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Mes: febrero 2020

Convertirse en buen perfilador criminal. ¿Las series de crímenes ayudan? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Media effects and criminal profiling: how fiction influences perception and profile accuracy” de Bolton A. (2019), una amplia investigación en la que se analiza si la exposición a series criminales y otros medios de ficción influye en las habilidades de perfilación criminal.

La perfilación se define como el registro y análisis de las características psicológicas y conductuales de una persona. El objetivo de ello es evaluar y predecir de lo que dicha persona es capaz de hacer en un área particular o para identificar un subgrupo específico de personas.

Un ejemplo común es la perfilación de los consumidores para detectar nichos de mercado. No obstante, los que trabajan en el área de la ley, incluidos los psicólogos, utilizan el profiling a otro nivel. Buscan, por lo general, prevenir o resolver un crimen.

Las técnicas de perfilación fueron presentadas en los medios de comunicación a través de películas como El silencio de los corderos o la conocidísima serie Mentes Criminales. Y aunque la popularidad de esta técnica haya aumentado con el tiempo, su precisión y validez sigue poniéndose en duda.

Algunos investigadores, como Bandura (2009), defendieron que la exposición a la televisión y otros medios de comunicación pueden influir en la perfilación criminal y en las investigaciones relacionadas. La exposición a la televisión y otros medios alimenta una realidad social construida, en la que la audiencia es inevitablemente influenciada por creencias y cogniciones de los medios observados.

Una de las cosas que podría provocar el consumo de ficción en este sentido sería fortalecer estereotipos perpetuados. Por ejemplo, algo que se ve comúnmente en las series de crímenes es que las bandas son formadas por latinoamericanos o afroamericanos. Los terroristas son hombres del oriente medio y los francotiradores suelen ser hombres blancos.

Tal como otros autores sugieren, la exposición a la ficción puede generar sesgos que disminuyan la precisión en el profiling.  La ficción contiene muchas cuestiones falsas sobre la perfilación y son creídas por los consumidores. Y entre estos consumidores también puede haber personas que realmente trabajan en el profiling.

El estudio que Bolton ha desarrollado investiga cómo la información de ficción que adquirimos de las series criminales y otros productos similares influyen en la percepción a la hora de construir un perfil criminal psicológico.

Se plantea que se podría dar una disminución de la precisión en la perfilación si el perfilador ha sido expuesto a productos mediáticos relacionados con los crimines, como serie, películas, etc. La visualización de los medios expone a las personas a la idea de crear perfiles. Y pueden creer que han avanzado en sus habilidades de principiante, que han adquirido conocimientos para producir perfiles criminales o al menos hacerles creer que ellos o cualquier otra persona pueden ser precisos al hacerlo.

En el estudio se examinan el conocimiento y las percepciones sobre el profiling y las habilidades de análisis de las escenas del crimen en 119 sujetos. Entre ellos se incluyen profesionales de la ley locales, estatales y federales, tanto en activo como retirados, así como estudiantes en este campo.

Los participantes miraron el episodio 22 de la temporada 7 de Mentes Criminales. Antes de ello, completaron un cuestionario que solicitaba información sobre la frecuencia de exposición a productos mediáticos relacionados con crímenes y profiling. También se preguntó sobre técnicas de investigación y estereotipos de perfilación criminal. Este cuestionario se presentó pre y post exposición a la serie y a un caso real.

Por tanto, después del pre-cuestionario y del episodio de Mentes Criminales, los participantes leyeron un caso real de homicidio. En base a la información del caso, se pidió a los participantes completar el Profiling Offender Characteristics Questionnaire de Kocsis et al. (2000) para determinar el nivel de precisión de la perfilación criminal de cada participante. En este cuestionario se piden las principales características del criminal.

Además de solicitar información demográfica a los participantes, al final completaron el post-cuestionario.  Se pretendía determinar si, después de ver el episodio de Mentes Criminales, había algún cambio en las percepciones y conocimientos de los participantes.

Los participantes mostraron una tendencia a cambiar sus respuestas desde el pre hasta el post-cuestionario. Esto implica que el consumo de productos mediáticos relativos a crímenes puede provocar cambios en la percepción y creencias sobre técnicas y herramientas de investigación y profiling. No obstante, se registró mucha variabilidad en estos resultados, por lo que es difícil de interpretar.

Además, diferentes variables en conjunto y por separado predicen el rendimiento en la perfilación de un caso real. El consumo de series criminales, el status profesional, las actitudes, percepciones y creencias sobre la perfilación criminal y las investigaciones del sistema de justicia predicen ese rendimiento.

Lo más destacable es que a mayor nivel educativo, mejor rendimiento en el profiling. Aquellos con más años de educación formal detectaron mejor datos como: género, raza, altura, color del pelo, familiaridad con la localización y comodidad con ella para cometer el crimen, fantasías sobre el crimen, el uso de la fuerza, alteración de las pruebas y muchas otras.

