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Categoría: Criminologia (página 1 de 8)

VioGén: Validación y calibración para evaluar el riesgo de violencia contra la pareja. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Validation and calibration of the Spanish Police Intimate Partner Violence Risk Assessment System (VioGén)” de López-Ossorio J. J., Gonzále- Álvarez J. L., Muñoz Vicente J. M., Urruela Cortés C. y Andrés-Pueyo A. (2019), en el cual se describe el marco teórico, el desarrollo y la validación de los formularios de evaluación policial del riesgo de la violencia contra la pareja (VCP) que pertenecen al sistema VioGén del Ministerio de Interior español.

El contexto de aplicación de la ley es la principal vía de entrada de una víctima en el sistema de justicia. En algunos países este contexto es un lugar privilegiado y es el primero en el cual se adoptan medidas de protección. En España es una obligación: hay ordenes explícitas de las instituciones legislativas para tomar estas medidas. Por esta razón, se han desarrollado cada vez más herramientas que evalúen y manejen adecuadamente el riesgo de reincidencia violenta. Debido al aumento de la conciencia social y de la magnitud del problema de violencia de género, es en el ámbito de la VCP dónde hay mayor desarrollo metodológico.

Actualmente, existen aproximadamente 150 herramientas para este fin. Existen herramientas internacionales (p. ej. SARA, Spousal Abuse Risk Assessmental; Kropp e al., 1995, con adaptaciones al contexto español) y nacionales (p.ej. EPV-R, Escala de Predicción del Riesgo de Violencia Grave contra la Pareja – Revisada, Echeburúa et al., 2010). Este tipo de herramientas contienen tanto elementos específicos de la VCP como elementos inespecíficos que comparten con otros tipos de violencia.

Los protocolos de evaluación de riesgo tienen el importantísimo papel de servir de guía para los profesionales en la toma de decisiones con implicaciones significativas para la libertad civil y la seguridad pública. La evaluación del riesgo a través de herramientas fiables y válidas persigue un objetivo clave: minimizar la subjetividad. Esta debe minimizarse o bien en el evaluador en la estimación del riesgo o bien en la tarea de desarrollo de pautas estructuradas de juicio clínico que ofrezcan mayor prudencia en las tareas predictivas.

El paradigma del análisis de la violencia no siempre fue el mismo. Se pasó de una evaluación del peligro a una evaluación de riesgo, basada en evidencias relativas a la probabilidad de reincidencia. Este cambio de paradigma llevó a mayor eficacia predictiva, objetividad y transparencia en los procesos de evaluación y a una organización de recursos disponibles para hacer frente al riesgo más eficiente y efectiva.

En España existe un mandato institucional que alberga las tareas de aplicación de la ley en la VCP. Hablamos del Sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género o VioGén que, además de muchas otras funcionalidades, contiene un protocolo dual actuarial para la evaluación del riesgo de la VCP, con dos versiones digitales.

Una es la Valoración Policial del Riesgo (VPR) que cumple una función de screening para casos con indicadores de riesgo actuarial. La segunda herramienta es la Valoración Policial de la Evolución del Riesgo (VPER) que monitoriza la evolución de eventos de riesgo y de indicadores de protección. Se decidió actualizar estas herramientas, de las cuales resultaron las versiones 4.0 en ambos casos.

La actualización implicó una fase exploratoria con el objetivo de obtener una validez de contenido. En esta fase colaboraron diversos expertos institucionales y profesionales. Se obtuvieron varios indicadores de reincidencia por lo que la siguiente fase fue la construcción de las escalas.

Se construyeron borradores de las herramientas y se pusieron a prueba en una muestra de 6613 nuevos casos de VCP incluidos en VioGén a lo largo de 2 meses y con un seguimiento mayor de 6 meses. El objetivo de las pruebas fue verificar la razón de probabilidades de cada indicador con relación a los comportamientos violentos y sus parámetros. También se establecieron puntos de corte, determinándose 5 niveles de riesgo: inapreciable, bajo, medio, alto y extremo.

VPR 4.0 se formaliza con 39 indicadores clasificados en 4 dimensiones temáticas. Estas son: gravedad de los episodios registrados (historial), factores del agresor (p. ej. comportamientos de celos, control y acoso o indicadores de ajuste psicológico/psicopatológico), características de vulnerabilidad de las víctimas y agravantes.

VPER 4.0 se formaliza con 43 indicadores, de los cuales 34 son factores de riesgo y 9 son factores de protección. Los indicadores se agrupan en 5 dimensiones criminológicas: las 4 de VPR 4.0 y una quinta que atiende a las relaciones dinámicas entre indicadores. Esta herramienta se utiliza de forma complementaria a VPR 4.0.

En la fase de la validación, se observó que las herramientas tienen una validez predictiva buena y similar a otras herramientas de evaluación del riesgo en VCP. VPR 4.0 se muestra sensible a la detección del riesgo de reincidencia y presenta una probabilidad de riesgo de detectar falsos negativos de 5,1%. Es una herramienta capaz de detectar a aquellos sujetos con un bajo riesgo de reincidencia.

En el caso de VPER 4.0, se ha tenido que desarrollar dos formas diferentes: una para los casos con evolución positiva y otra para los casos con evolución negativa. Estos escenarios se presentan de manera tan distinta que se justifica la necesidad de crear dos versiones VPER. Ambas muestran sensibilidad a incidencias y características del agresor que podrían aumentar las probabilidades de un evento violento.

Por último, se destaca que estas herramientas actuariales de VioGén apoyan la fuerte evidencia de la necesidad de un plan para la protección de las víctimas acorde a la evaluación del riesgo que se obtiene de cada caso. Ni VPR ni VPER están diseñadas para la evaluación de aspectos psicológicos o constructos. La transparencia y fiabilidad de estas herramientas están diseñadas para hacer predicciones e identificar a lo sujetos con mayor riesgo de reincidencia con  el fin de poder asignar los recursos de protección de la forma más eficiente posible.

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Características del abuso sexual a menores cuando el agresor es mujer. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Child sexual abuse perpetrated by women: case series and review of the literature” de Curti S. M., Lupariello F., Coppo E., Praznik E. J., Racalbuto S. S. y Di Vella G. (2019). Se analizan una serie de casos de abuso sexual infantil llevado a cabo por mujeres y se explora la homogeneidad de características, tanto de las víctimas como de las agresoras.

La sociedad parece tener un punto ciego con respecto a las agresoras sexuales de menores. Histórica y culturalmente, los agresores sexuales se perciben como hombres. Aunque el porcentaje de agresoras sexuales de menores (ASM solo para mujeres, de aquí en adelante) está bastante por debajo del porcentaje de agresores, no cabe duda de que las mujeres también llevan a cabo este tipo de delitos. El hecho de que una mujer sea capaz de llevar a cabo tales acciones choca con la creencia común (que gradualmente se va superando) de que las mujeres son sujetos pasivos sexualmente y no tienen ni el deseo ni el potencial para cometer tales crímenes. Además, en el caso de menores es aún más difícil de creer, dada la constante práctica y atribución del rol de cuidadoras a las mujeres.

Se debe tener en cuenta que los registros sobre la prevalencia de ASM se basan en datos fuertemente influenciados por el tipo de fuente de la que provienen. Los estudios que analizan la prevalencia de ASM suelen contar los casos que llegan a la atención del sistema judicial. Y si abusos o agresiones sexuales a menores llevadas a cabo por hombres se denuncian poco, en el caso de las mujeres ese poco disminuye mucho más. En algunos registros y/o estudios, la prevalencia de ASM ronda el 10% de los casos. Las ASM que reciben una condena son aquellas que llevan a cabo actos muy graves y violentos. Probablemente haya una elevada cifra negra, sea por falta de denuncia o por una actitud más indulgente del sistema judicial o social.

Este estudio utiliza un enfoque cualitativo y retrospectivo para el análisis de 9 casos de abuso sexual en los cuales el delincuente es una mujer. Dos de los casos implican a una misma agresora, con dos víctimas hermanas. En total se analizan 11 víctimas, con un rango de edad de 3 a 10 años y 8 ASM, con un rango de edad entre 33 y 70 años. Los casos provienen de la Unidad Bambi del Hospital Pediátrico de Turín, una unidad multidisciplinar entrenada específicamente para detectar los casos de menores que sufren de abuso sexual. En el análisis se tienen en cuenta datos clínicos y judiciales, tanto de las víctimas como de las agresoras. De esta forma, es posible mirar más de cerca las relaciones entre ambas partes y no solo los roles de cada uno por separado.

La mayoría de los abusos sexuales a víctimas de corta edad (menores de 5 años) de las analizadas ocurren en un contexto de cuidados. Lo curioso es que la mayoría de las ASM eran cuidadoras puntuales de las víctimas. Estas ASM eran abuelas paternas en 5 casos (45%), la madre biológica en 3 casos (27%), una vecina en 2 casos (18%) y una empleada cuidadora en un caso (9%).

 En cambio, el acercamiento sexual a las victimas mayores de 9 años se expresa de manera distinta. No se dan tanto en un contexto de cuidado y hay acciones más explicitas o sugestivas de la ASM hacia la víctima. Es decir, se acercan más al concepto de agresión que de abuso sexual. Se observa una predominancia del involucramiento o la exposición de las victimas a contenido pornográfico. Además, estas víctimas no tenían una relación de alto apego emocional, común en las victimas más pequeñas, y desarrollaron miedo hacia la agresora. Estas diferencias indican una modulación del comportamiento de las agresoras. No se acercan solo a las victimas que consiguen engañar, sino que adaptan su comportamiento a la edad de las víctimas.

En la mayoría de los casos, no solo hubo abusos sexuales, sino también violencia asistencial y otras formas de abuso. Se destaca la dificultad de obtener pruebas físicas de las víctimas, dado que se observa que en el 60% de los casos hay algún tipo de contacto con contenido sexual, pero son abusos sin penetración. Lo que más se registran son acciones coercitivas o manipulativas a nivel verbal, para presenciar actos sexuales de las agresoras, para exponerse a contenidos pornográficos o para participar en ellos. Estos resultados son coherentes con otras investigaciones donde se ha visto que solo en 1% de los casos se dieron evidencias físicas significativas. En algunos casos, las señales físicas de abuso aparecieron unos días más tarde después del abuso, por lo que el primer análisis médico resultó en una falta de pruebas. En otros casos, cuando la exploración medica se lleva a cabo muy tarde, no se registra nada porque el tejido joven tiene una alta capacidad de regeneración.

Algunos autores consideran que los casos de contacto sin penetración son los más frecuentes porque el abuso se lleva a cabo con más facilidad, enmascarándolo como una extensión de los cuidados de los menores (lavar, vestir, aplicación de cremas genitales, etc.). No hay una demanda directa de actividad sexual por parte de la agresora, sino una actitud activa de manipulación del menor.

