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Mes: diciembre 2020

Temperatura: la importancia de su reconstrucción para la investigación criminal. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Stay cool or get hot? An applied primer for using temperature in forensic entomological case work” de Lutz, L. y Amendt, J. (2020), en el que se analizan los métodos más precisos para reconstruir la temperatura en escenas del crimen, según distintos intervalos postmortem y desde la perspectiva de la entomología forense.

La temperatura es un elemento clave para las ciencias forenses, en disciplinas como la patología o antropología. Es de especial importancia para determinar el intervalo postmortem.

Por lo tanto, no es sorprendente que la temperatura también juegue un papel muy importante en la entomología forense. La temperatura afecta a la actividad, oviposición y la sucesión de insectos en un cadáver. Especialmente, afecta al crecimiento de los insectos que se alimentan de un cuerpo en descomposición. La estimación del crecimiento y la edad de las etapas inmaduras de los insectos carroñeros se logra utilizando, por ejemplo, la suma térmica. La edad resultante es la base para determinar el intervalo postmortem mínimo.

Además de la identificación correcta de las especies, saber la temperatura a la que estuvieron expuestos los insectos durante el crecimiento es el paso más importante para estimar dicho intervalo.

Hay muchas pautas y estándares publicados sobre cómo usar, modelar o reconstruir la temperatura en las investigaciones forenses. En todos se proponen mediciones de temperatura “diarias”, “horarias” o “múltiples” in situ después de haber encontrado el cuerpo. Sin embargo, a pesar de su importancia, la reconstrucción de la temperatura sigue siendo objeto de controversia y punto débil de la entomología forense.

Durante las últimas dos décadas, varios autores se han centrado en mejorar la recopilación de la temperatura de la escena del crimen y el impacto de distintos factores en la precisión de su estimación. Algunos de estos factores son la meteorología, microclimas en el área de la escena, presencia de luminosidad o sombras… etc. No obstante, todavía no parece haber un enfoque uniforme para estimar la temperatura.

Así las cosas, los autores estudiaron 51 informes de casos de los últimos 25 años, identificando 5 categorías de cómo se estimó o calculó la temperatura.

En la mayoría de los informes de casos, en el 72% solo se utilizaron datos de la estación meteorológica más cercana sin vinculación con la temperatura en la escena del crimen. El 27% informes no consideran los datos de la estación meteorológica en absoluto, pero utilizan mediciones propias tomadas en la escena del crimen después del descubrimiento del cadáver, que a veces eran deficientes con solo una medición justo después del momento del descubrimiento.

Con base en esa encuesta se puede decir que la reconstrucción de temperatura rara vez se realiza en el trabajo de casos entomológicos forenses, al menos en los casos publicados. En particular, los modelos estadísticos más complejos (como los modelos aditivos generalizados) siguen siendo únicos.

Así, en el estudio propio de los autores el objetivo era promover las mediciones de temperatura en el sitio del descubrimiento y la comparación con los datos oficiales de las estaciones meteorológicas cercanas y analizar si los modelos aditivos generalizados o la regresión lineal son más adecuados para reconstruir la temperatura en la escena de un crimen. En este contexto, se comprobaron la influencia de diferentes variables.

En total, se establecieron 3 sitios hipotéticos de descubrimiento de los cuerpos en una antigua zona militar a 20 km al este de Münster, Alemania. En el primer escenario el cuerpo estuvo expuesto a la luz solar durante todo el día con vegetación, al aire libre. En el segundo, el cuerpo estaba cubierto por ramas al aire libre. En el tercero, el cadáver estaba rodeado por grandes árboles que proporcionaban sombra la mayor parte del día.

La temperatura en cada sitio se registró cada hora desde el 24 de julio hasta el 13 de agosto de 2017. Además, se descargaron las mediciones de temperatura por hora de la estación meteorológica más cercana. La temperatura se registró con un sensor.

