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Mes: enero 2020

La motivación de protegerse ante el cibercrimen. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Investigating and comparing the predictors of the intention towards taking security measures against malware, scams and cybercrime in general” de Martens M., De Wolf R. y De Marez L. (2019), en el cual se pretende entender qué hace que las personas tomen medidas de protección contra el cibercrimen.

Desde ya hace bastantes años, vivimos en una sociedad hiperconectada en red a través de la tecnología informática (TI). Hacemos transacciones online, socializamos, compramos y hacemos uso de todo tipo de servicios de computación en la nube.

La mayor importancia de la TI también conlleva riesgos importantes. Todos los años ocurren topo tipo de cibercrímenes y están en aumento. El cibercrimen es un concepto general que describe diferentes amenazas online. Las más importantes son el malware, las estafas digitales (scam) y la piratería digital (hacking).

El cibercrimen está presente en la agenda gubernamental y también es un objetivo a erradicar para grupos civiles o jugadores de la industria de TI. Aun así, el cibercrimen está en fase creciente y atenderla se vuelve cada vez más urgente.

Para una protección eficaz, cada usuario de TI debe protegerse de ello. Si los usuarios no utilizan adecuadamente medidas de seguridad, entonces las herramientas existentes para ello no sirven de nada. Aun así, más que culpabilizar a los usuarios individuales, hace falta entender la motivación para protegerse de ello.

Poco se conoce sobre la motivación de protegerse en contextos de TI. Por eso, los autores de este estudio investigan las variables que influyen en la intención de protegerse. Para ello, parten de la Teoría de Motivación para la Protección (Protección Motivation Theory, PMT) que explicaremos más adelante.

Los estudios anteriores en el tema se enfocan mayoritariamente en un tipo de cibercrimen. En cambio, este estudio también atiende a comparaciones entre ellos. Específicamente, se analiza el malware, los scams y el cibercrimen en general. Asimismo, se analiza si hay diferencias motivacionales para protegerse ante el malware y los scams.

El malware hace referencia a softwares que alteran el funcionamiento normal de un dispositivo. Se incluyen aquí troyanos, gusanos y diferentes virus informáticos. Para eliminarlos se requieren conocimientos técnicos. Por tanto, por sus características se consideran cibercrímenes técnicos.

Los scams o estafas digitales son acciones engañosas dirigidas a obtener información o dinero. Se engaña a los usuarios, se obtiene información personal de ellos y se les roba la identidad digital. Las estafas digitales se basan en errores humanos e ingeniería social para conseguir información de las víctimas. Por ello, los scams se consideran cibercrímenes sociales.

La PMT (Rogers, 1975) se ha utilizado para explicar los comportamientos de protección ante riesgos en el contexto de la salud. Recientemente, también se ha visto útil para explicar los mismos comportamientos en el contexto del cibercrimen.

Esta teoría se divide en tres procesos consecutivos, tres fases, y cada una de ellas predice a la siguiente. Estos procesos secuenciales deben darse para llevar a cabo comportamiento de protección.

El primer proceso de la PMT, el procesamiento de la fuente de información, se basa en la conciencia de seguridad. Siendo un término un tanto amplio, muchos autores dividen este concepto en conciencia de amenaza y conciencia de afrontamiento. La primera se refiere a saber qué amenazas existen. La segunda hace referencia en ser consciente de qué medidas existen para protegerse ante esas amenazas.

El segundo proceso de la PMT, el proceso de mediación cognitiva, se divide en dos áreas, cada una de ellas con dos características. Un área es la evaluación de la amenaza, con un rol clave en el moldeamiento de la motivación a protegerse. Sus características (o componentes) son la gravedad percibida y la vulnerabilidad percibida.

La gravedad percibida es hasta qué punto cree una persona que las consecuencias de la amenaza serán dañinas. La vulnerabilidad percibida es la percepción de la vulnerabilidad propia a ser víctima de una amenaza concreta. Ambas, según la PMT, motivan y generan actitudes de protección ante las amenazas detectadas.

