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Autor: Lydia González (página 2 de 4)

Conducta suicida: ¿cómo influyen el lenguaje y la cultura? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Words matter life: The effect of language on suicide behavior” de Lien, D. y Zhang, S. (2020), en el cual se analiza la importancia del lenguaje y su relación con la conducta suicida.

A pesar de la importancia del suicidio y el incremento de muertes por esta causa en los últimos años, todavía sabemos poco sobre el suicidio a nivel individual.

Los investigadores en psicología y medicina consideran el suicidio como la consecuencia más grave de los trastornos psiquiátricos. En contraposición, la mayoría de teorías económicas enmarcan el comportamiento suicida como una decisión racional, sin actuar puramente por impulso.

Así, algunos autores han relacionado la conducta suicida con las condiciones económicas. De acuerdo con el planteamiento económico, cuando la utilidad esperada de seguir viviendo es inferior a cero, la gente se suicidará. Esta teoría sugiere que las personas con ingresos más bajos tienen una mayor propensión a suicidarse. Empíricamente, diversos estudios demuestran la validez de esta teoría.

Los factores demográficos también son los principales determinantes del suicidio. Las pruebas muestran que la tasa de suicidio es más alta para los hombres y las personas mayores.

Recientemente, estudios han demostrado la correlación entre el marcador gramatical de eventos futuros en el lenguaje y una serie de comportamientos económicos orientados al futuro de quien escribe. La explicación subyacente es que las estructuras lingüísticas pueden afectar directamente a la cognición y el comportamiento de los hablantes. Siendo más concretos, hablar o escribir en tiempo futuro influye en la orientación a largo plazo del hablante.

Por otro lado, el suicidio también está muy ligado a la cultura, en tanto que cada una de estas tiene diferentes explicaciones de la vida y la muerte. La legitimidad del suicidio se ve afectada en gran medida, e incluso decidida, por la cultura. Además, esta influye en la motivación del suicidio, en términos de darle un cierto significado. Desde la perspectiva física, los métodos de suicidio y el tratamiento de los problemas de salud mental son diversos en las culturas, lo que afecta el número real de muertes por suicidio en relación con los intentos de suicidio.

Así, podemos plantearnos: ¿los marcadores de futuro tienen un impacto en otras elecciones intertemporales de los hablantes según la expectativa del futuro, como el suicidio?

Asimismo, si las características lingüísticas pueden servir como marcadores culturales, ¿pueden ayudar a entender la diversidad de conductas suicidas entre naciones y culturas?

El marcador de futuro tiene un impacto en la cognición y el comportamiento de las personas. Así, hablar del futuro a más largo plazo y con más firmeza, conducirá a tasas de suicidio más bajas en comparación con personas idénticas pero que hablan de un futuro débil.

Para dar respuesta a las preguntas planteadas, los autores llevaron a cabo su propio estudio. Los datos sobre suicidios se obtuvieron de la base de datos de mortalidad de la Organización Mundial de la Salud. Además de datos económicos y demográficos de cada país, los autores tuvieron en cuenta factores climatológicos / ambientales.

A nivel individual, la fuente de datos empleada fue la World Value Survey, una encuesta utilizada en los estudios de idiomas y comportamientos. Esta se utilizó para medir el lenguaje y los marcadores de futuro. Por último, en tanto que es muy complicado utilizar datos de suicidios reales por diversas razones, para el estudio se escogieron alternativas. Estas fueron las actitudes hacia el suicidio y la eutanasia, empleándose como variables dependientes.

Para evitar la ambigüedad del efecto del lenguaje, en la muestra se contó a la población no inmigrante del país. En total se trabajó con una muestra de 183.993 personas de 89 países.

Así pues, los resultados muestran que, teniendo en cuenta la lengua materna del país, los países que hablan un idioma con referencias débiles al futuro tienen tasas de suicidio más altas. Como era de esperar, los hallazgos sobre las variables económicas y demográficas de los países son consistentes con estudios previos: una mayor tasa de inflación y de divorcios inducirán a más suicidios.

Individualmente, los individuos que hablan un idioma con marcadores específicos de futuro piensan que el suicidio es un comportamiento menos justificable. En contraposición, los individuos que hablan un idioma con referencias de tiempo futuro débiles tienden a justificar más el suicidio.

Asimismo, parece que la creencia de un individuo coincide con sus acciones en el contexto del suicidio. Esto es, quienes aluden que el suicidio es injustificable tienen menos probabilidades de cometer suicidio. Por otro lado, las personas mayores, hombres y con alto nivel educativo y de ingresos tienden a mostrar una mayor aceptación del suicidio.

Las personas que hablan un lenguaje con referencias de futuro fuertes consideran el suicidio como un comportamiento más injustificable que las que (aún siendo idénticas en demografía, que nacieron y crecieron en el mismo país) hablan sin distinguir entre el presente y el futuro en gramática.

Resumidamente, el marcador explícito de un evento futuro puede ampliar (o reducir) la distancia entre el presente y el futuro. Ampliar la distancia aislará y descartará los sentimientos sobre el futuro. En el contexto del suicidio, utilizar una forma específica al hablar del futuro puede debilitar el dolor y la infelicidad que se producirán en el futuro. En consecuencia, hay más probabilidades de tener un menor número de pensamientos suicidas.

El otro impulsor de este efecto es la diversidad cultural. La cultura puede afianzar o, contrariamente, debilitar las conductas y pensamientos de aceptación del suicidio. En cualquier caso, se trata de un fenómeno complejo y multifactorial que requiere de más investigación.

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Ciberviolencia hacia la población LGTB+ en redes sociales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “An examination of social media as a platform for cyber-violence against the LGBT+ population” de Mkhize, S.; Nunlall, R. y Gopal, N. (2020), en el que se analiza el papel de las redes sociales en la ciberviolencia hacia la población LGTB+.

A pesar de todos los logros conseguidos progresivamente en materia legal, la población LGTB+ continúa asumiendo muchos retos. Entre estos se incluye la discriminación basada en el género y la orientación sexual.

Por ejemplo, en Sudáfrica la discriminación de género a menudo prevalece en las escuelas, el empleo y la sociedad. Actualmente, el mayor uso y dependencia de Internet ofrece otro espacio para la discriminación y acoso a la población LGBT+. Concretamente, las plataformas de comunicación online, sobretodo las redes sociales, hacen de la ciberviolencia un fenómeno creciente. Un fenómeno que requiere atención.

En este contexto, la baja denuncia de la ciberviolencia dificulta la determinación del alcance de la misma. Sin embargo, la falta de intervención correctiva es aún más importante. Esto se debe a que puede afectar a la calidad de vida de las víctimas y la continua discriminación de género.

Cualquier persona que utilice el ciberespacio puede ser víctima de ciberacoso. No obstante, es más probable que afecte más a poblaciones vulnerables, como niños o minorías sexuales. Las minorías sexuales incluyen a lesbianas, homosexuales, hombres y mujeres bisexuales, transgénero e individuos que no están seguros de su orientación sexual y aún están explorando su identidad sexual.

En Sudáfrica, y otros múltiples sitios, la población LGBT+ tiene menos probabilidades de denunciar discriminación de género. Esto hace que la determinación de la prevalencia del ciberacoso de la población LGBT+ sea difícil de determinar. Si bien determinar la tasa de ciberacoso de la población LGBT+ resulta difícil, las consecuencias son más visibles y frecuentes.

