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Autor: Andreea Leonte (página 2 de 2)

No todo son números: detección del fraude financiero en el discurso. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Identification of fraudulent financial statements using linguistic credibility analysis” de Humphreys S.L., Moffitt K. C., Burns M. B., Burgoon J. K. y Felix W. F. (2010), a través del cual vamos a conocer una metodología de naturaleza más cualitativa para la detección del fraude y como difieren los discursos fraudulentos de informes financieros de los que no intentan engañar.

La historia en materia de fraudes financieros se repitió muchas veces en diferentes puntos del mundo, con duras consecuencias en la economía mundial. Y cada vez que aparece una noticia, sigue apareciendo el asombro, como si hubiese una esperanza de fondo de que no volverá a pasar.  Pero hay muchos casos (p. ej. Enron, Lehman Brothers, Freddie Mac, etc.) y todos ellos apuntan a una necesidad de protección de las inversiones y, por tanto, de la detección del fraude en sus momentos más tempranos. Si no se avanza en la protección y detección temprana del fraude, conocemos el destino más probable.

El fraude a modo general se define como un acto de engaño llevado a cabo con el fin de obtener una ganancia injusta, no merecida y/o ilegal. El tipo más común de fraude en el contexto empresarial y económico es el fraude de informes financieros, también llamado fraude de gestión, en el cual se generan informes financieros engañosos. Estos afectan a todas las partes interesadas (stakeholders) y no solo a los inversores directos de una corporación. La gestión del fraude en este contexto tiene un costo anual de billones de dólares, solo en EEUU.

Los inversos suelen consultar información sobre el desempeño financiero de una compañía en declaraciones externas o públicas, como el informe anual de resumen financiero, Form 10-K, que la Comisión de Bolsa y Valores requiere a todas las empresas. Este informe, que sirve como revisión de la empresa y de su estado financiero, tiene puntos débiles. La sección MD&A (Discusión y Análisis de Gestión), la más leída del informe, en la que cada empresa expone un análisis cuantitativo y cualitativo de su estado, su visión de futuro, riesgos del mercado a los que se enfrenta, entre otros, no está auditada, es decir, no se verifica ni se controla gran parte de la información que se presenta.

Los interventores de cuentas o auditores externos son los que se encargan de verificar si la declaración financiera (DF) de una empresa, con la que no mantienen ningún vínculo, contiene omisiones o declaraciones erróneas intencionadas. A diferencia de los errores, las omisiones intencionadas son consideradas un intento de fraude.

El fraude en las DF es muy difícil de detectar, especialmente por el ocultamiento y la colusión. A modo general, las personas son capaces de detectar el engaño solo un poco por encima de lo que sería por azar, por lo que se necesitan ayudas o guías para valorar la credibilidad. Los auditores utilizan muchas técnicas y tanto de las tradicionales como de las más novedosas se incluyen en protocolos para mejorar el proceso de detección (p. ej. SAS 99).

Tanto las técnicas tradicionales (p. ej. procedimientos estadísticos, confirmación adicional con terceros sobre transacciones o relaciones inusuales) como las más avanzadas (p. ej.  técnicas de minería de datos, como la red neuronal artificial) se utilizaron o se estudiaron con datos numéricos provenientes de informes financieros. Por esta razón, en este estudio se propone, como complemento a un análisis de datos financieros numéricos, la evaluación de señales lingüísticas como indicadores de fraude.

Por razones de espacio, solo mencionamos los modelos y teorías más importantes en la detección del engaño a través del discurso. Si estos modelos sobre detección de mentira y fraude son de vuestro interés, enlazamos entradas de MentiraPedia con algunas: Análisis de Contenido Basado en Criterios, técnica SCAN, Monitorización o Control de la Realidad, Hipótesis de Ofuscación de la Gestión, Teoría de la Manipulación de la Información, Teoría interpersonal del Engaño, Teoría de los 4 Factores y la Teoría de la Fuga de Información.

Las evidencias sobre señales lingüísticas que indican engaño mostraron que los que dicen la verdad tienen un discurso distinto de los que engañan. Por ejemplo, los que engañan expresan altos niveles de incertidumbre, utilizan menos detalles en general, pero sí más detalles espacio-temporales, más palabras informales y muchas otras señales diferentes de los que dicen la verdad.

Los autores plantean varias hipótesis que se resumirían así: en la sección MD&A en la que hay fraude habrá más cantidad, expresividad, afecto, incertidumbre y complejidad del lenguaje. Asimismo, habrá menos cercanía (referencia a grupos más que a individuos), diversidad y especificidad en el lenguaje.

