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Categoría: Perfiles criminales (página 1 de 7)

Métodos en el cyberprofiling y el papel del factor humano. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling human roles in cybercrime” de Georgiev V. (2019), en el cual se analizan los métodos deductivo e inductivo y su utilidad en la perfilación cibercriminal, así como las características necesarias de un buen perfilador en el campo.

El mayor uso de tecnologías de la información a nivel de negocios, gobiernos y consumidores viene asociado a consecuencias inevitables. Por un lado, encontramos ventajas, como facilidad y rapidez de las operaciones, sean de la naturaleza que sean, e incluso ventajas competitivas para las empresas.

Por otro lado, encontramos amenazas a la seguridad, explotadas por un grupo de individuos cuyas acciones se clasifican como cibercrimen. En tiempos de bulos constantes, cabe destacar que detrás de ellos también hay muchas actividades cibercriminales como ciberfraudes o spoofing.

En el cibercrimen, a pesar del contexto digital y del papel de la tecnología, el factor humano sigue siendo lo más decisivo. En una actividad de cibercrimen, encontramos a los criminales y a sus víctimas. Pero entre unos y otros, están y deben estarlo los representantes de la ley, que vigilan e investigan, así como investigadores científicos.

La técnica de profiling también tiene utilidad en el cibercrimen. La perfilación criminal es tanto una ciencia como un arte de desarrollar descripciones de las características de los implicados. Puede ser definida como la evaluación psicológica generada a partir de la identidad de un criminal cuya actividad es conocida. Ese perfil incluye una serie de características consideradas típicas del comportamiento del perpetrador de un tipo de crimen especifico.

El perfil criminal puede ser utilizado, entre otras, para reducir el circulo de personas sospechosas de un delito. Asimismo, también puede utilizarse en sentido inverso. Es decir, para evaluar la probabilidad de que un sospechoso particular sea el perpetrador de un delito particular. Aunque la perfilación no sea una evidencia per se, es un buen punto de partida para enfocarse en sospechosos potenciales, así como en conseguir la recogida de evidencias de un crimen.

La perfilación criminal ofrece una idea de las características de los cibercriminales basándose en varios aspectos. Utiliza observaciones de criminales específicos. Tiene en cuenta información de testigos y víctimas del cibercrimen. También utiliza conocimientos de psicología general y criminal. Y, por último, tiene en cuenta los vínculos entre patrones comportamentales de diferentes tipos de cibercrimen.

En la práctica, se utiliza tanto un método inductivo como deductivo. El primero va de lo particular a lo general. De características específicas hacia a la construcción de un perfil o imagen general. empieza con la monitorización y recogida de información en base a la cual se implementa o se desarrolla un modelo, aplicado posteriormente en la práctica.

Se basa en datos estadísticos y benchmarking cuando genera un perfil. La información proviene de investigaciones formales, observaciones comportamentales de criminales conocidos, estudios clínicos, entrevistas con criminales e información disponible en bases de datos. Se obtienen y se tienen en cuenta características encontradas como comunes a un número estadísticamente significativo de criminales.

El método deductivo funciona en el sentido inverso. Empieza con perfiles y supuestos generales de los cuales se extraen características específicas. Se basa en información general y conclusiones específicas sobre características de cibercriminales, en experiencia, conocimiento e intuiciones de aquel que desarrolla el perfil.

A diferencia del método anterior, el éxito de la perfilación depende de la habilidad del perfilador en ponerse en los zapatos del criminal. Requiere pensar de una manera similar para entender sus motivos y predecir sus acciones futuras. Este método nos puede sonar más, dado que es el que más vemos en series y películas criminales.

Al igual que en otros tipos de crimen, hay una serie de mitos o creencias erróneas sobre los cibercriminales. ¿A quién no le viene a la mente un chico joven y genio, con sudadera y/o con pocas habilidades sociales  cuando se habla de un hacker?

En estereotipos que afectan a los cibercriminales encontramos varios. Alto IQ, habilidades informáticas extraordinarias, el género masculino y la edad adolescente. Incluso hay una asociación con la no violencia, porque no actúan en el mundo real, sino en el mundo virtual.

A diferencia del uso de los estereotipos, la perfilación criminal es mucho más compleja. Hay diferencias importantes en el grado de simplificación y estandarización de la imagen o perfil construido. Un perfil criminal se basa en datos recogidos y reales. Un estereotipo implica aplicar conocimiento de hechos específicos y conocidos en la interpretación de otras situaciones o individuos específicos.

Como ya hemos mencionado en otros artículos, la perfilación requiere formación y la experiencia en el campo también influye. Aunque los estereotipos no siempre sean erróneos, en el profiling generan limitaciones a la hora de descubrir todas las opciones posibles. A continuación, vamos a describir qué debe saber un buen investigador de cibercrimen.

Necesita de una combinación de habilidades específicas y generales. Debe ser capaz de monitorizar el contexto y el comportamiento de las personas. Debe captar el menor detalle y el menor cambio en una situación. Esto se resumen en una máxima: mirar no significa necesariamente ver.

También se necesita de una buena memoria, para combinar múltiples pistas y memorizar eventos, fechas, nombres, lugares, etc. Habilidades organizativas que permiten estructura la información de una manera lógica. Así, los patrones comportamentales existentes y sus relaciones se hacen visibles. Objetividad para protegerse de las propias creencias y emociones que interfieren en el análisis de evidencias.

Conocimientos jurídicos, en psicología, victimología, tecnología, así como habilidades de trabajo con documentos para recogida y transferencia de información eficaces. La habilidad de pensar con modelos inherentes a los cibercriminales. Una imaginación constructiva, controlada, creativa y teniendo en cuenta todas las posibilidades cuando se estudian hechos y se formulan conclusiones.

Y como no, curiosidad, paciencia, aguante y deseo de aprender y acumular conocimientos profundos. Aunque se trabaje solo con un tipo de crimen, hacen falta conocimientos más amplios de la perfilación y el mundo del crimen en general.

También hay habilidades más especializadas para el cibercrimen. Serían de esta naturaleza los conocimientos de tecnología informática y sistemas de seguridad, aunque sean básicos. También es importante conocer la cultura de los cibercriminales, p. ej. de los hackers. Es más fácil rastrear y destapar a un hacker cuando se sigue su modelo de pensar, ética, etc.

Volviendo a los métodos de análisis en la perfilación cibercriminal, el autor ha llevado a cabo un análisis comparativo. Para la perfilación cibercriminal el método más apropiado parece ser el deductivo. Esto es así porque hay dificultades para entrar en contacto directo con los cibercriminales. Todo ello, a su vez, dificulta la recogida de información primaria sobre características específicas de diferentes cibercriminales.

Por tanto, hay poco acceso a los especifico para ir hacia lo general, tal como ocurre en el método inductivo. El método deductivo permite determinar una serie de características cibercriminales y crear una imagen genérica.

Para hacer un perfil del rol de la víctima del cibercrimen, ambos métodos son de utilidad. Es posible entrar en contacto directo con las víctimas. Por tanto, con su ayuda se pueden identificar y agrupar sus características específicas. Al mismo tiempo, es posible crear y utilizar un perfil genérico de las víctimas de un tipo específico de cibercrimen. En la detección del cibercrimen y en las investigaciones oficiales también se pueden utilizar ambos métodos, similarmente al caso anterior.

En conclusión, el progiling supone una herramienta de investigación clave en el cibercrimen. El principal reto queda en la acumulación de información relevante y experiencia práctica para asegurar el desarrollo de perfiles adecuados. No obstante, no hay duda alguna que el factor humano en cada pequeña parte de la perfilación cibercriminal (y criminal) es clave e imprescindible.

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Criminal profiling de los asesinos de trabajadores/as sexuales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Sex worker homicide series:profiling the crime scene” de Sorochinski M. y Salfati C. G. (2019), en el cual se exponen aspectos relativos al profiling de criminales con víctimas trabajadoras del sexo.

Contrario a las creencias populares, los criminales con víctimas trabajadoras del sexo exhiben una variabilidad sustancial en la selección de sus víctimas y en sus patrones comportamentales. Por esa razón, hay grandes dificultades para investigar este tipo de crímenes.

La perfilación criminal implica múltiples variables. Una parte del análisis se enfoca en la escena del crimen. Dicha escena ofrece información sobre cómo se comete el crimen, patrones y subtipos comportamentales que se relacionan con diferentes subtipos de escenarios y características criminales.