En cualquier caso, no debemos olvidar que las características del ciberacoso difieren de las del acoso tradicional. Por ejemplo: el ciberacoso tiene una audiencia potencialmente más grande o facilita el anonimato de los agresores. Por otra parte, los efectos negativos más comunes del ciberacoso en jóvenes LGBT+ incluyen depresión, ansiedad, autolesiones, problemas académicos, abuso de sustancias y suicidio. Sin embargo, faltan políticas de ciberacoso para hacer frente a estas consecuencias.

Bien, los autores llevaron a cabo un estudio propio. El objetivo era ahondar en la experiencia de las víctimas LGTB+ en Sudáfrica. Dada su popularidad en el país, se utilizó Facebook como plataforma para estudiar las conductas sociales. Asimismo, se realizaron unas entrevistas semi-estructuradas con 7 participantes que se identificaban dentro de la población LGTB+.

Los investigadores examinaron datos de agosto de 2017 a agosto de 2019 para recopilar contenido actual en Facebookrelacionado con el ciberacoso de personas LGBT+. Algunos de los términos empleados para seleccionar el contenido fueron lesbiana, gay, LGTB, homosexual… Se encontró que la mayoría de las publicaciones contra la población LGBT+ eran comentarios escritos en grupos y páginas (45%), y en respuestas en secciones de comentarios (44%).

Con respecto a las entrevistas, se hicieron plantearon cuatro cuestiones centrales. Primeramente, cuál había sido la experiencia de los participantes con el ciberacoso en Facebook por motivo de su orientación sexual. Asimismo, de qué forma lo habían experimentado (comentarios, mensajes privados…); y cómo definirían su experiencia (ataque personal, odio, discriminación…). Por último, se les preguntó por sugerencias para tratar el ciberacoso contra la población LGTB+ en Sudáfrica.

Bien, a partir de ambos métodos (análisis de Facebook y entrevistas) se obtuvieron diversos resultados. A través del análisis de contenido se generaron cinco temas principales. Estos son: discriminación de género; invasión de privacidad (infiltración de grupos); amenazas; prejuicios; y odio hacia el colectivo.

La discriminación de género reveló que es más probable que el ciberacoso dirigido a población LGBT+ sea resultado de ser diferente al orden binario de género (masculino/femenino). Entre los métodos encontramos publicar comentarios en grupos heterosexuales para mostrar odio hacia personas homosexuales. También se observaron estos métodos en los propios perfiles de las víctimas.

Con respecto a la invasión de privacidad, esta se refiere esencialmente a la creación de cuentas falsas para acceder a grupos LGBT+ con el fin de publicar insultos y amenazas. Un participante mencionó que su cuenta fue pirateada y el perpetrador usó su cuenta para compartir publicaciones sobre él y su sexualidad en Facebook.

Depresiones y ansiedad, las autolesiones, los problemas académicos, el abuso de sustancias y el suicidio pueden ser consecuencia de tales invasiones. El estudio descubrió que las redes sociales, especialmente Facebook, facilitan la perpetración del odio y la homofobia, ocultando la identidad de los agresores mediante el uso de cuentas falsas para garantizar su anonimato.

Ahora bien, las amenazas son una de las experiencias más comunes entre las víctimas LGTB+ de ciberacoso. Estas incluyen la expresión de que los homosexuales deberían morir y/o ser castigados por ser su orientación sexual antinatural para los agresores. Esto incluye amenazas realizadas por mensajes privados. En el caso del estudio, esto último ocurría normalmente después de que los agresores (hombres) contactasen primero con las víctimas (mujeres lesbianas).

Los prejuicios, por su parte, se reflejaron en publicaciones recientes de odio hacia el colectivo, compartidas en grupos alrededor del país. Consecuentemente, el odio y los prejuicios hacia la población LGBT+ están fuertemente influenciados por la heteronormatividad. Esta se refiere a la creencia de que sólo existen, o deberían existir, y son naturales dos géneros: hombre y mujer (heterosexuales). Dicha creencia se ve reflejada en muchas de las publicaciones analizadas.

Dentro de la población LGTB+, las publicaciones indicaban odio a los homosexuales, en particular a los gays y lesbianas.

En conclusión, los hallazgos sugieren que Facebook, entre otras redes sociales, ha facilitado la perpetración de crímenes de odio contra la población LGBT+. Basándonos en esta investigación, la discriminación de género aún persiste en Sudáfrica. Esto hace que la población LGBT+ sea más vulnerable a la discriminación, los prejuicios y las amenazas debido a su orientación sexual o género.

Por tanto, es recomendable prestar más atención a esta población y a la seguridad en las redes sociales para hacer frente a los autores de cualquier forma de ciberviolencia.

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Delitos de odio: ¿es posible predecirlos por las redes sociales? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Hate in the machine: anti-black and anti-muslim social media posts as predictors of offline racially and religiously aggravated crime” de Williams, M. L.; Burnap, P.; Javed, A.; Liu, H. y Ozalp, S. (2019), en el que se analiza si existe una relación entre la perpetración de delitos de odio offline y los delitos de odio online.

En los últimos años, los delitos de odio referente a la raza y religión han aumentado exponencialmente en diversos países.

Actualmente sigue existiendo una necesidad, política y práctica, de mejorar la inteligencia sobre los delitos de odio. Particularmente, debe comprenderse mejor el papel que desempeñan las tensiones y acontecimientos comunitarios en la perpetración de tales delitos.

La tecnología se ha considerado como parte de la solución al transformar las prácticas policiales analógicas en procesos digitales complementarios. Junto con los delitos de odio offline, el discurso de odio online publicado en las redes sociales se ha convertido en un problema social pernicioso.

Investigaciones anteriores muestran que los delitos de odio offline y el discurso de odio online están estrechamente relacionados con eventos de importancia. Por ejemplo, ataques terroristas y votaciones políticas. Sin embargo, no está claro si se puede encontrar un patrón más general de correlación independientemente de los eventos “desencadenantes”.

En una muestra de los años 2017 y 2018, los delitos de odio racial online constituyen la mayoría de todos los delitos de odio online (52%), seguidos de la orientación sexual (20%), la discapacidad (13%), la religión (12%) y los delitos de odio online transgénero (4%). A finales de 2017, las redes sociales comenzaron a introducir políticas contra la incitación al odio, cediendo ante presiones diversas.

En base a esta información, los autores plantean su hipótesis. Esta es: ¿el discurso de odio online en Twitter puede mejorar las estimaciones de los delitos de odio offline?

Dicha cuestión plantea la posibilidad de utilizar las redes sociales como alternativa o complemento a indicadores convencionales. Además, deben tenerse en cuenta los factores demográficos ecológicos. Por ejemplo, la proporción de la población que es negra o que pertenece a una minoría étnica. Esto es debido a que dichos factores también se han asociado con los delitos de odio.

Así, en la investigación de los autores se tuvo en cuenta información procedente de Reino Unido. Se vincularon datos de fuentes administrativas, de encuestas y de redes sociales para construir los modelos estadísticos. Estos se recopilaron antes de que las grandes plataformas de redes sociales introdujeran políticas estrictas sobre/contra la incitación al odio.

Los datos policiales se recopilaron de un periodo de 8 meses entre agosto de 2013 y 2014. Los datos policiales sobre delitos se filtraron para incluir solo los delitos de odio racial y religioso, estos últimos contra el Islam o los musulmanes.

