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Categoría: Criminologia forense (página 1 de 4)

Nanotecnología forense: identificación de huellas dactilares latentes. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Role of nanomaterials for forensic investigations and latent fingerprinting – a review” de Prasad V., Lukose S., Agarwal P. y Prasad L. (2020), en el cual se revisa el importante papel que actualmente tiene la nanotecnología en la detección de huellas dactilares latentes.

La nanotecnología es el campo científico que estudia materiales a escala nanométrica. Esta área también puede ser definida como la síntesis de materia a nivel atómico, con tamaño entre 1 y 100 nanómetros (nm).

La utilidad de la nanociencia y la nanotecnología se conoce desde el siglo IV. El oro fue utilizado por primera vez como nanopartícula por los romanos en las copas de Licurgo, aplicándose como agente de recubrimiento. Actualmente, la nanotecnología se puede aplicar ampliamente en diferentes campos como electrónica, desarrollo y análisis de drogas y construcción.

Adicionalmente a su vital importancia en muchos otros campos, también tiene un impacto significativo en las ciencias forenses. En este caso hablamos de nano-forensics, la última innovación en este campo. La evolución de los nano-sensores y nano-dispositivos permite identificar evidencias anónimas. Los instrumentos utilizados previamente en otros campos para estudiar nanomateriales también consiguen dar respuestas en las ciencias forenses. Uno de ellos es el microscopio de fuerza atómica (AFM).

La aplicación de nanotecnología en las ciencias forenses ya cubre varias áreas. En documentoscopia, con la ayuda del AFM, se ha conseguido analizar el cruce de tintas analizando ciertas superficies de documentos. En el análisis de manchas secas de sangre se ha conseguido determinar la edad de estas. Se utilizó el AFM también en este caso, analizando la elasticidad de los eritrocitos.

La Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR) es un método utilizado para producir varias copias de un fragmento de ADN. Estudios recientes han mostrado que las nanopartículas de oro tienen la habilidad de incrementar la eficiencia de la PCR. Cuando se añaden de 0,7 a 13 nm de partículas de oro, el tiempo de la PCR se reduce.

En el análisis de huellas dactilares se ha observado que el uso de nanopartículas tienen un gran potencial para mejorar este proceso. Se trabaja en el desarrollo de nuevas técnicas conocidas como nano-huellas (dactilares). Cualquier avance en este campo será muy valioso dado que las huellas son evidencias de una identidad humana. Por tanto, en investigaciones de escenarios de crimen serían de mucha utilidad, especialmente para detectar las huellas dactilares latentes.

Las huellas dactilares latentes son aquellas invisibles al ojo humano. Se trasfieren a las superficies a través de secreciones corporales y contaminantes encontrados en los dedos. Son las más difíciles de identificar a diferencia de las huellas patentes y las plásticas. Las patentes se observan a simple vista. Se plasman en las superficies a través de sustancias como sangre, pintura o grasa. Las huellas plásticas son aquellas generadas por la presión de los dedos en objetos blandos, como jabón, cera o pegamento.

Las huellas dactilares contienen secreciones corporales y agentes contaminantes del medio en el que se encuentran. Las secreciones provienen de 3 tipos de glándulas: ecrinas, apocrinas y sebáceas. La elección de la técnica para detectar huellas latentes depende tanto del contenido de la huella, así como de la naturaleza de la superficie. Por eso, existen varios métodos con diferentes nanopartículas que vamos a describir a continuación.

Nanopartículas de plata. La plata metálica tiene afinidad con componentes orgánicos que residen en las huellas. Este tipo de nanopartículas se han utilizado como reactivo desde 1970 para visualizar huellas latentes en superficies porosas de papel. El método utilizado tiene la habilidad de mostrar huellas en superficies expuestas a luz solar intensa durante varias horas. La desventaja es alto coste en tiempo y dinero, poca estabilidad y un procesamiento destructivo que contamina los documentos.

Nanopartículas de oro. Juegan un papel importante en la visualización de huellas latentes por su naturaleza inerte, alta selectividad y sensibilidad. También tienen atributos que permiten almacenar las huellas por un largo periodo de tiempo. El método utilizado es el de deposición multimetal (MMD).

Confieren mayor intensidad y claridad en las huellas encontradas comparado con métodos que utilizan nanopartículas de plata. Su desventaja es su no utilidad en huellas encontradas en paredes y suelos. Básicamente, no sirve para ningún objeto/superficie demasiado grande como para sumergirlo en una bañera de laboratorio.

Nanopartículas de óxido de zinc. Tienen propiedades que permiten la transición de huellas latentes a patentes a temperatura ambiente. También presenta una propiedad adhesiva que facilita la interacción con residuos lipídicos y proteínicos de las huellas a temperatura ambiente. Permiten determinar la antigüedad de las huellas en superficies no porosas. En cambio, no son muy efectivas para las huellas encontradas en superficies porosas.

Nanopartículas de sílice. Su uso es un método novedoso que mejora la detección de huellas latentes por su facilidad de síntesis. También tienen la habilidad de recubrir tintes, lo que previenen la foto-descomposición. Sirve para huellas plasmadas en superficies no porosas. Se ha observado un mecanismo electrostático entre estas nanopartículas y residuos de huellas similar al que se da en MMD.

Nanopartículas de óxido de aluminio. Con este tipo de partículas se desarrollaron nano-polvos no tóxicos y eco-friendly. Esos nano-polvos se sintetizas con: nano-partículas de óxido de aluminio, recubiertas de eosina amarilla y un extracto hidrofóbico vegetal. El extracto repele moléculas de agua y permite que los polvos se adhieran a los componentes oleicos de huellas latentes.  Estas nanopartículas permiten visualizar huellas en superficies porosas y no porosas. Además, sirven para identificar huellas muy difuminadas o descoloridas.

Hay muchos más métodos y nano-partículas que se han desarrollado, pero muchos de ellos son bastante más complejos para resumir. Incluso existen métodos de imagen con espectroscopio que permiten detectar metabolitos de cocaína en huellas latentes. De todas las nanopartículas, las de oro parecen tener una capacidad más amplia. Por sí solas o junto a diferentes reactivos permiten la identificación de huellas latentes en diferentes situaciones. Ya sabía Hodgins, el rey del laboratorio de la serie Bones, que el oro le permitirá resolver el caso.

Como conclusión, la nanotecnología parece de gran utilidad en las ciencias forenses. Gracias a todos los avances científicos, la identificación de huellas, así como otros procesos del contexto forense, será cada vez más preciso y, probablemente, más fácil y rápido.

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Criminal profiling de los asesinos de trabajadores/as sexuales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Sex worker homicide series:profiling the crime scene” de Sorochinski M. y Salfati C. G. (2019), en el cual se exponen aspectos relativos al profiling de criminales con víctimas trabajadoras del sexo.

Contrario a las creencias populares, los criminales con víctimas trabajadoras del sexo exhiben una variabilidad sustancial en la selección de sus víctimas y en sus patrones comportamentales. Por esa razón, hay grandes dificultades para investigar este tipo de crímenes.

La perfilación criminal implica múltiples variables. Una parte del análisis se enfoca en la escena del crimen. Dicha escena ofrece información sobre cómo se comete el crimen, patrones y subtipos comportamentales que se relacionan con diferentes subtipos de escenarios y características criminales.

Hay tres áreas principales que el profiling atiende. Primero, las diferencias individuales de comportamiento criminal, con el fin de establecer subgrupos de criminales y tipos de escenarios. Segundo, la consistencia conductual, clave en el profiling. Sirve para entender el desarrollo de la carrera criminal de un individuo. Asimismo, trata de la consistencia entre varios crímenes cometidos por una misma persona. Tercero, las inferencias sobre características del criminal, que son el núcleo del profiling. El análisis de la consistencia, en este caso, es el enfoque principal.

Las autoras de este estudio recogen datos de diferentes investigaciones y bases de datos. La información que exponemos a continuación se corresponde al análisis de 83 criminales (series de crímenes). El total de las victimas asciende a 519 de 6 países diferentes.

De las 83 series, las victimas de 44 fueron solo trabajadores/as del sexo, la mayoría mujeres, pero también hombres (21 víctimas) y transgénero (2 víctimas). Las 39 series restantes implican también víctimas de otras profesiones. Entre las víctimas se encuentra una mayoría de personas de raza blanca (61%). Todos los criminales de estos casos son hombres, la mayoría blancos (61%). La edad media al cometer el primer crimen es de 32 años.

Algunos factores del escenario del crimen ayudan a determinar diferencias y similitudes entre las escenas del crimen identificadas. Se incluyen aquí acciones que preceden al crimen, como el tipo de víctima seleccionado y la localización. Otras son las acciones durante el crimen, como la actividad sexual y las heridas. También son importante las acciones post crimen, como la transportación del cuerpo de la víctima y su colocación.

La revisión de las autoras muestra que los factores más importantes en el análisis del crimen de personas que trabajan en el área sexual son también aquellos que mayores dificultades presentan para el análisis.

