clubforenses.com

clubforenses.com

Categoría: Delincuencia (página 1 de 9)

El perfil del delincuente sexual coreano. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling Korean sex crimes: Offender characteristics and crime scene actions” de Kim, S.; Almond, L. y Eyre, M. (2019), en el que se analiza el perfil criminal del delincuente sexual coreano.

El perfil criminal, o análisis de conducta, suele ser empleado especialmente en casos de delitos violentos. Por ello los delitos sexuales no son una excepción. Contrariamente, son, junto a los homicidios, los crímenes más frecuentes y apropiados en los que utilizar la perfilación.

Sin embargo, las clasificaciones de los agresores sexuales han experimentado diversas críticas y cambios con el paso del tiempo. Específicamente, diversos estudios intentaron mejorar la comprensión de las características del delincuente al diferenciar los comportamientos delictivos.

Los perfiles de agresores sexuales existentes han sido realizados mayoritariamente en países occidentales, como EE.UU, Reino Unido o Canadá. Por ello, deberían realizarse estudios para asegurar que los enfoques de elaboración de perfiles pueden generalizarse a delitos sexuales cometidos en otras naciones. Esto es, no se trata solo de aumentar nuestro conocimiento sobre la conducta criminal. El objetivo también es comprobar si las teorías basadas en contextos occidentales se aplican a contextos no occidentales. O si, por el contrario, existen diferencias culturales, etc.

Debido a estos motivos, la elaboración del perfil criminal del agresor sexual coreano resulta interesante y necesario.

En Corea del Sur, el número de delitos sexuales es muy superior al de otros delitos violentos. En 2018, se registraron 23.478 mientras que, en comparación, se observaron 309 homicidios y 821 robos. Así las cosas, algunos investigadores destacados realizaron estudios significativos para establecer modelos coreanos de comportamiento delictivo. Estos también tienen utilidad para la elaboración de perfiles criminales.

Así, varios estudios mostraron recientemente resultados notables al comparar comportamientos delictivos coreanos y occidentales. Concretamente, se descubrió que había similitudes y diferencias entre los delincuentes de homicidiocoreanos, finlandeses y suecos en los comportamientos de mutilación en los cuerpos de las víctimas. Encontramos otro ejemplo en un estudio comparativo entre homicidas sexuales coreanos y canadienses (aquí podéis leer más sobre homicidas sexuales).

Por tanto, se han realizado algunos estudios sobre comportamientos y características delictivas en Corea del Sur. No obstante, todavía hay poca investigación para probar si los perfiles occidentales de delincuentes sexuales están validados. Con el fin de identificar diferencias, de haberlas, los delitos sexuales entre Occidente y Corea del Sur, el conocimiento se puede utilizar como base científica para mostrar la necesidad de desarrollar un modelo temático adecuado de los delitos sexuales coreanos.

Con este fin, los autores examinaron un total de 50 casos de crímenes sexuales representativos acontecidos entre 2006 y 2009. La edad de las víctimas iba desde los 6 hasta los 50 años. La de los agresores, todos hombres, desde los 16 hasta los 56 años. En el 72% de los casos, los agresores eran extraños, y en el 28% conocidos de las víctimas. Los archivos del caso generalmente contenían los perfiles de los delincuentes, métodos delictivos, información de la escena del crimen y declaraciones de los delincuentes y las víctimas.

Bien, se establecieron 27 variables sobre características de los agresores, escenas del crimen y el delito en sí. Esto es, cómo fueron perpetrados. Posteriormente, se compararon las variables identificadas en los agresores sexuales coreanos con los occidentales (concretamente de Gran Bretaña). Cada caso se clasificó en base a tres temas, o temas híbridos, según la puntuación de frecuencia de la ocurrencia de variables.

Los resultados fueron los siguientes. El 84% de los casos fueron asignados a un tema concreto y el 14% como híbridos. De los primeros, el 44% se clasificó dentro del tema de participación y hostilidad, el 20% se clasificó como tema de control y el 20% se clasificó como robo. En el primer tema, casi el 60% de los agresores conocían a las víctimas, mientras que en los otros dos era entre el 20% y el 10%.

Se encontró que los dos países eran diferentes en la frecuencia del comportamiento delictivo. Particularmente, en acciones en la escena del crimen entre delincuentes coreanos y británicos. El agresor sexual coreano suele cometer penetración vaginal, fuerza a la víctima a participar y también abusa verbalmente de ella. El británico, si bien también realiza la penetración vaginal, no comparte el resto de las características típicas. Se caracteriza más por ataques sorpresa a las víctimas.

Por otro lado, se detectaron ocho variables de acción en la escena del crimen, contextualizadas en la hostilidad o participación, idénticas al modelo británico. Sin embargo, cinco variables sobre el participación u hostilidad se indicaron en el contexto coreano por parte del agresor. Concretamente: violencia única, rasgar la ropa, identificar a la víctima, degradar a la víctima e insinuar conocer a la víctima. Además, los comportamientos de sexo oral se observaron con mayor frecuencia en la participación y hostilidad.

Asimismo, los agresores sexuales coreanos tienen más probabilidades de tratar a la víctima como un objeto sexual, al tiempo que también desean tener relaciones sociales con las víctimas. La explicación de esto puede ser debido a la cultura sexual coreana, sobretodo el extendidísimo uso de la pornografía. Los delincuentes pueden relacionar comportamientos hostiles con la adquisición de relaciones debido al modelo que se muestra en la pornografía. Por lo tanto, pueden transferir esta conexión a sus actos sexuales.

Estas diferencias sugieren que la investigación transcultural es necesaria. Además, los antecedentes previos de robo y delito sexual, conocer a la víctima y usar vehículos diferían dentro de los comportamientos dominantes entre un país y otro.

La investigación de estas diferencias y del significado implícito tras ellas aumentará nuestro conocimiento sobre los delitos sexuales según distintos países. Por ello, los resultados apoyan la idea de que las asociaciones entre las características del delincuente y las acciones en la escena del crimen se pueden utilizar como una técnica de investigación y perfilación.

Si quieres saber más sobre perfilación criminal y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster de Criminal Profiling o nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses.

Perfilando a las víctimas de fraude de inversión. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling Victims of Investment Fraud: Mindsets and Risky Behaviors” de Deliema, M.; Shadel, D. y Pak, K. (2019), en el que se analiza el perfil de las víctimas de fraude de inversión.

La estafa a inversores es uno de los delitos de cuello —o guante— blanco más antiguos.

Los estudios que describen a las víctimas de fraude de inversión comenzaron a extenderse en la década de 1990. De manera generalizada, las encuestas determinaron que se trataba de hombres de mediana edad, o mayores, casados. También tenían mayores ingresos, educación y conocimientos financieros, pero solo en relación con la población general estadounidense. Sin embargo, más allá de estas características demográficas, deben estudiarse los factores psicológicos asociados a la victimización en estos fraudes.

El estatus social influye en los estilos de vida, los comportamientos y las rutinas diarias. A su vez, estos afectan de manera diferente a la probabilidad de interactuar con los delincuentes en entornos de riesgo. Según el modelo de oportunidad, las conductas que aumentan la exposición a delincuentes motivados en entornos sin supervisión aumentan las probabilidades de victimización.

Investigaciones anteriores han demostrado que realizar compras a proveedores desconocidos en respuesta a llamadas telefónicas, correos electrónicos, anuncios televisivos… etc., no solicitados aumenta la probabilidad de ser víctima de fraude de inversión. Otro comportamiento que puede aumentar la exposición a delincuentes motivados es participar frecuentemente en intercambios de acciones.

El fraude, a menudo, también se propaga a través de “redes de afinidad”. En estas, las personas son reclutadas para participar por alguien que conocen y con quien comparten ciertas características. Esto es típico de estafas piramidales. El estereotipo de la víctima de fraude codiciosa es también una creencia muy común.

