocidos para las víctimas. No buscan actividades sexuales comunes ni suele haber gran diversificación de estas. En cambio, cometen actos sexuales de dominancia, tortura psicológica y/o física, humillación y/o mutilación. Lo que les motiva, por tanto, es el sufrimiento de la víctima y no la naturaleza sexual de sus conductas. Suelen utilizar armas para matar a la víctima y suelen destruir pruebas.

Por último, los criminales experimentales atacan tanto a hombres como a mujeres de la tercera edad, generalmente en sus domicilios. En la mayoría de los casos los criminales son conocidos de las víctimas y es así como se aprovechan para entrar en sus casas. No suelen implicarse en agresiones sexuales típicas.

En cambio, suele haber presencia de actos extraños como la penetración con objetos y actividades sexuales postmortem. En estos casos es donde la hipótesis de disfunción sexual encaja más, así como las fantasías sexuales desviadas. Suelen planear el ataque, reflejándose esto en la ausencia de golpes y muchos de los crímenes se cometen con un arma.

Como conclusión, observamos que analizar los casos de agresión y homicidio con víctimas de la tercera edad como un grupo separado es crucial, dado que se pueden encontrar diferencias destacables con respecto a los casos con VAJ (aunque se requiere mucha más investigación). Estas diferencias serían cruciales cuando se evalúa el riesgo de reincidencia, se desarrollan perfiles criminales e incluso cuando se trata de evaluación y tratamiento.

Aunque este tipo de casos sean menos frecuentes, es importante estudiarlos porque debido al incremento de la población de la tercera edad, dicha frecuencia puede aumentar.

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El peso de los factores protectores en la reincidencia de conductas violentas. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Assessing protective factors in treated violent offenders: associations with recidivism reduction and positive community outcomes” de Coupland R. B. A. y Olver M. E. (2020) en el cual se analiza la utilidad de evaluar factores protectores en pos de predecir reincidencia de la violencia y de obtener buenos resultados post-tratamiento de reducción de la violencia.

En los últimos 20 años, se registró un importante avance en la evaluación del riesgo de violencia. De estos avances, implementados tanto en la investigación como en la práctica profesional, se destacan varios: el desarrollo de herramientas de evaluación y predicción eficaces, la proliferación de factores de riesgo dinámicos, la evaluación del cambio en cuanto riesgos y la validación cruzada de los métodos de evaluación a nivel internacional.

No obstante, un área de bastante importancia quedó atrás: los factores protectores. Sigue habiendo dificultades tanto en cuanto a su conceptualización, como en cuanto a su medición e identificación.

Los factores protectores podrían generar beneficios saludables y es muy probable que estén ligados a resultados individuales positivos. Buscar tales factores para las personas con historial de delincuencia podría mitigar el riesgo de violencia. Es posible que provoquen mejoras en el panorama en cuanto a una reintegración exitosa. A grandes rasgos, aportarían una visión más esperanzadora y optimista en las evaluaciones forenses.

Algunos autores consideran que la evaluación enfocada (solo) al riesgo puede crear actitudes pesimistas en los terapeutas que tratan con personas violentas. Asimismo, este enfoque puede alimentar predicciones excesivas de reincidencia y pasar por alto resultados positivos potenciales como conseguir un trabajo, retomar la formación, etc. En la misma línea, se plantea un posible sesgo hacia lo negativo mientras las evaluaciones de riesgo solo se basen en factores de riesgo.

En los últimos años, el enfoque ha tomado una dirección hacia factores protectores dinámicos. Por ejemplo, una red de apoyo social fuerte o estilos de afrontamiento. Pero, ¿qué son los factores protectores?

Los factores de riesgo directa o indirectamente incrementan la probabilidad de reincidencia de un delincuente. En cambio, los factores protectores tienen un efecto amortiguador en el riesgo de reincidencia. Aun así, el rol exacto que tienen estos factores es aún poco claro, pero se plantea que podrían mediar entre el riesgo de violencia y reincidencia.

Diversos factores protectores se han estudiado y han recibido apoyo empírico o conceptual. Estos muestran relevancia tanto en la población de delincuentes juveniles como adultos. Algunos serían: apoyo de una red prosocial fuerte, red de apoyo emocional, uso apropiado del tiempo de ocio, actividad y afiliación religiosa, actitudes positivas hacia la intervención, alojamiento estable y habilidades de afrontamiento adaptativo o de resolución de problema prosociales.

Una de las listas de verificación más conocidas en cuanto a evaluación de factores protectores para la población forense es SAPROF (Structures Assessment of Protective Factors). Contiene 17 factores protectores, de los cuales 15 son dinámicos. Estos están clasificados en 3 grupos: internos, motivacionales y externos.

Se puede decir que a lo largo de los diferentes estudios en los cuales se utiliza SAPROF los resultados son generalmente buenos. No obstante, también se encuentran inconsistencias entre estudios, así como dificultades en cuanto a predicción del riesgo de violencia en subpoblaciones específicas, p. ej. mujeres delincuentes.

Los autores de este estudio analizan una muestra de 178 delincuentes (análisis documental) que fueron encarcelados por alguna actividad violenta. Estos participaron en un programa de reducción de la violencia de alta intensidad en un centro psiquiátrico de máxima seguridad de Canadá. La muestra presenta, en su mayoría, algún problema de salud mental: psicosis, depresión, trastornos de personalidad, abuso de sustancias, etc. Más del 70% de la muestra presentaba un trastorno de personalidad antisocial.

