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Mes: abril 2019

Desarrollo y validación de la Escala de Ideas de Violencia (VIS). Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Development and Validation of a Brief Measure of Violent Thoughts: The Violent Ideations Scale (VIS)” de Murray, Eisner y Ribeaud; en él se estudia la creación de una escala que permite medir psicométricamente las ideas violentas que son un potente predictor de la violencia.

El tener ideas de violencia puede ser un indicador de riesgo de violencia, por ello se decidió crear una escala que midiera la presencia de estas ideas. Primeramente, para desarrollar las escalas, dos expertos crearon un conjunto inicial de ítems a partir de las teorías de la estructura de la violencia y sus factores comunes. La definición de violencia no es uniforme en la literatura preexistente, en algunos casos se considera los pensamientos de daño físicamente a otros, mientras que otros estudios consideran no solamente el daño físico a la persona sino también la agresión verbal o la destrucción de la propiedad. En lo que sí están de acuerdo es en que la violencia imaginada se sienta como real. Por tanto, para este estudio se decidió incluir una definición amplia donde tuviera cabida tanto el daño físico, como no físico pasado por la violencia sexual o el daño a uno mismo.

Posteriormente, del grupo de ítems se seleccionó un subgrupo que fue el que se administró a los participantes, elegidos en base a su claridad, contenido, validez nominal y con el objetivo de abarcar todas las áreas antes descritas.

Se pidió a los participantes que informaran de la frecuencia de los ítems durante el último mes. Se utilizó una escala tipo Likert de cinco puntos que iba del “nunca” al “muy a menudo”.

La prueba se realizó sobre una muestra de 1.276 jóvenes suizos de 17 años de edad (629 chicas y 647 chicos). Eran el resultado de un muestreo estratificado aleatorio de 56 escuelas en Zúrich, teniendo en cuenta la ubicación y tamaño de la escuela.

Se usó un análisis de la Características del Operador Receptor (ROC) para evaluar si el VIS podía servir para la identificación de personas violentas. Estas personas fueron definidas como aquellos que han portado armas, han extorsionado, robado o asaltado de acuerdo al autoinforme en los últimos doce meses. Este análisis se utiliza para descubrir el poder discriminatorio general de una escala o para definir el punto de corte óptimo en las clasificaciones de grupos que se realicen en base a esa escala. También se analizó la sensibilidad y la especificidad, la primera de ella se refiere a la proporción de individuos que están correctamente asignados a la clase violenta (verdaderos positivos). Mientras que a especificidad se refiere a la proporción de individuos catalogados en la clase no violenta (verdaderos negativos). El resultado puede variar del cinco (clasificación al azar) al uno (clasificación perfecta).

Los elementos analizados fueron: suicidio, homicidio, venganza violenta, lesión grave, golpear sin razón, matar insultando, humillar, desnudarse, matar, acoso, violencia sexual, responder agresivamente, golpear al ser provocado, infligir dolor, golpear por estar enfadado.  La mayor parte de las respuestas fueron “nunca”, menos una pequeña porción de “muy a menudo”.

Las soluciones factoriales sugirieron que tanto la ideación de agresión sexual como la ideación suicida podrían distinguirse de las ideas que implica agresión. Por tanto, se excluirá los análisis de las ideas suicidas o de la agresión sexuales. Sin embargo, no se encontró ningún indicio de que deberían separarse las ideas de agresión no física de las de agresión física.

Los elementos de carga más altos se refieren a infligir lesiones, mientras que los elementos de carga más bajos se refieren a la intimidación. Los ítems referidos al homicidio tienen cargas intermedias. El modelo se ajustó utilizando la estimación MC en Mplus 7.0, mostrando un ajuste razonable.

El VIS también se asoció significativamente con todas las construcciones incluidas. Las asociaciones más fuertes fueron con otras cogniciones relacionadas con la agresión y con el comportamiento agresivo en sí. Fue menos fuertemente relacionado con la victimización. En lo relativo al comportamiento agresivo, se relacionó aproximadamente igual con la agresión proactiva y la agresión reactiva.

