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Mes: enero 2021

La identificación trans en antropología forense. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Breaking the binary: The identification of trans-women in forensic anthropology” de Schall, J. L.; Rogers, T. L. y Deschamps-Braly, J. C. (2020), en el que se analiza el impacto de la cirugía de feminización facial en las técnicas de identificación empleadas por la antropología forense.

En antropología forense, la identificación del fallecido comienza con la construcción del perfil biológico. Posteriormente, se compara con descripciones de personas desaparecidas para ayudar a acotar las investigaciones.

En los casos de personas trans y de género diverso, describir sus restos físicos y sexo biológico puede tener poca correlación con su identidad social, retrasando y/o confundiendo la identificación. Algunas personas trans han buscado alterar su apariencia física para reflejar mejor su género. Así, estas alteraciones podrían tanto facilitar el proceso de identificación como generar nuevas complicaciones.

Cabe recalcar que, cuando los antropólogos forenses realizan una evaluación de sexo, están evaluando el sexo biológico, no el género. Tradicionalmente, esta disciplina tiene una conceptualización binaria de la variación sexual (masculino o femenino), limitando la incorporación del género en este proceso. Consecuentemente, poco se han discutido los métodos para la identificación de personas transgénero y no conformes con el género en la antropología forense.

Transgénero es un término genérico para las personas cuya identidad de género difiere del sexo que se les asignó al nacer. Trans a menudo se refiere a un individuo que busca, o ha experimentado, una transición social de un género binario a otro, como hombre a mujer o mujer a hombre. Hay muchas opciones de modificación corporal para las personas trans. Estas incluyen terapias de reemplazo hormonal, cirugía genital, cirugía de feminización facial y cirugía de masculinización facial.

Entre estos, la cirugía de feminización facial es un grupo de procedimientos quirúrgicos destinados a feminizar los rostros de las personas en transición de hombre a mujer o mujeres trans. En concreto, los procedimientos específicos que impactan directamente en el esqueleto facial son: el contorno de la frente, la rinoplastia, el contorno del mentón y el contorno de la mandíbula.

Debido a que cada individuo tiene una frente y posición del seno frontal diferente, el proceso de reducción y contorno de esta es muy variable. Si la cirugía tiene éxito desde una perspectiva antropológica forense, la cara de una mujer trans debería de ser indistinguible de una mujer cis. Esto sugiere que un análisis métrico del cráneo produciría una evaluación del sexo craneal de “mujer”, aunque la pelvis -por ejemplo- siguiese pareciendo masculina. Por ende, el sexo craneal sí coincidiría (fememnino) pero no el sexo de la pelvis.

Sin embargo, también pueden surgir otras dificultades no antropológicas. Por ejemplo, si en la denuncia de desaparición se identifica a la persona trans de acuerdo con su sexo biológico (hombre) en vez de su verdadera identidad de género (mujer). Por otro lado, si la cirugía de feminización no tiene éxito, la identidad será ambigua o, en función de las circunstancias, generar otros problemas de identificación y correspondencia.

Por tanto, es necesario comprender cómo las cirugías de feminización impactan la evaluación del sexo craneal y, en última instancia, evaluar tanto el sexo como el género como parte de un perfil esquelético forense. Se trata de un tema casi inexplorado en la antropología forense, el cual debe abordarse para facilitar la identificación legal de una manera respetuosa con la identidad personal del fallecido.

Debido a que pocos cirujanos practican este tipo de cirugía, el tamaño de la muestra de la investigación de los autores es limitada.

Concretamente, se contó con 11 sets de imágenes de tomografía computarizada con el antes y el después de la operación de mujeres transgénero que se operaron en el último año. Se utilizó la tomografía computarizada en tanto que no hay colecciones esqueléticas de individuos trans, tratándose de imágenes no distorsionadas. Asimismo, se tomaron un total de 17 medidas craneoencefálicas, 10 de las cuales están afectadas por cirugía de feminización, según la visibilidad de los puntos de referencia. Asimismo, se utilizó el software FORDISC para el tratamiento de las imágenes.