De los casos analizados, solo en los menores de 5 años se dieron casos de penetración (con el dedo u objetos pequeños). Las agresoras podrían aprovecharse de la dificultad de los niños y niñas más pequeñas en diferenciar entre su piel, su cuerpo y la de otros. Hasta cierta edad, no se tiene consciencia sobre los limites propios del cuerpo y hay una percepción cargada de fantasía que facilita el engaño y la manipulación de los menores.

Aunque el daño físico sea menor o ausente en muchos casos, el daño psicológico siempre está presente. De hecho, hay estudios que evidencian un mayor daño psicológico de las víctimas cuando el agresor es una mujer. En los casos analizados, se observaron muchas señales de estrés psicológico de las víctimas. Las más frecuentes fueron: comportamiento rígido, hiperactividad, ansiedad, regresión de las funciones mentales, comportamientos de abuso, intimidación y una estructuración inicial de un falso yo.

La observación clínica a medio y largo plazo mostró que las victimas desarrollaron diversos problemas de salud mental y/o comportamentales. Las fobias específicas o los miedos injustificados, los comportamientos sexualizados, ideas constantes relativas al sexo, masturbación compulsiva, aislamiento social y depresión, insomnio y agresividad hacia los adultos fueron los más frecuentes.

Entre las ASM hay mucha heterogeneidad en cuanto a profesiones, nivel de estudios, historial de problemas de salud mental propio o de familiares y muchas otras características. No hay un perfil común de abuso sexual a menores ni de la condición de víctima, pero en el caso de las ASM sí destacan algunas características que se repiten a lo largo de la muestra: personas simples, carentes de estrategias de afrontamiento para los eventos estresantes de la vida, con comportamiento de negligencia hacia los menores de los que abusaron y hacia otros menores con lo que se relacionaron en el pasado, comportamientos intrusivos y autoritarios, cierta agresividad e historial familiar de violencia (sea como víctima directa o presenciándolo).

¿Por qué es tan importante prestar más atención a estos casos y registrarlos adecuadamente? El análisis de estos casos muestra que en el 75% de los ellos las ASM se quedaron libres de cargos. En un solo caso se condenó a la agresora a un arresto domiciliario de 7 años y a la compensación económica a la familia de la víctima.

Tanto en la experiencia judicial, como en la literatura científica sobre el tema, se observa que a las ASM se les consideran como menos culpables, menos violentas, menos peligrosas. Reciben condenas con menos frecuencia o de menos duración que en los casos en los que el agresor es un hombre y se les da más importancia a factores familiares presentes o pasados.

El testimonio de los menores es el elemento con más influencia en los resultados del procedimiento judicial. No obstante, se presentan diversos obstáculos para la validación de esos testimonios. Con frecuencia (y también se observó en esta muestra), se invalida a los menores como testigos. Además, la distancia temporal entre la primera denuncia y el interrogatorio formal suele ser muy larga; en estos casos fue de 8,5 meses de media. Cuando ocurre esto, fácilmente se invalida el testimonio de los menores como prueba o se le da poca credibilidad. Por eso, muchos casos de abuso sexual llevado a cabo por mujeres acaban libres de condena o con absolución.

Por último, y en cuanto a las relaciones entre víctimas y agresora, se destaca un mayor daño psicológico y mayor inhabilitación para la vida diaria como consecuencia al abuso sexual. Además, cuanto menor sea la víctima mayores daños. Estas diferencias según edad y tipo de relación se dan especialmente por la mediación del apego. Una víctima que espera  protección del adulto y que este responda a sus necesidades más básicas, que recibe a cambio actos de abuso, puede desarrollar patrones de apego desorganizado. Este tipo de apego puede provocar comportamientos desadaptativos tanto en la infancia como en la adultez, ira sin motivo, alternancia de agresividad y desapego, entre otras.

En conclusión, el abuso sexual de menores llevado a cabo por mujeres es una cuestión que no recibe la atención suficiente ni equivalente a la atención que reciben los abusos sexuales a menores llevados a cabo por hombres. Al haber tanta heterogeneidad de características relativas a las víctimas, a las agresoras y a las relaciones entre ellas, se hace necesario un análisis más profundo, de corte más cualitativo, que mejore la detecciónfutura de abusos sexuales a menores y a sus agresores/as.

Predictores a nivel micro de mujeres que comenten homicidio de pareja. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Trading places: Microlevel predictors of women who commit intimate partner homicide” de Szalewski, Huff-Corzine y Reckdenwald; en él nos hablan sobre las características a nivel micro de las mujeres que cometen un homicidio de pareja.

Las investigaciones previas descubrieron que es más posible que una mujer mate a su pareja que a cualquier otra persona. Además, los resultados mostraron que tanto las motivaciones, como las situaciones y la estructura de la ofensa difieren de la de los agresores masculinos. Lo que se busca con este estudio es comprobar las características que tienen a nivel micro el victimario femenino de los homicidios de pareja.

Para la realización del estudio se utilizó el SHR (Supplementary Homicide Reports) elaborado por el FBI, utilizando datos desde el 2010 al 2014. Solamente se incluyeron los casos de homicidio intencional y homicidio no negligente donde solo hubiera una víctima y un agresor. Personas íntimas se consideró al novio, marido de derecho consuetudinario, mujer de derecho consuetudinario, marido, mujer, novia, exmarido, exmujer. Se excluyeron las relaciones de personas del mismo sexo. La muestra total que se utilizó fue de 5.457 incidentes de violencia de pareja.

Se analizaron dos grupos de características, por un lado, las demográficas y por otro las relativas al caso. Las características demográficas incluían: la edad de la víctima, la edad del agresor y la raza de ambos.  La edad del agresor estuvo entre los 15 a los 96 años. La edad de la víctima entre los 14 y los 97 años. La raza se divide entre relación de la misma raza e interracial. Las características del caso incluyen arma del crimen (arma de fuego, cuchillo, objeto contundente, con el propio cuerpo y otras armas), estado de la relación (casados, noviazgo o divorciado) y región donde se produjo el crimen (sur y otras regiones; se dividió así ya que en el sur de EE.UU. hay mayores tasas de homicidios).

De los 4.547 incidentes analizados en un 78,5% de los casos el agresor fue un hombre. La edad media de los agresores hombres es de 43 años y las víctimas femeninas es de 41 años. La mayor parte de los casos ocurrieron en parejas de la misa raza (88,9%). Las armas de fuego se usaron en el 55,6% de los casos y los cuchillos en el 26,5%. Los demás tipos de armas fueron más escasos: objetos contundentes (4,9%), el propio cuerpo (7,4%) y otras armas (5,5%). En cuanto al estado de la relación, el más común era el noviazgo (48,5%), seguido de matrimonio (47,7%). Los divorciados solo representaron el 3,8% de los casos. La región con mayor número de homicidios fue el sur con un 44,1%, seguida del Oeste (24,3%), del medio Oeste (16,7%) y el Noreste (15%).

Al analizar los datos a través de la variable del sexo del agresor todas las variables son significativas. En relación a la raza, tanto en agresores masculinos como femeninos lo habitual es que sean de la misma raza, siendo más habitual en el victimario femenino (92%). En cuanto al tipo de arma, las mujeres no utilizan tanto las armas de fuego como los hombres (45,4% frente al 58,4% respectivamente). Las homicidas usan en mayor medida los cuchillos (45,9%) que los hombres (21,2%). En relación a los otros tipos de armas también las usan en menor medida las mujeres que los hombres (objetos contundentes 3,7% frente a un 5,3%; el propio cuerpo 1,7% frente a un 9%; otros tipos 3,4% frente al 6,1%). Los hombres matan más a sus esposas (50,2%) que a sus novias (45,68%). Esto ocurre al contrario en las agresoras femeninas que matan más a sus novios (59%) que a sus maridos (38,6%). Los dos géneros matan menos una vez se encuentran divorciados, aunque es verdad que la cifra es un poco superior en los hombres (4,1% frente a un 2,5% en mujeres). Las mujeres tienen más probabilidad de matar en el sur (49%) que los hombres (42,7%).

Los resultados muestran que la edad del agresor, la edad de la víctima, ser ambos de la misma raza, el cuchillo, el propio cuerpo, otras armas, el noviazgo y vivir en el sur serían predictores significativos para el género del agresor de homicidios en pareja. Para agresoras femeninas, cuando el factor de edad aumenta una unidad hay una disminución de 0,91 de ser perpetrado por una mujer. En cambio, aumenta la posibilidad en un 1,10 por cada aumento de edad de la víctima. Cuando es una relación con personas de la misma raza aumenta un 1,88 más las posibilidades de ser asesinado por su mujer que cuando se está en una relación interracial. En relación al arma, las probabilidades aumentan de que el agresor sea una mujer un 2,51 cuando se utiliza un cuchillo. Las probabilidades también aumentan un 1,39 cuando se está saliendo frente a cuando se está ya casado. En el sur también aumenta la probabilidad en un 1,38 con respecto a las otras regiones de que el agresor sea una mujer.

Los resultados obtenidos en este estudio están en línea con la literatura preexistente, donde los homicidas de pareja son mayoritariamente hombres, con edades superiores a aquellos que matan a desconocidos y suelen ser de la misma raza que la víctima. Las armas más utilizadas son las de fuego y los cuchillos, lo que también concuerda tanto para los homicidios en general como para los de pareja, aunque en este último presentan algunas inconsistencias. Por norma general, los homicidios se producen durante la fase de noviazgo o durante el matrimonio, siendo casi inexistentes una vez divorciados.

En relación a las agresoras decir que suelen ser más jóvenes que los hombres y sus víctimas más mayores. Esto puede estar relacionado con el patrón que siguen las relaciones siendo más común que los hombres se casen por primera vez de media dos años más mayores que las mujeres.

En cuanto al uso de armas por parte de las mujeres, en este estudio los resultados muestran que predomina el uso de cuchillos frente a las armas de fuego, aunque la literatura preexistente arroja datos del mayor uso de armas de fuego para los homicidios de pareja en general. Esta discrepancia podía explicarse porque las agresoras femeninas se sienten más cómodas con cuchillos que con armas de fuego. La cuestión del estado de la relación en el momento de la muerte no había sido muy estudiada en relación al sexo del agresor. Hasta ahora solo se había concluido que las mujeres mataban a personas íntimas que a desconocidos. Los datos del estudio indican que es más habitual que las mujeres lleguen al homicidio en la fase de noviazgo que durante el matrimonio. Esto junto con el dato que una vez divorciadas es extremadamente raro que cometan un homicidio apoya la tesis de que las mujeres matan en defensa propia o por el miedo producido por su victimización.

Una variable que se considera muy interesante y que no se ha podido explorar en este estudio es la diferenciación geográfica entre poblaciones rurales y urbanas. Se recomienda una investigación más exhaustiva sobre las diferencias entre estas dos poblaciones, ya que variables como el aislamiento o el uso de armas podrían influir en los resultados obtenidos hasta la fecha.

