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Mes: abril 2021

¿Que impactos tiene el ciberacoso en la salud mental? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Cyber Stalking, Cyber Harassment, and Adult Mental Health: A Systematic Review” de Stevens, F.; Nurse, J. y Arief, B. (2020), en el cual se analiza el impacto del acoso y el ciberacoso en la salud mental de víctimas adultas.

Internet y las aplicaciones online se han convertido en componentes fundamentales de la sociedad actual. Y, si bien han supuesto beneficios indiscutibles, su aparición también presenta amenazas. Entre estas, ha de destacarse el ciberacoso.

El ciberacoso y el acoso tradicional (offline) se han asociado con causar una gran cantidad de impactos negativos en la salud mental de las víctimas, como ansiedad, depresión, pesadillas o, incluso, pensamientos suicidas. En consecuencia, es fundamental reflexionar periódicamente sobre las investigaciones existentes referentes a la salud mental de las víctimas. Esto permite examinar, a su vez, qué investigaciones faltan en el campo de la ciberpsicología.

Por ejemplo, los autores sostienen que aún no se ha realizado una revisión sobre el impacto del acoso y el ciberacoso en la salud mental de las víctimas adultas (mayores de 18 años). Estas experiencias de abuso cibernético pueden diferir de las de los niños y adolescentes.

Por ello, los autores realizaron esta revisión, a fin de profundizar en la materia. La búsqueda de artículos para la revisión la realizaron entre diciembre de 2019 y enero de 2020. El número de artículos seleccionados fue de 38. No obstante, se realizó una segunda búsqueda de estudios recientes, en 2020, que produjo un total de 43 artículos más, suponiendo un total de 81 artículos. Los resultados referentes al fenómeno del ciberacoso fueron los siguientes.

Por un lado, la variedad de definiciones presentadas demuestra la ausneica de una comprensión universal de qué constituye un acto de acoso y/o, sobretodo, ciberacoso. Esto puede ser problemático con respecto a las tasas de prevalencia. Esta ausencia de coherencia en las definiciones también da como resultado que las personas que han experimentado tales formas de abuso no necesariamente lo reconozcan como tal. Cuando las víctimas no identifican sus experiencias como abuso, esto puede hacer que la victimización continúe.

Los problemas de percepción relacionados con lo que realmente es el ciberacoso también pueden surgir cuando las personas deliberan si deben contar su experiencia y denunciar oficialmente. Esto es un desafío cuando se analizan los impactos en la salud mental, ya que las mediciones son inconsistentes o no se usa ninguna escala. Consecuentemente, se basa en la autoevaluación.

Las encuestas fueron el método más común para realizar investigaciones, y la mayoría se realizaron online. Sin embargo, la revisión sistemática descubrió que las víctimas de ciberacoso, a veces, se alejan de la tecnología como mecanismo de supervivencia. Las muestras de los 43 artículos destacan la necesidad de una gama más amplia de participantes, en lugar de mujeres predominantemente caucásicas de países occidentales.

Cuando las muestras carecen de diversidad, es posible que las circunstancias del abuso no se comprendan íntegramente. Factores como la raza, el origen étnico, el género, la sexualidad y las discapacidades podrían condicionar la forma en que las personas experimentan el abuso de diferentes maneras. El único estudio con una muestra representativa a nivel nacional, realizado en Canadá, en el que los resultados se pueden generalizar, encontró que la experiencia era muy similar entre los dos géneros.

De los 10 estudios publicados más recientemente (2019-2020), solo 5 enumeraron las plataformas que usaron los perpetradores, sin incluir las salas de chat, aunque los participantes las enumeraron en varios artículos. Además, ningún artículo mencionó los dispositivos inteligentes; no obstante, las sociedades están presenciando un aumento de esta forma de abuso. Las investigaciones futuras deberían tener en cuenta esto. También puede ser difícil hacer inferencias sobre si el impacto en la salud mental difiere según la tecnología que eligió el perpetrador.

