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VioGén: Validación y calibración para evaluar el riesgo de violencia contra la pareja. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Validation and calibration of the Spanish Police Intimate Partner Violence Risk Assessment System (VioGén)” de López-Ossorio J. J., Gonzále- Álvarez J. L., Muñoz Vicente J. M., Urruela Cortés C. y Andrés-Pueyo A. (2019), en el cual se describe el marco teórico, el desarrollo y la validación de los formularios de evaluación policial del riesgo de la violencia contra la pareja (VCP) que pertenecen al sistema VioGén del Ministerio de Interior español.

El contexto de aplicación de la ley es la principal vía de entrada de una víctima en el sistema de justicia. En algunos países este contexto es un lugar privilegiado y es el primero en el cual se adoptan medidas de protección. En España es una obligación: hay ordenes explícitas de las instituciones legislativas para tomar estas medidas. Por esta razón, se han desarrollado cada vez más herramientas que evalúen y manejen adecuadamente el riesgo de reincidencia violenta. Debido al aumento de la conciencia social y de la magnitud del problema de violencia de género, es en el ámbito de la VCP dónde hay mayor desarrollo metodológico.

Actualmente, existen aproximadamente 150 herramientas para este fin. Existen herramientas internacionales (p. ej. SARA, Spousal Abuse Risk Assessmental; Kropp e al., 1995, con adaptaciones al contexto español) y nacionales (p.ej. EPV-R, Escala de Predicción del Riesgo de Violencia Grave contra la Pareja – Revisada, Echeburúa et al., 2010). Este tipo de herramientas contienen tanto elementos específicos de la VCP como elementos inespecíficos que comparten con otros tipos de violencia.

Los protocolos de evaluación de riesgo tienen el importantísimo papel de servir de guía para los profesionales en la toma de decisiones con implicaciones significativas para la libertad civil y la seguridad pública. La evaluación del riesgo a través de herramientas fiables y válidas persigue un objetivo clave: minimizar la subjetividad. Esta debe minimizarse o bien en el evaluador en la estimación del riesgo o bien en la tarea de desarrollo de pautas estructuradas de juicio clínico que ofrezcan mayor prudencia en las tareas predictivas.

El paradigma del análisis de la violencia no siempre fue el mismo. Se pasó de una evaluación del peligro a una evaluación de riesgo, basada en evidencias relativas a la probabilidad de reincidencia. Este cambio de paradigma llevó a mayor eficacia predictiva, objetividad y transparencia en los procesos de evaluación y a una organización de recursos disponibles para hacer frente al riesgo más eficiente y efectiva.

En España existe un mandato institucional que alberga las tareas de aplicación de la ley en la VCP. Hablamos del Sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género o VioGén que, además de muchas otras funcionalidades, contiene un protocolo dual actuarial para la evaluación del riesgo de la VCP, con dos versiones digitales.

Una es la Valoración Policial del Riesgo (VPR) que cumple una función de screening para casos con indicadores de riesgo actuarial. La segunda herramienta es la Valoración Policial de la Evolución del Riesgo (VPER) que monitoriza la evolución de eventos de riesgo y de indicadores de protección. Se decidió actualizar estas herramientas, de las cuales resultaron las versiones 4.0 en ambos casos.

La actualización implicó una fase exploratoria con el objetivo de obtener una validez de contenido. En esta fase colaboraron diversos expertos institucionales y profesionales. Se obtuvieron varios indicadores de reincidencia por lo que la siguiente fase fue la construcción de las escalas.

Se construyeron borradores de las herramientas y se pusieron a prueba en una muestra de 6613 nuevos casos de VCP incluidos en VioGén a lo largo de 2 meses y con un seguimiento mayor de 6 meses. El objetivo de las pruebas fue verificar la razón de probabilidades de cada indicador con relación a los comportamientos violentos y sus parámetros. También se establecieron puntos de corte, determinándose 5 niveles de riesgo: inapreciable, bajo, medio, alto y extremo.

VPR 4.0 se formaliza con 39 indicadores clasificados en 4 dimensiones temáticas. Estas son: gravedad de los episodios registrados (historial), factores del agresor (p. ej. comportamientos de celos, control y acoso o indicadores de ajuste psicológico/psicopatológico), características de vulnerabilidad de las víctimas y agravantes.

VPER 4.0 se formaliza con 43 indicadores, de los cuales 34 son factores de riesgo y 9 son factores de protección. Los indicadores se agrupan en 5 dimensiones criminológicas: las 4 de VPR 4.0 y una quinta que atiende a las relaciones dinámicas entre indicadores. Esta herramienta se utiliza de forma complementaria a VPR 4.0.

En la fase de la validación, se observó que las herramientas tienen una validez predictiva buena y similar a otras herramientas de evaluación del riesgo en VCP. VPR 4.0 se muestra sensible a la detección del riesgo de reincidencia y presenta una probabilidad de riesgo de detectar falsos negativos de 5,1%. Es una herramienta capaz de detectar a aquellos sujetos con un bajo riesgo de reincidencia.

En el caso de VPER 4.0, se ha tenido que desarrollar dos formas diferentes: una para los casos con evolución positiva y otra para los casos con evolución negativa. Estos escenarios se presentan de manera tan distinta que se justifica la necesidad de crear dos versiones VPER. Ambas muestran sensibilidad a incidencias y características del agresor que podrían aumentar las probabilidades de un evento violento.

Por último, se destaca que estas herramientas actuariales de VioGén apoyan la fuerte evidencia de la necesidad de un plan para la protección de las víctimas acorde a la evaluación del riesgo que se obtiene de cada caso. Ni VPR ni VPER están diseñadas para la evaluación de aspectos psicológicos o constructos. La transparencia y fiabilidad de estas herramientas están diseñadas para hacer predicciones e identificar a lo sujetos con mayor riesgo de reincidencia con  el fin de poder asignar los recursos de protección de la forma más eficiente posible.

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Características del abuso sexual a menores cuando el agresor es mujer. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Child sexual abuse perpetrated by women: case series and review of the literature” de Curti S. M., Lupariello F., Coppo E., Praznik E. J., Racalbuto S. S. y Di Vella G. (2019). Se analizan una serie de casos de abuso sexual infantil llevado a cabo por mujeres y se explora la homogeneidad de características, tanto de las víctimas como de las agresoras.

La sociedad parece tener un punto ciego con respecto a las agresoras sexuales de menores. Histórica y culturalmente, los agresores sexuales se perciben como hombres. Aunque el porcentaje de agresoras sexuales de menores (ASM solo para mujeres, de aquí en adelante) está bastante por debajo del porcentaje de agresores, no cabe duda de que las mujeres también llevan a cabo este tipo de delitos. El hecho de que una mujer sea capaz de llevar a cabo tales acciones choca con la creencia común (que gradualmente se va superando) de que las mujeres son sujetos pasivos sexualmente y no tienen ni el deseo ni el potencial para cometer tales crímenes. Además, en el caso de menores es aún más difícil de creer, dada la constante práctica y atribución del rol de cuidadoras a las mujeres.

Se debe tener en cuenta que los registros sobre la prevalencia de ASM se basan en datos fuertemente influenciados por el tipo de fuente de la que provienen. Los estudios que analizan la prevalencia de ASM suelen contar los casos que llegan a la atención del sistema judicial. Y si abusos o agresiones sexuales a menores llevadas a cabo por hombres se denuncian poco, en el caso de las mujeres ese poco disminuye mucho más. En algunos registros y/o estudios, la prevalencia de ASM ronda el 10% de los casos. Las ASM que reciben una condena son aquellas que llevan a cabo actos muy graves y violentos. Probablemente haya una elevada cifra negra, sea por falta de denuncia o por una actitud más indulgente del sistema judicial o social.

Este estudio utiliza un enfoque cualitativo y retrospectivo para el análisis de 9 casos de abuso sexual en los cuales el delincuente es una mujer. Dos de los casos implican a una misma agresora, con dos víctimas hermanas. En total se analizan 11 víctimas, con un rango de edad de 3 a 10 años y 8 ASM, con un rango de edad entre 33 y 70 años. Los casos provienen de la Unidad Bambi del Hospital Pediátrico de Turín, una unidad multidisciplinar entrenada específicamente para detectar los casos de menores que sufren de abuso sexual. En el análisis se tienen en cuenta datos clínicos y judiciales, tanto de las víctimas como de las agresoras. De esta forma, es posible mirar más de cerca las relaciones entre ambas partes y no solo los roles de cada uno por separado.

