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Categoría: Investigación policial (página 1 de 10)

La identificación trans en antropología forense. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Breaking the binary: The identification of trans-women in forensic anthropology” de Schall, J. L.; Rogers, T. L. y Deschamps-Braly, J. C. (2020), en el que se analiza el impacto de la cirugía de feminización facial en las técnicas de identificación empleadas por la antropología forense.

En antropología forense, la identificación del fallecido comienza con la construcción del perfil biológico. Posteriormente, se compara con descripciones de personas desaparecidas para ayudar a acotar las investigaciones.

En los casos de personas trans y de género diverso, describir sus restos físicos y sexo biológico puede tener poca correlación con su identidad social, retrasando y/o confundiendo la identificación. Algunas personas trans han buscado alterar su apariencia física para reflejar mejor su género. Así, estas alteraciones podrían tanto facilitar el proceso de identificación como generar nuevas complicaciones.

Cabe recalcar que, cuando los antropólogos forenses realizan una evaluación de sexo, están evaluando el sexo biológico, no el género. Tradicionalmente, esta disciplina tiene una conceptualización binaria de la variación sexual (masculino o femenino), limitando la incorporación del género en este proceso. Consecuentemente, poco se han discutido los métodos para la identificación de personas transgénero y no conformes con el género en la antropología forense.

Transgénero es un término genérico para las personas cuya identidad de género difiere del sexo que se les asignó al nacer. Trans a menudo se refiere a un individuo que busca, o ha experimentado, una transición social de un género binario a otro, como hombre a mujer o mujer a hombre. Hay muchas opciones de modificación corporal para las personas trans. Estas incluyen terapias de reemplazo hormonal, cirugía genital, cirugía de feminización facial y cirugía de masculinización facial.

Entre estos, la cirugía de feminización facial es un grupo de procedimientos quirúrgicos destinados a feminizar los rostros de las personas en transición de hombre a mujer o mujeres trans. En concreto, los procedimientos específicos que impactan directamente en el esqueleto facial son: el contorno de la frente, la rinoplastia, el contorno del mentón y el contorno de la mandíbula.

Debido a que cada individuo tiene una frente y posición del seno frontal diferente, el proceso de reducción y contorno de esta es muy variable. Si la cirugía tiene éxito desde una perspectiva antropológica forense, la cara de una mujer trans debería de ser indistinguible de una mujer cis. Esto sugiere que un análisis métrico del cráneo produciría una evaluación del sexo craneal de “mujer”, aunque la pelvis -por ejemplo- siguiese pareciendo masculina. Por ende, el sexo craneal sí coincidiría (fememnino) pero no el sexo de la pelvis.

Sin embargo, también pueden surgir otras dificultades no antropológicas. Por ejemplo, si en la denuncia de desaparición se identifica a la persona trans de acuerdo con su sexo biológico (hombre) en vez de su verdadera identidad de género (mujer). Por otro lado, si la cirugía de feminización no tiene éxito, la identidad será ambigua o, en función de las circunstancias, generar otros problemas de identificación y correspondencia.

Por tanto, es necesario comprender cómo las cirugías de feminización impactan la evaluación del sexo craneal y, en última instancia, evaluar tanto el sexo como el género como parte de un perfil esquelético forense. Se trata de un tema casi inexplorado en la antropología forense, el cual debe abordarse para facilitar la identificación legal de una manera respetuosa con la identidad personal del fallecido.

Debido a que pocos cirujanos practican este tipo de cirugía, el tamaño de la muestra de la investigación de los autores es limitada.

Concretamente, se contó con 11 sets de imágenes de tomografía computarizada con el antes y el después de la operación de mujeres transgénero que se operaron en el último año. Se utilizó la tomografía computarizada en tanto que no hay colecciones esqueléticas de individuos trans, tratándose de imágenes no distorsionadas. Asimismo, se tomaron un total de 17 medidas craneoencefálicas, 10 de las cuales están afectadas por cirugía de feminización, según la visibilidad de los puntos de referencia. Asimismo, se utilizó el software FORDISC para el tratamiento de las imágenes.

Algo de gran importancia para esta investigación era que las medidas tomadas de las imágenes de tomografía computarizada preoperatoria se reconocieran como masculinas, antes de evaluar las imágenes posoperatorias. Desde la perspectiva de la identificación forense, una cirugía de feminización exitosa alteraría la evaluación preoperatoria del sexo de “masculino” a “femenino”.

Los resultados mostraron que, independientemente de las mediciones incluidas, FORDISC indicó que los individuos de la muestra eran más similares a los hombres que a las mujeres, tanto antes como después de la operación (excepto en un caso de resultado femenino postoperatorio). En última instancia, las alteraciones quirúrgicas no fueron lo suficientemente marcadas como para cambiar el resultado de una evaluación craneométrica del sexo en el software. No obstante, los resultados del posoperatorio sí eran lo suficientemente notables como para que un antropólogo forense pudiera dudar y concluir que los resultados son indeterminados.

Hubo tres casos en los que los resultados de la métrica “masculina” tenían una probabilidad posterior más alta en el posoperatorio que en el preoperatorio. Una explicación puede ser que, a pesar de la extracción de una cantidad significativa de hueso, las proporciones y el tamaño general del resto del cráneo están fuera del rango de la mayoría de mujeres. Las modificaciones realizadas en el esqueleto y el tejido blando durante la cirugía tienen como objetivo imitar la morfología “femenina”, no el tamaño “femenino”.

A pesar de estos resultados, es importante recordar que el análisis métrico es solo un componente de la evaluación del sexo craneal. Asimismo, el análisis morfológico de un cráneo de hombre a mujer que se ha sometido a cirugía mostrará evidencia de las modificaciones quirúrgicas, como tornillos y clavijas. Debido a esto, hubo algunas dificultades en la investigación para tomar las medidas postoperatorias en las tomografías computarizadas en estas áreas afectadas. De hecho, en algunos casos tales placas aumentaron el volumen del área y, consecuentemente, el tamaño de las medidas.

Dicho esto, los cirujanos plásticos de todo el mundo practican este tipo de cirugías, independientemente de si tienen la capacitación adecuada, lo que puede provocar errores en el procedimiento. Por lo tanto, los resultados finales variarán según las necesidades del individuo y la experiencia del cirujano.

En conclusión: es imperativo que los antropólogos forenses consideren la posibilidad de que un individuo no identificado pueda ser transgénero y, por ende, no limiten su análisis y conclusiones a categorías binarias de sexo. Los resultados del estudio demuestran que es posible encontrar evidencias de género en los esqueletos faciales de personas transgénero que se han sometido a una cirugía de feminización facial.

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El poder identificativo de la corteza. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Contribution of plant anatomy to forensic investigation: Tree bark morphology” de Caccianiga, M.; Compostella, C.; Caccia, G. y Cattanero, C. (2020), en el que se evalúa la posibilidad de identificar las especies de plantas a partir de pequeños fragmentos de corteza de plantas leñosas, ayudando en investigaciones forenses.

El papel de la botánica en la investigación forense ha demostrado ser cada vez más útil en las últimas décadas.

Los macrorestos de plantas (semillas, frutos, flores, hojas y otras partes y/o sus fragmentos) son una herramienta poderosa para vincular un cuerpo, u otra evidencia, a la escena principal del crimen. Esto es debido a que pueden proporcionar información detallada sobre la ubicación ecológica y geográfica donde el cuerpo ha estado expuesto.

Por otro lado, su identificación puede ser problemática incluso para expertos, particularmente cuando solo se cuenta con partes pequeñas, que no significativas y/o si su estado de conservación es deficiente.