En el Profiling Offender Characteristics Questionnaire ningún participante ha acertado al 100%. Casi el 60% de los participantes obtuvieron un acierto de 50% o mayor en este cuestionario de análisis del caso real. Se destaca que el 73% de los profesionales activos, el 57% de los retirados y el 51% de los estudiantes han registrado un nivel de acierto del 50% o más en dicho análisis. Solo una mujer, profesional activa de la ley, con menos de 5 años de experiencia ha registrado un 80% de precisión.

La mayoría crearon un perfil generalmente acertado del criminal del caso real. No obstante, 10 sujetos crearon un perfil mucho más similar al expuesto en el episodio de Mentes Criminales. Otro dato interesante es que los años de experiencia profesional parecen no asegurar un buen perfil. Se observó mucho más nivel de acierto en la perfilación de los profesionales en activo. Los estudiantes son los que menos acertaron.

A modo general, se concluye que ver series de crímenes, entre otros productos similares, puede tener un impacto negativo en creencias, actitudes y rendimiento en el profiling. Más importante aún, ver series como Mentes Criminales puede tener un impacto positivo cuando se trata de personas con educación y practica relativas a los procedimientos de investigación y la perfilación criminal.

Es decir, hace falta también un conocimiento real de cómo funciona el profiling y el sistema judicial para ser un buen perfilador. En ese caso, las series pueden aportar algo, pero no sirven para reemplazar la formación. ¡Ya nos gustaría!

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Pornografia infantil: características de los delincuentes. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Child porn offenders, solicitation and child sexual abusers: what literatura has to say” de Johnson S. A. (2019), una amplia revisión de las investigaciones en materia de agresiones sexuales a menores y las características de los delincuentes que consumen pornografía infantil.

Generalmente, aquello que se conoce sobre los delincuentes sexuales con víctimas adultas se puede aplicar también a los que agreden a víctimas menores de edad. Muchas veces hay cierta confusión debido al desarrollo de tipologías y definiciones, que no se mantienen homogéneamente a lo largo de las investigaciones. El problema, en parte, se deriva del solapamiento de motivaciones, características y tipologías entre los diferentes agresores sexuales.

También hay cuestiones contradictorias. Por ejemplo, algunos autores consideran que aquellos que consumen y distribuyen pornografía infantil son en realidad agresores sexuales no capturados. En cambio, otros profesionales plantean que el uso de pornografía infantil no implica necesariamente el llevar a cabo agresiones sexuales.

Simplificando, por un lado, hay delincuentes sexuales que solo consumen pornografía infantil o que implica a menores (porn child ofender). Otros contactan con posibles víctimas a través de la tecnología, solicitando y convenciendo a los menores en implicarse en todo tipo de actividades sexuales. Puede ser mostrar partes del cuerpo, actividades masturbatorias, juegos de rol, etc. (solicitation offender). Estos pueden o no consumir pornografía infantil y pueden o no solicitar contacto en persona.

Cuando además de actividades en línea, utilizan pornografía infantil y/o abusan sexualmente hablaríamos de agresores duales. Y, por último, hay agresores cuya motivación principal es tener encuentros sexuales con menores. Pueden buscar a sus víctimas en la comunidad o en el medio online. Estos suelen ser los que en la literatura científica se denomina agresores sexuales infantiles o agresores de contacto (del inglés, contact offenders).

La clasificación más conocida es aquella que habla de pedofilia, hebefilia y efebofilia, donde los tres tipos sientes atracción por menores con diferentes rangos de edad. Estos no abusan necesariamente de los menores, lo definitorio es la atracción. Entre todos ellos, pueden o no haber pederastas o agresores sexuales de menores.

Los delincuentes relacionados con la pornografía infantil pueden tener diferentes motivaciones para ello. Kenneth V. Lanning, un perfilador de la FBI, identificó 4 tipos de delincuentes de pornografía con menores. Hay quienes no tienen intereses sexuales específicos en menores. Acceden a la pornografía de manera impulsiva o por curiosidad.

Otros consumen pornografía con menores para satisfacer necesidades sexuales, pero nunca agreden de manera física ni establecen contactos con posibles víctimas. En otra clasificación (Krone, 2004), estos se restringen a sus fantasías y al consumo de pornografía. La motivación principal sería el interés pedófilo.

Existen delincuentes de la pornografía infantil que la producen y la distribuyen para ganancias económicas. Pueden sentir o no atracción sexual hacia menores. La motivación se basa en la explotación comercial y ven sus actividades como un negocio.

Y, por último, aquellos que utilizan internet para acceder a víctimas y conseguir un contacto real. En el contacto suelen grabar a sus víctimas o hacerles fotos. Estos serían los agresores duales antes mencionados. Lo que buscan principalmente es conseguir el contacto sexual.

Cabe destacar que no hay perfiles puros. Un delincuente que principalmente consume pornografía infantil, puede que intente contactar en algún momento con víctimas en el medio online. Aquellos que solo consumen pornografía infantil, que no llevan a cabo agresiones físicas, ni contactan con las víctimas en internet, son delincuentes que hacen uso de material de explotación sexual infantil (CEM, Child Explotation Material).