Así las cosas, los resultados indican lo siguiente. Existe una asociación positiva consistente entre el discurso de odio en Twitter dirigido a la raza y la religión y los delitos agravados por motivos raciales y religiosos en Londres. Así, la investigación confirmó también la relación entre la presencia (o ausencia) de eventos que actuaban como desencadenantes tanto para los delitos de odio online como offline y la perpetración de los mismos.

Los modelos permitieron proporcionar predicciones de la tasa de incidencia de delitos offline por proporción de la población negra o de minoría étnica y el recuento de tweets de odio online. Esto es digno de mención, dado que indica que el papel de las redes sociales en el proceso de victimización por odio no es trivial.

El discurso de odio publicado en las redes sociales (como indicador de polarización extrema) influye en la frecuencia de los delitos de odio offline. Sin embargo, es poco probable que el discurso de odio online sea una causa directa de los delitos de odio offline aisladamente. Contrariamente, es más probable que las redes sociales sean solo una parte de la causa. Los factores locales, como la composición demográfica de los vecindarios (por ejemplo, la proporción de población negra y de minorías étnicas, el desempleo…) y otros factores ecológicos probablemente desempeñen un papel clave.

Lo que el estudio señala es la importancia relativa del discurso de odio online en este contexto. Si vamos a explicar el crimen de odio como un proceso, y no como un acto discreto, con victimización que va desde el discurso de odio hasta la violencia, las redes sociales deben formar parte de ese entendimiento.

La victimización por odio se caracteriza por insultos, amenazas o violencia repetidos o continuos. Una de sus cualidades es que es duradera, y ahora se extiende al ámbito online y puede vincularse a su manifestación offline. El discurso de odio en las redes sociales amplía los “climas de inseguridad” que experimentan los grupos minoritarios que trascienden las instancias individuales de victimización.

Examinar la dinámica contemporánea de victimización por odio requiere métodos capaces de capturar variaciones en los datos online y offline. Esto también incluye variaciones tanto en el tiempo como en el espacio. El aumento de las fuentes de datos sobre el odio también es importante, debido a las bajas tasas de denuncia continuas. Así, la administración (registros policiales), la encuesta (censo) y las nuevas formas de datos (Twitter) se pueden vincular para estudiar el odio en la era digital.

Sin embargo, los mecanismos individuales responsables del vínculo entre los incidentes de odio online y offline deben establecerse mediante más trabajo forense y, posiblemente, cualitativo.

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El perfil del delincuente sexual coreano. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling Korean sex crimes: Offender characteristics and crime scene actions” de Kim, S.; Almond, L. y Eyre, M. (2019), en el que se analiza el perfil criminal del delincuente sexual coreano.

El perfil criminal, o análisis de conducta, suele ser empleado especialmente en casos de delitos violentos. Por ello los delitos sexuales no son una excepción. Contrariamente, son, junto a los homicidios, los crímenes más frecuentes y apropiados en los que utilizar la perfilación.

Sin embargo, las clasificaciones de los agresores sexuales han experimentado diversas críticas y cambios con el paso del tiempo. Específicamente, diversos estudios intentaron mejorar la comprensión de las características del delincuente al diferenciar los comportamientos delictivos.

Los perfiles de agresores sexuales existentes han sido realizados mayoritariamente en países occidentales, como EE.UU, Reino Unido o Canadá. Por ello, deberían realizarse estudios para asegurar que los enfoques de elaboración de perfiles pueden generalizarse a delitos sexuales cometidos en otras naciones. Esto es, no se trata solo de aumentar nuestro conocimiento sobre la conducta criminal. El objetivo también es comprobar si las teorías basadas en contextos occidentales se aplican a contextos no occidentales. O si, por el contrario, existen diferencias culturales, etc.

Debido a estos motivos, la elaboración del perfil criminal del agresor sexual coreano resulta interesante y necesario.

En Corea del Sur, el número de delitos sexuales es muy superior al de otros delitos violentos. En 2018, se registraron 23.478 mientras que, en comparación, se observaron 309 homicidios y 821 robos. Así las cosas, algunos investigadores destacados realizaron estudios significativos para establecer modelos coreanos de comportamiento delictivo. Estos también tienen utilidad para la elaboración de perfiles criminales.

Así, varios estudios mostraron recientemente resultados notables al comparar comportamientos delictivos coreanos y occidentales. Concretamente, se descubrió que había similitudes y diferencias entre los delincuentes de homicidiocoreanos, finlandeses y suecos en los comportamientos de mutilación en los cuerpos de las víctimas. Encontramos otro ejemplo en un estudio comparativo entre homicidas sexuales coreanos y canadienses (aquí podéis leer más sobre homicidas sexuales).

Por tanto, se han realizado algunos estudios sobre comportamientos y características delictivas en Corea del Sur. No obstante, todavía hay poca investigación para probar si los perfiles occidentales de delincuentes sexuales están validados. Con el fin de identificar diferencias, de haberlas, los delitos sexuales entre Occidente y Corea del Sur, el conocimiento se puede utilizar como base científica para mostrar la necesidad de desarrollar un modelo temático adecuado de los delitos sexuales coreanos.

Con este fin, los autores examinaron un total de 50 casos de crímenes sexuales representativos acontecidos entre 2006 y 2009. La edad de las víctimas iba desde los 6 hasta los 50 años. La de los agresores, todos hombres, desde los 16 hasta los 56 años. En el 72% de los casos, los agresores eran extraños, y en el 28% conocidos de las víctimas. Los archivos del caso generalmente contenían los perfiles de los delincuentes, métodos delictivos, información de la escena del crimen y declaraciones de los delincuentes y las víctimas.

Bien, se establecieron 27 variables sobre características de los agresores, escenas del crimen y el delito en sí. Esto es, cómo fueron perpetrados. Posteriormente, se compararon las variables identificadas en los agresores sexuales coreanos con los occidentales (concretamente de Gran Bretaña). Cada caso se clasificó en base a tres temas, o temas híbridos, según la puntuación de frecuencia de la ocurrencia de variables.

Los resultados fueron los siguientes. El 84% de los casos fueron asignados a un tema concreto y el 14% como híbridos. De los primeros, el 44% se clasificó dentro del tema de participación y hostilidad, el 20% se clasificó como tema de control y el 20% se clasificó como robo. En el primer tema, casi el 60% de los agresores conocían a las víctimas, mientras que en los otros dos era entre el 20% y el 10%.

Se encontró que los dos países eran diferentes en la frecuencia del comportamiento delictivo. Particularmente, en acciones en la escena del crimen entre delincuentes coreanos y británicos. El agresor sexual coreano suele cometer penetración vaginal, fuerza a la víctima a participar y también abusa verbalmente de ella. El británico, si bien también realiza la penetración vaginal, no comparte el resto de las características típicas. Se caracteriza más por ataques sorpresa a las víctimas.

Por otro lado, se detectaron ocho variables de acción en la escena del crimen, contextualizadas en la hostilidad o participación, idénticas al modelo británico. Sin embargo, cinco variables sobre el participación u hostilidad se indicaron en el contexto coreano por parte del agresor. Concretamente: violencia única, rasgar la ropa, identificar a la víctima, degradar a la víctima e insinuar conocer a la víctima. Además, los comportamientos de sexo oral se observaron con mayor frecuencia en la participación y hostilidad.

Asimismo, los agresores sexuales coreanos tienen más probabilidades de tratar a la víctima como un objeto sexual, al tiempo que también desean tener relaciones sociales con las víctimas. La explicación de esto puede ser debido a la cultura sexual coreana, sobretodo el extendidísimo uso de la pornografía. Los delincuentes pueden relacionar comportamientos hostiles con la adquisición de relaciones debido al modelo que se muestra en la pornografía. Por lo tanto, pueden transferir esta conexión a sus actos sexuales.