La mayoría de los abusos sexuales a víctimas de corta edad (menores de 5 años) de las analizadas ocurren en un contexto de cuidados. Lo curioso es que la mayoría de las ASM eran cuidadoras puntuales de las víctimas. Estas ASM eran abuelas paternas en 5 casos (45%), la madre biológica en 3 casos (27%), una vecina en 2 casos (18%) y una empleada cuidadora en un caso (9%).

 En cambio, el acercamiento sexual a las victimas mayores de 9 años se expresa de manera distinta. No se dan tanto en un contexto de cuidado y hay acciones más explicitas o sugestivas de la ASM hacia la víctima. Es decir, se acercan más al concepto de agresión que de abuso sexual. Se observa una predominancia del involucramiento o la exposición de las victimas a contenido pornográfico. Además, estas víctimas no tenían una relación de alto apego emocional, común en las victimas más pequeñas, y desarrollaron miedo hacia la agresora. Estas diferencias indican una modulación del comportamiento de las agresoras. No se acercan solo a las victimas que consiguen engañar, sino que adaptan su comportamiento a la edad de las víctimas.

En la mayoría de los casos, no solo hubo abusos sexuales, sino también violencia asistencial y otras formas de abuso. Se destaca la dificultad de obtener pruebas físicas de las víctimas, dado que se observa que en el 60% de los casos hay algún tipo de contacto con contenido sexual, pero son abusos sin penetración. Lo que más se registran son acciones coercitivas o manipulativas a nivel verbal, para presenciar actos sexuales de las agresoras, para exponerse a contenidos pornográficos o para participar en ellos. Estos resultados son coherentes con otras investigaciones donde se ha visto que solo en 1% de los casos se dieron evidencias físicas significativas. En algunos casos, las señales físicas de abuso aparecieron unos días más tarde después del abuso, por lo que el primer análisis médico resultó en una falta de pruebas. En otros casos, cuando la exploración medica se lleva a cabo muy tarde, no se registra nada porque el tejido joven tiene una alta capacidad de regeneración.

Algunos autores consideran que los casos de contacto sin penetración son los más frecuentes porque el abuso se lleva a cabo con más facilidad, enmascarándolo como una extensión de los cuidados de los menores (lavar, vestir, aplicación de cremas genitales, etc.). No hay una demanda directa de actividad sexual por parte de la agresora, sino una actitud activa de manipulación del menor.

De los casos analizados, solo en los menores de 5 años se dieron casos de penetración (con el dedo u objetos pequeños). Las agresoras podrían aprovecharse de la dificultad de los niños y niñas más pequeñas en diferenciar entre su piel, su cuerpo y la de otros. Hasta cierta edad, no se tiene consciencia sobre los limites propios del cuerpo y hay una percepción cargada de fantasía que facilita el engaño y la manipulación de los menores.

Aunque el daño físico sea menor o ausente en muchos casos, el daño psicológico siempre está presente. De hecho, hay estudios que evidencian un mayor daño psicológico de las víctimas cuando el agresor es una mujer. En los casos analizados, se observaron muchas señales de estrés psicológico de las víctimas. Las más frecuentes fueron: comportamiento rígido, hiperactividad, ansiedad, regresión de las funciones mentales, comportamientos de abuso, intimidación y una estructuración inicial de un falso yo.

La observación clínica a medio y largo plazo mostró que las victimas desarrollaron diversos problemas de salud mental y/o comportamentales. Las fobias específicas o los miedos injustificados, los comportamientos sexualizados, ideas constantes relativas al sexo, masturbación compulsiva, aislamiento social y depresión, insomnio y agresividad hacia los adultos fueron los más frecuentes.

Entre las ASM hay mucha heterogeneidad en cuanto a profesiones, nivel de estudios, historial de problemas de salud mental propio o de familiares y muchas otras características. No hay un perfil común de abuso sexual a menores ni de la condición de víctima, pero en el caso de las ASM sí destacan algunas características que se repiten a lo largo de la muestra: personas simples, carentes de estrategias de afrontamiento para los eventos estresantes de la vida, con comportamiento de negligencia hacia los menores de los que abusaron y hacia otros menores con lo que se relacionaron en el pasado, comportamientos intrusivos y autoritarios, cierta agresividad e historial familiar de violencia (sea como víctima directa o presenciándolo).

¿Por qué es tan importante prestar más atención a estos casos y registrarlos adecuadamente? El análisis de estos casos muestra que en el 75% de los ellos las ASM se quedaron libres de cargos. En un solo caso se condenó a la agresora a un arresto domiciliario de 7 años y a la compensación económica a la familia de la víctima.

Tanto en la experiencia judicial, como en la literatura científica sobre el tema, se observa que a las ASM se les consideran como menos culpables, menos violentas, menos peligrosas. Reciben condenas con menos frecuencia o de menos duración que en los casos en los que el agresor es un hombre y se les da más importancia a factores familiares presentes o pasados.

El testimonio de los menores es el elemento con más influencia en los resultados del procedimiento judicial. No obstante, se presentan diversos obstáculos para la validación de esos testimonios. Con frecuencia (y también se observó en esta muestra), se invalida a los menores como testigos. Además, la distancia temporal entre la primera denuncia y el interrogatorio formal suele ser muy larga; en estos casos fue de 8,5 meses de media. Cuando ocurre esto, fácilmente se invalida el testimonio de los menores como prueba o se le da poca credibilidad. Por eso, muchos casos de abuso sexual llevado a cabo por mujeres acaban libres de condena o con absolución.

Por último, y en cuanto a las relaciones entre víctimas y agresora, se destaca un mayor daño psicológico y mayor inhabilitación para la vida diaria como consecuencia al abuso sexual. Además, cuanto menor sea la víctima mayores daños. Estas diferencias según edad y tipo de relación se dan especialmente por la mediación del apego. Una víctima que espera  protección del adulto y que este responda a sus necesidades más básicas, que recibe a cambio actos de abuso, puede desarrollar patrones de apego desorganizado. Este tipo de apego puede provocar comportamientos desadaptativos tanto en la infancia como en la adultez, ira sin motivo, alternancia de agresividad y desapego, entre otras.

En conclusión, el abuso sexual de menores llevado a cabo por mujeres es una cuestión que no recibe la atención suficiente ni equivalente a la atención que reciben los abusos sexuales a menores llevados a cabo por hombres. Al haber tanta heterogeneidad de características relativas a las víctimas, a las agresoras y a las relaciones entre ellas, se hace necesario un análisis más profundo, de corte más cualitativo, que mejore la detecciónfutura de abusos sexuales a menores y a sus agresores/as.

Perito calígrafo VS persona sin experiencia en pericia caligráfica: ¿cuál es la diferencia? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Visual attention and expertise for forensic signatura análisis” de Dyer A. G., Found B. y Rogers D. (2006), en el cual se presentan nuevas evidencias sobre la validez de la labor del perito calígrafo. Se examinan las estrategias de análisis de firmas de expertos vs. no expertos a nivel cognitivo y a nivel de atención visual.

Una de las tareas más importantes de los profesionales de la pericia caligráfica es la comparación de características caligráficas de un documento, creado por un autor, con las de otros documentos, cuya autoría se pone en duda. La firma, una marca personal de validación de documentos, también es objeto de análisis del perito calígrafo. Por lo tanto, la finalidad de este análisis es determinar si una firma es auténtica o está falsificada.

Las falsificaciones de una firma pueden ser de dos tipos. Se pueden generar firmas disfrazadas, es decir, modificadas o distorsionadas por el autor mismo, con el fin de negar posteriormente su autoría. El segundo tipo son las firmas falsificadas per se.

La validez de la pericia caligráfica se ha criticado tanto desde el punto de vista académico como desde el punto de vista legal. Como respuesta a estas críticas, se desarrollaron varios estudios de validación. En todos ellos la opinión profesional de los peritos calígrafos fue significativamente más acertada que la opinión de personas ajenas a esta profesión.

Aunque se haya mostrado la diferencia de desempeño entre profesionales y no profesionales, se desconocen las estrategias diferenciales de análisis en cada caso. Las estrategias de análisis se basan, por un lado, en el sistema cognitivo, en términos de decidir cuáles son los rasgos más importantes de una firma para tener en cuenta en dicho análisis. Por otro lado, también puede haber estrategias del sistema visual, en términos de atención selectiva para determinar los rasgos que marcan la diferencia entre firma auténtica y falsificada. El estudio se enfoca en los componentes visuales del análisis de firmas.

Participan 21 sujetos, que forman dos grupos: un grupo control (12 estudiantes no profesionales de la pericia caligráfica) y un grupo experimental (9 peritos calígrafos). Estos sujetos deben analizar 32 firmas presentadas en una pantalla de ordenador. De estas 32 firmas, 16 auténticas y 8 disfrazadas pertenecen al mismo autor. Las 8 firmas restantes son falsificaciones creadas por 8 personas distintas.

