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Categoría: Criminologia (página 1 de 7)

La influencia familiar en la conducta delictiva. Club de Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen de uno de los capítulos de la obra “The study of offenders: Prison treatment”, de H. Marchiori, que explica que papel tiene la familia en la conducta delictiva. 

A lo largo de la historia se ha intentado explicar qué factores influyen en la conducta criminal. Desde el punto de vista psicológico, se señalan 5 grandes grupos que tratan de explicar el motivo por el que una persona considerada como “normal”, con conocimiento pleno de sus acciones, realiza conductas delictivas.  Una primera hipótesis considera que las conductas criminales son consecuencia de una constitución genética heredada. El segundo gran grupo aborda la conducta criminal desde bases estrictamente psicológicas, basándose en estudios relativos al aprendizaje social del individuo o a la visión cognitiva referente a los procesos de razonamiento que suceden en la mente de los criminales. Un tercer grupo está basado en las teorías del control social en el que la interpretación propia y del resto de sujetos regula el comportamiento criminal (casos de etiquetaje, estigmas sociales, etc). El cuarto grupo explica la criminalidad como una conducta consecuente del fracaso, usando una visión humanista y existencial. Por último, el quinto gran grupo está basado en la teoría motivacional, que explica que los delitos están determinados por una interacción entre el ambiente, la persona y el contexto.

En este último grupo, que explica la conducta criminal como el resultado de la interacción entre el ambiente, la persona y el contexto, se presta una especial atención a la influencia de la familia en la conducta delictiva. Por ello, explicamos a continuación el papel que tiene la familia en la conducta delictiva a partir de uno de los trabajos de H. Marchiori.

La familia es uno de los principales focos de aprendizaje de comportamiento y normas, y si bien una buena educación familiar es la base de un correcto comportamiento, los problemas encontrados en una familia que no es capaz de enseñar los valores correctos de comportamiento pueden quedar reflejados en las personas que viven en ese ambiente.

Sin duda, la familia es uno de los pilares básicos en el desarrollo y crecimiento en una persona, constituye una parte importantísima en el ambiente psicológico del individuo, por ello no podemos dejar de obviarla al hablar de conducta delictiva, pues es, cómo ya, apuntábamos anteriormente, no sólo un foco de aprendizaje de normas y maneras de comportarse, sino que a su vez puede transmitir desestructuración y problemas que quedarán reflejados en quienes viven en ese ambiente.

Del mismo modo que el contexto social en el que se mueve el sujeto (costumbres, tradiciones, actitudes encontradas) influye en su conducta, el ambiente en el hogar (cercanía a los padres, situación económica, situación afectiva…) debe de ser considerada para comprender la conducta delictiva del sujeto.

Así, esta autora realiza una clasificación más allá de la sencilla y clásica división de familias estructuradas y desestructuradas, sino que además clasifica las conexiones existentes entre el tipo de familia y el tipo de delincuente, señalando principalmente seis grupos principales.

El delincuente ladrón, suele responder al perfil de un sujeto cuyo ambiente familiar está marcado por castigos, situaciones traumáticas y ambiente familiar inestable. Puede existir una falta de ciudados por parte de la familia hacia el menor, algo que hace que el sujeto no sienta seguridad ni estabilidad. Estos sujetos comienzan a mostrar conductas antisociales (así como agresiones continuas y problemas escolares) desde una edad temprana. Debido a la falta de correctos valores, estos sujetos inician su carrera delictiva y abandonan el hogar y generalmente los vínculos con la familia. Cuando estos sujetos son arrestados por sus robos, la familia no suele ayudar al interno ni colaborar en el tratamiento penitenciario.

En cuanto al delincuente sexual, su perfil también puede presentar un contexto familiar desestructurado en donde la falta de supervisión y de afecto están presentes.  Tiende a pertenecer a un hogar desintegrado, con una marcada carencia de afecto, de supervisión y cuidados, con unas condiciones en el entorno familiar poco favorables. Son supuestamente estas condiciones soportadas durante la infancia las que harán sentir al individuo confundido en el área sexual. El delincuente sexual muestra dos necesidades fundamentales como son la seguridad y el afecto, y exterioriza hostilidad y resentimiento hacia la autoridad debido a las carencias emocionales de las que ha sido víctima. Ante el delito sexual la familia muestra rechazo y distanciamiento, lo que provoca normalmente que, tras la institucionalización, el delincuente vuelva a delinquir, pues carece del apoyo de un núcleo familiar idóneo que le ayude tanto en su tratamiento como en su recuperación y, posteriormente, le muestre apoyo en su nueva salida.

El tipo de familia que suele rodear al delincuente homicida sin embargo es una familia integrada, que siendo consciente de la desorganización psicológica del sujeto, permanece pasiva. Sin llegar a participar de una forma activa en frenar esa conducta, si muestran apoyo y ayuda al sujeto durante el encarcelamiento, y durante la reintegración social tras ser encarcelado.

En el caso del estafador, encontramos un contexto familiar en el que el sujeto ha sido víctima de una infancia dura o sobreprotegida con una educación estricta y con continuas frustraciones y prohibiciones que condicionan su comportamiento delictivo posterior.

Los delincuentes drogadictos provienen de contextos inestables tanto a nivel familiar, como a nivel laboral y educacional. Existen vínculos enfrentados hacia los miembros de la familia, con la figura de un padre rígido y autoritario y la figura de una madre insegura e inestable. Son las tensiones producidas en el seno de la familia las que son cargadas al sujeto, el cual se refugia en un “nuevo mundo” a través de las drogas como comportamiento destructivo para afrontar la situación familiar.

Existen otros muchos contextos que deben de tenerse en cuenta, no solo el familiar; sin embargo es importante tener en cuenta la influencia de la familia en el comportamiento delictivo o desviado como uno de los primeros factores posibles que puedan explicar determinadas conductas en los individuos.

Delincuentes sexuales online desde una perspectiva de adicción a Internet (II). Club Ciencias Forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, os presentamos la segunda parte del resumen del interesante artículo “Understanding Sexually Deviant Online Behavior from an Addiction Perspective” de Kimberly Young, en donde se explica el comportamiento de los delincuentes sexuales online desde la perspectiva de la adicción al sexo en Internet. En esta segunda y última parte mostramos las diferencias entre el comportamiento de los delincuentes sexuales online y los delincuentes sexuales del entorno físico, y todas las etapas por las que pasan los primeros.

