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Mes: junio 2018

La importancia de motivar a los jóvenes en prisión para mejorar su comportamiento. Resultados de la herramienta PACI-O-YPV. Club Ciencias Forenses

Como continuación del anterior artículo,  presentamos el resumen del experimento presentado en el artículo “Motivating young people in prison to improve behaviour” de Susan Jearney y Joselyn Lizal. En este experimento se comprueba si la aplicación del PACI-O-YPV en jóvenes es capaz de aplicar un efecto motivacional en los jóvenes que influya en su comportamiento y ausencia de reincidencia posterior. 

En las prisiones, el estado del régimen de prisionero está sujeto a cambios en gran medida de acuerdo con los comportamientos positivos y negativos del preso. Estos comportamientos se registran en la hoja de registro de la prisión por oficiales correccionales y otras disciplinas que tienen información sobre la atención de las personas, como psicólogos y trabajadores sociales. Estas entradas positivas y negativas proporcionan al personal un indicador cuantitativo de la actitud y el comportamiento del preso. Para realizar este experimento, en el que se empleó el SWLS y el PACI-O (más concretamente el PACI-O-YV, una versión para jóvenes como explicaremos un poco más adelante), el estado del régimen de los participantes se registró al comienzo del período experimental y nuevamente al final, lo que permite la comparación de los estándares de comportamiento y la medición de la mejoría. A cada estado de régimen se le asignó un valor numérico para fines de análisis: bronce, plata, y oro. (Volvemos a recordar que respetamos las variables asignadas en el artículo resumido, si bien la correspondencia en el Sistema Penitenciario Español de los estados de régimen serían el primer, segundo o tercer grado). Además de registrar el estado del régimen al comienzo y al final del período experimental, se decidió calcular una medida que reflejaría el estado conductual promedio del individuo durante el período experimental. Por lo tanto, los registros semanales (o quincenales) del estado del régimen de los participantes se sumaron y se dividieron por cuatro para calcular la media del régimen para el período experimental.

Para realizar el expertimento, todos los participantes fueron informados de la naturaleza del estudio y dieron su consentimiento por escrito. Un total de 18 jóvenes presos participaron en la investigación, con nueve participantes en cada condición (experimental y de control). Se realizó un grupo de enfoque para evaluar la idoneidad y relevancia de PACI-O para su uso con esta población. Los jóvenes presos fueron invitados a una sesión de grupo en la que se les pidió que discutieran sus metas / aspiraciones actuales y problemas / inquietudes. Las seis áreas de vida se discutieron a su vez y los comentarios de los jóvenes se mapearon en el formato PACI-O existente. Una zona de vida adicional que fue identificada por el joven fue la tecnología que posteriormente se agregó al PACI-O que, en consecuencia, se conoció como PACI-O – Versión para jóvenes (en adelante se nombrará como PACI-O-YV).

En la primera parte del experimento (que entenderemos como “tiempo 1”) se registró el estado del régimen para los participantes en los grupos experimentales y de control, junto con los puntajes del SWLS. El PACI-O-YPV se administró al grupo experimental. El investigador leyó la página de instrucciones de la entrevista que proporcionó a los participantes una explicación estandarizada. Cada una de las ahora siete secciones de la entrevista se discutió a su vez con imágenes visualmente estimulantes que acompañan a cada área de la vida. El joven preso estaba obligado a identificar cualquier inquietud o aspiración en áreas de vida individuales, de ser relevante. A cada joven preso se le pidió que calificara su respuesta en cada uno de los índices de calificación PACI-O en relación con la preocupación o aspiración particular identificada. A los participantes se les preguntó cómo estar en prisión o reincidir en el futuro los ayudaría a alcanzar sus metas o resolver sus problemas y qué obstáculos se encontraban en el camino para alcanzar los objetivos. Una vez que se cubrieron todas las áreas de la vida, se envió un resumen verbal de la información proporcionada al joven para garantizar la precisión. Todas las entrevistas fueron supervisadas por el psicólogo forense interno en formación, quien informó a los participantes sobre la finalización.

En la segunda parte del experimento (que entenderemos como “tiempo 2”), un mes después de la entrevista inicial, el investigador documentó el estado actual del régimen de los participantes junto con todas las fluctuaciones, a fin de calcular la media del régimen para el período experimental. El investigador administró nuevamente el SWLS a grupos experimentales y de control. Los resultados fueron los siguientes:

En cuanto al estado del régimen, tanto la media experimental como la del grupo de control fueron idénticas en el tiempo 1 (media = 2, SD, 0,87) debido a la selección de la muestra, es decir, tres participantes de bronce, tres de plata y tres de oro en cada condición. En la segunda parte del experimento (un mes después), se muestra una mejoría estadísticamente significativa en el estado del régimen para el grupo experimental de los Tiempos 1 a 2. Mientras que el estado del régimen del grupo de control mejoró, pero no fue estadísticamente significativo.