Algunos estudios destacan que estos suelen tener un nivel educativo más alto que los agresores sexuales de menores. Suelen tener un IQ mayor, edades en 25 y 50 años y mayoritariamente caucásicos. Es más probable que convivan con menores que los agresores sexuales de menores. Aunque parece que la mayoría suelen ser hombres, los delincuentes pueden ser  mujeres entre 1 y 33% de los casos.

La mayoría tienen un trabajo estable y que requieren un título universitario. Además, suelen ser empleos que requieren poco o nada de contacto con otras personas, pero sí contacto con menores. Aproximadamente la mitad de este tipo de delincuentes están casados. En la otra mitad, la situación sentimental puede variar desde no haber tenido nunca una relación hasta cualquier otra posibilidad. En este segundo grupo, es más probable que los delincuentes vivan solos o con sus padres. También que tengan menos contacto con las personas en el contexto real.

En cuanto a historial criminal, se observó que la mayoría no lo tienen. No obstante, otros autores defienden que suele haber mínimo una historia criminal relacionada con el uso de sustancias ilegales. Lo más preocupante es que, en algunos estudios, se ha encontrado que entre 50 y 85% de los consumidores de pornografía infantil informan haber intentado contactar y/o agredir a menores, pero sin ser detectados.

Esta es una cuestión a debate muy importante. Los que solo hacen uso de la pornografía infantil, ¿realmente es solo eso o el contacto con las víctimas que no se detecta?

El historial criminal de agresiones con violencia es un fuerte predictor de todos los tipos de agresiones. Es común que la primera agresión se dé en la edad joven. Los que consumen pornografía con menores no suelen reincidir una vez pillados. De los que presentan reincidencia, un 25% de ellos suelen reincidir mientras están en libertad condicional.

A nivel psicológico, algunos estudios consideran que no hay diferencias entre los que solo consumen pornografía infantil y los pederastas. En cambio, otros estudio destacan varias cosas diferenciales. Los delincuentes relacionados con la pornografía infantil suelen tener mayores problemas psicológicos, como trastorno obsesivo-compulsivo o síntomas depresivos. Las parafilias suelen ser más marcadas, hay mayor estrés y masturbación frecuente. No se observan diferencias en cuanto a trastornos de depresión y ansiedad entre estos y los agresores sexuales de menores. En ambos casos se informa de problemas de soledad y baja autoestima, aunque muchos autores subrayan diferencias en la intensidad o gravedad de estos aspectos. En cualquier caso, en el análisis de problemas de salud mental hay alta heterogeneidad de resultados.

Aunque de modo intuitivo consideraríamos que todos los delincuentes relacionados con los menores son pedófilos, no parece que sea así. Se ha observado que solo el 25% de los implicados en pornografía infantil presentan este tipo de parafilia. La mayoría fueron diagnosticados con parafilias no especificadas. Es una categoría diagnóstica que incluye los casos que no cumplen todos los criterios necesarios para una categoría diagnóstica ya establecida. También parece ser que la mayoría de estos delincuentes presentan hebefilia (atracción sexual hacia adolescentes) y no pedofilia.

Otros datos en materia de problemas de salud mental muestran que estos delincuentes suelen presentar rasgos de exhibicionismo sexual y voyerismo. Asimismo, es probable que puntúen bajo en herramientas de evaluación de riesgo para agresiones sexuales.

Normalmente, las personas consumen material pornográfico que encaja con sus intereses sexuales. La colección de material pornográfico es el mejor indicador sobre qué quiere hacer el delincuente, pero no necesariamente sobre lo que haya hecho. Es decir, la especificidad del material pornográfico es indicador de la preferencia sexual pero no de las actividades sexuales reales.

Como ya hemos mencionado, no todos los que ven pornografía infantil son pedófilos. Muchos pedófilos encuentran este tipo de material como repugnante. Los delincuentes que ven este tipo de material pornográfico suelen coleccionar mayor material con mayores rangos de edad de menores. No obstante, también borran más a menudo ese material. Hay mucha variabilidad en cuanto al tipo de material: desde menores sin actividad sexual hasta actividad sexual extrema. Otro dato es que suelen pagar más por acceder a pornografía infantil.

Por último, la motivación para hacer uso de tal material debe ser tenida en cuenta porque no es nada homogénea. Por ejemplo, algunos utilizan el material pornográfico infantil para mantener bajo control las conductas o deseo sexuales desviados. Para otros, este material facilita la actuación en base a fantasías preexistentes. Como observamos, lo único que no estaría al debate es la gran variabilidad en todos los aspectos relacionados con las agresiones sexuales a menores.

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Psicopatología del canibalismo. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The psychopathological profile of cannibalism: a review of five cases” de Raymond S., Léger A. y Gasman I., en el cual se analizan cinco casos de canibalismo y los perfiles psicopatológicos relacionados.