Los sujetos deben examinar cada firma y concluir en voz alta si las firmas son genuinas o falsificadas/distorsionadas (sin tener que diferenciar entre estas dos), pero también pueden no concluir nada. En todo el experimento, se registran los movimientos oculares, los tiempos de respuestas y las conclusiones sobre cada firma. Se plantean diversas preguntas, a las cuales se responde con los siguientes resultados.

¿Son mejores los peritos calígrafos en detectar el carácter de cada firma? En este caso, y al igual que en otros estudios, se observa que los expertos en pericia caligráfica son mucho mejores en detectar si las firmas son auténticas o falsificadas que los sujetos no expertos. Estas diferencias cobran más importancia aun si se tiene en cuenta que los sujetos no expertos fueron entrenados en la tarea antes del experimento. Por otro lado, ningún grupo detecta mejor si las firmas son falsificadas o manipuladas. Tampoco se observan diferencias inter-grupo en el número de respuestas inconclusas relativas a las firmas auténticas.

En cuanto a los movimientos oculares, si no se permiten en el análisis de la firma, mediante una presentación muy corta de esta (100 mseg.), los peritos calígrafos aciertan menos comparado a un análisis con movimientos oculares permitidos (tiempo de análisis sin límite). Estas diferencias indican que los movimientos oculares maximizan la discriminación y es necesario un análisis al detalle. Aún así, incluso analizando una firma sin movimientos oculares, los peritos calígrafos clasifican correctamente las firmas auténticas y falsas por encima del azar. Por lo tanto, hay dos componentes clave en el análisis de firmas: un procesamiento espacial de las propiedades de la firma como un todo, que no requiere de movimientos oculares, y un procesamiento local de cada rasgo de la firma, que mejora la discriminación del autor.

En cuanto al tiempo de respuesta que requiere decidir el tipo de firma analizado, no se han observado diferencias entre grupos. Lo que sí se ha observado es que ambos grupos, expertos en pericia caligráfica y no expertos, dedicaron más tiempo al análisis de firmas genuinas, hasta concluir que son como tal.

Por lo general, se considera que el tiempo que se puede dedicar a una tarea guarda relación con una toma de decisiones acertada y precisa. ¿Pero cuál es la relación? ¿Se mejora la discriminación entre firmas auténticas y falsificadas si se dedica más tiempo al análisis o la relación es inversa? En el estudio encuentran indicios de una relación inversa, pero no muy clara. Es decir, a menor tiempo de análisis no necesariamente se discrimina mejor. Hay una cantidad inicial de tiempo necesaria para discriminar correctamente entre firmas auténticas y falsificadas, pero, a partir de ese punto, el aumento del tiempo dedicado a analizar no mejora la discriminación.

No se encuentran diferencias entre grupos en el análisis más detallado de las firmas. Los puntos de fijación de los movimientos oculares son similares en ambos grupos y tanto los peritos calígrafos como los sujetos no expertos se fijan más en la parte central de las firmas y menos en los rasgos periféricos.

Parece que analizar detalladamente las firmas sí marca la diferencia en el rendimiento. En cambio, no hay rasgos específicos de las firmas que solo los expertos consideren como más indicativos de autenticidad o falsificación.  Pero sí ocurre algo interesante al respecto.

El grupo de peritos calígrafos utilizan estrategias cognitivas diferentes a la hora de decidir el autor de una firma. Por ejemplo, un experto encuentra y se fija en una característica de una firma que le indica falsificación. No concluye inmediatamente después, sino que sigue analizando incluso si encuentra rasgos más salientes. En cambio, los sujetos no expertos, al detectar un rasgo que les indique falsificación o autenticidad, concluyen casi inmediatamente después de esa detección.  La saliencia de un rasgo actúa como el pistoletazo de salida de una decisión. Por lo tanto, las estrategias de análisis de los no expertos se basan en un procesamiento cognitivo secuencial de la información visual. Los expertos utilizan estrategias de análisis basadas en un procesamiento cognitivo en paralelo de la información visual; primero acumulan información y deciden después.

Se destaca que el registro del número de fijaciones oculares en el análisis de firmas es un buen indicador de la atención visual que los sujetos prestan a las firmas. Esta conclusión se deriva de la relación positiva encontrada entre número de fijaciones y tiempo de fijación. Si se presta más atención a algo, se le dedica más tiempo continuo (de fijación ocular) y se mira más veces. Parece ser que ambos registros son válidos para medir la atención visual.

Todas estas nuevas evidencias indican que se necesita dar más atención a las estrategias de análisis utilizadas en la pericia caligráfica. Conocerlas puede mejorar la instrucción en esta labor y puede aportar más indicadores de validez para la profesión.

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¿Estamos preparados para evaluar la veracidad de testimonios de personas con discapacidad intelectual? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Criteria-bases Content Analysis in true and simulated victims with intelectual disability” de Manzanero A.L., Scott M.T., Vallet R., Aróztegui J. y Bull R. (2019), en el cual se examina la capacidad natural de las personas para discriminar entre declaraciones verdaderas y falsas de personas con discapacidad intelectual, así como las características diferenciales de estas declaraciones, utilizando la técnica CBCA.

Las personas con discapacidad intelectual (DI) suelen ser víctimas de varios delitos y suelen estar implicadas en procedimientos legales/policiales más a menudo que el resto de la población. Un gran número de estos procedimientos no llegan a juicio. La razón podría ser la falta de adaptación del sistema policial y judicial a las características de estas personas. También afectan los mitos que encontramos en la población sobre una supuesta capacidad limitada de las personas con DI a la hora de testificar con precisión. En muchos casos, las declaraciones de personas con DI han sido consideradas menos creíbles y, a la vez, existe el mito de que a estas personas se les cree más fácilmente. ¿Algún punto a su favor?

En algunos estudios, se ha mostrado que las personas con DI pueden tener el mismo rendimiento que otras sin DI en contextos forenses. Esta similitud puede deberse a que la memoria autobiográfica de las personas con DI es bastante estable a lo largo del tiempo. Además, se propone que dar declaraciones falsas supone el uso de más recursos cognitivos que decir la verdad. Es un proceso complejo, por lo que las personas con DI tendrían cierta dificultad para generar una historia falsa.

Existen pocos estudios que analicen las características diferenciales de las declaraciones verdaderas y falsas de testigos con DI. En otras poblaciones, como los menores, se ha propuesto el uso de algunos procedimientos útiles `para evaluar la credibilidad del testimonio. Un procedimiento es el Sistema de Análisis de Validez de las Declaraciones (Statement Validity Assesment, SVA), que se utiliza especialmente con menores víctimas de abusos sexuales. El componente central de SVA es el Análisis de Contenido Basado en Criterios (Criteria-based Content Analysis, CBCA). Esta técnica parte de la idea de que las declaraciones sobre eventos reales son cualitativamente diferentes de aquellas que no se basan en una experiencia real.

Los objetivos de este estudio son tres. Primero, probar el uso de CBCA en el análisis de declaraciones falsas y simuladas de testigos con DI. Segundo, comprobar la capacidad natural o intuitiva de las personas para discriminar entre estos dos tipos de declaraciones. Y, por último, también se busca comprobar esa capacidad natural a través de un análisis de macrodatos, para mejorar la calidad de la clasificación.

Antes del estudio, dos psicólogos forenses tomaron declaraciones a 29 personas con DI. Trece de estas eran testigos reales de un incendio del autobús en el cual iban de excursión. Los 16 restantes conocían el evento, pero no habían estado presentes en dicha excursión. Por lo tanto, tenían que contar lo que pasó en base a lo que habían escuchado sobre el caso, generando una falsa declaración y haciendo creer a los evaluadores que habían estado presentes en el incendio.

En el estudio participan 33 estudiantes españoles como evaluadores. Estos no tienen experiencia alguna en el análisis de credibilidad de los testimonios, ni conocimientos específicos sobre la DI. Los participantes miran 29 videos, de los cuales 16 contienen declaraciones verdaderas y 13 declaraciones falsas. Después de visualizar cada video, tienen que considerar si el testimonio que acaban de escuchar es falso o verdadero.

Aparte de los sujetos sin experiencia, dos evaluadores profesionales entrenados en el uso de la técnica CBCA analizan las transcripciones de los videos. El CBCA contiene 19 criterios, cuya presencia indica la veracidad del testimonio. En el estudio se utilizan 17 porque los dos restantes no son relevantes para el caso.

