clubforenses.com

clubforenses.com

Categoría: Medicina (página 1 de 2)

Muerte por insulina, ¿el crimen perfecto? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Is insulin intoxication still the perfect crime? Analysis and interpretation of postmortem insulin: review and perspectives in forensic toxicology” de Bottinelli, C.; Cartiser, N.; Bévalot, F.; Fanton, L. y Guitton, J. (2020), en el que se analiza la insulina en muestras biológicas y la interpretación de sus concentraciones en la situación de las investigaciones de muerte relacionadas con insulina.

La insulina es una hormona anabólica esencial para la homeostasis de la glucosa. La desregulación de su secreción o de la respuesta celular a esta hormona pueden provocar diabetes. El tratamiento de los pacientes diabéticos tiene como objetivo prevenir la hiperglucemia y sus complicaciones a corto y largo plazo. La terapia con insulina es necesaria para la supervivencia en la diabetes tipo 1 y en muchas de tipo 2, después de unos años.

Más allá de los accidentes terapéuticos, la terapia con insulina puede ser mal utilizada, como en el dopaje o con fines suicidas o delictivos. Indudablemente, se subestima la tasa de administración de insulina exógena como causa de muerte.

De hecho, el uso de la insulina en la muerte es difícil de detectar, y aún más difícil de probar en un tribunal. La intoxicación por insulina sigue siendo difícil de reconocer debido a los síntomas inespecíficos del inicio de la hipoglucemia, el retraso en la ocurrencia de la muerte, la falta de hallazgos anatómicos en la autopsia y las dificultades para encontrar marcas de agujas. Entonces, ¿sigue siendo la intoxicación por insulina el crimen perfecto?

La insulina humana es una hormona involucrada en el metabolismo de carbohidratos, lípidos y proteínas. En las células hepáticas y musculares, la insulina humana estimula el almacenamiento de glucosa (azúcar) e inhibe su degradación. Sin estimulación, la insulina humana se secreta a un ritmo bajo, lo que se conoce como secreción basal o constitutiva.

Después de la distribución a los tejidos sensibles y la acción a través de receptores de insulina específicos, la insulina humana se elimina rápidamente, respondiendo así a los cambios en el nivel de glucosa en sangre. La insulina humana secretada por una persona sana tiene una vida media de, aproximadamente, 5 minutos. Todas las células que presentan receptores específicos de insulina pueden degradar la insulina humana. Aunque el hígado y los riñones son los principales lugares de depuración de la insulina, otros tejidos, como el muscular, desempeñan también un papel importante.

La terapia con insulina se prescribe a pacientes diabéticos como reemplazo de la deficiencia parcial o total de la secreción de insulina humana o la resistencia a la insulina. La inyección subcutánea sigue siendo la más común. El lugar de la inyección debe cambiarse con regularidad, ya que sino podría terminar por retrasarse la absorción. El principal mecanismo de intoxicación por insulina es la hipoglucemia, que conduce a hallazgos neurológicos. Los síntomas se dividen en dos categorías. Los síntomas principales están relacionados con la hiperactividad parasimpática: sudoración, temblores, taquicardia, ansiedad y hambre.

La neuroglucopenia induce manifestaciones neurológicas como confusión, mareos, dolor de cabeza, visión nublada, pérdida de la motricidad fina y alteración del habla, convulsiones y pérdida del conocimiento. Estos síntomas pueden estar asociados con cambios de comportamiento, como irritabilidad, ira irracional y agresividad.  Finalmente, se desarrolla encefalopatía, con coma hipertónico, caracterizada por una dilatación pupilar y baja reactividad, palidez y respiración profunda. Si la hipoglucemia persiste, puede producirse la muerte o secuelas neurológicas. El inicio tardío del tratamiento es un factor importante que influye en el resultado. Se han descrito algunas formas atípicas de intoxicación por insulina: agravamiento de una condición psiquiátrica, edema pulmonar e infarto de miocardio.

La intoxicación por sobredosis de insulina puede ser accidental, por un error en la dosis o tipo de insulina. Pero puede ser también intencional; esto es, suicida o criminal. En sujetos vivos, la sobredosis se diagnostica fácilmente por hipoglucemia asociada con una concentración inadecuada de insulina en sangre. En una situación post mórtem, estas demostraciones se complican por la relativa falta de fiabilidad del ensayo de glucemia, incurriendo en una serie de dificultades.

Así, los autores del artículo, tras una revisión literaria, proponen un diagrama lógico de dos pasos para la evaluación post mortem de la sobredosis de insulina.

El primer paso analítico destaca la importancia de conocer la técnica de ensayo. El inmunoanálisis es el método más utilizado. Pero, aparte de la insulina humana fisiológica y su precursor, la proinsulina, otras moléculas y, particularmente, los análogos de la insulina, pueden interferir en esta técnica. Por tanto, el inmunoanálisis mide una concentración de insulina correspondiente a todas las moléculas que reaccionan con los anticuerpos del kit.

Dependiendo de la selectividad de los anticuerpos, el resultado puede referirse a insulina humana libre o análogos, productos de degradación y metabolitos, o moléculas similares. Así, para la interpretación es indispensable un buen conocimiento de la reactividad cruzada de un kit específico. Una diferencia en los hallazgos entre un kit específico de insulina humana y uno que interactúa con análogos puede sugerir la presencia de uno o más análogos, aunque sin determinar el tipo o la proporción.

El segundo paso del diagrama lógico se refiere a la interpretación de los resultados de la insulina en sangre. El riesgo de descartar falsamente una sobredosis radica en la determinación post mortem de una concentración considerada fisiológica o terapéutica, o en la no detección de insulina a pesar de la sobredosis.

Es decir, producirse una subestimación. También debe tenerse en cuenta la posibilidad de degradación de la insulina e, incluso, sus análogos. Por tanto, es importante tener en cuenta la posible degradación in corpore durante el intervalo entre la muerte y la toma de muestras. También la degradación in vitro debida a hemólisis de la muestra, o a las malas condiciones de almacenamiento.

Cuando la muerte ocurre después de una intervención médica por intoxicación, puede ser útil analizar muestras anteriores a la muerte, menos afectadas por la degradación y el metabolismo. Otra posible fuente de error es una patología o tratamiento médico que aumenta el nivel de insulina humana en sangre. La evidencia de la investigación y la buena comunicación entre los diversos actores clave (investigadores, médicos forenses y toxicólogos) son clave.

Establecer la sobredosis como causa de muerte parece requerir ir más allá de los simples hallazgos del análisis, teniendo en cuenta las circunstancias de la muerte, los datos de la autopsia, el estado diabético de la víctima y la sensibilidad a la insulina y glucémica en el momento de la muerte. Determinar la muerte debida o relacionada con la sobredosis de insulina sigue siendo un desafío. No obstante, los avances en las técnicas están haciendo que el “crimen perfecto” sea cada vez más difícil de cometer mediante el uso de la insulina.

Si quieres saber más sobre delincuencia, toxicología, medicina forense y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster en Criminal Profiling o nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses.

El tejido esquelético como alternativa de análisis. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Skeletal tissue, a viable option in forensic toxicology? A view into post mortem cases” de Vandenbosch, M.; Rooseleers, L.; Van Den Bogaert, W.; Wuestenbergs, J.; Van de Voorde, W. y Cuypers, E. (2020), en el cual se estudia la viabilidad de utilizar el tejido esquelético como matriz alternativa para evaluar el consumo de xenobióticos.

En toxicología forense, la sangre y la orina son las muestras estándar para realizar análisis, pues se dispone de mucho material de referencia. Esto hace muy factible la identificación inequívoca y la determinación cuantitativa de fármacos. A veces, sin embargo, en los casos en que el cuerpo está extremadamente putrefacto, la sangre y orina no están disponibles, por lo que se requieren alternativas.

Aunque en los últimos años se investigan muchas muestras alternativas para detectar la presencia de drogas u otras sustancias toxicológicas, se ha prestado muy poca atención al uso de tejido esquelético. De hecho, se ha demostrado que este es un depósito para ciertos medicamentos. El tejido esquelético también resiste la putrefacción mejor que muchas otras muestras. Así, este tipo de tejido consta de dos partes: el tejido óseo y la médula ósea.

Específicamente, las partes del hueso que contienen más tejido óseo trabecular parecen tener una concentración más alta en comparación con el tejido óseo cortical, más compacto. Aparte de la variación observada dentro de un solo hueso, también se observa una gran variación en la concentración de fármaco que se encuentra dentro de los diferentes huesos del esqueleto. Los huesos largos tienden a dar concentraciones más altas en comparación con los huesos pequeños e irregulares.

