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Categoría: Criminologia social (página 1 de 3)

Análisis de los delincuentes sexuales armados frente a aquellos que no usan armas. Club Ciencias Forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Preliminary insights and analysis into weapon enabled sexual offenders” de Paul Dawson, Alasdair Goodwill y Louise Dixon,  que explican las diferencias encontradas entre los delincuentes sexuales que atacan usando armas y los que no usan instrumentos para sus ofensas.

El uso de armas como parte de una conducta delictiva más amplia ha aumentado tanto la conciencia pública como el interés de investigación y elaboración de Iniciativas en justicia penal para abordar el problema. En Inglaterra y Gales esto se puede ver en las encuestas de opinión pública a gran escala y las estadísticas registradas por la policía. Por ejemplo, en 2012 el 51 por ciento de los intentos de homicidio, el 22 por ciento de los robos y el uno por ciento de las violaciones involucraron un cuchillo o instrumento afilado. Dichas estadísticas pueden ser de interés en términos de tendencias, perfiles de problemas o desarrollo de políticas, pero no fueron diseñadas específicamente para medir la prevalencia de armas.

Ha habido una variedad de investigaciones criminológicas que han incluido el uso de armas en parte, asociándolo con una variedad de factores como la experiencia criminal, impulsividad, psicopatía, fantasías agresivas frecuentes, enfermedad mental del delincuente, etc. El “efecto de las armas” afirma que la mera presencia de un arma hace que las personas se comporten de forma más agresiva, lo que podría tener implicaciones para las investigaciones policiales para predecir la peligrosidad o la escalada de delincuentes. Diversas investigaciones afirman que los delincuentes sexuales que usaban armas eran un grupo complejo, por ejemplo, que mostraban más violencia en su carrera, psicosis, sadismo, alcoholismo, drogadicción y trastorno de la personalidad.

Uno de los beneficios de examinar conductas específicas de la escena del crimen, como el uso de armas para la policía, se relaciona con el concepto de perfil del delincuente. Este es un término general con numerosas definiciones, pero para el presente artículo se define como la identificación de la personalidad principal y las características de comportamiento de un delincuente en función de cómo se cometió un delito, y en particular la suposición de homología. El supuesto de homología establece que cuanto más similar es un crimen y cómo se comete (o diferente), más similares (o diferentes) deberían ser los delincuentes. Con base a este concepto, se esperaría que los delincuentes habilitados para armas fueran demográficamente diferentes a los delincuentes que no tienen armas y, por lo tanto, el análisis específico enfocado en armas debería dar frutos para las investigaciones. La investigación que resumimos se centra en las diferencias encontradas en los delincuentes que cometían crímenes violentos y sexuales, y concluyeron que dos temas dominantes eran importantes para entender por qué los delincuentes usan armas. Estas fueron pruebas de planificación (por ejemplo, temas relacionados con el oportunismo y el control) y el uso emocional de un arma (por ejemplo, temas relacionados con la ira y el poder).

Las preguntas que trata de resolver la investigación son:  ¿Cuál es la prevalencia de delincuentes sexuales con armas en el Reino Unido? Y  ¿Cuáles son las diferencias entre delincuentes sexuales armados y no armados en términos de: variables demograficas; forma de ataque, e identificación de las variables que mejor predicen a los infractores que usan armas?.

Para resolver a estas preguntas se usó una muestra de 1.618 asaltos sexuales graves resueltos registrados por la Sección de Análisis de Delitos Graves (SCAS) de la Agencia del Crimen Organizado Serio. SCAS es una unidad analítica con responsabilidad nacional para llevar a cabo un trabajo analítico en nombre de todas las fuerzas policiales. SCAS recopila y analiza información sobre delitos graves que cumplen sus criterios, sobre todo asesinatos desconocidos y agresiones sexuales graves y / o violaciones. La muestra incluyó violaciones (n = 1.273), agresiones indecentes (n = 177) e intentos de violación (n = 168) con una víctima solitaria y un delincuente solitario. No hubo casos duplicados. Todos los casos de SCAS que cumplieron con estos criterios se proporcionaron para el análisis. Todas las infracciones tuvieron lugar en el Reino Unido durante los últimos 25 años, y la mayoría de los casos (85 por ciento) se cometieron después del año 2000. El resto se produjo en gran medida en la década de 1990 (14 por ciento) con números muy pequeños en la década de 1970 (n = 2, 0,1 por ciento) o años ochenta (n = 17, 1 por ciento).

Todos los ofensores eran hombres. Las edades estaban disponibles para la mayoría de los delincuentes (n = 1,519, 94 por ciento): la edad media fue de 28 años. El 39% tenían empleo, otro 33% eran estudiantes, y un 21% desempleados. En términos del estado de relación de los delincuentes, la mayoría eran solteros (n = 640, 40 por ciento); un número menor estuvo casado (n = 168, 10 por ciento); separados (n = 34, 2 por ciento); o divorciado (n = 46, 3 por ciento). La mayoría de los delincuentes eran blancos europeos (n = 1,157, 72 por ciento). La mayoría de las víctimas eran mujeres (n = 1,533, 95 por ciento). La edad media de la víctima era de 25 años, con un amplio rango (de 2 a 93 años). La mayoría de las víctimas eran blancas europeas (n = 1,254, 78 por ciento).

Los datos anónimos se proporcionaron a los autores en forma de hoja de cálculo de Microsoft Excel que contenía variables que describían los datos demográficos básicos de la víctima y el delincuente (si se conocía), uso del arma, cómo se aproximaba el delincuente, comportamientos ofensivos, niveles de daño a la víctima, las precauciones usadas por el ofensor y cualquier diálogo verbal del ofensor durante la ofensa. Todas las variables en los datos eran binarias (es decir, el comportamiento presente o no). Las variables por encima del 95 por ciento o por debajo del 5 por ciento de frecuencia fueron eliminadas de acuerdo con investigaciones previas que argumentan que no agregan valor en términos de diferenciación entre los delincuentes dada su frecuencia. Las variables que se eliminaron fueron; asalto (99 por ciento); agresión sexual (99 por ciento); lesiones graves (3%), cualquier tema verbal (98%); atacar en un lugar desconocido (2 por ciento); todos los sitios de lesiones corporales específicos fuera de la cabeza o la cara (es decir, genitales 0,3 por ciento, senos 0,9 por ciento, manos 0,3 por ciento); violencia inmediata (4 por ciento); ofensor separado (2 por ciento); ofensor divorciado (4 por ciento); la discapacidad física del interno (2 por ciento); delincuente sin hogar (2 por ciento); un enfoque relámpago (2 por ciento); masturba a la víctima (2 por ciento).

Los grupos de variables menos frecuentes se unieron en variables individuales en casos temáticamente similares. Estos incluyeron una variable de “disfunción sexual” creada que fusionó la “eyaculación retardada” individual, la “eyaculación precoz” y la “incapacidad para mantener la erección”; una “variable de sexo degradante” que combina “inserción de objetos”, “sexo anal”, “eyaculación sobre la víctima”; una variable de “agresión verbal” que fusionó “el delincuente insulta a la víctima” y “el delincuente usa lenguaje abusivo”; un tema verbal personal que fusionó al ofensor “tranquilizador”, “disfrute de la víctima”, “relación”, “cumplido” o “disculparse” con la víctima; una variable de “precauciones forenses” que fusionó al delincuente usando “guantes”, “condón”, “destruyendo la medicina forense” o “bañando / limpiando a la víctima” después de la ofensa. Un pequeño número de variables nuevas se resumieron a partir de los datos para examinar los casos más extremos, como el delincuente presentando “más de un arma”, “dos o más lesiones en la cabeza o en la cara” y “dos o más precauciones”.

Los resultados, en función de las dos preguntas planteadas fueron las siguientes. En cuanto a la pregunta “¿Cuál es la prevalencia de delincuentes sexuales con armas en el Reino Unido?”, los resultados indican lo siguiente: Un total de 316 (20 por ciento) de los 1,618 delincuentes utilizaron armas durante la ofensa. El arma más frecuente fue un cuchillo (n = 255, 81 por ciento de los usuarios de armas) con un menor número de armas de fuego (n = 24, 8 por ciento) y objetos contundentes identificados (n = 42, 13 por ciento). Esto suma más del 100 por ciento debido a un pequeño número de delincuentes (n = 22, 7 por ciento) que usan más de un arma durante la ofensa.

¿Hay diferencias demográficas entre delincuentes armados y no armados? No se encontraron diferencias significativas entre los delincuentes armados y no armados en términos de su edad, salud mental, estado sentimental o etnia. Los delincuentes que utilizaron armas eran significativamente más propensos que los delincuentes no armados a tener empleo, tener una disfunción sexual de algún tipo (aunque sigue siendo una minoría dentro de ambos grupos) y tener más actos delictivos en su historial.

¿Hay diferencias en la forma de ataque entre los que usan y no usan armas? La cercanía usando técnicas de confianza (por ejemplo, presentarse como una figura de autoridad u ofrecer asistencia a la víctima) fue utilizado significativamente más a menudo por el grupo no armado que por los usuarios del arma. Los delincuentes armados eran significativamente más propensos a usar un acercamiento por sorpresa y atacar al aire libre.

En cuanto al daño producido, la lesión fue significativamente más probable durante las ofensas armadas. Los delincuentes armados eran significativamente más propensos a infligir una lesión moderada o mínima. Tres cuartas partes de las lesiones para el grupo no armado usaron violencia mínima. Además, los delincuentes armados eran significativamente más propensos a infligir dos o más lesiones en la cabeza.

Los comportamientos de ataque sexual degradantes (por ejemplo, la eyaculación en la víctima, la inserción de objetos y la penetración anal) fueron significativamente más altos para los delincuentes armados. Los delincuentes armados eran significativamente más propensos a robarle a la víctima durante la ofensa. La mayoría de las víctimas, independientemente del uso de armas, resistieron al agresor ya sea verbal o físicamente. Aunque, los delincuentes armados encontraron una resistencia verbal significativamente mayor, recibieron menos resistencia física de las víctimas. Los delincuentes armados eran significativamente más propensos a involucrar sexualmente a su víctima como parte de la ofensa, por ejemplo, obligando a la víctima a masturbar o practicar sexo oral al atacante.

Se describió que la mayoría de los delincuentes tenían al menos una amenaza verbal durante la ofensa, aunque los delincuentes armados eran significativamente más propensos a presentar esa amenaza verbal. En cuanto a las precauciones tomadas, los delincuentes armados eran significativamente más propensos a usar cualquier tipo de precaución durante su ofensa, especialmente para ocultar su identidad.

En cuanto a la pregunta formulada de si pueden identificarse las variables que mejor predicen a los delincuentes armados, todas las variables que alcanzaron significación en el análisis previo que comparaban ofensores sexuales con y sin armas se retuvieron para un posterior análisis multivariable (un total de 47 variables). Las variables estadísticamente significativas dentro del modelo de agresores que usaron armas fueron: uso de restricciones, secuestro o detención ilegal, tema verbal en torno a la seguridad, tema verbal en relación personal / relación, violencia no solo por resistencia, víctima masturbando al delincuente, violencia después del contacto, robo / robo de la víctima, uso de drogas o alcohol por parte de las víctimas, algo de violencia en la resistencia, y un tema verbal sexual de ofensor. Cada una de estas variables fue significativa.

Las variables significativamente asociadas con la ofensa no armada fueron: una víctima femenina, usando un enfoque de confianza, resistencia física de la víctima, un delincuente usando un vehículo y conductas sexuales degradantes. Las variables abuso de menores y besos en la cara del delincuente no llegaron a ser variables significativas.

La importancia de la detección de parejas agresoras en diferentes países y culturas

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Perpetration of violence against intimate partners: health care implications from global data”, de Jacquelyn Campbell, Lorna Martín y Naeemah Abrahams, que explican la importancia de ser capaz de identificar a los perpetradores según los factores de riesgo que pueden encontrarse en los centros de salud.