De todos los criterios del CBCA, solo uno fue determinante de la verdad: cantidad de detalles. La falta de discriminación entre las declaraciones falsas y las verdaderas de los demás criterios del CBCA puede deberse a una gran variabilidad de la muestra o a los déficits en el desarrollo del lenguaje y de la articulación que implica la DI. En cualquier caso, los evaluadores profesionales clasificaron correctamente un 81% de las declaraciones.

El análisis de los testimonios que llevaron a cabo los sujetos no profesionales dio lugar a una discriminación correcta de declaraciones verdaderas y falsas por encima de lo que se podría conseguir por azar (50%). Un 62% de los testimonios fueron clasificados correctamente. Si se consideran por separado, falsos y verdaderos, se detectaron correctamente 65% de los testimonios falsos y 59% de las verdaderos.

Clasificar correctamente a un 62% de los testimonios implica un rendimiento superior al azar de un 12%. Este nivel de acierto no es suficiente en el contexto forense y esa es la razón por la que se necesitan herramientas como el CBCA. Además, los cuerpos policiales (y otros) consiguen un porcentaje similar de aciertos cuando analizan las declaraciones de personas con un desarrollo normativo.

También se comprobó si el cociente intelectual (IQ) marca alguna diferencia en cómo se evalúan los testimonios. Los resultados indicaron que la clasificación que hicieron los evaluadores no profesionales es independiente del IQ de los participantes. El mismo resultado se observó en estudios previos.

Buscando relaciones entre los criterios de CBCA y las evaluaciones de los participantes no profesionales, se encuentra que cuatro de los criterios del CBCA median en la valoración de la veracidad de los testimonios. Es decir, para decidir si un testimonio es verdadero, los sujetos que evalúan de manera intuitiva tienen en cuenta la estructura de la producción/narración, la cantidad de detalles, las complicaciones inesperadas de la historia y los detalles característicos.

Como se observa, la cantidad de detalles aparece como criterio relevante tanto para evaluadores profesionales como para no profesionales. Un resultado curioso, ya que las personas con DI suelen dar pocos detalles en una narración, incluso si esta es veraz. ¿Qué ocurriría si las declaraciones veraces de personas con DI se compararían con las de la población general? En el análisis de los testimonios de las personas con DI, especialmente de aquellas que presentan un vocabulario reducido y déficits de las memorias semántica y autobiográfica, se correría un alto riesgo. Esto implicaría que se podría juzgar erróneamente la credibilidad de estas personas y, por tanto, podría ocurrir una revictimización.

Por lo tanto, en el análisis de veracidad de los testimonios, no solo es necesario el uso de herramientas diseñadas para tal fin, sino también una adecuación de estas a la diversidad poblacional. En el caso de personas con DI, se hace especialmente relevante, dado que, y como ya se ha mencionado, son a menudo víctimas de diversos delitos.

No todo son números: detección del fraude financiero en el discurso. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Identification of fraudulent financial statements using linguistic credibility analysis” de Humphreys S.L., Moffitt K. C., Burns M. B., Burgoon J. K. y Felix W. F. (2010), a través del cual vamos a conocer una metodología de naturaleza más cualitativa para la detección del fraude y como difieren los discursos fraudulentos de informes financieros de los que no intentan engañar.

La historia en materia de fraudes financieros se repitió muchas veces en diferentes puntos del mundo, con duras consecuencias en la economía mundial. Y cada vez que aparece una noticia, sigue apareciendo el asombro, como si hubiese una esperanza de fondo de que no volverá a pasar.  Pero hay muchos casos (p. ej. Enron, Lehman Brothers, Freddie Mac, etc.) y todos ellos apuntan a una necesidad de protección de las inversiones y, por tanto, de la detección del fraude en sus momentos más tempranos. Si no se avanza en la protección y detección temprana del fraude, conocemos el destino más probable.

El fraude a modo general se define como un acto de engaño llevado a cabo con el fin de obtener una ganancia injusta, no merecida y/o ilegal. El tipo más común de fraude en el contexto empresarial y económico es el fraude de informes financieros, también llamado fraude de gestión, en el cual se generan informes financieros engañosos. Estos afectan a todas las partes interesadas (stakeholders) y no solo a los inversores directos de una corporación. La gestión del fraude en este contexto tiene un costo anual de billones de dólares, solo en EEUU.

Los inversos suelen consultar información sobre el desempeño financiero de una compañía en declaraciones externas o públicas, como el informe anual de resumen financiero, Form 10-K, que la Comisión de Bolsa y Valores requiere a todas las empresas. Este informe, que sirve como revisión de la empresa y de su estado financiero, tiene puntos débiles. La sección MD&A (Discusión y Análisis de Gestión), la más leída del informe, en la que cada empresa expone un análisis cuantitativo y cualitativo de su estado, su visión de futuro, riesgos del mercado a los que se enfrenta, entre otros, no está auditada, es decir, no se verifica ni se controla gran parte de la información que se presenta.

Los interventores de cuentas o auditores externos son los que se encargan de verificar si la declaración financiera (DF) de una empresa, con la que no mantienen ningún vínculo, contiene omisiones o declaraciones erróneas intencionadas. A diferencia de los errores, las omisiones intencionadas son consideradas un intento de fraude.

El fraude en las DF es muy difícil de detectar, especialmente por el ocultamiento y la colusión. A modo general, las personas son capaces de detectar el engaño solo un poco por encima de lo que sería por azar, por lo que se necesitan ayudas o guías para valorar la credibilidad. Los auditores utilizan muchas técnicas y tanto de las tradicionales como de las más novedosas se incluyen en protocolos para mejorar el proceso de detección (p. ej. SAS 99).

Tanto las técnicas tradicionales (p. ej. procedimientos estadísticos, confirmación adicional con terceros sobre transacciones o relaciones inusuales) como las más avanzadas (p. ej.  técnicas de minería de datos, como la red neuronal artificial) se utilizaron o se estudiaron con datos numéricos provenientes de informes financieros. Por esta razón, en este estudio se propone, como complemento a un análisis de datos financieros numéricos, la evaluación de señales lingüísticas como indicadores de fraude.

Por razones de espacio, solo mencionamos los modelos y teorías más importantes en la detección del engaño a través del discurso. Si estos modelos sobre detección de mentira y fraude son de vuestro interés, enlazamos entradas de MentiraPedia con algunas: Análisis de Contenido Basado en Criterios, técnica SCAN, Monitorización o Control de la Realidad, Hipótesis de Ofuscación de la Gestión, Teoría de la Manipulación de la Información, Teoría interpersonal del Engaño, Teoría de los 4 Factores y la Teoría de la Fuga de Información.

Las evidencias sobre señales lingüísticas que indican engaño mostraron que los que dicen la verdad tienen un discurso distinto de los que engañan. Por ejemplo, los que engañan expresan altos niveles de incertidumbre, utilizan menos detalles en general, pero sí más detalles espacio-temporales, más palabras informales y muchas otras señales diferentes de los que dicen la verdad.

Los autores plantean varias hipótesis que se resumirían así: en la sección MD&A en la que hay fraude habrá más cantidad, expresividad, afecto, incertidumbre y complejidad del lenguaje. Asimismo, habrá menos cercanía (referencia a grupos más que a individuos), diversidad y especificidad en el lenguaje.

En el estudio se analizan señales lingüísticas que puedan indicar fraude financiero de la sección MD&A de 202 compañías registradas, la mitad declaradas como fraudulentas y la otra mitad sin historial de fraude. Además, investigan la utilidad de este tipo de indicadores como modelo de apoyo a la decisión en la evaluación de la credibilidad.

Para medir las diferencias que plantean encontrar en el discurso, utilizan dos modelos: uno de 24 variables y otro resumido en 10, ambos basados en 8 constructos que han mostrado utilidad en la detección del engaño en el discurso (Zhou et al., 2004). En ambos casos, el nivel de precisión obtenido con el programa Agent99 Analyzer en discriminar cuales de los MD&A son fraudulentos y cuales no fue de 67%. Un nivel de precisión mayor del que se dispone en general en la población (54%). El nivel de precisión en la detección del fraude por parte de auditores tampoco es muy alto. En algunos informes se habla de que un 12% de los casos de fraude fueron descubiertos por auditores externos y un 65% de los casos fueron encubiertos por las propias auditorías internas.

Los resultados de la comparación de MD&A fraudulentas y no fraudulentas mostraron que las primeras contenían un lenguaje más activo, compuesto por más palabras agradables, que generan más activación, más metáforas y verbos auxiliares. Esto se puede explicar por un lógico intento de las empresas fraudulentas en dejar una imagen positiva, de éxito, ocultando toda señal de noticias negativas.