El segundo área de este proceso es la evaluación de las estrategias de afrontamiento. Se define por eficacia de respuesta, autoeficacia y coste de respuesta. La eficacia de la respuesta representa la efectividad de una medida de protección ante un cibercrimen específico. La autoeficacia es la sensación de ser capaz de implementar métodos de protección. Se considera que ambas van a motivar comportamientos de protección. El coste de respuesta se excluye del análisis porque es difícil de operacionalizar y prescindible para estudiar la motivación.

Estos dos procesos son predictores de actitudes que promueven los comportamientos de protección. Estas actitudes, junto con normas subjetivas, predicen el tercer proceso de la PMT, la intención de implementar métodos de protección.

Son los autores del estudio los que añaden las normas subjetivas al modelo, considerándolas altamente importantes. Se refieren a qué creemos que otros (importantes para nosotros) quieren que hagamos. Esas percepciones las convertimos en normas personales. Se ha observado en muchos estudios que predicen el comportamiento e influyen en nuestras intenciones.

Para verificar la validez de este modelo y de sus modificaciones se aplica un cuestionario digital con medidas de todos los constructos mencionados. Participan 1181 personas, tanto hombres como mujeres, con heterogeneidad suficiente en edad y nivel educativo.

Los resultados mostraron que las normas subjetivas representan un predictor muy potente para la intención a implementar métodos de protección. Lo más importante es que tienen mayor fuerza predictiva que las actitudes resultantes de las dos primeras fases de la PMT.

Además, se observó que las actitudes promotoras de comportamiento de protección se construyen de manera diferente para los malwares que para los scams. Las diferencias se dan en las transiciones desde la fuente de información hacia los procesos de mediación cognitiva.

A mayor consciencia sobre la presencia de malwares, mayor percepción sobre la gravedad de estos. Lo mismo ocurre con la percepción de la propia vulnerabilidad ante estas amenazas. Dado que esto solo se observa en el caso del malware, probablemente sea por la complejidad técnica que requieren las respuestas de protección.

Además de que la protección ante scams no muestra los mismos predictores, también se observa una relación inversa. Cuanta mayor consciencia de amenazas tipo scam, menor sensación de vulnerabilidad. Esto puede deberse a un sesgo optimista. Cuando las personas detectan scams fácilmente, podrían sentirse como expertos. Esta sensación sesgada provocaría una sobreestimación de sus habilidades para afrontarlo y de la probabilidad de ser víctima de ello.

Ser consciente de las amenazas predice el desarrollo de respuestas más eficaces y de mayor sensación de auto-eficacia. Asimismo, ser consciente de las capacidades y/o herramientas de afrontamiento de las amenazas permite desarrollar respuestas eficaces de protección. No obstante, esto ocurre más cuando se trata de respuestas ante malwares y menos ante scams. Una vez más, las características técnicas pueden explicar estos resultados.

A modo general, total las variables del modelo han correlacionado en mayor o menor medida. El modelo planteado por los autores muestra, en términos estadísticos, un buen nivel predictor de las intenciones a implementar medidas de protección ante el cibercrimen.

Como usuarios de internet, tenemos a disposición diferentes herramientas para protegernos de las amenazas del cibercrimen. Asimismo, hay actividades cibercriminales que requieren un mayor nivel de protección que el que un individuo sea capaz de establecer.

Asimismo, no estaría de más que las políticas públicas inviertan en campañas de concienciación. Como hemos observado, ser consciente de las amenazas es el primer paso imprescindible hacia la protección. Además, hace falta diferenciar entre tipos de cibercrimen, tanto para el estudio, como para la intervención y prevención.

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Trastorno de Estrés Post-Traumático en investigadores del escenario del crimen. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “PTSD symptoms experienced and coping tactics used by crime scene investigators in the United States” de Rosanskt J. A., Cook J., Rosenberg H. y Sprague J. E. (2019), en el cual se analiza la presencia de síntomas de estrés post-traumático y las estrategias de afrontamiento más utilizadas por investigadores del escenario del crimen.