La violencia de la pareja íntima es un fenómeno mundial generalizado que genera graves problemas de salud para las mujeres y los niños.En consecuencia, ha habido muchas recomendaciones para identificar e intervenir a las víctimas en el sistema de atención de la salud, pero por el contrario, aún no se han establecido protocolos para identificar a los perpetradores. Esta brecha puede ser particularmente importante dado que al menos 20% de los hombres abusivos en una muestra se han visto en el sistema de salud mental antes de matar a sus cónyuges y luego a sí mismos. Uno de los estudios que han tratado este tema es el que resumimos en esta entrada. Este estudio, basado en datos del Estudio de estrés y salud de Sudáfrica, ayuda a identificar las características de los perpetradores de violencia de pareja y refuerza la importancia de la exposición a la violencia infantil como un factor de riesgo, como se encuentra en diferentes estudios criminológicos.

Medir la exposición a la violencia comunitaria y estructural (por ejemplo, guerra, situaciones de refugiados) es una adición importante a los estudios sobre la perpetración de la violencia infligida por la pareja. Sin embargo, la encuesta en la cual se basó el presente estudio no midió las experiencias directas de violencia comunitaria; en cambio, a los encuestados se les pidió que estimaran el nivel de delincuencia en sus propias áreas. La investigación ha indicado que el trastorno por estrés postraumático no resuelto entre los veteranos que regresan del conflicto de Vietnam provocó un aumento de la violencia hacia sus esposas e hijos. Este hallazgo tiene implicaciones importantes tanto para Canadá como para Estados Unidos, cuyos veteranos regresan de conflictos actuales en el extranjero. Además, se requiere un mayor trabajo entre las poblaciones de refugiados inmigrantes para identificar la necesidad de tratar el trastorno de estrés postraumático y para abordar el potencial de violencia de la pareja durante dicho tratamiento.

El estudio se realizó en colaboración interdisciplinaria internacional. Estas colaboraciones son cruciales para aprender sobre cuestiones de salud que son específicas de los países de bajos y medianos ingresos, pero que también tienen relevancia mundial. Por ejemplo, el uso de violencia física y sexual por parte de los hombres hacia sus parejas íntimas está contribuyendo a la epidemia de VIH en Sudáfrica y en el mundo. Las colaboraciones internacionales también han ilustrado la importancia de las intervenciones para abordar la violencia de pareja desde una perspectiva comunitaria o estructural. En Sudáfrica, un enfoque involucra la provisión de microcrédito a las mujeres, junto con una intervención dirigida a cambiar las normas comunitarias; otro trabaja directamente con hombres jóvenes para cambiar sus actitudes y comportamientos relacionados con la violencia de pareja, así como para prevenir el VIH.

Las implicaciones más importantes del estudio y otras investigaciones sobre la violencia infligida por la pareja íntima son que el sistema de atención de la salud debe involucrarse para abordar este problema generalizado. Los planes de estudios médicos y de enfermería deben cubrir la violencia de la pareja y sus consecuencias para la salud, proporcionando información clínica basada en evidencia sobre cómo evaluar a las mujeres para su victimización y fomentar un mayor uso de las ciencias forenses y la exposición a la práctica forense clínica. Los planes de estudios deben incluir información detallada sobre la traumatología y la identificación de heridas, para permitir a los profesionales identificar y documentar adecuadamente las lesiones, así como para desarrollar la capacidad de ofrecer opiniones sobre su naturaleza y causalidad. Los médicos también deben comenzar a desarrollar preguntas de evaluación para identificar a los autores, lo que permite una evaluación adecuada de las propiedades psicométricas, pero también presta atención a cualquier amenaza potencial a la seguridad de sus parejas que pueda derivarse de dicha evaluación.

¿Son realmente diferentes las mujeres acosadoras y los hombres acosadores?. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “A study of women who stalk”, de Rosemary Purcell y Pathe Michele, que examinan si las mujeres acosadoras difieren de sus homólogos masculinos en psicopatología, motivación, comportamiento y propensión a la violencia.

El término “acosador” se describe habitualmente como un “hombre que persigue a un sujeto del sexo contrario”. Los estudios clínicos y epidemiológicos confirman que los autores principales de este crimen son los hombres y que la abrumadora mayoría de las víctimas son mujeres. No obstante, el acoso es un comportamiento neutral en cuanto al género. Sin embargo, se le ha prestado poca atención a las mujeres que persisten en inmiscuirse y acechar a otros.

Ser acosado por mujeres no es raro. Los estudios basados ​​en la comunidad sobre la victimización por acecho indican que las mujeres son identificadas como perpetradoras en el 12% -13% de los casos. Los estudios realizados en entornos de salud mental forense han informado tasas más altas, a menudo reflejando la mayor incidencia de erotomanía en estas poblaciones. El 32% de los sujetos (N = 24 de 74) investigados por una unidad especializada en anti-acoso eran mujeres, seis de los cuales fueron clasificadas como erotómanas. Una investigación de Harmon encontró similarmente que el 33% de acosadores (N = 16 de 48) referidos a una clínica de psiquiatría forense eran mujeres, aunque esta tasa bajó al 22% (N = 38 de 175) en un estudio posterior y más grande. Otros estudios han informado tasas entre el 17% y el 22%. Además de los relatos de víctimas de primera mano, abundan ejemplos ilustrativos de hostigadoras en informes de prensa sobre el acoso de celebridades (por ejemplo, el actor Brad Pitt, la autora Germaine Greer y el presentador David Letterman).

A pesar de la frecuencia con la que las mujeres se dedican al acoso, hasta ahora ningún estudio ha considerado los contextos en los que este comportamiento emerge entre las mujeres o si las acosadoras se diferencian de sus contrapartes masculinas en relación con las características de acoso o propensión a la violencia. Una mayor conciencia y atención a este problema se indica por varias razones. En nuestra experiencia, aquellos que se ven víctimas de un acosador femenino a menudo se enfrentan a la indiferencia y el escepticismo de las fuerzas del orden y otras agencias de ayuda. No es infrecuente que las víctimas masculinas aleguen que sus quejas han sido trivializadas o desestimadas, a algunas víctimas se les dice que deben ser “halagadas” por toda la atención. En el caso del acoso por parte de mujeres del mismo sexo, la orientación sexual tanto de la víctima como del perpetrador se cuestiona con frecuencia, y las autoridades a menudo adoptan de manera inapropiada un motivo homosexual. Los estudios de victimización indican que las mujeres rara vez son enjuiciadas por delitos de acoso, y es más probable que se proceda con la intervención de la justicia penal en los casos en que un sospechoso acusado de acechar a una mujer. La evidencia disponible sugiere que el acoso por parte de las mujeres todavía no se ha otorgado al grado de seriedad asociado al acoso perpetrado por los hombres. Esto a pesar de cualquier evidencia empírica que pueda existir (o no) de que las mujeres son menos intrusas o persistentes en su acoso o representan una amenaza menor para sus víctimas.

El estudio que resumimos describe un grupo de mujeres acosadoras y las compara con un grupo de acosadores masculinos para examinar cualquier diferencia en las características demográficas; estado psiquiátrico; motivación, métodos o duración del acecho; o las tasas de amenazas asociadas y asalto.

El material del caso se extrajo de referencias durante un período de 8 años (1993-2000) a una clínica comunitaria de salud mental forense que se especializa en la evaluación y el manejo de los acosadores y las víctimas de acecho. Las remisiones provenían de todo el estado australiano de Victoria (población: 4,7 millones), predominantemente a través de tribunales, servicios correccionales comunitarios, policía y médicos. La información de colaboración estaba disponible por lo general en forma de declaraciones de víctimas, resúmenes policiales de los delitos, registros penales oficiales e informes psicológicos o psiquiátricos. Para los propósitos de este estudio, definimos el acoso como un intento persistente (duración de al menos 4 semanas) y repetido (10 o más) de comunicarse con una víctima que percibió el comportamiento como desagradable y provocador de miedo. Esta fue una definición intencionalmente conservadora para garantizar que los miembros del grupo de estudio fueran inequívocamente acosadores. La clasificación psiquiátrica empleó los criterios DSM-IV.

Se identificó un subgrupo de mujeres acosadoras y se las comparó con sus contrapartes masculinas en relación con las características demográficas y de acecho. Los resultados fueron los siguientes:

En cuanto al perfil demográfico, de 190 acechadores remitidos a la clínica durante el período de estudio, 40 (21%) eran mujeres. La edad media de las mujeres fue de 35 años (rango = 15-60). Solo tres mujeres tenían relaciones íntimas estables cuando comenzaron sus actividades de acecho; la mayoría eran solteras (60%, N = 24), con 33% (N = 13) separadas o divorciadas. La mayoría tenían trabajo, aunque el 35% estaban desempleadas. Los acosadores masculinos y femeninos no difirieron en términos de edad o estado civil o de empleo. Sin embargo, las acosadoras eran significativamente menos propensas que los acosadores masculinos a tener antecedentes de ofensas criminales o delitos violentos.

En cuanto al estado psiquiátrico, se encontraron 12 trastornos delirantes manifestados (tipo erotomaníaco [N = 81 y tipo celoso [N = 21, con dos infatuaciones mórbidas categorizadas como trastorno delirante, tipo no especificado]). El otro eje que se diagnosticó fue esquizofrenia (una de los cuales exhibió ideas delirantes erotomaníacas), trastorno bipolar y trastorno depresivo mayor. Se diagnosticaron trastornos de la personalidad en 20 de las mujeres acosadoras (predominantemente dependientes [N = 61, límite de personalidad [N = 61, y tipos narcisistas [N = 31]). No se asignó un diagnóstico en dos casos. La tasa de abuso de sustancias fue menor en mujeres que en hombres acosadores. En la parte contraria, el perfil de diagnóstico (presencia de trastornos delirantes, trastornos de la personalidad, parafilias, esquizofrenia u otros trastornos del eje I) de las mujeres acosadoras no difirió significativamente del de los acosadores.

Sobre la relación previa con la víctima, en el 95% de los casos, las mujeres acosadoras persiguieron a alguien previamente conocido por ellos. 16 (40%) de las víctimas eran contactos profesionales, que en la mayoría de los casos eran profesionales de la salud mental, aunque también había varios profesores perseguidos o profesionales del derecho. En aproximadamente el 23% de los casos (N = 9), la víctima era una ex pareja íntima (siete eran hombres, dos eran mujeres). Alrededor del 18% (N = 7) fueron víctimas a través de otros contextos relacionados con el trabajo (por ejemplo, colegas o clientes), y el 15% (N = 6) fueron conocidos casuales. Solo dos mujeres acechaban extraños. La naturaleza de la relación anterior difería significativamente de la de los acosadores masculinos, siendo las mujeres acosadoras significativamente más propensas a apuntar a contactos profesionales y significativamente menos propensas a perseguir extraños.

La tasa de acoso entre personas del mismo sexo fue significativamente mayor entre las mujeres acosadoras, con 48% (N = 19) persiguiendo a otras mujeres, mientras que 9% (N = 13) de los hombres acosaron a otros hombres.

Sobre la motivación para la búsqueda y el contexto en el que surgió, el 45% (N = 18) de las mujeres acosadoras fueron clasificadas como buscadoras de intimidad, el acoso surgió del deseo de establecer una intimidad íntima y amorosa con la víctima, que en la mayoría de los casos (78%, N = 14 de 18) fue un contacto profesional. Diez mujeres (25%) fueron consideradas acosadoras “rechazadas”, que respondieron a la terminación de una relación cercana persiguiendo a la víctima. En la mayoría de los casos de acoso rechazado, el acoso siguió a la ruptura de una relación sexual íntima, aunque una mujer comenzó a acosar a su psiquiatra después del cese abrupto de la psicoterapia a largo plazo. En el 18% (N = 7) de los casos, el acoso se clasificó como “resentido”, el acosador busca castigar y atormentar a una víctima percibida como maltratada o menospreciada. Cuatro casos (10%) fueron considerados como pretendientes incompetentes, y el acecho sirvió como un medio crudo e intrusivo de establecer una fecha. No hubo instancias entre mujeres con acoso sexual depredador motivado sexualmente, mientras que el 7% (N = 11) de los varones demostraron este patrón de acecho. Significativamente más mujeres acosadoras fueron motivadas por el deseo de establecer una intimidad amorosa con el objeto de su atención no deseada, pero no difirieron de sus homólogos masculinos en la frecuencia de tipos de acecho rechazados, resentidos o incompetentes. La duración del acecho varió entre 2 meses y 20 años (mediana = 22 meses), que no difirió significativamente de la de los hombres acosadores (mediana = 12 meses).