Sobre la satisfacción con la escala de la vida (SWLS), las puntuaciones medias SWLS aumentaron en el grupo experimental de 18.56 (DE, 5.12) a 19.56 (DE, 3.29) en comparación con el grupo control cuyas puntuaciones disminuyeron durante el período experimental de 18.00 (DE, 5.61) a 17.67 (DE, 5.43).

Todos los cambios en el estado del régimen para YP se documentaron a lo largo del período de prueba del mes. Se calculó un puntaje promedio para representar el comportamiento para reflejar un desempeño general durante todo el período experimental. La media del régimen para el grupo experimental (M = 2.23, SD, 0.82) fue menor que la media del régimen para el grupo control (M = 2.30, SD, 0.61). Sin embargo, no hubo una diferencia significativa entre la puntuación media del régimen experimental y del grupo de control (p> 0.05). El régimen significa una correlación negativa con las entradas negativas (p <0.01) y correlacionó positivamente con las entradas positivas (p <0.05) como se esperaría ya que estas medidas son influyentes en la decisión del estado del régimen.

Por tanto, resumimos que si bien el estado del régimen en el grupo experimental fue mayor que el grupo de control al final del período de prueba, la media del régimen (la medida que refleja el comportamiento a lo largo del período de prueba) fue menor en el grupo experimental. Esto indicó que en algún momento entre los tiempos 1 y 2 el comportamiento en el grupo experimental cayó por debajo del grupo de control, antes de alcanzar un estado general más alto al final del estudio. Se hipotetiza que los participantes que participaron en el PACI-O-YPV pueden haber sido sensibles a un período de desilusión, por el cual los objetivos se identificaron y aparecieron, inicialmente al menos, como imposibles de obtener (debido a la encarcelación) que dieron como resultado un comportamiento inadaptado. Puede ser entonces que los jóvenes presos necesiten un cierto período de tiempo para asimilar todos los componentes positivos del PACI-O-YPV a fin de dirigir el comportamiento en una dirección significativa hacia la consecución de sus objetivos.

Con estos resultados se podría entender que la aplicación del PACI-O-YPV no ha sido del todo eficaz. Sin embargo hay que tener varios elementos en cuenta, siendo tal vez los más importantes el hecho de que en este experimento la muestra era de tan solo 18 jóvenes (una muestra demasiado pequeña para poder generalizar los resultados), y el hecho de que todos los que participaron y aplicaron el PCI-O-YPV desarrollaron una serie de motivaciones necesarias y vinculadas directamente con un comportamiento rehabilitador, siendo esto lo suficientemente importante como para poder destacar la validez de la herramienta, como explicaremos a continuación.

Los resultados presentados indican que el PACI-O-YPV puede ser una herramienta motivacional efectiva para su uso dentro de esta población; Sin embargo, se necesita más investigación para establecer esto con confianza. Los resultados apoyan la investigación previa con intervenciones basadas en objetivos, que ha sugerido que tienen éxito en mejorar la motivación de las poblaciones de delincuentes. El PACI -O-YPV podría utilizarse de varias maneras; ya sea como un potenciador de la motivación previo al tratamiento o como un componente fundamental de los programas de tratamiento como una estrategia con la que mantener un nivel adecuado de motivación en todo momento.

Una fortaleza particular del PACI-O-YPV es su enfoque centrado en el joven; como se mencionó anteriormente, el proceso permite a los delincuentes generar sus propios objetivos en lugar de conformarse con los objetivos preestablecidos por el terapeuta para el tratamiento. El joven preso participante en este estudio respondió bien a este estilo de entrevista individualista. Todos los presos en el grupo experimental se involucraron bien con el proceso e identificaron fácilmente las aspiraciones e inquietudes constructivas. Una fortaleza adicional es su modo de entrega uno-a-uno. Muchos programas de tratamiento e intervenciones para delincuentes se basan en grupos y es posible que a los internos no les guste este método, se sientan intimidados o simplemente no puedan participar en un proceso que no sienten que tenga un significado personal. Es posible que el PACI-O-YPV mejore la motivación al utilizar un proceso que los internos sienten que tiene relevancia personal para ellos.

En conclusión, la adaptación del PACI-O al PACI-O-YPV y sus primeros indicadores positivos deben ser vistos con optimismo ya que la falta de motivación dentro de esta población es una importante preocupación. Los resultados de la aplicación del PACI-O-YPV deberían incluir una mejor conducta mientras están encarcelados y una menor reincidencia, como resultado de la motivación hacia el cambio mediante la identificación de objetivos de vida positivos, en consonancia con la rehabilitación de delincuentes.