En la sociedad actual, el canibalismo es extremadamente raro y representa un acto de violencia impensable. Se define como un acto que implica el consumo de un individuo de una especie (o partes de él) por parte de otro individuo de la misma especie.

Hay muchos ejemplos de canibalismo en la mitología, cuentos de hadas o literatura. Además, hay muchas expresiones lingüísticas que implicaría canibalismo, a menudo con connotaciones sexuales. Por ejemplo, está para comérselo/a. No obstante, nadie dice tal expresión con la intención de comerse a nadie.

No pensamos en el canibalismo y puede que pocos se atrevan a bromear con ello. Simplemente excluimos esa posibilidad de nuestra cabeza. Esto es así porque el canibalismo, al igual que muchos otros temas, sigue siendo un gran tabú.

Un ejemplo en este sentido es que en muchos países europeos el canibalismo está ausente en el Código Penal. En Francia se considera un acto de degradación del cuerpo de la víctima si ocurre después de un crimen. Si hay canibalismo sin crimen se considera un acto de tortura. En el Código Penal español no hay mención directa alguna del canibalismo. Algunos consideran que se sobreentiende a través del artículo 526, pero no queda muy claro.

En el reino animal el canibalismo no es algo tan extraño, excepto para los humanos. Cuando ocurre, no es una decisión individual o costumbre, sino que depende de una variedad de factores. Por ejemplo, el aumento poblacional de una especie. El canibalismo suele darse más entre las hembras y más a menudo en épocas de hambruna.

El canibalismo entre humanos como práctica recurrente no está documentado suficientemente. No hay evidencias de ello, excepto en circunstancias extremas como las situaciones de hambruna o como parte de una conducta antisocial.

En cualquier caso, la mayoría de los antropólogos coinciden en que hay tres tipos de canibalismo humano: como ritual, de supervivencia y patológico. El canibalismo ritual ocurriría en grupos tribales como norma social, donde el sistema de creencias autoriza la ingesta de personas.

El canibalismo de supervivencia ocurre excepcionalmente en situaciones muy extremas. Aquel que lo practica normalmente está en contra de tal acto, pero situaciones como hambruna, asedios militares o naufragios le obliga a ello.

El canibalismo patológico es una práctica individual y voluntaria, altamente condenada por la sociedad. Hay unos cuantos casos muy famosos, por ejemplo, J. Dahmer, arrestado en 1991, que mató y descuartizo a 17 hombres y se alimentó de ellos. Fue diagnosticado con un trastorno de personalidad mixta, con rasgos fetichistas antisociales, sádicos y obsesivos.

Hay pocos estudios sobre este tipo de canibalismo también extremadamente raro. De los casos analizados parecen emerger dos perfiles. Por un lado, individuos que sufren de formas extremas de parafilia. Por otro lado, individuos que sufren trastornos psicóticos severos.

En esta investigación, los autores analizan cinco casos que implican canibalismo. Se trata de 5 personas internadas en el Hospital Paul Guiraud de Francia en algún momento de los últimos 20 años. Estos 5 pacientes son todos hombres, con un historial de aislamiento y deterioro social. Todos ellos han tenido una infancia disfuncional, con negligencia emocional. Tres de ellos han sufrido violencia familiar y los dos restantes fueron víctimas de abuso sexual. Solo dos sujetos de los cinco tienen historial criminal.

Los 5 pacientes tienen un historial de atención psiquiátrica con hospitalización. Todos han mostrado un cumplimiento deficiente de las recomendaciones de salud mental en la etapa posterior a la hospitalización.

Del análisis de estos casos, se pueden extraer dos grupos que difieren en diagnóstico y psicopatología. El primer grupo se compone de tres sujetos diagnosticados con esquizofrenia paranoide. El segundo grupo se compone de dos sujetos con un diagnóstico de trastorno de personalidad mixta (TPM), con rasgos sádicos asociados a la parafilia.

Psicopatología

En el grupo de esquizofrenia, el ataque a las víctimas se inició con impulsividad, sin premeditación. Un factor predisponente que contribuyó a ello es el uso de sustancias como el cannabis o el cese de la toma de medicación. El factor precipitante fue a menudo trivial, por ejemplo, una discusión con la familia sobre la herencia. Los tres pacientes de este grupo presentaban delirios de persecución o alucinaciones místicas.

En el segundo grupo, los sujetos con TPM admitieron haber tenido fantasías canibalísticas o planes ocultos relacionados con el canibalismo en el pasado. Además, se destaca la ausencia total de tabús en estos sujetos y ausencia de delirios. No se destacan factores predisponentes, pero sí precipitantes diferentes de los del grupo anterior. Se trata de sentimientos de humillación y ambos sujetos de este grupo atacaron a su víctima cuando sufrían una muy baja autoestima.

Relación con las víctimas y modus operandi

En el grupo con esquizofrenia, todas las víctimas pertenecían a la pareja parental. Se habla, por tanto, de canibalismo en un contexto de parricidio. En los tres casos hubo relaciones hijo-padre/madre de dependencia con un gran componente de hostilidad. Esto explicaría la elección de los órganos a ingerir: orejas, ojos, manos y antebrazos. Los sujetos no saborearon la carne (sin apreciaciones conscientes de la carne, como cuando probamos algo), la ingirieron cruda y no hubo evidencias de satisfacción sexual.

