clubforenses.com

clubforenses.com

Desarrollo y validación de la Escala de Ideas de Violencia (VIS). Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Development and Validation of a Brief Measure of Violent Thoughts: The Violent Ideations Scale (VIS)” de Murray, Eisner y Ribeaud; en él se estudia la creación de una escala que permite medir psicométricamente las ideas violentas que son un potente predictor de la violencia.

El tener ideas de violencia puede ser un indicador de riesgo de violencia, por ello se decidió crear una escala que midiera la presencia de estas ideas. Primeramente, para desarrollar las escalas, dos expertos crearon un conjunto inicial de ítems a partir de las teorías de la estructura de la violencia y sus factores comunes. La definición de violencia no es uniforme en la literatura preexistente, en algunos casos se considera los pensamientos de daño físicamente a otros, mientras que otros estudios consideran no solamente el daño físico a la persona sino también la agresión verbal o la destrucción de la propiedad. En lo que sí están de acuerdo es en que la violencia imaginada se sienta como real. Por tanto, para este estudio se decidió incluir una definición amplia donde tuviera cabida tanto el daño físico, como no físico pasado por la violencia sexual o el daño a uno mismo.

Posteriormente, del grupo de ítems se seleccionó un subgrupo que fue el que se administró a los participantes, elegidos en base a su claridad, contenido, validez nominal y con el objetivo de abarcar todas las áreas antes descritas.

Se pidió a los participantes que informaran de la frecuencia de los ítems durante el último mes. Se utilizó una escala tipo Likert de cinco puntos que iba del “nunca” al “muy a menudo”.

La prueba se realizó sobre una muestra de 1.276 jóvenes suizos de 17 años de edad (629 chicas y 647 chicos). Eran el resultado de un muestreo estratificado aleatorio de 56 escuelas en Zúrich, teniendo en cuenta la ubicación y tamaño de la escuela.

Se usó un análisis de la Características del Operador Receptor (ROC) para evaluar si el VIS podía servir para la identificación de personas violentas. Estas personas fueron definidas como aquellos que han portado armas, han extorsionado, robado o asaltado de acuerdo al autoinforme en los últimos doce meses. Este análisis se utiliza para descubrir el poder discriminatorio general de una escala o para definir el punto de corte óptimo en las clasificaciones de grupos que se realicen en base a esa escala. También se analizó la sensibilidad y la especificidad, la primera de ella se refiere a la proporción de individuos que están correctamente asignados a la clase violenta (verdaderos positivos). Mientras que a especificidad se refiere a la proporción de individuos catalogados en la clase no violenta (verdaderos negativos). El resultado puede variar del cinco (clasificación al azar) al uno (clasificación perfecta).

Los elementos analizados fueron: suicidio, homicidio, venganza violenta, lesión grave, golpear sin razón, matar insultando, humillar, desnudarse, matar, acoso, violencia sexual, responder agresivamente, golpear al ser provocado, infligir dolor, golpear por estar enfadado.  La mayor parte de las respuestas fueron “nunca”, menos una pequeña porción de “muy a menudo”.

Las soluciones factoriales sugirieron que tanto la ideación de agresión sexual como la ideación suicida podrían distinguirse de las ideas que implica agresión. Por tanto, se excluirá los análisis de las ideas suicidas o de la agresión sexuales. Sin embargo, no se encontró ningún indicio de que deberían separarse las ideas de agresión no física de las de agresión física.

Los elementos de carga más altos se refieren a infligir lesiones, mientras que los elementos de carga más bajos se refieren a la intimidación. Los ítems referidos al homicidio tienen cargas intermedias. El modelo se ajustó utilizando la estimación MC en Mplus 7.0, mostrando un ajuste razonable.

El VIS también se asoció significativamente con todas las construcciones incluidas. Las asociaciones más fuertes fueron con otras cogniciones relacionadas con la agresión y con el comportamiento agresivo en sí. Fue menos fuertemente relacionado con la victimización. En lo relativo al comportamiento agresivo, se relacionó aproximadamente igual con la agresión proactiva y la agresión reactiva.

Los resultados muestran los factores más altos en relación a la violencia física no letal, como infligir dolor o lesiones graves. Por el contrario, las ideas de violencia sexual como la violación o el desnudarse parecen no guardar relación con las ideas de violentas, teniendo que considerarse un fenómeno aparte, aunque los resultados en este punto son ambiguos. Las razones son: en primer lugar, se informó muy pocas veces de ideas relacionados con la violencia sexual y en segundo lugar las pruebas estadísticas de la dimensión no fueron unánimes. Por ello, las estructuras de la ofensa sexual no se consideran jerárquica, con influencias tanto generales como específicas, lo que conlleva ambigüedad sobre su inclusión con el resto de ideaciones violentas. Se recomienda un estudio más profundo con un mayor número de ítems relacionados con el tema ya que en esta versión del VIS sólo hay dos ítems.

En relación a las diferencias entre sexos, se obtuvieron algunas, los ítems 3 (venganza violenta), 5 (golpear sin razón) y el 7 (humillar) destacaron especialmente. Las diferencias eran pequeñas en términos prácticos y no introducirían sesos. La mayor diferencia fue presentada en la venganza violenta (ítems 3), siendo mayor en hombres que en mujeres, esto se relacionaría con lo que los estereotipos relacionan con la masculinidad.

La invarianza de sexos es importante ya que las diferencias de los comportamientos violentos es un problema importante: los hombres superan ampliamente a las mujeres como perpetradores de violencia. Mientras que los hombres son responsables del 80% de los homicidios apenas hay diferencias con las mujeres en las puntuaciones del estudio VIS.  Estas diferencias de sexo pueden ayudar a iluminar los mecanismos casuales en la violencia y ayudar en la prevención.

La distribución de la puntuación de la suma derivada del VIS estuvo sesgada hacia niveles bajos de ideación con el 40% de los encuestados que no reportaron ninguna. Esto puede indicar la existencia de una subpoblación de individuos que no tienen nunca o muy escasamente ideas de violencia. Aunque, también esta la posibilidad de que la escala no contará con ítems suficientemente “leves” para poder captar estas ideas menos violentas. Por lo cual, se recomienda realizar otras investigaciones que incluyan más ítems que los doce actuales y pueda comprobar si se trata de una carencia en las pruebas originales o que existe una parte de la población que no tiene ideas violentas. Estos ítem pueden estar relacionados con la afectación pasiva a unas personas, como el abuso verbal o psicológica. Además, habría que tener en cuenta la posibilidad de que el tiempo de la investigación (un mes) hubiese sido escaso y que un análisis más extenso en el tiempo pueda tener más incidencias.

Se realizó un análisis ROC para buscar el punto de corte que diferenciará entre aquellos que se involucraban en la violencia y aquellos que no. Este punto se estableció en el 15.5, que fue el que presentó mayor equilibrio entre sensibilidad y especificidad.

A pesar de tener una buena capacidad de discriminación, entre los que ejercen violencia y los que no la Escala de Ideas de Violencia no puede ser la única fuente para tomar decisiones de alto nivel. La recomendación es usarla como una herramienta más que brinde información sobre la estimación del riesgo en el uso de la violencia.

 

Factores de riesgo en el feminicidio. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Intimate Femicide: The Role of Coercetive Control” de Johnson, Eriksson, Mazerolle y Wortley; en él se estudia diferentes factores de riesgo que se relacionan con el feminicidio, destacando entre ellos las conductas de control coercitivo.

El feminicidio es un tema de actualidad, con este estudio se busca realizar un análisis de los diferentes factores de riesgo, centrándose especialmente en las conductas de control coercitivo. Para ello, en este estudio se analizaron las historias de una muestra de condenados por matar a su pareja íntima en Australia. Utilizándose los datos del Australian Homicide Project, que contenía información de 302 delincuentes condenados por homicidio, siendo el 87% varones y el 13% mujeres. De esta muestra se utilizaron los referentes a 68 hombres que habían sido condenados por matar a sus parejas íntimas femeninas.

