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Categoría: Criminologia forense (página 1 de 3)

Casos de maltrato de menores con discapacidad intelectual: las mejores prácticas de entrevista. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Best practices for interviewing children with intellectual disabilties in maltreatment cases” de Wyman J. D., Lavoie J. y Talwar V. (2018), en el cual se describen las mejores prácticas en materia de entrevista con niños y niñas con discapacidad intelectual en casos de maltrato.

Como ya hemos mencionado en un artículo anterior, infancia y discapacidad intelectual (DI) es una combinación que implica un alto riesgo de ser víctima de maltrato. Para complicarlo aun más, las limitaciones comunicativas y de memoria de trabajo de este tipo de discapacidad puede provocar una percepción de no credibilidad en aquellos que entrevistan a las víctimas de maltrato con DI. A su vez, esas limitaciones dificultan la obtención de testimonios precisos y detallados, clave para investigar, comprobar y procesar alegaciones de manera efectiva.

A diferencia de las entrevistas clínicas que trabajan con un enfoque terapéutico, las entrevistas forenses reúnen información sobre el evento y evidencias que puedan corroborar el testimonio de la víctima. Estas son mucho más estructuradas, formales y se basan en un enfoque de investigación de hechos objetivos. También se recogen otras evidencias: pruebas físicas, informes de otros testigos, informes profesionales, etc. El problema es que, en muchos casos, el testimonio de la víctima es la única evidencia disponible. Además, se ha observado que las víctimas con DI suelen ser reacias o incapaces de revelar el maltrato que reciben, sea por un desarrollo limitado, traumas severos o apego con los autores del maltrato.

La DI implica un retraso en el desarrollo cognitivo y en el funcionamiento adaptativo. Puede afectar a la comunicación, al razonamiento abstracto, a la capacidad de aprendizaje y muchas otras funciones cognitivas. Lo que está claro es que hay mucha variabilidad en la expresión de la DI en la población afectada. Cada niño y niña presenta un patrón único de retrasos en el desarrollo cognitivo y según cada patrón hay un cierto impacto en cómo se responde a los formatos estándar de la entrevista forense.

Por ejemplo, la predominancia de problemas en el lenguaje hace difícil describir verbalmente un evento, algo que se requiere en los métodos de entrevista más utilizados (p. ej.  Entrevista Cognitiva, Protocolos NICHD). La misma dificultad se daría cuando se evalúa la veracidad del testimonio en base a la cantidad de detalles específicos, consistentes y precisos, como ocurre en Statement Validity Assesment (SVA; Vrij, 2000). Si la memoria episódica y el procesamiento de la información son los más afectados, los/as niños/as tienen dificultad para recordar detalles específicos cuando solo se les entrevista una vez (típico cuando se entrevista después de mucho tiempo desde el evento denunciado). Por lo tanto, si el objetivo es atender cada caso de maltrato a menores con DI con la profesionalidad, validez y fiabilidad debidas, se debe adaptar la metodología utilizada en cada caso.

Previo a la entrevista, se recomienda consultar con los profesionales que trabajan con la víctima. Pueden ser psicólogos, trabajadores sociales, educadores, etc. Se debe hacer un esfuerzo para entender la gravedad de la DI de la víctima y para definir cuáles son y cómo pueden afectar los déficits a la capacidad de testificar.

Se recomiendan pocas modificaciones y más adaptaciones de las estrategias de entrevista y la planificación es clave. Poco de las primeras porque modificar implica alterar de manera sustancial el proceso de la entrevista. Eso puede dar lugar al uso de estrategias poco fiables, no comprobadas o espontáneas y que pueden afectar a los resultados del caso.  Mejor hacer adaptaciones porque son pequeños ajustes a las prácticas de entrevista basadas en evidencia para acomodarlas al desarrollo único de la víctima.

El escenario de la entrevista puede incluir pequeños detalles que faciliten la entrevista. Se pueden ajustar los estímulos ambientales para evitar la sobreestimulación sensorial de la víctima. Se pueden traer objetos familiares, poner algo de música o jugar algo antes de la entrevista, todo ello encaminado a disminuir la ansiedad y el estrés de la víctima. No obstante, se deben eliminar todos los distractores cuando la entrevista empiece.

Las estrategias de prueba preconstituida también son útiles en poblaciones vulnerables. Un ejemplo sería grabar la entrevista y no basarse solo en las notas del entrevistador. Una grabación también puede evitar la necesidad de repetir la entrevista. Se recomienda que el entrevistador siempre sea el mismo, que se respeten las rutinas de la víctima y monitorizar constantemente su estado psicológico (p. ej. si hay fatiga, estrés, distracción, etc.). Por último, cada vez más se incluye un intermediario entre el testigo y el entrevistador. Suele ser un profesional de la salud o de la educación, que ayuda en la adecuación de la entrevista a las necesidades de la víctima.

En el artículo se destacan algunas ideas que sirven de guía para la adaptación de las entrevistas con menores con DI. La entrevista debería empezar con la construcción de relaciones con la víctima, esencial para sobrepasar la reluctancia de revelar aspectos tan sensibles a un desconocido. Empezar con preguntas abiertas, dirigidas a intereses personales y experiencias positivas de la víctima puede generar familiaridad, reducir la ansiedad y evitar percepciones de autoridad sobre el entrevistador.

Que la víctima empiece a contar lo ocurrido como respuesta a preguntas abiertas y de recuerdo libre hace que los testimonios sean más largos, más ricos en detalles y menos sugestionables que responder a preguntas cerradas. En estos casos, aunque pueda darse una falta de detalles periféricos debito a déficits de memoria y lenguaje, se ha observado que la precisión de las narrativas son a menudo las normativas en términos de edad.

A pesar de las grandes limitaciones de las preguntas cerradas, no se puede negar su utilidad cuando se construyen sobre lo que la víctima ha revelado previamente. Se pueden usar para confirmar detalles que responden a las seis W (qué, quién, cuándo, dónde, por qué, cómo; seis W o cinco W y una H del inglés what, who, when, where, why, how) y, así, obtener información más precisa. También son útiles cuando la víctima presenta déficits lingüísticos y no pueden describir verbalmente un evento.

Existen algunas evidencias sobre la utilidad de la Entrevista Cognitiva (EC) en personas con discapacidad. El uso de de las técnicas mnemónicas, como la restauración mental de contextos o cambio de perspectiva puede dar lugar a testimonios más detallados y consistentes. No obstante, se debe tener en cuenta que algunas de las técnicas de la EC no se pueden utilizar con menores con DI debido a su complejidad.  En algunos estudios se modificaron, pero se desconoce la eficacia de dichas modificaciones.

Se destaca el uso de la técnica de andamiaje, que en este caso supone partir las instrucciones y preguntas en trozos más pequeños. Por ejemplo, en lugar de una sola pregunta abierta y amplia, pueden utilizarse preguntas que guían en el recuerdo del evento. Pueden ser preguntas de orientación al detalle (p. ej. ¿y cómo era la casa por fuera?)  o indicaciones abiertas (p. ej. ¿y qué pasó después?).

En aquellos menores con DI y déficits en el lenguaje se recomienda que los entrevistadores combinen estrategias de comunicación verbal y no verbal. Las estrategias no verbales son muy útiles porque permiten obtener información a pesar de limitaciones en la comunicación verbal. Escribir, el uso de lenguaje de signos o dibujar pueden ofrecer información valiosa.

Por último, las entrevistas múltiples (repetidas) mostraron ser útiles para obtener cada vez más información sobre una situación de maltrato. Este incremento gradual en la cantidad de información se ha observado también en menores con DI. Repetir una entrevista supone dar más oportunidades para revelar información y elaborarla en base a testimonios anteriores. Estas observaciones son representativas de las entrevistas llevadas a cabo poco tiempo después del evento en cuestión.

Obviamente, el uso de entrevistas múltiples no está exento de riesgos y dificultades. Pueden darse mayores inconsistencias o cambios e inclusiones de información que proviene de otras personas con las que a víctima se relaciona entre entrevistas. Para evitar estos riesgos, se recomienda que, en las entrevistas posteriores, se pida información solo sobre cuestiones no tocadas ni reveladas en la entrevista inicial.

Los profesionales que entrevistan niños/as con DI informan no estar preparados suficientemente para ello. A pesar de todo el progreso en las técnicas de entrevista, la mayoría se han probado con personas con un desarrollo normativo. La necesidad de atender las diferencias y dificultades de las entrevistas con personas desarrolladas no normativamente sigue estando sobre la mesa.

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Características del abuso sexual a menores cuando el agresor es mujer. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Child sexual abuse perpetrated by women: case series and review of the literature” de Curti S. M., Lupariello F., Coppo E., Praznik E. J., Racalbuto S. S. y Di Vella G. (2019). Se analizan una serie de casos de abuso sexual infantil llevado a cabo por mujeres y se explora la homogeneidad de características, tanto de las víctimas como de las agresoras.