A veces nos olvidamos de que cualquier profesional es también una persona. Esperamos que un médico no tenga problemas de salud o que se cuide mucho más que otras personas. Nos parece raro que un psicólogo tenga problemas de salud mental. Nos sorprende que un profesor de historia no recuerde una fecha importante de esta. O que un matemático haga que errores de cálculo sencillos, como una multiplicación.

Hablamos de personas preparadas para afrontar aquello que su labor requiere. Pero eso solo implica una menor probabilidad de tener ciertos problemas o errores. Formarse y adquirir experiencias profesionales no implica haber aprendido por completo como afrontar todos los riesgos de la profesión. Para corregir percepciones tan erróneas hace falta normalizar que, por más preparación que haya, nadie está libre de riesgos.

Todas las profesiones tienen asociados posibles problemas. Por ello, investigar la prevalencia de tales problemas puede ser clave para mejorar la calidad de vida personal, social y profesional de muchas personas.

Así es el caso de este estudio. Se analiza la prevalencia de síntomas relacionados con el trastorno de estrés postraumático (TEPT) en investigadores del escenario del crimen (CSIs). También se analizan las estrategias de afrontamiento, el apoyo social percibido y la resiliencia de estos.

La exposición a eventos traumáticos, tales como desastres naturales, cadáveres o violencia, puede dar lugar al desarrollo de TEPT. El TEPT es un problema de salud mental que conlleva recuerdos y sueños angustiantes y/o experiencias disociativas (desrealización y/o flashbacks). A nivel comportamental suele darse la evitación de todos aquello que recuerda el evento traumático. Son típicas la alta activación fisiológica y psicológica y las emociones como vergüenza, culpa, ira y tristeza.

El inicio, la duración, la gravedad y los síntomas específicos del TEPT varían entre los individuos. Estas variaciones pueden deberse a múltiples factores. Algunos factores pre-trauma son las diferencias interindividuales en personalidad y las estrategias de afrontamiento adquiridas. Factores post-trauma claves son la disponibilidad de apoyo social y el uso de las estrategias adecuadas de afrontamiento.

Muchas personas sufren de un número insuficiente de síntomas como para considerar clínicamente la presencia de TEPT. No obstante, el sufrimiento está presente. Ante estímulos relacionados con el evento traumático aparece el estrés, sea a nivel psicológico, social, familiar o laboral.

Las profesiones más estresantes probablemente sean aquellas que tratan de cuestiones de vida o muerte. Oficiales de policía, bomberos, técnicos de emergencias son profesionales que se enfrentan a eventos potencialmente traumáticos contantemente.

No obstante, hay otros profesionales, como los CSIs, más enfocados en el análisis del contexto en el que ocurren estos eventos. Están expuestos repetidamente a escenarios en los que hubo violencia, muerte, daños y también a sus secuelas. Su trabajo puede implicar examinar, oler, tocar y recolectar cuerpos descompuestos o fluidos corporales. No sería extraño que algunas de estas experiencias se conviertan en traumáticas. El desarrollo de síntomas de estrés post-traumático ocurre independientemente del nivel de entrenamiento profesional.

En el estudio se analizan distintas variables relacionadas con el TEPT y la profesión de CSI ya observadas en estudios previos. Participan 225 CSIs de varias regiones de EE. UU. Los instrumentos de evaluación son diferentes cuestionarios pertinentes (síntomas TEPT, resiliencia, etc.) en formato online.

Más de la mitad de los CSIs han informado haber experimentado 7 de 20 síntomas asociados al TEPT (DSM V). Los más frecuentes fueron las creencias negativas sobre uno mismo, los otros y el mundo (48%) y la hipervigilancia (44%).

Un cuarto de la muestra ha tenido problemas de sueño y comportamientos evitativos de recuerdos, pensamientos y emociones relacionados con escenarios del crimen. También tuvieron sensaciones de desrealización y dificultades de concentración. De toda la muestra analizada, un 9,3 % encajaría en un diagnóstico de TEPT.

Todos los síntomas han sido experimentados por al menos 10 sujetos. Cabe destacar que los síntomas registrados como más frecuentes no son específicos solo del TEPT. Síntomas como el insomnio o la hipervigilancia están asociados a muchos otros problemas cotidianos.