Los resultados muestran los factores más altos en relación a la violencia física no letal, como infligir dolor o lesiones graves. Por el contrario, las ideas de violencia sexual como la violación o el desnudarse parecen no guardar relación con las ideas de violentas, teniendo que considerarse un fenómeno aparte, aunque los resultados en este punto son ambiguos. Las razones son: en primer lugar, se informó muy pocas veces de ideas relacionados con la violencia sexual y en segundo lugar las pruebas estadísticas de la dimensión no fueron unánimes. Por ello, las estructuras de la ofensa sexual no se consideran jerárquica, con influencias tanto generales como específicas, lo que conlleva ambigüedad sobre su inclusión con el resto de ideaciones violentas. Se recomienda un estudio más profundo con un mayor número de ítems relacionados con el tema ya que en esta versión del VIS sólo hay dos ítems.

En relación a las diferencias entre sexos, se obtuvieron algunas, los ítems 3 (venganza violenta), 5 (golpear sin razón) y el 7 (humillar) destacaron especialmente. Las diferencias eran pequeñas en términos prácticos y no introducirían sesos. La mayor diferencia fue presentada en la venganza violenta (ítems 3), siendo mayor en hombres que en mujeres, esto se relacionaría con lo que los estereotipos relacionan con la masculinidad.

La invarianza de sexos es importante ya que las diferencias de los comportamientos violentos es un problema importante: los hombres superan ampliamente a las mujeres como perpetradores de violencia. Mientras que los hombres son responsables del 80% de los homicidios apenas hay diferencias con las mujeres en las puntuaciones del estudio VIS.  Estas diferencias de sexo pueden ayudar a iluminar los mecanismos casuales en la violencia y ayudar en la prevención.

La distribución de la puntuación de la suma derivada del VIS estuvo sesgada hacia niveles bajos de ideación con el 40% de los encuestados que no reportaron ninguna. Esto puede indicar la existencia de una subpoblación de individuos que no tienen nunca o muy escasamente ideas de violencia. Aunque, también esta la posibilidad de que la escala no contará con ítems suficientemente “leves” para poder captar estas ideas menos violentas. Por lo cual, se recomienda realizar otras investigaciones que incluyan más ítems que los doce actuales y pueda comprobar si se trata de una carencia en las pruebas originales o que existe una parte de la población que no tiene ideas violentas. Estos ítem pueden estar relacionados con la afectación pasiva a unas personas, como el abuso verbal o psicológica. Además, habría que tener en cuenta la posibilidad de que el tiempo de la investigación (un mes) hubiese sido escaso y que un análisis más extenso en el tiempo pueda tener más incidencias.

Se realizó un análisis ROC para buscar el punto de corte que diferenciará entre aquellos que se involucraban en la violencia y aquellos que no. Este punto se estableció en el 15.5, que fue el que presentó mayor equilibrio entre sensibilidad y especificidad.

A pesar de tener una buena capacidad de discriminación, entre los que ejercen violencia y los que no la Escala de Ideas de Violencia no puede ser la única fuente para tomar decisiones de alto nivel. La recomendación es usarla como una herramienta más que brinde información sobre la estimación del riesgo en el uso de la violencia.

 

Factores de riesgo en el feminicidio. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Intimate Femicide: The Role of Coercetive Control” de Johnson, Eriksson, Mazerolle y Wortley; en él se estudia diferentes factores de riesgo que se relacionan con el feminicidio, destacando entre ellos las conductas de control coercitivo.

El feminicidio es un tema de actualidad, con este estudio se busca realizar un análisis de los diferentes factores de riesgo, centrándose especialmente en las conductas de control coercitivo. Para ello, en este estudio se analizaron las historias de una muestra de condenados por matar a su pareja íntima en Australia. Utilizándose los datos del Australian Homicide Project, que contenía información de 302 delincuentes condenados por homicidio, siendo el 87% varones y el 13% mujeres. De esta muestra se utilizaron los referentes a 68 hombres que habían sido condenados por matar a sus parejas íntimas femeninas.

Lo que proponían los investigadores era examinar las variables que distinguían a los homicidas de género que habían sido violentos previamente de aquellos que no lo habían sido. Para ello se utilizó la Escala Revisada de Tácticas de Conflicto (CTS-2) que midió los niveles de agresión física y sexual en los doce meses previos al homicidio. También, se utilizaron preguntas combinadas sobre amenazas de muerte y uso de violencia en el año anterior. La muestra quedó dividida a partes iguales entre los hombres que declararon haber usado la violencia (34) y aquellos que no (34).