Determinantes del desempeño de los investigadores del fraude. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Determinants of fraud examination performance: an empirical study of internal Investigation reports” de Gottschalk; en él nos hablan de sobre los factores de desempeño en las investigaciones internas por fraude.

Los investigadores del fraude son contratados por empresas públicas y privadas cuando sospechan que hay una mala conducta o un posible delito financiero. Éstos realizan una investigación en la organización y finalmente le proporcionan al cliente un informe con sus conclusiones. Generalmente esta investigación es secreta y no suele ser comunicada ni a la policía y al público general. Hay muchas firmas de auditorías y despachos de abogados que ofrecen estos servicios, pero, debido al carácter confidencial de los informes no se ha examinado su desempeño. En este artículo se examinan 63 informes de investigaciones de fraude conseguidos en Escandinavia y se estudia cuales son los determinantes del desempeño de una investigación interna por fraude.

Si un medio de comunicación destapa un escandalo financiero de alguna organización, ésta se puede ver metida en un buen compromiso si solo colabora con la policía, por ello, muchas prefieren contratar detectives privados que les ayuden a reconstruir los hechos acaecidos.

Los investigadores, como en cualquier otro tipo de investigación, deberá recabar el mayor número posible de información de diversas fuentes como entrevistas con testigos y sospechosos, búsqueda de documentos, correos electrónicos y observación de actores. Deberán barajar diferentes campos de información como son el comportamiento organizacional, la toma de decisiones de la gerencia, prácticas comerciales, estructura del mercado, principios contables, comportamientos desviados, motivos personales, violación de leyes o veredictos anteriores.

Las investigaciones de fraude tienen sus desafíos específicos como es que los delincuentes de cuello blanco, generalmente no desaparecen de la escena del crimen, sino que permanecen y ocultan sus acciones ilegales en otras actividades de apariencia legal y así eliminan pistas, creando una atmósfera de trabajo donde nadie se cuestiona la conducta desviada.

Otro de los problemas que presenta es que no hay una víctima concreta, generalmente sus víctimas son bancos, servicios de ingresos o proveedores, siendo preferentemente el empleador que tiene dificultades para notar el delito por parte de sus empleados.

Otro desafío viene del abogado que se puede encargar del caso, generalmente estos abogados de cuello blanco se involucran antes en la investigación intentando enturbiarla y que no finalice, cuando en los delitos corrientes lo normal es que se presenten ya en una fase muy avanzada de la investigación y sólo tengan que defender a sus clientes en el tribunal. Además, en este caso de delitos los abogados utilizan también a los medios de comunicación para intentar presentar a sus clientes como víctimas.

Todos los países del mundo tienen organizaciones policiales con departamentos específicos dedicados a la investigación de este tipo de delitos. Quizás el más conocido sea el FBI el cual se encarga dentro de esta área de la investigación de la corrupción pública, el lavado de dinero, el fraude corporativo, el fraude de valores y productos básicos, el fraude hipotecario, el fraude de instituciones financieras, el fraude bancario y la malversación de fondos, así como el fraude en la atención médica.

A parte de la investigación pública por parte de las agencias policiales es común que las propias organizaciones tengan departamentos independientes que se encarguen de investigar los fraudes que se produzcan en el seno de la empresa. También, como se ha dicho hay empresas que ofertan sus servicios como investigadores externos de fraudes.

En este estudio se pretende investigar los determinantes del desempeño en las investigaciones por fraude. Concretamente se investigaron cinco determinantes: la seriedad de la conducta, el alcance de la investigación, la seriedad de la investigación, las consecuencias de la investigación y la corrección del propio informe de investigación. Se plantearon siete hipótesis de investigación:

  1. Las sospechas de una conducta desviada más seria producen un menor desempeño en la investigación.
  2. Un alcance mayor en la investigación produce menor desempeño.
  3. Unas conclusiones más serias producen un mayor desempeño.
  4. Consecuencias más severas producen un mayor desempeño.
  5. Un informe más completo causa un desempeño exitoso.
  6. Si la conclusión es más seria que lo que se creía antes de la investigación el desempeño será mayor.
  7. Una consecuencia más grave en comparación con la conclusión provoca un desempeño más exitoso.

Para llevar a cabo el estudio se utilizaron 63 informes recopilados desde el año 2012 en Escandinavia, principalmente en Noruega, codificándose cada una en base a: la gravedad de la sospecha, el alcance de la investigación, la consecuencia de la investigación, el informe de la investigación y el desempeño de la investigación del fraude.

Se codificó el desempeño como la variable dependiente y el modelo de investigación y como fue la reconstrucción por parte de los investigadores y si pudieron justificar sus conclusiones en el informe en los hechos pasados.

Se identificaron tres determinantes significativos. La gravedad de las consecuencias es uno de ellos, por tanto, le brinda apoyo a la hipótesis cuatro. Un ejemplo de consecuencia grave sería que el delincuente de cuello blanco es procesado y condenado en un tribunal o que la compañía quedará fuera de un negocio. Consecuencias menos graves serían una revisión de pautas y rutinas éticas en la organización, puntos de aprendizaje para la organización y la crítica de decisiones de gestión sin culpar a nadie.

El segundo determinante identificado fue una consecuencia más seria en comparación a la conclusión, que apoya la hipótesis siete. Por ejemplo, si se informa a la policía de que un ejecutivo es culpable de algún delito, pero en la información que se le remite no encuentran las pruebas necesarias para condenarlo sería un desempeño escaso.

El último de los determinantes sería la seriedad de las conclusiones, que corroboraría la hipótesis tres.

Se comprobó que no se podían confirmar las hipótesis uno, dos, cinco y seis.

Se espera que un futuro se pueda tener un mayor acceso a este tipo de investigaciones para poder mejorar el conocimiento científico sobre este fenómeno.

Homicidios y armas, examinando las variantes de la elección de arma. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Homicides and Weapons: Examining the Covarities of Weapon Choice” de Pelletier y Pizarro; en él nos hablan de las variables que se tienen en cuenta para la elección de arma a la hora de cometer un homicidio.

En Estados Unidos aproximadamente un 70% de los homicidios son cometidos por armas de fuego. A pesar de haberse estudiado en profundidad la relación entre las armas de fuego y la violencia letal, no hay un análisis profundo sobre los factores que afectan a la elección del arma. Poco se sabe sobre si el delincuente lleva el arma con intención de usarla o si es una elección oportunista y el delincuente lo encuentra en la escena.  Es necesario un mayor conocimiento de las covariables de la elección del arma y la dinámica de las transacciones situacionales que conducen al homicidio. El propósito de este estudio es analizar estas covariables y, además, determinar los factores situacionales más comunes que llevan a la decisión inicial de usar tipos de armas específicos.

Durante los homicidios es habitual el uso de algún tipo de armas. El más común es el de las armas de fuego, aunque parece variar en función del motivo del homicidio. Se ha encontrado una relación entre el uso de armas de fuego y el motivo instrumental en incidentes que involucraban a familiares, amigos cercanos. También se descubrió que era más probable que el motivo fuera expresivo en homicidios por conocidos que involucraban fuerza física y en homicidas extraños involucraban armas de fuego. Los homicidios domésticos tienen menor posibilidad de involucrar un arma de fuego. Los homicidios relacionados con drogas o con pandilleros también tienen más posibilidades de estar involucrada un arma de fuego, ya que es habitual que estos porten armas de ese tipo para su protección. A su vez también hay más posibilidades de que estén involucrados este tipo de armas en homicidios, cuando víctima y autor se habían desplazado hasta esa ubicación con la intención de cometer alguna actividad ilícita. También, se ha encontrado mayor prevalencia en el uso de armas de fuego por parte de los homicidas varones que de las mujeres, lo mismo ocurre en homicidios entre extraños que aquellos que son entre conocidos. Otros estudios han demostrado que es más posible que se utilice un arma de fuego cuando la víctima es un varón.

A pesar de no ser necesarias para cometer un homicidio, las armas, ya sean cuchillos, objetos cortantes, armas de fuego o de cualquier otro tipo facilitan la comisión de acto violento. En concreto las armas de fuego garantizan la victoria en una acción coercitiva debido a su letalidad. Además, las armas de fuego dificultan la identificación del autor, ya que no tiene que tener un contacto tan directo con la víctima y, por tanto, tienen menos riesgo de dejar evidencias. Las armas de fuego también hacen que tanto los delincuentes como las víctimas se envalentonen y cometan acciones que no tenían pensado cometer.

El uso del arma de fuego en homicidios premeditados encaja perfectamente con la teoría de elección racional, ya que este tipo de armas les hace aumentar las posibilidades de éxito de su cometido reduciendo los costes que pueda tener para ello y aumentando sus posibilidades de escapar con éxito.

En el presente estudio se usaron los archivos de investigaciones de homicidios de los departamentos de policía de Newark (Nueva Jersey) y Rochester (Nueva York). Se analizaron dos preguntas: ¿Qué factores influyen en el uso de un tipo particular de arma en un homicidio? Y ¿Cómo afecta el método de recuperación del arma, o su falta, a la elección de la misma?

Newark es una de las ciudades más violentas del estado de Nueva Jersey con un promedio de 102 homicidios por año. Generalmente estos crímenes se concentran en barrios caracterizados por el aislamiento racial y la privación económica. Esta ciudad no solo presenta problemas de violencia sino también sociales, con un 25% de sus residentes viviendo por debajo del umbral de pobreza y un 47% de la población de más de 16 años sin trabajo.

La tasa de homicidios en Rochester es más baja, 52 homicidios al año, aún siendo más baja es considerada como “la capital de asesinato de Nueva York”, ya que es la ciudad con el índice más alto del estado. También presenta problemas sociales con un 33% de sus residentes viviendo por debajo del umbral de pobreza y una tasa de paro del 47%.

Para la investigación se analizaron 821 homicidios que se resolvieron con el arresto del culpable en estas dos ciudades. Los homicidios de Newark (436) fueron estudiados desde enero de 1999 a diciembre de 2007, y los de Rochester (385) de enero de 2000 a diciembre de 2014. Se recopiló información de los archivos de la investigación, de los que se extrajeron datos sobre raza y género de la víctima y del victimario, motivo y modo del homicidio, tipo de arma y estilo de vida de ambos. También se recopilaron datos narrativos del informe del incidente, de las declaraciones del testigo y del delincuente. En el estudio en un 68’2% de los casos estaba presentes las armas de fuego y en un 64% de los mismos fue el delincuente el que llevó el arma a la escena.

El hecho de que en la mayoría de homicidios estuviera presente un arma de fuego y que en casi la totalidad de ellos fuera portada por el agresor apoya la hipótesis de que el victimario elige el arma con más capacidad de fuerza bruta para matar y que tiene el menor nivel de riesgo para él. Además, también nos indica que portar un arma facilita que se acabe cometiendo un homicidio.

