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Categoría: Criminologia (página 1 de 12)

Temperatura: la importancia de su reconstrucción para la investigación criminal. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Stay cool or get hot? An applied primer for using temperature in forensic entomological case work” de Lutz, L. y Amendt, J. (2020), en el que se analizan los métodos más precisos para reconstruir la temperatura en escenas del crimen, según distintos intervalos postmortem y desde la perspectiva de la entomología forense.

La temperatura es un elemento clave para las ciencias forenses, en disciplinas como la patología o antropología. Es de especial importancia para determinar el intervalo postmortem.

Por lo tanto, no es sorprendente que la temperatura también juegue un papel muy importante en la entomología forense. La temperatura afecta a la actividad, oviposición y la sucesión de insectos en un cadáver. Especialmente, afecta al crecimiento de los insectos que se alimentan de un cuerpo en descomposición. La estimación del crecimiento y la edad de las etapas inmaduras de los insectos carroñeros se logra utilizando, por ejemplo, la suma térmica. La edad resultante es la base para determinar el intervalo postmortem mínimo.

Además de la identificación correcta de las especies, saber la temperatura a la que estuvieron expuestos los insectos durante el crecimiento es el paso más importante para estimar dicho intervalo.

Hay muchas pautas y estándares publicados sobre cómo usar, modelar o reconstruir la temperatura en las investigaciones forenses. En todos se proponen mediciones de temperatura “diarias”, “horarias” o “múltiples” in situ después de haber encontrado el cuerpo. Sin embargo, a pesar de su importancia, la reconstrucción de la temperatura sigue siendo objeto de controversia y punto débil de la entomología forense.

Durante las últimas dos décadas, varios autores se han centrado en mejorar la recopilación de la temperatura de la escena del crimen y el impacto de distintos factores en la precisión de su estimación. Algunos de estos factores son la meteorología, microclimas en el área de la escena, presencia de luminosidad o sombras… etc. No obstante, todavía no parece haber un enfoque uniforme para estimar la temperatura.

Así las cosas, los autores estudiaron 51 informes de casos de los últimos 25 años, identificando 5 categorías de cómo se estimó o calculó la temperatura.

En la mayoría de los informes de casos, en el 72% solo se utilizaron datos de la estación meteorológica más cercana sin vinculación con la temperatura en la escena del crimen. El 27% informes no consideran los datos de la estación meteorológica en absoluto, pero utilizan mediciones propias tomadas en la escena del crimen después del descubrimiento del cadáver, que a veces eran deficientes con solo una medición justo después del momento del descubrimiento.

Con base en esa encuesta se puede decir que la reconstrucción de temperatura rara vez se realiza en el trabajo de casos entomológicos forenses, al menos en los casos publicados. En particular, los modelos estadísticos más complejos (como los modelos aditivos generalizados) siguen siendo únicos.

Así, en el estudio propio de los autores el objetivo era promover las mediciones de temperatura en el sitio del descubrimiento y la comparación con los datos oficiales de las estaciones meteorológicas cercanas y analizar si los modelos aditivos generalizados o la regresión lineal son más adecuados para reconstruir la temperatura en la escena de un crimen. En este contexto, se comprobaron la influencia de diferentes variables.

En total, se establecieron 3 sitios hipotéticos de descubrimiento de los cuerpos en una antigua zona militar a 20 km al este de Münster, Alemania. En el primer escenario el cuerpo estuvo expuesto a la luz solar durante todo el día con vegetación, al aire libre. En el segundo, el cuerpo estaba cubierto por ramas al aire libre. En el tercero, el cadáver estaba rodeado por grandes árboles que proporcionaban sombra la mayor parte del día.

La temperatura en cada sitio se registró cada hora desde el 24 de julio hasta el 13 de agosto de 2017. Además, se descargaron las mediciones de temperatura por hora de la estación meteorológica más cercana. La temperatura se registró con un sensor.

Para cada uno de estos escenarios, la recolección de temperatura en el sitio se realizó durante uno (24 h), tres (72 h), cinco (120 h), siete (168 h) y diez (240 h) días tras el descubrimiento del hipotético cadáver. Luego, los datos de temperatura se correlacionaron con los datos de la estación meteorológica para el tiempo correspondiente, lo que resultó en cinco períodos de correlación para cada intervalo postmortem. Esto se hizo para los tres sitios de descubrimiento de cuerpos.

Se compararon los datos de temperatura in situ y los datos correspondientes de la estación meteorológica para cada uno de los períodos de correlación. Estas comparaciones permitieron la producción de modelos. Los modelos se desarrollaron mediante regresión lineal y modelos aditivos generalizados. En total, se desarrollaron 45 modelos utilizando regresión lineal y 45 utilizando modelos aditivos generalizados.

Los resultados mostraron que el uso de los modelos aditivos generalizados puede proporcionar reconstrucciones de temperatura en la escena del crimen más precisas que la regresión lineal o la información de estaciones meteorológicas. En el 95,6% de todos los modelos, la temperatura reconstruida con estos modelos fue más cercana a los datos reales en el sitio que en los otros modelos.

La inclusión de la variable “hora del día” en los modelos ayudó a incrementar enormemente la precisión. Esto se debe a que así se cubrían posibles efectos causados por oscilaciones entre la temperatura en la escena del crimen y la estación meteorológica. Sin embargo, los resultados revelaron que la recopilación de datos en el lugar debe realizarse cada hora durante al menos 3 días para obtener una reconstrucción precisa de la temperatura en la escena del crimen.

Además, el microclima específico en la escena (sombra, sol, etc.), puede influir en la precisión de la reconstrucción de la temperatura. Un modelo de temperatura (modelos aditivos generalizados, regresión lineal) proporciona mejores resultados si la diferencia entre los datos in situ utilizados no se desvía demasiado de la temperatura que se va a reconstruir. Esto a menudo puede lograrse, si es posible, realizando las mediciones cerca del día del descubrimiento, no con un retraso de varios días o semanas.

En cualquier caso, es imprescindible diferenciar entre escenarios al aire libre y sitios cerrados. Esto se debe a que las oscilaciones de temperatura y la influencia de otros agentes, como la meteorología, son muy distintas entre ambos. Si se encuentra un cuerpo en interiores, los requisitos para una reconstrucción de temperatura cambian.

Consecuentemente, la reconstrucción de la temperatura con modelos aditivos generalizados es muy útil porque pueden considerarse muchos parámetros de la escena del crimen (humedad relativa, velocidad del viento, precipitación…) para que la reconstrucción de la temperatura sea lo más precisa posible.

Finalmente, para alcanzar una mayor eficacia, las grabaciones de datos deberían realizarse cada hora durante un mínimo de 3 días hasta 10 días, siendo recomendable recrear las condiciones de la escena. Si la temperatura no se reconstruye (o no se puede reconstruir) por diversas razones, una comparación y discusión de los datos in situ con los de una estación meteorológica es lo mínimo que deben hacer los expertos forenses.

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El perfil del delincuente sexual coreano. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling Korean sex crimes: Offender characteristics and crime scene actions” de Kim, S.; Almond, L. y Eyre, M. (2019), en el que se analiza el perfil criminal del delincuente sexual coreano.

El perfil criminal, o análisis de conducta, suele ser empleado especialmente en casos de delitos violentos. Por ello los delitos sexuales no son una excepción. Contrariamente, son, junto a los homicidios, los crímenes más frecuentes y apropiados en los que utilizar la perfilación.

Sin embargo, las clasificaciones de los agresores sexuales han experimentado diversas críticas y cambios con el paso del tiempo. Específicamente, diversos estudios intentaron mejorar la comprensión de las características del delincuente al diferenciar los comportamientos delictivos.