Hay tres áreas principales que el profiling atiende. Primero, las diferencias individuales de comportamiento criminal, con el fin de establecer subgrupos de criminales y tipos de escenarios. Segundo, la consistencia conductual, clave en el profiling. Sirve para entender el desarrollo de la carrera criminal de un individuo. Asimismo, trata de la consistencia entre varios crímenes cometidos por una misma persona. Tercero, las inferencias sobre características del criminal, que son el núcleo del profiling. El análisis de la consistencia, en este caso, es el enfoque principal.

Las autoras de este estudio recogen datos de diferentes investigaciones y bases de datos. La información que exponemos a continuación se corresponde al análisis de 83 criminales (series de crímenes). El total de las victimas asciende a 519 de 6 países diferentes.

De las 83 series, las victimas de 44 fueron solo trabajadores/as del sexo, la mayoría mujeres, pero también hombres (21 víctimas) y transgénero (2 víctimas). Las 39 series restantes implican también víctimas de otras profesiones. Entre las víctimas se encuentra una mayoría de personas de raza blanca (61%). Todos los criminales de estos casos son hombres, la mayoría blancos (61%). La edad media al cometer el primer crimen es de 32 años.

Algunos factores del escenario del crimen ayudan a determinar diferencias y similitudes entre las escenas del crimen identificadas. Se incluyen aquí acciones que preceden al crimen, como el tipo de víctima seleccionado y la localización. Otras son las acciones durante el crimen, como la actividad sexual y las heridas. También son importante las acciones post crimen, como la transportación del cuerpo de la víctima y su colocación.

La revisión de las autoras muestra que los factores más importantes en el análisis del crimen de personas que trabajan en el área sexual son también aquellos que mayores dificultades presentan para el análisis.

La localización del cuerpo de la víctima es uno de los elementos diferenciadores claves entre los criminales que solo matan victimas trabajadoras del sexo y los que matan también a otros tipos de víctimas. Este aspecto también es útil de manera inversa. La localización del cuerpo determina si se trata de la víctima de un criminal de trabajadores/as sexuales o mixto.

Se ha observado que el cuerpo de las víctimas trabajadoras del sexo se encuentra más a menudo en interiores. Asimismo, las víctimas de un criminal mixto se encuentran más a menudo en exteriores. Los criminales mixtos suelen llevar a cabo más agresiones sexuales que los que asesinan trabajadores/as del sexo. Suelen poner mayor esfuerzo en la conducta de colocación del cuerpo de la víctima. Matan más por estrangulación y con premeditación para tal estrategia.

Los criminales mixtos tratan de manera diferente a las víctimas trabajadoras del sexo y a las que trabajan en otros campos. Estas diferencias también están ligadas a la variable interior vs exterior, pero de manera inversa. Al primer tipo de víctimas las suelen atacar en exteriores y al segundo mayoritariamente en interiores.

Estos datos pueden ser de gran ayuda para las investigaciones. La razón clave es que la decisión sobre el sitio de ataque y sobre dónde dejar el cuerpo de la víctima implican planificación. Los comportamientos que requieren planificación suelen ser los de mayor consistencia.

Como antes hemos mencionado, los criminales mixtos matan más por estrangulación. No obstante, la diferenciación entre víctimas trabajadoras sexuales versus de otros campos muestra cierto cambio en los datos. Las víctimas trabajadoras del sexo tienen mayor probabilidad de ser asesinadas por estrangulación. Las víctimas no trabajadoras del sexo tienen mayor probabilidad de ser atacadas en interiores y de ser dejadas con vida.

A pesar de tales aspectos diferenciales, no se puede hablar de un valor predictivo suficiente. Estos indicadores son insuficientes para determinar con confianza si la víctima pertenece a una serie mixta o de trabajadores/as sexuales.

Los criminales que se incluyen en la serie mixta asesinaron casi dos veces más víctimas que los otros. Este dato es muy importante. Indica que los criminales mixtos son más difíciles de capturar y, por eso, tienen más tiempo en libertad para asesinar. Por tanto, matan más víctimas a lo largo del tiempo.

La razón más probable es la gran heterogeneidad de comportamientos que presentan y, por tanto, mayores dificultades para capturarlos. De hecho, las autoras han observado una importante inconsistencia conductual registrada en los criminales mixtos.

Por ello, puede que sea importante no solo investigar los patrones comportamentales del criminal mixto, sino también las progresiones en los patrones de victimización. Por ejemplo, en qué punto de la serie de crímenes de un sujeto cambia de un tipo de víctima a otra.

Como en todos los análisis basados en el profiling, hay ciertas dificultades y, en el caso de las víctimas trabajadoras sexuales, aún más. No por ello se debe considerar que el profiling no sea suficientemente útil. Como ocurre muy a menudo, hace falta más investigación específica en cada tipo de crimen.

 

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Convertirse en buen perfilador criminal. ¿Las series de crímenes ayudan? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Media effects and criminal profiling: how fiction influences perception and profile accuracy” de Bolton A. (2019), una amplia investigación en la que se analiza si la exposición a series criminales y otros medios de ficción influye en las habilidades de perfilación criminal.

La perfilación se define como el registro y análisis de las características psicológicas y conductuales de una persona. El objetivo de ello es evaluar y predecir de lo que dicha persona es capaz de hacer en un área particular o para identificar un subgrupo específico de personas.

Un ejemplo común es la perfilación de los consumidores para detectar nichos de mercado. No obstante, los que trabajan en el área de la ley, incluidos los psicólogos, utilizan el profiling a otro nivel. Buscan, por lo general, prevenir o resolver un crimen.

Las técnicas de perfilación fueron presentadas en los medios de comunicación a través de películas como El silencio de los corderos o la conocidísima serie Mentes Criminales. Y aunque la popularidad de esta técnica haya aumentado con el tiempo, su precisión y validez sigue poniéndose en duda.

Algunos investigadores, como Bandura (2009), defendieron que la exposición a la televisión y otros medios de comunicación pueden influir en la perfilación criminal y en las investigaciones relacionadas. La exposición a la televisión y otros medios alimenta una realidad social construida, en la que la audiencia es inevitablemente influenciada por creencias y cogniciones de los medios observados.

Una de las cosas que podría provocar el consumo de ficción en este sentido sería fortalecer estereotipos perpetuados. Por ejemplo, algo que se ve comúnmente en las series de crímenes es que las bandas son formadas por latinoamericanos o afroamericanos. Los terroristas son hombres del oriente medio y los francotiradores suelen ser hombres blancos.

Tal como otros autores sugieren, la exposición a la ficción puede generar sesgos que disminuyan la precisión en el profiling.  La ficción contiene muchas cuestiones falsas sobre la perfilación y son creídas por los consumidores. Y entre estos consumidores también puede haber personas que realmente trabajan en el profiling.

El estudio que Bolton ha desarrollado investiga cómo la información de ficción que adquirimos de las series criminales y otros productos similares influyen en la percepción a la hora de construir un perfil criminal psicológico.

Se plantea que se podría dar una disminución de la precisión en la perfilación si el perfilador ha sido expuesto a productos mediáticos relacionados con los crimines, como serie, películas, etc. La visualización de los medios expone a las personas a la idea de crear perfiles. Y pueden creer que han avanzado en sus habilidades de principiante, que han adquirido conocimientos para producir perfiles criminales o al menos hacerles creer que ellos o cualquier otra persona pueden ser precisos al hacerlo.

En el estudio se examinan el conocimiento y las percepciones sobre el profiling y las habilidades de análisis de las escenas del crimen en 119 sujetos. Entre ellos se incluyen profesionales de la ley locales, estatales y federales, tanto en activo como retirados, así como estudiantes en este campo.

Los participantes miraron el episodio 22 de la temporada 7 de Mentes Criminales. Antes de ello, completaron un cuestionario que solicitaba información sobre la frecuencia de exposición a productos mediáticos relacionados con crímenes y profiling. También se preguntó sobre técnicas de investigación y estereotipos de perfilación criminal. Este cuestionario se presentó pre y post exposición a la serie y a un caso real.

Por tanto, después del pre-cuestionario y del episodio de Mentes Criminales, los participantes leyeron un caso real de homicidio. En base a la información del caso, se pidió a los participantes completar el Profiling Offender Characteristics Questionnaire de Kocsis et al. (2000) para determinar el nivel de precisión de la perfilación criminal de cada participante. En este cuestionario se piden las principales características del criminal.

Además de solicitar información demográfica a los participantes, al final completaron el post-cuestionario.  Se pretendía determinar si, después de ver el episodio de Mentes Criminales, había algún cambio en las percepciones y conocimientos de los participantes.

Los participantes mostraron una tendencia a cambiar sus respuestas desde el pre hasta el post-cuestionario. Esto implica que el consumo de productos mediáticos relativos a crímenes puede provocar cambios en la percepción y creencias sobre técnicas y herramientas de investigación y profiling. No obstante, se registró mucha variabilidad en estos resultados, por lo que es difícil de interpretar.