Estas diferencias sugieren que la investigación transcultural es necesaria. Además, los antecedentes previos de robo y delito sexual, conocer a la víctima y usar vehículos diferían dentro de los comportamientos dominantes entre un país y otro.

La investigación de estas diferencias y del significado implícito tras ellas aumentará nuestro conocimiento sobre los delitos sexuales según distintos países. Por ello, los resultados apoyan la idea de que las asociaciones entre las características del delincuente y las acciones en la escena del crimen se pueden utilizar como una técnica de investigación y perfilación.

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Entomología y estimación del intervalo postmortem. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Forensic entomology application in China: Four case reports” de Wang, M.; Chu, J.; Wang, Y.; Li, F.; Liao, M.; Shi, H.; Zhang, Y.; Hu, G. y Wang, J. (2019), en el cual se ilustra mediante cuatro casos prácticos cómo la información entomológica permite estimar el intervalo postmortem.

No es ningún secreto que determinar el momento de la muerte es de gran importancia para las investigaciones criminales.

Este momento se determina mediante diversas condiciones posteriores a la muerte, como el livor mortis o el rigor mortis. Sin embargo, muchos de estos métodos solo son aplicables hasta pasadas 48-72 horas de la muerte (2-3 días). Pasado este tiempo, muchas técnicas asociadas a la medicina forense se vuelven inexactas, o incluso no se pueden aplicar.

Por ello, se han desarrollado nuevos métodos que estimen el intervalo postmortem para mejorar la precisión de tal estimación. Entre ellos, la entomología forense es una importante rama de las ciencias forenses. Utilizando las especies de artrópodos, los datos de sucesión pueden reflejar cuánto tiempo el cuerpo ha estado expuesto. Los datos de desarrollo pueden utilizarse para estimar el periodo de tiempo en el que el cuerpo fue colonizado.

Así, el periodo de actividad de los insectos se refiere al tiempo desde que los artrópodos colonizan el cuerpo hasta que los restos son encontrados. Este periodo no siempre se corresponde con el intervalo postmortem. Recientemente, se ha refinado estableciendo un intervalo mínimo postmortem. Este representa el tiempo desde la colonización hasta el hallazgo de los insectos inmaduros más antiguos en el cadáver.

Los informes de casos son bastante valiosos ya que la entomología forense está constantemente evolucionando y expandiendo su aplicación. Los múltiples estudios al respecto demuestran que la entomología forense es aplicable a investigaciones criminales de diversas partes del mundo.

En este sentido, China tiene una amplia experiencia haciendo uso de la entomología. Por ello, los autores analizaron 4 casos prácticos detectados en el sur de China, zona con clima subtropical monzónico.

Bien, el primer caso ocurrió en 2015. El cuerpo de un hombre apareció junto a un estanque, en un área suburbana; estaba tendido sobre su lado izquierdo. La parte superior del cuerpo estaba desnuda, y en general no presentaba grandes rasgos de putrefacción. Las temperaturas corregidas medias fueron de 26 ° C durante la semana anterior.

Así pues, los investigadores de la escena del crimen recolectaron alrededor de 30 gusanos de la cabeza como evidencia entomológica. Las especies que se identificaron en dicha muestra, con 26º de temperatura, necesitan entre 43 y 68 horas para desarrollarse. Por ello, se estimó que el intervalo mínimo postmortem debían ser 68 horas. No obstante, el patólogo difirió. En base a la falta de signos de putrefacción y la temperatura, estimó que el intervalo postmortem debía ser de unas 48 horas.

¿Quién llevaba razón entonces?

La respuesta es: ambos. La investigación descubrió que el hombre había deambulado por la zona con una herida abierta en la cabeza. Al parecer, se desmayó donde lo encontraron tras no recibir atención médica. Es entonces cuando los insectos comenzaron a colonizar la herida y cuerpo, cuando el hombre todavía estaba vivo pero comatoso. Finalmente, murió horas después. Por ello las estimaciones de los intervalos no concordaban entre sí, supervalorando dicho intervalo la evidencia entomológica. Sin embargo, no es habitual que los primeros insectos colonizadores aparezcan en el cuerpo antes de la muerte. En cualquier caso, esta situación ilustra la importancia de la colaboración entre profesionales.

El segundo caso tuvo lugar en 2017. El cuerpo de un hombre adulto se encontró en una habitación sin puerta ni ventanas pero que lo resguardaba de la lluvia. Bajo las sábanas, el cuerpo estaba desnudo y la mayoría de los tejidos blandos momificados. La causa de la muerte fue una lesión cerebral, y la temperatura media del mes de 26.ºC. Como evidencia entomológica, se identificaron pupas vacías, larvas e individuos adultos de distintas especies de dípteros y coleópteros.

En conjunto, tras analizar todas las muestras y teniendo en cuenta la temperatura, condiciones del cadáver… etc., se estimó que el intervalo postmortem era de entre 23 y 24 días. Posteriormente, con la resolución del caso se supo que el intervalo real era de 25 días, muy cercano al estimado. Los escarabajos son especialmente útiles en casos forenses en los que los dípteros ya han abandonado el cuerpo y solo se pueden encontrar escarabajos. Estudiar el patrón de sucesión de las especies, si tiene estados específicos, puede ser de gran ayuda para estimar el intervalo postmortem de cuerpos en avanzado estado de descomposición.

El tercer caso aconteció en 2011. Se encontró el cuerpo de una mujer en el baño de una vivienda, en avanzado estado de descomposición. La muerte se produjo por una ingesta excesiva de alcohol y medicamentos. Había relativamente pocasmoscas y gusanos adultos en el sitio; la puerta se encontraba cerrada pero las ventanas abiertas. Las larvas de mosca se distribuyeron principalmente en cabeza y cara. En este caso, el intervalo estimado por la evidencia entomológica no coincidía con el resto de evidencia. Esto puede explicarse principalmente por la alteración que muchas sustancias químicas pueden causar en los insectos, incluido su desarrollo.

Finalmente, en el cuarto caso (2011), se encontraron restos de una mujer asesinada en la ladera de una colina, cerca de la salida de una carretera. Casi toda la ropa estaba quemada, pero a los órganos internos y al cerebro no les afectó tanto el fuego. La temperatura media fue de 15.3ºC, y gran parte del cuerpo tenía colonias de hongos blancos.

Así, se identificaron tres especies de moscas, siendo el estado previo a la pupa el más avanzado de las muestras. En base a esta evidencia entomológica, se determinó que el intervalo mínimo postmortem era de 25.5 días. La confesión del asesino situó el intervalo postmortem en 26 días. En este caso, la estimación entomológica fue un éxito.

Resulta interesante subrayar que este caso se produjo en invierno, cuando se cree que la actividad de los insectos se reduce. Sin embargo, otras investigaciones sugieren que es la luz solar, y no la temperatura, la que determina dicha actividad y aparición de los artrópodos en los cuerpos. Por otra parte, aunque la quema puede destruir algunos sitios potenciales de oviposición, también puede conducir a más sitios de oviposición debido a la aparición de grietas.

Así pues, la entomología forense es una ciencia de gran utilidad. Pero requiere de mucha precisión y tener otros diversos factores en cuenta para hacer estimaciones correctas. Y en China, donde esta ciencia está menos desarrollada, su demanda para aplicarla en investigaciones criminales cada vez es mayor.