La desconfianza de las víctimas hacia la tecnología debe abordarse y reducirse para facilitar relaciones más saludables con ella en el futuro; aislarse de la tecnología puede resultar más perjudicial. Esto ilustra la necesidad de educar sobre el uso de la tecnología, para ayudar a evitar que las personas se conviertan en víctimas o sean revictimizadas. Además, debe reflexionarse sobre cómo educar a los adultos que no están en la universidad, sino a un espectro más amplio de la población.

El ciberacoso y el acoso offline afectan de manera adversa a las personas psicológica, social, física e, incluso, financieramente (cuando se produce la pérdida del empleo o la interrupción académica). Los impactos van desde la angustia, la vergüenza y el pánico hasta la ansiedad, las autolesiones e intentos de suicidio. Esto afecta a la vida de las víctimas en el momento de la victimización y posteriormente. Es preocupante que las investigaciones ilustren cómo las víctimas no han recibido el apoyo adecuado. O, al menos, cuántas víctimas no se han sentido apoyadas adecuadamente.

Asimismo, 42 de los 43 estudios revisados ilustran el impacto negativo que dicha victimización ha tenido en la salud mental de las víctimas. El bienestar de los adultos se ve afectado por estos abusos, resultando en una amplia gama de daños psicológicos. Se entiende ampliamente que el acoso offline, tradicional, es un problema importante de salud pública. No obstante, el ciberacoso también debería tratarse como tal, pues sus consecuencias dañinas son similares al abuso offline.

Las investigaciones futuras deben buscar la concreción de una definición o medición ampliamente aceptada del ciberacoso. Esto podría lograrse preguntando a las víctimas qué consideran que es el ciberacoso y sus definiciones.

También sería beneficioso involucrar al personal gubernamental pertinente, las organizaciones benéficas y las organizaciones no gubernamentales. Además, las escalas y medidas utilizadas para evaluar los impactos emocionales, incluida la depresión y la ansiedad, deben tener uniformidad para mejorar la validez de estos hallazgos.

Del mismo modo, deberá prestar suficiente atención a las plataformas utilizadas por los agresores para comprender mejor dónde está ocurriendo la victimización. Esto también ayudaría a la formación de programas educativos para adultos con respecto al uso más seguro de la tecnología.

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El tejido esquelético como alternativa de análisis. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Skeletal tissue, a viable option in forensic toxicology? A view into post mortem cases” de Vandenbosch, M.; Rooseleers, L.; Van Den Bogaert, W.; Wuestenbergs, J.; Van de Voorde, W. y Cuypers, E. (2020), en el cual se estudia la viabilidad de utilizar el tejido esquelético como matriz alternativa para evaluar el consumo de xenobióticos.

En toxicología forense, la sangre y la orina son las muestras estándar para realizar análisis, pues se dispone de mucho material de referencia. Esto hace muy factible la identificación inequívoca y la determinación cuantitativa de fármacos. A veces, sin embargo, en los casos en que el cuerpo está extremadamente putrefacto, la sangre y orina no están disponibles, por lo que se requieren alternativas.

Aunque en los últimos años se investigan muchas muestras alternativas para detectar la presencia de drogas u otras sustancias toxicológicas, se ha prestado muy poca atención al uso de tejido esquelético. De hecho, se ha demostrado que este es un depósito para ciertos medicamentos. El tejido esquelético también resiste la putrefacción mejor que muchas otras muestras. Así, este tipo de tejido consta de dos partes: el tejido óseo y la médula ósea.

Específicamente, las partes del hueso que contienen más tejido óseo trabecular parecen tener una concentración más alta en comparación con el tejido óseo cortical, más compacto. Aparte de la variación observada dentro de un solo hueso, también se observa una gran variación en la concentración de fármaco que se encuentra dentro de los diferentes huesos del esqueleto. Los huesos largos tienden a dar concentraciones más altas en comparación con los huesos pequeños e irregulares.