La duración media de las sentencias es de 6 años. La edad media de inicio de actividades violentas es de 18 años. La mayoría tenía un historial de violencia, encontrándose un 56% de delitos violentos sin homicidio, un 38% de delitos violentos con homicidio, un 5% de delitos no violentos y un 2% con delitos sexuales violentos.

El programa de tratamiento es Aggressive Behavioral Control (ABC). Su duración es de 6 a 8 meses y tiene como objetivo reducir la reincidencia de violencia en hombres con un extenso historial de violencia o con problemas serios de mala conducta institucional. Es un programa multidisciplinar, con psicoeducación, instrucción de habilidades de prevención de la reincidencia y terapia individual y grupal para atender las necesidades criminógenas.

Ha mostrado eficacia en disminuir la frecuencia y gravedad de nuevas mala conductas institucionales. Asimismo, disminuye, según las evidencias, la probabilidad de reincidencia en delincuentes afiliados a bandas o altos en psicopatía. Los cambios positivos que provoca se han asociado a un decremento de la violencia en la comunidad.

En el análisis de la muestra se utilizan, aparte de SAPROF, una lista de factores protectores (lista PF) con factores recopilados de las evidencias científicas. Otra es la herramienta de evaluación de riesgo y planificación de tratamiento VRS (Wong & Gordon, 1999-2003). Asimismo, el conocido HCR-20 (segunda versión, Webster et al., 1977) que evalúa el riesgo mediante 10 factores relativos al historial criminal, 5 factores clínicos 5 factores de gestión del riesgo. Esta herramienta tiene una alta precisión predictiva para la violencia.

En términos generales, el tratamiento aplicado a la muestra parece haber dado buenos resultados. Los cambios positivos se han registrado en los factores protectores internos y motivacionales del SAPROF, pero no los externos. El menor nivel de mejora se ha observado en el periodo desde post-tratamiento hasta la incorporación en la comunidad. En cambio, desde la fase de pre-tratamiento hasta la incorporación en la comunidad se han observado cambios importantes en los factores protectores. En términos de puntuación del SAPROF, las mejoras se dieron en un 40%.

Las correlaciones entre factores de riesgo y protectores se muestra inversa. Es decir, a mayor protección, menor riesgo de reincidencia. Asimismo, los hombres con historial de violencia más grave y con mayor riesgo de reincidencia mostraban menos factores protectores. Por tanto, ambos tipos de factores no son independientes. Aun así, los datos muestran que estos factores no representan a un mismo constructo, es decir, no son las dos caras de una misma moneda. Lo más probable es que se solapen, por ejemplo, compartiendo consecuencias.

Las herramientas de evaluación de factores protectores predicen la reincidencia comunitaria e institucional. Específicamente, baja protección se asocia a incrementos de las tasas de violencia y reincidencia general, así como con una mayor frecuencia y gravedad de las malas conductas institucionales.

Cuando se analizan los cambios en protección en función de las medidas de riesgo, no se observa una predicción incremental desde pre a post- tratamiento. Es decir, no aparece un patrón constante de, por ejemplo, mayor protección, menor riesgo de reincidencia.  Los autores plantean que esto puede deberse a que el tratamiento aplicado a los delincuentes no se centra en factores protectores o en incrementar la protección.

En cambio, se centra en disminuir el riesgo de reincidencia y la violencia. Y, como hemos mencionado antes, si protección y riesgo no son dos caras de la misma moneda, reducir los niveles de riesgo no necesariamente debería incrementar la protección.

Lo más importante es que un enfoque en la reducción del riesgo provocaría una reducción de la reincidencia. No obstante, no volver a cometer delitos no equivale a un funcionamiento adecuado en la comunidad ni a una reinserción exitosa. Por eso, parece que para conseguir lo segundo, los factores protectores deben ser tenidos en cuenta en la rehabilitación y reintegración en la comunidad.

Asimismo, los autores recomiendan que las herramientas de evaluación de factores protectores no se utilicen solo para predecir la reincidencia, porque de esta forma no cumplen como medidas de protección, sino simplemente informan del riesgo.

Y, como han observado, los factores protectores pueden tener un alto potencial para añadir a un bajo riesgo de reincidencia una reinserción más exitosa en la comunidad. Una influyente revisión sobre la evaluación de riesgo de violencia (Hanson, 2009) muestra que, para la siguiente generación de herramientas, añadir los factores protectores será una adición clave.

 

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Grafología: una posible herramienta auxiliar para el diagnóstico de TDAH. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Handwriting in children with Attention Deficient Hyperactive Disorder: role of graphology” de Cohen R., Cohen-Kroitoru B., Halevy A., Aharoni S., Aizenberg I. y Shuper A. (2019), en el cual se analiza la utilidad de la grafología como herramienta auxiliar para el diagnóstico de TDAH.

En la niñez, cuando nos iniciamos en el proceso de escritura, se pueden dar diferentes dificultades. El proceso de escritura es complejo y requiere de la integración de diferentes componentes. Se necesita atención, planificación motora, habilidades motrices finas y percepción visomotora.

Cuando se trata de niños/as afectados por el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) o con síntomas relacionados, los problemas de escritura son muy comunes. Además, tales problemas se han asociado frecuentemente a bajo rendimiento académico y baja autoestima.

Los educadores de niños/as con TDAH informan de la presencia de digrafía. La escritura de ambos sexos suele ser inmadura (con respecto a lo normativo según su edad), confusa e ilegible. Estos problemas podrían reflejar habilidades motoras e integración visomotora pobres, ambas correlacionadas con baja legibilidad de la escritura.