En cuanto a los métodos de acoso, las acosadoras eran significativamente menos propensas que los acosadores a seguir a sus víctimas, pero significativamente más propensas a favorecer las llamadas telefónicas. Las mujeres acosadoras también mostraron la misma propensión a las amenazas y la violencia que sus homólogos masculinos, aunque las tasas de agresión física fueron algo mayores entre los acosadores masculinos. Trece mujeres acosadoras infligieron daños a la propiedad de sus víctimas (siete que eran hombres, seis que eran mujeres), incluida una mujer que causó daños extensos al auto deportivo de su ex prometido y otra que pintó mensajes obscenos en la cerca de la casa de su víctima. Nueve acosadoras asaltaron a sus víctimas (tres que eran hombres, seis que eran mujeres). La naturaleza de los ataques no difirió cualitativamente de la de los perpetradores masculinos, aunque no hubo agresiones sexuales cometidas por mujeres acosadoras. Si bien las tasas de amenazas y ataques no difirieron significativamente, las acosadoras tuvieron menos probabilidades que sus homólogos masculinos de proceder de amenazas explícitas a agresiones físicas reales.

Se resume por tanto que aunque las mujeres son las víctimas predominantes del crimen de acoso, es importante reconocer que en una minoría significativa de casos de acoso, las mujeres son las perpetradoras. Aunque en algunos casos se ve impulsado por el resentimiento o la represalia por las heridas percibidas, la mayoría está motivada por el deseo de establecer una relación íntima con la víctima. Las intervenciones psiquiátricas dirigidas a controlar la enfermedad mental subyacente son cruciales para la resolución de los comportamientos de acoso en este grupo, pero los terapeutas que brindan dicho tratamiento deben ser conscientes de la vulnerabilidad a veces inherente a este rol.

La relación entre los trastornos de conducta en la adolescencia y los trastornos de personalidad en la edad adulta. Club Ciencias Forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Continuities Between Emotional and Disruptive Behavior Disorders in Adolescence and Personality Disorders in Adulthood”, de Margareth Helgeland, Ellen  Kjelsberg y Svenn Torgersen, que investiga la continuidad entre los trastornos de conducta en la adolescencia y los trastornos de personalidad en la edad adulta.

De acuerdo con el DSM-IV, los trastornos de la personalidad representan disfunciones de la personalidad caracterizadas por rasgos de personalidad inadaptados, penetrantes e inflexibles que se desvían marcadamente de las normas culturales, causando una gran angustia o deterioro. Los trastornos de la personalidad pueden manifestarse en la infancia y la adolescencia temprana y continuar hasta la edad adulta.

Varios estudios han demostrado que los trastornos de la personalidad son atribuibles a los trastornos emocionales y y al comportamiento en la infancia y la adolescencia. Los trastornos disruptivos, de ansiedad, depresivos y de uso de sustancias en adolescentes se asociaron con puntajes dimensionales elevados del trastorno de la personalidad obtenidos en un seguimiento de 6 años en una población adulta joven. Se descubrió también que los trastornos de conducta disruptiva y los trastornos afectivos medidos en la infancia y la adolescencia aumentaban el riesgo de síntomas de trastorno de la personalidad en la edad adulta. Los trastornos del comportamiento disruptivo en la adolescencia se asocian con una amplia gama de psicopatología de la personalidad en la edad adulta. Los adolescentes jóvenes que han  tenido trastornos de conducta disruptiva durante la adolescencia muestran tasas altas de todos los tipos de trastornos de la personalidad, aunque los que tienen trastornos emocionales tienen una tasa menor de trastornos de la personalidad. Algunos estudios han demostrado que la adolescencia es un período de riesgo para el inicio de los trastornos de la personalidad. Por lo tanto, la evidencia sugiere que uno debe buscar antecedentes de trastornos de la personalidad en los trastornos de la infancia y la adolescencia.

A pesar de que los trastornos de la personalidad representan un problema de salud importante debido a su prevalencia, al costo del tratamiento, y a la discapacidad que causan, la evidencia empírica sobre la continuidad entre las condiciones psiquiátricas de niños y adolescentes y los trastornos de la personalidad en la edad adulta son todavía limitados, excepto en lo que respecta al trastorno de personalidad antisocial. Además, los estudios disponibles ofrecen periodos de seguimiento principalmente cortos que no se extienden más allá de la adultez temprana (19-25 años); por lo tanto, no abordan el potencial de desarrollo completo de los sujetos y no demuestran la estabilidad del trastorno. Por otro lado, los estudios de seguimiento disponibles a largo plazo de los trastornos de la personalidad no abordan las poblaciones adolescentes.

El objetivo del estudio resumido en esta entrada fue investigar cuasiconversamente las continuidades entre los trastornos emocionales y los trastornos de la conducta en la adolescencia y los trastornos de la personalidad en la edad adulta. El grupo de estudio consistió en pacientes psiquiátricos adolescentes diagnosticados de manera confiable sobre la base de registros médicos en su índice de hospitalización en la adolescencia y en un seguimiento de 28 años. El estudio también aborda el efecto del género en la continuidad entre los trastornos del comportamiento emocional y disruptivo y los trastornos de la personalidad en la edad adulta.

Las hipótesis investigadas fueron:

  1. Los adolescentes con trastornos de comportamiento perturbador tendrían más probabilidades de tener trastornos de personalidad como adultos que los adolescentes con trastornos emocionales.
  2. Los trastornos del comportamiento perturbador en la adolescencia se asociarían con mayores tasas de trastornos de la personalidad antisociales, histriónicos y narcisistas (grupo B) en la edad adulta que los trastornos de personalidad del grupo A y del grupo C.
  3. Los trastornos emocionales en la adolescencia estarían asociados con el desarrollo de trastornos de personalidad por evitación, dependientes, obsesivo-compulsivos, autodestructivos y pasivo-agresivos (grupo C) en la adultez.

Para comprobar estas hipótesis, se contó con la participación de 1,018 pacientes adolescentes, 553 hombres (54,3%) y 465 mujeres (45,7%), que fueron ingresados ​​consecutivamente en la unidad de adolescentes en el Centro Nacional de Psiquiatría Infantil y Adolescente en Oslo, Noruega, desde 1963 hasta 1978. Sobre la base de un examen del registro de diagnósticos del Centro, se excluyeron del estudio 93 pacientes con un diagnóstico de síndrome cerebral orgánico y 35 pacientes sin diagnóstico definitivo debido a su corta estancia. Excepto por tres personas, no se mantuvo contacto con los sujetos entre la admisión en la adolescencia y el seguimiento en la edad adulta.

En el momento del seguimiento, 143 sujetos habían fallecido, 59 habían emigrado, 17 no podían ser identificados y 24 tenían direcciones imposibles de rastrear, según el Registro Central de Personas de Noruega. Por lo tanto, en total, 371 sujetos fueron inicialmente excluidos del estudio. A los 647 sujetos restantes se les solicitó por correo y se les solicitó participar voluntariamente en un estudio de seguimiento. El estudio fue aprobado por el comité de revisión de ética.

Una vez que los procedimientos se explicaron por completo, se obtuvo el consentimiento informado por escrito de 194 (30%) de los sujetos. De estos, 33 cancelaron su cita de entrevista. Por razones desconocidas, siete sujetos no se presentaron a la entrevista. Catorce sujetos no estaban disponibles en la dirección o el número de teléfono indicado en el consentimiento informado por escrito y, por lo tanto, eran imposibles de rastrear. Dos sujetos estaban demasiado perturbados para ser entrevistados. Cuatrocientos cuarenta y cinco sujetos no respondieron a la solicitud, y ocho sujetos expresaron su desaprobación por ser contactados. Finalmente, se entrevistaron 148 sujetos, 77 hombres y 71 mujeres (14.5% del grupo original).

Todas las entrevistas se realizaron en persona, excepto dos, que se completaron por teléfono. El entrevistador estaba ciego a los diagnósticos de los sujetos del Centro Nacional de Psiquiatría Infantil y Adolescente. De acuerdo con las preferencias de los sujetos, las entrevistas se realizaron en sus hogares, en la Universidad de Oslo, en instituciones de salud mental o en la prisión. La duración promedio de cada entrevista fue de 4.5 horas. Cada entrevista de seguimiento consistió en la administración de la Entrevista Clínica Estructurada para los Trastornos del Eje I del DSM-IV y la Entrevista Estructurada para la Personalidad DSM-IV, entrevistas semiestructuradas que evalúan los trastornos sintomáticos y los 12 trastornos de la personalidad descritos en DSM-IV. Treinta entrevistas fueron grabadas para una evaluación de la confiabilidad entre evaluadores de los diagnósticos.

Trece sujetos que recibieron un diagnóstico de esquizofrenia en el seguimiento fueron excluidos del presente estudio. Esto se hizo porque una evaluación de los trastornos de la personalidad en una persona con esquizofrenia es difícil porque los diagnósticos de los trastornos de la personalidad se basan en la forma habitual de comportamiento de la persona, independientemente de los trastornos sintomáticos, medicación, enfermedad médica u otros factores de confusión. factores. Por lo tanto, se incluyeron un total de 135 sujetos en el estudio.

Con base en los registros hospitalarios de la hospitalización índice en la adolescencia, los 135 sujetos fueron redirigidos, según el eje I del DSM-IV por un clínico experimentado. Los registros se hicieron anónimos por adelantado. Por lo tanto, todas las calificaciones de M.I.H. se llevaron a cabo como calificaciones ciegas. Ninguno de los autores había participado en el tratamiento de los sujetos. Los registros médicos completos de alta calidad son imprescindibles para la evaluación diagnóstica basada en un registro médico.

Los diagnósticos de los adolescentes se dividieron en dos grupos: trastornos de conducta disruptiva y trastornos emocionales. La distinción entre estos dos grupos está bien establecida. Dos sujetos con trastorno bipolar, dos sujetos con un episodio psicótico breve y un sujeto con un trastorno de aprendizaje se excluyeron del estudio porque no se pudieron asignar a ninguno de los grupos.

85 sujetos habían recibido un diagnóstico adolescente de trastornos de conducta disruptiva: 67.7% de los hombres (N = 42) y 63.2% (N = 43) de las mujeres. El grupo con trastornos de conducta disruptiva incluyó 70 sujetos (82.4%) con trastorno de conducta, seis (7.1%) con trastorno negativista desafiante, cinco (5.9%) con trastorno por consumo de sustancias psicoactivas, tres (3.5%) con trastorno de adaptación con alteración de conducta y uno (1.2%) con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

45 sujetos habían recibido un diagnóstico adolescente de trastornos emocionales: 32.3% (N = 20) de los hombres y 36.8% (N = 25) de las mujeres. El grupo con trastornos emocionales incluyó 17 sujetos (37.8%) con trastornos de ansiedad, 16 (35.6%) con trastornos depresivos, siete (15.6%) con trastornos de la alimentación, cuatro (8.9%) con trastornos somatoformes, y uno (2.2%) con trastorno de eliminación.