Lo que proponían los investigadores era examinar las variables que distinguían a los homicidas de género que habían sido violentos previamente de aquellos que no lo habían sido. Para ello se utilizó la Escala Revisada de Tácticas de Conflicto (CTS-2) que midió los niveles de agresión física y sexual en los doce meses previos al homicidio. También, se utilizaron preguntas combinadas sobre amenazas de muerte y uso de violencia en el año anterior. La muestra quedó dividida a partes iguales entre los hombres que declararon haber usado la violencia (34) y aquellos que no (34).

Se analizaron muchas de las variables que la literatura anterior destacó como influyente, como son: las características personales del autor, las experiencias de violencia en la infancia, el uso del control coercitivo hacía la víctima y el historial criminal. Las características personales del autor incluían datos relacionados con: educación, dificultades económicas, separación o amenaza de la misma, infidelidad o sospecha de ella, la presencia de hijastros, tratamientos médicos o psiquiátricos, intentos autolíticos, problemas de abuso de alcohol o drogas.

En la muestra del estudio un tercio había terminado la educación secundaria. En el año anterior al crimen la mitad de la muestra tenía problemas económicos y estaban separados o sus parejas les habían amenazado con la separación. Un tercio de la muestra afirmaba que sabía o sospechaba que su pareja le era infiel. Un cuarto de los 68 hombres convivía con hijastros y un 16% había recibido tratamiento médico o psiquiátrico en el último año. Un porcentaje similar había intentado suicidarse y tres de cada diez hombres tenía un problema con el abuso de las drogas y el alcohol. El 40% de la muestra manifestó haber sido víctima de abuso físico o sexual en la infancia y una quinta parte de sus padres habían sido violentos con sus madres. Dos tercios tenían antecedentes violentos y un tercio había cometido su primer crimen antes de los 13 años. La mitad de ellos habían sido violentos en el hogar el año anterior al feminicidio y una quinta parte también había presentado esa conducta violenta fuera del hogar.

Para medir las tácticas coercitivas y de control que usaban los homicidas se utilizaron tres herramientas diferentes y un indicador adicional. La primera de ellas fue la Escala de Titularidad y Propiedad Relacional (REPS), que consta de 28 ítems como lo siguientes: “tengo derecho a contactor con los amigos de mi pareja para ver cómo actúa sin mí; miro el cajón, el bolso o los bolsillos de mi compañero; si mi pareja me abandona me aseguraré de que se arrepienta”. La segunda herramienta utilizada fueron los ítems relacionados con el control psicológico que se encuentra dentro del CTS- 2, que incluyen cuestiones como el insulto, la amenaza o la destrucción de propiedad. La tercera herramienta, fue una modificación de la Escala Provocadora de Malestar de Salovey y Rodin, que evalúa los celos y el dominio durante la relación romántica. En ella se puede encontrar diferentes situaciones como una cena con otro hombre atractivo, bailar pegado a un amigo o ver a una persona con la que se mantuvo una relación en el pasado. Por último, el indicador hace alusión a la conducta de acoso a la víctima durante el año anterior al homicidio.

En lo relativo al control, la mitad de la muestra eran controladores, dos tercios habían tenido conductas de abuso psicológico, una cuarta parte de la muestra tenían altos niveles de celos y una quinta parte declaró haber acosado a la víctima antes de matarla.

Los hombres que no habían sido violentos antes del homicidio tenían más posibilidades de haber acabado la escuela secundaria y presentaban menos posibilidades de estar separados o de haber sido amenazados con ello, al igual que de tener problemas con el alcohol o las drogas y de haber crecido en un hogar violento. También, eran más bajos en dos de los indicativos de control coercitivo como son el abuso psicológico y el acoso a la víctima. Al igual que tenían índices menores de antecedentes penales. Por el contrario, los dos grupos tenían niveles parecidos de sospechas de infidelidad, convivencia con hijastros, tratamientos de salud mental y tasa de suicidio.

Estos resultados coinciden con otros estudios llevados a cabo en otras partes del mundo, como el que se realizó en Gran Bretaña (Dobash, Dobash y Cavanagh, 2009), donde los datos obtenidos mostraban que los hombres que no tenían antecedentes por violencia de género eran más “convencionales”: poseían una educación superior, mantenían una mejor relación, no tenían problemas de abuso de sustancias y sus infancias no fueron problemáticas. También presentaban niveles más bajos de control psicológico y acoso, aunque sí que presentaban celos.

Si bien es cierto que en general los hombres con antecedentes de violencia de género presentaban mayores niveles de control coercitivo, el 62% de los que no tenían antecedentes también reconocían haber usado alguna técnica de control sobre las mujeres que acabaron matando. Una quinta parte de estos hombres tenían una orden de alejamiento que les impedía acercarse a su pareja o la policía se había tenido que personar en su domicilio por algún tipo de incidente. Aunque no hubieran sufrido agresiones directas las mujeres estaban lo suficientemente atemorizadas como para pedir protección policial. Estas intervenciones, como ha quedado claro con el homicidio, han sido del todo ineficaces.

Por tanto, se puede concluir que, aunque una presencia clara de un comportamiento de control o de acoso puede ser precursor de un homicidio de violencia de género, comportamientos menos evidentes, sin agresiones directas, también pueden ser indicadores de riesgo de este tipo de conducta.  Este último tipo de comportamiento puede ser pasado por alto por la justicia, ya que no deja evidencias tan claras como una agresión física. Esto lleva a pensar que las evaluaciones de riesgo a veces pueden pasar por alto comportamientos de acoso que clasifican como “menores” y que pueden indicar un riesgo de homicidio.

Cuando Papá acosa a Mamá. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “When Daddy stalks Mommy: Experiences of Intimate partner stalking and involvement of social and legal authorities when stalker and victim have Children together” de Lokkegaard, Hansen, Wolg y Ekklit; en él nos hablan sobre las experiencias de acoso que sufren algunas mujeres por parte de sus maridos y su relación con las autoridades.

El acoso viene definido como un comportamiento repetido, intrusivo y molesto que no es deseado por la víctima que puede incluir amenazas, tanto implícitas como explícitas para la seguridad, y que provoca sentimientos de miedo y angustia. Las estimaciones que hay sobre el acoso rondan el porcentaje de entre un 2 y 29% para los hombres y un 7 al 36% para las mujeres. En Dinamarca las mujeres son en mayor medida víctimas de acoso (11,7%) que los hombres (6,2%).

Un tipo especial de acoso es aquel en el que el acosador es el marido o pareja de la mujer y tienen hijos en común. Es un caso especial porque la principal recomendación, no tener contacto con el acosador, no puede cumplirse, ya que tienen hijos en común lo que les obliga a seguir en contacto. Esto produce que tanto la mujer como los niños corran un alto riesgo de sufrir abusos por el padre acosador. Este fenómeno ha sido poco estudiado en la literatura científica.

Este estudio utiliza un enfoque mixto para, por un lado, describir cuantitativamente los comportamientos del acosador, así como la participación de las autoridades correspondientes. Por otro lado, se pretende examinar cualitativamente cómo las madres experimentaron el acoso por parte del padre de sus hijos.

Durante los meses de enero de 2013 a abril de ese mismo año se llevó a cabo la recogida de datos. Para ello se reclutó a mujeres a través de un grupo privado de Facebook para madres acosadas por los padres de sus hijos y a través de un anuncio en la web de la Asociación danesa anti acoso. Cada participante recibió un email con el enlace a una encuesta online totalmente anónima.

Se contó con una muestra de 196 mujeres con edades entre los 27 y los 70 años, con una edad media de 40. Estas mujeres contaban con una educación de media de 14 años, un 93,4% tenía la nacionalidad danesa y un 86,2% habían nacido en Dinamarca. El 39,3% de las mujeres contaba con un empleo a tiempo completo mientras que un 24,3% tenía un trabajo a tiempo parcial o estaba estudiando y un 36,4% se encontraba de baja por enfermedad.

La encuesta tenía cinco secciones diferenciadas. En la primera de ellas se encontraban preguntas sobre las características de la relación entre la víctima y el acosador, creadas específicamente para la misma. Había una segunda sección donde se les preguntaba sobre el comportamiento de acoso, para la cual se utilizó la Lista de Verificación de Comportamiento de Acoso (SBC). Una tercera sección iba sobre la relación que habían tenido con las autoridades legales y sociales. La cuarta sección versaba sobre la ayuda percibida por parte de 18 autoridades y servicios de ayuda. El último apartado hablaba de las reacciones por parte la policía, la Administración del Estado y los tribunales cuando les habían contado de sus casos de acoso.

