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Categoría: Perfiles criminales (página 1 de 8)

Pedofilia adquirida y del desarrollo, ¿cómo se diferencian? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling acquired pedophilic behavior: Retrospective analysis of 66 Italian forensic cases of pedophilia” de Camperio, A. S.; Scarpazza, C.; Covelli, V. y Battaglia, U. (2019), en el cual se distingue entre la pedofilia adquirida y del desarrollo a través de la elaboración de perfiles forenses de criminalidad.

Actualmente, se sabe que los trastornos neurológicos se asocian comúnmente con síntomas psiquiátricos. No obstante, es más difícil aceptar que una serie de trastornos neurológicos, debido a su presentación predominantemente conductual y a veces extraña, en ocasiones se diagnostican erróneamente como psiquiátricos. La pedofilia adquirida podría ser uno de ellos. El primer caso de pedofilia adquirida registrado se remonta a 1862, cuando se acusó a un hombre de 78 años sin antecedentes criminales de abuso infantil. Este hombre tenía afectadas muchas funciones cognitivas.

Sin embargo, hasta ahora, los consultores forenses que trabajan en abusos sexuales infantiles todavía carecen de maneras fiables de identificar a delincuentes cuyo comportamiento pedófilo -probablemente- sea de origen adquirido y no del desarrollo. Una identificación correcta es imprescindible para seleccionar la terapia y/o el castigo más adecuados. El comportamiento pedófilo adquirido se diferencia del trastorno pedófilo del desarrollo en muchos aspectos: etiología, aspectos neurológicos, posibles terapias, modus operandi y consecuencias legales.

La pedofilia adquirida se refiere a impulsos sexuales hacia niños que surgen más adelante en la vida. Surge como consecuencia de una condición neurológica y con una etiología clara. En consecuencia, se causa una “fractura conductual” en la conducta manifestada antes y después del desarrollo de la enfermedad cerebral. Tampoco se asocia con otros trastornos psiquiátricos ni influencias psicológicas o genéticas.

En contraposición, en la pedofilia del desarrollo el interés pedófilo es más estable a lo largo de la vida, comúnmente surgiendo en la adolescencia. Asimismo, suele combinarse con trastornos mentales como el de personalidad. La etiología, a su vez, se ubica en un origen multifactorial y complejo. Se refiere a influencias genéticas, momentos vitales estresantes, aspectos neuroquímicos, exposición a la testosterona… Además de a factores psicológicos.

Por lo tanto, mientras que la pedofilia del desarrollo se clasifica dentro de los trastornos psiquiátricos, la pedofilia adquirida tiene un claro origen neurológico.

La base neuronal de ambas también es diferente. La pedofilia del desarrollo se caracteriza por alteraciones funcionales cerebrales o estructurales sutiles, sin anomalías neuroanatómicas evidentes. Es más fácil de estudiar a nivel grupal. Contrariamente, las alteraciones evidentes estructurales del cerebro que surgen más adelante en la vida son fundamentales para diagnosticar la conducta pedófila adquirida. En este caso, se pueden identificar dichas alteraciones más fácilmente a nivel individual.

Con respecto a las posibles terapias, la pedofilia del desarrollo no ha logrado ser tratada con éxito si el pedófilo no tiene voluntad de compromiso. En contraposición, la pedofilia adquirida se puede abordar tratando la afección médica subyacente. Sin embargo, el tratamiento exitoso no siempre se da, ya que en ocasiones la pedofilia adquirida surge como síntoma de trastornos neurodegenerativos.

El modus operandi se diferencia en que los pedófilos del desarrollo buscan víctimas activamente, son planificadores y niegan más su conducta si se les pilla. Los pedófilos adquiridos, en cambio, no planean tanto sus agresiones y son menos depredadores. Finalmente, las consecuencias legales para los pedófilos del desarrollo (los depredadores sexuales) son mucho más severas, mientras que para los otros el castigo legal puede no ser la solución más efectiva.

Así las cosas, los autores del artículo revisaron 66 casos jurídicos de conducta pedófila ocurridos en Italia entre 2005 y 2015. Estos involucraban un abuso sexual contra al menos una víctima de 13 años o menor, según la definición más restrictiva de pedofilia. El objetivo era identificar perfiles conductuales mensurables que ayuden a los profesionales a distinguir entre ambos tipos de pedofilia. Los resultados fueron los siguientes.

Parece indicarse que las personas cuyas parafilias surgieron a raíz de trastornos neurológicos se comportan de forma distinta a quienes tenían pedofilia del desarrollo. Así, se pudo establecer el perfil de individuos con pedofilia adquirida con información derivada de pruebas médicas, la historia de los agresores y modus operandi.

Particularmente, se observaron 6 características específicas: ausencia de enmascaramiento, de premeditación, de antecedentes penales sexuales, confesiones espontáneas, sentimientos de culpa y ser mayor de 50 años. Las más significativas eran la ausencia de enmascaramiento, las confesiones de culpa y la edad. Finalmente, el análisis de correlación destaca que las diferentes características o señales de alerta están fuertemente correlacionadas con estas tres principales.

Asimismo, se detectaron dos grupos de individuos dentro de este perfil. Por un lado, aquellos agresores en los que se detectaron cuatro o más características; por otro lado, aquellos con tres o menos características del perfil. Los resultados parecen indicar que los casos de conducta pedófila adquirida representan una proporción pequeña, aunque representativa, de los agresores sexuales de niños.

Dos de las seis características son indicativas de la naturaleza adquirida de los intereses sexuales alterados: la edad avanzada y la ausencia de delito sexual previo. Otras dos reflejan el descontrol impulsivo: ausencia de premeditación y de tentativas para enmascarar la conducta delictiva.

Finalmente, la culpa y las confesiones espontáneas, aunque relacionadas entre sí, podrían explicarse por juicios morales limitados. También puede deberse a que, si algunos agresores son incapaces de distinguir lo moral o correcto, confiesen sus crímenes fácilmente, en los que no ven nada malo.

Es importante subrayar que la presencia de estas características no puede conducir a un diagnóstico clínico de pedofilia adquirida. Más bien, debería impulsar una rápida evaluación neurocientífica. En cualquier caso, estos hallazgos sirven para mejorar la comprensión de la pedofilia y tener una mayor efectividad del sistema de justicia, no para excusar la pedofilia.

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Homicidio sexual: un análisis criminológico. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Sexual Homicide: a Criminological Perspective” de Chopin, J. y Beauregard, E. (2019), en el cual se analiza desde una perspectiva criminológica el homicidio sexual.

Los homicidios sexuales son un delito complejo que representan una pequeña proporción de los crímenes violentos. Sin embargo, al ser uno de los más violentos, los medios de comunicación les dan mucha atención. Esto provoca que en las comunidades el miedo se incremente entre la gente. De hecho, a pesar de ser inusuales, los homicidios sexuales suelen requerir bastante tiempo de investigación y costes.

Tradicionalmente, el homicidio sexual se ha definido como el asesinato intencional de una persona cuando existe un elemento sexual en el asesinato. No obstante, para otros investigadores, la actividad sexual no es necesaria. Esto se debe a que el acto de matar en sí mismo puede considerarse la fuente de gratificación sexual.

La mayoría de los estudios utilizan la definición proporcionada por el FBI, debiendo existir al menos uno de los siguientes elementos: vestimenta o falta de vestimenta de la víctima; exposición de las partes sexuales del cuerpo de la víctima; posicionamiento sexual del cuerpo; inserción de objetos extraños en las cavidades de la víctima; evidencia de relaciones sexuales (oral, anal o vaginal); y evidencia de actividad sexual sustitutiva, interés o fantasía sádica.

En estudios comparativos recientes a nivel internacional, se apreciaron diferencias entre la forma de cometer el delito, víctimas y agresores de países de distintos continentes (Canadá, Francia, Escocia y Corea, concretamente). Las conclusiones parecían apuntar a que, al menos en Francia y Canadá, los agresores presentaban más similitudes que diferencias. Aún así, estas últimas también se aprecian.

También se ha tratado de comparar al asesino sexual con otro tipo de criminales violentos. El objetivo de esto era tratar de determinar si se trata de un perfil específico de agresor.

Así pues, se ha comparado a los homicidas sexuales con homicidas sin componente sexual y con delincuentes sexuales que no cometen homicidios. Los resultados fueron diversos. Por un lado, comparándolos con los delincuentes sexuales, los homicidas sexuales suelen alegar más problemas de soledad y de ira. Los agresores de ambos grupos presentaban desórdenes mentales, antecedentes penales por crímenes violentos y/o sexuales, una estructura familiar disfuncional y fueron víctimas de delitos sexuales.

Sin embargo, los delincuentes sexuales no homicidas eran más proclives a realizar la penetración vaginal y humillar a la víctima. No obstante, también puede distinguirse entre estos delincuentes sexuales violentos y no violentos. Estos últimos suelen estar más especializados en lo que es exclusivamente el delito sexual. Los violentos tienen más antecedentes penales. Del mismo modo, son más versátiles en la forma de cometer el delito, al igual que los homicidas sexuales.