Por su parte, la médula ósea tiene la ventaja de que está bien protegida de cualquier contaminación siempre que el hueso esté intacto, lo que incluye casos de descomposición extrema. Algunos estudios han comparado la capacidad de detectar sustancias entre la médula ósea y la sangre. No obstante, llegaron a conclusiones diferentes según el analito, la dosis y el intervalo entre la muerte y la administración. Por el momento, la ausencia de datos de referencia de las concentraciones de fármaco en el tejido esquelético humano plantea un problema para realizar pruebas toxicológicas de manera significativa y confiable en material esquelético humano.

Entonces, ¿se pueden detectar todos los xenobióticos en la médula y el tejido óseo? ¿Los niveles de fármacos encontrados en los huesos o la médula ósea son representativos de los niveles encontrados en sangre en el momento de la muerte?

En el estudio de los autores se evaluó la capacidad para detectar fármacos de interés forense en hueso (médula), así como la idoneidad del hueso como muestra válida para análisis toxicológico. En una primera etapa, los especímenes se compararon con respecto a su capacidad para detectar drogas en un cribado rutinario estándar. En la segunda etapa de la investigación, se aplicaron métodos validados a estas muestras para cuantificar las siguientes drogas: citalopram, clomipramina, metadona y sus metabolitos.

Se obtuvieron muestras post mortem humanas de 11 casos en Bélgica desde abril de 2018 a septiembre de 2019. Los casos se seleccionaron después de detectar metadona, citalopram o clomipramina en sangre. El hueso de la clavícula se eligió como muestra de elección debido a su alta accesibilidad durante la autopsia. Los huesos se limpiaron de tejidos blandos con un bisturí y una máquina lijadora. Tras cortar del hueso un anillo, el interior de este se limpió aún más de los rastros de médula ósea. También se tomó una muestra de sangre.

Cabe señalar que los procedimientos de recolección de tejido esquelético para el análisis de medicamentos no se han estandarizado. En la mayoría de estudios publicados, las muestras se obtienen de ubicaciones aleatorias. Los autores, sin embargo, tomaron las muestras de forma estandarizada, como es recomendable para el desarrollo de una base de datos de referencia. Esto se debe a que la ubicación anatómica influye en las concentraciones de fármaco encontradas.

Aunque la médula ósea mostró intensidades más altas de varios elementos, la mayoría de las sustancias se detectaron usando sangre. En algunos casos, los metabolitos estaban ausentes en la sangre pero se detectaron en la médula ósea. Como explicación podría observarse que el alto contenido de grasa de la médula influye en el número de compuestos detectados. En cualquier caso, el 80,5% de las veces la médula ósea demostró ser una alternativa válida para el análisis de sangre.

Al comparar los resultados de la precipitación de proteínas de la sangre con los resultados de la extracción de hueso, se detectaron menos compuestos en el tejido óseo. Este menor rendimiento del tejido óseo para detectar fármacos podría explicarse por el método de extracción. Los huesos se extrajeron durante 72h a temperatura ambiente, lo que podría provocar la degradación de determinadas sustancias no estables a temperatura ambiente. Otra explicación podría ser que estos medicamentos simplemente no se incorporan al tejido óseo.

Solo se detectó una sustancia (bromazepam) en el tejido óseo que no estaba presente en la sangre o la médula ósea. No obstante, un método altamente sensible desarrollado para las benzodiazepinas mostró que esta sustancia también está presente en la sangre. Esto significa que todos los fármacos que se detectaron en el tejido óseo también se detectaron en la sangre. Así, los hallazgos muestran que, al detectar estas sustancias en el tejido óseo, podría haberse producido una ingesta reciente de dicha sustancia.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que las drogas estudiadas fueron la metadona, citalopram y clomipramina. Estos medicamentos deben tomarse crónicamente para mantener un estado estable. Por tanto, los compuestos detectados en el tejido óseo pueden representar un uso crónico de sustancias. Esto confirmaría la hipótesis de que el tejido óseo sirve como depósito de drogas para casos de abuso crónico de sustancias. Lamentablemente, se carecía de antecedentes médicos del individuo en los 11 casos.

