clubforenses.com

clubforenses.com

Mes: diciembre 2019

Trastornos de personalidad en la población criminal. ¿Cómo tratarlos? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Schema therapy in forensic settings” de Bernstein D. P., Clercx M. y Keulen-De Vos M. (2019), en el cual se describe la utilidad de la Terapia de Esquema en el tratamiento de los trastornos de personalidad de pacientes en ámbito forenses.

Eres psiquiatra forense y tienes varios pacientes con trastornos de personalidad que han llevado a cabo varios delitos. Ya han pasado, por tanto, por la fase de evaluación y entran en una fase de tratamiento. Si lo primero que piensas es que no hay nada que hacer para prevenir que vuelvan a cometer delitos, estás ignorando años de investigación. Y si crees que no se debería hacer nada para tratar los trastornos que presentan, te olvidas de algo importante.

Por más duro que nos parezca y por más rechazo que sintamos ante la idea, hablamos de seres humanos, como tú y yo. Que por la multitud de factores que inciden en la personalidad humana, llegaron a cometer actos que puede que ni ellos habían pensado que van a cometer. Que por la razón que sea, desarrollan trastornos de personalidad y otros problemas de salud mental y una posible medida que se les aplica por sus delitos es el internamiento en un centro psiquiátrico o penitenciario.

Ofrecer un tratamiento no implica exculpar, sino intentar disminuir el riesgo de reincidencia y, por qué no, ofrecer una segunda oportunidad. Si se consigue una mejora, la persona tendrá la oportunidad de reinsertarse en la sociedad cuando se encuentre en libertad.

En cualquier caso, si estaríamos en esa situación, tendríamos que elegir el tratamiento más adecuado. Adecuado supone mínimo una eficacia demostrada empíricamente. Para algunos trastornos mentales existen tratamientos psicológicos muy buenos, pero para otros es más difícil conseguirlo. Ocurre así en el caso de los trastornos de personalidad (TPs).

Si no existen tratamientos suficientemente eficaces para estos casos ¿qué hacemos? ¿Damos por hecho que están personas volverán a cometer los mismos delitos una y otra vez? ¿Los encerramos de por vida sea cual sea el delito que hayan cometido? En algunos casos diríamos que sí, pero no todo es blanco o negro. Las personas que trabajan en este campo lo saben.

Tal es el caso de los autores de esta investigación. A falta de tratamientos adecuados por los TPs, en 2007 iniciaron un ensayo de control aleatorizado que duró tres años. El objetivo era poner a prueba la eficacia de la Terapia de Esquema (ST, Schema Therapy) en comparación con el tratamiento típicamente utilizado para los TPs (Terapia Cognitivo-Conductual).

Ese trabajo dio lugar a un apoyo empírico fuerte para la eficacia de la ST en pacientes forenses con TPs. La ST fue reconocida oficialmente en los Países Bajos como el primer tratamiento para este tipo de pacientes.

En el contexto forense, los TPs más asociados al riesgo de reincidencia de la conducta delictiva son aquellos que pertenecen clínicamente al cluster B: narcisista, antisocial, trastorno límite de la personalidad, así como el tipo paranoide del cluster A. También se presentan grandes dificultades en el caso de la psicopatía, que muchas veces se considera como imposible de tratar.

Los TPs tiene una prevalencia tres veces mayor en la población de perpetradores masculinos que en la población masculina general. En la población carcelaria la prevalencia de los TPs es de 65% en el caso de los hombres y de 43% en el caso de las mujeres. En ambos casos, la prevalencia es mayor que en la población general.

Los diagnósticos de TPs son muy relevantes en las conductas criminales. Los delincuentes con un diagnóstico de TP son los que cometen los crímenes más graves y violentos. También muestran mayores tasas de reincidencia en comparación a los perpetradores sin TPs. Por eso, una terapia eficaz debe alcanzar también la disminución de la tasa de reincidencia.

