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Nanotecnología forense: identificación de huellas dactilares latentes. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Role of nanomaterials for forensic investigations and latent fingerprinting – a review” de Prasad V., Lukose S., Agarwal P. y Prasad L. (2020), en el cual se revisa el importante papel que actualmente tiene la nanotecnología en la detección de huellas dactilares latentes.

La nanotecnología es el campo científico que estudia materiales a escala nanométrica. Esta área también puede ser definida como la síntesis de materia a nivel atómico, con tamaño entre 1 y 100 nanómetros (nm).

La utilidad de la nanociencia y la nanotecnología se conoce desde el siglo IV. El oro fue utilizado por primera vez como nanopartícula por los romanos en las copas de Licurgo, aplicándose como agente de recubrimiento. Actualmente, la nanotecnología se puede aplicar ampliamente en diferentes campos como electrónica, desarrollo y análisis de drogas y construcción.

Adicionalmente a su vital importancia en muchos otros campos, también tiene un impacto significativo en las ciencias forenses. En este caso hablamos de nano-forensics, la última innovación en este campo. La evolución de los nano-sensores y nano-dispositivos permite identificar evidencias anónimas. Los instrumentos utilizados previamente en otros campos para estudiar nanomateriales también consiguen dar respuestas en las ciencias forenses. Uno de ellos es el microscopio de fuerza atómica (AFM).

La aplicación de nanotecnología en las ciencias forenses ya cubre varias áreas. En documentoscopia, con la ayuda del AFM, se ha conseguido analizar el cruce de tintas analizando ciertas superficies de documentos. En el análisis de manchas secas de sangre se ha conseguido determinar la edad de estas. Se utilizó el AFM también en este caso, analizando la elasticidad de los eritrocitos.

La Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR) es un método utilizado para producir varias copias de un fragmento de ADN. Estudios recientes han mostrado que las nanopartículas de oro tienen la habilidad de incrementar la eficiencia de la PCR. Cuando se añaden de 0,7 a 13 nm de partículas de oro, el tiempo de la PCR se reduce.

En el análisis de huellas dactilares se ha observado que el uso de nanopartículas tienen un gran potencial para mejorar este proceso. Se trabaja en el desarrollo de nuevas técnicas conocidas como nano-huellas (dactilares). Cualquier avance en este campo será muy valioso dado que las huellas son evidencias de una identidad humana. Por tanto, en investigaciones de escenarios de crimen serían de mucha utilidad, especialmente para detectar las huellas dactilares latentes.

Las huellas dactilares latentes son aquellas invisibles al ojo humano. Se trasfieren a las superficies a través de secreciones corporales y contaminantes encontrados en los dedos. Son las más difíciles de identificar a diferencia de las huellas patentes y las plásticas. Las patentes se observan a simple vista. Se plasman en las superficies a través de sustancias como sangre, pintura o grasa. Las huellas plásticas son aquellas generadas por la presión de los dedos en objetos blandos, como jabón, cera o pegamento.

Las huellas dactilares contienen secreciones corporales y agentes contaminantes del medio en el que se encuentran. Las secreciones provienen de 3 tipos de glándulas: ecrinas, apocrinas y sebáceas. La elección de la técnica para detectar huellas latentes depende tanto del contenido de la huella, así como de la naturaleza de la superficie. Por eso, existen varios métodos con diferentes nanopartículas que vamos a describir a continuación.

Nanopartículas de plata. La plata metálica tiene afinidad con componentes orgánicos que residen en las huellas. Este tipo de nanopartículas se han utilizado como reactivo desde 1970 para visualizar huellas latentes en superficies porosas de papel. El método utilizado tiene la habilidad de mostrar huellas en superficies expuestas a luz solar intensa durante varias horas. La desventaja es alto coste en tiempo y dinero, poca estabilidad y un procesamiento destructivo que contamina los documentos.

Nanopartículas de oro. Juegan un papel importante en la visualización de huellas latentes por su naturaleza inerte, alta selectividad y sensibilidad. También tienen atributos que permiten almacenar las huellas por un largo periodo de tiempo. El método utilizado es el de deposición multimetal (MMD).

Confieren mayor intensidad y claridad en las huellas encontradas comparado con métodos que utilizan nanopartículas de plata. Su desventaja es su no utilidad en huellas encontradas en paredes y suelos. Básicamente, no sirve para ningún objeto/superficie demasiado grande como para sumergirlo en una bañera de laboratorio.

Nanopartículas de óxido de zinc. Tienen propiedades que permiten la transición de huellas latentes a patentes a temperatura ambiente. También presenta una propiedad adhesiva que facilita la interacción con residuos lipídicos y proteínicos de las huellas a temperatura ambiente. Permiten determinar la antigüedad de las huellas en superficies no porosas. En cambio, no son muy efectivas para las huellas encontradas en superficies porosas.

Nanopartículas de sílice. Su uso es un método novedoso que mejora la detección de huellas latentes por su facilidad de síntesis. También tienen la habilidad de recubrir tintes, lo que previenen la foto-descomposición. Sirve para huellas plasmadas en superficies no porosas. Se ha observado un mecanismo electrostático entre estas nanopartículas y residuos de huellas similar al que se da en MMD.

Nanopartículas de óxido de aluminio. Con este tipo de partículas se desarrollaron nano-polvos no tóxicos y eco-friendly. Esos nano-polvos se sintetizas con: nano-partículas de óxido de aluminio, recubiertas de eosina amarilla y un extracto hidrofóbico vegetal. El extracto repele moléculas de agua y permite que los polvos se adhieran a los componentes oleicos de huellas latentes.  Estas nanopartículas permiten visualizar huellas en superficies porosas y no porosas. Además, sirven para identificar huellas muy difuminadas o descoloridas.

Hay muchos más métodos y nano-partículas que se han desarrollado, pero muchos de ellos son bastante más complejos para resumir. Incluso existen métodos de imagen con espectroscopio que permiten detectar metabolitos de cocaína en huellas latentes. De todas las nanopartículas, las de oro parecen tener una capacidad más amplia. Por sí solas o junto a diferentes reactivos permiten la identificación de huellas latentes en diferentes situaciones. Ya sabía Hodgins, el rey del laboratorio de la serie Bones, que el oro le permitirá resolver el caso.

Como conclusión, la nanotecnología parece de gran utilidad en las ciencias forenses. Gracias a todos los avances científicos, la identificación de huellas, así como otros procesos del contexto forense, será cada vez más preciso y, probablemente, más fácil y rápido.

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Análisis de heridas de bala: huesos craneales vs. huesos largos. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Interpretation of long bones ballistic trauma” de Martrille L. y Symes S. A. (2019), en el cual se analizan las características de las heridas de bala en huesos tubulares y sus similitudes con las heridas craneales.

En el cuerpo humano hay diferentes tipos de huesos. Uno de ellos es el hueso largo que presenta un cuerpo tubular llamado diáfisis, dos extremos llamados epífisis y suele ser más largo que ancho. Por ejemplo, los huesos de los brazos y piernas, excepto rótula y huesos de la muñeca y tobillo, son huesos largos.

Desde una perspectiva antropológica forense, la interpretación precisa de heridas de bala en huesos largos podría ser la única forma de determinar características esenciales para entender la apariencia del arma utilizado.

Una herida ósea provocada por una bala es un fenómeno complejo que resulta de la acción de una bala y la reacción del tejido óseo. Cuando hay heridas de bala, la interpretación de los patrones de fractura ósea es un componente clave en la autopsia. Y esa interpretación requiere muchas habilidades: distinguir entre heridas de entrada y salida, establecer la dirección y recorrido de la bala a través del cuerpo o entender la orientación de las extremidades.