El 42% de los sujetos con trastorno de conducta disruptiva tenían más de un trastorno, siendo el trastorno por consumo de sustancias psicoactivas la comorbilidad más frecuente (21.5% de los casos). Significativamente más hombres que mujeres tenían un trastorno de consumo de sustancias psicoactivas comórbido. 27 sujetos (20.8%) tenían un trastorno emocional comórbido, mientras que 30 (23.1%) no tenían un trastorno comórbido. En caso de comorbilidad, se le dio prioridad jerárquica al diagnóstico de trastorno de conducta disruptiva, el diagnóstico de mayor importancia clínica, y sirvió como punto de partida para la asignación al grupo con trastorno de conducta disruptiva.

Los sujetos con trastornos de conducta disruptiva no difirieron significativamente de los sujetos con trastornos emocionales en términos de edad, sexo, edad en la hospitalización índice y edad en el seguimiento. Sin embargo, difirieron en términos de clase social porque la mayoría de los sujetos con trastornos de conducta disruptiva provenían de familias con un nivel socioeconómico bajo.

Los resultados globales fueron los siguientes: 81 individuos cumplieron los criterios para un diagnóstico de trastorno de la personalidad: 58.1% de los hombres (N = 36) y 66.2% de las mujeres (N = 45). El 30% de los que tenían un trastorno de la personalidad tenía más de un trastorno de la personalidad concurrente (N = 39). 55 (64.7%) de los adolescentes con trastornos de conducta disruptiva y 26 (57.8%) de los sujetos con trastornos emocionales tenían al menos un trastorno de la personalidad en el seguimiento. Los adolescentes con trastornos de conducta disruptiva fueron significativamente más propensos a tener un trastorno de personalidad del grupo B en el seguimiento que los adolescentes con trastornos emocionales.

El trastorno de personalidad antisocial fue el trastorno de personalidad más común encontrado (N = 34, 26,2%). Todos los sujetos con trastornos antisociales de la personalidad tenían un diagnóstico de trastorno de la conducta en la infancia o la adolescencia. Los trastornos de personalidad del grupo C fueron más frecuentes entre las mujeres (N = 33, 48,5%) que entre los hombres.

Además, cualquier grupo A, cualquier grupo B o cualquier trastorno de personalidad del grupo C; y los trastornos específicos de la personalidad en la edad adulta, con el género, la edad y los trastornos de la conducta disruptiva frente a los trastornos emocionales en la adolescencia como predictores independientes revelaron lo siguiente:

  1. Los adolescentes con trastornos de conducta disruptiva no tenían más probabilidades de tener trastornos de la personalidad en la edad adulta que los adolescentes con trastornos emocionales.
  2. Los adolescentes con trastornos de conducta disruptiva tenían más probabilidades de tener trastornos de personalidad del grupo B en la edad adulta que los adolescentes con trastornos emocionales.
  3. En cuanto a los trastornos de personalidad específicos dentro del grupo B, los adolescentes con trastorno de conducta disruptiva tenían más probabilidades de tener un trastorno de personalidad antisocial y trastorno de personalidad límite en la edad adulta que los adolescentes con trastornos emocionales.
  4. Además, la edad fue un predictor independiente de cualquier trastorno de personalidad en la edad adulta, por lo que la mayor edad en el seguimiento se asoció significativamente con una menor probabilidad de un diagnóstico de trastorno de la personalidad.
  5. La misma relación entre la edad y los trastornos de la personalidad también se observó para los trastornos de personalidad del grupo B y, más específicamente, para el trastorno de personalidad antisocial.

Los análisis de regresión logística revelaron que solo los adolescentes varones con trastornos de conducta disruptiva tenían más probabilidades que los varones con trastornos emocionales de tener un trastorno de la personalidad en el seguimiento. Los trastornos del comportamiento perturbador en las mujeres se asociaron más fuertemente con un alto riesgo de diagnósticos del grupo B que los trastornos del comportamiento disruptivo en los hombres. Los trastornos del comportamiento perturbador en la adolescencia fueron predictores significativos e independientes del trastorno de personalidad antisocial en los hombres, pero no en las mujeres. Los trastornos emocionales fueron predictores significativos e independientes de los trastornos de personalidad del grupo C en las mujeres, pero no en los hombres.

En los hombres, la edad fue un predictor independiente y significativo de cualquier trastorno de la personalidad, por lo que a mayor edad de seguimiento, menor es la probabilidad de trastornos de la personalidad. La misma relación también se observó específicamente para el grupo B y el trastorno de personalidad antisocial.

Por tanto, en general, los resultados de este estudio respaldan la opinión de que los trastornos de la personalidad se remontan a trastornos de conducta emocional y disruptiva en la adolescencia. Además, estos resultados demuestran claramente que el género puede desempeñar un papel moderador en esas continuidades.

En general, sin embargo, los adolescentes con trastornos de conducta disruptiva no eran más propensos que los adolescentes con trastornos emocionales a tener trastornos de la personalidad en la edad adulta, aunque hay que tener en cuetna que debido a que los adolescentes atendidos en el Centro Nacional de Psiquiatría Infantil y Adolescente representaban a los adolescentes más gravemente enfermos en Noruega en ese momento, es posible que el grupo con trastornos emocionales estuviera predispuesto a casos extraordinarios. Sin embargo, estos resultados también pueden representar un nuevo hallazgo que requiere replicaciones en estudios futuros.

En conclusión, y teniendo en cuenta las limitaciones metodológicas, los resultados respaldan la opinión de que los trastornos de la personalidad se remontan a trastornos emocionales y trastornos conductuales del adolescente. El efecto moderador del género en los trastornos de personalidad del grupo B y del grupo C sugiere que los factores biológicos y socioculturales pueden contribuir a diferentes resultados en adultos en hombres y mujeres con trastornos psiquiátricos adolescentes similares.

Factores de riesgo en violencia en pareja según la severidad de la violencia. Club Ciencias Forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Risk factors of Marital Violence of Married Men and Women in Different Levels of Severity”, de Elnaz Khosravipoura, Parvaneh Mohammadkhani, Abbas Pourshahbaz, Ommehani Alizadeh Sahraei, y Maedeh Yousefnejad, que estudia si los factores de riesgo de la violencia en pareja son diferentes según la severidad de la violencia. 

Un informe realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre violencia y salud define la violencia como “el uso intencional de la fuerza o el poder amenazado o real, contra uno mismo, contra otra persona o contra un grupo o comunidad, que resulta en o tiene una alta probabilidad de resultar en lesiones, muerte, o daño psicológico”. La violencia conyugal es un problema serio en todo el mundo, considerando el hecho de que este tipo de violencia ha sido experimentada principalmente por mujeres. Sin embargo, Swan y Snow (2002) entrevistaron a mujeres y les preguntaron sobre su agresión y la de sus parejas. Identificaron 3 tipos de relaciones: las mujeres como víctimas (34%), las mujeres como agresoras (12%) y las relaciones mixtas (50%). Por lo tanto, la violencia fue mutua en la mayoría de los casos.

Se sabe que existen 2 formas de violencia; el maltrato que se produce en el contexto de un patrón general de poder y control por parte de uno de los cónyuges (principalmente hombres) para dominar, aterrorizar y controlar a otro compañero a través de una violencia más severa debido a la patología individual del perpetrador, y la violencia en pareja “común” que es un tipo de agresión que ocurre a un ritmo relativamente igual entre hombres y mujeres y se caracteriza por actos de agresión infrecuentes y menores: la violencia en pareja común ha sido etiquetada como violencia situacional que se sale de control, con raros casos de lesiones sin un patrón general de poder y control. Por lo tanto, las motivaciones detrás de estos dos tipos de violencia son significativamente diferentes y la violencia más severa es unilateral en lugar de mutua. Dado que la violencia en tipos graves es el resultado de una patología individual y resultados de tipo menor del contexto interpersonal y la incapacidad para manejar el conflicto, los factores de riesgo de ellos podrían ser diferentes. Muchos de los estudios han investigado el factor de riesgo de la violencia conyugal, pero se ha considerado menos la investigación del factor de riesgo en diferentes niveles de gravedad. Por lo tanto, el propósito del estudio que resumimos es explorar los factores de riesgo tanto individuales como interpersonales de perpetración entre agresores graves y menos graves entre hombres y mujeres casados.

En el diseño analítico y comparativo se seleccionaron 306 hombres y mujeres casados ​​que habían vivido con su pareja durante al menos 6 meses y con edades entre 15 y 55 años. Con el fin de tener perpetradores más severos y menores en la muestra, se realizó en una muestra comunitaria (centros de entretenimiento) y tribunales familiares. Debe tenerse en cuenta que los tribunales y centros de entretenimiento se ubicaron en 2 barrios socioeconómicos diferentes. La muestra incluyó a 68 hombres y 82 mujeres que estaban en centros de entretenimiento y 82 hombres y 74 mujeres que estaban presentes en los tribunales de familia. También se incluyó a 150 participantes de la muestra comunitaria. Estos 306 participantes se dividieron en dos grupos (perpetradores más severos y menores). Finalmente, en base a sus respuestas, se organizaron 99 participantes en un grupo menor y 207 participantes en un grupo más severo.

Todos los participantes accedieron a participar después de haber sido informados brevemente sobre el objetivo de la investigación y el principio de confianza, luego completaron cuatro cuestionarios autoinformados por completo. Los datos se recolectaron a través del inventario demográfico realizado por el autor, la escala de ajuste diádico, el perfil personal y de relación y la escala táctica de conflicto revisada. Algunos cuestionarios se excluyeron de la investigación debido a estar incompletos o porque los participantes renunciaron a completar la prueba.

En cuanto al resto de resultados, en esta investigación se hipotetizó que los hombres perpetran violencia severa más que las mujeres, también la patología individual y las características tenían un papel más importante en la perpetración de violencia severa y las características relacionales tenían un papel más importante en la perpetración de violencia marital menor. Además, la mayoría de las investigaciones en la perspectiva feminista están orientadas al género, por lo que suponen violencia contra la mujer, por lo tanto, estudian a los hombres como perpetradores o a las mujeres como las víctimas y pierden las interacciones interpersonales. Por el contrario, la perspectiva del conflicto familiar se centra en el contexto y la interacción de las parejas, lo que disminuye la responsabilidad de los perpetradores. Por lo tanto, en el presente estudio considerando los diferentes aspectos tales como severidad (mayor / menor), género (hombres / mujeres) y tipo de factores de riesgo (individual / interpersonal / demográfico), se han comparado las diferencias entre los factores de riesgo y se ha determinado su papel predictivo en explicación de la violencia.

Los resultados que se basan en la comparación de las diferencias de los factores de riesgo entre dos niveles de severidad analizados por análisis de varianza multivariada indican que hubo diferencias significativas en los factores de riesgo entre los dos niveles. Las motivaciones y las patologías individuales y los factores que resultan en violencia severa y leve son diferentes, ya que no solo la severidad, sino también la calidad de estos dos tipos de violencia son diferentes. El segundo hallazgo muestra que los predictores más importantes son: el dominio que es un factor relacional y el manejo de la ira, que es un factor individual. Estos dos factores explican la perpetración de violencia marital menor.

El factor de dominancia fue predictor de violencia conyugal menor, aunque siempre se creía que la violencia severa ocurre en el contexto del control y el dominio, pero, de manera adversa, el hallazgo indica que el dominio predice una violencia menor (aunque esto puede ser el resultado de los pocos números de perpetradores menores de violencia en la muestra y, por consiguiente, esto afecta al resultado de los análisis). Según los hallazgos, la historia delictiva, el manejo de la ira y la edad, que son factores individuales y la atribución negativa, que es un factor relacional, tienen un papel importante en la explicación de la perpetración de violencia severa. También el historial criminal y el trastorno de la conducta fueron variables mediadoras entre el historial de abuso infantil en la familia de origen y la violencia conyugal en el futuro. La edad fue también el pronosticador de la violencia conyugal; mientras la edad aumenta, disminuye la violencia severa y moderada.