Además, diferentes variables en conjunto y por separado predicen el rendimiento en la perfilación de un caso real. El consumo de series criminales, el status profesional, las actitudes, percepciones y creencias sobre la perfilación criminal y las investigaciones del sistema de justicia predicen ese rendimiento.

Lo más destacable es que a mayor nivel educativo, mejor rendimiento en el profiling. Aquellos con más años de educación formal detectaron mejor datos como: género, raza, altura, color del pelo, familiaridad con la localización y comodidad con ella para cometer el crimen, fantasías sobre el crimen, el uso de la fuerza, alteración de las pruebas y muchas otras.

En el Profiling Offender Characteristics Questionnaire ningún participante ha acertado al 100%. Casi el 60% de los participantes obtuvieron un acierto de 50% o mayor en este cuestionario de análisis del caso real. Se destaca que el 73% de los profesionales activos, el 57% de los retirados y el 51% de los estudiantes han registrado un nivel de acierto del 50% o más en dicho análisis. Solo una mujer, profesional activa de la ley, con menos de 5 años de experiencia ha registrado un 80% de precisión.

La mayoría crearon un perfil generalmente acertado del criminal del caso real. No obstante, 10 sujetos crearon un perfil mucho más similar al expuesto en el episodio de Mentes Criminales. Otro dato interesante es que los años de experiencia profesional parecen no asegurar un buen perfil. Se observó mucho más nivel de acierto en la perfilación de los profesionales en activo. Los estudiantes son los que menos acertaron.

A modo general, se concluye que ver series de crímenes, entre otros productos similares, puede tener un impacto negativo en creencias, actitudes y rendimiento en el profiling. Más importante aún, ver series como Mentes Criminales puede tener un impacto positivo cuando se trata de personas con educación y practica relativas a los procedimientos de investigación y la perfilación criminal.

Es decir, hace falta también un conocimiento real de cómo funciona el profiling y el sistema judicial para ser un buen perfilador. En ese caso, las series pueden aportar algo, pero no sirven para reemplazar la formación. ¡Ya nos gustaría!

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Pornografia infantil: características de los delincuentes. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Child porn offenders, solicitation and child sexual abusers: what literatura has to say” de Johnson S. A. (2019), una amplia revisión de las investigaciones en materia de agresiones sexuales a menores y las características de los delincuentes que consumen pornografía infantil.

Generalmente, aquello que se conoce sobre los delincuentes sexuales con víctimas adultas se puede aplicar también a los que agreden a víctimas menores de edad. Muchas veces hay cierta confusión debido al desarrollo de tipologías y definiciones, que no se mantienen homogéneamente a lo largo de las investigaciones. El problema, en parte, se deriva del solapamiento de motivaciones, características y tipologías entre los diferentes agresores sexuales.

También hay cuestiones contradictorias. Por ejemplo, algunos autores consideran que aquellos que consumen y distribuyen pornografía infantil son en realidad agresores sexuales no capturados. En cambio, otros profesionales plantean que el uso de pornografía infantil no implica necesariamente el llevar a cabo agresiones sexuales.

Simplificando, por un lado, hay delincuentes sexuales que solo consumen pornografía infantil o que implica a menores (porn child ofender). Otros contactan con posibles víctimas a través de la tecnología, solicitando y convenciendo a los menores en implicarse en todo tipo de actividades sexuales. Puede ser mostrar partes del cuerpo, actividades masturbatorias, juegos de rol, etc. (solicitation offender). Estos pueden o no consumir pornografía infantil y pueden o no solicitar contacto en persona.

Cuando además de actividades en línea, utilizan pornografía infantil y/o abusan sexualmente hablaríamos de agresores duales. Y, por último, hay agresores cuya motivación principal es tener encuentros sexuales con menores. Pueden buscar a sus víctimas en la comunidad o en el medio online. Estos suelen ser los que en la literatura científica se denomina agresores sexuales infantiles o agresores de contacto (del inglés, contact offenders).

La clasificación más conocida es aquella que habla de pedofilia, hebefilia y efebofilia, donde los tres tipos sientes atracción por menores con diferentes rangos de edad. Estos no abusan necesariamente de los menores, lo definitorio es la atracción. Entre todos ellos, pueden o no haber pederastas o agresores sexuales de menores.

Los delincuentes relacionados con la pornografía infantil pueden tener diferentes motivaciones para ello. Kenneth V. Lanning, un perfilador de la FBI, identificó 4 tipos de delincuentes de pornografía con menores. Hay quienes no tienen intereses sexuales específicos en menores. Acceden a la pornografía de manera impulsiva o por curiosidad.

Otros consumen pornografía con menores para satisfacer necesidades sexuales, pero nunca agreden de manera física ni establecen contactos con posibles víctimas. En otra clasificación (Krone, 2004), estos se restringen a sus fantasías y al consumo de pornografía. La motivación principal sería el interés pedófilo.

Existen delincuentes de la pornografía infantil que la producen y la distribuyen para ganancias económicas. Pueden sentir o no atracción sexual hacia menores. La motivación se basa en la explotación comercial y ven sus actividades como un negocio.

Y, por último, aquellos que utilizan internet para acceder a víctimas y conseguir un contacto real. En el contacto suelen grabar a sus víctimas o hacerles fotos. Estos serían los agresores duales antes mencionados. Lo que buscan principalmente es conseguir el contacto sexual.

Cabe destacar que no hay perfiles puros. Un delincuente que principalmente consume pornografía infantil, puede que intente contactar en algún momento con víctimas en el medio online. Aquellos que solo consumen pornografía infantil, que no llevan a cabo agresiones físicas, ni contactan con las víctimas en internet, son delincuentes que hacen uso de material de explotación sexual infantil (CEM, Child Explotation Material).

Algunos estudios destacan que estos suelen tener un nivel educativo más alto que los agresores sexuales de menores. Suelen tener un IQ mayor, edades en 25 y 50 años y mayoritariamente caucásicos. Es más probable que convivan con menores que los agresores sexuales de menores. Aunque parece que la mayoría suelen ser hombres, los delincuentes pueden ser  mujeres entre 1 y 33% de los casos.

La mayoría tienen un trabajo estable y que requieren un título universitario. Además, suelen ser empleos que requieren poco o nada de contacto con otras personas, pero sí contacto con menores. Aproximadamente la mitad de este tipo de delincuentes están casados. En la otra mitad, la situación sentimental puede variar desde no haber tenido nunca una relación hasta cualquier otra posibilidad. En este segundo grupo, es más probable que los delincuentes vivan solos o con sus padres. También que tengan menos contacto con las personas en el contexto real.

En cuanto a historial criminal, se observó que la mayoría no lo tienen. No obstante, otros autores defienden que suele haber mínimo una historia criminal relacionada con el uso de sustancias ilegales. Lo más preocupante es que, en algunos estudios, se ha encontrado que entre 50 y 85% de los consumidores de pornografía infantil informan haber intentado contactar y/o agredir a menores, pero sin ser detectados.

Esta es una cuestión a debate muy importante. Los que solo hacen uso de la pornografía infantil, ¿realmente es solo eso o el contacto con las víctimas que no se detecta?

El historial criminal de agresiones con violencia es un fuerte predictor de todos los tipos de agresiones. Es común que la primera agresión se dé en la edad joven. Los que consumen pornografía con menores no suelen reincidir una vez pillados. De los que presentan reincidencia, un 25% de ellos suelen reincidir mientras están en libertad condicional.

A nivel psicológico, algunos estudios consideran que no hay diferencias entre los que solo consumen pornografía infantil y los pederastas. En cambio, otros estudio destacan varias cosas diferenciales. Los delincuentes relacionados con la pornografía infantil suelen tener mayores problemas psicológicos, como trastorno obsesivo-compulsivo o síntomas depresivos. Las parafilias suelen ser más marcadas, hay mayor estrés y masturbación frecuente. No se observan diferencias en cuanto a trastornos de depresión y ansiedad entre estos y los agresores sexuales de menores. En ambos casos se informa de problemas de soledad y baja autoestima, aunque muchos autores subrayan diferencias en la intensidad o gravedad de estos aspectos. En cualquier caso, en el análisis de problemas de salud mental hay alta heterogeneidad de resultados.

Aunque de modo intuitivo consideraríamos que todos los delincuentes relacionados con los menores son pedófilos, no parece que sea así. Se ha observado que solo el 25% de los implicados en pornografía infantil presentan este tipo de parafilia. La mayoría fueron diagnosticados con parafilias no especificadas. Es una categoría diagnóstica que incluye los casos que no cumplen todos los criterios necesarios para una categoría diagnóstica ya establecida. También parece ser que la mayoría de estos delincuentes presentan hebefilia (atracción sexual hacia adolescentes) y no pedofilia.