La localización del cuerpo de la víctima es uno de los elementos diferenciadores claves entre los criminales que solo matan victimas trabajadoras del sexo y los que matan también a otros tipos de víctimas. Este aspecto también es útil de manera inversa. La localización del cuerpo determina si se trata de la víctima de un criminal de trabajadores/as sexuales o mixto.

Se ha observado que el cuerpo de las víctimas trabajadoras del sexo se encuentra más a menudo en interiores. Asimismo, las víctimas de un criminal mixto se encuentran más a menudo en exteriores. Los criminales mixtos suelen llevar a cabo más agresiones sexuales que los que asesinan trabajadores/as del sexo. Suelen poner mayor esfuerzo en la conducta de colocación del cuerpo de la víctima. Matan más por estrangulación y con premeditación para tal estrategia.

Los criminales mixtos tratan de manera diferente a las víctimas trabajadoras del sexo y a las que trabajan en otros campos. Estas diferencias también están ligadas a la variable interior vs exterior, pero de manera inversa. Al primer tipo de víctimas las suelen atacar en exteriores y al segundo mayoritariamente en interiores.

Estos datos pueden ser de gran ayuda para las investigaciones. La razón clave es que la decisión sobre el sitio de ataque y sobre dónde dejar el cuerpo de la víctima implican planificación. Los comportamientos que requieren planificación suelen ser los de mayor consistencia.

Como antes hemos mencionado, los criminales mixtos matan más por estrangulación. No obstante, la diferenciación entre víctimas trabajadoras sexuales versus de otros campos muestra cierto cambio en los datos. Las víctimas trabajadoras del sexo tienen mayor probabilidad de ser asesinadas por estrangulación. Las víctimas no trabajadoras del sexo tienen mayor probabilidad de ser atacadas en interiores y de ser dejadas con vida.

A pesar de tales aspectos diferenciales, no se puede hablar de un valor predictivo suficiente. Estos indicadores son insuficientes para determinar con confianza si la víctima pertenece a una serie mixta o de trabajadores/as sexuales.

Los criminales que se incluyen en la serie mixta asesinaron casi dos veces más víctimas que los otros. Este dato es muy importante. Indica que los criminales mixtos son más difíciles de capturar y, por eso, tienen más tiempo en libertad para asesinar. Por tanto, matan más víctimas a lo largo del tiempo.

La razón más probable es la gran heterogeneidad de comportamientos que presentan y, por tanto, mayores dificultades para capturarlos. De hecho, las autoras han observado una importante inconsistencia conductual registrada en los criminales mixtos.

Por ello, puede que sea importante no solo investigar los patrones comportamentales del criminal mixto, sino también las progresiones en los patrones de victimización. Por ejemplo, en qué punto de la serie de crímenes de un sujeto cambia de un tipo de víctima a otra.

Como en todos los análisis basados en el profiling, hay ciertas dificultades y, en el caso de las víctimas trabajadoras sexuales, aún más. No por ello se debe considerar que el profiling no sea suficientemente útil. Como ocurre muy a menudo, hace falta más investigación específica en cada tipo de crimen.

 

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Trastorno de Estrés Post-Traumático en investigadores del escenario del crimen. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “PTSD symptoms experienced and coping tactics used by crime scene investigators in the United States” de Rosanskt J. A., Cook J., Rosenberg H. y Sprague J. E. (2019), en el cual se analiza la presencia de síntomas de estrés post-traumático y las estrategias de afrontamiento más utilizadas por investigadores del escenario del crimen.

A veces nos olvidamos de que cualquier profesional es también una persona. Esperamos que un médico no tenga problemas de salud o que se cuide mucho más que otras personas. Nos parece raro que un psicólogo tenga problemas de salud mental. Nos sorprende que un profesor de historia no recuerde una fecha importante de esta. O que un matemático haga que errores de cálculo sencillos, como una multiplicación.

Hablamos de personas preparadas para afrontar aquello que su labor requiere. Pero eso solo implica una menor probabilidad de tener ciertos problemas o errores. Formarse y adquirir experiencias profesionales no implica haber aprendido por completo como afrontar todos los riesgos de la profesión. Para corregir percepciones tan erróneas hace falta normalizar que, por más preparación que haya, nadie está libre de riesgos.

Todas las profesiones tienen asociados posibles problemas. Por ello, investigar la prevalencia de tales problemas puede ser clave para mejorar la calidad de vida personal, social y profesional de muchas personas.

Así es el caso de este estudio. Se analiza la prevalencia de síntomas relacionados con el trastorno de estrés postraumático (TEPT) en investigadores del escenario del crimen (CSIs). También se analizan las estrategias de afrontamiento, el apoyo social percibido y la resiliencia de estos.

La exposición a eventos traumáticos, tales como desastres naturales, cadáveres o violencia, puede dar lugar al desarrollo de TEPT. El TEPT es un problema de salud mental que conlleva recuerdos y sueños angustiantes y/o experiencias disociativas (desrealización y/o flashbacks). A nivel comportamental suele darse la evitación de todos aquello que recuerda el evento traumático. Son típicas la alta activación fisiológica y psicológica y las emociones como vergüenza, culpa, ira y tristeza.

El inicio, la duración, la gravedad y los síntomas específicos del TEPT varían entre los individuos. Estas variaciones pueden deberse a múltiples factores. Algunos factores pre-trauma son las diferencias interindividuales en personalidad y las estrategias de afrontamiento adquiridas. Factores post-trauma claves son la disponibilidad de apoyo social y el uso de las estrategias adecuadas de afrontamiento.

Muchas personas sufren de un número insuficiente de síntomas como para considerar clínicamente la presencia de TEPT. No obstante, el sufrimiento está presente. Ante estímulos relacionados con el evento traumático aparece el estrés, sea a nivel psicológico, social, familiar o laboral.

Las profesiones más estresantes probablemente sean aquellas que tratan de cuestiones de vida o muerte. Oficiales de policía, bomberos, técnicos de emergencias son profesionales que se enfrentan a eventos potencialmente traumáticos contantemente.

No obstante, hay otros profesionales, como los CSIs, más enfocados en el análisis del contexto en el que ocurren estos eventos. Están expuestos repetidamente a escenarios en los que hubo violencia, muerte, daños y también a sus secuelas. Su trabajo puede implicar examinar, oler, tocar y recolectar cuerpos descompuestos o fluidos corporales. No sería extraño que algunas de estas experiencias se conviertan en traumáticas. El desarrollo de síntomas de estrés post-traumático ocurre independientemente del nivel de entrenamiento profesional.

En el estudio se analizan distintas variables relacionadas con el TEPT y la profesión de CSI ya observadas en estudios previos. Participan 225 CSIs de varias regiones de EE. UU. Los instrumentos de evaluación son diferentes cuestionarios pertinentes (síntomas TEPT, resiliencia, etc.) en formato online.

Más de la mitad de los CSIs han informado haber experimentado 7 de 20 síntomas asociados al TEPT (DSM V). Los más frecuentes fueron las creencias negativas sobre uno mismo, los otros y el mundo (48%) y la hipervigilancia (44%).

Un cuarto de la muestra ha tenido problemas de sueño y comportamientos evitativos de recuerdos, pensamientos y emociones relacionados con escenarios del crimen. También tuvieron sensaciones de desrealización y dificultades de concentración. De toda la muestra analizada, un 9,3 % encajaría en un diagnóstico de TEPT.

Todos los síntomas han sido experimentados por al menos 10 sujetos. Cabe destacar que los síntomas registrados como más frecuentes no son específicos solo del TEPT. Síntomas como el insomnio o la hipervigilancia están asociados a muchos otros problemas cotidianos.

En cuanto a estrategias de afrontamiento, la mayoría de los participantes utilizaron a menudo 4 de 14 estrategias expuestas. Cumplir con las tareas que deben cumplir, sin procrastinar o evitarlo, es una estrategia llevada a cabo por 94% de los sujetos. Un 80% han utilizado un método de aprendizaje. Extraen enseñanzas de la experiencia y, así, uno se enfoca en la utilidad de haber vivido una situación.

Aprender a vivir con la experiencia traumática es una estrategia que aparece en el 79% de los casos. Y, similarmente, un 73% aplica la aceptación de un hecho y que este no puede cambiarse. Algunos sujetos bromean sobre el evento traumático. Otros hacen deporte o se enfocan en sus hobbies para vaciar la mente. Otros, y menos de lo que se debería, hablan con alguien sobre el tema. En cualquier caso, es importante que las estrategias de afrontamiento sean activas y que funcionen.

Menos de la mitad de la muestra (38%) informó haber consumido alcohol como estrategia de afrontamiento. Es un sondemasiado alto y relevante, teniendo en cuenta el daño y la evitación que supone. En la misma línea, se observó que a más síntomas de TEPT experimentados, mayor frecuencia de consumo de alcohol como estrategia de afrontamiento.

Los sujetos con más síntomas de TEPT consideran más frecuentemente no poder afrontar lo vivido.  A mayor número de síntomas de TEPT, menor apoyo social. Tambien se destaca la baja resiliencia y el cobijarse en creencias religiosas como asociados al número de síntomas de TEPT.