Sin embargo, prácticamente no se ha recopilado evidencia cuantitativa para respaldar esta última clasificación. En contraposición, el materialismo se ha vinculado con falta de autocontrol. Una afirmación típica es que la inversión proporcionará beneficios garantizados con poco o ningún riesgo de pérdida. Esto se relacionaría, por tanto, con la impulsividad o falta de autocontrol vinculada al materialismo.

Así pues, los autores llevaron a cabo un estudio propio. El fin era comprobar si las víctimas de fraude de inversión conocidas se involucran en actividades de inversión más arriesgadas. En dicho caso, estas aumentan la exposición a delincuentes motivados. Otro objetivo es ver si tienen creencias que los convierten en objetivos más atractivos para los estafadores.

Se contó con 214 participantes reclutados entre 8.096 víctimas conocidas de fraude de inversión. Las víctimas habían invertido dinero en empresas que, después, se declararon en bancarrota. Asimismo, habían sido nombradas acreedoras en los documentos de quiebra.

Las estafas incluían el comercio de productos online, monedas de oro, arrendamiento posterior de cajeros automáticos, exploración de petróleo y gas y planes de inversión de seguros de vida, entre otros. Asimismo, se reclutaron a 813 inversores generales a partir de listas de teléfonos fijos elegibles de EE.UU para comparar.

Los participantes completaron una encuesta de 49 preguntas basada en entrevistas en profundidad con víctimas de fraude de inversión. También se realizaron entrevistas telefónicas asistidas por ordenador.

Los resultados fueron los siguientes. Más del 80% de las víctimas eran hombres, comparados con el 42,2% de los inversores generales. La edad media de las víctimas conocidas fue de 70,7 años y de 64,8 años para los inversores generales. Los porcentajes referentes al estado civil de los participantes eran bastante más similares. Las diferencias educativas y de sueldo no eran significativas.

Las víctimas participaron en muchas más operaciones bursátiles al año que los inversores generales. Asimismo, recibieron con una mayor frecuencia solicitudes de inversión por correo, teléfono y correo electrónico. En contraposición, las probabilidades de victimización disminuyeron un 30% por cada inversión hecha siguiendo recomendaciones de amigos, familiares, vecinos… etc. El materialismo se asoció positivamente con ser víctima de fraude. Lo mismo puede decirse de la creencia de que las inversiones no reguladas son más rentables.

Así pues, algunas variables se correlacionaron considerablemente con la victimización por fraude de inversión. No obstante, ninguna fue un predictor significativo en el modelo.

En resumen: las víctimas conocidas participaron en conductas de inversión mucho más arriesgadas que podrían aumentar su exposición a los infractores a través del intercambio frecuente de acciones y la compra online, remota, de inversiones a proveedores desconocidos.

El materialismo y las actitudes favorables hacia las inversiones no reguladas también pueden contribuir al atractivo del objetivo. Esto se debe a que aumenta la susceptibilidad a los mensajes de persuasión comunes. Sin embargo, estos factores no estuvieron tan fuertemente asociados con ser una víctima como los comportamientos de inversión.

En comparación con los inversores generales, las víctimas conocidas eran más materialistas y también más propensas a estar de acuerdo en que las inversiones no reguladas producen mayores rendimientos. Los perpetradores explotan estas orientaciones psicológicas prometiendo rendimientos increíbles.

Las personas que están especialmente motivadas por el dinero pueden ignorar la improbabilidad de estas promesas o creer que las ventajas superan las pérdidas potenciales. Estas creencias también podrían indicar un exceso de confianza y una tendencia a descontar el riesgo.

Contrariamente a lo esperado, las víctimas conocidas no expresaron más interés en nuevas oportunidades de inversión que los inversores generales. Debido a que los datos se recopilaron después de que ocurriera el fraude, las víctimas pueden haberse vuelto más escépticas.

Deberían investigarse más los efectos del exceso de confianza y su relación con las diferencias de género en el ámbito. Asimismo, las campañas de educación para inversores deben reducir el estigma de las víctimas de fraude. El objetivo es que se sientan empoderadas para informar a las autoridades y hablar sobre su experiencia.

Si quieres saber más sobre delitos de fraude y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster de Análisis de Conducta en Gestión del Fraude o nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses.

Pedofilia adquirida y del desarrollo, ¿cómo se diferencian? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling acquired pedophilic behavior: Retrospective analysis of 66 Italian forensic cases of pedophilia” de Camperio, A. S.; Scarpazza, C.; Covelli, V. y Battaglia, U. (2019), en el cual se distingue entre la pedofilia adquirida y del desarrollo a través de la elaboración de perfiles forenses de criminalidad.

Actualmente, se sabe que los trastornos neurológicos se asocian comúnmente con síntomas psiquiátricos. No obstante, es más difícil aceptar que una serie de trastornos neurológicos, debido a su presentación predominantemente conductual y a veces extraña, en ocasiones se diagnostican erróneamente como psiquiátricos. La pedofilia adquirida podría ser uno de ellos. El primer caso de pedofilia adquirida registrado se remonta a 1862, cuando se acusó a un hombre de 78 años sin antecedentes criminales de abuso infantil. Este hombre tenía afectadas muchas funciones cognitivas.

Sin embargo, hasta ahora, los consultores forenses que trabajan en abusos sexuales infantiles todavía carecen de maneras fiables de identificar a delincuentes cuyo comportamiento pedófilo -probablemente- sea de origen adquirido y no del desarrollo. Una identificación correcta es imprescindible para seleccionar la terapia y/o el castigo más adecuados. El comportamiento pedófilo adquirido se diferencia del trastorno pedófilo del desarrollo en muchos aspectos: etiología, aspectos neurológicos, posibles terapias, modus operandi y consecuencias legales.

La pedofilia adquirida se refiere a impulsos sexuales hacia niños que surgen más adelante en la vida. Surge como consecuencia de una condición neurológica y con una etiología clara. En consecuencia, se causa una “fractura conductual” en la conducta manifestada antes y después del desarrollo de la enfermedad cerebral. Tampoco se asocia con otros trastornos psiquiátricos ni influencias psicológicas o genéticas.

En contraposición, en la pedofilia del desarrollo el interés pedófilo es más estable a lo largo de la vida, comúnmente surgiendo en la adolescencia. Asimismo, suele combinarse con trastornos mentales como el de personalidad. La etiología, a su vez, se ubica en un origen multifactorial y complejo. Se refiere a influencias genéticas, momentos vitales estresantes, aspectos neuroquímicos, exposición a la testosterona… Además de a factores psicológicos.

Por lo tanto, mientras que la pedofilia del desarrollo se clasifica dentro de los trastornos psiquiátricos, la pedofilia adquirida tiene un claro origen neurológico.

La base neuronal de ambas también es diferente. La pedofilia del desarrollo se caracteriza por alteraciones funcionales cerebrales o estructurales sutiles, sin anomalías neuroanatómicas evidentes. Es más fácil de estudiar a nivel grupal. Contrariamente, las alteraciones evidentes estructurales del cerebro que surgen más adelante en la vida son fundamentales para diagnosticar la conducta pedófila adquirida. En este caso, se pueden identificar dichas alteraciones más fácilmente a nivel individual.

Con respecto a las posibles terapias, la pedofilia del desarrollo no ha logrado ser tratada con éxito si el pedófilo no tiene voluntad de compromiso. En contraposición, la pedofilia adquirida se puede abordar tratando la afección médica subyacente. Sin embargo, el tratamiento exitoso no siempre se da, ya que en ocasiones la pedofilia adquirida surge como síntoma de trastornos neurodegenerativos.

El modus operandi se diferencia en que los pedófilos del desarrollo buscan víctimas activamente, son planificadores y niegan más su conducta si se les pilla. Los pedófilos adquiridos, en cambio, no planean tanto sus agresiones y son menos depredadores. Finalmente, las consecuencias legales para los pedófilos del desarrollo (los depredadores sexuales) son mucho más severas, mientras que para los otros el castigo legal puede no ser la solución más efectiva.