Otros datos en materia de problemas de salud mental muestran que estos delincuentes suelen presentar rasgos de exhibicionismo sexual y voyerismo. Asimismo, es probable que puntúen bajo en herramientas de evaluación de riesgo para agresiones sexuales.

Normalmente, las personas consumen material pornográfico que encaja con sus intereses sexuales. La colección de material pornográfico es el mejor indicador sobre qué quiere hacer el delincuente, pero no necesariamente sobre lo que haya hecho. Es decir, la especificidad del material pornográfico es indicador de la preferencia sexual pero no de las actividades sexuales reales.

Como ya hemos mencionado, no todos los que ven pornografía infantil son pedófilos. Muchos pedófilos encuentran este tipo de material como repugnante. Los delincuentes que ven este tipo de material pornográfico suelen coleccionar mayor material con mayores rangos de edad de menores. No obstante, también borran más a menudo ese material. Hay mucha variabilidad en cuanto al tipo de material: desde menores sin actividad sexual hasta actividad sexual extrema. Otro dato es que suelen pagar más por acceder a pornografía infantil.

Por último, la motivación para hacer uso de tal material debe ser tenida en cuenta porque no es nada homogénea. Por ejemplo, algunos utilizan el material pornográfico infantil para mantener bajo control las conductas o deseo sexuales desviados. Para otros, este material facilita la actuación en base a fantasías preexistentes. Como observamos, lo único que no estaría al debate es la gran variabilidad en todos los aspectos relacionados con las agresiones sexuales a menores.

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Psicopatología del canibalismo. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The psychopathological profile of cannibalism: a review of five cases” de Raymond S., Léger A. y Gasman I., en el cual se analizan cinco casos de canibalismo y los perfiles psicopatológicos relacionados.

En la sociedad actual, el canibalismo es extremadamente raro y representa un acto de violencia impensable. Se define como un acto que implica el consumo de un individuo de una especie (o partes de él) por parte de otro individuo de la misma especie.

Hay muchos ejemplos de canibalismo en la mitología, cuentos de hadas o literatura. Además, hay muchas expresiones lingüísticas que implicaría canibalismo, a menudo con connotaciones sexuales. Por ejemplo, está para comérselo/a. No obstante, nadie dice tal expresión con la intención de comerse a nadie.

No pensamos en el canibalismo y puede que pocos se atrevan a bromear con ello. Simplemente excluimos esa posibilidad de nuestra cabeza. Esto es así porque el canibalismo, al igual que muchos otros temas, sigue siendo un gran tabú.

Un ejemplo en este sentido es que en muchos países europeos el canibalismo está ausente en el Código Penal. En Francia se considera un acto de degradación del cuerpo de la víctima si ocurre después de un crimen. Si hay canibalismo sin crimen se considera un acto de tortura. En el Código Penal español no hay mención directa alguna del canibalismo. Algunos consideran que se sobreentiende a través del artículo 526, pero no queda muy claro.

En el reino animal el canibalismo no es algo tan extraño, excepto para los humanos. Cuando ocurre, no es una decisión individual o costumbre, sino que depende de una variedad de factores. Por ejemplo, el aumento poblacional de una especie. El canibalismo suele darse más entre las hembras y más a menudo en épocas de hambruna.

El canibalismo entre humanos como práctica recurrente no está documentado suficientemente. No hay evidencias de ello, excepto en circunstancias extremas como las situaciones de hambruna o como parte de una conducta antisocial.

En cualquier caso, la mayoría de los antropólogos coinciden en que hay tres tipos de canibalismo humano: como ritual, de supervivencia y patológico. El canibalismo ritual ocurriría en grupos tribales como norma social, donde el sistema de creencias autoriza la ingesta de personas.

El canibalismo de supervivencia ocurre excepcionalmente en situaciones muy extremas. Aquel que lo practica normalmente está en contra de tal acto, pero situaciones como hambruna, asedios militares o naufragios le obliga a ello.

El canibalismo patológico es una práctica individual y voluntaria, altamente condenada por la sociedad. Hay unos cuantos casos muy famosos, por ejemplo, J. Dahmer, arrestado en 1991, que mató y descuartizo a 17 hombres y se alimentó de ellos. Fue diagnosticado con un trastorno de personalidad mixta, con rasgos fetichistas antisociales, sádicos y obsesivos.

Hay pocos estudios sobre este tipo de canibalismo también extremadamente raro. De los casos analizados parecen emerger dos perfiles. Por un lado, individuos que sufren de formas extremas de parafilia. Por otro lado, individuos que sufren trastornos psicóticos severos.

En esta investigación, los autores analizan cinco casos que implican canibalismo. Se trata de 5 personas internadas en el Hospital Paul Guiraud de Francia en algún momento de los últimos 20 años. Estos 5 pacientes son todos hombres, con un historial de aislamiento y deterioro social. Todos ellos han tenido una infancia disfuncional, con negligencia emocional. Tres de ellos han sufrido violencia familiar y los dos restantes fueron víctimas de abuso sexual. Solo dos sujetos de los cinco tienen historial criminal.

Los 5 pacientes tienen un historial de atención psiquiátrica con hospitalización. Todos han mostrado un cumplimiento deficiente de las recomendaciones de salud mental en la etapa posterior a la hospitalización.

Del análisis de estos casos, se pueden extraer dos grupos que difieren en diagnóstico y psicopatología. El primer grupo se compone de tres sujetos diagnosticados con esquizofrenia paranoide. El segundo grupo se compone de dos sujetos con un diagnóstico de trastorno de personalidad mixta (TPM), con rasgos sádicos asociados a la parafilia.

Psicopatología

En el grupo de esquizofrenia, el ataque a las víctimas se inició con impulsividad, sin premeditación. Un factor predisponente que contribuyó a ello es el uso de sustancias como el cannabis o el cese de la toma de medicación. El factor precipitante fue a menudo trivial, por ejemplo, una discusión con la familia sobre la herencia. Los tres pacientes de este grupo presentaban delirios de persecución o alucinaciones místicas.

En el segundo grupo, los sujetos con TPM admitieron haber tenido fantasías canibalísticas o planes ocultos relacionados con el canibalismo en el pasado. Además, se destaca la ausencia total de tabús en estos sujetos y ausencia de delirios. No se destacan factores predisponentes, pero sí precipitantes diferentes de los del grupo anterior. Se trata de sentimientos de humillación y ambos sujetos de este grupo atacaron a su víctima cuando sufrían una muy baja autoestima.

Relación con las víctimas y modus operandi

En el grupo con esquizofrenia, todas las víctimas pertenecían a la pareja parental. Se habla, por tanto, de canibalismo en un contexto de parricidio. En los tres casos hubo relaciones hijo-padre/madre de dependencia con un gran componente de hostilidad. Esto explicaría la elección de los órganos a ingerir: orejas, ojos, manos y antebrazos. Los sujetos no saborearon la carne (sin apreciaciones conscientes de la carne, como cuando probamos algo), la ingirieron cruda y no hubo evidencias de satisfacción sexual.

En el grupo con TPM las cosas son bastante diferentes. Los dos sujetos de este grupo eran conocidos de sus víctimas y mantenían una relación marcada por la cosificación. Las víctimas eran parte de una situación de punto muerto del agresor, marcada por fuertes sentimientos de humillación. En estos casos, los agresores seleccionaron cuidadosamente las partes a ingerir, sí saborearon la carne previamente cocinada.

También hubo elementos de placer sexual. Uno de los sujetos había planeado canibalismo con necrofilia y el otro presentó activación sexual y eyaculó durante el acto de canibalismo. No hubo remordimientos posteriores, ni implicaciones morales, ambos tratando los hechos como unos eventos casuales.

Perfil psicológico

Aunque cada caso tenga sus particularidades, los autores concluyen que, para el grupo con esquizofrenia, el canibalismo es una reacción de autodefensa ante amenazas percibidas o ante un daño destructivo físico o psicológico. Por ejemplo, los sujetos utilizaron expresiones como me estaba comiendo vivo o me sentía consumido por ella. Se trata de una dinámica de auto-presentación, que el otro (la víctima) sepa que uno existe, que tiene poder.

No solo cometieron el crimen, sino una exageración del acto a través del canibalismo, una defensa adicional. Siguieron un concepto de violencia fundamental, relacionado con la supervivencia: yo o él/ella (sin olvidar que hay una patología mental de fondo). Estos sujetos pasaron al cuidado de unidad psiquiátrica, sin sentencia de prisión.