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Hibristofilia en hombres, un estudio de caso. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Aggressive hybristophilia in men and the affect of a female serial killer” de Pettigrew, M. (2019), en el que se estudia la hibristofilia en hombres, específicamente mediante un caso real.

La hibristofilia es una parafilia sexual inusual descrita originalmente por John Money. Puede definirse como la atracción sexual hacia alguien que se sabe que comete, o ha cometido, actos violentos.

Así, podemos distinguir entre dos tipos: la hibristofilia pasiva, más común, y la agresiva. La pasiva se conceptualiza típicamente con casos de mujeres que escriben cartas a asesinos en serie y condenados a muerte. Las intenciones de estas cartas suelen ser establecer o iniciar algún tipo de relación romántica. Los hibristófilos pasivos suelen presentar delirios, creyendo que pueden cambiar al objeto de su afecto.

En cambio, la hibristofilia agresiva, más inusual, hace referencia a cuando la persona ayuda a perpetrar los actos de violencia. En estos casos, el hibristófilo no percibe que, realmente, su pareja le está manipulando. Sin embargo, no es habitual que el hibristófilo y la persona objeto de su afecto lleguen a experimentar una intimidad. Comúnmente, el hibristófilo se limitará a fantasear con que se produce semejante contacto.

En la literatura al respecto, escasa de por sí, esta parafilia suele describirse en mujeres. Money señala que los estereotipos de género dictan que los hombres son delincuentes y las mujeres pasivas o cómplices. Esta descripción se correspondería con el síndrome de Bonnie y Clyde. No obstante, Money afirma claramente que también puede ocurrir lo contrario.

Algunos afirman que la prevalencia (o dominio) de la hibristofilia en mujeres es una extensión de la fascinación de estas por los verdaderos delitos, mucho más que los hombres. Aún así, las motivaciones subyacentes a la hibristofilia siguen siendo especulativas. Sin embargo, el varón heterosexual está ausente en todas esas especulaciones sobre los orígenes de la hibristofilia.

Tal exclusión de los hombres en la materia se debe al reconocimiento de la hibristofilia como la única parafilia que se encuentra más comúnmente en mujeres que en hombres. Por tanto, para suplir este vacío, el autor expuso un caso real de hibristofilia agresiva en hombres heterosexuales.

Londres, febrero de 2014. Joanne Dennehy fue sentenciada a cadena perpetua por tres delitos de asesinato y dos tentativas, entre otros cargos. Sus tres cómplices, todos hombres, también recibieron su condena por ayudarla después de cometer los asesinatos. El principal de los tres, además, fue condenado por tentativa de asesinato.

Durante dos semanas, Dennehy apuñaló a tres hombres e intentó matar a otros dos por los mismos medios. El juez de sentencia la describió como “una asesina en serie cruel, calculadora, egoísta y manipuladora”. Asimismo, apuntó cómo a Dennehy le fascinaban los distintos hombres que entraron en contacto con ella. Los cómplices, aunque culpables de sus actos, actuaron bajo su influencia.

El primer cómplice fue el amigo y amante de Dennehy. Utilizando su conocimiento local, él encontró lugares en los que disponer de los cuerpos de las víctimas. Además, sus acciones facilitaron dos intentos de asesinato, al llevarla a lugares donde podría atacar a víctimas elegidas al azar.

El segundo cómplice, el compañero de casa de Dennehy, ayudó a deshacerse de víctimas y, posteriormente, engañó a la policía. El objetivo era que Dennehy pudiera evadir la aplicación de la ley durante más tiempo. El tercer cómplice dio cobijo a Dennehy y su primer cómplice sabiendo que la policía les buscaba.

Así pues, la asesina en serie presentada aquí difiere en sus comportamientos de la literatura existente. Su motivación era la gratificación sexual y sus víctimas no estaban indefensas por edad o la enfermedad. Asimismo, eligió apuñalar a las víctimas y no usar una manera más pasiva de matar, como el envenenamiento o asfixia.

Con respecto a sus cómplices masculinos, el segundo y tercero eran padres. Este último tenía 56 años y carecía de antecedentes violentos ni penales. Protegerla mientras intentaba evadir la ley no le sirvió nada más que para obtener la aprobación y gratitud de ella. El segundo, en cambio, sí contaba con antecedentes penales, pero no por delitos violentos.

El primer cómplice, su amante, tenía también antecedentes penales, pero no por delitos violentos. En las cartas que escribía a Dennehy se refería a ella como su “diablesa carnal”, manifestando su atracción sexual y su admiración. Para él, era emocionante perpetrar delitos que él no había, y probablemente nunca hubiera, experimentado de no ser por ella.

Esto último coincide con el perfil del hibristófilo agresivo. Asimismo, cualquier miedo que puedan sentir hacia la persona objeto de deseo es superado por la atracción y excitación. Lo negativo se torna positivo; experimentan una reacción opuesta a la reacción natural de pánico. Así, los cómplices (e hibristófilos en general) se convierten, en esencia, en personajes cambiados debido a esa fascinación y atracción.

Si bien la temática central es la hibristofilia, cabe señalar que el reclutamiento de cómplices también ayudó a la asesina. Tanto en términos prácticos, como a través del poder y gratificación experimentados al hacer que otros cumplan sus órdenes. En cualquier caso, a pesar de la influencia que ejercen otros, la hibristofilia no puede mitigar las acciones. Lo mismo se puede decir de la pedofilia. No puede ni debe permitir ninguna mitigación en casos de delitos sexuales perpetrados contra niños.

Cabe añadir que, en las sentencias, si bien es bastante correcto que no contemplaran ninguna mitigación, se aprecia un sesgo de género. Históricamente, en los casos en que una mujer ha ayudado a un asesino en serie, se ha hecho una distinción entre los dos delincuentes.

Sentencias previas han considerado que la mujer hibristófila puede ser rehabilitada si se aparta de la influencia del delincuente deseado. Tal pensamiento puede reflejarse en sentencias menos duras. En contraposición, no se consideró lo mismo para este caso, con los cómplices masculinos. Parece así que la afirmación de hibristofilia en hombres es algo ignorada en comparación con las mujeres.

Finalmente, es necesario establecer una distinción entre una pareja dispuesta y una pareja cautivada, actuando dentro del contexto de esta parafilia sexual. Se sostiene que un diagnóstico debe tomar nota de cuán alejadas están las acciones del cómplice de su carácter normal.

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La utilidad forense de los tatuajes y la tinta. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Tattoos and tattoo inks: Forensic considerations” de Miranda, M. D. (2019), en el cual se analizan la utilidad, aplicación e importancia forense de los tatuajes y la tinta con la que se realizan.

Los tatuajes han suscitado el interés de múltiples disciplinas a lo largo del tiempo. Históricamente, se ha realizado un esfuerzo para comprender el tatuaje y su función al proporcionar información sobre las conductas y motivaciones psiquiátricas, sexuales o delictivas. Así, los tatuajes han tenido un papel importante en definir las identidades individuales, grupales y culturales. Además, sus características físicas, como el diseño general, la ubicación y el número, pueden indicar el rango y jerarquía dentro de un grupo determinado (por ejemplo: criminal), entre otras cuestiones.

