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Categoría: Delincuencia (página 1 de 9)

Confinamiento, ¿cómo ha afectado a la criminalidad? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Has COVID-19 Changed Crime? Crime Rates in the United States during the Pandemic” de Boman IV, J. H. y Gallupe, O. (2020), en el que se investiga la influencia de la influencia de la pandemia en la criminalidad de EE.UU.

¿Ha cambiado el crimen en los EE.UU como consecuencia de los confinamientos en casa por el COVID-19? Si es así, ¿ha disminuido o aumentado?

Casi todos los noticieros importantes que informaron sobre este tema desde que comenzaron los confinamientos han encontrado un fenómeno similar. Esto es, el crimen ha disminuido en EE.UU. La métrica más común de estos informes son las llamadas de servicio a la policía (al 911). Sin embargo, en dichas noticias, la medida en que la delincuencia ha disminuido desde el inicio de los confinamientos varía drásticamente.

Si bien casi toda la evidencia anecdótica apunta a que el crimen está disminuyendo, es importante darse cuenta de que todavía hay muchas incógnitas acerca de en qué medida el crimen ha disminuido en EE.UU. Tres factores complican esto más. Primero, para determinar definitivamente que la delincuencia ha disminuido en todo el país, se necesitan datos nacionales. O al menos datos representativos a nivel nacional.

En segundo lugar, las llamadas de servicio son una de muchas métricas para determinar si la delincuencia ha disminuido. En tercer lugar, la mayoría de los medios se centran en las grandes ciudades. Así, se necesitan análisis en ciudades pequeñas y medianas y áreas rurales para determinar si dicha disminución está sucediendo en todas las áreas de EE.UU.

A pesar de las evidencias de disminución del crimen, hay un estudio científico de Ashby que se publicó recientemente. Se enfoca en cómo el crimen pudo haber cambiado durante el COVID-19. Los hallazgos no mostraron un patrón consistente en cuanto a si el crimen había disminuido, aumentado o permanecido igual durante la pandemia. De hecho, su hallazgo más común fue que no hubo cambios en las tasas de criminalidad antes y después del COVID-19. Cuando hubo cambios, fueron aleatorios y parecían muy dependientes de qué ciudad o condado en particular se estaba analizando. Casi todas las pruebas de las llamadas de servicio en todo el país demuestran que la delincuencia ha disminuido. Sin embargo, Ashby descubrió que los delitos graves no han cambiado demasiado, dependiendo también en gran medida de la ubicación. ¿Cuál es la razón de esta diferencia?

La explicación más probable radica en los tipos de delitos investigados: la mayoría son delitos graves y delitos índice; por ello estaban en datos policiales disponibles públicamente. La naturaleza grave de estos delitos puede hacer que se comporten de manera diferente a los delitos menores más comunes o “cotidiano”.

Esto llama la atención sobre la distinción de Warr entre lo que él llama delitos grupales y no grupales. Los delitos grupales son en su mayoría delitos menores que se cometen en grupos que generalmente consisten en delincuentes más jóvenes. El propósito de estos delitos es aliviar el aburrimiento y ganar status y capital social. Por ejemplo: el vandalismo, allanamiento de morada y uso de sustancias.

Por otro lado, los delitos no grupales tienden a ser cometidos por individuos que actúan solos como los robos o agresiones graves o el homicidio. Así, los delitos estudiados por Ashby fueron casi todos delitos no grupales y graves que, generalmente, se cometen en solitario, no en presencia de otros, en redes o en grupos de pares.

Durante la pandemia, las dinámicas sociales entre amigos, conocidos, etc, claramente se ha visto alterada debido a los confinamientos y requisitos de distanciamiento social. Estas alteraciones de los patrones sociales son la fuerza impulsora detrás de la reducción de la delincuencia durante el curso de la pandemia. Sin acceso a grupos de pares, se elimina el contexto en el que ocurre gran parte del comportamiento delictivo.

Ahora, si bien estos requisitos han tenido un impacto claro en la delincuencia grupal, es poco probable que tengan relación con los actos delictivos que generalmente ocurren en situaciones en las que los grupos de pares no están presentes. En otras palabras, es poco probable que los confinamientos afecten a los delitos no grupales. En este caso, tendría sentido que delitos graves como el homicidio y la violencia de género no cambiaran durante un confinamiento. Especialmente al tratarse de un clima cargado de estrés mental y ansiedad.

Si esto fuera cierto, esperaríamos ver una estabilidad relativa en las cifras de homicidios de 2020 en comparación con 2019. Usando datos de dos ciudades que recientemente han sido puntos calientes de homicidios, Chicago y Filadelfia, no parece haber cambios notables en los homicidios en comparación con 2019. En consecuencia, los datos sugieren que los confinamientos no parecen haber tenido ningún efecto en los homicidios de Chicago. De hecho, pueden haber contribuido a un aumento del 15% en los homicidios en Filadelfia en 2020 en comparación con 2019. Así pues, también hay evidencia anecdótica de que la violencia de género puede haber empeorado como resultado de los confinamientos por la pandemia.

Los encierros han obligado a quienes cohabitan a permanecer en estrecha proximidad entre sí. Por tanto, han aumentado las oportunidades para cometer violencia doméstica y de género. Además, existen abundantes oportunidades de acceso a las víctimas y opciones limitadas para estas. Esto se debe a que la posibilidad de fuga y la probabilidad de intervención de las agencias de servicios sociales, muchas de las cuales están cerradas, ya no es una opción viable.

En resumen, los delitos menores, muchos de los cuales ocurren en grupos de pares, son bastante comunes en los EE.UU. Los comportamientos individualistas como la violencia de género y el homicidio son más infrecuentes, pero son mucho más perjudiciales para la sociedad. En consecuencia, las reducciones de los delitos menores terminarán haciendo que la tasa general de delitos disminuya también, incluso a pesar de los aumentos de delitos más graves.

Si bien la delincuencia en general ha disminuido, la razón por la que ha disminuido es probable que se deba a una disminución en los delitos menores, cometidos en gran parte por personas en grupos de pares. Al decretar confinamientos a raíz de la pandemia del COVID-19, los grupos de pares desviados –gente relativamente joven que cometen delitos menores por el capital social– fueron efectivamente eliminados durante la duración de los confinamientos.

Si la delincuencia en el lugar y el espacio disminuye, generalmente se considera algo bueno. Sin embargo, dada la posibilidad de que los confinamientos puedan haber hecho que los infractores menores tengan nuevas oportunidades de cometer delitos graves, es recomendable tener precaución contra una interpretación generalizada de que la caída del crimen durante el COVID-19 ha sido beneficiosa para sociedad.

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El cruce de líneas en documentos falsificados. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Model precision in partial least squares with discriminant analysis: A case study in document forgery through crossing lines” de Valderrama, L.; Março, P. H. y Valderrama, P. (2020), en el que se estudia la detección de falsificación de documentos mediante el cruce de líneas.

La falsificación de documentos es un tema de gran relevancia policial. Dichos fraudes pueden ocurrir por el mal uso de documentos en blanco o por la adulteración de un documento oficial.

Ahora bien, el análisis de documentos para detectar fraudes puede emplear metodologías destructivas o no destructivas. Con metodologías destructivas, una pequeña parte del documento debe eliminarse antes del análisis. En el análisis no destructivo se emplea la combinación de técnicas instrumentales y herramientas quimiométricas para la evaluación de tintas de pluma. Entre estas técnicas, la identificación de documentos falsificados mediante el cruce de líneas de tintas se investigó de varias formas.

