clubforenses.com

clubforenses.com

Categoría: Entomología forense

Entomología y estimación del intervalo postmortem. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Forensic entomology application in China: Four case reports” de Wang, M.; Chu, J.; Wang, Y.; Li, F.; Liao, M.; Shi, H.; Zhang, Y.; Hu, G. y Wang, J. (2019), en el cual se ilustra mediante cuatro casos prácticos cómo la información entomológica permite estimar el intervalo postmortem.

No es ningún secreto que determinar el momento de la muerte es de gran importancia para las investigaciones criminales.

Este momento se determina mediante diversas condiciones posteriores a la muerte, como el livor mortis o el rigor mortis. Sin embargo, muchos de estos métodos solo son aplicables hasta pasadas 48-72 horas de la muerte (2-3 días). Pasado este tiempo, muchas técnicas asociadas a la medicina forense se vuelven inexactas, o incluso no se pueden aplicar.

Por ello, se han desarrollado nuevos métodos que estimen el intervalo postmortem para mejorar la precisión de tal estimación. Entre ellos, la entomología forense es una importante rama de las ciencias forenses. Utilizando las especies de artrópodos, los datos de sucesión pueden reflejar cuánto tiempo el cuerpo ha estado expuesto. Los datos de desarrollo pueden utilizarse para estimar el periodo de tiempo en el que el cuerpo fue colonizado.

Así, el periodo de actividad de los insectos se refiere al tiempo desde que los artrópodos colonizan el cuerpo hasta que los restos son encontrados. Este periodo no siempre se corresponde con el intervalo postmortem. Recientemente, se ha refinado estableciendo un intervalo mínimo postmortem. Este representa el tiempo desde la colonización hasta el hallazgo de los insectos inmaduros más antiguos en el cadáver.

Los informes de casos son bastante valiosos ya que la entomología forense está constantemente evolucionando y expandiendo su aplicación. Los múltiples estudios al respecto demuestran que la entomología forense es aplicable a investigaciones criminales de diversas partes del mundo.

En este sentido, China tiene una amplia experiencia haciendo uso de la entomología. Por ello, los autores analizaron 4 casos prácticos detectados en el sur de China, zona con clima subtropical monzónico.

Bien, el primer caso ocurrió en 2015. El cuerpo de un hombre apareció junto a un estanque, en un área suburbana; estaba tendido sobre su lado izquierdo. La parte superior del cuerpo estaba desnuda, y en general no presentaba grandes rasgos de putrefacción. Las temperaturas corregidas medias fueron de 26 ° C durante la semana anterior.

Así pues, los investigadores de la escena del crimen recolectaron alrededor de 30 gusanos de la cabeza como evidencia entomológica. Las especies que se identificaron en dicha muestra, con 26º de temperatura, necesitan entre 43 y 68 horas para desarrollarse. Por ello, se estimó que el intervalo mínimo postmortem debían ser 68 horas. No obstante, el patólogo difirió. En base a la falta de signos de putrefacción y la temperatura, estimó que el intervalo postmortem debía ser de unas 48 horas.

¿Quién llevaba razón entonces?

La respuesta es: ambos. La investigación descubrió que el hombre había deambulado por la zona con una herida abierta en la cabeza. Al parecer, se desmayó donde lo encontraron tras no recibir atención médica. Es entonces cuando los insectos comenzaron a colonizar la herida y cuerpo, cuando el hombre todavía estaba vivo pero comatoso. Finalmente, murió horas después. Por ello las estimaciones de los intervalos no concordaban entre sí, supervalorando dicho intervalo la evidencia entomológica. Sin embargo, no es habitual que los primeros insectos colonizadores aparezcan en el cuerpo antes de la muerte. En cualquier caso, esta situación ilustra la importancia de la colaboración entre profesionales.

El segundo caso tuvo lugar en 2017. El cuerpo de un hombre adulto se encontró en una habitación sin puerta ni ventanas pero que lo resguardaba de la lluvia. Bajo las sábanas, el cuerpo estaba desnudo y la mayoría de los tejidos blandos momificados. La causa de la muerte fue una lesión cerebral, y la temperatura media del mes de 26.ºC. Como evidencia entomológica, se identificaron pupas vacías, larvas e individuos adultos de distintas especies de dípteros y coleópteros.