Así las cosas, los autores del artículo revisaron 66 casos jurídicos de conducta pedófila ocurridos en Italia entre 2005 y 2015. Estos involucraban un abuso sexual contra al menos una víctima de 13 años o menor, según la definición más restrictiva de pedofilia. El objetivo era identificar perfiles conductuales mensurables que ayuden a los profesionales a distinguir entre ambos tipos de pedofilia. Los resultados fueron los siguientes.

Parece indicarse que las personas cuyas parafilias surgieron a raíz de trastornos neurológicos se comportan de forma distinta a quienes tenían pedofilia del desarrollo. Así, se pudo establecer el perfil de individuos con pedofilia adquirida con información derivada de pruebas médicas, la historia de los agresores y modus operandi.

Particularmente, se observaron 6 características específicas: ausencia de enmascaramiento, de premeditación, de antecedentes penales sexuales, confesiones espontáneas, sentimientos de culpa y ser mayor de 50 años. Las más significativas eran la ausencia de enmascaramiento, las confesiones de culpa y la edad. Finalmente, el análisis de correlación destaca que las diferentes características o señales de alerta están fuertemente correlacionadas con estas tres principales.

Asimismo, se detectaron dos grupos de individuos dentro de este perfil. Por un lado, aquellos agresores en los que se detectaron cuatro o más características; por otro lado, aquellos con tres o menos características del perfil. Los resultados parecen indicar que los casos de conducta pedófila adquirida representan una proporción pequeña, aunque representativa, de los agresores sexuales de niños.

Dos de las seis características son indicativas de la naturaleza adquirida de los intereses sexuales alterados: la edad avanzada y la ausencia de delito sexual previo. Otras dos reflejan el descontrol impulsivo: ausencia de premeditación y de tentativas para enmascarar la conducta delictiva.

Finalmente, la culpa y las confesiones espontáneas, aunque relacionadas entre sí, podrían explicarse por juicios morales limitados. También puede deberse a que, si algunos agresores son incapaces de distinguir lo moral o correcto, confiesen sus crímenes fácilmente, en los que no ven nada malo.

Es importante subrayar que la presencia de estas características no puede conducir a un diagnóstico clínico de pedofilia adquirida. Más bien, debería impulsar una rápida evaluación neurocientífica. En cualquier caso, estos hallazgos sirven para mejorar la comprensión de la pedofilia y tener una mayor efectividad del sistema de justicia, no para excusar la pedofilia.

Si quieres saber más sobre perfilación criminal y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster de Criminal Profiling o nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses.

El diamante del fraude y el maquiavelismo. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Fraud diamond, Machiavellianism and fraud intention” de Utami, I.; Wijono, S.; Noviyanti, S. y Mohamed, N. (2019), en el que se analizan los factores causales del diamante del fraude, junto a la relación entre una personalidad maquiavélica y la intención de fraude.

El fraude constituye un grave problema para las organizaciones, públicas y privadas, así como para sus interesados (los llamados stakeholders). Internacionalmente, las formas más comunes de fraude son la apropiación indebida de activos y la corrupción. En contraposición, la menos frecuente es el fraude de estados financieros.

Así las cosas, existen diversas teorías que han intentado explicar la conducta de fraude. Entre las más destacadas encontramos la hipótesis del triángulo del fraude. Esta postula la presión, oportunidad de delinquir y racionalización como los factores motivacionales del fraude. Sin embargo, muchos estudiosos encuentran lagunas en este planteamiento.

En su lugar, este hipotético triángulo ha evolucionado a lo que podríamos llamar el diamante del fraude. Consiste en un añadido a los factores del triángulo, componiéndose el total de la presión, oportunidad, racionalización y capacidad.

La capacidad del individuo debemos entenderla holísticamente. Esto es, en el plano intelectual, la resiliencia al estrés y la culpa, la posición dentro de la organización, la confianza y la habilidad de obligar y engatusar a otros. Un alto puesto jerárquico, como determinados cargos, se consideraría con altas o mayores capacidades para cometer fraude comparado con otros. Podemos decir que, en esencia, la capacidad es la habilidad del individuo de controlar su organización.

La presión se manifiesta de diversas formas; puede ser una presión social, económica, vital, por cargas familiares… De acuerdo con la Declaración sobre normas de auditoría, es un factor inherente que motiva a cometer fraude. Entre los directores, por ejemplo, esta presión puede manifestarse en el fraude impulsado por incentivos. Otro motivo sería evitar situaciones perjudiciales para su firma, como incumplir un pacto de deuda.

Con respecto a la oportunidad delictiva, es más fácil que esta se produzca cuando los controles internos de la organización son escasos y débiles. La racionalización, por su parte, suele definirse como el predecesor al fraude. Es la habilidad del perpetrador del fraude para justificar sus actos como racionales, facilitando mitigar su disonancia cognitiva. Las tres justificaciones más comunes son la negación de víctimas, del daño causado y de la responsabilidad.

Debido a que los factores individuales se ven muy afectados por el ambiente, también debemos centrarnos en los factores inherentes que afectan a las personas y que, potencialmente, desencadenan la intención de fraude. Entre estos encontramos el maquiavelismo. Los individuos altamente maquiavélicos tienden a tomar decisiones éticas basadas en sus propios intereses, utilizando el engaño y la manipulación para lograr sus objetivos.

Así pues, los factores del diamante del fraude y el maquiavelismo son capaces de influir en la intención de fraude. La presión y capacidad, como el maquiavelismo, son factores internos del individuo que, unidos, incrementan la intención de fraude. Esto ocurre sobretodo cuando dicho maquiavelismo es alto. Por su parte, la oportunidad como factor externo puede aumentar, si va ligada al maquiavelismo, la intención de fraude. Un ejemplo sería carecer de un sistema interno de denuncias en la organización, u otros medios de control.

Así las cosas, con el fin de medir los factores y rasgos maquiavélicos, se llevó a cabo un experimento con 419 estudiantes de universidades indonesias. Los participantes realizaron diversos tests. Así, los sujetos leyeron el perfil de la empresa y su rol y tarea en el experimento como gerente de compras, a cargo de autorizar la adquisición de materia prima de una empresa papelera. Del mismo modo, los autores dividieron a los participantes entre aquellos con un alto y bajo nivel maquiavélico.

En general, los resultados mostraron que los factores del diamante y las actitudes maquiavélicas afectan a la intención de fraude.

La presión, sobretodo vital, se mostró como un factor determinante para la intención de fraude entre los participantes. Entre los motivos encontramos, generalmente, la codicia, vivir más allá de sus medios, grandes gastos o deudas personales, pérdidas financieras e incapacidad para cumplir con un pronóstico financiero.

La racionalización sirve como justificación del fraude y los actos no éticos del individuo. Consecuentemente, algunos autores sugieren que cuando esos actos no se pueden justificar, es más improbable que se produzca el fraude. Con respecto a la oportunidad, se comprobó que los sistemas internos de denuncia son mecanismos efectivos para mitigar el fraude.

Finalmente, las personas con alta capacidad tienden a correr más riesgos y exhibir una mayor intención de fraude. Por tanto, la investigación constató que la capacidad es un gran factor de refuerzo del triángulo, ahora diamante, del fraude.

Por último, en este estudio, la consideración moral indicada por la intención de fraude se ve afectada por la personalidad maquiavélica. Las personas con alto maquiavelismo tienden al egoísmo y priorizan los resultados sobre el proceso. Por lo tanto, es probable que exhiban una mayor intención de fraude que aquellos con un bajo maquiavelismo.

Por tanto, el estudio reveló que los factores del diamante del fraude hacen que aumente el fraude intencional. Sin embargo, no interactúan con la personalidad maquiavélica tanto como pueda parecer. El diamante del fraude es el principal factor que incide en la intención de fraude. Los rasgos maquiavélicos son factores que fomentan la intención de fraude, pero no son un factor impulsor (interacción) de los componentes del diamante del fraude con respecto a la intención de fraude.