En relación a la primera pregunta ¿Qué factores influyen en el uso de un tipo particular de arma en un homicidio? Se descubrió que los factores dinámicos específicos relacionados con la situación del homicidio y las características de las víctimas y de los delincuentes tuvieron un impacto en el tipo de arma que se utilizaba en el homicidio. Los hombres afroamericanos más jóvenes que eran narcotraficantes y/o pandilleros utilizaron más las armas de fuego para la comisión de un homicidio. También tenían más posibilidades de ser víctimas de un arma de este tipo.

En cuanto a la segunda pregunta, es más probable que las armas de fuego sean llevadas por el agresor a la escena, mientras que los cuchillos, objetos contundentes y otros tipos de armas son más propensos a ser armas de oportunidad encontradas en la propia escena del crimen. Los hallazgos demuestran que cuando el crimen era premeditado y la intención del autor era su comisión era más posible que se utilizara un arma de fuego.

Una de las limitaciones del estudio, es que los datos fueron extraídos de los informes de las investigaciones policiales y, por tanto, puede estar sesgados debido a los sesgos que presentaran los agentes que se encargaron de la investigación.

Futuros estudios deberían investigar si es el método de recuperación del arma el que influye en el tipo elegido o al revés. También debería estudiarse si existen diferencias basadas entre el tipo de homicidio y la intención del delincuente.

 

Elementos irracionales en la toma de decisiones criminales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “The Moderating Effect of Criminal Thinking on Certainty of Apprehension in Decisions to Engage in Antisocial Behavior: Replication and Extension” de Walters, Morgan y Scanlon; en él nos hablan de los elementos irracionales que se presentan en la toma de decisiones sobre si participar o no en un acto criminal.

Desde que Beccaria publicó su tratado sobre el crimen y el castigo, pasando por la Escuela Clásica, hasta la Teoría de la Elección Racional y Teoría de las Actividades Rutinarias, la disuasión ha sido estudiada para explicar y prevenir el crimen. Sin duda estas dos teorías han aportado mucho conocimiento acerca de los requisitos racionales en la toma de decisiones en relación con el delito, sin embargo, dejan de lado elementos no racionales que también entran en juego en la toma de decisiones. Justamente ese el tema principal de este estudio, en el cual se pretende investigar sobre los elementos no racionales de la toma de decisiones, en forma de pensamiento criminal proactivo y reactivo, y como apoyan, suprimen y moderan los requisitos racionales del proceso de toma de decisiones.

Los requisitos racionales en la toma de decisiones en relación al crimen son de naturaleza utilitarista. Básicamente implican un análisis entre los costes y el beneficio que se perciben sobre la participación en algún acto criminal. En ellos se centra la Teoría de la Elección Racional que nos dice que, si los beneficios percibidos por participar en un acto criminal son mayores que sus costes el individuo cometerá el delito, si no se abstendrá de ello. Los costes serían la certeza de recibir un castigo, la severidad del mismo y la rapidez del castigo. Sin embargo, los elementos racionales en la toma de decisiones están limitados por factores situacionales, emocionales y cognitivos.

Dentro de los factores antes mencionados nos encontramos con los situacionales, de él se ocupa la Teoría de las Actividades Rutinarias. Esta teoría nos dice que el crimen se producirá si hay un objetivo deseado, una ausencia de guardianes capaces y un delincuente motivado. El primero de ellos podía ser descrito como cualquier objeto o persona que sea accesible y valiosa para el delincuente. Estrategias como el endurecimiento de objetivos, la eliminación de los mismos o el control de los accesos buscan reducir las oportunidades criminales. El segundo de los elementos serían por ejemplo el propietario de una vivienda, un vecino mirando por la ventana, un vigilante nocturno o un perro guardián. El tercer elemento es quizás el menos estudiado, pero dentro del delincuente motivado es donde destacan más los factores no racionales.

Dos de las características no racionales más importantes de un delincuente motivado son las emociones y el pensamiento no racional. La Teoría de las Actividades Rutinarias explica con bastante predicción el delito económico o adquisitivo es menos eficaz en su explicación del delito no económico o expresivo.

Los factores no racionales de la emoción y el pensamiento criminal desempeñan un papel decisivo a la hora de tomar decisiones criminales. Estilos de pensamiento criminal como el aplacamiento (externalización de la culpa), el privilegio (darse permiso para violar los derechos de los demás y las normas sociales), el poder (luchar por el control de los demás) o el superoptimismo (creencia de poder evitar las consecuencias negativas) comprenden la dimensión proactiva del pensamiento criminal. Estilos de pensamiento como el corte (eliminación rápida de elementos disuasorios con palabras o frase), la indolencia cognitiva (falta de razonamiento crítico) y descontento (dificultad para mantener el enfoque y completar tareas) representan la vertiente reactiva.  El pensamiento proactivo sirve para eliminar las emociones morales y favorecer el comportamiento criminal mientras que el reactivo estimula las emociones hedonistas que interferirán en el análisis racional de coste -beneficio.

El presente estudio lo que busca era comprobar como varía la realización de actos criminales dependiendo del riesgo de que te pillen y cómo varía el pensamiento criminal en base a ese comportamiento. Para ello se contó con la participación de 319 estudiantes universitarios (106 hombres y 213 mujeres) con edades comprendidas entre los 18 y los 59 años. De los cuales el 64,6% eran blancos, el 19,1% eran hispanos, el 9,4% eran negros y el 6,9% restante eran de otras razas.

Para la realización del estudio se les mostraba tres escenarios. En el primero de ellos, tenían que imaginar la posibilidad de adquirir ilegalmente las preguntas para el examen final de una asignatura en la que no les iba muy bien. En el segundo, tenían la opción de robar un billete de 50 dólares de la mesa de un dormitorio. El tercer escenario era que un amigo les había pedido que vendieran una libra de marihuana. Las probabilidades de que les pillaran eran de 50%, 10% y 1%, tenían que analizar cada situación en cada uno de estos porcentajes. Los participantes tenían que contestar la posibilidad que había de que participaran en ese acto criminal contestando del 1 al 5. Después tenían que contestar a dos preguntas más: ¿Cómo de moralmente equivocado es participar en un comportamiento antisocial? ¿Cuánto control personal necesitaría ejercer para abstenerse de involucrarse en el comportamiento antisocial? El pensamiento criminal proactivo y reactivo fue medido a través de esas preguntas evaluado con una versión del Inventario Psicológico de los Estilos de Pensamiento Criminal – Forma Corta. También se incluyeron cuatro variables de control en la investigación que fueron un autoinforme de comportamiento ofensivo reciente, la edad, el sexo y la raza. La administración de la encuesta era online y el tiempo de realización de 20 minutos.

Se confirmó que conforme era menor la posibilidad de que te cogieran aumenta la probabilidad de participar en el comportamiento criminal. Los resultados indicaron que el 10% de posibilidad de captura se asoció con una probabilidad significativamente mayor de participar en la conducta antisocial que un 50% de certeza de ser atrapado. El 1% de certeza se asoció con una probabilidad significativamente mayor de participar en la conducta antisocial que el 10%. El pensamiento proactivo se correlacionó más alto con las percepciones de baja ilicitud moral, mientras que el reactivo se correlacionó más alto con las percepciones de control personal disminuido frente a las oportunidades antisociales. Los participantes con niveles más altos de pensamiento criminal reportaron la mayor probabilidad de involucrase en un comportamiento antisocial en los tres niveles de certeza. El pensamiento criminal moderará el efecto de la certeza sobre la probabilidad de involucrarse en un comportamiento antisocial al aumentar desproporcionadamente la probabilidad de participar cuando las posibilidades de ser atrapado eran bajas y el pensamiento criminal era alto.

Se concluye que los requisitos racionales, la certeza de ser atrapados, y los elementos no racionales, el pensamiento criminal, de la toma de decisiones antisociales contribuyen significativamente a las decisiones de las personas de participar en conductas antisociales. Las personas con niveles más altos de pensamiento criminal tenían más posibilidades de participar en estas oportunidades que los que presentaban niveles más bajos, independientemente de la certeza de aprehensión. Cuanto más baja era la posibilidad de ser atrapado mayor era la probabilidad de que una persona con alta mentalidad criminal participase en el acto. Por tanto, lo pensamiento de invulnerabilidad y excepcionalidad envalentonaron a los participantes a medida que disminuían las probabilidades de detención.  Aquellos con un pensamiento reactivo ejercen un mayor control personal cuando la certeza de castigo es alta que cuando es baja.

Una implicación de estos resultados es que los factores no racionales también son importantes en la toma de decisiones criminales.  El pensamiento criminal reactivo estimula la emoción hedonista, que a su vez interfiere con la función utilitaria del proceso de toma de decisiones. El pensamiento proactivo limita o anula la emoción moral, lo que limita el impacto de las consideraciones morales de las decisiones. Otra implicación es que las intervenciones cognitivo – conductuales deben ser efectivas para abordar la toma de decisiones criminales.  Los valores, enseñar habilidades cognitivas básicas y mejorar el autocontrol deben ser efectivos para abordar la toma de decisiones.

 

 

Características neuropsicológicas y criminológicas de las homicidas femeninas. Club de Ciencias Forenses.

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Neuropsychological and criminological features of female homicide offenders” de Fox, Brook, Heilbronner, Susmaras y Hanlon; en él nos hablan de las características tanto neuropsicológicas como criminales de las mujeres que han cometido un asesinato, así como una comparación con sus homólogos masculinos y las diferencias que pueden presentar las autoras de crímenes premeditados y la de los impulsivos.

En todo el mundo el 80% de los homicidios son cometidos por hombres, esto ha provocado que las mujeres homicidas no hayan sido tan estudiadas. Es cierto que del cómputo general de homicidas la representación de las mujeres es escasa, pero, si solo se examina las mujeres criminales, el 30% de ellas han sido condenadas por homicidio frente al 23% de los hombres, según datos del Bureau of Justice Survey del 2014. Estas cifras arrojan que un porcentaje bastante alto de mujeres delincuentes han cometido un homicidio, por tanto, es interesante estudiar a este tipo de criminal.

Estudios anteriores mostraban como las mujeres autoras de un homicidio pertenecían a minorías étnicas o raciales y habían tenido una infancia difícil ya que podían tener padres delincuentes y una de cada tres había sufrido abusos psicológicos y la mitad de ellas abusos sexuales durante la infancia.

Generalmente, tenía un nivel de estudios inferior a la media de la población y provenían de zonas con un nivel socioeconómico bajo. También presentaban abuso de sustancias y trastorno de la personalidad antisocial en mayor medida que la población femenina general, al igual que tenían antecedentes penales previos y un inicio temprano en la conducta criminal. En el momento de la comisión del crimen estaban desempleados o trabajaban como prostitutas y presentaban abuso de sustancias o trastornos mentales.