En estudios similares de diferentes países se han observado resultados similares. Los CSIs sufren de síntomas de estrés contigentes a sus tareas de investigación del escenario del crimen. Aunque falte mucha investigación, estos datos deberían tenerse en cuenta.

Los profesionales deben construir redes de apoyo social, ya que este impacta en el bienestar y en la reducción de estrés. La resiliencia, también clave,  podría ser objeto de formación para estos profesionales. Asímismo, promover la participación en tratamientos para problemas de salud mental debería ser imprescindible.

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Sesgos en la evaluación psicológica forense. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Forensic clinicians’ understanding of bias” de MacLean N., Neal T. M. S., Morgan R. D. y Murrie D. C. (2019), en el cual se analiza una cuestión de gran importancia a nivel profesional: entender y atender los sesgos cognitivos. Este artículo se enfoca en los sesgos que se pueden dar en el área de la psicología forense.

Los sesgos cognitivos y los errores de razonamiento pueden ser problemáticos para cualquier profesión. No obstante, en las evaluaciones psicológicas forenses, los errores de evaluación pueden quebrantar la justicia. Las opiniones profesionales tienen mucho peso en las decisiones judiciales. Los sesgos, de no ser tenidos en cuenta, pueden tener alto impacto en las vidas de los acusados. Por ejemplo, si van a ser ingresados en un centro psiquiátrico o penitenciario, el tiempo que van a estar encerrados, etc.

Aunque los sesgos no lleven necesariamente a conclusiones incorrectas, apoyarse en factores relevantes y no en información sesgada aumenta la probabilidad de alcanzar una conclusión objetiva. Sobre qué son los sesgos y otros aspectos relacionados hemos hablado en otros artículos de recomendable lectura.

Como humanos, los expertos forenses también son susceptibles a los sesgos. No obstante, saber que existen y qué son los sesgos podría promover que estos apliquen prácticas para minimizar sus efectos.

Como evidencias, se ha observado que tanto los expertos forenses como otros profesionales tienden a reconocer una alta presencia de sesgos en las actuaciones de sus compañeros. Sin embargo,  la propia actuación se considera como muy poco sesgada. Esta diferencia de percepción entre el comportamiento propio y de los demás se llama sesgo o prejuicio de punto ciego.

Se han observado otros sesgos comunes en las actuaciones de profesionales del campo jurídico-forense. El más destacable y común en este contexto parece ser adversarial allegiance (traducción inexacta a lealtad de confrontación). Este fenómeno se refiere a la tendencia de los expertos forenses a interpretar involuntariamente datos de evaluación de tal manera que apoyen a la parte que representa. Si representan a la defensa, tienden a interpretar los datos de manera congruente con este rol y ocurre lo mismo cuando representan a la acusación, aunque sea contradictorio.

En paralelo o en interacción con adversarial allegiance, se registraron otros sesgos. El sesgo de confirmación, que se refiere a la tendencia de buscar y atender información que confirma las hipótesis que el profesional tiene, en lugar de información que pueda desconfirmarlas.

El efecto de anclaje implica la tendencia a confiar más en la información obtenida inicialmente que en la obtenida a posteriori. Por último, se observó alta presencia de diagnosis momentum. Similar al efecto de anclaje, hace referencia a la tendencia de volverse cada vez más seguro de un diagnóstico inicial y excluir otras posibilidades sin suficiente escepticismo.

¿Qué pueden hacer los psicólogos forenses para mitigar el efecto de los sesgos en las evaluaciones de salud mental? Sobre esta cuestión se ha investigado más en el contexto de toma de decisiones médicas. Las estrategias más recomendadas son cuatro.

Primero, apuntar secuencialmente toda la información recopilada en entrevistas, para evitar basarse en la propia capacidad de memoria. Segundo, buscar datos que pueda desconfirmar la información obtenida, un método que evita la activación del sesgo de confirmación.

Otra estrategia supone generar y trabajar con checklist (p. ej. de información que hay que recoger, fuentes que hay que consultar, etc.). Al seguirlas, obliga al profesional a tener en cuenta todo aquello que está en la lista y evita un modo automático. Por último, se sugieren estrategias de ralentización en el trabajo. Es decir, que el profesional se permita centrarse en una sola tarea.

Aparte de los sesgos antes mencionados, en el estudio también se pregunta sobre la familiaridad con el sesgo endogrupal (favoritismo endogrupal). Este implica la tendencia a favorecer, beneficiar y valorar mejor a las personas del propio grupo que de un exogrupo.

Las  estrategias utilizadas en el estudio fueron: leer libros y artículos para reducir sesgos, utilizar información de líneas base de comportamiento, tener en cuenta a la oposición (acusación o defensa), buscar información desconfirmatoria y utilizar métodos y técnicas estandarizadas y estructuradas para obtener información.

En el estudio participaron 120 psicólogos forenses con una experiencia media de 18 años aproximadamente. El objetivo principal del estudio se define como el análisis del nivel de familiaridad de los psicólogos forenses con los sesgos. También se explora si los psicólogos forenses son capaces de discriminar entre sesgos y estrategias de mitigación reales y simuladas.

Para analizar el nivel de familiaridad, se pide a los participantes indicar si (o no) conocen los sesgos planteados y las estrategias de reducción. Para verificar la discriminación entre sesgos y estrategias reales y falsos, se incluyen en el listado estrategias inexistentes (p. ej. priorizar siempre la información inicial) e inefectivas (p. ej. introspección), y sesgos falsos (p. ej. error de distintividad o falacia de acomodación). Se pide posteriormente elegir una definición de cuatro para cada sesgo real identificado  y, así, confirmar una familiaridad real con el concepto.

Se observó que, generalmente, los participantes detectaron correctamente los sesgos y estrategias falsas. Un 61% consideró que uno de los sesgos falsos era real y un 39% detectó correctamente todos los sesgos falsos. En cuanto a las estrategias, un 93% de los sujetos consideraron erróneamente que la introspección es una estrategia efectiva. Además, un 30% de los profesionales informaron haber utilizado la introspección como estrategia en su trabajo. A modo general, la mayoría de los participantes mostraron familiaridad con las estrategias efectivas. Al mismo tiempo, muchos de ellos fueron incapaces de discriminar entre estrategias efectivas e inefectivas.

Cabe destacar que la introspección no se considera una estrategia efectiva debido a que puede dar lugar a un falso sentido de seguridad (he reflexionado si hay sesgos, no los encuentro, por lo tanto, no están). Además, no solo no disminuye los sesgos, sino que los puede incrementar. Se ha observado que la introspección puede funcionar como un sesgo de punto ciego. En cualquier caso, no se trata de no hacer nunca uso de la introspección, sino utilizarla junto a otras estrategias.

Para observar las diferencias individuales de habilidades de reflexión que se dan entre estos profesionales se utilizó el Test de Reflexión Cognitiva (CRT; Cognitive Reflection Task, Frederick, 2005). Este test requiere la resolución de 3 problemas ante los cuales se activa naturalmente una respuesta que es intuitiva y errónea. Los profesionales deben detectar que es errónea, reflexionando deliberadamente y encontrar la respuesta correcta. Los resultados en este test se compararon con la capacidad de detectar los sesgos falsos.

Se observó, tal como se esperaba, que aquellos profesionales con altas puntuaciones en CRT  detectaron correctamente todos o casi todos los sesgos falsos planteados en el estudio. Dicho de otro modo, los sujetos que fueron capaces de superar las respuestas intuitivas en el CRT y pasar a una fase reflexiva fueron mejores en detectar los sesgos falsos. Por otro lado, y en contra de lo esperado, no se encontraron relaciones entre las puntuaciones en el CRT y la detección de estrategias de reducción de sesgos.

Con estos resultados, se concluye que los psicólogos forenses y otros profesionales que trabajen en este contexto no solo deben conocer la existencia de los sesgos y cómo funcionan. Necesitan aprender las estrategias realmente útiles para mitigar su efecto, sea a través de entrenamiento en las etapas formativas u otras formas de adquirir ese aprendizaje tan necesario.

Perfilación criminal del incendiario forestal. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Forest arsonist: criminal profiling and its implications for intervention and prevention” de Soeiro C. y Guerra R. (2014), en el cual se explican las características más comunes de incendiarios forestales de Portugal y la utilidad de la perfilación criminal de estos para desarrollar pautas de prevención e intervención.

Solo existen dos líneas de investigación del incendiario forestal, una portuguesa y otra española, que mediante la técnica del perfilamiento criminal han obtenido una tipología que informa sobre qué tipo de persona cometerá con mayor probabilidad un incendio forestal (González, Muñoz, Cacerrada y Sotoca, 2017). Esta cita resume perfectamente el estado de la cuestión sobre la investigación de los incendiarios forestales. El artículo que presentamos proviene de la línea portuguesa de investigación.

En los países europeos, los incendios forestales representan un problema de alto impacto social y económico. Para poder desarrollar actuaciones de prevención e intervención apropiadas, es esencial desarrollar estudios que describan el fenómeno.