Por su parte, los homicidas sexuales suelen caracterizarse por abusos y una variedad de conductas problemáticas y/o trastornos. Entre estos últimos, es más probable que tengan trastornos esquizoides y limítrofes de la personalidad. También que opten por seleccionar una víctima, usar un arma y consumir drogas y alcohol antes de cometer delitos. Contrariamente, parecen menos proclives a obligar a sus víctimas a participar en actos sexuales o humillarlas, así como a tener una personalidad dependiente o antisocial.

En comparación a los homicidas y los delincuentes sexuales violentos, los homicidas sexuales tienden más a exhibir un comportamiento parafílico, tener una percepción negativa de sí mismos y su entorno, tener una colección sexual que involucre a niños, reportar disfunciones sexuales y utilizar sustancias psicoactivas. En cuanto al comportamiento en la escena del crimen, son más propensos a usar un enfoque de estafa o sorpresa, cometer el crimen en una residencia, golpear a la víctima y usar la asfixia o un arma intencionalmente.

Consecuentemente, puede decirse que el homicida sexual es un perfil criminal concreto. No obstante, los homicidios sexuales pueden explicarse en parte como una escalada de la violencia sexual. Un factor que incrementa el riesgo de que un delito sexual termine en homicidio es el acceso y uso de un arma. Asimismo, la resistencia de la víctima también incrementa este riesgo en casos de homicidio sexual no intencionado. Es decir, cuando el objetivo solo era cometer el delito sexual y no el homicidio.

Aún así, otra parte de este tipo de homicidios es cometido por psicopatologías individuales como el sadismo sexual. Estudios previos ya evidenciaron la relación entre la psicopatología y el sadismo y, asimismo, una elevada violencia. En lo referente al sadismo sexual, existe cierto consenso con respecto a lo que le caracteriza. Esto es, una conducta violenta o denigrante; la reacción de la víctima (miedo, dolor…); y/o el sentimiento de poder y control resultante se esta conducta.

Con respecto al comportamiento espacial de los homicidas sexuales, no suelen recorrer mucha distancia desde donde viven. Esta distancia suele ser mayor cuando las víctimas son adultas.

En cualquier caso, la violencia en los homicidios sexuales puede ser de tres tipos. Inadvertida, por falta de atención; indiscriminada, usada cuando se considera necesaria; e intencional, por ejemplo, para evitar ser identificado. Sin embargo ¿qué hay de los homicidas sexuales de víctimas concretas (niños y la tercera edad)?

Otros estudios previos señalaron que los homicidas sexuales de niños parecen tener más trastornos o desórdenes mentales. También tienen una mayor excitación sexual desviada por parafilias como la pedofilia. Asimismo, poseen más probabilidades de planear el crimen, esconder el cuerpo, establecer contacto previo con su víctima y utilizar la pornografía antes del delito.

En contraposición, son menos proclives a reportar drogodependencias o abuso del alcohol, disfunciones sexuales o una personalidad narcisista. De hecho, se han llegado a identificar perfiles concretos de homicidas sexuales de niños y adolescentes, según la edad de la víctima y el tipo de violencia usada. Con respecto a víctimas de edad avanzada, los escasos estudios identificaron que los agresores suelen ser mucho más jóvenes, matarlas en su residencia y ensañarse con ellas.

Así las cosas, el estudio de los homicidios y homicidas sexuales ha evolucionado a un enfoque más basado en datos. Este cambio de tendencia de la tradición clínica lo marcaron los estudios empíricos del FBI, si bien no eran representativos. No obstante, cada vez más se estudian muestras lo suficientemente grandes como para generalizar los hallazgos de los nuevos estudios.

Por ello, las investigaciones futuras deberían seguir ahondando en los distintos perfiles concretos de homicidas sexuales. Del mismo modo, deberían tenerse en cuenta los tipos específicos de víctimas para su investigación, especialmente si son víctimas vulnerables.

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Índices de psicopatía, ¿mayores en poblaciones reclusas? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Are Prisoners More Psychopathic than Non- forensic PopulationsProfiling Psychopathic Traits among PrisonersCommunity AdultsUniversity Students, and Adolescents” de Boduszek, D.; Debowska, A.; Sherretts, N.; Willmott, D.; Boulton, M.; Kielkiewicz, K.; Popiolek, K. y Hyland, P. (2019), en el cual se comparan los índices de psicopatía entre población reclusa, adultos, estudiantes universitarios y adolescentes. 

La psicopatía suele considerarse como una de las enfermedades mentales más antiguas de la historia. Sin embargo, no existe mucho consenso sobre las características de este desorden y cómo tratarlo. Siendo más específicos, la inclusión de la conducta criminal / antisocial como un componente fundamental de la psicopatía sigue siendo polémica. 

Hasta la fecha, la herramienta de evaluación más utilizada ha sido la Lista de Verificación de la psicopatía actualizada, componiéndose este trastorno de cuatro conjuntos de rasgos. Estos son: la manipulación interpersonal (engaño, grandiosidad…), el afecto insensible (esto es, falta de empatía o remordimientos), un estilo de vida errático (debido a la impulsividad o irresponsabilidad) y una conducta antisocial (desvío social, comportamiento criminal…). Sin embargo, cuando se ha aplicado este método podría haberse producido una sobreestimación del trastorno en delincuentes, al incluirse como un rasgo la conducta antisocial o criminal. 

Varias fuentes han indicado que el comportamiento antisocial / criminal debe considerarse como una posible consecuencia más que como una parte integral de la psicopatía. Por ello, se ha propuesto también un método alternativo de evaluación no verbal: la Escala de Rasgos de Personalidad Psicopática. Esta se compone de cuatro dimensiones:  

  • La capacidad de respuesta afectiva, por ejemplo: los déficits en reacciones emocionales hacia otras personas. 
  • La capacidad de respuesta cognitiva, esto es: déficits en el compromiso cognitivo con los demás. 
  • La manipulación interpersonal, como un estilo comunicativo engañoso y coercitivo. 
  • El egocentrismocentrarse exclusivamente en los propios intereses y creencias. 

La exclusión de los aspectos conductuales hace que la escala sea adecuada para su uso con una variedad de muestras, incluidas las poblaciones no infractoras y la juventud. Aunque los niños y adolescentes no pueden ser diagnosticados con un trastorno de la personalidad, reconocer ciertos problemas desde el principio y obtener una comprensión más profunda de la estabilidad de los rasgos en las etapas del desarrollo podría servir para diseñar mejores estrategias de intervención, rápidas y eficientes. 

Por otro lado, las diferencias cualitativas y cuantitativas en la expresión de los rasgos psicopáticos pueden explorarse con el uso de técnicas analíticas centradas en la persona, como el análisis de perfiles latentes. Estos permiten revelar variaciones en la intensidad de los rasgos, así como las agrupaciones de los rasgos entre individuos. 

Así pues, ¿cuáles pueden ser los índices reales de psicopatía en la población tanto reclusa como no reclusa? 

Para intentar dar respuesta a esta cuestión, los autores aplicaron la Escala de Rasgos de Personalidad y el análisis de perfiles latentes a cuatro grupos/muestras de participantes en su propio estudio. A saber: 772 reclusos de la cárcel de Pensilvania (EE.UU); 1201 adultos de la comunidad del norte de Inglaterra; 2080 estudiantes universitarios, de dos universidades del norte de Inglaterra; y 472 adolescentes de una escuela secundaria en el norte de Inglaterra. En todos ellos, se incluyeron tanto a hombres como mujeres, siento estas últimas mayoritarias en las muestras de adultos y universitarios. Los datos recabados procedían de entre los años 2015 y 2017 incluidos. 

Los resultados revelaron que los adolescentes eran los que más puntuación obtuvieron en déficits de la capacidad de respuesta afectiva. En la capacidad de respuesta cognitiva fueron los que más puntuación obtuvieron, seguidos de los reclusos. Los universitarios y los adultos obtuvieron más puntos que los presos y adolescentes en la manipulación interpersonal. En términos de egocentrismo, los universitarios mostraron puntajes más altos que los adultos de la comunidad y los reclusos. 

En el caso de los adolescentes, dichos resultados pueden sugerir que esos rasgos, relacionados con la empatía afectiva y cognitiva, se contrarresten y la empatía se desarrolle más en la época adulta. En este sentido, investigaciones anteriores atestiguan diferencias relacionadas con la edad y el desarrollo más tardío de determinadas regiones del cerebro.  

Consecuentemente, parece que algunos de los rasgos centrales de la psicopatía pueden ser maleables. Esto ofrece una vía prometedora para las intervenciones dirigidas a los jóvenes identificados como en riesgo de psicopatía adulta, si bien se requiere de más investigación.  

Además de los resultados referentes a los adolescentes, el estudio proporciona más pruebas de la existencia de grupos de psicopatía cualitativamente diversos 

A grandes rasgos, aunque se detectaron ciertas variaciones en los patrones de puntuación entre las muestras, se identificaron: un grupo de psicopatía baja para todas las muestras, grupos claros de psicopatía alta para los presos y universitarios, y un aumento de los grupos de psicopatía entre los adultos y adolescentes de la comunidad.  

Concretamente, se identificaron grupos de alta psicopatía por igual para los presos y universitariosEstos grupos eran casi idénticos en tamaño, lo que sugiere que el aumento de la psicopatía no es más común entre las poblaciones forenses que entre las no forenses.  