Para determinar el patrón de fractura es crucial reconstruir el sitio de esa fractura. Y es una labor clave, siendo muchas veces la única forma de determinar la causa y forma de la muerte. Es de especial importancia cuando, para el análisis, lo único disponible son los restos óseos, con ausencia de tejidos blandos. También puede ser que los tejidos blandos estén muy afectados por descomposición, carbonización u otras modificaciones postmortem. En cualquier caso, la presencia de tejidos blandos no asegura una buena interpretación del caso. A veces, las claves están simplemente en la herida ósea.

Las heridas de bala en el cráneo han sido muy estudiadas y ampliamente descritas. En cambio, pocos autores han documentado las heridas provocadas en huesos largos, a excepción de los cirujanos.

El examen de un traumatismo craneal se centra en las características principales de las fracturas balísticas: fragmentos óseos de taponamiento y desprendimiento, patrones de fracturas radiales y concéntricas. En el punto de impacto, se generan fuerzas de corte y tracción, lo que resulta en defectos de desprendimiento biselados y hundimientos del hueso. La superficie de impacto se puede astillar con una menor cantidad de biselado.

Con suficiente energía, se generan fracturas secundarias cerca del punto de impacto de bala. Las grietas radiales forman segmentos en forma de cuña. Se forman a la velocidad del sonido para el material dado, lo que permite que las fracturas radiales asociadas a la entrada interrumpan y comprometan el cráneo antes de la salida de la bala. Las áreas del cráneo más reforzadas pueden no presentar heridas radiales o que ocurra una apertura de suturas del cráneo. Dada la gran presión y tensión provocadas por el impacto de la bala, las fracturas radiales pueden seguir las líneas de sutura o incluso bifurcarse.

Aunque las fracturas puedan proporcionar un alivio suficiente del estrés provocado en el hueso, con frecuencia van acompañadas de fracturas terciarias debido al desplazamiento hacia afuera de los segmentos en forma de cuña. Estas se denominan fracturas concéntricas porque terminan en las grietas radiales y eso implica que estas últimas ya existían (son secundarias). Se han observado casos con fracturas concéntricas en ausencia de fracturas radiales, como se puede ver cuando un pequeño proyectil esférico golpea una lámina de vidrio.

Estas características muestran si la bala está entrando o saliendo del hueso. Lo diferencial se define típicamente por la ubicación de la fractura del bisel primario: mayor en el aspecto interno de la herida de entrada, mayor en el aspecto externo de la herida de salida. No obstante, también se siguen otros criterios.

Teniendo en cuenta estos principios de penetración de balas en el cráneo, los autores del estudio los aplican en la interpretación de fracturas de huesos tubulares. Para ello, revisan la autopsia de tres casos de herida de bala en el muslo con fracturas de fémur.

Los tres casos presentaban heridas de balas de distinto tipo. Para comparar las heridas de estos casos con las que habrían ocurrido si fueran heridas del cráneo utilizan una técnica muy sencilla. En una hoja de papel adhesivo dibujan un patrón de fractura típico de lo que se esperaría ver en el cráneo. Enrollan ese el papel adhesivo en un cilindro y lo comparan con el patrón de fractura en el fémur. 

El equivalente de las heridas de entrada se diseña en un pedazo de papel y se pega en un globo. Las heridas de entradas están representadas por un agujero negro circular, tal como se ve en las entradas de bala individuales. Para algunos de los casos se incluye una astilla de hueso alrededor de la herida principal y se agregan fracturas lineales, radiales y concéntricas.

A modo general, las descripciones de los 3 casos son consistentes con la literatura científica existente sobre el tema. Es decir, las heridas de balas en huesos largos son similares a las heridas que se dan en el cráneo. Se destacan las entradas de borde liso y fracturas radiales y concéntricas resultantes de la cantidad de energía provocada por el impacto. El biselado en forma cono es más evidente cuando las balas impactan de manera directa que tangencial.

En 1915, Sir John Bland-Sutton informó sobre cinco tipos de fracturas de huesos largos provocadas por balas. Primero, una fractura transversal, que suele verse rara vez y suele ser una fractura indirecta. Segundo, una perforación completa del eje del hueso, principalmente en huesos esponjosos como el extremo inferior del fémur o la tibia proximal. Tercero, la bala se incrusta en el hueso. Cuarto, la bala rompe y tritura el hueso, produciendo una fractura estrellada o mariposa, con 4 fisuras oblicuas radiales desde la herida primaria. Y, por último, la bala impacta cerca de la articulación, rompiendo el extremo del hueso en pequeños fragmentos.

Lo más observado en los casos del estudio fue el cuarto tipo. Esa fractura en forma de mariposa se describió también en su versión falsa. La original se reserva a fracturas por flexión. En las lesiones producidas por arma de fuego no se produce flexión y, por eso, las fracturas radiantes suelen tener una forma de V (doble, con cuatro fisuras). La configuración de la mariposa falsa se observa a menudo en huesos largos que han recibido un disparo de baja velocidad.

La gravedad de la herida y el tipo de fractura reflejan la energía que la bala trasfiere al hueso al impactarlo. Cuando una bala golpea el cuerpo se desestabiliza y oscila, trasfiriendo una gran cantidad de energía cinética a los tejidos. A mayor energía cinética del impacto, heridas más extensas.

Un proyectil de alta velocidad generará más fracturas que uno que impacta a baja velocidad. No obstante, la deformación y fragmentación de la bala también tiene mucho que decir en la apariencia de la fractura. Las características del hueso también importan, tales como elasticidad, cohesión o densidad. Y, por último, la edad del sujeto es algo que debe considerarse en el análisis. Una razón de ello es que la resistencia de los huesos disminuye con la edad.

Las descargas de escopeta muestran patrones específicos. Los perdigones de plomo tienen menor efecto de herida debido a su rápida dispersión. A corto alcance, las heridas son muy importantes tanto en el cráneo como en los huesos largos. Los perdigones se dispersan muy rápidamente cuando golpean el tejido con un efecto billar.

Por lo tanto, los aspectos de la penetración balística son constantes y las propiedades materiales de cráneo y huesos tubulares son similares. A pesar de la especificidad de la forma y densidad de los huesos tubulares, se podría decir que reaccionan como los huesos craneales cuando reciben un impacto de bala. Investigaciones de este tipo sirven para entender e identificar la dirección y la magnitud de las fuerzas implicadas analizando el patrón de las fracturas. Esto permite a los patólogos forenses y a los antropólogos entender los mecanismos de las heridas.

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Los efectos del fuego sobre el ADN humano. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Effect of fire on DNA and its profiling in homicide cases” de Kumar N., Chauhan A., Gupta R., Maitray A., Sharma D. y Shukla SK (2019), en el cual se analizan los efectos del fuego sobre el ADN, un tema de vital importancia en los casos de homicidio donde la presencia de fuego impide identificar a la víctima y obtener más pruebas sobre el caso.

En las investigaciones forenses, los expertos tratan con diferentes tipos de escenas del crimen. En los casos de homicidio a menudo se encuentran con los cuerpos de las víctimas quemados, con falta de evidencias y con la dificultad o imposibilidad de identificar a la víctima. Determinar la causa de la muerte se convierte en una tarea muy complicada debido a las quemaduras y a la presencia de hollín. Asimismo, aislar muestras de ADN a partir de los restos del cuerpo o de muestras de sangre encontradas en las pertenencias de la víctima (p. ej. ropa, tejidos, etc.) también se convierte en una tarea ardua.

En el campo de las ciencias forenses los avances tecnológicos han ganado terreno a los métodos tradicionales. Aun así, por más tecnología que se utilice, los expertos forenses son vitales y son considerados como la clave de cualquier investigación. Los forenses analizan diversas tipologías de casos y en estos se encuentran con diferentes métodos para anular las pruebas: quemar, tirar un cuerpo al agua, etc. todos los perpetradores intentan tapar cualquier prueba posible e intentan hacer que el fuego u otros métodos utilizados parezcan el producto de una causa natural.