La sociedad parece tener un punto ciego con respecto a las agresoras sexuales de menores. Histórica y culturalmente, los agresores sexuales se perciben como hombres. Aunque el porcentaje de agresoras sexuales de menores (ASM solo para mujeres, de aquí en adelante) está bastante por debajo del porcentaje de agresores, no cabe duda de que las mujeres también llevan a cabo este tipo de delitos. El hecho de que una mujer sea capaz de llevar a cabo tales acciones choca con la creencia común (que gradualmente se va superando) de que las mujeres son sujetos pasivos sexualmente y no tienen ni el deseo ni el potencial para cometer tales crímenes. Además, en el caso de menores es aún más difícil de creer, dada la constante práctica y atribución del rol de cuidadoras a las mujeres.

Se debe tener en cuenta que los registros sobre la prevalencia de ASM se basan en datos fuertemente influenciados por el tipo de fuente de la que provienen. Los estudios que analizan la prevalencia de ASM suelen contar los casos que llegan a la atención del sistema judicial. Y si abusos o agresiones sexuales a menores llevadas a cabo por hombres se denuncian poco, en el caso de las mujeres ese poco disminuye mucho más. En algunos registros y/o estudios, la prevalencia de ASM ronda el 10% de los casos. Las ASM que reciben una condena son aquellas que llevan a cabo actos muy graves y violentos. Probablemente haya una elevada cifra negra, sea por falta de denuncia o por una actitud más indulgente del sistema judicial o social.

Este estudio utiliza un enfoque cualitativo y retrospectivo para el análisis de 9 casos de abuso sexual en los cuales el delincuente es una mujer. Dos de los casos implican a una misma agresora, con dos víctimas hermanas. En total se analizan 11 víctimas, con un rango de edad de 3 a 10 años y 8 ASM, con un rango de edad entre 33 y 70 años. Los casos provienen de la Unidad Bambi del Hospital Pediátrico de Turín, una unidad multidisciplinar entrenada específicamente para detectar los casos de menores que sufren de abuso sexual. En el análisis se tienen en cuenta datos clínicos y judiciales, tanto de las víctimas como de las agresoras. De esta forma, es posible mirar más de cerca las relaciones entre ambas partes y no solo los roles de cada uno por separado.

La mayoría de los abusos sexuales a víctimas de corta edad (menores de 5 años) de las analizadas ocurren en un contexto de cuidados. Lo curioso es que la mayoría de las ASM eran cuidadoras puntuales de las víctimas. Estas ASM eran abuelas paternas en 5 casos (45%), la madre biológica en 3 casos (27%), una vecina en 2 casos (18%) y una empleada cuidadora en un caso (9%).

 En cambio, el acercamiento sexual a las victimas mayores de 9 años se expresa de manera distinta. No se dan tanto en un contexto de cuidado y hay acciones más explicitas o sugestivas de la ASM hacia la víctima. Es decir, se acercan más al concepto de agresión que de abuso sexual. Se observa una predominancia del involucramiento o la exposición de las victimas a contenido pornográfico. Además, estas víctimas no tenían una relación de alto apego emocional, común en las victimas más pequeñas, y desarrollaron miedo hacia la agresora. Estas diferencias indican una modulación del comportamiento de las agresoras. No se acercan solo a las victimas que consiguen engañar, sino que adaptan su comportamiento a la edad de las víctimas.

En la mayoría de los casos, no solo hubo abusos sexuales, sino también violencia asistencial y otras formas de abuso. Se destaca la dificultad de obtener pruebas físicas de las víctimas, dado que se observa que en el 60% de los casos hay algún tipo de contacto con contenido sexual, pero son abusos sin penetración. Lo que más se registran son acciones coercitivas o manipulativas a nivel verbal, para presenciar actos sexuales de las agresoras, para exponerse a contenidos pornográficos o para participar en ellos. Estos resultados son coherentes con otras investigaciones donde se ha visto que solo en 1% de los casos se dieron evidencias físicas significativas. En algunos casos, las señales físicas de abuso aparecieron unos días más tarde después del abuso, por lo que el primer análisis médico resultó en una falta de pruebas. En otros casos, cuando la exploración medica se lleva a cabo muy tarde, no se registra nada porque el tejido joven tiene una alta capacidad de regeneración.

Algunos autores consideran que los casos de contacto sin penetración son los más frecuentes porque el abuso se lleva a cabo con más facilidad, enmascarándolo como una extensión de los cuidados de los menores (lavar, vestir, aplicación de cremas genitales, etc.). No hay una demanda directa de actividad sexual por parte de la agresora, sino una actitud activa de manipulación del menor.

De los casos analizados, solo en los menores de 5 años se dieron casos de penetración (con el dedo u objetos pequeños). Las agresoras podrían aprovecharse de la dificultad de los niños y niñas más pequeñas en diferenciar entre su piel, su cuerpo y la de otros. Hasta cierta edad, no se tiene consciencia sobre los limites propios del cuerpo y hay una percepción cargada de fantasía que facilita el engaño y la manipulación de los menores.

Aunque el daño físico sea menor o ausente en muchos casos, el daño psicológico siempre está presente. De hecho, hay estudios que evidencian un mayor daño psicológico de las víctimas cuando el agresor es una mujer. En los casos analizados, se observaron muchas señales de estrés psicológico de las víctimas. Las más frecuentes fueron: comportamiento rígido, hiperactividad, ansiedad, regresión de las funciones mentales, comportamientos de abuso, intimidación y una estructuración inicial de un falso yo.

La observación clínica a medio y largo plazo mostró que las victimas desarrollaron diversos problemas de salud mental y/o comportamentales. Las fobias específicas o los miedos injustificados, los comportamientos sexualizados, ideas constantes relativas al sexo, masturbación compulsiva, aislamiento social y depresión, insomnio y agresividad hacia los adultos fueron los más frecuentes.

Entre las ASM hay mucha heterogeneidad en cuanto a profesiones, nivel de estudios, historial de problemas de salud mental propio o de familiares y muchas otras características. No hay un perfil común de abuso sexual a menores ni de la condición de víctima, pero en el caso de las ASM sí destacan algunas características que se repiten a lo largo de la muestra: personas simples, carentes de estrategias de afrontamiento para los eventos estresantes de la vida, con comportamiento de negligencia hacia los menores de los que abusaron y hacia otros menores con lo que se relacionaron en el pasado, comportamientos intrusivos y autoritarios, cierta agresividad e historial familiar de violencia (sea como víctima directa o presenciándolo).

¿Por qué es tan importante prestar más atención a estos casos y registrarlos adecuadamente? El análisis de estos casos muestra que en el 75% de los ellos las ASM se quedaron libres de cargos. En un solo caso se condenó a la agresora a un arresto domiciliario de 7 años y a la compensación económica a la familia de la víctima.

Tanto en la experiencia judicial, como en la literatura científica sobre el tema, se observa que a las ASM se les consideran como menos culpables, menos violentas, menos peligrosas. Reciben condenas con menos frecuencia o de menos duración que en los casos en los que el agresor es un hombre y se les da más importancia a factores familiares presentes o pasados.

El testimonio de los menores es el elemento con más influencia en los resultados del procedimiento judicial. No obstante, se presentan diversos obstáculos para la validación de esos testimonios. Con frecuencia (y también se observó en esta muestra), se invalida a los menores como testigos. Además, la distancia temporal entre la primera denuncia y el interrogatorio formal suele ser muy larga; en estos casos fue de 8,5 meses de media. Cuando ocurre esto, fácilmente se invalida el testimonio de los menores como prueba o se le da poca credibilidad. Por eso, muchos casos de abuso sexual llevado a cabo por mujeres acaban libres de condena o con absolución.

Por último, y en cuanto a las relaciones entre víctimas y agresora, se destaca un mayor daño psicológico y mayor inhabilitación para la vida diaria como consecuencia al abuso sexual. Además, cuanto menor sea la víctima mayores daños. Estas diferencias según edad y tipo de relación se dan especialmente por la mediación del apego. Una víctima que espera  protección del adulto y que este responda a sus necesidades más básicas, que recibe a cambio actos de abuso, puede desarrollar patrones de apego desorganizado. Este tipo de apego puede provocar comportamientos desadaptativos tanto en la infancia como en la adultez, ira sin motivo, alternancia de agresividad y desapego, entre otras.

En conclusión, el abuso sexual de menores llevado a cabo por mujeres es una cuestión que no recibe la atención suficiente ni equivalente a la atención que reciben los abusos sexuales a menores llevados a cabo por hombres. Al haber tanta heterogeneidad de características relativas a las víctimas, a las agresoras y a las relaciones entre ellas, se hace necesario un análisis más profundo, de corte más cualitativo, que mejore la detecciónfutura de abusos sexuales a menores y a sus agresores/as.

Perito calígrafo VS persona sin experiencia en pericia caligráfica: ¿cuál es la diferencia? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Visual attention and expertise for forensic signatura análisis” de Dyer A. G., Found B. y Rogers D. (2006), en el cual se presentan nuevas evidencias sobre la validez de la labor del perito calígrafo. Se examinan las estrategias de análisis de firmas de expertos vs. no expertos a nivel cognitivo y a nivel de atención visual.