Así, se identificaron con éxito múltiples fármacos en todas las matrices de la muestra. Se detectaron menos sustancias en los huesos que en la sangre, pero se confirmó que el tejido esquelético es una alternativa válida cuando no hay sangre disponible. En especial, la médula ósea mostró un gran potencial.

En conclusión, bajo las condiciones experimentales del estudio de los autores, se reveló una indicación de que el tejido esquelético puede usarse para estimar las concentraciones en sangre de metadona y citalopram. Por ende, tanto el hueso como la médula ósea son de gran interés potencial y pueden ser útiles para determinar la posible implicación de fármacos en casos de toxicología forense.

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La información contextual en Toxicología Forense. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The effect of contextual information on decision-making in forensic toxicology” de Hammett, H. J. y Dror, I. E. (2020), en el que se describe la importancia de la información contextual a la hora de tomar decisiones en el ámbito de la toxicología forense.

La toxicología forense consiste en el análisis de fluidos biológicos en busca de drogas, alcohol o venenos. El fin consiste en evaluar el papel de estas sustancias en casos de actuación humana, muertes súbitas y casos penales.

Aunque a menudo se percibe como “objetiva”, muchos aspectos de la toxicología forense implican la interpretación y toma de decisiones subjetivas que dependen del examinador forense. Por tanto, es importante comprender el papel de los factores humanos cognitivos en la configuración de las decisiones en esta disciplina. El sesgo cognitivo puede surgir de diferentes fuentes. Algunas de estas fuentes pueden estar relacionadas con el caso en cuestión, como materiales de referencia o información irrelevante del caso. Otras no tienen nada que ver con el caso en cuestión, sino más bien con el examinador.

Tres aspectos clave de un caso de toxicología pueden verse afectados por el sesgo cognitivo: la selección de las pruebas o estrategia del caso; la identificación de una sustancia durante la detección de drogas; y la interpretación de los resultados de las pruebas.

Por ejemplo, la selección de pruebas puede verse influenciada por el sesgo de frecuencia esperada. Si el toxicólogo basa incorrectamente sus decisiones en experiencias pasadas y suposiciones sobre las personas involucradas en el caso, entonces el tratamiento del caso está sesgado. Durante la detección de drogas, las comparaciones pueden verse afectadas si, por ejemplo, el analista recibe información contextual sobre el caso. La interpretación en toxicología forense a menudo es subjetiva; se basa en el toxicólogo individual específico que realiza el trabajo, su propio conocimiento y experiencia personal. Esto puede crear expectativas que conduzcan a sesgos de confirmación o visión de túnel.

Sin embargo, a excepción de los autores, ningún estudio ha examinado empíricamente los posibles sesgos en la toma de decisiones de toxicología forense. El inmunoensayo se utiliza en toxicología forense para examinar rápidamente muestras biológicas en busca de grupos o “familias” de fármacos. Los resultados no proporcionan evidencia inequívoca de la presencia de un fármaco. Así, cualquier hallazgo positivo debe ser confirmado por otra técnica más sofisticada. Esto se debe a que se sabe que los inmunoensayos pueden presentar falsos positivos.

Los inmunoensayos son pruebas simples de cambio de color. En el penúltimo paso de la prueba se observa la intensidad del color producido por la muestra y se convierte a un valor numérico. Al igual que muchas pruebas en toxicología forense, el cribado de inmunoensayos se realiza en lotes. Esto es, se analizan varios casos juntos, a veces con repeticiones de muestras de cada caso, así como muestras de control positivas y negativas. También es común que el analista que realiza el inmunoensayo sea diferente al toxicólogo que informa e interpreta el caso.