La importancia de motivar a los jóvenes en prisión para mejorar su comportamiento. Club Ciencias Forenses

Uno de los mayores desafíos que enfrentan los profesionales de los centros penitenciarios es motivar a los delincuentes a participar en el tratamiento correspondiente, y posiblemente uno de los grupos más difíciles de convencer para cumplir con los regímenes penitenciarios son los jóvenes en prisión de entre 15 y 17 años. Si bien se ha investigado el interés en la motivación por el tratamiento de los delincuentes adultos, se ha prestado poca atención a la motivación en los menores encarcelados. Por ello, a continuación presentamos el resumen del artículo “Motivating young people in prison to improve behaviour” de Susan Jearney y Joselyn Lizal, en donde explican la adaptación de la herramienta existente de mejora motivacional para adultos: el Inventario de Inquietudes y Aspiración Personal para Delincuentes (PACI-O), para usar con una población joven y explorar el efecto motivacional del PACI-O- YPV (versión para jóvenes) en jóvenes.

Antes de continuar el resumen del presente artículo es necesario recordar a los lectores de España que las Instituciones Penitenciarias ofrecen tratamientos individualizados a los presos en función no solo del delito cometido sino de la personalidad y necesidades del delincuente, por lo que la información recogida en este artículo relativo al programa PACI-O se recoge como una fuente alternativa de información relativa a este programa (como muchos otros que existen en diferentes países), con independencia de los programas de tratamiento utilizados en España o en otros lugares.

Los jóvenes cometen una cantidad significativa de crímenes, y la alta prevalencia de conductas delincuentes en la adolescencia está bien documentada. De hecho, la curva del delito por edad en la que el comportamiento delictivo aumenta rápidamente en la adolescencia temprana es uno de los temas más conocidos en la criminología.

Las estadísticas del Ministerio del Interior sugieren que la edad media para delinquir ocurre entre las edades de 16 y 17 años en hombres jóvenes. Una intervención exitosa en esta etapa podría evitar carreras criminales de por vida y por lo tanto hace que la participación terapéutica temprana con esta población sea esencial. Sin embargo, uno de los mayores desafíos es la falta de motivación de los delincuentes para participar en actividades penitenciarias en general y programas de tratamiento en particular. La importancia de mantener la motivación durante cualquier intervención para los delincuentes es crítica, ya que la finalización del programa está asociada con una menor reincidencia. Por el contrario, la falta de cumplimiento del tratamiento se ha asociado con una mayor reincidencia, lo que coloca a algunos delincuentes en mayor riesgo de reincidencia que los controles no tratados.

Por todo esto es fundamental comprender, evaluar y mejorar la motivación utilizando una perspectiva de objetivos. Las personas naturalmente se esfuerzan por alcanzar objetivos que son intrínsecamente gratificantes, promueven el bienestar y construyen un sentido de propósito en sus vidas.  Si bien hay que tener en cuenta los factores de riesgo dinámicos como una base fundamental para los programas de tratamiento, es importante incorporar procesos diseñados para proporcionar a las personas habilidades relevantes que les ayuden a alcanzar sus objetivos y “bienes humanos primarios”. La construcción de los Bienes Humanos Primarios se describe como las cosas, estados de ánimo, características personales, actividades o experiencias buscadas por sí mismas y que probablemente aumenten el bienestar psicológico si se logran. Además, los “bienes secundarios” podrían describirse como el medio a través del cual los individuos obtienen o se esfuerzan por obtener sus bienes humanos primarios, como el trabajo o las relaciones.

El Programa PACI-O se basa precisamente en el acercamiento a esos bienes humanos primarios y esos objetivos del sujeto, es decir, busca potenciar la motivación del preso. Además de una medida de motivación, el PACI-O ha revelado el potencial como un procedimiento motivacional en sí mismo, ya que la motivación puede mejorarse a medida que el proceso de entrevista utiliza objetivos individualistas en lugar de objetivos preconcebidos; los delincuentes han respondido positivamente al PACI-O, ya que afirman que les ha ayudado a descomponer lo que parecían ser problemas insuperables en objetivos manejables más pequeños, ayudándoles a sentirse más capaces de cambiar. Hasta hace poco, el PACI-O y sus predecesores solo se habían probado con delincuentes adultos. Por lo tanto, el objetivo de este estudio fue examinar si el PACI-O ayudaría a motivar a jóvenes condenados a mejorar el comportamiento institucional y mejorar el bienestar general. Por lo tanto, la hipótesis es que los jóvenes que participen en la entrevista PACI-O mostrarán un comportamiento mejorado evidenciado a través del esquema de recompensas y sanciones y un mejor bienestar, medido por una satisfacción con la escala de vida.