La motivación para el homicidio generalmente es la resolución de un conflicto interpersonal y por ello, las víctimas suelen ser familiares, sus parejas o sus propios hijos. Cuando son sus parejas, en muchos casos, es para acabar con una historia de abuso. Son escasas las mujeres que matan a extraños, en estos casos suelen presentar mayor número de antecedentes penales juveniles y una personalidad psicopática.

Las mujeres asesinas tienen gran prevalencia de los factores de riesgos de deterioro cognitivo. Se ha comprobado que los traumas y el abuso de sustancias incrementan la impulsividad y dificultan la regulación emocional.

Los homicidas en general pueden caracterizarse por tener diferencias estructurales y de función cerebral. Un estudio por neuroimagen hecho en 270 homicidas encontró que un 18% presentaban anormalidades en la estructura cerebral como atrofia cortical o cambios en la materia blanca. Aunque esto no ha sido estudiado concretamente en agresoras femeninas se presupone que ocurre en el mismo modo.

En otro estudio se encontró que aquellos que cometieron crímenes premeditados tenían mayores puntuaciones en inteligencia, memoria, atención y funcionamiento ejecutivo que los que cometieron crímenes impulsivos.

En un estudio de autoinforme concluyó que las reclusas tenían más dificultades cognitivas, específicamente en memoria, comparada con los reclusos varones. También se ha concluido que el deterioro cognitivo en relación a la velocidad de procesamiento y atención de las reclusas se asocia a problemas de conducta. Es necesario mayor investigación en cuento a la capacidad cognitiva en mujeres delincuentes violentas.

En el estudio de Fox et al. se buscaba explorar las características cognitivas e históricas únicas de los homicidas. Para ello primero se examinaron las diferentes características demográficas, neurológicas, psiquiátricas, de abuso de sustancias, criminales y victimológicas de un grupo de agresores masculinos y otro femenino. Después, se pasó a realizar el perfil cognitivo del grupo de homicidas femeninas para después compararlo con el del grupo masculino. Para acabar, compararon los perfiles cognitivos de las homicidas impulsivas con las que cometieron el crimen con premeditación.

Para llevar a cabo el estudio se contó con 27 mujeres y 81 hombres con edades entre los 15-67 años, que estuvieran cumpliendo condena por asesinato en primer grado. Dividiéndolos luego en función del sexo y de si su crimen era premeditado o impulsivo.

Todos los participantes se sometieron a una entrevista clínica y a una batería de pruebas cognitivas, en seis dominios: funciones intelectuales, atención, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento, razonamiento y funcionamiento cognitivo, función de memoria anterógrada, funciones de lenguaje y habilidades visoespaciales.

Un alto porcentaje de las mujeres presentaban trastornos del estado de ánimo, trastorno límite de personalidad y abuso. En cambio, un alto porcentaje de los hombres presentaban trastorno de la personalidad antisocial y abuso de drogas, concretamente de marihuana. No se encontraron otras diferencias en las características sociodemográficas o criminales.

En lo relativo al perfil cognitivo las mujeres tuvieron un rendimiento deteriorado en la función ejecutiva que estaba basada en el lenguaje, así como en comprensión lectora y memoria verbal para información no estructurada. Obtuvieron puntuaciones bajas, aunque dentro de los límites normales, para el test de inteligencia, de comprensión verbal, razonamiento perceptual, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento.

En cuanto a las diferencias entre homicidas hombres y mujeres se ha visto que las mujeres obtienen peores resultados que los hombres en la codificación y el recuerdo diferido de la información verbal no estructurada, aunque se comprobó que estos últimos no eran significativos. No se ha encontrado diferencias entre el resto de dominios cognitivos.

En lo relativo a la premeditación, los hombres cuyos homicidios fueron predeterminados superaron a los impulsivos en todos los dominios, mientras que las mujeres de homicidios predeterminados superaron a las impulsivas en memoria de trabajo y dominio del lenguaje.

Como conclusión se puede decir que unas habilidades verbales disminuidas pueden estar asociadas a violencia extrema en mujeres. Aunque aquellas que cometen un crimen premeditado presenta puntuaciones mayores en las mismas.

Las mujeres con historial de abuso sexual tienen un lenguaje más pobre, una alta prevalencia de lesión cerebral, y menores niveles de premeditación. Se puede establecer, por tanto, una evidencia preliminar entre una reducción de las habilidades verbales y las lesiones craneales como potencial factor de riesgo en asesinatos de primer grado impulsivos cometidos por mujeres con un historial de abuso sexual.

De los delitos de cuello blanco a los homicidios de cuello rojo. Parte II. Club Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, a continuación presentamos la segunda parte del resumen del artículo “The Arrogant Chameleons: Exposing Fraud-Detection Homicide” de Perri y Litchenwald , en el que explican las características de aquellos delincuentes de cuello blanco que pueden llegar a realizar crímenes al descubrir sus fraudes, así como consejos sobre cómo realizar entrevistas a este tipo de criminales. 

Muchas agencias de aplicación de la ley en América del Norte utilizan la técnica REID como método de entrevistar e interrogar a sospechosos. Los partidarios de la técnica argumentan que ayuda a extraer información de participantes poco dispuestos. La técnica utilizada en el caso de Porco parece ser la Técnica REID, y aunque generalmente es útil, existen límites para su éxito dependiendo del tipo de persona entrevistada. La técnica REID incluye nueve pasos de interrogatorio, pero algunas de estas técnicas pueden ser contraproducentes cuando se trata de personalidades psicópatas.

Una de las premisas de la Técnica REID es que el entrevistador debe tener el control de la entrevista, evitando que el sospechoso niegue la culpa al cortar las explicaciones insatisfactorias y, en última instancia, trabajar hacia una confesión.

La manipulación psicológica comienza antes de que el entrevistador abra la boca. El diseño físico de una sala de interrogatorios está diseñado para maximizar la incomodidad y la sensación de impotencia de un sospechoso. El objetivo es crear una sensación de exposición, desconocimiento y aislamiento. Una vez que comienza el interrogatorio, el entrevistador puede usar evidencia real o inventada para confrontar al sospechoso con el objetivo de hacer que el sospechoso vea lo inútil que es no confesar. Sin embargo, si el sospechoso pide un abogado, la entrevista debe detenerse. Muchas técnicas de entrevista como la Técnica REID también involucran el uso de emociones como una herramienta para ser utilizada por el entrevistador para hacer que un sospechoso brinde información veraz sobre un crimen en particular, ya sea fraude o crimen violento.

Cuando se trata de entrevistar a un delincuente de cuello rojo, los enfoques tradicionales deben modificarse radicalmente para abordar tanto el comportamiento como la perspectiva del psicópata. En los casos en que el entrevistador sospecha que se encuentra en presencia de un verdadero psicópata, es razonable comenzar la entrevista utilizando las tácticas adecuadas para un sospechoso psicópata. Si el entrevistador comienza a usar una estrategia más apropiada para un no psicópata, al darse cuenta de que la estrategia no está funcionando, es posible que no pueda cambiar las estrategias de manera efectiva a mitad de camino al interrogar al sospechoso. Con respecto a Christopher Porco, probablemente fue demasiado tarde para cambiar las estrategias y usar una estrategia psicópata como se discutió. Hubiera sido lo suficientemente inteligente como para sentir que la policía cambiaba de rumbo y usaba una estrategia diferente para él. El hecho de que los detectives siguieran tratando de evitar sus negativas en la entrevista no indujo en ningún momento a Porco a confesar o invocar su derecho a un abogado. La Técnica REID opina que si uno evita que el sospechoso niegue los hechos, el entrevistador puede reducir la probabilidad de que solicite el derecho a un abogado.

La sofisticación de Porco puede haberse derivado del conocimiento de que podría terminar la conversación en cualquier momento exigiendo la representación de un abogado. Es probable que participase en la entrevista durante todo el tiempo que lo hizo en un esfuerzo por averiguar lo que la policía sabía, al igual que la policía quería que divulgara información. Además, Porco probablemente anticipó las preguntas del entrevistador y ensayó las respuestas que le daría. Teniendo en cuenta que su padre era abogado, la comprensión de Porco de las advertencias de Miranda era sin duda mayor que la del sospechoso promedio.

Además, dado que el enfoque tradicional para entrevistar a un no psicópata puede implicar juegos de poder entre el entrevistador y el entrevistado, un psicópata verá la estrategia del entrevistador y probablemente se negará a hablar con el investigador. Es por eso que es importante para un investigador, en la medida de sus posibilidades, evaluar si él o ella está conversando con un psicópata antes de seleccionar una estrategia de entrevista. El psicópata evalúa intensamente cada movimiento y palabra que pronuncie el investigador. El psicópata es un verdadero depredador con instintos de cazador, incluso cuando no exhibe abiertamente esas cualidades. En el caso de Porco, la modificación de la Técnica REID que permitía al sospechoso pensar que tenía el control, permitiéndole revelar explicaciones inconsistentes e inverosímiles sin detener las negativas, habría producido más pruebas para los detectives y, en última instancia, para el jurado.

Por todo ello, a la hora de entrevistar a un posible psicópata, algunas de las mejores estrategias serían las siguientes:

  1. Evite confrontar al criminal de cuello rojo con el estilo que los autores observaron en el caso de Christopher Porco. Los investigadores obtuvieron poca información del enfoque que usaron.
  2. Si es evidente que el sospechoso entrevistado es probablemente el culpable, el objetivo del entrevistador es recopilar la mayor cantidad posible de hechos incoherentes e inverosímiles. Presentar evidencia incriminatoria al criminal de cuello rojo no aumenta la probabilidad de una confesión.
  3. Si el psicópata muestra emoción, el entrevistador debe ser consciente de que son emociones aprendidas al observar cómo se comportan los demás en una situación dada. No se debe modificar la estrategia creyendo que el psicópata dará una confesión del crimen. El psicópata puede estar utilizando esta estrategia por varias razones (por ejemplo, para probar la estrategia del entrevistador, evaluar cuán inteligente es el entrevistador, sondear al entrevistador por debilidad personal…).
  4. El entrevistador no debe hacer amenazas que no puede llevar a cabo. Por ejemplo, si el entrevistador dice que hay evidencia que apunta a la culpabilidad del sujeto, pero el entrevistador no la muestra cuando el sujeto pide verla, el entrevistador ha perdido cualquier posibilidad de obtener información útil. Intentar usar juegos mentales será contraproducente para el entrevistador.
  5. La entrevista del criminal psicópata no puede basarse en apelaciones de simpatía, remordimiento, arrepentimiento u obligaciones sociales. La entrevista debe basarse en un formato no emocional y el diálogo debe girar en torno a hechos y evidencia específica. Las amenazas de castigo no tienen consecuencias para este sospechoso.
  6. En caso de ser un sospechoso de “cuello rojo” (es decir, especialmente violento), un entrevistador debe considerar cuestiones de seguridad al entrevistarle.

