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Mes: marzo 2019

Calidad de los informes escritos tras la entrevista a testigos. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Quality of written record following mock eyewitness testimony: Note taking should be a mínimum standard!” de Meise y Leue; en él nos hablan de cuál es la mejor estrategia para tener un registro escrito de la declaración de un testigo.

Lo que se buscaba en este estudio era comprobar qué técnica de registro escrito favorecía la recogida una mayor cantidad de información y de más calidad. Se hipotetizó que utilizando técnicas aplicadas en el recuerdo libre se obtendría menos información que con la toma de notas durante la entrevista o con las técnicas de recuerdo de la entrevista cognitiva. Además, se hipotetizó que las personas con una mejor memoria verbal obtendrían mejores resultados que aquellas con niveles más bajos, ya que tendrían mayor número de detalles correctos.

Para comprobar las hipótesis se realizó un estudio con una muestra de 80 participantes siendo 40 hombres y 40 mujeres con edades comprendidas entre los 18 y los 62 años, siendo la edad media de 30 años. Para comprobar su memoria verbal se utilizó el Módulo A del Inventario de Evaluación de la Memoria, que contenía cuatro tareas: memoria de trabajo verbal, aprendizaje verbal, reconocimiento diferido y reproducción retardada.

Se les presentó un vídeo donde una mujer joven sentada a una mesa describía durante 18 minutos una agresión sexual que había sufrido a manos de su dentista. El relato de la joven contenía 101 datos relevantes para el caso. Este concepto estaba definido como cualquier palabra o frase que identificara o describiese a individuos, objetos, eventos, sentimientos, impresiones o acciones que fueses declarados por la víctima. Los datos se clasificaron en las notas de los participantes como dato correcto, EOO (un dato que no fue mencionado), EOC (datos añadido que no fue mencionado por la mujer) o confabulación (información que fue cambiada ligeramente respecto a la manifestada por la mujer). La mujer era una actriz aficionada que relataba un episodio real.

Antes de ver el vídeo se les dijo a todos los participantes que tenían que pensar como policías y debían presentar un escrito lo más completo y detallado posible sobre el testimonio que iban a ver. Se les asignó aleatoriamente a una de las tres condiciones que había, 27 fueron asignados a la utilización de técnicas de recuerdo libre después de visualizar el testimonio, 27 a la aplicación de técnicas de recuerdo de la entrevista cognitiva al terminar el video y 26 a la toma de notas durante el relato. Las instrucciones que se les dieron a los participantes de las dos primeras técnicas fue que tenían que presentar un escrito con el mayor número de detalles posibles después de ver el vídeo y a los de la tercera que tenían que pasar a limpio las notas después de acabar de ver el vídeo dando la mayor cantidad de información posible. Para esta tarea se les entregó papel en blanco a los del recuerdo libre y a los asignados a tomar notas, mientras que a los de la entrevista cognitiva se les dieron papeles donde se les ayudaba a aplicar las cuatro técnicas de la entrevista cognitiva: restauración en el contexto, describir todo, recordar los hechos en distinto orden y cambiar de perspectiva. Después del vídeo se les daba 15 minutos para la realización del escrito.  A continuación, tenían que realizar el test de memoria verbal y un test de personalidad.

De media los participantes recordaron correctamente al menos la mitad de los datos. Se obtuvieron menos detalles en los relatos de recuerdo libre que en aquellos basados en notas, lo mismo ocurrió con la técnica de la entrevista cognitiva. No hubo diferencias estadísticamente significativas entre los datos obtenidos por recuerdo libre que aquellos que aplicaron las técnicas de la entrevista cognitiva.

Se observó una asociación entre tener una alta capacidad de memoria verbal y un relato con un mayor número de datos correctos. No se obtuvo ninguna relación entre el sexo de los participantes y el número de detalles que aportaron. En cambio, se encontró una relación entre la edad y la cantidad de información, ya que los participantes más jóvenes aportaron un mayor número de datos que aquellos con más edad. En lo que respecta a las técnicas de la entrevista cognitiva se encontró que la que más datos aportó fue la descripción de todo.