Se estima que el interés hacia el fuego aparece entre 2 y 5 años. Con independencia a la edad de inicio de este interés, se ha sugerido que el uso del fuego con intenciones de dañar podría tener causas internas (p. ej. las alteraciones de personalidad, predisposiciones neurológicas, etc.), externas (p. ej. problemas familiares) o ambas. Existen clasificaciones de los incendiarios, como la de Geller que considera 4 tipos: con ausencia de trastornos, con trastorno mental, con trastorno neurológico e incendiarios juveniles.

El comportamiento de los incendiarios a menudo se confunde con la piromanía. En cambio, la piromanía solo explica un grupo muy pequeño de casos. Esta se expresa como el resultado de un impulso a encender deliberadamente fuegos en busca de aliviar la tensión. Ese alivio es gratificante (sienten placer), por lo que el comportamiento se refuerza positivamente y es probable que se repita.

A pesar de ese componente impulsivo, un pirómano suele preparar con antelación su futuro crimen. No suelen tener una motivación instrumental para provocar un incendio y esta es una diferencia clave de los incendiarios forestales. Estos último suelen provocar incendios con intereses monetarios, personales, políticos o por la presencia de alucinaciones o de trastornos mentales como la psicosis. En todas estas motivaciones se puede perseguir el ocultar pruebas, vengarse o responder a emociones como la ira.

Otra diferencia importante entre pirómanos e incendiarios forestales es que los primeros suelen ser observadores regulares del fuego. También presentan comportamientos incongruentes a largo plazo. Por ejemplo, pueden mostrarse muy interesados en trabajar como bomberos o ser voluntarios y, a la vez, sentir indiferencia hacia las consecuencias devastadoras de un incendio. En cualquier caso, las evidencias muestran que la piromanía supone rara vez una causa de los incendios forestales intencionados.

Los incendiarios forestales llevan a cabo sus conductas para la destrucción de la propiedad o en contra de los individuos y/o grupos. La acción incendiaria supone una forma de expresión emocional para comunicar un deseo o necesidad. Según algunos autores, el incendiario forestal debe verse como un individuo que no puede tener en el mundo el impacto que quiere tener a través de otros medios que no sea el incendio. Por lo tanto, el fuego es una estrategia para conseguir sus metas.

Este comportamiento se explica a menudo por dificultades en la resolución de problemas interpersonales y una tolerancia muy limitada a la frustración en los contextos sociales. Por lo tanto, se habla de una interacción destructiva con el mundo que le rodea.

En este estudio se analiza una muestra de 452 incendiarios forestales investigados y detenidos por la policía portuguesa entre los años 1995 y 2013. De las variables demográficas recogidas sobre estos sujetos, lo que más destaca es que la mayoría (68%) estaban solteros.

Los instrumentos utilizados son dos: un cuestionario para la perfilación de incendiarios (QIPI; Soeiro, 2002) y una entrevista psicológica basada en el PCL: SV (Hart, Cóx y Hare, 1995). El primero mide aspectos como características sociales y psicológicas del criminal y de sus víctimas, comportamiento del criminal durante la investigación policial, entre otros. La entrevista se dirige al análisis de la presencia de trastornos mentales y para identificar los aspectos mas salientes del historial del perpetrador.

Del análisis de esta muestra se obtienen los aspectos más frecuentes relacionados con el comportamiento de los incendiarios forestales. Los incendiarios suelen ser hombres solteros, de entre 20 y 35 años, con un nivel primario de educación y profesiones no cualificadas. Provocan los incendios especialmente en horario de tarde y suelen utilizar velas, cerillas o mecheros para iniciar el fuego, mayoritariamente en zonas rurales. Después de provocar el incendio, abandonan la escena del crimen y suelen residir cerca de ella. No suelen tener relación alguna con las víctimas o con el terreno incendiado (con el dueño) y no suelen tener antecedentes penales registrados.

En términos de perfilación criminal, se obtienen cuatro tipologías estadísticamente significativas. El perfil A (41,5% de los casos) incluye sujetos que actúan con instrumentalidad y/o venganza. Los sujetos suelen actuar desde motivaciones como ira, venganza, soledad o en respuesta a problemas familiares. De hecho, pueden utilizar sus conductas para expresar emociones hacia miembros familiares o conocidos. En las investigaciones policiales suelen explicar su conducta por la hostilidad hacia los afectados.

Es probable que haya un historial clínico de consumo de alcohol y/o epilepsia y suelen tener 46 o más años. El historial delictivo suele ser definido por conductas de agresión. Los incendiarios del perfil A pueden ser hombres o mujeres, que utilizan herramientas simples para encender el fuego (cerrillas, velas, etc.) en zonas de bosque o terrenos no cultivados, entre las 16 y 20 horas.

En el perfil B (3%) hablamos de una instrumentalidad orientada al beneficio (p.ej. dinero), con conductas explicadas por factores económicos o negligencias. Por lo general, son hombres, sin historial clínico relevante y con un historial de arrestos o multas para otro tipo de delitos (p. ej. conducir sin carné). Además de provocar un incendio, pueden estar implicados en delitos relacionados con la propiedad (p. ej. robo). Suelen utilizar herramientas de ignición más complejas (p. ej. productos inflamables) en las mismas escenas de crimen del perfil A, además de zonas cultivadas.

El perfil C se divide en dos sub-perfiles: C1 y C2. Ambos suponen un perfil expresivo, pero muestran diferencias importantes. El perfil C1 (55%) incluye sujetos con historial clínico de problemas mentales, como la esquizofrenia, demencia o derivados del consumo de alcohol, entre otros. Estos problemas son los que provocan la motivación para provocar un incendio.

Los sujetos suelen ser solteros, con bajo nivel educativo y estatus profesional, con edades entre 36 y 55 años y problemas de socialización. Utilizan herramientas de ignición simples, en bosques cercanos al lugar de residencia, generalmente en días laborables y en un rango temporal amplio (8 p.m.- 4 a.m.). Un aspecto destacable es que suelen quedarse un tiempo en la escena del crimen después de provocar el incendio.

El perfil C2 se da rara vez y se necesitan más datos para definirlo adecuadamente. En cualquier caso, en este grupo entrarían aquellos sujetos que sienten atracción hacia el fuego. Sujetos jóvenes, de hasta los 35 años, con un impulso irresistible para prender fuego a las cosas. La causa principal de su conducta es la falta de control de esta, pero no suelen tener historial de trastornos psiquiátricos. Curiosamente, suelen provocar el incendio y, seguidamente, suelen prestar su ayuda a los bomberos para apagarlo.

Como observamos, la perfilación criminal es una herramienta muy útil y necesaria para poder desarrollar las mejores actuaciones de prevención, evaluación, tratamiento y castigo (adecuado). En base a los perfiles encontrados, las autoras sugieren diferentes estrategias. Por ejemplo, para el perfil A sería adecuado utilizar programas educativos, además de estrategias de detección y castigo adecuados. En cambio, para el perfil C lo más adecuado sería llevar a cabo actuaciones de detección y diagnóstico, evaluación del riesgo y de tratamiento y control.

Esperemos que, en el futuro, las líneas de investigación de este tema se amplíen a más países, dado que en los últimos años varios puntos forestales del planeta han quedado gravemente afectados.

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Los efectos del fuego sobre el ADN humano. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Effect of fire on DNA and its profiling in homicide cases” de Kumar N., Chauhan A., Gupta R., Maitray A., Sharma D. y Shukla SK (2019), en el cual se analizan los efectos del fuego sobre el ADN, un tema de vital importancia en los casos de homicidio donde la presencia de fuego impide identificar a la víctima y obtener más pruebas sobre el caso.

En las investigaciones forenses, los expertos tratan con diferentes tipos de escenas del crimen. En los casos de homicidio a menudo se encuentran con los cuerpos de las víctimas quemados, con falta de evidencias y con la dificultad o imposibilidad de identificar a la víctima. Determinar la causa de la muerte se convierte en una tarea muy complicada debido a las quemaduras y a la presencia de hollín. Asimismo, aislar muestras de ADN a partir de los restos del cuerpo o de muestras de sangre encontradas en las pertenencias de la víctima (p. ej. ropa, tejidos, etc.) también se convierte en una tarea ardua.

En el campo de las ciencias forenses los avances tecnológicos han ganado terreno a los métodos tradicionales. Aun así, por más tecnología que se utilice, los expertos forenses son vitales y son considerados como la clave de cualquier investigación. Los forenses analizan diversas tipologías de casos y en estos se encuentran con diferentes métodos para anular las pruebas: quemar, tirar un cuerpo al agua, etc. todos los perpetradores intentan tapar cualquier prueba posible e intentan hacer que el fuego u otros métodos utilizados parezcan el producto de una causa natural.

Hasta el día de hoy, no existen procesos técnicos que sirvan para analizar muestras afectadas por temperaturas muy elevadas debido al proceso de quema. Por esta razón, en este estudio se intenta determinar la cantidad y calidad del ADN proveniente de tejidos y muestras de sangre afectados por el fuego y el hollín. También se analiza el efecto de las temperaturas elevadas provocadas por el fuego en las muestras y la precisión en determinar el perfil genético del ADN de la víctima.

Los patrones de sangre no quedan afectados por el fuego si la temperatura es igual o menor a 40ºC. En cualquier caso, se cree que los elementos de la sangre que sirven para obtener el ADN ya no son trazables después de la exposición a temperatura de 1000ºC.