Este simbolismo también se encuentra en el sistema penal, en las cárceles, indicando diversas características sobre el interno en cuestión. Los tatuajes pueden indicar los antecedentes penales, el tiempo en prisión o el estatus social dentro y fuera de prisión. En este sentido, las fuerzas del orden pueden usar ocasionalmente los tatuajes para identificar a criminales o miembros de bandas. Sin embargo, no solo los delincuentes pueden ser identificados así.

No es raro que los tatuajes ornamentales sirvan para identificar preliminarmente cuerpos que, de otro modo, no serían identificables. De hecho, algunos soldados llegan a tatuarse su nombre, grupo sanguíneo u otros datos que permitan identificarlos si fallecieran. A medida que los tatuajes se vuelven más frecuentes, se utilizan cada vez más en investigaciones y enjuiciamientos. Los avances digitales, software biométrico y redes sociales han permitido aún más el almacenamiento, difusión y recuperación de información. Esto permite mejorar las investigaciones que tienen tatuajes como rastros críticos.

Entonces, ¿en qué consiste tatuar? ¿Qué componentes puede tener la tinta?

El tatuaje es el proceso de perforar la piel e introducir pigmentos en el tejido, mediante una aguja. La tinta se compone de líquido y pigmento, sirviendo el primero para transferir el pigmento a la piel. Los pigmentos utilizados en los tatuajes a lo largo de la historia se pueden clasificar en tres categorías principales. Estas son: negros a base de carbón; de color naturales (minerales, vegetales y animales); y de colores sintéticos (orgánicos / inorgánicos). Actualmente, es probable que las tintas comerciales modernas para tatuajes estén compuestas por pigmentos orgánicos y/o minerales.

El tatuaje en sí es el diseño indeleble que permanece en la piel. La piel humana se puede dividir en dos capas principales: dermis y epidermis. El tatuaje se encontraría en la capa dermal. Asimismo, pueden distinguirse dos tipos de tatuajes ornamentales.

Los aficionados, cuando estos se realizan por gente no profesional y, habitualmente, en lugares clandestinos usando tinta “casera”. Por ejemplo, la tinta hecha a partir de pinturas o tinta de escribir. A menudo son carentes de detalles artísticos y, en general, monocromáticos. También suelen tener una distribución desigual del color y variar en la profundidad dentro de las capas de piel.

En contraposición, los tatuajes profesionales se realizan usando productos comerciales; es decir, las máquinas y tinta apropiadas de alta calidad. Los diseños pueden ser prediseñados o personalizados, e incluso pueden dibujarse a mano alzada directamente sobre la piel, sin plantilla. Finalmente, también encontramos los tatuajes médicos, cosméticos y traumáticos/accidentales.

Así las cosas, los estudios científicos de tatuajes en la medicina legal, la ciencia policial y la investigación criminal se han centrado en responder preguntas de identidad, tanto para vivos como para fallecidos. Esto incluye a impostores, criminales y víctimas de delitos. En este sentido, la antropometría fue una de las primeras metodologías que hicieron uso del tatuaje, entre otras características físicas, para la identificación de personas.

Por tanto, la caracterización sistemática de los tatuajes debe basarse en características físicas generales y detalladas. Esto abarca el diseño, color, tamaño y ubicación en el cuerpo, así como las ubicaciones relativas a otros tatuajes. Pero, como ya hemos establecido, las identificaciones basadas en tatuajes no se limitan al difunto. También pueden ser útiles en casos de identidad errónea y fraude; personas desaparecidas o secuestradas; búsqueda de delincuentes; o investigación de muertes no criminales, como desastres naturales.

Sin embargo, se necesitan más investigaciones sobre la cognición visual, la interpretación e informes del observador y los efectos de estos en las investigaciones e identificaciones. Específicamente, sobre cómo los investigadores interpretan los diseños de tatuajes y divulgan tal información al público. Cómo los medios de comunicación la interpretan y difunden también es importante. Esto se debe a que en este proceso pueden producirse sesgos por parte del público que recibe la información.

La interpretación de tatuajes también se ha utilizado en contextos forenses, cuando tienen relación con los datos/hechos de un crimen. Por ello, es útil que los investigadores estén familiarizados con el equipo para tatuar y posibles lesiones que pueden causarse con él. El tatuaje y el equipo se pueden utilizar para cometer delitos adicionales. Como tal, pueden ser útiles para establecer pruebas del acto.

Más recientemente, se han estudiado las tintas para tatuajes en un esfuerzo por comprender su composición química. Desde una perspectiva forense, en las regiones donde un tatuaje está borrado o sin terminar, determinar las composiciones de los pigmentos y ubicaciones relativas dentro de la piel puede ayudar a reconstruir el tatuaje.

Dicha información en restos humanos no identificados puede proporcionar pistas de investigación que faciliten la identificación. Así pues, los pigmentos aislados en el tejido y su ubicación puede proporcionar más información. Esta es referente a la edad del tatuaje e intentos de eliminación o encubrimiento, lo cual puede respaldar la identificación.

Por ello, las tintas para tatuajes deberían desempeñar un papel cada vez más importante en las ciencias forenses. Concretamente, identificando la composición química in situ y dentro del tejido humano. Asimismo, debería profundizarse en la interpretación de tatuajes, efectos del sesgo cognitivo e impacto de estos factores en las investigaciones.

En conclusión, los tatuajes y las tintas para tatuajes tienen una utilidad importante en las investigaciones forenses. Esta se refleja en su su potencial de identificación y para ser utilizados como evidencia relevante y confiable.

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Tomografía de coherencia óptica: utilidad forense. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Optical coherence tomography in forensic sciences: a review of the literature” de Nioi, M.; Napoli, P. E.; Mayerson, S. M.; Fossarello, M. y d’Aloja, E. (2019), en el que se estudia la utilidad de la tomografía de coherencia óptica para las ciencias forenses.

La tomografía de coherencia óptica (TCO) es una técnica de obtención de imágenes interferométricas (utilizando ondas de luz para obtenerlas). Fue introducida en los 90 y, actualmente, se utiliza de forma rutinaria en algunas especialidades clínicas como la oftalmología.

Esta técnica se caracteriza por la capacidad de un interferómetro para medir la luz reflejada de una muestra de interés para compararla con una luz de referencia, para medir su superposición o interferencia. Las distancias fijas recorridas por los rayos en los dos brazos del interferómetro se denominan trayectorias ópticas. Ambos rayos reflejados en cada superficie se combinan, generando una inferencia.

En consecuencia, cuando la luz reflejada sale del interferómetro, habrá una señal que consiste en la suma de ambas luces. Así, se obtiene un patrón de interferencia. Este se puede analizar cuando la luz de ambos brazos ha recorrido una distancia óptica “similar“. La intensidad de la emisión de luz dada por la suma de los dos haces reflejados se puede recoger y medir con un fotodetector (espectrómetro).

Entonces, ¿cuál es la utilidad de la TCO en las ciencias forenses e investigaciones criminales?

En general, las imágenes obtenidas de esta técnica ofrecen varias ventajas en comparación con la histología clásica o la autopsia. Por ejemplo, permiten un análisis tridimensional no invasivo y sin contacto con el tejido que se estudia en tiempo real. Así las cosas, la TCO tiene potencial de aplicación en el ámbito forense. Concretamente, los autores identificaron varias aplicaciones, si bien se requiere de más investigación.

Estas son: evaluación del corazón y vascularización en el período post-mortem; oftalmología y medicina forense clínica; entomología forense… Otras áreas de aplicación forense serían el estudio de manchas de sangre, huellas dactilares y bulbos capilares para identificación personal. También el estudio de materiales encontrados en la escena del crimen para su comparación o investigación antifraude.