También observaron en los informes fraudulentos, más cantidad de palabras, pero con menos diversidad léxica y con contenido menos diverso. Es decir, más contenido irrelevante y más cantidad de texto, lo que sería una estrategia para persuadir al lector de sus éxitos y distraerle de otros temas que podían ser indicadores de una situación financiera negativa. Por ejemplo, alguien puede hablar 10 minutos sobre lo barato que le ha salido una compra online, pero no mencionar más temas, como la calidad, la utilidad, etc., intentando desviar la atención del oyente del beneficio real de la compra.

Otro resultado destacable es que los informes fraudulentos presentaron un texto más complejo, con palabras más largas y que requiere más tiempo para comprender o leer, lo que no daría tiempo al lector pensar más allá o extraer alguna información más negativa, aunque esté presente en el texto. Un buen ejemplo son los términos y condiciones de casi cualquier página web.

Por último, aunque no se hayan encontrado diferencias en todas las variables que los autores plantean, cabe destacar la utilidad de análisis de este tipo en los informes financieros, mirando un poco más allá de los números. Aunque no tengan una total precisión sí que mejora la detección del fraude por encima de lo que se suele conseguir en auditorías. Además, el uso de técnicas cuantitativas y programas de ayuda para la decisión, como el programa Agent99 Analyzer, parece que aumenta la precisión en la detección del fraude. Serían especialmente útiles para un análisis preliminar y, así, facilitar que los esfuerzos y los recursos de los auditores se utilicen de manera más exitosa.

 

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Line-up: nueva metodología en grafología forense que reduce los sesgos. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Presentation methodologies: an assessment for forensic signature analysis”, de Conlan X. A., Stevens S. J., Found B., Sherman C. D. H. y Durdle A. (2019), que nos acerca a las metodologías del análisis de firmas. En este artículo proponen un nuevo método para los grafólogos forenses y comparan el rendimiento de sujetos profesionales y no profesionales.

Dentro de las ciencias forenses, nos encontramos con una disciplina fascinante. Hablamos de la grafología, con dos vertientes principales: la grafología forense y la grafología psicológica. El artículo que presentamos hoy se centra en la primera de estas dos, siendo la grafología forense la que se encarga de la identificación del autor y del análisis de autenticidad de una firma o texto. La validez del análisis de la escritura a mano ha sido bastante cuestionada como técnica forense. La duda o critica principal en este ámbito es si los/las profesionales que examinan la escritura realmente son más capaces de identificar una firma simulada (por tanto, detectar su falsificación) que una persona no profesional. Existen varios estudios que han mostrado que los sujetos no profesionales detectan erróneamente una firma como simulada muchas más veces que los profesionales. A pesar de las evidencias, sigue habiendo muchas cuestiones a tener en cuenta para minimizar la probabilidad de errores.

Por esta razón, en 2009, la Academia Nacional de Ciencias de EEUU publicó un informe en el cual subraya una serie de limitaciones relativas a las ciencias forenses, incluida la grafología. Una de ellas se refiere a los sesgos contextuales, influencias cognitivas y contextuales que modifican y sesgan la percepción humana de múltiples maneras. En las ciencias de la evidencia forense, la información contextual irrelevante que podría influir en las conclusiones de los expertos proviene de 3 fuentes principales: el contexto en cual se examina una evidencia, la documentación que la acompaña y la información que se obtiene sobre ella mediante la comunicación con otros.

En cualquier caso, de todas las fuentes posibles de sesgo, esta investigación se basa en evidencias previas sobre el impacto que tiene el cotejo de las muestras dubitadas e indubitadas de huellas dactilares en las conclusiones de los expertos. Es decir, el cotejo como fuente de sesgos. Por eso, los autores plantean que los mismos sesgos pueden mantenerse también en el caso de las firmas y otros materiales escritos.

Un ejemplo de cómo podría sesgarnos el proceso de cotejo es imaginarnos que tenemos que decidir cuál es el tono de color rojo cereza y tenemos dos maneras de hacerlo. Una es teniendo una muestra de ese color y elegirlo de una serie de tonalidades distintas de rojo. Otra opción sería hacer lo mismo, pero sin tener referencia alguna, donde elegiríamos el color rojo cereza de una serie de tonos de rojo. ¿Creéis que los resultados serían distintos? No cabe duda de que en el caso de los colores hay menos características para analizar, alejándose bastante de la complejidad de una firma o huella digital, pero el proceso per se es el mismo.

En los estudios previos se sugiere que una alternativa al cotejo que disminuiría el riesgo de una percepción sesgada sería un análisis de las características de la muestra dubitada de manera aislada y, posteriormente, llevar a cabo el cotejo de ambas. En este estudio, no se lleva a cabo esa sugerencia al completo, pero se prueba con un nuevo método, llamado line-up. Este concepto hace referencia a la técnica que se utiliza en las ruedas de reconocimiento de sospechosos. Significa alineación o ponerse en fila, pero aquí se refiere a la presentación de muestras dubitadas e indubitadas de manera conjunta, sin una muestra de modelo.

Se justifica la posibilidad de encontrar diferencias en la cantidad o nivel de sesgo por el tipo de procesamiento que se lleva a cabo en el método de cotejar y Line-up. Si los sujetos aciertan más y discriminan mejor falsificaciones de firmas auténticas con un método más que con el otro, implicaría que ese método permite un análisis menos sesgado.

En el cotejo, el procesamiento cognitivo ocurre primero de abajo-arriba, cuando el modelo se percibe y, posteriormente, ocurre un procesamiento de arriba-abajo para comparar con las demás muestras. Por lo tanto, existe el riesgo de una comparación más sesgada por la información contextual y cognitiva que puede haberse recogido con la percepción del modelo.

En la metodología Line-up, el procesamiento de las muestras dubitadas e indubitadas ocurre de manera conjunta de abajo-arriba. El procesamiento de arriba-abajo implica que en el análisis se utilizará la misma información que la de entrada más el conocimiento del experto, por lo que probablemente habrá menos información contextual, sea interna o externa, que pueda sesgar las conclusiones obtenidas. Es decir, menos de la que se habría recogido si se suma la percepción del modelo.

En el estudio participa una muestra de 40 sujetos no profesionales de la grafología forense. Primero, 10 sujetos deben crear una muestra de 30 firmas originales cada uno. Los otros 10 deben generar 30 falsificaciones cada uno de una muestra de 5 firmas elegidas aleatoriamente de las anteriores. Los 20 sujetos restantes conforman dos grupos: No profesionales de cotejo (NP-C) y No profesionales Line-up (NP-L). Los grupos de profesionales de la grafología están compuestos por 7 sujetos para el grupo Profesionales de cotejo (P-C) y 8 para Profesionales Line-up (P-L).

Los grupos que deben cotejar las muestras (NP-C y P-C) reciben 10 casos. Cada caso se presenta con dos hojas: una con 15 firmas del mismo autor y otra con 5 firmas, de las cuales entre 1 y 5 firmas pueden ser falsificaciones. Los sujetos deben identificar cuáles de las 5 firmas son falsas y justificar para cada una por qué piensan que son o no son falsificaciones. Además, deben valorar en cada firma si consideran que hay una evidencia fuerte de que es original, falsa o si les parecen poco concluyente.

Los grupos que siguen la metodología Line-up también reciben 10 casos. Solo se utiliza una hoja que contiene 20 firmas, siendo la mayoría hechas por el mismo autor y entre 1 y 5 falsificadas. La evaluación de las firmas es igual que la anterior, excepto lo último y en este caso se deben clasificar las firmas: las del mismo autor, las falsificaciones y las que consideran poco concluyentes.

Como resultados principales, se observa que los participantes no profesionales se pronuncian más sobre la naturaleza de las firmas. Es decir, tienen menos dudas sobre si son falsas o no cuando utilizan el método Line-up. En cambio, los grafólogos forenses dan más respuestas correctas que los no profesionales, pero también optan más por no concluir nada. Se considera que estas diferencias pueden deberse a que los profesionales son más cautos a la hora de decidir sobre la naturaleza de las firmas, dado que saben la importancia de estas decisiones a nivel judicial. Prefieren no concluir que concluir incorrectamente. En cualquier caso, parece que el método Line-up es fácil de utilizar tanto para profesionales como no profesionales, dado que ambos grupos fueron capaces de determinar falsificaciones y firmas auténticas correctamente.

Utilizando el método del cotejo, no se encuentran diferencias entre profesionales y no profesionales en ningún tipo de respuesta. Este hallazgo es inconsistente con lo que han encontrado los estudios anteriores, donde suele haber una mayor exactitud en las respuestas de los profesionales.