Para el grupo con TPM, el canibalismo permitió un restablecimiento narcisista. Estos actos ocurrieron en el contexto de una intensa frustración, humillación (percibida) y conflicto entre las realidades internas y externas. Supusieron una liberación de la tensión basada en ira y aumentaron la autoestima de los agresores.

Los actos de canibalismo fueron una forma de eliminar los sentimientos de inferioridad y/o vulnerabilidad en una atmósfera megalomaníaca. Por ejemplo, uno de los sujetos dijo haberse sentido como un héroe. Ya no se trata de un yo o él/ella, sino de un él/ella es yo, dónde la víctima es algo inferior y el poder de destruirla reivindica el yo.

Por tanto, el tema central es el ego y el narcicismo. Los sujetos siguieron un deseo intenso de superar frustraciones fuertemente enraizadas y comportamientos socio-emocionales inadecuados a través de un acto extraordinario. De los dos sujetos de este grupo, uno declaró enajenación mental y otro fue sentenciado a 30 años de prisión.

Todo lo observado en el análisis de estos casos encaja con lo visto en otras investigaciones. El canibalismo aparece asociado a dificultades en la infancia (p. ej. abuso físico, suicidio de miembros familiares, etc.). Los agresores suelen tener un historial de problemas psiquiátricos. También cometen crímenes más violentos que otro tipo de criminales, sugiriéndose mayores niveles de ira.

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Perfil geográfico de agresores sexuales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The mobility crime triangle for sexual offenders and the role of individual and environmental factors” de Chopin J. y Caneppele S. (2018) en el cual se construyen perfiles geográficos de agresores sexuales a partir de datos geocodificados.

El paradigma ambiental de la criminología ha cambiado su atención desde las causas más distantes de criminalidad hasta sus mecanismos. Para las primeras, un ejemplo es el desempleo. En mecanismo se incluye, por ejemplo, el modus operandi. La criminología ambiental ha resultado muy útil para entender los delitos contra la propiedad. No obstante, permitió la comprensión incluso de crímenes que a primera vista parecen irracionales.

Utilizando este enfoque, los criminólogos han estudiado la convergencia en el espacio físico entre el agresor y sus víctimas. El análisis se dirige a los patrones de movilidad de los perpetradores. La movilidad criminal implica, entre otras cosas, la distancia (ida-vuelta) que un perpetrador recorre desde su punto de anclaje hasta el escenario del crimen. El punto de anclaje suele ser el domicilio del agresor. No obstante, también puede ser el lugar de trabajo o un domicilio anterior.

Muchos investigadores han establecido que la movilidad criminal se basa en un patrón de decaimiento con la distancia. Cuanto más lejos tiene que viajar el agresor, más disminuye la frecuencia de sus agresiones. Además, hay una zona de seguridad (buffer zone) que cubre los alrededores más cercanos del punto de anclaje. Esta zona implica que el agresor no cometerá delitos hasta cierta distancia de su casa. Hacerlo supone muchos riesgos, por ejemplo, que alguien le reconozca.

Por tanto, las conductas criminales ocurrirán a distancias no muy cercanas al punto de anclaje, cuidando su zona de seguridad. Asimismo, el patrón de decaimiento con la distancia nos dice que los delitos tampoco ocurrirán muy lejos de ese punto. Hay una zona y/o distancia que el agresor conoce más y eso le permitirá disminuir costes y maximizar su utilidad. Por ejemplo, podrá cometer el delito y, además, sabrá cómo escapar más fácil y rápido del escenario del crimen.

A partir de aquí, vamos a enfocarnos en las agresiones sexuales. Estudios previos indican que los violadores no viajan lejos de sus casas para cometer el delito. La distancia que recorren los agresores sexuales suele variar entre 0,92 y 4 km desde el punto de anclaje. Y estas variaciones en la distancia suelen darse en función del tipo de agresión sexual.

La movilidad de las víctimas en el día en el que son atacadas se ha estudiado muy poco. En base al enfoque de la oportunidad y a la geometría del crimen, se asume que la víctima sigue patrones de movilidad similares a los de los agresores.

Si se conectan el escenario del crimen, el punto de anclaje y la residencia de la víctima, se puede investigar el triángulo de movilidad criminal. Para los delitos sexuales hay pocos estudios al respecto (y se requieren actualizaciones). En Filadelfia, en el 68,5% de las violaciones, la distancia entre agresor y víctima era de unos edificios. La movilidad criminal tiene mucha más relevancia cuando se trata de casos con una sola víctima y un agresor y menos cuando se trata de casos con agresores y/o víctimas múltiples.

Hay algunos datos en cuanto a factores asociados a la movilidad del agresor. Los agresores más jóvenes se alejan menos de sus puntos de anclajes que los más mayores para cometer un delito. Los agresores casados agreden más lejos de esos puntos que los no casados. Las diferencias de género son difíciles de estudiar, dado que el número de agresoras es mucho menor.

Se ha observado una asociación entre el método de aproximación a la víctima y la distancia recorrida desde el punto de anclaje hasta ella. Este aspecto y otros que conforman el modus operandi pueden ser cruciales para determinar la movilidad criminal.

Las agresiones sexuales ocurren mayoritariamente en sitios cerrados. No obstante, también ocurren en sitios abiertos y rara vez en un vehículo. Los agresores suelen elegir sitios donde pueden estar a solas con la víctima. Y claro está, eligen sitios donde haya probabilidad mínima de que aparezca un tercero. El tipo de agresión sexual y el uso de armas dependen de características geográficas del escenario del crimen.

Los autores del estudio se enfocan en los casos de agresión sexual extra-familiar. Se analizan 1447 casos de agresión sexual sin homicidio, con un único agresor y una víctima. Todos los datos provienen de la base de datos nacional francesa. Solo se incluyen los casos que implican mayores de 15 años (edad mínima para el consentimiento sexual en Francia).

Recordar que para cada caso hay 3 localizaciones geográficas.  Una del escenario del crimen y dos de las residencias del agresor y de la víctima, que conforman diferentes patrones. Solo se incluyen aquellos casos en los que las localizaciones relevantes pudieron ser geocodificadas.

Para codificar estas localizaciones y sus interrelaciones, se siguen tres patrones geométricos establecidos en las investigaciones al respecto. Puntos para agresiones cuyas tres localizaciones coinciden en el mismo edificio. Patrones de líneas para los casos en los que dos localizaciones coinciden en dirección. Por último, triángulos para casos cuyas tres localizaciones se encuentran en 3 puntos distintos. También se analizan los perfiles geográficos (p. ej. vecindario) y diversas características individuales y ambientales que detallaremos en resultados.

Los resultados de este estudio coinciden con muchos otros resultados internacionales en el tema. Los agresores sexuales suelen actuar cerca de los puntos de anclaje. La distancia recorrida hasta el escenario de agresión fue menor de 3 km en más del 50% de los casos.

No obstante, sigue quedando un alto número de agresores sexuales que están dispuestos a viajar más lejos. Si la distancia se extiende a 10 km, se incluye el 70% de los casos analizados. Por un lado, esto puede deberse a limitaciones con respecto a la muestra. Por otro lado, la disposición a moverse más puede deberse a la naturaleza de este tipo de agresiones. Es decir, puede haber aspectos diferenciales con respecto a otro tipo de delitos analizados en otros estudios (p. ej. homicidio).

Más del 50% de las víctimas fueron atacadas a distancias menores de 0,75 km de sus domicilios. En estudios previos se ha observado que los violadores en serie desconocidos para las víctimas viajan más para delinquir. En cambio, parece que la búsqueda de objetivos de los agresores sexuales no se aleja mucho de sus residencias.

Más de un tercio de las víctimas fueron agredidas en su propia casa. Se registró predominantemente un patrón geométrico de punto cuando la víctima (V) y el agresor (A) ya se conocían. Si V y A comparten localización geográfica de la residencia (p. e. viven en el mismo edificio) y el delito ocurre en ese mismo sitio, es más probable que ya se hayan conocido antes.

Si hay una relación más cercana, es probable que la agresión ocurra en el domicilio de uno de los dos. Esto significa que en estos casos habría patrones predominantemente en línea. Asimismo, es más probable que en estos casos se dé la penetración.

Cuando A es desconocido para V, el patrón de movilidad forma mayoritariamente una línea, seguido del triángulo. Todo ello afecta al concepto de zona de seguridad. Parece que el rango de esta zona para los agresores sexuales varía en función del tipo de relación. En cualquier caso, solo el 2,35% de la muestra de casos presenta un patrón de punto. Los patrones en línea aparecen en 25% y en más del 70% se da un patrón en triángulo.