Hasta el día de hoy, no existen procesos técnicos que sirvan para analizar muestras afectadas por temperaturas muy elevadas debido al proceso de quema. Por esta razón, en este estudio se intenta determinar la cantidad y calidad del ADN proveniente de tejidos y muestras de sangre afectados por el fuego y el hollín. También se analiza el efecto de las temperaturas elevadas provocadas por el fuego en las muestras y la precisión en determinar el perfil genético del ADN de la víctima.

Los patrones de sangre no quedan afectados por el fuego si la temperatura es igual o menor a 40ºC. En cualquier caso, se cree que los elementos de la sangre que sirven para obtener el ADN ya no son trazables después de la exposición a temperatura de 1000ºC.

Los tejidos que no entran en contacto directo con el fuego son los idóneos para obtener el perfil de ADN. El aislamiento del ADN se puede hacer a partir de muestras de pelo, uñas, dientes o huesos, en incluso a partir del cuero cabelludo si no ha entrado en contacto directo con el fuego. Los tejidos conectivos densos pueden proteger el ADN bastante tiempo incluso si la temperatura llega a 100ºC.

En el caso que se analiza en este estudio, las pruebas recolectadas no sirvieron para obtener información sobre el ADN, debido al contacto con el calor provocado por el fuego. La policía recibió una llamada alrededor de las 6 de la mañana y fueron avisados de la existencia de un cuerpo quemado. Cuando se llegó a la escena del crimen, se observó que la víctima era un hombre con el cuerpo parcialmente quemado. Se encontraron manchas de sangre mezcladas con hollín en el suelo y encima de una alfombra en la que el cuerpo estaba enrollado.

Los investigadores recogieron muestras de la ropa interior quemada, de la alfombra, del suelo de cemento que contenía las manchas de sangre, dos trozos de plástico quemado, muestras de sangre mezcladas con hollín, ropa de la víctima y del acusado, la posible arma homicida (un arma metálica oxidada y afilada), gasa con sangre y pelo quemado. Todas las muestras fueron recogidas y conservadas por un oficial de policía respetando el protocolo pertinente para evitar la contaminación y degradación de las pruebas.

Sobe el terreno y en la autopsia se estableció que la causa de la muerte fue el estrangulamiento. Post-mortem, el cuerpo fue cortado en trozos. Por la imposibilidad de descomponer el cuerpo totalmente, el acusado quemó el cuerpo de la víctima dos días después con queroseno. También se observó un golpe en la cabeza de la víctima, provocado de manera post-mortem, con el arma encontrado en la escena del crimen.

El fuego dificulta de manera significativa el poder aislar el perfil genético de la víctima. Puede haber daños por la alta temperatura, por el agua utilizada para apagar el fuego, por la mezcla de hollín o queroseno con la sangre, etc.

Las muestras recogidas fueron enviadas al laboratorio para investigar el ADN y fueron preservadas a 4ºC para evitar la degradación. A la hora del análisis, se utilizó el protocolo de extracción automatizada, una técnica considerada como la mejor para las muestras degradadas y para las que están afectadas por el fuego.  En este caso, la extracción orgánica de ADN no es recomendable.

De la cuantificación del ADN se obtuvo una cosecha mayor de las muestras que no han estado en contacto directo con el fuego. Los peores resultados se obtuvieron con las muestras recogidas del suelo de cemento. Estas mostraron los peores valores en la técnica RT-PCR. La técnica RT-PCR se refiere a la Reacción en Cadena de la Polimerasa en Tiempo Real y se utiliza para amplificar y simultáneamente cuantificar el ADN. Se analizaron los microsatélites del ADN o STR, que se refieren a las secuencias del ADN en las que un fragmento se repite de manera consecutiva. Estos son clave en el análisis del perfil genético porque son marcadores moleculares que generan la huella genética personal.

En algunas de las muestras, el perfil de ADN fue completo y en otras faltaban alelos. En las muestras de ropa parcialmente quemadas, la cantidad de ADN fue de 0,4 nanogramos. En cambio, en las muestras intactas del pelo de la víctima, la cantidad de ADN fue máxima (1.06 ng). Como se esperaba, el ADN obtenido de las muestras de pelo no solo fue mejor en cantidad sino también en la calidad (precisión en la perfilación del ADN). Las muestras recogidas del suelo no fueron adecuadas para obtener el perfil del ADN, debido a concentraciones altas de cemento. El tejido quemado de la víctima tampoco fue útil para obtener su perfil genético.

A modo general, el impacto del fuego impidió la obtención de ADN en calidad y cantidades apropiadas. Las muestras de ropa o tejidos afectadas por el fuego no deberían ser tenidas en cuenta para la perfilación del ADN. Se destaca que el hollín no afecta a esta tarea de obtención del perfil genético. En los casos de cuerpos quemados profundamente, las muestras de huesos o dientes serían las adecuadas para obtener el ADN de la víctima.

Por último, los perfiles STR obtenidos con la RT-PCR fueron efectivos para aislar el ADN de alta calidad. Hoy en día, el uso del ADN para identificar a la víctima a partir de restos humanos y después de un fuego accidental o deliberado, incendios forestales o desastres naturales se ha convertido en la técnica estándar. Investigar cada vez más sobre cómo se pueden mejorar estas técnicas para poder abarcar todas las tipologías de casos es clave.

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Patrones de abuso y niveles postmortem de gabapentina. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Gabapentin – related Deaths: Patterns of Abuse and Postmortem levels” de Thrap, Hobron y Wright; en él nos hablan sobre los patrones que siguen las muertes relacionadas con la Gabapentina.

La Gabapentina (ácido 1- (aminometil)ciclohexanoacético) es un análogo a GABA, es un medicamento para tratar el control de las convulsiones y la posterapéutica, también es útil para el dolor crónico y la neuropatía periférica general. Su uso fue aprobado por la FDA en 1993. En los últimos años se uso ha aumentado, entre 2011 y 2015 en EE.UU. se pasó de los 33 millones de recetas a los 57 millones. Como efectos secundarios de su uso terapéutico destacan mareos, somnolencia, fatiga, ataxia y edema periférico. Hay pocos casos en la literatura preexistente sobre sobredosis fatales, en la mayoría la concentración en sangre era superior a 37 mg. En la mayoría de los casos el paciente sobrevivió con los cuidados de apoyo, y presentaron coma, hipotensión, depresión respiratoria, somnolencia y dificultad para hablar.

La sobredosis de opioides recetados ha sido la causa de muerte en 471 casos en Virginia. El número de muertes por Gabapentina ha aumentado en los últimos años, así como su abuso en el entorno clínico. En el año 2017 la Junta de Medicina incluyó la Gabapentina en su lista de medicamentos regulados para monitorear su prescripción.

El presente estudio es una revisión retrospectiva de los casos de muerte por Gabapentina para poder tener una mayor comprensión de sus efectos terapéuticos al igual que potencialmente tóxicos o letales. Se incluyeron 104 casos ocurridos entre 2014 y 2017 en el distrito Occidental de Virginia. La limitación temporal es que antes de ese año la prueba para la Gabapentina solo se podía realizar en laboratorios externos y era relativamente extraño que se pidiese. Las pruebas toxicológicas que se hacen en la actualidad relacionadas con drogas incluyen opiáceos (oxicodona, oximorfona, hidromorfona, hidrocodona, morfina y buprenorfina), cocaína / benzoilecgonina, metanfetamina/MDMA, anfetamina /fentermina, benzodiazepinas, barbitúricos, fenciclidina, carisoprodol/meprobamato, tramadol, fentanilo, metadona, zolpidem, difenhidramina /ciclobenzaprina, dextrometorfano y amitriptilina /nortriptilina; así como un test de alcoholemia.