Para cada uno de estos escenarios, la recolección de temperatura en el sitio se realizó durante uno (24 h), tres (72 h), cinco (120 h), siete (168 h) y diez (240 h) días tras el descubrimiento del hipotético cadáver. Luego, los datos de temperatura se correlacionaron con los datos de la estación meteorológica para el tiempo correspondiente, lo que resultó en cinco períodos de correlación para cada intervalo postmortem. Esto se hizo para los tres sitios de descubrimiento de cuerpos.

Se compararon los datos de temperatura in situ y los datos correspondientes de la estación meteorológica para cada uno de los períodos de correlación. Estas comparaciones permitieron la producción de modelos. Los modelos se desarrollaron mediante regresión lineal y modelos aditivos generalizados. En total, se desarrollaron 45 modelos utilizando regresión lineal y 45 utilizando modelos aditivos generalizados.

Los resultados mostraron que el uso de los modelos aditivos generalizados puede proporcionar reconstrucciones de temperatura en la escena del crimen más precisas que la regresión lineal o la información de estaciones meteorológicas. En el 95,6% de todos los modelos, la temperatura reconstruida con estos modelos fue más cercana a los datos reales en el sitio que en los otros modelos.

La inclusión de la variable “hora del día” en los modelos ayudó a incrementar enormemente la precisión. Esto se debe a que así se cubrían posibles efectos causados por oscilaciones entre la temperatura en la escena del crimen y la estación meteorológica. Sin embargo, los resultados revelaron que la recopilación de datos en el lugar debe realizarse cada hora durante al menos 3 días para obtener una reconstrucción precisa de la temperatura en la escena del crimen.

Además, el microclima específico en la escena (sombra, sol, etc.), puede influir en la precisión de la reconstrucción de la temperatura. Un modelo de temperatura (modelos aditivos generalizados, regresión lineal) proporciona mejores resultados si la diferencia entre los datos in situ utilizados no se desvía demasiado de la temperatura que se va a reconstruir. Esto a menudo puede lograrse, si es posible, realizando las mediciones cerca del día del descubrimiento, no con un retraso de varios días o semanas.

En cualquier caso, es imprescindible diferenciar entre escenarios al aire libre y sitios cerrados. Esto se debe a que las oscilaciones de temperatura y la influencia de otros agentes, como la meteorología, son muy distintas entre ambos. Si se encuentra un cuerpo en interiores, los requisitos para una reconstrucción de temperatura cambian.

Consecuentemente, la reconstrucción de la temperatura con modelos aditivos generalizados es muy útil porque pueden considerarse muchos parámetros de la escena del crimen (humedad relativa, velocidad del viento, precipitación…) para que la reconstrucción de la temperatura sea lo más precisa posible.

Finalmente, para alcanzar una mayor eficacia, las grabaciones de datos deberían realizarse cada hora durante un mínimo de 3 días hasta 10 días, siendo recomendable recrear las condiciones de la escena. Si la temperatura no se reconstruye (o no se puede reconstruir) por diversas razones, una comparación y discusión de los datos in situ con los de una estación meteorológica es lo mínimo que deben hacer los expertos forenses.

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Conducta suicida: ¿cómo influyen el lenguaje y la cultura? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Words matter life: The effect of language on suicide behavior” de Lien, D. y Zhang, S. (2020), en el cual se analiza la importancia del lenguaje y su relación con la conducta suicida.

A pesar de la importancia del suicidio y el incremento de muertes por esta causa en los últimos años, todavía sabemos poco sobre el suicidio a nivel individual.

Los investigadores en psicología y medicina consideran el suicidio como la consecuencia más grave de los trastornos psiquiátricos. En contraposición, la mayoría de teorías económicas enmarcan el comportamiento suicida como una decisión racional, sin actuar puramente por impulso.

Así, algunos autores han relacionado la conducta suicida con las condiciones económicas. De acuerdo con el planteamiento económico, cuando la utilidad esperada de seguir viviendo es inferior a cero, la gente se suicidará. Esta teoría sugiere que las personas con ingresos más bajos tienen una mayor propensión a suicidarse. Empíricamente, diversos estudios demuestran la validez de esta teoría.

Los factores demográficos también son los principales determinantes del suicidio. Las pruebas muestran que la tasa de suicidio es más alta para los hombres y las personas mayores.