Una de las tareas más importantes de los profesionales de la pericia caligráfica es la comparación de características caligráficas de un documento, creado por un autor, con las de otros documentos, cuya autoría se pone en duda. La firma, una marca personal de validación de documentos, también es objeto de análisis del perito calígrafo. Por lo tanto, la finalidad de este análisis es determinar si una firma es auténtica o está falsificada.

Las falsificaciones de una firma pueden ser de dos tipos. Se pueden generar firmas disfrazadas, es decir, modificadas o distorsionadas por el autor mismo, con el fin de negar posteriormente su autoría. El segundo tipo son las firmas falsificadas per se.

La validez de la pericia caligráfica se ha criticado tanto desde el punto de vista académico como desde el punto de vista legal. Como respuesta a estas críticas, se desarrollaron varios estudios de validación. En todos ellos la opinión profesional de los peritos calígrafos fue significativamente más acertada que la opinión de personas ajenas a esta profesión.

Aunque se haya mostrado la diferencia de desempeño entre profesionales y no profesionales, se desconocen las estrategias diferenciales de análisis en cada caso. Las estrategias de análisis se basan, por un lado, en el sistema cognitivo, en términos de decidir cuáles son los rasgos más importantes de una firma para tener en cuenta en dicho análisis. Por otro lado, también puede haber estrategias del sistema visual, en términos de atención selectiva para determinar los rasgos que marcan la diferencia entre firma auténtica y falsificada. El estudio se enfoca en los componentes visuales del análisis de firmas.

Participan 21 sujetos, que forman dos grupos: un grupo control (12 estudiantes no profesionales de la pericia caligráfica) y un grupo experimental (9 peritos calígrafos). Estos sujetos deben analizar 32 firmas presentadas en una pantalla de ordenador. De estas 32 firmas, 16 auténticas y 8 disfrazadas pertenecen al mismo autor. Las 8 firmas restantes son falsificaciones creadas por 8 personas distintas.

Los sujetos deben examinar cada firma y concluir en voz alta si las firmas son genuinas o falsificadas/distorsionadas (sin tener que diferenciar entre estas dos), pero también pueden no concluir nada. En todo el experimento, se registran los movimientos oculares, los tiempos de respuestas y las conclusiones sobre cada firma. Se plantean diversas preguntas, a las cuales se responde con los siguientes resultados.

¿Son mejores los peritos calígrafos en detectar el carácter de cada firma? En este caso, y al igual que en otros estudios, se observa que los expertos en pericia caligráfica son mucho mejores en detectar si las firmas son auténticas o falsificadas que los sujetos no expertos. Estas diferencias cobran más importancia aun si se tiene en cuenta que los sujetos no expertos fueron entrenados en la tarea antes del experimento. Por otro lado, ningún grupo detecta mejor si las firmas son falsificadas o manipuladas. Tampoco se observan diferencias inter-grupo en el número de respuestas inconclusas relativas a las firmas auténticas.

En cuanto a los movimientos oculares, si no se permiten en el análisis de la firma, mediante una presentación muy corta de esta (100 mseg.), los peritos calígrafos aciertan menos comparado a un análisis con movimientos oculares permitidos (tiempo de análisis sin límite). Estas diferencias indican que los movimientos oculares maximizan la discriminación y es necesario un análisis al detalle. Aún así, incluso analizando una firma sin movimientos oculares, los peritos calígrafos clasifican correctamente las firmas auténticas y falsas por encima del azar. Por lo tanto, hay dos componentes clave en el análisis de firmas: un procesamiento espacial de las propiedades de la firma como un todo, que no requiere de movimientos oculares, y un procesamiento local de cada rasgo de la firma, que mejora la discriminación del autor.

En cuanto al tiempo de respuesta que requiere decidir el tipo de firma analizado, no se han observado diferencias entre grupos. Lo que sí se ha observado es que ambos grupos, expertos en pericia caligráfica y no expertos, dedicaron más tiempo al análisis de firmas genuinas, hasta concluir que son como tal.

Por lo general, se considera que el tiempo que se puede dedicar a una tarea guarda relación con una toma de decisiones acertada y precisa. ¿Pero cuál es la relación? ¿Se mejora la discriminación entre firmas auténticas y falsificadas si se dedica más tiempo al análisis o la relación es inversa? En el estudio encuentran indicios de una relación inversa, pero no muy clara. Es decir, a menor tiempo de análisis no necesariamente se discrimina mejor. Hay una cantidad inicial de tiempo necesaria para discriminar correctamente entre firmas auténticas y falsificadas, pero, a partir de ese punto, el aumento del tiempo dedicado a analizar no mejora la discriminación.

No se encuentran diferencias entre grupos en el análisis más detallado de las firmas. Los puntos de fijación de los movimientos oculares son similares en ambos grupos y tanto los peritos calígrafos como los sujetos no expertos se fijan más en la parte central de las firmas y menos en los rasgos periféricos.

Parece que analizar detalladamente las firmas sí marca la diferencia en el rendimiento. En cambio, no hay rasgos específicos de las firmas que solo los expertos consideren como más indicativos de autenticidad o falsificación.  Pero sí ocurre algo interesante al respecto.

El grupo de peritos calígrafos utilizan estrategias cognitivas diferentes a la hora de decidir el autor de una firma. Por ejemplo, un experto encuentra y se fija en una característica de una firma que le indica falsificación. No concluye inmediatamente después, sino que sigue analizando incluso si encuentra rasgos más salientes. En cambio, los sujetos no expertos, al detectar un rasgo que les indique falsificación o autenticidad, concluyen casi inmediatamente después de esa detección.  La saliencia de un rasgo actúa como el pistoletazo de salida de una decisión. Por lo tanto, las estrategias de análisis de los no expertos se basan en un procesamiento cognitivo secuencial de la información visual. Los expertos utilizan estrategias de análisis basadas en un procesamiento cognitivo en paralelo de la información visual; primero acumulan información y deciden después.

Se destaca que el registro del número de fijaciones oculares en el análisis de firmas es un buen indicador de la atención visual que los sujetos prestan a las firmas. Esta conclusión se deriva de la relación positiva encontrada entre número de fijaciones y tiempo de fijación. Si se presta más atención a algo, se le dedica más tiempo continuo (de fijación ocular) y se mira más veces. Parece ser que ambos registros son válidos para medir la atención visual.

Todas estas nuevas evidencias indican que se necesita dar más atención a las estrategias de análisis utilizadas en la pericia caligráfica. Conocerlas puede mejorar la instrucción en esta labor y puede aportar más indicadores de validez para la profesión.

Si quieres conocer más sobre la utilidad y la práctica profesional del perito calígrafo, visita nuestro Máster en Pericia Caligráfica y Documentoscopia.

¿Estamos preparados para evaluar la veracidad de testimonios de personas con discapacidad intelectual? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Criteria-bases Content Analysis in true and simulated victims with intelectual disability” de Manzanero A.L., Scott M.T., Vallet R., Aróztegui J. y Bull R. (2019), en el cual se examina la capacidad natural de las personas para discriminar entre declaraciones verdaderas y falsas de personas con discapacidad intelectual, así como las características diferenciales de estas declaraciones, utilizando la técnica CBCA.

Las personas con discapacidad intelectual (DI) suelen ser víctimas de varios delitos y suelen estar implicadas en procedimientos legales/policiales más a menudo que el resto de la población. Un gran número de estos procedimientos no llegan a juicio. La razón podría ser la falta de adaptación del sistema policial y judicial a las características de estas personas. También afectan los mitos que encontramos en la población sobre una supuesta capacidad limitada de las personas con DI a la hora de testificar con precisión. En muchos casos, las declaraciones de personas con DI han sido consideradas menos creíbles y, a la vez, existe el mito de que a estas personas se les cree más fácilmente. ¿Algún punto a su favor?

En algunos estudios, se ha mostrado que las personas con DI pueden tener el mismo rendimiento que otras sin DI en contextos forenses. Esta similitud puede deberse a que la memoria autobiográfica de las personas con DI es bastante estable a lo largo del tiempo. Además, se propone que dar declaraciones falsas supone el uso de más recursos cognitivos que decir la verdad. Es un proceso complejo, por lo que las personas con DI tendrían cierta dificultad para generar una historia falsa.

Existen pocos estudios que analicen las características diferenciales de las declaraciones verdaderas y falsas de testigos con DI. En otras poblaciones, como los menores, se ha propuesto el uso de algunos procedimientos útiles `para evaluar la credibilidad del testimonio. Un procedimiento es el Sistema de Análisis de Validez de las Declaraciones (Statement Validity Assesment, SVA), que se utiliza especialmente con menores víctimas de abusos sexuales. El componente central de SVA es el Análisis de Contenido Basado en Criterios (Criteria-based Content Analysis, CBCA). Esta técnica parte de la idea de que las declaraciones sobre eventos reales son cualitativamente diferentes de aquellas que no se basan en una experiencia real.