Algunos datos sobre la relación mantenida: en el 91,1% de los casos las madres ya no mantenían ninguna relación romántica con el padre. La duración promedio de la relación había sido de 6,6 años. Estas relaciones estaban marcadas por la violencia de género. Un 60% de las mujeres manifestó que la violencia comenzó después de enterarse de que estaba esperando su primer hijo. La media de hijos estaba en 2,15 con edades comprendidas entre los 0 y los 45 años. En un 80% de los casos informaron de que los padres habían amenazado con apartar a los hijos de ellas si se iban. En un 3% de los casos el padre tenía la custodia completa, más de un 41% compartían la custodia y más del 61% de las mujeres afirmó que esperaba tener contacto con el acosador en el futuro a causa de los niños.

En cuanto a los comportamientos de acoso lo más comunes fueron las llamadas telefónicas no deseadas, los mensajes al móvil o correos electrónicos no deseados, las visitas a la casa de la víctima u observar y seguir a la misma. En lo que se refiere a comportamientos violentos destacó las amenazas y los intentos de dañar a las madres. También en un 63,3% se informó de que familiares o amigos del agresor participaron en el acoso.

En relación con su contacto con las autoridades legales y sociales, un 68,3% de las mujeres denunció a la policía un promedio de cuatro veces y en un 23% de los casos el acosador fue quien denuncia a la mujer a la policía un promedio de 2,56 veces. Los acosadores en mayor medida que las víctimas habían utilizado a la Administración del Estado para iniciar un nuevo caso o para cambiar el acuerdo de custodia.

En cuanto con qué instituciones había tenido contacto la madre, destaca la Administración del Estado (95,3%), seguido por el médico privado (89,1%), abogados (82%), profesores de los niños (82%), policía (78’9%), los servicios municipales de atención a la infancia (72,7%), el psicólogo privado (66,4%), el psicólogo público (64,1%) y los tribunales (62,5%). Estas mujeres percibieron como más amigables y con más capacidad de ayudar y apoyarlas a los profesionales médicos, así como a los de las agencias no gubernamentales que a los profesionales que trabajaban en la administración del Estado, los tribunales o la policía. Menos de un 50% declaró que les hubieran ayudado.

El análisis del contenido reveló cuatro categorías con respecto a las experiencias de las madres:

  1. Reconocimiento por parte de los profesionales de las madres como víctimas de acoso. Muchas mujeres afirmaron que los profesionales les habían entendido y comprendido y que les reconocían como víctimas, pero no podían ayudarlas debido a la falta de pruebas físicas. También informaron de casos donde los profesionales carecían de los conocimientos para juzgar y entender la violencia psicológica.
  2. Procedimientos de casos extensos y duraderos en los que participaron diferentes agencias. Aquí destaca la impotencia que sienten las madres cuando los profesionales de las diferentes agencias con las que deben tener contacto, especialmente en casos dilatados en el tiempo, no se comunican entre ellos y hace más difícil que ellas reciban la ayuda que necesitan.
  3. La delimitación de la frontera de si un comportamiento era acoso o simplemente era entrar en contacto legal por los niños. Aquí mencionaron diferentes conductas no penadas legalmente que para ellas suponían acoso como fueron algunas formas de violencia psicológica, la duración infinita del proceso, la posibilidad de que el agresor abra nuevos procesos judiciales, el contacto que podía tener el acosador con la madre a través de las autoridades.
  4. Las conductas de acoso hacia los niños. En esta sección destacaron comportamientos que tenía el padre hacía sus hijos, como el acoso, el intentar constantemente que se pusieran de su parte, amenazándolos directamente o amenazando a la madre a través de ellos.

La finalidad del estudio fue una mayor comprensión del fenómeno de acoso por parte del padre hacía la madre, donde como se ha visto es complejo poder cortar todo tipo de relación con el acosador ya que se vale no solo de sus propios hijos sino también de las autoridades estatales para poder seguir en contacto con su víctima. Lo que puede dejar desamparadas a las madres y con la sensación de que el sistema público no cuenta con los recursos para poder ayudarlas.

Patrones de abuso y niveles postmortem de gabapentina. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Gabapentin – related Deaths: Patterns of Abuse and Postmortem levels” de Thrap, Hobron y Wright; en él nos hablan sobre los patrones que siguen las muertes relacionadas con la Gabapentina.

La Gabapentina (ácido 1- (aminometil)ciclohexanoacético) es un análogo a GABA, es un medicamento para tratar el control de las convulsiones y la posterapéutica, también es útil para el dolor crónico y la neuropatía periférica general. Su uso fue aprobado por la FDA en 1993. En los últimos años se uso ha aumentado, entre 2011 y 2015 en EE.UU. se pasó de los 33 millones de recetas a los 57 millones. Como efectos secundarios de su uso terapéutico destacan mareos, somnolencia, fatiga, ataxia y edema periférico. Hay pocos casos en la literatura preexistente sobre sobredosis fatales, en la mayoría la concentración en sangre era superior a 37 mg. En la mayoría de los casos el paciente sobrevivió con los cuidados de apoyo, y presentaron coma, hipotensión, depresión respiratoria, somnolencia y dificultad para hablar.

La sobredosis de opioides recetados ha sido la causa de muerte en 471 casos en Virginia. El número de muertes por Gabapentina ha aumentado en los últimos años, así como su abuso en el entorno clínico. En el año 2017 la Junta de Medicina incluyó la Gabapentina en su lista de medicamentos regulados para monitorear su prescripción.

El presente estudio es una revisión retrospectiva de los casos de muerte por Gabapentina para poder tener una mayor comprensión de sus efectos terapéuticos al igual que potencialmente tóxicos o letales. Se incluyeron 104 casos ocurridos entre 2014 y 2017 en el distrito Occidental de Virginia. La limitación temporal es que antes de ese año la prueba para la Gabapentina solo se podía realizar en laboratorios externos y era relativamente extraño que se pidiese. Las pruebas toxicológicas que se hacen en la actualidad relacionadas con drogas incluyen opiáceos (oxicodona, oximorfona, hidromorfona, hidrocodona, morfina y buprenorfina), cocaína / benzoilecgonina, metanfetamina/MDMA, anfetamina /fentermina, benzodiazepinas, barbitúricos, fenciclidina, carisoprodol/meprobamato, tramadol, fentanilo, metadona, zolpidem, difenhidramina /ciclobenzaprina, dextrometorfano y amitriptilina /nortriptilina; así como un test de alcoholemia.

Para cada caso se revisó edad, sexo, historial médico, concentraciones en sangre y en humor vítreo de Gabapentina, y de cualquier otra sustancia detectada. Además, un patólogo determinó si la Gabapentina tenía relación con la causa de la muerte o no. También, se examinaron 53 casos en los que el conductor de un accidente no letal dio positivo a la Gabapentina.  Se tomaron como muestra, en el caso de los cadáveres dos viales de sangre con preferencia de los vasos femorales o de los vasos ilíacos, subclavios o del corazón, también se recogió un vial de orina si estaba presente, así como un vial del humor vítreo. En el caso de las personas vivas se les recogió dos viales de sangre del brazo. Todas las muestras se conservaron a 4ºC hasta su análisis. Las muestras fueron analizadas en un cromatógrafo de líquidos conectado a un espectrómetro de masas.

Se realizaron tres análisis: el primero de ellos era para determinar las concentraciones en sangre de Gabapentina entre las muertes y así poder distinguir entre aquellas donde el fármaco causó la muerte, donde contribuyó y en las que no tuvo un papel relevante. También se examinó las muestras de los conductores. El segundo análisis se encargó de determinar la cantidad en sangre en todos los muertos y comprobar las diferencias dependiendo del tipo de muerte (accidental, natural o suicidio). El último análisis se hizo para establecer la relación de la concentración en sangre con la concentración en el humor vítreo.