También se han registrado con valores bajos la fuerza, la sincronización de músculos agonistas y antagonistas y la presión del bolígrafo (u otra herramienta de escritura a mano) en niños/as con TDAH. Como tratamiento farmacológico, parece que el uso de metilfenidato mejora, entre otras cosas, los procesos implicados en la escritura.

La escritura a mano es una actividad que puede informar sobre diferentes aspectos de la persona. No solo habilidades, competencias, rendimiento adecuado o inadecuado según edad, sino también características de personalidad. La grafología es una disciplina muy antigua, desarrollada en China. Su objetivo es analizar la personalidad y el comportamiento de los individuos a través de las características físicas y de los patrones de su escritura.

Las escalas de evaluación de la escritura se han empezado a desarrollar en 1942. La existencia de estas hizo posible la identificación de características de escritura relevantes en diferentes idiomas y determinar cómo interaccionan.

Las conclusiones extraídas se resumen en que el análisis de una sola característica de escritura no es suficiente. Es la combinación de rasgos de escritura la que permite que los expertos en grafología extraigan interpretaciones completas y claras.

Desde la mitad del siglo XX, la grafología ha sido utilizada ampliamente. Se ha aplicado en selección de recursos humanos. Se utiliza para determinar si la firma de un autor es auténtica, lo que hoy conocemos como documentoscopia. Asimismo, sirve para analizar el estado del autor de un texto, por ejemplo, ansioso o en estado de ebriedad.

La grafología también tiene utilidad en los tribunales y en investigaciones criminales. Y, por último, es una herramienta reconocida en psiquiatría para el análisis de intentos de suicidio y en casos de trastorno depresivo mayor.

Los autores de este estudio investigan si la grafología puede servir como una herramienta objetiva auxiliar para el análisis de características y patrones de escritura de niños/as con TDAH. Plantea que las/os niñas/os con TDAH podrían diferenciarse de los no afectados en tipos y número de aspectos anómalos presentes en su escritura.

En el estudio participan 22 menores, con edades entre 13 y 18 años, diagnosticados con TDAH. Se asegura que todos los incluidos en el estudio hayan sido diagnosticados de forma objetiva. Es decir, que se haya atendido a múltiples fuentes de información (progenitores, escuela) y se hayan utilizado herramientas objetivas (p. ej. DSM). Por otro lado, participan 27 menores sanos como grupo control. El idioma de análisis es el hebreo, tratándose de un estudio llevado a cabo en Israel.

Se recogen muestra de escritura a mano de todos los participantes. Estos recibieron una hoja en blanco y se les solicitó la escritura de una historia de 10-12 líneas de longitud. El tiempo disponible para ello fue de aproximadamente 20 minutos. El análisis grafológico fue llevado a cabo por un grafólogo forense. Este no tuvo información alguna sobre el historial clínico de los participantes.

El grafólogo preestableció un perfil de escritura para las personas con TDAH compuesto por 15 características. Para cada muestra de escritura analizada el experto asignó un punto a cada característica presente. A puntuaciones iguales o mayores a 9 (máximo 15) se considera presencia de TDAH. A continuación, las 15 características. El texto del paréntesis hace referencia a la anomalía que debería encontrarse cuando hay TDAH.

Diseño de texto (extendido), márgenes (ninguno o solo uno), dirección de línea (nunca ascendente), espacio entre líneas, palabras y letras (anómalo), letras no convencionales (muchas), inclinación de la escritura a mano (nunca a la derecha o ascendente), desviación de la escritura a mano (presente), tamaño de letra (anómala, 3–4 cm), ancho de letra (solo ancho o solo estrecho), continuidad o flujo de escritura (ausente), forma de escritura (nunca continua o como si fuera un hilo), velocidad de escritura (nunca lenta) y fuerza del grafismo (pobre).

Los resultados de dicho análisis son prometedores. El análisis grafológico mostró una sensibilidad de la detección del TDAH de 75%. Asimismo, mostró una especificidad de 76,2%. Se han observado menos diferencias entre sujetos con y sin TDAH que las planteadas en investigaciones previas.

Como resultados más específicos se encuentran varios. Se observan diferencias, especialmente a nivel intra-género. Ninguno de los niños con TDAH mostró una velocidad de escritura lenta. En cambio, en el grupo control, se registró mucha más variabilidad en este sentido.

Las niñas con TDAH no mostraron diferencias significativas con respecto a las niñas sin TDAH en la mayoría de las características. Donde sí hubo diferencias con respecto a las niñas del grupo control fue en la dirección de escritura. Las niñas con TDAH de esta muestra nunca presentaron una dirección de escritura ascendente, tal como se esperaba según el perfil.

Las menores diferencias entre niñas con y sin TDAH es congruente con investigaciones previas. Se conoce que las mujeres/niñas suelen presentar menos síntomas que los hombres/niños, tanto hiperactivos/impulsivos, así como relativos a la inatención.

La conclusión principal de este estudio es que la grafología puede contribuir a la toma de decisiones sobre el diagnóstico de TDAH. Se debería utilizar en equipos multidisciplinares y puede ayudar en los casos complejos. Los problemas de escritura en TDAH probablemente tengan poco que ver con la escritura per se y mucho que ver con el control motor. Y parece que la grafología representa una herramienta auxiliar prometedora para el análisis diagnóstico de TDAH.

 

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Características de los agresores sexuales juveniles. Club de Ciencias Forenses

Amigos el Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Differences in psychosexual development among child, peer and mixed juvenile sex offenders” de Lillard C. M., Cooper-Lehki C., Fremouw W. J. y DiSciullo V. A. (2019), en el cual se repasan las diferencias más destacables entre los tipos de agresores sexuales juveniles.