La Terapia Cognitivo-Conductual tiende a enfocarse en el control de la conducta agresiva y mostró resultados moderados. En cambio, la ST abarca síntomas del trastorno, características asociadas y muchos otros aspectos. La base teórica de la ST se construye sobre las tradiciones cognitiva, conductual, psicodinámica y experiencial.

El concepto central de la ST es el modo esquema. Este representa los estados fluctuantes que dominan el comportamiento, las emociones y las cogniciones del sujeto. El modo esquema está determinado por la activación de un esquema desadaptativo adquirido en edades tempranas. La activación de ese esquema desencadena una respuesta emocional relacionada. Ante esta última aparece una respuesta de afrontamiento.

Existen cuatro áreas de modo esquema. El modo infantil hace referencia a respuestas emocionales universales en la etapa infantil: ira, miedo, tristeza, vergüenza e impulsividad. La internalización de exigencias parentales severas o crítica punitiva provoca el modo de padres disfuncionales. El modo afrontamiento desadaptativo consiste en intentos extremos para afrontar la activación de los esquemas, sea través de la rendición, evitación o sobrecompensación. Por último, el modo saludable implica una reflexión sana sobre uno mismo y sentimientos de alegría y placer.

Las personas con TPs muestran patrones específicos del modo esquema. Los modos esquema se activan ante estímulos externos y tienen correlatos cognitivos y fisiológicos. Las últimas evidencias muestran que juegan un papel importante en el comportamiento criminal y violento.

Los eventos que llevan a una conducta criminal se inician a menudo con el modo infantil. Este, a su vez, lleva una secuencia en escalada de otros modos y a menudo se culmina con modos de sobrecompensación (afrontamiento). Estos últimos son los que están presentes cuando se comete el delito.

Un ejemplo muy gráfico que proporcionan los autores es el siguiente. La pareja de un sujeto rechaza tener sexo con él/ella. Esto hace que el sujeto se sienta inferior, frustrado y furioso. Por tanto, se activan modos infantiles de humillación, de impulsividad e ira, respectivamente. Para afrontar todas estas emociones, el sujeto intenta sobrecompensar con un modo de auto-engrandecimiento. En este caso dominan la sensación de poder y la activación sexual.

El sujeto sale a la calle, busca una víctima, por lo que hablamos de un modo depredador. El sujeto toca puertas al azar hasta que una mujer contesta. El sujeto procede a manipular a la persona para que entre en su casa, por lo que se da aquí la activación de un modo de engaño y manipulación. De forma violenta, tira al suelo a la mujer y le amenaza con matarle si no coopera (modo de intimidación y ataque).

En este ejemplo vemos como el modo infantil desencadena los demás modos. Los cuatro modos posteriores y junto con el modo de sobrecontrolador paranoico son los que más aparecen en pacientes en contexto forense. Los cinco implican una cascada de respuestas con el fin de afrontar emociones derivadas del modo infantil (y de la situación que lo desencadena) a través de la sobrecompensación.

Los factores externos de riesgo (p. ej. abuso infantil, negligencia, factores genéticos, etc.) y de protección (p. ej. apoyo, oportunidades económicas, genética, etc.) modulan el desarrollo de los esquemas en la infancia. Los modos esquema desadaptativos se derivan del poder de los factores de riesgo que aumentan la probabilidad de aparición de conductas antisociales. Asimismo, los modos esquema sanos son los factores protectores que disminuyen esa probabilidad.

Por tanto, la probabilidad de comportamientos violentos y/o criminales en un momento concreto viene determinada por la activación relativa de los modos desadaptativos y sanos. Mayor activación de los primeros sobre los segundos, mayor el riesgo para la aparición de conductas violentas y/o criminales. Los factores de riesgo y de protección del entorno del sujeto a lo largo de su vida (especialmente en la etapa en la que comete el delito) interaccionan de forma recíproca con los modos esquema.

Por ejemplo, tener un grupo de amigos con comportamientos antisociales puede incrementar la fuerza de los modos desadaptativos. Al mismo tiempo, la presencia de estos modos puede aumentar la probabilidad de buscar relacionarse con amigos así.