A diferencia de los delincuentes sexuales infantiles clásicos que exhiben patrones crónicos y persistentes de conducta sexualizada hacia los niños que suelen comenzar en la adolescencia temprana, cada uno de los 22 casos que explicamos en el anterior artículo fueron delincuentes por primera vez sin antecedentes de delincuencia sexual hacia los niños. Sus ofensas parecían estar relacionadas por completo con las salas de chat en donde realizan juegos de roles de fantasía sexual en línea. Usando como base el modelo de adicción de Young, los usuarios de fantasía siguen cinco etapas de desarrollo: descubrimiento, exploración, escalada, compulsión y desesperanza o arrepentimiento. Las etapas resaltan cómo los usuarios utilizan Internet como medio de escape progresivo como parte de un ciclo de adicción. Usando el modelo de Young para analizar los estudios de caso, cada una de las etapas se describe con más detalle para discutir su comportamiento desde una perspectiva de adicción.

1 – Descubrimiento

En la etapa de descubrimiento, los usuarios hacen el descubrimiento inicial de que los sitios web para adultos y las salas de chat sexualmente explícitas existen y están disponibles en Internet. Un hombre que hace investigación en línea puede tropezar accidentalmente con un sitio web pornográfico o una mujer ingresa a una sala de chat social y conoce a un hombre que la incita a ‘hablar sucio’ con él. En cualquier caso, la persona descubre la emoción sexual del acto, lo que abre la puerta a una mayor exploración. Muchos proveedores de servicios de Internet (ISP) permiten que existan salas de chat orientadas sexualmente con nombres que indiquen claramente los tipos de prácticas sexuales que serán habladas por los participantes. Esas prácticas van desde la más común hasta la más desviada. En los 22 casos, los clientes comenzaron como usuarios “de fantasía” participando en diálogos eróticos en salas de chat de orientación sexual a menudo conocido como “cibersexo”, en el que dos (o más) usuarios en línea intercambian discursos privados sobre fantasías sexuales y el acto puede ir acompañado de autoestimulación sexual. No es raro encontrar temas pedófilos en la sala de chat que permiten a los usuarios intercambiar fantasías relacionadas con temas sexuales que involucran interacciones entre adultos y niños (aunque este tipo de salas de chat se encuentran con más frecuencia en la Dark Web). Para los clientes, el tema de fantasía comienza como una novedad creada a través de las salas de chat del ciberespacio y su disponibilidad anónima.

2- exploración

En la etapa de exploración, pueden comenzar a experimentar, explorar nuevos sitios web como sitios de pornografía o juegos de azar, o pueden ingresar a una sala de chat por primera vez. Cualquiera que sea el comportamiento, para la persona que se vuelve adicta, por lo general es algo nuevo y algo tentador, y generalmente no es algo que hubieran hecho si pensaban que alguien estaba mirando. En el caso de Jack (uno de los ejemplos que muestra el estudio), una vez que descubrió uno de estos chat, comenzó a usar Internet para buscar otros sitios web para adultos. “Lo hice un par de horas a la semana al principio, luego aumentó a más. Empecé a quedarme hasta tarde en el trabajo y llegar los fines de semana solo para mirar porno. Me odié a mí mismo. Me aburrí de la pornografía y comencé a chatear con otras mujeres. Tuvimos sexo por teléfono, algunos me mostraron sus cámaras web y estaban desnudos, e incluso algunos se masturbaban para mí “. Muchas personas secretamente comienzan a experimentar en línea sin temor a ser atrapadas. Se sienten alentados por la aceptación de la cultura del ciberespacio, especialmente cuando están ocultos detrás del anonimato de la pantalla de la computadora, y muchos se sienten menos responsables de sus acciones a través de Internet. Dentro del contexto anónimo del ciberespacio, se eliminan los mensajes convencionales sobre el sexo, lo que permite a los usuarios representar fantasías sexuales ocultas o reprimidas en un laboratorio privado. Además, las experiencias en línea a menudo ocurren en la privacidad del hogar, oficina o dormitorio de uno, lo que facilita la percepción de anonimato y el uso de Internet es personal e imposible de rastrear. Para cualquier persona que alguna vez haya tenido curiosidad acerca de una fantasía particular oculta o desviada, el ciberespacio ofrece una forma anónima de explorar y disfrutar de esas fantasías.

3- escalada

En la etapa de escalada, el comportamiento aumenta cuando los usuarios sienten que tienen que buscar nueva pornografía cada vez que están en línea, tienen que hacer otra apuesta en un casino virtual, o tienen que ingresar a la sala de chat y ver quién más está en línea. Cruzan la línea del uso de Internet como una herramienta productiva para desarrollar un hábito recurrente. El usuario se siente obligado a conectarse, se siente más obsesionado con estar en línea y el comportamiento se vuelve más arraigado y ritual. Disfrutan de sitios particulares, establecen relaciones en línea con un conjunto regular de usuarios con los que tienen cibersexo, tienen sexo telefónico o se reúnen para tener sexo en la vida real. Jack comenzó a navegar por sitios de chat en busca de mujeres. “Fue tan erótico escuchar acerca de sus fantasías más salvajes, cosas en las que nunca pensé“, explicó. “Me dije que era inofensivo. Racionalicé mentirle a mi esposa sobre la necesidad de trabajar hasta tarde y empecé a perder fechas límite en el trabajo, pero después de 20 años de matrimonio es emocionante reavivar algo sobre mi propia sexualidad. Discutí lo que dijeron estas mujeres. Todo fue solo una fantasía. Eran todas las edades y antecedentes, me sentía como un Playboy virtual, pero todo parecía estar bien, siempre y cuando solo estuviera en línea, no parecía estar mal.” El riesgo de experimentar fantasías en línea desviadas sexualmente es que el delincuente sexual virtual comienza distorsionar lo que es el sexo normal “Me masturbo todas las noches con pornografía en línea desagradable y pervertida“, explicó un cliente. “Lo que más me excita son los aspectos tortuosos de ver fotos que de otro modo serían inaccesibles. Ahora, el sexo con mi esposa parece tan aburrido en comparación. Cuando tengo relaciones sexuales con mi esposa, siempre fantaseo con las imágenes que vi recientemente en la Web. Esto está destruyendo mi matrimonio. Ahora estamos durmiendo en camas separadas y estoy solo toda la noche con mi ordenador en lugar de ella. Sé que esto está enfermo. Quiero dejar de hacerlo, pero me siento demasiado débil para parar “. A medida que el alcohólico requiere dosis cada vez mayores de la droga para lograr la misma sensación y placer de la experiencia, el delincuente sexual virtual se aburre con fantasías rutinarias y ahora se ve para la próxima gran emoción virtual. En la etapa de escalamiento, el comportamiento se vuelve más crónico y pronunciado de tal forma que los usuarios de fantasía se saturan con un flujo continuo de contenido sexual que puede tomar formas más arriesgadas y riesgosas. En los casos de delincuentes sexuales virtuales, comienzan a participar en fantasías sexuales pedófilas.