Así pues, con el fin de ahondar en este potencial, los autores revisaron 57 artículos sobre la temática. Los hallazgos fueron los siguientes.

Por un lado, la tomografía como técnica alternativa en estudios cadavéricos tiene lugar desde 2007. Existen varias situaciones en las que una evaluación microscópica de los tejidos es obligatoria para obtener un diagnóstico médico-legal. Uno de estos casos es en muertes por patología coronaria. En este ámbito, los resultados sugieren un gran potencial de la tomografía de coherencia óptica en estudios de enfermedad de la arteria coronaria y muerte cardíaca súbita. Esto incluye los casos forenses, como una herramienta de diagnóstico suplementaria.

Por otro lado, en la oftalmología es donde más extendido está el uso de esta tomografía, como decíamos. Esto incluye a su vez casos forenses. Por ejemplo, el diagnóstico oftalmológico es relevante al analizar la retina de un niño para ver si es zarandeado / maltratado. Recientemente, algunos autores estudiaron la viabilidad de la tomografía de coherencia óptica en la detección de hallazgos oculares post mortem. En este sentido, un estudio preliminar en humanos permitió la detección de nuevos signos para estimar el intervalo post mortem. Estos nuevos signos no pueden identificarse usando métodos tradicionales.

Con respecto a la entomología, la técnica se aplicaría al análisis de artrópodos para estimar los intervalos post mortem. Además, con ella se puede lograr un estudio larvario prolongado, morfológico y no destructivo. Asimismo, permite evitar que los especímenes no sean sacrificados. Por último, existen otros ejemplos del uso de la tomografía en diversas ramas de la ciencia forense.

Así, encontramos que, para lograr la identificación personal, es posible analizar morfológicamente estructuras celulares de pelos del cuero cabelludo humano fresco sin modificar, así como el vello facial. Otra aplicación sería la búsqueda de huellas dactilares, o verificar la autenticidad de billetes monetarios o la pintura de vehículos. Otros lo aplicaron para determinar si las manchas de sangre son frescas o secas, para reconstruir la dinámica del delito.

Así pues, características como la falta de manipulación física o química de muestras, no invasividad, tridimensionalidad y resolución microscópica de las imágenes, son algunas de las ventajas más importantes de esta técnica. La información de alta resolución puede ser, además, interpretada a tiempo real. Por ello, se podría fomentar aún más su uso en diferentes campos de estudio.

En contraposición, hay dos posibles limitaciones al utilizar la tomografía de coherencia óptica. Sus mayores costes, relacionados con la adquisición, comparados con las técnicas tradicionales como la autopsia clásica sería una. La otra limitación se corresponde con la escasa familiaridad de los patólogos con las nuevas técnicas de imagen. Sin embargo, estos problemas podrían superarse con la comercialización de herramientas ad hoc y la preparación adecuada del personal forense.

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Perfilando a las víctimas de fraude de inversión. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling Victims of Investment Fraud: Mindsets and Risky Behaviors” de Deliema, M.; Shadel, D. y Pak, K. (2019), en el que se analiza el perfil de las víctimas de fraude de inversión.

La estafa a inversores es uno de los delitos de cuello —o guante— blanco más antiguos.

Los estudios que describen a las víctimas de fraude de inversión comenzaron a extenderse en la década de 1990. De manera generalizada, las encuestas determinaron que se trataba de hombres de mediana edad, o mayores, casados. También tenían mayores ingresos, educación y conocimientos financieros, pero solo en relación con la población general estadounidense. Sin embargo, más allá de estas características demográficas, deben estudiarse los factores psicológicos asociados a la victimización en estos fraudes.

El estatus social influye en los estilos de vida, los comportamientos y las rutinas diarias. A su vez, estos afectan de manera diferente a la probabilidad de interactuar con los delincuentes en entornos de riesgo. Según el modelo de oportunidad, las conductas que aumentan la exposición a delincuentes motivados en entornos sin supervisión aumentan las probabilidades de victimización.

Investigaciones anteriores han demostrado que realizar compras a proveedores desconocidos en respuesta a llamadas telefónicas, correos electrónicos, anuncios televisivos… etc., no solicitados aumenta la probabilidad de ser víctima de fraude de inversión. Otro comportamiento que puede aumentar la exposición a delincuentes motivados es participar frecuentemente en intercambios de acciones.

El fraude, a menudo, también se propaga a través de “redes de afinidad”. En estas, las personas son reclutadas para participar por alguien que conocen y con quien comparten ciertas características. Esto es típico de estafas piramidales. El estereotipo de la víctima de fraude codiciosa es también una creencia muy común.

Sin embargo, prácticamente no se ha recopilado evidencia cuantitativa para respaldar esta última clasificación. En contraposición, el materialismo se ha vinculado con falta de autocontrol. Una afirmación típica es que la inversión proporcionará beneficios garantizados con poco o ningún riesgo de pérdida. Esto se relacionaría, por tanto, con la impulsividad o falta de autocontrol vinculada al materialismo.

Así pues, los autores llevaron a cabo un estudio propio. El fin era comprobar si las víctimas de fraude de inversión conocidas se involucran en actividades de inversión más arriesgadas. En dicho caso, estas aumentan la exposición a delincuentes motivados. Otro objetivo es ver si tienen creencias que los convierten en objetivos más atractivos para los estafadores.

Se contó con 214 participantes reclutados entre 8.096 víctimas conocidas de fraude de inversión. Las víctimas habían invertido dinero en empresas que, después, se declararon en bancarrota. Asimismo, habían sido nombradas acreedoras en los documentos de quiebra.

Las estafas incluían el comercio de productos online, monedas de oro, arrendamiento posterior de cajeros automáticos, exploración de petróleo y gas y planes de inversión de seguros de vida, entre otros. Asimismo, se reclutaron a 813 inversores generales a partir de listas de teléfonos fijos elegibles de EE.UU para comparar.

Los participantes completaron una encuesta de 49 preguntas basada en entrevistas en profundidad con víctimas de fraude de inversión. También se realizaron entrevistas telefónicas asistidas por ordenador.

Los resultados fueron los siguientes. Más del 80% de las víctimas eran hombres, comparados con el 42,2% de los inversores generales. La edad media de las víctimas conocidas fue de 70,7 años y de 64,8 años para los inversores generales. Los porcentajes referentes al estado civil de los participantes eran bastante más similares. Las diferencias educativas y de sueldo no eran significativas.

Las víctimas participaron en muchas más operaciones bursátiles al año que los inversores generales. Asimismo, recibieron con una mayor frecuencia solicitudes de inversión por correo, teléfono y correo electrónico. En contraposición, las probabilidades de victimización disminuyeron un 30% por cada inversión hecha siguiendo recomendaciones de amigos, familiares, vecinos… etc. El materialismo se asoció positivamente con ser víctima de fraude. Lo mismo puede decirse de la creencia de que las inversiones no reguladas son más rentables.

Así pues, algunas variables se correlacionaron considerablemente con la victimización por fraude de inversión. No obstante, ninguna fue un predictor significativo en el modelo.

En resumen: las víctimas conocidas participaron en conductas de inversión mucho más arriesgadas que podrían aumentar su exposición a los infractores a través del intercambio frecuente de acciones y la compra online, remota, de inversiones a proveedores desconocidos.