En conclusión, los factores de riesgo en violencia severa y menor son diferentes. Los predictores de violencia severa a menudo son individuales y parece que en la violencia menor, no se puede expresar con certeza que los factores de riesgo sean relacionales o individuales. Por lo tanto, los predictores de violencia tienen perfiles distintos. De acuerdo con los hallazgos, la planificación de programas de tratamiento específicos para el nivel de violencia menor o severa debe considerarse de forma diferente, por lo tanto, es mejor que los programas de tratamiento se planifiquen principalmente en función de la gravedad y no del género; parece que la violencia es un problema humano no solo para los hombres. Igualmente, sería necesario realizar estudios con un número mayor de participantes en el futuro para poder comprobar estas hipótesis con mayor fiabilidad.

La influencia familiar en la conducta delictiva. Club de Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen de uno de los capítulos de la obra “The study of offenders: Prison treatment”, de H. Marchiori, que explica que papel tiene la familia en la conducta delictiva. 

A lo largo de la historia se ha intentado explicar qué factores influyen en la conducta criminal. Desde el punto de vista psicológico, se señalan 5 grandes grupos que tratan de explicar el motivo por el que una persona considerada como “normal”, con conocimiento pleno de sus acciones, realiza conductas delictivas.  Una primera hipótesis considera que las conductas criminales son consecuencia de una constitución genética heredada. El segundo gran grupo aborda la conducta criminal desde bases estrictamente psicológicas, basándose en estudios relativos al aprendizaje social del individuo o a la visión cognitiva referente a los procesos de razonamiento que suceden en la mente de los criminales. Un tercer grupo está basado en las teorías del control social en el que la interpretación propia y del resto de sujetos regula el comportamiento criminal (casos de etiquetaje, estigmas sociales, etc). El cuarto grupo explica la criminalidad como una conducta consecuente del fracaso, usando una visión humanista y existencial. Por último, el quinto gran grupo está basado en la teoría motivacional, que explica que los delitos están determinados por una interacción entre el ambiente, la persona y el contexto.

En este último grupo, que explica la conducta criminal como el resultado de la interacción entre el ambiente, la persona y el contexto, se presta una especial atención a la influencia de la familia en la conducta delictiva. Por ello, explicamos a continuación el papel que tiene la familia en la conducta delictiva a partir de uno de los trabajos de H. Marchiori.

La familia es uno de los principales focos de aprendizaje de comportamiento y normas, y si bien una buena educación familiar es la base de un correcto comportamiento, los problemas encontrados en una familia que no es capaz de enseñar los valores correctos de comportamiento pueden quedar reflejados en las personas que viven en ese ambiente.

Sin duda, la familia es uno de los pilares básicos en el desarrollo y crecimiento en una persona, constituye una parte importantísima en el ambiente psicológico del individuo, por ello no podemos dejar de obviarla al hablar de conducta delictiva, pues es, cómo ya, apuntábamos anteriormente, no sólo un foco de aprendizaje de normas y maneras de comportarse, sino que a su vez puede transmitir desestructuración y problemas que quedarán reflejados en quienes viven en ese ambiente.

Del mismo modo que el contexto social en el que se mueve el sujeto (costumbres, tradiciones, actitudes encontradas) influye en su conducta, el ambiente en el hogar (cercanía a los padres, situación económica, situación afectiva…) debe de ser considerada para comprender la conducta delictiva del sujeto.

Así, esta autora realiza una clasificación más allá de la sencilla y clásica división de familias estructuradas y desestructuradas, sino que además clasifica las conexiones existentes entre el tipo de familia y el tipo de delincuente, señalando principalmente seis grupos principales.

El delincuente ladrón, suele responder al perfil de un sujeto cuyo ambiente familiar está marcado por castigos, situaciones traumáticas y ambiente familiar inestable. Puede existir una falta de ciudados por parte de la familia hacia el menor, algo que hace que el sujeto no sienta seguridad ni estabilidad. Estos sujetos comienzan a mostrar conductas antisociales (así como agresiones continuas y problemas escolares) desde una edad temprana. Debido a la falta de correctos valores, estos sujetos inician su carrera delictiva y abandonan el hogar y generalmente los vínculos con la familia. Cuando estos sujetos son arrestados por sus robos, la familia no suele ayudar al interno ni colaborar en el tratamiento penitenciario.

En cuanto al delincuente sexual, su perfil también puede presentar un contexto familiar desestructurado en donde la falta de supervisión y de afecto están presentes.  Tiende a pertenecer a un hogar desintegrado, con una marcada carencia de afecto, de supervisión y cuidados, con unas condiciones en el entorno familiar poco favorables. Son supuestamente estas condiciones soportadas durante la infancia las que harán sentir al individuo confundido en el área sexual. El delincuente sexual muestra dos necesidades fundamentales como son la seguridad y el afecto, y exterioriza hostilidad y resentimiento hacia la autoridad debido a las carencias emocionales de las que ha sido víctima. Ante el delito sexual la familia muestra rechazo y distanciamiento, lo que provoca normalmente que, tras la institucionalización, el delincuente vuelva a delinquir, pues carece del apoyo de un núcleo familiar idóneo que le ayude tanto en su tratamiento como en su recuperación y, posteriormente, le muestre apoyo en su nueva salida.

El tipo de familia que suele rodear al delincuente homicida sin embargo es una familia integrada, que siendo consciente de la desorganización psicológica del sujeto, permanece pasiva. Sin llegar a participar de una forma activa en frenar esa conducta, si muestran apoyo y ayuda al sujeto durante el encarcelamiento, y durante la reintegración social tras ser encarcelado.

En el caso del estafador, encontramos un contexto familiar en el que el sujeto ha sido víctima de una infancia dura o sobreprotegida con una educación estricta y con continuas frustraciones y prohibiciones que condicionan su comportamiento delictivo posterior.

Los delincuentes drogadictos provienen de contextos inestables tanto a nivel familiar, como a nivel laboral y educacional. Existen vínculos enfrentados hacia los miembros de la familia, con la figura de un padre rígido y autoritario y la figura de una madre insegura e inestable. Son las tensiones producidas en el seno de la familia las que son cargadas al sujeto, el cual se refugia en un “nuevo mundo” a través de las drogas como comportamiento destructivo para afrontar la situación familiar.

Existen otros muchos contextos que deben de tenerse en cuenta, no solo el familiar; sin embargo es importante tener en cuenta la influencia de la familia en el comportamiento delictivo o desviado como uno de los primeros factores posibles que puedan explicar determinadas conductas en los individuos.

¿Qué relación existe entre los rasgos psicopáticos y el racismo? (II) Resultados de la investigación

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos la segunda parten del artículo “Is There a Relationship Between Psychopathic Traits and Racism?”, de los autores Kaine Grigg y Lenore Manderson, que realizan una investigación sobre la relación existente entre los rasgos psicopáticos y el racismo. 

Para la presente investigación, los participantes adolescentes y adultos (individuos de 15 años o más) fueron escogidos de toda Australia a través de periódicos, radio y publicidad online. La gran mayoría de las respuestas se obtuvieron de una base de datos de encuestas online, en las que las encuestas tomaron aproximadamente 15 minutos en completarse. Los datos fueron examinados en su totalidad y divididos por adolescentes de 15-20 años y adultos mayores de 21 años para explorar la consistencia de los hallazgos en múltiples grupos de edad. Los datos también se dividieron por el historial de delitos para explorar la coherencia de la medida, con un individuo clasificado como un delito si han sido acusados de un delito.

Se utilizó un cuestionario demográfico para recopilar información demográfica general y detalles del historial de ofensas de los participantes. Los encuestados completaron la versión de 40 ítems de RACES, un instrumento desarrollado para explorar actitudes relacionadas con la raza en Australia. RACES consta de tres subescalas independientes: “Escala de Actitud Racista” (RAS), una escala de 8 elementos de actitudes racistas; “Aceptación de la Escala de Actitudes” (AAS), una escala de actitudes de 12 ítems que refleja el respaldo de los grupos externos; y la “Escala de Actitudes Etnocéntricas” (EAS), una escala de actitudes de 4 ítems que refleja el favoritismo dentro del grupo. Se responde a los elementos en una escala tipo Likert de cinco puntos que va desde “Muy en desacuerdo” a “Muy de acuerdo”.Se sabe además que RACES es internamente consistente, posee validez factorial, constructiva, discriminante y convergente en niños, adolescentes y adultos, y confiabilidad test-retest en niños. Además de RACES, se administró a los participantes la “Encuesta de Racismo” (DG), un instrumento de 10 ítems diseñado para medir actitudes racistas explícitas en Australia. En este instrumento, los ítems se responden de nuevo en una escala tipo Likert de cinco puntos con la mitad del puntaje invertido, por lo que los puntajes más altos indican niveles más altos de actitudes racistas. Aunque no se ha validado a través de investigaciones empíricas, es la única medida australiana existente de actitudes racistas no específicas de un solo grupo y se ha utilizado a nivel nacional. Por lo tanto, era apropiado para fines comparativos.

La deseabilidad social es especialmente preocupante cuando se miden temas sensibles, potencialmente incómodos o que provocan ansiedad, como los relacionados con el racismo. Una versión de 10 elementos de la Escala de Deseabilidad Social de Marlowe-Crowne (MCSDS), modificada previamente para su uso con jóvenes australianos y que se demostró que es particularmente útil, fue incluido para este propósito. Los ítems de MCSDS también se responden en una escala tipo Likert de cinco puntos con media puntuación inversa, por lo que los puntajes más altos indican niveles más altos de respuestas socialmente deseables. El MCSDS es internamente consistente y posee una validez convergente adecuada. También se utilizó el Inventario de temperamento de Minnesota, una medida basada en la investigación de 19 ítems de rasgos de personalidad psicopática de adolescentes y adultos. El instrumento mide la falta de empatía y remordimiento, emociones superficiales, egocentrismo y engaño, y puede considerarse una medida de los rasgos de personalidad psicópata, ya que se centra en los componentes psicológicos del constructo y omite en gran medida los aspectos conductuales. Se responde a los elementos en una escala tipo Likert de cuatro puntos que va desde “Esto no es cierto para mí” hasta “Esto es muy cierto para mí”; los puntajes más altos en todos los ítems indican niveles más altos de rasgos psicópatas.

Los resultados mostraron lo siguiente. Hubo una fuerte consistencia de las relaciones entre las variables medidas entre los participantes con y sin historial de ofensas. Dado el vínculo establecido entre la educación y el comportamiento delictivo, se esperaría que los participantes con antecedentes penales tuvieran niveles de educación más bajos. Tomando en cuenta esta expectativa además de las relaciones establecidas entre educación y actitudes racistas, la consistencia de las relaciones entre los participantes con y sin una historia de ofensa fue sorprendente. Las relaciones observadas reflejaron la misma dirección para todas las variables, aunque fueron mucho más fuertes para los participantes con un historial de ofensa. La consistencia de los hallazgos en cada medida sugiere que el tamaño de muestra limitado puede haber contribuido a los resultados no significativos y, por lo tanto, los resultados no son incompatibles con la validez discriminante de RACES. Aunque descriptivamente los resultados indican que no puede haber diferencia en actitudes de aceptación o rasgos psicópatas para individuos con y sin historial de ofensa, debido al tamaño de muestra limitado de los participantes con un historial de ofensa (1) no se pueden sacar conclusiones firmes de estos resultados; (2) muchas de las relaciones observadas no fueron significativas para los participantes con un historial de ofensa; y (3) los resultados para los participantes con un historial de ofensa tienen una generalización limitada. Las limitaciones de los datos del historial de ofensas se destacaron específicamente por los elementos de configuración amplios, lo que indica la imprecisión de los análisis y resalta la necesidad de replicación con una variabilidad disminuida.

Los resultados de la investigación actual proporcionan un fuerte apoyo para la existencia de una relación entre la psicopatía y las actitudes racistas y proporcionan evidencia de validez adicional para RACES como una medida efectiva de las actitudes racistas en Australia. Es importante que el enlace establecido se confirme en muestras alternativas de la comunidad en todo el mundo, para garantizar que los resultados sean generalizables y no puramente un artefacto de la población australiana. Además, la evaluación de la relación entre el racismo y los rasgos de personalidad psicópata en las poblaciones encarceladas también es vital para avanzar en la comprensión de las similitudes y / o diferencias en cómo la psicopatía y el racismo se presentan y se relacionan entre las poblaciones comunitarias y las no comunitarias. Con respecto a la práctica informativa, los resultados sugieren que puede ser necesaria una reconsideración de la formación de la personalidad de las personas consideradas con actitudes racistas.