El modus operandi se muestra significativamente diferente en función de estos patrones geométricos. Por tanto, los factores ambientales tienen más peso para explicar los patrones de movilidad que los factores individuales. Por ejemplo, cómo el agresor aborda a la víctima depende de si viven cerca uno del otro o no. En estos casos las características personales del agresor (p. ej. impulsividad) no influyen tanto en el modus operandi.

Las mejoras en movilidad geográfica (p.ej. mayor acceso al transporte) también facilitan la movilidad de los agresores. La mayoría de los casos analizados mostraron un patrón triangular bastante amplio. Las víctimas pueden ser agredidas cerca de su trabajo, en lugares de ocio o en el transporte público.

Por ello, parece que muchos casos de agresión sexual responden a situaciones de oportunidad (agresores oportunistas). No obstante, no se descarta que, siguiendo los mismos patrones, puede haber agresores tipo depredador.

Por último, como factores individuales de víctima y agresor se atienden varios. Las víctimas solteras suelen ser agredidas en patrones de movilidad en triángulo (52,38%), seguido del patrón en línea (42,94%). En cuanto al estilo de vida, aquellas víctimas que consumieron alcohol tienen más probabilidad de ser agredidas en patrones puntiformes. Cuando es el agresor el que ha consumido alcohol, los patrones de movilidad son mayoritariamente en línea.

Las victimas masculinas se enfrentan a mayor riesgo de ser agredidas por un conocido. La excusa de quedar en un sitio privado para consumir sustancias ilegales aparece a menudo. Cuanto más lejana la localización, más probabilidad de que la agresión se lleve a cabo con éxito. El consumo de drogas reduce la resistencia de la víctima ante la agresión sexual. Parece que tales patrones están más asociados con entornos homosexuales.

 

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Cyberprofiling: la perfilación criminal más compleja. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Criminal profiling in digital forensics: assumptions, challenges ann probable solution” de Balogun A. M. y Zuva T. (2018), en el cual se analiza la posibilidad de transferir la metodología de la perfilación criminal a las investigaciones en cibercrimen y las dificultades encontradas.

Todo avance, por más éxito y beneficios que tenga, también viene acompañado de riesgos. El éxito de las TICs y de Internet conlleva la exposición a posibles cibercrímenes. Y actuar contra ello es un compromiso consecuente de este éxito.

Considerando dos eventos, el primero es que, gradualmente, el número y el coste de los incidentes cibercriminales ha aumentado. El segundo es que, a la par, los stakeholders exploran nuevas maneras de afrontar estos incidentes. Desarrollan herramientas y técnicas para añadir eficacia a la prevención, investigación e intervención en estos casos. No obstante, la brecha entre uno y otro también se amplia.

El cibercrimen incluye cualquier actividad cuyo objetivo es un interés ilegal y que se lleva a cabo directa o indirectamente, utilizando y/o atacando cualquier dispositivo apto para operaciones de procesamiento, almacenamiento y comunicación. Tales actividades son el hacking, fraudes/blanqueo de dinero, robo de propiedad intelectual y de identidad, pornografía infantil, piratería, acoso y/o bullying digital, bloqueo de servicios y ciberterrorismo, entre otros.

Los crímenes de este tipo se han convertido en una pandemia. Afectan a privacidad, confianza, finanzas, bienestar de las personas saludables y con ingresos bajos, así como a organizaciones y gobiernos. Incluso organizaciones que invierten millones en defensa ante tales ataques, como Google o Linkedn, han sido objetivos del cibercrimen. ¿Está alguien a salvo?

Consecuentemente, ha emergido un área forense digital heterogénea en cuanto a la tipología de profesionales incluidos en este campo. Estos desarrollan protocolos, técnicas y herramientas para averiguar el qué, cuándo, quien, cómo y porqué de los incidentes cibercriminales. En el campo de investigación forense tradicional, una herramienta muy valiosa es la perfilación criminal. ¿Servirá también para crear perfiles cibercriminales?

La perfilación criminal es una herramienta basada en amplias evidencias en cuanto a su precisión y valor. No obstante, en el contexto del cibercrimen, no ha sido tan utilizada como en otras áreas. La razón parece ser que hay dificultades para transferir su aplicación de un campo a otro.

Algunos autores la consideran inaplicable al campo del cibercrimen. No obstante, algunos de ellos han dado un paso adelante, adaptando las metodologías de profiling a algunos cibercrímenes específicos.

Los procedimientos utilizados en la perfilación criminal tradicional se basan en dos enfoques. Un enfoque inductivo, que utiliza información extraída de bases de datos de crímenes. Aquí se incluyen características del agresor, víctima y escena del crimen, entre otras. A partir de estos datos, se construyen perfiles criminales que sirven para analizar casos de crímenes específicos. Otro enfoque es el deductivo. Este utiliza información detallada de un crimen específico para construir un perfil criminal para ese tipo de crimen.

Por lo general, el enfoque inductivo está sujeto a mayor error y a sesgos que no aparecen en el deductivo. En cualquier caso, hay mayor uso del primero debido a dificultas para acceder a detalles de casos reales.

En un enfoque deductivo, primero, se analizan las fuentes de evidencia para asegurar su integridad en los pasos posteriores. Hablamos de evidencias físicas, de los escenarios del crimen, fotos, declaración de las victimas e informes de laboratorio. También se recolectan todo tipo de evidencias asociadas. Con todo ello se prepara un plan claro para las siguientes etapas. Hasta aquí se suele poder establecer el tipo de crimen que se investiga.

El segundo paso es la victimología. El objetivo es inferir el comportamiento del agresor a partir del tipo de víctima que ha elegido. Se analiza el comportamiento de la victima de antes, durante y después del ataque que sea. Este análisis muestra indicadores sobre el estilo de vida de la víctima y sobre la exposición situacional. La relación de la víctima con el agresor, su rol en el ataque y otros detalles permiten construir inferencias sobre la motivación del agresor, fantasía, modus operandi y su pericia.

Lo siguiente a analizar son las características del escenario del crimen. Junto con datos obtenidos en las fases previas, se busca entender cómo el agresor organizó y cometió el crimen. La fase final se basa en inferir características de manera detallada sobre el agresor desconocido.

Se establece su motivación, intenciones y nivel de riesgo que estaba dispuesto a soportar para cumplir con su objetivo criminal. Si el criminal presenta algún problema de salud mental suele establecerse en esta fase. También aquí se infieren otros detalles como tipo de trabajo, vehículo, hobbies, etc. El perfil inferido marca la dirección de la investigación, la agiliza y permite reducir el número de sospechosos.

¿Qué pasa en un cibercrimen? El escenario del crimen deja de ser algo tangible. Los rastros de las acciones criminales exhiben una concepción abstracta y un alto grado de volatilidad. Antes de poder recolectar evidencias, estas pueden desaparecer o ser distorsionadas rápidamente. Las que se pueden registrar generalmente tienen un valor probatorio limitado o nulo. Las más valiosas solo se pueden encontrar con una búsqueda técnica deliberada y oportuna.

Otra dificultad es la gran variedad de escenas de cibercrimen y que, además, pueden ser varias en un solo caso. Por ejemplo, en casos de ciber-acoso, tanto el ordenador del agresor como el de la víctima contienen evidencias del crimen. Ambos son escenarios a analizar.

El transnacionalismo de los cibercrímenes añade aun mayor dificultad para el análisis. En un incidente típico, la víctima y el agresor residen en dos estados o continentes diferentes. Además, el cibercrimen organizado puede tener un amplio número de terminales localizados en diferentes sitios. Esto implica una descentralización del escenario del crimen que hace difícil o imposible diseñar un perfil.

Cabe destacar la falta de consistencia en leyes relativas al cibercrimen a lo largo y ancho del mundo. Aunque el tipo de cibercrimen sea el mismo o similar, las leyes varían entre países. Los aspectos culturales también suelen aportar información valiosa cuando se trata de crímenes en el espacio físico. Usar un modelo particular de cuchillo en un asesinato puede sugerir que el delincuente proviene de un grupo particular que los utiliza.

Sin embargo, los delitos cibernéticos cruzan las fronteras geográficas y culturales. Los investigadores pueden encontrar grandes dificultades para hacer traducciones culturales con precisión y distinguir los elementos apropiados.

¿Alguna solución? Las investigaciones dirigidas a este tema han utilizado diferentes metodologías, aunque con limitaciones importantes. Por ejemplo, empezando con la victimología, se infiere el motivo del agresor y luego sus características. Las características incluyen habilidades sociales y técnicas. Estas habilidades también sirven de evidencia digital forenses y construyen el modus operandi. Con todas las evidencias se desarrolla una inferencia deductiva sobre el perfil del criminal.