Recientemente, estudios han demostrado la correlación entre el marcador gramatical de eventos futuros en el lenguaje y una serie de comportamientos económicos orientados al futuro de quien escribe. La explicación subyacente es que las estructuras lingüísticas pueden afectar directamente a la cognición y el comportamiento de los hablantes. Siendo más concretos, hablar o escribir en tiempo futuro influye en la orientación a largo plazo del hablante.

Por otro lado, el suicidio también está muy ligado a la cultura, en tanto que cada una de estas tiene diferentes explicaciones de la vida y la muerte. La legitimidad del suicidio se ve afectada en gran medida, e incluso decidida, por la cultura. Además, esta influye en la motivación del suicidio, en términos de darle un cierto significado. Desde la perspectiva física, los métodos de suicidio y el tratamiento de los problemas de salud mental son diversos en las culturas, lo que afecta el número real de muertes por suicidio en relación con los intentos de suicidio.

Así, podemos plantearnos: ¿los marcadores de futuro tienen un impacto en otras elecciones intertemporales de los hablantes según la expectativa del futuro, como el suicidio?

Asimismo, si las características lingüísticas pueden servir como marcadores culturales, ¿pueden ayudar a entender la diversidad de conductas suicidas entre naciones y culturas?

El marcador de futuro tiene un impacto en la cognición y el comportamiento de las personas. Así, hablar del futuro a más largo plazo y con más firmeza, conducirá a tasas de suicidio más bajas en comparación con personas idénticas pero que hablan de un futuro débil.

Para dar respuesta a las preguntas planteadas, los autores llevaron a cabo su propio estudio. Los datos sobre suicidios se obtuvieron de la base de datos de mortalidad de la Organización Mundial de la Salud. Además de datos económicos y demográficos de cada país, los autores tuvieron en cuenta factores climatológicos / ambientales.

A nivel individual, la fuente de datos empleada fue la World Value Survey, una encuesta utilizada en los estudios de idiomas y comportamientos. Esta se utilizó para medir el lenguaje y los marcadores de futuro. Por último, en tanto que es muy complicado utilizar datos de suicidios reales por diversas razones, para el estudio se escogieron alternativas. Estas fueron las actitudes hacia el suicidio y la eutanasia, empleándose como variables dependientes.

Para evitar la ambigüedad del efecto del lenguaje, en la muestra se contó a la población no inmigrante del país. En total se trabajó con una muestra de 183.993 personas de 89 países.

Así pues, los resultados muestran que, teniendo en cuenta la lengua materna del país, los países que hablan un idioma con referencias débiles al futuro tienen tasas de suicidio más altas. Como era de esperar, los hallazgos sobre las variables económicas y demográficas de los países son consistentes con estudios previos: una mayor tasa de inflación y de divorcios inducirán a más suicidios.

Individualmente, los individuos que hablan un idioma con marcadores específicos de futuro piensan que el suicidio es un comportamiento menos justificable. En contraposición, los individuos que hablan un idioma con referencias de tiempo futuro débiles tienden a justificar más el suicidio.

Asimismo, parece que la creencia de un individuo coincide con sus acciones en el contexto del suicidio. Esto es, quienes aluden que el suicidio es injustificable tienen menos probabilidades de cometer suicidio. Por otro lado, las personas mayores, hombres y con alto nivel educativo y de ingresos tienden a mostrar una mayor aceptación del suicidio.

Las personas que hablan un lenguaje con referencias de futuro fuertes consideran el suicidio como un comportamiento más injustificable que las que (aún siendo idénticas en demografía, que nacieron y crecieron en el mismo país) hablan sin distinguir entre el presente y el futuro en gramática.

Resumidamente, el marcador explícito de un evento futuro puede ampliar (o reducir) la distancia entre el presente y el futuro. Ampliar la distancia aislará y descartará los sentimientos sobre el futuro. En el contexto del suicidio, utilizar una forma específica al hablar del futuro puede debilitar el dolor y la infelicidad que se producirán en el futuro. En consecuencia, hay más probabilidades de tener un menor número de pensamientos suicidas.