En el estudio se analizan señales lingüísticas que puedan indicar fraude financiero de la sección MD&A de 202 compañías registradas, la mitad declaradas como fraudulentas y la otra mitad sin historial de fraude. Además, investigan la utilidad de este tipo de indicadores como modelo de apoyo a la decisión en la evaluación de la credibilidad.

Para medir las diferencias que plantean encontrar en el discurso, utilizan dos modelos: uno de 24 variables y otro resumido en 10, ambos basados en 8 constructos que han mostrado utilidad en la detección del engaño en el discurso (Zhou et al., 2004). En ambos casos, el nivel de precisión obtenido con el programa Agent99 Analyzer en discriminar cuales de los MD&A son fraudulentos y cuales no fue de 67%. Un nivel de precisión mayor del que se dispone en general en la población (54%). El nivel de precisión en la detección del fraude por parte de auditores tampoco es muy alto. En algunos informes se habla de que un 12% de los casos de fraude fueron descubiertos por auditores externos y un 65% de los casos fueron encubiertos por las propias auditorías internas.

Los resultados de la comparación de MD&A fraudulentas y no fraudulentas mostraron que las primeras contenían un lenguaje más activo, compuesto por más palabras agradables, que generan más activación, más metáforas y verbos auxiliares. Esto se puede explicar por un lógico intento de las empresas fraudulentas en dejar una imagen positiva, de éxito, ocultando toda señal de noticias negativas.

También observaron en los informes fraudulentos, más cantidad de palabras, pero con menos diversidad léxica y con contenido menos diverso. Es decir, más contenido irrelevante y más cantidad de texto, lo que sería una estrategia para persuadir al lector de sus éxitos y distraerle de otros temas que podían ser indicadores de una situación financiera negativa. Por ejemplo, alguien puede hablar 10 minutos sobre lo barato que le ha salido una compra online, pero no mencionar más temas, como la calidad, la utilidad, etc., intentando desviar la atención del oyente del beneficio real de la compra.

Otro resultado destacable es que los informes fraudulentos presentaron un texto más complejo, con palabras más largas y que requiere más tiempo para comprender o leer, lo que no daría tiempo al lector pensar más allá o extraer alguna información más negativa, aunque esté presente en el texto. Un buen ejemplo son los términos y condiciones de casi cualquier página web.

Por último, aunque no se hayan encontrado diferencias en todas las variables que los autores plantean, cabe destacar la utilidad de análisis de este tipo en los informes financieros, mirando un poco más allá de los números. Aunque no tengan una total precisión sí que mejora la detección del fraude por encima de lo que se suele conseguir en auditorías. Además, el uso de técnicas cuantitativas y programas de ayuda para la decisión, como el programa Agent99 Analyzer, parece que aumenta la precisión en la detección del fraude. Serían especialmente útiles para un análisis preliminar y, así, facilitar que los esfuerzos y los recursos de los auditores se utilicen de manera más exitosa.

 

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Line-up: nueva metodología en grafología forense que reduce los sesgos. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Presentation methodologies: an assessment for forensic signature analysis”, de Conlan X. A., Stevens S. J., Found B., Sherman C. D. H. y Durdle A. (2019), que nos acerca a las metodologías del análisis de firmas. En este artículo proponen un nuevo método para los grafólogos forenses y comparan el rendimiento de sujetos profesionales y no profesionales.

Dentro de las ciencias forenses, nos encontramos con una disciplina fascinante. Hablamos de la grafología, con dos vertientes principales: la grafología forense y la grafología psicológica. El artículo que presentamos hoy se centra en la primera de estas dos, siendo la grafología forense la que se encarga de la identificación del autor y del análisis de autenticidad de una firma o texto. La validez del análisis de la escritura a mano ha sido bastante cuestionada como técnica forense. La duda o critica principal en este ámbito es si los/las profesionales que examinan la escritura realmente son más capaces de identificar una firma simulada (por tanto, detectar su falsificación) que una persona no profesional. Existen varios estudios que han mostrado que los sujetos no profesionales detectan erróneamente una firma como simulada muchas más veces que los profesionales. A pesar de las evidencias, sigue habiendo muchas cuestiones a tener en cuenta para minimizar la probabilidad de errores.