En el grupo con TPM las cosas son bastante diferentes. Los dos sujetos de este grupo eran conocidos de sus víctimas y mantenían una relación marcada por la cosificación. Las víctimas eran parte de una situación de punto muerto del agresor, marcada por fuertes sentimientos de humillación. En estos casos, los agresores seleccionaron cuidadosamente las partes a ingerir, sí saborearon la carne previamente cocinada.

También hubo elementos de placer sexual. Uno de los sujetos había planeado canibalismo con necrofilia y el otro presentó activación sexual y eyaculó durante el acto de canibalismo. No hubo remordimientos posteriores, ni implicaciones morales, ambos tratando los hechos como unos eventos casuales.

Perfil psicológico

Aunque cada caso tenga sus particularidades, los autores concluyen que, para el grupo con esquizofrenia, el canibalismo es una reacción de autodefensa ante amenazas percibidas o ante un daño destructivo físico o psicológico. Por ejemplo, los sujetos utilizaron expresiones como me estaba comiendo vivo o me sentía consumido por ella. Se trata de una dinámica de auto-presentación, que el otro (la víctima) sepa que uno existe, que tiene poder.

No solo cometieron el crimen, sino una exageración del acto a través del canibalismo, una defensa adicional. Siguieron un concepto de violencia fundamental, relacionado con la supervivencia: yo o él/ella (sin olvidar que hay una patología mental de fondo). Estos sujetos pasaron al cuidado de unidad psiquiátrica, sin sentencia de prisión.

Para el grupo con TPM, el canibalismo permitió un restablecimiento narcisista. Estos actos ocurrieron en el contexto de una intensa frustración, humillación (percibida) y conflicto entre las realidades internas y externas. Supusieron una liberación de la tensión basada en ira y aumentaron la autoestima de los agresores.

Los actos de canibalismo fueron una forma de eliminar los sentimientos de inferioridad y/o vulnerabilidad en una atmósfera megalomaníaca. Por ejemplo, uno de los sujetos dijo haberse sentido como un héroe. Ya no se trata de un yo o él/ella, sino de un él/ella es yo, dónde la víctima es algo inferior y el poder de destruirla reivindica el yo.

Por tanto, el tema central es el ego y el narcicismo. Los sujetos siguieron un deseo intenso de superar frustraciones fuertemente enraizadas y comportamientos socio-emocionales inadecuados a través de un acto extraordinario. De los dos sujetos de este grupo, uno declaró enajenación mental y otro fue sentenciado a 30 años de prisión.

Todo lo observado en el análisis de estos casos encaja con lo visto en otras investigaciones. El canibalismo aparece asociado a dificultades en la infancia (p. ej. abuso físico, suicidio de miembros familiares, etc.). Los agresores suelen tener un historial de problemas psiquiátricos. También cometen crímenes más violentos que otro tipo de criminales, sugiriéndose mayores niveles de ira.

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Análisis de heridas de bala: huesos craneales vs. huesos largos. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Interpretation of long bones ballistic trauma” de Martrille L. y Symes S. A. (2019), en el cual se analizan las características de las heridas de bala en huesos tubulares y sus similitudes con las heridas craneales.

En el cuerpo humano hay diferentes tipos de huesos. Uno de ellos es el hueso largo que presenta un cuerpo tubular llamado diáfisis, dos extremos llamados epífisis y suele ser más largo que ancho. Por ejemplo, los huesos de los brazos y piernas, excepto rótula y huesos de la muñeca y tobillo, son huesos largos.

Desde una perspectiva antropológica forense, la interpretación precisa de heridas de bala en huesos largos podría ser la única forma de determinar características esenciales para entender la apariencia del arma utilizado.

Una herida ósea provocada por una bala es un fenómeno complejo que resulta de la acción de una bala y la reacción del tejido óseo. Cuando hay heridas de bala, la interpretación de los patrones de fractura ósea es un componente clave en la autopsia. Y esa interpretación requiere muchas habilidades: distinguir entre heridas de entrada y salida, establecer la dirección y recorrido de la bala a través del cuerpo o entender la orientación de las extremidades.

Para determinar el patrón de fractura es crucial reconstruir el sitio de esa fractura. Y es una labor clave, siendo muchas veces la única forma de determinar la causa y forma de la muerte. Es de especial importancia cuando, para el análisis, lo único disponible son los restos óseos, con ausencia de tejidos blandos. También puede ser que los tejidos blandos estén muy afectados por descomposición, carbonización u otras modificaciones postmortem. En cualquier caso, la presencia de tejidos blandos no asegura una buena interpretación del caso. A veces, las claves están simplemente en la herida ósea.

Las heridas de bala en el cráneo han sido muy estudiadas y ampliamente descritas. En cambio, pocos autores han documentado las heridas provocadas en huesos largos, a excepción de los cirujanos.

