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Mes: noviembre 2019

Perfilación criminal del incendiario forestal. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Forest arsonist: criminal profiling and its implications for intervention and prevention” de Soeiro C. y Guerra R. (2014), en el cual se explican las características más comunes de incendiarios forestales de Portugal y la utilidad de la perfilación criminal de estos para desarrollar pautas de prevención e intervención.

Solo existen dos líneas de investigación del incendiario forestal, una portuguesa y otra española, que mediante la técnica del perfilamiento criminal han obtenido una tipología que informa sobre qué tipo de persona cometerá con mayor probabilidad un incendio forestal (González, Muñoz, Cacerrada y Sotoca, 2017). Esta cita resume perfectamente el estado de la cuestión sobre la investigación de los incendiarios forestales. El artículo que presentamos proviene de la línea portuguesa de investigación.

En los países europeos, los incendios forestales representan un problema de alto impacto social y económico. Para poder desarrollar actuaciones de prevención e intervención apropiadas, es esencial desarrollar estudios que describan el fenómeno.

Se estima que el interés hacia el fuego aparece entre 2 y 5 años. Con independencia a la edad de inicio de este interés, se ha sugerido que el uso del fuego con intenciones de dañar podría tener causas internas (p. ej. las alteraciones de personalidad, predisposiciones neurológicas, etc.), externas (p. ej. problemas familiares) o ambas. Existen clasificaciones de los incendiarios, como la de Geller que considera 4 tipos: con ausencia de trastornos, con trastorno mental, con trastorno neurológico e incendiarios juveniles.

El comportamiento de los incendiarios a menudo se confunde con la piromanía. En cambio, la piromanía solo explica un grupo muy pequeño de casos. Esta se expresa como el resultado de un impulso a encender deliberadamente fuegos en busca de aliviar la tensión. Ese alivio es gratificante (sienten placer), por lo que el comportamiento se refuerza positivamente y es probable que se repita.

A pesar de ese componente impulsivo, un pirómano suele preparar con antelación su futuro crimen. No suelen tener una motivación instrumental para provocar un incendio y esta es una diferencia clave de los incendiarios forestales. Estos último suelen provocar incendios con intereses monetarios, personales, políticos o por la presencia de alucinaciones o de trastornos mentales como la psicosis. En todas estas motivaciones se puede perseguir el ocultar pruebas, vengarse o responder a emociones como la ira.

Otra diferencia importante entre pirómanos e incendiarios forestales es que los primeros suelen ser observadores regulares del fuego. También presentan comportamientos incongruentes a largo plazo. Por ejemplo, pueden mostrarse muy interesados en trabajar como bomberos o ser voluntarios y, a la vez, sentir indiferencia hacia las consecuencias devastadoras de un incendio. En cualquier caso, las evidencias muestran que la piromanía supone rara vez una causa de los incendios forestales intencionados.

Los incendiarios forestales llevan a cabo sus conductas para la destrucción de la propiedad o en contra de los individuos y/o grupos. La acción incendiaria supone una forma de expresión emocional para comunicar un deseo o necesidad. Según algunos autores, el incendiario forestal debe verse como un individuo que no puede tener en el mundo el impacto que quiere tener a través de otros medios que no sea el incendio. Por lo tanto, el fuego es una estrategia para conseguir sus metas.

Este comportamiento se explica a menudo por dificultades en la resolución de problemas interpersonales y una tolerancia muy limitada a la frustración en los contextos sociales. Por lo tanto, se habla de una interacción destructiva con el mundo que le rodea.

En este estudio se analiza una muestra de 452 incendiarios forestales investigados y detenidos por la policía portuguesa entre los años 1995 y 2013. De las variables demográficas recogidas sobre estos sujetos, lo que más destaca es que la mayoría (68%) estaban solteros.

Los instrumentos utilizados son dos: un cuestionario para la perfilación de incendiarios (QIPI; Soeiro, 2002) y una entrevista psicológica basada en el PCL: SV (Hart, Cóx y Hare, 1995). El primero mide aspectos como características sociales y psicológicas del criminal y de sus víctimas, comportamiento del criminal durante la investigación policial, entre otros. La entrevista se dirige al análisis de la presencia de trastornos mentales y para identificar los aspectos mas salientes del historial del perpetrador.