El materialismo y las actitudes favorables hacia las inversiones no reguladas también pueden contribuir al atractivo del objetivo. Esto se debe a que aumenta la susceptibilidad a los mensajes de persuasión comunes. Sin embargo, estos factores no estuvieron tan fuertemente asociados con ser una víctima como los comportamientos de inversión.

En comparación con los inversores generales, las víctimas conocidas eran más materialistas y también más propensas a estar de acuerdo en que las inversiones no reguladas producen mayores rendimientos. Los perpetradores explotan estas orientaciones psicológicas prometiendo rendimientos increíbles.

Las personas que están especialmente motivadas por el dinero pueden ignorar la improbabilidad de estas promesas o creer que las ventajas superan las pérdidas potenciales. Estas creencias también podrían indicar un exceso de confianza y una tendencia a descontar el riesgo.

Contrariamente a lo esperado, las víctimas conocidas no expresaron más interés en nuevas oportunidades de inversión que los inversores generales. Debido a que los datos se recopilaron después de que ocurriera el fraude, las víctimas pueden haberse vuelto más escépticas.

Deberían investigarse más los efectos del exceso de confianza y su relación con las diferencias de género en el ámbito. Asimismo, las campañas de educación para inversores deben reducir el estigma de las víctimas de fraude. El objetivo es que se sientan empoderadas para informar a las autoridades y hablar sobre su experiencia.

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Pedofilia adquirida y del desarrollo, ¿cómo se diferencian? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling acquired pedophilic behavior: Retrospective analysis of 66 Italian forensic cases of pedophilia” de Camperio, A. S.; Scarpazza, C.; Covelli, V. y Battaglia, U. (2019), en el cual se distingue entre la pedofilia adquirida y del desarrollo a través de la elaboración de perfiles forenses de criminalidad.

Actualmente, se sabe que los trastornos neurológicos se asocian comúnmente con síntomas psiquiátricos. No obstante, es más difícil aceptar que una serie de trastornos neurológicos, debido a su presentación predominantemente conductual y a veces extraña, en ocasiones se diagnostican erróneamente como psiquiátricos. La pedofilia adquirida podría ser uno de ellos. El primer caso de pedofilia adquirida registrado se remonta a 1862, cuando se acusó a un hombre de 78 años sin antecedentes criminales de abuso infantil. Este hombre tenía afectadas muchas funciones cognitivas.

Sin embargo, hasta ahora, los consultores forenses que trabajan en abusos sexuales infantiles todavía carecen de maneras fiables de identificar a delincuentes cuyo comportamiento pedófilo -probablemente- sea de origen adquirido y no del desarrollo. Una identificación correcta es imprescindible para seleccionar la terapia y/o el castigo más adecuados. El comportamiento pedófilo adquirido se diferencia del trastorno pedófilo del desarrollo en muchos aspectos: etiología, aspectos neurológicos, posibles terapias, modus operandi y consecuencias legales.

La pedofilia adquirida se refiere a impulsos sexuales hacia niños que surgen más adelante en la vida. Surge como consecuencia de una condición neurológica y con una etiología clara. En consecuencia, se causa una “fractura conductual” en la conducta manifestada antes y después del desarrollo de la enfermedad cerebral. Tampoco se asocia con otros trastornos psiquiátricos ni influencias psicológicas o genéticas.

En contraposición, en la pedofilia del desarrollo el interés pedófilo es más estable a lo largo de la vida, comúnmente surgiendo en la adolescencia. Asimismo, suele combinarse con trastornos mentales como el de personalidad. La etiología, a su vez, se ubica en un origen multifactorial y complejo. Se refiere a influencias genéticas, momentos vitales estresantes, aspectos neuroquímicos, exposición a la testosterona… Además de a factores psicológicos.

Por lo tanto, mientras que la pedofilia del desarrollo se clasifica dentro de los trastornos psiquiátricos, la pedofilia adquirida tiene un claro origen neurológico.

La base neuronal de ambas también es diferente. La pedofilia del desarrollo se caracteriza por alteraciones funcionales cerebrales o estructurales sutiles, sin anomalías neuroanatómicas evidentes. Es más fácil de estudiar a nivel grupal. Contrariamente, las alteraciones evidentes estructurales del cerebro que surgen más adelante en la vida son fundamentales para diagnosticar la conducta pedófila adquirida. En este caso, se pueden identificar dichas alteraciones más fácilmente a nivel individual.

Con respecto a las posibles terapias, la pedofilia del desarrollo no ha logrado ser tratada con éxito si el pedófilo no tiene voluntad de compromiso. En contraposición, la pedofilia adquirida se puede abordar tratando la afección médica subyacente. Sin embargo, el tratamiento exitoso no siempre se da, ya que en ocasiones la pedofilia adquirida surge como síntoma de trastornos neurodegenerativos.

El modus operandi se diferencia en que los pedófilos del desarrollo buscan víctimas activamente, son planificadores y niegan más su conducta si se les pilla. Los pedófilos adquiridos, en cambio, no planean tanto sus agresiones y son menos depredadores. Finalmente, las consecuencias legales para los pedófilos del desarrollo (los depredadores sexuales) son mucho más severas, mientras que para los otros el castigo legal puede no ser la solución más efectiva.

Así las cosas, los autores del artículo revisaron 66 casos jurídicos de conducta pedófila ocurridos en Italia entre 2005 y 2015. Estos involucraban un abuso sexual contra al menos una víctima de 13 años o menor, según la definición más restrictiva de pedofilia. El objetivo era identificar perfiles conductuales mensurables que ayuden a los profesionales a distinguir entre ambos tipos de pedofilia. Los resultados fueron los siguientes.

Parece indicarse que las personas cuyas parafilias surgieron a raíz de trastornos neurológicos se comportan de forma distinta a quienes tenían pedofilia del desarrollo. Así, se pudo establecer el perfil de individuos con pedofilia adquirida con información derivada de pruebas médicas, la historia de los agresores y modus operandi.

Particularmente, se observaron 6 características específicas: ausencia de enmascaramiento, de premeditación, de antecedentes penales sexuales, confesiones espontáneas, sentimientos de culpa y ser mayor de 50 años. Las más significativas eran la ausencia de enmascaramiento, las confesiones de culpa y la edad. Finalmente, el análisis de correlación destaca que las diferentes características o señales de alerta están fuertemente correlacionadas con estas tres principales.

Asimismo, se detectaron dos grupos de individuos dentro de este perfil. Por un lado, aquellos agresores en los que se detectaron cuatro o más características; por otro lado, aquellos con tres o menos características del perfil. Los resultados parecen indicar que los casos de conducta pedófila adquirida representan una proporción pequeña, aunque representativa, de los agresores sexuales de niños.

Dos de las seis características son indicativas de la naturaleza adquirida de los intereses sexuales alterados: la edad avanzada y la ausencia de delito sexual previo. Otras dos reflejan el descontrol impulsivo: ausencia de premeditación y de tentativas para enmascarar la conducta delictiva.

Finalmente, la culpa y las confesiones espontáneas, aunque relacionadas entre sí, podrían explicarse por juicios morales limitados. También puede deberse a que, si algunos agresores son incapaces de distinguir lo moral o correcto, confiesen sus crímenes fácilmente, en los que no ven nada malo.

Es importante subrayar que la presencia de estas características no puede conducir a un diagnóstico clínico de pedofilia adquirida. Más bien, debería impulsar una rápida evaluación neurocientífica. En cualquier caso, estos hallazgos sirven para mejorar la comprensión de la pedofilia y tener una mayor efectividad del sistema de justicia, no para excusar la pedofilia.

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