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Autor: Lydia González

Comunicación y aislamiento: el silo de la justicia. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Dismantling the justice silos: Flowcharting the role and expertise of forensic science, forensic medicine and allied health in adult sexual assault investigations” de Kelty, S. F.; Julian, R.; Bruenisholz, E. y Wilson-Wilde, L. (2018), en el cual se analizan los riesgos que, en casos de delitos sexuales, conlleva la falta de comunicación y el aislamiento de los distintos profesionales de las ciencias forenses intervinientes en la investigación (lo que se denomina efecto silo de la justicia).

Con la creciente dependencia en la prestación de servicios forenses multidisciplinares y multiagenciales, el riesgo de que exista una falta de comunicación también incrementa. Y, este riesgo, puede verse materializado en última instancia en resultados injustos, sobretodo en crímenes graves como los delitos sexuales. Esto se debe a que, cuando más grave o complejo es un delito, más posibilidades existen de contar con personal multidisciplinar en la investigación.

La ausencia de una comunicación significativa y regular entre la ciencia forense, la medicina, el derecho y la policía se calificó como el “efecto silo de la justicia“. Este se refiere al aislamiento o falta de comunicación entre estas ramas y sus profesionales que trabajan en el mismo caso o similares, en especial cuando se trata de delitos sexuales. Como consecuencia, esto puede resultar en sentencias injustas y erróneas.

Así pues, para tratar de detectar e incidir en puntos críticos al respecto, el estudio contó con 121 participantes, profesionales de la medicina forense, las ciencias forenses, la Ley y las fuerzas del orden.

Como resultado, se extrajo un diagrama de flujo en el que se observa el proceso de investigación de delitos sexuales con víctimas adultas, desde la alegación de estos al uso de la evidencia forense en el enjuiciamiento. En el diagrama se subraya cuáles son los puntos críticos en las decisiones que tienen mayor impacto en el caso, con el fin de ofrecer orientación a los profesionales involucrados.

Así pues, típicamente el primer punto crítico en el proceso sería la respuesta de los primeros intervinientes (policía, hospitales, clínicas especializadas en violaciones, servicios de apoyo a las víctimas). En este punto, los factores de riesgo se corresponden, principalmente, con el riesgo de perder o no recopilar evidencia forense con potencial de valor. El origen de este riesgo se fundamenta en la falta de conocimiento forense o conciencia al respecto de su eficiencia y otras cuestiones. La filosofía o las políticas de las organizaciones combinadas con el nivel de conciencia forense pueden tener un impacto positivo o negativo en la recogida efectiva de evidencia.

El segundo punto crítico radica en la toma de decisiones de los investigadores policiales: si estos deciden llamar a expertos forenses y, de ser así, quiénes. Esto es, se trata sobretodo de elegir correctamente al experto forense con amplios conocimientos en la materia (por ejemplo, un médico forense experto en delitos sexuales). Del mismo modo, es importante que estos expertos no se salgan de los límites de su conocimiento y eviten la contaminación involuntaria de la evidencia, por ejemplo, mediante prácticas desfasadas.

El tercer punto crítico se trata de la presentación oportuna de la evidencia del delito sexual para su análisis, seguida del intercambio efectivo de la información correspondiente. Pues bien, el primer factor de riesgo se fundamenta en la importancia del tiempo, ya que con el paso de este aumentan las posibilidades de perder, eliminar o contaminar la evidencia. El segundo factor se corresponde con el limitado catálogo de análisis forenses practicados habitualmente (ADN, huellas…), en adición a las decisiones de triaje (la clasificación del caso y su importancia), las cuales en casos de delitos sexuales suelen hacerse individualmente en lugar de a través de reuniones de equipo o en base a una mayor comunicación con otros profesionales involucrados, ya sean estos de la misma organización u otras distintas (efecto silo).

Por último, el cuarto punto crítico se corresponde con el análisis de los informes forenses, siendo el factor principal de riesgo la legibilidad de los informes: cómo de fácil o clara resulta su lectura y comprensión para los demás intervinientes del proceso que no son médicos o profesionales forenses, como abogados o policías.