Específicamente, dado que la psicopatía alta se identifica en aproximadamente el 7% de las poblaciones adultas (siendo igual el porcentaje para las muestras del estudio), parece que algunos de esos rasgos pueden aliviarse naturalmente en el proceso de maduración y socialización. Sin embargo, esto sugiere, a su vez, que los reclusos no son más psicopáticos que las poblaciones no penitenciarias. 

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Déficits en las funciones ejecutivas como posibles predictores de la violencia de pareja. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “A systematic review of executive cognitive function intimate partner violent offenders” de Humenik A. M., Grounds Z., K., Mayer H. M. y Dolan S. L. (2020), en el cual se analizan múltiples evidencias relativas a la relación entre las disfunciones cognitivas de las funciones ejecutiva y el comportamiento violento en la pareja.

La violencia de pareja (VP) es un problema de salud pública que afecta a millones de mujeres y hombres, niñas y niños en todo el mundo. Está conectada con múltiples consecuencias negativas: problemas de salud física y psicológica, aumento de costes, victimización y morbilidad.

Este concepto -violencia de pareja- abarca comportamientos desadaptativos como la violencia física, psicológica y sexual, el acoso y el control del comportamiento del otro. Para explicar las causas de la VP se han desarrollado diversas teorías que atienden a factores socio-culturales, contextuales, de personalidad, entre otros. Aunque hayan recibido cierto apoyo empírico, fallan en explicar las probables contribuciones de algunas variables biológicas.

En este sentido, existen evidencias de la relación entre las disfunciones neuropsicológicas y la agresión. Más específicamente, se habla de disfunciones de las funciones cognitivas ejecutivas (FEs) que facilitan las conductas de agresión.

En cualquier caso, la VP y la agresión en general son dos constructos que difieren en cuanto a rasgos de personalidad implicados, comportamientos antisociales y presencia de psicopatologías. Ello implica que, si las disfunciones de las FEs están asociadas a la agresión, no necesariamente serán de gran importancia en la violencia de pareja. La VP es un proceso complejo, que va más allá de las conductas de agresión per se.

Por ello, se necesita evaluar de manera específica las conexiones entre la violencia de pareja y las FEs. Los autores de este estudio recopilan los hallazgos en cuanto a estas conexiones, atendiendo a las funciones cognitivas de alto nivel o ejecutivas que ya han mostrado importancia en los comportamientos de agresión.

Estas FEs son: la memoria de trabajo (MT), la flexibilidad cognitiva, la inhibición (control inhibitorio), la fluencia y la toma de decisiones. Todas están mediadas por el proceso de atención y tienen un papel importante en el control y la regulación de procesos implicados en las intenciones, planificación y desarrollo de las conductas necesarias para conseguir una meta. En general, las disfunciones en el funcionamiento de las FEs están asociadas a dificultades académicas, profesionales e interpersonales.

Los estudios sobre agresión y FEs indican que los sujetos que presentan mayores niveles de impulsividad, desinhibición e inflexibilidad cognitiva también muestran conductas agresivas más violentas y con mayor frecuencia. También hay evidencias de que los déficits en las FEs de mayor gravedad están asociados a tipos específicos de comportamientos antisociales.

Los estudios sobre violencia de pareja y su relación con el funcionamiento de las FEs muestran resultados mixtos que vamos a describir a continuación. Estos hallazgos provienen de 22 estudios que incluyen mediciones de FEs y cuyas muestras de estudio se componen de sujetos mayores de edad y que hayan llevado a cabo conductas de violencia de pareja.

La flexibilidad cognitiva es la habilidad de pensar sobre algo de múltiples maneras e incluye el concepto de cambio mental (de creencias, punto de vista, etc.). En general, es una de las funciones más estudiadas en relación a la agresión.

De los estudios analizados, 20 muestran relaciones entre déficits en flexibilidad cognitiva y la violencia de pareja. La relación se explicaría por la puesta en práctica de estrategia inefectivas de resolución de problemas. Por ello, cada vez que el sujeto violento se encuentra con una situación de pareja que considera como un problema, aplica estrategia de resolución basadas en la agresividad y la violencia.

Aunque los grupos control varían de estudio a estudio, generalmente los maltratadores registran mayor cantidad de errores en las tareas de flexibilidad cognitiva y responden más lentamente. Comprados con grupos de sujetos no violentos, los sujetos maltratadores fallan más. En cambio, en otros estudios son los que más fallan en las tareas de flexibilidad cognitiva pero no más que los agresores sexuales.

La memoria de trabajo es la habilidad de almacenar y manipular información en la consciencia por un corto periodo de tiempo.  Es clave en la regulación del procesamiento de la información social, de la atención y de las conductas orientadas a metas.

Los déficits de la MT se han asociado con una interpretación errónea de las señales sociales. Esta interpretación errónea es un factor de riesgo para las agresiones, tanto en niños/as como en adultos. Más específicamente, los sujetos implicados en conductas violentas suelen mostrar un peor rendimiento en tareas de memoria de trabajo espacial que los sujetos no violentos.

En cuanto a los maltratadores, hay resultados mixtos debido a la diversidad de metodología y medidas que utilizan. Por ejemplo, en un estudio se comparan sujetos condenados por VP con dependencia de alcohol (VP+), sujetos no condenados por VP con la misma dependencia (VP-) y sujetos fumadores como grupo control. En la tarea de recuperación de dígitos contando hacia atrás, el grupo VP+ ha mostrado el peor rendimiento.

En otro estudio se ha comparado el rendimiento de sujetos maltratadores con y sin historial de otras conductas violentas y un grupo control sin condenas. En una tarea de span de memoria para dígitos, ambos grupos de sujetos maltratadores han mostrado peores resultados que el grupo control. Además, el grupo de maltratadores con historial de otras conductas violentas exhibió el peor rendimiento.

 Resultados como estos indican la presencia de patrones de déficits de la MT diferenciales entre aquellos que cometen VP y aquellos que cometen conductas violentas de manera más generalizada. Aun así, los resultados difieren en función de la tarea requerida y, a veces, se observan diferencias no significativas o bien significativa, pero de tamaño de efecto pequeño.

El control inhibitorio es la habilidad de controlar y autorregular la atención y los impulsos propios. En pacientes forenses, los problemas de la capacidad de inhibición son el predictor más fuerte del comportamiento agresivo. Asimismo, la desinhibición está muy relacionada con la impulsividad y muchas veces se solapan. La impulsividad tiene alta relevancia en este contexto, siendo una característica repetidamente asociada a las conductas de agresión.

Los sujetos que maltratan a sus parejas exhiben mucha más desinhibición que sujetos que no cometen este tipo de conductas. La desinhibición se encuentra asociada a niveles más altos de agresión tanto mutuamente en pareja, como de maltrato de marido a mujer y de maltrato de marido a mujer con violencia grave.

Los sujetos maltratadores dan respuestas más rápidas en tareas de Stroop emocional con palabras agresivas. Aquellos que también tienen un historial de otras conductas violentas muestran un tiempo de reacción aún mayor.

Ello sugiere dificultades para inhibir los estímulos emocionales distractores. Estas dificultades llevan a déficits de resolución de problemas en situaciones cargadas emocionalmente (como los conflictos) y, consecuentemente, se desarrollan respuestas agresivas. Los estudios que no encuentran diferencias significativas destacan por tener muestras de estudio muy pequeñas, lo que no permite sacar conclusiones fiables.

La fluidez es la habilidad de producir información verbal o no verbal durante un periodo de tiempo determinado sin repetir las respuestas.  Muy pocos estudios analizan la fluidez verbal en relación a las conductas violentas. En general, los resultados indican que no hay diferencias significativas en la fluidez verbal entre sujetos molturadores y no maltratadores.

Por último, la toma de decisiones es la habilidad cognitiva de hacer una elección lógica de varias opciones. Los déficits en toma de decisiones han mostrado asociaciones con el comportamiento violento numerosas veces. Además, los comportamientos de riesgo y de agresiones impulsivas parecen compartir déficits en la zona orbitofrontal del cerebro, con un papel clave en la toma de decisiones.

En algunos estudios se han observado importantes déficits en la toma de decisiones de sujetos que cometen violencia de pareja. Dedican menos tiempo al proceso deliberativo, muestran una peor calidad de decisión, se arriesgan más y presentan mayor aversión a posponer las conductas. En cualquier caso, hay resultados mixtos. Por ejemplo, algunos estudios sugieren un mejor rendimiento de estos sujetos comparado con los que cometen otro tipo de conductas violentas. Otros sugieren que no hay déficit alguno en la toma de decisiones.

Cada vez más estudios consideran los daños cerebrales traumáticos y el abuso de sustancias como factores que influyen en el funcionamiento neuropsicológico. Estos factores también afectarían a las funciones ejecutivas y estarían relacionados con las conductas de violencia de pareja.

Tanto los comportamientos de agresión como de consumo de drogas se han asociado a dificultades para considerar a priori las consecuencias de una conducta, así como dificultades para la inhibición conductual. El uso de drogas como, por ejemplo, el alcohol, puede incrementar la gravedad de las agresiones. El alcohol y otras drogas limitan la capacidad de autorregulación del comportamiento y de procesamiento de las señales sociales. Por ello, sería similar a lo mencionado en los déficits de memoria de trabajo.