Para comprobarlo, los autores contaron con 18 participantes, todos hombres jóvenes tanto sentenciados como en prisión preventiva en una Unidad de Personas Jóvenes en el Reino Unido, todas con edades comprendidas entre 16 y 17 años. Se excluyó a los jóvenes menores de 16 años, ya que por ley no podían proporcionar un consentimiento informado independiente. Nueve participantes fueron asignados a cada una de las dos condiciones, experimental y control. Con el fin de obtener una muestra representativa de las normas de comportamiento, los participantes fueron reclutados en todo el rango de regímenes penitenciarios. El régimen del régimen penitenciario interno funciona en el formato de estado de régimen de oro, plata o bronce (recordamos de nuevo que no estamos hablando de centros penitenciarios españoles, cuyo régimen es diferente). A cada joven se le asigna un estatus plateado al ingresar a la unidad y, mediante un comportamiento bueno o malo, puede subir o bajar de la escala recibiendo o perdiendo beneficios, que incluyen tiempo de asociación, dinero o acceso al gimnasio. Tres participantes en el básico (bronce), tres en el estándar (plata) y tres en el régimen mejorado (oro) fueron seleccionados para cada condición, haciendo seis en total para cada estado de régimen (3 control y 3 experimental en cada grupo).

El PACI-O es una entrevista semiestructurada realizada en forma individualizada. Requiere que los encuestados consideren las aspiraciones y los objetivos en diferentes áreas de vida. Tiene ocho índices de calificación, dos preguntas categóricas y una sección sobre los obstáculos para el logro de los objetivos. Aunque el PACIO se ha desarrollado como una evaluación de la motivación para el compromiso y el cambio de comportamiento, Campbell y otros han sugerido que puede tener utilidad como una breve intervención motivacional. Algunas de las razones para esto son las siguientes:

Facilita la consideración de los costos-beneficios de la reincidencia contra los objetivos de la vida; ayuda al encuestado a considerar los obstáculos al logro de los objetivos; y proporciona un enfoque individualizado para la evaluación. Todos los asuntos que argumentan son consideraciones importantes desde una perspectiva terapéutica.

Además del PACI-O, existe otra herramienta capaz de evaluar y trabajar con la motivación del sujeto. La “escala de satisfacción con la vida” (conocido como “SWLS”) es una escala de cinco elementos diseñada para evaluar la satisfacción con la vida como un todo. El SWLS es una escala ampliamente utilizada para la medición del bienestar subjetivo y tiene una gran cantidad de evidencia que demuestra su fiabilidad y validez. Además de demostrar una buena estabilidad temporal, el SWLS ha mostrado suficiente sensibilidad como para ser una medida valiosa adecuada para detectar cambios en la satisfacción con la vida durante el curso de la intervención clínica.

Contando por tanto con PACI-O y SWLS ¿cómo se pudo evaluar la modificación de comportamiento y motivación de los jóvenes? Lo explicamos detalladamente en el siguiente artículo.

La influencia del entrevistador en la precisión de las respuestas de los niños. Club de Ciencias Forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Effects of interviewer behavior on accuracy of children’s responses” de Jessica Sparling, David Wilder, Megan Boyle y Jennifer Kondash,  en donde explican como influye el comportamiento del entrevistador en la precisión de las respuestas de los niños.

La evaluación de la precisión de los informes de los niños se ha convertido en un tema importante de estudio. Algunas investigaciones sobre entrevistas con niños se han centrado en cómo la conducta del entrevistador influye en la declaración de los niños. Diferentes investigadores sugirieron que las entrevistas impropias tienen el potencial de evocar información falsa de los niños y describieron cuatro amplias categorías de técnicas inadecuadas de entrevista: preguntas sugestivas (por ejemplo, preguntando “¿La tocó de forma íntima?” cuando un niño ha reconocido ser tocado pero no ha mencionado ningún toque inapropiado), influencia (por ej., decirle al niño lo que ha dicho o ha visto sobre un tema), refuerzo y castigo (es decir, la entrega de declaraciones de aprobación y desaprobación dependientes de un informe del niño), y la eliminación de la experiencia directa (por ejemplo, invitar a un niño a especular sobre lo que pudo haber ocurrido).