Las agresiones sexuales son crímenes graves con consecuencias graves. Se definen como el comportamiento que incluye cualquier interacción sexual con una persona de cualquier edad, en contra de la voluntad de la víctima, sin su consentimiento, con agresividad, manipulación, explotación o amenazas.

Durante mucho tiempo, la investigación en esta área se ha enfocado en hombre adultos que cometen agresiones sexuales. Recientemente, se han incluido en el estudio los agresores sexuales juveniles. Estos suelen ser adolescentes, con edad menor a los 18 años en el momento que cometieron la agresión.

Se estima que la mitad de los abusos sexuales a menores y el 20% de las agresiones sexuales son cometidas por agresores sexuales juveniles. Inicialmente se ha planteado que los agresores sexuales adultos y juveniles representan una sola población. No obstante, investigaciones recientes refutan esta creencia. Se ha observado que la mayoría de los agresores sexuales juveniles (ASJ) no vuelen a cometer delitos sexuales. Las tasas de reincidencia varían entre el 5 y el 15 %.

Por ejemplo, en un estudio se analizó una muestra de más de 20.000 sujetos que fueron arrestados por un delito cuando tenían entre 12 y 23 años.  Se observó que, de los sujetos con un solo arresto, el 3 % había vuelto a cometer una agresión en etapa adulta. El 12,3 % de los que habían sido arrestados por múltiples agresiones sexuales lo han vuelto a hacer en etapa adulta. El 95,5 % de los agresores sexuales adultos nunca habían sido arrestados por una agresión sexual en etapa juvenil.

Estos datos sugieren que solo una pequeña proporción de los ASJ reinciden en la etapa adulta. Asimismo, los ASJ que sí reinciden de adultos suelen ser los que han cometido múltiples agresiones sexuales cuando eran menores. Con todo ello, se destaca la importancia de separar los ASJ que han cometido múltiples agresiones sexuales de lo que se han cometido una sola agresión sexual.

Los ASJ conforman un grupo heterogéneo. No obstante, existen diversas tipologías. Una de ellas se construye en función del tipo de víctima y habría dos tipos de ASJ. ASJ con víctimas en etapa infantil o ASJ infantiles y ASJ con víctimas iguales (peer, edades parecidas con los ASJ, amigos, etc.) o ASJ de iguales. A partir de esta clasificación, se han hecho diversas comparaciones que vamos a resumir a continuación.

Características de las víctimas. Los ASJ infantiles suele cometer varias agresiones a la misma víctima. En cambio, los ASJ de iguales suelen tener mayor número de víctimas. Ambos tipos suelen atacar a conocidos. No obstante, los ASJ infantiles tienden a atacar más a familiares. Los ASJ que atacan a hermanos/as suelen mostrar una mayor tasa de abuso físico y sexual y cometer crímenes más graves. También es más probable que estos hayan sido diagnosticados con algún trastorno de la conducta.

En cuanto al género de las víctimas, los ASJ de iguales suelen atacar exclusivamente a mujeres. En cambio, los ASJ infantiles no suelen optar por un género u otro exclusivamente, aunque la mayor proporción se compone de victimas masculinas.

Características del agresor. En términos de edad no suele haber diferencias entre ASJ infantiles y de iguales, aunque hay algunos estudios que destacan que los segundos suelen ser mayores que los primeros. La raza se encuentra como no diferencial. No obstante, al igual que en el tema de la edad, algunos estudios encuentran que los ASJ infantiles suelen ser caucásicos y los ASJ de iguales afro-americanos.

En términos psicológicos, los ASJ infantiles suelen experimentar más ansiedad y tener más trastornos relativos al uso de drogas. También suelen tener una autoestima más baja, un rendimiento psicosocial más pobre y mayor probabilidad de sufrir de bullying.

Los ASJ de iguales muestran conductas más agresivas y más externalizantes. Suelen tener un estatus socioeconómico más bajo, una supervisión parental mínima y un historial criminal familiar más largo. También exhiben más conductas de delincuencia, sexo consentido, más amigos de la misma edad y mayor número de victimas desconocidas.

Características de la agresión. Los ASJ de iguales suelen atacar más en sitios públicos. Los ASJ infantiles, en cambio, suelen atacar a sus víctimas en contextos de residencia o casas de acogida. Los dos tipos de ASJ no difieren en cuanto al tipo de arma o las drogas que utilizan durante la agresión.

Desarrollo psicosexual de los agresores sexuales juveniles. Existen pocos datos al respeto. Las diferencias más destacables serían, por ejemplo, que los ASJ de iguales, así como los mixtos (víctimas menores, pero de cualquier edad) suelen informar de más experiencias sexuales consentidas y mayor uso de pornografía que los ASJ infantiles. Los ASJ mixtos también suelen tener más fantasías atípicas. En pruebas falométricas no se observaron diferencias.

Estudio. Como existen tan pocos datos sobre el desarrollo psicosexual de los ASJ, los autores estudian estas diferencias en 74 jóvenes internados en reformatorios, que han cometido alguna agresión sexual. Dos criterios de inclusión en la muestra lo suponen la disponibilidad de una evaluación psicológica y de un perfil obtenido con el Multiphasic Sex Inventory-II (MSI-II).

Congruentemente con resultados de estudios anteriores, los ASJ de iguales de esta muestra han llevado a cabo agresiones con mayor violencia y gravedad. También suelen tener en su historial criminal más condenas por delitos no violentos. En términos específicos de psicosexualidad, las únicas diferencias encontradas se refieren a los ASJ de iguales. Estos parecen tener mayores problemas de disfunción sexual y eréctil que los ASJ infantiles.