Sin ánimo de entrar en muchos detalles, decir que las fases de tratamiento de la ST son dos. Una es una fase de evaluación y conceptualización del caso, con psicoeducación para el sujeto. Se le familiariza con los conceptos abordados y se le ayuda en la auto-aplicación.  En la fase de cambio se utiliza una gran variedad de técnicas para reducir la fuerza de los esquemas y respuestas de afrontamiento desadaptativos, así como de los modos esquema. Se busca romper los patrones disfuncionales e iniciar formas de afrontamiento saludable.

Cuando se trata de pacientes en ámbito forense con TPs graves se necesitan modificaciones importantes en la terapia. Una es que se enfatiza más en los modos esquemas que en lo desadaptativo. La razón es que muchos de estos pacientes tienen grandes dificultades para mostrar vulnerabilidad y/o hablar sobre la infancia.

Se necesita mucho tiempo y atención para construir una alianza terapéutica entre terapeuta y paciente. No hay que olvidar que estos sujetos suelen acudir a terapia como obligación judicial, por lo que a menudo les falta motivación.

Faltan muchas más investigaciones sobre la aplicación de la Terapia de Esquema en pacientes en ámbito forense. Aun así, esta intervención ya está establecida como eficaz para los TPs dentro y fuera del contexto forense. La labor de estos profesionales muestra resultados prometedores. Además, puede que sea imprescindible para disminuir las tasas de reincidencia delictiva.

Conoce más sobre la influencia de los trastornos de personalidad en la conducta criminal y su evaluación con nuestro curso sobre  Herramientas de Valoración y Gestión del Riesgo del  Comportamiento Delictivo.

El maltrato animal y los crímenes en masa: ¿están relacionados? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Harming animals and massacring humans: characteristics of public mass and active shooters who abused animals” de Arluke A., Lankford A. y Madfis E. (2018), en el cual se analizan las características de asesinos en masa con historial de maltrato animal.

Durante décadas, se ha estudiado la tendencia de asesinos en serie a dañar o torturar animales. Por ejemplo, se ha visto que el historial de maltrato animal aparece mucho más en asesinos en serie que en los casos de crímenes por violencia de género. El historial de maltrato animal puede provenir de la infancia, adolescencia o etapa adulta.

Los asesinos en serie comparten características con otros tipos de criminales. Un ejemplo son los tiradores activos y en masa. Características compartidas son la mayor probabilidad a asesinar desconocidos y a llevar a cabo crímenes premeditados. También comparten rasgos de personalidad, tales como una agresividad instintiva o insensibilidad.

Tanto los tiradores activos como los tiradores en masa hacen referencia a personas que atacan en lugares públicos con el objetivo de dañar a más de una víctima. Los asesinos en masa son aquellos que provocan la muerte de cuatro o más víctimas. En cambio, los tiradores activos no se definen por ningún límite mínimo del número de víctimas.

A diferencia de los casos con asesinos en serie, en estos  no se ha estudiado tanto la posible presencia de historial de maltrato animal. Dado que comparten características con otros tipos de criminales, es de esperar que también presenten historiales de maltrato animal.

En cualquier caso, también muestran diferencias importantes, por lo que asumirlo sería un grave error. De hecho, algunos investigadores subrayan que los perfiles psicológicos  de los asesinos en serie son bastante diferentes de los tiradores activos y asesinos en masa.

Los asesinos en masa y los tiradores activos son diferentes también de otros tipos de asesinos en masa más específicos. Por ejemplo, de los que participan en violencia de bandas, tráfico de drogas, asesinatos de familias, grupos terroristas o genocidios.

El estudio se basa en tres objetivos. Uno es identificar todos los casos registrados sobre asesinos en masa y tiradores activos desde 1966 a 2018, que incluyen además un historial de maltrato animal. El segundo objetivo es analizar la naturaleza de la violencia de estos hacia animales y personas. Por último, se pretenden evaluar las diferencias entre este tipo de criminales con y sin historial de maltrato animal.