El examen de un traumatismo craneal se centra en las características principales de las fracturas balísticas: fragmentos óseos de taponamiento y desprendimiento, patrones de fracturas radiales y concéntricas. En el punto de impacto, se generan fuerzas de corte y tracción, lo que resulta en defectos de desprendimiento biselados y hundimientos del hueso. La superficie de impacto se puede astillar con una menor cantidad de biselado.

Con suficiente energía, se generan fracturas secundarias cerca del punto de impacto de bala. Las grietas radiales forman segmentos en forma de cuña. Se forman a la velocidad del sonido para el material dado, lo que permite que las fracturas radiales asociadas a la entrada interrumpan y comprometan el cráneo antes de la salida de la bala. Las áreas del cráneo más reforzadas pueden no presentar heridas radiales o que ocurra una apertura de suturas del cráneo. Dada la gran presión y tensión provocadas por el impacto de la bala, las fracturas radiales pueden seguir las líneas de sutura o incluso bifurcarse.

Aunque las fracturas puedan proporcionar un alivio suficiente del estrés provocado en el hueso, con frecuencia van acompañadas de fracturas terciarias debido al desplazamiento hacia afuera de los segmentos en forma de cuña. Estas se denominan fracturas concéntricas porque terminan en las grietas radiales y eso implica que estas últimas ya existían (son secundarias). Se han observado casos con fracturas concéntricas en ausencia de fracturas radiales, como se puede ver cuando un pequeño proyectil esférico golpea una lámina de vidrio.

Estas características muestran si la bala está entrando o saliendo del hueso. Lo diferencial se define típicamente por la ubicación de la fractura del bisel primario: mayor en el aspecto interno de la herida de entrada, mayor en el aspecto externo de la herida de salida. No obstante, también se siguen otros criterios.

Teniendo en cuenta estos principios de penetración de balas en el cráneo, los autores del estudio los aplican en la interpretación de fracturas de huesos tubulares. Para ello, revisan la autopsia de tres casos de herida de bala en el muslo con fracturas de fémur.

Los tres casos presentaban heridas de balas de distinto tipo. Para comparar las heridas de estos casos con las que habrían ocurrido si fueran heridas del cráneo utilizan una técnica muy sencilla. En una hoja de papel adhesivo dibujan un patrón de fractura típico de lo que se esperaría ver en el cráneo. Enrollan ese el papel adhesivo en un cilindro y lo comparan con el patrón de fractura en el fémur. 

El equivalente de las heridas de entrada se diseña en un pedazo de papel y se pega en un globo. Las heridas de entradas están representadas por un agujero negro circular, tal como se ve en las entradas de bala individuales. Para algunos de los casos se incluye una astilla de hueso alrededor de la herida principal y se agregan fracturas lineales, radiales y concéntricas.

A modo general, las descripciones de los 3 casos son consistentes con la literatura científica existente sobre el tema. Es decir, las heridas de balas en huesos largos son similares a las heridas que se dan en el cráneo. Se destacan las entradas de borde liso y fracturas radiales y concéntricas resultantes de la cantidad de energía provocada por el impacto. El biselado en forma cono es más evidente cuando las balas impactan de manera directa que tangencial.

En 1915, Sir John Bland-Sutton informó sobre cinco tipos de fracturas de huesos largos provocadas por balas. Primero, una fractura transversal, que suele verse rara vez y suele ser una fractura indirecta. Segundo, una perforación completa del eje del hueso, principalmente en huesos esponjosos como el extremo inferior del fémur o la tibia proximal. Tercero, la bala se incrusta en el hueso. Cuarto, la bala rompe y tritura el hueso, produciendo una fractura estrellada o mariposa, con 4 fisuras oblicuas radiales desde la herida primaria. Y, por último, la bala impacta cerca de la articulación, rompiendo el extremo del hueso en pequeños fragmentos.

Lo más observado en los casos del estudio fue el cuarto tipo. Esa fractura en forma de mariposa se describió también en su versión falsa. La original se reserva a fracturas por flexión. En las lesiones producidas por arma de fuego no se produce flexión y, por eso, las fracturas radiantes suelen tener una forma de V (doble, con cuatro fisuras). La configuración de la mariposa falsa se observa a menudo en huesos largos que han recibido un disparo de baja velocidad.

La gravedad de la herida y el tipo de fractura reflejan la energía que la bala trasfiere al hueso al impactarlo. Cuando una bala golpea el cuerpo se desestabiliza y oscila, trasfiriendo una gran cantidad de energía cinética a los tejidos. A mayor energía cinética del impacto, heridas más extensas.

Un proyectil de alta velocidad generará más fracturas que uno que impacta a baja velocidad. No obstante, la deformación y fragmentación de la bala también tiene mucho que decir en la apariencia de la fractura. Las características del hueso también importan, tales como elasticidad, cohesión o densidad. Y, por último, la edad del sujeto es algo que debe considerarse en el análisis. Una razón de ello es que la resistencia de los huesos disminuye con la edad.