Los tejidos que no entran en contacto directo con el fuego son los idóneos para obtener el perfil de ADN. El aislamiento del ADN se puede hacer a partir de muestras de pelo, uñas, dientes o huesos, en incluso a partir del cuero cabelludo si no ha entrado en contacto directo con el fuego. Los tejidos conectivos densos pueden proteger el ADN bastante tiempo incluso si la temperatura llega a 100ºC.

En el caso que se analiza en este estudio, las pruebas recolectadas no sirvieron para obtener información sobre el ADN, debido al contacto con el calor provocado por el fuego. La policía recibió una llamada alrededor de las 6 de la mañana y fueron avisados de la existencia de un cuerpo quemado. Cuando se llegó a la escena del crimen, se observó que la víctima era un hombre con el cuerpo parcialmente quemado. Se encontraron manchas de sangre mezcladas con hollín en el suelo y encima de una alfombra en la que el cuerpo estaba enrollado.

Los investigadores recogieron muestras de la ropa interior quemada, de la alfombra, del suelo de cemento que contenía las manchas de sangre, dos trozos de plástico quemado, muestras de sangre mezcladas con hollín, ropa de la víctima y del acusado, la posible arma homicida (un arma metálica oxidada y afilada), gasa con sangre y pelo quemado. Todas las muestras fueron recogidas y conservadas por un oficial de policía respetando el protocolo pertinente para evitar la contaminación y degradación de las pruebas.

Sobe el terreno y en la autopsia se estableció que la causa de la muerte fue el estrangulamiento. Post-mortem, el cuerpo fue cortado en trozos. Por la imposibilidad de descomponer el cuerpo totalmente, el acusado quemó el cuerpo de la víctima dos días después con queroseno. También se observó un golpe en la cabeza de la víctima, provocado de manera post-mortem, con el arma encontrado en la escena del crimen.

El fuego dificulta de manera significativa el poder aislar el perfil genético de la víctima. Puede haber daños por la alta temperatura, por el agua utilizada para apagar el fuego, por la mezcla de hollín o queroseno con la sangre, etc.

Las muestras recogidas fueron enviadas al laboratorio para investigar el ADN y fueron preservadas a 4ºC para evitar la degradación. A la hora del análisis, se utilizó el protocolo de extracción automatizada, una técnica considerada como la mejor para las muestras degradadas y para las que están afectadas por el fuego.  En este caso, la extracción orgánica de ADN no es recomendable.

De la cuantificación del ADN se obtuvo una cosecha mayor de las muestras que no han estado en contacto directo con el fuego. Los peores resultados se obtuvieron con las muestras recogidas del suelo de cemento. Estas mostraron los peores valores en la técnica RT-PCR. La técnica RT-PCR se refiere a la Reacción en Cadena de la Polimerasa en Tiempo Real y se utiliza para amplificar y simultáneamente cuantificar el ADN. Se analizaron los microsatélites del ADN o STR, que se refieren a las secuencias del ADN en las que un fragmento se repite de manera consecutiva. Estos son clave en el análisis del perfil genético porque son marcadores moleculares que generan la huella genética personal.

En algunas de las muestras, el perfil de ADN fue completo y en otras faltaban alelos. En las muestras de ropa parcialmente quemadas, la cantidad de ADN fue de 0,4 nanogramos. En cambio, en las muestras intactas del pelo de la víctima, la cantidad de ADN fue máxima (1.06 ng). Como se esperaba, el ADN obtenido de las muestras de pelo no solo fue mejor en cantidad sino también en la calidad (precisión en la perfilación del ADN). Las muestras recogidas del suelo no fueron adecuadas para obtener el perfil del ADN, debido a concentraciones altas de cemento. El tejido quemado de la víctima tampoco fue útil para obtener su perfil genético.

A modo general, el impacto del fuego impidió la obtención de ADN en calidad y cantidades apropiadas. Las muestras de ropa o tejidos afectadas por el fuego no deberían ser tenidas en cuenta para la perfilación del ADN. Se destaca que el hollín no afecta a esta tarea de obtención del perfil genético. En los casos de cuerpos quemados profundamente, las muestras de huesos o dientes serían las adecuadas para obtener el ADN de la víctima.

Por último, los perfiles STR obtenidos con la RT-PCR fueron efectivos para aislar el ADN de alta calidad. Hoy en día, el uso del ADN para identificar a la víctima a partir de restos humanos y después de un fuego accidental o deliberado, incendios forestales o desastres naturales se ha convertido en la técnica estándar. Investigar cada vez más sobre cómo se pueden mejorar estas técnicas para poder abarcar todas las tipologías de casos es clave.

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Perfilación criminal basada en características de la víctima y de la escena del crimen. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses esta semana presentamos el artículo “Homicide profiles based on crime scene and victim characteristics” de Pecino-Latorre M. M., Pérez-Fuentes M. C. y Patró-Hernández R. M. (2019), en el cual se analiza si las características de la escena del crimen y de la víctima sirven como predictores eficaces en la perfilación criminal.

Las investigaciones sobre homicidios han ganado con el tiempo mucho interés tanto académico como profesional. Este interés se debe, por un lado, a que el homicidio es el comportamiento criminal más peligroso. Por otro lado, el impacto a nivel psicosocial, político y socioeconómico es muy importante. De hecho, la presencia de homicidios se considera un fuerte indicador del nivel de violencia y seguridad de un país.

En las últimas décadas ha habido mucho avance en la metodología y enfoque de estudio de los homicidios. Aun así, los homicidios son fenómenos extremadamente complejos, dado que es una categoría criminal que incluye diferentes variantes, cada una con sus características dinámicas y procesos psicológicos implicados. Además, las características de los criminales y de las víctimas son muy diversas.

La metodología tradicional de análisis se basa en descripciones de los fenómenos y se sigue utilizando en las investigaciones sobre el tema. No obstante, el uso de técnicas más sofisticados, como el análisis multivariante, son cada vez más populares. La ventaja principal de los métodos estadísticos como el antes mencionado es que consideran la relación compuesta entre todos elementos ligados a un homicidio. Así, se obtiene una mejor comprensión del fenómeno y se permite la obtención de conclusiones más útiles y realistas. Los estudios que utilizan este enfoque metodológico se basan en la perfilación criminal y su aplicación práctica durante las investigaciones policiales.

El perfilador criminal es un profesional que ofrece consejos e información operativa en las investigaciones policiales, utilizando un enfoque basado en evidencias científicas. No obstante, la información que un perfilador criminal ofrece no tiene carácter vinculante, sino que se presenta en términos probabilísticos.

Nos alejamos de la visión tradicional del perfilador que predice los rasgos de personalidad de un criminal desconocido. La base del trabajo de un profesional de este campo se compone de elementos que permiten hipotetizar las características potenciales de un criminal, facilitando un proceso más riguroso de priorización de los sospechosos. Por lo tanto, la eficacia de la investigación policial aumenta.

Las características de los criminales de mayor interés suelen ser las relativas a variables sociodemográficas (sexo, edad, país de origen), historial delictivo y tipo de relación que tiene con la víctima. Algunos autores también se han enfocado en las diferencias en el modus operandi según el género del autor de un homicidio y en los actos de precaución que llevan a cabo.

 El objetivo de este estudio es determinar qué características del homicidio, de los comportamientos llevados a cabo en la escena del crimen y de las víctimas están asociadas a las características del autor de un homicidio en una muestra española. La muestra de estudio se compone de 448 casos de homicidios, con autores mayores de edad, donde solo hay una víctima y un criminal (se excluyen los homicidios múltiples) y registrados en España entre el 2010 y el 2012. Del análisis de los casos se extraen y se clasifican 6 variables en relación al autor (edad, sexo, país de origen, historial delictivo, historial de crímenes y relación con la víctima) en función de 18 variables relacionadas con la escena del crimen, modus operandi y características de la víctima.

La variable mas relevante para identificar el género del autor de un crimen es la edad de la víctima, el tipo de arma homicida y/o el método utilizados para cometer el crimen. Es más probable que el autor sea una mujer cuando la víctima es menor de edad y cuando se utilizan métodos de asfixia para cometer el crimen. Por otro lado, es más probable que los hombres utilicen armas de fuego o su fuerza física para matar a sus víctimas. En términos generales, hay evidencias de que cada criminal está influenciado parcialmente por las características de las víctimas a la hora de elegir las armas/métodos.

Para determinar la edad del autor son determinantes la edad y el género de la víctima y el método de aproximación a esta. Por ejemplo, es más probable que el autor sea mayor de 51 años si la víctima ronda esta edad y si es mujer. En otros estudios se ha observado que es más probable que el autor tenga 55 o más años cuando la víctima es mujer y mayor de 65 años.

Si el autor se aproxima súbitamente a la víctima, si ha tenido alguna relación previa con esta o si la aproximación no ocurre con el objetivo de cometer un crimen, hay casi un 60% de probabilidad de que el agresor tenga entre 18 y 30 años. En cambio, si la aproximación es por sorpresa y la víctima es menor o tiene entre 18 y 30 años, hay una probabilidad de entre 50% y 70% de que el autor tenga entre 31 y 50 años.