Los objetivos de este estudio son tres. Primero, probar el uso de CBCA en el análisis de declaraciones falsas y simuladas de testigos con DI. Segundo, comprobar la capacidad natural o intuitiva de las personas para discriminar entre estos dos tipos de declaraciones. Y, por último, también se busca comprobar esa capacidad natural a través de un análisis de macrodatos, para mejorar la calidad de la clasificación.

Antes del estudio, dos psicólogos forenses tomaron declaraciones a 29 personas con DI. Trece de estas eran testigos reales de un incendio del autobús en el cual iban de excursión. Los 16 restantes conocían el evento, pero no habían estado presentes en dicha excursión. Por lo tanto, tenían que contar lo que pasó en base a lo que habían escuchado sobre el caso, generando una falsa declaración y haciendo creer a los evaluadores que habían estado presentes en el incendio.

En el estudio participan 33 estudiantes españoles como evaluadores. Estos no tienen experiencia alguna en el análisis de credibilidad de los testimonios, ni conocimientos específicos sobre la DI. Los participantes miran 29 videos, de los cuales 16 contienen declaraciones verdaderas y 13 declaraciones falsas. Después de visualizar cada video, tienen que considerar si el testimonio que acaban de escuchar es falso o verdadero.

Aparte de los sujetos sin experiencia, dos evaluadores profesionales entrenados en el uso de la técnica CBCA analizan las transcripciones de los videos. El CBCA contiene 19 criterios, cuya presencia indica la veracidad del testimonio. En el estudio se utilizan 17 porque los dos restantes no son relevantes para el caso.

De todos los criterios del CBCA, solo uno fue determinante de la verdad: cantidad de detalles. La falta de discriminación entre las declaraciones falsas y las verdaderas de los demás criterios del CBCA puede deberse a una gran variabilidad de la muestra o a los déficits en el desarrollo del lenguaje y de la articulación que implica la DI. En cualquier caso, los evaluadores profesionales clasificaron correctamente un 81% de las declaraciones.

El análisis de los testimonios que llevaron a cabo los sujetos no profesionales dio lugar a una discriminación correcta de declaraciones verdaderas y falsas por encima de lo que se podría conseguir por azar (50%). Un 62% de los testimonios fueron clasificados correctamente. Si se consideran por separado, falsos y verdaderos, se detectaron correctamente 65% de los testimonios falsos y 59% de las verdaderos.

Clasificar correctamente a un 62% de los testimonios implica un rendimiento superior al azar de un 12%. Este nivel de acierto no es suficiente en el contexto forense y esa es la razón por la que se necesitan herramientas como el CBCA. Además, los cuerpos policiales (y otros) consiguen un porcentaje similar de aciertos cuando analizan las declaraciones de personas con un desarrollo normativo.

También se comprobó si el cociente intelectual (IQ) marca alguna diferencia en cómo se evalúan los testimonios. Los resultados indicaron que la clasificación que hicieron los evaluadores no profesionales es independiente del IQ de los participantes. El mismo resultado se observó en estudios previos.

Buscando relaciones entre los criterios de CBCA y las evaluaciones de los participantes no profesionales, se encuentra que cuatro de los criterios del CBCA median en la valoración de la veracidad de los testimonios. Es decir, para decidir si un testimonio es verdadero, los sujetos que evalúan de manera intuitiva tienen en cuenta la estructura de la producción/narración, la cantidad de detalles, las complicaciones inesperadas de la historia y los detalles característicos.

Como se observa, la cantidad de detalles aparece como criterio relevante tanto para evaluadores profesionales como para no profesionales. Un resultado curioso, ya que las personas con DI suelen dar pocos detalles en una narración, incluso si esta es veraz. ¿Qué ocurriría si las declaraciones veraces de personas con DI se compararían con las de la población general? En el análisis de los testimonios de las personas con DI, especialmente de aquellas que presentan un vocabulario reducido y déficits de las memorias semántica y autobiográfica, se correría un alto riesgo. Esto implicaría que se podría juzgar erróneamente la credibilidad de estas personas y, por tanto, podría ocurrir una revictimización.

Por lo tanto, en el análisis de veracidad de los testimonios, no solo es necesario el uso de herramientas diseñadas para tal fin, sino también una adecuación de estas a la diversidad poblacional. En el caso de personas con DI, se hace especialmente relevante, dado que, y como ya se ha mencionado, son a menudo víctimas de diversos delitos.

Line-up: nueva metodología en grafología forense que reduce los sesgos. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Presentation methodologies: an assessment for forensic signature analysis”, de Conlan X. A., Stevens S. J., Found B., Sherman C. D. H. y Durdle A. (2019), que nos acerca a las metodologías del análisis de firmas. En este artículo proponen un nuevo método para los grafólogos forenses y comparan el rendimiento de sujetos profesionales y no profesionales.

Dentro de las ciencias forenses, nos encontramos con una disciplina fascinante. Hablamos de la grafología, con dos vertientes principales: la grafología forense y la grafología psicológica. El artículo que presentamos hoy se centra en la primera de estas dos, siendo la grafología forense la que se encarga de la identificación del autor y del análisis de autenticidad de una firma o texto. La validez del análisis de la escritura a mano ha sido bastante cuestionada como técnica forense. La duda o critica principal en este ámbito es si los/las profesionales que examinan la escritura realmente son más capaces de identificar una firma simulada (por tanto, detectar su falsificación) que una persona no profesional. Existen varios estudios que han mostrado que los sujetos no profesionales detectan erróneamente una firma como simulada muchas más veces que los profesionales. A pesar de las evidencias, sigue habiendo muchas cuestiones a tener en cuenta para minimizar la probabilidad de errores.

Por esta razón, en 2009, la Academia Nacional de Ciencias de EEUU publicó un informe en el cual subraya una serie de limitaciones relativas a las ciencias forenses, incluida la grafología. Una de ellas se refiere a los sesgos contextuales, influencias cognitivas y contextuales que modifican y sesgan la percepción humana de múltiples maneras. En las ciencias de la evidencia forense, la información contextual irrelevante que podría influir en las conclusiones de los expertos proviene de 3 fuentes principales: el contexto en cual se examina una evidencia, la documentación que la acompaña y la información que se obtiene sobre ella mediante la comunicación con otros.

En cualquier caso, de todas las fuentes posibles de sesgo, esta investigación se basa en evidencias previas sobre el impacto que tiene el cotejo de las muestras dubitadas e indubitadas de huellas dactilares en las conclusiones de los expertos. Es decir, el cotejo como fuente de sesgos. Por eso, los autores plantean que los mismos sesgos pueden mantenerse también en el caso de las firmas y otros materiales escritos.

Un ejemplo de cómo podría sesgarnos el proceso de cotejo es imaginarnos que tenemos que decidir cuál es el tono de color rojo cereza y tenemos dos maneras de hacerlo. Una es teniendo una muestra de ese color y elegirlo de una serie de tonalidades distintas de rojo. Otra opción sería hacer lo mismo, pero sin tener referencia alguna, donde elegiríamos el color rojo cereza de una serie de tonos de rojo. ¿Creéis que los resultados serían distintos? No cabe duda de que en el caso de los colores hay menos características para analizar, alejándose bastante de la complejidad de una firma o huella digital, pero el proceso per se es el mismo.

En los estudios previos se sugiere que una alternativa al cotejo que disminuiría el riesgo de una percepción sesgada sería un análisis de las características de la muestra dubitada de manera aislada y, posteriormente, llevar a cabo el cotejo de ambas. En este estudio, no se lleva a cabo esa sugerencia al completo, pero se prueba con un nuevo método, llamado line-up. Este concepto hace referencia a la técnica que se utiliza en las ruedas de reconocimiento de sospechosos. Significa alineación o ponerse en fila, pero aquí se refiere a la presentación de muestras dubitadas e indubitadas de manera conjunta, sin una muestra de modelo.

Se justifica la posibilidad de encontrar diferencias en la cantidad o nivel de sesgo por el tipo de procesamiento que se lleva a cabo en el método de cotejar y Line-up. Si los sujetos aciertan más y discriminan mejor falsificaciones de firmas auténticas con un método más que con el otro, implicaría que ese método permite un análisis menos sesgado.

En el cotejo, el procesamiento cognitivo ocurre primero de abajo-arriba, cuando el modelo se percibe y, posteriormente, ocurre un procesamiento de arriba-abajo para comparar con las demás muestras. Por lo tanto, existe el riesgo de una comparación más sesgada por la información contextual y cognitiva que puede haberse recogido con la percepción del modelo.

En la metodología Line-up, el procesamiento de las muestras dubitadas e indubitadas ocurre de manera conjunta de abajo-arriba. El procesamiento de arriba-abajo implica que en el análisis se utilizará la misma información que la de entrada más el conocimiento del experto, por lo que probablemente habrá menos información contextual, sea interna o externa, que pueda sesgar las conclusiones obtenidas. Es decir, menos de la que se habría recogido si se suma la percepción del modelo.