Para lidiar con la doble vida que ocurre, el usuario de fantasía a menudo racionaliza el comportamiento y rechaza lo que dice o hace en línea con auto declaraciones como, “Es solo una fantasía de computadora” o “Esto no es lo que realmente soy“. Se separan de la experiencia sexual en línea y perciben su mundo secreto de fantasía como una vida paralela que está completamente separada de quienes son en la vida real. Sin embargo, estas racionalizaciones son temporales y eventualmente se descomponen a medida que se vuelve cada vez más disgustado por sus acciones en línea y experimenta episodios de desesperación, ya que las promesas de parar se rompen y los intentos de dejar de hacerlo fracasan. También pueden progresar hacia temas más desviados sexualmente que normalmente encontrarían reprobables y que con el tiempo se vuelven aceptables a medida que se vuelven cada vez más “insensibles” a la experiencia.

4- Compulsividad

El comportamiento habitual se vuelve una obsesión compulsiva. En esta etapa, la vida se vuelve inmanejable, ya que las relaciones o carreras se ponen en peligro debido a la conducta compulsiva. Patrick Carnes explica mejor la compulsividad sexual: “La experiencia sexual es la fuente de nutrición, foco de energía y origen de la emoción. La experiencia se convierte en un alivio del dolor y la ansiedad, la recompensa por el éxito y una forma de evitar abordar otros problemas emocionales en la vida de la persona. La adicción es realmente un estado alterado de conciencia en el que el comportamiento sexual “normal” palidece en comparación en términos de emoción y alivio de los problemas asociados con el sexo “. Jack a menudo describió sus sesiones en línea como un” aumento de las drogas “. Sintió una realidad alterada, como si la persona que estaba en línea no se superpusiera con la persona que era en la vida real. Es un tema común entre los 22 participantes. Cada uno de ellos describió su uso de Internet, ya sea en las salas de chat de sexo o en la pornografía en Internet, como una avalancha o un ataque que experimentaron mientras estaban en línea. Sentían como si Internet se tratara menos de usar como herramienta de información, sino como forma de escape psicológico. De la misma manera, la experiencia sexual en línea del usuario de fantasía produce un estado alterado de conciencia que se asocia con la reducción de la tensión y muestra una retirada progresiva en el uso de la computadora como un medio para evitar las complicaciones y responsabilidades de la vida. En esta etapa, el usuario se ve impulsado en gran medida por estados de tensión y agitación cada vez más dolorosos, al igual que un alcohólico se ve obligado a beber en momentos de estrés excesivo o una persona que come demasiado se ve obligada a comer en momentos de tensión. Exhibe patrones adictivos y continúa participando en la actividad a pesar de sus riesgos potenciales conocidos, incluido el arresto y el encarcelamiento. Después de su arresto, Jack explicó, “después de un tiempo supe que estaba mal, sabía que estaba al borde de un gran problema y ¿para qué? Mi vida se convirtió en un lío aislado y solitario. Me di cuenta de que podría perder mi trabajo, mi matrimonio y el respeto de todos los que amo si me atraparan. Tengo dos hijas y nunca pensaría en hacer algo inapropiado con ellas, pero no pude evitar detenerme a pesar de conocer todas las consecuencias de mis acciones “.

5- Desesperación

En la etapa de desesperación, el adicto golpea ese “fondo rocoso” metafórico solo para darse cuenta de la magnitud del daño infligido a causa de su adicción. Se desarrollan sentimientos de impotencia, especialmente cuando se da cuenta de lo descontrolada que se ha vuelto la vida. En esta etapa, el adicto se da cuenta del exceso no saludable del comportamiento solo para intentar la abstinencia total. A menudo cancelarán su servicio de Internet, desconectarán los routers o instalarán un software de filtrado para intentar detener el comportamiento compulsivo. El adicto tiene problemas para mantenerse “limpio”, y se siente desesperado por volver a encauzar su vida. Dado que la recaída está a solo un clic del mouse, el adicto vuelve a los patrones anteriores y comienza el ciclo una vez más. Dado que el adicto carece del control adecuado de los impulsos, es más probable que incursione en material sexual inapropiado o desviado, que es fácilmente accesible a través de Internet. Esto es especialmente problemático cuando el adicto experimenta en salas de chat con temas pedófilos e incesto. Si bien estas se etiquetan como salas de chat de “solo fantasía”, es difícil descifrar qué es un hecho y qué es una fantasía, según los diálogos de chat. En estos 22 casos, cada cliente describió sentimientos de baja autoestima, haciendo declaraciones: “Me odio a mí mismo”, “Soy débil”, “Soy defectuoso“, o “Soy asqueroso por mi hábito sucio“. Hicieron repetidos intentos de abstinencia y tuvieron repetidas incidencias de recaída. Han continuado de esta forma durante meses o años antes de su arresto y con frecuencia esperan ser atrapados. Lo ven como una manera de aliviarse de sus vidas en línea secretas y como una forma de detenerse finalmente.

Con todo esto concluimos que con la proliferación de salas de chat sexualmente explícitas, grupos de noticias y sitios web, Internet ofrece una salida para la exploración inicial de una persona curiosa, y el ciberespacio, con su falta de restricciones, crea acceso inmediato a salas de chat sexualmente explícitas consideradas ofensivas, incluyendo intereses infantiles. La mayoría de las personas aún no se dan cuenta de que existe un riesgo al involucrarse en actividades sexuales en línea. Si bien de alguna manera puede parecer algo aislado que nunca le sucedería a la gente que conocemos, las conductas sexuales en línea pueden ocurrir en el ambiente familiar, reduciendo así la sensación de riesgo y permitiendo conductas aún más aventureras. La variedad y el alcance de estas fantasías habilitadas por ordenador son ilimitadas y aún están evolucionando. En la era de Internet, las salas de chat nuevas, la nueva tecnología y los nuevos usuarios en línea ayudan a construir nuevas experiencias de fantasía sexual. Desde la perspectiva legal, dada la proliferación de contenido sexualmente explícito en Internet, los psicólogos forenses, las fuerzas del orden público y el sistema judicial en general deberían considerar el papel de Internet y su potencial para la adicción en el desarrollo del comportamiento sexual en línea inapropiado o desviado, especialmente en lo que se refiere a intereses pedófilos.

Dada la permisividad sexual de la subcultura del ciberespacio, las evaluaciones forenses deberían examinar la conducta que diferencia a los delincuentes sexuales clásicos de los delincuentes sexuales virtuales o los adictos a la fantasía que participan en temas pedófilos, en el contexto de cómo utilizan Internet. Desde una perspectiva clínica, las evaluaciones forenses de delincuentes sexuales virtuales también deberían evaluar si el usuario exhibe síntomas de uso compulsivo de Internet. ¿El cliente demuestra una pérdida significativa y regular de control de impulso? ¿El cliente muestra una preocupación por Internet? ¿El cliente continúa participando en la actividad sabiendo sus posibles consecuencias?.