Cabe destacar que una subescala de MSI-II relativa a acoso infantil (escala Child Molestation) consigue diferenciar con alta precisión los ASJ infantiles de otros tipos. Es decir, es capaz de predecir el grupo al que pertenece un ASJ, así como el tipo de historial.

Utilizando una clasificación de 3 grupos, ASJ infantiles, de iguales y mixtos, se observan diferencias en cuanto a características de la víctima, agresión, agresor y tratamiento previo relativo a las agresiones. Los ASJ infantiles y de iguales suelen tener víctimas femeninas.

En cambio, los mixtos presentan una mayor heterogeneidad en género de la víctima. En cuanto a relación con la víctima, los datos son similares a lo antes mencionado, sumando que los ASJ mixtos suelen atacar tanto a víctimas conocidas y/o familiares, como desconocidas. Generalmente, los ASJ mixtos presentan patrones amplios, heterogéneos y sin discriminación por género, edad y otras. También estos suelen cometer su primera agresión a edades mucho más tempranas que los ASJ infantiles.

Los ASJ infantiles no suelen tener en su historial algún tipo de tratamiento relativo a las conductas de agresión sexual. Aproximadamente la mitad de los ASJ de iguales y la mayoría de los mixtos sí han recibido tal tratamiento. Entre los ASJ mixtos es común la existencia de varios tratamientos, sin completar y sin adherencia. Los fallos en los tratamientos suelen ser factores de riesgos muy importantes en cuanto a reincidencia y también informan de mayor peligrosidad.

En los estudios que analizaron agresores sexuales adultos mixtos se ha sugerido que estos suelen ser más peligrosos y tienen mayor probabilidad de reincidencia, así como la necesidad de tratamientos más intensivos. También hay posturas que no coinciden con lo anteriormente mencionado y, en cualquier caso, se necesitan más estudios similares con la población de ASJ.

 

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Nanotecnología forense: identificación de huellas dactilares latentes. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Role of nanomaterials for forensic investigations and latent fingerprinting – a review” de Prasad V., Lukose S., Agarwal P. y Prasad L. (2020), en el cual se revisa el importante papel que actualmente tiene la nanotecnología en la detección de huellas dactilares latentes.

La nanotecnología es el campo científico que estudia materiales a escala nanométrica. Esta área también puede ser definida como la síntesis de materia a nivel atómico, con tamaño entre 1 y 100 nanómetros (nm).

La utilidad de la nanociencia y la nanotecnología se conoce desde el siglo IV. El oro fue utilizado por primera vez como nanopartícula por los romanos en las copas de Licurgo, aplicándose como agente de recubrimiento. Actualmente, la nanotecnología se puede aplicar ampliamente en diferentes campos como electrónica, desarrollo y análisis de drogas y construcción.

Adicionalmente a su vital importancia en muchos otros campos, también tiene un impacto significativo en las ciencias forenses. En este caso hablamos de nano-forensics, la última innovación en este campo. La evolución de los nano-sensores y nano-dispositivos permite identificar evidencias anónimas. Los instrumentos utilizados previamente en otros campos para estudiar nanomateriales también consiguen dar respuestas en las ciencias forenses. Uno de ellos es el microscopio de fuerza atómica (AFM).

La aplicación de nanotecnología en las ciencias forenses ya cubre varias áreas. En documentoscopia, con la ayuda del AFM, se ha conseguido analizar el cruce de tintas analizando ciertas superficies de documentos. En el análisis de manchas secas de sangre se ha conseguido determinar la edad de estas. Se utilizó el AFM también en este caso, analizando la elasticidad de los eritrocitos.

La Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR) es un método utilizado para producir varias copias de un fragmento de ADN. Estudios recientes han mostrado que las nanopartículas de oro tienen la habilidad de incrementar la eficiencia de la PCR. Cuando se añaden de 0,7 a 13 nm de partículas de oro, el tiempo de la PCR se reduce.

En el análisis de huellas dactilares se ha observado que el uso de nanopartículas tienen un gran potencial para mejorar este proceso. Se trabaja en el desarrollo de nuevas técnicas conocidas como nano-huellas (dactilares). Cualquier avance en este campo será muy valioso dado que las huellas son evidencias de una identidad humana. Por tanto, en investigaciones de escenarios de crimen serían de mucha utilidad, especialmente para detectar las huellas dactilares latentes.

Las huellas dactilares latentes son aquellas invisibles al ojo humano. Se trasfieren a las superficies a través de secreciones corporales y contaminantes encontrados en los dedos. Son las más difíciles de identificar a diferencia de las huellas patentes y las plásticas. Las patentes se observan a simple vista. Se plasman en las superficies a través de sustancias como sangre, pintura o grasa. Las huellas plásticas son aquellas generadas por la presión de los dedos en objetos blandos, como jabón, cera o pegamento.

Las huellas dactilares contienen secreciones corporales y agentes contaminantes del medio en el que se encuentran. Las secreciones provienen de 3 tipos de glándulas: ecrinas, apocrinas y sebáceas. La elección de la técnica para detectar huellas latentes depende tanto del contenido de la huella, así como de la naturaleza de la superficie. Por eso, existen varios métodos con diferentes nanopartículas que vamos a describir a continuación.