También es posible trazar la evolución de este tipo de investigación. La década del 2000 fue importante por el empleo de espectroscopias vibracionales y otras, como la microscopía de fuerza atómica y la microscopía óptica, para la caracterización superficial de las líneas de tinta que se cruzan.

Actualmente, la imagen hiperespectral parece ser la técnica más utilizada en la evaluación del cruce de líneas.

No obstante, las metodologías desarrolladas mediante el uso de imágenes hiperespectrales no mostraron un éxito del 100%. Esto indica que todavía existe la necesidad de metodologías eficientes para resolver los problemas relacionados con la falsificación de documentos. Además, la introducción de las técnicas digitales en el estudio de documentos ha animado a los examinadores forenses de documentos a trabajar con mayor exactitud y precisión.

Así, los autores condujeron su propia investigación para examinar la eficacia de la técnica del cruce de líneas, o líneas cruzadas. Se generaron muestras para el análisis de líneas cruzadas en documentos en dos situaciones: documentos que se imprimieron y luego se firmaron (modo correcto — Situación 1) y documentos que se firmaron y luego se imprimieron (documentos fraudulentos — Situación 2). Después de una semana, las hojas que se habían impreso recibieron una cruz de trazas de las mismas muestras de pluma. Se imprimieron las hojas con las huellas de los diferentes bolígrafos de distintas marcas o modelos para realizar la firma. Por lo tanto, se obtuvo una línea cruzada de la impresión a través de las distintas impresoras utilizadas.

Las muestras descritas se utilizaron para producir un total de 60 muestras, empleando una impresora de inyección de tinta, y otras 60 muestras utilizando una impresora láser. El siguiente paso consistió en tomar una fotografía desde un iPhone sin flash, bajo una cinta de luz LED. La distancia desde la cámara a la hoja de papel era de unos 30 cm y el teléfono inteligente se sostenía de forma manual.

Estas imágenes se importaron al software Matlab R2007b y las regiones de líneas de cruce se utilizaron para obtener las matrices empleadas en el desarrollo de los modelos mínimos cuadrados parciales, con análisis discriminante (en inglés PLS-DA). Los modelos PLS-DA se desarrollaron para cuatro tipos de bolígrafos azules (bolígrafo, rollerball, gel y punta de fieltro) para discriminar la tinta específica de cada bolígrafo utilizando la impresora de inyección de tinta. La impresora láser se utilizó para probar la robustez de los modelos PLS-DA.

La distinción entre las dos situaciones consideradas en este estudio puede ser muy difícil de hacer sólo visualmente. Por esta razón, se utilizaron los PLS-DA para desarrollar modelos de clasificación supervisados. Para ello, cada línea de cruce representa una muestra.

Los resultados de los modelos PLS-DA mostraron que el método desarrollado presenta un gran potencial para la identificación de las secuencias de las líneas de cruce con respecto a los fraudes de documentos. Esto se debe a que suponen un análisis rápido y no destructivo sin preparación de la muestra.

La solidez, evaluada mediante el cambio de marca de impresora, modelo y modo de aplicación de tinta, mostró influencias significativas con los modelos de bolígrafo, rollerball y rotuladores. Sin embargo, esta influencia no se verificó para los bolígrafos de gel. Una posible explicación es que el bolígrafo de gel no se ve afectado por el modo de aplicación de la tinta de la impresora.

Por otro lado, para los otros tipos de bolígrafos, el modo de aplicación de tinta de la impresora influye en la predicción, disminuyendo la distinción entre las dos situaciones. Además, las diferencias en el tipo de punta, las características físicas de la tinta y sus composiciones químicas pueden influir en los resultados de la predicción. Asimismo, el modelo PLS-DA para el bolígrafo de gel se validó mostrando resultados comparables para los tres niveles, considerando la reproducibilidad con un iPhone 7.

La precisión en el nivel de reproducibilidad con iPhone presentó el menor valor. Sin embargo, la imagen obtenida de los documentos pudo ser predicha por el modelo, sin verse afectada por el modelo de iPhone y la resolución de la cámara. Las imágenes digitales junto con el modelo PLS-DA pueden considerarse robustas y precisas para el tipo de bolígrafo de gel.

Así, la metodología propuesta también se considera un aporte relevante al análisis forense de los documentos, proporcionando una evaluación simple, rápida, no destructiva y eficiente para dirigir la secuencia de cruces de líneas.

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La extracción de ADN en semillas de plantas. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Evaluation of plant seed DNA and botanical evidence for potential forensic applications” de Lee, C.; Huang, Y.; Hsu, I. C. y Lee, H. C. (2019), en el cual se investiga el potencial de extraer y tipificar ADN de semillas para individualizar aún más las muestras botánicas en investigaciones forenses.

Tal y como ya sabemos, se pueden encontrar varios tipos de evidencia botánica en la escena del crimen, como en la ropa, el calzado o armas. Así, una de las posibles técnicas de identificación de esta evidencia es mediante el ADN. Si somos capaces de extraer ADN de semillas no digeridas u otros materiales vegetales, podrían proporcionar pruebas valiosas durante las investigaciones penales.

Como resultado de la reproducción sexual en las plantas, se forman semillas con su propia genética única. La semilla incluye tres regiones: el embrión, la fuente de nutrición y la cubierta de la semilla.

El embrión es la planta esporofita joven que se convertirá en la planta adulta completa. Alrededor del embrión se encuentra la fuente de nutrición para alimentar al embrión antes de que este establezca un sistema de raíces y hojas para apoyar su propio crecimiento. Finalmente, alrededor de toda la semilla hay una capa denominada cubierta de la semilla. Cuando las condiciones de crecimiento son favorables (es decir, existe suficiente agua y luz), la cubierta de la semilla puede desencadenar la germinación o el brote de la semilla.

Actualmente, solo unos pocos resultados publicados ilustran cómo estos materiales vegetales pueden usarse con fines forenses. La mayoría de estos se basan en observaciones microscópicas que son útiles si es fácil identificar las semillas por morfología. Para explorar más el uso de evidencia vegetal en investigaciones forenses, las semillas solo pueden identificarse mediante métodos de ADN.

La catalogación de la diversidad genética en cualquier especie se puede lograr utilizando diferentes sistemas de marcadores morfológicos o de ADN.

En cualquier elección de un sistema de marcadores de ADN, es fundamental seleccionar marcadores que lo suficientemente variables en una población para distinguir entre individuos, incluso si son parientes cercanos. Esto ocurre con las semillas que pueden compartir un alto porcentaje de ADN común. En la mayoría de las aplicaciones forenses, se examinan las semillas u otras evidencias para determinar de qué tipo de especies de plantas pueden haberse originado. En última instancia, esto nos permitiría establecer un vínculo entre las personas y las ubicaciones geográficas.

La comida ingerida puede ser una evidencia forense importante obtenida durante la investigación de la escena del crimen o la autopsia médico-legal. Muchos materiales que contienen semillas pasan a través del sistema digestivo humano y aún son reconocibles, por lo que pueden ser valiosos para proporcionar pistas de investigación.

Por ejemplo, en un homicidio reciente, se encontraron muchas semillas de pasto adheridas a una manta envuelta alrededor de un cuerpo que, luego, podía correlacionarse mediante análisis microscópico a nivel de especie con semillas similares asociadas con los zapatos de un sospechoso. Para ampliar aún más el uso potencial de semillas como evidencia, es posible la tipificación del ADN.