En cuanto al daño cerebral de origen traumático, destacar que muchos sujetos con conductas violentas también tienen historial de alguna lesión en la cabeza (p. ej. golpes por accidente). La prevalencia de este tipo de daño cerebral es alta en la población de sujetos maltratadores y posiblemente mayor que en la población general.

En conclusión, puede haber múltiples fuentes de déficit en las funciones ejecutivas. Estos déficits no se pueden pasar por alto en las conductas violentas porque, generalmente, hay evidencias de su importancia. Ello no implica justificar las conductas violentas por causas biológicas, ni descartar el papel de otro tipo de factores como contextuales, socio-económicos, culturales u otros. Mejor conocimiento sobre qué impacta, influye o provoca las conductas violentas, mayores posibilidades de desarrollo de estrategias eficaces de prevención y tratamiento.

 

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La Triada Oscura y las conductas de fraude. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The effect of the dark triad on unethical behavior” de Harrison A., Summers J. y Mennecke B. (2016), en el cual se analiza el papel de los rasgos de personalidad de la Triada Oscura en las conductas de fraude.

El fraude en la era digital implica comportamientos bastante diferentes de lo que los investigadores del fraude están acostumbrados. No obstante, es probable que detrás de las conductas de fraude estén los mismos perfiles psicológicos que en el fraude no digital. Es decir, los hallazgos previos en cuanto a estos perfiles pueden seguir siendo válidos. El cambio de comportamiento puede ser simplemente la adaptación al nuevo entorno: lo digital.

Las conductas no éticas se definen como actos que provocan daño ajeno y que son ilegales o inaceptables moralmente para la comunidad extensa. Las investigaciones sobre el fraude han sacado a la luz importantes factores psicológicos que afectan a la propensión de llevar a cabo conductas no éticas. No obstante, que afecten no equivale a que sean causas de las conductas fraudulentas. Cuáles son las causas de tales conductas sigue siendo una pregunta sin responder.

Algunos factores personales han sido considerados ampliamente como factores predisponentes de ciertas conductas. Algunos serían: nivel educativo, estatus socio-económico o rasgos de personalidad. Estos últimos son los que reciben atención en el estudio citado. ¿Cómo influyen ciertos rasgos de personalidad en las conductas de fraude? E incluso ¿cómo influyen estos rasgos en el proceso de toma de decisiones?

Los rasgos de personalidad de interés en la conducta fraudulenta son aquellos que conforman la conocida triada oscura. Estos tienen un papel destacable en varias conductas antisociales y el fraude es una de ellas. Hablamos de psicopatía, narcicismo y maquiavelismo. Cuando se presentan de manera combinada, suelen considerarse como predictivos de actitudes y comportamientos egoístas, manipulativos e insensibles.

Estos rasgos influyen en conductas no ética, pero se desconoce si, por ejemplo, afectan a la toma de decisiones. Saberlo es importante porque para llevar a cabo cualquier conducta, primero se toma la decisión de hacerlo. Las decisiones pueden ser más o menos conscientes, pero el proceso de toma de decisiones siempre está presente.

En cuanto al fraude, las conductas relacionadas se analizan desde una perspectiva interaccionista. Es decir, los individuos que deciden cometer fraude responden a una serie de factores que interaccionan entre sí. Hay motivación para cometer un fraude o engañar. Se da la oportunidad de engañar a otro individuo y aprovecharse de él. Por último, hay habilidad de racionalizar los actos no éticos desde un código ético propio, no compartido.

Por ejemplo, imagínate que vas a una entrevista de trabajo. Para aumentar las probabilidades de conseguir el puesto (motivación), puedes mentir sobre tu historia laboral. Sabes, además, que la empresa entrevistadora no suele verificar las credenciales de los aspirantes (oportunidad), porque es una empresa pequeña, con mucha carga de trabajo y necesitan contratar ya. Al decidir mentir en esta entrevista puedes pensar algo así como no creo que sea poco ético, es una mentira de nada; con lo competitivo que está el mercado, me vale la pena mentir, todos mienten en algún momento. ¡Tan grave no es! (racionalización desde un código ético propio).

Este sería un ejemplo de la estructura del llamado triángulo del fraude. Muchas veces también se considera un cuarto elemento: las capacidades del individuo. Una persona evalúa si tiene la capacidad de llevar a cabo exitosamente la conducta fraudulenta. En el ejemplo anterior sería evaluar si tenemos la habilidad de mentir.

Aquel que quiera cometer un fraude debe detectar la oportunidad de hacerlo. La dificultad de asegurar que las identidades digitales son reales y la posibilidad de anonimidad da lugar a oportunidades de engaño y reduce la presión al conformismo con las normas sociales en contra del fraude.

La motivación para cometer un fraude es necesaria en términos de tener como meta obtener una serie de beneficios. No obstante, esa búsqueda de beneficios se presenta más en términos de necesidad de responder a problemas que un individuo experimenta como difíciles de resolver: tener problemas económicos, no encontrar un trabajo, etc.

Racionalizar las conductas de fraude implica que el individuo sigue teniendo actitudes de rechazo hacia tales conductas en la sociedad. Lo que ocurre es que encuentra justificaciones para sus conductas no éticas lo suficientemente convincentes para que distorsione su percepción desde una conducta no ética hacia una conducta justificada. La racionalización es la reconciliación de intenciones deshonestas con un código ético personal que habilita al individuo a actuar de manera deshonesta o inmoral en contextos y situaciones específicas.

¿Por qué voy a avisar a la dependienta de la vuelta incorrecta de dinero si no es atenta a su trabajo? (culpar a la víctima). Yo no miento por mentir; pero si no lo hago ahora, se va enfadar y le voy a quitar toda la ilusión que tenía (hacer el bien).

En el contexto digital, los fraudes son mayoritariamente de naturaleza económica. No obstante, también hay motivaciones no monetarias. Por ejemplo, la presión social de conseguir un estatus de éxito, poder e influencia, algo muy típico en el mercado actual. Las prácticas fraudulentas online más comunes son una descripción falsa de los productos/servicios a vender y la no entrega de dichos productos/servicios. Los canales de comunicación más comunes son los correos electrónicos y la paginas web.

Dada la frecuencia de este tipo de fraudes, los autores de la investigación desarrollan un estudio endos fases enfocado en la venta digital de un producto tecnológico. En dicho estudio participan 329 sujetos.

En la fase 1, además de completar un cuestionario con datos demográficos y escalas relativas a sus rasgos de personalidad, los participantes estimaron el valor de 6 tipos de productos de tecnología: smartphones, ordenadores de sobremesa, laptops, tablets, cámaras digitales y DVDs. Lo relevante de estas estimaciones es el valor que se la da a un iPhone que no está en perfecto estado, está usado y tiene arañazos. Por otro lado, los participantes estiman el valor de todos los productos mencionados para evitar que en la fase 2 recuerden el precio estimado en la fase 1.

La fase 2 ocurre una semana más tarde y participan los mismos sujetos. En esta fase, se pide la creación de un anuncio de venta del iPhone, mencionando precio, estado y descripción. Las diferencias entre ambas fases mostrarían la intención de engañar a posibles compradores y si existen relaciones entre dichas intenciones y los rasgos de personalidad de la triada oscura. Por ejemplo, si un sujeto estima en la  fase 1 un precio de 100 euros y de 200 en la fase 2 y, además, informa de que el estado del móvil es nuevo, estaría intentando engañar al futuro comprador.

Lo principal de los resultados es que los rasgos de personalidad asociados a la triada oscura sí influyen en el comportamiento de fraude. Más interesante aún, se observa que diferentes rasgos de la triada oscura afectan a diferentes factores del triángulo del fraude. Es decir, diferentes constructos de la triada oscura facilitan diferentes partes del proceso de la decisión de engañar.

El narcisismo correlaciona positivamente con la motivación de cometer fraudes. No obstante, el narcisismo implica desear aparentar poder y prestigio, pero internamente hay mucha inseguridad. Esto encaja con el hallazgo de los autores en cuanto a alta motivación de cometer fraudes, pero una muy baja percepción de ser capaz de cometerlos.

Las altas puntuaciones en maquiavelismo muestran un importante impacto en la motivación y en la percepción de oportunidad de cometer fraudes. El deseo de control y poder de estos individuos generan alta motivación para engañar a otros. No obstante, aun de percibir oportunidades para engañar, la poca confianza que suelen tener en otros disminuye dicha percepción.

La psicopatía parece jugar un papel central en la decisión de cometer un fraude. En el estudio se ha observado que este constructo, asociado a amoralidad y propensión a actuar impulsivamente, es el que mayor impacto tiene en el proceso de decisión de cometer fraudes. Esto es así por efectos destacables en la racionalización. La racionalización también suele considerarse como uno de los factores más cruciales del triángulo del fraude. Si alguien es capaz de justificar cualquier acto, será difícil que no lo lleve a cabo.

En conclusión, en los comportamientos fraudulentos tienen mayor impacto los rasgos relativos a psicopatía y maquiavelismo y mucho menos los relativos a narcicismo. Un enfoque interaccionista como el de este estudio permite detectar influencias más específicas de diferentes factores, como son, en este caso, los rasgos de personalidad de la triada oscura. Cada comportamiento implica una serie de pasos y casi todos los comportamientos humanos son complejos. Por ello, se necesita un análisis de  los factores que influyen en cada uno de esos pasos, con el fin de desarrollar modelos de prevención e intervención más eficaces.