Se examinaron los efectos de las preguntas sugestivas, la información de vacilación, las declaraciones de aprobación y desaprobación, y la solicitud (es decir, la presentación de una pregunta después de una respuesta inicial) sobre la precisión de los niños en las entrevistas. Los niños estuvieron expuestos a las cinco técnicas anteriores o solo a preguntas sugestivas durante las entrevistas sobre la visita. Los niños expuestos a las cinco técnicas de entrevista tenían más probabilidades de responder preguntas de forma incorrecta; sin embargo, no fue posible determinar cuál de las cinco técnicas tuvo el mayor efecto en la respuesta de los niños. En un estudio de seguimiento, se examinaron los efectos de las declaraciones aprobadas, la información de la actitud agresiva y el cuestionamiento sugestivo sobre la precisión de los niños. Los niños respondieron incorrectamente con mayor frecuencia cuando el entrevistador entregó declaraciones aprobadas supeditadas a que el niño proporcionara información inexacta.

Para el experimento participaron tres niños: Matthew (4 años), Owen (5 años) y Abby (8 años). Todos los niños tenían habilidades lingüísticas apropiadas para su edad, no tenían discapacidades o diagnósticos psiquiátricos, y estaban en clases de educación general en sus escuelas. Todas las sesiones se llevaron a cabo en una universidad en una sala que contenía un ordenador (para mirar videos) y una mesa y dos sillas. Los videos se obtuvieron de varios recursos en línea y consistieron en clips de dibujos animados para niños (por ejemplo, Scooby Doo) de 3 a 5 minutos de duración. Hasta 20 preguntas y respuestas correctas correspondientes basadas en eventos en cada video fueron preparadas por adelantado. Los videos fueron asignados aleatoriamente a las diversas condiciones de los estudios; es decir, cada video tenía la misma probabilidad de ser utilizado en cada condición de cada estudio. Para garantizar que la exposición repetida a un video no afectara la respuesta, los participantes vieron cada video solo una vez.

La variable dependiente fue la precisión de las respuestas de los participantes a las preguntas del entrevistador. Los participantes fueron entrevistados en sesiones que tuvieron lugar durante varios días. Las respuestas precisas se definieron como respuestas “sí” o “no” a una pregunta que requería la respuesta correspondiente. Las respuestas inexactas se definieron como una respuesta “sí” o “no” a una pregunta para la cual la respuesta opuesta sería apropiada. Si un participante respondió “No sé” a una pregunta, esa pregunta y respuesta se excluyeron del análisis (se excluyeron de una a dos preguntas por sesión). En el Experimento 1, el refuerzo se definió diciendo “bueno” y sonriendo. El castigo se definió diciendo “eso no está bien” y frunciendo el ceño. Una respuesta neutral se definió como un asentimiento rápido y decir “bien” sin inflexión vocal. Las preguntas generales, que se usaron en ambos experimentos, se definieron como preguntas afirmativas o negativas que contenían información sobre eventos en los videos (por ejemplo, preguntando si Scooby Doo se había caído). En el Experimento 2, las preguntas sugestivas se definieron como preguntas afirmativas o negativas que contenían información sobre eventos que no ocurrieron en los videos (por ejemplo, preguntando “¿No cayó Scooby?” Cuando no lo hizo). La información de co-testigo se definió como una pregunta precedida por la frase “Alguien me dijo que…”.

Al comienzo del Experimento 1, se les dijo a los participantes que miraran de cerca todos los videos porque les harían algunas preguntas. Para cada sesión, a los participantes se les mostró el video (descrito anteriormente) y posteriormente fueron entrevistados por el experimentador. Las entrevistas fueron precedidas por la dirección “Voy a hacerle algunas preguntas. Responda ‘sí’ o ‘no’ y hágalo lo mejor que pueda”. Se implementaron cuatro condiciones diferentes: control, refuerzo para respuestas imprecisas, castigo por respuestas precisas y refuerzo más castigo. El entrevistador, que era la misma persona en ambos experimentos, llevaba una camisa de diferente color para cada condición para ayudar a los participantes a discriminar entre las condiciones.

Se hicieron preguntas generales durante todas las condiciones, con un total de 12 preguntas por sesión para Matthew y Abby (debido a limitaciones de tiempo) y 20 preguntas por sesión para Owen. En la condición de control, se entregó refuerzo para cada respuesta, independientemente de la precisión de la respuesta. Por lo tanto, uno esperaría ver niveles más bajos (pero no inexistentes) de respuestas inexactas en esta condición que en las otras condiciones. En el refuerzo para las condiciones de respuesta imprecisas, todas las respuestas precisas fueron seguidas por una respuesta neutral y las respuestas inexactas fueron seguidas por el refuerzo, como se definió anteriormente. En el castigo por la condición de respuesta precisa, todas las respuestas precisas fueron seguidas por el castigo, como se definió anteriormente; las respuestas inexactas fueron seguidas por una respuesta neutral, como se definió anteriormente. En el refuerzo más las condiciones de castigo, el refuerzo se entregó dependiendo de respuestas inexactas y el castigo se aplicó a respuestas precisas.