Del análisis de esta muestra se obtienen los aspectos más frecuentes relacionados con el comportamiento de los incendiarios forestales. Los incendiarios suelen ser hombres solteros, de entre 20 y 35 años, con un nivel primario de educación y profesiones no cualificadas. Provocan los incendios especialmente en horario de tarde y suelen utilizar velas, cerillas o mecheros para iniciar el fuego, mayoritariamente en zonas rurales. Después de provocar el incendio, abandonan la escena del crimen y suelen residir cerca de ella. No suelen tener relación alguna con las víctimas o con el terreno incendiado (con el dueño) y no suelen tener antecedentes penales registrados.

En términos de perfilación criminal, se obtienen cuatro tipologías estadísticamente significativas. El perfil A (41,5% de los casos) incluye sujetos que actúan con instrumentalidad y/o venganza. Los sujetos suelen actuar desde motivaciones como ira, venganza, soledad o en respuesta a problemas familiares. De hecho, pueden utilizar sus conductas para expresar emociones hacia miembros familiares o conocidos. En las investigaciones policiales suelen explicar su conducta por la hostilidad hacia los afectados.

Es probable que haya un historial clínico de consumo de alcohol y/o epilepsia y suelen tener 46 o más años. El historial delictivo suele ser definido por conductas de agresión. Los incendiarios del perfil A pueden ser hombres o mujeres, que utilizan herramientas simples para encender el fuego (cerrillas, velas, etc.) en zonas de bosque o terrenos no cultivados, entre las 16 y 20 horas.

En el perfil B (3%) hablamos de una instrumentalidad orientada al beneficio (p.ej. dinero), con conductas explicadas por factores económicos o negligencias. Por lo general, son hombres, sin historial clínico relevante y con un historial de arrestos o multas para otro tipo de delitos (p. ej. conducir sin carné). Además de provocar un incendio, pueden estar implicados en delitos relacionados con la propiedad (p. ej. robo). Suelen utilizar herramientas de ignición más complejas (p. ej. productos inflamables) en las mismas escenas de crimen del perfil A, además de zonas cultivadas.

El perfil C se divide en dos sub-perfiles: C1 y C2. Ambos suponen un perfil expresivo, pero muestran diferencias importantes. El perfil C1 (55%) incluye sujetos con historial clínico de problemas mentales, como la esquizofrenia, demencia o derivados del consumo de alcohol, entre otros. Estos problemas son los que provocan la motivación para provocar un incendio.

Los sujetos suelen ser solteros, con bajo nivel educativo y estatus profesional, con edades entre 36 y 55 años y problemas de socialización. Utilizan herramientas de ignición simples, en bosques cercanos al lugar de residencia, generalmente en días laborables y en un rango temporal amplio (8 p.m.- 4 a.m.). Un aspecto destacable es que suelen quedarse un tiempo en la escena del crimen después de provocar el incendio.

El perfil C2 se da rara vez y se necesitan más datos para definirlo adecuadamente. En cualquier caso, en este grupo entrarían aquellos sujetos que sienten atracción hacia el fuego. Sujetos jóvenes, de hasta los 35 años, con un impulso irresistible para prender fuego a las cosas. La causa principal de su conducta es la falta de control de esta, pero no suelen tener historial de trastornos psiquiátricos. Curiosamente, suelen provocar el incendio y, seguidamente, suelen prestar su ayuda a los bomberos para apagarlo.

Como observamos, la perfilación criminal es una herramienta muy útil y necesaria para poder desarrollar las mejores actuaciones de prevención, evaluación, tratamiento y castigo (adecuado). En base a los perfiles encontrados, las autoras sugieren diferentes estrategias. Por ejemplo, para el perfil A sería adecuado utilizar programas educativos, además de estrategias de detección y castigo adecuados. En cambio, para el perfil C lo más adecuado sería llevar a cabo actuaciones de detección y diagnóstico, evaluación del riesgo y de tratamiento y control.

Esperemos que, en el futuro, las líneas de investigación de este tema se amplíen a más países, dado que en los últimos años varios puntos forestales del planeta han quedado gravemente afectados.

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Los efectos del fuego sobre el ADN humano. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Effect of fire on DNA and its profiling in homicide cases” de Kumar N., Chauhan A., Gupta R., Maitray A., Sharma D. y Shukla SK (2019), en el cual se analizan los efectos del fuego sobre el ADN, un tema de vital importancia en los casos de homicidio donde la presencia de fuego impide identificar a la víctima y obtener más pruebas sobre el caso.