El análisis también descubrió que había un menor número de datos que nunca fueron mencionados (EOO) que de datos correctos. Los EOC y las confabulaciones fueron muy raras. Esto nos dice que los participantes no tendieron a agregar información y que cambiaron muy pocos detalles, aunque eran más probables las confabulaciones que los EOC, siendo más habituales en el recuerdo libre y en la entrevista cognitiva que en la toma de notas.

Se puede concluir que, como se hipotetizó, la toma de notas durante la entrevista aumenta la calidad del registro escrito ya que se consigue un mayor número de datos correctos en comparación con el recuerdo libre o la aplicación de técnicas de la entrevista cognitiva. Del mismo modo si se toman notas durante la entrevista se obtienen menos datos falsos o con cambios respecto a lo declarado por el testigo. Se obtuvo hasta un 65% de información correcta recordada al usar la toma de notas, mientras que en el recuerdo libre el porcentaje estuvo alrededor del 50%.

Se han encontrado dos explicaciones posibles para estos resultados: la primera de ellas es que al tomar notas se codifica mejor la información por medio de un estilo de procesamiento generativo. La segunda es que al tomar notas mientras se lleva a cabo la declaración facilita la finalización del registro escrito posterior. Esto es así porque la información escrita sirve como señal para recordar otras piezas informativas.  Los resultados peores obtenidos con las otras técnicas pueden deberse a que se tienen que realizar diferentes tareas simultáneamente como son escuchar, memorizar y recordar. Otra explicación posible para los resultados pobres que se han obtenido con la entrevista cognitiva es que los participantes no estén del todo familiarizados con las técnicas que conlleva y esto las haya hecho menos efectivas. En una investigación futura habría que probar con policías reales que estén más acostumbrados a la aplicación de dichas técnicas. Además, hay que tener en cuenta que solo vieron un vídeo, seguramente con una entrevista en directo estas técnicas hubieran obtenido mejores resultados.

En cuanto a las repercusiones prácticas se recomienda, no solo la toma de notas, sino que los encargados de recoger testimonios sean entrenados tanto en la mejora de la memoria de trabajo verbal como en la aplicación de las técnicas de la entrevista cognitiva.

Predictores a nivel micro de mujeres que comenten homicidio de pareja. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Trading places: Microlevel predictors of women who commit intimate partner homicide” de Szalewski, Huff-Corzine y Reckdenwald; en él nos hablan sobre las características a nivel micro de las mujeres que cometen un homicidio de pareja.

Las investigaciones previas descubrieron que es más posible que una mujer mate a su pareja que a cualquier otra persona. Además, los resultados mostraron que tanto las motivaciones, como las situaciones y la estructura de la ofensa difieren de la de los agresores masculinos. Lo que se busca con este estudio es comprobar las características que tienen a nivel micro el victimario femenino de los homicidios de pareja.

Para la realización del estudio se utilizó el SHR (Supplementary Homicide Reports) elaborado por el FBI, utilizando datos desde el 2010 al 2014. Solamente se incluyeron los casos de homicidio intencional y homicidio no negligente donde solo hubiera una víctima y un agresor. Personas íntimas se consideró al novio, marido de derecho consuetudinario, mujer de derecho consuetudinario, marido, mujer, novia, exmarido, exmujer. Se excluyeron las relaciones de personas del mismo sexo. La muestra total que se utilizó fue de 5.457 incidentes de violencia de pareja.

Se analizaron dos grupos de características, por un lado, las demográficas y por otro las relativas al caso. Las características demográficas incluían: la edad de la víctima, la edad del agresor y la raza de ambos.  La edad del agresor estuvo entre los 15 a los 96 años. La edad de la víctima entre los 14 y los 97 años. La raza se divide entre relación de la misma raza e interracial. Las características del caso incluyen arma del crimen (arma de fuego, cuchillo, objeto contundente, con el propio cuerpo y otras armas), estado de la relación (casados, noviazgo o divorciado) y región donde se produjo el crimen (sur y otras regiones; se dividió así ya que en el sur de EE.UU. hay mayores tasas de homicidios).