Por tanto, al igual que con otras disciplinas forenses, los métodos utilizados en toxicología forense pueden producir datos ambiguos. Para los toxicólogos que deciden sobre las pruebas, puede haber un marco existente dentro de la organización que pueda guiar la elección de los análisis. Esto es más común en los laboratorios acreditados. En otros laboratorios no existe un conjunto estándar de pruebas de detección y las decisiones se toman ad hoc, caso por caso. En este escenario, la elección de las pruebas es subjetiva y, en consecuencia, puede verse afectada por el sesgo de frecuencia esperado.

Teniendo estos datos en cuenta, los autores investigaron en su estudio el efecto de la información contextual en el análisis de los datos producidos durante una prueba de inmunoensayo, concretamente para opiáceos. El estudio se centró en la elección de pruebas de drogas para cinco casos post-mortem. Los participantes fueron 58 estudiantes de tercer año de Ciencias y Química Forense. Recibieron capacitación para analizar datos de inmunoensayos y determinar la estrategia del caso antes de completar las tareas. Estos completaron la tarea de inmunoensayo (experimento 1); de estos, 53 participantes completaron la tarea de estrategia de caso (experimento 2).

Los resultados muestran que los participantes eligieron diferentes formas de abordar el siguiente paso de la prueba a partir de los mismos datos cuando contaban con diferente información contextual irrelevante.

En el experimento 1, la presencia de información del caso provocó una disminución en la precisión al analizar los datos brutos de los inmunoensayos. Esto fue incluso cuando el contexto reforzó la decisión matemáticamente correcta. Esto podría deberse a la carga cognitiva general de la tarea. Así, el acceso a la información del caso afecta a la toma de decisiones.

Aunque la respuesta matemáticamente correcta es clara, se sabe que el inmunoensayo produce tanto falsos positivos como falsos negativos. Dado esto, una estrategia científica válida podría ser repetir o confirmar todos los casos límite. No obstante, esto solo debería hacerse si es un procedimiento pre-documentado en el laboratorio, no si depende de que los resultados sean los ‘esperados’ o no.

Sin embargo, lo que es más probable que ocurra es que el analista derive el caso a un toxicólogo experimentado. Este leería las circunstancias del caso para tomar la “mejor” decisión. En este curso de acción encontramos tres problemas.

El primero es que analizar los datos de los inmunoensayos es una decisión científica, la cual debe tomarse sobre la base de criterios científicos. La exposición a la información del caso compromete esta independencia científica. La información contextual se utiliza para “llenar los vacíos” de pruebas difíciles. El segundo problema son las consecuencias de una confirmación innecesaria; esto puede hacer perder tiempo y recursos, generando costes innecesarios. En el peor de los casos, podría destruir una muestra limitada, dando un resultado incorrecto. El tercer problema son las consecuencias de que, al no producirse la confirmación, no se detecte una sustancia que está presente.

En el experimento 2, se demostró que la información demográfica (edad y origen étnico) afecta a la elección de las pruebas realizadas para los casos post-mortem, aún cuando las circunstancias entre casos son idénticas. En el estudio, las diferencias en la elección de las pruebas por parte de los participantes se basaron en sus experiencias personalespasadas, suposiciones o percepciones sobre el uso de drogas entre ciertos grupos de edad y/o etnias.

En consecuencia, no se aboga por limitar el acceso a la información contextual. En su lugar, buscar un enfoque coherente y documentado para elegir las pruebas reduciría los sesgos en estas decisiones. Los límites de edad se utilizan comúnmente en los laboratorios de toxicología forense cuando se toman decisiones sobre las pruebas, para minimizar la carga de trabajo. No obstante, es importante que estos se basen en pruebas científicas fiables y actualizadas sobre el uso de drogas en determinadas poblaciones, no en las experiencias pasadas o percepciones del toxicólogo.