En conjunto, tras analizar todas las muestras y teniendo en cuenta la temperatura, condiciones del cadáver… etc., se estimó que el intervalo postmortem era de entre 23 y 24 días. Posteriormente, con la resolución del caso se supo que el intervalo real era de 25 días, muy cercano al estimado. Los escarabajos son especialmente útiles en casos forenses en los que los dípteros ya han abandonado el cuerpo y solo se pueden encontrar escarabajos. Estudiar el patrón de sucesión de las especies, si tiene estados específicos, puede ser de gran ayuda para estimar el intervalo postmortem de cuerpos en avanzado estado de descomposición.

El tercer caso aconteció en 2011. Se encontró el cuerpo de una mujer en el baño de una vivienda, en avanzado estado de descomposición. La muerte se produjo por una ingesta excesiva de alcohol y medicamentos. Había relativamente pocasmoscas y gusanos adultos en el sitio; la puerta se encontraba cerrada pero las ventanas abiertas. Las larvas de mosca se distribuyeron principalmente en cabeza y cara. En este caso, el intervalo estimado por la evidencia entomológica no coincidía con el resto de evidencia. Esto puede explicarse principalmente por la alteración que muchas sustancias químicas pueden causar en los insectos, incluido su desarrollo.

Finalmente, en el cuarto caso (2011), se encontraron restos de una mujer asesinada en la ladera de una colina, cerca de la salida de una carretera. Casi toda la ropa estaba quemada, pero a los órganos internos y al cerebro no les afectó tanto el fuego. La temperatura media fue de 15.3ºC, y gran parte del cuerpo tenía colonias de hongos blancos.

Así, se identificaron tres especies de moscas, siendo el estado previo a la pupa el más avanzado de las muestras. En base a esta evidencia entomológica, se determinó que el intervalo mínimo postmortem era de 25.5 días. La confesión del asesino situó el intervalo postmortem en 26 días. En este caso, la estimación entomológica fue un éxito.

Resulta interesante subrayar que este caso se produjo en invierno, cuando se cree que la actividad de los insectos se reduce. Sin embargo, otras investigaciones sugieren que es la luz solar, y no la temperatura, la que determina dicha actividad y aparición de los artrópodos en los cuerpos. Por otra parte, aunque la quema puede destruir algunos sitios potenciales de oviposición, también puede conducir a más sitios de oviposición debido a la aparición de grietas.

Así pues, la entomología forense es una ciencia de gran utilidad. Pero requiere de mucha precisión y tener otros diversos factores en cuenta para hacer estimaciones correctas. Y en China, donde esta ciencia está menos desarrollada, su demanda para aplicarla en investigaciones criminales cada vez es mayor.

Si quieres saber más sobre entomología forense, técnicas de investigación criminal y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster de Criminal Profiling o nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses.

Tomografía de coherencia óptica: utilidad forense. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Optical coherence tomography in forensic sciences: a review of the literature” de Nioi, M.; Napoli, P. E.; Mayerson, S. M.; Fossarello, M. y d’Aloja, E. (2019), en el que se estudia la utilidad de la tomografía de coherencia óptica para las ciencias forenses.

La tomografía de coherencia óptica (TCO) es una técnica de obtención de imágenes interferométricas (utilizando ondas de luz para obtenerlas). Fue introducida en los 90 y, actualmente, se utiliza de forma rutinaria en algunas especialidades clínicas como la oftalmología.

Esta técnica se caracteriza por la capacidad de un interferómetro para medir la luz reflejada de una muestra de interés para compararla con una luz de referencia, para medir su superposición o interferencia. Las distancias fijas recorridas por los rayos en los dos brazos del interferómetro se denominan trayectorias ópticas. Ambos rayos reflejados en cada superficie se combinan, generando una inferencia.

En consecuencia, cuando la luz reflejada sale del interferómetro, habrá una señal que consiste en la suma de ambas luces. Así, se obtiene un patrón de interferencia. Este se puede analizar cuando la luz de ambos brazos ha recorrido una distancia óptica “similar“. La intensidad de la emisión de luz dada por la suma de los dos haces reflejados se puede recoger y medir con un fotodetector (espectrómetro).