El país de origen de la víctima es la variable que más se asocia al país de origen del agresor. Si la víctima es de origen extranjero, hay una probabilidad de 30% de que el agresor sea español y esta asciende a una 74% de que el agresor sea también extranjero. Cuando la víctima es española, se registra una probabilidad de 80% de que el agresor también lo sea.

 Para determinar si el autor de un crimen tiene un historial delictivo el método utilizado para escapar de la escena y la edad de la víctima son aspectos clave. Este resultado es consistente con otros estudios que indican que aquellos agresores con un historial de conductas violentas y agresiones sexuales suelen elegir víctimas con edades entre 19 y 35. Estos también suelen llevar a cabo más actos de precaución para evitar que se les identifique.

En cambio, para determinar si el autor tiene un historial específicamente de crimen (homicidio, i.e. crímenes contra la vida, la integridad o la libertad de otros) no solo son claves los dos aspectos antes mencionados sino también el lugar del homicidio. El mejor nivel de probabilidad se obtiene en cuanto a víctimas menores de edad o mayores de 64. En estos casos hay un 81% de probabilidad de que el autor tenga historial criminal.

Por último, el género y la edad de la víctima se asocian de manera significativa al tipo de relación entre victima y agresor. Si la víctima es menor de edad y de sexo masculino, es más probable (71%) de que el agresor sea un miembro de la familia. De manera similar ocurre cuando la víctima es anciana. En cambio, si la víctima es hombre mayor de 18 años es más probable que el agresor sea un conocido. También se destaca que, si la víctima es mujer entre 18 y 64 años, la probabilidad de que el agresor sea su pareja o expareja roza el 70%.

Los resultados obtenidos en este estudio son consistentes con las ideas centrales postuladas en la perfilación criminal. Es decir, en base a ciertos elementos del homicidio se pueden generar hipótesis sobre las características potenciales del autor de un crimen. A su vez, esas hipótesis ayudan a tomar decisiones y a establecer un proceso de priorización de los sospechosos más riguroso.

Muchos estudios de criminología y otras ciencias forenses han demostrado la utilidad de la perfilación criminal en la medida en la que el análisis se basa en procedimientos estadísticos que analizan interacciones (p. ej. análisis multivariado) y no tanto en modelos puramente lineales.

Por último, se destaca la importancia de tener más en cuenta las características de las víctimas. Algunos autores incluso consideran a la víctima como una extensión de la escena del crimen y, por lo tanto, algo imprescindible para el análisis. Mayor conocimiento sobre la perfilación criminal y cómo interpretar las asociaciones entre rasgos de la escena del crimen, del agresor, de la victima y otros podría llevar a una reducción importante del tiempo y de los recursos económicos invertidos en las investigaciones criminales.

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Casos de maltrato de menores con discapacidad intelectual: las mejores prácticas de entrevista. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Best practices for interviewing children with intellectual disabilties in maltreatment cases” de Wyman J. D., Lavoie J. y Talwar V. (2018), en el cual se describen las mejores prácticas en materia de entrevista con niños y niñas con discapacidad intelectual en casos de maltrato.

Como ya hemos mencionado en un artículo anterior, infancia y discapacidad intelectual (DI) es una combinación que implica un alto riesgo de ser víctima de maltrato. Para complicarlo aun más, las limitaciones comunicativas y de memoria de trabajo de este tipo de discapacidad puede provocar una percepción de no credibilidad en aquellos que entrevistan a las víctimas de maltrato con DI. A su vez, esas limitaciones dificultan la obtención de testimonios precisos y detallados, clave para investigar, comprobar y procesar alegaciones de manera efectiva.

A diferencia de las entrevistas clínicas que trabajan con un enfoque terapéutico, las entrevistas forenses reúnen información sobre el evento y evidencias que puedan corroborar el testimonio de la víctima. Estas son mucho más estructuradas, formales y se basan en un enfoque de investigación de hechos objetivos. También se recogen otras evidencias: pruebas físicas, informes de otros testigos, informes profesionales, etc. El problema es que, en muchos casos, el testimonio de la víctima es la única evidencia disponible. Además, se ha observado que las víctimas con DI suelen ser reacias o incapaces de revelar el maltrato que reciben, sea por un desarrollo limitado, traumas severos o apego con los autores del maltrato.

La DI implica un retraso en el desarrollo cognitivo y en el funcionamiento adaptativo. Puede afectar a la comunicación, al razonamiento abstracto, a la capacidad de aprendizaje y muchas otras funciones cognitivas. Lo que está claro es que hay mucha variabilidad en la expresión de la DI en la población afectada. Cada niño y niña presenta un patrón único de retrasos en el desarrollo cognitivo y según cada patrón hay un cierto impacto en cómo se responde a los formatos estándar de la entrevista forense.

Por ejemplo, la predominancia de problemas en el lenguaje hace difícil describir verbalmente un evento, algo que se requiere en los métodos de entrevista más utilizados (p. ej.  Entrevista Cognitiva, Protocolos NICHD). La misma dificultad se daría cuando se evalúa la veracidad del testimonio en base a la cantidad de detalles específicos, consistentes y precisos, como ocurre en Statement Validity Assesment (SVA; Vrij, 2000). Si la memoria episódica y el procesamiento de la información son los más afectados, los/as niños/as tienen dificultad para recordar detalles específicos cuando solo se les entrevista una vez (típico cuando se entrevista después de mucho tiempo desde el evento denunciado). Por lo tanto, si el objetivo es atender cada caso de maltrato a menores con DI con la profesionalidad, validez y fiabilidad debidas, se debe adaptar la metodología utilizada en cada caso.

Previo a la entrevista, se recomienda consultar con los profesionales que trabajan con la víctima. Pueden ser psicólogos, trabajadores sociales, educadores, etc. Se debe hacer un esfuerzo para entender la gravedad de la DI de la víctima y para definir cuáles son y cómo pueden afectar los déficits a la capacidad de testificar.

Se recomiendan pocas modificaciones y más adaptaciones de las estrategias de entrevista y la planificación es clave. Poco de las primeras porque modificar implica alterar de manera sustancial el proceso de la entrevista. Eso puede dar lugar al uso de estrategias poco fiables, no comprobadas o espontáneas y que pueden afectar a los resultados del caso.  Mejor hacer adaptaciones porque son pequeños ajustes a las prácticas de entrevista basadas en evidencia para acomodarlas al desarrollo único de la víctima.

El escenario de la entrevista puede incluir pequeños detalles que faciliten la entrevista. Se pueden ajustar los estímulos ambientales para evitar la sobreestimulación sensorial de la víctima. Se pueden traer objetos familiares, poner algo de música o jugar algo antes de la entrevista, todo ello encaminado a disminuir la ansiedad y el estrés de la víctima. No obstante, se deben eliminar todos los distractores cuando la entrevista empiece.

Las estrategias de prueba preconstituida también son útiles en poblaciones vulnerables. Un ejemplo sería grabar la entrevista y no basarse solo en las notas del entrevistador. Una grabación también puede evitar la necesidad de repetir la entrevista. Se recomienda que el entrevistador siempre sea el mismo, que se respeten las rutinas de la víctima y monitorizar constantemente su estado psicológico (p. ej. si hay fatiga, estrés, distracción, etc.). Por último, cada vez más se incluye un intermediario entre el testigo y el entrevistador. Suele ser un profesional de la salud o de la educación, que ayuda en la adecuación de la entrevista a las necesidades de la víctima.

En el artículo se destacan algunas ideas que sirven de guía para la adaptación de las entrevistas con menores con DI. La entrevista debería empezar con la construcción de relaciones con la víctima, esencial para sobrepasar la reluctancia de revelar aspectos tan sensibles a un desconocido. Empezar con preguntas abiertas, dirigidas a intereses personales y experiencias positivas de la víctima puede generar familiaridad, reducir la ansiedad y evitar percepciones de autoridad sobre el entrevistador.

Que la víctima empiece a contar lo ocurrido como respuesta a preguntas abiertas y de recuerdo libre hace que los testimonios sean más largos, más ricos en detalles y menos sugestionables que responder a preguntas cerradas. En estos casos, aunque pueda darse una falta de detalles periféricos debito a déficits de memoria y lenguaje, se ha observado que la precisión de las narrativas son a menudo las normativas en términos de edad.

A pesar de las grandes limitaciones de las preguntas cerradas, no se puede negar su utilidad cuando se construyen sobre lo que la víctima ha revelado previamente. Se pueden usar para confirmar detalles que responden a las seis W (qué, quién, cuándo, dónde, por qué, cómo; seis W o cinco W y una H del inglés what, who, when, where, why, how) y, así, obtener información más precisa. También son útiles cuando la víctima presenta déficits lingüísticos y no pueden describir verbalmente un evento.

Existen algunas evidencias sobre la utilidad de la Entrevista Cognitiva (EC) en personas con discapacidad. El uso de de las técnicas mnemónicas, como la restauración mental de contextos o cambio de perspectiva puede dar lugar a testimonios más detallados y consistentes. No obstante, se debe tener en cuenta que algunas de las técnicas de la EC no se pueden utilizar con menores con DI debido a su complejidad.  En algunos estudios se modificaron, pero se desconoce la eficacia de dichas modificaciones.

