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Paula Atienza

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Expressiveness and Instrumentality of Crime Scene Behavior in Spanish Homicides” de Pecino-Latorre, M. M.; Pérez-Fuentes, M. C.; Patró-Hernández, R. M. y Santos-Hermoso, J. (2019), en el que los autores estudian si el modelo instrumental/expresivo es útil para establecer tipologías de homicidios, basándose en características de los mismos.

A lo largo de los diferentes artículos compartidos en el club, ya hemos visto que la investigación de homicidios es uno de los campos más complejos a los que se enfrentan las fuerzas de seguridad.

Es por esto por lo que la perfilación criminal se vuelve tan interesante y necesaria en nuestros días, al desarrollar herramientas para formar hipótesis sobre las características potenciales del perpetrador del delito, aumentando la eficiencia de las investigaciones policiales.

Dentro de todas las herramientas que posee el campo de estudio de la perfilación criminal, los autores deciden centrarse, en este artículo, en el modelo de investigación instrumental/expresivo.

Este modelo nació en la perfilación criminal como un intento de superar los problemas y limitaciones de otros sistemas previos más sencillos. Fue diseñado con el fin de crear un sistema de clasificación para ayudar a explicar los comportamientos violentos, describiendo la dinámica entre la víctima y el agresor y diferenciando temáticamente las acciones llevadas a cabo durante el suceso homicida.

Por un lado, la agresión instrumental estaría motivada por el deseo de obtener algún tipo de beneficio, por ejemplo, económico o sexual. El objetivo del agresor no sería causar daño físico a la víctima, pero utilizaría la violencia cuando fuese necesaria para conseguir su objetivo.

Este tipo de agresiones son típicas de homicidios que se dan mientras otra actividad criminal tiene lugar, por ejemplo, un robo o una violación.

Por otro lado, la agresión expresiva, se daría cuando existe algún estímulo que el perpretrador percibe o entiende como una amenaza y ante el cual responde de forma violenta. Se relaciona con una intensa activación emocional, con enfado y hostilidad, a menudo como resultado de una escalada de violencia. La intención sería causar daño físico y no necesariamente la muerte.

Si este tipo de agresión termina en un homicidio, suele ocurrir que los individuos se conocían.

Numerosos estudios han demostrado la utilidad de este modelo instrumental/expresivo para establecer una tipología de homicidios y vincular éstas con las características potenciales del agresor.

Conociendo este modelo, los autores se preguntan si de verdad es útil para diferenciar temáticamente entre homicidios.

Para ello, realizan un estudio con una muestra que consiste en 448 homicidios cometidos en España entre 2010 y 2012. Se seleccionaron una serie de variables de cada uno de estos casos que tendrían relación con el modelo instrumental/expresivo o que serían relevantes para este (por ejemplo, características del homicidio, el modus operandi, o características de la víctima). Con un software estadístico, se procesaron todos los datos.

Los resultados obtenidos mostraron que, efectivamente, este modelo instrumental/expresivo sirve para establecer una tipología de homicidios. En concreto, para los homicidios seleccionados en el estudio, se mostraron cinco tipos diferentes.

El primer tipo serían los homicidios expresivos-impulsivos. Sería el más predominante de la muestra. Estos homicidios estarían caracterizados por falta de premeditación y planificación, y el acto violento tendría origen en un impulso emocional. El cuerpo de la víctima tendería a ser encontrado en el lugar de los hechos; es decir, no habría intenciones de ocultar o destruir evidencias del crimen. Además, las víctimas serían conocidas por el homicida, por lo que es muy posible que el suceso se propiciase por una discusión entre ambos.

Después, aparecería el tipo expresivo-distante. En estos homicidios sería clave la presencia de acciones postmortem tales como esconder el cuerpo o moverlo. Esto reflejaría un intento del perpetrador de distanciarse del suceso y disociarse del acto criminal.

El tipo expresivo-familiar serían aquellos homicidios que se dan en el seno familiar. Normalmente hablaríamos de filicidios y las perpetradoras serían en su mayoría mujeres, mientras que las víctimas serían menores de edad. Este tipo de homicidios sucederían en un intento del perpetrador para satisfacer sus necesidades emocionales. Además, normalmente, serían crímenes cometidos mediante asfixia.