En la escena del crimen, un investigador puede encontrar varios tipos de evidencia de tomate, como salsas, tomates enlatados, frescos o semillas en armas o en la ropa debido a vómitos, defecación o en el contenido del estómago autopsiado. Por esta razón, se utilizaron semillas de tomate como sistema modelo en el estudio de los autores, ya que el tomate es un alimento común en muchas cocinas de todo el mundo.

En la investigación se emplearon 12 marcas diferentes de productos de tomate. Había 5 tipos de tomates enlatados y se utilizaron 7 tipos de salsas de tomate para espaguetis. 9 de los 12 productos de tomate comerciales contenían semillas. Los productos de tomate caseros se prepararon cocinando tomate fresco con tres métodos para diferentes períodos de tiempo. Las semillas de tomate se recolectaron después de cada uno de los tratamientos de cocción y en los intervalos de tiempo especificados. Después de recolectar todas las semillas, tanto cocinadas como no, estas fueron separadas, limpiadas y, a continuación, se realizaron extracciones de ADN. El tomate fresco, no digerido, se utilizó como control positivo en el estudio.

Los resultados muestran que se podría extraer una cantidad suficiente y de buena calidad de ADN de un embrión de semilla fresco o de una cubierta de semilla. Sin embargo, no se pudo extraer ADN de una semilla completa de tomate enlatado. Se observó, además, que después del tratamiento a alta temperatura, el ADN de la mayoría de las semillas de tomate se destruyó.

El examen microscópico resultó útil para seleccionar rápidamente las semillas para identificar los rasgos característicos de la superficie de una semilla para distinguir mejor entre muestras de tomate fresco y cocido. La semilla fresca tenía un aspecto suave mientras que la cocida tenía pelos epidérmicos evidentes. Este descubrimiento podría usarse para seleccionar semillas valiosas rápidamente, de las que pueda extraerse ADN, en casos forenses.

No obstante, el uso de evidencia botánica forense de la escena del crimen para la tipificación del ADN aún se encuentra en etapas de desarrollo para muestras difíciles, como las provenientes del estómago y excrementos.

En el caso de los autores, se extrajo y analizó el ADN de semillas de tomate de productos comerciales como salsa para espaguetis, salsa de tomate y tomate enlatado. Los resultados mostraron que ninguno de los protocolos de extracción de ADN produjo rendimientos satisfactorios en cuanto a cantidad y calidad de ADN cuando se utilizaron semillas de tomate comerciales como materia prima. Consecuentemente, parece sugerirse que el rendimiento de ADN está directamente relacionado con la temperatura y/o presión de cómo se procesaron los productos de tomate.

Finalmente, se desarrolló un procedimiento novedoso para combinar el análisis microscópico de la morfología de la semilla y la determinación del ADN de la semilla.

Si bien la identificación microscópica de una semilla de planta a nivel de especie puede ser suficiente para analizar algunos casos forenses, muchos otros tipos de semillas requerirán identificación de ADN. Esto podría deberse a que no son morfológicamente distinguibles como semillas intactas, o porque la fragmentación ha limitado sus características identificables más externas.

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Delitos de odio: ¿es posible predecirlos por las redes sociales? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Hate in the machine: anti-black and anti-muslim social media posts as predictors of offline racially and religiously aggravated crime” de Williams, M. L.; Burnap, P.; Javed, A.; Liu, H. y Ozalp, S. (2019), en el que se analiza si existe una relación entre la perpetración de delitos de odio offline y los delitos de odio online.

En los últimos años, los delitos de odio referente a la raza y religión han aumentado exponencialmente en diversos países.

Actualmente sigue existiendo una necesidad, política y práctica, de mejorar la inteligencia sobre los delitos de odio. Particularmente, debe comprenderse mejor el papel que desempeñan las tensiones y acontecimientos comunitarios en la perpetración de tales delitos.

La tecnología se ha considerado como parte de la solución al transformar las prácticas policiales analógicas en procesos digitales complementarios. Junto con los delitos de odio offline, el discurso de odio online publicado en las redes sociales se ha convertido en un problema social pernicioso.

Investigaciones anteriores muestran que los delitos de odio offline y el discurso de odio online están estrechamente relacionados con eventos de importancia. Por ejemplo, ataques terroristas y votaciones políticas. Sin embargo, no está claro si se puede encontrar un patrón más general de correlación independientemente de los eventos “desencadenantes”.

En una muestra de los años 2017 y 2018, los delitos de odio racial online constituyen la mayoría de todos los delitos de odio online (52%), seguidos de la orientación sexual (20%), la discapacidad (13%), la religión (12%) y los delitos de odio online transgénero (4%). A finales de 2017, las redes sociales comenzaron a introducir políticas contra la incitación al odio, cediendo ante presiones diversas.

En base a esta información, los autores plantean su hipótesis. Esta es: ¿el discurso de odio online en Twitter puede mejorar las estimaciones de los delitos de odio offline?

Dicha cuestión plantea la posibilidad de utilizar las redes sociales como alternativa o complemento a indicadores convencionales. Además, deben tenerse en cuenta los factores demográficos ecológicos. Por ejemplo, la proporción de la población que es negra o que pertenece a una minoría étnica. Esto es debido a que dichos factores también se han asociado con los delitos de odio.

Así, en la investigación de los autores se tuvo en cuenta información procedente de Reino Unido. Se vincularon datos de fuentes administrativas, de encuestas y de redes sociales para construir los modelos estadísticos. Estos se recopilaron antes de que las grandes plataformas de redes sociales introdujeran políticas estrictas sobre/contra la incitación al odio.

Los datos policiales se recopilaron de un periodo de 8 meses entre agosto de 2013 y 2014. Los datos policiales sobre delitos se filtraron para incluir solo los delitos de odio racial y religioso, estos últimos contra el Islam o los musulmanes.

Así las cosas, los resultados indican lo siguiente. Existe una asociación positiva consistente entre el discurso de odio en Twitter dirigido a la raza y la religión y los delitos agravados por motivos raciales y religiosos en Londres. Así, la investigación confirmó también la relación entre la presencia (o ausencia) de eventos que actuaban como desencadenantes tanto para los delitos de odio online como offline y la perpetración de los mismos.

Los modelos permitieron proporcionar predicciones de la tasa de incidencia de delitos offline por proporción de la población negra o de minoría étnica y el recuento de tweets de odio online. Esto es digno de mención, dado que indica que el papel de las redes sociales en el proceso de victimización por odio no es trivial.

El discurso de odio publicado en las redes sociales (como indicador de polarización extrema) influye en la frecuencia de los delitos de odio offline. Sin embargo, es poco probable que el discurso de odio online sea una causa directa de los delitos de odio offline aisladamente. Contrariamente, es más probable que las redes sociales sean solo una parte de la causa. Los factores locales, como la composición demográfica de los vecindarios (por ejemplo, la proporción de población negra y de minorías étnicas, el desempleo…) y otros factores ecológicos probablemente desempeñen un papel clave.

Lo que el estudio señala es la importancia relativa del discurso de odio online en este contexto. Si vamos a explicar el crimen de odio como un proceso, y no como un acto discreto, con victimización que va desde el discurso de odio hasta la violencia, las redes sociales deben formar parte de ese entendimiento.