En las investigaciones forenses, los expertos tratan con diferentes tipos de escenas del crimen. En los casos de homicidio a menudo se encuentran con los cuerpos de las víctimas quemados, con falta de evidencias y con la dificultad o imposibilidad de identificar a la víctima. Determinar la causa de la muerte se convierte en una tarea muy complicada debido a las quemaduras y a la presencia de hollín. Asimismo, aislar muestras de ADN a partir de los restos del cuerpo o de muestras de sangre encontradas en las pertenencias de la víctima (p. ej. ropa, tejidos, etc.) también se convierte en una tarea ardua.

En el campo de las ciencias forenses los avances tecnológicos han ganado terreno a los métodos tradicionales. Aun así, por más tecnología que se utilice, los expertos forenses son vitales y son considerados como la clave de cualquier investigación. Los forenses analizan diversas tipologías de casos y en estos se encuentran con diferentes métodos para anular las pruebas: quemar, tirar un cuerpo al agua, etc. todos los perpetradores intentan tapar cualquier prueba posible e intentan hacer que el fuego u otros métodos utilizados parezcan el producto de una causa natural.

Hasta el día de hoy, no existen procesos técnicos que sirvan para analizar muestras afectadas por temperaturas muy elevadas debido al proceso de quema. Por esta razón, en este estudio se intenta determinar la cantidad y calidad del ADN proveniente de tejidos y muestras de sangre afectados por el fuego y el hollín. También se analiza el efecto de las temperaturas elevadas provocadas por el fuego en las muestras y la precisión en determinar el perfil genético del ADN de la víctima.

Los patrones de sangre no quedan afectados por el fuego si la temperatura es igual o menor a 40ºC. En cualquier caso, se cree que los elementos de la sangre que sirven para obtener el ADN ya no son trazables después de la exposición a temperatura de 1000ºC.

Los tejidos que no entran en contacto directo con el fuego son los idóneos para obtener el perfil de ADN. El aislamiento del ADN se puede hacer a partir de muestras de pelo, uñas, dientes o huesos, en incluso a partir del cuero cabelludo si no ha entrado en contacto directo con el fuego. Los tejidos conectivos densos pueden proteger el ADN bastante tiempo incluso si la temperatura llega a 100ºC.

En el caso que se analiza en este estudio, las pruebas recolectadas no sirvieron para obtener información sobre el ADN, debido al contacto con el calor provocado por el fuego. La policía recibió una llamada alrededor de las 6 de la mañana y fueron avisados de la existencia de un cuerpo quemado. Cuando se llegó a la escena del crimen, se observó que la víctima era un hombre con el cuerpo parcialmente quemado. Se encontraron manchas de sangre mezcladas con hollín en el suelo y encima de una alfombra en la que el cuerpo estaba enrollado.

Los investigadores recogieron muestras de la ropa interior quemada, de la alfombra, del suelo de cemento que contenía las manchas de sangre, dos trozos de plástico quemado, muestras de sangre mezcladas con hollín, ropa de la víctima y del acusado, la posible arma homicida (un arma metálica oxidada y afilada), gasa con sangre y pelo quemado. Todas las muestras fueron recogidas y conservadas por un oficial de policía respetando el protocolo pertinente para evitar la contaminación y degradación de las pruebas.

Sobe el terreno y en la autopsia se estableció que la causa de la muerte fue el estrangulamiento. Post-mortem, el cuerpo fue cortado en trozos. Por la imposibilidad de descomponer el cuerpo totalmente, el acusado quemó el cuerpo de la víctima dos días después con queroseno. También se observó un golpe en la cabeza de la víctima, provocado de manera post-mortem, con el arma encontrado en la escena del crimen.

El fuego dificulta de manera significativa el poder aislar el perfil genético de la víctima. Puede haber daños por la alta temperatura, por el agua utilizada para apagar el fuego, por la mezcla de hollín o queroseno con la sangre, etc.

Las muestras recogidas fueron enviadas al laboratorio para investigar el ADN y fueron preservadas a 4ºC para evitar la degradación. A la hora del análisis, se utilizó el protocolo de extracción automatizada, una técnica considerada como la mejor para las muestras degradadas y para las que están afectadas por el fuego.  En este caso, la extracción orgánica de ADN no es recomendable.