En conclusión, el estudio demuestra que existen relaciones causales entre los componentes del diamante del fraude y la intención de fraude. Además, también existe una relación causal entre el maquiavelismo e intención de fraude. El maquiavelismo fomenta directamente la intención de fraude, pero no interactúa con el componente del diamante del fraude para fomentar la intención de fraude.

Si quieres saber más sobre los delitos de fraude y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster en Análisis en Conducta en Gestión del Fraude o nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses.

Homicidio sexual: un análisis criminológico. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Sexual Homicide: a Criminological Perspective” de Chopin, J. y Beauregard, E. (2019), en el cual se analiza desde una perspectiva criminológica el homicidio sexual.

Los homicidios sexuales son un delito complejo que representan una pequeña proporción de los crímenes violentos. Sin embargo, al ser uno de los más violentos, los medios de comunicación les dan mucha atención. Esto provoca que en las comunidades el miedo se incremente entre la gente. De hecho, a pesar de ser inusuales, los homicidios sexuales suelen requerir bastante tiempo de investigación y costes.

Tradicionalmente, el homicidio sexual se ha definido como el asesinato intencional de una persona cuando existe un elemento sexual en el asesinato. No obstante, para otros investigadores, la actividad sexual no es necesaria. Esto se debe a que el acto de matar en sí mismo puede considerarse la fuente de gratificación sexual.

La mayoría de los estudios utilizan la definición proporcionada por el FBI, debiendo existir al menos uno de los siguientes elementos: vestimenta o falta de vestimenta de la víctima; exposición de las partes sexuales del cuerpo de la víctima; posicionamiento sexual del cuerpo; inserción de objetos extraños en las cavidades de la víctima; evidencia de relaciones sexuales (oral, anal o vaginal); y evidencia de actividad sexual sustitutiva, interés o fantasía sádica.

En estudios comparativos recientes a nivel internacional, se apreciaron diferencias entre la forma de cometer el delito, víctimas y agresores de países de distintos continentes (Canadá, Francia, Escocia y Corea, concretamente). Las conclusiones parecían apuntar a que, al menos en Francia y Canadá, los agresores presentaban más similitudes que diferencias. Aún así, estas últimas también se aprecian.

También se ha tratado de comparar al asesino sexual con otro tipo de criminales violentos. El objetivo de esto era tratar de determinar si se trata de un perfil específico de agresor.

Así pues, se ha comparado a los homicidas sexuales con homicidas sin componente sexual y con delincuentes sexuales que no cometen homicidios. Los resultados fueron diversos. Por un lado, comparándolos con los delincuentes sexuales, los homicidas sexuales suelen alegar más problemas de soledad y de ira. Los agresores de ambos grupos presentaban desórdenes mentales, antecedentes penales por crímenes violentos y/o sexuales, una estructura familiar disfuncional y fueron víctimas de delitos sexuales.

Sin embargo, los delincuentes sexuales no homicidas eran más proclives a realizar la penetración vaginal y humillar a la víctima. No obstante, también puede distinguirse entre estos delincuentes sexuales violentos y no violentos. Estos últimos suelen estar más especializados en lo que es exclusivamente el delito sexual. Los violentos tienen más antecedentes penales. Del mismo modo, son más versátiles en la forma de cometer el delito, al igual que los homicidas sexuales.

Por su parte, los homicidas sexuales suelen caracterizarse por abusos y una variedad de conductas problemáticas y/o trastornos. Entre estos últimos, es más probable que tengan trastornos esquizoides y limítrofes de la personalidad. También que opten por seleccionar una víctima, usar un arma y consumir drogas y alcohol antes de cometer delitos. Contrariamente, parecen menos proclives a obligar a sus víctimas a participar en actos sexuales o humillarlas, así como a tener una personalidad dependiente o antisocial.

En comparación a los homicidas y los delincuentes sexuales violentos, los homicidas sexuales tienden más a exhibir un comportamiento parafílico, tener una percepción negativa de sí mismos y su entorno, tener una colección sexual que involucre a niños, reportar disfunciones sexuales y utilizar sustancias psicoactivas. En cuanto al comportamiento en la escena del crimen, son más propensos a usar un enfoque de estafa o sorpresa, cometer el crimen en una residencia, golpear a la víctima y usar la asfixia o un arma intencionalmente.

Consecuentemente, puede decirse que el homicida sexual es un perfil criminal concreto. No obstante, los homicidios sexuales pueden explicarse en parte como una escalada de la violencia sexual. Un factor que incrementa el riesgo de que un delito sexual termine en homicidio es el acceso y uso de un arma. Asimismo, la resistencia de la víctima también incrementa este riesgo en casos de homicidio sexual no intencionado. Es decir, cuando el objetivo solo era cometer el delito sexual y no el homicidio.

Aún así, otra parte de este tipo de homicidios es cometido por psicopatologías individuales como el sadismo sexual. Estudios previos ya evidenciaron la relación entre la psicopatología y el sadismo y, asimismo, una elevada violencia. En lo referente al sadismo sexual, existe cierto consenso con respecto a lo que le caracteriza. Esto es, una conducta violenta o denigrante; la reacción de la víctima (miedo, dolor…); y/o el sentimiento de poder y control resultante se esta conducta.

Con respecto al comportamiento espacial de los homicidas sexuales, no suelen recorrer mucha distancia desde donde viven. Esta distancia suele ser mayor cuando las víctimas son adultas.

En cualquier caso, la violencia en los homicidios sexuales puede ser de tres tipos. Inadvertida, por falta de atención; indiscriminada, usada cuando se considera necesaria; e intencional, por ejemplo, para evitar ser identificado. Sin embargo ¿qué hay de los homicidas sexuales de víctimas concretas (niños y la tercera edad)?

Otros estudios previos señalaron que los homicidas sexuales de niños parecen tener más trastornos o desórdenes mentales. También tienen una mayor excitación sexual desviada por parafilias como la pedofilia. Asimismo, poseen más probabilidades de planear el crimen, esconder el cuerpo, establecer contacto previo con su víctima y utilizar la pornografía antes del delito.

En contraposición, son menos proclives a reportar drogodependencias o abuso del alcohol, disfunciones sexuales o una personalidad narcisista. De hecho, se han llegado a identificar perfiles concretos de homicidas sexuales de niños y adolescentes, según la edad de la víctima y el tipo de violencia usada. Con respecto a víctimas de edad avanzada, los escasos estudios identificaron que los agresores suelen ser mucho más jóvenes, matarlas en su residencia y ensañarse con ellas.

Así las cosas, el estudio de los homicidios y homicidas sexuales ha evolucionado a un enfoque más basado en datos. Este cambio de tendencia de la tradición clínica lo marcaron los estudios empíricos del FBI, si bien no eran representativos. No obstante, cada vez más se estudian muestras lo suficientemente grandes como para generalizar los hallazgos de los nuevos estudios.

Por ello, las investigaciones futuras deberían seguir ahondando en los distintos perfiles concretos de homicidas sexuales. Del mismo modo, deberían tenerse en cuenta los tipos específicos de víctimas para su investigación, especialmente si son víctimas vulnerables.

Si quieres saber más sobre Perfilación Criminal y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster de Criminal Profiling o nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses.

Índices de psicopatía, ¿mayores en poblaciones reclusas? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Are Prisoners More Psychopathic than Non- forensic PopulationsProfiling Psychopathic Traits among PrisonersCommunity AdultsUniversity Students, and Adolescents” de Boduszek, D.; Debowska, A.; Sherretts, N.; Willmott, D.; Boulton, M.; Kielkiewicz, K.; Popiolek, K. y Hyland, P. (2019), en el cual se comparan los índices de psicopatía entre población reclusa, adultos, estudiantes universitarios y adolescentes. 