El otro impulsor de este efecto es la diversidad cultural. La cultura puede afianzar o, contrariamente, debilitar las conductas y pensamientos de aceptación del suicidio. En cualquier caso, se trata de un fenómeno complejo y multifactorial que requiere de más investigación.

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Ciberviolencia hacia la población LGTB+ en redes sociales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “An examination of social media as a platform for cyber-violence against the LGBT+ population” de Mkhize, S.; Nunlall, R. y Gopal, N. (2020), en el que se analiza el papel de las redes sociales en la ciberviolencia hacia la población LGTB+.

A pesar de todos los logros conseguidos progresivamente en materia legal, la población LGTB+ continúa asumiendo muchos retos. Entre estos se incluye la discriminación basada en el género y la orientación sexual.

Por ejemplo, en Sudáfrica la discriminación de género a menudo prevalece en las escuelas, el empleo y la sociedad. Actualmente, el mayor uso y dependencia de Internet ofrece otro espacio para la discriminación y acoso a la población LGBT+. Concretamente, las plataformas de comunicación online, sobretodo las redes sociales, hacen de la ciberviolencia un fenómeno creciente. Un fenómeno que requiere atención.

En este contexto, la baja denuncia de la ciberviolencia dificulta la determinación del alcance de la misma. Sin embargo, la falta de intervención correctiva es aún más importante. Esto se debe a que puede afectar a la calidad de vida de las víctimas y la continua discriminación de género.

Cualquier persona que utilice el ciberespacio puede ser víctima de ciberacoso. No obstante, es más probable que afecte más a poblaciones vulnerables, como niños o minorías sexuales. Las minorías sexuales incluyen a lesbianas, homosexuales, hombres y mujeres bisexuales, transgénero e individuos que no están seguros de su orientación sexual y aún están explorando su identidad sexual.

En Sudáfrica, y otros múltiples sitios, la población LGBT+ tiene menos probabilidades de denunciar discriminación de género. Esto hace que la determinación de la prevalencia del ciberacoso de la población LGBT+ sea difícil de determinar. Si bien determinar la tasa de ciberacoso de la población LGBT+ resulta difícil, las consecuencias son más visibles y frecuentes.

En cualquier caso, no debemos olvidar que las características del ciberacoso difieren de las del acoso tradicional. Por ejemplo: el ciberacoso tiene una audiencia potencialmente más grande o facilita el anonimato de los agresores. Por otra parte, los efectos negativos más comunes del ciberacoso en jóvenes LGBT+ incluyen depresión, ansiedad, autolesiones, problemas académicos, abuso de sustancias y suicidio. Sin embargo, faltan políticas de ciberacoso para hacer frente a estas consecuencias.

Bien, los autores llevaron a cabo un estudio propio. El objetivo era ahondar en la experiencia de las víctimas LGTB+ en Sudáfrica. Dada su popularidad en el país, se utilizó Facebook como plataforma para estudiar las conductas sociales. Asimismo, se realizaron unas entrevistas semi-estructuradas con 7 participantes que se identificaban dentro de la población LGTB+.

Los investigadores examinaron datos de agosto de 2017 a agosto de 2019 para recopilar contenido actual en Facebookrelacionado con el ciberacoso de personas LGBT+. Algunos de los términos empleados para seleccionar el contenido fueron lesbiana, gay, LGTB, homosexual… Se encontró que la mayoría de las publicaciones contra la población LGBT+ eran comentarios escritos en grupos y páginas (45%), y en respuestas en secciones de comentarios (44%).

Con respecto a las entrevistas, se hicieron plantearon cuatro cuestiones centrales. Primeramente, cuál había sido la experiencia de los participantes con el ciberacoso en Facebook por motivo de su orientación sexual. Asimismo, de qué forma lo habían experimentado (comentarios, mensajes privados…); y cómo definirían su experiencia (ataque personal, odio, discriminación…). Por último, se les preguntó por sugerencias para tratar el ciberacoso contra la población LGTB+ en Sudáfrica.