También es importante evaluar si el cliente informa intentos fallidos de autorregulación y la incapacidad de controlar el comportamiento en línea. La adicción a Internet y la participación de personas que por lo demás son pro-sociales y respetuosas de la ley en el comportamiento sexual ilegal en línea con los niños han aumentado de manera alarmante a medida que ha aumentado la disponibilidad de Internet.

Familiaridad y falsas memorias en la rueda de reconocimiento. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Feelings of familiarity and false memory for specific associations resulting from mugshot exposure”, de los autores Alan W. Kersten y Julie L. Earles, de la Universidad de Florida, que analizan cómo las ruedas de reconocimiento pueden afectar a la memoria de los testigos.

El 27 de octubre de 1985, una mujer fue violada en su propia casa, en Virginia (Estados Unidos). Ella dijo a la policía que la habitación estaba a oscuras y no pudo ver la cara del agresor, pero dos de sus vecinos testificaron haber visto a un hombre llamado Walter Snyder fuera de la casa la víctima poco antes del ataque. Snyder fue interrogado y su foto fue incluida entre las que se mostraron a la víctima para el reconocimiento. La mujer no le señaló como el perpetrador pero sí que manifestó que las cejas de él le resultaban familiares. Meses después, en la rueda de reconocimiento, la víctima le reconoció como culpable. Después de siete años en prisión, la familia logró que se hicieran pruebas de ADN (en ese momento novedosas) y tras tres pruebas diferentes fue descartado como culpable.

Este caso demuestra los peligros asociados con la presentación de fotos de los sospechosos a los testigos oculares y a las víctimas de un crimen. Aunque puede ser una herramienta de investigación útil, también puede tener el efecto de contaminar la memoria de los testigos oculares sobre el evento. Si un individuo representado en las fotografías se asemeja al autor real o si resulta familiar a la víctima por otras razones, puede hacer que un testigo recuerde más tarde haber visto al individuo representado cometer el crimen. Como por ejemplo en este caso, que Walter Snyder resultaba familiar a la víctima porque ella lo había visto pasear en el vecindario. Este proceso se llama “transferencia inconsciente”.

Para estudiar en profundidad este proceso, los investigadores utilizaron a 80 estudiantes, con una edad media de 20 años, y 40 ancianos, con una media de 71 años.  A cada participante se le mostró una serie de fragmentos de vídeo de actores que realizaban acciones sencillas y luego se les indicó que recordaran qué actor realizó esa tarea. Completaron esta tarea 36 veces cada uno.

Después de las presentaciones, los 40 adultos mayores y la mitad de los jóvenes (otros 40) fueron examinados inmediatamente para ver cuánto podían reconocer correctamente. Los 40 jóvenes restantes fueron examinados de nuevo tres semanas más tarde.

Según los resultados, tanto los participantes más jóvenes como los mayores eran más propensos a reconocer falsamente los acontecimientos si los actores que aparecían en esos eventos también habían aparecido en las fotos. Además, para los adultos mayores, la toma de fotografías significaba que experimentaban una sensación de familiaridad cuando veían al actor actuar en los fragmentos de vídeo, incluso si se les había preguntado una acción diferente cuando vieron las fotos. Los investigadores creen que esto probablemente signifique que las personas mayores reconocieron la cara familiar, pero no pudieron ubicar por qué. Por su parte, los más jóvenes tenían tendencia a crear más falsos recuerdos siempre que la pregunta y la fotografía le hubieran sido presentadas de manera conjunta en la tarea, ya que esto parecía crear algún tipo de aprendizaje asociativo que afectaba al recuerdo original.

En conclusión, tras la primera rueda de reconocimiento, ya sean fotos o en persona, un mismo testigo no debería ser llamado de nuevo para un segundo reconocimiento ya que su recuerdo del evento está enturbiado por la visión de los sospechosos.

Las acosadoras. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The Female Stalker”, de los autores J. Reid Meloy, Kris Mohandie y Mila Green, de la Universidad de Phoenix, que estudian el perfil de las acosadoras.

Aunque la mayoría de acosadores son varones cuyas víctimas son mujeres, también podemos encontrar acosadoras. Hasta hace una década se trataba de una proporción de cuatro a uno, pero no deja de ser una minoría significativa. Las víctimas masculinas del acoso femenino se enfrentan a menudo a la indiferencia, el escepticismo o incluso la burla. Incluso se llega a cuestionar su sexualidad. E incluso en igualdad de condiciones, una acosadora tiene menos papeletas para ser procesada. Por lo general, se tiende a pensar que por su inferioridad física una acosadora es menos peligrosa o incluso menos digna del foco atencional de la propia criminología. Por ello, es importante investigar a este colectivo y lograr el manejo de esta amenaza tan obviada.

Se investigaron 1005 casos de acoso de ambos sexos para un estudio comparativo, entendiendo como conducta de acecho dos o más contactos no deseados hacia una misma persona que generara un miedo razonable en ella. Se codificaron en los casos 50 variables que incluían aspectos demográficos, objetivos del acoso, consecuencias legales y reincidencia. Además se disponía de una valoración del estado mental de los acosadores en el 76% de los casos.

Se identificaron 143 acosadoras femeninas en la muestra, cuyo perfil típico era el de una mujer soltera, separada o divorciada de unos 30 años con un diagnóstico psiquiátrico, la mayoría de las veces un trastorno del estado de ánimo. Era más probable que persiguiera a un varón conocido, extranjero o celebridad, en lugar de alguien con quien tuviera una intimidad sexual previa. En comparación con los acosadores masculinos, las acosadoras tenían antecedentes penales significativamente menos frecuentes y eran significativamente menos amenazantes y violentos. Su comportamiento de búsqueda era menos basado en la proximidad, y sus comunicaciones eran más benignas que las de los hombres. La duración media del acecho fue de 17 meses, pero la duración modal fue de dos meses. La reincidencia fue de 50%, con un tiempo modal entre la intervención y el contacto con la víctima de un día. Cualquier relación real previa (relaciones sexuales íntimas o conocidas) aumentó significativamente la frecuencia de las amenazas y la violencia con grandes tamaños de efecto para toda la muestra femenina. Este resultó ser el subgrupo más peligroso, de los cuales la mayoría amenazaban y eran físicamente violentas. Las menos peligrosas eran los acosadoras de las celebridades de Hollywood. Dos de las variables predictoras para la violencia en el acecho de los hombres fueron validadas externamente con tamaños de efecto moderados para las mujeres: las amenazas se asociaron con un mayor riesgo de violencia y la escritura de cartas se asoció con un menor riesgo de violencia.