La psicopatía y el racismo son problemas sociales omnipresentes que tienen el potencial de afectar negativamente a toda la comunidad. La psicopatía está relacionada con una gama de comportamientos antisociales violentos y no violentos y con conductas de alto riesgo. Del mismo modo, el racismo se relaciona con los resultados negativos de salud mental, los resultados fisiológicos más pobres y la psicopatología general. Se informa que las tasas de psicopatía en las poblaciones encarceladas de todo el mundo son de hasta el 73%. Aunque es relativamente raro en la comunidad, con una prevalencia estimada en menos del 1% en la población general, se asocia con una variedad de resultados negativos como comportamiento ofensivo, falta de vivienda y hospitalización psiquiátrica. En contraste, el racismo en Australia prevalece ampliamente en la comunidad, con índices de hasta el 97% de los australianos indígenas que informan haber sido víctimas del racismo. Además, el trabajo sobre la geografía del racismo sugiere que la gran mayoría de los australianos tienen algunas creencias o actitudes que podrían considerarse racistas. Independientemente de las diferencias en prevalencia y resultados, ambos son problemas que son perjudiciales para la sociedad. Además, las similitudes en el desarrollo de ambos problemas sugieren que es importante investigar cómo interactúan los dos constructos. Los datos presentados aquí proporcionaron el primer examen de la relación entre los rasgos de personalidad psicópata y las actitudes racistas, lo que demuestra un fuerte vínculo entre los dos constructos. Los resultados también proporcionaron pruebas sólidas adicionales para la validez de constructo y la validez convergente de la escala total y las subescalas de RACES, y proporcionaron evidencia tenue para la validez discriminante, con los hallazgos que demuestran las relaciones esperadas para la escala total de RACES y las subescalas. Esto incluye las relaciones entre la escala total de RACES y las subescalas; entre la escala total de RACES y las subescalas y una encuesta existente de actitudes racistas; y entre la escala total de RACES y las subescalas y una medida de los rasgos psicopáticos. Estos hallazgos también refuerzan el impacto potencial de la respuesta socialmente deseable en diversas medidas de actitud, incluidas las actitudes racistas y los rasgos de personalidad psicopática. Es importante destacar que se encontraron resultados similares en personas con y sin historial de delitos y entre grupos de edad

Hasta la fecha, se han llevado a cabo pocos exámenes de actitudes racistas y comportamientos ofensivos, y la mayoría explora el posible racismo sistémico que subyace a las tasas más altas de criminalidad en las poblaciones minoritarias. Sin embargo, se esperaría que se relacionen comportamientos ofensivos y comportamientos racistas, ambos comportamientos antisociales con actitudes antisociales subyacentes que potencialmente comparten vías de desarrollo. Los hallazgos de investigaciones previas que demuestran relaciones entre actitudes racistas, problemas de conducta y, de manera opuesta, comportamientos pro-sociales, además de la presente investigación que demuestra relaciones entre actitudes racistas y rasgos de personalidad psicopáticos, respaldan esta expectativa . Sería interesante evaluar el valor de las intervenciones generalizadas que intentan mejorar las conductas pro-sociales al tiempo que abordan el comportamiento ofensivo problemático en la reducción de los niveles de actitudes, creencias y comportamientos racistas.

La intervención temprana para limitar el desarrollo de rasgos de personalidad indeseables que fomentan actitudes racistas posteriores (por ejemplo, falta de empatía) es esencial. Abordar y mejorar los niveles de empatía actualmente se considera central para los programas efectivos contra el racismo, pero la presente investigación subraya la importancia de explorar otros componentes del desarrollo moral temprano más ampliamente. Por ejemplo, aumentar el desarrollo moral mientras se desaprueba el comportamiento antisocial, la criminalidad y la violencia en general, puede ser útil para reducir el cultivo y la perpetuación de las actitudes racistas. Los resultados brindan un impulso para futuros trabajos sobre el racismo y la psicopatía y resaltan el potencial de los conocimientos existentes sobre el manejo de ambos constructos para ser integrados a fin de fortalecer las intervenciones para reducir los impactos negativos de cada uno. Las investigaciones futuras pueden descubrir un área de investigación interesante y potencialmente decisiva que conduzca a la reducción simultánea del racismo, la psicopatía y el comportamiento ofensivo. Combinar los recursos destinados a investigar el racismo y los rasgos de personalidad psicópata para avanzar en los programas y abordar eficazmente el desarrollo de ambos temas sería de gran beneficio para la sociedad.

¿Qué relación existe entre los rasgos psicopáticos y el racismo? Un enfoque teórico. Club Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Is There a Relationship Between Psychopathic Traits and Racism?”, de los autores Kaine Grigg y Lenore Manderson, que exponen, desde un punto de vista teórico , y posteriormente a través de una investigación, la relación existente entre los rasgos psicopáticos y el racismo. En esta primera publicación resumiremos los aspectos teóricos, centrándonos en los resultados de la investigación en el próximo artículo.

La psicopatía tiene una larga historia tanto en la investigación de la psicología forense criminal como en la práctica clínica, con una amplia gama de actitudes y comportamientos antisociales que coexisten regularmente con la psicopatía. Las actitudes racistas se consideran antisociales y comparten muchas similitudes con los rasgos de personalidad psicopáticos, incluso en su desarrollo y su manifestación. Tanto la psicopatía como el racismo tienen impactos perjudiciales significativos y penetrantes en la sociedad; mejorar la comprensión de cada construcción y las posibles formas de reducir su impacto social, por lo tanto, sería útil.

Las características distintivas de la psicopatía incluyen encanto superficial y egocentrismo, las características afectivas incluyen niveles superficiales e impredecibles de emoción y deficiencias en la culpa, empatía y remordimiento, y las características conductuales incluyen la participación en actividades erráticas, negligentes, de riesgo y de búsqueda de sensaciones que violan las normas sociales y legales, asi como una incapacidad para mantener relaciones a largo plazo y la explotación indiferente y deliberada de otros. Los investigadores además han relacionado la psicopatía con un rango de comportamiento antisocial violento y no violento y con conductas de alto riesgo.

En cuanto a la estabilidad de la psicopatía, la investigación empírica sugiere que la psicopatía en la infancia y la adolescencia es igualmente estable y se presenta de manera similar a la psicopatía en la edad adulta, y que las características de la psicopatía adolescente muestran una estabilidad moderada de los componentes afectivos, incluida la falta de empatía y remordimiento, emociones superficiales, egocentrismo y engaño a lo largo de la transición de la adolescencia a la adultez. Esta constancia sugiere que la psicopatía infantil puede convertirse en un factor estable y duradero de rasgos de personalidad.

El desarrollo de la psicopatía se ha relacionado con los déficits individuales en características como el temperamento y la inhibición conductual, el desarrollo moral y emocional, el procesamiento sociocognitivo y la disfunción emocional y cognitiva general, por ello es esencial comprender cómo se nutren tales características. Dichos déficits se ven considerablemente afectados por la crianza de los hijos, lo que sugiere posibles asociaciones entre el desarrollo de la psicopatía y una gama de variables parentales pobres. Apoyando esta proposición, niveles más altos de síntomas de Trastorno de Personalidad Antisocial, que abarcan rasgos psicopáticos, han sido vinculados a una gran cantidad de variables parentales que incluyen maltrato infantil, menores niveles de cuidado paterno y materno, mal vínculo parental, y abusos físicos, psicológicos o sexuales.

Pues bien, el desarrollo de actitudes racistas ha sido explorado de manera similar. Investigaciones recientes propusieron que tanto el racismo como el sexismo son dos formas interrelacionadas de actitudes discriminatorias vinculadas a través de creencias de jerarquías sociales, que pueden ser atribuibles a los rasgos subyacentes de la personalidad. Por ello, similar al cultivo de la psicopatía, también se han establecido vínculos entre la crianza estricta y rígida, el desarrollo de la personalidad y las consecuentes actitudes racistas. No es sorprendente que comportamientos y actitudes indeseables como el racismo se desarrollen en niños que experimentan una crianza negativa, dado el significativo poder del rechazo y aceptación de los padres al moldear nuestras personalidades como niños y adultos, aunque el enfoque en la crianza autoritaria como la causa de las actitudes racistas en los niños ha sido reemplazado por una mayor comprensión sociocognitiva.

En contraste, la crianza positiva, que incluye el uso de técnicas de empatía, parece disminuir los comportamientos antisociales y limitar el desarrollo de los rasgos de personalidad psicópata y las actitudes racistas. De manera similar, los niveles de empatía parecen estar relacionados con las actitudes racistas y son un moderador importante de tales actitudes. Como la empatía es un antecedente clave del comportamiento prosocial y del desarrollo moral, estos vínculos son aún más importantes en una investigación de actitudes racistas y rasgos de personalidad psicopática. Además, el desarrollo del comportamiento intimidatorio se ha relacionado con el comportamiento antisocial posterior, la criminalidad y la violencia, lo que podría incluir el desarrollo de actitudes racistas y rasgos de personalidad psicopática.

Debido a los vínculos inversos entre la empatía y los problemas de conducta, las actitudes racistas y los rasgos psicopáticos, así como las similitudes en los caminos del desarrollo del racismo y la psicopatía, se esperaría una relación entre los rasgos psicópatas y las actitudes racistas. Los fuertes vínculos entre la psicopatía y varias conductas antisociales violentas y no violentas añaden más peso a esta idea, pero aún no se han realizado investigaciones que exploren esta relación propuesta.

Para poder demostrar de un modo empírico esta relación entre los rasgos psicopáticos y el racismo, los autores Kaine Grigg y Lenore Manderson realizaron una investigación con 402 participantes cuyo objetivo principal fue examinar la relación explicada anteriormente, y cuyo objetivo secundario fue explorar la consistencia de esta relación entre adolescentes y adultos. La metodología, resultados y conclusiones podrán consultarse en el siguiente artículo del Club Forenses.

Delincuentes sexuales online desde una perspectiva de adicción a Internet (II). Club Ciencias Forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, os presentamos la segunda parte del resumen del interesante artículo “Understanding Sexually Deviant Online Behavior from an Addiction Perspective” de Kimberly Young, en donde se explica el comportamiento de los delincuentes sexuales online desde la perspectiva de la adicción al sexo en Internet. En esta segunda y última parte mostramos las diferencias entre el comportamiento de los delincuentes sexuales online y los delincuentes sexuales del entorno físico, y todas las etapas por las que pasan los primeros.

A diferencia de los delincuentes sexuales infantiles clásicos que exhiben patrones crónicos y persistentes de conducta sexualizada hacia los niños que suelen comenzar en la adolescencia temprana, cada uno de los 22 casos que explicamos en el anterior artículo fueron delincuentes por primera vez sin antecedentes de delincuencia sexual hacia los niños. Sus ofensas parecían estar relacionadas por completo con las salas de chat en donde realizan juegos de roles de fantasía sexual en línea. Usando como base el modelo de adicción de Young, los usuarios de fantasía siguen cinco etapas de desarrollo: descubrimiento, exploración, escalada, compulsión y desesperanza o arrepentimiento. Las etapas resaltan cómo los usuarios utilizan Internet como medio de escape progresivo como parte de un ciclo de adicción. Usando el modelo de Young para analizar los estudios de caso, cada una de las etapas se describe con más detalle para discutir su comportamiento desde una perspectiva de adicción.

