clubforenses.com

clubforenses.com

Mes: mayo 2019

Creencias sobre la tasa de error y el juicio humano en las ciencias forenses. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Beliefs about Forensic Science: beliefs about error rate and human judgment” de Ribeiro, Targen y McKimmie; en él analizan las creencias que las personas tienen sobre la precisión de las pruebas forenses, así como el testimonio de los peritos durante el juicio.

La intención de este estudio es identificar las creencias y percepciones que las personas tienen sobre la ciencia forense y las evidencias. Concretamente se investigará sobre las tasas de error y el grado de juicio humano involucrado en ella, centrándose en cada técnica y etapa (recopilación, almacenamiento, prueba, análisis, informe y presentación de evidencias). Para ello se les pidió a los participantes que piensen y describen las ciencias forenses, que proporcionen una estimación del nivel de participación humana, que juzguen cómo de probable es que ocurra un error en cada etapa del proceso y que califiquen la precisión y el nivel de participación humana para 16 técnicas forenses diferentes.

Como hipótesis de partida se manejaban que la estimación de error para cada etapa sería baja (menos del 5%) y que el juicio humano involucrado en cada fase también sería bajo (valor medio de cuatro). También se espera que los espectadores de programas sobre crímenes tengan una correlación negativa con las estimaciones de error. Se cree que las estimaciones de precisión para cada técnica serían altas (más del 90%) y que las predicciones de juicio humano serían bajas en cada técnica. Se hipotetiza que los espectadores de programas de crímenes presentarían correlaciones positivas con las estimaciones de precisión de la técnica y correlaciones negativas con las estimaciones de juicio humano. Por último, se espera que los participantes no coinciden las tasas bajas previas que proporcionan sobre la probabilidad de que ocurra un error en cada etapa del proceso de ciencia forense. Es decir, el error acumulativo para toda la etapa del proceso de la ciencia forense es probable que sume más de 100.

Se utilizó una muestra de 101 australianos (52 mujeres y 45 hombres) con edades comprendidas entre los 20 y los 70 años con una edad media de 55 años. El 83,2% habían completado la educación obligatoria y el 15,8% había hecho de jurado previamente.

El estudio se realizaba electrónicamente desde su casa, se daban las siguientes instrucciones: “Durante este estudio, se le pedirá que imagine que se ha cometido un delito y que se ha dejado evidencia forense en la escena del crimen. Imagínese que la policía ha acusado a un sospechoso del delito y habrá un juicio penal ante un jurado. Queremos que piense en todo el proceso que involucra pruebas forenses, desde la primera vez que se asiste a una escena del crimen hasta cuando la evidencia se analiza hasta el momento en que se puesta ante el tribunal ante el jurado. Sea tan específico y detallado con sus respuestas con la sea posible”. Se les preguntaba por cada etapa del proceso, con pregunta del tipo: “¿Cómo se recopilan pruebas forenses de una escena del crimen? ¿Cómo se almacenan las evidencias forenses? ¿Cómo se analizan las evidencias? ¿Cómo se analizan e interpretan los resultados de las pruebas forenses? ¿Cómo se reportan las evidencias forenses? ¿Cómo se presenta la evidencia forense al jurado?” Las estimaciones de tasas de error se evaluaban con la pregunta ¿cómo de probable es que ocurra un error durante este proceso? A la que tenían que responder con un tanto por cierto. Las estimaciones del juicio humano se medían con la pregunta “¿en qué medida este proceso evalúa el juicio humano?” Las respuestas iban desde 1 (nada) al 7 (completamente). Las 16 técnicas analizadas fueron: análisis antropológico, análisis de patrones de manchas de sangre, ADN, documentoscopia, análisis facial, huellas dactilares, análisis de incendios y explosivos, análisis de marcas de arma y herramientas, análisis de material geológico, análisis de residuos de disparo, análisis de imágenes, análisis de materiales, análisis de toxicología, análisis de voz, análisis de vida silvestre y odontología forense. Se le hacía la pregunta “¿cuáles son sus impresiones generales sobre la exactitud de los diferentes tipos de pruebas forenses que se enumeran?” Tenían que evaluarlo con un tanto por cierto. También se realizó la pregunta de “¿en qué medida cada uno de los siguientes tipos de evidencia forense involucra el juicio humano?” En cada una de las técnicas se calificaba del 1 al 7.