En conclusión,  la relación entre el acosador y la víctima parece primordial en el comportamiento del acosador femenino. En mujeres mitiga la agresión, pero el apego la agrava.  De hecho, el subgrupo más peligroso entre los acosadores masculinos y femeninos es aquellos que han tenido una relación previa sexualmente íntima con la víctima. Este estudio subraya la importancia de determinar el tipo de acosador cuando se realizan investigaciones o intervenciones de planificación, partiendo de las dos tipologías de acecho.

La pantalla del móvil revela toda nuestra vida. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Lifestyle chemistries from phones for individual profiling”, de los autores Amina Bouslimani, Alexey V. Melnik, Zhenjiang Xu, Amnon Amir, Ricardo R. da Silva, Mingxun Wang, Nuno Bandeira, Theodore Alexandrov, Rob Knight y Pieter C. Dorrestein, de la Universidad de California, que estudian los restos orgánicos de los teléfonos móviles.

Sabemos que nuestro móvil tiene todo sobre nosotros. En las redes sociales están los datos de nuestros amigos, dónde trabajamos e incluso dónde estamos pasando las vacaciones. En la galería de imágenes hay más fotos de nuestra vida privada en un año de las que nuestros padres se hicieron en toda una vida. En Youtube hay un registro de qué música escuchas y Google sabe dónde has estado. Nuestro móvil puede realizar un análisis completo de nuestras vidas y nuestra forma de ser. Pero, ¿sabías que puede hacerlo también sin necesidad de desbloquear tu pantalla?

Cada vez que nuestros dedos tocan el teléfono móvil, dejamos atrás pequeños restos. A veces células de piel, otras de lo que hemos tocado recientemente. Pequeñas moléculas del café del desayuno, del champú o tabaco. El móvil, que de media tenemos unas cinco horas diarias en las manos, es también una especie de diario de nuestra propia vida para un científico forense.

En este estudio analizaron las sobras químicas en los teléfonos de 39 voluntarios, pasando un simple bastoncillo por la pantalla, y los dedos de la mano derecha, comparando los patrones químicos entre ambos. La coincidencia entre ambos sugeriría que esas moléculas de la piel habían sido transferidas al teléfono de cada usuario. Los científicos identificaron muchas de las moléculas que encontraron y posteriormente los compararon con una base de datos de productos químicos que contiene los perfiles de varios compuestos, incluyendo especias, cafeína y medicinas.

Las huellas de cientos de miles de moléculas diferentes aparecieron en cada teléfono. Las moléculas reflejaban lo que había estado en el cuerpo, como los medicamentos y los alimentos. También reflejaban lo que cada persona había manejado antes de tocar el teléfono, como jabón o maquillaje. De hecho, la mayoría de las moléculas provienen de productos de belleza, medicinas y alimentos. Estos residuos ayudaron a los científicos a analizar el comportamiento de cada usuario del teléfono. Los resultados a menudo podían descubrir si al propietario de un teléfono le gustaba la comida picante, bebía café o usaba desodorante. Las pruebas podían indicar lugares que alguien había visitado recientemente o incluso podían señalar si estaba enfermo.

Incluso después de lavarnos las manos tras comer, pequeños rastros moleculares quedan en nuestros dedos y pasan al teléfono. De hecho, lavarnos las manos añade a nuestra huella molecular rastros de jabón. Cada actividad aumenta la complejidad de la huella que vamos depositando. Encontramos por ejemplo el caso del participante número 21, en cuya pantalla se apreciaban restos de un medicamento antidepresivo, el citalopram, seguramente procedente del sudor de sus manos.

Esto significa que con sólo analizar un teléfono móvil, podemos hacer un perfil de su usuario. Por ejemplo, podríamos decir si probablemente es una mujer, qué tipo de cosméticos usa, si se tiñe el cabello, si bebe café, si prefiere el vino a la cerveza o si toma comida picante. La policía ya utiliza análisis moleculares para buscar rastros de explosivos o drogas ilegales, pero pronto podrán usar los residuos del teléfono para reducir las pistas en buscar a un sospechoso o localizar a alguien que dejó un teléfono detrás en una escena del crimen. La privacidad en el siglo XXI será pronto tan sólo un recuerdo anecdótico del siglo XX.

El cerebro se adapta a la falta de honestidad. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The Brain Adapts to Dishonesty”, de los autores Neil Garrett, Stephanie C. Lazzaro, Dan Ariely y Tali Sharot, de la Universidad de Londres, que analizan cómo el cerebro se adapta a los actos deshonestos.

¿Cuántas veces te has sentido tentado de hacer algo deshonesto? Quizás alguna vez en el supermercado te dieron de más en el cambio y te sentiste tentado de quedarte esas monedas extra. O tal vez mentiste inventando un compromiso ineludible para evitar un evento al que no te apetecía en absoluto asistir. Ser poco honrado es una tentación común y estas pequeñas tentaciones son parte de la vida cotidiana. Continuamente debemos decidir cómo actuar según nuestra moral y, en parte, lo que guía esas decisiones es lo desagradable que es la falta de honestidad.

Sin embargo, ¿qué pasaría si pudiéramos acostumbrarnos a ese malestar y acabar por “superarlo”? No es tan disparatado pensar que nadie se vuelve un estafador, un ladrón o cualquier otra alternativa fraudulenta de la noche a la mañana. Es más lógico pensar que, como todo largo camino, empezó con un pequeño paso. Por ello, la hipótesis de este estudio era: ¿y si al hacer algo mal, la siguiente vez nos resulta más fácil? ¿Podría ser que nuestra deshonestidad aumente como una bola de nieve rodando por una colina?

Esta hipótesis parte de la idea de la adaptación neuronal, consistente en que el cerebro se vuelve menos sensible a los estímulos después de una exposición repetida. Por ejemplo, somos plenamente conscientes del olor a pan recién hecho cuando entramos en una panadería, pero si nos quedáramos mucho rato allí dejaríamos de percibirlo aunque el olor siga en el aire. De la misma forma, una vez que nos hemos vestido, dejamos de ser conscientes del tacto de la ropa a menos que pensemos activamente en ello, o ignoramos el sonido del ventilador o del aire acondicionado cuando ya lleva un rato oyéndose ese murmullo repetitivo de fondo. Igual que nos adaptamos a los estímulos físicos, podemos adaptarnos a los emocionales, así que no es desproporcionado pensar que podríamos acostumbrarnos y, por tanto, dejar de percibir la aversión a la deshonestidad.

Para probar esta hipótesis participaron 55 individuos entre 18 y 65 años con una edad media de 23 años; 34 de ellos, mujeres. Se les realizaba una resonancia magnética funcional mientras llevaban a cabo una tarea en la que debían cooperar con otra persona que era en realidad un cómplice del investigador. Entre los dos debían valorar cuántas monedas de un centavo había en un frasco que contenía entre £15 y £35. Los participantes podían ver la imagen en grande y durante varios segundos, pero los cómplices apenas la veían un segundo y mucho más pequeña. En una primera tarea se les pidió simplemente cooperación para valorar la capacidad de estimación de los participantes y poder así compararla con la segunda tarea, en la que se pretendía provocar la falta de honradez.