 

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Vínculos entre el maltrato infantil y las tipologías de asesinos en serie. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “A behaviour sequence analysis of serial killers’ lives: from childhood abuse to methods of murder” de Marono A. J., Reid S., Yaksic E. y Keatley D. A. (2020), en el cual se analizan posibles vínculos entre sufrir abuso infantil y cometer crímenes en serie con la ayuda del Análisis Secuencial de la Conducta.

Un homicidio se define como la acción/conducta de matar a una persona. Es un término que incluye subcategorías tales como: crimen, homicidio múltiple y homicidio involuntario. En el segundo grupo encontramos a los asesinos en serie. El FBI define a los asesinatos en serie como el asesinar a dos o más personas en eventos separados. Es un acto intencional, premeditado y no es un crimen impulsivo o en respuesta a una amenaza percibida.

No hay que confundir a los asesinos seriales con los asesinos en masa ni con los asesinos frenéticos. Los asesinos en masa matan a 4 o más personas durante un solo evento, sin intervalos temporales distintivos entre un asesinato y otro. Los crímenes de un asesino frenético ocurren en dos o más lugares distintos, de manera consecutiva y sin periodos de enfriamiento emocional entre los crímenes.

Los avances en tecnología, así como la creación de amplias bases de datos han permitido el desarrollo de modelos predictivos, por ejemplo, para predecir quién es probable que cometa asesinatos en serie. También se pretende interpretar los patrones de conducta con el fin de predecir reincidencias.

Independientemente del tipo de predicción, para desarrollar tales modelos es necesario entender la cadena de eventos que preceden a los asesinatos. Una forma de hacerlo es clasificando las conductas relacionadas con los crímenes, agrupándolas, por ejemplo, según la forma de aproximarse a las víctimas.

Las primeras clasificaciones eran muy simples: conductas/crímenes organizados y desorganizados. Dada su simplicidad, las tipologías se han desarrollado ampliamente. En cualquier caso, el refinamiento de las tipologías no asegura la existencia de asesinos en serie (u otros tipos) prototípicos.

El profiling es una técnica retrospectiva. Aunque sea muy útil, no está exenta de posibles errores. Y, para poder perfilar de manera más adecuada, se ha sugerido que es importante incluir datos de los historiales de los criminales y/o factores de personalidad. En el historial personal lo que se destaca de gran importancia son los eventos más traumáticos, especialmente aquellos relacionados con la violencia.  El maltrato infantil sería uno de ellos.

La OMS define el maltrato infantil como los abusos y la desatención de menores de 18 años, e incluye todos los tipos de maltrato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otro tipo que causen o puedan causar un daño a la salud, desarrollo o dignidad del niño, o poner en peligro su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder. La exposición a la violencia de pareja también se incluye a veces entre las formas de maltrato infantil.

Muchas investigaciones han sugerido que el perfil de un asesino en serie incluye a menudo haber sufrido maltrato infantil. La relación entre ese daño en la etapa infantil y las conductas criminales se explicarían, por ejemplo, por haber desarrollado habituación y tolerancia al dolor (según el tipo de maltrato recibido).

El maltrato infantil también se ha asociado con problemas de procesamiento cognitivo. Por ejemplo, sesgos de atribución hostiles, accesibilidad de respuestas agresivas, evaluaciones positivas de la agresividad, etc.

En algunos estudios se han mostrado relaciones entre abuso infantil y crímenes basado en gratificación sexual. El 50% de los asesinos en serie analizados han informado haber sufrido de abuso psicológico. Un 36% ha sufrido de maltrato físico en la infancia y un 26% de abuso sexual.

Conocer estas relaciones es de gran utilidad. No obstante, se desconocen las vías secuenciales entre el maltrato infantil y las diferentes tipologías de asesinos en serie. Para ello, los autores proponen aplicar el Análisis Secuencial de la Conducta (ASC).

El ASC es un método cuyo objetivo es entender las relaciones dinámicas entre las progresiones conductuales y las interacciones sociales que tienen lugar a lo largo del tiempo. Con ello se investigan las vinculaciones entre cadenas de comportamiento y eventos. Determina cuánto es de probable (en comparación con el nivel de azar) que un evento sea consecuente a otro antecedente. Por ejemplo, el sujeto X ha sufrido un abuso A; ¿cuánto es de probable que se dé el comportamiento B, C o D?

En este estudio, se analizan dos eventos, aunque el análisis permite la vinculación de tantos eventos/comportamientos como se considere adecuado. El primer evento es el tipo de maltrato infantil sufrido. El segundo evento hace referencia a los crímenes y se tienen en cuenta los tipos de asesinos en serie, así como con el comportamiento en la escena del crimen (características del modus operandi).

Los autores del estudio se enfocan en tres tipos de abuso: físico, psicológico y sexual. La tipología de asesinos en serie que se utiliza es la basada en motivaciones: lujuria, ira, poder y ganancias económicas.

En cuanto a conducta que se dan en el escenario del crimen, se analiza cómo se asesinó a la víctima y qué se hizo posteriormente con el cuerpo. La muestra de análisis se compone de 233 asesinos en serie que han sido víctimas de maltrato infantil. Los crímenes de estos sujetos han ocurrido entre 1850 y 2014.

A modo general, los resultados del estudio muestran que diferentes tipos de maltrato afectan a diferentes tipologías de asesinos y comportamiento criminales.

Haber sufrido de maltrato físico aumenta las probabilidades de mostrar una conducta homicida exagerada. Es decir, de hacer mucho más daño a la víctima del necesario para quitarle la vida. En cualquier caso, los asesinos en serie que más conductas violentas muestran (p. ej. tortura, mutilación, etc.) son aquellos que han sufrido de abusos sexuales y/o maltrato psicológico.

Entre los asesinos en serie que han sufrido de abusos sexuales se observó una tendencia de llevar a cabo el crimen con rapidez. Aunque no se pueda determinar el porqué, una hipótesis es que aquellos que han sufrido de abuso sexual sienten ira y culpabilidad, lo que les hace arremeter y matar con rapidez.

Un crimen con rapidez se ha observado en todos los casos en los que la motivación se basa en el poder. Y en este subgrupo, al igual que entre aquellos que han sufrido abusos sexuales, no se dan conductas homicidas exageradas. Tampoco se observan torturas o mutilaciones a las víctimas.

 La motivación de poder implica obtener placer a través de la sensación de tener control sobre las víctimas. Pero más allá del placer, según evidencias previas, estos asesinos en serie ven el matar como una necesidad. De ahí la rapidez y la falta conductas homicidas que inflijan dolor innecesario.

Aquellos asesinos en serie clasificados como siguiendo unas motivaciones de lujuria (que suelen ser violadores) a menudo han llevado a cabo actividades sexuales postmortem y toturas. La existencia de estas conductas se observa como independiente al tipo de abuso que hayan sufrido en la infancia.

Las explicaciones en este caso se centran en la presencia de parafilias anormales o sadismo sexual. En cualquier caso, parece que la presencia de abuso sexual en sus historiales, sea asilado o junto a otros tipos de maltrato, guarda relación con la presencia de mutilaciones y/o torturas a las víctimas.

De manera opuesta a muchas investigaciones previas, en este estudio no se observan patrones consistentes para la forma de asesinar a las víctimas y la disposición del cuerpo a posteriori, en función de la tipología. Ya existen autores que sugieren que, aunque se puedan clasificar a los asesinos en serie, las tipologías no son mutuamente excluyentes. Haría falta prestar más atención a qué factores influyen a métodos criminales específicos y menos en sus motivaciones individuales.

Cabe destacar que el análisis de los autores tiene el objetivo de mostrar la utilidad del ASC.  Utilizar tan solo dos momentos temporales puede que no sea suficiente para sacar grandes conclusiones, por lo que se necesitan más estudios.

 Asimismo, con este estudio pretenden subrayar la posible importancia de eventos de violencia o de gravedad similar que han ocurrido tempranamente en la vida de los asesinos en serie. El maltrato infantil tiene graves impactos en la vida de las personas, a corto y largo plazo.

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Los perfiles de agresores sexuales y homicidas de personas de la tercera edad. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The unusual victim: understanding the specific crime processes and motivations for elderly sexual homicide” de Chopin J. y Beauregard E. (2019), en el cual se analizan los aspectos diferenciales de los homicidios sexuales con víctimas de la tercera edad, en comparación con los homicidios sexuales que afectan a víctimas jóvenes y adultas.

A pesar de ser un crimen horrible, la investigación de la violencia sexual cuyas víctimas son personas de tercera edad es muy limitada. Las agresiones sexuales y crímenes contra las personas de tercera edad son relativamente raras en comparación con aquellas que afectan a otros grupos de edad.

Aun así, las agresiones sexuales y crímenes con víctimas de tercera edad (VTE) conforman un grupo diferenciado de casos con víctimas adultas y jóvenes (VAJ). Por ello, se deben analizar sus características por separado y, así, poder crear perfiles criminales más precisos.

Investigaciones previas en agresiones sexuales a VTE vs. VAJ

En las agresiones sexuales que afectan a VTE hay mayor violencia física. Esta se observa en las estrategias de aproximación a la víctima y en la agresión per se. Suele haber más golpes violentos y consecuencias más graves a nivel físico.