Por su parte, la médula ósea tiene la ventaja de que está bien protegida de cualquier contaminación siempre que el hueso esté intacto, lo que incluye casos de descomposición extrema. Algunos estudios han comparado la capacidad de detectar sustancias entre la médula ósea y la sangre. No obstante, llegaron a conclusiones diferentes según el analito, la dosis y el intervalo entre la muerte y la administración. Por el momento, la ausencia de datos de referencia de las concentraciones de fármaco en el tejido esquelético humano plantea un problema para realizar pruebas toxicológicas de manera significativa y confiable en material esquelético humano.

Entonces, ¿se pueden detectar todos los xenobióticos en la médula y el tejido óseo? ¿Los niveles de fármacos encontrados en los huesos o la médula ósea son representativos de los niveles encontrados en sangre en el momento de la muerte?

En el estudio de los autores se evaluó la capacidad para detectar fármacos de interés forense en hueso (médula), así como la idoneidad del hueso como muestra válida para análisis toxicológico. En una primera etapa, los especímenes se compararon con respecto a su capacidad para detectar drogas en un cribado rutinario estándar. En la segunda etapa de la investigación, se aplicaron métodos validados a estas muestras para cuantificar las siguientes drogas: citalopram, clomipramina, metadona y sus metabolitos.

Se obtuvieron muestras post mortem humanas de 11 casos en Bélgica desde abril de 2018 a septiembre de 2019. Los casos se seleccionaron después de detectar metadona, citalopram o clomipramina en sangre. El hueso de la clavícula se eligió como muestra de elección debido a su alta accesibilidad durante la autopsia. Los huesos se limpiaron de tejidos blandos con un bisturí y una máquina lijadora. Tras cortar del hueso un anillo, el interior de este se limpió aún más de los rastros de médula ósea. También se tomó una muestra de sangre.

Cabe señalar que los procedimientos de recolección de tejido esquelético para el análisis de medicamentos no se han estandarizado. En la mayoría de estudios publicados, las muestras se obtienen de ubicaciones aleatorias. Los autores, sin embargo, tomaron las muestras de forma estandarizada, como es recomendable para el desarrollo de una base de datos de referencia. Esto se debe a que la ubicación anatómica influye en las concentraciones de fármaco encontradas.

Aunque la médula ósea mostró intensidades más altas de varios elementos, la mayoría de las sustancias se detectaron usando sangre. En algunos casos, los metabolitos estaban ausentes en la sangre pero se detectaron en la médula ósea. Como explicación podría observarse que el alto contenido de grasa de la médula influye en el número de compuestos detectados. En cualquier caso, el 80,5% de las veces la médula ósea demostró ser una alternativa válida para el análisis de sangre.

Al comparar los resultados de la precipitación de proteínas de la sangre con los resultados de la extracción de hueso, se detectaron menos compuestos en el tejido óseo. Este menor rendimiento del tejido óseo para detectar fármacos podría explicarse por el método de extracción. Los huesos se extrajeron durante 72h a temperatura ambiente, lo que podría provocar la degradación de determinadas sustancias no estables a temperatura ambiente. Otra explicación podría ser que estos medicamentos simplemente no se incorporan al tejido óseo.

Solo se detectó una sustancia (bromazepam) en el tejido óseo que no estaba presente en la sangre o la médula ósea. No obstante, un método altamente sensible desarrollado para las benzodiazepinas mostró que esta sustancia también está presente en la sangre. Esto significa que todos los fármacos que se detectaron en el tejido óseo también se detectaron en la sangre. Así, los hallazgos muestran que, al detectar estas sustancias en el tejido óseo, podría haberse producido una ingesta reciente de dicha sustancia.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que las drogas estudiadas fueron la metadona, citalopram y clomipramina. Estos medicamentos deben tomarse crónicamente para mantener un estado estable. Por tanto, los compuestos detectados en el tejido óseo pueden representar un uso crónico de sustancias. Esto confirmaría la hipótesis de que el tejido óseo sirve como depósito de drogas para casos de abuso crónico de sustancias. Lamentablemente, se carecía de antecedentes médicos del individuo en los 11 casos.

Así, se identificaron con éxito múltiples fármacos en todas las matrices de la muestra. Se detectaron menos sustancias en los huesos que en la sangre, pero se confirmó que el tejido esquelético es una alternativa válida cuando no hay sangre disponible. En especial, la médula ósea mostró un gran potencial.

En conclusión, bajo las condiciones experimentales del estudio de los autores, se reveló una indicación de que el tejido esquelético puede usarse para estimar las concentraciones en sangre de metadona y citalopram. Por ende, tanto el hueso como la médula ósea son de gran interés potencial y pueden ser útiles para determinar la posible implicación de fármacos en casos de toxicología forense.

Si quieres saber más sobre Antropología y Toxicología Forense y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster en Criminal Profiling o nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses.

Tomografía de coherencia óptica: utilidad forense. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Optical coherence tomography in forensic sciences: a review of the literature” de Nioi, M.; Napoli, P. E.; Mayerson, S. M.; Fossarello, M. y d’Aloja, E. (2019), en el que se estudia la utilidad de la tomografía de coherencia óptica para las ciencias forenses.

La tomografía de coherencia óptica (TCO) es una técnica de obtención de imágenes interferométricas (utilizando ondas de luz para obtenerlas). Fue introducida en los 90 y, actualmente, se utiliza de forma rutinaria en algunas especialidades clínicas como la oftalmología.

Esta técnica se caracteriza por la capacidad de un interferómetro para medir la luz reflejada de una muestra de interés para compararla con una luz de referencia, para medir su superposición o interferencia. Las distancias fijas recorridas por los rayos en los dos brazos del interferómetro se denominan trayectorias ópticas. Ambos rayos reflejados en cada superficie se combinan, generando una inferencia.

En consecuencia, cuando la luz reflejada sale del interferómetro, habrá una señal que consiste en la suma de ambas luces. Así, se obtiene un patrón de interferencia. Este se puede analizar cuando la luz de ambos brazos ha recorrido una distancia óptica “similar“. La intensidad de la emisión de luz dada por la suma de los dos haces reflejados se puede recoger y medir con un fotodetector (espectrómetro).

Entonces, ¿cuál es la utilidad de la TCO en las ciencias forenses e investigaciones criminales?

En general, las imágenes obtenidas de esta técnica ofrecen varias ventajas en comparación con la histología clásica o la autopsia. Por ejemplo, permiten un análisis tridimensional no invasivo y sin contacto con el tejido que se estudia en tiempo real. Así las cosas, la TCO tiene potencial de aplicación en el ámbito forense. Concretamente, los autores identificaron varias aplicaciones, si bien se requiere de más investigación.

Estas son: evaluación del corazón y vascularización en el período post-mortem; oftalmología y medicina forense clínica; entomología forense… Otras áreas de aplicación forense serían el estudio de manchas de sangre, huellas dactilares y bulbos capilares para identificación personal. También el estudio de materiales encontrados en la escena del crimen para su comparación o investigación antifraude.

Así pues, con el fin de ahondar en este potencial, los autores revisaron 57 artículos sobre la temática. Los hallazgos fueron los siguientes.

Por un lado, la tomografía como técnica alternativa en estudios cadavéricos tiene lugar desde 2007. Existen varias situaciones en las que una evaluación microscópica de los tejidos es obligatoria para obtener un diagnóstico médico-legal. Uno de estos casos es en muertes por patología coronaria. En este ámbito, los resultados sugieren un gran potencial de la tomografía de coherencia óptica en estudios de enfermedad de la arteria coronaria y muerte cardíaca súbita. Esto incluye los casos forenses, como una herramienta de diagnóstico suplementaria.

Por otro lado, en la oftalmología es donde más extendido está el uso de esta tomografía, como decíamos. Esto incluye a su vez casos forenses. Por ejemplo, el diagnóstico oftalmológico es relevante al analizar la retina de un niño para ver si es zarandeado / maltratado. Recientemente, algunos autores estudiaron la viabilidad de la tomografía de coherencia óptica en la detección de hallazgos oculares post mortem. En este sentido, un estudio preliminar en humanos permitió la detección de nuevos signos para estimar el intervalo post mortem. Estos nuevos signos no pueden identificarse usando métodos tradicionales.

Con respecto a la entomología, la técnica se aplicaría al análisis de artrópodos para estimar los intervalos post mortem. Además, con ella se puede lograr un estudio larvario prolongado, morfológico y no destructivo. Asimismo, permite evitar que los especímenes no sean sacrificados. Por último, existen otros ejemplos del uso de la tomografía en diversas ramas de la ciencia forense.