En una segunda tarea, se les dijo a los participantes que serían recompensados de acuerdo a la cantidad que su acompañante sobreestimara por encima de la real, mientras que los acompañantes serían recompensados por acertar con precisión. Además, se les indicaba que sólo a ellos se les había informado de que ese cambio de normas. Es decir, las parejas no tenían por qué dudar de la buena intención de los participantes cuando exageraran la cantidad para beneficiarse ellos mismos a costa de sus compañeros. También se aplicaron otras tareas en las que el beneficiado podía ser el acompañante o ambos.

Los resultados son bastante pesimistas: las pequeñas trasgresiones iniciales iban acompañadas de fuertes respuestas emocionales, pero poco a poco se iban acostumbrando a realizarlas adaptándose a la respuesta y dejando de mostrar esa fuerte aversión. Y, finalmente, podían ser mucho más deshonestos que al principio del experimento pero con una sensibilidad emocional mucho más limitada. La falta de honradez empezaba a sentirse como algo “no tan malo”. Sin embargo, también se encontró que la gente mentía más cuando sacarían beneficio de ello tanto sus compañeros como ellos mismos, viendo así su falta de honradez como algo menos malo.

En conclusión, los resultados son muy relevantes ya que nos muestran un posible origen de las conductas transgresoras y su justificación a nivel neuronal. Es muy posible que este mecanismo esté presente en otras conductas que también escalan a peor como la asunción de riesgos o la conducta violenta. Así pues, queda en evidencia la importancia de la prevención en las fases primarias de esos pequeños actos deshonestos antes de que la bola de nieve sea demasiado grande para pararla.

Asesinas en serie. Club ciencias forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Female serial killers in the United States: means, motives, and makings”, de los autores Marissa A. Harrison, Erin A. Murphy, Lavina Y. Ho, Thomas G. Bowers y Claire V. Flaherty, de la Universidad Estatal de Pensilvania, que analizan las características de las asesinas en serie.

Ted Bundy. Charles Manson. John Wayne Gacy. Nombres que no pasan inadvertidos, que evocan escenas horribles. Y es que, por lo general, los asesinos en serie fascinan tanto como horrorizan al público. Ese morbo por estas figuras podemos encontrarlo en los medios como Se7en, El silencio de los corderos, la serie Dexter, etc. Sin embargo, nombres como Belle Gunness, Nannie Doss o Dorothea Puente no nos dicen nada. Y es que las mujeres han sido ignoradas por la historia en muchos campos. Es un error muy común creer que va en contra de la “naturaleza” de la mujer cometer asesinatos múltiples, y como resultado de ese inocente concepto muchos crímenes han quedado sin resolver.

Según los estudios, 1 de cada 6 asesinos en serie es una mujer. No es una cantidad despreciable teniendo en cuenta las mortales consecuencias de ignorar su existencia, y es por ello el objetivo de este estudio dar a conocer las características de estas mujeres y sus diferencias en cuanto a sus crímenes en comparación con los de los varones.

Para este estudio se analizaron 64 casos. De los cuales, 55 eran de raza blanca, 6 afroamericanas y 1 latina. La información sobre su afiliación religiosa era limitada pero 18 de los casos se indicaron como 100% cristianas. El estado civil estuvo disponible sólo para 59 de las mujeres: en el momento de sus asesinatos, estaban casadas el 54,2%, el 15,3% estaban divorciadas, 13,5% eran viudas, 8,5% estaban en relaciones duraderas y 8,5% eran solteras. Para aquellas que estaban casadas, divorciadas o viudas (81,4%; n = 48), se promediaron dos matrimonios, con un rango que iba de uno a siete. Casi una cuarta parte (22,9%) se casó tres o más veces.

El nivel socioeconómico fue medido en 47 de los casos, siendo la mayoría clase media (55,3%), algo menos eran de clase baja (40,4%) y la clase alta fue muy infrecuente (4,3%). La media de edad para el primer asesinato era de 32 años, aunque la horquilla abarca desde los 16 hasta los 65. Casi la mitad cometieron el crimen en la veintena (49,2%) y casi la cuarta parte en la treintena (24,6%), siendo las dos franjas principales. Además, la media de edad para cesar en los asesinatos fueron los 39,25 años, dando un periodo de actividad medio de 7,25 años y un promedio de 6,1 víctimas (con un rango de 3 a 31 víctimas).

Respecto a los logros académicos se encontró poca información y muy dispar, encontrando desde abandono escolar hasta titulación universitaria. Lo mismo ocurre con la inteligencia estimada. Respecto al oficio se tienen datos de 51 de las asesinas, que mostraban también un amplio espectro, desde maestras hasta prostitutas. Un 39,2% tenía empleos relacionados con la salud (como por ejemplo enfermeras, auxiliares, administrativas en centros de salud) y un 21,6% trabajaban en cuidado de otros (niñera, ama de casa, esposa y/o madre). Sólo una estaba en paro. Respecto a su apariencia física, está disponible de 25 casos. Diez fueron descritas como “normal”, siete como atractivas, cinco con sobrepeso y tres como poco atractivas.

Casi el 40% de la muestra experimentó algún tipo de enfermedad mental, mientras que casi un tercio (31,5%) había sufrido algún tipo de abuso, ya sea físico o sexual (o ambos), por cualquiera de los padres o abuelos en la infancia, y por esposos o parejas a largo plazo en edad adulta. Incluso en ausencia de enfermedad mental diagnosticada, los autores informan de las características de personalidad “disfuncionales”, tales como la mentira, la manipulación o la falta de sinceridad en muchos de los casos.

Lo más común es que mataran para obtener ganancias financieras pero también murieron por el poder, la venganza, la notoriedad y la emoción. Las mujeres no recurren generalmente a asaltar sexualmente a sus víctimas, ni tampoco tienden a mutilar o torturar, como vemos con los asesinos en serie masculinos. Su método para cometer los crímenes más común era el envenenamiento, siendo el 50% de los casos y mostrándose cuatro veces más propensas que los hombres a esta técnica.

Su tendencia era a matar tanto a hombres como a mujeres (67,3%), siendo las que mataban sólo a hombres un 20% y las que mataban mujeres solamente un 12,7%. Las víctimas eran conocidas por las asesinas en el 92,2% de los casos, siendo familiares muchas veces (43,8% eran sus propios hijos y en un 29,7% sus parejas). Por lo general, atacaban al menos a una persona indefensa o a su cuidado, víctimas con poca o ninguna posibilidad de defenderse como niños, ancianos o enfermos (71,9%).