Los perfiles de agresores sexuales existentes han sido realizados mayoritariamente en países occidentales, como EE.UU, Reino Unido o Canadá. Por ello, deberían realizarse estudios para asegurar que los enfoques de elaboración de perfiles pueden generalizarse a delitos sexuales cometidos en otras naciones. Esto es, no se trata solo de aumentar nuestro conocimiento sobre la conducta criminal. El objetivo también es comprobar si las teorías basadas en contextos occidentales se aplican a contextos no occidentales. O si, por el contrario, existen diferencias culturales, etc.

Debido a estos motivos, la elaboración del perfil criminal del agresor sexual coreano resulta interesante y necesario.

En Corea del Sur, el número de delitos sexuales es muy superior al de otros delitos violentos. En 2018, se registraron 23.478 mientras que, en comparación, se observaron 309 homicidios y 821 robos. Así las cosas, algunos investigadores destacados realizaron estudios significativos para establecer modelos coreanos de comportamiento delictivo. Estos también tienen utilidad para la elaboración de perfiles criminales.

Así, varios estudios mostraron recientemente resultados notables al comparar comportamientos delictivos coreanos y occidentales. Concretamente, se descubrió que había similitudes y diferencias entre los delincuentes de homicidiocoreanos, finlandeses y suecos en los comportamientos de mutilación en los cuerpos de las víctimas. Encontramos otro ejemplo en un estudio comparativo entre homicidas sexuales coreanos y canadienses (aquí podéis leer más sobre homicidas sexuales).

Por tanto, se han realizado algunos estudios sobre comportamientos y características delictivas en Corea del Sur. No obstante, todavía hay poca investigación para probar si los perfiles occidentales de delincuentes sexuales están validados. Con el fin de identificar diferencias, de haberlas, los delitos sexuales entre Occidente y Corea del Sur, el conocimiento se puede utilizar como base científica para mostrar la necesidad de desarrollar un modelo temático adecuado de los delitos sexuales coreanos.

Con este fin, los autores examinaron un total de 50 casos de crímenes sexuales representativos acontecidos entre 2006 y 2009. La edad de las víctimas iba desde los 6 hasta los 50 años. La de los agresores, todos hombres, desde los 16 hasta los 56 años. En el 72% de los casos, los agresores eran extraños, y en el 28% conocidos de las víctimas. Los archivos del caso generalmente contenían los perfiles de los delincuentes, métodos delictivos, información de la escena del crimen y declaraciones de los delincuentes y las víctimas.

Bien, se establecieron 27 variables sobre características de los agresores, escenas del crimen y el delito en sí. Esto es, cómo fueron perpetrados. Posteriormente, se compararon las variables identificadas en los agresores sexuales coreanos con los occidentales (concretamente de Gran Bretaña). Cada caso se clasificó en base a tres temas, o temas híbridos, según la puntuación de frecuencia de la ocurrencia de variables.

Los resultados fueron los siguientes. El 84% de los casos fueron asignados a un tema concreto y el 14% como híbridos. De los primeros, el 44% se clasificó dentro del tema de participación y hostilidad, el 20% se clasificó como tema de control y el 20% se clasificó como robo. En el primer tema, casi el 60% de los agresores conocían a las víctimas, mientras que en los otros dos era entre el 20% y el 10%.

Se encontró que los dos países eran diferentes en la frecuencia del comportamiento delictivo. Particularmente, en acciones en la escena del crimen entre delincuentes coreanos y británicos. El agresor sexual coreano suele cometer penetración vaginal, fuerza a la víctima a participar y también abusa verbalmente de ella. El británico, si bien también realiza la penetración vaginal, no comparte el resto de las características típicas. Se caracteriza más por ataques sorpresa a las víctimas.

Por otro lado, se detectaron ocho variables de acción en la escena del crimen, contextualizadas en la hostilidad o participación, idénticas al modelo británico. Sin embargo, cinco variables sobre el participación u hostilidad se indicaron en el contexto coreano por parte del agresor. Concretamente: violencia única, rasgar la ropa, identificar a la víctima, degradar a la víctima e insinuar conocer a la víctima. Además, los comportamientos de sexo oral se observaron con mayor frecuencia en la participación y hostilidad.

Asimismo, los agresores sexuales coreanos tienen más probabilidades de tratar a la víctima como un objeto sexual, al tiempo que también desean tener relaciones sociales con las víctimas. La explicación de esto puede ser debido a la cultura sexual coreana, sobretodo el extendidísimo uso de la pornografía. Los delincuentes pueden relacionar comportamientos hostiles con la adquisición de relaciones debido al modelo que se muestra en la pornografía. Por lo tanto, pueden transferir esta conexión a sus actos sexuales.

Estas diferencias sugieren que la investigación transcultural es necesaria. Además, los antecedentes previos de robo y delito sexual, conocer a la víctima y usar vehículos diferían dentro de los comportamientos dominantes entre un país y otro.

La investigación de estas diferencias y del significado implícito tras ellas aumentará nuestro conocimiento sobre los delitos sexuales según distintos países. Por ello, los resultados apoyan la idea de que las asociaciones entre las características del delincuente y las acciones en la escena del crimen se pueden utilizar como una técnica de investigación y perfilación.

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Hibristofilia en hombres, un estudio de caso. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Aggressive hybristophilia in men and the affect of a female serial killer” de Pettigrew, M. (2019), en el que se estudia la hibristofilia en hombres, específicamente mediante un caso real.

La hibristofilia es una parafilia sexual inusual descrita originalmente por John Money. Puede definirse como la atracción sexual hacia alguien que se sabe que comete, o ha cometido, actos violentos.

Así, podemos distinguir entre dos tipos: la hibristofilia pasiva, más común, y la agresiva. La pasiva se conceptualiza típicamente con casos de mujeres que escriben cartas a asesinos en serie y condenados a muerte. Las intenciones de estas cartas suelen ser establecer o iniciar algún tipo de relación romántica. Los hibristófilos pasivos suelen presentar delirios, creyendo que pueden cambiar al objeto de su afecto.

En cambio, la hibristofilia agresiva, más inusual, hace referencia a cuando la persona ayuda a perpetrar los actos de violencia. En estos casos, el hibristófilo no percibe que, realmente, su pareja le está manipulando. Sin embargo, no es habitual que el hibristófilo y la persona objeto de su afecto lleguen a experimentar una intimidad. Comúnmente, el hibristófilo se limitará a fantasear con que se produce semejante contacto.

En la literatura al respecto, escasa de por sí, esta parafilia suele describirse en mujeres. Money señala que los estereotipos de género dictan que los hombres son delincuentes y las mujeres pasivas o cómplices. Esta descripción se correspondería con el síndrome de Bonnie y Clyde. No obstante, Money afirma claramente que también puede ocurrir lo contrario.

Algunos afirman que la prevalencia (o dominio) de la hibristofilia en mujeres es una extensión de la fascinación de estas por los verdaderos delitos, mucho más que los hombres. Aún así, las motivaciones subyacentes a la hibristofilia siguen siendo especulativas. Sin embargo, el varón heterosexual está ausente en todas esas especulaciones sobre los orígenes de la hibristofilia.

Tal exclusión de los hombres en la materia se debe al reconocimiento de la hibristofilia como la única parafilia que se encuentra más comúnmente en mujeres que en hombres. Por tanto, para suplir este vacío, el autor expuso un caso real de hibristofilia agresiva en hombres heterosexuales.

Londres, febrero de 2014. Joanne Dennehy fue sentenciada a cadena perpetua por tres delitos de asesinato y dos tentativas, entre otros cargos. Sus tres cómplices, todos hombres, también recibieron su condena por ayudarla después de cometer los asesinatos. El principal de los tres, además, fue condenado por tentativa de asesinato.