Se analizaron muchas de las variables que la literatura anterior destacó como influyente, como son: las características personales del autor, las experiencias de violencia en la infancia, el uso del control coercitivo hacía la víctima y el historial criminal. Las características personales del autor incluían datos relacionados con: educación, dificultades económicas, separación o amenaza de la misma, infidelidad o sospecha de ella, la presencia de hijastros, tratamientos médicos o psiquiátricos, intentos autolíticos, problemas de abuso de alcohol o drogas.

En la muestra del estudio un tercio había terminado la educación secundaria. En el año anterior al crimen la mitad de la muestra tenía problemas económicos y estaban separados o sus parejas les habían amenazado con la separación. Un tercio de la muestra afirmaba que sabía o sospechaba que su pareja le era infiel. Un cuarto de los 68 hombres convivía con hijastros y un 16% había recibido tratamiento médico o psiquiátrico en el último año. Un porcentaje similar había intentado suicidarse y tres de cada diez hombres tenía un problema con el abuso de las drogas y el alcohol. El 40% de la muestra manifestó haber sido víctima de abuso físico o sexual en la infancia y una quinta parte de sus padres habían sido violentos con sus madres. Dos tercios tenían antecedentes violentos y un tercio había cometido su primer crimen antes de los 13 años. La mitad de ellos habían sido violentos en el hogar el año anterior al feminicidio y una quinta parte también había presentado esa conducta violenta fuera del hogar.

Para medir las tácticas coercitivas y de control que usaban los homicidas se utilizaron tres herramientas diferentes y un indicador adicional. La primera de ellas fue la Escala de Titularidad y Propiedad Relacional (REPS), que consta de 28 ítems como lo siguientes: “tengo derecho a contactor con los amigos de mi pareja para ver cómo actúa sin mí; miro el cajón, el bolso o los bolsillos de mi compañero; si mi pareja me abandona me aseguraré de que se arrepienta”. La segunda herramienta utilizada fueron los ítems relacionados con el control psicológico que se encuentra dentro del CTS- 2, que incluyen cuestiones como el insulto, la amenaza o la destrucción de propiedad. La tercera herramienta, fue una modificación de la Escala Provocadora de Malestar de Salovey y Rodin, que evalúa los celos y el dominio durante la relación romántica. En ella se puede encontrar diferentes situaciones como una cena con otro hombre atractivo, bailar pegado a un amigo o ver a una persona con la que se mantuvo una relación en el pasado. Por último, el indicador hace alusión a la conducta de acoso a la víctima durante el año anterior al homicidio.

En lo relativo al control, la mitad de la muestra eran controladores, dos tercios habían tenido conductas de abuso psicológico, una cuarta parte de la muestra tenían altos niveles de celos y una quinta parte declaró haber acosado a la víctima antes de matarla.

Los hombres que no habían sido violentos antes del homicidio tenían más posibilidades de haber acabado la escuela secundaria y presentaban menos posibilidades de estar separados o de haber sido amenazados con ello, al igual que de tener problemas con el alcohol o las drogas y de haber crecido en un hogar violento. También, eran más bajos en dos de los indicativos de control coercitivo como son el abuso psicológico y el acoso a la víctima. Al igual que tenían índices menores de antecedentes penales. Por el contrario, los dos grupos tenían niveles parecidos de sospechas de infidelidad, convivencia con hijastros, tratamientos de salud mental y tasa de suicidio.

Estos resultados coinciden con otros estudios llevados a cabo en otras partes del mundo, como el que se realizó en Gran Bretaña (Dobash, Dobash y Cavanagh, 2009), donde los datos obtenidos mostraban que los hombres que no tenían antecedentes por violencia de género eran más “convencionales”: poseían una educación superior, mantenían una mejor relación, no tenían problemas de abuso de sustancias y sus infancias no fueron problemáticas. También presentaban niveles más bajos de control psicológico y acoso, aunque sí que presentaban celos.