Después tendríamos los homicidios del tipo instrumental-oportunista. En ellos, el acto violento se lleva a cabo por un motivo, en principio, oculto (por ejemplo, sensación de poder o control). Las víctimas tenderían a ser desconocidas para el agresor y serían percibidas por éste como objetos por los que el agresor no siente nada. Serían víctimas oportunas con un cierto grado de vulnerabilidad. Además, el agresor de estos homicidios tendría ciertos conocimientos forenses que le harían no dejar gran cantidad de evidencias físicas o biológicas en la escena del crimen.

Y por último, están los homicidios de tipo instrumental-de recompensa. En ellos las víctimas son percibidas por el agresor como medios para conseguir el objetivo, que normalmente suele estar relacionado con gratificaciones económicas o sexuales. Es posible que no haya evidencias, porque el perpetrador también suele dedicar esfuerzos a borrarlas. Estos homicidios pueden tener lugar en ocasiones durante otros actos delictivos, como robos, donde la muerte puede estar causada por impedir que el perpetrador consiga su beneficio económico.

Los resultados obtenidos, por tanto, son consistentes con otras investigaciones previas que mostraron que las características de los homicidios y el comportamiento de los agresores en la escena del crimen pueden ser diferenciados temáticamente en función de la instrumentalidad y la expresividad, ofreciendo una explicación de los comportamientos violentos y las dinámicas interpersonales entre la víctima y el agresor.

Los resultados tienen implicaciones prácticas en el marco de la perfilación criminal como herramienta en las investigaciones policiales, especialmente para establecer de forma más rigurosa la priorización de sospechosos y para reducir el tiempo y los recursos económicos invertidos en la investigación.

En el estudio existen limitaciones, como que las tipologías no terminan de estar bien definidas y pueden solaparse unas con otras. Además, los casos del estudio fueron tomados de bases de datos donde no se recogía toda la información de estos; por ejemplo, no se sabía el lugar de las heridas de la víctima, las circunstancias en las que el cuerpo fue encontrado o detalles de la escena del crimen. Por ello, los autores refieren que las investigaciones futuras deben orientarse al estudio de estas variables.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Childhood Maltreatment, Borderline Personality Features, and Coping as Predictors of Intimate Partner Violence” de Krause-Utz, A.; Mertens, L. J.; Renn, B. J; Lucke, P.; Wöhlke, A. Z.; van Schie, C. C. y Mouthaan, J. (2021) en el que los autores investigan si existe una relación entre haber sufrido maltrato infantil,  tener un trastorno límite de la personalidad y perpetrar o sufrir violencia en la pareja.

La violencia en la pareja es un fenómeno criminológico que se ha convertido en un problema mundial con el paso del tiempo.

Dentro de este concepto de violencia en la pareja, entraría no sólo la violencia de género, sino también la violencia en parejas homosexuales y también la violencia de la mujer a su compañero sentimental masculino.

Los autores eligen este tema en su artículo por un motivo principal, además de por la importancia del fenómeno.

En los últimos años se ha relacionado el hecho de haber sufrido maltrato infantil con ser, en la etapa adulta, victimario/víctima de violencia dentro de la pareja. Se sugiere que el maltrato infantil, tanto abusos como negligencias parentales, aumenta el riesgo de perpetrar y/o revivir violencia en las relaciones adultas.

Sin embargo, no se ha podido demostrar científicamente que exista una correlación directa y fuerte. Esto nos sugiere que el enlace entre ambos conceptos es más complejo de lo que parece.

Lo que sí tenemos claro es que la presencia de la violencia como norma en la vida infantil ayuda a normalizarla posteriormente en la vida adulta. Aquí entraría en juego el trastorno límite de la personalidad.

Este trastorno de personalidad tiene características como la violencia interpersonal, inestabilidad afectiva, alteraciones de la conciencia de uno mismo, impulsividad autolítica o autolesiva… y éstas, a su vez, se desarrollan fácilmente en un entorno de maltrato y abusos, y son factores a los que se recomienda prestar atención también por su capacidad de predecir violencia en la pareja.

Por todo lo anteriormente mencionado, los autores deciden estudiar si la presencia del trastorno límite de la personalidad y sus características sería el nexo entre el maltrato infantil y, posteriormente, perpetrar o sufrir violencia dentro de la pareja.

Realizaron un estudio en el que reunieron a 703 participantes, todos ellos habían sufrido o bien violencia doméstica, o maltrato infantil, o habían sido diagnosticados con trastorno límite de la personalidad.