Así, encontramos que, para lograr la identificación personal, es posible analizar morfológicamente estructuras celulares de pelos del cuero cabelludo humano fresco sin modificar, así como el vello facial. Otra aplicación sería la búsqueda de huellas dactilares, o verificar la autenticidad de billetes monetarios o la pintura de vehículos. Otros lo aplicaron para determinar si las manchas de sangre son frescas o secas, para reconstruir la dinámica del delito.

Así pues, características como la falta de manipulación física o química de muestras, no invasividad, tridimensionalidad y resolución microscópica de las imágenes, son algunas de las ventajas más importantes de esta técnica. La información de alta resolución puede ser, además, interpretada a tiempo real. Por ello, se podría fomentar aún más su uso en diferentes campos de estudio.

En contraposición, hay dos posibles limitaciones al utilizar la tomografía de coherencia óptica. Sus mayores costes, relacionados con la adquisición, comparados con las técnicas tradicionales como la autopsia clásica sería una. La otra limitación se corresponde con la escasa familiaridad de los patólogos con las nuevas técnicas de imagen. Sin embargo, estos problemas podrían superarse con la comercialización de herramientas ad hoc y la preparación adecuada del personal forense.

Si quieres saber más sobre técnicas de investigación criminal y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster de Criminal Profiling o nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses.

Pedofilia adquirida y del desarrollo, ¿cómo se diferencian? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling acquired pedophilic behavior: Retrospective analysis of 66 Italian forensic cases of pedophilia” de Camperio, A. S.; Scarpazza, C.; Covelli, V. y Battaglia, U. (2019), en el cual se distingue entre la pedofilia adquirida y del desarrollo a través de la elaboración de perfiles forenses de criminalidad.

Actualmente, se sabe que los trastornos neurológicos se asocian comúnmente con síntomas psiquiátricos. No obstante, es más difícil aceptar que una serie de trastornos neurológicos, debido a su presentación predominantemente conductual y a veces extraña, en ocasiones se diagnostican erróneamente como psiquiátricos. La pedofilia adquirida podría ser uno de ellos. El primer caso de pedofilia adquirida registrado se remonta a 1862, cuando se acusó a un hombre de 78 años sin antecedentes criminales de abuso infantil. Este hombre tenía afectadas muchas funciones cognitivas.

Sin embargo, hasta ahora, los consultores forenses que trabajan en abusos sexuales infantiles todavía carecen de maneras fiables de identificar a delincuentes cuyo comportamiento pedófilo -probablemente- sea de origen adquirido y no del desarrollo. Una identificación correcta es imprescindible para seleccionar la terapia y/o el castigo más adecuados. El comportamiento pedófilo adquirido se diferencia del trastorno pedófilo del desarrollo en muchos aspectos: etiología, aspectos neurológicos, posibles terapias, modus operandi y consecuencias legales.

La pedofilia adquirida se refiere a impulsos sexuales hacia niños que surgen más adelante en la vida. Surge como consecuencia de una condición neurológica y con una etiología clara. En consecuencia, se causa una “fractura conductual” en la conducta manifestada antes y después del desarrollo de la enfermedad cerebral. Tampoco se asocia con otros trastornos psiquiátricos ni influencias psicológicas o genéticas.

En contraposición, en la pedofilia del desarrollo el interés pedófilo es más estable a lo largo de la vida, comúnmente surgiendo en la adolescencia. Asimismo, suele combinarse con trastornos mentales como el de personalidad. La etiología, a su vez, se ubica en un origen multifactorial y complejo. Se refiere a influencias genéticas, momentos vitales estresantes, aspectos neuroquímicos, exposición a la testosterona… Además de a factores psicológicos.

Por lo tanto, mientras que la pedofilia del desarrollo se clasifica dentro de los trastornos psiquiátricos, la pedofilia adquirida tiene un claro origen neurológico.

La base neuronal de ambas también es diferente. La pedofilia del desarrollo se caracteriza por alteraciones funcionales cerebrales o estructurales sutiles, sin anomalías neuroanatómicas evidentes. Es más fácil de estudiar a nivel grupal. Contrariamente, las alteraciones evidentes estructurales del cerebro que surgen más adelante en la vida son fundamentales para diagnosticar la conducta pedófila adquirida. En este caso, se pueden identificar dichas alteraciones más fácilmente a nivel individual.

Con respecto a las posibles terapias, la pedofilia del desarrollo no ha logrado ser tratada con éxito si el pedófilo no tiene voluntad de compromiso. En contraposición, la pedofilia adquirida se puede abordar tratando la afección médica subyacente. Sin embargo, el tratamiento exitoso no siempre se da, ya que en ocasiones la pedofilia adquirida surge como síntoma de trastornos neurodegenerativos.

El modus operandi se diferencia en que los pedófilos del desarrollo buscan víctimas activamente, son planificadores y niegan más su conducta si se les pilla. Los pedófilos adquiridos, en cambio, no planean tanto sus agresiones y son menos depredadores. Finalmente, las consecuencias legales para los pedófilos del desarrollo (los depredadores sexuales) son mucho más severas, mientras que para los otros el castigo legal puede no ser la solución más efectiva.

Así las cosas, los autores del artículo revisaron 66 casos jurídicos de conducta pedófila ocurridos en Italia entre 2005 y 2015. Estos involucraban un abuso sexual contra al menos una víctima de 13 años o menor, según la definición más restrictiva de pedofilia. El objetivo era identificar perfiles conductuales mensurables que ayuden a los profesionales a distinguir entre ambos tipos de pedofilia. Los resultados fueron los siguientes.

Parece indicarse que las personas cuyas parafilias surgieron a raíz de trastornos neurológicos se comportan de forma distinta a quienes tenían pedofilia del desarrollo. Así, se pudo establecer el perfil de individuos con pedofilia adquirida con información derivada de pruebas médicas, la historia de los agresores y modus operandi.

Particularmente, se observaron 6 características específicas: ausencia de enmascaramiento, de premeditación, de antecedentes penales sexuales, confesiones espontáneas, sentimientos de culpa y ser mayor de 50 años. Las más significativas eran la ausencia de enmascaramiento, las confesiones de culpa y la edad. Finalmente, el análisis de correlación destaca que las diferentes características o señales de alerta están fuertemente correlacionadas con estas tres principales.

Asimismo, se detectaron dos grupos de individuos dentro de este perfil. Por un lado, aquellos agresores en los que se detectaron cuatro o más características; por otro lado, aquellos con tres o menos características del perfil. Los resultados parecen indicar que los casos de conducta pedófila adquirida representan una proporción pequeña, aunque representativa, de los agresores sexuales de niños.

Dos de las seis características son indicativas de la naturaleza adquirida de los intereses sexuales alterados: la edad avanzada y la ausencia de delito sexual previo. Otras dos reflejan el descontrol impulsivo: ausencia de premeditación y de tentativas para enmascarar la conducta delictiva.

Finalmente, la culpa y las confesiones espontáneas, aunque relacionadas entre sí, podrían explicarse por juicios morales limitados. También puede deberse a que, si algunos agresores son incapaces de distinguir lo moral o correcto, confiesen sus crímenes fácilmente, en los que no ven nada malo.

Es importante subrayar que la presencia de estas características no puede conducir a un diagnóstico clínico de pedofilia adquirida. Más bien, debería impulsar una rápida evaluación neurocientífica. En cualquier caso, estos hallazgos sirven para mejorar la comprensión de la pedofilia y tener una mayor efectividad del sistema de justicia, no para excusar la pedofilia.

Si quieres saber más sobre perfilación criminal y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster de Criminal Profiling o nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses.

La investigación cualitativa y su importancia. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Promoting the qualitative research approach in the discipline of forensic and T legal medicine: Why more qualitative work should be promoted and how that can be achieved” de Kennedy, K. M. (2019), en el que se argumenta cómo la investigación cualitativa puede beneficiar a la medicina forense, identificar las barreras para su uso y sugerir soluciones específicas para también entender mejor al paciente.

En los últimos años, la medicina legal y forense ha evolucionado de manera dramática. Y, a medida que crecen las bases de pruebas, se debe alentar a los investigadores a aprovechar la mayor variedad posible de enfoques de investigación. El objetivo es poder utilizar metodologías complementarias que, en última instancia, produzcan los mejores resultados posibles.

Si bien la investigación cuantitativa es esencial, otros métodos de investigación también pueden ser muy beneficiosos. Cuantitativo y cualitativo representan dos enfoques principales en la investigación de las ciencias sociales, básicas y de la salud. Esencialmente, pueden diferenciarse por el tipo de información que explora cada uno.