En otra investigación, el análisis se desarrolló en torno a la perfilación de la identidad digital del cibercriminal. Este enfoque se basaba en un análisis técnico de los dispositivos de la víctima y del ciberdelincuente. El perfil resultante podía ser utilizado para los profesionales forenses para agilizar futuras investigaciones de naturaleza similar.

También se ha desarrollado una perfilación a partir de las redes sociales e indicadores de bajo auto-control. Un bajo nivel de autocontrol suele considerarse como uno de los mejores indicadores para la predisposición hacia comportamientos criminales. Y en el ciberespacio también se pueden observar conductas que indican la presencia de esta característica.

Los perfiles cibercriminales creados a partir de datos demográficos y rasgos de autocontrol fueron bastante precisos. Esta precisión se comprobó a través de entrevistas posteriores con los sujetos analizados.

Los autores de este artículo proponen un marco de trabajo más amplio y genérico. No obstante, no lo desarrollan demasiado. Se prevé su desarrollo en publicaciones futuras. A modo resumido, se empieza con las evidencias digitales que se recogen, se examinan, se analizan y se registran. Una sola evidencia puede dar indicios de múltiples características. Y las características a inferir son similares a las de un agresor del espacio físico, aunque adaptadas al ciberespacio.

La idea clave es intentar crear un marco genérico de análisis y pefilación cibercriminal y no buscar tanto formas que solo se ajusten a un tipo de crimen o a unas características concretas.

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El maltrato animal y los crímenes en masa: ¿están relacionados? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Harming animals and massacring humans: characteristics of public mass and active shooters who abused animals” de Arluke A., Lankford A. y Madfis E. (2018), en el cual se analizan las características de asesinos en masa con historial de maltrato animal.

Durante décadas, se ha estudiado la tendencia de asesinos en serie a dañar o torturar animales. Por ejemplo, se ha visto que el historial de maltrato animal aparece mucho más en asesinos en serie que en los casos de crímenes por violencia de género. El historial de maltrato animal puede provenir de la infancia, adolescencia o etapa adulta.

Los asesinos en serie comparten características con otros tipos de criminales. Un ejemplo son los tiradores activos y en masa. Características compartidas son la mayor probabilidad a asesinar desconocidos y a llevar a cabo crímenes premeditados. También comparten rasgos de personalidad, tales como una agresividad instintiva o insensibilidad.

Tanto los tiradores activos como los tiradores en masa hacen referencia a personas que atacan en lugares públicos con el objetivo de dañar a más de una víctima. Los asesinos en masa son aquellos que provocan la muerte de cuatro o más víctimas. En cambio, los tiradores activos no se definen por ningún límite mínimo del número de víctimas.

A diferencia de los casos con asesinos en serie, en estos  no se ha estudiado tanto la posible presencia de historial de maltrato animal. Dado que comparten características con otros tipos de criminales, es de esperar que también presenten historiales de maltrato animal.

En cualquier caso, también muestran diferencias importantes, por lo que asumirlo sería un grave error. De hecho, algunos investigadores subrayan que los perfiles psicológicos  de los asesinos en serie son bastante diferentes de los tiradores activos y asesinos en masa.

Los asesinos en masa y los tiradores activos son diferentes también de otros tipos de asesinos en masa más específicos. Por ejemplo, de los que participan en violencia de bandas, tráfico de drogas, asesinatos de familias, grupos terroristas o genocidios.

El estudio se basa en tres objetivos. Uno es identificar todos los casos registrados sobre asesinos en masa y tiradores activos desde 1966 a 2018, que incluyen además un historial de maltrato animal. El segundo objetivo es analizar la naturaleza de la violencia de estos hacia animales y personas. Por último, se pretenden evaluar las diferencias entre este tipo de criminales con y sin historial de maltrato animal.

El maltrato animal que se atiende en este estudio es aquel más explícito como pegar y disparar animales de compañía, prenderles fuego, torturar, mutilar y otros similares. Además, tiene que haber ocurrido antes del ataque hacia las personas y no ser parte del crimen en masa.

De 88 casos de criminales en masa y tiradores activos, se han detectado 20 casos a nivel mundial en los cuales el criminal tenía un historial confirmado de maltrato animal.  La mayoría de ellos eran de hombres (95%) estadounidenses (45%), de raza blanca (95%) y con una media de edad de 25 años.

 En el 75% de los 20 casos se registró maltrato de animales durante la infancia. En el 65% de los casos los animales maltratados eran gatos o perros. Asimismo, en el 75% de los casos, el maltrato se llevó a cabo desde muy cerca del animal (no es lo mismo disparar desde 3 metros que disparar a quemarropa).

Nueve de los 20 casos se registraron en EE.UU. También se encontraron en otros países como, por ejemplo, en Australia (1996), en Escocia (1996) o en Noruega (2011). De todos los casos de la muestra, en un 60% la escuela fue la escena del crimen.

Analizando a los criminales de EE. UU., se destaca una diferencia importante entre los criminales con y sin historial de maltrato animal. Esta es que los primeros son significativamente más jóvenes en el momento del ataque a personas (22,7 años de media vs. 35,2 años en los casos sin historial de maltrato animal).

Los asesinos en masa y los tiradores activos con historial de maltrato animal hicieron daño a un mayor número de víctimas que los sujetos sin historial. Un caso fue registrado como extremo y sin historial de maltrato animal: Stephen Paddock asesinó a 58 víctimas y provocó heridas a aproximadamente 700 personas (Las Vegas, 2017).

En los demás 11 casos que ocurrieron en otros países, los criminales también eran la mayoría blancos y jóvenes, aunque la media de edad se sitúa en los 28 años (vs. menores de 25 años en EE.UU.). También se observó un mayor número de víctimas en los casos con historial de maltrato animal.

Aparte de los datos demográficos y el número de víctimas, se observó otra característica asociada a la presencia de historial de maltrato animal. Hay una menor probabilidad de que los criminales con historial de maltrato animal falleciesen en la escena del crimen.

En términos generales, la cantidad de asesinos en masa y tiradores activos con historial de maltrato animal está muy por debajo de la cantidad de otros criminales que llevan a cabo homicidios múltiples y con ese mismo historial. Como ya hemos mencionado, maltratar animales es mucho más común entre los criminales en serie. Por ejemplo, en un estudio se registró que un 90% de asesinos en serie sádicos de la muestra analizada habían maltratado animales en el pasado.

No obstante, el menor registro de historial de maltrato animal entre los asesinos en masa y tiradores activos no conlleva la ausencia real de maltrato animal. Estos casos suelen recibir menor atención mediática a largo plazo. Por eso, también es probable que se indague menos sobre sus pasados. Además, si los criminales actúan a edad adulta, puede ser difícil encontrar historiales de  las etapas más tempranas de sus vidas.

No obstante, no se descarta la existencia de diferencias psicológicas reales y claves entre este tipo de criminales y asesinos en serie sádicos. Los asesinos en serie sádicos suelen presentar rasgos psicopáticos de una forma marcada. Este hecho no es tan común en el caso de los asesinos en masa y tiradores activos. No suelen sentir atracción hacia la tortura y/o el sadismo.

En la mayoría de los casos, el maltrato animal se llevó a cabo desde muy cerca con respecto a la víctima animal. En algunos estudios se ha visto que esta característica está asociada a una violencia más grave hacia las personas.

Por lo general, la resistencia humana a matar aumenta a medida que la distancia hasta la victima disminuye. En cambio, aquellos más determinados a matar, más perturbados o con rasgos psicopáticos más marcados, se sentirían menos inhibidos por la distancia entre ellos y la víctima.

Aunque la muestra sea pequeña, se obtienen evidencias interesantes. Los asesinos en masa y tiradores activos con historial de maltrato animal maltrataron perros y/o gatos y a quemarropa. Por lo tanto, este tipo de criminales (al igual que muchos criminales en serie) pueden presentar más a menudo rasgos psicopáticos. Asimismo, dado el bajo número de casos con historial de maltrato animal, esta actividad dañina y delictiva no puede considerarse como una señal robusta de futuros tiradores.

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Perfilación criminal basada en características de la víctima y de la escena del crimen. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses esta semana presentamos el artículo “Homicide profiles based on crime scene and victim characteristics” de Pecino-Latorre M. M., Pérez-Fuentes M. C. y Patró-Hernández R. M. (2019), en el cual se analiza si las características de la escena del crimen y de la víctima sirven como predictores eficaces en la perfilación criminal.