Por lo tanto, los autores proponen que, cuando sea posible, los laboratorios de toxicología forense utilicen un marco coherente para elegir las pruebas, así como que las variaciones o decisiones de cada caso se documenten y justifiquen debidamente.

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La impresión 3D en el ámbito forense. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “An Overview of 3D Printing in Forensic Science: The Tangible Third-Dimension” de Carew, R. M. y Errickson, D. (2020), en el cual se estudia la utilidad potencial de las impresiones 3D en el ámbito forense.

A pesar del desarrollo de la impresión 3D, hay muy pocos ejemplos de su aplicación en escenarios forenses en la literatura publicada. Sí se ha observado su aplicación en otros ámbitos como, por ejemplo, la medicina. En las ciencias forenses, gran parte del modelado 3D que se ha realizado está en formato virtual. Inicialmente, esto se debió a la inaccesibilidad de la tecnología de impresión 3D. Sin embargo, en general, es evidente que la creación de réplicas 3D en el ámbito forense puede ser beneficiosa.

La impresión 3D utiliza capas sucesivas de un material para construir un objeto en tres dimensiones. También se puede conocer como fabricación aditiva, debido al proceso de adición de materiales o creación rápida de prototipos. Hay varias fases para pasar de un modelo digital a una réplica impresa, que incluyen: adquisición y procesamiento de imágenes, creación de modelos 3D y traducción de los datos del modelo al lenguaje de la impresora 3D.

Así, las aplicaciones potenciales de las reconstrucciones impresas en 3D en la ciencia forense son numerosas. Las réplicas podrían utilizarse en todo el proceso de la ciencia forense: en las escenas del crimen, recopilación de inteligencia, análisis e interpretación de materiales, en las investigaciones policiales y en la presentación de pruebas en los tribunales. Además, las réplicas en 3D podrían ser beneficiosas para la enseñanza de las ciencias forenses y la divulgación pública. Para que la impresión 3D se utilice en la ciencia forense, particularmente en los tribunales de justicia, la disciplina necesita una base de evidencia reconocible que respalde su confiabilidad y aplicabilidad.

Los diferentes métodos de impresión 3D se estandarizaron en siete grupos. La selección del método dependerá del uso deseado y del aspecto visual de la réplica, las propiedades del material requeridas y las limitaciones de la impresora. El modelado de deposición fundida es generalmente una técnica popular, debido a su asequibilidad y la simplicidad del método. Por el contrario, el material jetting es un método muy preciso, pero también el más caro.

Así, encontramos diversas aplicaciones forenses en potencia de la impresión 3D en este ámbito. La documentación de las escenas del crimen mediante un escáner láser terrestre no es un concepto nuevo. Sin embargo, la literatura sobre la impresión de estos modelos es limitada. La creación rápida de prototipos puede ayudar a crear un modelo reducido de una escena, que podría ilustrar información compleja. Estos podrían aplicarse tanto a escenas interiores como exteriores. Por ejemplo, Liscio, en 2013, imprimió en 3D un accidente de coche que ayudó a visualizar su posición final en relación con otros objetos.

La reconstrucción de las trayectorias de las balas también ha progresado. Pueden generarse utilizando una variedad de técnicas de imágenes digitales (como el escaneo láser) como parte de una reconstrucción virtual de la escena del crimen. Las trayectorias dentro de un cuerpo humano, tanto vivo como fallecido, también se pueden modelar para mostrar lesiones, o comprender una secuencia de eventos.

Ahora bien, no hay evidencia de que esto se extienda a la impresión 3D. Sin embargo, es perfectamente factible que la trayectoria de una bala pueda imprimirse como una fuente alternativa de visualización. Además, esto no se limita a las trayectorias de las balas, y se puede aplicar un flujo de trabajo similar en el análisis de patrones de manchas de sangre para demostrar su distribución; sin embargo, esta noción aún no se ha explorado.