De la cuantificación del ADN se obtuvo una cosecha mayor de las muestras que no han estado en contacto directo con el fuego. Los peores resultados se obtuvieron con las muestras recogidas del suelo de cemento. Estas mostraron los peores valores en la técnica RT-PCR. La técnica RT-PCR se refiere a la Reacción en Cadena de la Polimerasa en Tiempo Real y se utiliza para amplificar y simultáneamente cuantificar el ADN. Se analizaron los microsatélites del ADN o STR, que se refieren a las secuencias del ADN en las que un fragmento se repite de manera consecutiva. Estos son clave en el análisis del perfil genético porque son marcadores moleculares que generan la huella genética personal.

En algunas de las muestras, el perfil de ADN fue completo y en otras faltaban alelos. En las muestras de ropa parcialmente quemadas, la cantidad de ADN fue de 0,4 nanogramos. En cambio, en las muestras intactas del pelo de la víctima, la cantidad de ADN fue máxima (1.06 ng). Como se esperaba, el ADN obtenido de las muestras de pelo no solo fue mejor en cantidad sino también en la calidad (precisión en la perfilación del ADN). Las muestras recogidas del suelo no fueron adecuadas para obtener el perfil del ADN, debido a concentraciones altas de cemento. El tejido quemado de la víctima tampoco fue útil para obtener su perfil genético.

A modo general, el impacto del fuego impidió la obtención de ADN en calidad y cantidades apropiadas. Las muestras de ropa o tejidos afectadas por el fuego no deberían ser tenidas en cuenta para la perfilación del ADN. Se destaca que el hollín no afecta a esta tarea de obtención del perfil genético. En los casos de cuerpos quemados profundamente, las muestras de huesos o dientes serían las adecuadas para obtener el ADN de la víctima.

Por último, los perfiles STR obtenidos con la RT-PCR fueron efectivos para aislar el ADN de alta calidad. Hoy en día, el uso del ADN para identificar a la víctima a partir de restos humanos y después de un fuego accidental o deliberado, incendios forestales o desastres naturales se ha convertido en la técnica estándar. Investigar cada vez más sobre cómo se pueden mejorar estas técnicas para poder abarcar todas las tipologías de casos es clave.

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Perfilación criminal basada en características de la víctima y de la escena del crimen. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses esta semana presentamos el artículo “Homicide profiles based on crime scene and victim characteristics” de Pecino-Latorre M. M., Pérez-Fuentes M. C. y Patró-Hernández R. M. (2019), en el cual se analiza si las características de la escena del crimen y de la víctima sirven como predictores eficaces en la perfilación criminal.

Las investigaciones sobre homicidios han ganado con el tiempo mucho interés tanto académico como profesional. Este interés se debe, por un lado, a que el homicidio es el comportamiento criminal más peligroso. Por otro lado, el impacto a nivel psicosocial, político y socioeconómico es muy importante. De hecho, la presencia de homicidios se considera un fuerte indicador del nivel de violencia y seguridad de un país.

En las últimas décadas ha habido mucho avance en la metodología y enfoque de estudio de los homicidios. Aun así, los homicidios son fenómenos extremadamente complejos, dado que es una categoría criminal que incluye diferentes variantes, cada una con sus características dinámicas y procesos psicológicos implicados. Además, las características de los criminales y de las víctimas son muy diversas.

La metodología tradicional de análisis se basa en descripciones de los fenómenos y se sigue utilizando en las investigaciones sobre el tema. No obstante, el uso de técnicas más sofisticados, como el análisis multivariante, son cada vez más populares. La ventaja principal de los métodos estadísticos como el antes mencionado es que consideran la relación compuesta entre todos elementos ligados a un homicidio. Así, se obtiene una mejor comprensión del fenómeno y se permite la obtención de conclusiones más útiles y realistas. Los estudios que utilizan este enfoque metodológico se basan en la perfilación criminal y su aplicación práctica durante las investigaciones policiales.

El perfilador criminal es un profesional que ofrece consejos e información operativa en las investigaciones policiales, utilizando un enfoque basado en evidencias científicas. No obstante, la información que un perfilador criminal ofrece no tiene carácter vinculante, sino que se presenta en términos probabilísticos.

Nos alejamos de la visión tradicional del perfilador que predice los rasgos de personalidad de un criminal desconocido. La base del trabajo de un profesional de este campo se compone de elementos que permiten hipotetizar las características potenciales de un criminal, facilitando un proceso más riguroso de priorización de los sospechosos. Por lo tanto, la eficacia de la investigación policial aumenta.

Las características de los criminales de mayor interés suelen ser las relativas a variables sociodemográficas (sexo, edad, país de origen), historial delictivo y tipo de relación que tiene con la víctima. Algunos autores también se han enfocado en las diferencias en el modus operandi según el género del autor de un homicidio y en los actos de precaución que llevan a cabo.