Algo de gran importancia para esta investigación era que las medidas tomadas de las imágenes de tomografía computarizada preoperatoria se reconocieran como masculinas, antes de evaluar las imágenes posoperatorias. Desde la perspectiva de la identificación forense, una cirugía de feminización exitosa alteraría la evaluación preoperatoria del sexo de “masculino” a “femenino”.

Los resultados mostraron que, independientemente de las mediciones incluidas, FORDISC indicó que los individuos de la muestra eran más similares a los hombres que a las mujeres, tanto antes como después de la operación (excepto en un caso de resultado femenino postoperatorio). En última instancia, las alteraciones quirúrgicas no fueron lo suficientemente marcadas como para cambiar el resultado de una evaluación craneométrica del sexo en el software. No obstante, los resultados del posoperatorio sí eran lo suficientemente notables como para que un antropólogo forense pudiera dudar y concluir que los resultados son indeterminados.

Hubo tres casos en los que los resultados de la métrica “masculina” tenían una probabilidad posterior más alta en el posoperatorio que en el preoperatorio. Una explicación puede ser que, a pesar de la extracción de una cantidad significativa de hueso, las proporciones y el tamaño general del resto del cráneo están fuera del rango de la mayoría de mujeres. Las modificaciones realizadas en el esqueleto y el tejido blando durante la cirugía tienen como objetivo imitar la morfología “femenina”, no el tamaño “femenino”.

A pesar de estos resultados, es importante recordar que el análisis métrico es solo un componente de la evaluación del sexo craneal. Asimismo, el análisis morfológico de un cráneo de hombre a mujer que se ha sometido a cirugía mostrará evidencia de las modificaciones quirúrgicas, como tornillos y clavijas. Debido a esto, hubo algunas dificultades en la investigación para tomar las medidas postoperatorias en las tomografías computarizadas en estas áreas afectadas. De hecho, en algunos casos tales placas aumentaron el volumen del área y, consecuentemente, el tamaño de las medidas.

Dicho esto, los cirujanos plásticos de todo el mundo practican este tipo de cirugías, independientemente de si tienen la capacitación adecuada, lo que puede provocar errores en el procedimiento. Por lo tanto, los resultados finales variarán según las necesidades del individuo y la experiencia del cirujano.

En conclusión: es imperativo que los antropólogos forenses consideren la posibilidad de que un individuo no identificado pueda ser transgénero y, por ende, no limiten su análisis y conclusiones a categorías binarias de sexo. Los resultados del estudio demuestran que es posible encontrar evidencias de género en los esqueletos faciales de personas transgénero que se han sometido a una cirugía de feminización facial.

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El poder identificativo de la corteza. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Contribution of plant anatomy to forensic investigation: Tree bark morphology” de Caccianiga, M.; Compostella, C.; Caccia, G. y Cattanero, C. (2020), en el que se evalúa la posibilidad de identificar las especies de plantas a partir de pequeños fragmentos de corteza de plantas leñosas, ayudando en investigaciones forenses.

El papel de la botánica en la investigación forense ha demostrado ser cada vez más útil en las últimas décadas.

Los macrorestos de plantas (semillas, frutos, flores, hojas y otras partes y/o sus fragmentos) son una herramienta poderosa para vincular un cuerpo, u otra evidencia, a la escena principal del crimen. Esto es debido a que pueden proporcionar información detallada sobre la ubicación ecológica y geográfica donde el cuerpo ha estado expuesto.

Por otro lado, su identificación puede ser problemática incluso para expertos, particularmente cuando solo se cuenta con partes pequeñas, que no significativas y/o si su estado de conservación es deficiente.