En el estudio participa una muestra de 40 sujetos no profesionales de la grafología forense. Primero, 10 sujetos deben crear una muestra de 30 firmas originales cada uno. Los otros 10 deben generar 30 falsificaciones cada uno de una muestra de 5 firmas elegidas aleatoriamente de las anteriores. Los 20 sujetos restantes conforman dos grupos: No profesionales de cotejo (NP-C) y No profesionales Line-up (NP-L). Los grupos de profesionales de la grafología están compuestos por 7 sujetos para el grupo Profesionales de cotejo (P-C) y 8 para Profesionales Line-up (P-L).

Los grupos que deben cotejar las muestras (NP-C y P-C) reciben 10 casos. Cada caso se presenta con dos hojas: una con 15 firmas del mismo autor y otra con 5 firmas, de las cuales entre 1 y 5 firmas pueden ser falsificaciones. Los sujetos deben identificar cuáles de las 5 firmas son falsas y justificar para cada una por qué piensan que son o no son falsificaciones. Además, deben valorar en cada firma si consideran que hay una evidencia fuerte de que es original, falsa o si les parecen poco concluyente.

Los grupos que siguen la metodología Line-up también reciben 10 casos. Solo se utiliza una hoja que contiene 20 firmas, siendo la mayoría hechas por el mismo autor y entre 1 y 5 falsificadas. La evaluación de las firmas es igual que la anterior, excepto lo último y en este caso se deben clasificar las firmas: las del mismo autor, las falsificaciones y las que consideran poco concluyentes.

Como resultados principales, se observa que los participantes no profesionales se pronuncian más sobre la naturaleza de las firmas. Es decir, tienen menos dudas sobre si son falsas o no cuando utilizan el método Line-up. En cambio, los grafólogos forenses dan más respuestas correctas que los no profesionales, pero también optan más por no concluir nada. Se considera que estas diferencias pueden deberse a que los profesionales son más cautos a la hora de decidir sobre la naturaleza de las firmas, dado que saben la importancia de estas decisiones a nivel judicial. Prefieren no concluir que concluir incorrectamente. En cualquier caso, parece que el método Line-up es fácil de utilizar tanto para profesionales como no profesionales, dado que ambos grupos fueron capaces de determinar falsificaciones y firmas auténticas correctamente.

Utilizando el método del cotejo, no se encuentran diferencias entre profesionales y no profesionales en ningún tipo de respuesta. Este hallazgo es inconsistente con lo que han encontrado los estudios anteriores, donde suele haber una mayor exactitud en las respuestas de los profesionales.

Según los autores, lo más importante es que este estudio ha demostrado que el método Line-up parece apto para la profesión forense, cumpliendo su función de reducir el sesgo contextual, sin que afecte a la exactitud del análisis grafológico. Por lo tanto, parece un método que aumenta la probabilidad de detectar firmas auténticas y falsificaciones porque empuja a un mayor análisis de los matices que en el caso del cotejo, donde se trabaja más con la comparación de los mismos.

 

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La importancia de motivar a los jóvenes en prisión para mejorar su comportamiento. Resultados de la herramienta PACI-O-YPV. Club Ciencias Forenses

Como continuación del anterior artículo,  presentamos el resumen del experimento presentado en el artículo “Motivating young people in prison to improve behaviour” de Susan Jearney y Joselyn Lizal. En este experimento se comprueba si la aplicación del PACI-O-YPV en jóvenes es capaz de aplicar un efecto motivacional en los jóvenes que influya en su comportamiento y ausencia de reincidencia posterior. 

En las prisiones, el estado del régimen de prisionero está sujeto a cambios en gran medida de acuerdo con los comportamientos positivos y negativos del preso. Estos comportamientos se registran en la hoja de registro de la prisión por oficiales correccionales y otras disciplinas que tienen información sobre la atención de las personas, como psicólogos y trabajadores sociales. Estas entradas positivas y negativas proporcionan al personal un indicador cuantitativo de la actitud y el comportamiento del preso. Para realizar este experimento, en el que se empleó el SWLS y el PACI-O (más concretamente el PACI-O-YV, una versión para jóvenes como explicaremos un poco más adelante), el estado del régimen de los participantes se registró al comienzo del período experimental y nuevamente al final, lo que permite la comparación de los estándares de comportamiento y la medición de la mejoría. A cada estado de régimen se le asignó un valor numérico para fines de análisis: bronce, plata, y oro. (Volvemos a recordar que respetamos las variables asignadas en el artículo resumido, si bien la correspondencia en el Sistema Penitenciario Español de los estados de régimen serían el primer, segundo o tercer grado). Además de registrar el estado del régimen al comienzo y al final del período experimental, se decidió calcular una medida que reflejaría el estado conductual promedio del individuo durante el período experimental. Por lo tanto, los registros semanales (o quincenales) del estado del régimen de los participantes se sumaron y se dividieron por cuatro para calcular la media del régimen para el período experimental.

Para realizar el expertimento, todos los participantes fueron informados de la naturaleza del estudio y dieron su consentimiento por escrito. Un total de 18 jóvenes presos participaron en la investigación, con nueve participantes en cada condición (experimental y de control). Se realizó un grupo de enfoque para evaluar la idoneidad y relevancia de PACI-O para su uso con esta población. Los jóvenes presos fueron invitados a una sesión de grupo en la que se les pidió que discutieran sus metas / aspiraciones actuales y problemas / inquietudes. Las seis áreas de vida se discutieron a su vez y los comentarios de los jóvenes se mapearon en el formato PACI-O existente. Una zona de vida adicional que fue identificada por el joven fue la tecnología que posteriormente se agregó al PACI-O que, en consecuencia, se conoció como PACI-O – Versión para jóvenes (en adelante se nombrará como PACI-O-YV).

En la primera parte del experimento (que entenderemos como “tiempo 1”) se registró el estado del régimen para los participantes en los grupos experimentales y de control, junto con los puntajes del SWLS. El PACI-O-YPV se administró al grupo experimental. El investigador leyó la página de instrucciones de la entrevista que proporcionó a los participantes una explicación estandarizada. Cada una de las ahora siete secciones de la entrevista se discutió a su vez con imágenes visualmente estimulantes que acompañan a cada área de la vida. El joven preso estaba obligado a identificar cualquier inquietud o aspiración en áreas de vida individuales, de ser relevante. A cada joven preso se le pidió que calificara su respuesta en cada uno de los índices de calificación PACI-O en relación con la preocupación o aspiración particular identificada. A los participantes se les preguntó cómo estar en prisión o reincidir en el futuro los ayudaría a alcanzar sus metas o resolver sus problemas y qué obstáculos se encontraban en el camino para alcanzar los objetivos. Una vez que se cubrieron todas las áreas de la vida, se envió un resumen verbal de la información proporcionada al joven para garantizar la precisión. Todas las entrevistas fueron supervisadas por el psicólogo forense interno en formación, quien informó a los participantes sobre la finalización.

En la segunda parte del experimento (que entenderemos como “tiempo 2”), un mes después de la entrevista inicial, el investigador documentó el estado actual del régimen de los participantes junto con todas las fluctuaciones, a fin de calcular la media del régimen para el período experimental. El investigador administró nuevamente el SWLS a grupos experimentales y de control. Los resultados fueron los siguientes:

En cuanto al estado del régimen, tanto la media experimental como la del grupo de control fueron idénticas en el tiempo 1 (media = 2, SD, 0,87) debido a la selección de la muestra, es decir, tres participantes de bronce, tres de plata y tres de oro en cada condición. En la segunda parte del experimento (un mes después), se muestra una mejoría estadísticamente significativa en el estado del régimen para el grupo experimental de los Tiempos 1 a 2. Mientras que el estado del régimen del grupo de control mejoró, pero no fue estadísticamente significativo.

Sobre la satisfacción con la escala de la vida (SWLS), las puntuaciones medias SWLS aumentaron en el grupo experimental de 18.56 (DE, 5.12) a 19.56 (DE, 3.29) en comparación con el grupo control cuyas puntuaciones disminuyeron durante el período experimental de 18.00 (DE, 5.61) a 17.67 (DE, 5.43).

Todos los cambios en el estado del régimen para YP se documentaron a lo largo del período de prueba del mes. Se calculó un puntaje promedio para representar el comportamiento para reflejar un desempeño general durante todo el período experimental. La media del régimen para el grupo experimental (M = 2.23, SD, 0.82) fue menor que la media del régimen para el grupo control (M = 2.30, SD, 0.61). Sin embargo, no hubo una diferencia significativa entre la puntuación media del régimen experimental y del grupo de control (p> 0.05). El régimen significa una correlación negativa con las entradas negativas (p <0.01) y correlacionó positivamente con las entradas positivas (p <0.05) como se esperaría ya que estas medidas son influyentes en la decisión del estado del régimen.