 El objetivo de este estudio es determinar qué características del homicidio, de los comportamientos llevados a cabo en la escena del crimen y de las víctimas están asociadas a las características del autor de un homicidio en una muestra española. La muestra de estudio se compone de 448 casos de homicidios, con autores mayores de edad, donde solo hay una víctima y un criminal (se excluyen los homicidios múltiples) y registrados en España entre el 2010 y el 2012. Del análisis de los casos se extraen y se clasifican 6 variables en relación al autor (edad, sexo, país de origen, historial delictivo, historial de crímenes y relación con la víctima) en función de 18 variables relacionadas con la escena del crimen, modus operandi y características de la víctima.

La variable mas relevante para identificar el género del autor de un crimen es la edad de la víctima, el tipo de arma homicida y/o el método utilizados para cometer el crimen. Es más probable que el autor sea una mujer cuando la víctima es menor de edad y cuando se utilizan métodos de asfixia para cometer el crimen. Por otro lado, es más probable que los hombres utilicen armas de fuego o su fuerza física para matar a sus víctimas. En términos generales, hay evidencias de que cada criminal está influenciado parcialmente por las características de las víctimas a la hora de elegir las armas/métodos.

Para determinar la edad del autor son determinantes la edad y el género de la víctima y el método de aproximación a esta. Por ejemplo, es más probable que el autor sea mayor de 51 años si la víctima ronda esta edad y si es mujer. En otros estudios se ha observado que es más probable que el autor tenga 55 o más años cuando la víctima es mujer y mayor de 65 años.

Si el autor se aproxima súbitamente a la víctima, si ha tenido alguna relación previa con esta o si la aproximación no ocurre con el objetivo de cometer un crimen, hay casi un 60% de probabilidad de que el agresor tenga entre 18 y 30 años. En cambio, si la aproximación es por sorpresa y la víctima es menor o tiene entre 18 y 30 años, hay una probabilidad de entre 50% y 70% de que el autor tenga entre 31 y 50 años.

El país de origen de la víctima es la variable que más se asocia al país de origen del agresor. Si la víctima es de origen extranjero, hay una probabilidad de 30% de que el agresor sea español y esta asciende a una 74% de que el agresor sea también extranjero. Cuando la víctima es española, se registra una probabilidad de 80% de que el agresor también lo sea.

 Para determinar si el autor de un crimen tiene un historial delictivo el método utilizado para escapar de la escena y la edad de la víctima son aspectos clave. Este resultado es consistente con otros estudios que indican que aquellos agresores con un historial de conductas violentas y agresiones sexuales suelen elegir víctimas con edades entre 19 y 35. Estos también suelen llevar a cabo más actos de precaución para evitar que se les identifique.

En cambio, para determinar si el autor tiene un historial específicamente de crimen (homicidio, i.e. crímenes contra la vida, la integridad o la libertad de otros) no solo son claves los dos aspectos antes mencionados sino también el lugar del homicidio. El mejor nivel de probabilidad se obtiene en cuanto a víctimas menores de edad o mayores de 64. En estos casos hay un 81% de probabilidad de que el autor tenga historial criminal.

Por último, el género y la edad de la víctima se asocian de manera significativa al tipo de relación entre victima y agresor. Si la víctima es menor de edad y de sexo masculino, es más probable (71%) de que el agresor sea un miembro de la familia. De manera similar ocurre cuando la víctima es anciana. En cambio, si la víctima es hombre mayor de 18 años es más probable que el agresor sea un conocido. También se destaca que, si la víctima es mujer entre 18 y 64 años, la probabilidad de que el agresor sea su pareja o expareja roza el 70%.

Los resultados obtenidos en este estudio son consistentes con las ideas centrales postuladas en la perfilación criminal. Es decir, en base a ciertos elementos del homicidio se pueden generar hipótesis sobre las características potenciales del autor de un crimen. A su vez, esas hipótesis ayudan a tomar decisiones y a establecer un proceso de priorización de los sospechosos más riguroso.

Muchos estudios de criminología y otras ciencias forenses han demostrado la utilidad de la perfilación criminal en la medida en la que el análisis se basa en procedimientos estadísticos que analizan interacciones (p. ej. análisis multivariado) y no tanto en modelos puramente lineales.