Muchas personas, especialmente las que hacen cumplir la ley, creen que para que la entrevista sea un éxito, es imprescindible obtener la confesión. Sin embargo, la definición de una entrevista exitosa debe ser modificada para los sospechosos psicópatas. El hecho de que un detective no obtenga una confesión no significa que la entrevista no fue un éxito. De hecho, las respuestas inconsistentes e inverosímiles que el detective obtiene del criminal de cuello rojo son devastadoras cuando se revelan en el tribunal. Por lo tanto, si hay evidencia física, ya sea directa o circunstancial, las explicaciones inconsistentes ofrecidas por el acusado son invaluables para la acusación.

Los expertos analistas de conducta en gestión del fraude deben ser parte de un equipo de investigación de homicidios si la evidencia sugiere que la detección de fraude puede haber sido el motivo del asesinato. Aunque otros tipos de evidencia física pueden ayudar a encontrar posibles sospechosos, estos expertos pueden estar en una posición única para descubrir un motivo que la evidencia física no revela. Muchos de estos asesinatos revelaron poco en términos de motivos hasta que la evidencia expuso un esquema de fraude subyacente anterior al asesinato. Además, al descubrir el comportamiento fraudulento anterior al asesinato, los analistas de conducta fraudulenta pueden reducir el campo potencial de sospechosos e incluso participar en estrategias preventivas. De hecho, volviendo al caso de Porco, el vínculo con la detección de fraude fue crucial para establecer un motivo para el asesinato cuando la acusación tenía evidencia directa débil, pero evidencia circunstancial de culpabilidad. Los hechos del caso revelan que las víctimas se encontraban en una posición única para detectar el fraude, lo que explica por qué eran los objetivos de los homicidios. Sería conveniente que los expertos en gestión del fraude pudieran informar sobre posibles víctimas potenciales en riesgo. Estos expertos deben de ponerse en el lugar de la posible víctima y preguntar qué sabía que podría amenazar a alguien. ¿La posible víctima podría hacer algo con su conocimiento del fraude del acusado que podría aumentar la probabilidad de que él o ella sea un objetivo de violencia? Como hemos explicado, el delincuente de cuello rojo actúa con una violencia extrema cuando es descubierto el fraude que ha realizado (usualmente fraudes característicos de delincuentes de cuello blanco). Por ello, especialmente en los casos en los que se sospecha que quien ha realizado el fraude puede ser un psicópata y además se sospecha la existencia de un riesgo de desencadenar episodios violentos al ser descubierto, es necesaria una correcta gestión del fraude desde el análisis de la conducta del individuo para, de este modo, establecer medidas preventivas y de seguridad al tratar el conflicto, y en caso de que el conflicto ya se haya desencadenado, familiarizar a los entrevistadores con los rasgos del psicópata para planificar una estrategia de entrevista que ayude a encontrar todas aquellas incongruencias que conduzcan a su condena.

De los delitos de cuello blanco a los homicidios de cuello rojo. Parte I. Club Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, a continuación presentamos el resumen del artículo “The Arrogant Chameleons: Exposing Fraud-Detection Homicide” de Perri y Litchenwald , en el que explican las características de aquellos delincuentes de cuello blanco que pueden llegar a realizar crímenes al descubrir sus fraudes, así como consejos sobre cómo realizar entrevistas a este tipo de criminales. 

Este estudio es el segundo de una serie dedicada a comprender qué son los criminales de cuello rojo. Es fundamental partir de una base para comprender el artículo, y es que en ningún caso se pretende mostrar e imponer que existe un tipo de delincuente clasificado “de cuello rojo”, más bien es una forma coloquial que usa el estudio para referirse a un subgrupo de delincuentes de cuello blanco que son capaces de usar una violencia cruel y brutal contra personas a las que creen que han detectado sus delitos de cuello blanco. Así lo recoge el primer estudio, “Detección de fraude de homicidios: una propuesta de clasificación criminal del FBI” (Perri y Lichtenwald, 2007), siendo ellos los primeros en usar este término de “cuello rojo”.

El estudio que a continuación se resume explica por qué los criminales de cuello rojo no son capaces de cometer actos de violencia contra sus víctimas sin exponer tanto sus delitos de cuello blanco. Los datos sugieren que el rastro de evidencia dejado por el delincuente de cuello rojo muestra el fracaso del delincuente de cuello rojo en evitar la detección y revela su motivo para el asesinato. Además, los hallazgos relacionados con los criminales de cuello rojo se correlacionan con los rasgos conductuales de la psicopatía. Los autores ofrecen sugerencias sobre cómo los investigadores deben enfocar las entrevistas con acusados ​​psicópatas. La transcripción es un cuadro crítico que demuestra que los métodos tradicionales de interrogatorio pueden no ser suficientes cuando se trata del interrogatorio de criminales de cuello rojo y que se puede requerir un enfoque alternativo.

Un aspecto único de este estudio es que se basa en hallazgos extraídos de casos de homicidios en los que los delincuentes de cuello blanco se volvieron violentos y se convirtieron en delincuentes de cuello rojo cuando sus víctimas detectaron su comportamiento fraudulento. En el estudio previo que se mencionó anteriormente, se examinaron los datos disponibles de 27 casos penales, organizando los datos en una matriz. Aquí, los autores analizan evidencia de asesinato específica de un caso, derivada del estudio anterior para identificar rasgos psicológicos o tendencias de comportamiento típicas de criminales de cuello rojo identificados. La hipótesis es que la identificación de rasgos psicológicos y / o tendencias de criminales de cuello rojo podría ser beneficiosa al proponer una explicación de cómo los criminales de cuello rojo, que se han involucrado principalmente en delitos de cuello blanco, llegan a creer que son capaces de participar con éxito en un asesinato y ser capaces de escapar sin ser detectados.

Un camaleón es un reptil que tiene la capacidad de cambiar el color para que coincida con su entorno con el fin de evitar la detección. Los delincuentes de cuello blanco prosperan en la capacidad de evitar la detección para llevar a cabo sus planes de fraude; Tienen la capacidad, como un camaleón, de adaptarse a un entorno determinado. ¿Qué sucede, entonces, cuando los delincuentes de cuello blanco intentan convertirse en delincuentes violentos? ¿Tienen la capacidad, como el camaleón, de cambiar su complexión para evitar la detección? ¿O no logran exponer sus verdaderos colores porque sus habilidades criminales de cuello blanco son inadecuadas cuando se aplican a actos delictivos violentos?

Los datos del caso de asesinato revelan ciertos rasgos de comportamiento que explican por qué los criminales de cuello rojo creen que sus habilidades de crimen de cuello blanco pueden duplicarse como criminales violentos. Los rasgos de comportamiento son el efecto de sus características psicopáticas. Aunque los psicópatas tratan de “mezclarse”, los déficits en su naturaleza psicopática, es decir, la grandiosidad, los controles impulsivos pobres, etc., dificultan su capacidad para prever con precisión las consecuencias de su comportamiento. Los psicópatas tienen dificultades para proyectarse hacia el futuro, lo que quiere decir que tienen problemas para comprender cómo actúan sus acciones en la vida (real), y también tienen deficiencias para reflexionar sobre su pasado. La incapacidad de un delincuente de cuello rojo para pensar en un plan que tenga en cuenta los riesgos potenciales de ser atrapado, y el rastro de evidencia dejado atrás, es otro sello distintivo de su comportamiento.

La información descriptiva es consistente con la conclusión del Dr. Hare de que debido a estos déficits, la realidad autopercibida del criminal de cuello rojo está distorsionada. Dicho de otra manera, un psicópata inventa la realidad para ajustarse a sus necesidades. La creencia grandiosa del criminal de cuello rojo de que al haber cometido un asesinato, él o ella de alguna manera evitará la detección, se prueba que es falsa. De hecho, los datos reflejan exactamente lo contrario. El egocentrismo característico de estos “camaleones” produce una visión demasiado confiada de su capacidad para evitar la detección, por lo que en algunas ocasiones no se molestan en ocultar evidencia incriminatoria.

Un ejemplo de sto lo encontramos en el caso de Robert Petrick. Janine Sutphen subestimó a su marido; Robert Petrick era, de hecho, capaz de dañarla financiera, emocional y físicamente. Después de que Sutphen se diera cuenta de los esquemas fraudulentos de Petrick que afectaban sus cuentas bancarias, Petrick comenzó a planear su asesinato. Según la acusación, Petrick mató a su esposa después de que ella hubiese detectado sus planes de fraude y posteriormente informó que había desaparecido como una forma de desviar la atención hacia él. Janine Sutphen fue encontrada cerca de su casa, envuelta en una lona, ​​saco de dormir, mantas y cadenas, y flotando en el lago Falls de Raleigh. Había muerto de asfixia. La acusación ofreció evidencia de un plan de asesinato recuperado de las búsquedas en el ordenador del acusado. El acusado había buscado bajo “22 formas de matar a un hombre con sus propias manos”, y otras búsquedas de Google incluyeron las palabras “cuello”, “chasquido” y “ruptura”. Es interesante observar que el acusado era un consultor informático que debería haber sabido que las búsquedas se guardan y se pueden recuperar. La respuesta de Petrick al uso de esta evidencia por parte de la fiscalía fue que su esposa tenía entrenamiento en artes marciales, y que podría haber estado buscando en Internet. Hubo otras búsquedas sobre el nivel del agua en el lago donde se encontró el cuerpo de Sutphen, y parecía no tener buenas explicaciones para esas búsquedas. Tampoco parecía tener razones creíbles para las búsquedas de Google sobre el tema de “descomposición corporal”, “rigor mortis” y otros sitios web que explican cómo se deteriora el cuerpo humano. Según los detectives, las búsquedas de Google ocurrieron varias semanas antes de que Petrick informara que su esposa había desaparecido y un día después de que los testigos la vieron por última vez.

Durante el período de tiempo que supuestamente faltaba su esposa, un testigo, un hombre que se hizo amigo de Petrick, recordó que cuando se le preguntó por su esposa, Petrick pareció molesto e indicó que había muerto de cáncer. Petrick engañó a las personas con signos externos de las emociones aprendidas observando a los demás y observando cómo se comportaban, emocionalmente, en un conjunto dado de circunstancias. La fiscalía encontró a otra mujer conocida por Petrick que alegó que había vaciado fraudulentamente sus cuentas bancarias para comprar un ordenador. Otra testigo testificó que ella y Robert habían estado recibiendo asesoramiento prematrimonial y habían fijado una fecha para la boda, incluso antes de haber matado a su esposa.