De los 4.547 incidentes analizados en un 78,5% de los casos el agresor fue un hombre. La edad media de los agresores hombres es de 43 años y las víctimas femeninas es de 41 años. La mayor parte de los casos ocurrieron en parejas de la misa raza (88,9%). Las armas de fuego se usaron en el 55,6% de los casos y los cuchillos en el 26,5%. Los demás tipos de armas fueron más escasos: objetos contundentes (4,9%), el propio cuerpo (7,4%) y otras armas (5,5%). En cuanto al estado de la relación, el más común era el noviazgo (48,5%), seguido de matrimonio (47,7%). Los divorciados solo representaron el 3,8% de los casos. La región con mayor número de homicidios fue el sur con un 44,1%, seguida del Oeste (24,3%), del medio Oeste (16,7%) y el Noreste (15%).

Al analizar los datos a través de la variable del sexo del agresor todas las variables son significativas. En relación a la raza, tanto en agresores masculinos como femeninos lo habitual es que sean de la misma raza, siendo más habitual en el victimario femenino (92%). En cuanto al tipo de arma, las mujeres no utilizan tanto las armas de fuego como los hombres (45,4% frente al 58,4% respectivamente). Las homicidas usan en mayor medida los cuchillos (45,9%) que los hombres (21,2%). En relación a los otros tipos de armas también las usan en menor medida las mujeres que los hombres (objetos contundentes 3,7% frente a un 5,3%; el propio cuerpo 1,7% frente a un 9%; otros tipos 3,4% frente al 6,1%). Los hombres matan más a sus esposas (50,2%) que a sus novias (45,68%). Esto ocurre al contrario en las agresoras femeninas que matan más a sus novios (59%) que a sus maridos (38,6%). Los dos géneros matan menos una vez se encuentran divorciados, aunque es verdad que la cifra es un poco superior en los hombres (4,1% frente a un 2,5% en mujeres). Las mujeres tienen más probabilidad de matar en el sur (49%) que los hombres (42,7%).

Los resultados muestran que la edad del agresor, la edad de la víctima, ser ambos de la misma raza, el cuchillo, el propio cuerpo, otras armas, el noviazgo y vivir en el sur serían predictores significativos para el género del agresor de homicidios en pareja. Para agresoras femeninas, cuando el factor de edad aumenta una unidad hay una disminución de 0,91 de ser perpetrado por una mujer. En cambio, aumenta la posibilidad en un 1,10 por cada aumento de edad de la víctima. Cuando es una relación con personas de la misma raza aumenta un 1,88 más las posibilidades de ser asesinado por su mujer que cuando se está en una relación interracial. En relación al arma, las probabilidades aumentan de que el agresor sea una mujer un 2,51 cuando se utiliza un cuchillo. Las probabilidades también aumentan un 1,39 cuando se está saliendo frente a cuando se está ya casado. En el sur también aumenta la probabilidad en un 1,38 con respecto a las otras regiones de que el agresor sea una mujer.

Los resultados obtenidos en este estudio están en línea con la literatura preexistente, donde los homicidas de pareja son mayoritariamente hombres, con edades superiores a aquellos que matan a desconocidos y suelen ser de la misma raza que la víctima. Las armas más utilizadas son las de fuego y los cuchillos, lo que también concuerda tanto para los homicidios en general como para los de pareja, aunque en este último presentan algunas inconsistencias. Por norma general, los homicidios se producen durante la fase de noviazgo o durante el matrimonio, siendo casi inexistentes una vez divorciados.

En relación a las agresoras decir que suelen ser más jóvenes que los hombres y sus víctimas más mayores. Esto puede estar relacionado con el patrón que siguen las relaciones siendo más común que los hombres se casen por primera vez de media dos años más mayores que las mujeres.