Durante dos semanas, Dennehy apuñaló a tres hombres e intentó matar a otros dos por los mismos medios. El juez de sentencia la describió como “una asesina en serie cruel, calculadora, egoísta y manipuladora”. Asimismo, apuntó cómo a Dennehy le fascinaban los distintos hombres que entraron en contacto con ella. Los cómplices, aunque culpables de sus actos, actuaron bajo su influencia.

El primer cómplice fue el amigo y amante de Dennehy. Utilizando su conocimiento local, él encontró lugares en los que disponer de los cuerpos de las víctimas. Además, sus acciones facilitaron dos intentos de asesinato, al llevarla a lugares donde podría atacar a víctimas elegidas al azar.

El segundo cómplice, el compañero de casa de Dennehy, ayudó a deshacerse de víctimas y, posteriormente, engañó a la policía. El objetivo era que Dennehy pudiera evadir la aplicación de la ley durante más tiempo. El tercer cómplice dio cobijo a Dennehy y su primer cómplice sabiendo que la policía les buscaba.

Así pues, la asesina en serie presentada aquí difiere en sus comportamientos de la literatura existente. Su motivación era la gratificación sexual y sus víctimas no estaban indefensas por edad o la enfermedad. Asimismo, eligió apuñalar a las víctimas y no usar una manera más pasiva de matar, como el envenenamiento o asfixia.

Con respecto a sus cómplices masculinos, el segundo y tercero eran padres. Este último tenía 56 años y carecía de antecedentes violentos ni penales. Protegerla mientras intentaba evadir la ley no le sirvió nada más que para obtener la aprobación y gratitud de ella. El segundo, en cambio, sí contaba con antecedentes penales, pero no por delitos violentos.

El primer cómplice, su amante, tenía también antecedentes penales, pero no por delitos violentos. En las cartas que escribía a Dennehy se refería a ella como su “diablesa carnal”, manifestando su atracción sexual y su admiración. Para él, era emocionante perpetrar delitos que él no había, y probablemente nunca hubiera, experimentado de no ser por ella.

Esto último coincide con el perfil del hibristófilo agresivo. Asimismo, cualquier miedo que puedan sentir hacia la persona objeto de deseo es superado por la atracción y excitación. Lo negativo se torna positivo; experimentan una reacción opuesta a la reacción natural de pánico. Así, los cómplices (e hibristófilos en general) se convierten, en esencia, en personajes cambiados debido a esa fascinación y atracción.

Si bien la temática central es la hibristofilia, cabe señalar que el reclutamiento de cómplices también ayudó a la asesina. Tanto en términos prácticos, como a través del poder y gratificación experimentados al hacer que otros cumplan sus órdenes. En cualquier caso, a pesar de la influencia que ejercen otros, la hibristofilia no puede mitigar las acciones. Lo mismo se puede decir de la pedofilia. No puede ni debe permitir ninguna mitigación en casos de delitos sexuales perpetrados contra niños.

Cabe añadir que, en las sentencias, si bien es bastante correcto que no contemplaran ninguna mitigación, se aprecia un sesgo de género. Históricamente, en los casos en que una mujer ha ayudado a un asesino en serie, se ha hecho una distinción entre los dos delincuentes.

Sentencias previas han considerado que la mujer hibristófila puede ser rehabilitada si se aparta de la influencia del delincuente deseado. Tal pensamiento puede reflejarse en sentencias menos duras. En contraposición, no se consideró lo mismo para este caso, con los cómplices masculinos. Parece así que la afirmación de hibristofilia en hombres es algo ignorada en comparación con las mujeres.

Finalmente, es necesario establecer una distinción entre una pareja dispuesta y una pareja cautivada, actuando dentro del contexto de esta parafilia sexual. Se sostiene que un diagnóstico debe tomar nota de cuán alejadas están las acciones del cómplice de su carácter normal.

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La utilidad forense de los tatuajes y la tinta. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Tattoos and tattoo inks: Forensic considerations” de Miranda, M. D. (2019), en el cual se analizan la utilidad, aplicación e importancia forense de los tatuajes y la tinta con la que se realizan.

Los tatuajes han suscitado el interés de múltiples disciplinas a lo largo del tiempo. Históricamente, se ha realizado un esfuerzo para comprender el tatuaje y su función al proporcionar información sobre las conductas y motivaciones psiquiátricas, sexuales o delictivas. Así, los tatuajes han tenido un papel importante en definir las identidades individuales, grupales y culturales. Además, sus características físicas, como el diseño general, la ubicación y el número, pueden indicar el rango y jerarquía dentro de un grupo determinado (por ejemplo: criminal), entre otras cuestiones.

Este simbolismo también se encuentra en el sistema penal, en las cárceles, indicando diversas características sobre el interno en cuestión. Los tatuajes pueden indicar los antecedentes penales, el tiempo en prisión o el estatus social dentro y fuera de prisión. En este sentido, las fuerzas del orden pueden usar ocasionalmente los tatuajes para identificar a criminales o miembros de bandas. Sin embargo, no solo los delincuentes pueden ser identificados así.

No es raro que los tatuajes ornamentales sirvan para identificar preliminarmente cuerpos que, de otro modo, no serían identificables. De hecho, algunos soldados llegan a tatuarse su nombre, grupo sanguíneo u otros datos que permitan identificarlos si fallecieran. A medida que los tatuajes se vuelven más frecuentes, se utilizan cada vez más en investigaciones y enjuiciamientos. Los avances digitales, software biométrico y redes sociales han permitido aún más el almacenamiento, difusión y recuperación de información. Esto permite mejorar las investigaciones que tienen tatuajes como rastros críticos.

Entonces, ¿en qué consiste tatuar? ¿Qué componentes puede tener la tinta?

El tatuaje es el proceso de perforar la piel e introducir pigmentos en el tejido, mediante una aguja. La tinta se compone de líquido y pigmento, sirviendo el primero para transferir el pigmento a la piel. Los pigmentos utilizados en los tatuajes a lo largo de la historia se pueden clasificar en tres categorías principales. Estas son: negros a base de carbón; de color naturales (minerales, vegetales y animales); y de colores sintéticos (orgánicos / inorgánicos). Actualmente, es probable que las tintas comerciales modernas para tatuajes estén compuestas por pigmentos orgánicos y/o minerales.

El tatuaje en sí es el diseño indeleble que permanece en la piel. La piel humana se puede dividir en dos capas principales: dermis y epidermis. El tatuaje se encontraría en la capa dermal. Asimismo, pueden distinguirse dos tipos de tatuajes ornamentales.

Los aficionados, cuando estos se realizan por gente no profesional y, habitualmente, en lugares clandestinos usando tinta “casera”. Por ejemplo, la tinta hecha a partir de pinturas o tinta de escribir. A menudo son carentes de detalles artísticos y, en general, monocromáticos. También suelen tener una distribución desigual del color y variar en la profundidad dentro de las capas de piel.

En contraposición, los tatuajes profesionales se realizan usando productos comerciales; es decir, las máquinas y tinta apropiadas de alta calidad. Los diseños pueden ser prediseñados o personalizados, e incluso pueden dibujarse a mano alzada directamente sobre la piel, sin plantilla. Finalmente, también encontramos los tatuajes médicos, cosméticos y traumáticos/accidentales.

Así las cosas, los estudios científicos de tatuajes en la medicina legal, la ciencia policial y la investigación criminal se han centrado en responder preguntas de identidad, tanto para vivos como para fallecidos. Esto incluye a impostores, criminales y víctimas de delitos. En este sentido, la antropometría fue una de las primeras metodologías que hicieron uso del tatuaje, entre otras características físicas, para la identificación de personas.