La psicopatía suele considerarse como una de las enfermedades mentales más antiguas de la historia. Sin embargo, no existe mucho consenso sobre las características de este desorden y cómo tratarlo. Siendo más específicos, la inclusión de la conducta criminal / antisocial como un componente fundamental de la psicopatía sigue siendo polémica. 

Hasta la fecha, la herramienta de evaluación más utilizada ha sido la Lista de Verificación de la psicopatía actualizada, componiéndose este trastorno de cuatro conjuntos de rasgos. Estos son: la manipulación interpersonal (engaño, grandiosidad…), el afecto insensible (esto es, falta de empatía o remordimientos), un estilo de vida errático (debido a la impulsividad o irresponsabilidad) y una conducta antisocial (desvío social, comportamiento criminal…). Sin embargo, cuando se ha aplicado este método podría haberse producido una sobreestimación del trastorno en delincuentes, al incluirse como un rasgo la conducta antisocial o criminal. 

Varias fuentes han indicado que el comportamiento antisocial / criminal debe considerarse como una posible consecuencia más que como una parte integral de la psicopatía. Por ello, se ha propuesto también un método alternativo de evaluación no verbal: la Escala de Rasgos de Personalidad Psicopática. Esta se compone de cuatro dimensiones:  

  • La capacidad de respuesta afectiva, por ejemplo: los déficits en reacciones emocionales hacia otras personas. 
  • La capacidad de respuesta cognitiva, esto es: déficits en el compromiso cognitivo con los demás. 
  • La manipulación interpersonal, como un estilo comunicativo engañoso y coercitivo. 
  • El egocentrismocentrarse exclusivamente en los propios intereses y creencias. 

La exclusión de los aspectos conductuales hace que la escala sea adecuada para su uso con una variedad de muestras, incluidas las poblaciones no infractoras y la juventud. Aunque los niños y adolescentes no pueden ser diagnosticados con un trastorno de la personalidad, reconocer ciertos problemas desde el principio y obtener una comprensión más profunda de la estabilidad de los rasgos en las etapas del desarrollo podría servir para diseñar mejores estrategias de intervención, rápidas y eficientes. 

Por otro lado, las diferencias cualitativas y cuantitativas en la expresión de los rasgos psicopáticos pueden explorarse con el uso de técnicas analíticas centradas en la persona, como el análisis de perfiles latentes. Estos permiten revelar variaciones en la intensidad de los rasgos, así como las agrupaciones de los rasgos entre individuos. 

Así pues, ¿cuáles pueden ser los índices reales de psicopatía en la población tanto reclusa como no reclusa? 

Para intentar dar respuesta a esta cuestión, los autores aplicaron la Escala de Rasgos de Personalidad y el análisis de perfiles latentes a cuatro grupos/muestras de participantes en su propio estudio. A saber: 772 reclusos de la cárcel de Pensilvania (EE.UU); 1201 adultos de la comunidad del norte de Inglaterra; 2080 estudiantes universitarios, de dos universidades del norte de Inglaterra; y 472 adolescentes de una escuela secundaria en el norte de Inglaterra. En todos ellos, se incluyeron tanto a hombres como mujeres, siento estas últimas mayoritarias en las muestras de adultos y universitarios. Los datos recabados procedían de entre los años 2015 y 2017 incluidos. 

Los resultados revelaron que los adolescentes eran los que más puntuación obtuvieron en déficits de la capacidad de respuesta afectiva. En la capacidad de respuesta cognitiva fueron los que más puntuación obtuvieron, seguidos de los reclusos. Los universitarios y los adultos obtuvieron más puntos que los presos y adolescentes en la manipulación interpersonal. En términos de egocentrismo, los universitarios mostraron puntajes más altos que los adultos de la comunidad y los reclusos. 

En el caso de los adolescentes, dichos resultados pueden sugerir que esos rasgos, relacionados con la empatía afectiva y cognitiva, se contrarresten y la empatía se desarrolle más en la época adulta. En este sentido, investigaciones anteriores atestiguan diferencias relacionadas con la edad y el desarrollo más tardío de determinadas regiones del cerebro.  

Consecuentemente, parece que algunos de los rasgos centrales de la psicopatía pueden ser maleables. Esto ofrece una vía prometedora para las intervenciones dirigidas a los jóvenes identificados como en riesgo de psicopatía adulta, si bien se requiere de más investigación.  

Además de los resultados referentes a los adolescentes, el estudio proporciona más pruebas de la existencia de grupos de psicopatía cualitativamente diversos 

A grandes rasgos, aunque se detectaron ciertas variaciones en los patrones de puntuación entre las muestras, se identificaron: un grupo de psicopatía baja para todas las muestras, grupos claros de psicopatía alta para los presos y universitarios, y un aumento de los grupos de psicopatía entre los adultos y adolescentes de la comunidad.  

Concretamente, se identificaron grupos de alta psicopatía por igual para los presos y universitariosEstos grupos eran casi idénticos en tamaño, lo que sugiere que el aumento de la psicopatía no es más común entre las poblaciones forenses que entre las no forenses.  

Específicamente, dado que la psicopatía alta se identifica en aproximadamente el 7% de las poblaciones adultas (siendo igual el porcentaje para las muestras del estudio), parece que algunos de esos rasgos pueden aliviarse naturalmente en el proceso de maduración y socialización. Sin embargo, esto sugiere, a su vez, que los reclusos no son más psicopáticos que las poblaciones no penitenciarias. 

Si quieres saber más sobre Psicopatología, la conducta criminal y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster de Criminal Profiling o nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses. 

Víctimas de fraude en Cataluña: factores de denuncia. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Fraud reporting in Catalonia in the Internet era: Determinants and motives” de Kemp, S. (2020), en el que se estudian diversos determinantes o características de las víctimas de fraude, tanto online como no virtual, y los motivos para denunciar o no estos delitos. 

El aumento de oportunidades delictivas en el ciberespacio relacionadas con la transnacionalidad, el anonimato y las bajas barreras tecnológicas de entrada representan un claro impedimento para la vigilancia del fraude

En las fuerzas públicas se ha detectado, a su vez, una falta de preparación para lidiar con el fraude online. Sin embargo, uno de los grandes retos de la prevención y vigilancia del fraude es relativamente viejo: las bajas denuncias. 

La denuncia de delitos y, por tanto, las estadísticas fiables son importantes por muchas razones (investigaciones policiales, elaboración de buenas políticas públicas y de prevención…). Varias fuentes internacionales muestran los altos costes financieros del fraude para la sociedad actual, llegando a alcanzar estos los billones de euros.  

En lo que respecta a la víctima, esta puede llegar a sufrir impactos emocionales, psicológicos e incluso físicos como consecuencia del fraude. A estos hay que añadir también los costes económicos y el tiempo. Así pues, dadas las consecuencias del fraude y su gran prevalencia entre los delitos cibernéticos, es necesario entender los factores asociados a su denuncia

Continuando con el trabajo de van de Weijer, Leukfeldt y Bernasco sobre los determinantes de la denuncia del ciberdelito (el cual publicamos hace unos días y podéis leer aquí), entre otros autores, Kemp profundiza en esta temática. Esto es, qué factores hacen que una víctima denuncie o no el fraude, comparando el online con el offline.  

Así las cosas, el índice de denuncia en este tipo de delitos suele ser muy bajo. Por ejemplo, menos del 30% de la población holandesa del estudio de van de Weijer denunció delitos de fraude. Este porcentaje era significativamente más bajo que el de los delitos tradicionales, con excepción del vandalismo. Se trata de una tendencia que se repite en muchos otros países, como Inglaterra y Gales (15%). 

Sin embargo, no se ha profundizado en las diferencias entre las diferentes modalidades de fraude y su denuncia. Las escasas denuncias se han explicado por diversas hipótesis. Las víctimas pueden llegar a no ser conscientes de su victimización, no ver suficientes beneficios al denunciar o no saber a quién acudir (o acudir a otras agencias distintas a la policía). 