Se destaca el uso de la técnica de andamiaje, que en este caso supone partir las instrucciones y preguntas en trozos más pequeños. Por ejemplo, en lugar de una sola pregunta abierta y amplia, pueden utilizarse preguntas que guían en el recuerdo del evento. Pueden ser preguntas de orientación al detalle (p. ej. ¿y cómo era la casa por fuera?)  o indicaciones abiertas (p. ej. ¿y qué pasó después?).

En aquellos menores con DI y déficits en el lenguaje se recomienda que los entrevistadores combinen estrategias de comunicación verbal y no verbal. Las estrategias no verbales son muy útiles porque permiten obtener información a pesar de limitaciones en la comunicación verbal. Escribir, el uso de lenguaje de signos o dibujar pueden ofrecer información valiosa.

Por último, las entrevistas múltiples (repetidas) mostraron ser útiles para obtener cada vez más información sobre una situación de maltrato. Este incremento gradual en la cantidad de información se ha observado también en menores con DI. Repetir una entrevista supone dar más oportunidades para revelar información y elaborarla en base a testimonios anteriores. Estas observaciones son representativas de las entrevistas llevadas a cabo poco tiempo después del evento en cuestión.

Obviamente, el uso de entrevistas múltiples no está exento de riesgos y dificultades. Pueden darse mayores inconsistencias o cambios e inclusiones de información que proviene de otras personas con las que a víctima se relaciona entre entrevistas. Para evitar estos riesgos, se recomienda que, en las entrevistas posteriores, se pida información solo sobre cuestiones no tocadas ni reveladas en la entrevista inicial.

Los profesionales que entrevistan niños/as con DI informan no estar preparados suficientemente para ello. A pesar de todo el progreso en las técnicas de entrevista, la mayoría se han probado con personas con un desarrollo normativo. La necesidad de atender las diferencias y dificultades de las entrevistas con personas desarrolladas no normativamente sigue estando sobre la mesa.

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Características del abuso sexual a menores cuando el agresor es mujer. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Child sexual abuse perpetrated by women: case series and review of the literature” de Curti S. M., Lupariello F., Coppo E., Praznik E. J., Racalbuto S. S. y Di Vella G. (2019). Se analizan una serie de casos de abuso sexual infantil llevado a cabo por mujeres y se explora la homogeneidad de características, tanto de las víctimas como de las agresoras.

La sociedad parece tener un punto ciego con respecto a las agresoras sexuales de menores. Histórica y culturalmente, los agresores sexuales se perciben como hombres. Aunque el porcentaje de agresoras sexuales de menores (ASM solo para mujeres, de aquí en adelante) está bastante por debajo del porcentaje de agresores, no cabe duda de que las mujeres también llevan a cabo este tipo de delitos. El hecho de que una mujer sea capaz de llevar a cabo tales acciones choca con la creencia común (que gradualmente se va superando) de que las mujeres son sujetos pasivos sexualmente y no tienen ni el deseo ni el potencial para cometer tales crímenes. Además, en el caso de menores es aún más difícil de creer, dada la constante práctica y atribución del rol de cuidadoras a las mujeres.

Se debe tener en cuenta que los registros sobre la prevalencia de ASM se basan en datos fuertemente influenciados por el tipo de fuente de la que provienen. Los estudios que analizan la prevalencia de ASM suelen contar los casos que llegan a la atención del sistema judicial. Y si abusos o agresiones sexuales a menores llevadas a cabo por hombres se denuncian poco, en el caso de las mujeres ese poco disminuye mucho más. En algunos registros y/o estudios, la prevalencia de ASM ronda el 10% de los casos. Las ASM que reciben una condena son aquellas que llevan a cabo actos muy graves y violentos. Probablemente haya una elevada cifra negra, sea por falta de denuncia o por una actitud más indulgente del sistema judicial o social.

Este estudio utiliza un enfoque cualitativo y retrospectivo para el análisis de 9 casos de abuso sexual en los cuales el delincuente es una mujer. Dos de los casos implican a una misma agresora, con dos víctimas hermanas. En total se analizan 11 víctimas, con un rango de edad de 3 a 10 años y 8 ASM, con un rango de edad entre 33 y 70 años. Los casos provienen de la Unidad Bambi del Hospital Pediátrico de Turín, una unidad multidisciplinar entrenada específicamente para detectar los casos de menores que sufren de abuso sexual. En el análisis se tienen en cuenta datos clínicos y judiciales, tanto de las víctimas como de las agresoras. De esta forma, es posible mirar más de cerca las relaciones entre ambas partes y no solo los roles de cada uno por separado.

La mayoría de los abusos sexuales a víctimas de corta edad (menores de 5 años) de las analizadas ocurren en un contexto de cuidados. Lo curioso es que la mayoría de las ASM eran cuidadoras puntuales de las víctimas. Estas ASM eran abuelas paternas en 5 casos (45%), la madre biológica en 3 casos (27%), una vecina en 2 casos (18%) y una empleada cuidadora en un caso (9%).

 En cambio, el acercamiento sexual a las victimas mayores de 9 años se expresa de manera distinta. No se dan tanto en un contexto de cuidado y hay acciones más explicitas o sugestivas de la ASM hacia la víctima. Es decir, se acercan más al concepto de agresión que de abuso sexual. Se observa una predominancia del involucramiento o la exposición de las victimas a contenido pornográfico. Además, estas víctimas no tenían una relación de alto apego emocional, común en las victimas más pequeñas, y desarrollaron miedo hacia la agresora. Estas diferencias indican una modulación del comportamiento de las agresoras. No se acercan solo a las victimas que consiguen engañar, sino que adaptan su comportamiento a la edad de las víctimas.

En la mayoría de los casos, no solo hubo abusos sexuales, sino también violencia asistencial y otras formas de abuso. Se destaca la dificultad de obtener pruebas físicas de las víctimas, dado que se observa que en el 60% de los casos hay algún tipo de contacto con contenido sexual, pero son abusos sin penetración. Lo que más se registran son acciones coercitivas o manipulativas a nivel verbal, para presenciar actos sexuales de las agresoras, para exponerse a contenidos pornográficos o para participar en ellos. Estos resultados son coherentes con otras investigaciones donde se ha visto que solo en 1% de los casos se dieron evidencias físicas significativas. En algunos casos, las señales físicas de abuso aparecieron unos días más tarde después del abuso, por lo que el primer análisis médico resultó en una falta de pruebas. En otros casos, cuando la exploración medica se lleva a cabo muy tarde, no se registra nada porque el tejido joven tiene una alta capacidad de regeneración.

Algunos autores consideran que los casos de contacto sin penetración son los más frecuentes porque el abuso se lleva a cabo con más facilidad, enmascarándolo como una extensión de los cuidados de los menores (lavar, vestir, aplicación de cremas genitales, etc.). No hay una demanda directa de actividad sexual por parte de la agresora, sino una actitud activa de manipulación del menor.

De los casos analizados, solo en los menores de 5 años se dieron casos de penetración (con el dedo u objetos pequeños). Las agresoras podrían aprovecharse de la dificultad de los niños y niñas más pequeñas en diferenciar entre su piel, su cuerpo y la de otros. Hasta cierta edad, no se tiene consciencia sobre los limites propios del cuerpo y hay una percepción cargada de fantasía que facilita el engaño y la manipulación de los menores.

Aunque el daño físico sea menor o ausente en muchos casos, el daño psicológico siempre está presente. De hecho, hay estudios que evidencian un mayor daño psicológico de las víctimas cuando el agresor es una mujer. En los casos analizados, se observaron muchas señales de estrés psicológico de las víctimas. Las más frecuentes fueron: comportamiento rígido, hiperactividad, ansiedad, regresión de las funciones mentales, comportamientos de abuso, intimidación y una estructuración inicial de un falso yo.

La observación clínica a medio y largo plazo mostró que las victimas desarrollaron diversos problemas de salud mental y/o comportamentales. Las fobias específicas o los miedos injustificados, los comportamientos sexualizados, ideas constantes relativas al sexo, masturbación compulsiva, aislamiento social y depresión, insomnio y agresividad hacia los adultos fueron los más frecuentes.

Entre las ASM hay mucha heterogeneidad en cuanto a profesiones, nivel de estudios, historial de problemas de salud mental propio o de familiares y muchas otras características. No hay un perfil común de abuso sexual a menores ni de la condición de víctima, pero en el caso de las ASM sí destacan algunas características que se repiten a lo largo de la muestra: personas simples, carentes de estrategias de afrontamiento para los eventos estresantes de la vida, con comportamiento de negligencia hacia los menores de los que abusaron y hacia otros menores con lo que se relacionaron en el pasado, comportamientos intrusivos y autoritarios, cierta agresividad e historial familiar de violencia (sea como víctima directa o presenciándolo).