1 – Descubrimiento

En la etapa de descubrimiento, los usuarios hacen el descubrimiento inicial de que los sitios web para adultos y las salas de chat sexualmente explícitas existen y están disponibles en Internet. Un hombre que hace investigación en línea puede tropezar accidentalmente con un sitio web pornográfico o una mujer ingresa a una sala de chat social y conoce a un hombre que la incita a ‘hablar sucio’ con él. En cualquier caso, la persona descubre la emoción sexual del acto, lo que abre la puerta a una mayor exploración. Muchos proveedores de servicios de Internet (ISP) permiten que existan salas de chat orientadas sexualmente con nombres que indiquen claramente los tipos de prácticas sexuales que serán habladas por los participantes. Esas prácticas van desde la más común hasta la más desviada. En los 22 casos, los clientes comenzaron como usuarios “de fantasía” participando en diálogos eróticos en salas de chat de orientación sexual a menudo conocido como “cibersexo”, en el que dos (o más) usuarios en línea intercambian discursos privados sobre fantasías sexuales y el acto puede ir acompañado de autoestimulación sexual. No es raro encontrar temas pedófilos en la sala de chat que permiten a los usuarios intercambiar fantasías relacionadas con temas sexuales que involucran interacciones entre adultos y niños (aunque este tipo de salas de chat se encuentran con más frecuencia en la Dark Web). Para los clientes, el tema de fantasía comienza como una novedad creada a través de las salas de chat del ciberespacio y su disponibilidad anónima.

2- exploración

En la etapa de exploración, pueden comenzar a experimentar, explorar nuevos sitios web como sitios de pornografía o juegos de azar, o pueden ingresar a una sala de chat por primera vez. Cualquiera que sea el comportamiento, para la persona que se vuelve adicta, por lo general es algo nuevo y algo tentador, y generalmente no es algo que hubieran hecho si pensaban que alguien estaba mirando. En el caso de Jack (uno de los ejemplos que muestra el estudio), una vez que descubrió uno de estos chat, comenzó a usar Internet para buscar otros sitios web para adultos. “Lo hice un par de horas a la semana al principio, luego aumentó a más. Empecé a quedarme hasta tarde en el trabajo y llegar los fines de semana solo para mirar porno. Me odié a mí mismo. Me aburrí de la pornografía y comencé a chatear con otras mujeres. Tuvimos sexo por teléfono, algunos me mostraron sus cámaras web y estaban desnudos, e incluso algunos se masturbaban para mí “. Muchas personas secretamente comienzan a experimentar en línea sin temor a ser atrapadas. Se sienten alentados por la aceptación de la cultura del ciberespacio, especialmente cuando están ocultos detrás del anonimato de la pantalla de la computadora, y muchos se sienten menos responsables de sus acciones a través de Internet. Dentro del contexto anónimo del ciberespacio, se eliminan los mensajes convencionales sobre el sexo, lo que permite a los usuarios representar fantasías sexuales ocultas o reprimidas en un laboratorio privado. Además, las experiencias en línea a menudo ocurren en la privacidad del hogar, oficina o dormitorio de uno, lo que facilita la percepción de anonimato y el uso de Internet es personal e imposible de rastrear. Para cualquier persona que alguna vez haya tenido curiosidad acerca de una fantasía particular oculta o desviada, el ciberespacio ofrece una forma anónima de explorar y disfrutar de esas fantasías.

3- escalada

En la etapa de escalada, el comportamiento aumenta cuando los usuarios sienten que tienen que buscar nueva pornografía cada vez que están en línea, tienen que hacer otra apuesta en un casino virtual, o tienen que ingresar a la sala de chat y ver quién más está en línea. Cruzan la línea del uso de Internet como una herramienta productiva para desarrollar un hábito recurrente. El usuario se siente obligado a conectarse, se siente más obsesionado con estar en línea y el comportamiento se vuelve más arraigado y ritual. Disfrutan de sitios particulares, establecen relaciones en línea con un conjunto regular de usuarios con los que tienen cibersexo, tienen sexo telefónico o se reúnen para tener sexo en la vida real. Jack comenzó a navegar por sitios de chat en busca de mujeres. “Fue tan erótico escuchar acerca de sus fantasías más salvajes, cosas en las que nunca pensé“, explicó. “Me dije que era inofensivo. Racionalicé mentirle a mi esposa sobre la necesidad de trabajar hasta tarde y empecé a perder fechas límite en el trabajo, pero después de 20 años de matrimonio es emocionante reavivar algo sobre mi propia sexualidad. Discutí lo que dijeron estas mujeres. Todo fue solo una fantasía. Eran todas las edades y antecedentes, me sentía como un Playboy virtual, pero todo parecía estar bien, siempre y cuando solo estuviera en línea, no parecía estar mal.” El riesgo de experimentar fantasías en línea desviadas sexualmente es que el delincuente sexual virtual comienza distorsionar lo que es el sexo normal “Me masturbo todas las noches con pornografía en línea desagradable y pervertida“, explicó un cliente. “Lo que más me excita son los aspectos tortuosos de ver fotos que de otro modo serían inaccesibles. Ahora, el sexo con mi esposa parece tan aburrido en comparación. Cuando tengo relaciones sexuales con mi esposa, siempre fantaseo con las imágenes que vi recientemente en la Web. Esto está destruyendo mi matrimonio. Ahora estamos durmiendo en camas separadas y estoy solo toda la noche con mi ordenador en lugar de ella. Sé que esto está enfermo. Quiero dejar de hacerlo, pero me siento demasiado débil para parar “. A medida que el alcohólico requiere dosis cada vez mayores de la droga para lograr la misma sensación y placer de la experiencia, el delincuente sexual virtual se aburre con fantasías rutinarias y ahora se ve para la próxima gran emoción virtual. En la etapa de escalamiento, el comportamiento se vuelve más crónico y pronunciado de tal forma que los usuarios de fantasía se saturan con un flujo continuo de contenido sexual que puede tomar formas más arriesgadas y riesgosas. En los casos de delincuentes sexuales virtuales, comienzan a participar en fantasías sexuales pedófilas.

Para lidiar con la doble vida que ocurre, el usuario de fantasía a menudo racionaliza el comportamiento y rechaza lo que dice o hace en línea con auto declaraciones como, “Es solo una fantasía de computadora” o “Esto no es lo que realmente soy“. Se separan de la experiencia sexual en línea y perciben su mundo secreto de fantasía como una vida paralela que está completamente separada de quienes son en la vida real. Sin embargo, estas racionalizaciones son temporales y eventualmente se descomponen a medida que se vuelve cada vez más disgustado por sus acciones en línea y experimenta episodios de desesperación, ya que las promesas de parar se rompen y los intentos de dejar de hacerlo fracasan. También pueden progresar hacia temas más desviados sexualmente que normalmente encontrarían reprobables y que con el tiempo se vuelven aceptables a medida que se vuelven cada vez más “insensibles” a la experiencia.

4- Compulsividad

El comportamiento habitual se vuelve una obsesión compulsiva. En esta etapa, la vida se vuelve inmanejable, ya que las relaciones o carreras se ponen en peligro debido a la conducta compulsiva. Patrick Carnes explica mejor la compulsividad sexual: “La experiencia sexual es la fuente de nutrición, foco de energía y origen de la emoción. La experiencia se convierte en un alivio del dolor y la ansiedad, la recompensa por el éxito y una forma de evitar abordar otros problemas emocionales en la vida de la persona. La adicción es realmente un estado alterado de conciencia en el que el comportamiento sexual “normal” palidece en comparación en términos de emoción y alivio de los problemas asociados con el sexo “. Jack a menudo describió sus sesiones en línea como un” aumento de las drogas “. Sintió una realidad alterada, como si la persona que estaba en línea no se superpusiera con la persona que era en la vida real. Es un tema común entre los 22 participantes. Cada uno de ellos describió su uso de Internet, ya sea en las salas de chat de sexo o en la pornografía en Internet, como una avalancha o un ataque que experimentaron mientras estaban en línea. Sentían como si Internet se tratara menos de usar como herramienta de información, sino como forma de escape psicológico. De la misma manera, la experiencia sexual en línea del usuario de fantasía produce un estado alterado de conciencia que se asocia con la reducción de la tensión y muestra una retirada progresiva en el uso de la computadora como un medio para evitar las complicaciones y responsabilidades de la vida. En esta etapa, el usuario se ve impulsado en gran medida por estados de tensión y agitación cada vez más dolorosos, al igual que un alcohólico se ve obligado a beber en momentos de estrés excesivo o una persona que come demasiado se ve obligada a comer en momentos de tensión. Exhibe patrones adictivos y continúa participando en la actividad a pesar de sus riesgos potenciales conocidos, incluido el arresto y el encarcelamiento. Después de su arresto, Jack explicó, “después de un tiempo supe que estaba mal, sabía que estaba al borde de un gran problema y ¿para qué? Mi vida se convirtió en un lío aislado y solitario. Me di cuenta de que podría perder mi trabajo, mi matrimonio y el respeto de todos los que amo si me atraparan. Tengo dos hijas y nunca pensaría en hacer algo inapropiado con ellas, pero no pude evitar detenerme a pesar de conocer todas las consecuencias de mis acciones “.

5- Desesperación

En la etapa de desesperación, el adicto golpea ese “fondo rocoso” metafórico solo para darse cuenta de la magnitud del daño infligido a causa de su adicción. Se desarrollan sentimientos de impotencia, especialmente cuando se da cuenta de lo descontrolada que se ha vuelto la vida. En esta etapa, el adicto se da cuenta del exceso no saludable del comportamiento solo para intentar la abstinencia total. A menudo cancelarán su servicio de Internet, desconectarán los routers o instalarán un software de filtrado para intentar detener el comportamiento compulsivo. El adicto tiene problemas para mantenerse “limpio”, y se siente desesperado por volver a encauzar su vida. Dado que la recaída está a solo un clic del mouse, el adicto vuelve a los patrones anteriores y comienza el ciclo una vez más. Dado que el adicto carece del control adecuado de los impulsos, es más probable que incursione en material sexual inapropiado o desviado, que es fácilmente accesible a través de Internet. Esto es especialmente problemático cuando el adicto experimenta en salas de chat con temas pedófilos e incesto. Si bien estas se etiquetan como salas de chat de “solo fantasía”, es difícil descifrar qué es un hecho y qué es una fantasía, según los diálogos de chat. En estos 22 casos, cada cliente describió sentimientos de baja autoestima, haciendo declaraciones: “Me odio a mí mismo”, “Soy débil”, “Soy defectuoso“, o “Soy asqueroso por mi hábito sucio“. Hicieron repetidos intentos de abstinencia y tuvieron repetidas incidencias de recaída. Han continuado de esta forma durante meses o años antes de su arresto y con frecuencia esperan ser atrapados. Lo ven como una manera de aliviarse de sus vidas en línea secretas y como una forma de detenerse finalmente.

Con todo esto concluimos que con la proliferación de salas de chat sexualmente explícitas, grupos de noticias y sitios web, Internet ofrece una salida para la exploración inicial de una persona curiosa, y el ciberespacio, con su falta de restricciones, crea acceso inmediato a salas de chat sexualmente explícitas consideradas ofensivas, incluyendo intereses infantiles. La mayoría de las personas aún no se dan cuenta de que existe un riesgo al involucrarse en actividades sexuales en línea. Si bien de alguna manera puede parecer algo aislado que nunca le sucedería a la gente que conocemos, las conductas sexuales en línea pueden ocurrir en el ambiente familiar, reduciendo así la sensación de riesgo y permitiendo conductas aún más aventureras. La variedad y el alcance de estas fantasías habilitadas por ordenador son ilimitadas y aún están evolucionando. En la era de Internet, las salas de chat nuevas, la nueva tecnología y los nuevos usuarios en línea ayudan a construir nuevas experiencias de fantasía sexual. Desde la perspectiva legal, dada la proliferación de contenido sexualmente explícito en Internet, los psicólogos forenses, las fuerzas del orden público y el sistema judicial en general deberían considerar el papel de Internet y su potencial para la adicción en el desarrollo del comportamiento sexual en línea inapropiado o desviado, especialmente en lo que se refiere a intereses pedófilos.