Por esta razón, en 2009, la Academia Nacional de Ciencias de EEUU publicó un informe en el cual subraya una serie de limitaciones relativas a las ciencias forenses, incluida la grafología. Una de ellas se refiere a los sesgos contextuales, influencias cognitivas y contextuales que modifican y sesgan la percepción humana de múltiples maneras. En las ciencias de la evidencia forense, la información contextual irrelevante que podría influir en las conclusiones de los expertos proviene de 3 fuentes principales: el contexto en cual se examina una evidencia, la documentación que la acompaña y la información que se obtiene sobre ella mediante la comunicación con otros.

En cualquier caso, de todas las fuentes posibles de sesgo, esta investigación se basa en evidencias previas sobre el impacto que tiene el cotejo de las muestras dubitadas e indubitadas de huellas dactilares en las conclusiones de los expertos. Es decir, el cotejo como fuente de sesgos. Por eso, los autores plantean que los mismos sesgos pueden mantenerse también en el caso de las firmas y otros materiales escritos.

Un ejemplo de cómo podría sesgarnos el proceso de cotejo es imaginarnos que tenemos que decidir cuál es el tono de color rojo cereza y tenemos dos maneras de hacerlo. Una es teniendo una muestra de ese color y elegirlo de una serie de tonalidades distintas de rojo. Otra opción sería hacer lo mismo, pero sin tener referencia alguna, donde elegiríamos el color rojo cereza de una serie de tonos de rojo. ¿Creéis que los resultados serían distintos? No cabe duda de que en el caso de los colores hay menos características para analizar, alejándose bastante de la complejidad de una firma o huella digital, pero el proceso per se es el mismo.

En los estudios previos se sugiere que una alternativa al cotejo que disminuiría el riesgo de una percepción sesgada sería un análisis de las características de la muestra dubitada de manera aislada y, posteriormente, llevar a cabo el cotejo de ambas. En este estudio, no se lleva a cabo esa sugerencia al completo, pero se prueba con un nuevo método, llamado line-up. Este concepto hace referencia a la técnica que se utiliza en las ruedas de reconocimiento de sospechosos. Significa alineación o ponerse en fila, pero aquí se refiere a la presentación de muestras dubitadas e indubitadas de manera conjunta, sin una muestra de modelo.

Se justifica la posibilidad de encontrar diferencias en la cantidad o nivel de sesgo por el tipo de procesamiento que se lleva a cabo en el método de cotejar y Line-up. Si los sujetos aciertan más y discriminan mejor falsificaciones de firmas auténticas con un método más que con el otro, implicaría que ese método permite un análisis menos sesgado.

En el cotejo, el procesamiento cognitivo ocurre primero de abajo-arriba, cuando el modelo se percibe y, posteriormente, ocurre un procesamiento de arriba-abajo para comparar con las demás muestras. Por lo tanto, existe el riesgo de una comparación más sesgada por la información contextual y cognitiva que puede haberse recogido con la percepción del modelo.

En la metodología Line-up, el procesamiento de las muestras dubitadas e indubitadas ocurre de manera conjunta de abajo-arriba. El procesamiento de arriba-abajo implica que en el análisis se utilizará la misma información que la de entrada más el conocimiento del experto, por lo que probablemente habrá menos información contextual, sea interna o externa, que pueda sesgar las conclusiones obtenidas. Es decir, menos de la que se habría recogido si se suma la percepción del modelo.

En el estudio participa una muestra de 40 sujetos no profesionales de la grafología forense. Primero, 10 sujetos deben crear una muestra de 30 firmas originales cada uno. Los otros 10 deben generar 30 falsificaciones cada uno de una muestra de 5 firmas elegidas aleatoriamente de las anteriores. Los 20 sujetos restantes conforman dos grupos: No profesionales de cotejo (NP-C) y No profesionales Line-up (NP-L). Los grupos de profesionales de la grafología están compuestos por 7 sujetos para el grupo Profesionales de cotejo (P-C) y 8 para Profesionales Line-up (P-L).

Los grupos que deben cotejar las muestras (NP-C y P-C) reciben 10 casos. Cada caso se presenta con dos hojas: una con 15 firmas del mismo autor y otra con 5 firmas, de las cuales entre 1 y 5 firmas pueden ser falsificaciones. Los sujetos deben identificar cuáles de las 5 firmas son falsas y justificar para cada una por qué piensan que son o no son falsificaciones. Además, deben valorar en cada firma si consideran que hay una evidencia fuerte de que es original, falsa o si les parecen poco concluyente.

Los grupos que siguen la metodología Line-up también reciben 10 casos. Solo se utiliza una hoja que contiene 20 firmas, siendo la mayoría hechas por el mismo autor y entre 1 y 5 falsificadas. La evaluación de las firmas es igual que la anterior, excepto lo último y en este caso se deben clasificar las firmas: las del mismo autor, las falsificaciones y las que consideran poco concluyentes.