En resumen, las mujeres (como los hombres) matan. Pero, dicen estos investigadores, la diferencia fundamental es que las mujeres tienden a matar por los recursos (por ejemplo, la utilidad, comodidad, control) mientras que los hombres matan por sexo (por ejemplo, la violación, la tortura sexual, la mutilación). Es imprescindible conocer mejor los factores de riesgo psicosocial para la prevención y minimizar el número potencial de víctimas en el futuro.

No esperarás que me crea eso, ¿no? Club ciencias forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo ““You don’t expect me to believe that, do you?” Expectations influence recall and belief of alibi information”, de la autora Elizabeth A. Olson, de la Universidad de Wisconsin-Whitewater, que aborda cómo la presunción de culpa afecta a la credibilidad y al recuerdo de la coartada.

Seguro que has oído alguna vez acerca de la profecía autocumplida. De manera que cuando esperamos conseguir algo lo acabamos consiguiendo fruto de nuestra propia fe en nosotros mismos, y cuando creemos que vamos a fracasar lo hacemos porque nos autosaboteamos sin darnos cuenta. Las expectativas tienen un gran poder en cómo percibimos el mundo, siendo un importante sesgo. Esa es una de las razones de que en la investigación se utilice el “doble ciego”, que consiste en no saber qué grupo de personas son las de control y cuál el grupo experimental hasta analizar los resultados para que nuestras expectativas no influyan en cómo analizamos los datos o en cómo tratamos a los sujetos.

También podemos encontrar en la práctica el “efecto halo”, que consiste en, a partir de un solo rasgo o característica, formarnos expectativas que nos impiden ver la realidad. Algo muy común cuando nos enamorábamos de la persona más atractiva del instituto. Y es que se ha demostrado que esto nos ocurre también de adultos en entrevistas de trabajo o a la hora de juzgar la inocencia de alguien.

Éste es un problema común en las investigaciones policiales, donde, cuando el entrevistador determina que el entrevistado es culpable, cambia su percepción de él. El problema con esto es que cuando se presume la culpabilidad, se tienden a escuchar y recordar sólo la información que apunta al engaño y la culpa. Simplemente no prestamos atención a los hechos que refutan nuestras suposiciones. No es necesariamente sea intencional, sino que simplemente observamos que los datos confirman nuestra hipótesis.

Para estudiar este fenómeno 285 estudiantes universitarios vieron un vídeo de un joven que relataba lo que había hecho durante unas horas en un día en particular. A algunos de ellos se les dijo que su narrativa era una coartada antes de que vieran el vídeo y a otros se les dijo después. Además, a algunos se les dijo que era culpable mientras que a otros se les dijo que era inocente, y a un tercer grupo no se le dijo nada sobre ese aspecto. Después de ver el video, se pidió a los participantes que escribieran tantos detalles como recordaran. Por último, se les pidió que calificaran la credibilidad del actor sobre su coartada.

Los resultados son coherentes con lo que decíamos de las expectativas: Los participantes a los que se les había dicho que la persona era culpable recordaron menos detalles de la coartada grabada en vídeo, encontraron la excusa menos creíble y vieron al proveedor de la coartada más negativamente que los que no se les había dicho que era culpable.

Sin embargo, es importante matizar que los investigadores acuñaron directamente las etiquetas “culpable” o “inocente”, en lugar de preguntar a los participantes por sus impresiones y dejar que ellos mismos sacaran a la luz sus propios prejuicios. Ya que no es lo mismo medir las expectativas sobre la culpa que el hecho de que sepan que son o no culpables. Pero estos resultados ilustran a la perfección cómo nos condiciona a la hora de juzgar a los demás lo que pensamos de ellos. Quizás también en la investigación policial debería aplicarse de alguna forma el “doble ciego” de la ciencia para evitar este sesgo que trae consecuencias tan graves.

¿Intencional o imprudente? El cerebro delata la culpa. Club ciencias forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Predicting the knowledge–recklessness distinction in the human brain”, de los autores Iris Vilares, Michael J. Wesley, Woo-Young Ahn, Richard J. Bonnie, Morris Hoffman, Owen D. Jones, Stephen J. Morse, Gideon Yaffe, Terry Lohrenz y P. Read Montague, en un estudio conjunto de las universidades de Londres, Virginia, Kentucky, Ohio, Denver, Nashville, Pennsylvania y Yale, que estudian cómo utilizar técnicas de neuroimagen para distinguir el conocimiento y la imprudencia en el cerebro.

Se suele decir que “la intención es lo que cuenta” y en temas legales no es menos. La mayoría de los delitos requiere lo que legalmente se conoce como “mens rea”, que en latín significa “mente culpable”. En otras palabras, lo que el acusado estaba pensando y sus intenciones al cometer el delito son importantes para juzgarle. Este elemento permite al sistema diferenciar entre quien no tenía intención de cometer un delito y alguien que deliberadamente quería cometerlo, aunque en ambos casos el delito sucedido sea el mismo.

Pongamos por ejemplo a dos conductores que atropellan y matan a un peatón. El conductor 1 no vio a la persona hasta que fue demasiado tarde, hizo todo lo posible para frenar, pero no pudo hacer nada para detener el accidente y terminó matando al peatón. El conductor 1 sigue siendo responsable, pero probablemente sólo deba responder ante un tribunal civil por daños económicos. El conductor 2, por su parte, había salido en busca del peatón y, al verlo, se dirigido hacia él, piso el pedal del acelerador, se lanzó contra él y se lo llevó por delante, matándolo en el acto. El conductor 2 probablemente tenga responsabilidad penal porque tenía la intención de matar al peatón, o al menos tenía la intención de causarle lesiones corporales graves. A pesar de que el peatón muere en ambas situaciones (el resultado es el mismo), las intenciones de los dos conductores no eran las mismas y, en consecuencia, sus castigos serán sustancialmente diferentes.

Pero, ¿qué ocurre cuando no tenemos claro qué estaba pensando el acusado? Obviamente lo normal es que tanto los detenidos de la situación 1 como los de la situación 2 se coloquen a sí mismos en la posición que les traerá las consecuencias menos graves y achacarán siempre los delitos a negligencias, accidentes o defensa propia, por ejemplo. Es aquí donde entra el equipo de Vilares y nos trae la interesante hipótesis de que puede distinguir a los dos tipos de personas con una resonancia magnética funcional de sus cerebros.

Para este experimento formaron parte 40 participantes, que fueron divididos en dos grupos de 20 personas (10 hombres, 10 mujeres). A uno de los grupos se les mostraron cinco maletas y se les informó que contenían algo “valioso” (documentos, procesadores de microchips, etc) y sólo una de las cinco contenía contrabando. Después se les preguntaba si estarían dispuestos a pasar la aduana con una de ellas elegidas al azar (condición “imprudente”). Al otro grupo sólo se les presentó una maleta y se les dijo que llevarían contrabando (condición “conocimiento”).