En cuanto a los resultados del Experimento 1 los niveles más altos de inexactitud ocurrieron durante el refuerzo y las condiciones de castigo para todos los participantes. Además, la condición de control produjo niveles relativamente bajos de inexactitud para todos los participantes. Matthew respondió incorrectamente a una media de 33% (rango, 8% a 50%) de las preguntas en la condición de refuerzo y castigo y una media de 8% (rango, 0% a 17%) de las preguntas en la condición de control. Owen respondió incorrectamente a una media del 53% (rango, 37% a 65%) de las preguntas en el refuerzo más las condiciones de castigo, y una media del 20% (rango, 10% a 39%) de las preguntas en la condición de control. Abby respondió inexactamente a una media de 58% (rango, 25% a 92%) de las preguntas en la condición de refuerzo más castigo y una media de 17% (rango, 8% a 25%) de las preguntas en la condición de control.

Estos resultados sugieren que ambos antecedentes (es decir, la estructura de las preguntas) y las consecuencias (es decir, el refuerzo y el castigo) pueden influir en la precisión de la respuesta de los niños a las preguntas de un entrevistador. Además, la respuesta diferencial observada entre los participantes sugiere que algunos niños pueden ser más o menos sensibles a técnicas específicas de entrevistador. Esto es importante porque la mayoría de los estudios previos sobre este tema no se han llevado a cabo de una manera que permita dicho análisis. Finalmente, en estudios previos, ni el cuestionamiento sugestivo ni el suministro de información sobre la agresividad aumentaron sustancialmente la imprecisión. En contraste, los resultados del presente estudio sugieren que estas dos técnicas pueden aumentar la imprecisión en algunos niños. Las diferencias metodológicas entre el estudio actual y la investigación previa pueden explicar este hallazgo.

De todos modos, los niños en este estudio tenían edades comprendidas entre 4 y 8 años. Es probable que existan algunas diferencias de desarrollo en las habilidades del lenguaje en este rango de edad que puedan afectar la precisión. De hecho, las directrices de la entrevista forense reflejan esto; las recomendaciones para los niños más pequeños requieren preguntas más específicas que para los niños mayores. La investigación futura debe investigar las diferencias adicionales relacionadas con la edad en la sensibilidad a las técnicas del entrevistador.

Los diferentes factores de delincuencia entre hombres y mujeres menores. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Battle of the sexes: The Nature of Female Delinquency” de Bruce Gross,  en donde se recoge la influencia de los factores de riesgo en la delincuencia de menores en función de los sexos.

El análisis del contenido de la cobertura periodística de la delincuencia juvenil en diferentes países como Inglaterra, Estados Unidos y Canadá muestran sorprendentes similitudes en cuanto a la forma de mostrar esta información. Los periódicos han exagerado constantemente la frecuencia y gravedad del crimen juvenil, especialmente el de los delitos violentos. La cobertura tiende a ser un extremo sesgado y ejemplos atípicos de crímenes que, si bien son perpetrados por unos pocos, son retratados como el comportamiento característico de todos los jóvenes. Tanto las noticias como los medios de entretenimiento generalmente sobreestiman las tasas de reincidencia asociadas con la delincuencia juvenil, a la vez que subestiman el rango de posibles sanciones y los castigos reales impuestos para determinados delitos.

La mayoría de los adultos confían en los informes de los medios de comunicación como vía principal de conocimiento del crimen. Como resultado de la forma en que los medios informan al público, las encuestas de opinión sobre delincuencia juvenil realizadas en varios lugares durante décadas obtienen resultados sorprendentemente similares. Consistentemente, cada generación tiende a creer que los niños y adolescentes se “comportaban mejor” aproximadamente “hace 20 años”. En esos “buenos días”, se pensó que los padres habían hecho un mejor trabajo controlando el comportamiento de sus hijos, la aplicación de la ley era más efectiva y los tribunales impusieron los castigos apropiados a los infractores juveniles. En comparación con sus creencias sobre “en aquel entonces”, cuando los “valores familiares” eran manifiestamente respetados, los encuestados creían que el crimen juvenil es ahora mucho peor y que se requieren castigos más severos para frenar el creciente problema.

Independientemente de cómo las noticias y los medios de entretenimiento presenten el crimen juvenil y la violencia, el hecho es que, en general, el crimen juvenil es menor hoy de lo que era hace años. Si bien el crimen juvenil no es peor, definitivamente es diferente de lo que era hace 20 o incluso 10 años. Quizás la diferencia más notable está en el área de la delincuencia femenina.