La mayoría de las agresiones ocurren en el domicilio de la víctima. Esto es congruente con la evidencia de que el domicilio de una víctima suele ser uno de los escenarios más comunes de violación. Las motivaciones del perpetrador en este tipo de agresiones se clasifican en tres dimensiones: basadas en ira, sexuales y oportunistas. Los autores añaden una cuarta posible, que sería la experimental.

Cuanto se trata de ira, esta es una ira típicamente misógina, con humillación sexual y fantasías sádicas. El agresor suele mostrar un alto grado de expresión de la ira y comportamientos antisociales en etapas juvenil y adulta. La aproximación a la víctima suele ser de tipo súbito y agreden a la víctima sin que haya necesariamente penetración.

Cuando se trata de motivaciones sexuales lo que se busca es la gratificación sexual. Estos agresores suelen consumir y poseer mucho material pornográfico y suelen presentar conductas sexuales desviadas.  La ira suele estar ausente, con bajos niveles de violencia física y altos niveles de penetración sexual. Asimismo, después de la agresión, suelen dejar libre a la víctima deliberadamente.

Los agresores sexuales oportunistas de VTE aprovechan situaciones de vulnerabilidad de la víctima. Por ejemplo, cuando no hay nadie que les pueda proteger. Este tipo de agresiones pueden darse a menudo en un contexto de robo. No suele haber penetración sexual, sino besos o caricias sexuales. El escenario suele darse en zonas públicas o exteriores.

También podría existir una cuarta dimensión de la motivación: experimental. Estos agresores sexuales buscarían deliberadamente una experiencia sexual con una víctima vulnerable elegida. Serían agresores de tipo hibrido, cuya experiencia con VTE no estaría muy bien definida.

Investigación actual sobre los homicidios sexuales con VTE

Los autores del estudio analizan diferencias entre 513 casos de homicidios sexuales que implican víctimas entre 16 y 45 años y 56 casos que implican víctimas de 65 años o más. Se excluyen las edades entre 45 y 65 años debido a características que se solapan y, por ello, dificultades para clasificar de manera precisa adultos y personas de tercera edad. Asimismo, los casos con víctimas de menores de 16 años se excluyen debido a que conforman un cluster normalmente bien diferenciado.

Los casos provienen de una base de datos oficial, con casos de Francia y Canadá y abarcan el periodo desde 1984 hasta 2018. Para que un homicidio sea considerado de naturaleza sexual debe tener al menos una de varias características. Por ejemplo, la exposición de partes sexuales del cuerpo de la víctima y/o evidencias de actividad sexual o sustitutos de ella.

Por un lado, se observa que los homicidios sexuales a VTE conforman un grupo diferenciado de los casos con VAJ, al igual que lo observado en las agresiones sexuales.  En la mayoría de los casos el escenario del crimen es el domicilio de la víctima, donde también ocurre la aproximación a ella.

La mayor probabilidad de que los crímenes ocurran en el domicilio se explicarían por las rutinas de las VTE. Suelen desarrollarse en el domicilio, además de las situaciones comunes de soledad, jubilación o enfermedad que provoca la permanencia en casa.

Algo parecido ocurriría en el caso de las víctimas menores, cuyas actividades también se desarrollan mayoritariamente en el hogar. Otra similitud con los casos que implican menores es la mayor cantidad de criminales que son conocidos de la víctima.

Al igual que en las agresiones, los homicidios sexuales a VTE son mucho más violentos que los homicidios sexuales de VAJ. Esto puede deberse a que la mayoría de estos criminales suelen actuar con motivaciones de ira y sadismo, ambas asociadas a altos niveles de violencia.

En cuanto a conductas sexuales per se, no hay muchas diferencias en las conductas normalizadas (p. ej. penetración vaginal). En cambio, si se detecta un alto número de conductas extrañas, como la penetración con objetos o actividad sexual postmortem. La primera se puede considerar como una conducta de tortura o sustituto de actividad sexual debido a disfunción sexual. La segunda es una conducta parafílica, pero también puede darse como resultado de una disfunción sexual.

Aparte de estas diferencias generales, los autores desarrollan una clasificación para los criminales sexuales de VTE según sus motivaciones y mediante el análisis del modus operandi, similar a la descrita para las agresiones sexuales. Se trataría de motivaciones sexuales, de robo, sádicas y experimentales.

Los criminales motivados sexualmente atacan a mujeres y especialmente cuando están durmiendo. En todos los casos se da penetración vaginal y suele haber mucha diversidad de actos sexuales cometidos comparado con otros tipos de agresores. Entre ellas, se da la penetración con objetos extraños en una tercera parte de los casos.

Suelen utilizar métodos ilegales para entrar en el domicilio. Matan a la víctima especialmente porque suelen ser conocidos, pero rara vez llevan a cabo conductas para destruir pruebas. También roban cosas de valor de la víctima, pero impulsivamente más que llevarse souvenirs.

Los motivados por el robo también atacan principalmente a mujeres, en sus domicilios y mientras están durmiendo o llevando a cabo alguna actividad doméstica. Lo más diferencial de estos criminales es que lo principal es el robo, mientras que la agresión sexual y el homicidio son subsecuentes y basadas en la oportunidad. Las agresiones sexuales suelen ser relativas a masturbación y similar. En la agresión y el homicidio se suelen notar aspectos que indican la falta de premeditación.

Los criminales sádicos atacan exclusivamente a mujeres en sitios exteriores y especialmente cuando las víctimas hacen deporte. Suelen ser desconocidos para las víctimas. No buscan actividades sexuales comunes ni suele haber gran diversificación de estas. En cambio, cometen actos sexuales de dominancia, tortura psicológica y/o física, humillación y/o mutilación. Lo que les motiva, por tanto, es el sufrimiento de la víctima y no la naturaleza sexual de sus conductas. Suelen utilizar armas para matar a la víctima y suelen destruir pruebas.

Por último, los criminales experimentales atacan tanto a hombres como a mujeres de la tercera edad, generalmente en sus domicilios. En la mayoría de los casos los criminales son conocidos de las víctimas y es así como se aprovechan para entrar en sus casas. No suelen implicarse en agresiones sexuales típicas.

En cambio, suele haber presencia de actos extraños como la penetración con objetos y actividades sexuales postmortem. En estos casos es donde la hipótesis de disfunción sexual encaja más, así como las fantasías sexuales desviadas. Suelen planear el ataque, reflejándose esto en la ausencia de golpes y muchos de los crímenes se cometen con un arma.

Como conclusión, observamos que analizar los casos de agresión y homicidio con víctimas de la tercera edad como un grupo separado es crucial, dado que se pueden encontrar diferencias destacables con respecto a los casos con VAJ (aunque se requiere mucha más investigación). Estas diferencias serían cruciales cuando se evalúa el riesgo de reincidencia, se desarrollan perfiles criminales e incluso cuando se trata de evaluación y tratamiento.

Aunque este tipo de casos sean menos frecuentes, es importante estudiarlos porque debido al incremento de la población de la tercera edad, dicha frecuencia puede aumentar.

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Características de los agresores sexuales juveniles. Club de Ciencias Forenses

Amigos el Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Differences in psychosexual development among child, peer and mixed juvenile sex offenders” de Lillard C. M., Cooper-Lehki C., Fremouw W. J. y DiSciullo V. A. (2019), en el cual se repasan las diferencias más destacables entre los tipos de agresores sexuales juveniles.

Las agresiones sexuales son crímenes graves con consecuencias graves. Se definen como el comportamiento que incluye cualquier interacción sexual con una persona de cualquier edad, en contra de la voluntad de la víctima, sin su consentimiento, con agresividad, manipulación, explotación o amenazas.

Durante mucho tiempo, la investigación en esta área se ha enfocado en hombre adultos que cometen agresiones sexuales. Recientemente, se han incluido en el estudio los agresores sexuales juveniles. Estos suelen ser adolescentes, con edad menor a los 18 años en el momento que cometieron la agresión.

Se estima que la mitad de los abusos sexuales a menores y el 20% de las agresiones sexuales son cometidas por agresores sexuales juveniles. Inicialmente se ha planteado que los agresores sexuales adultos y juveniles representan una sola población. No obstante, investigaciones recientes refutan esta creencia. Se ha observado que la mayoría de los agresores sexuales juveniles (ASJ) no vuelen a cometer delitos sexuales. Las tasas de reincidencia varían entre el 5 y el 15 %.

Por ejemplo, en un estudio se analizó una muestra de más de 20.000 sujetos que fueron arrestados por un delito cuando tenían entre 12 y 23 años.  Se observó que, de los sujetos con un solo arresto, el 3 % había vuelto a cometer una agresión en etapa adulta. El 12,3 % de los que habían sido arrestados por múltiples agresiones sexuales lo han vuelto a hacer en etapa adulta. El 95,5 % de los agresores sexuales adultos nunca habían sido arrestados por una agresión sexual en etapa juvenil.

Estos datos sugieren que solo una pequeña proporción de los ASJ reinciden en la etapa adulta. Asimismo, los ASJ que sí reinciden de adultos suelen ser los que han cometido múltiples agresiones sexuales cuando eran menores. Con todo ello, se destaca la importancia de separar los ASJ que han cometido múltiples agresiones sexuales de lo que se han cometido una sola agresión sexual.