Por tanto, la caracterización sistemática de los tatuajes debe basarse en características físicas generales y detalladas. Esto abarca el diseño, color, tamaño y ubicación en el cuerpo, así como las ubicaciones relativas a otros tatuajes. Pero, como ya hemos establecido, las identificaciones basadas en tatuajes no se limitan al difunto. También pueden ser útiles en casos de identidad errónea y fraude; personas desaparecidas o secuestradas; búsqueda de delincuentes; o investigación de muertes no criminales, como desastres naturales.

Sin embargo, se necesitan más investigaciones sobre la cognición visual, la interpretación e informes del observador y los efectos de estos en las investigaciones e identificaciones. Específicamente, sobre cómo los investigadores interpretan los diseños de tatuajes y divulgan tal información al público. Cómo los medios de comunicación la interpretan y difunden también es importante. Esto se debe a que en este proceso pueden producirse sesgos por parte del público que recibe la información.

La interpretación de tatuajes también se ha utilizado en contextos forenses, cuando tienen relación con los datos/hechos de un crimen. Por ello, es útil que los investigadores estén familiarizados con el equipo para tatuar y posibles lesiones que pueden causarse con él. El tatuaje y el equipo se pueden utilizar para cometer delitos adicionales. Como tal, pueden ser útiles para establecer pruebas del acto.

Más recientemente, se han estudiado las tintas para tatuajes en un esfuerzo por comprender su composición química. Desde una perspectiva forense, en las regiones donde un tatuaje está borrado o sin terminar, determinar las composiciones de los pigmentos y ubicaciones relativas dentro de la piel puede ayudar a reconstruir el tatuaje.

Dicha información en restos humanos no identificados puede proporcionar pistas de investigación que faciliten la identificación. Así pues, los pigmentos aislados en el tejido y su ubicación puede proporcionar más información. Esta es referente a la edad del tatuaje e intentos de eliminación o encubrimiento, lo cual puede respaldar la identificación.

Por ello, las tintas para tatuajes deberían desempeñar un papel cada vez más importante en las ciencias forenses. Concretamente, identificando la composición química in situ y dentro del tejido humano. Asimismo, debería profundizarse en la interpretación de tatuajes, efectos del sesgo cognitivo e impacto de estos factores en las investigaciones.

En conclusión, los tatuajes y las tintas para tatuajes tienen una utilidad importante en las investigaciones forenses. Esta se refleja en su su potencial de identificación y para ser utilizados como evidencia relevante y confiable.

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Perfilando a las víctimas de fraude de inversión. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling Victims of Investment Fraud: Mindsets and Risky Behaviors” de Deliema, M.; Shadel, D. y Pak, K. (2019), en el que se analiza el perfil de las víctimas de fraude de inversión.

La estafa a inversores es uno de los delitos de cuello —o guante— blanco más antiguos.

Los estudios que describen a las víctimas de fraude de inversión comenzaron a extenderse en la década de 1990. De manera generalizada, las encuestas determinaron que se trataba de hombres de mediana edad, o mayores, casados. También tenían mayores ingresos, educación y conocimientos financieros, pero solo en relación con la población general estadounidense. Sin embargo, más allá de estas características demográficas, deben estudiarse los factores psicológicos asociados a la victimización en estos fraudes.

El estatus social influye en los estilos de vida, los comportamientos y las rutinas diarias. A su vez, estos afectan de manera diferente a la probabilidad de interactuar con los delincuentes en entornos de riesgo. Según el modelo de oportunidad, las conductas que aumentan la exposición a delincuentes motivados en entornos sin supervisión aumentan las probabilidades de victimización.

Investigaciones anteriores han demostrado que realizar compras a proveedores desconocidos en respuesta a llamadas telefónicas, correos electrónicos, anuncios televisivos… etc., no solicitados aumenta la probabilidad de ser víctima de fraude de inversión. Otro comportamiento que puede aumentar la exposición a delincuentes motivados es participar frecuentemente en intercambios de acciones.

El fraude, a menudo, también se propaga a través de “redes de afinidad”. En estas, las personas son reclutadas para participar por alguien que conocen y con quien comparten ciertas características. Esto es típico de estafas piramidales. El estereotipo de la víctima de fraude codiciosa es también una creencia muy común.

Sin embargo, prácticamente no se ha recopilado evidencia cuantitativa para respaldar esta última clasificación. En contraposición, el materialismo se ha vinculado con falta de autocontrol. Una afirmación típica es que la inversión proporcionará beneficios garantizados con poco o ningún riesgo de pérdida. Esto se relacionaría, por tanto, con la impulsividad o falta de autocontrol vinculada al materialismo.

Así pues, los autores llevaron a cabo un estudio propio. El fin era comprobar si las víctimas de fraude de inversión conocidas se involucran en actividades de inversión más arriesgadas. En dicho caso, estas aumentan la exposición a delincuentes motivados. Otro objetivo es ver si tienen creencias que los convierten en objetivos más atractivos para los estafadores.

Se contó con 214 participantes reclutados entre 8.096 víctimas conocidas de fraude de inversión. Las víctimas habían invertido dinero en empresas que, después, se declararon en bancarrota. Asimismo, habían sido nombradas acreedoras en los documentos de quiebra.

Las estafas incluían el comercio de productos online, monedas de oro, arrendamiento posterior de cajeros automáticos, exploración de petróleo y gas y planes de inversión de seguros de vida, entre otros. Asimismo, se reclutaron a 813 inversores generales a partir de listas de teléfonos fijos elegibles de EE.UU para comparar.

Los participantes completaron una encuesta de 49 preguntas basada en entrevistas en profundidad con víctimas de fraude de inversión. También se realizaron entrevistas telefónicas asistidas por ordenador.

Los resultados fueron los siguientes. Más del 80% de las víctimas eran hombres, comparados con el 42,2% de los inversores generales. La edad media de las víctimas conocidas fue de 70,7 años y de 64,8 años para los inversores generales. Los porcentajes referentes al estado civil de los participantes eran bastante más similares. Las diferencias educativas y de sueldo no eran significativas.

Las víctimas participaron en muchas más operaciones bursátiles al año que los inversores generales. Asimismo, recibieron con una mayor frecuencia solicitudes de inversión por correo, teléfono y correo electrónico. En contraposición, las probabilidades de victimización disminuyeron un 30% por cada inversión hecha siguiendo recomendaciones de amigos, familiares, vecinos… etc. El materialismo se asoció positivamente con ser víctima de fraude. Lo mismo puede decirse de la creencia de que las inversiones no reguladas son más rentables.

Así pues, algunas variables se correlacionaron considerablemente con la victimización por fraude de inversión. No obstante, ninguna fue un predictor significativo en el modelo.

En resumen: las víctimas conocidas participaron en conductas de inversión mucho más arriesgadas que podrían aumentar su exposición a los infractores a través del intercambio frecuente de acciones y la compra online, remota, de inversiones a proveedores desconocidos.

El materialismo y las actitudes favorables hacia las inversiones no reguladas también pueden contribuir al atractivo del objetivo. Esto se debe a que aumenta la susceptibilidad a los mensajes de persuasión comunes. Sin embargo, estos factores no estuvieron tan fuertemente asociados con ser una víctima como los comportamientos de inversión.

En comparación con los inversores generales, las víctimas conocidas eran más materialistas y también más propensas a estar de acuerdo en que las inversiones no reguladas producen mayores rendimientos. Los perpetradores explotan estas orientaciones psicológicas prometiendo rendimientos increíbles.

Las personas que están especialmente motivadas por el dinero pueden ignorar la improbabilidad de estas promesas o creer que las ventajas superan las pérdidas potenciales. Estas creencias también podrían indicar un exceso de confianza y una tendencia a descontar el riesgo.