Según los autores, lo más importante es que este estudio ha demostrado que el método Line-up parece apto para la profesión forense, cumpliendo su función de reducir el sesgo contextual, sin que afecte a la exactitud del análisis grafológico. Por lo tanto, parece un método que aumenta la probabilidad de detectar firmas auténticas y falsificaciones porque empuja a un mayor análisis de los matices que en el caso del cotejo, donde se trabaja más con la comparación de los mismos.

 

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Negociando cara a cara vs online: los rasgos de la Triada Oscura marcan la diferencia. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos un artículo muy interesante titulado “The dark side of negotiation: examining the outcomes of face-to-face and computer-mediated negotiations among dark personalities” de Crossley L., Woodworth M., Black P.J. y Hare R. (2015), que combina el contexto de negociación (online vs cara a cara) con los rasgos de los tres tipos de personalidad que componen la Triada Oscura: psicopatía, maquiavelismo y narcicismo. ¿Tener o no estos rasgos marca alguna diferencia a la hora de negociar? Sigue leyendo para averiguarlo.

La Triada Oscura es un concepto que hace referencia a rasgos de personalidad que se dan en las personalidades psicopáticas, maquiavélicas y narcisistas. Se consideran en conjunto, formando este constructo de Triada Oscura, porque comparten una serie de rasgos considerados negativos, que se reflejan en las interacciones con los demás y con el mundo en general.  Lo que más se ha asociado a la Triada Oscura es un comportamiento de explotación, manipulación e insensibilidad hacia los demás en una gran variedad de situaciones cara-a-cara (p. ej. en el trabajo).

Aunque la Triada Oscura se puede considerar como un constructo único, se debe tener en cuenta que cada tipo de personalidad conlleva también atributos únicos y una sola persona puede encajar en un tipo o en varios, dándose combinaciones diferentes en cada sujeto. Por separado, cada tipo de personalidad se asocia de manera más recurrente a ciertos comportamientos: la psicopatía se asocia más a un estilo de vida anti-social, el maquiavelismo a la manipulación y a ser orientado a metas, y el narcicismo a comportamientos de grandiosidad y auto-adoración.

¿Qué tienen que ver personalidad y negociación? Existe una gran cantidad de investigaciones que llegan a la conclusión de que los rasgos de personalidad son uno de los mayores predictores del rendimiento en una negociación, aunque suele ser clave si en la negociación se necesita competir o cooperar. Hay rasgos que suponen una ventaja para lo primero y no para la segundo y al revés; por ejemplo, ser más simpático o agradable da mejores resultados en una negociación en la que se necesita cooperar y serlo menos da mejores resultados cuando se necesita competir, por lo que, por lo menos las personalidades psicopáticas, lo harían mejor en una negociación competitiva. Y sería así porque se les asocian una actitud más hostil y menos agradable.

La negociación es un contexto casi-perfecto para observar habilidades de persuasión y manipulación y se espera que los sujetos con personalidades de la Triada Oscura lo hagan muy bien y mejor que los sujetos que no presentan estos rasgos. Pero, ¿por qué deberían hacerlo tan bien? Pues, aparte de que se les asocian comportamientos de manipulación que podrían darles ventaja en una negociación, no hay que olvidar que la negociación es principalmente un proceso comunicativo.  Se ha observado que los sujetos con personalidades de la Triada Oscura tienen sus “trucos” para manipular a través de la comunicación. Estos “trucos” se basan principalmente en el lenguaje no verbal: el contacto visual, el tono de voz que utilizan, copiar las expresiones faciales del receptor, dándoles más credibilidad, etc. El uso de claves no verbales sí son útiles en negociaciones cara a cara, pero no se espera que ocurra lo mismo en negociaciones mediante ordenador (por escrito), contexto que claramente difiere en la cantidad y diversidad de información que se puede recibir desde la otra persona.

En la comunicación a través del ordenador el lenguaje no verbal desaparece, la expresión escrita es más controlada, no se puede observar la consecuencia inmediata de aquello que se dice o de los gestos, etc. En definitiva, conversar y negociar por internet ocurre en un contexto en el que faltan muchas claves contextuales y socio-emocionales que sí median en la comunicación cara a cara. Por lo tanto, este estudio plantea que los sujetos con personalidades de la Triada Oscura van a negociar mejor cara a cara que los que no presentan rasgos de este tipo, pero no pasará lo mismo en las negociaciones en línea, por la falta de esas claves socio-emocionales que mencionábamos.

Partiendo de estas ideas, el estudio se desarrolla de la siguiente manera: participan 206 universitarios/as con una media de edad de 20 años, a los cuales se les evalúan rasgos de personalidad típicos de la Triada Oscura con tres cuestionarios pertinentes, cada uno para cada tipo de personalidad (psicopática, maquiavélica y narcisista). Se obtienen cuatro tipos de puntuaciones altas y baja: las primeras tres son de cada tipo de personalidad y una puntuación total en la Triada Oscura. La negociación en este estudio es una situación en la que los sujetos deben negociar la compraventa de unas entradas al concierto, durante un máximo de 20 minutos y, después de asignar aleatoriamente el contexto de negociación (cara a cara vs chat) y el rol (vendedor o comprador), reciben un documento en el cual se concreta: qué se negocia (precio de la entrada, productos de merchadising, asiento y acceso al backstage), posibles precios de compra-venta (según el rol) y la cantidad de dinero que van a ganar como beneficio de la negociación. Así, en el rol de comprador, a menor precio que consigue los productos, más beneficio y, del mismo modo, en el rol del vendedor, a mayor precio que consigue por los productos, más beneficio; en este proceso podían conseguir un total de 9$ y este beneficio es la variable que se espera que difiera entre grupos.

Los autores encuentran dos resultados principales. Considerando la Triada Oscura como único constructo, lo que encuentran es que el grupo con altas puntuaciones en la Triada Oscura es el que peores resultados ha obtenido de todos los grupos en la negociación por ordenador, es decir, el que menos beneficio ha obtenido. Además, y tal como se esperaba, este mismo grupo ha obtenido mejores resultados en la negociación cara a cara que el grupo con puntuaciones bajas en la Triada Oscura.

Considerando las personalidades psicopática, maquiavélica y narcisista por separado, se obtienen nuevos datos sobre las dos primeras en cuanto al éxito en las negociaciones cara a cara: los sujetos con puntuaciones altas en ambas ganaron mucho más dinero que los sujetos con puntuaciones altas en psicopatía, pero bajas en maquiavelismo, independientemente de la vía de comunicación de la negociación; hasta cierto punto, esto puede indicar que hay algunos atributos clave que son la llave del éxito en la negociación. También se observó que los sujetos con altas puntuaciones en maquiavelismo han obtenido mayores beneficios en la negociación cara a cara que por ordenador. Como este grupo destaca, siendo el maquiavelismo el único que indica una relación recurrente con el éxito en negociaciones cara a cara, los autores consideran que puede ser por rasgos como orientación a metas y comportamientos típicos de “los fines justifican los medios”.

Cabe destacar que el narcicismo no ha mostrado relaciones con el éxito en la negociación cara a cara y se puede deber a que los comportamientos principales asociados al narcicismo son la insensibilidad hacia los demás y la búsqueda de atención. En la base de estos comportamientos se encuentran otras motivaciones con poco impacto en las negociaciones.

Concluyendo, las diferencias individuales parecen interaccionar con el contexto de comunicación, influyendo en los resultados de una negociación y, por tanto, esta variable debería ser tenida en cuenta cuando se negocia con diferentes personalidades, porque hay ventajas diferenciales según el tipo de comunicación que se utiliza. También cabe destacar que, si se hiciera el mismo estudio, pero con una negociación vía videochat, los resultados podrían ser bien diferentes por la inclusión de algunas claves contextuales que desaparecen en los mensajes escritos.

 

Si quieres conocer más sobre la personalidad y cómo esta puede afectar a la conducta y a la negociación no dejes de visitar nuestro Máster en Perfilación de Personalidad y Negociación.

¿Se puede discriminar la nacionalidad del violador por su comportamiento? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Can the offence behaviors of stranger rapists discriminate between UK and non- UK nationals?” de Almond, McMaus y Curtis; en él nos hablan de la posibilidad de discriminar entre violadores nacionales de Reino Unido y no nacionales fijándose en el comportamiento ofensivo que tienen durante el crimen.

Los delitos sexuales han aumentado un 41% en Reino Unido, siendo el 16% de las agresiones sexuales cometidas por desconocidos en el año 2013/2014. Este tipo delictivo es difícil de resolver y por ello la investigación se está centrando en generar inferencias entre los comportamientos en la escena del crimen y las características del agresor.