Nanopartículas de plata. La plata metálica tiene afinidad con componentes orgánicos que residen en las huellas. Este tipo de nanopartículas se han utilizado como reactivo desde 1970 para visualizar huellas latentes en superficies porosas de papel. El método utilizado tiene la habilidad de mostrar huellas en superficies expuestas a luz solar intensa durante varias horas. La desventaja es alto coste en tiempo y dinero, poca estabilidad y un procesamiento destructivo que contamina los documentos.

Nanopartículas de oro. Juegan un papel importante en la visualización de huellas latentes por su naturaleza inerte, alta selectividad y sensibilidad. También tienen atributos que permiten almacenar las huellas por un largo periodo de tiempo. El método utilizado es el de deposición multimetal (MMD).

Confieren mayor intensidad y claridad en las huellas encontradas comparado con métodos que utilizan nanopartículas de plata. Su desventaja es su no utilidad en huellas encontradas en paredes y suelos. Básicamente, no sirve para ningún objeto/superficie demasiado grande como para sumergirlo en una bañera de laboratorio.

Nanopartículas de óxido de zinc. Tienen propiedades que permiten la transición de huellas latentes a patentes a temperatura ambiente. También presenta una propiedad adhesiva que facilita la interacción con residuos lipídicos y proteínicos de las huellas a temperatura ambiente. Permiten determinar la antigüedad de las huellas en superficies no porosas. En cambio, no son muy efectivas para las huellas encontradas en superficies porosas.

Nanopartículas de sílice. Su uso es un método novedoso que mejora la detección de huellas latentes por su facilidad de síntesis. También tienen la habilidad de recubrir tintes, lo que previenen la foto-descomposición. Sirve para huellas plasmadas en superficies no porosas. Se ha observado un mecanismo electrostático entre estas nanopartículas y residuos de huellas similar al que se da en MMD.

Nanopartículas de óxido de aluminio. Con este tipo de partículas se desarrollaron nano-polvos no tóxicos y eco-friendly. Esos nano-polvos se sintetizas con: nano-partículas de óxido de aluminio, recubiertas de eosina amarilla y un extracto hidrofóbico vegetal. El extracto repele moléculas de agua y permite que los polvos se adhieran a los componentes oleicos de huellas latentes.  Estas nanopartículas permiten visualizar huellas en superficies porosas y no porosas. Además, sirven para identificar huellas muy difuminadas o descoloridas.

Hay muchos más métodos y nano-partículas que se han desarrollado, pero muchos de ellos son bastante más complejos para resumir. Incluso existen métodos de imagen con espectroscopio que permiten detectar metabolitos de cocaína en huellas latentes. De todas las nanopartículas, las de oro parecen tener una capacidad más amplia. Por sí solas o junto a diferentes reactivos permiten la identificación de huellas latentes en diferentes situaciones. Ya sabía Hodgins, el rey del laboratorio de la serie Bones, que el oro le permitirá resolver el caso.

Como conclusión, la nanotecnología parece de gran utilidad en las ciencias forenses. Gracias a todos los avances científicos, la identificación de huellas, así como otros procesos del contexto forense, será cada vez más preciso y, probablemente, más fácil y rápido.

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Métodos en el cyberprofiling y el papel del factor humano. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling human roles in cybercrime” de Georgiev V. (2019), en el cual se analizan los métodos deductivo e inductivo y su utilidad en la perfilación cibercriminal, así como las características necesarias de un buen perfilador en el campo.

El mayor uso de tecnologías de la información a nivel de negocios, gobiernos y consumidores viene asociado a consecuencias inevitables. Por un lado, encontramos ventajas, como facilidad y rapidez de las operaciones, sean de la naturaleza que sean, e incluso ventajas competitivas para las empresas.

Por otro lado, encontramos amenazas a la seguridad, explotadas por un grupo de individuos cuyas acciones se clasifican como cibercrimen. En tiempos de bulos constantes, cabe destacar que detrás de ellos también hay muchas actividades cibercriminales como ciberfraudes o spoofing.

En el cibercrimen, a pesar del contexto digital y del papel de la tecnología, el factor humano sigue siendo lo más decisivo. En una actividad de cibercrimen, encontramos a los criminales y a sus víctimas. Pero entre unos y otros, están y deben estarlo los representantes de la ley, que vigilan e investigan, así como investigadores científicos.

La técnica de profiling también tiene utilidad en el cibercrimen. La perfilación criminal es tanto una ciencia como un arte de desarrollar descripciones de las características de los implicados. Puede ser definida como la evaluación psicológica generada a partir de la identidad de un criminal cuya actividad es conocida. Ese perfil incluye una serie de características consideradas típicas del comportamiento del perpetrador de un tipo de crimen especifico.

El perfil criminal puede ser utilizado, entre otras, para reducir el circulo de personas sospechosas de un delito. Asimismo, también puede utilizarse en sentido inverso. Es decir, para evaluar la probabilidad de que un sospechoso particular sea el perpetrador de un delito particular. Aunque la perfilación no sea una evidencia per se, es un buen punto de partida para enfocarse en sospechosos potenciales, así como en conseguir la recogida de evidencias de un crimen.

La perfilación criminal ofrece una idea de las características de los cibercriminales basándose en varios aspectos. Utiliza observaciones de criminales específicos. Tiene en cuenta información de testigos y víctimas del cibercrimen. También utiliza conocimientos de psicología general y criminal. Y, por último, tiene en cuenta los vínculos entre patrones comportamentales de diferentes tipos de cibercrimen.

En la práctica, se utiliza tanto un método inductivo como deductivo. El primero va de lo particular a lo general. De características específicas hacia a la construcción de un perfil o imagen general. empieza con la monitorización y recogida de información en base a la cual se implementa o se desarrolla un modelo, aplicado posteriormente en la práctica.