Si bien es cierto que en general los hombres con antecedentes de violencia de género presentaban mayores niveles de control coercitivo, el 62% de los que no tenían antecedentes también reconocían haber usado alguna técnica de control sobre las mujeres que acabaron matando. Una quinta parte de estos hombres tenían una orden de alejamiento que les impedía acercarse a su pareja o la policía se había tenido que personar en su domicilio por algún tipo de incidente. Aunque no hubieran sufrido agresiones directas las mujeres estaban lo suficientemente atemorizadas como para pedir protección policial. Estas intervenciones, como ha quedado claro con el homicidio, han sido del todo ineficaces.

Por tanto, se puede concluir que, aunque una presencia clara de un comportamiento de control o de acoso puede ser precursor de un homicidio de violencia de género, comportamientos menos evidentes, sin agresiones directas, también pueden ser indicadores de riesgo de este tipo de conducta.  Este último tipo de comportamiento puede ser pasado por alto por la justicia, ya que no deja evidencias tan claras como una agresión física. Esto lleva a pensar que las evaluaciones de riesgo a veces pueden pasar por alto comportamientos de acoso que clasifican como “menores” y que pueden indicar un riesgo de homicidio.

Cuando Papá acosa a Mamá. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “When Daddy stalks Mommy: Experiences of Intimate partner stalking and involvement of social and legal authorities when stalker and victim have Children together” de Lokkegaard, Hansen, Wolg y Ekklit; en él nos hablan sobre las experiencias de acoso que sufren algunas mujeres por parte de sus maridos y su relación con las autoridades.

El acoso viene definido como un comportamiento repetido, intrusivo y molesto que no es deseado por la víctima que puede incluir amenazas, tanto implícitas como explícitas para la seguridad, y que provoca sentimientos de miedo y angustia. Las estimaciones que hay sobre el acoso rondan el porcentaje de entre un 2 y 29% para los hombres y un 7 al 36% para las mujeres. En Dinamarca las mujeres son en mayor medida víctimas de acoso (11,7%) que los hombres (6,2%).

Un tipo especial de acoso es aquel en el que el acosador es el marido o pareja de la mujer y tienen hijos en común. Es un caso especial porque la principal recomendación, no tener contacto con el acosador, no puede cumplirse, ya que tienen hijos en común lo que les obliga a seguir en contacto. Esto produce que tanto la mujer como los niños corran un alto riesgo de sufrir abusos por el padre acosador. Este fenómeno ha sido poco estudiado en la literatura científica.

Este estudio utiliza un enfoque mixto para, por un lado, describir cuantitativamente los comportamientos del acosador, así como la participación de las autoridades correspondientes. Por otro lado, se pretende examinar cualitativamente cómo las madres experimentaron el acoso por parte del padre de sus hijos.

Durante los meses de enero de 2013 a abril de ese mismo año se llevó a cabo la recogida de datos. Para ello se reclutó a mujeres a través de un grupo privado de Facebook para madres acosadas por los padres de sus hijos y a través de un anuncio en la web de la Asociación danesa anti acoso. Cada participante recibió un email con el enlace a una encuesta online totalmente anónima.

Se contó con una muestra de 196 mujeres con edades entre los 27 y los 70 años, con una edad media de 40. Estas mujeres contaban con una educación de media de 14 años, un 93,4% tenía la nacionalidad danesa y un 86,2% habían nacido en Dinamarca. El 39,3% de las mujeres contaba con un empleo a tiempo completo mientras que un 24,3% tenía un trabajo a tiempo parcial o estaba estudiando y un 36,4% se encontraba de baja por enfermedad.

La encuesta tenía cinco secciones diferenciadas. En la primera de ellas se encontraban preguntas sobre las características de la relación entre la víctima y el acosador, creadas específicamente para la misma. Había una segunda sección donde se les preguntaba sobre el comportamiento de acoso, para la cual se utilizó la Lista de Verificación de Comportamiento de Acoso (SBC). Una tercera sección iba sobre la relación que habían tenido con las autoridades legales y sociales. La cuarta sección versaba sobre la ayuda percibida por parte de 18 autoridades y servicios de ayuda. El último apartado hablaba de las reacciones por parte la policía, la Administración del Estado y los tribunales cuando les habían contado de sus casos de acoso.