Se pueden encontrar otras estructuras con mayor frecuencia, especialmente las más resistentes y expuestasdirectamente al medio ambiente. Estas son la capa externa de plantas con semillas leñosas (en árboles y arbustos); esto es, la conocida como corteza. Su contacto directo con el medio externo y su resistencia a la descomposición hacen que sea muy probable su aparición cuando se produce el contacto con una planta leñosa.

No obstante, se sabe poco sobre las herramientas de identificación específicas para las características anatómicas de la corteza. O, al menos, se sabe poco sobre la individualización de marcas específicas que pueden usarse para compararlas directamente con muestras de procedencia conocida, incluso si los textos de referencia al respecto están cada vez más disponibles. La corteza consta de muchas capas de diferente origen que pueden estar presentes o no en diferentes especies.

Así, la investigación de los autores tiene su origen en un caso real de homicidio en el norte de Italia. Allí se encontraron fragmentos de corteza en la víctima y se analizaron para ayudar a reconstruir la dinámica del homicidio. En agosto de 2010 se encontró el cuerpo de un hombre de 20 años en un bosque, junto a un gran árbol, con varias heridas de bala en la cabeza y el tórax.

El cuerpo presentaba muchas abrasiones en la cara, muñecas y antebrazos. Sin embargo, lo que más destacaba para el patólogo eran una serie de pequeñas astillas de corteza insertadas en la piel de los antebrazos. Una vez retiradas estas astillas de la piel, se analizaron con la intención de verificar si podían provenir de la corteza del árbol adyacente al cuerpo.

Las astillas recogidas del cuerpo se pegaron sobre un soporte de madera en posición vertical (como si fuera en posición viva) y se lijaron finamente en la sección transversal. Se tomaron muestras de 16 especies de árboles comunes en el norte de Italia y representativas de las principales formas macroscópicas de corteza para la identificación. Dicha identificaciónde las astillas de corteza recogidas del cuerpo se realizó a través de claves identificativas y la comparación visual con muestras de corteza exterior recogidas de los árboles cercanos.

Ahora bien, los fragmentos encontrados en el cuerpo eran muy pequeños (entre 2 y 8 mm) y no se pudo realizar la descripción de toda la corteza. Sólo estaba presente una parte de la corteza exterior (ritidoma).

La identificación de los fragmentos con la clave completa no fue posible debido a la ausencia de tejido de expansión en las muestras recogidas de la escena. Por el contrario, la clave simplificada reportada sí permitió la correcta identificaciónde las muestras.

Los datos confirman la aparición de rasgos distintivos específicos en las capas que forman la corteza de los árboles. Su uso como herramienta de identificación es prometedor, pues el aumento del número de especies podría mejorar en gran medida la eficacia de la clave de identificación.

Sin embargo, la dimensión de las muestras obtenidas rara vez es suficiente para observar correctamente las características de diagnóstico de la corteza. El número de capas de ritidomas en la corteza exterior también puede ser variable, incluso dentro del mismo árbol.

Así, la falta de la corteza interna dificulta la interpretación de los rasgos de diagnóstico de la corteza externa. Esto se debe a que las células y tejidos solo pueden observarse en su fase degradada, sin ninguna información sobre su estado original. Por ello, las células esclerificadas de diferente origen a menudo no se distinguen entre sí cuando se encuentran en la corteza externa.

Los fragmentos de corteza pueden encontrarse con frecuencia tras un contacto con el tronco o las ramas de un árbol. Además, presentan un aspecto variable como consecuencia de la especie de origen. Muchas características podrían observarse y reconocerse con una simple observación macroscópica con lente o estereomicroscopio. Asimismo, los tejidos de la corteza pueden aguantar mucho tiempo sin deteriorarse (son resistentes) y se pueden fácilmente manipulables.

Debido a estas razones, los fragmentos de corteza deberían ser incluidos en los macrorrestos para ser recolectados y analizados durante las investigaciones. No obstante, también existen algunos puntos críticos, particularmente por el pequeño tamaño de las muestras que es más probable que se encuentren y su falta de integridad.

Desafortunadamente, las colecciones de referencia de cortezas son bastante poco comunes, mientras que para fines forenses sería importante tener fácil acceso a una amplia gama de estas que incluyan clasificaciones de plantas nativas y exóticas.

Así, la investigación de los autores demuestra la utilidad de un estudio completo de restos botánicos asociados con muestras forenses. Esto incluye muestras incluidas que aparentemente carecen de las herramientas de identificación tradicionales. También se manifiesta la necesidad de establecer colecciones de referencia que incluyan partes de plantas que, probablemente, se conserven y resistan a la descomposición.

Por último, cabe apuntar que los métodos y conocimientos derivados de los estudios arqueológicos o paleoecológicospueden ser útiles para alcanzar todo el potencial de tales técnicas, que aún está por alcanzarse y ser reconocido.

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Temperatura: la importancia de su reconstrucción para la investigación criminal. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Stay cool or get hot? An applied primer for using temperature in forensic entomological case work” de Lutz, L. y Amendt, J. (2020), en el que se analizan los métodos más precisos para reconstruir la temperatura en escenas del crimen, según distintos intervalos postmortem y desde la perspectiva de la entomología forense.

La temperatura es un elemento clave para las ciencias forenses, en disciplinas como la patología o antropología. Es de especial importancia para determinar el intervalo postmortem.

Por lo tanto, no es sorprendente que la temperatura también juegue un papel muy importante en la entomología forense. La temperatura afecta a la actividad, oviposición y la sucesión de insectos en un cadáver. Especialmente, afecta al crecimiento de los insectos que se alimentan de un cuerpo en descomposición. La estimación del crecimiento y la edad de las etapas inmaduras de los insectos carroñeros se logra utilizando, por ejemplo, la suma térmica. La edad resultante es la base para determinar el intervalo postmortem mínimo.

Además de la identificación correcta de las especies, saber la temperatura a la que estuvieron expuestos los insectos durante el crecimiento es el paso más importante para estimar dicho intervalo.

Hay muchas pautas y estándares publicados sobre cómo usar, modelar o reconstruir la temperatura en las investigaciones forenses. En todos se proponen mediciones de temperatura “diarias”, “horarias” o “múltiples” in situ después de haber encontrado el cuerpo. Sin embargo, a pesar de su importancia, la reconstrucción de la temperatura sigue siendo objeto de controversia y punto débil de la entomología forense.

Durante las últimas dos décadas, varios autores se han centrado en mejorar la recopilación de la temperatura de la escena del crimen y el impacto de distintos factores en la precisión de su estimación. Algunos de estos factores son la meteorología, microclimas en el área de la escena, presencia de luminosidad o sombras… etc. No obstante, todavía no parece haber un enfoque uniforme para estimar la temperatura.

Así las cosas, los autores estudiaron 51 informes de casos de los últimos 25 años, identificando 5 categorías de cómo se estimó o calculó la temperatura.

En la mayoría de los informes de casos, en el 72% solo se utilizaron datos de la estación meteorológica más cercana sin vinculación con la temperatura en la escena del crimen. El 27% informes no consideran los datos de la estación meteorológica en absoluto, pero utilizan mediciones propias tomadas en la escena del crimen después del descubrimiento del cadáver, que a veces eran deficientes con solo una medición justo después del momento del descubrimiento.

Con base en esa encuesta se puede decir que la reconstrucción de temperatura rara vez se realiza en el trabajo de casos entomológicos forenses, al menos en los casos publicados. En particular, los modelos estadísticos más complejos (como los modelos aditivos generalizados) siguen siendo únicos.

Así, en el estudio propio de los autores el objetivo era promover las mediciones de temperatura en el sitio del descubrimiento y la comparación con los datos oficiales de las estaciones meteorológicas cercanas y analizar si los modelos aditivos generalizados o la regresión lineal son más adecuados para reconstruir la temperatura en la escena de un crimen. En este contexto, se comprobaron la influencia de diferentes variables.