En Reino Unido el 14% de la población carcelaria es extranjera. El 34% de los delitos cometidos por estos presos son delitos violentos (22%) o delitos sexuales (12%). A estos datos se une la creciente preocupación de los ciudadanos por la inmigración y el delito. La investigación se ha centrado en la población carcelaria no británica sugiriendo la evidencia que, aunque el tamaño de esta población está aumentando hay pocas pruebas que apoyen que los delincuentes extranjeros sean más violentos que los nacionales. Los delincuentes extranjeros aportan a sus delitos una amplia gama de diversidad cultural, lingüística y religiosa y esto puede que haga que tengan diferentes comportamientos en la escena del crimen. El por qué de estas posibles diferencias puede deberse a la falta de comprensión del sistema legal del país, variaciones en la forma de investigar los crímenes o en lo que se considera un delito, barreras lingüísticas entre víctima y victimario y las propias diferencias de personalidad, ya que estudios anteriores mostraran variaciones en el neuroticismo y el narcisismo entre las diferentes nacionalidades (McCrae y Terracciano, 2005).

Este estudio pretende ver si los comportamientos en la escena sirven para discriminar entre autores nacionales y extranjeros, este hecho serviría para diferenciar más rápidamente sospechosos y centrar los esfuerzos de la investigación policial en el camino adecuado.

Los datos se obtuvieron de la base de datos SCASUK, utilizando 651 casos de violación por parte de un hombre desconocido contra una mujer mayor de 16 años. Todos los casos ocurrieron posteriormente al 1 de enero de 2000. Teniendo todos una sola víctima y solo agresor. Estos datos se dividieron en dos muestras. La primera formada por 217 delincuentes no británicos, siendo de 65 nacionalidades diferentes, la más comunes fueron la nigeriana (7,4%) y la polaca (6,5%), con una edad media de 28 años. La segunda muestra consistía en 434 delincuentes británicos, con una edad media de 27 años. En cuanto a las víctimas, las de la primera muestra tenían una edad media de 27 años y las de la segunda de 30 años.

Se analizaron de manera dicotómica (1 presente y 0 ausente) 70 variables de comportamiento relacionados con la participación interpersonal (autodivulgación, relación prolongada, referencias al disfrute de la víctima) y el tipo de violencia (mínima, moderada, severa).  Primero se analizó si había alguna asociación significativa entre las variables de comportamiento del delito y la nacionalidad del delincuente. Posteriormente se analizaba cualquier comportamiento llevado a cabo en el delito para comprobar que esa variable era óptima para la predicción de la nacionalidad.

De los 651 casos, 323 utilizaron la confianza como un método de aproximación, es decir, iniciaban una conversación o les hacían preguntas antes del ataque. Había una asociación significativa entre el método de aproximación y la nacionalidad, siendo 1’5 veces más probable que al usar la confianza la nacionalidad fuera extranjera (56,2%) que nacional (46,3%).

El 84’2% de los casos de violación cometida por un desconocido ocurrieron durante la noche. En este caso también fue más común que el autor fuera extranjero (89’4%) que en nacional (81’6%).

En la mitad de la tipología delictiva el agresor besaba a la víctima, siendo 1’42 veces más probable que si ocurría el delincuente sea extranjero (56’2%) frente a nacional (47’5%). Lo mismo ocurre en relación con el forzar a la víctima a practicar actos sexuales, sucede en la mitad de estos delitos, pero en esta ocasión es más probable que el agresor sea nacional (54’4%) si esto ocurre que extranjero (40’6%). Lo mismo sucede con la solicitud de actos sexuales, es más probable que ocurra con un violador nacional (45’6%), que con uno extranjero (37’7%).

En esta clase de delitos sólo un porcentaje muy bajo de los agresores piden disculpas (14%), siendo más posible que el agresor sea nacional (16’1%) que extranjero (9’7%). Sólo un 8% de los agresores destruyen pruebas forenses, siendo una conducta más común en agresores británicos (9’7%) que extranjeros (4’6%).

En el 14% de los casos de violación el agresor bloquea la entrada o salida para evitar que la víctima escape. Esta conducta es más común entre los violadores extranjeros (18’4%) que entre los nacionales (11’8%). En cuando a la presencia de armas de fuego solo se da en un 2’8% de los casos de violación, siendo 5’47 veces más probable que el agresor sea extranjero cuando está presente (6%) que si es nacional (1’2%).

En relación a la violencia presentada, en el 21’2% de los casos se considera mínima, en el 16’9% moderada y en el 4’6% severa. Se da la violencia mínima en aproximadamente un cuarto de las violaciones cometidas por extranjeros (26’3%), frente a un 18’7% de los casos cometidos por nacionales. Por último, en casi un tercio de las violaciones existe penetración vaginal usando las manos, los puños o los dedos. Se comprobó que su empleo era más probable en crímenes cometidos por nacionales (35’9%) que por extranjeros (25’3%).

En resumen, de las 70 variables se descubrió que once comportamientos discriminaban. Cuatro no superaron la regresión logística: la aproximación por confianza, la solicitud de actos sexuales, las disculpas y la destrucción de pruebas. Otros siete comportamientos tenían valor predictivo, cinco serían para el grupo de extranjeros: la nocturnidad, el besar a la víctima, el bloquear la entrada o salida, la violencia mínima y la posesión de un arma de fuego. Para los nacionales fueron predictivos la realización de actos sexuales y la penetración vaginal con la mano, puño o dedos.

 

La utilidad de los datos de delitos pasados como variable de atractivo para ladrones residenciales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “The usefulness of past crime dates as an attractiveness index for residential burglars” de Hanayama, Haginoya, Kuraiski y Kobayashi; en el cual utilizan un modelo de elección discreta para comprobar los efectos del atractivo del vecindario en el proceso de selección de ubicación del crimen.

De sobra conocida es la importancia de entender cómo los delincuentes eligen sus objetivos y la ubicación de los mismo de cara a la investigación y a la prevención del crimen. Varias teorías se han encargado del tema: la teoría de la elección racional, la teoría de las actividades cotidianas y la teoría del patrón del crimen. También, hay estudios que sugieren que los datos de los delitos anteriores pueden servir para predecir la ubicación de crímenes futuros.

El atractivo de un vecindario como predictor de la actividad criminal se puede estimar a partir de los datos de delitos pasados, utilizando siempre el mismo tipo de delito, ya que esta característica puede variar de una tipología a otra. El modelo de elección discreta intenta explicar el resultado del comportamiento cuando un tomador de decisiones individuales debe elegir una alternativa única de un conjunto de alternativas distintas finitas.

Los principales aspectos que analiza el modelo de elección discreta en los robos residenciales son:

  • Lugar de residencia de ladrón: a mayor distancia en la residencia del ladrón menor posibilidad de robo. Esto se conoce como patrón de decaimiento en la distancia.
  • Número de unidades residenciales: un área con muchas unidades residenciales tiene más posibilidades de ser atractiva para el delincuente.
  • Viviendas unifamiliares: la presencia de un mayor número de viviendas unifamiliares hace más atractiva la zona ya que este tipo de construcción suele ser más accesible para el ladrón.
  • Heterogeneidad étnica y movilidad residencial: estos factores propician la ausencia de guardines capaces haciendo más atractiva la zona.
  • Valor inmobiliario de la residencia: algunos estudios han demostrado una correlación significativa entre el valor inmobiliario de la residencia y la posibilidad de ser elegido como objetivo criminal.
  • Distancia al centro de la ciudad: las áreas cercanas al centro corren más riesgo de robo ya que son más conocidas por todos, incluyendo los ladrones.

El objetivo del presente estudio es sumar los datos de delitos pasados para ver si pueden ayudar a determinar el índice de atractivo de una zona para esta actividad criminal. Se utilizó los robos resueltos cometidos en la ciudad en la ciudad de Sendai, localizada al norte de Tokio, entre los años 2007 y 2015 por un ladrón en solitario. En total se usaron 369 casos llevados a cabo por 70 ladrones. La proporción de robos cometidos en viviendas unifamiliares es de 42%. En cuanto a los aspectos antes mencionados se obtienen los datos del censo de Japón.

Los resultados apoyaron que la distancia de la residencia del agresor disminuye las posibilidades de selección como objetivo. Cuando la distancia aumenta un kilómetro solo se tiene un 0,70 de posibilidades de robo. El número de unidades residenciales tiene un efecto positivo en la posibilidad de que el ladrón elija esa zona. Cuando aumenta su número en 100 las posibilidades de ser el objetivo son de 1,05. Lo mismo ocurre con el tanto por ciento de viviendas unifamiliares, a un tanto por ciento más alto más posibilidades. Cuando aumenta un 10% aumenta en 1,06 veces la posibilidad de robo. Por el contrario, la proporción de extranjeros y la movilidad residencial se muestran indiferentes. También se ha descubierto que cuanto más robo ha habido en una zona mayores son las posibilidades de que vuelve a ocurrir. Cuando se aumenta en uno los robos ocurridos, aumenta la probabilidad en 1,16 veces.