Se pueden encontrar otras estructuras con mayor frecuencia, especialmente las más resistentes y expuestasdirectamente al medio ambiente. Estas son la capa externa de plantas con semillas leñosas (en árboles y arbustos); esto es, la conocida como corteza. Su contacto directo con el medio externo y su resistencia a la descomposición hacen que sea muy probable su aparición cuando se produce el contacto con una planta leñosa.

No obstante, se sabe poco sobre las herramientas de identificación específicas para las características anatómicas de la corteza. O, al menos, se sabe poco sobre la individualización de marcas específicas que pueden usarse para compararlas directamente con muestras de procedencia conocida, incluso si los textos de referencia al respecto están cada vez más disponibles. La corteza consta de muchas capas de diferente origen que pueden estar presentes o no en diferentes especies.

Así, la investigación de los autores tiene su origen en un caso real de homicidio en el norte de Italia. Allí se encontraron fragmentos de corteza en la víctima y se analizaron para ayudar a reconstruir la dinámica del homicidio. En agosto de 2010 se encontró el cuerpo de un hombre de 20 años en un bosque, junto a un gran árbol, con varias heridas de bala en la cabeza y el tórax.

El cuerpo presentaba muchas abrasiones en la cara, muñecas y antebrazos. Sin embargo, lo que más destacaba para el patólogo eran una serie de pequeñas astillas de corteza insertadas en la piel de los antebrazos. Una vez retiradas estas astillas de la piel, se analizaron con la intención de verificar si podían provenir de la corteza del árbol adyacente al cuerpo.

Las astillas recogidas del cuerpo se pegaron sobre un soporte de madera en posición vertical (como si fuera en posición viva) y se lijaron finamente en la sección transversal. Se tomaron muestras de 16 especies de árboles comunes en el norte de Italia y representativas de las principales formas macroscópicas de corteza para la identificación. Dicha identificaciónde las astillas de corteza recogidas del cuerpo se realizó a través de claves identificativas y la comparación visual con muestras de corteza exterior recogidas de los árboles cercanos.

Ahora bien, los fragmentos encontrados en el cuerpo eran muy pequeños (entre 2 y 8 mm) y no se pudo realizar la descripción de toda la corteza. Sólo estaba presente una parte de la corteza exterior (ritidoma).

La identificación de los fragmentos con la clave completa no fue posible debido a la ausencia de tejido de expansión en las muestras recogidas de la escena. Por el contrario, la clave simplificada reportada sí permitió la correcta identificaciónde las muestras.

Los datos confirman la aparición de rasgos distintivos específicos en las capas que forman la corteza de los árboles. Su uso como herramienta de identificación es prometedor, pues el aumento del número de especies podría mejorar en gran medida la eficacia de la clave de identificación.

Sin embargo, la dimensión de las muestras obtenidas rara vez es suficiente para observar correctamente las características de diagnóstico de la corteza. El número de capas de ritidomas en la corteza exterior también puede ser variable, incluso dentro del mismo árbol.

Así, la falta de la corteza interna dificulta la interpretación de los rasgos de diagnóstico de la corteza externa. Esto se debe a que las células y tejidos solo pueden observarse en su fase degradada, sin ninguna información sobre su estado original. Por ello, las células esclerificadas de diferente origen a menudo no se distinguen entre sí cuando se encuentran en la corteza externa.

Los fragmentos de corteza pueden encontrarse con frecuencia tras un contacto con el tronco o las ramas de un árbol. Además, presentan un aspecto variable como consecuencia de la especie de origen. Muchas características podrían observarse y reconocerse con una simple observación macroscópica con lente o estereomicroscopio. Asimismo, los tejidos de la corteza pueden aguantar mucho tiempo sin deteriorarse (son resistentes) y se pueden fácilmente manipulables.

Debido a estas razones, los fragmentos de corteza deberían ser incluidos en los macrorrestos para ser recolectados y analizados durante las investigaciones. No obstante, también existen algunos puntos críticos, particularmente por el pequeño tamaño de las muestras que es más probable que se encuentren y su falta de integridad.