Como resultados principales, se observa que los participantes no profesionales se pronuncian más sobre la naturaleza de las firmas. Es decir, tienen menos dudas sobre si son falsas o no cuando utilizan el método Line-up. En cambio, los grafólogos forenses dan más respuestas correctas que los no profesionales, pero también optan más por no concluir nada. Se considera que estas diferencias pueden deberse a que los profesionales son más cautos a la hora de decidir sobre la naturaleza de las firmas, dado que saben la importancia de estas decisiones a nivel judicial. Prefieren no concluir que concluir incorrectamente. En cualquier caso, parece que el método Line-up es fácil de utilizar tanto para profesionales como no profesionales, dado que ambos grupos fueron capaces de determinar falsificaciones y firmas auténticas correctamente.

Utilizando el método del cotejo, no se encuentran diferencias entre profesionales y no profesionales en ningún tipo de respuesta. Este hallazgo es inconsistente con lo que han encontrado los estudios anteriores, donde suele haber una mayor exactitud en las respuestas de los profesionales.

Según los autores, lo más importante es que este estudio ha demostrado que el método Line-up parece apto para la profesión forense, cumpliendo su función de reducir el sesgo contextual, sin que afecte a la exactitud del análisis grafológico. Por lo tanto, parece un método que aumenta la probabilidad de detectar firmas auténticas y falsificaciones porque empuja a un mayor análisis de los matices que en el caso del cotejo, donde se trabaja más con la comparación de los mismos.

 

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Negociando cara a cara vs online: los rasgos de la Triada Oscura marcan la diferencia. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos un artículo muy interesante titulado “The dark side of negotiation: examining the outcomes of face-to-face and computer-mediated negotiations among dark personalities” de Crossley L., Woodworth M., Black P.J. y Hare R. (2015), que combina el contexto de negociación (online vs cara a cara) con los rasgos de los tres tipos de personalidad que componen la Triada Oscura: psicopatía, maquiavelismo y narcicismo. ¿Tener o no estos rasgos marca alguna diferencia a la hora de negociar? Sigue leyendo para averiguarlo.

La Triada Oscura es un concepto que hace referencia a rasgos de personalidad que se dan en las personalidades psicopáticas, maquiavélicas y narcisistas. Se consideran en conjunto, formando este constructo de Triada Oscura, porque comparten una serie de rasgos considerados negativos, que se reflejan en las interacciones con los demás y con el mundo en general.  Lo que más se ha asociado a la Triada Oscura es un comportamiento de explotación, manipulación e insensibilidad hacia los demás en una gran variedad de situaciones cara-a-cara (p. ej. en el trabajo).

Aunque la Triada Oscura se puede considerar como un constructo único, se debe tener en cuenta que cada tipo de personalidad conlleva también atributos únicos y una sola persona puede encajar en un tipo o en varios, dándose combinaciones diferentes en cada sujeto. Por separado, cada tipo de personalidad se asocia de manera más recurrente a ciertos comportamientos: la psicopatía se asocia más a un estilo de vida anti-social, el maquiavelismo a la manipulación y a ser orientado a metas, y el narcicismo a comportamientos de grandiosidad y auto-adoración.

¿Qué tienen que ver personalidad y negociación? Existe una gran cantidad de investigaciones que llegan a la conclusión de que los rasgos de personalidad son uno de los mayores predictores del rendimiento en una negociación, aunque suele ser clave si en la negociación se necesita competir o cooperar. Hay rasgos que suponen una ventaja para lo primero y no para la segundo y al revés; por ejemplo, ser más simpático o agradable da mejores resultados en una negociación en la que se necesita cooperar y serlo menos da mejores resultados cuando se necesita competir, por lo que, por lo menos las personalidades psicopáticas, lo harían mejor en una negociación competitiva. Y sería así porque se les asocian una actitud más hostil y menos agradable.

La negociación es un contexto casi-perfecto para observar habilidades de persuasión y manipulación y se espera que los sujetos con personalidades de la Triada Oscura lo hagan muy bien y mejor que los sujetos que no presentan estos rasgos. Pero, ¿por qué deberían hacerlo tan bien? Pues, aparte de que se les asocian comportamientos de manipulación que podrían darles ventaja en una negociación, no hay que olvidar que la negociación es principalmente un proceso comunicativo.  Se ha observado que los sujetos con personalidades de la Triada Oscura tienen sus “trucos” para manipular a través de la comunicación. Estos “trucos” se basan principalmente en el lenguaje no verbal: el contacto visual, el tono de voz que utilizan, copiar las expresiones faciales del receptor, dándoles más credibilidad, etc. El uso de claves no verbales sí son útiles en negociaciones cara a cara, pero no se espera que ocurra lo mismo en negociaciones mediante ordenador (por escrito), contexto que claramente difiere en la cantidad y diversidad de información que se puede recibir desde la otra persona.