Para cada caso se revisó edad, sexo, historial médico, concentraciones en sangre y en humor vítreo de Gabapentina, y de cualquier otra sustancia detectada. Además, un patólogo determinó si la Gabapentina tenía relación con la causa de la muerte o no. También, se examinaron 53 casos en los que el conductor de un accidente no letal dio positivo a la Gabapentina.  Se tomaron como muestra, en el caso de los cadáveres dos viales de sangre con preferencia de los vasos femorales o de los vasos ilíacos, subclavios o del corazón, también se recogió un vial de orina si estaba presente, así como un vial del humor vítreo. En el caso de las personas vivas se les recogió dos viales de sangre del brazo. Todas las muestras se conservaron a 4ºC hasta su análisis. Las muestras fueron analizadas en un cromatógrafo de líquidos conectado a un espectrómetro de masas.

Se realizaron tres análisis: el primero de ellos era para determinar las concentraciones en sangre de Gabapentina entre las muertes y así poder distinguir entre aquellas donde el fármaco causó la muerte, donde contribuyó y en las que no tuvo un papel relevante. También se examinó las muestras de los conductores. El segundo análisis se encargó de determinar la cantidad en sangre en todos los muertos y comprobar las diferencias dependiendo del tipo de muerte (accidental, natural o suicidio). El último análisis se hizo para establecer la relación de la concentración en sangre con la concentración en el humor vítreo.

De los 104 casos mortales donde estaba implicada la Gabapentina, 65 fueron mujeres y 39 hombres. De ellos 72 casos estaban relacionados con la droga, 12 eran suicidios, 19 muertes naturales y 1 homicidio. En 49 de los casos la Gabapentina fue causa directa de la muerte y en otros 11 casos contribuyó su toxicidad a la muerte. En 51 casos fue accidental la muerte, solo 9 casos se utilizó como objeto de suicidarse. En 44 casos no tuvo un papel determinante, 21 fueron intoxicaciones por medicamentos. De los 53 casos de accidentes, solo 47 de ellos se tenía notas sobre el sexo y la edad de los infractores, siendo 27 hombres y 20 mujeres con una edad media de 45 años. En 48 casos se detectó otras drogas adicionales, siendo la más común (26 casos) las benzodiazepinas.

En relación con los niveles que se detectaron como causante directo de la muerte se sitúa la concentración entre 1,1 y 59,2 mg/L, estando la media en 24,8 mg/L. Para el grupo que no se consideró relevante para la muerte los niveles estaban entre 1,0 y 23,0 mg/L, siendo la media de 10,6 mg/L. En el grupo de conductores los niveles eran de 1,5 a 31,0 mg/L, estando la media en 11,0 mg/L.

El análisis 2 destacó unos niveles de Gabapentina mayores (22,0) en los casos de accidentes que en los casos de muerte natural (9,9), aunque los suicidios fueron los que los presentaron más altos, alcanzando los 27,8.  En 38 de 49 casos donde la Gabapentina fue la causa de la muerte se detectó también la presencia de al menos un opioide más. En 9 de los 11 casos donde estuvo relacionada pero no fue la causa directa también se detectaron otras drogas. En las muertes naturales sin relación con la Gabapentina solo estuvo presente otras drogas en 9 de 19 casos. En los casos de los conductores en 17 de 49 casos se encontró también rastros de oxicodona, en 10 de 49 de hidrocodona y en 7 de ellos de buprenorfina. También se encontraron trazas de antidepresivos en todas las categorías.

En relación al tercer análisis se determinó que había diferencias de valores, siendo los niveles de Gabapentina en el humor vítreo menores que en sangre, oscilando entre el 21,4% más alto en sangre al 76,2% menor en el humor vítreo. Esto nos dice que el humor vítreo es una prueba que se puede realizar cuando en el contexto forense no haya sangre disponible pero que los resultados saldrán con una concentración menor.

Este estudio deja claro que la Gabapentina debería incluirse dentro de las pruebas habituales de tóxicos en las muertes y no esperar a una petición expresa del investigador del caso ya que en los últimos años ha aumentado sus prescripciones.

 

El uso de la atención médica previa relacionada con el riesgo de filicidio. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Injury-Related Helathcare Use and Risk of Filicide Victimizaction: A population – based case – control study” de Bäckstrom, Hedlund, Masterman y Sturup; en él nos hablan de si el uso de la atención médica previa por lesiones influye en el riesgo de filicidio.

Los homicidios de niños se han dado en cualquier época histórica, si bien es cierto que en la actualidad son escaso, son acontecimientos que atraen una gran atención mediática. Generalmente ocurren en el ámbito familiar, siendo el filicidio el tipo más común. Hay factores asociados a este tipo de homicidios como la presencia de psicosis en el agresor, la necesidad del homicida de causar dolor psicológico en el otro progenitor y una escalada de abuso físico que acaba con la muerte de la víctima. El filicidio – suicidio generalmente va aparejado a un trastorno mental en el agresor y es extraño que sea el resultado de un proceso de abuso continuado. Hay que destacar que muchos de los homicidios de niños los autores acaban suicidándose y generalmente pueden ser causa de ellos problemas con la pareja o problemas legales aparte de los ya mencionados problemas mentales.

Un estudio australiano encontró que la mitad de los filicidas tenían un historial de violencia física o verbal hacía las víctimas y un tercio habían entrado en contacto con el sistema sanitario o social en relación a sus problemas con la violencia física. Esto puede ser un importante hallazgo en el campo de la prevención. Un estudio en EE. UU descubrió que aquellos niños que habían muerto o aquellos que habían sufrido graves heridas presentaban signos de hematomas centinelas (lesiones previas, sin explicación) lo que puede ser signo de abuso continuado que ha ido incrementándose. El tema de la prevención ha sido largamente debatido por los especialistas, pero al tratarse de un fenómeno relativamente escaso dificulta el poder llegar a conclusiones decisivas.

La mayor parte de los estudios se han centrado en las características de los agresores y poco en la de las propias víctimas de filicidio. Un estudio sueco encontró que el nacimiento múltiple podría ser un factor de riesgo, pero hay que tener precaución ya que el grupo estudiado es muy reducido. Otro estudio señala que los niños víctimas de homicidio han acudido más a los servicios médicos que aquellos que murieron de muerte natural, pero la naturaleza de las quejas médicas no fue útil para detectar niños maltratados.

El presente estudio está basado en el caso – control, abarca un total de 19 años que van desde 1994 a 2012 se explora los posibles factores de riesgo asociados con las víctimas de los filicidios al investigar si el uso de la atención médica previa para lesiones influye o no en el riesgo de filicidio.

La información para el estudio se recabó de la Junta Nacional de Medicina Forense (NBFM) que cubre todas las autopsias médico – legales que se realizan en Suecia, el Consejo Nacional de Prevención del Delito (NCCP) que mantiene información de las condenas penales y el Registro Nacional de Pacientes (NPR) que tiene información a nivel individual de toda la atención hospitalaria y ambulatoria. Además, se recabaron informes policiales y judiciales de los casos.

En lo relativo al estudio se define niño como un individuo que no ha cumplido los 15 años y padre son, no solo los biológicos sino también padrastros o padres adoptivos o cualquier persona que cuide al niño en una posición semejante a la de un padre. El filicidio se define como la matanza paterna de un niño, ósea un acto que ha sido juzgado como homicidio en un tribunal penal o cuando se ha llevado a cabo una investigación policial que acabó con el suicidio del autor del filicidio.

Se estudiaron todos los casos que iban desde el 1 de enero de 1994 al 31 de diciembre de 2012. Se contó con un total de 71 víctimas (35 hombres y 36 mujeres). Se manejaron 5 casos de control por cada caso de homicidio, resultando un total de 355 casos control. Los datos médicos relativos a las lesiones estaban definidos con el código de “lesiones, intoxicaciones y otras consecuencias de causas externas” o bajo de “asalto” según el NPR. Las víctimas fueron agrupadas de acuerdo con la violencia que recibieron: “trauma por objeto cortante”, “traume por objeto contundente”, “asfixia”, “traumatismo por arma de fuego”, “incendio” (incluyendo intoxicación por monóxido de carbono provocado por el fuego) y “otros medios” (caídas, accidentes de tráfico, intoxicaciones por motores y envenenamiento por sustancias).