La investigación cuantitativa suele conllevar análisis estadísticos de información en forma de valores numéricamente mensurables. La investigación cualitativa, por su parte, estudia material que no puede ser sometido a análisis estadístico. Pone un especial énfasis en interpretar los datos en términos de los significados que las personas individuales les atribuyen.

Asimismo, ambos tipos de investigación pueden ser considerados en función de su respectiva epistemología, ontología y metodología. Existen dos paradigmas predominantes en los ámbitos epistemológico (el conocimiento y cómo se obtiene) y ontológico (el ser en sí). Estos son: el positivismo (investigación cuantitativa) y el interpretivismo (investigación cualitativa).

La ontología positivista sostiene que existe una única realidad objetiva que es externa al investigador. Así, esta no estaría influenciada de ninguna manera por la perspectiva individual del investigador. El positivismo solo considera mensurables los fenómenos observables. Consecuentemente, la investigación cuantitativa tiene como objetivo ejecutar análisis estadísticos de una realidad única, objetiva y estática.

El interpretivismo, por otro lado, sostiene que la realidad es múltiple y relativa, variando según la interpretación de cada uno. La perspectiva ontológica subyacente es que la realidad es subjetiva y dinámica. En términos de epistemología, el conocimiento también es subjetivo y no existe una única forma “correcta” de conocer.

Este paradigma busca construir socialmente el conocimiento, indagando en cómo las personas dan cuenta del mundo en el que viven. La investigación cualitativa tiene una estructura menos rígida, pudiendo ser reactiva y flexible para responder y adaptarse a los hallazgos según avanza la investigación.

Así pues, varios factores contribuyen potencialmente al predominio de la investigación cuantitativa, al considerarla más objetiva y precisa. Entre estos encontramos, por ejemplo, el énfasis en el rigor científico de la investigación y las decisiones. En contraposición, algunos médicos, científicos, revistas, etc., consideran que los métodos cualitativos son más subjetivos, con resultados menos generalizables y pueden generar con más facilidad sesgos derivados de la relación médico-paciente.

Con respecto a la generalización de los resultados cualitativos, esta no se puede realizar de forma estadística. En su lugar, puede hacerse incluyendo una buena diversidad de participantes. La confiabilidad del análisis de datos cualitativos aumenta considerablemente cuando se utilizan evaluadores independientes para analizar dichos datos.

Siempre que sea posible, los investigadores cualitativos deben obtener información de fuentes diferentes e independientes. La meta es “triangular” los hallazgos, aumentando así la probabilidad de que sean una medida verdaderamente objetiva de investigación.

Así pues, en la medicina legal y forense, muchas de las investigaciones están relacionadas con temas delicados (suicidios, violencia doméstica…). En este contexto, muchos profesionales encuentran la forma de distanciarse de esta realidad en métodos cuantitativos de investigación. Se trataría en cierta medida, a su vez, de una autoprotección.

Entonces ¿por qué más investigaciones cualitativas serían beneficiosas para la medicina legal y forense?

Uno de los beneficios radicaría en que, al tratarse de una disciplina relativamente nueva, las investigaciones cualitativas pueden usarse para preguntarnos “qué” necesita ser estudiado. La teoría fundamentada propone que todas las hipótesis se derivan del análisis de los datos recopilados en sí, en contraste con el enfoque cuantitativo, donde la hipótesis es descrita antes de la investigación.

Asimismo, podría utilizarse para explorar los procesos utilizados para proporcionar atención médica forense. Por otro lado, los dos enfoques, si se aplican al mismo problema de investigación, explorarán diferentes aspectos del mismo problema. Por ejemplo, establecer la prevalencia de heridas anogenitales (cuantitativo) frente a indagar en por qué víctimas con estas heridas denuncian con más frecuencia (cualitativo).

No solo es importante la prevalencia de las lesiones, sino si la víctima recibe una atención adecuada centrada en el paciente. Esto es, ayudaría a comprender mejor todo (o casi todo) lo relacionado con la víctima y a esta. A entender a las personas como seres sociales, condicionados por la interpretación individual de sus experiencias y entornos. Finalmente, la investigación cualitativa puede emplearse con mucho éxito para ayudar al diseño del trabajo cuantitativo posterior (complementar metodologías).

Por tanto, la investigación cualitativa (creadora de hipótesis) a menudo puede ser útil para formar la base sobre la cual se pueden desarrollar muchos estudios cuantitativos (comprobadores de hipóteis) y de métodos mixtos.

Así pues, la contratación de revisores y editores, con conocimiento de la investigación tanto cualitativa como cuantitativa, para las principales revistas, ayudaría a ampliar el alcance de la literatura disponible. Además, los organismos correspondientes deben considerar la importancia de la investigación cualitativa, asignar las prioridades adecuadas e instruir a los profesionales en ambas metodologías.

Si quieres saber más sobre medicina forense y el ámbito de las Ciencias Forenses no te pierdas nuestro Máster de Criminal Profiling o nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica, programa 100% online y certificado por la Universidad a Distancia de Madrid, con becas especiales para lectores del Club Forenses.

Déficits en las funciones ejecutivas como posibles predictores de la violencia de pareja. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “A systematic review of executive cognitive function intimate partner violent offenders” de Humenik A. M., Grounds Z., K., Mayer H. M. y Dolan S. L. (2020), en el cual se analizan múltiples evidencias relativas a la relación entre las disfunciones cognitivas de las funciones ejecutiva y el comportamiento violento en la pareja.

La violencia de pareja (VP) es un problema de salud pública que afecta a millones de mujeres y hombres, niñas y niños en todo el mundo. Está conectada con múltiples consecuencias negativas: problemas de salud física y psicológica, aumento de costes, victimización y morbilidad.

Este concepto -violencia de pareja- abarca comportamientos desadaptativos como la violencia física, psicológica y sexual, el acoso y el control del comportamiento del otro. Para explicar las causas de la VP se han desarrollado diversas teorías que atienden a factores socio-culturales, contextuales, de personalidad, entre otros. Aunque hayan recibido cierto apoyo empírico, fallan en explicar las probables contribuciones de algunas variables biológicas.

En este sentido, existen evidencias de la relación entre las disfunciones neuropsicológicas y la agresión. Más específicamente, se habla de disfunciones de las funciones cognitivas ejecutivas (FEs) que facilitan las conductas de agresión.

En cualquier caso, la VP y la agresión en general son dos constructos que difieren en cuanto a rasgos de personalidad implicados, comportamientos antisociales y presencia de psicopatologías. Ello implica que, si las disfunciones de las FEs están asociadas a la agresión, no necesariamente serán de gran importancia en la violencia de pareja. La VP es un proceso complejo, que va más allá de las conductas de agresión per se.

Por ello, se necesita evaluar de manera específica las conexiones entre la violencia de pareja y las FEs. Los autores de este estudio recopilan los hallazgos en cuanto a estas conexiones, atendiendo a las funciones cognitivas de alto nivel o ejecutivas que ya han mostrado importancia en los comportamientos de agresión.

Estas FEs son: la memoria de trabajo (MT), la flexibilidad cognitiva, la inhibición (control inhibitorio), la fluencia y la toma de decisiones. Todas están mediadas por el proceso de atención y tienen un papel importante en el control y la regulación de procesos implicados en las intenciones, planificación y desarrollo de las conductas necesarias para conseguir una meta. En general, las disfunciones en el funcionamiento de las FEs están asociadas a dificultades académicas, profesionales e interpersonales.

Los estudios sobre agresión y FEs indican que los sujetos que presentan mayores niveles de impulsividad, desinhibición e inflexibilidad cognitiva también muestran conductas agresivas más violentas y con mayor frecuencia. También hay evidencias de que los déficits en las FEs de mayor gravedad están asociados a tipos específicos de comportamientos antisociales.

Los estudios sobre violencia de pareja y su relación con el funcionamiento de las FEs muestran resultados mixtos que vamos a describir a continuación. Estos hallazgos provienen de 22 estudios que incluyen mediciones de FEs y cuyas muestras de estudio se componen de sujetos mayores de edad y que hayan llevado a cabo conductas de violencia de pareja.

La flexibilidad cognitiva es la habilidad de pensar sobre algo de múltiples maneras e incluye el concepto de cambio mental (de creencias, punto de vista, etc.). En general, es una de las funciones más estudiadas en relación a la agresión.

De los estudios analizados, 20 muestran relaciones entre déficits en flexibilidad cognitiva y la violencia de pareja. La relación se explicaría por la puesta en práctica de estrategia inefectivas de resolución de problemas. Por ello, cada vez que el sujeto violento se encuentra con una situación de pareja que considera como un problema, aplica estrategia de resolución basadas en la agresividad y la violencia.