Entonces, ¿cuál es la utilidad de la TCO en las ciencias forenses e investigaciones criminales?

En general, las imágenes obtenidas de esta técnica ofrecen varias ventajas en comparación con la histología clásica o la autopsia. Por ejemplo, permiten un análisis tridimensional no invasivo y sin contacto con el tejido que se estudia en tiempo real. Así las cosas, la TCO tiene potencial de aplicación en el ámbito forense. Concretamente, los autores identificaron varias aplicaciones, si bien se requiere de más investigación.

Estas son: evaluación del corazón y vascularización en el período post-mortem; oftalmología y medicina forense clínica; entomología forense… Otras áreas de aplicación forense serían el estudio de manchas de sangre, huellas dactilares y bulbos capilares para identificación personal. También el estudio de materiales encontrados en la escena del crimen para su comparación o investigación antifraude.

Así pues, con el fin de ahondar en este potencial, los autores revisaron 57 artículos sobre la temática. Los hallazgos fueron los siguientes.

Por un lado, la tomografía como técnica alternativa en estudios cadavéricos tiene lugar desde 2007. Existen varias situaciones en las que una evaluación microscópica de los tejidos es obligatoria para obtener un diagnóstico médico-legal. Uno de estos casos es en muertes por patología coronaria. En este ámbito, los resultados sugieren un gran potencial de la tomografía de coherencia óptica en estudios de enfermedad de la arteria coronaria y muerte cardíaca súbita. Esto incluye los casos forenses, como una herramienta de diagnóstico suplementaria.

Por otro lado, en la oftalmología es donde más extendido está el uso de esta tomografía, como decíamos. Esto incluye a su vez casos forenses. Por ejemplo, el diagnóstico oftalmológico es relevante al analizar la retina de un niño para ver si es zarandeado / maltratado. Recientemente, algunos autores estudiaron la viabilidad de la tomografía de coherencia óptica en la detección de hallazgos oculares post mortem. En este sentido, un estudio preliminar en humanos permitió la detección de nuevos signos para estimar el intervalo post mortem. Estos nuevos signos no pueden identificarse usando métodos tradicionales.

Con respecto a la entomología, la técnica se aplicaría al análisis de artrópodos para estimar los intervalos post mortem. Además, con ella se puede lograr un estudio larvario prolongado, morfológico y no destructivo. Asimismo, permite evitar que los especímenes no sean sacrificados. Por último, existen otros ejemplos del uso de la tomografía en diversas ramas de la ciencia forense.

Así, encontramos que, para lograr la identificación personal, es posible analizar morfológicamente estructuras celulares de pelos del cuero cabelludo humano fresco sin modificar, así como el vello facial. Otra aplicación sería la búsqueda de huellas dactilares, o verificar la autenticidad de billetes monetarios o la pintura de vehículos. Otros lo aplicaron para determinar si las manchas de sangre son frescas o secas, para reconstruir la dinámica del delito.

Así pues, características como la falta de manipulación física o química de muestras, no invasividad, tridimensionalidad y resolución microscópica de las imágenes, son algunas de las ventajas más importantes de esta técnica. La información de alta resolución puede ser, además, interpretada a tiempo real. Por ello, se podría fomentar aún más su uso en diferentes campos de estudio.

En contraposición, hay dos posibles limitaciones al utilizar la tomografía de coherencia óptica. Sus mayores costes, relacionados con la adquisición, comparados con las técnicas tradicionales como la autopsia clásica sería una. La otra limitación se corresponde con la escasa familiaridad de los patólogos con las nuevas técnicas de imagen. Sin embargo, estos problemas podrían superarse con la comercialización de herramientas ad hoc y la preparación adecuada del personal forense.

Si quieres saber más sobre técnicas de investigación criminal y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster de Criminal Profiling o nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses.