De los 104 casos mortales donde estaba implicada la Gabapentina, 65 fueron mujeres y 39 hombres. De ellos 72 casos estaban relacionados con la droga, 12 eran suicidios, 19 muertes naturales y 1 homicidio. En 49 de los casos la Gabapentina fue causa directa de la muerte y en otros 11 casos contribuyó su toxicidad a la muerte. En 51 casos fue accidental la muerte, solo 9 casos se utilizó como objeto de suicidarse. En 44 casos no tuvo un papel determinante, 21 fueron intoxicaciones por medicamentos. De los 53 casos de accidentes, solo 47 de ellos se tenía notas sobre el sexo y la edad de los infractores, siendo 27 hombres y 20 mujeres con una edad media de 45 años. En 48 casos se detectó otras drogas adicionales, siendo la más común (26 casos) las benzodiazepinas.

En relación con los niveles que se detectaron como causante directo de la muerte se sitúa la concentración entre 1,1 y 59,2 mg/L, estando la media en 24,8 mg/L. Para el grupo que no se consideró relevante para la muerte los niveles estaban entre 1,0 y 23,0 mg/L, siendo la media de 10,6 mg/L. En el grupo de conductores los niveles eran de 1,5 a 31,0 mg/L, estando la media en 11,0 mg/L.

El análisis 2 destacó unos niveles de Gabapentina mayores (22,0) en los casos de accidentes que en los casos de muerte natural (9,9), aunque los suicidios fueron los que los presentaron más altos, alcanzando los 27,8.  En 38 de 49 casos donde la Gabapentina fue la causa de la muerte se detectó también la presencia de al menos un opioide más. En 9 de los 11 casos donde estuvo relacionada pero no fue la causa directa también se detectaron otras drogas. En las muertes naturales sin relación con la Gabapentina solo estuvo presente otras drogas en 9 de 19 casos. En los casos de los conductores en 17 de 49 casos se encontró también rastros de oxicodona, en 10 de 49 de hidrocodona y en 7 de ellos de buprenorfina. También se encontraron trazas de antidepresivos en todas las categorías.

En relación al tercer análisis se determinó que había diferencias de valores, siendo los niveles de Gabapentina en el humor vítreo menores que en sangre, oscilando entre el 21,4% más alto en sangre al 76,2% menor en el humor vítreo. Esto nos dice que el humor vítreo es una prueba que se puede realizar cuando en el contexto forense no haya sangre disponible pero que los resultados saldrán con una concentración menor.

Este estudio deja claro que la Gabapentina debería incluirse dentro de las pruebas habituales de tóxicos en las muertes y no esperar a una petición expresa del investigador del caso ya que en los últimos años ha aumentado sus prescripciones.

 

El ancho de las crestas como indicador de la degradación. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Latent Fingermark Aging Patters: Ridge Width as one indicator of degradation” de De Alcaraz – Fossoul, Barrot, Zapico, McGarr, Carreras-Marin, Tasker y Gené; en él nos hablan del análisis de la anchura de las crestas para determinar la antigüedad de una huella.

Estudios anteriores evaluaron la posibilidad de utilizar algunas de las características de las huellas para poder determinar el envejecimiento de estas. Estos estudios ya detectaron que es posible que el ancho de las crestas se estrechase con el paso del tiempo. En el presente estudio se pretende determinar las diferencias visuales que ocurren en los anchos de las crestas durante el proceso de envejecimiento de las huellas, para ello se estudiarán los cambios que se producen conforme va pasando el tiempo después de usar polvo de TiO2 para visualizar la huella y, también, se analizarán los patrones de envejecimiento en condiciones de laboratorio en interiores.

Para realizar el estudio se obtuvieron 310 impresiones individuales que fueron envejecidas, reveladas y fotografiadas. Las huellas se podían clasificar en base a dos tipos de secreciones: por un lado, estaban las sudorosas que eran ricas en ecrinos y, por el otro, otras más grasientas ricas en sebáceos. Fueron depositadas sobre diferentes materiales no porosos como fueron el vidrio y el poliestireno plástico y fueron expuestas a tres condiciones de luz natural diferente; unas tuvieron luz directa, otras en sombra y otras en oscuridad durante seis meses. Fueron visualizadas con dióxido de titanio en once momentos temporales diferentes: el día cero, a los siete días, a los 14, a los 21, a los 28, a los 49, a los 70, a los 91, a los 112, a los 140 y a los 170 días. Antes de analizar el ancho de las crestas se hizo un estudio de viabilidad donde fueron clasificadas y descargadas en función de si estaban borradas o muy degradadas para poder tener la calidad suficiente para su análisis.

De cada huella se analizó un área de 1 cm2 en el centro de esta, con una resolución de 3.000 píxeles. Las huellas fueron estudiadas por tres observadores diferentes. Los factores ambientales tales como temperatura, humedad relativa, exposición a la luz diurna e intensidad de la luz natural en interiores fueron registrados durante el estudio. La medición de la anchura de las crestas se realizó con una regla de un programa de tratamiento de imágenes y lo que se analizó fue el ancho promedio de la cresta.

En cuanto a los resultados se obtuvo una disminución del ancho de la cresta con el paso del tiempo de más a menos en sustrato de plástico – secreción de ecrinas – condición de oscuridad- condición de luz directa y por último el sustrato de cristal. La secreción sebácea y la condición de estar en sombra no mostraron una disminución del ancho de la cresta con el paso del tiempo. Esto nos indica que aquellas huellas que tengan estos factores serán más resistentes a la degradación. A continuación, se analiza en detalle la influencia de cada uno de los factores ambientales:

En relación a la exposición a la luz natural se puede decir que no fue tan relevante como cabría esperar ya que su papel fue secundario. La mayor reducción de la cresta se dio en las marcas ricas en ecrinas en sustrato de plástico y expuestas a la luz natural, aunque esto no está del todo claro y puede depender de otros factores. Las huellas sebáceas depositadas en vidrio no se vieron alteradas bajo ningún tipo de luz.

Con lo que respecto al tipo de sustrato se reveló que las marcas depositadas en sustrato de plástico eran más sensibles y se degradaban en mayor medida que aquellas que estaban en un sustrato de cristal. Esto ocurría independientemente de las condiciones de luz o del tipo de secreción. Esto confirma el rol secundario que jugaría la luz.

En lo que respecta al tipo de secreción se ha comprobado que las ricas en ecrinas se degradan más que las sebáceas. Estas últimas eran muy resistentes a la degradación con el paso del tiempo.

Algunas aplicaciones prácticas que se pueden sacar son:

  • En relación con la luz las marcas ecrinas en sustrato de cristal se debe tener precaución porque pueden presentar iguales niveles de degradación aquellas viejas que estén en interior como las nuevas en la sombra, solo cuando son expuestas a la luz natural se podrán ver diferencias visuales. Las marcas sebáceas en sustrato de cristal presentaran una gran dificultad para poder diferenciar marcas antiguas y recientes simplemente con un examen visual. Si lo que se utiliza es un sustrato plástico hay que tener en cuenta que cuando son marcas ecrinas, así como en las sebáceas, puede distinguirse entre huellas recientes o antiguas a través de la comparación visual.
  • En relación al sustrato las marcas ecrinas depositadas en cristal no experimentarían una degradación visible, por tanto, no serviría para diferenciar huellas recientes de huellas antiguas, salvo cuando estén expuestas a la luz natural directa. Mientras que, si son depositadas en plástico sí que sufrirían degradación, independientemente de la luz y sería posible compararlas. Las marcas sebáceas si son depositadas en una superficie de cristal como sería una ventana no presentarían diferencias en el grado de degradación entre huellas recientes y antiguas. Sin embargo, si son depositadas en una superficie de plástico como la caja de un CD, independientemente de las condiciones de luz, se podrá diferenciar visualmente ambos tipos de huellas.
  • Respecto al tipo de secreción se considera que sus ventajas en la práctica real son insignificantes ya que solo cuando hay una exposición a la luz natural directa las huellas ricas en ecrinas parece que tienen una reducción de la anchura de las crestas.

En resumen, todas las marcas depositadas en un sustrato de plástico fueron más sensibles a la degradación que aquellas depositadas en vidrio. Esto indica que el tipo de sustrato será un factor determinante para ver la degradación del ancho de las crestas. También, parece que, aunque su papel no sea tan decisivo, las marcas más ricas en ecrinas se degradaban más que aquellas sebáceas. Por último, aunque la exposición a la luz parecía un factor clave resultó ser casi insignificante.