Aunque los grupos control varían de estudio a estudio, generalmente los maltratadores registran mayor cantidad de errores en las tareas de flexibilidad cognitiva y responden más lentamente. Comprados con grupos de sujetos no violentos, los sujetos maltratadores fallan más. En cambio, en otros estudios son los que más fallan en las tareas de flexibilidad cognitiva pero no más que los agresores sexuales.

La memoria de trabajo es la habilidad de almacenar y manipular información en la consciencia por un corto periodo de tiempo.  Es clave en la regulación del procesamiento de la información social, de la atención y de las conductas orientadas a metas.

Los déficits de la MT se han asociado con una interpretación errónea de las señales sociales. Esta interpretación errónea es un factor de riesgo para las agresiones, tanto en niños/as como en adultos. Más específicamente, los sujetos implicados en conductas violentas suelen mostrar un peor rendimiento en tareas de memoria de trabajo espacial que los sujetos no violentos.

En cuanto a los maltratadores, hay resultados mixtos debido a la diversidad de metodología y medidas que utilizan. Por ejemplo, en un estudio se comparan sujetos condenados por VP con dependencia de alcohol (VP+), sujetos no condenados por VP con la misma dependencia (VP-) y sujetos fumadores como grupo control. En la tarea de recuperación de dígitos contando hacia atrás, el grupo VP+ ha mostrado el peor rendimiento.

En otro estudio se ha comparado el rendimiento de sujetos maltratadores con y sin historial de otras conductas violentas y un grupo control sin condenas. En una tarea de span de memoria para dígitos, ambos grupos de sujetos maltratadores han mostrado peores resultados que el grupo control. Además, el grupo de maltratadores con historial de otras conductas violentas exhibió el peor rendimiento.

 Resultados como estos indican la presencia de patrones de déficits de la MT diferenciales entre aquellos que cometen VP y aquellos que cometen conductas violentas de manera más generalizada. Aun así, los resultados difieren en función de la tarea requerida y, a veces, se observan diferencias no significativas o bien significativa, pero de tamaño de efecto pequeño.

El control inhibitorio es la habilidad de controlar y autorregular la atención y los impulsos propios. En pacientes forenses, los problemas de la capacidad de inhibición son el predictor más fuerte del comportamiento agresivo. Asimismo, la desinhibición está muy relacionada con la impulsividad y muchas veces se solapan. La impulsividad tiene alta relevancia en este contexto, siendo una característica repetidamente asociada a las conductas de agresión.

Los sujetos que maltratan a sus parejas exhiben mucha más desinhibición que sujetos que no cometen este tipo de conductas. La desinhibición se encuentra asociada a niveles más altos de agresión tanto mutuamente en pareja, como de maltrato de marido a mujer y de maltrato de marido a mujer con violencia grave.

Los sujetos maltratadores dan respuestas más rápidas en tareas de Stroop emocional con palabras agresivas. Aquellos que también tienen un historial de otras conductas violentas muestran un tiempo de reacción aún mayor.

Ello sugiere dificultades para inhibir los estímulos emocionales distractores. Estas dificultades llevan a déficits de resolución de problemas en situaciones cargadas emocionalmente (como los conflictos) y, consecuentemente, se desarrollan respuestas agresivas. Los estudios que no encuentran diferencias significativas destacan por tener muestras de estudio muy pequeñas, lo que no permite sacar conclusiones fiables.

La fluidez es la habilidad de producir información verbal o no verbal durante un periodo de tiempo determinado sin repetir las respuestas.  Muy pocos estudios analizan la fluidez verbal en relación a las conductas violentas. En general, los resultados indican que no hay diferencias significativas en la fluidez verbal entre sujetos molturadores y no maltratadores.

Por último, la toma de decisiones es la habilidad cognitiva de hacer una elección lógica de varias opciones. Los déficits en toma de decisiones han mostrado asociaciones con el comportamiento violento numerosas veces. Además, los comportamientos de riesgo y de agresiones impulsivas parecen compartir déficits en la zona orbitofrontal del cerebro, con un papel clave en la toma de decisiones.

En algunos estudios se han observado importantes déficits en la toma de decisiones de sujetos que cometen violencia de pareja. Dedican menos tiempo al proceso deliberativo, muestran una peor calidad de decisión, se arriesgan más y presentan mayor aversión a posponer las conductas. En cualquier caso, hay resultados mixtos. Por ejemplo, algunos estudios sugieren un mejor rendimiento de estos sujetos comparado con los que cometen otro tipo de conductas violentas. Otros sugieren que no hay déficit alguno en la toma de decisiones.

Cada vez más estudios consideran los daños cerebrales traumáticos y el abuso de sustancias como factores que influyen en el funcionamiento neuropsicológico. Estos factores también afectarían a las funciones ejecutivas y estarían relacionados con las conductas de violencia de pareja.

Tanto los comportamientos de agresión como de consumo de drogas se han asociado a dificultades para considerar a priori las consecuencias de una conducta, así como dificultades para la inhibición conductual. El uso de drogas como, por ejemplo, el alcohol, puede incrementar la gravedad de las agresiones. El alcohol y otras drogas limitan la capacidad de autorregulación del comportamiento y de procesamiento de las señales sociales. Por ello, sería similar a lo mencionado en los déficits de memoria de trabajo.

En cuanto al daño cerebral de origen traumático, destacar que muchos sujetos con conductas violentas también tienen historial de alguna lesión en la cabeza (p. ej. golpes por accidente). La prevalencia de este tipo de daño cerebral es alta en la población de sujetos maltratadores y posiblemente mayor que en la población general.

En conclusión, puede haber múltiples fuentes de déficit en las funciones ejecutivas. Estos déficits no se pueden pasar por alto en las conductas violentas porque, generalmente, hay evidencias de su importancia. Ello no implica justificar las conductas violentas por causas biológicas, ni descartar el papel de otro tipo de factores como contextuales, socio-económicos, culturales u otros. Mejor conocimiento sobre qué impacta, influye o provoca las conductas violentas, mayores posibilidades de desarrollo de estrategias eficaces de prevención y tratamiento.

 

¿Te interesan el campo de las Ciencias Forenses? ¿Quieres aprender sobre análisis de escenarios de crimen, profiling e/o investigación criminológica? Visita nuestro Máster en Criminal Profiling  y nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica,  con becas especiales para los lectores del Club Ciencias Forenses.

Nanotecnología forense: identificación de huellas dactilares latentes. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Role of nanomaterials for forensic investigations and latent fingerprinting – a review” de Prasad V., Lukose S., Agarwal P. y Prasad L. (2020), en el cual se revisa el importante papel que actualmente tiene la nanotecnología en la detección de huellas dactilares latentes.

La nanotecnología es el campo científico que estudia materiales a escala nanométrica. Esta área también puede ser definida como la síntesis de materia a nivel atómico, con tamaño entre 1 y 100 nanómetros (nm).

La utilidad de la nanociencia y la nanotecnología se conoce desde el siglo IV. El oro fue utilizado por primera vez como nanopartícula por los romanos en las copas de Licurgo, aplicándose como agente de recubrimiento. Actualmente, la nanotecnología se puede aplicar ampliamente en diferentes campos como electrónica, desarrollo y análisis de drogas y construcción.

Adicionalmente a su vital importancia en muchos otros campos, también tiene un impacto significativo en las ciencias forenses. En este caso hablamos de nano-forensics, la última innovación en este campo. La evolución de los nano-sensores y nano-dispositivos permite identificar evidencias anónimas. Los instrumentos utilizados previamente en otros campos para estudiar nanomateriales también consiguen dar respuestas en las ciencias forenses. Uno de ellos es el microscopio de fuerza atómica (AFM).

La aplicación de nanotecnología en las ciencias forenses ya cubre varias áreas. En documentoscopia, con la ayuda del AFM, se ha conseguido analizar el cruce de tintas analizando ciertas superficies de documentos. En el análisis de manchas secas de sangre se ha conseguido determinar la edad de estas. Se utilizó el AFM también en este caso, analizando la elasticidad de los eritrocitos.

La Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR) es un método utilizado para producir varias copias de un fragmento de ADN. Estudios recientes han mostrado que las nanopartículas de oro tienen la habilidad de incrementar la eficiencia de la PCR. Cuando se añaden de 0,7 a 13 nm de partículas de oro, el tiempo de la PCR se reduce.

En el análisis de huellas dactilares se ha observado que el uso de nanopartículas tienen un gran potencial para mejorar este proceso. Se trabaja en el desarrollo de nuevas técnicas conocidas como nano-huellas (dactilares). Cualquier avance en este campo será muy valioso dado que las huellas son evidencias de una identidad humana. Por tanto, en investigaciones de escenarios de crimen serían de mucha utilidad, especialmente para detectar las huellas dactilares latentes.