En la investigación del autor la muestra procede de las dos últimas ediciones (2015 y 2017) de la Encuesta de Seguridad Pública de Cataluña. Esta se realiza cada dos años. En 2015, 530 individuos reportaron haber sido víctimas de fraude, mientras que en 2017 fueron 659. Finalmente, la muestra consistió en 1177 víctimas de fraude o estafa.

La encuesta contiene preguntas sobre las siguientes características demográficas: género, edad, lugar de nacimiento, educación, situación profesional, situación económica, discapacidad. Además, se pidió su opinión sobre la seguridad en su ámbito local y sobre la policía catalana y local. Se les preguntó a los encuestados sobre los factores relacionados con el delito de fraude, incluido si denunciaron o no. Asimismo, se tuvo en cuenta si consideraban que lo que les había ocurrido era un delito de fraude. 

Así pues, los resultados reflejaron lo siguiente. Por un lado, los fraudes cometidos en persona o por teléfono eran menos denunciados que los cometidos por internet. Sin embargo, las probabilidades de denunciar eran mucho mayores en cualquier caso si la víctima consideraba el fraude un crimen. De igual forma, el impacto financiero se asoció con la predisposición a denunciar. Por otro lado, los impactos psicológicos no aportaron valor predictivo sobre la denuncia, al igual que el resto de variables de opinión y demográficas.

Consecuentemente, el modus operandi (fraude online u offline) fue la variable con más efecto o poder predictivo de la denuncia, seguida del impacto económico. Las denuncias de fraude online pueden verse influenciadas por considerarlo (o no) un delito, el impacto financiero, la molestia y la edad. En general, estas variables se asocian con más denuncias. En cuanto al fraude offline, las variables relevantes para denunciar serían: considerarlo delito, el impacto económico y el impacto psicológico.

Por tanto, la siguiente cuestión que debemos plantearnos es ¿qué hace que las víctimas consideren el fraude un delito o crimen?

Una vez más, encontramos que el modus operandi es el principal factor que influye en tal consideración. Es más frecuente que se considere como delito cometer fraude por Internet que cometerlo en persona o por teléfono. La molestia y el impacto psicológico también mostraron una fuerte asociación estadística positiva, aunque con un efecto más reducido.

Una posible explicación para esto es que puede ser más fácil proporcionar evidencia de victimización online. Alternativamente, las víctimas de fraude online podrían considerar que han sido defraudadas, mientras que las de fraude offline creer que se han dejado defraudar. Esto es, es más probable que se culpen a sí mismos por su victimización y, por ello, se abstengan de denunciar. 

Con respecto a por qué las víctimas no denunciaron, encontramos que la inconveniencia y duración del proceso, junto a la insignificancia de las pérdidas y la creencia de que la policía no podría hacer mucho, eran las justificaciones más comunes. Estas motivaciones están ligadas a los impactos psicológicos, por lo que se debe evitar culpar o estigmatizar a las víctimas. 

Del mismo modo, podría ser beneficioso contar con un sistema centralizado de denuncia. Finalmente, no parece haber un perfil demográfico general del denunciante de fraude, aunque ciertos factores (ej. edad) están asociados con ciertas razones para no denunciar. Futuras investigaciones podrían ahondar en esta percepción de culpa. Asimismo, deberían considerarse estrategias que redujeran los costes asociados a la denuncia e incrementaran los beneficios (impactos económicos, psicológicos…).

Si quieres saber más sobre el cibercrimen, Victimología y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster en Análisis en Conducta en Gestión del Fraude o nuestro Experto Universitario en Análisis de Conducta en Gestión del Fraude, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses.

Víctimas de delitos cibernéticos. ¿Denuncian? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Determinants of reporting cybercrime: A comparison between identity theft, consumer fraud, and hacking” de van de Weijer, S. G. A.; Leukfeldt, R. y Bernasco, W. (2018), en el cual se compara la asociación entre las características de las víctimas de delitos cibernéticos y tradicionales, y el comportamiento de denuncia de ambos tipos distintos de delitos.

Existen diversos estudios sobre la relación entre las características de las víctimas de delitos tradicionales y su índice de denuncia. Sin embargo, se desconoce si esas características son también aplicables a las víctimas de delitos cibernéticos. Generalmente, el índice de denuncia de tales delitos es muy bajo, siendo los casos de hacking los —aparentemente— menos reportados.

Entre las explicaciones teóricas que se han dado a los determinantes para denunciar, se han detectado tres factores. Por un lado, existen factores económicos, entendidos como un análisis de los costes-beneficios que conlleva denunciar. Entre los costes para la víctima se encuentran el tiempo invertido, conocerse su identidad, las posibles consecuencias para el agresor…

En contraposición, entre los posibles beneficios de denunciar destacan las indemnizaciones, recuperar bienes o que el agresor no la vuelva a victimizar. Así, las indemnizaciones y ofrecer alternativas en la forma de denunciar (por teléfono o por Internet) hacen que se incrementen las probabilidades de que la víctima denuncie.

Por otro lado, existen también factores psicológicos. Estos se reflejan en cómo las víctimas ven su papel en el delito (si su conducta, por ejemplo, aumentó las posibilidades de ser victimizados), el tipo de represalias para el agresor y en la vergüenza por haber sido victimizadas. El entorno social más próximo y la imagen que tengan de las autoridades también influyen en la decisión de denunciar.

En este sentido, se han detectado a su vez factores ambientales. Esto es, la influencia de la familia, los amigos, colegas y la comunidad. Las circunstancias socioeconómicas de la víctima, el nivel de urbanización y cohesión social… etc., también se han considerado como posibles características de influencia, aunque sin resultados concluyentes.

Finalmente, hay factores sociodemográficos asociados al índice de denuncia de las víctimas. Las mujeres, las personas más mayores y las personas que tienen pareja son quienes más tienden a denunciar. Cabe mencionar que estos factores son aplicables a víctimas de delitos tradicionales, desconociéndose si pueden generalizarse a víctimas de delitos cibernéticos. Algunas características del delito cibernético podrían influir en el impacto del delito en las víctimas y su decisión de denunciar.

Así pues, en el estudio de los autores obtuvieron los datos de 97.186 víctimas en Holanda, entre 2012 y 2015. Se distinguió entre crímenes tradicionales y cibernéticos, incluyendo en estos últimos hacking, robos de identidad y fraudes al consumidor online. Los cibercrímenes supusieron un 28.5% de los delitos denunciados de la muestra.

Teniendo en cuenta los tres tipos de cibercrímenes reportados, los resultados indican que estos son denunciados a la policía con menos frecuencia que los delitos tradicionales, salvo el vandalismo. Asimismo, las víctimas de robo de identidad sí reportaban lo sucedido con más frecuencia a otras organizaciones en vez de la policía. Las víctimas de hacking y fraude no denunciaban habitualmente ni a la policía ni a ninguna organización.

Si bien los resultados del estudio mostraron que existen relaciones entre las características de las víctimas y las denuncias a la policía similares para ambos tipos de delitos (cibernéticos y tradicionales), se detectaron también algunas diferencias remarcables. Entre estas, destaca por ejemplo el sexo de la víctima. Los hombres del estudio son más propensos a denunciar delitos cibernéticos, mientras que las mujeres lo son de denunciar delitos tradicionales.

Las víctimas holandesas denunciaban con más frecuencia delitos tradicionales que cibernéticos, mientras que las víctimas no occidentales denunciaban con más frecuencia a la policía ciberdelitos. Asimismo, las víctimas con una mayor renta tienen más probabilidades de denunciar delitos tradicionales que cibernéticos.

Del mismo modo, aparentemente las víctimas no vinculan su victimización por ciberdelitos a su localización física, al contrario que con delitos tradicionales. Por tanto, la seguridad del vecindario suele ser vinculada a los delitos tradicionales y su denuncia y no tanto a delitos cibernéticos.