La victimización por odio se caracteriza por insultos, amenazas o violencia repetidos o continuos. Una de sus cualidades es que es duradera, y ahora se extiende al ámbito online y puede vincularse a su manifestación offline. El discurso de odio en las redes sociales amplía los “climas de inseguridad” que experimentan los grupos minoritarios que trascienden las instancias individuales de victimización.

Examinar la dinámica contemporánea de victimización por odio requiere métodos capaces de capturar variaciones en los datos online y offline. Esto también incluye variaciones tanto en el tiempo como en el espacio. El aumento de las fuentes de datos sobre el odio también es importante, debido a las bajas tasas de denuncia continuas. Así, la administración (registros policiales), la encuesta (censo) y las nuevas formas de datos (Twitter) se pueden vincular para estudiar el odio en la era digital.

Sin embargo, los mecanismos individuales responsables del vínculo entre los incidentes de odio online y offline deben establecerse mediante más trabajo forense y, posiblemente, cualitativo.

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El perfil del delincuente sexual coreano. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling Korean sex crimes: Offender characteristics and crime scene actions” de Kim, S.; Almond, L. y Eyre, M. (2019), en el que se analiza el perfil criminal del delincuente sexual coreano.

El perfil criminal, o análisis de conducta, suele ser empleado especialmente en casos de delitos violentos. Por ello los delitos sexuales no son una excepción. Contrariamente, son, junto a los homicidios, los crímenes más frecuentes y apropiados en los que utilizar la perfilación.

Sin embargo, las clasificaciones de los agresores sexuales han experimentado diversas críticas y cambios con el paso del tiempo. Específicamente, diversos estudios intentaron mejorar la comprensión de las características del delincuente al diferenciar los comportamientos delictivos.

Los perfiles de agresores sexuales existentes han sido realizados mayoritariamente en países occidentales, como EE.UU, Reino Unido o Canadá. Por ello, deberían realizarse estudios para asegurar que los enfoques de elaboración de perfiles pueden generalizarse a delitos sexuales cometidos en otras naciones. Esto es, no se trata solo de aumentar nuestro conocimiento sobre la conducta criminal. El objetivo también es comprobar si las teorías basadas en contextos occidentales se aplican a contextos no occidentales. O si, por el contrario, existen diferencias culturales, etc.

Debido a estos motivos, la elaboración del perfil criminal del agresor sexual coreano resulta interesante y necesario.

En Corea del Sur, el número de delitos sexuales es muy superior al de otros delitos violentos. En 2018, se registraron 23.478 mientras que, en comparación, se observaron 309 homicidios y 821 robos. Así las cosas, algunos investigadores destacados realizaron estudios significativos para establecer modelos coreanos de comportamiento delictivo. Estos también tienen utilidad para la elaboración de perfiles criminales.

Así, varios estudios mostraron recientemente resultados notables al comparar comportamientos delictivos coreanos y occidentales. Concretamente, se descubrió que había similitudes y diferencias entre los delincuentes de homicidiocoreanos, finlandeses y suecos en los comportamientos de mutilación en los cuerpos de las víctimas. Encontramos otro ejemplo en un estudio comparativo entre homicidas sexuales coreanos y canadienses (aquí podéis leer más sobre homicidas sexuales).

Por tanto, se han realizado algunos estudios sobre comportamientos y características delictivas en Corea del Sur. No obstante, todavía hay poca investigación para probar si los perfiles occidentales de delincuentes sexuales están validados. Con el fin de identificar diferencias, de haberlas, los delitos sexuales entre Occidente y Corea del Sur, el conocimiento se puede utilizar como base científica para mostrar la necesidad de desarrollar un modelo temático adecuado de los delitos sexuales coreanos.

Con este fin, los autores examinaron un total de 50 casos de crímenes sexuales representativos acontecidos entre 2006 y 2009. La edad de las víctimas iba desde los 6 hasta los 50 años. La de los agresores, todos hombres, desde los 16 hasta los 56 años. En el 72% de los casos, los agresores eran extraños, y en el 28% conocidos de las víctimas. Los archivos del caso generalmente contenían los perfiles de los delincuentes, métodos delictivos, información de la escena del crimen y declaraciones de los delincuentes y las víctimas.

Bien, se establecieron 27 variables sobre características de los agresores, escenas del crimen y el delito en sí. Esto es, cómo fueron perpetrados. Posteriormente, se compararon las variables identificadas en los agresores sexuales coreanos con los occidentales (concretamente de Gran Bretaña). Cada caso se clasificó en base a tres temas, o temas híbridos, según la puntuación de frecuencia de la ocurrencia de variables.

Los resultados fueron los siguientes. El 84% de los casos fueron asignados a un tema concreto y el 14% como híbridos. De los primeros, el 44% se clasificó dentro del tema de participación y hostilidad, el 20% se clasificó como tema de control y el 20% se clasificó como robo. En el primer tema, casi el 60% de los agresores conocían a las víctimas, mientras que en los otros dos era entre el 20% y el 10%.

Se encontró que los dos países eran diferentes en la frecuencia del comportamiento delictivo. Particularmente, en acciones en la escena del crimen entre delincuentes coreanos y británicos. El agresor sexual coreano suele cometer penetración vaginal, fuerza a la víctima a participar y también abusa verbalmente de ella. El británico, si bien también realiza la penetración vaginal, no comparte el resto de las características típicas. Se caracteriza más por ataques sorpresa a las víctimas.

Por otro lado, se detectaron ocho variables de acción en la escena del crimen, contextualizadas en la hostilidad o participación, idénticas al modelo británico. Sin embargo, cinco variables sobre el participación u hostilidad se indicaron en el contexto coreano por parte del agresor. Concretamente: violencia única, rasgar la ropa, identificar a la víctima, degradar a la víctima e insinuar conocer a la víctima. Además, los comportamientos de sexo oral se observaron con mayor frecuencia en la participación y hostilidad.

Asimismo, los agresores sexuales coreanos tienen más probabilidades de tratar a la víctima como un objeto sexual, al tiempo que también desean tener relaciones sociales con las víctimas. La explicación de esto puede ser debido a la cultura sexual coreana, sobretodo el extendidísimo uso de la pornografía. Los delincuentes pueden relacionar comportamientos hostiles con la adquisición de relaciones debido al modelo que se muestra en la pornografía. Por lo tanto, pueden transferir esta conexión a sus actos sexuales.

Estas diferencias sugieren que la investigación transcultural es necesaria. Además, los antecedentes previos de robo y delito sexual, conocer a la víctima y usar vehículos diferían dentro de los comportamientos dominantes entre un país y otro.

La investigación de estas diferencias y del significado implícito tras ellas aumentará nuestro conocimiento sobre los delitos sexuales según distintos países. Por ello, los resultados apoyan la idea de que las asociaciones entre las características del delincuente y las acciones en la escena del crimen se pueden utilizar como una técnica de investigación y perfilación.

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Perfilando a las víctimas de fraude de inversión. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling Victims of Investment Fraud: Mindsets and Risky Behaviors” de Deliema, M.; Shadel, D. y Pak, K. (2019), en el que se analiza el perfil de las víctimas de fraude de inversión.

La estafa a inversores es uno de los delitos de cuello —o guante— blanco más antiguos.

Los estudios que describen a las víctimas de fraude de inversión comenzaron a extenderse en la década de 1990. De manera generalizada, las encuestas determinaron que se trataba de hombres de mediana edad, o mayores, casados. También tenían mayores ingresos, educación y conocimientos financieros, pero solo en relación con la población general estadounidense. Sin embargo, más allá de estas características demográficas, deben estudiarse los factores psicológicos asociados a la victimización en estos fraudes.