Más tarde se les hizo dos preguntas sobre sus hábitos televisivos. Primero se preguntó cuántas horas a la semana pasaban viendo las siguientes series: CSI (incluyendo sus franquicias: Miami, Nueva York y Cyber), Ley y Orden (incluye: Acción Criminal, Unidad de Víctimas Especiales, Juicio por Jurado y LA), Mentes Criminales, Bones, NAVY: Investigación Criminal y otras series criminales. También se les preguntó cuantas horas a la semana veían algún programa de televisión u online.

El número promedio de horas fue de 16,78 horas, el rango de los programas criminales varió desde 0,74 en Bones a 1,46 en otros programas relacionados con los crímenes.

Los resultados contradijeron algunas de las hipótesis iniciales. Contrariamente a lo que se había pensado se obtuvieron tasas más altas en estimaciones de error variando desde un 39,27% en la etapa de prueba a un 44,55% en la de análisis. Las estimaciones de error son bastante más altas de lo que se habría esperado debido al efecto CSI por el cual las personas tienen una alta fe en la precisión y fiabilidad de las ciencias forenses. También fueron más altas las estimaciones de juicio humano que fueron desde el 4,94 en la etapa de prueba al 5,55 en la de recopilación y presentación, siendo, por tanto, superior a la hipotetizada antes del estudio. Se encontrarán correlaciones positivas entre las estimaciones de error y la del juicio humano en todas las etapas, lo que significa que mientras más creyera el participante que estaba involucrado el juicio humano, mayor era la probabilidad de que ocurriera un error.

Los resultados mostraron que no había correlaciones significativas entre los hábitos de visualización de series de crímenes y las estimaciones de error. Se descubrió que los hábitos de ver series solo se correlacionaban negativamente de manera significativa con la etapa de almacenamiento y la de prueba. Lo que contradicen la H2 y la teoría del efecto CSI.

En lo relacionado a la precisión y fiabilidad de las técnicas forenses, en general son bastante buenas. Varían de unas a otras, siendo de las más bajas el análisis de documentos que obtendría un 65,18% y la más alta sería el ADN con un 89,95%. Estos resultados contradicen la H3.

En relación a la influencia del juicio humano en cada proceso sólo se obtuvieron los resultados esperados para el análisis de ADN. Los demás estuvieron por encima de los cuatro puntos esperados, llegando a 5,72 en el caso de análisis de documentos. En lo relativo a las correlaciones de exactitud y juicio humano para cada prueba, solo cinco de las 16 (sangre, ADN, documentos, dactiloscopia e imagen) se correlacionaban de manera negativa, por lo tanto, para otras pruebas los participantes que creían que era más procesos, también creía que había menos juicio humano involucrado.

En lo relativo a la H4, no hubo una correlación significativa entre los hábitos de televisión y la precisión de las pruebas. Además, se encontró tres correlaciones positivas significativas entre la visualización del crimen y el juicio humano (ADN, dactiloscopia y toxicología) que no siguen la dirección esperada. Por tanto, estos resultados contradicen la hipótesis planteada.

La última hipótesis hace referencia a que la tasa de error general de todas las etapas superará el 100, aunque la tasa de cada técnica fuese baja. Curiosamente ya desde la segunda fase (almacenamiento) rondaba el 80% superando el 100% en la tercera (prueba), la tasa total fue del 248,56%. En contraste, la tasa de error por técnicas fuera del 10,05% del ADN al 34,82% del análisis de documentos. Estos resultados apoyan la hipótesis y demuestran que los participantes ignoraron completamente sus estimaciones previas sobre las tasas de error en cada etapa del proceso cuando se les pidió que hicieran juicios sobre la precisión de las técnicas específicas.

Como se ha visto los resultados fueron sorprendentes, ya que los participantes creían que había una probabilidad sustancial de error en cada fase del proceso forense. Una explicación a esto puede ser el sistema novedoso de preguntar por cada etapa en vez de por el conjunto lo que le hizo reflexionar más en profundidad. También pudo influirles que las respuestas se tuvieran que dar a través de una barra oscilante que veían predeterminada en el 50% y ya se ha demostrado que los anclajes condicionan. Igual de sorprendentes fueron las estimaciones tan altas relativas a la influencia de juicio humano en cada etapa, ya que generalmente esta ciencia está más relacionada con la tecnología que con la intervención humana.

Aunque se correlacionó positivamente las estimaciones de error con la de juicio humano (cuanto más creía que esta involucrado el juicio humano, creía que había más error) no se ha podido establecer una correlación consistente entre ambos fenómenos.

A pesar de que tampoco se obtuvieron los resultados, por encima del 90%, que se esperaba en la precisión de la prueba. Todos los participantes creyeron que todas las pruebas eran significativamente mejores que la casualidad. La más precisa fue el ADN (89,95%) aunque sigue siendo un resultado bastante menor del esperado.

Este estudio muestra muy poco apoyo al efecto CSI, el cual asume que aquellos que ven series relacionadas con crímenes tendrán diferentes creencias y percepciones sobre las ciencias forenses que aquellos que no los ven. Sin embargo, en este estudio no se encontrarán correlaciones entre la visualización de series y las estimaciones de error para ninguna etapa del proceso forense ni para ninguna de las técnicas.

Es importante tener en cuenta que, aunque los hábitos de consumo de series criminales no estaban relacionados con sus estimaciones de precisión, este estudio demuestra que las personas no tienen una comprensión sólida de la precisión de las técnicas forenses, siendo algunas exageradas y otras subestimadas. Esto demuestra que los jurados pueden llegar a un juicio con creencias preexistentes potencialmente inexactas sobre la ciencia forense que puede afectar a su evaluación de los informes y pruebas, así como al veredicto del mismo.

Enfoque cognitivo para la detección de mentiras. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “A cognitive approach to lie Detection: A meta-analysis” de Vrij, Fisher y Blank; en él hacen un metaanálisis sobre el enfoque cognitivo para la detención de mentiras. Se centra en tres técnicas: imponer una carga cognitiva, alentar a los entrevistadores a decir más y hacer preguntas inesperadas.

El enfoque cognitivo para la detección de las mentiras parte de la observación de que mentir es más agotador mentalmente que decir la verdad. Para llevar a cabo este análisis se tuvieron en cuenta los estudios que se centraban en detectar la mentira a través de la observación del comportamiento de alguien o escuchando el discurso de una persona cuando no hay de fondo otra información relevante.

Esta teoría se centra en que se pueden magnificar las diferencias en las señales (no)verbales indicativas de la carga cognitiva mostradas por las personas sinceras y los mentirosos a través de intervenciones sobre los principios cognitivos que hacen que la tarea de mentir sea aun más exigente cognitivamente. Las estrategias que pueden ayudar a la detección de mentiras serían. Imponer una carga cognitiva, alentar a los entrevistados a proporcionar más información y hacer preguntas inesperadas.

Imponer una carga cognitiva hace alusión a hacer que las entrevistas sean más difíciles mentalmente. Al mentir se gastan más recursos cognitivos, al aumentar la dificultad mental se reducen los recursos, si se sigue aumentando puede llegar el momento en que no sean capaces de hacer frente a las solicitudes que se les hagan y por tanto no poder mentir. Algunas de las tácticas que se usarían serían: contar sus historias en orden inverso, mantener el contacto visual con el entrevistador, hacer dos tareas simultáneamente (coger algo y hablar) o si hay varias personas contar su historia por turnos según vaya decidiendo el entrevistador.

Pedir más información, por un lado, sirve para contrastar detalles o encontrar nuevas pistas, y, por otro lado, a los mentirosos les podría resultar complicado añadir más detalles que a los sinceros. Además, los detalles que añaden pueden ser de menor calidad o ser menos creíbles. Hay cuatro estrategias que funcionan para forzar el añadir más detalles: el uso de otro investigador adicional, el dar una respuesta modelo (que tenga muchos detalles), el uso de dibujos y la aplicación de la entrevista cognitiva.

La última técnica mencionada, el hacer preguntas inesperadas, se basa en que los mentirosos se preparan previamente las respuestas en base a las preguntas que creen que les harán, ya que eso hace que mentir tenga una menor carga cognitiva. El hacer una pregunta inesperada les obligará a crear una respuesta en ese mismo momento y ahí presentarán mayores niveles de carga cognitiva mientras que los sinceros tendrán los mismos niveles para las respuestas esperadas como para las inesperadas.

Para comprobar su efectividad se calculó el tamaño del efecto reflejando la diferencia en las tareas de precisión obtenidas con los enfoques estándar y de detección cognitiva de la mentira. Y luego se integraron siguiendo la metodología metaanalítica estándar. Se realizaron los cálculos separando la precisión de detección de la verdad y de la mentira para posteriormente sacar también la precisión total. Se utilizaron de medición los odd ratio y la d de Cohen.

Para incluirse en el metaanálisis los estudios debían cumplir los siguientes criterios de inclusión: emplear alguna forma de manipulación de detección cognitiva de la mentira e informar de alguna medida de exactitud de detección de mentira. En total se obtuvieron 14 estudios experimentales que reunían esas condiciones.

Como resultados se encontró que el enfoque de detección de mentiras cognitivas era superior al enfoque estándar para las tres medidas de precisión de detección. Para la verdad fue de 67% frente al 57%, para la mentira fue de 67% frente al 47% y para el combinado fue de 71% frente al 56%. Este porcentaje de detección estándar del 56% se encuentra muy próximo a la tasa del 54% que se encuentra típicamente en la investigación del engaño (Bond y DePaulo, 2006), sin embargo, el enfoque cognitivo es bastante superior con un 71%.

Se analizó también si los juicios sobre la precisión eran realizados por humano o por algoritmos, y la efectividad de las técnicas cognitivas mencionadas anteriormente. Los resultados basados en los odd ratios y en la d de Cohen mostraron que la manera de tomar decisiones (humanos o algoritmos) no importaba mucho para la precisión final. Para la precisión de la verdad funcionaba mejor el enfoque cognitivo cuando está basado en criterios objetivos y mostró una escasa ventaja sobre el enfoque estándar para los observadores humanos. Lo contrario ocurría con la detección de la mentira, el enfoque cognitivo funcionaba mejor cuando los jueces eran humanos. Esto puede ser debido a que las personas presentamos un sesgo de verdad, tendemos a pensar que la persona objetivo está diciendo la verdad y por ello, para los humanos hay un mayor margen de mejora para aumentar la precisión de la mentira.

En lo que respecta a las técnicas empleadas no tuvieron un efecto moderador significativo en la precisión total. Para la detección de la verdad la técnica más efectiva fue alentar a los entrevistados a decir más, seguido de las preguntas inesperadas y, por último, imponer una carga cognitiva. Por el contrario, para la detección de la mentira la más eficaz fue imponer una carga, seguida de hacer preguntas inesperadas y, por último, alentar a decir más.

Estos resultados coinciden con la justificación teórica. Alentar a los entrevistados a decir más animaría particularmente a los que cuenta la verdad a hablar más. Debido a ello se obtienen mejores resultados con esa técnica cognitiva que con la estándar en la detección de la verdad. Además, se señaló que los mentirosos tendrían mayores problemas al hacer frente a una carga cognitiva, como se ha demostrado, lo que significa que también las técnicas cognitivas tienen mejores resultados que la técnica estándar para la detección de la mentira.

En resumen, los hallazgos metaanalíticos confirmaron la superioridad del enfoque de detección cognitiva de la mentira. Condujo a una mejor precisión de detección total (71% vs 56%), una mejor detección de la verdad (67% vs 57%) y de la mentira (67% vs 47%) que el enfoque estándar. Los humanos se beneficiarán más de la detección cognitiva de mentiras. Además, se demostró que cada técnica tiene una ventaja diferente, siendo más eficaz la carga cognitiva para detectar mentiras y el alentar a hablar para detectar la verdad.

En cuanto a la aplicación de estas técnicas se recomienda que sean basadas en un contexto de entrevista de recuperación ininterrumpida y no en el típico acusatorio de la policía, basado en el falso mito de que el sospechoso no quiere hablar. Además, se ha demostrado que el enfoque de recuperación ininterrumpida aumenta significativamente la probabilidad de una confesión verdadera y disminuye la probabilidad de confesiones falsas con respecto a la técnica acusatoria.

Auqnue es verdad que la técnica cognitiva mejora la detección, sus índices no superan el 70%, lo que hace que todavía tenga un gran margen de mejoría y que no sea útil en su aplicación en el uso clínico o para la detección masiva en los controles fronterizos, ya que en esos casos su tasa de error tendría que ser mucho más baja. Pero este es un problema que ninguna herramienta de evaluación actual ha conseguido resolver.

Técnica y actitud del entrevistador y confesiones falsas. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “The combined effects of questioning technique and interviewer manner on false confessions” de Paton, Bain, Gozna, Gilchrist, Heim, Gardner, Cairns, McGranaghan y Fischer; en él que se realiza un examen empírico sobre como afecta de forma combinada tanto la técnica de interrogación como la actitud en la que la realiza en entrevistador sobre las confesiones falsas.

Primeramente, se realizó un estudio piloto donde se pretendía comprobar cuál era la influencia de las diferentes actitudes que mantenía el entrevistador. Para ello se utilizó una muestra de 104 estudiantes universitarios que se sometieron a una entrevista severa o amistosa y clasificaron el comportamiento de los entrevistadores con una escala de Likert de cinco puntos para evaluar el grado en que los entrevistadores mostraban 18 actitudes: nervioso, severo, amigable, comprensivo, asertivo, confiado, organizado, profesional, firme, respetuoso, positivo, formal, cálido, severo, organizado, efectivo, autoritario, competente y negativo. También se utilizó otra escala de Likert, en este caso, de once puntos para evaluar el grado en que los participantes experimentaron presión para confesar.

Para poder llevar a cabo las entrevistas cuatro estudiantes universitarios varones fueron entrenados por el investigador principal para realizar los interrogatorios después de una denuncia falsa de robo. Realizaron las entrevistas siguiendo un guion preparado.

Después se realizó el estudio principal, los participantes creían que era un experimento sobre los rasgos de personalidad y su relación con el desempeño en las tareas. Para poder llevarlo a cabo se utilizó una muestra de 120 miembros (53 hombres y 67 mujeres) de edades comprendidas entre los 16 y los 62 años, con una edad media de 28 años. Cada uno de los participantes era evaluado individualmente y tenían que contestar los dos cuestionarios del estudio piloto. Al acabar recibirían un cheque de regalo de diez libras. Los cheques estaban en la mesa que tenían enfrente. En un determinado momento del experimento el miembro del equipo que estaba con ellos abandonaba la sala dejando solos a los participantes. Al volver aseguraba que faltaba uno de los cheques y acusaba del “robo” a los participantes.

Pasados unos dos minutos entraba uno de los entrevistadores. Se presentaba como miembro del equipo de investigación e informaba al participante de que tenía que llevar a cabo unas preguntas sobre el asunto del cheque. Estas entrevistas se daban bajo dos condiciones, amistosa o severa. En la condición amistosa el entrevistador para establecer una buena relación y parecer cálido y amistoso se presentaba usando su nombre, mantenía contacto visual, sonreía y adoptaba una postura relajada. En la condición severa para parecer formal y abrupto usaba su nombre completo, no sonreía y adoptaba una postura severa y autoritaria. A continuación, en ambas condiciones, se le pedía al participante que contaran con sus propias palabras el suceso mientras tomaban notas. Después de esta fase de recuerdo libre el entrevistador realizaba una serie de preguntas prestablecidas en el guion, donde también tomaban nota de la respuesta. Además, de las dos condiciones había cuatro variantes de preguntas en cada una: minimización, preguntas repetitivas, preguntas guiadas y preguntas no guiadas. En la primera de ella se hacían afirmaciones del tipo “no te preocupes” o “estoy seguro de que no se dio cuenta de que esto era un tema importante”. En la segunda, se preguntaba hasta seis veces si había cogido el vale. En la tercera era del estilo “los cheques estaban claramente visibles en la mesa, por lo que hubiera sido fácil coger uno ¿no?”. En la última, se utilizó una aproximación propia del método PEACE.

Después de la fase de preguntas se hizo un resumen de todo lo que le habían contado y se les preguntaba si quería añadir algo más. Más tarde, tendían que firmar su declaración y un documento “aceptando la responsabilidad por el vale faltante”. Aquellos que no lo firmaron a la primera se les insistió dos veces más. Al acabar el interrogador abandonaba la sala y volvía el investigador que les informaba sobre las intenciones reales del experimento y se las pedía que completaran las dos escalas antes mencionadas.

Al realizar un análisis multivariado se encontró diferencias significativas en las calificaciones entre las condiciones del entrevistador severo y el amigable en cuatro de los 18 componentes analizados. Lo más severos fueron juzgados como más duros y severos. Los amistosos destacaron en simpatía y comprensión.

Ninguno de los participantes confesó falsamente durante la etapa del interrogatorio de la entrevista. Cada confesión falsa se obtuvo cuando se le pidió que firmará la confesión. En total se consiguieron 37 declaraciones falsas: 14 de ellas fueron a través de preguntas no dirigidas (9 amistosas y 5 severas), diez fueron con la minimización (7 amistosas y 3 severas), 9 fueron con preguntas guiadas (5 severas y 4 amistosas) y 4 con preguntas repetitivas (2 amistosas y 2 severas). Hay que destacar que el modelo repetitivo fue estadísticamente significativo, ya que con cada aumento unitario del mismo se asociaba con una disminución de la probabilidad de conseguir una confesión falsa.

La interacción entre la actitud del entrevistador y la técnica no fue significativa en relación a la presión para confesar. Aquellos que confesaron calificaron el interrogatorio con un grado de presión más alto que aquellos que no confesaron.

Este estudio es una primera aproximación a los efectos de combinar la actitud del entrevistador más la técnica usada. Casi un tercio de los participantes firmaron la confesión falsa y la mayoría confesaron inmediatamente cuando se les presentó la declaración. Lo hicieron a pesar de la falta de evidencia incriminatoria, en ausencia de presión externa y a pesar de no ser conscientes de las consecuencias de confesar.

En relación a las técnicas, contrariamente a lo que se esperaba, la condición de preguntas no guiadas fue la que obtuvo un mayor número de confesiones falsas. Esta técnica a pesar de no ser coercitiva puede ser manipuladora psicológicamente. Si los participantes se sintieron cómodos y creyeron que habían establecido confianza con el entrevistador, aumentaría la vulnerabilidad para cumplir con la solicitud de firmar la confesión falsa. Por el contrario, el cuestionamiento repetitivo fue el que menos confesiones falsas provocó. La inferencia de culpabilidad transmitida al preguntar repetidamente a los participantes si habían cogido un cheque pudo haber provocado una oposición, alentando a la negación contra el mismo. Si los participantes se sintieron ofendidos en vez de intimidados pudo ser lo que hizo que no confesasen. Por tanto, puede ser que las preguntas repetitivas tengan un efecto antagónico y reduzca el riesgo de confesiones falsas.

El que las actitudes del investigador no tuvieran un efecto significativo en las confesiones falsas pudo deberse a las manipulaciones experimentales. La naturaleza potencialmente estresante del experimento pudo hacer que los participantes tuvieran una percepción más negativa del entrevistador amigable y, además, varios de los comportamientos del cuestionario eran parecidos y difíciles de diferenciar.

También hay que destacar que en este experimento los entrevistadores severos obtuvieron menos confesiones falsas de lo que se esperaba. Esto puede explicarse porque al exponerse a alguien percibido como hostil y grosero provocaba sentimientos de molestia y de falta de respeto lo que redujo la posibilidad de cooperación y aumentó la resistencia a la confesión.

Curiosamente la actitud amistosa más la técnica de las preguntas no guiadas fue la que obtuvo puntuaciones más altas en cuanto a presión por confesar. Esto puede deberse a que la actitud informal y comprensiva del entrevistador combinada con la ausencia de preguntas coercitivas creaba una forma sutil de manipulación psicológica que provocó que los participantes experimentaran una alta presión por confesar y firmar así la declaración falsa.

Se recomienda, por tanto, una investigación futura más exhaustiva sobre los factores que hacen que se produzca una confesión falsa.