Desafortunadamente, las colecciones de referencia de cortezas son bastante poco comunes, mientras que para fines forenses sería importante tener fácil acceso a una amplia gama de estas que incluyan clasificaciones de plantas nativas y exóticas.

Así, la investigación de los autores demuestra la utilidad de un estudio completo de restos botánicos asociados con muestras forenses. Esto incluye muestras incluidas que aparentemente carecen de las herramientas de identificación tradicionales. También se manifiesta la necesidad de establecer colecciones de referencia que incluyan partes de plantas que, probablemente, se conserven y resistan a la descomposición.

Por último, cabe apuntar que los métodos y conocimientos derivados de los estudios arqueológicos o paleoecológicospueden ser útiles para alcanzar todo el potencial de tales técnicas, que aún está por alcanzarse y ser reconocido.

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Signos de intoxicación en la cavidad oral. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Oral Manifestations of Poisons in View of Forensic Odontology-A Review” de Arthanari, A.; Doggalli, N.; M. A. y Rani, S. (2020), en el cual se realiza una revisión de cómo distintos tipos de tóxicos afectan a la cavidad oral de una persona, dejando signos de intoxicación.

La cavidad oral es la parte que aporta la información más importante en casos de consumo de venenos o tóxicos. La razón radica en que es relativamente fácil analizar qué tipo de tóxico se ha consumido en base a los cambios de color. Las manifestaciones orales hacen referencia, por su parte, a cambios clínicos o en la autopsia en la cavidad oral.

Así, las intoxicaciones pueden producirse mediante tóxicos que se encuentran en diversos ámbitos. En los hogares encontraríamos detergentes, desinfectantes, antisépticos… O el uso de medicamentos, dado el abuso de drogas, sobremedicación o una medicación errónea. Por otro lado, también encontramos venenos de fuentes agrícolas como pesticidas, fungicidas, etc., o de origen industrial, en las fábricas donde muchos tóxicos son producidos, tratados y manufacturados.

Una intoxicación también puede producirse mediante ingesta de comidas y bebidas, debido a una contaminación accidental o por los aditivos y preservantes de la comida. En cualquier caso, estás no son las únicas fuentes, pues son diversas (mordeduras de serpientes u otros animales, contaminación urbana, intoxicación por gas de alcantarillado, etc.).

Así, una de las clasificaciones que puede establecerse de los tóxicos es distinguiendo entre químicos y fisiológicos o farmacológicos. En los tóxicos químicos, a su vez, puede distinguirse entre aquellos de origen inorgánico (corrosivos y sales metálicas y no metálicas) y orgánico (volátiles, alcaloides…).

Los tóxicos fisiológicos/farmacológicos, por su parte, nos permiten diferenciar entre tóxicos corrosivos (fuerte álcalis —un compuesto empleado en determinados medicamentos, sobretodo efervescentes—, mineral, y ácidos orgánicos) e irritantes (de origen metálico, vegetal o gases).

Bien, tras estas breves referencias teóricas, a continuación se exponen una serie de elementos junto a los signos orales de intoxicación que cada sustancia deja.

Por un lado, los compuestos organofosforados aluden al nombre general de cualquier compuesto que contenga fósforo. Dichos compuestos se utilizan ampliamente en la agricultura para la protección de cultivos, el control de plagas y, además, en usos veterinarios, médicos y los denominados “gases nerviosos” en operaciones químicas.

En base a su toxicidad y uso clínico se clasifican en compuestos de alta, intermedia o baja toxicidad. La mayoría son agentes altamente solubles en lípidos (grasas) y se absorben bien en la piel, las membranas mucosas orales y la membrana conjuntiva (ojos). Con respecto a sus manifestaciones clínicas, si bien dependen de diversos factores, la mayoría de intoxicaciones por fósforo se caracterizan, a nivel oral, por desprender un olor a ajo.