Los ASJ conforman un grupo heterogéneo. No obstante, existen diversas tipologías. Una de ellas se construye en función del tipo de víctima y habría dos tipos de ASJ. ASJ con víctimas en etapa infantil o ASJ infantiles y ASJ con víctimas iguales (peer, edades parecidas con los ASJ, amigos, etc.) o ASJ de iguales. A partir de esta clasificación, se han hecho diversas comparaciones que vamos a resumir a continuación.

Características de las víctimas. Los ASJ infantiles suele cometer varias agresiones a la misma víctima. En cambio, los ASJ de iguales suelen tener mayor número de víctimas. Ambos tipos suelen atacar a conocidos. No obstante, los ASJ infantiles tienden a atacar más a familiares. Los ASJ que atacan a hermanos/as suelen mostrar una mayor tasa de abuso físico y sexual y cometer crímenes más graves. También es más probable que estos hayan sido diagnosticados con algún trastorno de la conducta.

En cuanto al género de las víctimas, los ASJ de iguales suelen atacar exclusivamente a mujeres. En cambio, los ASJ infantiles no suelen optar por un género u otro exclusivamente, aunque la mayor proporción se compone de victimas masculinas.

Características del agresor. En términos de edad no suele haber diferencias entre ASJ infantiles y de iguales, aunque hay algunos estudios que destacan que los segundos suelen ser mayores que los primeros. La raza se encuentra como no diferencial. No obstante, al igual que en el tema de la edad, algunos estudios encuentran que los ASJ infantiles suelen ser caucásicos y los ASJ de iguales afro-americanos.

En términos psicológicos, los ASJ infantiles suelen experimentar más ansiedad y tener más trastornos relativos al uso de drogas. También suelen tener una autoestima más baja, un rendimiento psicosocial más pobre y mayor probabilidad de sufrir de bullying.

Los ASJ de iguales muestran conductas más agresivas y más externalizantes. Suelen tener un estatus socioeconómico más bajo, una supervisión parental mínima y un historial criminal familiar más largo. También exhiben más conductas de delincuencia, sexo consentido, más amigos de la misma edad y mayor número de victimas desconocidas.

Características de la agresión. Los ASJ de iguales suelen atacar más en sitios públicos. Los ASJ infantiles, en cambio, suelen atacar a sus víctimas en contextos de residencia o casas de acogida. Los dos tipos de ASJ no difieren en cuanto al tipo de arma o las drogas que utilizan durante la agresión.

Desarrollo psicosexual de los agresores sexuales juveniles. Existen pocos datos al respeto. Las diferencias más destacables serían, por ejemplo, que los ASJ de iguales, así como los mixtos (víctimas menores, pero de cualquier edad) suelen informar de más experiencias sexuales consentidas y mayor uso de pornografía que los ASJ infantiles. Los ASJ mixtos también suelen tener más fantasías atípicas. En pruebas falométricas no se observaron diferencias.

Estudio. Como existen tan pocos datos sobre el desarrollo psicosexual de los ASJ, los autores estudian estas diferencias en 74 jóvenes internados en reformatorios, que han cometido alguna agresión sexual. Dos criterios de inclusión en la muestra lo suponen la disponibilidad de una evaluación psicológica y de un perfil obtenido con el Multiphasic Sex Inventory-II (MSI-II).

Congruentemente con resultados de estudios anteriores, los ASJ de iguales de esta muestra han llevado a cabo agresiones con mayor violencia y gravedad. También suelen tener en su historial criminal más condenas por delitos no violentos. En términos específicos de psicosexualidad, las únicas diferencias encontradas se refieren a los ASJ de iguales. Estos parecen tener mayores problemas de disfunción sexual y eréctil que los ASJ infantiles.

Cabe destacar que una subescala de MSI-II relativa a acoso infantil (escala Child Molestation) consigue diferenciar con alta precisión los ASJ infantiles de otros tipos. Es decir, es capaz de predecir el grupo al que pertenece un ASJ, así como el tipo de historial.

Utilizando una clasificación de 3 grupos, ASJ infantiles, de iguales y mixtos, se observan diferencias en cuanto a características de la víctima, agresión, agresor y tratamiento previo relativo a las agresiones. Los ASJ infantiles y de iguales suelen tener víctimas femeninas.

En cambio, los mixtos presentan una mayor heterogeneidad en género de la víctima. En cuanto a relación con la víctima, los datos son similares a lo antes mencionado, sumando que los ASJ mixtos suelen atacar tanto a víctimas conocidas y/o familiares, como desconocidas. Generalmente, los ASJ mixtos presentan patrones amplios, heterogéneos y sin discriminación por género, edad y otras. También estos suelen cometer su primera agresión a edades mucho más tempranas que los ASJ infantiles.

Los ASJ infantiles no suelen tener en su historial algún tipo de tratamiento relativo a las conductas de agresión sexual. Aproximadamente la mitad de los ASJ de iguales y la mayoría de los mixtos sí han recibido tal tratamiento. Entre los ASJ mixtos es común la existencia de varios tratamientos, sin completar y sin adherencia. Los fallos en los tratamientos suelen ser factores de riesgos muy importantes en cuanto a reincidencia y también informan de mayor peligrosidad.

En los estudios que analizaron agresores sexuales adultos mixtos se ha sugerido que estos suelen ser más peligrosos y tienen mayor probabilidad de reincidencia, así como la necesidad de tratamientos más intensivos. También hay posturas que no coinciden con lo anteriormente mencionado y, en cualquier caso, se necesitan más estudios similares con la población de ASJ.

 

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Métodos en el cyberprofiling y el papel del factor humano. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling human roles in cybercrime” de Georgiev V. (2019), en el cual se analizan los métodos deductivo e inductivo y su utilidad en la perfilación cibercriminal, así como las características necesarias de un buen perfilador en el campo.

El mayor uso de tecnologías de la información a nivel de negocios, gobiernos y consumidores viene asociado a consecuencias inevitables. Por un lado, encontramos ventajas, como facilidad y rapidez de las operaciones, sean de la naturaleza que sean, e incluso ventajas competitivas para las empresas.

Por otro lado, encontramos amenazas a la seguridad, explotadas por un grupo de individuos cuyas acciones se clasifican como cibercrimen. En tiempos de bulos constantes, cabe destacar que detrás de ellos también hay muchas actividades cibercriminales como ciberfraudes o spoofing.

En el cibercrimen, a pesar del contexto digital y del papel de la tecnología, el factor humano sigue siendo lo más decisivo. En una actividad de cibercrimen, encontramos a los criminales y a sus víctimas. Pero entre unos y otros, están y deben estarlo los representantes de la ley, que vigilan e investigan, así como investigadores científicos.

La técnica de profiling también tiene utilidad en el cibercrimen. La perfilación criminal es tanto una ciencia como un arte de desarrollar descripciones de las características de los implicados. Puede ser definida como la evaluación psicológica generada a partir de la identidad de un criminal cuya actividad es conocida. Ese perfil incluye una serie de características consideradas típicas del comportamiento del perpetrador de un tipo de crimen especifico.

El perfil criminal puede ser utilizado, entre otras, para reducir el circulo de personas sospechosas de un delito. Asimismo, también puede utilizarse en sentido inverso. Es decir, para evaluar la probabilidad de que un sospechoso particular sea el perpetrador de un delito particular. Aunque la perfilación no sea una evidencia per se, es un buen punto de partida para enfocarse en sospechosos potenciales, así como en conseguir la recogida de evidencias de un crimen.

La perfilación criminal ofrece una idea de las características de los cibercriminales basándose en varios aspectos. Utiliza observaciones de criminales específicos. Tiene en cuenta información de testigos y víctimas del cibercrimen. También utiliza conocimientos de psicología general y criminal. Y, por último, tiene en cuenta los vínculos entre patrones comportamentales de diferentes tipos de cibercrimen.

En la práctica, se utiliza tanto un método inductivo como deductivo. El primero va de lo particular a lo general. De características específicas hacia a la construcción de un perfil o imagen general. empieza con la monitorización y recogida de información en base a la cual se implementa o se desarrolla un modelo, aplicado posteriormente en la práctica.

Se basa en datos estadísticos y benchmarking cuando genera un perfil. La información proviene de investigaciones formales, observaciones comportamentales de criminales conocidos, estudios clínicos, entrevistas con criminales e información disponible en bases de datos. Se obtienen y se tienen en cuenta características encontradas como comunes a un número estadísticamente significativo de criminales.

El método deductivo funciona en el sentido inverso. Empieza con perfiles y supuestos generales de los cuales se extraen características específicas. Se basa en información general y conclusiones específicas sobre características de cibercriminales, en experiencia, conocimiento e intuiciones de aquel que desarrolla el perfil.

A diferencia del método anterior, el éxito de la perfilación depende de la habilidad del perfilador en ponerse en los zapatos del criminal. Requiere pensar de una manera similar para entender sus motivos y predecir sus acciones futuras. Este método nos puede sonar más, dado que es el que más vemos en series y películas criminales.

Al igual que en otros tipos de crimen, hay una serie de mitos o creencias erróneas sobre los cibercriminales. ¿A quién no le viene a la mente un chico joven y genio, con sudadera y/o con pocas habilidades sociales  cuando se habla de un hacker?