El maltrato animal que se atiende en este estudio es aquel más explícito como pegar y disparar animales de compañía, prenderles fuego, torturar, mutilar y otros similares. Además, tiene que haber ocurrido antes del ataque hacia las personas y no ser parte del crimen en masa.

De 88 casos de criminales en masa y tiradores activos, se han detectado 20 casos a nivel mundial en los cuales el criminal tenía un historial confirmado de maltrato animal.  La mayoría de ellos eran de hombres (95%) estadounidenses (45%), de raza blanca (95%) y con una media de edad de 25 años.

 En el 75% de los 20 casos se registró maltrato de animales durante la infancia. En el 65% de los casos los animales maltratados eran gatos o perros. Asimismo, en el 75% de los casos, el maltrato se llevó a cabo desde muy cerca del animal (no es lo mismo disparar desde 3 metros que disparar a quemarropa).

Nueve de los 20 casos se registraron en EE.UU. También se encontraron en otros países como, por ejemplo, en Australia (1996), en Escocia (1996) o en Noruega (2011). De todos los casos de la muestra, en un 60% la escuela fue la escena del crimen.

Analizando a los criminales de EE. UU., se destaca una diferencia importante entre los criminales con y sin historial de maltrato animal. Esta es que los primeros son significativamente más jóvenes en el momento del ataque a personas (22,7 años de media vs. 35,2 años en los casos sin historial de maltrato animal).

Los asesinos en masa y los tiradores activos con historial de maltrato animal hicieron daño a un mayor número de víctimas que los sujetos sin historial. Un caso fue registrado como extremo y sin historial de maltrato animal: Stephen Paddock asesinó a 58 víctimas y provocó heridas a aproximadamente 700 personas (Las Vegas, 2017).

En los demás 11 casos que ocurrieron en otros países, los criminales también eran la mayoría blancos y jóvenes, aunque la media de edad se sitúa en los 28 años (vs. menores de 25 años en EE.UU.). También se observó un mayor número de víctimas en los casos con historial de maltrato animal.

Aparte de los datos demográficos y el número de víctimas, se observó otra característica asociada a la presencia de historial de maltrato animal. Hay una menor probabilidad de que los criminales con historial de maltrato animal falleciesen en la escena del crimen.

En términos generales, la cantidad de asesinos en masa y tiradores activos con historial de maltrato animal está muy por debajo de la cantidad de otros criminales que llevan a cabo homicidios múltiples y con ese mismo historial. Como ya hemos mencionado, maltratar animales es mucho más común entre los criminales en serie. Por ejemplo, en un estudio se registró que un 90% de asesinos en serie sádicos de la muestra analizada habían maltratado animales en el pasado.

No obstante, el menor registro de historial de maltrato animal entre los asesinos en masa y tiradores activos no conlleva la ausencia real de maltrato animal. Estos casos suelen recibir menor atención mediática a largo plazo. Por eso, también es probable que se indague menos sobre sus pasados. Además, si los criminales actúan a edad adulta, puede ser difícil encontrar historiales de  las etapas más tempranas de sus vidas.

No obstante, no se descarta la existencia de diferencias psicológicas reales y claves entre este tipo de criminales y asesinos en serie sádicos. Los asesinos en serie sádicos suelen presentar rasgos psicopáticos de una forma marcada. Este hecho no es tan común en el caso de los asesinos en masa y tiradores activos. No suelen sentir atracción hacia la tortura y/o el sadismo.

En la mayoría de los casos, el maltrato animal se llevó a cabo desde muy cerca con respecto a la víctima animal. En algunos estudios se ha visto que esta característica está asociada a una violencia más grave hacia las personas.

Por lo general, la resistencia humana a matar aumenta a medida que la distancia hasta la victima disminuye. En cambio, aquellos más determinados a matar, más perturbados o con rasgos psicopáticos más marcados, se sentirían menos inhibidos por la distancia entre ellos y la víctima.