Con respecto a los canales de comunicación y retroalimentación de las prácticas forenses en casos de delitos sexuales en adultos, se identificaron tres. El primero de ellos se refiere a la calidad de la evidencia recogida; para formalizar este canal, los investigadores podrían añadir su contacto profesional, como un correo electrónico, para que otros investigadores puedan comunicarse con ellos, plantearles dudas… etc. De hecho, los primeros podrían incluso añadir a su informe distintas observaciones y sugerencias de mejora para retroalimentar a los otros profesionales.

De manera similar, el segundo canal se refiere a la retroalimentación por parte de policías, abogados, etc, con los investigadores forenses sobre la legibilidad y calidad de sus informes. Idealmente, este debería producirse por el mismo medio en que se recibió la comunicación, por ejemplo, un email. Por último, han de tenerse en cuenta los grupos de trabajo como medio para el aprendizaje, revisión e intercambio de buenas y malas prácticas y para dar visibilidad a la utilidad de las prácticas y conocimientos de cada rama profesional, sin necesidad de tratar ningún caso específico en dichas reuniones. Su esencia es la colaboración, y, para su implementación y éxito, necesitan del apoyo organizacional y el reconocimiento de su valor.

Así pues, a pesar de los beneficios de estos grupos, las explicaciones al por qué muchas agencias no practican tales reuniones, o no habitualmente, son los cambios en los jefes y el personal del grupo, no entender o creer en los beneficios que conllevan y la reducción del número de personal o del tiempo disponible para acudir a las reuniones. Sin embargo, cada vez hay más conciencia de dichos beneficios en las políticas multidisciplinares, multiagenciales y de compañerismo.

Como recomendaciones para mejorar las investigaciones futuras de casos de delitos sexuales en adultos, encontramos: por un lado, evaluar la viabilidad de un defensor de las víctimas y determinar en qué agencia u organización estaría mejor ubicado para apoyar a la víctima desde el inicio del proceso a la preparación del juicio, pues existe una carencia de esta figura. Asimismo, se recomienda entrenar a profesionales policiales, médicos…, en la importancia del ADN en casos sin sospechosos y con agresores conocidos de la víctima, así como en la importancia de otros tipos de evidencia en casos de delitos sexuales.

Por otro lado, la integración y formalización de los bucles de retroalimentación y los canales de comunicación en todo el proceso de forma holística. Finalmente, se recomienda asegurar las reuniones de los grupos de trabajo, ya sea en un ambiente semi-formal o informal, para fomentar el conocimiento recíproco que, en última instancia, derive en la colaboración exitosa entre profesionales multidisciplinares y agencias.

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Odontología forense, bioquímica y la identificación de restos humanos. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “When forensic odontology met biochemistry: Multidisciplinary approach in forensic human identification” de Adserias-Garriga, J.; Thomas, C.; Ubelaker, D. H. y Zapico, S. C. (2018), en el cual se analiza cómo la odontología forense y la bioquímica o biología molecular contribuyen a la identificación humana y cómo emplear un enfoque multidisciplinar aporta mayor eficiencia.

Cualquier investigación forense en la que contemos con restos humanos necesitará de la identificación positiva y precisa de estos, la cual se consigue normalmente mediante evidencias científicas tales como las huellas dactilares, el ADN o la información dental. En este sentido, tanto la odontología forense como la identificación por ADN han experimentado una importante evolución y aumento de su uso, llegando a confluir en un objetivo común.

Esta confluencia se da en la reconstrucción del perfil genético a través de diversos indicadores. Gracias a su estructura inerte y mineralizada, y su gran capacidad de preservación, los dientes son uno de los elementos humanos más útiles para proceder a la identificación a través de tales indicadores.

Por un lado, es posible estimar la ascendencia de una persona gracias a algunas características dentales (por ejemplo, la cúspide de Carabelli en los primeros molares maxilares o un mentón bilobulado indican un origen caucásico), si bien es cierto que el uso del ADN es más común para este fin en el ámbito forense y que las conclusiones al respecto deberían determinarse por una evaluación antropológica. Asimismo, algunas condiciones dentales pueden ofrecer información sobre el origen geográfico de los restos; las restauraciones dentales y el tipo de tratamiento sobre dónde se ha realizado este; y el análisis de algunos isótopos estables muestran una variación geográfica condicionada al tipo de dieta de un lugar.

Con respecto a la determinación del sexo, la antropología y odontología forenses presentan una mayor dificultad para identificar aisladamente el sexo del sujeto, por lo que el análisis molecular aplicado a la pulpa, dentina y, principalmente, los tejidos duros dentales sirve para cubrir esos inconvenientes, siendo los molares los dientes que mejores resultados ofrecen.