Las huellas dactilares latentes son aquellas invisibles al ojo humano. Se trasfieren a las superficies a través de secreciones corporales y contaminantes encontrados en los dedos. Son las más difíciles de identificar a diferencia de las huellas patentes y las plásticas. Las patentes se observan a simple vista. Se plasman en las superficies a través de sustancias como sangre, pintura o grasa. Las huellas plásticas son aquellas generadas por la presión de los dedos en objetos blandos, como jabón, cera o pegamento.

Las huellas dactilares contienen secreciones corporales y agentes contaminantes del medio en el que se encuentran. Las secreciones provienen de 3 tipos de glándulas: ecrinas, apocrinas y sebáceas. La elección de la técnica para detectar huellas latentes depende tanto del contenido de la huella, así como de la naturaleza de la superficie. Por eso, existen varios métodos con diferentes nanopartículas que vamos a describir a continuación.

Nanopartículas de plata. La plata metálica tiene afinidad con componentes orgánicos que residen en las huellas. Este tipo de nanopartículas se han utilizado como reactivo desde 1970 para visualizar huellas latentes en superficies porosas de papel. El método utilizado tiene la habilidad de mostrar huellas en superficies expuestas a luz solar intensa durante varias horas. La desventaja es alto coste en tiempo y dinero, poca estabilidad y un procesamiento destructivo que contamina los documentos.

Nanopartículas de oro. Juegan un papel importante en la visualización de huellas latentes por su naturaleza inerte, alta selectividad y sensibilidad. También tienen atributos que permiten almacenar las huellas por un largo periodo de tiempo. El método utilizado es el de deposición multimetal (MMD).

Confieren mayor intensidad y claridad en las huellas encontradas comparado con métodos que utilizan nanopartículas de plata. Su desventaja es su no utilidad en huellas encontradas en paredes y suelos. Básicamente, no sirve para ningún objeto/superficie demasiado grande como para sumergirlo en una bañera de laboratorio.

Nanopartículas de óxido de zinc. Tienen propiedades que permiten la transición de huellas latentes a patentes a temperatura ambiente. También presenta una propiedad adhesiva que facilita la interacción con residuos lipídicos y proteínicos de las huellas a temperatura ambiente. Permiten determinar la antigüedad de las huellas en superficies no porosas. En cambio, no son muy efectivas para las huellas encontradas en superficies porosas.

Nanopartículas de sílice. Su uso es un método novedoso que mejora la detección de huellas latentes por su facilidad de síntesis. También tienen la habilidad de recubrir tintes, lo que previenen la foto-descomposición. Sirve para huellas plasmadas en superficies no porosas. Se ha observado un mecanismo electrostático entre estas nanopartículas y residuos de huellas similar al que se da en MMD.

Nanopartículas de óxido de aluminio. Con este tipo de partículas se desarrollaron nano-polvos no tóxicos y eco-friendly. Esos nano-polvos se sintetizas con: nano-partículas de óxido de aluminio, recubiertas de eosina amarilla y un extracto hidrofóbico vegetal. El extracto repele moléculas de agua y permite que los polvos se adhieran a los componentes oleicos de huellas latentes.  Estas nanopartículas permiten visualizar huellas en superficies porosas y no porosas. Además, sirven para identificar huellas muy difuminadas o descoloridas.

Hay muchos más métodos y nano-partículas que se han desarrollado, pero muchos de ellos son bastante más complejos para resumir. Incluso existen métodos de imagen con espectroscopio que permiten detectar metabolitos de cocaína en huellas latentes. De todas las nanopartículas, las de oro parecen tener una capacidad más amplia. Por sí solas o junto a diferentes reactivos permiten la identificación de huellas latentes en diferentes situaciones. Ya sabía Hodgins, el rey del laboratorio de la serie Bones, que el oro le permitirá resolver el caso.

Como conclusión, la nanotecnología parece de gran utilidad en las ciencias forenses. Gracias a todos los avances científicos, la identificación de huellas, así como otros procesos del contexto forense, será cada vez más preciso y, probablemente, más fácil y rápido.

¿Te interesan el campo de las Ciencias Forenses? ¿Quieres aprender sobre análisis de escenarios de crimen, profiling e/o investigación criminológica? Visita nuestro Máster en Criminal Profiling  y nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica,  con becas especiales para los lectores del Club Ciencias Forenses.

Análisis de heridas de bala: huesos craneales vs. huesos largos. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Interpretation of long bones ballistic trauma” de Martrille L. y Symes S. A. (2019), en el cual se analizan las características de las heridas de bala en huesos tubulares y sus similitudes con las heridas craneales.

En el cuerpo humano hay diferentes tipos de huesos. Uno de ellos es el hueso largo que presenta un cuerpo tubular llamado diáfisis, dos extremos llamados epífisis y suele ser más largo que ancho. Por ejemplo, los huesos de los brazos y piernas, excepto rótula y huesos de la muñeca y tobillo, son huesos largos.

Desde una perspectiva antropológica forense, la interpretación precisa de heridas de bala en huesos largos podría ser la única forma de determinar características esenciales para entender la apariencia del arma utilizado.

Una herida ósea provocada por una bala es un fenómeno complejo que resulta de la acción de una bala y la reacción del tejido óseo. Cuando hay heridas de bala, la interpretación de los patrones de fractura ósea es un componente clave en la autopsia. Y esa interpretación requiere muchas habilidades: distinguir entre heridas de entrada y salida, establecer la dirección y recorrido de la bala a través del cuerpo o entender la orientación de las extremidades.

Para determinar el patrón de fractura es crucial reconstruir el sitio de esa fractura. Y es una labor clave, siendo muchas veces la única forma de determinar la causa y forma de la muerte. Es de especial importancia cuando, para el análisis, lo único disponible son los restos óseos, con ausencia de tejidos blandos. También puede ser que los tejidos blandos estén muy afectados por descomposición, carbonización u otras modificaciones postmortem. En cualquier caso, la presencia de tejidos blandos no asegura una buena interpretación del caso. A veces, las claves están simplemente en la herida ósea.

Las heridas de bala en el cráneo han sido muy estudiadas y ampliamente descritas. En cambio, pocos autores han documentado las heridas provocadas en huesos largos, a excepción de los cirujanos.

El examen de un traumatismo craneal se centra en las características principales de las fracturas balísticas: fragmentos óseos de taponamiento y desprendimiento, patrones de fracturas radiales y concéntricas. En el punto de impacto, se generan fuerzas de corte y tracción, lo que resulta en defectos de desprendimiento biselados y hundimientos del hueso. La superficie de impacto se puede astillar con una menor cantidad de biselado.

Con suficiente energía, se generan fracturas secundarias cerca del punto de impacto de bala. Las grietas radiales forman segmentos en forma de cuña. Se forman a la velocidad del sonido para el material dado, lo que permite que las fracturas radiales asociadas a la entrada interrumpan y comprometan el cráneo antes de la salida de la bala. Las áreas del cráneo más reforzadas pueden no presentar heridas radiales o que ocurra una apertura de suturas del cráneo. Dada la gran presión y tensión provocadas por el impacto de la bala, las fracturas radiales pueden seguir las líneas de sutura o incluso bifurcarse.

Aunque las fracturas puedan proporcionar un alivio suficiente del estrés provocado en el hueso, con frecuencia van acompañadas de fracturas terciarias debido al desplazamiento hacia afuera de los segmentos en forma de cuña. Estas se denominan fracturas concéntricas porque terminan en las grietas radiales y eso implica que estas últimas ya existían (son secundarias). Se han observado casos con fracturas concéntricas en ausencia de fracturas radiales, como se puede ver cuando un pequeño proyectil esférico golpea una lámina de vidrio.

Estas características muestran si la bala está entrando o saliendo del hueso. Lo diferencial se define típicamente por la ubicación de la fractura del bisel primario: mayor en el aspecto interno de la herida de entrada, mayor en el aspecto externo de la herida de salida. No obstante, también se siguen otros criterios.

Teniendo en cuenta estos principios de penetración de balas en el cráneo, los autores del estudio los aplican en la interpretación de fracturas de huesos tubulares. Para ello, revisan la autopsia de tres casos de herida de bala en el muslo con fracturas de fémur.