Contrariamente a lo esperado, las víctimas conocidas no expresaron más interés en nuevas oportunidades de inversión que los inversores generales. Debido a que los datos se recopilaron después de que ocurriera el fraude, las víctimas pueden haberse vuelto más escépticas.

Deberían investigarse más los efectos del exceso de confianza y su relación con las diferencias de género en el ámbito. Asimismo, las campañas de educación para inversores deben reducir el estigma de las víctimas de fraude. El objetivo es que se sientan empoderadas para informar a las autoridades y hablar sobre su experiencia.

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Pedofilia adquirida y del desarrollo, ¿cómo se diferencian? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling acquired pedophilic behavior: Retrospective analysis of 66 Italian forensic cases of pedophilia” de Camperio, A. S.; Scarpazza, C.; Covelli, V. y Battaglia, U. (2019), en el cual se distingue entre la pedofilia adquirida y del desarrollo a través de la elaboración de perfiles forenses de criminalidad.

Actualmente, se sabe que los trastornos neurológicos se asocian comúnmente con síntomas psiquiátricos. No obstante, es más difícil aceptar que una serie de trastornos neurológicos, debido a su presentación predominantemente conductual y a veces extraña, en ocasiones se diagnostican erróneamente como psiquiátricos. La pedofilia adquirida podría ser uno de ellos. El primer caso de pedofilia adquirida registrado se remonta a 1862, cuando se acusó a un hombre de 78 años sin antecedentes criminales de abuso infantil. Este hombre tenía afectadas muchas funciones cognitivas.

Sin embargo, hasta ahora, los consultores forenses que trabajan en abusos sexuales infantiles todavía carecen de maneras fiables de identificar a delincuentes cuyo comportamiento pedófilo -probablemente- sea de origen adquirido y no del desarrollo. Una identificación correcta es imprescindible para seleccionar la terapia y/o el castigo más adecuados. El comportamiento pedófilo adquirido se diferencia del trastorno pedófilo del desarrollo en muchos aspectos: etiología, aspectos neurológicos, posibles terapias, modus operandi y consecuencias legales.

La pedofilia adquirida se refiere a impulsos sexuales hacia niños que surgen más adelante en la vida. Surge como consecuencia de una condición neurológica y con una etiología clara. En consecuencia, se causa una “fractura conductual” en la conducta manifestada antes y después del desarrollo de la enfermedad cerebral. Tampoco se asocia con otros trastornos psiquiátricos ni influencias psicológicas o genéticas.

En contraposición, en la pedofilia del desarrollo el interés pedófilo es más estable a lo largo de la vida, comúnmente surgiendo en la adolescencia. Asimismo, suele combinarse con trastornos mentales como el de personalidad. La etiología, a su vez, se ubica en un origen multifactorial y complejo. Se refiere a influencias genéticas, momentos vitales estresantes, aspectos neuroquímicos, exposición a la testosterona… Además de a factores psicológicos.

Por lo tanto, mientras que la pedofilia del desarrollo se clasifica dentro de los trastornos psiquiátricos, la pedofilia adquirida tiene un claro origen neurológico.

La base neuronal de ambas también es diferente. La pedofilia del desarrollo se caracteriza por alteraciones funcionales cerebrales o estructurales sutiles, sin anomalías neuroanatómicas evidentes. Es más fácil de estudiar a nivel grupal. Contrariamente, las alteraciones evidentes estructurales del cerebro que surgen más adelante en la vida son fundamentales para diagnosticar la conducta pedófila adquirida. En este caso, se pueden identificar dichas alteraciones más fácilmente a nivel individual.

Con respecto a las posibles terapias, la pedofilia del desarrollo no ha logrado ser tratada con éxito si el pedófilo no tiene voluntad de compromiso. En contraposición, la pedofilia adquirida se puede abordar tratando la afección médica subyacente. Sin embargo, el tratamiento exitoso no siempre se da, ya que en ocasiones la pedofilia adquirida surge como síntoma de trastornos neurodegenerativos.

El modus operandi se diferencia en que los pedófilos del desarrollo buscan víctimas activamente, son planificadores y niegan más su conducta si se les pilla. Los pedófilos adquiridos, en cambio, no planean tanto sus agresiones y son menos depredadores. Finalmente, las consecuencias legales para los pedófilos del desarrollo (los depredadores sexuales) son mucho más severas, mientras que para los otros el castigo legal puede no ser la solución más efectiva.

Así las cosas, los autores del artículo revisaron 66 casos jurídicos de conducta pedófila ocurridos en Italia entre 2005 y 2015. Estos involucraban un abuso sexual contra al menos una víctima de 13 años o menor, según la definición más restrictiva de pedofilia. El objetivo era identificar perfiles conductuales mensurables que ayuden a los profesionales a distinguir entre ambos tipos de pedofilia. Los resultados fueron los siguientes.

Parece indicarse que las personas cuyas parafilias surgieron a raíz de trastornos neurológicos se comportan de forma distinta a quienes tenían pedofilia del desarrollo. Así, se pudo establecer el perfil de individuos con pedofilia adquirida con información derivada de pruebas médicas, la historia de los agresores y modus operandi.

Particularmente, se observaron 6 características específicas: ausencia de enmascaramiento, de premeditación, de antecedentes penales sexuales, confesiones espontáneas, sentimientos de culpa y ser mayor de 50 años. Las más significativas eran la ausencia de enmascaramiento, las confesiones de culpa y la edad. Finalmente, el análisis de correlación destaca que las diferentes características o señales de alerta están fuertemente correlacionadas con estas tres principales.

Asimismo, se detectaron dos grupos de individuos dentro de este perfil. Por un lado, aquellos agresores en los que se detectaron cuatro o más características; por otro lado, aquellos con tres o menos características del perfil. Los resultados parecen indicar que los casos de conducta pedófila adquirida representan una proporción pequeña, aunque representativa, de los agresores sexuales de niños.

Dos de las seis características son indicativas de la naturaleza adquirida de los intereses sexuales alterados: la edad avanzada y la ausencia de delito sexual previo. Otras dos reflejan el descontrol impulsivo: ausencia de premeditación y de tentativas para enmascarar la conducta delictiva.

Finalmente, la culpa y las confesiones espontáneas, aunque relacionadas entre sí, podrían explicarse por juicios morales limitados. También puede deberse a que, si algunos agresores son incapaces de distinguir lo moral o correcto, confiesen sus crímenes fácilmente, en los que no ven nada malo.

Es importante subrayar que la presencia de estas características no puede conducir a un diagnóstico clínico de pedofilia adquirida. Más bien, debería impulsar una rápida evaluación neurocientífica. En cualquier caso, estos hallazgos sirven para mejorar la comprensión de la pedofilia y tener una mayor efectividad del sistema de justicia, no para excusar la pedofilia.

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El diamante del fraude y el maquiavelismo. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Fraud diamond, Machiavellianism and fraud intention” de Utami, I.; Wijono, S.; Noviyanti, S. y Mohamed, N. (2019), en el que se analizan los factores causales del diamante del fraude, junto a la relación entre una personalidad maquiavélica y la intención de fraude.

El fraude constituye un grave problema para las organizaciones, públicas y privadas, así como para sus interesados (los llamados stakeholders). Internacionalmente, las formas más comunes de fraude son la apropiación indebida de activos y la corrupción. En contraposición, la menos frecuente es el fraude de estados financieros.

Así las cosas, existen diversas teorías que han intentado explicar la conducta de fraude. Entre las más destacadas encontramos la hipótesis del triángulo del fraude. Esta postula la presión, oportunidad de delinquir y racionalización como los factores motivacionales del fraude. Sin embargo, muchos estudiosos encuentran lagunas en este planteamiento.