Aunque la muestra sea pequeña, se obtienen evidencias interesantes. Los asesinos en masa y tiradores activos con historial de maltrato animal maltrataron perros y/o gatos y a quemarropa. Por lo tanto, este tipo de criminales (al igual que muchos criminales en serie) pueden presentar más a menudo rasgos psicopáticos. Asimismo, dado el bajo número de casos con historial de maltrato animal, esta actividad dañina y delictiva no puede considerarse como una señal robusta de futuros tiradores.

Conoce más sobre este tipo de criminales y sus características en nuestro Máster en Criminal Profiling o aprende cómo investigarlos en nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica.

La formación en detección de mentiras: ¿qué hay que saber? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Teaching students about sender and receiver variability in lie detection” de Masip J., Levine T. R., Somastre S. y Herrero C. (2019), en el cual se analiza la eficacia pedagógica de una actividad de formación en detección de mentiras, con la finalidad principal de  corregir los sesgos  y adquirir conocimientos precisos.

La detección del engaño es un tema de diversos cursos de psicología y comunicación. Para adquirir un conocimiento preciso en el campo, hace falta que reemplazar los conceptos erróneos y creencias falsas sobre la detección de mentiras.

La detección de mentiras es un área afectada por diversos mitos y creencias falsas. Por ejemplo, muchos consideran que aquellos que mienten muestran siempre señales comportamentales que indican engaño.

Otra creencia común es que existen personas muy habilidosas en detectar mentiras. En cambio, esta es una realidad muy poco frecuente. En las investigaciones previas se ha observado que la capacidad general para detectar mentiras es ligeramente superior al azar (54%).

Los dos roles principales en una interacción los ocupan un receptor y un emisor. Las investigaciones en detección de mentira se centran en dos aspectos clave relacionados con el proceso de intercambio de mensajes veraces y engañosos.

Uno es la precisión de detección de mentiras, que hace referencia a la habilidad del receptor en distinguir entre mensaje veraces y falsos. El segundo aspecto es el procesamiento sesgado de los receptores que inclina hacia evaluaciones del mensaje muy poco objetivos y sesgadas. El sesgo más relevante en este caso es un sesgo de la veracidad (o de la verdad) que provoca mayor evaluación de los mensajes como veraces que como engañosos.

Si alguien detecta una mentira ¿es porque el receptor es muy receptivo, porque el que miente lo hace mal o ambas? ¿Cuándo una mentira se toma por veraz es porque el emisor es creíble o el receptor crédulo? Hace falta cierto conocimiento para no confundir aspectos relevantes del receptor con los del emisor. Por ello, para entender la detección del engaño y los procesos subyacente se necesita de un conocimiento más definido y empírico.

La precisión y la presencia de sesgos dependen de cuatro de constructos. Detectar un mensaje engañoso depende de la transparencia y credibilidad del emisor. Asimismo, este proceso también depende de la habilidad para la detección de la mentira y credulidad del receptor.

Hasta qué punto el emisor parece honesto cuando dice la verdad y engañoso cuando miente hace referencia a la transparencia. La credibilidad es el grado de honestidad o engaño que aparenta el emisor, independientemente de la veracidad del mensaje.

En cuanto al receptor, su habilidad de detectar las mentiras es el grado en el cual es capaz de distinguir correctamente entre mentiras y verdades. Su credulidad, otro aspecto clave, es hasta qué punto juzga los mensajes como veraces, independientemente de la veracidad del mensaje recibido.

La transparencia del emisor y la habilidad del receptor impactan en la precisión de la detección de mentiras. En cambio, la credibilidad del emisor y la credulidad del receptor influyen en la presencia o ausencia de respuestas sesgadas.

Para un conocimiento lo más preciso posible, es importante tener en cuenta la variabilidad de estas características del receptor y del emisor. En cuanto al receptor, hay poca variabilidad en habilidades para la detección de mentiras. De forma similar ocurre en cuanto a la credulidad de los receptores, tendemos a considerar los mensajes más como veraces que como engañosos.

En cuanto al emisor, la credibilidad y la transparencia son dos dimensiones con mucha variabilidad. Es decir, los comportamientos de los que emiten mensajes engañosos son poco uniformes y, por ello, detectar mentiras no es una labor fácil.