El estatus social influye en los estilos de vida, los comportamientos y las rutinas diarias. A su vez, estos afectan de manera diferente a la probabilidad de interactuar con los delincuentes en entornos de riesgo. Según el modelo de oportunidad, las conductas que aumentan la exposición a delincuentes motivados en entornos sin supervisión aumentan las probabilidades de victimización.

Investigaciones anteriores han demostrado que realizar compras a proveedores desconocidos en respuesta a llamadas telefónicas, correos electrónicos, anuncios televisivos… etc., no solicitados aumenta la probabilidad de ser víctima de fraude de inversión. Otro comportamiento que puede aumentar la exposición a delincuentes motivados es participar frecuentemente en intercambios de acciones.

El fraude, a menudo, también se propaga a través de “redes de afinidad”. En estas, las personas son reclutadas para participar por alguien que conocen y con quien comparten ciertas características. Esto es típico de estafas piramidales. El estereotipo de la víctima de fraude codiciosa es también una creencia muy común.

Sin embargo, prácticamente no se ha recopilado evidencia cuantitativa para respaldar esta última clasificación. En contraposición, el materialismo se ha vinculado con falta de autocontrol. Una afirmación típica es que la inversión proporcionará beneficios garantizados con poco o ningún riesgo de pérdida. Esto se relacionaría, por tanto, con la impulsividad o falta de autocontrol vinculada al materialismo.

Así pues, los autores llevaron a cabo un estudio propio. El fin era comprobar si las víctimas de fraude de inversión conocidas se involucran en actividades de inversión más arriesgadas. En dicho caso, estas aumentan la exposición a delincuentes motivados. Otro objetivo es ver si tienen creencias que los convierten en objetivos más atractivos para los estafadores.

Se contó con 214 participantes reclutados entre 8.096 víctimas conocidas de fraude de inversión. Las víctimas habían invertido dinero en empresas que, después, se declararon en bancarrota. Asimismo, habían sido nombradas acreedoras en los documentos de quiebra.

Las estafas incluían el comercio de productos online, monedas de oro, arrendamiento posterior de cajeros automáticos, exploración de petróleo y gas y planes de inversión de seguros de vida, entre otros. Asimismo, se reclutaron a 813 inversores generales a partir de listas de teléfonos fijos elegibles de EE.UU para comparar.

Los participantes completaron una encuesta de 49 preguntas basada en entrevistas en profundidad con víctimas de fraude de inversión. También se realizaron entrevistas telefónicas asistidas por ordenador.

Los resultados fueron los siguientes. Más del 80% de las víctimas eran hombres, comparados con el 42,2% de los inversores generales. La edad media de las víctimas conocidas fue de 70,7 años y de 64,8 años para los inversores generales. Los porcentajes referentes al estado civil de los participantes eran bastante más similares. Las diferencias educativas y de sueldo no eran significativas.

Las víctimas participaron en muchas más operaciones bursátiles al año que los inversores generales. Asimismo, recibieron con una mayor frecuencia solicitudes de inversión por correo, teléfono y correo electrónico. En contraposición, las probabilidades de victimización disminuyeron un 30% por cada inversión hecha siguiendo recomendaciones de amigos, familiares, vecinos… etc. El materialismo se asoció positivamente con ser víctima de fraude. Lo mismo puede decirse de la creencia de que las inversiones no reguladas son más rentables.

Así pues, algunas variables se correlacionaron considerablemente con la victimización por fraude de inversión. No obstante, ninguna fue un predictor significativo en el modelo.

En resumen: las víctimas conocidas participaron en conductas de inversión mucho más arriesgadas que podrían aumentar su exposición a los infractores a través del intercambio frecuente de acciones y la compra online, remota, de inversiones a proveedores desconocidos.

El materialismo y las actitudes favorables hacia las inversiones no reguladas también pueden contribuir al atractivo del objetivo. Esto se debe a que aumenta la susceptibilidad a los mensajes de persuasión comunes. Sin embargo, estos factores no estuvieron tan fuertemente asociados con ser una víctima como los comportamientos de inversión.

En comparación con los inversores generales, las víctimas conocidas eran más materialistas y también más propensas a estar de acuerdo en que las inversiones no reguladas producen mayores rendimientos. Los perpetradores explotan estas orientaciones psicológicas prometiendo rendimientos increíbles.

Las personas que están especialmente motivadas por el dinero pueden ignorar la improbabilidad de estas promesas o creer que las ventajas superan las pérdidas potenciales. Estas creencias también podrían indicar un exceso de confianza y una tendencia a descontar el riesgo.

Contrariamente a lo esperado, las víctimas conocidas no expresaron más interés en nuevas oportunidades de inversión que los inversores generales. Debido a que los datos se recopilaron después de que ocurriera el fraude, las víctimas pueden haberse vuelto más escépticas.

Deberían investigarse más los efectos del exceso de confianza y su relación con las diferencias de género en el ámbito. Asimismo, las campañas de educación para inversores deben reducir el estigma de las víctimas de fraude. El objetivo es que se sientan empoderadas para informar a las autoridades y hablar sobre su experiencia.

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Pedofilia adquirida y del desarrollo, ¿cómo se diferencian? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling acquired pedophilic behavior: Retrospective analysis of 66 Italian forensic cases of pedophilia” de Camperio, A. S.; Scarpazza, C.; Covelli, V. y Battaglia, U. (2019), en el cual se distingue entre la pedofilia adquirida y del desarrollo a través de la elaboración de perfiles forenses de criminalidad.

Actualmente, se sabe que los trastornos neurológicos se asocian comúnmente con síntomas psiquiátricos. No obstante, es más difícil aceptar que una serie de trastornos neurológicos, debido a su presentación predominantemente conductual y a veces extraña, en ocasiones se diagnostican erróneamente como psiquiátricos. La pedofilia adquirida podría ser uno de ellos. El primer caso de pedofilia adquirida registrado se remonta a 1862, cuando se acusó a un hombre de 78 años sin antecedentes criminales de abuso infantil. Este hombre tenía afectadas muchas funciones cognitivas.

Sin embargo, hasta ahora, los consultores forenses que trabajan en abusos sexuales infantiles todavía carecen de maneras fiables de identificar a delincuentes cuyo comportamiento pedófilo -probablemente- sea de origen adquirido y no del desarrollo. Una identificación correcta es imprescindible para seleccionar la terapia y/o el castigo más adecuados. El comportamiento pedófilo adquirido se diferencia del trastorno pedófilo del desarrollo en muchos aspectos: etiología, aspectos neurológicos, posibles terapias, modus operandi y consecuencias legales.

La pedofilia adquirida se refiere a impulsos sexuales hacia niños que surgen más adelante en la vida. Surge como consecuencia de una condición neurológica y con una etiología clara. En consecuencia, se causa una “fractura conductual” en la conducta manifestada antes y después del desarrollo de la enfermedad cerebral. Tampoco se asocia con otros trastornos psiquiátricos ni influencias psicológicas o genéticas.

En contraposición, en la pedofilia del desarrollo el interés pedófilo es más estable a lo largo de la vida, comúnmente surgiendo en la adolescencia. Asimismo, suele combinarse con trastornos mentales como el de personalidad. La etiología, a su vez, se ubica en un origen multifactorial y complejo. Se refiere a influencias genéticas, momentos vitales estresantes, aspectos neuroquímicos, exposición a la testosterona… Además de a factores psicológicos.