La Lista de verificación psicopática de Hare es una herramienta esencial para un entrevistador, no solo en la investigación de delitos de cuello blanco, sino también de delitos de cuello rojo. Los investigadores expuestos a los hallazgos de Hare pueden centrarse tanto en los aspectos tangibles de las investigaciones de homicidios como en las cualidades intangibles del comportamiento psicopático que pueden surgir durante una entrevista, cuya detección requerirá un ojo entrenado. Un entrevistador familiarizado con los rasgos puede hacer preguntas, evaluar respuestas y observar el comportamiento para determinar si la entrevista debe conformarse para adaptarse a una mentalidad psicopática. El entrevistador debe ser consciente del hecho de que el delincuente de cuello rojo está invirtiendo energía mental para comprender lo que representa el investigador.

La capacidad de uno para interpretar el comportamiento psicopático aumenta si el entrevistador no es visto como una amenaza para el delincuente de cuello rojo. Durante la primera entrevista, un entrevistador puede no tener el tiempo para explorar estos rasgos psicopáticos: a) la necesidad de estimulación, b) afecto superficial, c) insensibilidad, d) controles conductuales deficientes, e) problemas conductuales tempranos, y f) delincuencia juvenil; por lo tanto, los autores recomiendan evaluar si el entrevistador está en presencia de un psicópata al revelar aquellos rasgos que probablemente sean más cruciales.

Entre las pruebas más devastadoras que los acusados ​​pueden revelar sobre sí mismos se encuentran las declaraciones hechas a la policía o a terceros. Obtener una declaración es crítico porque el acusado puede revelar sus motivos, estado de ánimo, “hechos” inconsistentes con la evidencia física y otras imposibilidades. En la mayoría de los asesinatos estadounidenses, los acusados ​​hicieron declaraciones que son incriminatorias, poco convincentes e inconsistentes, o alguna combinación de ellas. Aunque el psicópata tiene la habilidad de parecer encantador para ejercer un comportamiento manipulador, esta fortaleza también es una debilidad en la investigación de un asesinato.

Los delincuentes de cuello rojo “camaleónicos” creen que debido a sus puntos de vista embellecidos sobre sus propias habilidades de manipulación, son capaces de crear escenarios ficticios que otros aceptarán. El hecho de que estén hablando con un investigador entrenado no disminuye el auto engaño del psicópata, y pueden disfrutar de la entrevista e intentar ser encantadores. Sin embargo, los criminales de cuello rojo comienzan a perder su capacidad de mezclar ideas y evitar la detección cuando la evidencia comienza a señalarlos como culpables de asesinato.

El hecho de que los criminales de cuello rojo no sean veraces no es tan importante como lograr que estos “camaleones” hablen. Sin embargo, los entrevistadores deben ser conscientes de que entrevistar al psicópata puede ser un desafío si la entrevista no avanza con el objetivo de obtener información inconsistente e inverosímil en lugar de hacer que el “camaleón” diga la verdad. Además, incluso si el sospechoso es confrontado con evidencia que contradice sus afirmaciones, no hay que esperar que el sospechoso muestre ansiedad o incomodidad emocional. Tales manifestaciones externas de emoción que un no psicópata exhibiría si se confrontara con evidencia incriminatoria no es característica de los psicópatas. Sin embargo, haciendo que el psicópata hable, un rastro de declaraciones que no tienen sentido vendrá de la mano y producirá una poderosa imagen de engaño y falta de credibilidad en el juicio.

Un caso que ejemplifica este punto es el homicidio de Christopher Porco. En este caso, el acusado, Christopher Porco, usó un hacha de bombero para que su padre muriera mientras dormía. El hijo asesinó a su padre, quien descubrió el comportamiento fraudulento de su hijo y se enfrentó a su hijo. Intentó matar a su madre que también había estado durmiendo junto a su marido, pero ella sobrevivió. La policía interrogó a Christopher Porco en un intento de descubrir la verdad; sin embargo, durante el interrogatorio de 6 horas, no mostró emoción, nunca se estremeció y nunca confesó el asesinato. Las inconsistencias provocadas fueron importantes, pero los entrevistadores nunca las explotaron adecuadamente.

Había signos de advertencia de las cualidades psicópatas en Christopher Porco: había dejado un rastro de comportamiento engañoso, había obtenido préstamos fraudulentamente utilizando a sus padres como deudores sin su conocimiento, y había varias correspondencias por correo electrónico entre Porco y sus padres que demostraban la tensión entre las partes. Sus padres finalmente lo confrontaron con respecto a su comportamiento fraudulento y amenazaron con ir a las autoridades para tomar medidas contra él. En un correo electrónico, su padre escribió: “¿Usaste mi firma? ¿Qué diablos estás haciendo? Deberías haberme llamado para hablarlo … Llamaré a Citibank para averiguar qué lo has hecho y les voy a decir que no voy a estar como codeudor “.

Sorprendentemente, al día siguiente, Citibank notificó a Peter Porco que su hijo también había obtenido una línea de crédito para comprar su nuevo Jeep Wrangler. Una vez más, Christopher había usado el nombre de su padre como co-signatario para asegurar el préstamo del coche. Los padres trataron de comunicarse con Christopher por teléfono, pero Christopher no les habló. En otro correo electrónico, el padre escribió: “Quiero que sepas que si vuelves a abusar de mi crédito, me veré obligado a presentar declaraciones juradas de falsificación para negar responsabilidad y eso se aplica al préstamo de Citibank si intentas reactivarlo o usar mi crédito para obtener cualquier otro préstamo “.

Varios de los psicólogos del área de Albany, Nueva York y profesionales de la salud mental familiarizados con el caso se enfocaron en el patrón continuo de mentiras y engaños de Porco y declararon que el comportamiento de Porco era consistente con el de un psicópata. Además, estos profesionales señalaron su patrón de percepciones grandiosas de sí mismo como miembro de una familia adinerada e influyente. Se sabía que Porco le había mentido a amigos y conocidos sobre una herencia ficticia por valor de millones de dólares de su abuelo. Incluso se informó que su padre le dijo a un compañero de trabajo que su hijo menor era sociópata.

Después de haber pagado la fianza, mucha gente descubrió que el comportamiento de Christopher Porco era extraño dada la gravedad de los cargos de asesinato en su contra. Mientras esperaba el juicio, se lo encontró arrogante, bebiendo en bares, asistiendo a conciertos, yendo a establecimientos de entretenimiento… Este comportamiento se ajusta a los rasgos de un individuo psicópata que necesita grandiosidad y embellecimiento.

Es interesante notar que durante una entrevista con CBS, en respuesta a una pregunta sobre visitar a su madre en el hospital, Porco declaró: “La vi, estaba hinchada y cubierta de tubos, y mi reacción fue: rompí a llorar”. Me caí al suelo allí mismo “. Sin embargo, el ex ministro de Juventud, Joseph Catalano, que había ido al hospital para estar con Porco afirmó haber quedado “impresionado por el extraño comportamiento de Christopher, porque no parecía mostrar ningún dolor”. El uso que hace el psicópata de la “estrategia del camaleón” no es sorprendente, ya que intentará leer una situación y determinar la respuesta emocional apropiada o esperada que parezca simpatizar adecuadamente con los demás. Cuando Porco fue entrevistado por la policía un día después del homicidio, no mostró ninguna emoción, lo que es notable dado que la entrevista duró más de 4 horas.

El caso de Porco es una ilustración importante de cómo no realizar una entrevista cuando el sospechoso es un delincuente de cuello rojo. Aunque hubo aspectos de la entrevista que demostraron ser útiles, el enfoque del investigador no coincidía con la estructura psicológica del entrevistado. Con demasiada frecuencia, los investigadores de crímenes violentos intentan abrumar al sospechoso jugando en su mentalidad emocional. Este enfoque es extremadamente efectivo, especialmente con un sospechoso no psicópata. Pero no es útil para un verdadero criminal de cuello rojo.

A lo largo de la entrevista, los investigadores obtuvieron el testimonio que, para un entrevistador entrenado, habría revelado rasgos psicopáticos. Por ejemplo, durante la entrevista, Porco admitió que era impulsivo, irresponsable, mentiroso, tenía una visión exagerada de sí mismo, se involucraba en la grandiosidad y disfrutaba impresionar a los demás con hechos ficticios. Lo más importante fue la falta de una exhibición de afecto emocional. Muchos acusados ​​de asesinato no psicópatas se derrumban emocionalmente debido a la necesidad de desnudar sus almas, llorar, temblar y mostrar otros atributos que se esperan de alguien empujado a tal escenario. Sin embargo, este no fue el caso.

Suponiendo que no fuera demasiado tarde para hacerlo, una vez que los entrevistadores sospecharon que su sospechoso tenía características fuertes de un psicópata, su estrategia debería haber reflejado un enfoque no conflictivo. Uno observa a los entrevistadores tratando de “subir la voz” contra Porco con un aluvión de preguntas destinadas a romperlo emocionalmente para que él confiese el asesinato. El investigador intentó jugar con las emociones y virilidad de Porco como una estrategia para obtener una confesión, pero la estrategia no lo llevó a ninguna parte. Porco dio siempre respuestas suaves, ausentes de emoción; tampoco sus respuestas ofrecen ninguna idea del asesinato en sí. El investigador hizo preguntas sobre el fraude cometido por Porco, pero no presionó para obtener más detalles, que es precisamente el área que debería haberse examinado a fondo para revelar el verdadero motivo del acusado para el asesinato. El investigador debería haberlo confrontado con la correspondencia por correo electrónico con su padre que expuso su comportamiento fraudulento poco antes del asesinato.

El objetivo de los investigadores, en este caso, debería haber sido exponer las inconsistencias e inverosimilitudes de las respuestas de Porco. En lugar de intentar que se sienta culpable por sus acciones con la esperanza de una confesión, el investigador debería haber mantenido la calma, como Porco, para hacer preguntas. Cuando las respuestas de Porco no coincidían con la evidencia recopilada, el investigador debió haber confrontado tranquilamente a Porco sobre la inconsistencia y además le permitió la oportunidad de enterrarse con más mentiras. Cada investigador incorrectamente transfirió una explicación no psicópata sobre el asesinato tratando de infundir una emoción al asesinato para sugerir que de alguna manera la ira de Porco era el ímpetu para el asesinato. Los investigadores no entendieron que el problema no era sobre la ira o cualquier otra emoción, sino sobre usar el asesinato como una solución a un problema. Porco no participó en un debate moral interno sobre si el asesinato era una opción. La horrible manera en que realizó el asesinato no se correlaciona necesariamente con la cantidad de enojo que sentía Porco. Sin embargo, a lo largo de la entrevista, el investigador trató de vincular las emociones de Porco con el asesinato.

Aproximadamente a mitad de la entrevista, un detective de la policía del estado de Nueva York fue llamado para participar en el interrogatorio. Él fue muy responsable en su investigación, y no fue amenazante en su enfoque. Interrogó a Porco sobre su rasgo de grandiosidad, y a partir de ahí sobre el motivo de sus mentiras, sin mencionar nada relativo al asesinato. El detective no tuvo que intimidar a Porco para que admitiera que mentía. Sin embargo, a medida que avanzaba la entrevista, él también cayó en la misma estrategia que siguieron los otros detectives, que era utilizar un enfoque emocional y de confrontación.