En cuanto al uso de armas por parte de las mujeres, en este estudio los resultados muestran que predomina el uso de cuchillos frente a las armas de fuego, aunque la literatura preexistente arroja datos del mayor uso de armas de fuego para los homicidios de pareja en general. Esta discrepancia podía explicarse porque las agresoras femeninas se sienten más cómodas con cuchillos que con armas de fuego. La cuestión del estado de la relación en el momento de la muerte no había sido muy estudiada en relación al sexo del agresor. Hasta ahora solo se había concluido que las mujeres mataban a personas íntimas que a desconocidos. Los datos del estudio indican que es más habitual que las mujeres lleguen al homicidio en la fase de noviazgo que durante el matrimonio. Esto junto con el dato que una vez divorciadas es extremadamente raro que cometan un homicidio apoya la tesis de que las mujeres matan en defensa propia o por el miedo producido por su victimización.

Una variable que se considera muy interesante y que no se ha podido explorar en este estudio es la diferenciación geográfica entre poblaciones rurales y urbanas. Se recomienda una investigación más exhaustiva sobre las diferencias entre estas dos poblaciones, ya que variables como el aislamiento o el uso de armas podrían influir en los resultados obtenidos hasta la fecha.

Recuperación del cuerpo tras las 48 primeras horas, implicaciones en la investigación de homicidios sexuales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Body Recovery after the “First48”: implications for sexual homicide investigations” de Reale y Beauregard; en él nos hablan de los factores que influyen a la hora de recuperar un cuerpo.

Siempre se dice que las primeras 48 horas en la investigación de un homicidio son las más importantes. En el presente artículo se analizan las características de la víctima y del victimario, así como del lugar que pueden influir en que un cuerpo sea recuperado dentro de ese margen de tiempo.

En este estudio se hicieron cuatro hipótesis. La primera de ellas es que los agresores que presentan determinadas características (condenas previas) tomarán medidas para que el cuerpo tarde en recuperarse más de 48 horas. La segunda de las hipótesis es que los casos que tengan víctimas con determinadas características (víctimas marginales) llevará más de 48 horas localizar el cuerpo. La tercera es que los cuerpos que hayan sido abandonados en determinados lugares, en el exterior, llevará más de 48 horas localizarlos. Por último, aquellos asesinos que tengan conciencia forense provocarán que se tarde más de 48 horas en localizar el cuerpo.

Los datos para el estudio se obtuvieron de la Royal Canadien Mounted Police (RCMP). Para incluirse tenían que ser casos consumados y tenían que cumplir la definición de homicidio sexual del FBI, incluyendo al menos uno de los siguientes elementos: falta de atuendo en la víctima, la exposición de las partes sexuales de la víctima, que el cadáver presente una posición sexual, objetos insertados en las cavidades de la víctima, evidencia de actividad sexual o evidencia de actividad sexual sustitutiva, interés o fantasía sexual.

Se manejó una muestra de 250 casos ocurridos en Canadá desde 1948 a 2010. Se comparó los casos donde el cuerpo había sido recuperado en las primeras 48 horas y en los que no, contando desde la última vez que fue vista la víctima con vida. Se optó por esa franja temporal porque según los investigadores es cuando se produce una mayor obtención de información y de evidencias forenses. De los casos analizados un 56,4% fueron recuperados en las primeras 48 horas y el 43,6% restante pasado ese tiempo.

También se analizaron siete características del victimario como es la edad, la raza, si poseía o no una dirección fija, su estado civil, condenas previas por otros delitos violentos, condenas previas por delitos sexuales o cualquier condena por delitos contra la propiedad. Un 63,2% de la muestra eran blancos, con una edad media de 28 años, un 51,8% estaba casado, un 92% tenía residencia fija y un 59,6% tenía antecedentes por delitos contra la propiedad.

Además, se examinaron cinco características de la víctima que son edad, sexo, raza, si es una víctima marginal (trabajadora sexual, vagabunda, aborigen), y su relación con el agresor. La mayor parte de las víctimas eran mujeres (87,6%), blancas (63,2%) con una edad media de 27 años.