Por último, se destaca la importancia de tener más en cuenta las características de las víctimas. Algunos autores incluso consideran a la víctima como una extensión de la escena del crimen y, por lo tanto, algo imprescindible para el análisis. Mayor conocimiento sobre la perfilación criminal y cómo interpretar las asociaciones entre rasgos de la escena del crimen, del agresor, de la victima y otros podría llevar a una reducción importante del tiempo y de los recursos económicos invertidos en las investigaciones criminales.

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Diferencias individuales en la Entrevista Cognitiva Mejorada: memoria visoespacial. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The enhanced cognitive interview: could individual differences in visuo-spatial working memory explain differences in recalling an event?” de Nori R., Palmiero M., Bocchi A. y Piccardi L. (2018), en el cual se plantea la posibilidad de que las habilidades de memoria visoespacial marquen la diferencia entre sujetos a la hora de recordar correctamente un evento.

Las declaraciones de víctimas y testigos son cruciales tanto en las investigaciones policiales como en el veredicto de un jurado. No obstante, lo que estas personas declaran rara vez se corresponde completamente a lo que recuerdan. Muchas veces los testimonios son incompletos e imprecisos. Por esta razón, diseñar herramientas que mejoren o aseguren la precisión en el recuerdo de eventos vividos en calidad de víctima o testigo es, sin duda, algo muy necesario.

Una de las herramientas más útiles en esta labor es la Entrevista Cognitiva (EC) y su versión mejorada (ECM). Ambas versiones contienen 4 técnicas/fases: reinstauración del contexto, contarlo todo, cambio de perspectiva y cambio de orden. La ECM incluye una quinta fase, mental imagery, que añade componentes sociales encaminados a la facilitación comunicativa. Enfatizar en preguntas abiertas, transferir el control de la entrevista al entrevistado, no interrumpirle y guiar en la imaginación son las directices que se deben seguir en esta fase.

La ECM mejora el recuerdo de los eventos vividos en un 45%, tanto en calidad como en cantidad. No obstante, sigue habiendo inconsistencias en cuanto a resultados sobre su eficacia. Los autores plantean que una razón para ello es que las diferencias individuales se dejaron en el olvido. En los estudios con ECM se observa una alta variabilidad en cuanto al recuerdo preciso. Esta variabilidad indica que existen variables internas (ligadas a los entrevistados) que afectan a la eficacia de la ECM.

Una variable relevante que podría afectar la habilidad de recordar de forma precisa y detallada un evento sería la memoria de trabajo visoespacial (MTVE). Manejar información en la MTVE supone extraer de la memoria a largo plazo recuerdos vividos y recrearlos o ensayar con ellos mentalmente en forma de imágenes que incluyen elementos visuales y espaciales. Las diferencias interindividuales relevantes aquí se refieren a las habilidades de manejar la información visoespacial recordada tanto en términos de calidad (detalle, precisión) como de cantidad (amplitud de la memoria, cantidad de información recreada a la vez, etc.).

Un buen desempeño a nivel de MTVE es necesario casi en todas las fases de la ECM. Por ejemplo, en el cambio de perspectiva se pide al entrevistado que visualice las escenas vividas desde la perspectiva de otra persona u objeto, situados en otra posición que él.

La hipótesis principal de este estudio es que una mayor capacidad de MTVE lleva a un mayor número de detalles recordados correctamente. También se espera que se de tal relación sin que aumente por ello el número de errores o confabulaciones que podrían aparecer al extraer información de la memoria a largo plazo. Por lo tanto, se plantea que las diferencias individuales en la capacidad de MTVE explicarían algunas diferencias individuales en la actuación a lo largo de una ECM.

Para la medición de MTVE se utiliza la prueba Corsi blocking-test, que implica copiar secuencias de movimiento de un experimentador en el orden cronológico e inverso. El experimentador toca unos cubos de madera fijados a una tabla, empezando por dos movimientos y aumentando el número gradualmente. El desempeño en el orden cronológico mide la amplitud de la memoria de trabajo visoespacial a corto plazo sin manipulación mental alguna. En cambio, en el orden inverso se mide también la capacidad de manipular mentalmente la información visoespacial.

Se espera que los sujetos con más capacidades de MTVE cronológica recuerden más información correcta en las fases mental imagery y contarlo todo, debido a que en estas no se necesita de la manipulación mental de información visoespacial. En cambio, se espera que los sujetos mejores en MTVE inversa tengan mejor rendimiento en las fases cambio de orden y cambio de perspectiva, fases en las que sí se requiere la manipulación visoespacial.