Por otro lado, las razones por las que los dientes son tan útiles, más precisos que otros métodos antropológicos, a la hora de estimar la edad del sujeto son: que están altamente mineralizados, se conservan bien habitualmente y los daños ambientales y nutricionales les afectan poco. Así pues, mediante el estudio del desarrollo y erupción dental, puede determinarse desde la edad fetal a la adulta de un sujeto o sus restos, aunque con distintas particularidades en los análisis específicos en función de la edad.

Del mismo modo, existen nuevas metodologías bioquímicas para determinar la edad basadas en el proceso natural de envejecimiento, por el cual los tejidos y órganos experimentan alteraciones bioquímicas en distintos niveles, lo cual también es aplicable a los dientes.

Entre estas metodologías, la racemización con ácido aspártico parece ser la más precisa. Se trata de un proceso de cambio que afecta a la conformación de las proteínas metabólicamente estables, produciendo cambios biológicos y químicos a su actividad. En la dentina y el cemento dental existe una correlación positiva entre dicha racemización (proceso) y la edad. Del mismo modo, el plomo y su acumulación en la dentina, junto a los propios cambios en la composición química de esta, también sirven para determinar la edad, si bien se requiere de más investigación.

Otros indicadores bioquímicos para estimar la edad están basados en los productos finales de glicación avanzada, los cuales se ven reflejados en cambios de color al amarillearse más los dientes con el paso del tiempo; el acortamiento de los telómeros —estos se refieren a los extremos de moléculas muy largas de ADN que impiden que estas se degraden o recombinen de manera anormal— en la pulpa dental, los cuales se acortan al envejecer; el ADN mitocondrial en tanto que su cantidad en la dentina disminuye con la edad;  y técnicas epigenéticas.

Al respecto de estas, diferentes estudios indican que los niveles globales de metilación del ADN disminuyen durante el envejecimiento. En su aplicación en dientes, concretamente, se han estudiado los niveles de metilación de tres genes asociados en muestras de dentina. Asimismo, la medición de los niveles de radiocarbono por el análisis del esmalte dental constituye otra técnica epigenética de estimación de la edad.

Así las cosas, no cabe duda de que la identificación personal de los fallecidos es necesaria por diversas razones tanto sociales como legales y forenses.

Para ello, se precisa de un cotejo entre la información previa y posterior al fallecimiento que se fundamente en principios científicos, sin olvidar que el proceso de identificación y el método concreto empleado dependen de las circunstancias de cada caso.

En el campo de la identificación comparativa mediante estructuras dentales, la Junta Americana de Odontología Forense estableció unas pautas o directrices al respecto en 1994, estableciendo que la comparación y subsiguiente identificación puede llevar a cuatro conclusiones:

  1. Identificación positiva. Tiene lugar cuando la información ante-mortem y post-mortem coinciden con suficiente detalle sin discrepancias irreconciliables.
  2. Posible identificación. Se produce cuando la información contrastada presenta características consistentes, pero no se puede establecer la identificación positiva dada la calidad de los datos.
  3. Evidencia insuficiente. Al carecer de suficiente evidencia, no es posible formular conclusiones con respecto a la identidad del sujeto.
  4. Exclusión. Se da cuando la información ante-mortem y post-mortem son claramente inconsistentes entre sí.

Del mismo modo, cabe subrayar la importancia de la tecnología informática y su contribución desde la década de los 80 a la identificación post-mortem de las personas, tanto en casos individuales como en desastres de mayor envergadura.

Así pues, queda patente que los dientes son muestras excelentes para realizar análisis bioquímicos, al tiempo que el campo de la odontología forense evoluciona introduciendo nuevas tecnologías que, en última instancia, ponen de manifiesto la compatibilidad de asociación entre la odontología forense y la bioquímica, contribuyendo así al avance de las ciencias forenses.

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Cómo la botánica forense puede distinguir una escena del crimen real de una falsificada. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The Role of Forensic Botany in Solving a Case: Scientific Evidence on the Falsification of a Crime Scene” de Aquila, I.; Gratteri, S.; Sacco, M. A. y Ricci, P. (2017), en el cual se estudia cómo la botánica forense puede contribuir a la investigación criminal identificando si una escena del crimen ha sido falsificada o no.