El estudio se enfoca en tres cuestiones. Una es observar si la variabilidad de los constructos de los receptores y emisores de la muestra (50) es consistente con la observada en otros estudios. Segundo, se verifica si el procedimiento de formación en detección de mentiras corrige las creencias erróneas de los estudiantes. Si es así, la evaluación de los constructos debería ajustarse a los hallazgos previos en la fase post-formación. Es decir, debería ser más precisa en comparación con la fase pre-formación.

Por último, también se solicitan auto-informes sobre los constructos. Se pregunta a los participantes cuánto de transparente, creíbles, crédulos y habilidosos en detección de mentiras creen ser. Este análisis tiene el fin de detectar el sesgo o prejuicio de punto ciego.

El estudio se lleva a cabo a lo largo de cuatro fases de evaluación y formación. En la primera fase se aplica un cuestionario. Este mide el conocimiento previo sobre la variabilidad de los constructos en otros. Asimismo, se evalúa cómo se perciben los propios sujetos en términos de dichos constructos.

En la segunda fase, de 3 semanas de duración, los participantes deben responder a 8 preguntas (p. ej. ¿Cuál es tu película favorita y por qué?). A cuatro de ellas deben responder con mentiras.

A continuación, cada participante responde ante sus compañeros a las mismas preguntas. Los demás deben evaluar si el emisor miente, su transparencia (% de evaluación correcta) y su credibilidad (%.de evaluación del emisor como sincero). El porcentaje de evaluaciones correctas de los receptores sirve de medida de habilidad. El porcentaje de mensaje evaluados por los receptores como veraces se considera como medida de credulidad, indicando la presencia del sesgo de veracidad.

En la tercera fase, los sujetos reciben formación basada en los hallazgos empíricos sobre la detección de la mentira. Esta información también se hace accesible a los alumnos de manera online. La cuarta fase es similar a la primera y corresponde a la post-evaluación del conocimiento. Cabe destacar que, para obtener datos de la eficacia de la formación, solo se tienen en cuenta 24 sujetos—solo aquellos que no faltaron a ninguna sesión de formación—.

Los resultados fueron similares a los de otros estudios (p. ej. Levine, 2016) en cuanto a las características del receptor. Se observó poca variabilidad en cuanto a las habilidades de detección de mentiras. Las habilidades de detección correcta superaron ligeramente el azar, siendo la media de detección de las mentiras 54,70%.

La variabilidad de la credulidad de los receptores en esta muestra fue inesperadamente alta. El sesgo de veracidad se hizo presente en la primera fase, dado que el 63,38% de las evaluaciones de los receptores fueron juicios de veracidad.

En la evaluación inicial de la fase 1, los sujetos consideraron que tanto los emisores como los receptores suelen variar mucho en transparencia, credibilidad, credulidad y habilidades de detección de mentiras. En cambio, en la fase 4, posterior a la formación, los resultados son sin duda alguna consistentes con los hallazgos previos.

Es decir, los participantes integraron correctamente la cuestión de mayor variabilidad de la transparencia y credibilidad de los emisores. Aprendieron que los que mienten varían mucho en credibilidad y transparencia. Lo mismo ocurrió en cuanto a la menor variabilidad real de la credulidad y habilidades de los receptores. Quedó claro que los que se dedican a detectar mentiras son similares en la poca habilidad de hacerlo y en su alto nivel de credulidad.

Estos cambios en el aprendizaje se observó en cuanto a cómo son los demás. En la auto-percepción de los cuatro constructos no hubo cambios y los sujetos no corrigieron sus falsas creencias. A pesar de haber recibido feedback sobre los constructos a nivel personal y formación, el sesgo de punto ciego permaneció.

A pesar de esa permanencia del sesgo del punto ciego, observado en muchos otros profesionales, una formación adecuada para la detección de mentiras corrige los sesgos, como el sesgo de la veracidad, y ofrece mayor objetividad en esta labor. Aunque sea extremadamente raro encontrar personas con altas habilidades en detección de mentiras, quedan pocas dudas de la necesidad de formación.