Por tanto, resumimos que si bien el estado del régimen en el grupo experimental fue mayor que el grupo de control al final del período de prueba, la media del régimen (la medida que refleja el comportamiento a lo largo del período de prueba) fue menor en el grupo experimental. Esto indicó que en algún momento entre los tiempos 1 y 2 el comportamiento en el grupo experimental cayó por debajo del grupo de control, antes de alcanzar un estado general más alto al final del estudio. Se hipotetiza que los participantes que participaron en el PACI-O-YPV pueden haber sido sensibles a un período de desilusión, por el cual los objetivos se identificaron y aparecieron, inicialmente al menos, como imposibles de obtener (debido a la encarcelación) que dieron como resultado un comportamiento inadaptado. Puede ser entonces que los jóvenes presos necesiten un cierto período de tiempo para asimilar todos los componentes positivos del PACI-O-YPV a fin de dirigir el comportamiento en una dirección significativa hacia la consecución de sus objetivos.

Con estos resultados se podría entender que la aplicación del PACI-O-YPV no ha sido del todo eficaz. Sin embargo hay que tener varios elementos en cuenta, siendo tal vez los más importantes el hecho de que en este experimento la muestra era de tan solo 18 jóvenes (una muestra demasiado pequeña para poder generalizar los resultados), y el hecho de que todos los que participaron y aplicaron el PCI-O-YPV desarrollaron una serie de motivaciones necesarias y vinculadas directamente con un comportamiento rehabilitador, siendo esto lo suficientemente importante como para poder destacar la validez de la herramienta, como explicaremos a continuación.

Los resultados presentados indican que el PACI-O-YPV puede ser una herramienta motivacional efectiva para su uso dentro de esta población; Sin embargo, se necesita más investigación para establecer esto con confianza. Los resultados apoyan la investigación previa con intervenciones basadas en objetivos, que ha sugerido que tienen éxito en mejorar la motivación de las poblaciones de delincuentes. El PACI -O-YPV podría utilizarse de varias maneras; ya sea como un potenciador de la motivación previo al tratamiento o como un componente fundamental de los programas de tratamiento como una estrategia con la que mantener un nivel adecuado de motivación en todo momento.

Una fortaleza particular del PACI-O-YPV es su enfoque centrado en el joven; como se mencionó anteriormente, el proceso permite a los delincuentes generar sus propios objetivos en lugar de conformarse con los objetivos preestablecidos por el terapeuta para el tratamiento. El joven preso participante en este estudio respondió bien a este estilo de entrevista individualista. Todos los presos en el grupo experimental se involucraron bien con el proceso e identificaron fácilmente las aspiraciones e inquietudes constructivas. Una fortaleza adicional es su modo de entrega uno-a-uno. Muchos programas de tratamiento e intervenciones para delincuentes se basan en grupos y es posible que a los internos no les guste este método, se sientan intimidados o simplemente no puedan participar en un proceso que no sienten que tenga un significado personal. Es posible que el PACI-O-YPV mejore la motivación al utilizar un proceso que los internos sienten que tiene relevancia personal para ellos.

En conclusión, la adaptación del PACI-O al PACI-O-YPV y sus primeros indicadores positivos deben ser vistos con optimismo ya que la falta de motivación dentro de esta población es una importante preocupación. Los resultados de la aplicación del PACI-O-YPV deberían incluir una mejor conducta mientras están encarcelados y una menor reincidencia, como resultado de la motivación hacia el cambio mediante la identificación de objetivos de vida positivos, en consonancia con la rehabilitación de delincuentes.

¿Cómo se deben estudiar los diferentes tipos de acoso?. Club de Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Stalking: why do people do it?” de Rajesh Nadkarni y Don Grubin,  que explican los tipos de acoso existentes y la importancia de un trabajo multidisciplinar para enfrentarse a este problema.

Aunque está asociado con el acoso, el acto de “stalking” abarca una amplia gama de comportamientos, no solo el acoso. La mayoría de las definiciones de acoso incluyen la persecución repetida de una víctima específica con acoso o seguimiento, pero el límite entre el cortejo legítimo y el acoso puede difuminarse. En general, para ser definido como acecho, el comportamiento debe ser no deseado e intrusivo.

El rango de comportamiento involucrado en el acoso puede agruparse ampliamente en tres categorías. En primer lugar, hay seguidores que incluyen frecuentar lugares de trabajo y hogares, mantener la vigilancia y diseñar “coincidencias”. En segundo lugar, comunicarse por teléfono, cartas, tarjetas, graffiti, regalos y, cada vez más, por correo electrónico e Internet (“ciberataque”). A menudo, el acosador pedirá bienes y servicios en nombre de la víctima. Finalmente viene la agresión o la violencia, en la que los acosadores amenazan a sus víctimas, acosan a sus familias, dañan sus bienes, hacen acusaciones falsas sobre ellos y causan lesiones físicas o sexuales.

La cobertura de los medios de acoso tiende a centrarse en las víctimas de las celebridades acechadas por un fanático “enloquecido”. Sin embargo, estos casos son minoritarios, y la mayoría de las víctimas son ciudadanos comunes. La mayoría de los acosadores son hombres y la mayoría de las víctimas son mujeres. Los acosadores suelen estar desempleados o subempleados en el momento del acecho y con mayor nivel educativo que otros delincuentes.

Las clasificaciones del comportamiento de acoso han tendido a concentrarse en la relación acosador-víctima. Quizás el más frecuentemente mencionado es el de Zona et al, que se basa en su estudio de 74 casos manejados por la policía de Los Ángeles. Clasifican a los acosadores en un simple grupo obsesivo, donde el acosador y la víctima tenían una relación previa; un grupo obsesivo del amor, donde no había relación previa; y un grupo erotomaníaco, donde el acosador desarrolló una falsa ilusión de que la víctima estaba enamorada de él o ella. El grupo obsesivo simple es el más común y se informa que es el más propenso a recurrir a la violencia.  Los acosadores famosos generalmente se encuentran en el grupo obsesivo amoroso, una gran proporción de los cuales padecen enfermedades psicóticas. Aquellos en el grupo erotomaníaco generalmente son mujeres, con sus víctimas siendo hombres mayores de un estatus socioeconómico más alto.

Aunque esta clasificación es útil, tiene sus limitaciones. En particular, ignora en gran medida la motivación del delincuente. Tampoco está claro con qué fiabilidad se pueden distinguir los dos últimos grupos, qué tan bien la tipología diferencia entre el cortejo persistente y el acecho, y si tiene alguna validez predictiva. Se cree que el acoso se comprende mejor a través de un modelo multidimensional que involucra la relación del acosador con la víctima, la motivación del acosador y la severidad del comportamiento de acecho. Tal enfoque proporciona una base para la evaluación de riesgos.

El manejo exitoso del acoso requiere la cooperación entre profesionales de la salud y otros en el sistema de justicia penal. Debe incluir una evaluación integral de riesgos que aborde la motivación, la persistencia y la probabilidad de violencia. Algunas personas suspenderán el comportamiento después de un período de detención o si se les amenaza con arrestarlo. Los factores que pueden aumentar el riesgo, como el uso indebido de sustancias, pueden abordarse por derecho propio, mientras que la medicación neuroléptica puede tener un papel si los síntomas psicóticos son evidentes, y las dosis bajas de neurolépticos pueden ser eficaces incluso en ausencia de psicosis. De manera similar, los pensamientos intrusivos sobre la víctima pueden mejorar después del tratamiento con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina. Los profesionales de la salud mental pueden, por lo tanto, apoyar a otras personas involucradas en la gestión de riesgos.

Las víctimas de los acosadores pueden consultar a los médicos generales. Los médicos deben ser conscientes de las secuelas psicológicas de ser acosado y de las protecciones legales disponibles para las víctimas y poder dirigirlas a los grupos de apoyo locales. Los efectos de los acosadores en sus víctimas pueden provocar una gran morbilidad psiquiátrica.

Estilos interpersonales entre negociadores de crisis y pacientes forenses hospitalizados. Club Forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The Interpersonal Style and Complementarity Between Crisis Negotiators and Forensic Inpatients”, de los autores Lindsay H. Dewa, Carol A. Ireland y Neil Gredecki, que exponen la influencia del estilo interpersonal y complementariedad entre los negociadores de crisis y los pacientes forenses hospitalizados.

Un negociador de crisis intenta resolver un incidente crítico mediante la negociación con una persona o grupo de personas en crisis. El propósito de la investigación que resumimos a continuación fue establecer el estilo interpersonal de los negociadores de crisis y la interacción interpersonal entre ellos y pacientes hospitalizados forenses.

La negociación de crisis se ha utilizado como la principal táctica para intervenir y resolver incidentes críticos en todo el mundo. En situaciones de crisis, como la toma de rehenes, el enfoque principal de un negociador de crisis es determinar un resultado seguro para todos los involucrados. Se entiende por tanto que una comunicación efectiva y correcta es uno de los componentes más importantes para lograrlo, y que se puede lograr una comunicación efectiva como resultado de una correspondencia complementaria entre el estilo interpersonal del negociador y el del perpetrador.