A pesar de la falta de estudios publicados al respecto, la botánica forense es una disciplina que se usa con frecuencia en el análisis de escenas del crimen con contribuciones múltiples en el campo jurídico y, recientemente, aplicándose al tráfico de drogas, especialmente el tráfico de cannabis.

¿Su principal utilidad? Radica en identificar especies de plantas que ayuden a determinar el origen geográfico de la muestra y aporten conexiones entre la escena del crimen, los sospechosos y probar las coartadas, entre otras aplicaciones como, por ejemplo, determinar la forma de la muerte y el momento del año en el que un entierro se ha producido mediante las muestras recogidas en la ropa o el cuerpo de la víctima. De hecho, con frecuencia los elementos botánicos nos ofrecen información acerca de cómo aconteció el incidente o delito; esto es, sobre el mecanismo del hecho y su dinámica.

Los elementos botánicos pueden llegar a través de una contaminación externa a la escena del delito, o tratarse de evidencias forenses propiamente dichas. En este último caso, la evidencia botánica requiere que se le de importancia a las pistas que aporta y se analice debidamente, contextualizándose con el resto de evidencias encontradas en la escena del crimen y con las circunstancias del caso.

Así pues, se nos presenta el siguiente caso: un hombre de unos 28 años y nacionalidad rumana llegó al hospital en condiciones críticas debido a lesiones provocadas por energía eléctrica, además de presentar lesiones traumáticas en la cabeza, falleciendo allí unas horas después. Su mujer testifica que la corriente eléctrica lo golpeó mientras reparaba una lámpara de araña en el apartamento de él, cayendo al suelo.

¿Qué ocurrió realmente?

Los investigadores analizaron separadamente el apartamento indicado y, posteriormente, una segunda escena a la que la evidencia les condujo.

Si bien en el apartamento se encontró la lámpara con los cables cortados y la escalera mencionadas por la esposa de la víctima, las manchas de sangre halladas en el suelo eran irregulares, con forma de salpicadura, lo que indicó para los investigadores que se trataba de una falsificación de la escena. Además, la potencia eléctrica que causó las lesiones principales no era compatible con un bajo voltaje, siendo pues la potencia eléctrica de la lámpara insuficiente para causar las lesiones de la víctima.

La evaluación botánica de las diversas muestras de plantas se realizó mediante identificación macroscópica de las especies, clasificándolas mediante taxonomía, y comparando las plantas halladas en la víctima y su ropa con las recogidas en las escenas. Así, la planta encontrada en la víctima se caracterizaba por tener frutos espinosos y pertenecer a hábitats rurales, áridos y sin cultivar, localizándose la mayoría de estas plantas de la especie de la muestra en colinas.

Con estos dos datos clave (las características de las lesiones y la evidencia botánica procedente de las plantas recogidas), el análisis de la procedencia de estos elementos botánicos coincidió con una señal de corte de energía local en un cruce informado por una compañía de electricidad, lo que condujo a un área geográfica específica (la 2ª escena mencionada, la escena real).

Tras este hallazgo, se pudo reconstruir lo que verdaderamente había pasado: la víctima había tratado de robar el cableado eléctrico cuando se electrocutó accidentalmente —lo que explicaría la gravedad de las lesiones y quemaduras de la víctima—, cayendo en consecuencia desde una altura considerable.

La precipitación de la víctima al suelo provocó que los elementos botánicos se adhirieran a su cuerpo, especialmente la cabeza y el pelo, y la ropa, permitiendo distinguir entre la escena verdadera (la descrita) y la simulada del suceso (el apartamento).

Consecuentemente, la botánica forense en el caso estudiado resultó ser crucial para alcanzar su esclarecimiento. En particular, la investigación botánica es empleada para identificar la escena del crimen, incluyendo si esta es el escenario primario o secundario del incidente o delito, y para ayudar a aclarar la modalidad de la muerte. Sin embargo, la falta de conocimiento por parte de los investigadores sobre la utilidad y la importancia de la botánica forense hace que su uso, a pesar de ser frecuente, no esté tan extendido.

La recolección, identificación, clasificación, preservación y catalogación de cada especie encontrada en la escena son esenciales para la investigación. Al fin y al cabo, las investigaciones multidisciplinares representan la atención central de las ciencias forenses.

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