Con respecto a los delitos cibernéticos específicos, se detectaron tres predictores o determinantes específicos relacionados significativamente con su denuncia. La victimización anterior, los ingresos y el nivel educativo se relacionaron significativamente de manera negativa con la denuncia a la policía de la victimización de los tres tipos de delitos cibernéticos. Las relaciones con otros determinantes difirieron entre los tres tipos de ciberdelito.

Concretamente, algunas otras características de las víctimas están asociadas con denunciar delitos a la policía en comparación con denunciar delitos a otras organizaciones. El hallazgo más notable es que las víctimas de delitos cibernéticos que habían sido victimizados anteriormente tienen menos probabilidades de denunciar su victimización a la policía y más probabilidades de denunciarlo a otras organizaciones.

Otra diferencia sería que los hombres tienen más probabilidades de denunciar, específicamente, los fraudes de consumo a la policía. En contraposición, las mujeres las tenían de denunciar el hacking y robo de identidad a otras organizaciones.

Así pues, sería deseable que las investigaciones futuras también tuvieran en cuenta las características del delito (la gravedad o magnitud del delito y sus consecuencias, la indemnización…) al estudiar la disposición a denunciar los delitos cibernéticos. Asimismo, deberían estudiarse en profundidad los motivos para denunciar o no (esto es, los factores psicológicos); otros tipos de víctimas, como las empresas o gobiernos; y más tipos de delitos cibernéticos.

Si quieres saber más sobre Victimología, ciberdelincuencia y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster de Criminal Profiling o nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses.

Cultura de la violación en las redes sociales: Twitter. Club de Ciencias Forenses

 Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Tweeting rape culture: Examining portrayals of victim blaming in discussions of sexual assault cases on Twitter” de Stubbs-Richardson, M.; Rader, N. E. y Cosby, A. G. (2018), en el que se examina cómo es interpretada la cultura de la violación en las redes sociales, concretamente en Twitter.

Bien, por cultura de la violación debemos entender aquellos comportamientos o ideologías que normalizan la violencia sexual. De hecho, a través de esta cultura se construye socialmente lo que entendemos por violación y cómo son —supuestamente— las víctimas.

Los mitos como “ella quería” o “mintió, eso no es violación” forman parte de esta cultura y pueden ser reflejados en los medios, las leyes, etc., en el consenso de la comunidad y a nivel individual. Estos mitos contribuyen a justificar la agresión, excusar al agresor y culpabilizar a la víctima, sobretodo cuando se cosifica sexualmente a esta como, por ejemplo, una trabajadora sexual.

Dicha cultura, junto a la culpabilización de la víctima y avergonzar a las mujeres por su actividad sexual (presunta o real), son cuestiones representadas en las redes sociales mediante la discusión de casos de delitos sexuales. Estadísticamente, en EE.UU se viola a 1 de cada 5 mujeres, y muchas no denuncian por la vergüenza, su culpabilización y el miedo a que las autoridades no las crean. De hecho, un estudio determinó que el 43% de los abogados de la acusación en estos casos mostraba entre una moderada y alta aceptación de la cultura de la violación.

Así pues, la existencia de una cultura de violación hace que sea menos probable que se denuncie la violación y también es una forma de victimización que estigmatiza y culpa a las víctimas de violación por su victimización. A grandes rasgos, las investigaciones sugieren que las redes sociales se utilizan tanto para victimizar a las supervivientes de violación como para abogar contra una cultura de violación.

El bullying y el acoso sexual de las víctimas de violación es una forma de victimización secundaria que tiene muchas consecuencias para la salud y que, en última instancia, puede llevar al suicidio de la víctima.

En el estudio realizado por los autores, estos analizaron en la red social Twitter un total de 603 tweets referentes a tres casos de violación (259 tweets de apoyo a las víctimas y 344 culpabilizándolas), usando los términos “violación y puta” para seleccionar ambos tipos de tweets.

Los tres casos discutidos incluyen víctimas jóvenes femeninas cuya victimización por violación salió a la luz a través de las redes sociales. En los tres casos, se culpó a las víctimas por su violación (encontrarse intoxicadas, tener comportamientos promiscuos…) y, posteriormente, se las hostigó tanto online como fuera del ciberespacio. Los tweets se dividieron en tres categorías.

Por un lado, el binario “virgen-puta” y el mundo justo; esta última hipótesis sostiene que a las malas personas les ocurren cosas malas y viceversa. Consecuentemente, la violación se considera un acto desviado que le ocurre a mujeres con comportamientos o formas de vestir inapropiadas. Así pues, algunas personas llegan incluso a considerar que las prostitutas (no sólo en el sentido literal de la palabra) no pueden ser violadas.

Esto es, este tipo de tweets sostienen que algunas víctimas de violación se merecen lo que les pasó. En este sentido, las “putas” se perciben como las víctimas más merecedoras de violación (degradándolas como objetos sexuales), mientras que las vírgenes se salvan. Este binario, pues, justifica la violación, culpabiliza a la víctima y exculpa o justifica al agresor.

Por otro lado, los tweets sobre noticias, copiando la información sobre los hechos, pueden servir tanto como apoyo a la víctima como para legitimar o excusar la violación. Los usuarios de Twitter parecen querer crear sus propias noticias, incluso para temas emocionales como el suicidio de las víctimas de violación.

Este tipo de subtweets a menudo agregan un comentario cargado de emociones que deja entrever su opinión, que suele ser de tristeza o enfado. Cuando se presentan hechos para resaltar la experiencia de la víctima, parece que los efectos negativos de la cultura de la violación se notan y se oponen con mayor facilidad.

Por último, se encuentran los tweets encaminados a desprestigiar los mitos de la violación. En ellos es en los que más apoyo a las víctimas se suele mostrar argumentando que la violación no es aceptable bajo ninguna circunstancia. Los tweets de apoyo a las víctimas sostienen que la violación no debe justificarse como un resultado aceptable por motivos de vestimenta, comportamiento, alcohol o drogas, o encuentros sexuales previos.

Así pues, utilizando los términos “violación y puta”, se identificaron numerosos ejemplos de contenido tanto de culpa como apoyo a las víctimas. Los resultados del estudio revelan que, en general, los tweets que culpan a las víctimas son más influyentes tanto en el número de seguidores como de retweets. No obstante, es posible que los términos de búsqueda resulten en una subsección más pequeña y extrema de las discusiones sobre la cultura de la violación y, por tanto, se recogieran en el estudio más tweets legitimando la violación.

En cualquier caso, estos hallazgos resaltan la importancia de examinar el diálogo o interacciones entre grupos en las redes sociales. Las redes sociales ofrecen la oportunidad de evaluar ejemplos del mundo real de culpar a las víctimas que, de otro modo, serían difíciles de obtener.

La investigación futura debería examinar qué discusiones surgen cuando se emplean términos de búsqueda más generales como violación y agresión sexual en las redes sociales. Incluso podría ampliarse a cuando estos estén relacionados con el comportamiento sexual.

Por otro lado, podrían evaluarse los tipos de apoyo a las víctimas o los esfuerzos de intervención que reducen la aceptación de los mitos sobre la violación y la violencia hacia las mujeres, que evalúan los efectos sobre la salud mental y que apuntan a mejorar las intervenciones de los espectadores en línea.

Si quieres saber más sobre Victimología y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster de Criminal Profiling o nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses.

Delincuentes violentos: ¿castigar o rehabilitar? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Should all violent offenders be treated equally? Perceptions of punishment and rehabilitation for violent offenders with varying attributes” de Atkin-Plunk C. A. (2020), en el cual se examinan las preferencias diferenciales de sanción para los delincuentes violentos en función de sus atributos personales.

Criminales, agresores sexuales, ladrones, delincuentes juveniles… si pudieses elegir, ¿optarías por castigos, rehabilitación o ambas?