La fostoxina y fumitoxina son componentes empleados para fumigar y el control de plagas. Su manifestación oral, cuando se ingiere, se produce al presentar un olor muy penetrante.

El plomo, en la boca, causa astringencia (desecación y contracción) y un sabor metálico. Las manifestaciones orales incluyen un “tono plomo” (gris azulado) de la piel con palidez y una línea azul a lo largo de la encía, con un borde negro azulado en los dientes (esto último síntoma de una intoxicación crónica).

Por su parte, el arsénico es un elemento que se observa principalmente en minerales. De hecho, la contaminación de aguas subterráneas por arsénico es un importante problema de salud pública global. La exposición crónica al arsénico causa varios tipos de lesiones cutáneas. Los signos y síntomas también se encuentran en la lengua, la mucosa gingival y la bucal.

Otra sustancia que podemos nombrar es el ácido bórico, el cual puede utilizarse como pesticida, en desinfectantes o en productos de higiene como pastas de dientes. Las manifestaciones, tanto generales como orales, por su intoxicación incluyen cianosis intensa por la pérdida de oxígeno en la sangre de los labios y uñas (presentan un color azulado o morado). La cavidad oral también presenta inflamaciones y manchas marrones, sufriendo sobretodo efectos corrosivos.

El último ejemplo lo encontramos en el ácido sulfúrico. Este es uno de los químicos industriales de mayor entidad. Es usado en la industria eléctrica, joyería, laboratorios químicos y la agricultura, siendo la ingesta la forma más común de intoxicación. Su manifestación oral se observa en lengua, encías, mucosa bucal y paladar esponjosos, amarillentos e insensibles.

Bien, realizando varios estudios de caso, los autores observaron los siguientes signos de intoxicación, en función del tóxico identificado.

En el primer caso se examinó a un hombre adulto por intoxicación con organofosforados. El examen de la cavidad oral reveló un engrosamiento de las mucosas orales con una decoloración blanquecina de la encía adherida. La lengua también mostraba manchas blancas.

En el segundo caso se trató a un joyero que, accidentalmente, se intoxicó ingiriendo ácido sulfúrico. Sufrió quemaduras cutáneas inmediatas de diversa extensión y profundidad. Bucalmente, tenía un trismo (contracción de los músculos de la mandíbula y boca) severo, con lengua, encías, mucosa bucal y paladar esponjosos, amarillentos e insensibles.

El tercer caso también era una intoxicación mortal por ácido sulfúrico por parte de una mujer joven. Se observó hinchazón en los labios con signos de cianosis, una decoloración amarillenta de la mucosa oral y de la lengua, así como una decoloración excesivamente blanquecina de los dientes. El análisis químico determinó la ingesta del tóxico como la causa de la muerte.

El cuarto caso examinado fue el de un mecánico fallecido, con un presunto historial de consumo de matarratas mezclado con ácido de batería, presentando las cavidades bucales un color café. El examen clínico reveló una congestión y ulceración de la boca. En la autopsia se observaron erosiones y pequeñas hemorragias en los labios y en la cara dorsal de la lengua.

El último y quinto caso presentado es el de una adolescente fallecida por la mordedura venenosa de una serpiente. Todo su cuerpo se había puesto pálido y salía espuma de su boca. Esto coincide con las manifestaciones orales más habituales producidas por el veneno de serpientes. Dichas manifestaciones incluyen: hemorragia sistémica espontánea, detectada más frecuentemente en los surcos gingivales y paralización de los músculos bucales, faciales y del cuello. También se forma localmente espuma y se produce una decoloración azulada o negruzca de la cavidad oral y la cara.

En conclusión, las encías y la lengua son las partes de la cavidad oral donde más visibles son los efectos de los diferentes tóxicos expuestos. Y, de estas observaciones, puede beneficiarse la Toxicología Forense, sin perjuicio de otras técnicas y tecnologías que permitan esclarecer la investigación forense.

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