En cuanto a estrategias de afrontamiento, la mayoría de los participantes utilizaron a menudo 4 de 14 estrategias expuestas. Cumplir con las tareas que deben cumplir, sin procrastinar o evitarlo, es una estrategia llevada a cabo por 94% de los sujetos. Un 80% han utilizado un método de aprendizaje. Extraen enseñanzas de la experiencia y, así, uno se enfoca en la utilidad de haber vivido una situación.

Aprender a vivir con la experiencia traumática es una estrategia que aparece en el 79% de los casos. Y, similarmente, un 73% aplica la aceptación de un hecho y que este no puede cambiarse. Algunos sujetos bromean sobre el evento traumático. Otros hacen deporte o se enfocan en sus hobbies para vaciar la mente. Otros, y menos de lo que se debería, hablan con alguien sobre el tema. En cualquier caso, es importante que las estrategias de afrontamiento sean activas y que funcionen.

Menos de la mitad de la muestra (38%) informó haber consumido alcohol como estrategia de afrontamiento. Es un sondemasiado alto y relevante, teniendo en cuenta el daño y la evitación que supone. En la misma línea, se observó que a más síntomas de TEPT experimentados, mayor frecuencia de consumo de alcohol como estrategia de afrontamiento.

Los sujetos con más síntomas de TEPT consideran más frecuentemente no poder afrontar lo vivido.  A mayor número de síntomas de TEPT, menor apoyo social. Tambien se destaca la baja resiliencia y el cobijarse en creencias religiosas como asociados al número de síntomas de TEPT.

En estudios similares de diferentes países se han observado resultados similares. Los CSIs sufren de síntomas de estrés contigentes a sus tareas de investigación del escenario del crimen. Aunque falte mucha investigación, estos datos deberían tenerse en cuenta.

Los profesionales deben construir redes de apoyo social, ya que este impacta en el bienestar y en la reducción de estrés. La resiliencia, también clave,  podría ser objeto de formación para estos profesionales. Asímismo, promover la participación en tratamientos para problemas de salud mental debería ser imprescindible.

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Antropología forense: avances en la metodología para estimar la edad. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Estimation of age in forensic anthropology: historical perspective and recent methodological advances” de Ubelaker D. H. y Khosrowshahi H. (2019), en el cual se analizan los avances metodológicos más destacables en la estimación de la edad de esqueletos y de sujetos vivos.

La estimación de la edad representa uno de los aspectos más importantes a analizar en antropología forense. Los cuerpos de algunas víctimas mortales desaparecen y, más tarde, se consiguen encontrar los restos óseos, siendo muy difícil identificarlas. De las diferentes variables del perfil biológico de estas víctimas, la edad en el momento de su muerte es clave para la identificación.

Seleccionar los métodos apropiados depende de qué elementos del esqueleto están disponibles para el análisis y de la edad general. Las técnicas utilizadas para analizar esqueletos en fases inmaduras (fetos, niños, etc.) difieren de las utilizadas para analizar esqueletos de individuos maduros.

La metodología para estimar la edad en adultos ha cambiado drásticamente a lo largo de la historia de la antropología forense. Se pasó del uso de único método a múltiples métodos o indicadores de la edad. Se empezó a tener en cuenta que las técnicas desarrolladas con una muestra pueden no ser válidas para otras con el mismo nivel de confianza.

Así, de la aplicación de un solo método se pasó al uso de métodos multifactoriales, estadística Bayesiana y análisis de transición. Incluso se trabaja con técnicas de visualización 3D, aunque el análisis directo de los huesos siempre ofrece resultados más precisos.

Las zonas óseas que más analizadas en el pasado son las suturas ectocraneales, el hueso púbico, la superficie auricular del ilion, las costillas y la dentadura. Gradualmente, las áreas que pueden indicar la edad del individuo analizado aumentaron debido a diversas investigaciones en el campo.

Si a la hora de analizar un esqueleto se encontraría en su estado original, no habría muchos problemas para identificar la edad del sujeto. Colecciones de esqueletos de este tipo, con edades identificadas, son utilizadas para desarrollar nuevas técnicas. En cambio, en los análisis forenses rara vez se encuentra con esqueletos prístinos.