Un incidente crítico puede definirse como un “evento significativo que interrumpe negativamente las funciones de la vida cotidiana y que requiere la atención y la experiencia de aquellos que están especialmente capacitados para manejar estos eventos” (Vecchi). Los incidentes críticos suelen provenir de individuos con altos niveles emocionales y se manejan a través de la facilitación de la negociación de crisis utilizando estrategias de comunicación verbal. Los incidentes críticos que involucran al negociador y perpetrador de la crisis pueden definirse bajo dos términos separados: ‘conflicto alto’, donde el perpetrador involucrado es de una mente racional y usualmente tiene un objetivo claro o un resultado para obtener de la situación; o “situación de crisis”, donde el individuo es irracional y no tiene intención de resolver la situación. Al aplicar esto al desorden mental, la comunicación efectiva es uno de los componentes más importantes para lograr un resultado seguro tanto para el negociador de crisis como para el perpetrador mentalmente desordenado. Pero, ¿qué sucede cuando los negociadores de crisis deben tratar con delincuentes con trastornos mentales?

Este estudio de investigación intenta investigar la relación interpersonal entre el negociador y el paciente forense con trastorno de personalidad en un entorno seguro (hospital), y busca determinar el estilo interpersonal del negociador de crisis y si es diferente del estilo interpersonal del personal clínico.

Para comprobarlo, participaron un total de 90 personas en el estudio. El estudio seleccionó a 31 negociadores entrenados en crisis que trabajan en un hospital forense de alta seguridad y 32 empleados no clínicos del mismo hospital. Además, 27 estudiantes de psicología de pregrado fueron seleccionados al azar de una sala de conferencias al solicitar informalmente voluntarios para completar el proyecto de investigación. A los tres grupos (n = 90) se les dieron ocho viñetas que detallaban diferentes estilos interpersonales. Las viñetas solo difieren en el estilo interpersonal del paciente: dominante, dominante hostil, hostil, sumiso-hostil, sumiso, amistoso-sumiso, amistoso, y amistoso-dominante.

Se pidió a los participantes que estudiasen ocho viñetas que describen un estilo interpersonal de un paciente involucrado en un incidente de rehenes, basado en las definiciones interpersonales de sumiso, amistoso-sumiso, hostil, hostil, amistoso, dominante, hostil-dominante y amistoso-dominante. Se evaluó la percepción de la capacidad de trabajar con el paciente mostrando las posibles respuestas en una escala de Likert de siete puntos que va desde extremadamente difícil (1) a extremadamente fácil (7).

Un ejemplo de la viñeta dominante para el estudio es la siguiente: El paciente A es un paciente forense que reside en un hospital seguro. Actualmente está involucrado en un incidente de crisis (por ejemplo, toma de rehenes / situación de barricada). El paciente A es autosuficiente, permanece tranquilo, se afirma a sí mismo, persuade a los demás, se hace cargo, instruye y da consejos, y defiende a los demás. “¿Qué tan fácil es trabajar con este paciente involucrado en un incidente de crisis?” Esto se repitió para los ocho estilos interpersonales.

Los resultado mostraron que la diferencia entre los grupos (negociadores de crisis, trabajadores clínicos y estudiantes) en estilos interpersonales dominantes, hostil dominante, hostil, hostil-sumisa y amigable-dominante no fue significativa. Sin embargo, se mostraron diferencias estadísticamente significativas en el estilo interpersonal sumiso en los tres grupos participantes; los estudiantes fueron más sumisos que los trabajadores clínicos o los negociadores de crisis. También existió una diferencia estadísticamente significativa al tener un estilo interpersonal amistoso-sumiso entre grupos entrenados y no entrenados, demostrando que era estadísticamente más probable que los negociadores de crisis tuvieran un estilo interpersonal amistoso y sumiso. Un análisis de una vía de la varianza mostró que la diferencia entre los participantes con un estilo interpersonal dominante y los pacientes forenses con un estilo interpersonal sumiso no fue significativa, y asimismo un análisis de varianza de otra vía mostró que no hubo diferencias significativas entre los participantes con estilo interpersonal sumiso y el estilo interpersonal de pacientes hospitalizados forenses dominantes, indicando así que los participantes dominantes no eran optimistas sobre el trabajo con pacientes forenses sumisos.

También se planteó la hipótesis de que los participantes con un estilo interpersonal amistoso serían más optimistas sobre el trabajo con pacientes internos forenses con un estilo interpersonal amigable. Se realizó un análisis de varianza de una vía que muestra que hubo una diferencia no significativa entre los participantes con un estilo interpersonal amistoso y los pacientes forenses con un estilo interpersonal amistoso, mostrando así que los participantes amigables no eran optimistas sobre el trabajo con pacientes forenses amistosos. En cuanto a los negociadores de crisis, un análisis de varianza de una vía mostró que la perspectiva de los negociadores de crisis con un estilo interpersonal sumiso que trabaja con pacientes forenses con un estilo interpersonal dominante no fue significativamente optimista, al igual que de la forma contraria el análisis de varianza de otra vía reveló que los negociadores de crisis con un estilo interpersonal dominante no informaron percepciones significativamente más optimistas sobre el trabajo con pacientes forenses con un estilo interpersonal sumiso.

Resumimos por tanto de estos resultados que el estilo interpersonal sumiso demostró una diferencia entre los negociadores de crisis, los trabajadores clínicos y los estudiantes. El estilo interpersonal amistoso-sumiso fue diferente en los tres grupos participantes, mientras que los estilos interpersonales restantes no fueron significativamente diferentes entre los grupos. El entrenamiento en la negociación de crisis fue predictivo para tener un estilo interpersonal amistoso y sumiso en comparación con los grupos no entrenados. El análisis posterior reveló que los individuos dominantes no mostraron juicios positivos al trabajar con pacientes forenses forenses sumisos. Del mismo modo, las personas sumisas no eran optimistas sobre el trabajo con pacientes forenses dominantes.

Los negociadores de crisis dominantes eran más optimistas sobre el trabajo con pacientes forenses con un estilo interpersonal dominante, mientras que los estilos amistosos y hostiles no mostraron una complementariedad con los estilos interpersonales correspondientes de los pacientes forenses hospitalizados. Todos los participantes eran más optimistas acerca de trabajar con pacientes forenses con un estilo interpersonal amigable que cualquier otro estilo, incluido el hostil.

La investigación muestra que la amabilidad es común en todos los individuos y con frecuencia sucede independientemente del estilo interpersonal de la otra persona. Es probable que la razón de que no haya una complementariedad correspondiente entre el estilo interpersonal hostil, y el estilo interpersonal amistoso, sea que se observó que la amabilidad era más prominente que la hostilidad. Esto indica que los participantes que mostraron un estilo interpersonal amistoso fueron amables independientemente del estilo interpersonal del paciente forense. En consecuencia, controlar la amabilidad puede hacer que la influencia de la complementariedad sea más visible. El estudio actual encontró que los negociadores entrenados en crisis son más propensos a tener un estilo interpersonal amigable en comparación con los otros estilos; sin embargo, los negociadores de crisis tenían aún más probabilidades de tener un estilo interpersonal amistoso-sumiso que los otros participantes, lo que estaba de acuerdo con la hipótesis original. Sin embargo, los trabajadores clínicos y los estudiantes también eran más propensos a tener un estilo interpersonal amistoso y amistoso-sumiso que cualquier otro estilo interpersonal.

En cuanto al optimismo, los participantes en general fueron más optimistas acerca de trabajar con pacientes forenses con un estilo interpersonal sumiso que con estilo dominante. Sin embargo, se produjo un resultado inesperado que desafió la teoría de la complementariedad. Los negociadores dominantes de crisis se mostraron optimistas acerca de trabajar con pacientes forenses con un estilo interpersonal dominante determinado por las definiciones de estilo interpersonal. Este resultado fue en contra de la teoría de la complementariedad; en su lugar, apoyó la hipótesis de “similitud” con énfasis específico en cómo los individuos con la misma personalidad “gustan” a individuos con las mismas características que ellos. Es posible, por lo tanto, que contrariamente a la visión de complementariedad de que los negociadores de crisis con un estilo interpersonal dominante sean más optimistas sobre trabajar con pacientes forense con un estilo interpersonal sumiso, los negociadores de crisis dominantes sean más optimistas sobre el trabajo con pacientes forenses dominantes.

De todos modos, hay que tener en cuenta que este ha sido el único estudio encontrado referente al estilo interpersonal, la interacción y la complementariedad de los negociadores de crisis y los pacientes forenses hospitalizados. Por lo tanto, los resultados de este estudio son exclusivos de la investigación actual y en función de 90 resultados, lo que si bien puede servir de referencia, sigue resultando una muestra pequeña. Una investigación con una muestra mayor podría ser útil para comprobar si es recomendable o no emparejar estilos interpersonales similares (negociador-sujeto problemático) para determinar el resultado más seguro en una situación de crisis. En general, se requiere más investigación para apoyar o negar la teoría de la complementariedad y la hipótesis de “similitud”.

No debemos de olvidar que con independencia del estilo interpersonal, todo negociador de situaciones en crisis debe de ser formado correctamente, siendo posible formarse, por ejemplo, a través del Máster Online de Perfilación de Personalidad y Negociación de Behavior & Law.