En su lugar, este hipotético triángulo ha evolucionado a lo que podríamos llamar el diamante del fraude. Consiste en un añadido a los factores del triángulo, componiéndose el total de la presión, oportunidad, racionalización y capacidad.

La capacidad del individuo debemos entenderla holísticamente. Esto es, en el plano intelectual, la resiliencia al estrés y la culpa, la posición dentro de la organización, la confianza y la habilidad de obligar y engatusar a otros. Un alto puesto jerárquico, como determinados cargos, se consideraría con altas o mayores capacidades para cometer fraude comparado con otros. Podemos decir que, en esencia, la capacidad es la habilidad del individuo de controlar su organización.

La presión se manifiesta de diversas formas; puede ser una presión social, económica, vital, por cargas familiares… De acuerdo con la Declaración sobre normas de auditoría, es un factor inherente que motiva a cometer fraude. Entre los directores, por ejemplo, esta presión puede manifestarse en el fraude impulsado por incentivos. Otro motivo sería evitar situaciones perjudiciales para su firma, como incumplir un pacto de deuda.

Con respecto a la oportunidad delictiva, es más fácil que esta se produzca cuando los controles internos de la organización son escasos y débiles. La racionalización, por su parte, suele definirse como el predecesor al fraude. Es la habilidad del perpetrador del fraude para justificar sus actos como racionales, facilitando mitigar su disonancia cognitiva. Las tres justificaciones más comunes son la negación de víctimas, del daño causado y de la responsabilidad.

Debido a que los factores individuales se ven muy afectados por el ambiente, también debemos centrarnos en los factores inherentes que afectan a las personas y que, potencialmente, desencadenan la intención de fraude. Entre estos encontramos el maquiavelismo. Los individuos altamente maquiavélicos tienden a tomar decisiones éticas basadas en sus propios intereses, utilizando el engaño y la manipulación para lograr sus objetivos.

Así pues, los factores del diamante del fraude y el maquiavelismo son capaces de influir en la intención de fraude. La presión y capacidad, como el maquiavelismo, son factores internos del individuo que, unidos, incrementan la intención de fraude. Esto ocurre sobretodo cuando dicho maquiavelismo es alto. Por su parte, la oportunidad como factor externo puede aumentar, si va ligada al maquiavelismo, la intención de fraude. Un ejemplo sería carecer de un sistema interno de denuncias en la organización, u otros medios de control.

Así las cosas, con el fin de medir los factores y rasgos maquiavélicos, se llevó a cabo un experimento con 419 estudiantes de universidades indonesias. Los participantes realizaron diversos tests. Así, los sujetos leyeron el perfil de la empresa y su rol y tarea en el experimento como gerente de compras, a cargo de autorizar la adquisición de materia prima de una empresa papelera. Del mismo modo, los autores dividieron a los participantes entre aquellos con un alto y bajo nivel maquiavélico.

En general, los resultados mostraron que los factores del diamante y las actitudes maquiavélicas afectan a la intención de fraude.

La presión, sobretodo vital, se mostró como un factor determinante para la intención de fraude entre los participantes. Entre los motivos encontramos, generalmente, la codicia, vivir más allá de sus medios, grandes gastos o deudas personales, pérdidas financieras e incapacidad para cumplir con un pronóstico financiero.

La racionalización sirve como justificación del fraude y los actos no éticos del individuo. Consecuentemente, algunos autores sugieren que cuando esos actos no se pueden justificar, es más improbable que se produzca el fraude. Con respecto a la oportunidad, se comprobó que los sistemas internos de denuncia son mecanismos efectivos para mitigar el fraude.

Finalmente, las personas con alta capacidad tienden a correr más riesgos y exhibir una mayor intención de fraude. Por tanto, la investigación constató que la capacidad es un gran factor de refuerzo del triángulo, ahora diamante, del fraude.

Por último, en este estudio, la consideración moral indicada por la intención de fraude se ve afectada por la personalidad maquiavélica. Las personas con alto maquiavelismo tienden al egoísmo y priorizan los resultados sobre el proceso. Por lo tanto, es probable que exhiban una mayor intención de fraude que aquellos con un bajo maquiavelismo.

Por tanto, el estudio reveló que los factores del diamante del fraude hacen que aumente el fraude intencional. Sin embargo, no interactúan con la personalidad maquiavélica tanto como pueda parecer. El diamante del fraude es el principal factor que incide en la intención de fraude. Los rasgos maquiavélicos son factores que fomentan la intención de fraude, pero no son un factor impulsor (interacción) de los componentes del diamante del fraude con respecto a la intención de fraude.

En conclusión, el estudio demuestra que existen relaciones causales entre los componentes del diamante del fraude y la intención de fraude. Además, también existe una relación causal entre el maquiavelismo e intención de fraude. El maquiavelismo fomenta directamente la intención de fraude, pero no interactúa con el componente del diamante del fraude para fomentar la intención de fraude.

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Homicidio sexual: un análisis criminológico. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Sexual Homicide: a Criminological Perspective” de Chopin, J. y Beauregard, E. (2019), en el cual se analiza desde una perspectiva criminológica el homicidio sexual.

Los homicidios sexuales son un delito complejo que representan una pequeña proporción de los crímenes violentos. Sin embargo, al ser uno de los más violentos, los medios de comunicación les dan mucha atención. Esto provoca que en las comunidades el miedo se incremente entre la gente. De hecho, a pesar de ser inusuales, los homicidios sexuales suelen requerir bastante tiempo de investigación y costes.

Tradicionalmente, el homicidio sexual se ha definido como el asesinato intencional de una persona cuando existe un elemento sexual en el asesinato. No obstante, para otros investigadores, la actividad sexual no es necesaria. Esto se debe a que el acto de matar en sí mismo puede considerarse la fuente de gratificación sexual.

La mayoría de los estudios utilizan la definición proporcionada por el FBI, debiendo existir al menos uno de los siguientes elementos: vestimenta o falta de vestimenta de la víctima; exposición de las partes sexuales del cuerpo de la víctima; posicionamiento sexual del cuerpo; inserción de objetos extraños en las cavidades de la víctima; evidencia de relaciones sexuales (oral, anal o vaginal); y evidencia de actividad sexual sustitutiva, interés o fantasía sádica.

En estudios comparativos recientes a nivel internacional, se apreciaron diferencias entre la forma de cometer el delito, víctimas y agresores de países de distintos continentes (Canadá, Francia, Escocia y Corea, concretamente). Las conclusiones parecían apuntar a que, al menos en Francia y Canadá, los agresores presentaban más similitudes que diferencias. Aún así, estas últimas también se aprecian.

También se ha tratado de comparar al asesino sexual con otro tipo de criminales violentos. El objetivo de esto era tratar de determinar si se trata de un perfil específico de agresor.

Así pues, se ha comparado a los homicidas sexuales con homicidas sin componente sexual y con delincuentes sexuales que no cometen homicidios. Los resultados fueron diversos. Por un lado, comparándolos con los delincuentes sexuales, los homicidas sexuales suelen alegar más problemas de soledad y de ira. Los agresores de ambos grupos presentaban desórdenes mentales, antecedentes penales por crímenes violentos y/o sexuales, una estructura familiar disfuncional y fueron víctimas de delitos sexuales.

Sin embargo, los delincuentes sexuales no homicidas eran más proclives a realizar la penetración vaginal y humillar a la víctima. No obstante, también puede distinguirse entre estos delincuentes sexuales violentos y no violentos. Estos últimos suelen estar más especializados en lo que es exclusivamente el delito sexual. Los violentos tienen más antecedentes penales. Del mismo modo, son más versátiles en la forma de cometer el delito, al igual que los homicidas sexuales.