En la comunicación a través del ordenador el lenguaje no verbal desaparece, la expresión escrita es más controlada, no se puede observar la consecuencia inmediata de aquello que se dice o de los gestos, etc. En definitiva, conversar y negociar por internet ocurre en un contexto en el que faltan muchas claves contextuales y socio-emocionales que sí median en la comunicación cara a cara. Por lo tanto, este estudio plantea que los sujetos con personalidades de la Triada Oscura van a negociar mejor cara a cara que los que no presentan rasgos de este tipo, pero no pasará lo mismo en las negociaciones en línea, por la falta de esas claves socio-emocionales que mencionábamos.

Partiendo de estas ideas, el estudio se desarrolla de la siguiente manera: participan 206 universitarios/as con una media de edad de 20 años, a los cuales se les evalúan rasgos de personalidad típicos de la Triada Oscura con tres cuestionarios pertinentes, cada uno para cada tipo de personalidad (psicopática, maquiavélica y narcisista). Se obtienen cuatro tipos de puntuaciones altas y baja: las primeras tres son de cada tipo de personalidad y una puntuación total en la Triada Oscura. La negociación en este estudio es una situación en la que los sujetos deben negociar la compraventa de unas entradas al concierto, durante un máximo de 20 minutos y, después de asignar aleatoriamente el contexto de negociación (cara a cara vs chat) y el rol (vendedor o comprador), reciben un documento en el cual se concreta: qué se negocia (precio de la entrada, productos de merchadising, asiento y acceso al backstage), posibles precios de compra-venta (según el rol) y la cantidad de dinero que van a ganar como beneficio de la negociación. Así, en el rol de comprador, a menor precio que consigue los productos, más beneficio y, del mismo modo, en el rol del vendedor, a mayor precio que consigue por los productos, más beneficio; en este proceso podían conseguir un total de 9$ y este beneficio es la variable que se espera que difiera entre grupos.

Los autores encuentran dos resultados principales. Considerando la Triada Oscura como único constructo, lo que encuentran es que el grupo con altas puntuaciones en la Triada Oscura es el que peores resultados ha obtenido de todos los grupos en la negociación por ordenador, es decir, el que menos beneficio ha obtenido. Además, y tal como se esperaba, este mismo grupo ha obtenido mejores resultados en la negociación cara a cara que el grupo con puntuaciones bajas en la Triada Oscura.

Considerando las personalidades psicopática, maquiavélica y narcisista por separado, se obtienen nuevos datos sobre las dos primeras en cuanto al éxito en las negociaciones cara a cara: los sujetos con puntuaciones altas en ambas ganaron mucho más dinero que los sujetos con puntuaciones altas en psicopatía, pero bajas en maquiavelismo, independientemente de la vía de comunicación de la negociación; hasta cierto punto, esto puede indicar que hay algunos atributos clave que son la llave del éxito en la negociación. También se observó que los sujetos con altas puntuaciones en maquiavelismo han obtenido mayores beneficios en la negociación cara a cara que por ordenador. Como este grupo destaca, siendo el maquiavelismo el único que indica una relación recurrente con el éxito en negociaciones cara a cara, los autores consideran que puede ser por rasgos como orientación a metas y comportamientos típicos de “los fines justifican los medios”.

Cabe destacar que el narcicismo no ha mostrado relaciones con el éxito en la negociación cara a cara y se puede deber a que los comportamientos principales asociados al narcicismo son la insensibilidad hacia los demás y la búsqueda de atención. En la base de estos comportamientos se encuentran otras motivaciones con poco impacto en las negociaciones.

Concluyendo, las diferencias individuales parecen interaccionar con el contexto de comunicación, influyendo en los resultados de una negociación y, por tanto, esta variable debería ser tenida en cuenta cuando se negocia con diferentes personalidades, porque hay ventajas diferenciales según el tipo de comunicación que se utiliza. También cabe destacar que, si se hiciera el mismo estudio, pero con una negociación vía videochat, los resultados podrían ser bien diferentes por la inclusión de algunas claves contextuales que desaparecen en los mensajes escritos.

 

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