Se basa en datos estadísticos y benchmarking cuando genera un perfil. La información proviene de investigaciones formales, observaciones comportamentales de criminales conocidos, estudios clínicos, entrevistas con criminales e información disponible en bases de datos. Se obtienen y se tienen en cuenta características encontradas como comunes a un número estadísticamente significativo de criminales.

El método deductivo funciona en el sentido inverso. Empieza con perfiles y supuestos generales de los cuales se extraen características específicas. Se basa en información general y conclusiones específicas sobre características de cibercriminales, en experiencia, conocimiento e intuiciones de aquel que desarrolla el perfil.

A diferencia del método anterior, el éxito de la perfilación depende de la habilidad del perfilador en ponerse en los zapatos del criminal. Requiere pensar de una manera similar para entender sus motivos y predecir sus acciones futuras. Este método nos puede sonar más, dado que es el que más vemos en series y películas criminales.

Al igual que en otros tipos de crimen, hay una serie de mitos o creencias erróneas sobre los cibercriminales. ¿A quién no le viene a la mente un chico joven y genio, con sudadera y/o con pocas habilidades sociales  cuando se habla de un hacker?

En estereotipos que afectan a los cibercriminales encontramos varios. Alto IQ, habilidades informáticas extraordinarias, el género masculino y la edad adolescente. Incluso hay una asociación con la no violencia, porque no actúan en el mundo real, sino en el mundo virtual.

A diferencia del uso de los estereotipos, la perfilación criminal es mucho más compleja. Hay diferencias importantes en el grado de simplificación y estandarización de la imagen o perfil construido. Un perfil criminal se basa en datos recogidos y reales. Un estereotipo implica aplicar conocimiento de hechos específicos y conocidos en la interpretación de otras situaciones o individuos específicos.

Como ya hemos mencionado en otros artículos, la perfilación requiere formación y la experiencia en el campo también influye. Aunque los estereotipos no siempre sean erróneos, en el profiling generan limitaciones a la hora de descubrir todas las opciones posibles. A continuación, vamos a describir qué debe saber un buen investigador de cibercrimen.

Necesita de una combinación de habilidades específicas y generales. Debe ser capaz de monitorizar el contexto y el comportamiento de las personas. Debe captar el menor detalle y el menor cambio en una situación. Esto se resumen en una máxima: mirar no significa necesariamente ver.

También se necesita de una buena memoria, para combinar múltiples pistas y memorizar eventos, fechas, nombres, lugares, etc. Habilidades organizativas que permiten estructura la información de una manera lógica. Así, los patrones comportamentales existentes y sus relaciones se hacen visibles. Objetividad para protegerse de las propias creencias y emociones que interfieren en el análisis de evidencias.

Conocimientos jurídicos, en psicología, victimología, tecnología, así como habilidades de trabajo con documentos para recogida y transferencia de información eficaces. La habilidad de pensar con modelos inherentes a los cibercriminales. Una imaginación constructiva, controlada, creativa y teniendo en cuenta todas las posibilidades cuando se estudian hechos y se formulan conclusiones.

Y como no, curiosidad, paciencia, aguante y deseo de aprender y acumular conocimientos profundos. Aunque se trabaje solo con un tipo de crimen, hacen falta conocimientos más amplios de la perfilación y el mundo del crimen en general.

También hay habilidades más especializadas para el cibercrimen. Serían de esta naturaleza los conocimientos de tecnología informática y sistemas de seguridad, aunque sean básicos. También es importante conocer la cultura de los cibercriminales, p. ej. de los hackers. Es más fácil rastrear y destapar a un hacker cuando se sigue su modelo de pensar, ética, etc.

Volviendo a los métodos de análisis en la perfilación cibercriminal, el autor ha llevado a cabo un análisis comparativo. Para la perfilación cibercriminal el método más apropiado parece ser el deductivo. Esto es así porque hay dificultades para entrar en contacto directo con los cibercriminales. Todo ello, a su vez, dificulta la recogida de información primaria sobre características específicas de diferentes cibercriminales.

Por tanto, hay poco acceso a los especifico para ir hacia lo general, tal como ocurre en el método inductivo. El método deductivo permite determinar una serie de características cibercriminales y crear una imagen genérica.

Para hacer un perfil del rol de la víctima del cibercrimen, ambos métodos son de utilidad. Es posible entrar en contacto directo con las víctimas. Por tanto, con su ayuda se pueden identificar y agrupar sus características específicas. Al mismo tiempo, es posible crear y utilizar un perfil genérico de las víctimas de un tipo específico de cibercrimen. En la detección del cibercrimen y en las investigaciones oficiales también se pueden utilizar ambos métodos, similarmente al caso anterior.

En conclusión, el progiling supone una herramienta de investigación clave en el cibercrimen. El principal reto queda en la acumulación de información relevante y experiencia práctica para asegurar el desarrollo de perfiles adecuados. No obstante, no hay duda alguna que el factor humano en cada pequeña parte de la perfilación cibercriminal (y criminal) es clave e imprescindible.

Si te interesa la perfilación criminal, podrás conocer más detalles sobre ello en las IV Jornadas De Perfilación Criminal, dónde se reúnen varios expertos internacionales. ¡No te lo pierdas!

Además de las IV Jornadas De Perfilación Criminal, puedes aprender más en nuestro Máster en Criminal Profiling  y nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica,  con becas especiales para los lectores del Club Ciencias Forenses.