En estereotipos que afectan a los cibercriminales encontramos varios. Alto IQ, habilidades informáticas extraordinarias, el género masculino y la edad adolescente. Incluso hay una asociación con la no violencia, porque no actúan en el mundo real, sino en el mundo virtual.

A diferencia del uso de los estereotipos, la perfilación criminal es mucho más compleja. Hay diferencias importantes en el grado de simplificación y estandarización de la imagen o perfil construido. Un perfil criminal se basa en datos recogidos y reales. Un estereotipo implica aplicar conocimiento de hechos específicos y conocidos en la interpretación de otras situaciones o individuos específicos.

Como ya hemos mencionado en otros artículos, la perfilación requiere formación y la experiencia en el campo también influye. Aunque los estereotipos no siempre sean erróneos, en el profiling generan limitaciones a la hora de descubrir todas las opciones posibles. A continuación, vamos a describir qué debe saber un buen investigador de cibercrimen.

Necesita de una combinación de habilidades específicas y generales. Debe ser capaz de monitorizar el contexto y el comportamiento de las personas. Debe captar el menor detalle y el menor cambio en una situación. Esto se resumen en una máxima: mirar no significa necesariamente ver.

También se necesita de una buena memoria, para combinar múltiples pistas y memorizar eventos, fechas, nombres, lugares, etc. Habilidades organizativas que permiten estructura la información de una manera lógica. Así, los patrones comportamentales existentes y sus relaciones se hacen visibles. Objetividad para protegerse de las propias creencias y emociones que interfieren en el análisis de evidencias.

Conocimientos jurídicos, en psicología, victimología, tecnología, así como habilidades de trabajo con documentos para recogida y transferencia de información eficaces. La habilidad de pensar con modelos inherentes a los cibercriminales. Una imaginación constructiva, controlada, creativa y teniendo en cuenta todas las posibilidades cuando se estudian hechos y se formulan conclusiones.

Y como no, curiosidad, paciencia, aguante y deseo de aprender y acumular conocimientos profundos. Aunque se trabaje solo con un tipo de crimen, hacen falta conocimientos más amplios de la perfilación y el mundo del crimen en general.

También hay habilidades más especializadas para el cibercrimen. Serían de esta naturaleza los conocimientos de tecnología informática y sistemas de seguridad, aunque sean básicos. También es importante conocer la cultura de los cibercriminales, p. ej. de los hackers. Es más fácil rastrear y destapar a un hacker cuando se sigue su modelo de pensar, ética, etc.

Volviendo a los métodos de análisis en la perfilación cibercriminal, el autor ha llevado a cabo un análisis comparativo. Para la perfilación cibercriminal el método más apropiado parece ser el deductivo. Esto es así porque hay dificultades para entrar en contacto directo con los cibercriminales. Todo ello, a su vez, dificulta la recogida de información primaria sobre características específicas de diferentes cibercriminales.

Por tanto, hay poco acceso a los especifico para ir hacia lo general, tal como ocurre en el método inductivo. El método deductivo permite determinar una serie de características cibercriminales y crear una imagen genérica.

Para hacer un perfil del rol de la víctima del cibercrimen, ambos métodos son de utilidad. Es posible entrar en contacto directo con las víctimas. Por tanto, con su ayuda se pueden identificar y agrupar sus características específicas. Al mismo tiempo, es posible crear y utilizar un perfil genérico de las víctimas de un tipo específico de cibercrimen. En la detección del cibercrimen y en las investigaciones oficiales también se pueden utilizar ambos métodos, similarmente al caso anterior.

En conclusión, el progiling supone una herramienta de investigación clave en el cibercrimen. El principal reto queda en la acumulación de información relevante y experiencia práctica para asegurar el desarrollo de perfiles adecuados. No obstante, no hay duda alguna que el factor humano en cada pequeña parte de la perfilación cibercriminal (y criminal) es clave e imprescindible.

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Criminal profiling de los asesinos de trabajadores/as sexuales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Sex worker homicide series:profiling the crime scene” de Sorochinski M. y Salfati C. G. (2019), en el cual se exponen aspectos relativos al profiling de criminales con víctimas trabajadoras del sexo.

Contrario a las creencias populares, los criminales con víctimas trabajadoras del sexo exhiben una variabilidad sustancial en la selección de sus víctimas y en sus patrones comportamentales. Por esa razón, hay grandes dificultades para investigar este tipo de crímenes.

La perfilación criminal implica múltiples variables. Una parte del análisis se enfoca en la escena del crimen. Dicha escena ofrece información sobre cómo se comete el crimen, patrones y subtipos comportamentales que se relacionan con diferentes subtipos de escenarios y características criminales.

Hay tres áreas principales que el profiling atiende. Primero, las diferencias individuales de comportamiento criminal, con el fin de establecer subgrupos de criminales y tipos de escenarios. Segundo, la consistencia conductual, clave en el profiling. Sirve para entender el desarrollo de la carrera criminal de un individuo. Asimismo, trata de la consistencia entre varios crímenes cometidos por una misma persona. Tercero, las inferencias sobre características del criminal, que son el núcleo del profiling. El análisis de la consistencia, en este caso, es el enfoque principal.

Las autoras de este estudio recogen datos de diferentes investigaciones y bases de datos. La información que exponemos a continuación se corresponde al análisis de 83 criminales (series de crímenes). El total de las victimas asciende a 519 de 6 países diferentes.

De las 83 series, las victimas de 44 fueron solo trabajadores/as del sexo, la mayoría mujeres, pero también hombres (21 víctimas) y transgénero (2 víctimas). Las 39 series restantes implican también víctimas de otras profesiones. Entre las víctimas se encuentra una mayoría de personas de raza blanca (61%). Todos los criminales de estos casos son hombres, la mayoría blancos (61%). La edad media al cometer el primer crimen es de 32 años.

Algunos factores del escenario del crimen ayudan a determinar diferencias y similitudes entre las escenas del crimen identificadas. Se incluyen aquí acciones que preceden al crimen, como el tipo de víctima seleccionado y la localización. Otras son las acciones durante el crimen, como la actividad sexual y las heridas. También son importante las acciones post crimen, como la transportación del cuerpo de la víctima y su colocación.

La revisión de las autoras muestra que los factores más importantes en el análisis del crimen de personas que trabajan en el área sexual son también aquellos que mayores dificultades presentan para el análisis.

La localización del cuerpo de la víctima es uno de los elementos diferenciadores claves entre los criminales que solo matan victimas trabajadoras del sexo y los que matan también a otros tipos de víctimas. Este aspecto también es útil de manera inversa. La localización del cuerpo determina si se trata de la víctima de un criminal de trabajadores/as sexuales o mixto.

Se ha observado que el cuerpo de las víctimas trabajadoras del sexo se encuentra más a menudo en interiores. Asimismo, las víctimas de un criminal mixto se encuentran más a menudo en exteriores. Los criminales mixtos suelen llevar a cabo más agresiones sexuales que los que asesinan trabajadores/as del sexo. Suelen poner mayor esfuerzo en la conducta de colocación del cuerpo de la víctima. Matan más por estrangulación y con premeditación para tal estrategia.

Los criminales mixtos tratan de manera diferente a las víctimas trabajadoras del sexo y a las que trabajan en otros campos. Estas diferencias también están ligadas a la variable interior vs exterior, pero de manera inversa. Al primer tipo de víctimas las suelen atacar en exteriores y al segundo mayoritariamente en interiores.

Estos datos pueden ser de gran ayuda para las investigaciones. La razón clave es que la decisión sobre el sitio de ataque y sobre dónde dejar el cuerpo de la víctima implican planificación. Los comportamientos que requieren planificación suelen ser los de mayor consistencia.

Como antes hemos mencionado, los criminales mixtos matan más por estrangulación. No obstante, la diferenciación entre víctimas trabajadoras sexuales versus de otros campos muestra cierto cambio en los datos. Las víctimas trabajadoras del sexo tienen mayor probabilidad de ser asesinadas por estrangulación. Las víctimas no trabajadoras del sexo tienen mayor probabilidad de ser atacadas en interiores y de ser dejadas con vida.

A pesar de tales aspectos diferenciales, no se puede hablar de un valor predictivo suficiente. Estos indicadores son insuficientes para determinar con confianza si la víctima pertenece a una serie mixta o de trabajadores/as sexuales.

Los criminales que se incluyen en la serie mixta asesinaron casi dos veces más víctimas que los otros. Este dato es muy importante. Indica que los criminales mixtos son más difíciles de capturar y, por eso, tienen más tiempo en libertad para asesinar. Por tanto, matan más víctimas a lo largo del tiempo.

La razón más probable es la gran heterogeneidad de comportamientos que presentan y, por tanto, mayores dificultades para capturarlos. De hecho, las autoras han observado una importante inconsistencia conductual registrada en los criminales mixtos.

Por ello, puede que sea importante no solo investigar los patrones comportamentales del criminal mixto, sino también las progresiones en los patrones de victimización. Por ejemplo, en qué punto de la serie de crímenes de un sujeto cambia de un tipo de víctima a otra.

Como en todos los análisis basados en el profiling, hay ciertas dificultades y, en el caso de las víctimas trabajadoras sexuales, aún más. No por ello se debe considerar que el profiling no sea suficientemente útil. Como ocurre muy a menudo, hace falta más investigación específica en cada tipo de crimen.

 

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