Algunos datos sobre la relación mantenida: en el 91,1% de los casos las madres ya no mantenían ninguna relación romántica con el padre. La duración promedio de la relación había sido de 6,6 años. Estas relaciones estaban marcadas por la violencia de género. Un 60% de las mujeres manifestó que la violencia comenzó después de enterarse de que estaba esperando su primer hijo. La media de hijos estaba en 2,15 con edades comprendidas entre los 0 y los 45 años. En un 80% de los casos informaron de que los padres habían amenazado con apartar a los hijos de ellas si se iban. En un 3% de los casos el padre tenía la custodia completa, más de un 41% compartían la custodia y más del 61% de las mujeres afirmó que esperaba tener contacto con el acosador en el futuro a causa de los niños.

En cuanto a los comportamientos de acoso lo más comunes fueron las llamadas telefónicas no deseadas, los mensajes al móvil o correos electrónicos no deseados, las visitas a la casa de la víctima u observar y seguir a la misma. En lo que se refiere a comportamientos violentos destacó las amenazas y los intentos de dañar a las madres. También en un 63,3% se informó de que familiares o amigos del agresor participaron en el acoso.

En relación con su contacto con las autoridades legales y sociales, un 68,3% de las mujeres denunció a la policía un promedio de cuatro veces y en un 23% de los casos el acosador fue quien denuncia a la mujer a la policía un promedio de 2,56 veces. Los acosadores en mayor medida que las víctimas habían utilizado a la Administración del Estado para iniciar un nuevo caso o para cambiar el acuerdo de custodia.

En cuanto con qué instituciones había tenido contacto la madre, destaca la Administración del Estado (95,3%), seguido por el médico privado (89,1%), abogados (82%), profesores de los niños (82%), policía (78’9%), los servicios municipales de atención a la infancia (72,7%), el psicólogo privado (66,4%), el psicólogo público (64,1%) y los tribunales (62,5%). Estas mujeres percibieron como más amigables y con más capacidad de ayudar y apoyarlas a los profesionales médicos, así como a los de las agencias no gubernamentales que a los profesionales que trabajaban en la administración del Estado, los tribunales o la policía. Menos de un 50% declaró que les hubieran ayudado.

El análisis del contenido reveló cuatro categorías con respecto a las experiencias de las madres:

  1. Reconocimiento por parte de los profesionales de las madres como víctimas de acoso. Muchas mujeres afirmaron que los profesionales les habían entendido y comprendido y que les reconocían como víctimas, pero no podían ayudarlas debido a la falta de pruebas físicas. También informaron de casos donde los profesionales carecían de los conocimientos para juzgar y entender la violencia psicológica.
  2. Procedimientos de casos extensos y duraderos en los que participaron diferentes agencias. Aquí destaca la impotencia que sienten las madres cuando los profesionales de las diferentes agencias con las que deben tener contacto, especialmente en casos dilatados en el tiempo, no se comunican entre ellos y hace más difícil que ellas reciban la ayuda que necesitan.
  3. La delimitación de la frontera de si un comportamiento era acoso o simplemente era entrar en contacto legal por los niños. Aquí mencionaron diferentes conductas no penadas legalmente que para ellas suponían acoso como fueron algunas formas de violencia psicológica, la duración infinita del proceso, la posibilidad de que el agresor abra nuevos procesos judiciales, el contacto que podía tener el acosador con la madre a través de las autoridades.
  4. Las conductas de acoso hacia los niños. En esta sección destacaron comportamientos que tenía el padre hacía sus hijos, como el acoso, el intentar constantemente que se pusieran de su parte, amenazándolos directamente o amenazando a la madre a través de ellos.

La finalidad del estudio fue una mayor comprensión del fenómeno de acoso por parte del padre hacía la madre, donde como se ha visto es complejo poder cortar todo tipo de relación con el acosador ya que se vale no solo de sus propios hijos sino también de las autoridades estatales para poder seguir en contacto con su víctima. Lo que puede dejar desamparadas a las madres y con la sensación de que el sistema público no cuenta con los recursos para poder ayudarlas.