Las descargas de escopeta muestran patrones específicos. Los perdigones de plomo tienen menor efecto de herida debido a su rápida dispersión. A corto alcance, las heridas son muy importantes tanto en el cráneo como en los huesos largos. Los perdigones se dispersan muy rápidamente cuando golpean el tejido con un efecto billar.

Por lo tanto, los aspectos de la penetración balística son constantes y las propiedades materiales de cráneo y huesos tubulares son similares. A pesar de la especificidad de la forma y densidad de los huesos tubulares, se podría decir que reaccionan como los huesos craneales cuando reciben un impacto de bala. Investigaciones de este tipo sirven para entender e identificar la dirección y la magnitud de las fuerzas implicadas analizando el patrón de las fracturas. Esto permite a los patólogos forenses y a los antropólogos entender los mecanismos de las heridas.

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Perfil geográfico de agresores sexuales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The mobility crime triangle for sexual offenders and the role of individual and environmental factors” de Chopin J. y Caneppele S. (2018) en el cual se construyen perfiles geográficos de agresores sexuales a partir de datos geocodificados.

El paradigma ambiental de la criminología ha cambiado su atención desde las causas más distantes de criminalidad hasta sus mecanismos. Para las primeras, un ejemplo es el desempleo. En mecanismo se incluye, por ejemplo, el modus operandi. La criminología ambiental ha resultado muy útil para entender los delitos contra la propiedad. No obstante, permitió la comprensión incluso de crímenes que a primera vista parecen irracionales.

Utilizando este enfoque, los criminólogos han estudiado la convergencia en el espacio físico entre el agresor y sus víctimas. El análisis se dirige a los patrones de movilidad de los perpetradores. La movilidad criminal implica, entre otras cosas, la distancia (ida-vuelta) que un perpetrador recorre desde su punto de anclaje hasta el escenario del crimen. El punto de anclaje suele ser el domicilio del agresor. No obstante, también puede ser el lugar de trabajo o un domicilio anterior.

Muchos investigadores han establecido que la movilidad criminal se basa en un patrón de decaimiento con la distancia. Cuanto más lejos tiene que viajar el agresor, más disminuye la frecuencia de sus agresiones. Además, hay una zona de seguridad (buffer zone) que cubre los alrededores más cercanos del punto de anclaje. Esta zona implica que el agresor no cometerá delitos hasta cierta distancia de su casa. Hacerlo supone muchos riesgos, por ejemplo, que alguien le reconozca.

Por tanto, las conductas criminales ocurrirán a distancias no muy cercanas al punto de anclaje, cuidando su zona de seguridad. Asimismo, el patrón de decaimiento con la distancia nos dice que los delitos tampoco ocurrirán muy lejos de ese punto. Hay una zona y/o distancia que el agresor conoce más y eso le permitirá disminuir costes y maximizar su utilidad. Por ejemplo, podrá cometer el delito y, además, sabrá cómo escapar más fácil y rápido del escenario del crimen.

A partir de aquí, vamos a enfocarnos en las agresiones sexuales. Estudios previos indican que los violadores no viajan lejos de sus casas para cometer el delito. La distancia que recorren los agresores sexuales suele variar entre 0,92 y 4 km desde el punto de anclaje. Y estas variaciones en la distancia suelen darse en función del tipo de agresión sexual.

La movilidad de las víctimas en el día en el que son atacadas se ha estudiado muy poco. En base al enfoque de la oportunidad y a la geometría del crimen, se asume que la víctima sigue patrones de movilidad similares a los de los agresores.

Si se conectan el escenario del crimen, el punto de anclaje y la residencia de la víctima, se puede investigar el triángulo de movilidad criminal. Para los delitos sexuales hay pocos estudios al respecto (y se requieren actualizaciones). En Filadelfia, en el 68,5% de las violaciones, la distancia entre agresor y víctima era de unos edificios. La movilidad criminal tiene mucha más relevancia cuando se trata de casos con una sola víctima y un agresor y menos cuando se trata de casos con agresores y/o víctimas múltiples.

Hay algunos datos en cuanto a factores asociados a la movilidad del agresor. Los agresores más jóvenes se alejan menos de sus puntos de anclajes que los más mayores para cometer un delito. Los agresores casados agreden más lejos de esos puntos que los no casados. Las diferencias de género son difíciles de estudiar, dado que el número de agresoras es mucho menor.

Se ha observado una asociación entre el método de aproximación a la víctima y la distancia recorrida desde el punto de anclaje hasta ella. Este aspecto y otros que conforman el modus operandi pueden ser cruciales para determinar la movilidad criminal.

Las agresiones sexuales ocurren mayoritariamente en sitios cerrados. No obstante, también ocurren en sitios abiertos y rara vez en un vehículo. Los agresores suelen elegir sitios donde pueden estar a solas con la víctima. Y claro está, eligen sitios donde haya probabilidad mínima de que aparezca un tercero. El tipo de agresión sexual y el uso de armas dependen de características geográficas del escenario del crimen.