Bien, a partir de ambos métodos (análisis de Facebook y entrevistas) se obtuvieron diversos resultados. A través del análisis de contenido se generaron cinco temas principales. Estos son: discriminación de género; invasión de privacidad (infiltración de grupos); amenazas; prejuicios; y odio hacia el colectivo.

La discriminación de género reveló que es más probable que el ciberacoso dirigido a población LGBT+ sea resultado de ser diferente al orden binario de género (masculino/femenino). Entre los métodos encontramos publicar comentarios en grupos heterosexuales para mostrar odio hacia personas homosexuales. También se observaron estos métodos en los propios perfiles de las víctimas.

Con respecto a la invasión de privacidad, esta se refiere esencialmente a la creación de cuentas falsas para acceder a grupos LGBT+ con el fin de publicar insultos y amenazas. Un participante mencionó que su cuenta fue pirateada y el perpetrador usó su cuenta para compartir publicaciones sobre él y su sexualidad en Facebook.

Depresiones y ansiedad, las autolesiones, los problemas académicos, el abuso de sustancias y el suicidio pueden ser consecuencia de tales invasiones. El estudio descubrió que las redes sociales, especialmente Facebook, facilitan la perpetración del odio y la homofobia, ocultando la identidad de los agresores mediante el uso de cuentas falsas para garantizar su anonimato.

Ahora bien, las amenazas son una de las experiencias más comunes entre las víctimas LGTB+ de ciberacoso. Estas incluyen la expresión de que los homosexuales deberían morir y/o ser castigados por ser su orientación sexual antinatural para los agresores. Esto incluye amenazas realizadas por mensajes privados. En el caso del estudio, esto último ocurría normalmente después de que los agresores (hombres) contactasen primero con las víctimas (mujeres lesbianas).

Los prejuicios, por su parte, se reflejaron en publicaciones recientes de odio hacia el colectivo, compartidas en grupos alrededor del país. Consecuentemente, el odio y los prejuicios hacia la población LGBT+ están fuertemente influenciados por la heteronormatividad. Esta se refiere a la creencia de que sólo existen, o deberían existir, y son naturales dos géneros: hombre y mujer (heterosexuales). Dicha creencia se ve reflejada en muchas de las publicaciones analizadas.

Dentro de la población LGTB+, las publicaciones indicaban odio a los homosexuales, en particular a los gays y lesbianas.

En conclusión, los hallazgos sugieren que Facebook, entre otras redes sociales, ha facilitado la perpetración de crímenes de odio contra la población LGBT+. Basándonos en esta investigación, la discriminación de género aún persiste en Sudáfrica. Esto hace que la población LGBT+ sea más vulnerable a la discriminación, los prejuicios y las amenazas debido a su orientación sexual o género.

Por tanto, es recomendable prestar más atención a esta población y a la seguridad en las redes sociales para hacer frente a los autores de cualquier forma de ciberviolencia.

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Delitos de odio: ¿es posible predecirlos por las redes sociales? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Hate in the machine: anti-black and anti-muslim social media posts as predictors of offline racially and religiously aggravated crime” de Williams, M. L.; Burnap, P.; Javed, A.; Liu, H. y Ozalp, S. (2019), en el que se analiza si existe una relación entre la perpetración de delitos de odio offline y los delitos de odio online.

En los últimos años, los delitos de odio referente a la raza y religión han aumentado exponencialmente en diversos países.

Actualmente sigue existiendo una necesidad, política y práctica, de mejorar la inteligencia sobre los delitos de odio. Particularmente, debe comprenderse mejor el papel que desempeñan las tensiones y acontecimientos comunitarios en la perpetración de tales delitos.

La tecnología se ha considerado como parte de la solución al transformar las prácticas policiales analógicas en procesos digitales complementarios. Junto con los delitos de odio offline, el discurso de odio online publicado en las redes sociales se ha convertido en un problema social pernicioso.