Puede que la formación no aumente directamente ni indudablemente el porcentaje de evaluaciones correctas de la mentira.  Pero muy probablemente podría hacerlo indirectamente a través de la reducción de creencias falsas, sesgos y otros impedimentos para una evaluación objetiva y fiable.

 

Si quieres adentrarte más en el fascinante mundo de  la detección de mentiras visita nuestro Máster en Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira.

Sesgos en la evaluación psicológica forense. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Forensic clinicians’ understanding of bias” de MacLean N., Neal T. M. S., Morgan R. D. y Murrie D. C. (2019), en el cual se analiza una cuestión de gran importancia a nivel profesional: entender y atender los sesgos cognitivos. Este artículo se enfoca en los sesgos que se pueden dar en el área de la psicología forense.

Los sesgos cognitivos y los errores de razonamiento pueden ser problemáticos para cualquier profesión. No obstante, en las evaluaciones psicológicas forenses, los errores de evaluación pueden quebrantar la justicia. Las opiniones profesionales tienen mucho peso en las decisiones judiciales. Los sesgos, de no ser tenidos en cuenta, pueden tener alto impacto en las vidas de los acusados. Por ejemplo, si van a ser ingresados en un centro psiquiátrico o penitenciario, el tiempo que van a estar encerrados, etc.

Aunque los sesgos no lleven necesariamente a conclusiones incorrectas, apoyarse en factores relevantes y no en información sesgada aumenta la probabilidad de alcanzar una conclusión objetiva. Sobre qué son los sesgos y otros aspectos relacionados hemos hablado en otros artículos de recomendable lectura.

Como humanos, los expertos forenses también son susceptibles a los sesgos. No obstante, saber que existen y qué son los sesgos podría promover que estos apliquen prácticas para minimizar sus efectos.

Como evidencias, se ha observado que tanto los expertos forenses como otros profesionales tienden a reconocer una alta presencia de sesgos en las actuaciones de sus compañeros. Sin embargo,  la propia actuación se considera como muy poco sesgada. Esta diferencia de percepción entre el comportamiento propio y de los demás se llama sesgo o prejuicio de punto ciego.

Se han observado otros sesgos comunes en las actuaciones de profesionales del campo jurídico-forense. El más destacable y común en este contexto parece ser adversarial allegiance (traducción inexacta a lealtad de confrontación). Este fenómeno se refiere a la tendencia de los expertos forenses a interpretar involuntariamente datos de evaluación de tal manera que apoyen a la parte que representa. Si representan a la defensa, tienden a interpretar los datos de manera congruente con este rol y ocurre lo mismo cuando representan a la acusación, aunque sea contradictorio.

En paralelo o en interacción con adversarial allegiance, se registraron otros sesgos. El sesgo de confirmación, que se refiere a la tendencia de buscar y atender información que confirma las hipótesis que el profesional tiene, en lugar de información que pueda desconfirmarlas.

El efecto de anclaje implica la tendencia a confiar más en la información obtenida inicialmente que en la obtenida a posteriori. Por último, se observó alta presencia de diagnosis momentum. Similar al efecto de anclaje, hace referencia a la tendencia de volverse cada vez más seguro de un diagnóstico inicial y excluir otras posibilidades sin suficiente escepticismo.

¿Qué pueden hacer los psicólogos forenses para mitigar el efecto de los sesgos en las evaluaciones de salud mental? Sobre esta cuestión se ha investigado más en el contexto de toma de decisiones médicas. Las estrategias más recomendadas son cuatro.

Primero, apuntar secuencialmente toda la información recopilada en entrevistas, para evitar basarse en la propia capacidad de memoria. Segundo, buscar datos que pueda desconfirmar la información obtenida, un método que evita la activación del sesgo de confirmación.

Otra estrategia supone generar y trabajar con checklist (p. ej. de información que hay que recoger, fuentes que hay que consultar, etc.). Al seguirlas, obliga al profesional a tener en cuenta todo aquello que está en la lista y evita un modo automático. Por último, se sugieren estrategias de ralentización en el trabajo. Es decir, que el profesional se permita centrarse en una sola tarea.