Les pasaron una serie de cuestionarios indicados para cada uno de estos tres contextos y tardaron alrededor de 45 minutos en completarlos. Posteriormente, mediante un software de análisis estadístico, se comenzaron a analizar los datos.

De aquellos participantes que obtuvieron puntuaciones altas en el cuestionario sobre el trastorno límite de la personalidad, y, por tanto, sugirieron padecerlo, la gran mayoría eran mujeres. Además, dijeron sufrir apego ansioso, y también refirieron percibir poco apoyo hacia ellas por parte de sus amigos y familiares. Las mujeres refirieron haber sufrido traumas infantiles tales como abuso físico, emocional y sexual, en mayor medida que los hombres.

Por otro lado, un 84% de los participantes refirió haber cometido alguna vez violencia en la pareja de algún tipo (psicológica, física, coacción sexual o insultos) y un 82% afirmó haber sufrido este tipo de agresiones.

Se encontró una relación positiva entre el maltrato infantil y perpetrar y/o sufrir violencia en la pareja.

Lo mismo ocurrió con el trastorno límite de la personalidad y la violencia doméstica, y el trastorno límite y el maltrato infantil.

Es decir, un historial de maltrato infantil puede derivar en perpetrar o revivir violencia en relaciones adultas.

Además, se encuentran asociaciones significativas entre todas las formas de maltrato infantil y características del trastorno límite de la personalidad. Y este trastorno se relaciona fuertemente con la violencia en la pareja, incluso comparándolo con otros trastornos como el antisocial. Pondría en alto riesgo de perpetrar y/o sufrir esta violencia a los individuos ya que fomenta las relaciones abusivas.

Los autores comentan que estas averiguaciones podrían ayudar a alcanzar un entendimiento más a fondo de los mecanismos psicológicos subyacentes en la violencia en la pareja.

Señalan la existencia de limitaciones en el estudio. Por ejemplo, que las respuestas de los individuos son completamente subjetivas y es posible que sesgadas. Es decir, es posible que alguien afirmase haber sufrido maltrato infantil y esa no fuese la realidad. Además, se necesitaría hacer más estudios empíricos en este campo con una igualdad aproximada entre sujetos femeninos y masculinos, ya que la mayoría de las personas que participaron en este estudio fueron mujeres.

En resumen, en el estudio se sugiere que efectivamente, la asociación entre maltrato infantil y violencia en la pareja existe, y que además estaría influenciada por la presencia de características del trastorno límite de la personalidad, especialmente con la inestabilidad afectiva y las malas relaciones interpersonales.

Además de la necesidad de continuar investigando sobre esto, los autores mencionan pautas para luchar contra estos fenómenos, tales como la educación en gestión de emociones, entrenamiento en habilidades sociales o programas de control y reducción de la violencia.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Homicide Profiles Base don Crime Scene and Victim Characteristics”, de Pecino-Latorre, M. M.; Pérez-Fuentes, M. C. y Patró-Hernández, R. M. (2019), en el cual las autoras pretenden identificar las características de los homicidas a partir de las conductas realizadas y observadas en la escena del crimen, y las características de la víctima.

La perfilación criminal es un campo de estudio muy complejo que lleva interesando a numerosos expertos muchos años, debido a su eficacia a la hora de resolver crímenes.

Y tan compleja como la perfilación criminal es el área en que es más importante y espectacular su aplicación: los casos de homicidios.

Los casos de homicidios son especialmente llamativos porque es la más violenta de las conductas criminales, pero además por el gran impacto que implica no sólo para los allegados de las víctimas, sino también para la sociedad.

El homicidio es un fenómeno difícil de tratar, ya que incluye variables con características dinámicas y procesos psicológicos específicos relacionados con el homicida, la víctima, el contexto de ambos, etcétera, que son complicadas de estudiar.

Es por ello por lo que, en las investigaciones recientes se recomienda estudiar cada caso de forma independiente, examinando los aspectos específicos, sus detalles, en lugar de realizar asociaciones generales.

Un enfoque que ha cobrado importancia en los últimos años es el que cambia la idea del perfilador criminal tradicional, en la que se le veía como una figura que predecía la personalidad desconocida del criminal. Se plantea que, en adelante, el perfilador se base en elementos del crimen que le permitan crear hipótesis de características potenciales del criminal de forma más rigurosa.