Dada la permisividad sexual de la subcultura del ciberespacio, las evaluaciones forenses deberían examinar la conducta que diferencia a los delincuentes sexuales clásicos de los delincuentes sexuales virtuales o los adictos a la fantasía que participan en temas pedófilos, en el contexto de cómo utilizan Internet. Desde una perspectiva clínica, las evaluaciones forenses de delincuentes sexuales virtuales también deberían evaluar si el usuario exhibe síntomas de uso compulsivo de Internet. ¿El cliente demuestra una pérdida significativa y regular de control de impulso? ¿El cliente muestra una preocupación por Internet? ¿El cliente continúa participando en la actividad sabiendo sus posibles consecuencias?.

También es importante evaluar si el cliente informa intentos fallidos de autorregulación y la incapacidad de controlar el comportamiento en línea. La adicción a Internet y la participación de personas que por lo demás son pro-sociales y respetuosas de la ley en el comportamiento sexual ilegal en línea con los niños han aumentado de manera alarmante a medida que ha aumentado la disponibilidad de Internet.

Delincuentes sexuales online desde una perspectiva de adicción a Internet (I). Club Ciencias Forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, os presentamos un resumen del interesante artículo “Understanding Sexually Deviant Online Behavior from an Addiction Perspective” de Kimberly Young, en donde se explica el comportamiento de los delincuentes sexuales online desde la perspectiva de la adicción al sexo en Internet. En esta primera parte trataremos el contexto y la motivación de estos delincuentes, y en un segundo artículo hablaremos sobre la comparativa entre el comportamiento de los delincuentes sexuales online y los delincuentes sexuales del entorno físico, ambos desde un enfoque de delincuencia sexual infantil.

Este artículo examina el fenómeno emergente de la delincuencia sexual virtual, basado en un estudio de 22 entrevistas forenses, describiendo un marco para comprender este tipo de delincuente sexual desde una perspectiva clínica. Específicamente, este estudio examina el papel de la adicción al sexo en línea en el desarrollo de la delincuencia sexual virtual y describe cinco etapas desde el inicio hasta el encarcelamiento que sigue el delincuente sexual virtual. Más importante aún, este documento diferencia los patrones de comportamiento en línea de los delincuentes sexuales virtuales que sugieren que son usuarios de fantasía que incursionan en temas pedófilos en comparación con los delincuentes sexuales “clásicos” que buscan a los niños para la gratificación sexual.

Las estadísticas más actuales muestran un fuerte aumento en el número de depredadores sexuales que usan Internet como herramienta de búsqueda de niños vulnerables, para contactar con ellos y ganarse su confianza con fines delictivos. Aunque las cifras son difíciles de documentar, estos delincuentes son claramente parte de la ola de crímenes de la era de Internet. Dada la falta de restricciones en el ciberespacio y su subcultura sexual, los depredadores tienen un nuevo medio no solo para buscar potenciales contactos con niños, sino también para unirse y sindicalizarse con otros usuarios de una manera que les permita validar y normalizar sus tendencias sexuales. Por ejemplo existen salas de chat en el ciberespacio con nombres como “Daddy4daughter”, “Men for Barely Legal Girls” y “Family Fun”. Si bien estas salas tienen el nombre de salas de chat de “fantasía solamente” y requieren que los participantes tengan más de 18 años, es difícil descifrar qué es un hecho y qué es una fantasía, basado en los diálogos de chat en dichas comunidades virtuales. No está claro, a partir de la discusión, si los usuarios están describiendo historias ficticias, fantasías sexuales e historias sobre actividades pasadas o planes para el futuro. A diferencia del mundo físico, los mensajes convencionales sobre el comportamiento sexual son generalmente ignorados en el ciberespacio. Los usuarios son “libres” (en cuanto a la posibilidad de ser anónimos y no controlados) de explorar temas pedófilos dentro del entorno sexualmente desinhibido de Internet. De esta forma, el ciberespacio se convierte en un habilitador que permite a los usuarios crear contenido personalizado sin limitaciones que les brinde una salida para explorar el comportamiento sexual en línea desviado.

Los primeros estudios sobre la sexualidad en Internet, o “cibersexo” distinguieron varias motivaciones para la comunicación erótica de la computadora, desde flirteos leves hasta la búsqueda y el intercambio de información sobre servicios sexuales y discusiones sobre conductas sexuales desviadas específicas. Postularon que el cibersexo le permite a una persona desarrollar fantasías sexuales que de otro modo habrían sido extinguidas si no fuera por el refuerzo de la retroalimentación inmediata proporcionada por las interacciones en línea. A medida que Internet ganó popularidad, los investigadores comenzaron a identificar patrones similares en los aspectos adictivos de la comunicación en línea. La adicción a Internet, como suele llamarse, es una preocupación patológica con el uso de Internet, y puede ocasionar problemas ocupacionales, sociales, familiares y psicológicos significativos.

En uno de los estudios más grandes de sexualidad en línea, (“Sexuality on the Internet from sexual exploration to pathological expression” de Cooper, Scherer, Boies y Gordon, en 1999), con una muestra de 9.177 encuestados, 86% de ellos hombres, se encontró que las interacciones más poderosas y potencialmente problemáticas ocurrieron en las salas de chat en línea. Según el estudio, esto parece corroborar una asociación de comportamiento sexualmente compulsivo o adictivo con aislamiento social. También se descubrió que los compulsivos sexuales en línea se aislaban socialmente cada vez más cuando se retiraban a un mundo de fantasía sexual dentro de la computadora. La mayoría de estos casos involucraban a hombres que previamente no tenían antecedentes de adicción sexual, no tenían antecedentes de alquilar películas para adultos, ni visitaban clubes de striptease, pero su único problema con el sexo provenía del uso de Internet. Los usuarios pueden explorar partes más oscuras de su sexualidad usando el contexto anónimo e ilimitado de Internet, cambiando su nombre, edad, ocupación o descripción física. Una mujer puede fingir ser lesbiana en línea o un hombre de mediana edad puede pretender ser un semental joven y caliente cuando habla con mujeres en una sala de chat en línea. Young se refirió a estos individuos como “usuarios de fantasía” que utilizaban salas de chat en línea y mensajes instantáneos con el propósito expreso de jugar rol en el chat de fantasía en línea. Los usuarios de fantasía a menudo progresaban hacia un diálogo sexualmente más explícito como una novedad creada a través del ciberespacio, y dentro del contexto anónimo de estos entornos virtuales, experimentaban gradualmente con tipos de chat más explícitos. Los usuarios de fantasía ocultan sus interacciones en línea a los demás y, a pesar de los posibles sentimientos de culpa o vergüenza, suelen seguir participando en tales actos. Basado en un análisis de estudio de caso, el artículo que resumimos en esta entrada examina la perspectiva psicológica de los delincuentes sexuales en línea y el papel del ciberespacio en el desarrollo de la conducta desviada. Específicamente, este artículo describe cómo estos “usuarios de fantasía” en línea pueden ser evaluados desde una perspectiva de adicción, y utilizando el modelo de cinco etapas de Young se explica el desarrollo de la compulsividad sexual en línea, examinando cómo los usuarios de fantasía progresan desde las conductas sexuales desviadas en línea con adultos hasta las conductas sexuales desviadas en línea hacia niños.

Para el estudio participaron 22 clientes atendidos a través del Centro de Adicción en línea. El Centro para la adicción en línea se estableció en 1995 y brinda educación, apoyo y tratamiento a las personas preocupadas por la adicción a Internet. En todos los 22 casos, los clientes fueron arrestados por conducta sexual inapropiada con menores a través de Internet. En cada caso, esta fue una primera ofensa y los clientes no tenían antecedentes penales o antecedentes sexuales con niños. Los clientes tenían edades comprendidas entre 34 y 48 con una media de 38. El 58% trabajaban como ingenieros, médicos o abogados; el 17% eran trabajadores obreros, a menudo trabajando en fábricas o en la industria manufacturera, 15 % estaban desempleados, y 10% estaban en discapacidad. En diez casos, se encontraron grandes colecciones de imágenes pornográficas descargadas de Internet, en tres casos, las imágenes contenían pornografía infantil, y en un caso, el cliente tenía una larga historia de conocer a mujeres en Internet para tener relaciones sexuales.

En el momento del arresto, el 47% de los clientes sufría de depresión o ansiedad, el 39% tenía antecedentes de alcoholismo o dependencia de drogas, el 19% tenía antecedentes de adicción al sexo y el 10% tenía antecedentes de abuso sexual. En todos los casos, los clientes se involucraron en salas de chat para adultos pedófilos, sin saberlo, charlando con un agente federal o un agente de policía que presentaba en línea como menor de edad. El agente encubierto estableció una personalidad en línea de una niña o un niño pequeño, y las conversaciones en línea condujeron a una reunión concertada en la vida real. En diez de los casos, los clientes llegaron al lugar de reunión designado, pero al ver al señuelo de la policía (alguien haciéndose pasar por un menor), no hicieron ningún intento de acercarse al menor y fueron arrestados en la escena. En nueve casos, los clientes fueron detenidos inmediatamente al llegar al lugar de reunión designado. En dos casos, el cliente nunca se presentó a la hora acordada y fue arrestado en su casa por intentar cometer una conducta sexual inapropiada con un menor a través de Internet. En un caso, el cliente se sentó con el señuelo de la policía y luego fue arrestado.

Los patrones de comportamiento en línea se analizaron en cada caso mediante entrevistas clínicas y materiales de descubrimiento disponibles, como informes psicológicos, notas de progreso de los terapeutas que tratan actualmente al individuo, informes previos a la sentencia, órdenes judiciales o declaraciones juradas de los investigadores y transcripciones de los diálogos de la sala de chat. A los clientes también se les administró la “Internet Addiction Scale” desarrollada por Young, un cuestionario de ocho ítems que examina síntomas de adicción a Internet, como la preocupación del usuario por el uso de Internet, la capacidad de controlar el uso en línea y la necesidad de usar Internet para estos fines a pesar de sus posibles consecuencias. Este instrumento de evaluación modificó los criterios de DSM para juegos patológicos y evaluó el uso no esencial de la computadora o de Internet del cliente (es decir, el uso no comercial o académico relacionado). Los clientes se consideran usuarios adictos al responder “sí” a cinco (o más) preguntas durante un período de seis meses (salvo que según el DSM la desviación responda más claramente a un episodio maníaco).

En los 22 casos estudiados, los clientes cumplieron con los criterios básicos de adicción a Internet. Al igual que un alcohólico consume mayores niveles de alcohol para lograr la satisfacción, los clientes rutinariamente pasaban una gran cantidad de tiempo en línea. Los clientes hicieron todo lo posible para enmascarar la naturaleza de sus actividades en línea, principalmente para ocultar el alcance y la naturaleza del comportamiento. En la mayoría de los casos de trastorno por control de impulsos, la compulsividad de un individuo a menudo se asocia con estados de tensión y agitación cada vez más dolorosos que se alivian al completar el acto. El comportamiento compulsivo sirve para reducir la tensión emocional subyacente y sirve como recompensa por el comportamiento futuro. Por ejemplo, un alcohólico a menudo se ve obligado a beber en momentos de estrés excesivo o momentos de tensión; del mismo modo, los clientes informaron que encontraron que recurrieron a Internet para encontrar alivio de los momentos de tensión mental y agitación presentes en sus vidas. Es decir, su uso de Internet no se trataba tanto de usarlo como una herramienta de información, sino cómo una forma de encontrar un escape psicológico para hacer frente a sus problemas.

En el próximo artículo hablaremos sobre la comparativa entre los delincuentes sexuales infantiles del entorno físico y los delincuentes sexuales infantiles del entorno virtual, y resumiremos, usando la “Escala de Adicción a Internet” de Young, las 5 etapas por las que pasan los delincuentes sexuales online desde una perspectiva de adicción, desde que descubren una sala de chat o web de adultos, hasta la fase de desesperación y arrepentimiento.

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