Por lo tanto, mientras que la pedofilia del desarrollo se clasifica dentro de los trastornos psiquiátricos, la pedofilia adquirida tiene un claro origen neurológico.

La base neuronal de ambas también es diferente. La pedofilia del desarrollo se caracteriza por alteraciones funcionales cerebrales o estructurales sutiles, sin anomalías neuroanatómicas evidentes. Es más fácil de estudiar a nivel grupal. Contrariamente, las alteraciones evidentes estructurales del cerebro que surgen más adelante en la vida son fundamentales para diagnosticar la conducta pedófila adquirida. En este caso, se pueden identificar dichas alteraciones más fácilmente a nivel individual.

Con respecto a las posibles terapias, la pedofilia del desarrollo no ha logrado ser tratada con éxito si el pedófilo no tiene voluntad de compromiso. En contraposición, la pedofilia adquirida se puede abordar tratando la afección médica subyacente. Sin embargo, el tratamiento exitoso no siempre se da, ya que en ocasiones la pedofilia adquirida surge como síntoma de trastornos neurodegenerativos.

El modus operandi se diferencia en que los pedófilos del desarrollo buscan víctimas activamente, son planificadores y niegan más su conducta si se les pilla. Los pedófilos adquiridos, en cambio, no planean tanto sus agresiones y son menos depredadores. Finalmente, las consecuencias legales para los pedófilos del desarrollo (los depredadores sexuales) son mucho más severas, mientras que para los otros el castigo legal puede no ser la solución más efectiva.

Así las cosas, los autores del artículo revisaron 66 casos jurídicos de conducta pedófila ocurridos en Italia entre 2005 y 2015. Estos involucraban un abuso sexual contra al menos una víctima de 13 años o menor, según la definición más restrictiva de pedofilia. El objetivo era identificar perfiles conductuales mensurables que ayuden a los profesionales a distinguir entre ambos tipos de pedofilia. Los resultados fueron los siguientes.

Parece indicarse que las personas cuyas parafilias surgieron a raíz de trastornos neurológicos se comportan de forma distinta a quienes tenían pedofilia del desarrollo. Así, se pudo establecer el perfil de individuos con pedofilia adquirida con información derivada de pruebas médicas, la historia de los agresores y modus operandi.

Particularmente, se observaron 6 características específicas: ausencia de enmascaramiento, de premeditación, de antecedentes penales sexuales, confesiones espontáneas, sentimientos de culpa y ser mayor de 50 años. Las más significativas eran la ausencia de enmascaramiento, las confesiones de culpa y la edad. Finalmente, el análisis de correlación destaca que las diferentes características o señales de alerta están fuertemente correlacionadas con estas tres principales.

Asimismo, se detectaron dos grupos de individuos dentro de este perfil. Por un lado, aquellos agresores en los que se detectaron cuatro o más características; por otro lado, aquellos con tres o menos características del perfil. Los resultados parecen indicar que los casos de conducta pedófila adquirida representan una proporción pequeña, aunque representativa, de los agresores sexuales de niños.

Dos de las seis características son indicativas de la naturaleza adquirida de los intereses sexuales alterados: la edad avanzada y la ausencia de delito sexual previo. Otras dos reflejan el descontrol impulsivo: ausencia de premeditación y de tentativas para enmascarar la conducta delictiva.

Finalmente, la culpa y las confesiones espontáneas, aunque relacionadas entre sí, podrían explicarse por juicios morales limitados. También puede deberse a que, si algunos agresores son incapaces de distinguir lo moral o correcto, confiesen sus crímenes fácilmente, en los que no ven nada malo.

Es importante subrayar que la presencia de estas características no puede conducir a un diagnóstico clínico de pedofilia adquirida. Más bien, debería impulsar una rápida evaluación neurocientífica. En cualquier caso, estos hallazgos sirven para mejorar la comprensión de la pedofilia y tener una mayor efectividad del sistema de justicia, no para excusar la pedofilia.

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El diamante del fraude y el maquiavelismo. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Fraud diamond, Machiavellianism and fraud intention” de Utami, I.; Wijono, S.; Noviyanti, S. y Mohamed, N. (2019), en el que se analizan los factores causales del diamante del fraude, junto a la relación entre una personalidad maquiavélica y la intención de fraude.

El fraude constituye un grave problema para las organizaciones, públicas y privadas, así como para sus interesados (los llamados stakeholders). Internacionalmente, las formas más comunes de fraude son la apropiación indebida de activos y la corrupción. En contraposición, la menos frecuente es el fraude de estados financieros.

Así las cosas, existen diversas teorías que han intentado explicar la conducta de fraude. Entre las más destacadas encontramos la hipótesis del triángulo del fraude. Esta postula la presión, oportunidad de delinquir y racionalización como los factores motivacionales del fraude. Sin embargo, muchos estudiosos encuentran lagunas en este planteamiento.

En su lugar, este hipotético triángulo ha evolucionado a lo que podríamos llamar el diamante del fraude. Consiste en un añadido a los factores del triángulo, componiéndose el total de la presión, oportunidad, racionalización y capacidad.

La capacidad del individuo debemos entenderla holísticamente. Esto es, en el plano intelectual, la resiliencia al estrés y la culpa, la posición dentro de la organización, la confianza y la habilidad de obligar y engatusar a otros. Un alto puesto jerárquico, como determinados cargos, se consideraría con altas o mayores capacidades para cometer fraude comparado con otros. Podemos decir que, en esencia, la capacidad es la habilidad del individuo de controlar su organización.

La presión se manifiesta de diversas formas; puede ser una presión social, económica, vital, por cargas familiares… De acuerdo con la Declaración sobre normas de auditoría, es un factor inherente que motiva a cometer fraude. Entre los directores, por ejemplo, esta presión puede manifestarse en el fraude impulsado por incentivos. Otro motivo sería evitar situaciones perjudiciales para su firma, como incumplir un pacto de deuda.

Con respecto a la oportunidad delictiva, es más fácil que esta se produzca cuando los controles internos de la organización son escasos y débiles. La racionalización, por su parte, suele definirse como el predecesor al fraude. Es la habilidad del perpetrador del fraude para justificar sus actos como racionales, facilitando mitigar su disonancia cognitiva. Las tres justificaciones más comunes son la negación de víctimas, del daño causado y de la responsabilidad.

Debido a que los factores individuales se ven muy afectados por el ambiente, también debemos centrarnos en los factores inherentes que afectan a las personas y que, potencialmente, desencadenan la intención de fraude. Entre estos encontramos el maquiavelismo. Los individuos altamente maquiavélicos tienden a tomar decisiones éticas basadas en sus propios intereses, utilizando el engaño y la manipulación para lograr sus objetivos.

Así pues, los factores del diamante del fraude y el maquiavelismo son capaces de influir en la intención de fraude. La presión y capacidad, como el maquiavelismo, son factores internos del individuo que, unidos, incrementan la intención de fraude. Esto ocurre sobretodo cuando dicho maquiavelismo es alto. Por su parte, la oportunidad como factor externo puede aumentar, si va ligada al maquiavelismo, la intención de fraude. Un ejemplo sería carecer de un sistema interno de denuncias en la organización, u otros medios de control.

Así las cosas, con el fin de medir los factores y rasgos maquiavélicos, se llevó a cabo un experimento con 419 estudiantes de universidades indonesias. Los participantes realizaron diversos tests. Así, los sujetos leyeron el perfil de la empresa y su rol y tarea en el experimento como gerente de compras, a cargo de autorizar la adquisición de materia prima de una empresa papelera. Del mismo modo, los autores dividieron a los participantes entre aquellos con un alto y bajo nivel maquiavélico.