Investigaciones anteriores muestran que los delitos de odio offline y el discurso de odio online están estrechamente relacionados con eventos de importancia. Por ejemplo, ataques terroristas y votaciones políticas. Sin embargo, no está claro si se puede encontrar un patrón más general de correlación independientemente de los eventos “desencadenantes”.

En una muestra de los años 2017 y 2018, los delitos de odio racial online constituyen la mayoría de todos los delitos de odio online (52%), seguidos de la orientación sexual (20%), la discapacidad (13%), la religión (12%) y los delitos de odio online transgénero (4%). A finales de 2017, las redes sociales comenzaron a introducir políticas contra la incitación al odio, cediendo ante presiones diversas.

En base a esta información, los autores plantean su hipótesis. Esta es: ¿el discurso de odio online en Twitter puede mejorar las estimaciones de los delitos de odio offline?

Dicha cuestión plantea la posibilidad de utilizar las redes sociales como alternativa o complemento a indicadores convencionales. Además, deben tenerse en cuenta los factores demográficos ecológicos. Por ejemplo, la proporción de la población que es negra o que pertenece a una minoría étnica. Esto es debido a que dichos factores también se han asociado con los delitos de odio.

Así, en la investigación de los autores se tuvo en cuenta información procedente de Reino Unido. Se vincularon datos de fuentes administrativas, de encuestas y de redes sociales para construir los modelos estadísticos. Estos se recopilaron antes de que las grandes plataformas de redes sociales introdujeran políticas estrictas sobre/contra la incitación al odio.

Los datos policiales se recopilaron de un periodo de 8 meses entre agosto de 2013 y 2014. Los datos policiales sobre delitos se filtraron para incluir solo los delitos de odio racial y religioso, estos últimos contra el Islam o los musulmanes.

Así las cosas, los resultados indican lo siguiente. Existe una asociación positiva consistente entre el discurso de odio en Twitter dirigido a la raza y la religión y los delitos agravados por motivos raciales y religiosos en Londres. Así, la investigación confirmó también la relación entre la presencia (o ausencia) de eventos que actuaban como desencadenantes tanto para los delitos de odio online como offline y la perpetración de los mismos.

Los modelos permitieron proporcionar predicciones de la tasa de incidencia de delitos offline por proporción de la población negra o de minoría étnica y el recuento de tweets de odio online. Esto es digno de mención, dado que indica que el papel de las redes sociales en el proceso de victimización por odio no es trivial.

El discurso de odio publicado en las redes sociales (como indicador de polarización extrema) influye en la frecuencia de los delitos de odio offline. Sin embargo, es poco probable que el discurso de odio online sea una causa directa de los delitos de odio offline aisladamente. Contrariamente, es más probable que las redes sociales sean solo una parte de la causa. Los factores locales, como la composición demográfica de los vecindarios (por ejemplo, la proporción de población negra y de minorías étnicas, el desempleo…) y otros factores ecológicos probablemente desempeñen un papel clave.

Lo que el estudio señala es la importancia relativa del discurso de odio online en este contexto. Si vamos a explicar el crimen de odio como un proceso, y no como un acto discreto, con victimización que va desde el discurso de odio hasta la violencia, las redes sociales deben formar parte de ese entendimiento.

La victimización por odio se caracteriza por insultos, amenazas o violencia repetidos o continuos. Una de sus cualidades es que es duradera, y ahora se extiende al ámbito online y puede vincularse a su manifestación offline. El discurso de odio en las redes sociales amplía los “climas de inseguridad” que experimentan los grupos minoritarios que trascienden las instancias individuales de victimización.

Examinar la dinámica contemporánea de victimización por odio requiere métodos capaces de capturar variaciones en los datos online y offline. Esto también incluye variaciones tanto en el tiempo como en el espacio. El aumento de las fuentes de datos sobre el odio también es importante, debido a las bajas tasas de denuncia continuas. Así, la administración (registros policiales), la encuesta (censo) y las nuevas formas de datos (Twitter) se pueden vincular para estudiar el odio en la era digital.

Sin embargo, los mecanismos individuales responsables del vínculo entre los incidentes de odio online y offline deben establecerse mediante más trabajo forense y, posiblemente, cualitativo.

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