Históricamente, la mayoría de los arrestos juveniles han sido de hombres, sin embargo, en los últimos años el número de arrestos de adolescentes ha aumentado. Desde principios hasta mediados de la década de 1980 hasta mediados de la década de 1990, las tasas de arrestos de ambos sexos aumentaron constantemente, con una tasa masculina muy superior a la de las mujeres. A mediados o finales de la década de 1990, comenzó un cambio en el que, aunque hubo una disminución general en las tasas de arrestos tanto para chicos como para chicas, la disminución para las mujeres fue menor que para los hombres. Según informa el estudio que resumimos, en 1996 aproximadamente 2.9 millones de jóvenes fueron arrestados, el 25% de los cuales (o 723,000) eran mujeres, mientras que en 2006, el número de arrestos juveniles se redujo a aproximadamente 2.2 millones, pero la tasa de arrestos femeninos aumentó a 29% (o 641,000).

En algunas categorías específicas de delitos, la tasa de arrestos femeninos aumentó más que la masculina; en otras categorías, la tasa masculina disminuyó mientras que la de las mujeres aumentó. Entre estos años, la tasa de arrestos masculinos por asalto agravado aumentó en un 13%, mientras que la tasa de mujeres aumentó en un 94%. Durante ese mismo período, las detenciones masculinas por asalto simple se duplicaron, pero casi se cuadruplicaron para las mujeres menores de 18 años. En cuanto a los arrestos masculinos por delitos violentos, estos disminuyeron un 22%, mientras que las mujeres disminuyeron solo un 12%. En 2006, las tasas de arrestos de adolescentes varones por crímenes violentos disminuyeron en un 22%, pero solo en un 12% para las mujeres. Dentro de los crímenes violentos, las tasas de arrestos por asaltos agravados y simples disminuyeron 24% y 4% respectivamente para los hombres. Por el contrario, la tasa de arresto femenino solo disminuyó en un 10% por asalto agravado y en realidad aumentó un 19% por asalto simple. Las detenciones por crímenes con armas aumentaron un 5% para las mujeres, mientras que disminuyeron un 11% para los hombres.

Entre 1996 y 2006, las detenciones por delitos contra la propiedad disminuyeron para ambos sexos, pero más aún para los hombres. En 2006, las mujeres representaban el 32% de todos los arrestos por delitos contra la propiedad. Durante el mismo período, las detenciones de hombres por el uso indebido de drogas disminuyeron un 14%, mientras que la tasa de arrestos femeninos aumentó un 2%, y las mujeres representaron el 16% de todas esas detenciones en 2006. Las detenciones de mujeres acusadas de conducta desordenada aumentaron un 33% durante el mismo período de tiempo. En otras categorías de delitos, en 2006, las mujeres representaron el 41% de los arrestos por hurto, el 33% de los arrestos por falsificación, el 34% de los arrestos por fraude y el 45% de los arrestos por malversación.

El aumento en las tasas de arrestos para las mujeres se ha atribuido a un cambio en el comportamiento de las adolescentes y / o un cambio en cómo las fuerzas del orden responden a las adolescentes sospechosos. Los resultados de varios estudios (realizados conjuntamente con la Oficina de Justicia Juvenil y Prevención de la Delincuencia) destinados a comprender mejor la naturaleza de la delincuencia femenina determinaron que el aumento de arrestos femeninos se debe principalmente a un cambio en los patrones y procedimientos de arresto. Estos incluye umbrales reducidos para reportar y clasificar crímenes, políticas obligatorias y pro-arresto, y las prácticas de “cero tolerancia” implementadas dentro de los distritos escolares. Si bien parece que estos cambios deberían afectar a las tasas de arrestos de hombres y mujeres por igual, los cambios en los estatutos relacionados con crímenes contra la familia y los niños afectan más a las mujeres, ya que una mayor proporción de mujeres se relaciona con problemas familiares.

Si bien el mayor porcentaje de arrestos de adolescentes mujeres es por delitos contra la propiedad, una proporción cada vez mayor de mujeres están siendo arrestadas por delitos de violencia. En 2006, el 31% de los ataques juveniles fueron cometidos por mujeres; de todas las agresiones de adultos, solo el 25% fueron perpetradas por mujeres. Dentro de la categoría de agresiones, las mujeres cometieron el 31% de todos los asaltos juveniles contra conocidos y el 21% de los extraños. En las agresiones domésticas, las mujeres cometieron el 37% de esos delitos contra la familia y los niños, incluido el 41% de los ataques de los padres y el 35% de los ataques contra un niño.