También se realizó un estudio de las variables relacionadas con el lugar. Por un lado, podían ser relativas al lugar donde se tuvo el primer contacto entre víctima y agresor y por otro, el lugar donde se abandonó el cuerpo. Se analizó en ambos casos si era el lugar de residencia de la víctima, cómo la trasladó, si era un lugar público o una localización exterior. El primer contacto con la víctima se produjo en exteriores en un 32,8% de los casos y se abandonó el cuerpo en exteriores en un 59,8% de los mismos. La siguiente ubicación más usada fue la residencia de la víctima, siendo el lugar de contacto en un 26,6% de los casos y el lugar de abandono del cuerpo en un 25,2%.

En relación a la conciencia forense del agresor se analizó si destruyó pruebas, si manipuló a la víctima o la escena, si tomó otras precauciones, si se localizó semen u otros indicios biológicos y si el cuerpo de la víctima había sido movido, desechado o desmembrado. Lo más común fue desechar el cuerpo (42,8%), destruir pruebas (38,8%) y mover el cuerpo de la víctima (30,8%).

Los resultados que aportó el análisis son que en los casos con agresores de más edad el cuerpo se recupera después de las primeras 48 horas. Al igual que ser soltero, tener un historial previo de delitos violentos y de delitos contra la propiedad también en estos casos se recuperaba el cuerpo pasado esa franja temporal. La edad de la víctima es la única variable que influenciaba en la recuperación del cuerpo. En relación a la localización, la residencia de la víctima, el transporte del cuerpo y las localizaciones exteriores hacían que pasarán más de 48 horas para localizar el cuerpo. Influían de la misma manera el destruir pruebas, mover el cuerpo o desecharlo.

Las investigaciones anteriores demostraron que un agresor organizado tenía una planificación cuidadosa y una conciencia forense. Por ello, una de las hipótesis era que en los casos donde el agresor tenía conciencia forense el cadáver sería descubierto después de las primeras 48 horas. Esta hipótesis quedó confirmada con los resultados, en los cuáles se vio que los agresores que eliminan pruebas o intentan deshacerse del cuerpo de la víctima retrasaban en mayor medida su descubrimiento. Lo que coincide además con la literatura preexistente. Aunque hay que señalar que trasladar el cadáver de ubicación no obtiene tan buenos resultados como desechar el cuerpo de la víctima (enterrarlo, ocultarlo, sumergirlo), ya que no solo retrasa su aparición, sino que puede comprometer la integridad de las pruebas forenses. Esto coincide con la tipología de organizado propuesta por Ressler para los homicidios sexuales.

Se hipotetizó que cuando se contacta o abandonaba a la víctima al aire libre se retrasaría su descubrimiento. Los resultados dicen que es más posible que se retrase su aparición si el contacto se produjo mientras se dirigían hacía algún lugar y es menos probable cuando abandonan el cuerpo en un lugar público. Parece ser que influye más el lugar de contacto primario que el lugar de abandono, ya que si por ejemplo se captura a la víctima mientras hace autostop esto dificultaría la investigación debido a que no se conocería su ubicación exacta ni el momento en el que se produjo. Esto se correspondería con la tipología de delincuente geográficamente móvil de Holmes y DeBurger.

En relación a los agresores se planteó que aquellos que tenían condenas anteriores tomaran medidas para retrasar la aparición del cadáver. Esto no se pudo confirmar ya que la única variable que se confirmó es que era más probable que estuviera casado. Esto está en línea con la literatura preexistente que afirma que los asesinos organizados son más estables y tienen más posibilidades de vivir en pareja.

Por último, en relación a las características de la víctima se hipotetizó que aquellas que fuera marginales se tardaría más de 48 horas en recuperar el cuerpo. Esto no puedo establecerse, ya que la única característica que parece relacionada era la edad de la víctima. Los resultados muestran que víctimas más jóvenes tienen menos probabilidades de ser encontradas después de las primeras 48 horas.

Estos hallazgos pueden ayudar en los casos de desapariciones donde se sospeche que puede haber detrás un posible delito. En los casos donde el cuerpo no se haya encontrado en 48 horas, los esfuerzos deberán centrarse en buscar cuerpos ocultos. También pueden ayudar a dar prioridad a sospechosos en los casos donde el cuerpo no haya aparecido en las primeras 48 horas, donde se recomienda que se centren en sospechosos casados.