Los tres casos presentaban heridas de balas de distinto tipo. Para comparar las heridas de estos casos con las que habrían ocurrido si fueran heridas del cráneo utilizan una técnica muy sencilla. En una hoja de papel adhesivo dibujan un patrón de fractura típico de lo que se esperaría ver en el cráneo. Enrollan ese el papel adhesivo en un cilindro y lo comparan con el patrón de fractura en el fémur. 

kjk heridas de bala Análisis de heridas de bala: huesos craneales vs. huesos largos. Club de Ciencias ForensesEl equivalente de las heridas de entrada se diseña en un pedazo de papel y se pega en un globo. Las heridas de entradas están representadas por un agujero negro circular, tal como se ve en las entradas de bala individuales. Para algunos de los casos se incluye una astilla de hueso alrededor de la herida principal y se agregan fracturas lineales, radiales y concéntricas.

A modo general, las descripciones de los 3 casos son consistentes con la literatura científica existente sobre el tema. Es decir, las heridas de balas en huesos largos son similares a las heridas que se dan en el cráneo. Se destacan las entradas de borde liso y fracturas radiales y concéntricas resultantes de la cantidad de energía provocada por el impacto. El biselado en forma cono es más evidente cuando las balas impactan de manera directa que tangencial.

En 1915, Sir John Bland-Sutton informó sobre cinco tipos de fracturas de huesos largos provocadas por balas. Primero, una fractura transversal, que suele verse rara vez y suele ser una fractura indirecta. Segundo, una perforación completa del eje del hueso, principalmente en huesos esponjosos como el extremo inferior del fémur o la tibia proximal. Tercero, la bala se incrusta en el hueso. Cuarto, la bala rompe y tritura el hueso, produciendo una fractura estrellada o mariposa, con 4 fisuras oblicuas radiales desde la herida primaria. Y, por último, la bala impacta cerca de la articulación, rompiendo el extremo del hueso en pequeños fragmentos.

Lo más observado en los casos del estudio fue el cuarto tipo. Esa fractura en forma de mariposa se describió también en su versión falsa. La original se reserva a fracturas por flexión. En las lesiones producidas por arma de fuego no se produce flexión y, por eso, las fracturas radiantes suelen tener una forma de V (doble, con cuatro fisuras). La configuración de la mariposa falsa se observa a menudo en huesos largos que han recibido un disparo de baja velocidad.

La gravedad de la herida y el tipo de fractura reflejan la energía que la bala trasfiere al hueso al impactarlo. Cuando una bala golpea el cuerpo se desestabiliza y oscila, trasfiriendo una gran cantidad de energía cinética a los tejidos. A mayor energía cinética del impacto, heridas más extensas.

Un proyectil de alta velocidad generará más fracturas que uno que impacta a baja velocidad. No obstante, la deformación y fragmentación de la bala también tiene mucho que decir en la apariencia de la fractura. Las características del hueso también importan, tales como elasticidad, cohesión o densidad. Y, por último, la edad del sujeto es algo que debe considerarse en el análisis. Una razón de ello es que la resistencia de los huesos disminuye con la edad.

Las descargas de escopeta muestran patrones específicos. Los perdigones de plomo tienen menor efecto de herida debido a su rápida dispersión. A corto alcance, las heridas son muy importantes tanto en el cráneo como en los huesos largos. Los perdigones se dispersan muy rápidamente cuando golpean el tejido con un efecto billar.

Por lo tanto, los aspectos de la penetración balística son constantes y las propiedades materiales de cráneo y huesos tubulares son similares. A pesar de la especificidad de la forma y densidad de los huesos tubulares, se podría decir que reaccionan como los huesos craneales cuando reciben un impacto de bala. Investigaciones de este tipo sirven para entender e identificar la dirección y la magnitud de las fuerzas implicadas analizando el patrón de las fracturas. Esto permite a los patólogos forenses y a los antropólogos entender los mecanismos de las heridas.

Si te interesa la perfilación criminal, podrás conocer más detalles sobre ello en las IV Jornadas De Perfilación Criminal, dónde se reúnen varios expertos internacionales. ¡No te lo pierdas!

Además de las IV Jornadas De Perfilación Criminal, puedes aprender más en nuestro Máster en Criminal Profiling  y nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica,  con becas especiales para los lectores del Club Ciencias Forenses.

Los efectos del fuego sobre el ADN humano. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Effect of fire on DNA and its profiling in homicide cases” de Kumar N., Chauhan A., Gupta R., Maitray A., Sharma D. y Shukla SK (2019), en el cual se analizan los efectos del fuego sobre el ADN, un tema de vital importancia en los casos de homicidio donde la presencia de fuego impide identificar a la víctima y obtener más pruebas sobre el caso.

En las investigaciones forenses, los expertos tratan con diferentes tipos de escenas del crimen. En los casos de homicidio a menudo se encuentran con los cuerpos de las víctimas quemados, con falta de evidencias y con la dificultad o imposibilidad de identificar a la víctima. Determinar la causa de la muerte se convierte en una tarea muy complicada debido a las quemaduras y a la presencia de hollín. Asimismo, aislar muestras de ADN a partir de los restos del cuerpo o de muestras de sangre encontradas en las pertenencias de la víctima (p. ej. ropa, tejidos, etc.) también se convierte en una tarea ardua.

En el campo de las ciencias forenses los avances tecnológicos han ganado terreno a los métodos tradicionales. Aun así, por más tecnología que se utilice, los expertos forenses son vitales y son considerados como la clave de cualquier investigación. Los forenses analizan diversas tipologías de casos y en estos se encuentran con diferentes métodos para anular las pruebas: quemar, tirar un cuerpo al agua, etc. todos los perpetradores intentan tapar cualquier prueba posible e intentan hacer que el fuego u otros métodos utilizados parezcan el producto de una causa natural.

Hasta el día de hoy, no existen procesos técnicos que sirvan para analizar muestras afectadas por temperaturas muy elevadas debido al proceso de quema. Por esta razón, en este estudio se intenta determinar la cantidad y calidad del ADN proveniente de tejidos y muestras de sangre afectados por el fuego y el hollín. También se analiza el efecto de las temperaturas elevadas provocadas por el fuego en las muestras y la precisión en determinar el perfil genético del ADN de la víctima.

Los patrones de sangre no quedan afectados por el fuego si la temperatura es igual o menor a 40ºC. En cualquier caso, se cree que los elementos de la sangre que sirven para obtener el ADN ya no son trazables después de la exposición a temperatura de 1000ºC.

Los tejidos que no entran en contacto directo con el fuego son los idóneos para obtener el perfil de ADN. El aislamiento del ADN se puede hacer a partir de muestras de pelo, uñas, dientes o huesos, en incluso a partir del cuero cabelludo si no ha entrado en contacto directo con el fuego. Los tejidos conectivos densos pueden proteger el ADN bastante tiempo incluso si la temperatura llega a 100ºC.

En el caso que se analiza en este estudio, las pruebas recolectadas no sirvieron para obtener información sobre el ADN, debido al contacto con el calor provocado por el fuego. La policía recibió una llamada alrededor de las 6 de la mañana y fueron avisados de la existencia de un cuerpo quemado. Cuando se llegó a la escena del crimen, se observó que la víctima era un hombre con el cuerpo parcialmente quemado. Se encontraron manchas de sangre mezcladas con hollín en el suelo y encima de una alfombra en la que el cuerpo estaba enrollado.

Los investigadores recogieron muestras de la ropa interior quemada, de la alfombra, del suelo de cemento que contenía las manchas de sangre, dos trozos de plástico quemado, muestras de sangre mezcladas con hollín, ropa de la víctima y del acusado, la posible arma homicida (un arma metálica oxidada y afilada), gasa con sangre y pelo quemado. Todas las muestras fueron recogidas y conservadas por un oficial de policía respetando el protocolo pertinente para evitar la contaminación y degradación de las pruebas.

Sobe el terreno y en la autopsia se estableció que la causa de la muerte fue el estrangulamiento. Post-mortem, el cuerpo fue cortado en trozos. Por la imposibilidad de descomponer el cuerpo totalmente, el acusado quemó el cuerpo de la víctima dos días después con queroseno. También se observó un golpe en la cabeza de la víctima, provocado de manera post-mortem, con el arma encontrado en la escena del crimen.

El fuego dificulta de manera significativa el poder aislar el perfil genético de la víctima. Puede haber daños por la alta temperatura, por el agua utilizada para apagar el fuego, por la mezcla de hollín o queroseno con la sangre, etc.

Las muestras recogidas fueron enviadas al laboratorio para investigar el ADN y fueron preservadas a 4ºC para evitar la degradación. A la hora del análisis, se utilizó el protocolo de extracción automatizada, una técnica considerada como la mejor para las muestras degradadas y para las que están afectadas por el fuego.  En este caso, la extracción orgánica de ADN no es recomendable.