Algunos autores de otros estudios previos se han centrado en analizar las diferencias en los modus operandi en función del género del criminal. Por ejemplo, encontraron que los hombres suelen matar más a mujeres y personas que conocen, mientras que las mujeres matan con más frecuencia a miembros de su familia. Con respecto al arma del delito, los hombres tenderían más a usar armas de fuego mientras que las mujeres suelen optar por la asfixia.

Otros datos interesantes de estudios que citan las autoras, es que se ha observado que, en los casos en los que el homicida conoce a su víctima, suele haber un mayor número de heridas, los crímenes se cometen en espacios cerrados y utilizando objetos punzantes o cortantes.

Es decir, hay numerosos estudios donde se ha visto que es útil estudiar los detalles y elementos del homicidio para inferir características del criminal. Por ello, las autoras de este artículo se plantearon determinar qué datos del delito, del comportamiento observado en la escena del crimen y en las víctimas, están asociadas con las características del homicida simple en España, que es el lugar en el que se realizó el estudio.

El estudio incluyó un total de 448 casos de homicidio que se estudiaron utilizando softwares estadísticos. El 90,8% de estos crímenes fueron perpetrados por hombres; un 9,2%, por mujeres.

Los resultados obtenidos son consistentes con la idea de que, a partir de los elementos del homicidio, tales como la escena del crimen, el modus operandi o rasgos de la víctima, se pueden plantear hipótesis sobre características potenciales del perpetrador, de forma que se pueden filtrar sospechosos de forma más rigurosa.

Algunos de los datos conseguidos con el estudio fueron, en primer lugar, que, si la víctima es una persona menor de edad, es más probable que el autor del delito sea una mujer, y más aún si se utilizó la asfixia para cometer el homicidio. Además, las mujeres estarían más relacionadas con crímenes intrafamiliares, en concreto, las víctimas más comunes serían sus hijos.

Por otro lado, los hombres tenderían más a utilizar armas de fuego y la fuerza bruta contra sus víctimas.

Vemos cómo los resultados coinciden hasta ahora con los estudios previos realizados.

El estudio informa de otros aspectos, como que es más probable que el agresor sea español si la víctima también lo es –recordemos que la investigación se realizó en España–, y será más probable que sea extranjero si también es el caso de la víctima.

En lo relativo al historial delictivo previo, se obtienen datos importantes como que, si existen antecedentes de delitos contra las personas, los perpetradores optarán por tener especial cuidado a la hora de tomar precauciones para no ser descubiertos. Además, aquellas personas que previamente han cometido delitos, es más probable que si perpetran un homicidio sea al aire libre. Por último, las personas con historiales de agresiones sexuales tienden a elegir a víctimas que oscilen entre los 19 y los 35 años.

Las autoras señalan que el estudio cuenta con algunas limitaciones, por ejemplo, que las conclusiones obtenidas no pueden generalizarse a todos los homicidios, debido a que la muestra para la investigación está compuesta por únicamente casos de homicidios simples donde los perpetradores son mayores de 18 años. Otra limitación sería que la base de datos de donde se obtuvieron los casos, no incluía detalles sobre la escena del crimen, lugar de las heridas, o circunstancias específicas en las que se encontró el cuerpo, por lo que señalan la importancia de que los estudios venideros tengan en cuenta estos puntos.

Este estudio demuestra que prestar atención a la victimología es esencial en las investigaciones criminales, ya que las características de la víctima, el modus operandi, la escena del crimen, etcétera, ofrecen información muy poderosa de los perpetradores.

Las autoras concluyen con la idea de que los resultados están basados en evidencias empíricas y las investigaciones futuras deben ir en esta línea, subsanando las limitaciones del presente estudio.

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Intimate Partner Aggression Committed by Prison Inmates with Psychopathic Profile” de Gómez, J.; Ortega-Ruiz, R.; Clemente, M. y Casas, J. A. (2021), que investiga si existe una relación entre tener rasgos psicopáticos en la personalidad y cometer agresiones en la pareja.

Un tema recurrente para criminólogos y psicólogos criminales es estudiar si existe relación entre ciertos delitos y determinados rasgos de personalidad o enfermedades mentales.

¿Realmente tener una u otra condición mental nos hace más proclives a delinquir?