Como evidencia de rastreo, el uso de la impresión 3D se ha centrado en hacer coincidir las marcas de trazas o herramientas con las lesiones. Un ejemplo de esta aplicación se encuentra en el uso de marcas en huesos mediante la impresión 3D. Asimismo, esta tecnología podría aplicarse a la documentación in situ de marcas de trazas en objetos procedentes de una entrada forzada a una casa o una caja fuerte. Esto podría preservar las estrías antes de que se hayan aplicado los medios de yeso.

Por otro lado, se ha discutido el concepto de impresión 3D de una huella dactilar a mayor escala. Sin embargo, se cree que imprimir una huella dactilar latente (de una superficie) sería, posiblemente, más difícil que hacerlo con una huella natural, obtenida directamente de la yema de los dedos. La recuperación óptica del calzado se ha discutido en profundidad.

Esto también ha incorporado la documentación de alta resolución de las impresiones de los neumáticos. Así, se ha demostrado que la impresión 3D permite ilustrar características que no se pueden ver en un caso tradicional. Para la interpretación, esto es importante ya que las pequeñas características se visualizarán mejor. A su vez, el modelo impreso en 3D podría ampliarse para demostrar estas características en un juicio.

Asimismo, el uso de la impresión 3D en arqueología forense es extremadamente novedoso, pero tiene el potencial de complementar las prácticas arqueológicas forenses. Supone una herramienta útil para demostrar visualmente características que, desde entonces, han sido destruidas o eliminadas mediante excavaciones. Del mismo modo, las impresiones 3D son útiles para documentar los cambios internos y externos de los tejidos blandos y los huesos. La impresión 3D anatómica no solo supone una ayuda para la enseñanza y formación. Existen numerosos beneficios para el uso de la impresión 3D en la medicina forense; sin embargo, existen implicaciones éticas que también deben tenerse en cuenta.

Por su parte, la antropología forense es una de las pocas áreas de la ciencia forense (fuera de la medicina) donde la aplicación de la impresión 3D está comenzando a explorarse por completo. Cuando esta se combina con imágenes volumétricas, las estructuras óseas internas que normalmente no serían visibles pueden imprimirse para su análisis. Del mismo modo, también podría ser útil realizar análisis en impresiones 3D si los elementos del esqueleto no son inmediatamente accesibles, como cuando el tejido todavía está presente.

Además, referente a la impresión 3D de restos humanos, existe la posibilidad de crear un modelo impreso “multicapa”, el cual podría tener capas o piezas removibles para ayudar a demostrar los procesos tafonómicos. Dichas réplicas serían beneficiosas para la enseñanza, la divulgación pública o las demostraciones en los tribunales.

Más recientemente, la impresión 3D está comenzando a aplicarse en odontología forense. Una gran ventaja es que las réplicas de huesos y dientes humanos se pueden imprimir en 3D con métodos sencillos. Dentro de la odontología forense, podría aplicarse para el análisis de marcas de mordidas, reconstrucciones faciales, estimaciones de edad o para la identificación de personas. La impresión 3D ha sido un desarrollo útil en las reconstrucciones faciales forenses con cráneos impresos en 3D, utilizados en lugar de los métodos tradicionales basados en arcilla o yeso. Finalmente, la ingeniería forense y la reconstrucción de accidentes pueden involucrar tipos de muestra como edificios, estructuras grandes y vehículos.

En consecuencia, la incorporación de la impresión 3D en el ámbito forense presenta múltiples ventajas, como la interacción física, la visualización de objetos y escenas transitorias, su demostración o recreación en los tribunales, o una mayor comprensión del objeto o áreas de estudio. Por otro lado, existen cuestiones como la posibilidad de que las pruebas se vuelvan inadmisibles. La discusión sobre la precisión y representación es, por tanto, necesaria. Con el creciente potencial de la impresión 3D y su aplicación en las ciencias forenses, deberán crearse pautas de buenas prácticas que, a su vez, incrementen el uso futuro de esta técnica.

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