En total, se establecieron 3 sitios hipotéticos de descubrimiento de los cuerpos en una antigua zona militar a 20 km al este de Münster, Alemania. En el primer escenario el cuerpo estuvo expuesto a la luz solar durante todo el día con vegetación, al aire libre. En el segundo, el cuerpo estaba cubierto por ramas al aire libre. En el tercero, el cadáver estaba rodeado por grandes árboles que proporcionaban sombra la mayor parte del día.

La temperatura en cada sitio se registró cada hora desde el 24 de julio hasta el 13 de agosto de 2017. Además, se descargaron las mediciones de temperatura por hora de la estación meteorológica más cercana. La temperatura se registró con un sensor.

Para cada uno de estos escenarios, la recolección de temperatura en el sitio se realizó durante uno (24 h), tres (72 h), cinco (120 h), siete (168 h) y diez (240 h) días tras el descubrimiento del hipotético cadáver. Luego, los datos de temperatura se correlacionaron con los datos de la estación meteorológica para el tiempo correspondiente, lo que resultó en cinco períodos de correlación para cada intervalo postmortem. Esto se hizo para los tres sitios de descubrimiento de cuerpos.

Se compararon los datos de temperatura in situ y los datos correspondientes de la estación meteorológica para cada uno de los períodos de correlación. Estas comparaciones permitieron la producción de modelos. Los modelos se desarrollaron mediante regresión lineal y modelos aditivos generalizados. En total, se desarrollaron 45 modelos utilizando regresión lineal y 45 utilizando modelos aditivos generalizados.

Los resultados mostraron que el uso de los modelos aditivos generalizados puede proporcionar reconstrucciones de temperatura en la escena del crimen más precisas que la regresión lineal o la información de estaciones meteorológicas. En el 95,6% de todos los modelos, la temperatura reconstruida con estos modelos fue más cercana a los datos reales en el sitio que en los otros modelos.

La inclusión de la variable “hora del día” en los modelos ayudó a incrementar enormemente la precisión. Esto se debe a que así se cubrían posibles efectos causados por oscilaciones entre la temperatura en la escena del crimen y la estación meteorológica. Sin embargo, los resultados revelaron que la recopilación de datos en el lugar debe realizarse cada hora durante al menos 3 días para obtener una reconstrucción precisa de la temperatura en la escena del crimen.

Además, el microclima específico en la escena (sombra, sol, etc.), puede influir en la precisión de la reconstrucción de la temperatura. Un modelo de temperatura (modelos aditivos generalizados, regresión lineal) proporciona mejores resultados si la diferencia entre los datos in situ utilizados no se desvía demasiado de la temperatura que se va a reconstruir. Esto a menudo puede lograrse, si es posible, realizando las mediciones cerca del día del descubrimiento, no con un retraso de varios días o semanas.

En cualquier caso, es imprescindible diferenciar entre escenarios al aire libre y sitios cerrados. Esto se debe a que las oscilaciones de temperatura y la influencia de otros agentes, como la meteorología, son muy distintas entre ambos. Si se encuentra un cuerpo en interiores, los requisitos para una reconstrucción de temperatura cambian.

Consecuentemente, la reconstrucción de la temperatura con modelos aditivos generalizados es muy útil porque pueden considerarse muchos parámetros de la escena del crimen (humedad relativa, velocidad del viento, precipitación…) para que la reconstrucción de la temperatura sea lo más precisa posible.

Finalmente, para alcanzar una mayor eficacia, las grabaciones de datos deberían realizarse cada hora durante un mínimo de 3 días hasta 10 días, siendo recomendable recrear las condiciones de la escena. Si la temperatura no se reconstruye (o no se puede reconstruir) por diversas razones, una comparación y discusión de los datos in situ con los de una estación meteorológica es lo mínimo que deben hacer los expertos forenses.

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Entomología y estimación del intervalo postmortem. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Forensic entomology application in China: Four case reports” de Wang, M.; Chu, J.; Wang, Y.; Li, F.; Liao, M.; Shi, H.; Zhang, Y.; Hu, G. y Wang, J. (2019), en el cual se ilustra mediante cuatro casos prácticos cómo la información entomológica permite estimar el intervalo postmortem.

No es ningún secreto que determinar el momento de la muerte es de gran importancia para las investigaciones criminales.

Este momento se determina mediante diversas condiciones posteriores a la muerte, como el livor mortis o el rigor mortis. Sin embargo, muchos de estos métodos solo son aplicables hasta pasadas 48-72 horas de la muerte (2-3 días). Pasado este tiempo, muchas técnicas asociadas a la medicina forense se vuelven inexactas, o incluso no se pueden aplicar.

Por ello, se han desarrollado nuevos métodos que estimen el intervalo postmortem para mejorar la precisión de tal estimación. Entre ellos, la entomología forense es una importante rama de las ciencias forenses. Utilizando las especies de artrópodos, los datos de sucesión pueden reflejar cuánto tiempo el cuerpo ha estado expuesto. Los datos de desarrollo pueden utilizarse para estimar el periodo de tiempo en el que el cuerpo fue colonizado.

Así, el periodo de actividad de los insectos se refiere al tiempo desde que los artrópodos colonizan el cuerpo hasta que los restos son encontrados. Este periodo no siempre se corresponde con el intervalo postmortem. Recientemente, se ha refinado estableciendo un intervalo mínimo postmortem. Este representa el tiempo desde la colonización hasta el hallazgo de los insectos inmaduros más antiguos en el cadáver.

Los informes de casos son bastante valiosos ya que la entomología forense está constantemente evolucionando y expandiendo su aplicación. Los múltiples estudios al respecto demuestran que la entomología forense es aplicable a investigaciones criminales de diversas partes del mundo.

En este sentido, China tiene una amplia experiencia haciendo uso de la entomología. Por ello, los autores analizaron 4 casos prácticos detectados en el sur de China, zona con clima subtropical monzónico.

Bien, el primer caso ocurrió en 2015. El cuerpo de un hombre apareció junto a un estanque, en un área suburbana; estaba tendido sobre su lado izquierdo. La parte superior del cuerpo estaba desnuda, y en general no presentaba grandes rasgos de putrefacción. Las temperaturas corregidas medias fueron de 26 ° C durante la semana anterior.

Así pues, los investigadores de la escena del crimen recolectaron alrededor de 30 gusanos de la cabeza como evidencia entomológica. Las especies que se identificaron en dicha muestra, con 26º de temperatura, necesitan entre 43 y 68 horas para desarrollarse. Por ello, se estimó que el intervalo mínimo postmortem debían ser 68 horas. No obstante, el patólogo difirió. En base a la falta de signos de putrefacción y la temperatura, estimó que el intervalo postmortem debía ser de unas 48 horas.

¿Quién llevaba razón entonces?

La respuesta es: ambos. La investigación descubrió que el hombre había deambulado por la zona con una herida abierta en la cabeza. Al parecer, se desmayó donde lo encontraron tras no recibir atención médica. Es entonces cuando los insectos comenzaron a colonizar la herida y cuerpo, cuando el hombre todavía estaba vivo pero comatoso. Finalmente, murió horas después. Por ello las estimaciones de los intervalos no concordaban entre sí, supervalorando dicho intervalo la evidencia entomológica. Sin embargo, no es habitual que los primeros insectos colonizadores aparezcan en el cuerpo antes de la muerte. En cualquier caso, esta situación ilustra la importancia de la colaboración entre profesionales.

El segundo caso tuvo lugar en 2017. El cuerpo de un hombre adulto se encontró en una habitación sin puerta ni ventanas pero que lo resguardaba de la lluvia. Bajo las sábanas, el cuerpo estaba desnudo y la mayoría de los tejidos blandos momificados. La causa de la muerte fue una lesión cerebral, y la temperatura media del mes de 26.ºC. Como evidencia entomológica, se identificaron pupas vacías, larvas e individuos adultos de distintas especies de dípteros y coleópteros.

En conjunto, tras analizar todas las muestras y teniendo en cuenta la temperatura, condiciones del cadáver… etc., se estimó que el intervalo postmortem era de entre 23 y 24 días. Posteriormente, con la resolución del caso se supo que el intervalo real era de 25 días, muy cercano al estimado. Los escarabajos son especialmente útiles en casos forenses en los que los dípteros ya han abandonado el cuerpo y solo se pueden encontrar escarabajos. Estudiar el patrón de sucesión de las especies, si tiene estados específicos, puede ser de gran ayuda para estimar el intervalo postmortem de cuerpos en avanzado estado de descomposición.

El tercer caso aconteció en 2011. Se encontró el cuerpo de una mujer en el baño de una vivienda, en avanzado estado de descomposición. La muerte se produjo por una ingesta excesiva de alcohol y medicamentos. Había relativamente pocasmoscas y gusanos adultos en el sitio; la puerta se encontraba cerrada pero las ventanas abiertas. Las larvas de mosca se distribuyeron principalmente en cabeza y cara. En este caso, el intervalo estimado por la evidencia entomológica no coincidía con el resto de evidencia. Esto puede explicarse principalmente por la alteración que muchas sustancias químicas pueden causar en los insectos, incluido su desarrollo.

Finalmente, en el cuarto caso (2011), se encontraron restos de una mujer asesinada en la ladera de una colina, cerca de la salida de una carretera. Casi toda la ropa estaba quemada, pero a los órganos internos y al cerebro no les afectó tanto el fuego. La temperatura media fue de 15.3ºC, y gran parte del cuerpo tenía colonias de hongos blancos.

Así, se identificaron tres especies de moscas, siendo el estado previo a la pupa el más avanzado de las muestras. En base a esta evidencia entomológica, se determinó que el intervalo mínimo postmortem era de 25.5 días. La confesión del asesino situó el intervalo postmortem en 26 días. En este caso, la estimación entomológica fue un éxito.

Resulta interesante subrayar que este caso se produjo en invierno, cuando se cree que la actividad de los insectos se reduce. Sin embargo, otras investigaciones sugieren que es la luz solar, y no la temperatura, la que determina dicha actividad y aparición de los artrópodos en los cuerpos. Por otra parte, aunque la quema puede destruir algunos sitios potenciales de oviposición, también puede conducir a más sitios de oviposición debido a la aparición de grietas.

Así pues, la entomología forense es una ciencia de gran utilidad. Pero requiere de mucha precisión y tener otros diversos factores en cuenta para hacer estimaciones correctas. Y en China, donde esta ciencia está menos desarrollada, su demanda para aplicarla en investigaciones criminales cada vez es mayor.

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La utilidad forense de los tatuajes y la tinta. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Tattoos and tattoo inks: Forensic considerations” de Miranda, M. D. (2019), en el cual se analizan la utilidad, aplicación e importancia forense de los tatuajes y la tinta con la que se realizan.

Los tatuajes han suscitado el interés de múltiples disciplinas a lo largo del tiempo. Históricamente, se ha realizado un esfuerzo para comprender el tatuaje y su función al proporcionar información sobre las conductas y motivaciones psiquiátricas, sexuales o delictivas. Así, los tatuajes han tenido un papel importante en definir las identidades individuales, grupales y culturales. Además, sus características físicas, como el diseño general, la ubicación y el número, pueden indicar el rango y jerarquía dentro de un grupo determinado (por ejemplo: criminal), entre otras cuestiones.

Este simbolismo también se encuentra en el sistema penal, en las cárceles, indicando diversas características sobre el interno en cuestión. Los tatuajes pueden indicar los antecedentes penales, el tiempo en prisión o el estatus social dentro y fuera de prisión. En este sentido, las fuerzas del orden pueden usar ocasionalmente los tatuajes para identificar a criminales o miembros de bandas. Sin embargo, no solo los delincuentes pueden ser identificados así.

No es raro que los tatuajes ornamentales sirvan para identificar preliminarmente cuerpos que, de otro modo, no serían identificables. De hecho, algunos soldados llegan a tatuarse su nombre, grupo sanguíneo u otros datos que permitan identificarlos si fallecieran. A medida que los tatuajes se vuelven más frecuentes, se utilizan cada vez más en investigaciones y enjuiciamientos. Los avances digitales, software biométrico y redes sociales han permitido aún más el almacenamiento, difusión y recuperación de información. Esto permite mejorar las investigaciones que tienen tatuajes como rastros críticos.

Entonces, ¿en qué consiste tatuar? ¿Qué componentes puede tener la tinta?

El tatuaje es el proceso de perforar la piel e introducir pigmentos en el tejido, mediante una aguja. La tinta se compone de líquido y pigmento, sirviendo el primero para transferir el pigmento a la piel. Los pigmentos utilizados en los tatuajes a lo largo de la historia se pueden clasificar en tres categorías principales. Estas son: negros a base de carbón; de color naturales (minerales, vegetales y animales); y de colores sintéticos (orgánicos / inorgánicos). Actualmente, es probable que las tintas comerciales modernas para tatuajes estén compuestas por pigmentos orgánicos y/o minerales.

El tatuaje en sí es el diseño indeleble que permanece en la piel. La piel humana se puede dividir en dos capas principales: dermis y epidermis. El tatuaje se encontraría en la capa dermal. Asimismo, pueden distinguirse dos tipos de tatuajes ornamentales.

Los aficionados, cuando estos se realizan por gente no profesional y, habitualmente, en lugares clandestinos usando tinta “casera”. Por ejemplo, la tinta hecha a partir de pinturas o tinta de escribir. A menudo son carentes de detalles artísticos y, en general, monocromáticos. También suelen tener una distribución desigual del color y variar en la profundidad dentro de las capas de piel.

En contraposición, los tatuajes profesionales se realizan usando productos comerciales; es decir, las máquinas y tinta apropiadas de alta calidad. Los diseños pueden ser prediseñados o personalizados, e incluso pueden dibujarse a mano alzada directamente sobre la piel, sin plantilla. Finalmente, también encontramos los tatuajes médicos, cosméticos y traumáticos/accidentales.

Así las cosas, los estudios científicos de tatuajes en la medicina legal, la ciencia policial y la investigación criminal se han centrado en responder preguntas de identidad, tanto para vivos como para fallecidos. Esto incluye a impostores, criminales y víctimas de delitos. En este sentido, la antropometría fue una de las primeras metodologías que hicieron uso del tatuaje, entre otras características físicas, para la identificación de personas.

Por tanto, la caracterización sistemática de los tatuajes debe basarse en características físicas generales y detalladas. Esto abarca el diseño, color, tamaño y ubicación en el cuerpo, así como las ubicaciones relativas a otros tatuajes. Pero, como ya hemos establecido, las identificaciones basadas en tatuajes no se limitan al difunto. También pueden ser útiles en casos de identidad errónea y fraude; personas desaparecidas o secuestradas; búsqueda de delincuentes; o investigación de muertes no criminales, como desastres naturales.

Sin embargo, se necesitan más investigaciones sobre la cognición visual, la interpretación e informes del observador y los efectos de estos en las investigaciones e identificaciones. Específicamente, sobre cómo los investigadores interpretan los diseños de tatuajes y divulgan tal información al público. Cómo los medios de comunicación la interpretan y difunden también es importante. Esto se debe a que en este proceso pueden producirse sesgos por parte del público que recibe la información.

La interpretación de tatuajes también se ha utilizado en contextos forenses, cuando tienen relación con los datos/hechos de un crimen. Por ello, es útil que los investigadores estén familiarizados con el equipo para tatuar y posibles lesiones que pueden causarse con él. El tatuaje y el equipo se pueden utilizar para cometer delitos adicionales. Como tal, pueden ser útiles para establecer pruebas del acto.

Más recientemente, se han estudiado las tintas para tatuajes en un esfuerzo por comprender su composición química. Desde una perspectiva forense, en las regiones donde un tatuaje está borrado o sin terminar, determinar las composiciones de los pigmentos y ubicaciones relativas dentro de la piel puede ayudar a reconstruir el tatuaje.

Dicha información en restos humanos no identificados puede proporcionar pistas de investigación que faciliten la identificación. Así pues, los pigmentos aislados en el tejido y su ubicación puede proporcionar más información. Esta es referente a la edad del tatuaje e intentos de eliminación o encubrimiento, lo cual puede respaldar la identificación.

Por ello, las tintas para tatuajes deberían desempeñar un papel cada vez más importante en las ciencias forenses. Concretamente, identificando la composición química in situ y dentro del tejido humano. Asimismo, debería profundizarse en la interpretación de tatuajes, efectos del sesgo cognitivo e impacto de estos factores en las investigaciones.

En conclusión, los tatuajes y las tintas para tatuajes tienen una utilidad importante en las investigaciones forenses. Esta se refleja en su su potencial de identificación y para ser utilizados como evidencia relevante y confiable.

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Tomografía de coherencia óptica: utilidad forense. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Optical coherence tomography in forensic sciences: a review of the literature” de Nioi, M.; Napoli, P. E.; Mayerson, S. M.; Fossarello, M. y d’Aloja, E. (2019), en el que se estudia la utilidad de la tomografía de coherencia óptica para las ciencias forenses.

La tomografía de coherencia óptica (TCO) es una técnica de obtención de imágenes interferométricas (utilizando ondas de luz para obtenerlas). Fue introducida en los 90 y, actualmente, se utiliza de forma rutinaria en algunas especialidades clínicas como la oftalmología.

Esta técnica se caracteriza por la capacidad de un interferómetro para medir la luz reflejada de una muestra de interés para compararla con una luz de referencia, para medir su superposición o interferencia. Las distancias fijas recorridas por los rayos en los dos brazos del interferómetro se denominan trayectorias ópticas. Ambos rayos reflejados en cada superficie se combinan, generando una inferencia.

En consecuencia, cuando la luz reflejada sale del interferómetro, habrá una señal que consiste en la suma de ambas luces. Así, se obtiene un patrón de interferencia. Este se puede analizar cuando la luz de ambos brazos ha recorrido una distancia óptica “similar“. La intensidad de la emisión de luz dada por la suma de los dos haces reflejados se puede recoger y medir con un fotodetector (espectrómetro).

Entonces, ¿cuál es la utilidad de la TCO en las ciencias forenses e investigaciones criminales?

En general, las imágenes obtenidas de esta técnica ofrecen varias ventajas en comparación con la histología clásica o la autopsia. Por ejemplo, permiten un análisis tridimensional no invasivo y sin contacto con el tejido que se estudia en tiempo real. Así las cosas, la TCO tiene potencial de aplicación en el ámbito forense. Concretamente, los autores identificaron varias aplicaciones, si bien se requiere de más investigación.

Estas son: evaluación del corazón y vascularización en el período post-mortem; oftalmología y medicina forense clínica; entomología forense… Otras áreas de aplicación forense serían el estudio de manchas de sangre, huellas dactilares y bulbos capilares para identificación personal. También el estudio de materiales encontrados en la escena del crimen para su comparación o investigación antifraude.

Así pues, con el fin de ahondar en este potencial, los autores revisaron 57 artículos sobre la temática. Los hallazgos fueron los siguientes.

Por un lado, la tomografía como técnica alternativa en estudios cadavéricos tiene lugar desde 2007. Existen varias situaciones en las que una evaluación microscópica de los tejidos es obligatoria para obtener un diagnóstico médico-legal. Uno de estos casos es en muertes por patología coronaria. En este ámbito, los resultados sugieren un gran potencial de la tomografía de coherencia óptica en estudios de enfermedad de la arteria coronaria y muerte cardíaca súbita. Esto incluye los casos forenses, como una herramienta de diagnóstico suplementaria.

Por otro lado, en la oftalmología es donde más extendido está el uso de esta tomografía, como decíamos. Esto incluye a su vez casos forenses. Por ejemplo, el diagnóstico oftalmológico es relevante al analizar la retina de un niño para ver si es zarandeado / maltratado. Recientemente, algunos autores estudiaron la viabilidad de la tomografía de coherencia óptica en la detección de hallazgos oculares post mortem. En este sentido, un estudio preliminar en humanos permitió la detección de nuevos signos para estimar el intervalo post mortem. Estos nuevos signos no pueden identificarse usando métodos tradicionales.

Con respecto a la entomología, la técnica se aplicaría al análisis de artrópodos para estimar los intervalos post mortem. Además, con ella se puede lograr un estudio larvario prolongado, morfológico y no destructivo. Asimismo, permite evitar que los especímenes no sean sacrificados. Por último, existen otros ejemplos del uso de la tomografía en diversas ramas de la ciencia forense.

Así, encontramos que, para lograr la identificación personal, es posible analizar morfológicamente estructuras celulares de pelos del cuero cabelludo humano fresco sin modificar, así como el vello facial. Otra aplicación sería la búsqueda de huellas dactilares, o verificar la autenticidad de billetes monetarios o la pintura de vehículos. Otros lo aplicaron para determinar si las manchas de sangre son frescas o secas, para reconstruir la dinámica del delito.

Así pues, características como la falta de manipulación física o química de muestras, no invasividad, tridimensionalidad y resolución microscópica de las imágenes, son algunas de las ventajas más importantes de esta técnica. La información de alta resolución puede ser, además, interpretada a tiempo real. Por ello, se podría fomentar aún más su uso en diferentes campos de estudio.

En contraposición, hay dos posibles limitaciones al utilizar la tomografía de coherencia óptica. Sus mayores costes, relacionados con la adquisición, comparados con las técnicas tradicionales como la autopsia clásica sería una. La otra limitación se corresponde con la escasa familiaridad de los patólogos con las nuevas técnicas de imagen. Sin embargo, estos problemas podrían superarse con la comercialización de herramientas ad hoc y la preparación adecuada del personal forense.

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El modelado de referencia como alternativa para la autentificación de documentos. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Even big data is not enough: need for a novel reference modelling for forensic document authentication” de Garain, U. y Halder, B. (2019), en el que se expone un marco de modelado de referencia novedoso para la autentificación de documentos forenses, debido a la ineficacia del big data en algunos casos.

La documentoscopia es la rama de las ciencias forenses cuyo objetivo primordial es analizar diversos tipos de documentos en base a una variedad de métodos y procesos científicos.

Para autentificar (o verificar) un documento, los expertos seguramente necesiten muestras genuinas de los documentos correspondientes. Las muestras de referencia ayudan a los expertos a tener una idea sobre los aspectos distintivos que deben comprobarse en el documento en cuestión. Los expertos comprueban si las características de referencia se conservan naturalmente en la muestra, están falsificadas o están ausentes.

Con este fin, surgieron métodos forenses digitales y computarizados que aportaran objetividad, así como cierto rigor científico. Dichos métodos son combinados con el juicio y la decisión final del experto, por lo que es un proceso semiautomático. Con la disponibilidad de tantos datos, los investigadores han intentado desarrollar métodos basados en el aprendizaje automático para aplicaciones forenses.

Ahora bien, dentro de cada rama forense -la documentoscopia en este caso-, existen diferentes tipos de problemas o cuestiones. Por ejemplo: verificación de escritura y firmas, autentificación de elementos de seguridad en documentos como billetes bancarios… Estos se consideran como un problema de clasificación dada la disponibilidad de suficientes muestras específicas de cada clase. No obstante, esto no siempre puede entenderse así.

En el caso de la documentoscopia, es posible que tengamos muestras (algunas o muchas) para el documento de referencia. Sin embargo, puede que no tengamos ninguna (o muy pocas muestras) para documentos falsificados. Consecuentemente, si algún algoritmo de aprendizaje automático se entrena con estos datos disponibles para documentos genuinos y falsos, sufriría un problema de desequilibrio de datos.

Para solventar esta situación, el problema debería verse como uno de modelado de referencia. Este último debe entenderse como una forma de representar las partes componentes de cualquier idea, con una ontología específica. Esta consiste en un conjunto interconectado de conceptos claramente definidos y producidos por expertos.

Con este fin, los autores proponen un modelado basado en la distancia Mahalanobis. Esta medida de distancia es muy sensible a los cambios entre variables en los datos. Es, por tanto, muy útil para determinar la similitud de un conjunto de valores conocido con el de un conjunto desconocido. Así, se construye una escala de medición multivariable utilizando la distancia de Mahalanobis.

En el modelado de referencia, el espacio de Mahalanobis se obtiene utilizando las muestras de referencia (normales). Las variables o características se obtienen de los expertos forenses. Para los documentos de seguridad, estas variables corresponderían a las características de seguridad integradas en dichos documentos. Una vez que se construye el espacio de Mahalanobis, se puede utilizar para discriminar entre muestras de referencia (genuinas o normales) y falsificadas (falsas o anormales).

Una de las técnicas más utilizadas contra la falsificación de documentos impresos de seguridad es la microimpresión. Se trata de pequeños textos o líneas que son imperceptibles a simple vista. El texto a menudo se oculta en un área imperceptible del documento. Las líneas aparecen como patrón predominante en todo el documento; entre estas pueden existir patrones regulares o irregulares.

La falsificación de documentos de seguridad basados en microimpresiones puede ocurrir de varias formas. Hay dos atributos importantes con respecto a la autentificación de documentos de seguridad basados en líneas de microimpresión. Estos son el diseño de ilustraciones y el color (o tinta). Cabe indicar que la impresora y el papel también forman parte de los atributos de seguridad de dichos documentos.

Así las cosas, con el fin de evaluar el modelado de referencia, los autores escogieron en su investigación 100 cheques bancarios como muestras de referencia de los documentos de seguridad. Así, distinguieron el grupo 1 (con las muestras reales) y el grupo 2 (con muestras falsificadas) con otros 100 cheques. En total, se utilizaron 7 atributos o características para medir la distancia de Mahalanobis y distinguir entre muestras reales y falsificadas. Originalmente, se incluyeron 10 atributos, pero se quitaron 3 de ellos al dar un valor negativo en los resultados del modelado, no siendo adecuados para distinguir entre ambos grupos.

Asimismo, los resultados de la investigación sugirieron que, si el número de muestras disponibles es suficiente tanto para los documentos reales como -sobretodo- falsificados, el enfoque basado en redes neuronales superará al modelado de referencia. Este requisito del número suficiente de muestras falsificadas hace que muchos algoritmos de aprendizaje automático, como la red neuronal, no sean muy adecuados para la autentificación forense.

En las situaciones en las que no se cumple dicho requisito, el modelado de referencia utilizando la distancia de Mahalanobis podría proporcionar un marco viable alternativo. Por otro lado, se diseñó una tarea de autentificación basada en el conjunto de datos de ICPR 2018. Este último aborda dos tareas: detectar documentos falsificados y detectar esas falsificaciones. Aunque la detección de documentos falsificados es buena, se necesita más investigación para localizar las falsificaciones con mayor precisión.

La tarea diseñada por los autores tenía como objetivo la autentificación de características, si son falsas o genuinas. Concretamente, consideraron dos: las características de color y a nivel físico (por ejemplo, la rugosidad del borde). En general, los resultados mostraron que la tarea de autentificación y la distancia de Mahalanobis superaban a la red neuronal. El desempeño de esta última mejora con el mayor número de datos disponibles tanto para documentos reales como falsificados.

En el futuro, la investigación debería centrarse en el desarrollo de enfoques nuevos para el modelado de referencia. El desafío también radica en aplicar los avances recientes en algoritmos de aprendizaje profundo. Sin embargo, al aplicar cualquier técnica semejante, debemos tener cuidado con que los expertos forenses trabajen con características explicables. Otra dirección puede ser hacer predicciones sobre muestras falsificadas a partir de muestras de referencia.

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Víctimas de fraude en Cataluña: factores de denuncia. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Fraud reporting in Catalonia in the Internet era: Determinants and motives” de Kemp, S. (2020), en el que se estudian diversos determinantes o características de las víctimas de fraude, tanto online como no virtual, y los motivos para denunciar o no estos delitos. 

El aumento de oportunidades delictivas en el ciberespacio relacionadas con la transnacionalidad, el anonimato y las bajas barreras tecnológicas de entrada representan un claro impedimento para la vigilancia del fraude

En las fuerzas públicas se ha detectado, a su vez, una falta de preparación para lidiar con el fraude online. Sin embargo, uno de los grandes retos de la prevención y vigilancia del fraude es relativamente viejo: las bajas denuncias. 

La denuncia de delitos y, por tanto, las estadísticas fiables son importantes por muchas razones (investigaciones policiales, elaboración de buenas políticas públicas y de prevención…). Varias fuentes internacionales muestran los altos costes financieros del fraude para la sociedad actual, llegando a alcanzar estos los billones de euros.  

En lo que respecta a la víctima, esta puede llegar a sufrir impactos emocionales, psicológicos e incluso físicos como consecuencia del fraude. A estos hay que añadir también los costes económicos y el tiempo. Así pues, dadas las consecuencias del fraude y su gran prevalencia entre los delitos cibernéticos, es necesario entender los factores asociados a su denuncia

Continuando con el trabajo de van de Weijer, Leukfeldt y Bernasco sobre los determinantes de la denuncia del ciberdelito (el cual publicamos hace unos días y podéis leer aquí), entre otros autores, Kemp profundiza en esta temática. Esto es, qué factores hacen que una víctima denuncie o no el fraude, comparando el online con el offline.  

Así las cosas, el índice de denuncia en este tipo de delitos suele ser muy bajo. Por ejemplo, menos del 30% de la población holandesa del estudio de van de Weijer denunció delitos de fraude. Este porcentaje era significativamente más bajo que el de los delitos tradicionales, con excepción del vandalismo. Se trata de una tendencia que se repite en muchos otros países, como Inglaterra y Gales (15%). 

Sin embargo, no se ha profundizado en las diferencias entre las diferentes modalidades de fraude y su denuncia. Las escasas denuncias se han explicado por diversas hipótesis. Las víctimas pueden llegar a no ser conscientes de su victimización, no ver suficientes beneficios al denunciar o no saber a quién acudir (o acudir a otras agencias distintas a la policía). 

En la investigación del autor la muestra procede de las dos últimas ediciones (2015 y 2017) de la Encuesta de Seguridad Pública de Cataluña. Esta se realiza cada dos años. En 2015, 530 individuos reportaron haber sido víctimas de fraude, mientras que en 2017 fueron 659. Finalmente, la muestra consistió en 1177 víctimas de fraude o estafa.

La encuesta contiene preguntas sobre las siguientes características demográficas: género, edad, lugar de nacimiento, educación, situación profesional, situación económica, discapacidad. Además, se pidió su opinión sobre la seguridad en su ámbito local y sobre la policía catalana y local. Se les preguntó a los encuestados sobre los factores relacionados con el delito de fraude, incluido si denunciaron o no. Asimismo, se tuvo en cuenta si consideraban que lo que les había ocurrido era un delito de fraude. 

Así pues, los resultados reflejaron lo siguiente. Por un lado, los fraudes cometidos en persona o por teléfono eran menos denunciados que los cometidos por internet. Sin embargo, las probabilidades de denunciar eran mucho mayores en cualquier caso si la víctima consideraba el fraude un crimen. De igual forma, el impacto financiero se asoció con la predisposición a denunciar. Por otro lado, los impactos psicológicos no aportaron valor predictivo sobre la denuncia, al igual que el resto de variables de opinión y demográficas.

Consecuentemente, el modus operandi (fraude online u offline) fue la variable con más efecto o poder predictivo de la denuncia, seguida del impacto económico. Las denuncias de fraude online pueden verse influenciadas por considerarlo (o no) un delito, el impacto financiero, la molestia y la edad. En general, estas variables se asocian con más denuncias. En cuanto al fraude offline, las variables relevantes para denunciar serían: considerarlo delito, el impacto económico y el impacto psicológico.

Por tanto, la siguiente cuestión que debemos plantearnos es ¿qué hace que las víctimas consideren el fraude un delito o crimen?

Una vez más, encontramos que el modus operandi es el principal factor que influye en tal consideración. Es más frecuente que se considere como delito cometer fraude por Internet que cometerlo en persona o por teléfono. La molestia y el impacto psicológico también mostraron una fuerte asociación estadística positiva, aunque con un efecto más reducido.

Una posible explicación para esto es que puede ser más fácil proporcionar evidencia de victimización online. Alternativamente, las víctimas de fraude online podrían considerar que han sido defraudadas, mientras que las de fraude offline creer que se han dejado defraudar. Esto es, es más probable que se culpen a sí mismos por su victimización y, por ello, se abstengan de denunciar. 

Con respecto a por qué las víctimas no denunciaron, encontramos que la inconveniencia y duración del proceso, junto a la insignificancia de las pérdidas y la creencia de que la policía no podría hacer mucho, eran las justificaciones más comunes. Estas motivaciones están ligadas a los impactos psicológicos, por lo que se debe evitar culpar o estigmatizar a las víctimas. 

Del mismo modo, podría ser beneficioso contar con un sistema centralizado de denuncia. Finalmente, no parece haber un perfil demográfico general del denunciante de fraude, aunque ciertos factores (ej. edad) están asociados con ciertas razones para no denunciar. Futuras investigaciones podrían ahondar en esta percepción de culpa. Asimismo, deberían considerarse estrategias que redujeran los costes asociados a la denuncia e incrementaran los beneficios (impactos económicos, psicológicos…).

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Entomología forense y ADN. ¿Cómo identificar especímenes? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “DNA Barcoding in Forensic Entomology – Establishing a DNA Reference Library of Potentially Forensic Relevant Arthropod Species” de Chimeno, C.; Morinière, J.; Podhorna, J.; Hardulak, L.; Hausmann, A.; Reckel, F.; Grunwald, J. E.; Penning, R. y Haszprunar, G. (2018), sobre entomología forense y ADN, en el cual se explica el sistema de secuenciación de ADN para crear bancos o bibliotecas genéticas y su aplicación a las especies entomológicas de utilidad forense.

Una de las tareas más importantes de la ciencia forense es determinar el intervalo postmortem de un individuo (cuándo murió). Esta labor se dificulta pasadas 72 horas, cuando el cuerpo se encuentra en estados de descomposición más avanzados. Sin embargo, existe una disciplina necesaria en dichas circunstancias: la entomología forense.

Debido a que se supone que la colonización por artrópodos de una fuente de carroña coincide bastante con el comienzo de la muerte, un entomólogo forense puede estimar ese intervalo, siempre que se haya podido producir la colonización. Esta estimación puede lograrse mediante el estudio de las muestras de artrópodos procedentes del cuerpo en descomposición.

Así, para hacer un buen estudio el primer paso recae en hacer una identificación correcta y exacta de las especies. Sin embargo, esto puede resultar todo un reto si los entomólogos sólo cuentan con restos parciales de los artrópodos como la exuvia (exoesqueleto), extremidades o biomasa no identificada.

Incluso los especímenes intactos representan una gran carga cuando se desea aplicar métodos morfológicos, ya que los huevos, los estadios larvarios tempranos y, a veces, incluso los posteriores de muchas especies diferentes comparten características similares. Esto hace que sea casi imposible en ciertos grupos, incluso para especialistas, distinguir entre ellos basándose solo en la morfología. Para dar solución a estas situaciones, lo que muchas veces se hace es criar los especímenes hasta que alcanzan una fase en la que sus características ya son distinguibles.

Por tanto, ¿qué alternativas existen para solventar estas dificultades?

La aplicación de la biología molecular en la entomología forense ha ganado importancia, pues ofrece innumerables nuevas posibilidades en el análisis de artrópodos. Las secuenciaciones de ADN emplean una secuencia genética corta como un único identificador para diferenciar entre especies. De hecho, pueden aplicarse a pequeñas cantidades de biomasa de artrópodos desconocidos.

No obstante, la calidad de los resultados de este método depende de la base de datos de referencia usada para la comparación de secuencias. El establecimiento de una base de datos de secuenciación de ADN de referencia de alta calidad es, por lo tanto, un requisito previo importante cuando se desea garantizar resultados precisos.

Así pues, en el marco de la campaña Secuenciación Vital Internacional, desde 2009 se ha construido una biblioteca de referencia de secuenciación de ADN de aproximadamente 20.000 especies animales representadas por más de 250.000 especímenes. Esta biblioteca de referencia de secuenciación de ADN permite un estándar muy alto de identificación precisa de especies, siendo la más completa para artrópodos, incluidos coleópteros, himenópteros, lepidópteros…

Así las cosas, los autores del artículo querían demostrar la aplicación de dicha biblioteca utilizándola como columna vertebral de un análisis de secuenciación de alto rendimiento (SAR) administrado a muestras a granel o especímenes de artrópodos obtenidos de cadáveres humanos.

Para ello, investigaron un total de 1392 especies de artrópodos, estando el 96% de ellos conservados en etanol. Estos se originaron en diferentes localidades (de República Checa principalmente) y experimentos previos, recolectados desde 2008 a 2015. Los especímenes provenían de cerdos, pájaros y ratas, estando la mayoría de ellos en fases avanzadas.

Estos especímenes se utilizaron para el establecimiento de una biblioteca de referencia forense. Las muestras a granel no estaban destinadas a la construcción de la biblioteca de referencia. Su análisis simplemente sirvió como ejemplo de aplicación de la tecnología de metasecuenciación.

Se seleccionaron de una a tres muestras de cada morfoespecie designada para transferirlas a 96 microplacas. Se extrajo una pequeña muestra de tejido muscular de especímenes grandes. El espécimen completo se utilizó para individuos pequeños, como ácaros, larvas pequeñas y huevos. La extracción consecutiva de ADN genómico se realizó con protocolos de secuenciación estándar.

Las secuencias recibidas se ensamblaron, respectivamente, se editaron y se alinearon entre sí para realizar más correcciones. Al actualizar las secuencias de códigos de ADN editadas y los archivos de rastreo en la base de datos, se adquirieron los números de índice de códigos de secuenciación de las especies. Así pues, a las secuencias se les asigna un identificador global único.

Todos los metadatos, incluidos los nombres de las especies, las imágenes, las referencias, así como las regiones y los países de origen, se proporcionaron para cada espécimen.

En resumen, de todas las especies procesadas (1392), 678 generaron secuencias de códigos. Se definieron un total de 502 secuencias como códigos exitosos para su uso en la biblioteca forense. De estos, se dio cobertura para 88 especies de artrópodos diferentes que pertenecen a 28 familias, de 7 órdenes distintos. El éxito de la secuenciación fue mayor para las muestras recién recolectadas de 2014 y 2015.

Por otro lado, 44 especímenes fueron identificados a nivel de familia o género solamente. La mayoría de especies identificadas eran del orden de los dípteros, entre los que los califóridos presentaban más abundancia y biodiversidad. El segundo orden más abundante fue el de los coleópteros. El resto de especies, aunque presentes en la biblioteca, estaban representados por un menor número de especímenes.

Asimismo, de esos 502 especímenes se pudo asignar un número único de identificación global a 436. A todos los coleópteros se les pudo clasificar exitosamente, pero solo al 87% de los dípteros se les asignó su número.

Para concluir, con una biblioteca de referencia sólida a mano, la aplicación de SAR es innovadora. Esto es debido a que permite el análisis de cientos y miles de individuos, así como la generación de grandes conjuntos de datos que luego pueden evaluarse a voluntad. En futuras aplicaciones, podrá trabajarse con este método en proyectos a gran escala.

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Comunicación y aislamiento: el silo de la justicia. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Dismantling the justice silos: Flowcharting the role and expertise of forensic science, forensic medicine and allied health in adult sexual assault investigations” de Kelty, S. F.; Julian, R.; Bruenisholz, E. y Wilson-Wilde, L. (2018), en el cual se analizan los riesgos que, en casos de delitos sexuales, conlleva la falta de comunicación y el aislamiento de los distintos profesionales de las ciencias forenses intervinientes en la investigación (lo que se denomina efecto silo de la justicia).

Con la creciente dependencia en la prestación de servicios forenses multidisciplinares y multiagenciales, el riesgo de que exista una falta de comunicación también incrementa. Y, este riesgo, puede verse materializado en última instancia en resultados injustos, sobretodo en crímenes graves como los delitos sexuales. Esto se debe a que, cuando más grave o complejo es un delito, más posibilidades existen de contar con personal multidisciplinar en la investigación.

La ausencia de una comunicación significativa y regular entre la ciencia forense, la medicina, el derecho y la policía se calificó como el “efecto silo de la justicia“. Este se refiere al aislamiento o falta de comunicación entre estas ramas y sus profesionales que trabajan en el mismo caso o similares, en especial cuando se trata de delitos sexuales. Como consecuencia, esto puede resultar en sentencias injustas y erróneas.

Así pues, para tratar de detectar e incidir en puntos críticos al respecto, el estudio contó con 121 participantes, profesionales de la medicina forense, las ciencias forenses, la Ley y las fuerzas del orden.

Como resultado, se extrajo un diagrama de flujo en el que se observa el proceso de investigación de delitos sexuales con víctimas adultas, desde la alegación de estos al uso de la evidencia forense en el enjuiciamiento. En el diagrama se subraya cuáles son los puntos críticos en las decisiones que tienen mayor impacto en el caso, con el fin de ofrecer orientación a los profesionales involucrados.

Así pues, típicamente el primer punto crítico en el proceso sería la respuesta de los primeros intervinientes (policía, hospitales, clínicas especializadas en violaciones, servicios de apoyo a las víctimas). En este punto, los factores de riesgo se corresponden, principalmente, con el riesgo de perder o no recopilar evidencia forense con potencial de valor. El origen de este riesgo se fundamenta en la falta de conocimiento forense o conciencia al respecto de su eficiencia y otras cuestiones. La filosofía o las políticas de las organizaciones combinadas con el nivel de conciencia forense pueden tener un impacto positivo o negativo en la recogida efectiva de evidencia.

El segundo punto crítico radica en la toma de decisiones de los investigadores policiales: si estos deciden llamar a expertos forenses y, de ser así, quiénes. Esto es, se trata sobretodo de elegir correctamente al experto forense con amplios conocimientos en la materia (por ejemplo, un médico forense experto en delitos sexuales). Del mismo modo, es importante que estos expertos no se salgan de los límites de su conocimiento y eviten la contaminación involuntaria de la evidencia, por ejemplo, mediante prácticas desfasadas.

El tercer punto crítico se trata de la presentación oportuna de la evidencia del delito sexual para su análisis, seguida del intercambio efectivo de la información correspondiente. Pues bien, el primer factor de riesgo se fundamenta en la importancia del tiempo, ya que con el paso de este aumentan las posibilidades de perder, eliminar o contaminar la evidencia. El segundo factor se corresponde con el limitado catálogo de análisis forenses practicados habitualmente (ADN, huellas…), en adición a las decisiones de triaje (la clasificación del caso y su importancia), las cuales en casos de delitos sexuales suelen hacerse individualmente en lugar de a través de reuniones de equipo o en base a una mayor comunicación con otros profesionales involucrados, ya sean estos de la misma organización u otras distintas (efecto silo).

Por último, el cuarto punto crítico se corresponde con el análisis de los informes forenses, siendo el factor principal de riesgo la legibilidad de los informes: cómo de fácil o clara resulta su lectura y comprensión para los demás intervinientes del proceso que no son médicos o profesionales forenses, como abogados o policías.

Con respecto a los canales de comunicación y retroalimentación de las prácticas forenses en casos de delitos sexuales en adultos, se identificaron tres. El primero de ellos se refiere a la calidad de la evidencia recogida; para formalizar este canal, los investigadores podrían añadir su contacto profesional, como un correo electrónico, para que otros investigadores puedan comunicarse con ellos, plantearles dudas… etc. De hecho, los primeros podrían incluso añadir a su informe distintas observaciones y sugerencias de mejora para retroalimentar a los otros profesionales.

De manera similar, el segundo canal se refiere a la retroalimentación por parte de policías, abogados, etc, con los investigadores forenses sobre la legibilidad y calidad de sus informes. Idealmente, este debería producirse por el mismo medio en que se recibió la comunicación, por ejemplo, un email. Por último, han de tenerse en cuenta los grupos de trabajo como medio para el aprendizaje, revisión e intercambio de buenas y malas prácticas y para dar visibilidad a la utilidad de las prácticas y conocimientos de cada rama profesional, sin necesidad de tratar ningún caso específico en dichas reuniones. Su esencia es la colaboración, y, para su implementación y éxito, necesitan del apoyo organizacional y el reconocimiento de su valor.

Así pues, a pesar de los beneficios de estos grupos, las explicaciones al por qué muchas agencias no practican tales reuniones, o no habitualmente, son los cambios en los jefes y el personal del grupo, no entender o creer en los beneficios que conllevan y la reducción del número de personal o del tiempo disponible para acudir a las reuniones. Sin embargo, cada vez hay más conciencia de dichos beneficios en las políticas multidisciplinares, multiagenciales y de compañerismo.

Como recomendaciones para mejorar las investigaciones futuras de casos de delitos sexuales en adultos, encontramos: por un lado, evaluar la viabilidad de un defensor de las víctimas y determinar en qué agencia u organización estaría mejor ubicado para apoyar a la víctima desde el inicio del proceso a la preparación del juicio, pues existe una carencia de esta figura. Asimismo, se recomienda entrenar a profesionales policiales, médicos…, en la importancia del ADN en casos sin sospechosos y con agresores conocidos de la víctima, así como en la importancia de otros tipos de evidencia en casos de delitos sexuales.

Por otro lado, la integración y formalización de los bucles de retroalimentación y los canales de comunicación en todo el proceso de forma holística. Finalmente, se recomienda asegurar las reuniones de los grupos de trabajo, ya sea en un ambiente semi-formal o informal, para fomentar el conocimiento recíproco que, en última instancia, derive en la colaboración exitosa entre profesionales multidisciplinares y agencias.

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