Entomología forense y ADN. ¿Cómo identificar especímenes? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “DNA Barcoding in Forensic Entomology – Establishing a DNA Reference Library of Potentially Forensic Relevant Arthropod Species” de Chimeno, C.; Morinière, J.; Podhorna, J.; Hardulak, L.; Hausmann, A.; Reckel, F.; Grunwald, J. E.; Penning, R. y Haszprunar, G. (2018), sobre entomología forense y ADN, en el cual se explica el sistema de secuenciación de ADN para crear bancos o bibliotecas genéticas y su aplicación a las especies entomológicas de utilidad forense.

Una de las tareas más importantes de la ciencia forense es determinar el intervalo postmortem de un individuo (cuándo murió). Esta labor se dificulta pasadas 72 horas, cuando el cuerpo se encuentra en estados de descomposición más avanzados. Sin embargo, existe una disciplina necesaria en dichas circunstancias: la entomología forense.

Debido a que se supone que la colonización por artrópodos de una fuente de carroña coincide bastante con el comienzo de la muerte, un entomólogo forense puede estimar ese intervalo, siempre que se haya podido producir la colonización. Esta estimación puede lograrse mediante el estudio de las muestras de artrópodos procedentes del cuerpo en descomposición.

Así, para hacer un buen estudio el primer paso recae en hacer una identificación correcta y exacta de las especies. Sin embargo, esto puede resultar todo un reto si los entomólogos sólo cuentan con restos parciales de los artrópodos como la exuvia (exoesqueleto), extremidades o biomasa no identificada.

Incluso los especímenes intactos representan una gran carga cuando se desea aplicar métodos morfológicos, ya que los huevos, los estadios larvarios tempranos y, a veces, incluso los posteriores de muchas especies diferentes comparten características similares. Esto hace que sea casi imposible en ciertos grupos, incluso para especialistas, distinguir entre ellos basándose solo en la morfología. Para dar solución a estas situaciones, lo que muchas veces se hace es criar los especímenes hasta que alcanzan una fase en la que sus características ya son distinguibles.

Por tanto, ¿qué alternativas existen para solventar estas dificultades?

La aplicación de la biología molecular en la entomología forense ha ganado importancia, pues ofrece innumerables nuevas posibilidades en el análisis de artrópodos. Las secuenciaciones de ADN emplean una secuencia genética corta como un único identificador para diferenciar entre especies. De hecho, pueden aplicarse a pequeñas cantidades de biomasa de artrópodos desconocidos.

No obstante, la calidad de los resultados de este método depende de la base de datos de referencia usada para la comparación de secuencias. El establecimiento de una base de datos de secuenciación de ADN de referencia de alta calidad es, por lo tanto, un requisito previo importante cuando se desea garantizar resultados precisos.

Así pues, en el marco de la campaña Secuenciación Vital Internacional, desde 2009 se ha construido una biblioteca de referencia de secuenciación de ADN de aproximadamente 20.000 especies animales representadas por más de 250.000 especímenes. Esta biblioteca de referencia de secuenciación de ADN permite un estándar muy alto de identificación precisa de especies, siendo la más completa para artrópodos, incluidos coleópteros, himenópteros, lepidópteros…

Así las cosas, los autores del artículo querían demostrar la aplicación de dicha biblioteca utilizándola como columna vertebral de un análisis de secuenciación de alto rendimiento (SAR) administrado a muestras a granel o especímenes de artrópodos obtenidos de cadáveres humanos.

Para ello, investigaron un total de 1392 especies de artrópodos, estando el 96% de ellos conservados en etanol. Estos se originaron en diferentes localidades (de República Checa principalmente) y experimentos previos, recolectados desde 2008 a 2015. Los especímenes provenían de cerdos, pájaros y ratas, estando la mayoría de ellos en fases avanzadas.

Estos especímenes se utilizaron para el establecimiento de una biblioteca de referencia forense. Las muestras a granel no estaban destinadas a la construcción de la biblioteca de referencia. Su análisis simplemente sirvió como ejemplo de aplicación de la tecnología de metasecuenciación.

Se seleccionaron de una a tres muestras de cada morfoespecie designada para transferirlas a 96 microplacas. Se extrajo una pequeña muestra de tejido muscular de especímenes grandes. El espécimen completo se utilizó para individuos pequeños, como ácaros, larvas pequeñas y huevos. La extracción consecutiva de ADN genómico se realizó con protocolos de secuenciación estándar.