El 58% de las víctimas tenía menos de 4 años, el 4% tenía más de 13 o 14 años. El 35% de los agresores fueron mujeres y el 65% hombres. El 37% de los casos acabo con el suicidio del autor. El 32% de los casos la causa de la muerte fue la asfixia, en el 18% fue trauma por objeto cortante, el 17% trauma por objeto contundente. La muerte por asfixia fue la más común en todas las víctimas, aunque tiene mayor preponderancia en los hombres, seguida de la muerte por objeto cortante. En el caso de las mujeres la segunda más común fue el trauma por objeto contundente.

En 10 de los 71 casos habían tenido al menos un contacto previo con el sistema sanitario por lesiones o envenenamiento. En seis de las víctimas este contacto se produjo más de un mes antes del homicidio. De las cuatro víctimas restantes, una fue atendida una semana antes del hecho.

La atención previa por lesiones en pacientes hospitalizados confirió un riesgo estadísticamente significativo de cinco veces la victimización por filicidio. Sin embargo, la atención ambulatoria o cualquier otro contacto con el sistema sanitario no supuso un aumento del riesgo estadísticamente significativo. En lo que respecta a la estratificación por sexos, para los hombres no se encontraron aumentos del riesgo significativos, en cambio, para las mujeres la atención hospitalaria significó un aumento siete veces del riesgo y la atención médica ambulatoria supuso un aumento cinco veces. Esto último a pesar de las cifras no se puede considerar muy elevado y, además, se comprobó que ningún médico había considerado las lesiones previas como un posible abuso físico.

Por tanto, se puede decir que el haber sido hospitalizado previamente por lesiones aumenta hasta cinco veces el riesgo de sufrir un filicidio, y especialmente las mujeres.

 

La importancia de proporcionar información antes y después de la autopsia a un ser querido. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Importance of explanation before and after forensic autopsy to the bereaved family: lessons from a questionnaire study” de Ito, Takako; Nobutomo, Koichi; Fujimiya, Tatsuya y Yoshida, Ken-ichi,  que explican la importancia de una buena explicación a los familiares antes y después de realizar la autopsia a un ser querido.

Las autopsias del forense tienen como objetivo revelar la causa y la forma de las muertes no naturales. La información de la autopsia se revela a la familia en el duelo. En Japón, la policía o el fiscal solicita a los forenses que realicen una autopsia en las universidades para investigar crímenes, y para mantener los secretos relacionados con la investigación del delito, la ley ha restringido la divulgación de la información de una autopsia forense. En este artículo se realiza un estudio en Japón que tiene como objetivo investigar si las familias en duelo recibieron una explicación suficiente antes y después de una autopsia forense y cómo se sintieron acerca de la explicación.

En el estudio se tuvo en cuenta a 403 familias en duelo que solicitaron certificados de defunción de sus familiares a los Departamentos de Medicina Forense de las universidades de Tokio y Yamaguchi. Se envió una carta de presentación, un cuestionario anónimo y un sobre prepago a estos sujetos y a algunos miembros de la Asociación Nacional de Familias Supervivientes. El cuestionario incorporó 19 cuestiones sobre la calidad de la información dada antes y después de una autopsia, y las percepciones de la explicación sobre el procedimiento y el resultado de la autopsia forense.

De los 403 cuestionarios enviados, 122 familias respondieron. Los encuestados perdieron a sus familiares por homicidio o lesión en 45 casos, accidentes de tráfico en 26 casos, muerte asociada a la práctica médica en 11 casos y muerte relacionada con el trabajo en cuatro casos. De los 122 encuestados, el 52.4% expresaron sentimientos positivos, 37.6% negativos y 9.8% indiferentes sobre la autopsia.

Aunque en Japón no se requiere el consentimiento para una autopsia forense, el oficial de policía avisó de forma previa al 81.5% de los encuestados. Entre los encuestados, el 42.3% y el 36.5% percibieron la calidad de la información en la autopsia como inadecuada y deficiente, respectivamente, y solo el 21.2% la consideraron suficiente. Muchas familias (70,7%) no estaban dispuestas a dar su consentimiento debido a la insatisfacción o falta de explicación por parte de los policías. El 36,4% solicitó información más detallada sobre el propósito, la institución y los procesos relacionados con una autopsia forense.

Dos tercios (65.2%) de los parientes fueron informados de los hallazgos de la autopsia de los oficiales de policía. De los 105 encuestados a las preguntas sobre la calidad de la información ofrecida, el 70.0% consideró que fue suficiente y comprensible. Sin embargo, muchos (82%) parientes deseaban recibir información de la persona que realizó la autopsia.

Esta investigación estudió si las familias se frustraron y enojaron debido a las explicaciones insuficientes de los hallazgos de la autopsia. Entre las familias que se frustraron y enojaron después de la autopsia, el 75.5% aún no había sido informado de los hallazgos de la autopsia más de 2 años después de la autopsia. Por lo tanto, la falta de información después de la autopsia durante mucho tiempo había cambiado significativamente los sentimientos del pariente en una dirección negativa. Por el contrario, entre los encuestados que no tuvieron reacciones negativas a la autopsia forense, no hubo mucha diferencia entre los que estaban informados (56.5%) y los que no (43.5%) después de la autopsia. Sin embargo, aquellos que no tuvieron reacciones negativas no se vieron afectados por la información de la autopsia, probablemente porque fueron resignados a información restringida sobre la autopsia dirigida por la policía.

También se examinó si una explicación insuficiente o una baja satisfacción sobre la calidad de la explicación antes de la autopsia hacía que las familias se sintieran frustradas o enojadas. Entre las familias que se sintieron más frustradas y enojadas después de la autopsia, las tres cuartas partes no estaban satisfechas con la explicación antes de la autopsia. El cuestionario mostró que la mayoría (86.4%) de los encuestados consideraba que las explicaciones eran inapropiadas o indiferentes a los sentimientos de los familiares. Las reacciones negativas después de una autopsia se correlacionaron con percepciones negativas tales como explicación insuficiente o baja satisfacción con la calidad de la explicación antes de la autopsia. Estos resultados sugieren que una explicación insuficiente o deficiente sobre los procesos de preautopsia y hallazgos posteriores a la autopsia habría dejado a muchas familias demasiado frustradas y enojadas.

Se resume por tanto que las familias se frustraron y enojaron cuando no se les había informado adecuadamente el propósito y el proceso de la autopsia de antemano. La explicación insuficiente sobre los hallazgos de la autopsia también empeoró sus sentimientos. Estos datos por tanto demuestran que una explicación más temprana y suficiente del propósito, proceso y hallazgos relacionados con una autopsia forense realizada por personas que realizan autopsias y un oficial de enlace de la policía contribuiría a una mejor comprensión y aceptación de la autopsia forense por parte de familias afligidas. La información sobre autopsias forenses y el nombramiento del oficial de enlace ayudaría enormemente a mejorar la calidad de los servicios orientados a ayudar a las familias en su proceso de duelo.

Síndrome de Munchausen por Poder. Club de las Ciencias Forenses.

Sindrome de Munchausen por poder Club Ciencias Forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Síndrome de Munchausen por poder”, de los autores María Fernanda Cujiño, Andrés Dávila, Mónica María Sarmiento, María Inés Villareal y Roberto Chaskel, de la Universidad de Bogotá, que realizan una revisión sobre el síndrome de Munchausen por poder en niños.

En el siglo XVIII, Karl Friedrich Hieronymus, barón de Münchhausen, se hizo famoso por contar historias de aventuras fantásticas que nunca le habían sucedido, como haber bailado en el estómago de una ballena o haber viajado a la luna. No fue hasta 1951 cuando el doctor Richard Asher, en honor al fantasioso barón, tomó su nombre para identificar a un peculiar síndrome consistente en fingir síntomas de enfermedad en ausencia de ésta. Es importante diferenciarlos de aquellos que simulan las dolencias para obtener algún beneficio o evitar responsabilidades, como sería el caso de cobrar un seguro médico o evitar la cárcel.  Los que adolecen este síndrome no buscan incentivos externos más allá de la atención médica que logran como pacientes.