Así como la tasa de arrestos de mujeres jóvenes ha aumentado, también lo ha hecho la tasa de delincuencia femenina. Entre 1985 y 2005, el número de casos de delincuencia femenina aumentó de 223.800 a 464.700, o un 108%, mientras que el número de casos de hombres aumentó solo en un 32% (de 937.700 a 1.233.200). Aunque el número de casos de delincuencia masculina excede por mucho el de las mujeres, el porcentaje de mujeres en el sistema de justicia juvenil creció significativamente más rápido. El número de casos femeninos era el 25% del de hombres en 1985, pero había crecido al 40% en el caso de los hombres en 2005. En todas las categorías de delitos, el número de mujeres superó el de los hombres cada año entre 1985 y 2005, y las áreas más importantes crecimiento en persona (por ejemplo, asalto, robo, homicidio), orden público y delitos relacionados con drogas.

Las tasas de casos de delitos contra la propiedad y las drogas tienden a aumentar según la edad de las mujeres hasta los 17 años, mientras que la tasa de delitos contra las mujeres y el orden público aumenta de forma constante hasta los 16 años, seguido de un ligero descenso. Entre 2001 y 2005, los casos de ofensas personales para mujeres entre 10 y 12 años disminuyeron en un 8%, aumentaron en un 8% para las mujeres de 13 a 15 años y aumentaron un 15% y un 16% para las mujeres de 16 y 17 años, respectivamente. Entre 1991 y 2005, la tasa de casos de delitos de drogas aumentó continuamente para las mujeres de todos los grupos de edad, incluido un aumento del 255% para las edades 10-12, 306% para los 13-15, 304% para los mayores de 16 y 281% para mujeres de 17 años. En comparación con delitos delincuenciales, entre 1995 y 2005, las ofensas femeninas (es decir, casos formalmente manejados por absentismo escolar, huida, ingobernabilidad, violaciones al toque de queda o violación a las leyes de consumo de alcohol) aumentaron un 33% (mientras que el número de casos masculinos aumentó un 25%). Durante el mismo período de tiempo, los casos de absentismo escolar femenino superaron en número a todos los demás tipos de delitos de estatus femenino.

No solo hay una diferencia en la manifestación de la delincuencia entre hombres y mujeres, sino también en su etiología y prevención. En un esfuerzo por identificar los factores internos y externos que protegen a los jóvenes de tomar malas decisiones personales e interpersonales, se realizó una encuesta en 2003 de aproximadamente 150,000 estudiantes de 202 ciudades en 27 de los Estados Unidos. El estudio reveló 40 características o factores que diferencian a los jóvenes que toman buenas decisiones de vida de aquellos cuyas elecciones son más destructivas para ellos y para otros.

Los factores se dividieron en dos categorías principales. Los activos internos incluyen “compromiso con el aprendizaje” (motivación de logro, compromiso escolar, tarea, vinculación a la escuela y lectura por placer), “valores positivos” (cuidado, igualdad y justicia social, integridad, honestidad, responsabilidad y moderación) “competencias sociales “(planificación y toma de decisiones, competencia interpersonal, competencia cultural, habilidades de resistencia y resolución pacífica de conflictos) e” identidad positiva “(poder personal, autoestima, sentido de propósito y visión positiva del futuro personal). Los factores externos incluyen “apoyo” (apoyo familiar, comunicación familiar positiva, otras relaciones adultas, vecindario solidario, clima escolar solidario y participación de los padres en la educación), “empoderamiento” (sentirse valorado por su comunidad, tener un rol útil en la comunidad, servicio a los demás y seguridad), “límites y expectativas” (familia, escuela y límites del vecindario, modelos adultos, influencia positiva de compañeros y altas expectativas) y “uso constructivo del tiempo” (3 o más horas dedicadas a actividades creativas).

El grado en que los factores estaban presentes o ausentes en la vida de un niño se relacionó con un comportamiento negativo o problemático, así como con actitudes y comportamientos positivos o pro-sociales. Cuantos más factores positivos posee un menor, es menos probable que se involucren en el consumo de drogas o alcohol, el alcohol y la conducción, o la actividad sexual ilícita. Eran menos propensos a tener problemas en el colegio, participar en conductas antisociales o comportarse violentamente. Con base en los resultados de su estudio, los investigadores determinaron que los jóvenes que poseen 3 o más factores positivos experimentaron mayor beneficio en el desarrollo psicosocial.

Se concluye por tanto que la evidencia empírica demuestra que cuanto menos factores de riesgo y más factores de protección experimentan los menores en contextos múltiples (hogar, escuela, vecindario, lugar de trabajo, programas extracurriculares, institución religiosa, con pares), más conductas positivas se promueven y realizan. Estos indicadores de “éxito de desarrollo” incluyen cosas tales como mantener una buena salud, tener éxito en el colegio, exhibir liderazgo, valorar la diversidad, superar la adversidad y una tendencia a ayudar a los demás. Por tanto, el desarrollo de un factor de protección (o la resolución o mejora de un factor de riesgo) en la vida de un menor puede tener un efecto positivo profundo y duradero.