Aparte de los sesgos antes mencionados, en el estudio también se pregunta sobre la familiaridad con el sesgo endogrupal (favoritismo endogrupal). Este implica la tendencia a favorecer, beneficiar y valorar mejor a las personas del propio grupo que de un exogrupo.

Las  estrategias utilizadas en el estudio fueron: leer libros y artículos para reducir sesgos, utilizar información de líneas base de comportamiento, tener en cuenta a la oposición (acusación o defensa), buscar información desconfirmatoria y utilizar métodos y técnicas estandarizadas y estructuradas para obtener información.

En el estudio participaron 120 psicólogos forenses con una experiencia media de 18 años aproximadamente. El objetivo principal del estudio se define como el análisis del nivel de familiaridad de los psicólogos forenses con los sesgos. También se explora si los psicólogos forenses son capaces de discriminar entre sesgos y estrategias de mitigación reales y simuladas.

Para analizar el nivel de familiaridad, se pide a los participantes indicar si (o no) conocen los sesgos planteados y las estrategias de reducción. Para verificar la discriminación entre sesgos y estrategias reales y falsos, se incluyen en el listado estrategias inexistentes (p. ej. priorizar siempre la información inicial) e inefectivas (p. ej. introspección), y sesgos falsos (p. ej. error de distintividad o falacia de acomodación). Se pide posteriormente elegir una definición de cuatro para cada sesgo real identificado  y, así, confirmar una familiaridad real con el concepto.

Se observó que, generalmente, los participantes detectaron correctamente los sesgos y estrategias falsas. Un 61% consideró que uno de los sesgos falsos era real y un 39% detectó correctamente todos los sesgos falsos. En cuanto a las estrategias, un 93% de los sujetos consideraron erróneamente que la introspección es una estrategia efectiva. Además, un 30% de los profesionales informaron haber utilizado la introspección como estrategia en su trabajo. A modo general, la mayoría de los participantes mostraron familiaridad con las estrategias efectivas. Al mismo tiempo, muchos de ellos fueron incapaces de discriminar entre estrategias efectivas e inefectivas.

Cabe destacar que la introspección no se considera una estrategia efectiva debido a que puede dar lugar a un falso sentido de seguridad (he reflexionado si hay sesgos, no los encuentro, por lo tanto, no están). Además, no solo no disminuye los sesgos, sino que los puede incrementar. Se ha observado que la introspección puede funcionar como un sesgo de punto ciego. En cualquier caso, no se trata de no hacer nunca uso de la introspección, sino utilizarla junto a otras estrategias.

Para observar las diferencias individuales de habilidades de reflexión que se dan entre estos profesionales se utilizó el Test de Reflexión Cognitiva (CRT; Cognitive Reflection Task, Frederick, 2005). Este test requiere la resolución de 3 problemas ante los cuales se activa naturalmente una respuesta que es intuitiva y errónea. Los profesionales deben detectar que es errónea, reflexionando deliberadamente y encontrar la respuesta correcta. Los resultados en este test se compararon con la capacidad de detectar los sesgos falsos.

Se observó, tal como se esperaba, que aquellos profesionales con altas puntuaciones en CRT  detectaron correctamente todos o casi todos los sesgos falsos planteados en el estudio. Dicho de otro modo, los sujetos que fueron capaces de superar las respuestas intuitivas en el CRT y pasar a una fase reflexiva fueron mejores en detectar los sesgos falsos. Por otro lado, y en contra de lo esperado, no se encontraron relaciones entre las puntuaciones en el CRT y la detección de estrategias de reducción de sesgos.

Con estos resultados, se concluye que los psicólogos forenses y otros profesionales que trabajen en este contexto no solo deben conocer la existencia de los sesgos y cómo funcionan. Necesitan aprender las estrategias realmente útiles para mitigar su efecto, sea a través de entrenamiento en las etapas formativas u otras formas de adquirir ese aprendizaje tan necesario.