Una variante de este síndrome es el Munchausen por poder, también conocido como trastorno facticio impuesto a otro, que como su nombre indica consiste en atribuir la enfermedad a otra persona, llegando a provocarle los síntomas incluso. Es frecuente que las víctimas en este caso sean menores de edad por lo que es considerada una forma de maltrato infantil potencialmente peligrosa y muy distinta de la que acostumbramos a tratar.

Los elementos esenciales del síndrome son la presencia de síntomas físicos o psicológicos que pueden ser inventados o producidos por los padres o cuidadores y que además remiten al separar a los niños de ellos y la negación por su parte de haber perpetrado la farsa. Los padres o cuidadores tienen la necesidad de enfermar al niño o de llamar la atención de esta forma. El problema radica en que no se posee una manera fácil de detectar las señales de este síndrome, por lo que es complejo ayudar a la sospecha diagnóstica ya que cualquier sistema puede encontrarse comprometido (respiratorio, gastrointestinal, cardiovascular) e incluso a veces presentar síntomas de diversas enfermedades al mismo tiempo. El síntoma más frecuente es el sangrado de cualquier tipo (44%), seguido de convulsiones (42%), apnea (15%), diarrea (11%), vómito (10%) y fiebre (10%).

Se ha calculado que existe una incidencia anual de 0,5 a 2 por cada 100000 niños menores de 16 años. La prevalencia es por igual en ambos sexos y la edad promedio es entre los tres y los cuatro años, aunque incluso se han observado casos en fetos. Y el intervalo entre el inicio de los síntomas y el diagnóstico es de 15 meses. Por lo general, la causante es la madre.

Como decíamos, no es fácil detectar este síndrome, pero hay algunas señales que pueden servir de indicadores a los clínicos:

  • Enfermedad persistente o recurrente que no puede ser explicada adecuadamente con una base médica.
  • Signos y síntomas que aparecen en la presencia del cuidador y desaparecen en su ausencia.
  • Madre sobreinvolucrada con la atención del paciente y siempre presente en el hospital.
  • El caso descrito parece un trastorno raro.
  • Ausencia de respuesta a tratamientos adecuados.
  • Discrepancia entre la historia, los hallazgos clínicos y el buen estado del niño.
  • Madre menos preocupada que el personal médico acerca de la enfermedad del paciente.
  • Familias con antecedentes previos de muertes infantiles inexplicadas.
  • Cuidador con experiencia o entrenamiento en el campo de la salud.
  • Historia psiquiátrica de la madre.
  • Conducta extraña de la madre en el hospital.
  • Gran cantidad de exámenes paraclínicos realizados y dentro de los límites normales.

Además, es importante conocer a los padres para ver sus perfiles. En general, los padres tienen buena relación con el equipo médico hasta que se descartan las causas orgánicas de la enfermedad de su hijo. La mayoría serán madres con experiencia o cercanía al área de salud y padres que no saben de la supuesta enfermedad o están poco involucrados en el cuidado del niño, frecuentemente con trabajos que les alejan de la familia por largos periodos de tiempo y una relación marital pobre.  Además, podemos ver que las madres son sobreprotectoras, aunque más afectivas con sus hijos cuando hay personas delante, y no reaccionan bien cuando se les discute sobre la enfermedad del niño o de las técnicas médicas a emplear.

La tasa de mortalidad de los niños diagnosticados es de 9%, siendo las causas de muerte más frecuente son sofocación y envenenamiento. En aquellos pacientes que no habían sufrido previamente heridas físicas y volvieron con sus familias se encontró evidencia de maltrato en 17% a los dos años de seguimiento. Algunos estudios añaden que, en caso de muerte en el primer niño, los padres inician el síndrome en otros niños de la casa. También se ha observado el patrón de que, al crecer, los niños se vuelven colaboradores y aceptan su papel de enfermos, aprendiendo pasivamente a tolerar los procedimientos médicos. Son niños que en un futuro muestran comportamiento hipocondriaco y llegan a ser perpetuadores del síndrome de Munchausen con sus propios hijos.

En conclusión, aún sabemos poco de este tipo de abuso que, por lo general, tiene como víctimas a los niños. A pesar de tener algunos indicadores basados principalmente en el perfil psicológico de los padres, es difícil dar una respuesta rápida ya que por las diversas formas de manifestarse el maltrato no es hasta que falla el tratamiento que podemos empezar a sospechar que se trata de una sintomatología provocada. Sin embargo, una vez detectado es importante la intervención tanto en el adulto perpetrador como en el propio niño para evitar que en un futuro continúe esa cadena de atrocidad.

En busca de los “Ángeles de la Muerte”: Conceptualización del enfermero asesino en serie contemporáneo. Club de las Ciencias Forenses.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “In Search of the ‘Angels of Death’: Conceptualising the Contemporary Nurse Healthcare Serial Killer”, de los autores Elizabeth Yardley y David Wilson, en un estudio de la Universidad de Birmingham, que hacen una revisión acerca de los asesinos en serie conocidos como “ángeles de la muerte” que actúan en el ámbito sanitario.

Inteligentes o no tanto. Jóvenes o maduros. Algunos son hombres, otros son mujeres. De distintas orientaciones sexuales. Médicos, enfermeras o meros asistentes. Hay una enorme diversidad tras este colectivo que en principio sólo parece tener una cosa en común: su capacidad para matar a la gente a la que deberían cuidar.

Son los llamados ángeles de la muerte. Se considera así a los empleados del sistema sanitario que hayan aprovechado su posición laboral para cometer al menos dos asesinatos en dos incidentes separados y poseer la capacidad psicológica de seguir haciéndolo. Entrarían dentro de este grupo médicos, enfermeros o cualquier persona que tenga a otras a su cargo y cuidado como trabajadores de residencias de ancianos. Este cargo “estratégico” les otorga la posición de poder sobre sus víctimas para decidir sobre la vida y la muerte. Víctimas que, por otro lado, se encuentran en un estado de indefensión, de enfermedad o de padecimiento crónico, lo que las convierte en víctimas ideales y de bajo riesgo para el asesino.

Algunas de las señales de advertencia que se han asociado con los ángeles de la muerte son los siguientes rasgos de personalidad o comportamientos:

  • Trasladarse de un hospital a otro.
  • Relaciones personales difíciles o reservadas.
  • Historia de inestabilidad mental o depresión.
  • Predice cuando alguien va a morir.
  • Comentarios extraños o afirmaciones sobre ser “gafe”.
  • Le gusta hablar sobre la muerte o hace comentarios extraños cuando alguien muere.
  • Durante su turno de trabajo hay una mayor incidencia de muertes.
  • Se muestra excesivamente entusiasmado acerca de sus habilidades.
  • Hace declaraciones inconsistentes cuando es interrogado acerca de las muertes.
  • Prefiere los turnos nocturnos o en los que haya menos compañeros.
  • Están asociados a incidentes en otros hospitales.
  • Ha estado involucrado en otras actividades criminales.
  • Sus compañeros se sienten ansiosos acerca de él o sospechan de él.
  • Busca captar atención.
  • Intentan evitar que otros supervisen a sus pacientes.
  • Se involucran durante la investigación de las muertes.
  • Están en posesión de drogas en sus casas o sus taquillas.
  • Mienten acerca de información personal.
  • Están en posesión de libros sobre venenos o asesinatos en serie.
  • Han tenido problemas disciplinarios.
  • Parecen tener un trastorno de la personalidad.
  • Tienen un problema de abuso de sustancias.