¿Por qué es tan importante prestar más atención a estos casos y registrarlos adecuadamente? El análisis de estos casos muestra que en el 75% de los ellos las ASM se quedaron libres de cargos. En un solo caso se condenó a la agresora a un arresto domiciliario de 7 años y a la compensación económica a la familia de la víctima.

Tanto en la experiencia judicial, como en la literatura científica sobre el tema, se observa que a las ASM se les consideran como menos culpables, menos violentas, menos peligrosas. Reciben condenas con menos frecuencia o de menos duración que en los casos en los que el agresor es un hombre y se les da más importancia a factores familiares presentes o pasados.

El testimonio de los menores es el elemento con más influencia en los resultados del procedimiento judicial. No obstante, se presentan diversos obstáculos para la validación de esos testimonios. Con frecuencia (y también se observó en esta muestra), se invalida a los menores como testigos. Además, la distancia temporal entre la primera denuncia y el interrogatorio formal suele ser muy larga; en estos casos fue de 8,5 meses de media. Cuando ocurre esto, fácilmente se invalida el testimonio de los menores como prueba o se le da poca credibilidad. Por eso, muchos casos de abuso sexual llevado a cabo por mujeres acaban libres de condena o con absolución.

Por último, y en cuanto a las relaciones entre víctimas y agresora, se destaca un mayor daño psicológico y mayor inhabilitación para la vida diaria como consecuencia al abuso sexual. Además, cuanto menor sea la víctima mayores daños. Estas diferencias según edad y tipo de relación se dan especialmente por la mediación del apego. Una víctima que espera  protección del adulto y que este responda a sus necesidades más básicas, que recibe a cambio actos de abuso, puede desarrollar patrones de apego desorganizado. Este tipo de apego puede provocar comportamientos desadaptativos tanto en la infancia como en la adultez, ira sin motivo, alternancia de agresividad y desapego, entre otras.

En conclusión, el abuso sexual de menores llevado a cabo por mujeres es una cuestión que no recibe la atención suficiente ni equivalente a la atención que reciben los abusos sexuales a menores llevados a cabo por hombres. Al haber tanta heterogeneidad de características relativas a las víctimas, a las agresoras y a las relaciones entre ellas, se hace necesario un análisis más profundo, de corte más cualitativo, que mejore la detecciónfutura de abusos sexuales a menores y a sus agresores/as.

Perito calígrafo VS persona sin experiencia en pericia caligráfica: ¿cuál es la diferencia? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Visual attention and expertise for forensic signatura análisis” de Dyer A. G., Found B. y Rogers D. (2006), en el cual se presentan nuevas evidencias sobre la validez de la labor del perito calígrafo. Se examinan las estrategias de análisis de firmas de expertos vs. no expertos a nivel cognitivo y a nivel de atención visual.

Una de las tareas más importantes de los profesionales de la pericia caligráfica es la comparación de características caligráficas de un documento, creado por un autor, con las de otros documentos, cuya autoría se pone en duda. La firma, una marca personal de validación de documentos, también es objeto de análisis del perito calígrafo. Por lo tanto, la finalidad de este análisis es determinar si una firma es auténtica o está falsificada.

Las falsificaciones de una firma pueden ser de dos tipos. Se pueden generar firmas disfrazadas, es decir, modificadas o distorsionadas por el autor mismo, con el fin de negar posteriormente su autoría. El segundo tipo son las firmas falsificadas per se.

La validez de la pericia caligráfica se ha criticado tanto desde el punto de vista académico como desde el punto de vista legal. Como respuesta a estas críticas, se desarrollaron varios estudios de validación. En todos ellos la opinión profesional de los peritos calígrafos fue significativamente más acertada que la opinión de personas ajenas a esta profesión.

Aunque se haya mostrado la diferencia de desempeño entre profesionales y no profesionales, se desconocen las estrategias diferenciales de análisis en cada caso. Las estrategias de análisis se basan, por un lado, en el sistema cognitivo, en términos de decidir cuáles son los rasgos más importantes de una firma para tener en cuenta en dicho análisis. Por otro lado, también puede haber estrategias del sistema visual, en términos de atención selectiva para determinar los rasgos que marcan la diferencia entre firma auténtica y falsificada. El estudio se enfoca en los componentes visuales del análisis de firmas.

Participan 21 sujetos, que forman dos grupos: un grupo control (12 estudiantes no profesionales de la pericia caligráfica) y un grupo experimental (9 peritos calígrafos). Estos sujetos deben analizar 32 firmas presentadas en una pantalla de ordenador. De estas 32 firmas, 16 auténticas y 8 disfrazadas pertenecen al mismo autor. Las 8 firmas restantes son falsificaciones creadas por 8 personas distintas.

Los sujetos deben examinar cada firma y concluir en voz alta si las firmas son genuinas o falsificadas/distorsionadas (sin tener que diferenciar entre estas dos), pero también pueden no concluir nada. En todo el experimento, se registran los movimientos oculares, los tiempos de respuestas y las conclusiones sobre cada firma. Se plantean diversas preguntas, a las cuales se responde con los siguientes resultados.

¿Son mejores los peritos calígrafos en detectar el carácter de cada firma? En este caso, y al igual que en otros estudios, se observa que los expertos en pericia caligráfica son mucho mejores en detectar si las firmas son auténticas o falsificadas que los sujetos no expertos. Estas diferencias cobran más importancia aun si se tiene en cuenta que los sujetos no expertos fueron entrenados en la tarea antes del experimento. Por otro lado, ningún grupo detecta mejor si las firmas son falsificadas o manipuladas. Tampoco se observan diferencias inter-grupo en el número de respuestas inconclusas relativas a las firmas auténticas.

En cuanto a los movimientos oculares, si no se permiten en el análisis de la firma, mediante una presentación muy corta de esta (100 mseg.), los peritos calígrafos aciertan menos comparado a un análisis con movimientos oculares permitidos (tiempo de análisis sin límite). Estas diferencias indican que los movimientos oculares maximizan la discriminación y es necesario un análisis al detalle. Aún así, incluso analizando una firma sin movimientos oculares, los peritos calígrafos clasifican correctamente las firmas auténticas y falsas por encima del azar. Por lo tanto, hay dos componentes clave en el análisis de firmas: un procesamiento espacial de las propiedades de la firma como un todo, que no requiere de movimientos oculares, y un procesamiento local de cada rasgo de la firma, que mejora la discriminación del autor.

En cuanto al tiempo de respuesta que requiere decidir el tipo de firma analizado, no se han observado diferencias entre grupos. Lo que sí se ha observado es que ambos grupos, expertos en pericia caligráfica y no expertos, dedicaron más tiempo al análisis de firmas genuinas, hasta concluir que son como tal.

Por lo general, se considera que el tiempo que se puede dedicar a una tarea guarda relación con una toma de decisiones acertada y precisa. ¿Pero cuál es la relación? ¿Se mejora la discriminación entre firmas auténticas y falsificadas si se dedica más tiempo al análisis o la relación es inversa? En el estudio encuentran indicios de una relación inversa, pero no muy clara. Es decir, a menor tiempo de análisis no necesariamente se discrimina mejor. Hay una cantidad inicial de tiempo necesaria para discriminar correctamente entre firmas auténticas y falsificadas, pero, a partir de ese punto, el aumento del tiempo dedicado a analizar no mejora la discriminación.

No se encuentran diferencias entre grupos en el análisis más detallado de las firmas. Los puntos de fijación de los movimientos oculares son similares en ambos grupos y tanto los peritos calígrafos como los sujetos no expertos se fijan más en la parte central de las firmas y menos en los rasgos periféricos.

Parece que analizar detalladamente las firmas sí marca la diferencia en el rendimiento. En cambio, no hay rasgos específicos de las firmas que solo los expertos consideren como más indicativos de autenticidad o falsificación.  Pero sí ocurre algo interesante al respecto.

El grupo de peritos calígrafos utilizan estrategias cognitivas diferentes a la hora de decidir el autor de una firma. Por ejemplo, un experto encuentra y se fija en una característica de una firma que le indica falsificación. No concluye inmediatamente después, sino que sigue analizando incluso si encuentra rasgos más salientes. En cambio, los sujetos no expertos, al detectar un rasgo que les indique falsificación o autenticidad, concluyen casi inmediatamente después de esa detección.  La saliencia de un rasgo actúa como el pistoletazo de salida de una decisión. Por lo tanto, las estrategias de análisis de los no expertos se basan en un procesamiento cognitivo secuencial de la información visual. Los expertos utilizan estrategias de análisis basadas en un procesamiento cognitivo en paralelo de la información visual; primero acumulan información y deciden después.

Se destaca que el registro del número de fijaciones oculares en el análisis de firmas es un buen indicador de la atención visual que los sujetos prestan a las firmas. Esta conclusión se deriva de la relación positiva encontrada entre número de fijaciones y tiempo de fijación. Si se presta más atención a algo, se le dedica más tiempo continuo (de fijación ocular) y se mira más veces. Parece ser que ambos registros son válidos para medir la atención visual.

Todas estas nuevas evidencias indican que se necesita dar más atención a las estrategias de análisis utilizadas en la pericia caligráfica. Conocerlas puede mejorar la instrucción en esta labor y puede aportar más indicadores de validez para la profesión.

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