Por su parte, los homicidas sexuales suelen caracterizarse por abusos y una variedad de conductas problemáticas y/o trastornos. Entre estos últimos, es más probable que tengan trastornos esquizoides y limítrofes de la personalidad. También que opten por seleccionar una víctima, usar un arma y consumir drogas y alcohol antes de cometer delitos. Contrariamente, parecen menos proclives a obligar a sus víctimas a participar en actos sexuales o humillarlas, así como a tener una personalidad dependiente o antisocial.

En comparación a los homicidas y los delincuentes sexuales violentos, los homicidas sexuales tienden más a exhibir un comportamiento parafílico, tener una percepción negativa de sí mismos y su entorno, tener una colección sexual que involucre a niños, reportar disfunciones sexuales y utilizar sustancias psicoactivas. En cuanto al comportamiento en la escena del crimen, son más propensos a usar un enfoque de estafa o sorpresa, cometer el crimen en una residencia, golpear a la víctima y usar la asfixia o un arma intencionalmente.

Consecuentemente, puede decirse que el homicida sexual es un perfil criminal concreto. No obstante, los homicidios sexuales pueden explicarse en parte como una escalada de la violencia sexual. Un factor que incrementa el riesgo de que un delito sexual termine en homicidio es el acceso y uso de un arma. Asimismo, la resistencia de la víctima también incrementa este riesgo en casos de homicidio sexual no intencionado. Es decir, cuando el objetivo solo era cometer el delito sexual y no el homicidio.

Aún así, otra parte de este tipo de homicidios es cometido por psicopatologías individuales como el sadismo sexual. Estudios previos ya evidenciaron la relación entre la psicopatología y el sadismo y, asimismo, una elevada violencia. En lo referente al sadismo sexual, existe cierto consenso con respecto a lo que le caracteriza. Esto es, una conducta violenta o denigrante; la reacción de la víctima (miedo, dolor…); y/o el sentimiento de poder y control resultante se esta conducta.

Con respecto al comportamiento espacial de los homicidas sexuales, no suelen recorrer mucha distancia desde donde viven. Esta distancia suele ser mayor cuando las víctimas son adultas.

En cualquier caso, la violencia en los homicidios sexuales puede ser de tres tipos. Inadvertida, por falta de atención; indiscriminada, usada cuando se considera necesaria; e intencional, por ejemplo, para evitar ser identificado. Sin embargo ¿qué hay de los homicidas sexuales de víctimas concretas (niños y la tercera edad)?

Otros estudios previos señalaron que los homicidas sexuales de niños parecen tener más trastornos o desórdenes mentales. También tienen una mayor excitación sexual desviada por parafilias como la pedofilia. Asimismo, poseen más probabilidades de planear el crimen, esconder el cuerpo, establecer contacto previo con su víctima y utilizar la pornografía antes del delito.

En contraposición, son menos proclives a reportar drogodependencias o abuso del alcohol, disfunciones sexuales o una personalidad narcisista. De hecho, se han llegado a identificar perfiles concretos de homicidas sexuales de niños y adolescentes, según la edad de la víctima y el tipo de violencia usada. Con respecto a víctimas de edad avanzada, los escasos estudios identificaron que los agresores suelen ser mucho más jóvenes, matarlas en su residencia y ensañarse con ellas.

Así las cosas, el estudio de los homicidios y homicidas sexuales ha evolucionado a un enfoque más basado en datos. Este cambio de tendencia de la tradición clínica lo marcaron los estudios empíricos del FBI, si bien no eran representativos. No obstante, cada vez más se estudian muestras lo suficientemente grandes como para generalizar los hallazgos de los nuevos estudios.

Por ello, las investigaciones futuras deberían seguir ahondando en los distintos perfiles concretos de homicidas sexuales. Del mismo modo, deberían tenerse en cuenta los tipos específicos de víctimas para su investigación, especialmente si son víctimas vulnerables.

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Índices de psicopatía, ¿mayores en poblaciones reclusas? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Are Prisoners More Psychopathic than Non- forensic PopulationsProfiling Psychopathic Traits among PrisonersCommunity AdultsUniversity Students, and Adolescents” de Boduszek, D.; Debowska, A.; Sherretts, N.; Willmott, D.; Boulton, M.; Kielkiewicz, K.; Popiolek, K. y Hyland, P. (2019), en el cual se comparan los índices de psicopatía entre población reclusa, adultos, estudiantes universitarios y adolescentes. 

La psicopatía suele considerarse como una de las enfermedades mentales más antiguas de la historia. Sin embargo, no existe mucho consenso sobre las características de este desorden y cómo tratarlo. Siendo más específicos, la inclusión de la conducta criminal / antisocial como un componente fundamental de la psicopatía sigue siendo polémica. 

Hasta la fecha, la herramienta de evaluación más utilizada ha sido la Lista de Verificación de la psicopatía actualizada, componiéndose este trastorno de cuatro conjuntos de rasgos. Estos son: la manipulación interpersonal (engaño, grandiosidad…), el afecto insensible (esto es, falta de empatía o remordimientos), un estilo de vida errático (debido a la impulsividad o irresponsabilidad) y una conducta antisocial (desvío social, comportamiento criminal…). Sin embargo, cuando se ha aplicado este método podría haberse producido una sobreestimación del trastorno en delincuentes, al incluirse como un rasgo la conducta antisocial o criminal. 

Varias fuentes han indicado que el comportamiento antisocial / criminal debe considerarse como una posible consecuencia más que como una parte integral de la psicopatía. Por ello, se ha propuesto también un método alternativo de evaluación no verbal: la Escala de Rasgos de Personalidad Psicopática. Esta se compone de cuatro dimensiones:  

  • La capacidad de respuesta afectiva, por ejemplo: los déficits en reacciones emocionales hacia otras personas. 
  • La capacidad de respuesta cognitiva, esto es: déficits en el compromiso cognitivo con los demás. 
  • La manipulación interpersonal, como un estilo comunicativo engañoso y coercitivo. 
  • El egocentrismocentrarse exclusivamente en los propios intereses y creencias. 

La exclusión de los aspectos conductuales hace que la escala sea adecuada para su uso con una variedad de muestras, incluidas las poblaciones no infractoras y la juventud. Aunque los niños y adolescentes no pueden ser diagnosticados con un trastorno de la personalidad, reconocer ciertos problemas desde el principio y obtener una comprensión más profunda de la estabilidad de los rasgos en las etapas del desarrollo podría servir para diseñar mejores estrategias de intervención, rápidas y eficientes. 

Por otro lado, las diferencias cualitativas y cuantitativas en la expresión de los rasgos psicopáticos pueden explorarse con el uso de técnicas analíticas centradas en la persona, como el análisis de perfiles latentes. Estos permiten revelar variaciones en la intensidad de los rasgos, así como las agrupaciones de los rasgos entre individuos. 

Así pues, ¿cuáles pueden ser los índices reales de psicopatía en la población tanto reclusa como no reclusa? 

Para intentar dar respuesta a esta cuestión, los autores aplicaron la Escala de Rasgos de Personalidad y el análisis de perfiles latentes a cuatro grupos/muestras de participantes en su propio estudio. A saber: 772 reclusos de la cárcel de Pensilvania (EE.UU); 1201 adultos de la comunidad del norte de Inglaterra; 2080 estudiantes universitarios, de dos universidades del norte de Inglaterra; y 472 adolescentes de una escuela secundaria en el norte de Inglaterra. En todos ellos, se incluyeron tanto a hombres como mujeres, siento estas últimas mayoritarias en las muestras de adultos y universitarios. Los datos recabados procedían de entre los años 2015 y 2017 incluidos. 

Los resultados revelaron que los adolescentes eran los que más puntuación obtuvieron en déficits de la capacidad de respuesta afectiva. En la capacidad de respuesta cognitiva fueron los que más puntuación obtuvieron, seguidos de los reclusos. Los universitarios y los adultos obtuvieron más puntos que los presos y adolescentes en la manipulación interpersonal. En términos de egocentrismo, los universitarios mostraron puntajes más altos que los adultos de la comunidad y los reclusos. 

En el caso de los adolescentes, dichos resultados pueden sugerir que esos rasgos, relacionados con la empatía afectiva y cognitiva, se contrarresten y la empatía se desarrolle más en la época adulta. En este sentido, investigaciones anteriores atestiguan diferencias relacionadas con la edad y el desarrollo más tardío de determinadas regiones del cerebro.  

Consecuentemente, parece que algunos de los rasgos centrales de la psicopatía pueden ser maleables. Esto ofrece una vía prometedora para las intervenciones dirigidas a los jóvenes identificados como en riesgo de psicopatía adulta, si bien se requiere de más investigación.  

Además de los resultados referentes a los adolescentes, el estudio proporciona más pruebas de la existencia de grupos de psicopatía cualitativamente diversos 

A grandes rasgos, aunque se detectaron ciertas variaciones en los patrones de puntuación entre las muestras, se identificaron: un grupo de psicopatía baja para todas las muestras, grupos claros de psicopatía alta para los presos y universitarios, y un aumento de los grupos de psicopatía entre los adultos y adolescentes de la comunidad.  

Concretamente, se identificaron grupos de alta psicopatía por igual para los presos y universitariosEstos grupos eran casi idénticos en tamaño, lo que sugiere que el aumento de la psicopatía no es más común entre las poblaciones forenses que entre las no forenses.  

Específicamente, dado que la psicopatía alta se identifica en aproximadamente el 7% de las poblaciones adultas (siendo igual el porcentaje para las muestras del estudio), parece que algunos de esos rasgos pueden aliviarse naturalmente en el proceso de maduración y socialización. Sin embargo, esto sugiere, a su vez, que los reclusos no son más psicopáticos que las poblaciones no penitenciarias. 

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Víctimas de fraude en Cataluña: factores de denuncia. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Fraud reporting in Catalonia in the Internet era: Determinants and motives” de Kemp, S. (2020), en el que se estudian diversos determinantes o características de las víctimas de fraude, tanto online como no virtual, y los motivos para denunciar o no estos delitos. 

El aumento de oportunidades delictivas en el ciberespacio relacionadas con la transnacionalidad, el anonimato y las bajas barreras tecnológicas de entrada representan un claro impedimento para la vigilancia del fraude

En las fuerzas públicas se ha detectado, a su vez, una falta de preparación para lidiar con el fraude online. Sin embargo, uno de los grandes retos de la prevención y vigilancia del fraude es relativamente viejo: las bajas denuncias. 

La denuncia de delitos y, por tanto, las estadísticas fiables son importantes por muchas razones (investigaciones policiales, elaboración de buenas políticas públicas y de prevención…). Varias fuentes internacionales muestran los altos costes financieros del fraude para la sociedad actual, llegando a alcanzar estos los billones de euros.  

En lo que respecta a la víctima, esta puede llegar a sufrir impactos emocionales, psicológicos e incluso físicos como consecuencia del fraude. A estos hay que añadir también los costes económicos y el tiempo. Así pues, dadas las consecuencias del fraude y su gran prevalencia entre los delitos cibernéticos, es necesario entender los factores asociados a su denuncia

Continuando con el trabajo de van de Weijer, Leukfeldt y Bernasco sobre los determinantes de la denuncia del ciberdelito (el cual publicamos hace unos días y podéis leer aquí), entre otros autores, Kemp profundiza en esta temática. Esto es, qué factores hacen que una víctima denuncie o no el fraude, comparando el online con el offline.  

Así las cosas, el índice de denuncia en este tipo de delitos suele ser muy bajo. Por ejemplo, menos del 30% de la población holandesa del estudio de van de Weijer denunció delitos de fraude. Este porcentaje era significativamente más bajo que el de los delitos tradicionales, con excepción del vandalismo. Se trata de una tendencia que se repite en muchos otros países, como Inglaterra y Gales (15%). 

Sin embargo, no se ha profundizado en las diferencias entre las diferentes modalidades de fraude y su denuncia. Las escasas denuncias se han explicado por diversas hipótesis. Las víctimas pueden llegar a no ser conscientes de su victimización, no ver suficientes beneficios al denunciar o no saber a quién acudir (o acudir a otras agencias distintas a la policía). 

En la investigación del autor la muestra procede de las dos últimas ediciones (2015 y 2017) de la Encuesta de Seguridad Pública de Cataluña. Esta se realiza cada dos años. En 2015, 530 individuos reportaron haber sido víctimas de fraude, mientras que en 2017 fueron 659. Finalmente, la muestra consistió en 1177 víctimas de fraude o estafa.

La encuesta contiene preguntas sobre las siguientes características demográficas: género, edad, lugar de nacimiento, educación, situación profesional, situación económica, discapacidad. Además, se pidió su opinión sobre la seguridad en su ámbito local y sobre la policía catalana y local. Se les preguntó a los encuestados sobre los factores relacionados con el delito de fraude, incluido si denunciaron o no. Asimismo, se tuvo en cuenta si consideraban que lo que les había ocurrido era un delito de fraude. 

Así pues, los resultados reflejaron lo siguiente. Por un lado, los fraudes cometidos en persona o por teléfono eran menos denunciados que los cometidos por internet. Sin embargo, las probabilidades de denunciar eran mucho mayores en cualquier caso si la víctima consideraba el fraude un crimen. De igual forma, el impacto financiero se asoció con la predisposición a denunciar. Por otro lado, los impactos psicológicos no aportaron valor predictivo sobre la denuncia, al igual que el resto de variables de opinión y demográficas.

Consecuentemente, el modus operandi (fraude online u offline) fue la variable con más efecto o poder predictivo de la denuncia, seguida del impacto económico. Las denuncias de fraude online pueden verse influenciadas por considerarlo (o no) un delito, el impacto financiero, la molestia y la edad. En general, estas variables se asocian con más denuncias. En cuanto al fraude offline, las variables relevantes para denunciar serían: considerarlo delito, el impacto económico y el impacto psicológico.

Por tanto, la siguiente cuestión que debemos plantearnos es ¿qué hace que las víctimas consideren el fraude un delito o crimen?

Una vez más, encontramos que el modus operandi es el principal factor que influye en tal consideración. Es más frecuente que se considere como delito cometer fraude por Internet que cometerlo en persona o por teléfono. La molestia y el impacto psicológico también mostraron una fuerte asociación estadística positiva, aunque con un efecto más reducido.

Una posible explicación para esto es que puede ser más fácil proporcionar evidencia de victimización online. Alternativamente, las víctimas de fraude online podrían considerar que han sido defraudadas, mientras que las de fraude offline creer que se han dejado defraudar. Esto es, es más probable que se culpen a sí mismos por su victimización y, por ello, se abstengan de denunciar. 

Con respecto a por qué las víctimas no denunciaron, encontramos que la inconveniencia y duración del proceso, junto a la insignificancia de las pérdidas y la creencia de que la policía no podría hacer mucho, eran las justificaciones más comunes. Estas motivaciones están ligadas a los impactos psicológicos, por lo que se debe evitar culpar o estigmatizar a las víctimas. 

Del mismo modo, podría ser beneficioso contar con un sistema centralizado de denuncia. Finalmente, no parece haber un perfil demográfico general del denunciante de fraude, aunque ciertos factores (ej. edad) están asociados con ciertas razones para no denunciar. Futuras investigaciones podrían ahondar en esta percepción de culpa. Asimismo, deberían considerarse estrategias que redujeran los costes asociados a la denuncia e incrementaran los beneficios (impactos económicos, psicológicos…).

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