Por desgracia, no se sabe decir cuántas de estas señales deben de verse juntas para considerarlo un indicador o cuáles son mejores indicadores que otros. Y por ahora tampoco sabe decirse si un mayor número de estos rasgos correlaciona con una mayor tasa de asesinatos. Por ello, el objetivo de esta revisión de casos es servir de utilidad tanto a los hospitales como a la comprensión criminológica a la hora de detectar y comprender este subtipo de asesino en serie que por ahora ha pasado de puntillas por la investigación académica.

Para una revisión algo más exhaustiva se analizaron 41 casos de enfermeros que habían trabajado en un hospital y habían cometido mínimo dos asesinatos. Sin embargo, se excluyeron después de la lista los casos que apelaron o que más tarde fueron condenados por homicidio involuntario en lugar de asesinato. Se recogieron datos sociodemográficos de los distintos casos utilizando registros legales como Lexis y Westlaw, y con informes de prensa obtenidos a través de Nexis (base de datos electrónica con los principales periódicos británicos y unos 2000 periódicos del resto del mundo).

Finalmente la muestra se vio reducida a 16 asesinos (9 mujeres y 7 hombres). Los asesinatos ocurrieron entre 1977 y 2009, principalmente en Estados Unidos y Europa. Las edades fueron muy diversas, aunque la mitad de ellos estaban en la franja de edad entre 31 y 40 años. Respecto al número de asesinatos, a la mayoría se le asignan menos de 10 asesinatos (12 de 16). Existen casos de asesinos a los que se les han estimado más de 400 víctimas, pero no parecen representativos de este grupo. Respecto al tiempo de actividad, a gran parte les cogieron antes de los tres meses, aunque no hay ninguna tendencia temporal, llegando algunos a prolongar su actividad hasta los dos años. Así mismo, la mayoría cometieron sus crímenes en un único hospital o centro, aunque este dato ha de ser tomado con precaución: No puede descartarse que cometieran más crímenes en otros emplazamientos que hayan podido no ser detectados o para los que los fiscales no hayan logrado suficientes pruebas.

Respecto al género de las víctimas, salvo raras excepciones que mostraban predilección por un sexo en concreto, en la mayoría de casos encontramos que los ángeles de la muerte asesinan por igual a hombres y mujeres. En cuanto a las edades, podemos ver que la mitad de nuestra muestra asesinaban a adultos y personas de edad avanzada, además de un tercio que mataban únicamente a personas ancianas. Elegir como víctimas a niños o jóvenes es algo raro según estos datos. Además, la gran mayoría de ángeles de la muerte prefieren utilizar un único método para sus crímenes, siendo además el envenenamiento el método más popular. La sustancia utilizada en cambio es muy variada, siendo la más popular la insulina (19%).

Se ha intentado hacer una correlación entre estos datos y las 22 señales de alerta que antes mencionábamos. Se encontró que el asesino que más señales mostró fueron 11 pero los datos fueron muy dispersos. Aunque sí se encontró que los indicadores más comunes eran: mayor incidencia de muertes en su turno (94%), historia de inestabilidad mental o depresión (62,5%), provoca ansiedad a sus compañeros (56%), posesión de drogas (50%) y aparente trastorno de la personalidad (50%). Sin embargo, algunos indicadores no salieron ni una vez en esta muestra: Evitar que otros supervisen a sus pacientes, involucrarse en la investigación de la muerte y mentir sobre información personal. Aunque es importante tener en cuenta que los datos son poco fiables dado que están sujetos a interpretación al ser rasgos de personalidad y conductas poco específicas. (¿Moverse regularmente de un hospital a otro cada cuanto tiempo sería para decir que sí? ¿Cómo se mide objetivamente que alguien intente llamar la atención?).

En conclusión, esta investigación ha arrojado algo de luz a un subtipo de asesinos en serie poco estudiados como lo son los ángeles de la muerte. Sería interesante poder ampliar la muestra para lograr datos más fiables y que se perfeccionara la lista de indicadores con aclaraciones más precisas, de manera que podamos detectar a tiempo a estos criminales.

Estimación de la edad dental en niños españoles. Club de las Ciencias Forenses.

Edad dental infatil. Club de las Ciencias Forenses.

Edad dental infatil. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados amigos del Club de las Ciencias Forenses, la investigación realizada por Gonzalo Feijóo, Elena Barbería, Joaquín De Nova y José Luís Prieto, todos miembros de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), que presentamos en este artículo, aborda un tema de gran interés para la antropología forense, como es el conocimiento de la edad cronológica a partir de la estimación de la edad dental.

El objetivo de este estudio fue el de aplicar el método de cálculo de edad dental propuesto por Demirjian a una muestra de niños españoles, seguido de una comparación entre sus edades dental y cronológica. Este estudio también se propuso crear diversas tablas para plasmar la edad dental específica, utilizando los datos de madurez obtenidos en la muestra.

El presente estudio se realizó sobre una muestra de 1.010 ortopantomografías tomadas a niños españoles (485 niños y 525 niñas) de entre 2 y 16 años de edad. Se encontró que la edad dental estimada media superó la cronológica, tanto en los niños como en las niñas, con diferencia de medias de 0,87 y 0,55 años, respectivamente. Finalmente, se adaptó el método de Demirjian a esta muestra de estudio para obtener las tablas y las curvas de conversión específica. Todas las radiografías fueron tomadas en la Facultad de Odontología de la UCM y el protocolo del estudio fue aprobado previamente por el Comité de Ética de la UCM en el Comité de Investigación Clínica.

En los niños participantes en el estudio, se halló que la edad dental media establecida por el método de Demirjian fue mayor que la edad cronológica media para todos los grupos de edad, con diferencias de 0,87 años. Las diferencias encontradas fueron estadísticamente significativas para todos los grupos, a excepción de los niños de 12 y 13 años de edad. En el caso de las niñas, la edad dental media determinada fue superior a la edad cronológica real de todos los grupos, a excepción de los de 3 y 15 años de edad. Las diferencias fueron estadísticamente significativas para todos los grupos, excepto para los de las edades de 3, 13, 14 y 15 años. En general, si nos fijamos en las niñas en todos los grupos de edad, la edad media estimada dental fue 0,55 años mayor que la media de la edad cronológica.

Existen dos parámetros macroscópicos fundamentales que deben ser considerados como indicadores de la edad biológica de una persona: el desarrollo óseo (estudiando el cierre de la epífisis) y la edad dental. Numerosos autores han demostrado que la madurez ósea está decisivamente influenciada por factores externos, ambientales, nutricionales u hormonales, por lo que a veces puede darse una falta de correspondencia entre el hueso y la edad cronológica. En contraste, la odontogénesis parece ser un indicador muy útil de la madurez y, por lo tanto, de la edad biológica, ya que el desarrollo del diente está menos influenciado por factores externos.

Desde el punto de vista forense, el estudio del desarrollo dental es a veces la única aproximación fiable de la edad cronológica de un individuo, una pieza fundamental de información para los procesos de escolarización y de adopción, así como para la identificación de los niños desaparecidos y fallecidos. Se han propuesto diferentes métodos para evaluar la madurez dental y estimar la edad dental con base en dichas evaluaciones. La mayoría se basan en la observación de las diferentes etapas de la formación, que se define por los diferentes autores a través de los registros radiográficos. En este estudio se optó por utilizar el método propuesto por Demirjian debido a su simplicidad y a que se basa en ortopantomografías, que permite una estandarización mucho más fiable. Además, se trata de uno de los métodos más utilizados y muestra una óptima reproducibilidad y concordancia. Sin embargo, numerosos estudios han puesto de manifiesto la necesidad de adaptar este sistema de puntuación, debido a la costumbre de aplicar las normas elaboradas en la población francocanadiense original a poblaciones de origen europeo. Por ello, uno de los objetivos de este estudio fue el de aplicar los estándares de madurez propuestos por Demirjian a una muestra de población española para poner a prueba su fiabilidad.