Las secuencias recibidas se ensamblaron, respectivamente, se editaron y se alinearon entre sí para realizar más correcciones. Al actualizar las secuencias de códigos de ADN editadas y los archivos de rastreo en la base de datos, se adquirieron los números de índice de códigos de secuenciación de las especies. Así pues, a las secuencias se les asigna un identificador global único.

Todos los metadatos, incluidos los nombres de las especies, las imágenes, las referencias, así como las regiones y los países de origen, se proporcionaron para cada espécimen.

En resumen, de todas las especies procesadas (1392), 678 generaron secuencias de códigos. Se definieron un total de 502 secuencias como códigos exitosos para su uso en la biblioteca forense. De estos, se dio cobertura para 88 especies de artrópodos diferentes que pertenecen a 28 familias, de 7 órdenes distintos. El éxito de la secuenciación fue mayor para las muestras recién recolectadas de 2014 y 2015.

Por otro lado, 44 especímenes fueron identificados a nivel de familia o género solamente. La mayoría de especies identificadas eran del orden de los dípteros, entre los que los califóridos presentaban más abundancia y biodiversidad. El segundo orden más abundante fue el de los coleópteros. El resto de especies, aunque presentes en la biblioteca, estaban representados por un menor número de especímenes.

Asimismo, de esos 502 especímenes se pudo asignar un número único de identificación global a 436. A todos los coleópteros se les pudo clasificar exitosamente, pero solo al 87% de los dípteros se les asignó su número.

Para concluir, con una biblioteca de referencia sólida a mano, la aplicación de SAR es innovadora. Esto es debido a que permite el análisis de cientos y miles de individuos, así como la generación de grandes conjuntos de datos que luego pueden evaluarse a voluntad. En futuras aplicaciones, podrá trabajarse con este método en proyectos a gran escala.

Si quieres saber más sobre entomología forense, técnicas de investigación criminal y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster de Criminal Profiling o nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses.

Lucilia Silvarum: una nueva especie de interés para la entomología forense en Europa. Club de las Ciencias Forenses.

Lucilia Silvarum. Club de las Ciencias Forenses

Lucilia Silvarum. Club de las Ciencias Forenses

Apreciados amigos del Club de las Ciencias Forenses, el artículo que hoy les ofrecemos nos presenta a una nueva especie para la entomología forense, la Lucilia Silvarum. Este interesantísimo artículo lo debemos a Heike Fremdt, Richard Zehner, Jens Amendt, todos ellos pertenecientes a la Universidad Johann Wolfgang Goethe en Frankfurt (Alemania), a Krzysztof Szpila de la Universidad Nicolaus Copernicus en Torun (Polonia), a Johannes Huijbregts del Centro de Biodiversidad Naturalis (Holanda) y a Anders Lindström perteneciente al Instituto Nacional de Veterinaria de Uppsala (Suecia).

Como sabemos, la entomología forense es el estudio de insectos y otros artrópodos asociados con cadáveres, que se utiliza, entre otros propósitos, para estimar el tiempo transcurrido desde la muerte o intervalo postmorten y la identificación de los posibles traslados del cuerpo, así como las características de las zonas de procedencia.

Existen dos métodos para determinar el tiempo transcurrido desde la muerte usando la evidencia de los artrópodos, el primero utiliza la edad y tasa de desarrollo de larvas; el segundo método utiliza la sucesión de artrópodos en la descomposición del cuerpo. Ambos métodos se pueden utilizar por separado o conjuntamente siempre dependiendo del tipo de restos que se están estudiando. Por lo general, en las primeras fases de la descomposición las estimaciones se basan en el estudio del crecimiento de una o dos especies de insectos, particularmente dípteros, habiéndose convertido la Lucilia Silvarum en una de las especies de mayor importancia para la entomología forense.