Calidad de los informes escritos tras la entrevista a testigos. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Quality of written record following mock eyewitness testimony: Note taking should be a mínimum standard!” de Meise y Leue; en él nos hablan de cuál es la mejor estrategia para tener un registro escrito de la declaración de un testigo.

Lo que se buscaba en este estudio era comprobar qué técnica de registro escrito favorecía la recogida una mayor cantidad de información y de más calidad. Se hipotetizó que utilizando técnicas aplicadas en el recuerdo libre se obtendría menos información que con la toma de notas durante la entrevista o con las técnicas de recuerdo de la entrevista cognitiva. Además, se hipotetizó que las personas con una mejor memoria verbal obtendrían mejores resultados que aquellas con niveles más bajos, ya que tendrían mayor número de detalles correctos.

Para comprobar las hipótesis se realizó un estudio con una muestra de 80 participantes siendo 40 hombres y 40 mujeres con edades comprendidas entre los 18 y los 62 años, siendo la edad media de 30 años. Para comprobar su memoria verbal se utilizó el Módulo A del Inventario de Evaluación de la Memoria, que contenía cuatro tareas: memoria de trabajo verbal, aprendizaje verbal, reconocimiento diferido y reproducción retardada.

Se les presentó un vídeo donde una mujer joven sentada a una mesa describía durante 18 minutos una agresión sexual que había sufrido a manos de su dentista. El relato de la joven contenía 101 datos relevantes para el caso. Este concepto estaba definido como cualquier palabra o frase que identificara o describiese a individuos, objetos, eventos, sentimientos, impresiones o acciones que fueses declarados por la víctima. Los datos se clasificaron en las notas de los participantes como dato correcto, EOO (un dato que no fue mencionado), EOC (datos añadido que no fue mencionado por la mujer) o confabulación (información que fue cambiada ligeramente respecto a la manifestada por la mujer). La mujer era una actriz aficionada que relataba un episodio real.

Antes de ver el vídeo se les dijo a todos los participantes que tenían que pensar como policías y debían presentar un escrito lo más completo y detallado posible sobre el testimonio que iban a ver. Se les asignó aleatoriamente a una de las tres condiciones que había, 27 fueron asignados a la utilización de técnicas de recuerdo libre después de visualizar el testimonio, 27 a la aplicación de técnicas de recuerdo de la entrevista cognitiva al terminar el video y 26 a la toma de notas durante el relato. Las instrucciones que se les dieron a los participantes de las dos primeras técnicas fue que tenían que presentar un escrito con el mayor número de detalles posibles después de ver el vídeo y a los de la tercera que tenían que pasar a limpio las notas después de acabar de ver el vídeo dando la mayor cantidad de información posible. Para esta tarea se les entregó papel en blanco a los del recuerdo libre y a los asignados a tomar notas, mientras que a los de la entrevista cognitiva se les dieron papeles donde se les ayudaba a aplicar las cuatro técnicas de la entrevista cognitiva: restauración en el contexto, describir todo, recordar los hechos en distinto orden y cambiar de perspectiva. Después del vídeo se les daba 15 minutos para la realización del escrito.  A continuación, tenían que realizar el test de memoria verbal y un test de personalidad.

De media los participantes recordaron correctamente al menos la mitad de los datos. Se obtuvieron menos detalles en los relatos de recuerdo libre que en aquellos basados en notas, lo mismo ocurrió con la técnica de la entrevista cognitiva. No hubo diferencias estadísticamente significativas entre los datos obtenidos por recuerdo libre que aquellos que aplicaron las técnicas de la entrevista cognitiva.

Se observó una asociación entre tener una alta capacidad de memoria verbal y un relato con un mayor número de datos correctos. No se obtuvo ninguna relación entre el sexo de los participantes y el número de detalles que aportaron. En cambio, se encontró una relación entre la edad y la cantidad de información, ya que los participantes más jóvenes aportaron un mayor número de datos que aquellos con más edad. En lo que respecta a las técnicas de la entrevista cognitiva se encontró que la que más datos aportó fue la descripción de todo.

El análisis también descubrió que había un menor número de datos que nunca fueron mencionados (EOO) que de datos correctos. Los EOC y las confabulaciones fueron muy raras. Esto nos dice que los participantes no tendieron a agregar información y que cambiaron muy pocos detalles, aunque eran más probables las confabulaciones que los EOC, siendo más habituales en el recuerdo libre y en la entrevista cognitiva que en la toma de notas.

Se puede concluir que, como se hipotetizó, la toma de notas durante la entrevista aumenta la calidad del registro escrito ya que se consigue un mayor número de datos correctos en comparación con el recuerdo libre o la aplicación de técnicas de la entrevista cognitiva. Del mismo modo si se toman notas durante la entrevista se obtienen menos datos falsos o con cambios respecto a lo declarado por el testigo. Se obtuvo hasta un 65% de información correcta recordada al usar la toma de notas, mientras que en el recuerdo libre el porcentaje estuvo alrededor del 50%.

Se han encontrado dos explicaciones posibles para estos resultados: la primera de ellas es que al tomar notas se codifica mejor la información por medio de un estilo de procesamiento generativo. La segunda es que al tomar notas mientras se lleva a cabo la declaración facilita la finalización del registro escrito posterior. Esto es así porque la información escrita sirve como señal para recordar otras piezas informativas.  Los resultados peores obtenidos con las otras técnicas pueden deberse a que se tienen que realizar diferentes tareas simultáneamente como son escuchar, memorizar y recordar. Otra explicación posible para los resultados pobres que se han obtenido con la entrevista cognitiva es que los participantes no estén del todo familiarizados con las técnicas que conlleva y esto las haya hecho menos efectivas. En una investigación futura habría que probar con policías reales que estén más acostumbrados a la aplicación de dichas técnicas. Además, hay que tener en cuenta que solo vieron un vídeo, seguramente con una entrevista en directo estas técnicas hubieran obtenido mejores resultados.

En cuanto a las repercusiones prácticas se recomienda, no solo la toma de notas, sino que los encargados de recoger testimonios sean entrenados tanto en la mejora de la memoria de trabajo verbal como en la aplicación de las técnicas de la entrevista cognitiva.

Predictores a nivel micro de mujeres que comenten homicidio de pareja. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Trading places: Microlevel predictors of women who commit intimate partner homicide” de Szalewski, Huff-Corzine y Reckdenwald; en él nos hablan sobre las características a nivel micro de las mujeres que cometen un homicidio de pareja.

Las investigaciones previas descubrieron que es más posible que una mujer mate a su pareja que a cualquier otra persona. Además, los resultados mostraron que tanto las motivaciones, como las situaciones y la estructura de la ofensa difieren de la de los agresores masculinos. Lo que se busca con este estudio es comprobar las características que tienen a nivel micro el victimario femenino de los homicidios de pareja.

Para la realización del estudio se utilizó el SHR (Supplementary Homicide Reports) elaborado por el FBI, utilizando datos desde el 2010 al 2014. Solamente se incluyeron los casos de homicidio intencional y homicidio no negligente donde solo hubiera una víctima y un agresor. Personas íntimas se consideró al novio, marido de derecho consuetudinario, mujer de derecho consuetudinario, marido, mujer, novia, exmarido, exmujer. Se excluyeron las relaciones de personas del mismo sexo. La muestra total que se utilizó fue de 5.457 incidentes de violencia de pareja.

Se analizaron dos grupos de características, por un lado, las demográficas y por otro las relativas al caso. Las características demográficas incluían: la edad de la víctima, la edad del agresor y la raza de ambos.  La edad del agresor estuvo entre los 15 a los 96 años. La edad de la víctima entre los 14 y los 97 años. La raza se divide entre relación de la misma raza e interracial. Las características del caso incluyen arma del crimen (arma de fuego, cuchillo, objeto contundente, con el propio cuerpo y otras armas), estado de la relación (casados, noviazgo o divorciado) y región donde se produjo el crimen (sur y otras regiones; se dividió así ya que en el sur de EE.UU. hay mayores tasas de homicidios).

De los 4.547 incidentes analizados en un 78,5% de los casos el agresor fue un hombre. La edad media de los agresores hombres es de 43 años y las víctimas femeninas es de 41 años. La mayor parte de los casos ocurrieron en parejas de la misa raza (88,9%). Las armas de fuego se usaron en el 55,6% de los casos y los cuchillos en el 26,5%. Los demás tipos de armas fueron más escasos: objetos contundentes (4,9%), el propio cuerpo (7,4%) y otras armas (5,5%). En cuanto al estado de la relación, el más común era el noviazgo (48,5%), seguido de matrimonio (47,7%). Los divorciados solo representaron el 3,8% de los casos. La región con mayor número de homicidios fue el sur con un 44,1%, seguida del Oeste (24,3%), del medio Oeste (16,7%) y el Noreste (15%).

Al analizar los datos a través de la variable del sexo del agresor todas las variables son significativas. En relación a la raza, tanto en agresores masculinos como femeninos lo habitual es que sean de la misma raza, siendo más habitual en el victimario femenino (92%). En cuanto al tipo de arma, las mujeres no utilizan tanto las armas de fuego como los hombres (45,4% frente al 58,4% respectivamente). Las homicidas usan en mayor medida los cuchillos (45,9%) que los hombres (21,2%). En relación a los otros tipos de armas también las usan en menor medida las mujeres que los hombres (objetos contundentes 3,7% frente a un 5,3%; el propio cuerpo 1,7% frente a un 9%; otros tipos 3,4% frente al 6,1%). Los hombres matan más a sus esposas (50,2%) que a sus novias (45,68%). Esto ocurre al contrario en las agresoras femeninas que matan más a sus novios (59%) que a sus maridos (38,6%). Los dos géneros matan menos una vez se encuentran divorciados, aunque es verdad que la cifra es un poco superior en los hombres (4,1% frente a un 2,5% en mujeres). Las mujeres tienen más probabilidad de matar en el sur (49%) que los hombres (42,7%).

Los resultados muestran que la edad del agresor, la edad de la víctima, ser ambos de la misma raza, el cuchillo, el propio cuerpo, otras armas, el noviazgo y vivir en el sur serían predictores significativos para el género del agresor de homicidios en pareja. Para agresoras femeninas, cuando el factor de edad aumenta una unidad hay una disminución de 0,91 de ser perpetrado por una mujer. En cambio, aumenta la posibilidad en un 1,10 por cada aumento de edad de la víctima. Cuando es una relación con personas de la misma raza aumenta un 1,88 más las posibilidades de ser asesinado por su mujer que cuando se está en una relación interracial. En relación al arma, las probabilidades aumentan de que el agresor sea una mujer un 2,51 cuando se utiliza un cuchillo. Las probabilidades también aumentan un 1,39 cuando se está saliendo frente a cuando se está ya casado. En el sur también aumenta la probabilidad en un 1,38 con respecto a las otras regiones de que el agresor sea una mujer.

Los resultados obtenidos en este estudio están en línea con la literatura preexistente, donde los homicidas de pareja son mayoritariamente hombres, con edades superiores a aquellos que matan a desconocidos y suelen ser de la misma raza que la víctima. Las armas más utilizadas son las de fuego y los cuchillos, lo que también concuerda tanto para los homicidios en general como para los de pareja, aunque en este último presentan algunas inconsistencias. Por norma general, los homicidios se producen durante la fase de noviazgo o durante el matrimonio, siendo casi inexistentes una vez divorciados.

En relación a las agresoras decir que suelen ser más jóvenes que los hombres y sus víctimas más mayores. Esto puede estar relacionado con el patrón que siguen las relaciones siendo más común que los hombres se casen por primera vez de media dos años más mayores que las mujeres.

En cuanto al uso de armas por parte de las mujeres, en este estudio los resultados muestran que predomina el uso de cuchillos frente a las armas de fuego, aunque la literatura preexistente arroja datos del mayor uso de armas de fuego para los homicidios de pareja en general. Esta discrepancia podía explicarse porque las agresoras femeninas se sienten más cómodas con cuchillos que con armas de fuego. La cuestión del estado de la relación en el momento de la muerte no había sido muy estudiada en relación al sexo del agresor. Hasta ahora solo se había concluido que las mujeres mataban a personas íntimas que a desconocidos. Los datos del estudio indican que es más habitual que las mujeres lleguen al homicidio en la fase de noviazgo que durante el matrimonio. Esto junto con el dato que una vez divorciadas es extremadamente raro que cometan un homicidio apoya la tesis de que las mujeres matan en defensa propia o por el miedo producido por su victimización.

Una variable que se considera muy interesante y que no se ha podido explorar en este estudio es la diferenciación geográfica entre poblaciones rurales y urbanas. Se recomienda una investigación más exhaustiva sobre las diferencias entre estas dos poblaciones, ya que variables como el aislamiento o el uso de armas podrían influir en los resultados obtenidos hasta la fecha.

Recuperación del cuerpo tras las 48 primeras horas, implicaciones en la investigación de homicidios sexuales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Body Recovery after the “First48”: implications for sexual homicide investigations” de Reale y Beauregard; en él nos hablan de los factores que influyen a la hora de recuperar un cuerpo.

Siempre se dice que las primeras 48 horas en la investigación de un homicidio son las más importantes. En el presente artículo se analizan las características de la víctima y del victimario, así como del lugar que pueden influir en que un cuerpo sea recuperado dentro de ese margen de tiempo.

En este estudio se hicieron cuatro hipótesis. La primera de ellas es que los agresores que presentan determinadas características (condenas previas) tomarán medidas para que el cuerpo tarde en recuperarse más de 48 horas. La segunda de las hipótesis es que los casos que tengan víctimas con determinadas características (víctimas marginales) llevará más de 48 horas localizar el cuerpo. La tercera es que los cuerpos que hayan sido abandonados en determinados lugares, en el exterior, llevará más de 48 horas localizarlos. Por último, aquellos asesinos que tengan conciencia forense provocarán que se tarde más de 48 horas en localizar el cuerpo.

Los datos para el estudio se obtuvieron de la Royal Canadien Mounted Police (RCMP). Para incluirse tenían que ser casos consumados y tenían que cumplir la definición de homicidio sexual del FBI, incluyendo al menos uno de los siguientes elementos: falta de atuendo en la víctima, la exposición de las partes sexuales de la víctima, que el cadáver presente una posición sexual, objetos insertados en las cavidades de la víctima, evidencia de actividad sexual o evidencia de actividad sexual sustitutiva, interés o fantasía sexual.

Se manejó una muestra de 250 casos ocurridos en Canadá desde 1948 a 2010. Se comparó los casos donde el cuerpo había sido recuperado en las primeras 48 horas y en los que no, contando desde la última vez que fue vista la víctima con vida. Se optó por esa franja temporal porque según los investigadores es cuando se produce una mayor obtención de información y de evidencias forenses. De los casos analizados un 56,4% fueron recuperados en las primeras 48 horas y el 43,6% restante pasado ese tiempo.

También se analizaron siete características del victimario como es la edad, la raza, si poseía o no una dirección fija, su estado civil, condenas previas por otros delitos violentos, condenas previas por delitos sexuales o cualquier condena por delitos contra la propiedad. Un 63,2% de la muestra eran blancos, con una edad media de 28 años, un 51,8% estaba casado, un 92% tenía residencia fija y un 59,6% tenía antecedentes por delitos contra la propiedad.

Además, se examinaron cinco características de la víctima que son edad, sexo, raza, si es una víctima marginal (trabajadora sexual, vagabunda, aborigen), y su relación con el agresor. La mayor parte de las víctimas eran mujeres (87,6%), blancas (63,2%) con una edad media de 27 años.

También se realizó un estudio de las variables relacionadas con el lugar. Por un lado, podían ser relativas al lugar donde se tuvo el primer contacto entre víctima y agresor y por otro, el lugar donde se abandonó el cuerpo. Se analizó en ambos casos si era el lugar de residencia de la víctima, cómo la trasladó, si era un lugar público o una localización exterior. El primer contacto con la víctima se produjo en exteriores en un 32,8% de los casos y se abandonó el cuerpo en exteriores en un 59,8% de los mismos. La siguiente ubicación más usada fue la residencia de la víctima, siendo el lugar de contacto en un 26,6% de los casos y el lugar de abandono del cuerpo en un 25,2%.

En relación a la conciencia forense del agresor se analizó si destruyó pruebas, si manipuló a la víctima o la escena, si tomó otras precauciones, si se localizó semen u otros indicios biológicos y si el cuerpo de la víctima había sido movido, desechado o desmembrado. Lo más común fue desechar el cuerpo (42,8%), destruir pruebas (38,8%) y mover el cuerpo de la víctima (30,8%).

Los resultados que aportó el análisis son que en los casos con agresores de más edad el cuerpo se recupera después de las primeras 48 horas. Al igual que ser soltero, tener un historial previo de delitos violentos y de delitos contra la propiedad también en estos casos se recuperaba el cuerpo pasado esa franja temporal. La edad de la víctima es la única variable que influenciaba en la recuperación del cuerpo. En relación a la localización, la residencia de la víctima, el transporte del cuerpo y las localizaciones exteriores hacían que pasarán más de 48 horas para localizar el cuerpo. Influían de la misma manera el destruir pruebas, mover el cuerpo o desecharlo.

Las investigaciones anteriores demostraron que un agresor organizado tenía una planificación cuidadosa y una conciencia forense. Por ello, una de las hipótesis era que en los casos donde el agresor tenía conciencia forense el cadáver sería descubierto después de las primeras 48 horas. Esta hipótesis quedó confirmada con los resultados, en los cuáles se vio que los agresores que eliminan pruebas o intentan deshacerse del cuerpo de la víctima retrasaban en mayor medida su descubrimiento. Lo que coincide además con la literatura preexistente. Aunque hay que señalar que trasladar el cadáver de ubicación no obtiene tan buenos resultados como desechar el cuerpo de la víctima (enterrarlo, ocultarlo, sumergirlo), ya que no solo retrasa su aparición, sino que puede comprometer la integridad de las pruebas forenses. Esto coincide con la tipología de organizado propuesta por Ressler para los homicidios sexuales.

Se hipotetizó que cuando se contacta o abandonaba a la víctima al aire libre se retrasaría su descubrimiento. Los resultados dicen que es más posible que se retrase su aparición si el contacto se produjo mientras se dirigían hacía algún lugar y es menos probable cuando abandonan el cuerpo en un lugar público. Parece ser que influye más el lugar de contacto primario que el lugar de abandono, ya que si por ejemplo se captura a la víctima mientras hace autostop esto dificultaría la investigación debido a que no se conocería su ubicación exacta ni el momento en el que se produjo. Esto se correspondería con la tipología de delincuente geográficamente móvil de Holmes y DeBurger.

En relación a los agresores se planteó que aquellos que tenían condenas anteriores tomaran medidas para retrasar la aparición del cadáver. Esto no se pudo confirmar ya que la única variable que se confirmó es que era más probable que estuviera casado. Esto está en línea con la literatura preexistente que afirma que los asesinos organizados son más estables y tienen más posibilidades de vivir en pareja.

Por último, en relación a las características de la víctima se hipotetizó que aquellas que fuera marginales se tardaría más de 48 horas en recuperar el cuerpo. Esto no puedo establecerse, ya que la única característica que parece relacionada era la edad de la víctima. Los resultados muestran que víctimas más jóvenes tienen menos probabilidades de ser encontradas después de las primeras 48 horas.

Estos hallazgos pueden ayudar en los casos de desapariciones donde se sospeche que puede haber detrás un posible delito. En los casos donde el cuerpo no se haya encontrado en 48 horas, los esfuerzos deberán centrarse en buscar cuerpos ocultos. También pueden ayudar a dar prioridad a sospechosos en los casos donde el cuerpo no haya aparecido en las primeras 48 horas, donde se recomienda que se centren en sospechosos casados.

Patrones de homicidios y asociación con psicopatología de los delincuentes. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “The patterns of homicide offence characteristics and their associations with offender psychopathology” de Abreu, Dickson, Barker, Flynn, Ibrahim y Shaw; en él nos hablan de la posible relación entre la psicopatología del autor con patrones concretos en los homicidios.

El objetivo de perfilar es poder inferir características del delicuente basándose en los detalles de la escena del crimen y de la víctima. Hay tres enfoques: el primero de ellos, el de investigación criminal se basa en la experiencia que tenga la persona a cargo de realizar el perfil. Otro de los métodos es el estadístico científico que se basa en el análisis multivariado de la información de la escena para inferir características de los delincuentes y de los procesos psicológicos. Y por último, está el del profesional clínico. Estos enfoques ayudan tanto a priorizar sospechosos como a la vinculación del crimen y a la evaluación del riesgo de los delincuentes en entornos clínicos.

En el estudio actual se van a usar datos de la escena del crimen como características propias del delito que se han identificado previamente como útiles para predecir información sobre el delincuente.

Los estudios previos demostraron que los homicidas con enfermedad mental tienen menos posibilidades de que la víctima sea un extraño, suelen tener más edad y un historial más problemático. También se descubrió que este tipo de agresores tiene características propias. Los esquizofrénicos y las personas que sufren psicosis utilizan más los instrumentos afilados. Generalmente las personas con esquizofrenia tenían más posibilidades de apuñalar a un miembro de su familia. Las personas con trastornos afectivos utilizaban más el método de estrangulación/asfixia.

En la literatura existente hasta ahora hay tres limitaciones principales a la hora de analizar los homicidios y su relación con la psicopatología. La primera de ellas es que suelen utilizar muestras pequeñas y no tienen en cuenta la enfermedad mental de los delincuentes. En segundo lugar, lo que sí que tienen en cuenta la enfermedad mental se centran en relacionar al agresor con el crimen y no tienen en consideración el contexto dinámico del homicidio. Por último, los datos suelen ser extraídos de informes policiales donde puede ser que no consten todos los datos relacionados con la enfermedad mental.

Los objetivos del presente estudio son dos: el primero es ver si la estructura de las características del hecho puede ser interpretada de una manera útil para la investigación de homicidios. El segundo es identificar patrones y enfermedades psiquiátricas en los agresores antes de cometer el hecho. En este sentido, basándose en la literatura preexistente se hace la hipótesis de que las personas con esquizofrenia están asociados a homicidios domésticos contra parientes sanguíneos cometidos con un instrumento afilado, en el caso del trastorno bipolar será cometido por estrangulación/asfixia contra un miembro de la familia o su pareja. En relación a la depresión, será el homicidio del hijo por medio de ahogamiento/asfixia.

Para comprobar estas hipótesis se analizó una muestra de 759 agresores en Inglaterra y Gales que habían tenido contacto con los servicios de salud mental 12 meses antes de la agresión y que el tribunal había pedido una evaluación. Algunas características de la muestra era que 685 son hombres mientras que 123 son mujeres. En el 97% de los casos hubo una sola víctima, en el 2% de los casos hubo dos víctimas y en 1% hubo tres o más. En relación a las víctimas, un 59% eran hombres y un 41% mujeres con una edad media de 42 años.

Se seleccionaron cuatro características en relación al homicidio que fueron señaladas como útiles para predecir la información del agresor: edad de la víctima, género de la víctima, principal circunstancia de la agresión y método del homicidio.

Se descubrieron tres patrones principalmente:

  1. Patrón de homicidio masculino con conflicto: en este caso la víctima eran hombres jóvenes de entre 15 a 24 años de edad que murieron a causa de patadas o golpes y el motivo fue una pelea o discusión.
  2. Patrón de homicidio femenino íntimo: la víctima era una mujer mayor de 55 años. La causa de la muerte era la estrangulación y el motivo una disputa doméstica o un acto irracional.
  3. Patrón de homicidio infantil: en este caso la víctima era un niño desde recién nacido hasta los 14 años, la causa de la muerte era ahogamiento o asfixia y el motivo principal era el maltrato infantil.

En relación a los trastornos psiquiátricos se estableció que la “dependencia al alcohol”, la “dependencia a la droga” y los “trastornos de personalidad” estaban más relacionado con el primer patrón comentado. El diagnóstico de “esquizofrenia u otros trastornos delirantes” guardaba más relación con el segundo patrón. Por último, el diagnóstico de “enfermedad depresiva” y “trastorno bipolar” guardaban más relación con el tercer patrón. El diagnóstico psiquiátrico “otro/desconocido” no se pudo relacionar con ningún patrón concreto, esto es probable que se deba a que dentro de esta denominación hay siete patologías diferentes y por tanto sea demasiado inespecífica como para producir una relación.

El análisis multivariado ha demostrado por primera vez que las características de los homicidios se pueden separar en patrones que puede ser útiles al evaluar la escena del crimen, asociando cada patrón a un posible diagnóstico de trastorno psiquiátrico.

Si se ponen en relación los resultados con estudios anteriores se puede ver que el primer patrón identificado concuerda con los estudios que dicen que las peleas y discusiones son precursores del homicidio en personas con trastorno de personalidad o dependencia al alcohol. Al igual que estudios previos demostraron la relación entre trastorno de personalidad y el uso de patadas y golpes como método de agresión en el homicidio, y que las personas con este trastorno tienen más opciones de matar a un conocido.

En relación a la esquizofrenia, los estudios anteriores decían que estaba relacionada con el uso de instrumentos afilados. En el presente estudio no se pudo establecer dicha relación, ya que se relacionó con la estrangulación según el segundo patrón. Lo que sí que se puedo relacionar con estudios previos es que en la estrangulación hasta el 75% de las víctimas eran mujeres, lo que concuerda con los datos obtenidos.

En lo que respecta al tercer patrón es coincidente en lo relativo a la depresión, ya que estudios anteriores concluían que los niños tienen alto riesgo de ser víctimas de un autor deprimido. Lo que no coincidió con lo anterior es lo referente al trastorno bipolar que estaría más relacionado con el homicidio difuso. Una posible explicación para esto es que los homicidios cometidos por personas que sufren dicho trastorno se dan más durante la fase de depresión que durante la maníaca y por eso hay más coincidencias en el tipo de homicidio con el trastorno depresivo.

Si bien es cierto que las personas con enfermedades mentales no suelen cometer muchos homicidios, estos patrones que se han conseguido realizar pueden ser de utilidad a los investigadores.

Relación entre rapport e información obtenida en las entrevistas con sospechosos. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “No rapport, no comment: The relationship between rapport and communication during investigative interviews with suspects” de Collins y Carthy; en él estudian la relación entre el vínculo con el sospechoso y la información relevante que aporta para la investigación.

El rapport o la relación que se crea durante una entrevista es de vital importancia para que la misma se desarrolle de una manera óptima. A pesar de que ha sido seleccionado como uno de los elementos más importantes a la hora de llevar a cabo una entrevista hasta la fecha hay poca investigación empírica que lo relacione con la información extraída.

Lo primero que hay que hacer es medir la relación, para ello hay que identificar una gama de componentes de comunicación adecuados y ver si están presentes y si influyen en la cantidad que se obtiene de información relevante.

En el contexto de la investigación el fin de la entrevista es conseguir el mayor número de datos verídicos relacionados con la misma y se intentan obtener de personas que no siempre pueden querer proporcionarlos, por tanto, el rapport no sería tanto tener una relación cálida y cercana con la otra persona como en la entrevista terapéutica sino conseguir llegar a un “acuerdo operacional” donde el entrevistador y la fuente tienen una relación productiva basada en la cooperación y el respeto.

El rapport ha sido estudiado comparando diferentes estilos de entrevista. El estilo humanitario produjo un recuerdo superior, más información central y periférica que el enfoque dominante. Otro estudio evaluó el rapport establecido con testigos oculares adultos utilizando la entrevista cognitiva. Las técnicas que se incluían eran el uso de conversaciones breves, la divulgación de información personal y el empleo de estímulos. No se pudo establecer una relación directa con el rapport y un aumento de la información revelada, aunque parece que los participantes recordaron información menos inexacta y fueron más resistentes a la información errónea posterior al hecho.

En el presente estudio se utilizaron entrevistas con agresores sexuales, donde el rapport es de mayor importancia por varias razones. Normalmente este tipo de agresores minimizan y distorsionan la naturaleza y la severidad de sus crímenes. Si la víctima es un niño se origina una gran respuesta por parte de la sociedad y conlleva un gran estigma social. Además, los investigadores tienen actitudes más negativas hacía estos agresores y esto tiene un impacto en la calidad de la entrevista. Esto generalmente lleva a que dichos sujetos sean menos cooperativos y aporten menos información.

Se basó en el modelo de comportamiento de comunicación de Tickle- Degnen y Rosenthal (1990) para seleccionar varios componentes de la comunicación verbal que encajan en los tres componentes que señalaron los autores como influyentes a la hora de mantener un buen rapport: positividad, atención mutua y coordinación.  La atención mutua está presente cuando los participantes están enfocados e interesados entre sí. La positividad es cuando la naturaleza amigable de la interacción proporciona resultados efectivos y prácticos a los participantes. La coordinación ocurre cuando los participantes cooperan entre sí.

Además, se examinó la relación entre el rapport y el aporte de información relevante para la investigación. Se buscaba ver qué componentes son más frecuentes y su relación con la información, al igual que comprobar cómo varía dependiendo del momento de la entrevista en el que se presente.

Se analizaron 82 transcripciones de entrevistas con sospechosos. Los criterios de inclusión fueron que todos los sospechosos tenían que estar investigados por posesión y distribución de pornografía infantil y los investigadores tenían que estar en posesión del PIP (Programa de Investigación de Profesionalización del Reino Unido) nivel 2, y todos tenían que ser casos cerrados. Los investigadores fueron 20 (tres mujeres y 17 hombres). Las entrevistas tuvieron lugar entre 2008 y 2011, como requisito los abogados de los investigados tenían que estar presentes. La duración de las mismas fue de entre 15 a 141 minutos siendo la media de 45 minutos.

La hipótesis es que a mejor rapport mayor cantidad de información relevante sería revelada. Los hallazgos que se obtuvieron apoyan esta hipótesis.

Se obtuvieron diferencias de frecuencia, siendo la atención la que más veces se presentó, seguida de la coordinación y por último la positividad. Esto se puede explicar debido a que uno de los puntos donde más insiste el modelo de entrevista PEACE, que es el utilizado por los investigadores, es en la importancia de la escucha activa. También puede explicarse porque en este tipo de crímenes los investigadores se ven muy presionado por obtener buenas pruebas y los acusados prestan especial atención debido a que la entrevista marcará su futuro, como hombres libres o culpables.

En cuanto a la coordinación es importante resaltar que el tomarse un tiempo en explicar como se va a desarrollar la entrevista, que se familiaricen con el entorno donde se realiza y demás aspectos favorecen la comunicación con el entrevistado y aumenta el número de información que aportan.

La positividad fue el componente menos usado. Se correlacionó de forma marginal y negativa con la información, soló cuando se presentaba al final de la entrevista, ya que tanto al comienzo como hacia la mitad no se encontró ningún tipo de relación. Esto puede ser explicado porque este tipo de entrevista no sea un tipo donde pueda plantearse en buenas condiciones la positividad como podría hacerse en las entrevistas terapéuticas. Sería mejor basarla en una consideración neutral con una interacción respetuosa como señala el modelo PEACE.

En cuanto al momento temporal casi todos los comportamientos relacionados con el rapport se daban al inicio de la entrevista, lo que concuerda con las instrucciones que se dan en el modelo PEACE. Sin embargo, aunque casi todos los esfuerzos se hacían en la fase inicial, la información que se aportaba en esta fase por parte del entrevistado era escasa ya que, en ese momento, generalmente, están escuchando las normas y se muestran todavía a la defensiva, por ello es importante mantener el buen rapport durante toda la entrevista. La atención se mantuvo en los mismos niveles durante toda la entrevista, mientras que la coordinación tiene un mayor peso al principio de la misma para disminuir y mantenerse estable a lo largo de la fase media y final. Sin embargo, solo se correlacionó con un mayor número de información en la fase media y final. Esto puede deberse a que es el elemento que más tiempo tarda en establecerse.

Por todo ello, se recomienda que se haga un esfuerzo en mantener un buen rapport durante toda la entrevista si se quiere obtener una mayor cantidad de información de calidad.

« Siguientes entradas