Criminal profiling de los asesinos de trabajadores/as sexuales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Sex worker homicide series:profiling the crime scene” de Sorochinski M. y Salfati C. G. (2019), en el cual se exponen aspectos relativos al profiling de criminales con víctimas trabajadoras del sexo.

Contrario a las creencias populares, los criminales con víctimas trabajadoras del sexo exhiben una variabilidad sustancial en la selección de sus víctimas y en sus patrones comportamentales. Por esa razón, hay grandes dificultades para investigar este tipo de crímenes.

La perfilación criminal implica múltiples variables. Una parte del análisis se enfoca en la escena del crimen. Dicha escena ofrece información sobre cómo se comete el crimen, patrones y subtipos comportamentales que se relacionan con diferentes subtipos de escenarios y características criminales.

Hay tres áreas principales que el profiling atiende. Primero, las diferencias individuales de comportamiento criminal, con el fin de establecer subgrupos de criminales y tipos de escenarios. Segundo, la consistencia conductual, clave en el profiling. Sirve para entender el desarrollo de la carrera criminal de un individuo. Asimismo, trata de la consistencia entre varios crímenes cometidos por una misma persona. Tercero, las inferencias sobre características del criminal, que son el núcleo del profiling. El análisis de la consistencia, en este caso, es el enfoque principal.

Las autoras de este estudio recogen datos de diferentes investigaciones y bases de datos. La información que exponemos a continuación se corresponde al análisis de 83 criminales (series de crímenes). El total de las victimas asciende a 519 de 6 países diferentes.

De las 83 series, las victimas de 44 fueron solo trabajadores/as del sexo, la mayoría mujeres, pero también hombres (21 víctimas) y transgénero (2 víctimas). Las 39 series restantes implican también víctimas de otras profesiones. Entre las víctimas se encuentra una mayoría de personas de raza blanca (61%). Todos los criminales de estos casos son hombres, la mayoría blancos (61%). La edad media al cometer el primer crimen es de 32 años.

Algunos factores del escenario del crimen ayudan a determinar diferencias y similitudes entre las escenas del crimen identificadas. Se incluyen aquí acciones que preceden al crimen, como el tipo de víctima seleccionado y la localización. Otras son las acciones durante el crimen, como la actividad sexual y las heridas. También son importante las acciones post crimen, como la transportación del cuerpo de la víctima y su colocación.

La revisión de las autoras muestra que los factores más importantes en el análisis del crimen de personas que trabajan en el área sexual son también aquellos que mayores dificultades presentan para el análisis.

La localización del cuerpo de la víctima es uno de los elementos diferenciadores claves entre los criminales que solo matan victimas trabajadoras del sexo y los que matan también a otros tipos de víctimas. Este aspecto también es útil de manera inversa. La localización del cuerpo determina si se trata de la víctima de un criminal de trabajadores/as sexuales o mixto.

Se ha observado que el cuerpo de las víctimas trabajadoras del sexo se encuentra más a menudo en interiores. Asimismo, las víctimas de un criminal mixto se encuentran más a menudo en exteriores. Los criminales mixtos suelen llevar a cabo más agresiones sexuales que los que asesinan trabajadores/as del sexo. Suelen poner mayor esfuerzo en la conducta de colocación del cuerpo de la víctima. Matan más por estrangulación y con premeditación para tal estrategia.

Los criminales mixtos tratan de manera diferente a las víctimas trabajadoras del sexo y a las que trabajan en otros campos. Estas diferencias también están ligadas a la variable interior vs exterior, pero de manera inversa. Al primer tipo de víctimas las suelen atacar en exteriores y al segundo mayoritariamente en interiores.

Estos datos pueden ser de gran ayuda para las investigaciones. La razón clave es que la decisión sobre el sitio de ataque y sobre dónde dejar el cuerpo de la víctima implican planificación. Los comportamientos que requieren planificación suelen ser los de mayor consistencia.

Como antes hemos mencionado, los criminales mixtos matan más por estrangulación. No obstante, la diferenciación entre víctimas trabajadoras sexuales versus de otros campos muestra cierto cambio en los datos. Las víctimas trabajadoras del sexo tienen mayor probabilidad de ser asesinadas por estrangulación. Las víctimas no trabajadoras del sexo tienen mayor probabilidad de ser atacadas en interiores y de ser dejadas con vida.

A pesar de tales aspectos diferenciales, no se puede hablar de un valor predictivo suficiente. Estos indicadores son insuficientes para determinar con confianza si la víctima pertenece a una serie mixta o de trabajadores/as sexuales.

Los criminales que se incluyen en la serie mixta asesinaron casi dos veces más víctimas que los otros. Este dato es muy importante. Indica que los criminales mixtos son más difíciles de capturar y, por eso, tienen más tiempo en libertad para asesinar. Por tanto, matan más víctimas a lo largo del tiempo.

La razón más probable es la gran heterogeneidad de comportamientos que presentan y, por tanto, mayores dificultades para capturarlos. De hecho, las autoras han observado una importante inconsistencia conductual registrada en los criminales mixtos.

Por ello, puede que sea importante no solo investigar los patrones comportamentales del criminal mixto, sino también las progresiones en los patrones de victimización. Por ejemplo, en qué punto de la serie de crímenes de un sujeto cambia de un tipo de víctima a otra.

Como en todos los análisis basados en el profiling, hay ciertas dificultades y, en el caso de las víctimas trabajadoras sexuales, aún más. No por ello se debe considerar que el profiling no sea suficientemente útil. Como ocurre muy a menudo, hace falta más investigación específica en cada tipo de crimen.

 

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