En general, los resultados mostraron que los factores del diamante y las actitudes maquiavélicas afectan a la intención de fraude.

La presión, sobretodo vital, se mostró como un factor determinante para la intención de fraude entre los participantes. Entre los motivos encontramos, generalmente, la codicia, vivir más allá de sus medios, grandes gastos o deudas personales, pérdidas financieras e incapacidad para cumplir con un pronóstico financiero.

La racionalización sirve como justificación del fraude y los actos no éticos del individuo. Consecuentemente, algunos autores sugieren que cuando esos actos no se pueden justificar, es más improbable que se produzca el fraude. Con respecto a la oportunidad, se comprobó que los sistemas internos de denuncia son mecanismos efectivos para mitigar el fraude.

Finalmente, las personas con alta capacidad tienden a correr más riesgos y exhibir una mayor intención de fraude. Por tanto, la investigación constató que la capacidad es un gran factor de refuerzo del triángulo, ahora diamante, del fraude.

Por último, en este estudio, la consideración moral indicada por la intención de fraude se ve afectada por la personalidad maquiavélica. Las personas con alto maquiavelismo tienden al egoísmo y priorizan los resultados sobre el proceso. Por lo tanto, es probable que exhiban una mayor intención de fraude que aquellos con un bajo maquiavelismo.

Por tanto, el estudio reveló que los factores del diamante del fraude hacen que aumente el fraude intencional. Sin embargo, no interactúan con la personalidad maquiavélica tanto como pueda parecer. El diamante del fraude es el principal factor que incide en la intención de fraude. Los rasgos maquiavélicos son factores que fomentan la intención de fraude, pero no son un factor impulsor (interacción) de los componentes del diamante del fraude con respecto a la intención de fraude.

En conclusión, el estudio demuestra que existen relaciones causales entre los componentes del diamante del fraude y la intención de fraude. Además, también existe una relación causal entre el maquiavelismo e intención de fraude. El maquiavelismo fomenta directamente la intención de fraude, pero no interactúa con el componente del diamante del fraude para fomentar la intención de fraude.

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Homicidio sexual: un análisis criminológico. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Sexual Homicide: a Criminological Perspective” de Chopin, J. y Beauregard, E. (2019), en el cual se analiza desde una perspectiva criminológica el homicidio sexual.

Los homicidios sexuales son un delito complejo que representan una pequeña proporción de los crímenes violentos. Sin embargo, al ser uno de los más violentos, los medios de comunicación les dan mucha atención. Esto provoca que en las comunidades el miedo se incremente entre la gente. De hecho, a pesar de ser inusuales, los homicidios sexuales suelen requerir bastante tiempo de investigación y costes.

Tradicionalmente, el homicidio sexual se ha definido como el asesinato intencional de una persona cuando existe un elemento sexual en el asesinato. No obstante, para otros investigadores, la actividad sexual no es necesaria. Esto se debe a que el acto de matar en sí mismo puede considerarse la fuente de gratificación sexual.

La mayoría de los estudios utilizan la definición proporcionada por el FBI, debiendo existir al menos uno de los siguientes elementos: vestimenta o falta de vestimenta de la víctima; exposición de las partes sexuales del cuerpo de la víctima; posicionamiento sexual del cuerpo; inserción de objetos extraños en las cavidades de la víctima; evidencia de relaciones sexuales (oral, anal o vaginal); y evidencia de actividad sexual sustitutiva, interés o fantasía sádica.

En estudios comparativos recientes a nivel internacional, se apreciaron diferencias entre la forma de cometer el delito, víctimas y agresores de países de distintos continentes (Canadá, Francia, Escocia y Corea, concretamente). Las conclusiones parecían apuntar a que, al menos en Francia y Canadá, los agresores presentaban más similitudes que diferencias. Aún así, estas últimas también se aprecian.

También se ha tratado de comparar al asesino sexual con otro tipo de criminales violentos. El objetivo de esto era tratar de determinar si se trata de un perfil específico de agresor.

Así pues, se ha comparado a los homicidas sexuales con homicidas sin componente sexual y con delincuentes sexuales que no cometen homicidios. Los resultados fueron diversos. Por un lado, comparándolos con los delincuentes sexuales, los homicidas sexuales suelen alegar más problemas de soledad y de ira. Los agresores de ambos grupos presentaban desórdenes mentales, antecedentes penales por crímenes violentos y/o sexuales, una estructura familiar disfuncional y fueron víctimas de delitos sexuales.

Sin embargo, los delincuentes sexuales no homicidas eran más proclives a realizar la penetración vaginal y humillar a la víctima. No obstante, también puede distinguirse entre estos delincuentes sexuales violentos y no violentos. Estos últimos suelen estar más especializados en lo que es exclusivamente el delito sexual. Los violentos tienen más antecedentes penales. Del mismo modo, son más versátiles en la forma de cometer el delito, al igual que los homicidas sexuales.

Por su parte, los homicidas sexuales suelen caracterizarse por abusos y una variedad de conductas problemáticas y/o trastornos. Entre estos últimos, es más probable que tengan trastornos esquizoides y limítrofes de la personalidad. También que opten por seleccionar una víctima, usar un arma y consumir drogas y alcohol antes de cometer delitos. Contrariamente, parecen menos proclives a obligar a sus víctimas a participar en actos sexuales o humillarlas, así como a tener una personalidad dependiente o antisocial.

En comparación a los homicidas y los delincuentes sexuales violentos, los homicidas sexuales tienden más a exhibir un comportamiento parafílico, tener una percepción negativa de sí mismos y su entorno, tener una colección sexual que involucre a niños, reportar disfunciones sexuales y utilizar sustancias psicoactivas. En cuanto al comportamiento en la escena del crimen, son más propensos a usar un enfoque de estafa o sorpresa, cometer el crimen en una residencia, golpear a la víctima y usar la asfixia o un arma intencionalmente.

Consecuentemente, puede decirse que el homicida sexual es un perfil criminal concreto. No obstante, los homicidios sexuales pueden explicarse en parte como una escalada de la violencia sexual. Un factor que incrementa el riesgo de que un delito sexual termine en homicidio es el acceso y uso de un arma. Asimismo, la resistencia de la víctima también incrementa este riesgo en casos de homicidio sexual no intencionado. Es decir, cuando el objetivo solo era cometer el delito sexual y no el homicidio.

Aún así, otra parte de este tipo de homicidios es cometido por psicopatologías individuales como el sadismo sexual. Estudios previos ya evidenciaron la relación entre la psicopatología y el sadismo y, asimismo, una elevada violencia. En lo referente al sadismo sexual, existe cierto consenso con respecto a lo que le caracteriza. Esto es, una conducta violenta o denigrante; la reacción de la víctima (miedo, dolor…); y/o el sentimiento de poder y control resultante se esta conducta.

Con respecto al comportamiento espacial de los homicidas sexuales, no suelen recorrer mucha distancia desde donde viven. Esta distancia suele ser mayor cuando las víctimas son adultas.

En cualquier caso, la violencia en los homicidios sexuales puede ser de tres tipos. Inadvertida, por falta de atención; indiscriminada, usada cuando se considera necesaria; e intencional, por ejemplo, para evitar ser identificado. Sin embargo ¿qué hay de los homicidas sexuales de víctimas concretas (niños y la tercera edad)?