Así, la Lucilia Silvarum es una mosca de la familia Calliphoridae (moscas carroñeras, moscardones, greenbottles o moscas de grupo) del orden díptera. Esta mosca fue descubierta por primera vez por Johann Wilhelm Meigen en 1826 y se encuentra sobre todo en Europa. Hasta cuatro especies, L. ampullacea, L. caesar, L. illustris y L. sericata, se encuentran regularmente en cadáveres humanos en Europa. A pesar de la importancia de la entomología dentro de la disciplina forense, todavía, a día de hoy, no tenemos un conocimiento completo de la biología y el desarrollo de la mayoría de estas especies. Esto es debido a que la cría artificial de las moscas en el laboratorio no es fácil y, además, la identificación de determinados marcadores moleculares en las etapas inmaduras es complicada y costosa.

Con todo, para el desarrollo del estudio entomológico, y cuando el objetivo es realizar estimaciones de intervalo post-mortem utilizando la L. Silvarum, se necesitan datos de generación de calor .El primer paso es la identificación precisa por medios morfológicos y moleculares. De esta manera, es esencial disponer de la máxima información posible relacionada con la biología y el desarrollo de las moscas azules necrófagas, así como identificar correctamente los individuos de la muestra. Como hemos apuntado, hasta el momento actual la L. Silvarum no tenía una especial importancia en la entomología, pero se ha convertido en la actualidad en un elemento entomológico de investigación clave, sobre todo en la tercera etapa larval. Para su identificación, incluso en los casos más difíciles, se está utilizando el marcador mitocondrial Citocromo Oxidasa I (COI).

Los autores del presente artículo recogen tres casos forenses de diferentes países europeos que han informado, por primera vez, de L. Silvarum en cadáveres humanos que fueron encontrados cerca de lagos, pantanos o riberas. El primero de los casos se produjo el 13 de julio de 2008, cuando un hombre fue encontrado muerto en una playa, en una zona industrial a las afueras de una ciudad de Suecia. Al día siguiente, y durante la autopsia, se recogieron larvas. Nourteva, a lo largo de sus estudios entomológicos, señaló que se necesitan 26 días para el desarrollo desde el huevo hasta el adulto de la L. Silvarum, a una temperatura media de 16,6ºC. Suponiendo que el tiempo para alcanzar el tercer estadio es de aproximadamente el 20% del total de tiempo de su desarrollo (como la mayor parte de las moscas azules), tardaría, en el caso forense que nos ocupa, un mínimo alrededor de 5 días. Así pareció confirmarse según los testigos que vieron por última vez a este hombre con vida. Había fallecido por causas naturales.

El segundo de los casos se produjo en agosto de 2008, cuando un hombre fue encontrado muerto cerca de Amsterdam, en las aproximaciones de una zona con abundante agua dulce. Se trataba de un fallecimiento por sobredosis. Su cabeza estaba repleta de larvas en el segundo y tercer estado, de L. Silvarum, L. Illustris y L. Ampullacea. No se podía llevar a cabo una estimación muy estable al no disponer de información sobre su desarrollo larvario a diferentes temperaturas. Con todo, se estimó en, aproximadamente unos 5 días, desde el estado de larva hasta llegar a la longitud del gusano más grande encontrado (12mm), a una temperatura media de 20ºC.

En el tercer caso, mayo de 2009, se trató del cuerpo de una mujer de 67 años, localizada en un campo de grano cerca de Gütersloh (Alemania). Había sido vista con vida 3 días antes, en una granja cercana a la escena del crimen. La autopsia determinó que fue el estrangulamiento la causa de su muerte y el médico forense determinó que había fallecido entre 8 y 24 horas antes del descubrimiento del cadáver. Se encontraron dos larvas de L. Silvarum en su boca. El estudio realizado llevó a la determinación de que fue asesinada en su camino de vuelta a casa, tras una fiesta en la granja vecina. Este caso sigue abierto.

Con todo, las moscas de estudio se obtuvieron de cadáveres humanos, utilizando cebo mixto de carne de hígado de vacuno y dimetil trisulfuro. Las muestras se almacenaron al 95% de EtOH. Dos patas fueron analizadas de cada muestra, y se llevó a cabo la extracción de ADN.

Por otra parte, los autores del presente estudio nos muestran la clave de identificación para la L. Silvarum, dotándonos de un excelente material entomológico para la identificación morfológica de larvas de tercer estadio en moscardones europeos.

Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar