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Categoría: Investigación policial (página 1 de 8)

Perfilación criminal del incendiario forestal. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Forest arsonist: criminal profiling and its implications for intervention and prevention” de Soeiro C. y Guerra R. (2014), en el cual se explican las características más comunes de incendiarios forestales de Portugal y la utilidad de la perfilación criminal de estos para desarrollar pautas de prevención e intervención.

Solo existen dos líneas de investigación del incendiario forestal, una portuguesa y otra española, que mediante la técnica del perfilamiento criminal han obtenido una tipología que informa sobre qué tipo de persona cometerá con mayor probabilidad un incendio forestal (González, Muñoz, Cacerrada y Sotoca, 2017). Esta cita resume perfectamente el estado de la cuestión sobre la investigación de los incendiarios forestales. El artículo que presentamos proviene de la línea portuguesa de investigación.

En los países europeos, los incendios forestales representan un problema de alto impacto social y económico. Para poder desarrollar actuaciones de prevención e intervención apropiadas, es esencial desarrollar estudios que describan el fenómeno.

Se estima que el interés hacia el fuego aparece entre 2 y 5 años. Con independencia a la edad de inicio de este interés, se ha sugerido que el uso del fuego con intenciones de dañar podría tener causas internas (p. ej. las alteraciones de personalidad, predisposiciones neurológicas, etc.), externas (p. ej. problemas familiares) o ambas. Existen clasificaciones de los incendiarios, como la de Geller que considera 4 tipos: con ausencia de trastornos, con trastorno mental, con trastorno neurológico e incendiarios juveniles.

El comportamiento de los incendiarios a menudo se confunde con la piromanía. En cambio, la piromanía solo explica un grupo muy pequeño de casos. Esta se expresa como el resultado de un impulso a encender deliberadamente fuegos en busca de aliviar la tensión. Ese alivio es gratificante (sienten placer), por lo que el comportamiento se refuerza positivamente y es probable que se repita.

A pesar de ese componente impulsivo, un pirómano suele preparar con antelación su futuro crimen. No suelen tener una motivación instrumental para provocar un incendio y esta es una diferencia clave de los incendiarios forestales. Estos último suelen provocar incendios con intereses monetarios, personales, políticos o por la presencia de alucinaciones o de trastornos mentales como la psicosis. En todas estas motivaciones se puede perseguir el ocultar pruebas, vengarse o responder a emociones como la ira.

Otra diferencia importante entre pirómanos e incendiarios forestales es que los primeros suelen ser observadores regulares del fuego. También presentan comportamientos incongruentes a largo plazo. Por ejemplo, pueden mostrarse muy interesados en trabajar como bomberos o ser voluntarios y, a la vez, sentir indiferencia hacia las consecuencias devastadoras de un incendio. En cualquier caso, las evidencias muestran que la piromanía supone rara vez una causa de los incendios forestales intencionados.

Los incendiarios forestales llevan a cabo sus conductas para la destrucción de la propiedad o en contra de los individuos y/o grupos. La acción incendiaria supone una forma de expresión emocional para comunicar un deseo o necesidad. Según algunos autores, el incendiario forestal debe verse como un individuo que no puede tener en el mundo el impacto que quiere tener a través de otros medios que no sea el incendio. Por lo tanto, el fuego es una estrategia para conseguir sus metas.

Este comportamiento se explica a menudo por dificultades en la resolución de problemas interpersonales y una tolerancia muy limitada a la frustración en los contextos sociales. Por lo tanto, se habla de una interacción destructiva con el mundo que le rodea.

En este estudio se analiza una muestra de 452 incendiarios forestales investigados y detenidos por la policía portuguesa entre los años 1995 y 2013. De las variables demográficas recogidas sobre estos sujetos, lo que más destaca es que la mayoría (68%) estaban solteros.

Los instrumentos utilizados son dos: un cuestionario para la perfilación de incendiarios (QIPI; Soeiro, 2002) y una entrevista psicológica basada en el PCL: SV (Hart, Cóx y Hare, 1995). El primero mide aspectos como características sociales y psicológicas del criminal y de sus víctimas, comportamiento del criminal durante la investigación policial, entre otros. La entrevista se dirige al análisis de la presencia de trastornos mentales y para identificar los aspectos mas salientes del historial del perpetrador.

Del análisis de esta muestra se obtienen los aspectos más frecuentes relacionados con el comportamiento de los incendiarios forestales. Los incendiarios suelen ser hombres solteros, de entre 20 y 35 años, con un nivel primario de educación y profesiones no cualificadas. Provocan los incendios especialmente en horario de tarde y suelen utilizar velas, cerillas o mecheros para iniciar el fuego, mayoritariamente en zonas rurales. Después de provocar el incendio, abandonan la escena del crimen y suelen residir cerca de ella. No suelen tener relación alguna con las víctimas o con el terreno incendiado (con el dueño) y no suelen tener antecedentes penales registrados.

En términos de perfilación criminal, se obtienen cuatro tipologías estadísticamente significativas. El perfil A (41,5% de los casos) incluye sujetos que actúan con instrumentalidad y/o venganza. Los sujetos suelen actuar desde motivaciones como ira, venganza, soledad o en respuesta a problemas familiares. De hecho, pueden utilizar sus conductas para expresar emociones hacia miembros familiares o conocidos. En las investigaciones policiales suelen explicar su conducta por la hostilidad hacia los afectados.

Es probable que haya un historial clínico de consumo de alcohol y/o epilepsia y suelen tener 46 o más años. El historial delictivo suele ser definido por conductas de agresión. Los incendiarios del perfil A pueden ser hombres o mujeres, que utilizan herramientas simples para encender el fuego (cerrillas, velas, etc.) en zonas de bosque o terrenos no cultivados, entre las 16 y 20 horas.

En el perfil B (3%) hablamos de una instrumentalidad orientada al beneficio (p.ej. dinero), con conductas explicadas por factores económicos o negligencias. Por lo general, son hombres, sin historial clínico relevante y con un historial de arrestos o multas para otro tipo de delitos (p. ej. conducir sin carné). Además de provocar un incendio, pueden estar implicados en delitos relacionados con la propiedad (p. ej. robo). Suelen utilizar herramientas de ignición más complejas (p. ej. productos inflamables) en las mismas escenas de crimen del perfil A, además de zonas cultivadas.

El perfil C se divide en dos sub-perfiles: C1 y C2. Ambos suponen un perfil expresivo, pero muestran diferencias importantes. El perfil C1 (55%) incluye sujetos con historial clínico de problemas mentales, como la esquizofrenia, demencia o derivados del consumo de alcohol, entre otros. Estos problemas son los que provocan la motivación para provocar un incendio.

Los sujetos suelen ser solteros, con bajo nivel educativo y estatus profesional, con edades entre 36 y 55 años y problemas de socialización. Utilizan herramientas de ignición simples, en bosques cercanos al lugar de residencia, generalmente en días laborables y en un rango temporal amplio (8 p.m.- 4 a.m.). Un aspecto destacable es que suelen quedarse un tiempo en la escena del crimen después de provocar el incendio.

El perfil C2 se da rara vez y se necesitan más datos para definirlo adecuadamente. En cualquier caso, en este grupo entrarían aquellos sujetos que sienten atracción hacia el fuego. Sujetos jóvenes, de hasta los 35 años, con un impulso irresistible para prender fuego a las cosas. La causa principal de su conducta es la falta de control de esta, pero no suelen tener historial de trastornos psiquiátricos. Curiosamente, suelen provocar el incendio y, seguidamente, suelen prestar su ayuda a los bomberos para apagarlo.

Como observamos, la perfilación criminal es una herramienta muy útil y necesaria para poder desarrollar las mejores actuaciones de prevención, evaluación, tratamiento y castigo (adecuado). En base a los perfiles encontrados, las autoras sugieren diferentes estrategias. Por ejemplo, para el perfil A sería adecuado utilizar programas educativos, además de estrategias de detección y castigo adecuados. En cambio, para el perfil C lo más adecuado sería llevar a cabo actuaciones de detección y diagnóstico, evaluación del riesgo y de tratamiento y control.

Esperemos que, en el futuro, las líneas de investigación de este tema se amplíen a más países, dado que en los últimos años varios puntos forestales del planeta han quedado gravemente afectados.

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Los efectos del fuego sobre el ADN humano. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Effect of fire on DNA and its profiling in homicide cases” de Kumar N., Chauhan A., Gupta R., Maitray A., Sharma D. y Shukla SK (2019), en el cual se analizan los efectos del fuego sobre el ADN, un tema de vital importancia en los casos de homicidio donde la presencia de fuego impide identificar a la víctima y obtener más pruebas sobre el caso.

En las investigaciones forenses, los expertos tratan con diferentes tipos de escenas del crimen. En los casos de homicidio a menudo se encuentran con los cuerpos de las víctimas quemados, con falta de evidencias y con la dificultad o imposibilidad de identificar a la víctima. Determinar la causa de la muerte se convierte en una tarea muy complicada debido a las quemaduras y a la presencia de hollín. Asimismo, aislar muestras de ADN a partir de los restos del cuerpo o de muestras de sangre encontradas en las pertenencias de la víctima (p. ej. ropa, tejidos, etc.) también se convierte en una tarea ardua.

En el campo de las ciencias forenses los avances tecnológicos han ganado terreno a los métodos tradicionales. Aun así, por más tecnología que se utilice, los expertos forenses son vitales y son considerados como la clave de cualquier investigación. Los forenses analizan diversas tipologías de casos y en estos se encuentran con diferentes métodos para anular las pruebas: quemar, tirar un cuerpo al agua, etc. todos los perpetradores intentan tapar cualquier prueba posible e intentan hacer que el fuego u otros métodos utilizados parezcan el producto de una causa natural.

Hasta el día de hoy, no existen procesos técnicos que sirvan para analizar muestras afectadas por temperaturas muy elevadas debido al proceso de quema. Por esta razón, en este estudio se intenta determinar la cantidad y calidad del ADN proveniente de tejidos y muestras de sangre afectados por el fuego y el hollín. También se analiza el efecto de las temperaturas elevadas provocadas por el fuego en las muestras y la precisión en determinar el perfil genético del ADN de la víctima.

Los patrones de sangre no quedan afectados por el fuego si la temperatura es igual o menor a 40ºC. En cualquier caso, se cree que los elementos de la sangre que sirven para obtener el ADN ya no son trazables después de la exposición a temperatura de 1000ºC.

Los tejidos que no entran en contacto directo con el fuego son los idóneos para obtener el perfil de ADN. El aislamiento del ADN se puede hacer a partir de muestras de pelo, uñas, dientes o huesos, en incluso a partir del cuero cabelludo si no ha entrado en contacto directo con el fuego. Los tejidos conectivos densos pueden proteger el ADN bastante tiempo incluso si la temperatura llega a 100ºC.

En el caso que se analiza en este estudio, las pruebas recolectadas no sirvieron para obtener información sobre el ADN, debido al contacto con el calor provocado por el fuego. La policía recibió una llamada alrededor de las 6 de la mañana y fueron avisados de la existencia de un cuerpo quemado. Cuando se llegó a la escena del crimen, se observó que la víctima era un hombre con el cuerpo parcialmente quemado. Se encontraron manchas de sangre mezcladas con hollín en el suelo y encima de una alfombra en la que el cuerpo estaba enrollado.

Los investigadores recogieron muestras de la ropa interior quemada, de la alfombra, del suelo de cemento que contenía las manchas de sangre, dos trozos de plástico quemado, muestras de sangre mezcladas con hollín, ropa de la víctima y del acusado, la posible arma homicida (un arma metálica oxidada y afilada), gasa con sangre y pelo quemado. Todas las muestras fueron recogidas y conservadas por un oficial de policía respetando el protocolo pertinente para evitar la contaminación y degradación de las pruebas.

Sobe el terreno y en la autopsia se estableció que la causa de la muerte fue el estrangulamiento. Post-mortem, el cuerpo fue cortado en trozos. Por la imposibilidad de descomponer el cuerpo totalmente, el acusado quemó el cuerpo de la víctima dos días después con queroseno. También se observó un golpe en la cabeza de la víctima, provocado de manera post-mortem, con el arma encontrado en la escena del crimen.

El fuego dificulta de manera significativa el poder aislar el perfil genético de la víctima. Puede haber daños por la alta temperatura, por el agua utilizada para apagar el fuego, por la mezcla de hollín o queroseno con la sangre, etc.

Las muestras recogidas fueron enviadas al laboratorio para investigar el ADN y fueron preservadas a 4ºC para evitar la degradación. A la hora del análisis, se utilizó el protocolo de extracción automatizada, una técnica considerada como la mejor para las muestras degradadas y para las que están afectadas por el fuego.  En este caso, la extracción orgánica de ADN no es recomendable.

De la cuantificación del ADN se obtuvo una cosecha mayor de las muestras que no han estado en contacto directo con el fuego. Los peores resultados se obtuvieron con las muestras recogidas del suelo de cemento. Estas mostraron los peores valores en la técnica RT-PCR. La técnica RT-PCR se refiere a la Reacción en Cadena de la Polimerasa en Tiempo Real y se utiliza para amplificar y simultáneamente cuantificar el ADN. Se analizaron los microsatélites del ADN o STR, que se refieren a las secuencias del ADN en las que un fragmento se repite de manera consecutiva. Estos son clave en el análisis del perfil genético porque son marcadores moleculares que generan la huella genética personal.

En algunas de las muestras, el perfil de ADN fue completo y en otras faltaban alelos. En las muestras de ropa parcialmente quemadas, la cantidad de ADN fue de 0,4 nanogramos. En cambio, en las muestras intactas del pelo de la víctima, la cantidad de ADN fue máxima (1.06 ng). Como se esperaba, el ADN obtenido de las muestras de pelo no solo fue mejor en cantidad sino también en la calidad (precisión en la perfilación del ADN). Las muestras recogidas del suelo no fueron adecuadas para obtener el perfil del ADN, debido a concentraciones altas de cemento. El tejido quemado de la víctima tampoco fue útil para obtener su perfil genético.

A modo general, el impacto del fuego impidió la obtención de ADN en calidad y cantidades apropiadas. Las muestras de ropa o tejidos afectadas por el fuego no deberían ser tenidas en cuenta para la perfilación del ADN. Se destaca que el hollín no afecta a esta tarea de obtención del perfil genético. En los casos de cuerpos quemados profundamente, las muestras de huesos o dientes serían las adecuadas para obtener el ADN de la víctima.

Por último, los perfiles STR obtenidos con la RT-PCR fueron efectivos para aislar el ADN de alta calidad. Hoy en día, el uso del ADN para identificar a la víctima a partir de restos humanos y después de un fuego accidental o deliberado, incendios forestales o desastres naturales se ha convertido en la técnica estándar. Investigar cada vez más sobre cómo se pueden mejorar estas técnicas para poder abarcar todas las tipologías de casos es clave.

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Perfilación criminal basada en características de la víctima y de la escena del crimen. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses esta semana presentamos el artículo “Homicide profiles based on crime scene and victim characteristics” de Pecino-Latorre M. M., Pérez-Fuentes M. C. y Patró-Hernández R. M. (2019), en el cual se analiza si las características de la escena del crimen y de la víctima sirven como predictores eficaces en la perfilación criminal.

Las investigaciones sobre homicidios han ganado con el tiempo mucho interés tanto académico como profesional. Este interés se debe, por un lado, a que el homicidio es el comportamiento criminal más peligroso. Por otro lado, el impacto a nivel psicosocial, político y socioeconómico es muy importante. De hecho, la presencia de homicidios se considera un fuerte indicador del nivel de violencia y seguridad de un país.

En las últimas décadas ha habido mucho avance en la metodología y enfoque de estudio de los homicidios. Aun así, los homicidios son fenómenos extremadamente complejos, dado que es una categoría criminal que incluye diferentes variantes, cada una con sus características dinámicas y procesos psicológicos implicados. Además, las características de los criminales y de las víctimas son muy diversas.

La metodología tradicional de análisis se basa en descripciones de los fenómenos y se sigue utilizando en las investigaciones sobre el tema. No obstante, el uso de técnicas más sofisticados, como el análisis multivariante, son cada vez más populares. La ventaja principal de los métodos estadísticos como el antes mencionado es que consideran la relación compuesta entre todos elementos ligados a un homicidio. Así, se obtiene una mejor comprensión del fenómeno y se permite la obtención de conclusiones más útiles y realistas. Los estudios que utilizan este enfoque metodológico se basan en la perfilación criminal y su aplicación práctica durante las investigaciones policiales.

El perfilador criminal es un profesional que ofrece consejos e información operativa en las investigaciones policiales, utilizando un enfoque basado en evidencias científicas. No obstante, la información que un perfilador criminal ofrece no tiene carácter vinculante, sino que se presenta en términos probabilísticos.

Nos alejamos de la visión tradicional del perfilador que predice los rasgos de personalidad de un criminal desconocido. La base del trabajo de un profesional de este campo se compone de elementos que permiten hipotetizar las características potenciales de un criminal, facilitando un proceso más riguroso de priorización de los sospechosos. Por lo tanto, la eficacia de la investigación policial aumenta.

Las características de los criminales de mayor interés suelen ser las relativas a variables sociodemográficas (sexo, edad, país de origen), historial delictivo y tipo de relación que tiene con la víctima. Algunos autores también se han enfocado en las diferencias en el modus operandi según el género del autor de un homicidio y en los actos de precaución que llevan a cabo.

 El objetivo de este estudio es determinar qué características del homicidio, de los comportamientos llevados a cabo en la escena del crimen y de las víctimas están asociadas a las características del autor de un homicidio en una muestra española. La muestra de estudio se compone de 448 casos de homicidios, con autores mayores de edad, donde solo hay una víctima y un criminal (se excluyen los homicidios múltiples) y registrados en España entre el 2010 y el 2012. Del análisis de los casos se extraen y se clasifican 6 variables en relación al autor (edad, sexo, país de origen, historial delictivo, historial de crímenes y relación con la víctima) en función de 18 variables relacionadas con la escena del crimen, modus operandi y características de la víctima.

La variable mas relevante para identificar el género del autor de un crimen es la edad de la víctima, el tipo de arma homicida y/o el método utilizados para cometer el crimen. Es más probable que el autor sea una mujer cuando la víctima es menor de edad y cuando se utilizan métodos de asfixia para cometer el crimen. Por otro lado, es más probable que los hombres utilicen armas de fuego o su fuerza física para matar a sus víctimas. En términos generales, hay evidencias de que cada criminal está influenciado parcialmente por las características de las víctimas a la hora de elegir las armas/métodos.

Para determinar la edad del autor son determinantes la edad y el género de la víctima y el método de aproximación a esta. Por ejemplo, es más probable que el autor sea mayor de 51 años si la víctima ronda esta edad y si es mujer. En otros estudios se ha observado que es más probable que el autor tenga 55 o más años cuando la víctima es mujer y mayor de 65 años.

Si el autor se aproxima súbitamente a la víctima, si ha tenido alguna relación previa con esta o si la aproximación no ocurre con el objetivo de cometer un crimen, hay casi un 60% de probabilidad de que el agresor tenga entre 18 y 30 años. En cambio, si la aproximación es por sorpresa y la víctima es menor o tiene entre 18 y 30 años, hay una probabilidad de entre 50% y 70% de que el autor tenga entre 31 y 50 años.

El país de origen de la víctima es la variable que más se asocia al país de origen del agresor. Si la víctima es de origen extranjero, hay una probabilidad de 30% de que el agresor sea español y esta asciende a una 74% de que el agresor sea también extranjero. Cuando la víctima es española, se registra una probabilidad de 80% de que el agresor también lo sea.

 Para determinar si el autor de un crimen tiene un historial delictivo el método utilizado para escapar de la escena y la edad de la víctima son aspectos clave. Este resultado es consistente con otros estudios que indican que aquellos agresores con un historial de conductas violentas y agresiones sexuales suelen elegir víctimas con edades entre 19 y 35. Estos también suelen llevar a cabo más actos de precaución para evitar que se les identifique.

En cambio, para determinar si el autor tiene un historial específicamente de crimen (homicidio, i.e. crímenes contra la vida, la integridad o la libertad de otros) no solo son claves los dos aspectos antes mencionados sino también el lugar del homicidio. El mejor nivel de probabilidad se obtiene en cuanto a víctimas menores de edad o mayores de 64. En estos casos hay un 81% de probabilidad de que el autor tenga historial criminal.

Por último, el género y la edad de la víctima se asocian de manera significativa al tipo de relación entre victima y agresor. Si la víctima es menor de edad y de sexo masculino, es más probable (71%) de que el agresor sea un miembro de la familia. De manera similar ocurre cuando la víctima es anciana. En cambio, si la víctima es hombre mayor de 18 años es más probable que el agresor sea un conocido. También se destaca que, si la víctima es mujer entre 18 y 64 años, la probabilidad de que el agresor sea su pareja o expareja roza el 70%.

Los resultados obtenidos en este estudio son consistentes con las ideas centrales postuladas en la perfilación criminal. Es decir, en base a ciertos elementos del homicidio se pueden generar hipótesis sobre las características potenciales del autor de un crimen. A su vez, esas hipótesis ayudan a tomar decisiones y a establecer un proceso de priorización de los sospechosos más riguroso.

Muchos estudios de criminología y otras ciencias forenses han demostrado la utilidad de la perfilación criminal en la medida en la que el análisis se basa en procedimientos estadísticos que analizan interacciones (p. ej. análisis multivariado) y no tanto en modelos puramente lineales.

Por último, se destaca la importancia de tener más en cuenta las características de las víctimas. Algunos autores incluso consideran a la víctima como una extensión de la escena del crimen y, por lo tanto, algo imprescindible para el análisis. Mayor conocimiento sobre la perfilación criminal y cómo interpretar las asociaciones entre rasgos de la escena del crimen, del agresor, de la victima y otros podría llevar a una reducción importante del tiempo y de los recursos económicos invertidos en las investigaciones criminales.

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Intermediarios en la entrevista policial a testigos con síntomas disociativos. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos “Investigative interviewing, dissociative identity disorder and the role of the Registered Intermediary” de O´Mahoney B. M., Milen B. y Smith K. (2018), en el cual se analiza el papel de los intermediarios en las entrevistas policiales con testigos que sufren del Trastorno Disociativo de Personalidad.

En algunos países, como Inglaterra, se da la posibilidad de utilizar intermediarios en las entrevistas policiales con testigos que sean menores de 18 años o que tengan un trastorno mental, problemas de aprendizaje, discapacidad o trastorno físico. Estos intermediarios son profesionales registrados, generalmente de las áreas de psicología, enfermería o logopedia.

La razón de la inclusión de los intermediarios en las entrevistas policiales es la falta general de habilidades de comunicación de los profesionales de la justicia para entrevistar adecuadamente a personas vulnerables y, por tanto, obtener información precisa.

Obviamente, esa falta de habilidades no se debe a una actuación profesional de poca calidad, ni a falta de interés en aprender a atender a estas personas como es debido. Lo que ocurre es que se carece de guías, ayudas y/o de formación específica para ello, al igual que habíamos mencionado en otros artículos sobre la entrevista con personas con discapacidad intelectual.

El rol del intermediario registrado se ha analizado especialmente en contextos de entrevista con testigos adultos y con problemas de aprendizaje o con menores. En cambio, no hay datos suficientes sobre la entrevista con intermediarios a testigos que presentan problemas de salud mental. Un testigo puede tener algún trastorno mental ya antes de la entrevista, pero también puede desarrollar algún tipo de disociación como resultado del estrés que le provoca el caso en el que está implicado (eventos traumáticos).

La disociación se describe como el producto de afrontar sin éxito conflictos emocionales o estresores internos y externos. Este enfrentamiento provoca una ruptura en la integración normal de las funciones mentales como consciencia, memoria, percepción del yo y del entorno y conducta motora y/o sensorial. Como trastorno o síntoma de disociación pueden darse: amnesia disociativa, despersonalización, desrealización, un trastorno de identidad disociativo (TID) u otros menos frecuentes.

En la entrevista, un testigo puede presentar síntomas de disociación al rememorar eventos traumáticos sin que el entrevistador sea consciente de ello. Además, en el caso del TID, detectar variables como número de alter egos, consciencia y relación entre ellos, cuál es el implicado en el caso u otras es difícil incluso para un profesional preparado. La complejidad, la naturaleza contradictoria de las declaraciones de los sujetos con TID y los múltiples mitos alrededor de este trastorno generan muchas sospechas sobre la veracidad de sus declaraciones. Por las mismas razones, estos sujetos suelen ser considerados testigos no fidedignos.

A falta de un manual o guía para entrevistar adecuadamente a testigos con síntomas o trastornos disociativos, el entrevistador puede contar con la ayuda de un intermediario registrado. No obstante, para esta problemática mental no hay investigaciones y, por tanto, en este estudio se plantean tres dudas principales. ¿Con qué frecuencia se dan testigos con TID? ¿Hay requisitos de conocimiento para los intermediarios implicados en estos casos? ¿Y qué aconsejan los intermediarios?

El estudio se desarrolla en dos fases. En la primera fase se solicita a la Agencia Nacional del Crimen de Reino Unido el número de casos con testigos que presentan TID y en los cuales han participado un intermediario (de 2013 a 2016). De 251 casos con testigos con trastornos de personalidad, se detectan 20 casos de TID o donde este podría haber sido un factor presente.

Dos de los autores de este estudio trabajan en su vida real como intermediarios registrados. Por lo que, en la segunda fase, desarrollan un cuestionario basado en sus experiencias profesionales y en las conversaciones con oficiales de policía que han solicitado la ayuda de un intermediario en las entrevistas de testigos con TID.

Las preguntas se dirigen a intermediarios y en el estudio se consigue la participación de solo 4 profesionales de: trabajo social, logopedia, enfermería y psicología. Se pretende obtener información como: el número de casos atendido con testigos con TID, metodología, dificultades encontradas, consejos ofrecidos a los entrevistadores para facilitar la comunicación con el testigo, la formación recibida y cuál creen que sería necesaria para atender estos casos.

Los intermediarios participantes informaron haber recibido muy poca formación específica para tratar con casos de TID. Las actuaciones de estos intermediarios fueron muy variables lo que indica la falta de guía para estos casos. Por ejemplo, uno de los intermediarios se enfocó en la identidad principal, llamada host y en detectar cuando aparecía otro alter ego para hacer volver al host. Un intermediario tuvo que pedir consejo al encargado del equipo de intermediarios sobre la actuación adecuada y otro solicitó consejo tanto al equipo como a superiores de la policía.

Destacaron la dificultad de comunicación incluso en casos en los que no existe TID y la necesidad de tener en cuenta la presencia de múltiples casos de comorbilidad entre TID y ansiedad, depresión y otros. En respuesta a si creen necesario que sean los profesionales de salud mental los que atienden estos casos, los intermediarios respondieron tanto con un como con un no necesariamente. La cuestión más relevante es que habrá ciertas limitaciones en la comunicación con el testigo con TID en cualquiera de los casos.

En cuanto a los casos analizados en este estudio, se destaca haber encontrado referencia a un trastorno de personalidad dividida. Teniendo en cuenta que hablamos de profesionales, es curioso encontrar este término cuando no existe oficialmente un problema de salud mental con este nombre. Además, muchas veces se utiliza este término para designar incorrectamente a los casos de esquizofrenia. Se desconoce la prevalencia de casos de entrevistas policiales con testigos con TID o síntomas relacionados, al igual que la cantidad de casos no registrados. Las guías de actuación para estos casos también son ausentes.

Por lo tanto, hay puntos de carencia a destacar tanto para las actuaciones de los intermediarios como para los entrevistadores oficiales. A la vulnerabilidad ya dada por ser testigos de algo que puede modificar la vida de los implicados, se suma la vulnerabilidad dada por presentar síntomas disociativos y por recibir una atención inadecuada desde el sistema judicial. Hay un vacío en la investigación sobre cómo el sistema judicial atiende estos casos.

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Casos de maltrato de menores con discapacidad intelectual: las mejores prácticas de entrevista. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Best practices for interviewing children with intellectual disabilties in maltreatment cases” de Wyman J. D., Lavoie J. y Talwar V. (2018), en el cual se describen las mejores prácticas en materia de entrevista con niños y niñas con discapacidad intelectual en casos de maltrato.

Como ya hemos mencionado en un artículo anterior, infancia y discapacidad intelectual (DI) es una combinación que implica un alto riesgo de ser víctima de maltrato. Para complicarlo aun más, las limitaciones comunicativas y de memoria de trabajo de este tipo de discapacidad puede provocar una percepción de no credibilidad en aquellos que entrevistan a las víctimas de maltrato con DI. A su vez, esas limitaciones dificultan la obtención de testimonios precisos y detallados, clave para investigar, comprobar y procesar alegaciones de manera efectiva.

A diferencia de las entrevistas clínicas que trabajan con un enfoque terapéutico, las entrevistas forenses reúnen información sobre el evento y evidencias que puedan corroborar el testimonio de la víctima. Estas son mucho más estructuradas, formales y se basan en un enfoque de investigación de hechos objetivos. También se recogen otras evidencias: pruebas físicas, informes de otros testigos, informes profesionales, etc. El problema es que, en muchos casos, el testimonio de la víctima es la única evidencia disponible. Además, se ha observado que las víctimas con DI suelen ser reacias o incapaces de revelar el maltrato que reciben, sea por un desarrollo limitado, traumas severos o apego con los autores del maltrato.

La DI implica un retraso en el desarrollo cognitivo y en el funcionamiento adaptativo. Puede afectar a la comunicación, al razonamiento abstracto, a la capacidad de aprendizaje y muchas otras funciones cognitivas. Lo que está claro es que hay mucha variabilidad en la expresión de la DI en la población afectada. Cada niño y niña presenta un patrón único de retrasos en el desarrollo cognitivo y según cada patrón hay un cierto impacto en cómo se responde a los formatos estándar de la entrevista forense.

Por ejemplo, la predominancia de problemas en el lenguaje hace difícil describir verbalmente un evento, algo que se requiere en los métodos de entrevista más utilizados (p. ej.  Entrevista Cognitiva, Protocolos NICHD). La misma dificultad se daría cuando se evalúa la veracidad del testimonio en base a la cantidad de detalles específicos, consistentes y precisos, como ocurre en Statement Validity Assesment (SVA; Vrij, 2000). Si la memoria episódica y el procesamiento de la información son los más afectados, los/as niños/as tienen dificultad para recordar detalles específicos cuando solo se les entrevista una vez (típico cuando se entrevista después de mucho tiempo desde el evento denunciado). Por lo tanto, si el objetivo es atender cada caso de maltrato a menores con DI con la profesionalidad, validez y fiabilidad debidas, se debe adaptar la metodología utilizada en cada caso.

Previo a la entrevista, se recomienda consultar con los profesionales que trabajan con la víctima. Pueden ser psicólogos, trabajadores sociales, educadores, etc. Se debe hacer un esfuerzo para entender la gravedad de la DI de la víctima y para definir cuáles son y cómo pueden afectar los déficits a la capacidad de testificar.

Se recomiendan pocas modificaciones y más adaptaciones de las estrategias de entrevista y la planificación es clave. Poco de las primeras porque modificar implica alterar de manera sustancial el proceso de la entrevista. Eso puede dar lugar al uso de estrategias poco fiables, no comprobadas o espontáneas y que pueden afectar a los resultados del caso.  Mejor hacer adaptaciones porque son pequeños ajustes a las prácticas de entrevista basadas en evidencia para acomodarlas al desarrollo único de la víctima.

El escenario de la entrevista puede incluir pequeños detalles que faciliten la entrevista. Se pueden ajustar los estímulos ambientales para evitar la sobreestimulación sensorial de la víctima. Se pueden traer objetos familiares, poner algo de música o jugar algo antes de la entrevista, todo ello encaminado a disminuir la ansiedad y el estrés de la víctima. No obstante, se deben eliminar todos los distractores cuando la entrevista empiece.

Las estrategias de prueba preconstituida también son útiles en poblaciones vulnerables. Un ejemplo sería grabar la entrevista y no basarse solo en las notas del entrevistador. Una grabación también puede evitar la necesidad de repetir la entrevista. Se recomienda que el entrevistador siempre sea el mismo, que se respeten las rutinas de la víctima y monitorizar constantemente su estado psicológico (p. ej. si hay fatiga, estrés, distracción, etc.). Por último, cada vez más se incluye un intermediario entre el testigo y el entrevistador. Suele ser un profesional de la salud o de la educación, que ayuda en la adecuación de la entrevista a las necesidades de la víctima.

En el artículo se destacan algunas ideas que sirven de guía para la adaptación de las entrevistas con menores con DI. La entrevista debería empezar con la construcción de relaciones con la víctima, esencial para sobrepasar la reluctancia de revelar aspectos tan sensibles a un desconocido. Empezar con preguntas abiertas, dirigidas a intereses personales y experiencias positivas de la víctima puede generar familiaridad, reducir la ansiedad y evitar percepciones de autoridad sobre el entrevistador.

Que la víctima empiece a contar lo ocurrido como respuesta a preguntas abiertas y de recuerdo libre hace que los testimonios sean más largos, más ricos en detalles y menos sugestionables que responder a preguntas cerradas. En estos casos, aunque pueda darse una falta de detalles periféricos debito a déficits de memoria y lenguaje, se ha observado que la precisión de las narrativas son a menudo las normativas en términos de edad.

A pesar de las grandes limitaciones de las preguntas cerradas, no se puede negar su utilidad cuando se construyen sobre lo que la víctima ha revelado previamente. Se pueden usar para confirmar detalles que responden a las seis W (qué, quién, cuándo, dónde, por qué, cómo; seis W o cinco W y una H del inglés what, who, when, where, why, how) y, así, obtener información más precisa. También son útiles cuando la víctima presenta déficits lingüísticos y no pueden describir verbalmente un evento.

Existen algunas evidencias sobre la utilidad de la Entrevista Cognitiva (EC) en personas con discapacidad. El uso de de las técnicas mnemónicas, como la restauración mental de contextos o cambio de perspectiva puede dar lugar a testimonios más detallados y consistentes. No obstante, se debe tener en cuenta que algunas de las técnicas de la EC no se pueden utilizar con menores con DI debido a su complejidad.  En algunos estudios se modificaron, pero se desconoce la eficacia de dichas modificaciones.

Se destaca el uso de la técnica de andamiaje, que en este caso supone partir las instrucciones y preguntas en trozos más pequeños. Por ejemplo, en lugar de una sola pregunta abierta y amplia, pueden utilizarse preguntas que guían en el recuerdo del evento. Pueden ser preguntas de orientación al detalle (p. ej. ¿y cómo era la casa por fuera?)  o indicaciones abiertas (p. ej. ¿y qué pasó después?).

En aquellos menores con DI y déficits en el lenguaje se recomienda que los entrevistadores combinen estrategias de comunicación verbal y no verbal. Las estrategias no verbales son muy útiles porque permiten obtener información a pesar de limitaciones en la comunicación verbal. Escribir, el uso de lenguaje de signos o dibujar pueden ofrecer información valiosa.

Por último, las entrevistas múltiples (repetidas) mostraron ser útiles para obtener cada vez más información sobre una situación de maltrato. Este incremento gradual en la cantidad de información se ha observado también en menores con DI. Repetir una entrevista supone dar más oportunidades para revelar información y elaborarla en base a testimonios anteriores. Estas observaciones son representativas de las entrevistas llevadas a cabo poco tiempo después del evento en cuestión.

Obviamente, el uso de entrevistas múltiples no está exento de riesgos y dificultades. Pueden darse mayores inconsistencias o cambios e inclusiones de información que proviene de otras personas con las que a víctima se relaciona entre entrevistas. Para evitar estos riesgos, se recomienda que, en las entrevistas posteriores, se pida información solo sobre cuestiones no tocadas ni reveladas en la entrevista inicial.

Los profesionales que entrevistan niños/as con DI informan no estar preparados suficientemente para ello. A pesar de todo el progreso en las técnicas de entrevista, la mayoría se han probado con personas con un desarrollo normativo. La necesidad de atender las diferencias y dificultades de las entrevistas con personas desarrolladas no normativamente sigue estando sobre la mesa.

Si quieres aprender más sobre técnicas de entrevista y cómo aplicarlas en diversos contextos no te pierdas nuestro curso de Experto Universitario en Investigación Criminológica,   con becas especiales para los lectores del Club Forenses.

¿Estamos preparados para evaluar la veracidad de testimonios de personas con discapacidad intelectual? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Criteria-bases Content Analysis in true and simulated victims with intelectual disability” de Manzanero A.L., Scott M.T., Vallet R., Aróztegui J. y Bull R. (2019), en el cual se examina la capacidad natural de las personas para discriminar entre declaraciones verdaderas y falsas de personas con discapacidad intelectual, así como las características diferenciales de estas declaraciones, utilizando la técnica CBCA.

Las personas con discapacidad intelectual (DI) suelen ser víctimas de varios delitos y suelen estar implicadas en procedimientos legales/policiales más a menudo que el resto de la población. Un gran número de estos procedimientos no llegan a juicio. La razón podría ser la falta de adaptación del sistema policial y judicial a las características de estas personas. También afectan los mitos que encontramos en la población sobre una supuesta capacidad limitada de las personas con DI a la hora de testificar con precisión. En muchos casos, las declaraciones de personas con DI han sido consideradas menos creíbles y, a la vez, existe el mito de que a estas personas se les cree más fácilmente. ¿Algún punto a su favor?

En algunos estudios, se ha mostrado que las personas con DI pueden tener el mismo rendimiento que otras sin DI en contextos forenses. Esta similitud puede deberse a que la memoria autobiográfica de las personas con DI es bastante estable a lo largo del tiempo. Además, se propone que dar declaraciones falsas supone el uso de más recursos cognitivos que decir la verdad. Es un proceso complejo, por lo que las personas con DI tendrían cierta dificultad para generar una historia falsa.

Existen pocos estudios que analicen las características diferenciales de las declaraciones verdaderas y falsas de testigos con DI. En otras poblaciones, como los menores, se ha propuesto el uso de algunos procedimientos útiles `para evaluar la credibilidad del testimonio. Un procedimiento es el Sistema de Análisis de Validez de las Declaraciones (Statement Validity Assesment, SVA), que se utiliza especialmente con menores víctimas de abusos sexuales. El componente central de SVA es el Análisis de Contenido Basado en Criterios (Criteria-based Content Analysis, CBCA). Esta técnica parte de la idea de que las declaraciones sobre eventos reales son cualitativamente diferentes de aquellas que no se basan en una experiencia real.

Los objetivos de este estudio son tres. Primero, probar el uso de CBCA en el análisis de declaraciones falsas y simuladas de testigos con DI. Segundo, comprobar la capacidad natural o intuitiva de las personas para discriminar entre estos dos tipos de declaraciones. Y, por último, también se busca comprobar esa capacidad natural a través de un análisis de macrodatos, para mejorar la calidad de la clasificación.

Antes del estudio, dos psicólogos forenses tomaron declaraciones a 29 personas con DI. Trece de estas eran testigos reales de un incendio del autobús en el cual iban de excursión. Los 16 restantes conocían el evento, pero no habían estado presentes en dicha excursión. Por lo tanto, tenían que contar lo que pasó en base a lo que habían escuchado sobre el caso, generando una falsa declaración y haciendo creer a los evaluadores que habían estado presentes en el incendio.

En el estudio participan 33 estudiantes españoles como evaluadores. Estos no tienen experiencia alguna en el análisis de credibilidad de los testimonios, ni conocimientos específicos sobre la DI. Los participantes miran 29 videos, de los cuales 16 contienen declaraciones verdaderas y 13 declaraciones falsas. Después de visualizar cada video, tienen que considerar si el testimonio que acaban de escuchar es falso o verdadero.

Aparte de los sujetos sin experiencia, dos evaluadores profesionales entrenados en el uso de la técnica CBCA analizan las transcripciones de los videos. El CBCA contiene 19 criterios, cuya presencia indica la veracidad del testimonio. En el estudio se utilizan 17 porque los dos restantes no son relevantes para el caso.

De todos los criterios del CBCA, solo uno fue determinante de la verdad: cantidad de detalles. La falta de discriminación entre las declaraciones falsas y las verdaderas de los demás criterios del CBCA puede deberse a una gran variabilidad de la muestra o a los déficits en el desarrollo del lenguaje y de la articulación que implica la DI. En cualquier caso, los evaluadores profesionales clasificaron correctamente un 81% de las declaraciones.

El análisis de los testimonios que llevaron a cabo los sujetos no profesionales dio lugar a una discriminación correcta de declaraciones verdaderas y falsas por encima de lo que se podría conseguir por azar (50%). Un 62% de los testimonios fueron clasificados correctamente. Si se consideran por separado, falsos y verdaderos, se detectaron correctamente 65% de los testimonios falsos y 59% de las verdaderos.

Clasificar correctamente a un 62% de los testimonios implica un rendimiento superior al azar de un 12%. Este nivel de acierto no es suficiente en el contexto forense y esa es la razón por la que se necesitan herramientas como el CBCA. Además, los cuerpos policiales (y otros) consiguen un porcentaje similar de aciertos cuando analizan las declaraciones de personas con un desarrollo normativo.

También se comprobó si el cociente intelectual (IQ) marca alguna diferencia en cómo se evalúan los testimonios. Los resultados indicaron que la clasificación que hicieron los evaluadores no profesionales es independiente del IQ de los participantes. El mismo resultado se observó en estudios previos.

Buscando relaciones entre los criterios de CBCA y las evaluaciones de los participantes no profesionales, se encuentra que cuatro de los criterios del CBCA median en la valoración de la veracidad de los testimonios. Es decir, para decidir si un testimonio es verdadero, los sujetos que evalúan de manera intuitiva tienen en cuenta la estructura de la producción/narración, la cantidad de detalles, las complicaciones inesperadas de la historia y los detalles característicos.

Como se observa, la cantidad de detalles aparece como criterio relevante tanto para evaluadores profesionales como para no profesionales. Un resultado curioso, ya que las personas con DI suelen dar pocos detalles en una narración, incluso si esta es veraz. ¿Qué ocurriría si las declaraciones veraces de personas con DI se compararían con las de la población general? En el análisis de los testimonios de las personas con DI, especialmente de aquellas que presentan un vocabulario reducido y déficits de las memorias semántica y autobiográfica, se correría un alto riesgo. Esto implicaría que se podría juzgar erróneamente la credibilidad de estas personas y, por tanto, podría ocurrir una revictimización.

Por lo tanto, en el análisis de veracidad de los testimonios, no solo es necesario el uso de herramientas diseñadas para tal fin, sino también una adecuación de estas a la diversidad poblacional. En el caso de personas con DI, se hace especialmente relevante, dado que, y como ya se ha mencionado, son a menudo víctimas de diversos delitos.

¿Se puede discriminar la nacionalidad del violador por su comportamiento? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Can the offence behaviors of stranger rapists discriminate between UK and non- UK nationals?” de Almond, McMaus y Curtis; en él nos hablan de la posibilidad de discriminar entre violadores nacionales de Reino Unido y no nacionales fijándose en el comportamiento ofensivo que tienen durante el crimen.

Los delitos sexuales han aumentado un 41% en Reino Unido, siendo el 16% de las agresiones sexuales cometidas por desconocidos en el año 2013/2014. Este tipo delictivo es difícil de resolver y por ello la investigación se está centrando en generar inferencias entre los comportamientos en la escena del crimen y las características del agresor.

En Reino Unido el 14% de la población carcelaria es extranjera. El 34% de los delitos cometidos por estos presos son delitos violentos (22%) o delitos sexuales (12%). A estos datos se une la creciente preocupación de los ciudadanos por la inmigración y el delito. La investigación se ha centrado en la población carcelaria no británica sugiriendo la evidencia que, aunque el tamaño de esta población está aumentando hay pocas pruebas que apoyen que los delincuentes extranjeros sean más violentos que los nacionales. Los delincuentes extranjeros aportan a sus delitos una amplia gama de diversidad cultural, lingüística y religiosa y esto puede que haga que tengan diferentes comportamientos en la escena del crimen. El por qué de estas posibles diferencias puede deberse a la falta de comprensión del sistema legal del país, variaciones en la forma de investigar los crímenes o en lo que se considera un delito, barreras lingüísticas entre víctima y victimario y las propias diferencias de personalidad, ya que estudios anteriores mostraran variaciones en el neuroticismo y el narcisismo entre las diferentes nacionalidades (McCrae y Terracciano, 2005).

Este estudio pretende ver si los comportamientos en la escena sirven para discriminar entre autores nacionales y extranjeros, este hecho serviría para diferenciar más rápidamente sospechosos y centrar los esfuerzos de la investigación policial en el camino adecuado.

Los datos se obtuvieron de la base de datos SCASUK, utilizando 651 casos de violación por parte de un hombre desconocido contra una mujer mayor de 16 años. Todos los casos ocurrieron posteriormente al 1 de enero de 2000. Teniendo todos una sola víctima y solo agresor. Estos datos se dividieron en dos muestras. La primera formada por 217 delincuentes no británicos, siendo de 65 nacionalidades diferentes, la más comunes fueron la nigeriana (7,4%) y la polaca (6,5%), con una edad media de 28 años. La segunda muestra consistía en 434 delincuentes británicos, con una edad media de 27 años. En cuanto a las víctimas, las de la primera muestra tenían una edad media de 27 años y las de la segunda de 30 años.

Se analizaron de manera dicotómica (1 presente y 0 ausente) 70 variables de comportamiento relacionados con la participación interpersonal (autodivulgación, relación prolongada, referencias al disfrute de la víctima) y el tipo de violencia (mínima, moderada, severa).  Primero se analizó si había alguna asociación significativa entre las variables de comportamiento del delito y la nacionalidad del delincuente. Posteriormente se analizaba cualquier comportamiento llevado a cabo en el delito para comprobar que esa variable era óptima para la predicción de la nacionalidad.

De los 651 casos, 323 utilizaron la confianza como un método de aproximación, es decir, iniciaban una conversación o les hacían preguntas antes del ataque. Había una asociación significativa entre el método de aproximación y la nacionalidad, siendo 1’5 veces más probable que al usar la confianza la nacionalidad fuera extranjera (56,2%) que nacional (46,3%).

El 84’2% de los casos de violación cometida por un desconocido ocurrieron durante la noche. En este caso también fue más común que el autor fuera extranjero (89’4%) que en nacional (81’6%).

En la mitad de la tipología delictiva el agresor besaba a la víctima, siendo 1’42 veces más probable que si ocurría el delincuente sea extranjero (56’2%) frente a nacional (47’5%). Lo mismo ocurre en relación con el forzar a la víctima a practicar actos sexuales, sucede en la mitad de estos delitos, pero en esta ocasión es más probable que el agresor sea nacional (54’4%) si esto ocurre que extranjero (40’6%). Lo mismo sucede con la solicitud de actos sexuales, es más probable que ocurra con un violador nacional (45’6%), que con uno extranjero (37’7%).

En esta clase de delitos sólo un porcentaje muy bajo de los agresores piden disculpas (14%), siendo más posible que el agresor sea nacional (16’1%) que extranjero (9’7%). Sólo un 8% de los agresores destruyen pruebas forenses, siendo una conducta más común en agresores británicos (9’7%) que extranjeros (4’6%).

En el 14% de los casos de violación el agresor bloquea la entrada o salida para evitar que la víctima escape. Esta conducta es más común entre los violadores extranjeros (18’4%) que entre los nacionales (11’8%). En cuando a la presencia de armas de fuego solo se da en un 2’8% de los casos de violación, siendo 5’47 veces más probable que el agresor sea extranjero cuando está presente (6%) que si es nacional (1’2%).

En relación a la violencia presentada, en el 21’2% de los casos se considera mínima, en el 16’9% moderada y en el 4’6% severa. Se da la violencia mínima en aproximadamente un cuarto de las violaciones cometidas por extranjeros (26’3%), frente a un 18’7% de los casos cometidos por nacionales. Por último, en casi un tercio de las violaciones existe penetración vaginal usando las manos, los puños o los dedos. Se comprobó que su empleo era más probable en crímenes cometidos por nacionales (35’9%) que por extranjeros (25’3%).

En resumen, de las 70 variables se descubrió que once comportamientos discriminaban. Cuatro no superaron la regresión logística: la aproximación por confianza, la solicitud de actos sexuales, las disculpas y la destrucción de pruebas. Otros siete comportamientos tenían valor predictivo, cinco serían para el grupo de extranjeros: la nocturnidad, el besar a la víctima, el bloquear la entrada o salida, la violencia mínima y la posesión de un arma de fuego. Para los nacionales fueron predictivos la realización de actos sexuales y la penetración vaginal con la mano, puño o dedos.

 

Enfoque de dominios para predecir resultados en casos de homicidios. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Shifting the focus variables to substantive domains when modeling homicide case outcomes” de Hawk y Dabney; en él nos hablan de la utilización de los dominios en la predicción de los resultados de la investigación de homicidios.

En el año 2016 en EE.UU. la tasa de resolución de homicidios era muy baja, un 59%, marcando un mínimo histórico. Se estima que 7.000 asesinatos se quedan sin resolver cada año. Lo que limita la perspectiva de mejora del índice de resolución de casos es la falta de comprensión de los factores que predicen si un caso se resolverá o no. Este estudio propone un modelo conceptual holístico y práctico para averiguarlo.

Se han detectado varios problemas, el acceso a los datos produce importantes problemas para la medición de procedimientos de investigación policial. Esto a su vez produce que al no trabajar con datos fiables las teorías que se realizan sobre la resolución de homicidios pueden no ser precisas. Otro problema es que los diferentes tipos de investigaciones sobre este tema no son extrapolables de un lugar a otro por diversas circunstancias. Todo ello genera que los resultados de las investigaciones científicas llevadas a cabo sobre la investigación de homicidios den unos resultados incongruentes e incluso contradictorios entre ellos.

Para ampliar y mejorar la investigación este estudio sistematiza las medidas de cinco dominios de investigación y analiza la importancia de cada posible modelo conceptual de agrupación para la posterior resolución. Estos cinco dominios son: sujetos involucrados, circunstancias del incidente, dinámica del caso, características ecológicas y factores del investigador.

Las medidas de los sujetos involucrados hacen referencia a las diferencias personales en víctima y autor y la forma en que su manifestación en el episodio violento puede generar pistas. Las circunstancias del incidente incluyen combinaciones en condiciones relacionales, temporales y físicas que pueden hacer cambiar la forma en que las personas interactúan, como puede ser la relación existente entre víctima y autor, el motivo, el tipo de arma o el día y la hora en la que se produce el crimen. La dinámica del caso hace referencia a los factores que la policía encuentra una vez se dan cuenta del asesinato, como pueden ser los tipos de evidencia que descubren, la ubicación de la escena del crimen o la presencia de policía en esa zona. Las características ecológicas, dentro de este dominio se incluye la cultura, la demografía de los residentes, la eficacia colectiva, las percepciones de la policía y la tasa de delincuencia. Dentro de las variables del investigador se considera la carga de trabajo, el esfuerzo, la experiencia y la técnica que usa.

Para comprobar esto se realizó un estudio en un área metropolitana de EE.UU. de casi medio millón de habitantes. En la década anterior (2000 – 2009) experimentó altos niveles de delincuencia, con 100 homicidios por año. En el momento en que se realizó el estudio la unidad del departamento de homicidios era la encargada de investigar todos los asesinatos reportados, las muertes bajo custodia, los secuestros, los tiroteos relacionados con la policía, los casos antiguos sin resolver y las muertes sospechosas. Para ello contaban con entre 15 y 20 investigadores, supervisados por entre cinco y siete sargentos, un teniente, un capitán y un comandante. Se permitió el acceso total a toda la documentación de todos los casos de homicidios acaecidos entre 2009 y 2011.

Los investigadores recopilaron datos de 252 archivos de homicidio en una plantilla estandarizada, posteriormente buscaron en la base de datos incidentes ocurridos en la misma localización del homicidio. También, se añadieron los antecedentes penales de todas las personas mencionadas en el caso. Además, se añadió información del censo. Posteriormente, se entrevistó al investigador principal de cada caso para que aportara detalles adicionales que se hubieran mencionado en los informes.

Se tuvo como variable dependiente la resolución del caso, considerándose como tales todos aquellos que hubiera finalizado con una detención. La tasa de resolución en esos años estaba en un 69%, siendo ligeramente superior a la media nacional de esa época (65- 67%). Como variables independientes se consideraron 16. En lo relacionado al dominio de sujetos involucrados se consideró el género de la víctima y del sospechoso, la edad de la víctima y el historial criminal del sospechoso. En lo relativo a las circunstancias del incidente se analizó la relación existente entre víctima y victimario, el motivo del crimen y la hora de comisión del mismo. En lo relacionado con la dinámica del caso se extrajeron datos de la presencia de testimonios, de armas y de evidencias tecnológicas y biológicas. También se analizó la frecuencia de la policía en el área y si el crimen había sido interior o exterior. En lo referente a las características ecológicas se analizó la población, el tanto por ciento de extranjeros y el de personas con un nivel educativo inferior a la educación secundaria. Por último, en lo relativo al investigador se recopiló información sobre el número de casos abiertos cada año, el número de casos que tiene asignados, la utilidad de los apoyos y de las revisiones de casos por parte de la unidad.

Los resultados obtenidos muestran que los casos donde la víctima tenía menos de 24 años tenían 3,5 veces más de posibilidades de ser resueltos que cuando la víctima era mayor. Esto puede ser así, porque se les da mayor prioridad a los casos donde la víctima era joven o porque las personas más pequeñas cuentan con la supervisión de los adultos y, por tanto, es más fácil obtener datos. Cuando el sospechoso tiene antecedentes penales hay 1,09 más de posibilidades de resolución. No se encontró una relación entre el sexo de víctima y autor y el índice de resolución de casos. Cuando había una relación entre víctima y autor las posibilidades de resolución aumentan un 6,89. Si el crimen estaba motivado por algún asunto relacionado con el submundo criminal las posibilidades de resolución se reducían un 0,38. Esto es así porque las personas involucradas daban información falsa a la policía o directamente no cooperaban con ella. En lo relativo a las evidencias aumentaban la resolución del caso 2,72 veces. De igual manera la mayor presencia de la policía en la zona hacía que las posibilidades creciesen 2,4. La localización interior del crimen aumenta en un 2,51. Cada vez que se aumentaba en una unidad la población se reducía por 0,99 las posibilidades de resolución, esto es así porque al haber más gente el delincuente se vuelve más anónimo y, por tanto, se dificulta su identificación. Sorprendentemente aumentaban en un 1,11 cuando había mayor presencia de extranjeros, se piensa que es así porque colaboraran más con la policía por el miedo a la deportación o alguna otra falta administrativa. Sin embargo, no se observó relación con el nivel educativo. Por cada caso abierto que tiene el investigador se reduce en 2,5 las posibilidades de resolución. Por el contrario, las revisiones del caso aumentan en un 1,80.

Se puede concluir que los casos que tendrían más posibilidades de resolverse serían aquellos que hubieran pasado en un escenario interior, donde la víctima es menor de 24 años, tiene relación personal con el autor. El victimario tenía antecedentes penales, pero no guardaba relación directa con el submundo criminal. Ocurría en una población pequeña con gran presencia policial y alto número de inmigrantes. La escena del crimen presentaba un gran número de evidencias. El investigador principal tenía pocos o ningún otro caso abierto y en su equipo se hacían revisiones periódicas del caso.

 

Efectos de la inclusión y exclusión social en la obtención de información. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Eliciting human Intelligence: the effects of social exclusión and inclusión on information diclosure” de Ask, Ejelöv y Anders; en él se estudia los efectos de las experiencias sociales, concretamente la inclusión o exclusión social, sobre la facilidad de obtención de informaciones en entornos semicooperativos que pueden darse en un contexto de investigación policial o de inteligencia.

La hipótesis que se plantearon en esta investigación es que la exclusión social supondría una amenaza para la necesidad de pertenencia y la autoestima de los individuos lo que les haría intentar reconectar socialmente y eso llevaría a compartir más información crítica.

Para comprobar la hipótesis hicieron dos experimentos. El primer experimento consistió en un dilema de administración de información, en el que debían conseguir llegar a un punto de equilibrio entre la información crítica que divulgaban, que beneficiaba al resto, y la información crítica que retenían, que les beneficiaba a ellos. Previamente habían jugado a un videojuego en el que podían estar incluidos o excluidos socialmente por sus compañeros. Los miembros del grupo control simplemente observaban pasivamente el juego. Se predijo que los participantes que fueran excluidos compartirían más información que aquellos incluidos y que el efecto de la exclusión se podría medir por el nivel de amenaza de pertenencia y por la autoestima que experimentaban los participantes.

Para comprobar las hipótesis se utilizó una muestra de 150 participantes, con una edad media de 28 años. Un 71,3% eran mujeres y un 28,7% hombres. Fueron reclutados a través del departamento de psicología de la universidad de Gotemburgo y se les dijo que el estudio era sobre la toma de decisiones en grupo. Se les asignó al azar a una de las tres condiciones de investigación.

Los participantes llegaban en grupos de entre tres y seis miembros, cada uno se sentaba en un ordenador individual y leían las instrucciones. Para el dilema de la información se les decía que eran un paparazzi que trabajaba en un equipo con más miembros (el resto de participantes). Su equipo competía con otro equipo por ganar un premio de 20€, pero solamente el mejor fotógrafo de manera individual lo ganaría. Cada fotógrafo debía fotografiar a nueve famosos determinados, pero desconocían donde se encontraban. Por el contrario, conocían la ubicación de los famosos de uno de sus compañeros. Compartir dicha información podía hacer ganar a su equipo, pero sólo uno de ellos ganaría el premio. Antes de pasar a la realización del intercambio de información se les pedio que jugaran a Cyberball, un juego donde tres jugadores se pasan el balón entre ellos. Los participantes creían estar jugando en línea con otros participantes. A las personas que se les asignó la inclusión social les pasaba el balón el mismo número de veces, a los de la exclusión social solo se les pasaba dos veces al principio y luego los otros dos jugadores se la pasaban entre ellos exclusivamente. El grupo control vio una grabación. Después de ello se les pedio a los participantes que dijeran cuantas coordenadas revelarían a sus compañeros y que contestaran a unas preguntas con escalas de Likert. Tuvieron que calificar el grado de pertenencia que experimentaron, la autoestima, la existencia significativa y el control que sintieron durante el juego. También tuvieron que informar sobre diferentes estados positivos y negativos que experimentaron y sobre el grado de exclusión o inclusión que sintieron y la frecuencia con la que recibieron el balón.

Los resultados revelaron que los participantes excluidos socialmente se sentían significativamente más excluidos e ignorados que el resto de participantes. También, pensaron que habían recibido el balón un número menor de veces que el resto. Los participantes excluidos informaron que sintieron menos pertenencia, control, existencia significativa y autoestima que los incluidos o el grupo control. Entre estos dos grupos no hubo diferencias significativas. En cuanto a los estados de ánimo el grupo excluido presentó más estados negativos que el resto de grupos. En relación a la revelación de información no se mostró diferencias significativas entre los grupos, por tanto, la hipótesis planteada no pudo demostrarse. Si bien es cierto que los excluidos revelaron un poco más de información que los incluidos, los niveles fueron los mismos que los del grupo control. Tampoco pudo ser probada la hipótesis referente a los niveles de pertenencia y autoestima. Se cree que el resultado negativo del experimento pudo deberse a que la revelación de la información se hacía a un miembro anónimo, lo que no producía una reconexión con el grupo social. También se piensa que la condición de control generaba el mismo rechazo que la de exclusión y por tanto los resultados no diferían.

En el segundo experimento se intentó paliar las deficiencias presentadas en el primero. Por ello se optó por una entrevista de inteligencia, que llevaba aparejada una interacción más directa. Además, se incluyó una medida de sensibilidad al rechazo como un moderador potencial de los efectos de la exclusión social. Se pidió a los participantes que imaginasen ser informadores de la policía con antecedentes delictivos y con conocimientos críticos sobre un inminente ataque terrorista. Para ello se les dio previamente información sobre un ataque ficticio y sobre el grupo que lo iba a llevar a cabo. Se les pidió que durante la entrevista evitaran revelar muy poca información pero que tampoco revelaron demasiada, ya que por un lado necesitaba ser útil para la policía para que le permitirán quedar en libertad, pero por otro, a parte de su simpatía por el grupo terrorista podía ser identificado como la fuente de información. Previamente a la entrevista participaron en un experimento sobre la toma de decisiones grupales que no estaba relacionado donde fueron invitados a unirse a una discusión con otras dos personas o fueron ignorados. El grupo control no participó en esa fase. Las hipótesis que se plantearon fueron que, primeramente, los participantes excluidos socialmente revelarían más información que el resto. También se planteó que el efecto de la exclusión sería mayor para las personas con una sensibilidad de rechazo alta. Por último, el efecto de la exclusión sería mayor en aquellos que experimentaron una amenaza a la pertenencia y a la autoestima. Se manejó una muestra de 135 participantes con una edad media de 29 años, siendo un 65,2% mujeres y un 34,8% hombres.

Después de la entrevista los participantes tuvieron que contestar una prueba de memoria sobre el supuesto ataque que contaba con 17 preguntas. A continuación, contestaron el cuestionario de sensibilidad al rechazo de Downey y Feldman. Para acabar, respondieron a las escalas de satisfacción de necesidades empleadas en el primer experimento.

Los resultados mostraron que los participantes excluidos experimentaron menos pertenencia, autoestima, existencia significativa y control en comparación con los otros dos grupos. Los grupos de control y de inclusión no difirieron en nada salvo en pertenencia que era mayor en el segundo. También, los participantes excluidos mostraron estados de ánimo más negativos que positivos. Los excluidos no difirieron en el número de informaciones reveladas en relación a los otros dos grupos, por tanto, la hipótesis planteada no fue demostrada. Tampoco la sensibilidad al rechazo interactuó significativamente, siendo incompatible este resultado con la segunda hipótesis. El nivel de sensibilidad al rechazo tampoco se pudo relacionar significativamente con la divulgación de información. Por último, tampoco fueron significativos los efectos de la pertenencia o la autoestima en relación a la exclusión social y al intercambio de información, dejando de esta manera sin apoyo a la tercera hipótesis. Se obtuvieron resultados sorprendentes que revelaron que la inclusión social hacía que el número de informaciones reveladas fuera ligeramente mayor.

En conclusión, se puede decir que las experiencias sociales previas de las fuentes pueden realmente influir en el resultado de las entrevistas, aunque, en la actualidad se desconocen los mecanismos que puedan estar detrás de ello.

Vincular delitos contra la propiedad a través del comportamiento del delincuente en la escena del crimen. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Linking property crime using offender crime scene behavior: A comparision of methods” de Tokin, Lemeire, Santtila y Winter; en él hacen una comparativa entre la capacidad de siete modelos estadísticos para diferenciar delitos contra la propiedad vinculados de aquellos que no lo están.

El estudio compara siete modelos estadísticos diferentes que se derivan de los tres enfoques más comúnmente utilizados en la investigación conductual: el análisis de regresión logística binaria, el análisis de árbol de clasificación y el modelo probabilístico/bayesiano. Estos enfoques se aplican sobre tres conjuntos de datos: robos residenciales cometidos en Finlandia, robos de automóviles cometido en Reino Unido y robos comerciales cometidos en Finlandia. Este estudio contribuye a determinar cual es el método estadístico más apropiado para vincular los delitos a través del comportamiento del delincuente, siendo novedosa la aplicación estadística a la vinculación del comportamiento criminal.

Para llevarlo a cabo se utilizaron datos de 160 robos residenciales cometidos por 80 ladrones en serie en la región del Gran Helsinki de Finlandia entre 1990 y 2001. Se seleccionaron al azar dos delitos por delincuente del total de crímenes que hubieran cometido en ese periodo. Para cada robo se registraba: ubicación del delito, hora y día de la semana en que se cometió, tipo de propiedad robada, método de entrada, el comportamiento de búsqueda del delincuente una vez dentro y el valor de los objetos robados. Los datos utilizados para el robo de coches fueron los procedentes de 376 delitos de robo de vehículos cometidos por 188 ladrones en serie en Northamptonshire, en Reino Unido entre enero de 2004 y mayo de 2007. Se registró: ubicación del robo, el tipo de automóvil, los años del vehículo y el estado físico en el que se recuperó el coche. En lo referente a los robos comerciales se utilizaron 118 cometidos por 59 ladrones en serie en la región de Gran Helsinki en Finlandia entre 1991 y 2002. Se seleccionaba al azar dos delitos por delincuente. Se registró: ubicación, tipo de negocio, hora y día en que se produjo, el uso de disfraz, el uso de armas, el número de delincuentes, el uso de violencia, el idioma utilizado y el tipo y coste de la propiedad robada.

Después de recoger los datos se crearon una serie de dominio de comportamiento para cada tipo de crimen. Para el robo de residencias: características objetivo, comportamiento de entrada, comportamiento en el interior, propiedad robada, distancia entre delitos y proximidad temporal. Para el robo de vehículos: opciones de selección de objetivos, comportamiento de adquisición del objetivo, comportamiento de eliminación y distancia intercrímen. Para el robo comercial: opciones de selección de objetivos, conductas de planificación, conductas de control, propiedad robada, distancia entre delitos, proximidad temporal, diferencia de el valor de los artículos robados y conducta de aproximación.

A continuación, se crearon pares de delitos vinculados que contenían dos delitos cometidos por el mismo autor y parejas no vinculadas que contenían delitos cometidos por diferentes delincuentes. De los 160 delitos de robo residenciales se crearon 80 parejas vinculadas y 12.640 parejas sin vincular. De los 376 robos de automóviles, se crearon 188 parejas vinculadas y 70.312 sin vincular. De los 118 robos comerciales se crearon 59 parejas vinculadas y 6.844 sin vincular. Estos representaban todas las posibilidades. Para cada par de delitos se calculó la distancia entre los crímenes, un valor de proximidad temporal y/o un coeficiente de Jaccard, que indica la similitud o no del comportamiento. Estos fueron las variables predichas de los análisis subsiguientes.

Se utilizaron tres tipos de modelos estadísticos: los modelos de regresión logística, los modelos de árbol de clasificación y los modelos probabilísticos. En cuanto a los modelos de regresión logística se probaron los dos presentes en Weka: el SimpleLogistic y el Logistic. En lo referente a los modelos de árbol de clasificación se estudiaron los disponibles en Weka: el J48, el árbol de modelo logístico y el modelo de RandomForest. Para terminar, en los modelos probabilísticos se utilizaron: el BayesNet y el Naive Bayes. Todos estos análisis se utilizaron para generar un valor de probabilidad predicho para cada conjunto de datos de cada par de delitos, lo que indica la probabilidad pronosticada de que los dos delitos de cada par fueran cometidos por la misma persona. Posteriormente, se crearon curvas características (ROC) que permitieron comprobar la precisión con la que los distintos modelos estadísticos podrían distinguir entre pares de delitos vinculados y no vinculados.

Los modelos basados en la regresión fueron los más exitosos en los tres conjuntos de datos, con el algoritmo Logistic se obtuvo la puntuación más alta para el robo residencial y robo comercial y con el algoritmo SimpleLogistic para el robo de automóviles. Estos resultados pueden chocar con los obtenidos en estudios anteriores y es que hay que tener en cuenta multiples variables. Por tanto, se debe decir, que a día de hoy no hay un método estadístico superior a otro. La eficacia de cada uno variará en función de los datos que se posean para llevarlo a cabo. Además, los resultados de este estudio solo se basan en la precisión de la discriminación y hay otros muchos factores a tener en cuenta.

Este estudio ha sido pionero en el uso de dominios para ver el impacto en la precisión de la discriminación en comparación con la utilización de comportamientos individuales de delincuentes para hacer predicciones de vinculación. Los dominios obtuvieron una tendencia hacia una mayor precisión.

Tomando como ejemplo el robo de automóviles se obtuvo una alta puntuación lo que implica que tenían una posible vinculación mediante el algoritmo los crímenes, pero cuando se examinó el éxito que tuvo en hacerlo se encontraron dificultades considerables. La razón principal de esto es el problema de que cuando el número de pares de crímenes no vinculados supera ampliamente el número de pares vinculados un modelo estadístico tenderá a tener una probabilidad de vinculación muy baja para todos los pares de la muestra.

Se predice que los comportamientos impulsados por los delincuentes (fecha y lugar del crimen) están menos influenciados por la situación ofensiva y son más consistentes de un crimen a otro, lo que los hace más adecuados para la vinculación. También es posible que esto se deba a que esos datos sean registrados de una manera más objetiva en las bases de datos policiales que, por ejemplo, si el ladrón buscó de una manera ordenada o no. También obtuvo puntuaciones altas la interacción personal entre víctima y agresor, por ejemplo, las condutas de control son una característica útil para la vinculación de robos comerciales.

Una limitación muy importante de este estudio es que solo se utilizaron datos de crímenes resueltos, cuando en la práctica real no podrá ser así. Por ello, investigaciones futuras deberán buscar replicar estos resultados utilizando delitos resueltos y no resueltos, ya que una herramienta que apoye la toma de decisiones y ayude a vincular posibles crímenes cometidos por el mismo autor sería valiosísima en la investigación policial.

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