En el estudio participaron 99 sujetos que, aparte de llevar a cabo la prueba Corsi, vieron un video de un robo, de 1 minuto y 5 segundos de duración. El material del video es lo que deben recordar para la entrevista. A las 24 horas de esta fase del estudio, cada sujeto fue entrevistado por el mismo investigador que aplicó la prueba Corsi. Este fue entrenado previamente en técnicas de ECM. Otros dos investigadores codificaron y puntuaron cada pieza de información de cada entrevista, siguiendo una plantilla, de manera que en la información recordada por los sujetos podía haber errores, aciertos o confabulaciones.

En base a las puntuaciones obtenidas en la prueba Corsi, se clasifica a los sujetos en 6 grupos en función del span de MTVE: medio, alto y bajo, para la prueba en orden cronológico e inverso. Los resultados principales son varios. Por un lado, se observa que los sujetos con altas puntuaciones en MTVE cronológica ofrecieron a lo largo de toda la entrevista más detalles correctos del evento que cualquiera de los otros dos grupos (medio y bajo cronológico). Este resultado indica que los sujetos con mejor MTVE recuerdan más y mejor y probablemente se debe a un mayor uso de señales contextuales para recordar. Mantienen las mismas señales contextuales como guías de recuerdo tanto a la hora de codificar información (ver el video, vivir un evento) como a la hora de recuperarla de la memoria.

También se observa que los individuos con bajas puntuaciones en la MTVE inversa producen más confabulaciones en la fase cambio de orden de la ECM. Recordar un evento depende de varios factores, como conocimiento, expectativas y esquemas/guiones mentales  de los eventos, y es un proceso de reconstrucción. Las personas tienden a recordar detalles que son más consistentes con los guiones que han creado en la codificación y/o con sus esquemas mentales. Asimismo, suelen omitir aquellos que no lo son. Cuando se requiere contar un evento en orden inverso al cronológico, como ocurre en la fase cambio de orden de la ECM, los guiones de los eventos que estructuran el recuerdo se pueden romper. De ahí que los sujetos sean incapaces de distinguir qué detalles son originales del evento y cuales no tienen nada que ver.

En cuanto a las demás fases, no se observan diferencias significativas. Se destaca como conclusión la utilidad de tener en cuenta las diferencias individuales, tanto en el caso de la MTVE como de otras variables que podrían incidir en la eficacia de la ECM.  Las diferencias en MTVE también explicarían las mayores ventajas de algunas técnicas de la ECM por encima de otras. Y, no menos importante, conocer estas diferencias mejoraría las técnicas de entrevista, con gran impacto en resultados legales y jurídicos.

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Intermediarios en la entrevista policial a testigos con síntomas disociativos. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos “Investigative interviewing, dissociative identity disorder and the role of the Registered Intermediary” de O´Mahoney B. M., Milen B. y Smith K. (2018), en el cual se analiza el papel de los intermediarios en las entrevistas policiales con testigos que sufren del Trastorno Disociativo de Personalidad.

En algunos países, como Inglaterra, se da la posibilidad de utilizar intermediarios en las entrevistas policiales con testigos que sean menores de 18 años o que tengan un trastorno mental, problemas de aprendizaje, discapacidad o trastorno físico. Estos intermediarios son profesionales registrados, generalmente de las áreas de psicología, enfermería o logopedia.

La razón de la inclusión de los intermediarios en las entrevistas policiales es la falta general de habilidades de comunicación de los profesionales de la justicia para entrevistar adecuadamente a personas vulnerables y, por tanto, obtener información precisa.

Obviamente, esa falta de habilidades no se debe a una actuación profesional de poca calidad, ni a falta de interés en aprender a atender a estas personas como es debido. Lo que ocurre es que se carece de guías, ayudas y/o de formación específica para ello, al igual que habíamos mencionado en otros artículos sobre la entrevista con personas con discapacidad intelectual.

El rol del intermediario registrado se ha analizado especialmente en contextos de entrevista con testigos adultos y con problemas de aprendizaje o con menores. En cambio, no hay datos suficientes sobre la entrevista con intermediarios a testigos que presentan problemas de salud mental. Un testigo puede tener algún trastorno mental ya antes de la entrevista, pero también puede desarrollar algún tipo de disociación como resultado del estrés que le provoca el caso en el que está implicado (eventos traumáticos).