Hace muchas décadas que se conoce el daño que pueden provocar los cambios postmortem. En cambio, investigaciones recientes han mostrado que ese daño es mayor cuando se trata de individuos en edades avanzadas.

Recientemente, se ha observado que los cambios artríticos en las articulaciones del esqueleto correlacionan con la edad. Se han observado estos cambios en articulaciones de las extremidades, así como en el hombro. La densidad mineral de los huesos también es un buen indicador de la edad, especialmente en edades avanzadas.

La histología de hueso se ha utilizado ya desde 1965 y, al principio, se enfocaba en el eje medio del fémur, de la tibia y del peroné. Con el paso del tiempo, se atiende a la histología de más estructuras óseas. La histología de hueso se considera una de las técnicas más precisas. No obstante, su uso es limitado debido a la necesidad de un entrenamiento altamente especializado.

Las variaciones en la población también deben tenerse en cuenta. Muchos investigadores han analizado muestras de diferentes países en busca de indicadores que difieren según estas variaciones. Además, no solo influye el hecho de vivir en diferentes regiones, sino también el tamaño del cuerpo y los niveles socioeconómicos. Se han observado variaciones en el crecimiento de los huesos en función del estatus socio-económico en muestras de EE. UU., Australia y Nueva Zelanda.

Los dientes suelen ser buenos indicadores de la edad en etapas pre-adultas. No obstante, estudios recientes han mostrado que la cámara pulpar, el área interna dónde se sitúa el nervio del diente, ofrece datos muy útiles para determinar la edad en etapas adultas. El análisis de esta área en dientes caninos ofrece mayor precisión que analizarla en dientes maxilares. La anchura del canal de la raíz dental es especialmente útil para estimar si un individuo tiene menos o más de 18 años.

Los avances en tecnología y matemáticas permiten el uso de nuevas técnicas para evaluar los huesos. Los escáneres láser 3D se han utilizado en numerosos estudios para escanear la sínfisis del pubis. El uso de este tipo de escáneres ofrece mayor precisión que el uso de escáneres tradicionales (con alto error y alta subjetividad). El uso del método Multivariate adaptive regression splines (MARS) es un ejemplo de avance matemático. Aunque se necesitan más estudios, la combinación de cálculos matemáticos complejos mejora la estimación de la edad.

El análisis bioquímico se enfoca especialmente en el ADN y ofrece información vital sobre la edad en el momento del fallecimiento. Hay muchas técnicas desde esta área de análisis y destacamos el uso de marcadores de metilación del ADN. Esta representa un enfoque muy prometedor para la estimación de la edad. Los niveles de metilación en loci específicos analizados en muestras de sangre permiten predecir la edad con un margen de error de tan solo 3,07 años.

Algunos casos forenses requieren la estimación de la edad de personas vivas. Los casos de esta naturaleza suelen deberse a problemas relacionadas con: migración, pornografía infantil, jóvenes o adultos acusados de crímenes o progresión de la edad en personas desaparecidas.

La mayor parte del progreso en esta materia se debe al Grupo de Estudio Alemán sobre Estimación Forense de la Edad (AGFAD), fundado en Berlín en el 2000. Estos recomiendan enfocarse en la examinación física, dental y radiografías de la mano izquierda. Asimismo, recomiendan el uso de diferentes técnicas de imagen. En base a estas recomendaciones, se observó que el nivel de unión epifisaria de las clavículas también da lugar a información clave para determinar la edad.

Otros autores han avanzado en la estimación de la edad y la predicción de patrones de crecimiento utilizando prototipos faciales 3D. Avances como esto permiten estimar con mayor precisión el crecimiento físico de personas desaparecidas a partir de fotografías.

El progreso en la metodología para la estimación de la edad está ligado al creciente interés global en la antropología forense. Cada vez hay más profesionales cualificados, bien entrenados y altamente motivados para trabajar en este campo. No hay dudas de que es fascinante y de gran utilidad y aunque no todo sea como en la serie Bones, vale la pena seguir investigando.

 

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