La proximidad de la residencia del agresor fue la variable que más impacto tuvo en el proceso de selección de objetivos por parte de los ladrones de residencia. Después, la siguiente variable a la hora de elegir fue el número de residencias en la zona, seguido de la proporción de viviendas unifamiliares y para acabar el número de robos anteriores en la zona.

Estos resultados muestran que el número de casos de delitos pasados es una variable útil para determinar la atracción de un vecindario para los ladrones. También se puede decir que la precisión del perfil geográfico se incrementa si se incluye la tasa de robos residenciales en el pasado, además, de los otros índices de atractivo.

Los resultados del presente estudio están en línea con estudios anteriores y se puede afirmar que el patrón de decaimiento en la distancia es una guía sólida para los procesos de elección de la ubicación criminal. Esto es debido a que el delincuente reduce los costes del viaje y conoce mejor el área. Pero, hay que tener cuidado porque no sólo su residencia puede ser el punto de partida, se debe considerar también otros puntos de anclaje como sus residencias anteriores. Los resultados positivos en cuanto al mayor número de residencias pueden deberse a que de esa manera tienen más objetivos entre los que escoger y el tanto por ciento de viviendas unifamiliares debe de ser por las facilidades de accesibilidad que presentan. En cuanto a la tasa de extranjeros, quizás la no relevancia de esta variable se debe a la homogeneidad que presenta la población de Japón.

Aunque los resultados muestran la importancia de los robos pasados, el estudio tiene limitaciones. No se tuvo en cuenta otros posibles factores de elección como la infraestructura de las zonas, especialmente las carreteras. Además, hay que tener en consideración que ese realiza en la ciudad de Sendai en Japón y puede que las conclusiones no sean extrapolables a otros lugares ya que se ha sugerido en otros estudios que los factores que influyen en el crimen difieren según el país y la ciudad.

¿Usar la línea base para diagnosticar estados internos? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Using baseline to diagnose internal state? Listen closely” de Leins; en él nos hablan de cómo se estable la línea base por parte de los entrevistadores en relación al comportamiento de los entrevistados.

El uso de la línea base puede ser un proceso válido para identificar los estados internos de los entrevistados si estos estados se corresponden de manera confiable con la conducta perceptible y los entrevistadores la perciben de manera fiable.

Este estudio tuvo dos fases, en la primera de ellas se desarrollan vídeos de estímulo para una observación posterior. Se entrevistaron a hombres adultos utilizando un estudio de protocolo. Los vídeos fueron desarrollados para provocar cambios en los estados internos. La segunda fase consistía en que los entrevistadores visionaran los videos e informaran sobre sus percepciones e interpretaran el comportamiento de los sujetos.

Como se ha dicho en la primera fase se pretendía grabar los vídeos que servirían para la segunda parte del experimento. Para ello se quería manipular los estados internos de las personas que estaban siendo entrevistadas y grabar los cambios de comportamiento que se produjeran y posteriormente solicitar que identificaran e interpretaran esos cambios de comportamiento. Para producir los cambios en el estado interno se creó un protocolo de entrevista que incluía temas que pueden provocar diferentes cogniciones y emociones. Para ello se realizó una encuesta en la que se preguntaba sobre como se sentiría contestando a preguntas relacionadas con su historial laboral, el estado de su relación, sus antecedentes penales, su educación, su afiliación política, su historial médico, su estado financiero, su consumo de drogas o alcohol o su opinión sobre temas políticos o sociales. Se comprobó que las preguntas sobre el estado financiero, sus antecedentes penales o sobre su consumo de drogas o alcohol presentaban mayor reticencia para responder que aquellas sobre su empleo, su educación o su opinión política. Gracias a esta clasificación se creó un protocolo de entrevista que incluía preguntas sobre temas generales e inocuos y otras sobre temas íntimo y más comprometidos.

Se reclutó a siete hombres de diferentes comunidades y culturas con edades entre los 20 y los 35 años del área metropolitana de Washington. Se les dijo que participarían en un experimento para mejorar las técnicas de entrevista.

Los entrevistados rellenaban primero un cuestionario previo a la entrevista. Después comenzaba la entrevista llevada a cabo por un agente especial retirado que tenía experiencia en entrevistas para autorizaciones del gobierno. Se empezaba con temas generales no amenazadores como la educación y su historial laboral. Para, a continuación, pasar a temas que fueran más amenazadores y produjeran cambios internos, como su historial médico, su salud mental o el uso de drogas o alcohol. La entrevista dura entre 45 – 60 minutos y fueron grabadas desde una vista frontal y otra de perfil. Al concluir la entrevista se revisaba el vídeo con cada entrevistado para que informara sobre sus sentimientos y emociones en cada momento.

Al final, para la siguiente fase, se utilizaron cuatro vídeos de 25 minutos de duración, de los cuales los ocho primeros minutos eran sobre temas inocuos, para a continuación pasar a los más incómodos. El promedio fue de once cambios del estado emocional y siete del estado cognitivo según los entrevistados.

En la segunda fase los vídeos fueron visionados por 18 entrevistadores profesionales con una edad media de 44 años siendo el 94% hombres y el 75% caucásicos, con trabajos en el ejército o en las fuerzas de seguridad federales. Todos ellos habían recibido capacitaciones sobre entrevista, habían realizado más de 50 a lo largo de su trayectoria profesional y contaban con más de cinco años de experiencia. Se les presentaban los vídeos grabados en un ordenador y se decidió aplicar la técnica de pensamiento en voz alta, grabándose todo lo que iban diciendo mientras visionaban las entrevistas. Posteriormente rellenaban un cuestionario sobre datos demográficos y la postvista. Se les dijo que debían ver los vídeos e informar de todo lo que percibieran que les ayudara a establecer y evaluar la línea base. Al final del vídeo debían calificar de fácil o difícil el establecer la línea base de cada entrevistado en una escala de Likert de cinco puntos. Cada entrevistador visionó dos vídeos. Las sesiones tenían una duración media de entre 75 y 90 minutos.

Se transcribió todo lo que dijeron sobre lo que habían usado para descubrir los estados internos y cuales habían sido estos. Las señales fueron codificadas en verbales, no verbales y otras. Después se calculó la tasa de aciertos y errores para cada vídeo. Las categorías de diagnóstico interno incluyen: emoción, cognición, veracidad y estrategia.

En todos los vídeos los participantes informaron de un total de 528 señales, las de tipo no verbal fueron las más identificadas. En general, los casos de señales reportados coincidían con el 27% de los estados internos destacados que identificaron los entrevistados. Se encontraron más aciertos durante el periodo de preguntas más incómodas que durante el de temas generales. Las señales verbales se revelaron como el tipo que más aciertos producía para descubrir el estado interno.

En cuanto a los estados internos encontrados que coincidían con la realidad, el 45% eran emocionales, el 33% eran cognitivos, el 14% eran relacionados con la veracidad y el 31% con los de estrategias.

Los entrevistadores informaron de varias pautas para establecer la línea base. Era de esperar que el tipo de señal más usada sea el comportamiento no verbal ya que es muy habitual que en los programas formativos para la realización de entrevista se hable de la importancia de fijarse en movimientos corporales, gestos, contacto visual, expresiones faciales, etc. A pesar de ello en este estudio se encontró que casi el 70% de las señales verbales identificadas como informativas parecían serlo realmente. Por tanto, también se encontró que los entrevistadores podían estar mejor preparados para prestar atención a lo que les dice los entrevistados de lo que se esperaba. La tasa de aciertos para los estados internos fue baja, un 27%, lo que sugiere que el uso de estados internos para establecer la línea base puede llevar a error, lo que implicaría no sólo perder oportunidades para establecer un buen rapport con el entrevistado sino también el que las entrevistas sean ineficaces.

La aplicación de procesos de referencia para diagnosticar los estados emocionales fue fructífera. Muchos diagnósticos eran relevantes y coincidían con los estados informados. La mayoría versaba sobre la comodidad frente a los temas a tratar. Muchos hicieron diagnósticos resaltando que la incomodidad no la veían como resultado de la culpa o de un sentimiento negativo sino de que hay temas que pueden ser difíciles de tratar según la cultura del sujeto. El uso de líneas base puede ser una adición práctica a los métodos para determinar cuándo profundizar en un tema y cuándo dejarlo.

Es cierto que en este estudio los estados cognitivos fueron menos detectados que los emocionales y habría que investigar en un futuro por esta línea ya que el estado cognitivo puede ayudar a la detección de mentiras.

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