Después de analizar los resultados obtenidos tanto para niñas como para niños, se constata que la edad media estimada utilizando el método de Demirjian fue mayor que la edad cronológica legal de la muestra para la mayoría de los grupos de edad estipulados. Entre los varones, la diferencia media entre la edad cronológica y estimado fue de 0,87 años. En las niñas la diferencia media fue de 0,55 años. Estos datos son una indicación indirecta de que el desarrollo de nuestra población se produce antes de lo que lo hace en la muestra estudiada por Demirjian. Calculando así la edad dental en nuestra población, utilizando las directrices propuestas por este autor, el estudio arrojará datos inexactos ya que la edad dental estimada no se corresponderá con la edad cronológica.

Esta discrepancia es consistente con los hallazgos de otros autores, quienes coinciden en que la aplicación directa del método de Demirjian para el cálculo de edad dental se traducirá en una estimación incorrecta de la edad cronológica. Existen resultados que apoyan estos datos tras la realización de una serie de estudios llevados a cabo entre españoles, británicos, polacos, indios, noruegos, turcos, australianos, árabes, malasios e iraníes, entre otros.

Todo lo anterior lleva a considerar la necesidad de adaptar el método de Demirjian a la población en nuestra área geográfica. El elenco de datos se plasmó en curvas específicas de madurez y, basándose en ellas, en tablas de conversión, con el fin de que la puntuación de la edad dental Demirjian pudiera ser adaptada a la muestra española. Por lo tanto, estas tablas permitirán el cálculo de la edad dental de los niños españoles utilizando el sistema propuesto por Demirjian.

Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

Los accidentes automovilísticos como método de suicidio: una visión global. Club de las Ciencias Forenses.

Los accidentes automovilisticos como metodo de suicidio: una vision global

Los accidentes automovilísticos como método de suicidio. Club de las Ciencias Forenses.

El tema que abordamos hoy, queridos seguidores del Club de las Ciencias Forenses, es de gran importancia para la sociedad actual, ya que abre vías de investigación que permiten conocer mejor las causas de los accidentes de tráfico lo que redundará en una reducción de los mismos. Esta investigación ha sido llevada a cabo por Mario Amore de la Universidad de Parma (Italia), Maurizio Pompili, Gianluca Serafini, Marco Innamorati, Franco Montebovi, Mario Palermo, Sandra Campi, Henry Stefani, Gloria Giordano, Ludovica Telesforo, y Paolo Girardi, todos de la Universidad Sapienza de Roma (Italia).
La literatura de investigación proporciona numerosas evidencias sobre la posible relación entre los conductores implicados en accidentes de un solo coche y un intento de suicidio. Algunos expertos han destacado el papel de las motivaciones inconscientes suicidas en algunos de estos accidentes. Este artículo revisa la literatura relevante sobre este tema y arroja luz sobre los factores que podrían desempeñar un papel central en la reducción del número de muertes por accidente de tráfico.

Se estima que en el 2% de los accidentes de tráfico existen comportamientos suicidas, aunque la asociación directa entre el accidente en sí y los impulsos inconscientes autodestructivos sea todavía difícil de determinar. Algunos de los comportamientos que culminan en un accidente parecen ser el resultado de una actividad mental inconsciente, incluida la percepción del bienestar subjetivo y los rasgos neuróticos de la persona. En general, los accidentes de un solo vehículo con un único ocupante rara vez son certificados como suicidio por los médicos forenses. Sin embargo, hay que tener muy en cuenta que el 8% de los conductores fallecidos y el 6% de los conductores heridos habían experimentado algún grado de tendencia suicida en los dos años anteriores a su accidente. Mientras que el 5,9% de todas las muertes de conductores podría ser clasificado como suicidio, la cifra dada en las estadísticas oficiales durante los últimos años sólo ha sido del 2,7%.

En un reciente estudio se ha establecido una relación del 60% entre el suicidio y los accidentes en los pacientes con trastorno bipolar. También se identificaron como síntomas más frecuentemente asociados a los accidentes, manía inicial, posterior y concurrente, manía o hipomanía y posiblemente también abuso de alcohol. Resulta elocuente que el comportamiento de alto riesgo está vinculado a la conducta auto-destructiva indirecta. A menudo, las primeras experiencias vitales traumáticas, como el abuso físico en la infancia, se pueden identificar en aquellas personas que manifiestan conductas de riesgo y comportamiento autodestructivo.

La teoría de que ciertos accidentes automovilísticos fatales pudieron ser suicidios fue apoyada por Selzer y Payne, quienes encontraron que los pacientes suicidas habían estado involucrados en el doble de accidentes de tráfico que los pacientes no suicidas (se encontró también esta diferencia entre los pacientes alcohólicos y los que no lo eran). Hernetkoski y Keskinen investigaron los accidentes de tráfico en Finlandia y observaron que tanto el número de suicidios como los conductores negligentes habían aumentado de manera significativa durante el período 1974-1992. Por su parte, Grossman encontró que muchas hospitalizaciones por lesiones y una notable proporción de accidentes en adultos jóvenes podrían representar en gran parte intentos de suicidio no reconocidos. Asimismo, en un estudio en el norte de Noruega, realizado por Bjornstig, en el que se produjeron 293 muertes por accidentes de tráfico, el 4% de ellos fueron considerados como posibles suicidios. Por su parte, en una encuesta a gran escala, Murray y De Leo encontraron que el 14,8% de las personas que reconocieron la planificación de un suicidio habían pensado en causarlo provocando un accidente automovilístico. La dependencia, el egocentrismo, la falta de reflexividad, el mal control de la hostilidad, rasgos depresivos, estrés, baja tolerancia a la tensión, impulsividad, beligerancia, negatividad y egocentrismo son algunas de las características que se han encontrado frecuentemente entre los conductores implicados en varios accidentes.

Una autopsia psicológica ayudaría a aclarar una muerte equívoca, entrevistando a personas que conocieron al individuo fallecido (cónyuge, hijos mayores de edad, vecinos, empleados y médicos), así como el análisis de la historia clínica de la persona fallecida. Se plantean por lo menos tres preguntas ante las que la autopsia psicológica puede aportar respuestas: ¿por qué las personas lo cometen?, ¿cómo la persona ha muerto? y ¿cuál es el modo más probable de la muerte? Murphy indicó que las autopsias completas deberían realizarse de forma rutinaria en percances de un solo vehículo con un solo ocupante fallecido, para que tanto la causa como la forma de la muerte pudieran documentarse del modo más claro posible. También, los médicos de los servicios de urgencias tendrían que cotejar la presencia de ideas suicidas u otros factores de riesgo para el suicidio (depresión o deseos de muerte en el pasado reciente) con miembros de la familia, dentro de la evaluación de los conductores que tuvieron un accidente de tráfico en el que el mecanismo del accidente fue difícil de explicar.

Los impulsos autodestructivos inconscientes y los accidentes de tráfico no pueden ser vinculados directamente a día de hoy. Se ha comprobado que los individuos con mayor riesgo de suicidio toman con frecuencia drogas psicotrópicas (antidepresivos y benzodiacepinas), factor asociado a un mayor riesgo de tener un accidente de tráfico como conductor y que hay que tener en cuenta en futuros estudios. No existe una técnica concreta que sea utilizada para evaluar los resultados de las distintas estrategias preventivas. Sí se ha visto que los conductores que habían tenido ideas suicidas en los doce meses anteriores a su estudio y no estaban recibiendo medicación de manera regular tenían un mayor riesgo de tener un accidente. Sin embargo, no se encontró ninguna asociación significativa entre la encuesta de pensamientos suicidas y el riesgo de accidente con lesión entre los conductores que recibían tratamiento antidepresivo regular.

La evidencia que sugiere la existencia de una asociación entre los accidentes de tráfico individuales y el suicidio no es firme todavía, pero este tema es digno de investigación futura y podría conducir a una mejor comprensión de las causas de los accidentes de tráfico y las propuestas para reducir su incidencia.

Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

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