Una vez habían elegido llevar la maleta se les realizaba una resonancia magnética funcional para comprobar si se activaban zonas cerebrales distintas. Los que están en la condición de “conocimiento” (que sabían que llevaban de contrabando) eran más propensos a “iluminar” en la resonancia la ínsula anterior y el área dorsomedial de la corteza prefrontal del cerebro. Los que están en la condición “imprudente” eran más propensos a “iluminar” la corteza occipital. Es decir, que ambas condiciones se aprecian de manera diferente en el cerebro.

Sin embargo, hay que tratar estos resultados con cautela ya que la muestra fue muy reducida y no se trataba de una situación real sino de una simulación. En palabras de los propios autores, ni siquiera estamos seguros de si se estaba viendo una diferencia entre ambas condiciones o si era una respuesta al nivel de riesgo. Pero es un resultado muy interesante en el que sería importante seguir profundizando para extrapolarlo a los casos reales.

Estrategias de persuasión en grooming online de menores. Club ciencias forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Estrategias de persuasión en grooming online de menores: un análisis cualitativo con agresores en prisión”, de los autores Patricia de Santisteban y Manuel Gámez-Guadix, de la Universidad Autónoma de Madrid, que analiza las estrategias que siguen los delincuentes de grooming para embaucar a los menores.

Las tecnologías avanzan y, con ellas, los peligros. Un nuevo problema social muy serio se cierne online sobre los menores: el grooming. Así es cómo se conoce al proceso en el cual un adulto se gana la confianza de un menor con el objetivo de obtener algún tipo de contacto sexual con él. Cada vez es más común que los niños tengan acceso a internet y, lo que es más preocupante, sin control parental, lo que genera y prolifera este tipo de delitos. Conocida esta problemática, este estudio busca explorar las estrategias de acceso, persuasión y manipulación que tienen lugar en el proceso de grooming online desde la perspectiva de los agresores para identificar elementos que facilitan y/o mantienen dicho proceso.

Para este estudio se entrevistaron en profundidad a 12 hombres condenados por grooming online, con edades comprendidas entre 21 y 51 años. Los condenados cumplían penas de prisión por delitos sexuales contra niños menores de 16 años que se iniciaron o cometieron por internet (11 niñas y 6 niños). También se comparó la información obtenida con el análisis de los hechos probados de sus condenas.

El análisis de las entrevistas mostró una progresión en el proceso de grooming online. Se observa como inician la persuasión en el comienzo del contacto con las potenciales víctimas, analizan sus vulnerabilidades y despliegan estrategias, adaptadas a las necesidades de los menores, para conseguir la implicación del menor en el abuso. El resultado son los encuentros sexuales entre adultos y menores, que pueden ser tanto puntuales como sostenidos en el tiempo.

En un primer momento, para acceder a los menores los agresores usaban un número considerable de técnicas, desde el uso de chats hasta la obtención indiscriminada de correos electrónicos de terceros. El siguiente paso era adaptar su lenguaje a la jerga típica de los menores y hablaban de temas de interés para estos, proporcionándoles una identidad basada en la real pero mejorada (quitarse años, por ejemplo) o creando una nueva identidad más deseable y acorde a los gustos de los menores, a partir de lo cual consiguen llamar la atención del menor y sostenerla.

Iniciado el contacto y tras conseguir mantener la atención de los menores, los adultos comienzan a centrarse en el estudio de la víctima y su entorno. Se observa cómo los adultos se interesaban por elementos estructurales de la vida diaria de los niños, como sus horarios, actividades o cuidadores disponibles. Se aseguraban de conocer importantes detalles acerca de los conflictos familiares y carencias materiales del menor, pero también sobre situaciones de maltrato, negligencia o problemas psicológicos, con lo que se conforman un marco de la vulnerabilidad del menor y las particularidades de su entorno. Los datos pusieron de manifiesto que los agresores desarrollan una serie de estrategias de persuasión que parecen utilizar para adaptarse a las necesidades de los niños; con ello, tratan de involucrar a los menores de manera activa en el proceso de abuso, o bien presionarlos para que accedan a sus pretensiones. Principalmente encontramos 4 estrategias que sirven para ejercer y mantener la situación abusiva tratando de evitar la revelación: engaño, corrupción, implicación y agresión.

  • Engaño. Las estrategias de engaño encontradas van más allá de la mera ocultación de las intenciones, apareciendo diferentes grados de elaboración. En algunos casos el engaño se mantiene y aumenta para sostener y potenciar la falsa identidad creada desde le persuasión inicial, llegando incluso a contar con colaboradores externos que participan en la farsa. En otros casos se introducían pretextos para conseguir la implicación de los menores, o se creaban historias paralelas, implicando a varios personajes reales o ficticios para dar credibilidad a las mentiras.
  • Corrupción. Las estrategias de corrupción encontradas en los casos estudiados se relacionan con el ofrecimiento de bienes materiales a los menores. En varios casos se les ofreció dinero explícitamente a cambio de sexo, trabajo como modelo o actriz, o regalos.
  • Implicación. Las estrategias de implicación encontradas se centran en cómo los agresores tratan de conseguir la implicación afectiva del menor en la relación abusiva, mostrándose ante ellos como si de una relación libre y equitativa se tratara. Se identificaron varios tipos de implicación, como la inversión de tiempo y dedicación. Finalmente emergen diversos modos de posicionamiento (como amigo, cuidador, pareja, etc.) frente al menor, probablemente en ese intento de adaptarse a sus necesidades afectivas estudiadas previamente.
  • Agresión. En ocasiones se observa como el adulto también emplea conductas de acoso, intimidación o coacción, ya sea para conseguir mantener la relación abusiva o como venganza por no ceder a sus pretensiones o dar por finalizada la relación.

Con las estrategias desarrolladas los adultos consiguen su propósito de mantener relaciones sexuales con los menores, tanto vía online (a través de intercambio de fotos o vídeos de contenido sexual) como offline (encuentros sexuales). Estos resultados son un contacto sexual puntual o un contacto sexual sostenido; asimismo, pueden haber sido realizados con una o múltiples víctimas.

En definitiva, estos depredadores tienen refinadas estrategias para engañar a los menores y hacerse partícipes de sus vidas a espaldas de cualquier adulto que esté al cargo, sabiendo manipular la situación hasta lograr de ellos lo que desean. Es por ello que es importante que los padres hablen con sus hijos para prevenirles de estos peligros y estar pendientes a las señales de aviso. Así mismo, los programas de prevención podrían beneficiarse enormemente de incorporar los hallazgos sobre las tácticas y estrategias que los agresores utilizan para manipular y explotar sexualmente a los menores.

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