Hay que pensar en cómo un fiscal podría usar esa admisión en un juicio con fines de destitución durante el interrogatorio de un acusado que declara inocencia. Si un acusado está dispuesto a mentir sobre los hechos más mundanos e inofensivos, ¿en qué está dispuesto a mentir cuando se trata de hechos importantes sobre un asesinato? El investigador debe tener en cuenta que atrapar a un delincuente de cuello rojo en una mentira no desquiciará emocionalmente al delincuente de cuello rojo para provocar una confesión. El criminal de cuello rojo simplemente irá a otra mentira. Contrariamente a la estrategia de investigación habitual, el remordimiento, la emoción y la pasión son irrelevantes, y el entrevistador debe explotar hábilmente este atributo psicopático. El investigador debería ser capaz de visualizar cómo se desarrollarán las respuestas inconsistentes e ilógicas del psicópata en un tribunal de justicia en beneficio de la fiscalía. Sin embargo, el criminal de cuello rojo no está pensando de antemano acerca de cómo se percibirán sus respuestas; el criminal es demasiado narcisista para ser lo suficientemente introspectivo, o para considerar cómo otros percibirán sus respuestas.

Por todo esto, es crucial que el investigador entienda a qué tipo de persona está entrevistando y elabore una estrategia efectiva. Desafortunadamente, la declaración de Porco a los investigadores no se usó en el juicio ya que los entrevistadores violaron su derecho constitucional de tener un abogado que lo represente a petición suya.

 

 

Los asesinos jóvenes ¿son psicópatas?. Club Ciencias Forenses

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, a continuación presentamos el resumen del artículo “Characteristics of Homicidal and Violent Juveniles” de David S y Geoffrey McKey en el que se investigan las características de los homicidas juveniles. 

La juventud homicida ha recibido considerable atención en los medios de comunicación y en la literatura de ciencias sociales en los últimos años. Debido a varios obstáculos metodológicos, se sabe relativamente poco sobre las características premórbidas y ofensivas de esta población. A pesar de los datos que sugieren una disminución general del homicidio juvenil desde 1993, las tasas siguen siendo preocupantes. Se ha observado que este fenómeno representa una gran preocupación social porque los perpetradores desafían las concepciones de larga data de la niñez y la adolescencia y crean serios dilemas para los sistemas de justicia penal y juvenil.

La mayoría de los estudios en esta área sufren de importantes limitaciones metodológicas al existir una dependencia excesiva en tamaños de muestra pequeños que limitan la validez externa de las conclusiones. Además, la mayoría de los estudios han utilizado muestras que abarcan un amplio rango de edad de delincuentes, que pueden ignorar diferencias importantes de desarrollo. Varios esfuerzos han utilizado muestras mixtas de personas homicidas agresivas y perpetradores de homicidios sin haber abordado directamente si los dos grupos son equivalentes en las variables de interés. Finalmente, los investigadores han demostrado una preferencia por estudiar a jóvenes que asesinan a miembros de la familia cuando, de hecho, este subgrupo representa solo del 10% al 20% de los casos de homicidio juvenil. Muchas de estas limitaciones metodológicas se pueden atribuir a la infrecuencia relativa de este delito y las dificultades relacionadas para encontrar una muestra grande en un entorno único.

Los estudios de predicción se han centrado en una variedad de factores psicológicos, cognitivos, familiares y ambientales que pueden estar asociados con el riesgo de un joven de asesinar. Los estudios con un enfoque en los predictores psicológicos han investigado la presencia del psicoticismo, las tendencias psicopáticas, o deficiencias de control de los impulsos en esta población. Los estudios de predicción cognitiva generalmente se han centrado en la inteligencia, las discapacidades de aprendizaje y las anomalías neurológicas. La mayoría de los estudios que examinan predictores familiares de homicidio en menores han examinado historias de abuso doméstico, inestabilidad y violencia, así como antecedentes penales y psiquiátricos anteriores. Finalmente, los estudios de predicción ambiental han examinado la influencia de las armas y las pandillas sobre el comportamiento homicida en la juventud.

El presente estudio que resumimos compara las características demográficas, históricas, clínicas, ofensivas y forense de una gran muestra de hombres jóvenes acusados ​​de asesinato con un grupo de comparación acusado de otros delitos graves y violentos. El objetivo principal del análisis es aumentar la comprensión de la juventud homicida a través de una comparación clínicamente significativa que mejora sobre varias debilidades metodológicas encontradas en estudios anteriores.

Para ello, se realizó una revisión de casos de una muestra grande de hombres jóvenes acusados ​​de delitos graves (es decir, asesinato, asalto y agresión con la intención de matar, secuestro, conducta sexual criminal, robo a mano armada, incendio premeditado y robo con allanamiento) que fueron derivados de 1987 a 1997 a un hospital psiquiátrico forense afiliado a una universidad para la evaluación preliminar de su competencia para ser juzgados y de su estado mental en el momento de la infracción. El funcionamiento psicológico, intelectual y social de cada menor fue evaluado por un psiquiatra y un psicólogo del personal al ingresar al establecimiento. Los diagnósticos del Eje I se obtuvieron mediante entrevistas semiestructuradas corroboradas por medidas de evaluación objetiva y protectora de la personalidad. Las estimaciones de inteligencia se obtuvieron utilizando medidas WISC-III y WAIS-R, así como los registros escolares anteriores. Los asistentes sociales del caso recopilaron historias personales de registros, miembros de la familia, documentos legales y otras fuentes de garantía. Un total de 30 hombres acusados ​​de asesinato se compararon con una muestra de 62 hombres acusados ​​de otros delitos graves y violentos. Las mujeres fueron excluidas del análisis debido a su muy baja representación (n = 7, 7.1%) en esta muestra.

Se recogieron datos demográficos, históricos, clínicos, ofensivos y forenses de cada cuadro hospitalario de menores, que incluía informes médicos, psicológicos y educativos previos, así como documentos legales, policiales y judiciales acompañantes. Los datos demográficos consistieron en la raza, la edad, el estado socioeconómico familiar, el estado de custodia (por ejemplo, en hogares de guarda) del menor y la presencia de hermanos. Datos históricos relacionados con la estabilidad familiar (por ejemplo, planteada por padres o adoptados), antecedentes familiares de salud mental, antecedentes de abuso físico, antecedentes de abuso sexual, antecedentes de negligencia, detenciones previas, colocación institucional correccional previa, antecedentes de abuso de sustancias, antecedentes mentales servicios de salud e historial de intentos de suicidio. Los datos clínicos contenían el grado actual y el estado de inscripción escolar del menor, colocación previa en clases remediales, emocionalmente discapacitadas, discapacitados mentales educables, historial de suspensiones o expulsiones, absentismo escolar y opinión del psiquiatra examinador del menor. Los datos ofensivos y forenses incluyen el número de cargos, la presencia de un codemandado, el uso de un arma, la ubicación del delito, la negación del acusado o la admisión de culpabilidad, la competencia para ser juzgado y tres variables que ocurren en el momento del delito: uso de sustancias, estado psiquiátrico (p. ej., descontinuación de medicamentos) y estado mental (p. ej., locura).

Para abordar los problemas metodológicos de las diferencias entre jóvenes acusados ​​de asesinato e intento de asesinato, los jóvenes de esta muestra acusados ​​de homicidio (n = 30) se compararon con jóvenes acusados ​​de intento de homicidio (asalto y agresión con intención de matar) (n = 27). Los resultados indicaron que no hubo diferencias significativas entre los grupos. En un análisis por separado, los juveniles se dividieron en tres grupos de edad (14 años y menos, 15 años y 16 años o más) para evaluar las diferencias en el desarrollo. No se encontraron diferencias significativas. Para abordar las preocupaciones de que los menores acusados ​​de intento de homicidio podrían ser diferentes de los delincuentes violentos no homicidas, se realizó un análisis por separado: no se encontraron diferencias significativas.

En cuanto a características demográficas, tampoco se observaron diferencias significativas entre las características demográficas de los dos grupos. La edad promedio fue de aproximadamente 15 años para los jóvenes homicidas y no homicidas. Aproximadamente las tres cuartas partes de los acusados ​​en ambos grupos eran afroamericanos. Una tendencia no significativa sugirió que los jóvenes homicidas tenían menos probabilidades de ser hijos únicos (13.3%) en comparación con otros jóvenes violentos (35.5%).

En cuanto a las características clínicas, los diagnósticos más frecuentes para jóvenes homicidas fueron trastorno de adaptación o abuso de sustancias (50.0%), mientras que los miembros del grupo no homicida eran más propensos a sufrir trastornos crónicos u orgánicos como trastorno de conducta, trastorno por déficit de atención, psicosis o trastornos del estado de ánimo (69.4%).

Por otro lado, se encontraron dos diferencias grupales significativas en las áreas de ofensas y características forenses. Los jóvenes homicidas tenían más probabilidades de haber actuado solos (46.7%) que los hombres acusados ​​de otros delitos violentos (8.1%). Además, los asesinatos fueron significativamente más probables de haber sido cometidos en un entorno doméstico (40%) en comparación con otras ofensas violentas (6.5%).

Otras dos características ofensivas merecen mención. Hubo una tendencia que indica que los jóvenes homicidas tenían más probabilidades (50%) de haber usado un arma de fuego que el grupo no homicida (19.4%) durante la comisión de la ofensa. Sin embargo, también hubo una tendencia que reflejó una mayor tasa de servicios de salud mental en el momento de la infracción en el grupo no homicida (40.5%) en comparación con la juventud homicida (8%). No se encontraron diferencias grupales significativas con respecto a las características forenses de la muestra. Sin embargo, una tendencia no significativa indicó que los jóvenes homicidas (78.6%) tenían más probabilidades de haber sido declarados competentes para ser juzgados que los jóvenes no homicidas (43.5%).

La mayoría de los acusados ​​de homicidio tenían un CI dentro del rango normal de inteligencia. Estos resultados son consistentes con estudios previos de autores de homicidios adolescentes que informan de rangos de CI dentro del rango límite a normal. El estado escolar general de los acusados ​​de homicidio, sin embargo, fue pobre. Muchos habían repetido al menos un grado (59.3%), habían estado en clases con problemas de aprendizaje (19.2%) y / o tenían antecedentes de absentismo escolar (60.0%) o expulsiones previas (71.4%). Sin embargo, los menores enfrentados a cargos por homicidio en esta muestra tenían menos probabilidades de repetir un grado o estar en clases con discapacidades de aprendizaje en comparación con poblaciones similares. Por lo tanto, si bien esta población puede, en promedio, poseer una inteligencia adecuada y tasas comparativamente bajas de desórdenes crónicos externos, sus historias escolares aún sugieren un ajuste deficiente, desconexión y relaciones interpersonales posiblemente tensas.

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