Diferencias neuropsicológicas entre el asesino calculador frente al impulsivo. Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Neuropsychological and Intellectual Differences Between Types of Murderers: Affective/Impulsive Versus Predatory/ Instrumental (Premeditated) Homicide”, de los autores Robert E. Hanlon, Michael Brook, John Stratton, Marie Jensen y Leah H. Rubin, de la Escuela de Medicina de Feinberg en la Universidad de Northwestern en Chicago, que analizan las diferencias entre los asesinos impulsivos y los premeditados. 

Incluso de forma intuitiva, la gente que no sabe demasiado acerca de ciencias forenses también intuye que no hay un único tipo de asesino. Todos tenemos en mente a clásicos personajes del cine como Patrick Bateman, interpretado por Christian Bale en American Pshyco, o el Dr. Hannibal Lecter del Silencio de los Corderos, llevado a la pantalla por Anthony Hopkins. Son claros ejemplos de asesinos inteligentes y planificadores; ese es el típico psicópata que nos viene a la cabeza por lo general. Sin embargo, también hay otro tipo de asesino que nos viene a la mente en segundo lugar: el violento. Ese que se deja llevar por la ira y, si bien carece de escrúpulos al igual que el otro, no es planificado sino visceral y brutal. Tenemos como ejemplo a Jack Torrance, protagonista del film basado en la novela de Stephen King, El Resplandor, magistralmente interpretado por Jack Nicholson en la película de Kubrick.

Cabría, quizás, hacerse la pregunta de, puestos a encontrarse a alguno de estos dos perfiles en un callejón oscuro por la noche, ¿cuál sería peor? La psicología forense hace mucho que aconseja mantener ciertas distancias con psicópatas de bajo cociente intelectual y un historial de abuso de drogas o alcohol. No hace falta ser un genio para ver que esa mezcla no puede acabar bien. Sin embargo, el siguiente estudio va más allá de la “psicología popular” y nos trae datos sobre ambos tipos de asesinos.

Los investigadores examinaron a 77 reclusos: 90% varones, 68% afroamericanos, con una edad promedio de 32 años dentro de un rango de 16 a 67 años y un promedio de 10,5 años de educación.  Posteriormente clasificaron a estos reclusos (que habían sido acusados ​​o condenados por los asesinatos de 137 personas diferentes) en dos grupos: el grupo afectivo/impulsivo y el grupo premeditado/depredador usando los criterios forenses de Meloy (1988, 1997) relacionados con la violencia. Además, los autores definen la violencia predatoria o instrumental como “un acto planificado, deliberado y, sobre todo, consciente; mientras que la violencia afectiva o impulsiva se refiere a actos reactivos, inmediatos y principalmente emocionales “.

Cada recluso había sido referido por su abogado o por el tribunal para la evaluación neuropsicológica relacionada con la aptitud para ser juzgado, la responsabilidad criminal, retraso mental o anormalidades neuropsicológicas. Los investigadores estaban interesados ​​en examinar las diferencias neuropsicológicas y de inteligencia, si las hubiera, entre estos dos grupos de criminales. Todos los reclusos participaron en una entrevista clínica y completaron una batería de pruebas neuropsicológicas.

Los análisis mostraron que el grupo afectivo/impulsivo era de media más joven, con menos años de educación, más propensos a ser afroamericanos, más propensos a tener antecedentes de abuso de sustancias (93% a 76%) o trastornos del desarrollo y menos probabilidades de tener antecedentes de diagnóstico psiquiátrico o trastorno de la personalidad que los pertenecientes al grupo predatorio/instrumental.

El grupo afectivo/impulsivo parecía menos inteligente (CI 79 de media) frente al predatorio/instrumental (CI 93 de media). Además tenían peor memoria, peor atención y un pobre reconocimiento facial. También se observaba menos eficiencia en la resolución de problemas y la flexibilidad cognitiva.

Por otro lado, los predatorios/instrumentales tenían más probabilidades de tener trastornos del Eje I (trastornos mentales importantes como la esquizofrenia o el trastorno bipolar) y trastornos del Eje II (trastornos de la personalidad como antisocial, narcisista, histriónico, límite, etc).

Esto sugiere que los asesinos afectivos/impulsivos tienen importantes déficits neuropsicológicos e intelectuales, mientras que los ​​predatorios/instrumentales tienen en gran medida intactos todos los dominios neurocognitivos. Por tanto, los asesinos predatorios/instrumentales es probable que sean más inteligentes y con menos probabilidades de ser capturados (o al menos menos no rápidamente atrapados). El asesino afectivo/impulsivo es probable que cometa el crimen con una menor evaluación previa de las consecuencias y sin un plan de fuga o coartada. Pero volviendo a la pregunta inicial, mejor evitar encontrarnos con ninguno de los dos.

Detectar el suicidio en los rasgos faciales. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Detecting Suicidality From Facial Appearance”, de los autores Sela Kleiman y Nicholas O. Rule, de la Universidad de Toronto, que estudian los rasgos faciales asociados a la conducta suicida. 

El suicidio es la primera causa de muerte no natural en España. Dificultad para concentrarse, desprenderse de sus pertenencias, cambios repentinos de comportamiento, pérdida de interés en sus actividades, dificultades en el trabajo, modificación de los hábitos alimentarios o de sueño, conductas autodestructivas o consumo de drogas o alcohol. Hay muchas señales y a pesar de todo, no somos capaces de verlo venir. Es difícil estar atento a tantas señales que a veces pueden achacarse a otros factores… Pero, ¿y si pudiéramos preverlo con un simple vistazo?

Un equipo canadiense plantea la posibilidad, a lo largo de varios estudios y experimentos, de que haya algún tipo de patrón detectable en la cara de los suicidas que nos pueda dar la pista de que van a cometer un suicidio en breve. Lo cual sería una valiosa herramienta en la prevención.

Para este experimento se cogieron fotos de personas fallecidas por suicidio y de personas vivas de sus anuarios del instituto y la universidad. Fueron un total de 80 fotos, 40 de cada tipo (12 mujeres y 28 hombres), que se emparejaron por sexo y raza y se recortaron para mostrar únicamente el rostro. Además se pusieron en escala de grises para tratar de homogeneizarlas entre sí.

En la primera fase del estudio, se pidió a 33 participantes que observaran las 80 fotos y determinaran rápidamente, basándose en su “intuición”, si creían que las personas de las fotografías se habían suicidado o si estaban vivas. Sin importar si el participante ni el individuo representado en la foto eran hombre o mujer, los participantes fueron capaces de identificar con éxito a aquellos que se habían suicidado a un nivel significativamente por encima del azar.

En la siguiente fase, los investigadores querían estar seguros de que el peinado o la forma de la cara no estaban afectando las decisiones. Así que se recortó las fotos más para mostrar sólo “características faciales internas”. 30 participantes examinaron las fotos y, de nuevo, fueron capaces de identificar a las personas que se habían suicidado por encima del azar.

Posteriormente se consiguieron otras 25 fotos de suicidas que posaban mirando a la cámara de entre 14 y 19 años y se emparejaron de nuevo con la misma cantidad de fotos coincidentes en sexo y raza. Esta vez también se tuvieron en cuenta otros detalles al emparejarlos como llevar gafas, por ejemplo. Y, para mayor fiabilidad, realizó el emparejamiento una persona ajena a la investigación para evitar posibles sesgos. Una vez más se recortaron para mostrar sólo los rasgos faciales internos y se presentaron a 29 participantes, que de nuevo acertaron por encima del azar.

Para un segundo estudio, 161 estudiantes de calificaron las fotos de la primera fase del estudio anterior en medidas de depresión, desesperanza, satisfacción con la vida o impulsividad. Las víctimas de suicidio fueron vistas como más impulsivas y más deprimidas, pero no se observaron diferencias en los otros factores. Por lo tanto, las inferencias de la depresión e impulsividad contribuyen a las percepciones sobre el suicidio, pero sólo las inferencias sobre impulsividad realmente pueden predecir si un individuo se suicidará.

En un tercer estudio, pidieron a 133 participantes que evaluaran cada cara sobre la probabilidad de que pensaran que la persona representada podría hacer una compra impulsiva, participar en un comportamiento sexual impulsivo (relaciones sexuales sin protección) o participar en un acto violento impulsivo (una pelea en un bar). Los suicidas fueron juzgados con mayor probabilidad de estar involucrados en un altercado violento, pero no se les veía más propensos a participar en relaciones sexuales sin protección o a realizar una compra impulsiva.  Con lo cual, los investigadores concluyen que, como el suicidio constituye un acto violento contra el yo, hay algún tipo de señal en la apariencia facial que indica la posibilidad violencia impulsiva para el observador.

En conclusión, parece que es posible que haya algún tipo de lenguaje no verbal que ponga en evidencia la ideación suicida. Sería importante aprender a evaluar esos rasgos concretos y detectarlos como una importante medida de prevención.

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