Otros estudios previos señalaron que los homicidas sexuales de niños parecen tener más trastornos o desórdenes mentales. También tienen una mayor excitación sexual desviada por parafilias como la pedofilia. Asimismo, poseen más probabilidades de planear el crimen, esconder el cuerpo, establecer contacto previo con su víctima y utilizar la pornografía antes del delito.

En contraposición, son menos proclives a reportar drogodependencias o abuso del alcohol, disfunciones sexuales o una personalidad narcisista. De hecho, se han llegado a identificar perfiles concretos de homicidas sexuales de niños y adolescentes, según la edad de la víctima y el tipo de violencia usada. Con respecto a víctimas de edad avanzada, los escasos estudios identificaron que los agresores suelen ser mucho más jóvenes, matarlas en su residencia y ensañarse con ellas.

Así las cosas, el estudio de los homicidios y homicidas sexuales ha evolucionado a un enfoque más basado en datos. Este cambio de tendencia de la tradición clínica lo marcaron los estudios empíricos del FBI, si bien no eran representativos. No obstante, cada vez más se estudian muestras lo suficientemente grandes como para generalizar los hallazgos de los nuevos estudios.

Por ello, las investigaciones futuras deberían seguir ahondando en los distintos perfiles concretos de homicidas sexuales. Del mismo modo, deberían tenerse en cuenta los tipos específicos de víctimas para su investigación, especialmente si son víctimas vulnerables.

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Índices de psicopatía, ¿mayores en poblaciones reclusas? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Are Prisoners More Psychopathic than Non- forensic PopulationsProfiling Psychopathic Traits among PrisonersCommunity AdultsUniversity Students, and Adolescents” de Boduszek, D.; Debowska, A.; Sherretts, N.; Willmott, D.; Boulton, M.; Kielkiewicz, K.; Popiolek, K. y Hyland, P. (2019), en el cual se comparan los índices de psicopatía entre población reclusa, adultos, estudiantes universitarios y adolescentes. 

La psicopatía suele considerarse como una de las enfermedades mentales más antiguas de la historia. Sin embargo, no existe mucho consenso sobre las características de este desorden y cómo tratarlo. Siendo más específicos, la inclusión de la conducta criminal / antisocial como un componente fundamental de la psicopatía sigue siendo polémica. 

Hasta la fecha, la herramienta de evaluación más utilizada ha sido la Lista de Verificación de la psicopatía actualizada, componiéndose este trastorno de cuatro conjuntos de rasgos. Estos son: la manipulación interpersonal (engaño, grandiosidad…), el afecto insensible (esto es, falta de empatía o remordimientos), un estilo de vida errático (debido a la impulsividad o irresponsabilidad) y una conducta antisocial (desvío social, comportamiento criminal…). Sin embargo, cuando se ha aplicado este método podría haberse producido una sobreestimación del trastorno en delincuentes, al incluirse como un rasgo la conducta antisocial o criminal. 

Varias fuentes han indicado que el comportamiento antisocial / criminal debe considerarse como una posible consecuencia más que como una parte integral de la psicopatía. Por ello, se ha propuesto también un método alternativo de evaluación no verbal: la Escala de Rasgos de Personalidad Psicopática. Esta se compone de cuatro dimensiones:  

  • La capacidad de respuesta afectiva, por ejemplo: los déficits en reacciones emocionales hacia otras personas. 
  • La capacidad de respuesta cognitiva, esto es: déficits en el compromiso cognitivo con los demás. 
  • La manipulación interpersonal, como un estilo comunicativo engañoso y coercitivo. 
  • El egocentrismocentrarse exclusivamente en los propios intereses y creencias. 

La exclusión de los aspectos conductuales hace que la escala sea adecuada para su uso con una variedad de muestras, incluidas las poblaciones no infractoras y la juventud. Aunque los niños y adolescentes no pueden ser diagnosticados con un trastorno de la personalidad, reconocer ciertos problemas desde el principio y obtener una comprensión más profunda de la estabilidad de los rasgos en las etapas del desarrollo podría servir para diseñar mejores estrategias de intervención, rápidas y eficientes. 

Por otro lado, las diferencias cualitativas y cuantitativas en la expresión de los rasgos psicopáticos pueden explorarse con el uso de técnicas analíticas centradas en la persona, como el análisis de perfiles latentes. Estos permiten revelar variaciones en la intensidad de los rasgos, así como las agrupaciones de los rasgos entre individuos. 

Así pues, ¿cuáles pueden ser los índices reales de psicopatía en la población tanto reclusa como no reclusa? 

Para intentar dar respuesta a esta cuestión, los autores aplicaron la Escala de Rasgos de Personalidad y el análisis de perfiles latentes a cuatro grupos/muestras de participantes en su propio estudio. A saber: 772 reclusos de la cárcel de Pensilvania (EE.UU); 1201 adultos de la comunidad del norte de Inglaterra; 2080 estudiantes universitarios, de dos universidades del norte de Inglaterra; y 472 adolescentes de una escuela secundaria en el norte de Inglaterra. En todos ellos, se incluyeron tanto a hombres como mujeres, siento estas últimas mayoritarias en las muestras de adultos y universitarios. Los datos recabados procedían de entre los años 2015 y 2017 incluidos. 

Los resultados revelaron que los adolescentes eran los que más puntuación obtuvieron en déficits de la capacidad de respuesta afectiva. En la capacidad de respuesta cognitiva fueron los que más puntuación obtuvieron, seguidos de los reclusos. Los universitarios y los adultos obtuvieron más puntos que los presos y adolescentes en la manipulación interpersonal. En términos de egocentrismo, los universitarios mostraron puntajes más altos que los adultos de la comunidad y los reclusos. 

En el caso de los adolescentes, dichos resultados pueden sugerir que esos rasgos, relacionados con la empatía afectiva y cognitiva, se contrarresten y la empatía se desarrolle más en la época adulta. En este sentido, investigaciones anteriores atestiguan diferencias relacionadas con la edad y el desarrollo más tardío de determinadas regiones del cerebro.  

Consecuentemente, parece que algunos de los rasgos centrales de la psicopatía pueden ser maleables. Esto ofrece una vía prometedora para las intervenciones dirigidas a los jóvenes identificados como en riesgo de psicopatía adulta, si bien se requiere de más investigación.  

Además de los resultados referentes a los adolescentes, el estudio proporciona más pruebas de la existencia de grupos de psicopatía cualitativamente diversos 

A grandes rasgos, aunque se detectaron ciertas variaciones en los patrones de puntuación entre las muestras, se identificaron: un grupo de psicopatía baja para todas las muestras, grupos claros de psicopatía alta para los presos y universitarios, y un aumento de los grupos de psicopatía entre los adultos y adolescentes de la comunidad.  

Concretamente, se identificaron grupos de alta psicopatía por igual para los presos y universitariosEstos grupos eran casi idénticos en tamaño, lo que sugiere que el aumento de la psicopatía no es más común entre las poblaciones forenses que entre las no forenses.  

Específicamente, dado que la psicopatía alta se identifica en aproximadamente el 7% de las poblaciones adultas (siendo igual el porcentaje para las muestras del estudio), parece que algunos de esos rasgos pueden aliviarse naturalmente en el proceso de maduración y socialización. Sin embargo, esto sugiere, a su vez, que los reclusos no son más psicopáticos que las poblaciones no penitenciarias. 

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