Aún hoy en día existe un importante estigma que vincula trastornos mentales con comisión de delitos y, si bien se ha demostrado que no tiene por qué ser así, existen rasgos de la personalidad que sí pueden vincularse a la delincuencia o a una inclinación a ella.

Los autores de este artículo se centran, en concreto, en los rasgos psicopáticos de la personalidad y su posible relación con las agresiones en la pareja. Y se enfocan en los hombres, ya que en las relaciones heterosexuales suelen ser los perpetradores de estas agresiones hacia sus parejas femeninas.

Pero ¿existen antecedentes empíricos que justifiquen el interés por esta investigación?

En estudios anteriores de otros autores, se llegó a conclusiones como que había una serie de variables que se relacionaban con agresiones a la pareja femenina por parte del hombre, como el consumo de drogas, antecedentes de otras agresiones, conductas antisociales o psicopatía.

Distintos artículos de literatura relacionada explican que se ha observado que la psicopatía suele detectarse mayoritariamente en varones, que suelen ser los agresores de este tipo de violencia. También existen mujeres con psicopatía que la ejercen, si bien en menor medida y presentando diferencias. Por ejemplo, las mujeres con psicopatía tienden a ser verbalmente agresivas, mientras que los hombres con psicopatía, además de verbalmente agresivos, también lo serían físicamente.

Además, según otras investigaciones citadas en el artículo, un alto nivel de psicopatía o rasgos psicopáticos se relaciona con cometer agresiones (de cualquier tipo). Y, por otro lado, son los hombres aquellos que suelen puntuar más alto en las pruebas para detectar rasgos psicopáticos o la conocida como “personalidad oscura” (estrechamente relacionada con la psicopatía).

Un dato interesante, es que se ha encontrado relación entre la personalidad oscura y el cyberbullying (por ejemplo, enviar fotos sexuales explícitas sin consentimiento, violencia sexual facilitada por la tecnología, etcétera). Y si tenemos en cuenta que existe un nexo entre la personalidad oscura y la psicopatía, este punto deberíamos tenerlo en cuenta.

Por tanto, parece una cuestión coherente preguntarse si existe algún vínculo entre los hombres con rasgos psicopáticos y la comisión de delitos de agresión a sus parejas.

Los investigadores del artículo de esta semana realizaron un estudio con internos de una prisión de Córdoba, España. Fueron un total de 92 hombres, todos cumpliendo condena por delitos de violencia contra sus parejas (algunos además por otros motivos), incluyendo a internos por homicidio.

Se les realizó una entrevista semiestructurada, el Test de Psicopatía de Hare en su versión española. En ella, los expertos puntuaron del 0 al 2 una serie de 30 criterios donde, al obtenerse resultados de entre 20 y 30 puntos en adelante, se empezaba a considerar la existencia de psicopatía.

Los resultados apuntan en la misma dirección que los de las principales investigaciones relacionadas, que consideran que existe un nexo entre la psicopatía y las agresiones cometidas dentro de la pareja.

Los autores observaron que destacaban seis factores presentes en los participantes, según las entrevistas: antecedentes penales, impulsividad, necesidad de destacar (los autores comentan que podríamos referirnos a este factor como narcisismo), ausencia de empatía, manipulación para con los demás y relaciones de pareja inestables.

Los dos primeros factores (antecedentes penales e impulsividad) se consideran altos predictores de la psicopatía según el Test de Psicopatía de Hare.

Además, es importante mencionar que los seis factores principalmente observados en el estudio también suelen estar presentes en la “personalidad oscura”, en concreto: la ausencia de empatía, la manipulación para con los demás y la necesidad de destacar/narcisismo.

Es decir, en principio existirían una serie de factores de la personalidad psicopática que sí estarían relacionados, según el estudio, con las agresiones de los hombres a sus parejas femeninas.

Los autores señalan que existen algunas limitaciones en el estudio, como que sólo participaron hombres ya procesados por este tipo de delitos sin una muestra de control. Sin embargo, el hecho de que los hombres del estudio estuviesen cumpliendo condena por violencia contra sus parejas, lo consideran un gran valor positivo, ya que a veces llegar a estos sujetos puede ser complicado.

Además, dejan una serie de frentes de exploración abiertos. Por ejemplo, comentan que las próximas investigaciones relacionadas podrían enfocarse en el porqué de estas agresiones, y sugieren ahondar en el concepto de la venganza, que podría arrojar información de gran interés.

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