Los autores del estudio se enfocan en los casos de agresión sexual extra-familiar. Se analizan 1447 casos de agresión sexual sin homicidio, con un único agresor y una víctima. Todos los datos provienen de la base de datos nacional francesa. Solo se incluyen los casos que implican mayores de 15 años (edad mínima para el consentimiento sexual en Francia).

Recordar que para cada caso hay 3 localizaciones geográficas.  Una del escenario del crimen y dos de las residencias del agresor y de la víctima, que conforman diferentes patrones. Solo se incluyen aquellos casos en los que las localizaciones relevantes pudieron ser geocodificadas.

Para codificar estas localizaciones y sus interrelaciones, se siguen tres patrones geométricos establecidos en las investigaciones al respecto. Puntos para agresiones cuyas tres localizaciones coinciden en el mismo edificio. Patrones de líneas para los casos en los que dos localizaciones coinciden en dirección. Por último, triángulos para casos cuyas tres localizaciones se encuentran en 3 puntos distintos. También se analizan los perfiles geográficos (p. ej. vecindario) y diversas características individuales y ambientales que detallaremos en resultados.

Los resultados de este estudio coinciden con muchos otros resultados internacionales en el tema. Los agresores sexuales suelen actuar cerca de los puntos de anclaje. La distancia recorrida hasta el escenario de agresión fue menor de 3 km en más del 50% de los casos.

No obstante, sigue quedando un alto número de agresores sexuales que están dispuestos a viajar más lejos. Si la distancia se extiende a 10 km, se incluye el 70% de los casos analizados. Por un lado, esto puede deberse a limitaciones con respecto a la muestra. Por otro lado, la disposición a moverse más puede deberse a la naturaleza de este tipo de agresiones. Es decir, puede haber aspectos diferenciales con respecto a otro tipo de delitos analizados en otros estudios (p. ej. homicidio).

Más del 50% de las víctimas fueron atacadas a distancias menores de 0,75 km de sus domicilios. En estudios previos se ha observado que los violadores en serie desconocidos para las víctimas viajan más para delinquir. En cambio, parece que la búsqueda de objetivos de los agresores sexuales no se aleja mucho de sus residencias.

Más de un tercio de las víctimas fueron agredidas en su propia casa. Se registró predominantemente un patrón geométrico de punto cuando la víctima (V) y el agresor (A) ya se conocían. Si V y A comparten localización geográfica de la residencia (p. e. viven en el mismo edificio) y el delito ocurre en ese mismo sitio, es más probable que ya se hayan conocido antes.

Si hay una relación más cercana, es probable que la agresión ocurra en el domicilio de uno de los dos. Esto significa que en estos casos habría patrones predominantemente en línea. Asimismo, es más probable que en estos casos se dé la penetración.

Cuando A es desconocido para V, el patrón de movilidad forma mayoritariamente una línea, seguido del triángulo. Todo ello afecta al concepto de zona de seguridad. Parece que el rango de esta zona para los agresores sexuales varía en función del tipo de relación. En cualquier caso, solo el 2,35% de la muestra de casos presenta un patrón de punto. Los patrones en línea aparecen en 25% y en más del 70% se da un patrón en triángulo.

El modus operandi se muestra significativamente diferente en función de estos patrones geométricos. Por tanto, los factores ambientales tienen más peso para explicar los patrones de movilidad que los factores individuales. Por ejemplo, cómo el agresor aborda a la víctima depende de si viven cerca uno del otro o no. En estos casos las características personales del agresor (p. ej. impulsividad) no influyen tanto en el modus operandi.

Las mejoras en movilidad geográfica (p.ej. mayor acceso al transporte) también facilitan la movilidad de los agresores. La mayoría de los casos analizados mostraron un patrón triangular bastante amplio. Las víctimas pueden ser agredidas cerca de su trabajo, en lugares de ocio o en el transporte público.

Por ello, parece que muchos casos de agresión sexual responden a situaciones de oportunidad (agresores oportunistas). No obstante, no se descarta que, siguiendo los mismos patrones, puede haber agresores tipo depredador.

Por último, como factores individuales de víctima y agresor se atienden varios. Las víctimas solteras suelen ser agredidas en patrones de movilidad en triángulo (52,38%), seguido del patrón en línea (42,94%). En cuanto al estilo de vida, aquellas víctimas que consumieron alcohol tienen más probabilidad de ser agredidas en patrones puntiformes. Cuando es el agresor el que ha consumido alcohol, los patrones de movilidad son mayoritariamente en línea.

Las victimas masculinas se enfrentan a mayor riesgo de ser agredidas por un conocido. La excusa de quedar en un sitio privado para consumir sustancias ilegales aparece a menudo. Cuanto más lejana la localización, más probabilidad de que la agresión se lleve a cabo con éxito. El consumo de drogas reduce la resistencia de la víctima ante la agresión sexual. Parece que tales patrones están más asociados con entornos homosexuales.

 

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