De la cuantificación del ADN se obtuvo una cosecha mayor de las muestras que no han estado en contacto directo con el fuego. Los peores resultados se obtuvieron con las muestras recogidas del suelo de cemento. Estas mostraron los peores valores en la técnica RT-PCR. La técnica RT-PCR se refiere a la Reacción en Cadena de la Polimerasa en Tiempo Real y se utiliza para amplificar y simultáneamente cuantificar el ADN. Se analizaron los microsatélites del ADN o STR, que se refieren a las secuencias del ADN en las que un fragmento se repite de manera consecutiva. Estos son clave en el análisis del perfil genético porque son marcadores moleculares que generan la huella genética personal.

En algunas de las muestras, el perfil de ADN fue completo y en otras faltaban alelos. En las muestras de ropa parcialmente quemadas, la cantidad de ADN fue de 0,4 nanogramos. En cambio, en las muestras intactas del pelo de la víctima, la cantidad de ADN fue máxima (1.06 ng). Como se esperaba, el ADN obtenido de las muestras de pelo no solo fue mejor en cantidad sino también en la calidad (precisión en la perfilación del ADN). Las muestras recogidas del suelo no fueron adecuadas para obtener el perfil del ADN, debido a concentraciones altas de cemento. El tejido quemado de la víctima tampoco fue útil para obtener su perfil genético.

A modo general, el impacto del fuego impidió la obtención de ADN en calidad y cantidades apropiadas. Las muestras de ropa o tejidos afectadas por el fuego no deberían ser tenidas en cuenta para la perfilación del ADN. Se destaca que el hollín no afecta a esta tarea de obtención del perfil genético. En los casos de cuerpos quemados profundamente, las muestras de huesos o dientes serían las adecuadas para obtener el ADN de la víctima.

Por último, los perfiles STR obtenidos con la RT-PCR fueron efectivos para aislar el ADN de alta calidad. Hoy en día, el uso del ADN para identificar a la víctima a partir de restos humanos y después de un fuego accidental o deliberado, incendios forestales o desastres naturales se ha convertido en la técnica estándar. Investigar cada vez más sobre cómo se pueden mejorar estas técnicas para poder abarcar todas las tipologías de casos es clave.

Si quieres conocer más sobre otras técnicas de investigación criminal no te pierdas nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica.

Patrones de abuso y niveles postmortem de gabapentina. Club de Ciencias Forenses

gabapentina Patrones de abuso y niveles postmortem de gabapentina. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Gabapentin – related Deaths: Patterns of Abuse and Postmortem levels” de Thrap, Hobron y Wright; en él nos hablan sobre los patrones que siguen las muertes relacionadas con la Gabapentina.

La Gabapentina (ácido 1- (aminometil)ciclohexanoacético) es un análogo a GABA, es un medicamento para tratar el control de las convulsiones y la posterapéutica, también es útil para el dolor crónico y la neuropatía periférica general. Su uso fue aprobado por la FDA en 1993. En los últimos años se uso ha aumentado, entre 2011 y 2015 en EE.UU. se pasó de los 33 millones de recetas a los 57 millones. Como efectos secundarios de su uso terapéutico destacan mareos, somnolencia, fatiga, ataxia y edema periférico. Hay pocos casos en la literatura preexistente sobre sobredosis fatales, en la mayoría la concentración en sangre era superior a 37 mg. En la mayoría de los casos el paciente sobrevivió con los cuidados de apoyo, y presentaron coma, hipotensión, depresión respiratoria, somnolencia y dificultad para hablar.

La sobredosis de opioides recetados ha sido la causa de muerte en 471 casos en Virginia. El número de muertes por Gabapentina ha aumentado en los últimos años, así como su abuso en el entorno clínico. En el año 2017 la Junta de Medicina incluyó la Gabapentina en su lista de medicamentos regulados para monitorear su prescripción.

El presente estudio es una revisión retrospectiva de los casos de muerte por Gabapentina para poder tener una mayor comprensión de sus efectos terapéuticos al igual que potencialmente tóxicos o letales. Se incluyeron 104 casos ocurridos entre 2014 y 2017 en el distrito Occidental de Virginia. La limitación temporal es que antes de ese año la prueba para la Gabapentina solo se podía realizar en laboratorios externos y era relativamente extraño que se pidiese. Las pruebas toxicológicas que se hacen en la actualidad relacionadas con drogas incluyen opiáceos (oxicodona, oximorfona, hidromorfona, hidrocodona, morfina y buprenorfina), cocaína / benzoilecgonina, metanfetamina/MDMA, anfetamina /fentermina, benzodiazepinas, barbitúricos, fenciclidina, carisoprodol/meprobamato, tramadol, fentanilo, metadona, zolpidem, difenhidramina /ciclobenzaprina, dextrometorfano y amitriptilina /nortriptilina; así como un test de alcoholemia.

Para cada caso se revisó edad, sexo, historial médico, concentraciones en sangre y en humor vítreo de Gabapentina, y de cualquier otra sustancia detectada. Además, un patólogo determinó si la Gabapentina tenía relación con la causa de la muerte o no. También, se examinaron 53 casos en los que el conductor de un accidente no letal dio positivo a la Gabapentina.  Se tomaron como muestra, en el caso de los cadáveres dos viales de sangre con preferencia de los vasos femorales o de los vasos ilíacos, subclavios o del corazón, también se recogió un vial de orina si estaba presente, así como un vial del humor vítreo. En el caso de las personas vivas se les recogió dos viales de sangre del brazo. Todas las muestras se conservaron a 4ºC hasta su análisis. Las muestras fueron analizadas en un cromatógrafo de líquidos conectado a un espectrómetro de masas.

Se realizaron tres análisis: el primero de ellos era para determinar las concentraciones en sangre de Gabapentina entre las muertes y así poder distinguir entre aquellas donde el fármaco causó la muerte, donde contribuyó y en las que no tuvo un papel relevante. También se examinó las muestras de los conductores. El segundo análisis se encargó de determinar la cantidad en sangre en todos los muertos y comprobar las diferencias dependiendo del tipo de muerte (accidental, natural o suicidio). El último análisis se hizo para establecer la relación de la concentración en sangre con la concentración en el humor vítreo.

De los 104 casos mortales donde estaba implicada la Gabapentina, 65 fueron mujeres y 39 hombres. De ellos 72 casos estaban relacionados con la droga, 12 eran suicidios, 19 muertes naturales y 1 homicidio. En 49 de los casos la Gabapentina fue causa directa de la muerte y en otros 11 casos contribuyó su toxicidad a la muerte. En 51 casos fue accidental la muerte, solo 9 casos se utilizó como objeto de suicidarse. En 44 casos no tuvo un papel determinante, 21 fueron intoxicaciones por medicamentos. De los 53 casos de accidentes, solo 47 de ellos se tenía notas sobre el sexo y la edad de los infractores, siendo 27 hombres y 20 mujeres con una edad media de 45 años. En 48 casos se detectó otras drogas adicionales, siendo la más común (26 casos) las benzodiazepinas.

En relación con los niveles que se detectaron como causante directo de la muerte se sitúa la concentración entre 1,1 y 59,2 mg/L, estando la media en 24,8 mg/L. Para el grupo que no se consideró relevante para la muerte los niveles estaban entre 1,0 y 23,0 mg/L, siendo la media de 10,6 mg/L. En el grupo de conductores los niveles eran de 1,5 a 31,0 mg/L, estando la media en 11,0 mg/L.

El análisis 2 destacó unos niveles de Gabapentina mayores (22,0) en los casos de accidentes que en los casos de muerte natural (9,9), aunque los suicidios fueron los que los presentaron más altos, alcanzando los 27,8.  En 38 de 49 casos donde la Gabapentina fue la causa de la muerte se detectó también la presencia de al menos un opioide más. En 9 de los 11 casos donde estuvo relacionada pero no fue la causa directa también se detectaron otras drogas. En las muertes naturales sin relación con la Gabapentina solo estuvo presente otras drogas en 9 de 19 casos. En los casos de los conductores en 17 de 49 casos se encontró también rastros de oxicodona, en 10 de 49 de hidrocodona y en 7 de ellos de buprenorfina. También se encontraron trazas de antidepresivos en todas las categorías.

En relación al tercer análisis se determinó que había diferencias de valores, siendo los niveles de Gabapentina en el humor vítreo menores que en sangre, oscilando entre el 21,4% más alto en sangre al 76,2% menor en el humor vítreo. Esto nos dice que el humor vítreo es una prueba que se puede realizar cuando en el contexto forense no haya sangre disponible pero que los resultados saldrán con una concentración menor.

Este estudio deja claro que la Gabapentina debería incluirse dentro de las pruebas habituales de tóxicos en las muertes y no esperar a una petición expresa del investigador del caso ya que en los últimos años ha aumentado sus prescripciones.

 

Antiguas entradas