La disociación se describe como el producto de afrontar sin éxito conflictos emocionales o estresores internos y externos. Este enfrentamiento provoca una ruptura en la integración normal de las funciones mentales como consciencia, memoria, percepción del yo y del entorno y conducta motora y/o sensorial. Como trastorno o síntoma de disociación pueden darse: amnesia disociativa, despersonalización, desrealización, un trastorno de identidad disociativo (TID) u otros menos frecuentes.

En la entrevista, un testigo puede presentar síntomas de disociación al rememorar eventos traumáticos sin que el entrevistador sea consciente de ello. Además, en el caso del TID, detectar variables como número de alter egos, consciencia y relación entre ellos, cuál es el implicado en el caso u otras es difícil incluso para un profesional preparado. La complejidad, la naturaleza contradictoria de las declaraciones de los sujetos con TID y los múltiples mitos alrededor de este trastorno generan muchas sospechas sobre la veracidad de sus declaraciones. Por las mismas razones, estos sujetos suelen ser considerados testigos no fidedignos.

A falta de un manual o guía para entrevistar adecuadamente a testigos con síntomas o trastornos disociativos, el entrevistador puede contar con la ayuda de un intermediario registrado. No obstante, para esta problemática mental no hay investigaciones y, por tanto, en este estudio se plantean tres dudas principales. ¿Con qué frecuencia se dan testigos con TID? ¿Hay requisitos de conocimiento para los intermediarios implicados en estos casos? ¿Y qué aconsejan los intermediarios?

El estudio se desarrolla en dos fases. En la primera fase se solicita a la Agencia Nacional del Crimen de Reino Unido el número de casos con testigos que presentan TID y en los cuales han participado un intermediario (de 2013 a 2016). De 251 casos con testigos con trastornos de personalidad, se detectan 20 casos de TID o donde este podría haber sido un factor presente.

Dos de los autores de este estudio trabajan en su vida real como intermediarios registrados. Por lo que, en la segunda fase, desarrollan un cuestionario basado en sus experiencias profesionales y en las conversaciones con oficiales de policía que han solicitado la ayuda de un intermediario en las entrevistas de testigos con TID.

Las preguntas se dirigen a intermediarios y en el estudio se consigue la participación de solo 4 profesionales de: trabajo social, logopedia, enfermería y psicología. Se pretende obtener información como: el número de casos atendido con testigos con TID, metodología, dificultades encontradas, consejos ofrecidos a los entrevistadores para facilitar la comunicación con el testigo, la formación recibida y cuál creen que sería necesaria para atender estos casos.

Los intermediarios participantes informaron haber recibido muy poca formación específica para tratar con casos de TID. Las actuaciones de estos intermediarios fueron muy variables lo que indica la falta de guía para estos casos. Por ejemplo, uno de los intermediarios se enfocó en la identidad principal, llamada host y en detectar cuando aparecía otro alter ego para hacer volver al host. Un intermediario tuvo que pedir consejo al encargado del equipo de intermediarios sobre la actuación adecuada y otro solicitó consejo tanto al equipo como a superiores de la policía.

Destacaron la dificultad de comunicación incluso en casos en los que no existe TID y la necesidad de tener en cuenta la presencia de múltiples casos de comorbilidad entre TID y ansiedad, depresión y otros. En respuesta a si creen necesario que sean los profesionales de salud mental los que atienden estos casos, los intermediarios respondieron tanto con un como con un no necesariamente. La cuestión más relevante es que habrá ciertas limitaciones en la comunicación con el testigo con TID en cualquiera de los casos.

En cuanto a los casos analizados en este estudio, se destaca haber encontrado referencia a un trastorno de personalidad dividida. Teniendo en cuenta que hablamos de profesionales, es curioso encontrar este término cuando no existe oficialmente un problema de salud mental con este nombre. Además, muchas veces se utiliza este término para designar incorrectamente a los casos de esquizofrenia. Se desconoce la prevalencia de casos de entrevistas policiales con testigos con TID o síntomas relacionados, al igual que la cantidad de casos no registrados. Las guías de actuación para estos casos también son ausentes.

Por lo tanto, hay puntos de carencia a destacar tanto para las actuaciones de los intermediarios como para los entrevistadores oficiales. A la vulnerabilidad ya dada por ser testigos de algo que puede modificar la vida de los implicados, se suma la vulnerabilidad dada por presentar síntomas disociativos y por recibir una atención inadecuada desde el sistema judicial. Hay un vacío en la investigación sobre cómo el sistema judicial atiende estos casos.

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