Hasta los años ’70, la ideología correccional estaba mayoritariamente basada en la rehabilitación de los individuos implicados en conductas delictivas. Con la aparición de diversas publicaciones que ponían en duda la eficacia de los programas de rehabilitación, el enfoque ha cambiado hacia acciones más punitivas. Por ello, la población correccional registró un aumento destacable.

En este proceso de cambio, la opinión publica también se tuvo en cuenta. Muchos investigadores del momento han analizado si la población se orienta hacia lo punitivo tanto como los legisladores. Las tendencias registradas mostraban que la población tiene una actitud altamente punitiva hacia la criminalidad. Acepta leyes duras de castigo, optan por la encarcelación, sentencias más largas y la pena de muerte.

En cualquier caso, la población sigue apoyando los programas de rehabilitación.  Esto lleva al concepto de justicia equilibrada. Aunque deseemos castigar duramente a los que incumplen la ley, también aprobamos la rehabilitación e incluso la reintegración. Generalmente, parece que se ha superado la visión de los años ’20 tipo enciérralos y tira la llave.

Se ha visto que incluso los individuos más conservadores, que atribuyen la culpa de los delitos a factores disposicionales (p. ej. personalidad), también reconocen que los factores situacionales pueden llevar a cometer delitos. Aunque haya una visión muy punitiva de los delitos (p. ej. como ocurre en el estado de Texas), muchas personas optan por sanciones de rehabilitación para los delincuentes no violentos.

Cuando se trata de conductas violentas, hay una tendencia de preferencia para los castigos severos. Muchas personas consideran que en la rehabilitación no funciona para los delincuentes violentos. Por ello, si tenemos que elegir una intervención para un traficante de drogas, es más probable que optemos por la rehabilitación. En cambio, si el delincuente es un violador, esa opción no nos parece viable.

Hasta aquí, queda claro que la gravedad del delito nos influye a la hora de elegir sanciones. Dónde hay violencia, queremos más castigo. Lo que queda menos claro es qué condiciones o atributos de los delincuentes violentos influyen en las preferencias de sanción.

Es decir, aparte de diferentes tipologías de delitos, ¿nos influye saber que el delincuente sufre de drogodependencias u trastornos mentales, que ha vivido bajo patrones de abuso o que ha prestado servicio militar? El estudio citado pretende indagar en ello.

La elección de tales atributos se basa en evidencias de que solemos juzgar una conducta como moralmente incorrecta en función del estado mental del delincuente. En cambio, cuando elegimos una sanción, tenemos en cuenta el daño causado por tales conductas.

Una asignación de sanciones más duras se da cuando consideramos que el delincuente es moralmente responsable del daño causado. Por ello, es posible que ciertos atributos reduzcan o aumenten la percepción sobre la responsabilidad moral del delincuente y, consecuentemente, asignar sanciones más o menos duras.

En el estudio participaron 575 estudiantes universitarios de criminología. Estos contestaron a varias preguntas completando un cuestionario. Para cada pregunta hay 4 versiones en las que se plantea un atributo diferente: drogodependencia, trastornos mentales, veteranos e individuos que han sufrido de violencia doméstica.

También se registran diferentes variables demográficas, así como el riesgo percibido de ser víctima, importancia que se da a la religión y actitudes racistas. Todas ellas se han seleccionado en base a evidencias previas de relación con actitudes de castigo de los delincuentes.

¿Cuál debería ser la meta de las sentencias para delincuentes violentos: castigar o rehabilitar?

Tal como se esperaba, los participantes no ven a todos los delincuentes violentos de la misma manera. Por ejemplo, creen que la rehabilitación debería ser la primera elección cuando se trata de delincuentes que sufren de trastornos mentales (38,9%). Por otro lado, creen que los que menos deberían recibir este tratamiento como primera elección son aquellos delincuentes que han sufrido de violencia doméstica (12,1%).

Para una justicia equilibrada optan aproximadamente la mitad de los sujetos, tanto para delincuentes que sufren de drogodependencias (45,7%), como para aquellos que sufren de trastornos mentales (47,8%) o son militares veteranos (45,4%). Para los delincuentes que han sufrido de violencia doméstica se registran mayores preferencias para sanciones típicas como el encarcelamiento (62%).

¿Se merecen estos delincuentes violentos tener acceso a programas de rehabilitación? ¿Es posible rehabilitarlo y son estos programas eficaces? ¿Cooperan los delincuentes con los profesionales de rehabilitación en ese proceso?

Las respuestas a estas preguntas conforman creencias sobre los programas de rehabilitación. Lo que se pretende es observar si estas creencias son diferentes en función de las características de cada participante (p. ej. sexo, raza) del estudio.  Por ejemplo, ¿son la raza o la ideología política características que marcan la diferencia en estas creencias sobre rehabilitación?

En todos los casos de delincuentes violentos con los diferentes atributos planteados se observa que, cuando los participantes creen que estos merecen tener acceso a la rehabilitación y/o que esta es eficaz, hay mucha más probabilidad de optar por un sistema de justicia equilibrada. También hay mayor tendencia en estos casos a mostrar preferencias hacia la rehabilitación por encima del castigo.

En el caso de los delincuentes violentos con trastornos mentales o con drogodependencias, la variable demográfica con mayor impacto es la ideología política. Específicamente, si los participantes se identifican con una ideología conservadora, las preferencias de castigo son mayoritarias y mucho más que en los sujetos liberales. Cuando se trata de delincuentes violentos militares veteranos, quienes se identifican con una ideología política moderada apoyan más el castigo y menos la rehabilitación que los liberales.

Otra variable demográfica con un papel destacable es el año de estudio en el que se encuentran los participantes. La preferencia por la justicia equilibrada se da más en sujetos que se encuentran en el último año de carrera cuando se trata de delincuentes violentos con drogodependencias.

La nota media del curso parece mostrar una asociación con las preferencias de castigo/rehabilitación para los delincuentes violentos que han vivido en un entorno de violencia doméstica. Específicamente, a mayor nota media, mayor probabilidad de optar por un sistema de justicia equilibrada. Para este tipo de delincuentes, también influyen en las preferencias de castigo/rehabilitación la raza y el género de los participantes. Parece que los hombres blancos son los que más optan por la rehabilitación y no por el castigo.

En resumen, las creencias de que la rehabilitación funciona, que los delincuentes violentos se merecen acceso a ello e incluso que estos vayan a colaborar en su proceso de tratamiento (para los veteranos) están detrás de las preferencias por una justicia equilibrada y para la rehabilitación como primera elección por encima del castigo.

Ello ocurre en todos los casos, pero con matices. Los porcentajes de probabilidad de optar por una preferencia de justicia equilibrada debido a las creencias antes mencionadas son mayores cando se trata de delincuentes violentos con trastornos mentales y menores para los que han vivido en entornos de violencia doméstica. La ideología política y el nivel de formación influyen en algunos casos, por lo que los atributos de los delincuentes violentos sí impactan en las preferencias de sanción.

Todo ello implica que la opinión pública no es tan punitiva como se ha pensaba. Las creencias sobre la eficacia de la rehabilitación y la posibilidad de que estos delincuentes mejoren a través de ello generan unas preferencias diferentes que cuando no se cree en el tratamiento. Asimismo, la responsabilidad moral que se atribuye a un delincuente varía según ciertos atributos. Es decir, la población percibe de manera diferente la causa de la conducta violenta.

Pero ¿qué pasa cuando se trata de personas no delincuentes? ¿También evaluaríamos la responsabilidad de manera diferente cuando, por ejemplo, sufren de drogodependencias o de trastornos mentales? Os invitamos a la reflexión.

 

 

¿Te interesan el campo de las Ciencias Forenses? ¿Quieres aprender sobre análisis de escenarios de crimen, profiling e/o investigación criminológica? Visita nuestro Máster en Criminal Profiling  y nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica,  con becas especiales para los lectores del Club Ciencias Forenses.

Antiguas entradas