Las investigaciones sobre homicidios han ganado con el tiempo mucho interés tanto académico como profesional. Este interés se debe, por un lado, a que el homicidio es el comportamiento criminal más peligroso. Por otro lado, el impacto a nivel psicosocial, político y socioeconómico es muy importante. De hecho, la presencia de homicidios se considera un fuerte indicador del nivel de violencia y seguridad de un país.

En las últimas décadas ha habido mucho avance en la metodología y enfoque de estudio de los homicidios. Aun así, los homicidios son fenómenos extremadamente complejos, dado que es una categoría criminal que incluye diferentes variantes, cada una con sus características dinámicas y procesos psicológicos implicados. Además, las características de los criminales y de las víctimas son muy diversas.

La metodología tradicional de análisis se basa en descripciones de los fenómenos y se sigue utilizando en las investigaciones sobre el tema. No obstante, el uso de técnicas más sofisticados, como el análisis multivariante, son cada vez más populares. La ventaja principal de los métodos estadísticos como el antes mencionado es que consideran la relación compuesta entre todos elementos ligados a un homicidio. Así, se obtiene una mejor comprensión del fenómeno y se permite la obtención de conclusiones más útiles y realistas. Los estudios que utilizan este enfoque metodológico se basan en la perfilación criminal y su aplicación práctica durante las investigaciones policiales.

El perfilador criminal es un profesional que ofrece consejos e información operativa en las investigaciones policiales, utilizando un enfoque basado en evidencias científicas. No obstante, la información que un perfilador criminal ofrece no tiene carácter vinculante, sino que se presenta en términos probabilísticos.

Nos alejamos de la visión tradicional del perfilador que predice los rasgos de personalidad de un criminal desconocido. La base del trabajo de un profesional de este campo se compone de elementos que permiten hipotetizar las características potenciales de un criminal, facilitando un proceso más riguroso de priorización de los sospechosos. Por lo tanto, la eficacia de la investigación policial aumenta.

Las características de los criminales de mayor interés suelen ser las relativas a variables sociodemográficas (sexo, edad, país de origen), historial delictivo y tipo de relación que tiene con la víctima. Algunos autores también se han enfocado en las diferencias en el modus operandi según el género del autor de un homicidio y en los actos de precaución que llevan a cabo.

 El objetivo de este estudio es determinar qué características del homicidio, de los comportamientos llevados a cabo en la escena del crimen y de las víctimas están asociadas a las características del autor de un homicidio en una muestra española. La muestra de estudio se compone de 448 casos de homicidios, con autores mayores de edad, donde solo hay una víctima y un criminal (se excluyen los homicidios múltiples) y registrados en España entre el 2010 y el 2012. Del análisis de los casos se extraen y se clasifican 6 variables en relación al autor (edad, sexo, país de origen, historial delictivo, historial de crímenes y relación con la víctima) en función de 18 variables relacionadas con la escena del crimen, modus operandi y características de la víctima.

La variable mas relevante para identificar el género del autor de un crimen es la edad de la víctima, el tipo de arma homicida y/o el método utilizados para cometer el crimen. Es más probable que el autor sea una mujer cuando la víctima es menor de edad y cuando se utilizan métodos de asfixia para cometer el crimen. Por otro lado, es más probable que los hombres utilicen armas de fuego o su fuerza física para matar a sus víctimas. En términos generales, hay evidencias de que cada criminal está influenciado parcialmente por las características de las víctimas a la hora de elegir las armas/métodos.

Para determinar la edad del autor son determinantes la edad y el género de la víctima y el método de aproximación a esta. Por ejemplo, es más probable que el autor sea mayor de 51 años si la víctima ronda esta edad y si es mujer. En otros estudios se ha observado que es más probable que el autor tenga 55 o más años cuando la víctima es mujer y mayor de 65 años.

Si el autor se aproxima súbitamente a la víctima, si ha tenido alguna relación previa con esta o si la aproximación no ocurre con el objetivo de cometer un crimen, hay casi un 60% de probabilidad de que el agresor tenga entre 18 y 30 años. En cambio, si la aproximación es por sorpresa y la víctima es menor o tiene entre 18 y 30 años, hay una probabilidad de entre 50% y 70% de que el autor tenga entre 31 y 50 años.

El país de origen de la víctima es la variable que más se asocia al país de origen del agresor. Si la víctima es de origen extranjero, hay una probabilidad de 30% de que el agresor sea español y esta asciende a una 74% de que el agresor sea también extranjero. Cuando la víctima es española, se registra una probabilidad de 80% de que el agresor también lo sea.

 Para determinar si el autor de un crimen tiene un historial delictivo el método utilizado para escapar de la escena y la edad de la víctima son aspectos clave. Este resultado es consistente con otros estudios que indican que aquellos agresores con un historial de conductas violentas y agresiones sexuales suelen elegir víctimas con edades entre 19 y 35. Estos también suelen llevar a cabo más actos de precaución para evitar que se les identifique.

En cambio, para determinar si el autor tiene un historial específicamente de crimen (homicidio, i.e. crímenes contra la vida, la integridad o la libertad de otros) no solo son claves los dos aspectos antes mencionados sino también el lugar del homicidio. El mejor nivel de probabilidad se obtiene en cuanto a víctimas menores de edad o mayores de 64. En estos casos hay un 81% de probabilidad de que el autor tenga historial criminal.

Por último, el género y la edad de la víctima se asocian de manera significativa al tipo de relación entre victima y agresor. Si la víctima es menor de edad y de sexo masculino, es más probable (71%) de que el agresor sea un miembro de la familia. De manera similar ocurre cuando la víctima es anciana. En cambio, si la víctima es hombre mayor de 18 años es más probable que el agresor sea un conocido. También se destaca que, si la víctima es mujer entre 18 y 64 años, la probabilidad de que el agresor sea su pareja o expareja roza el 70%.

Los resultados obtenidos en este estudio son consistentes con las ideas centrales postuladas en la perfilación criminal. Es decir, en base a ciertos elementos del homicidio se pueden generar hipótesis sobre las características potenciales del autor de un crimen. A su vez, esas hipótesis ayudan a tomar decisiones y a establecer un proceso de priorización de los sospechosos más riguroso.

Muchos estudios de criminología y otras ciencias forenses han demostrado la utilidad de la perfilación criminal en la medida en la que el análisis se basa en procedimientos estadísticos que analizan interacciones (p. ej. análisis multivariado) y no tanto en modelos puramente lineales.

Por último, se destaca la importancia de tener más en cuenta las características de las víctimas. Algunos autores incluso consideran a la víctima como una extensión de la escena del crimen y, por lo tanto, algo imprescindible para el análisis. Mayor conocimiento sobre la perfilación criminal y cómo interpretar las asociaciones entre rasgos de la escena del crimen, del agresor, de la victima y otros podría llevar a una reducción importante del tiempo y de los recursos económicos invertidos en las investigaciones criminales.

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Características del abuso sexual a menores cuando el agresor es mujer. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Child sexual abuse perpetrated by women: case series and review of the literature” de Curti S. M., Lupariello F., Coppo E., Praznik E. J., Racalbuto S. S. y Di Vella G. (2019). Se analizan una serie de casos de abuso sexual infantil llevado a cabo por mujeres y se explora la homogeneidad de características, tanto de las víctimas como de las agresoras.

La sociedad parece tener un punto ciego con respecto a las agresoras sexuales de menores. Histórica y culturalmente, los agresores sexuales se perciben como hombres. Aunque el porcentaje de agresoras sexuales de menores (ASM solo para mujeres, de aquí en adelante) está bastante por debajo del porcentaje de agresores, no cabe duda de que las mujeres también llevan a cabo este tipo de delitos. El hecho de que una mujer sea capaz de llevar a cabo tales acciones choca con la creencia común (que gradualmente se va superando) de que las mujeres son sujetos pasivos sexualmente y no tienen ni el deseo ni el potencial para cometer tales crímenes. Además, en el caso de menores es aún más difícil de creer, dada la constante práctica y atribución del rol de cuidadoras a las mujeres.

Se debe tener en cuenta que los registros sobre la prevalencia de ASM se basan en datos fuertemente influenciados por el tipo de fuente de la que provienen. Los estudios que analizan la prevalencia de ASM suelen contar los casos que llegan a la atención del sistema judicial. Y si abusos o agresiones sexuales a menores llevadas a cabo por hombres se denuncian poco, en el caso de las mujeres ese poco disminuye mucho más. En algunos registros y/o estudios, la prevalencia de ASM ronda el 10% de los casos. Las ASM que reciben una condena son aquellas que llevan a cabo actos muy graves y violentos. Probablemente haya una elevada cifra negra, sea por falta de denuncia o por una actitud más indulgente del sistema judicial o social.

Este estudio utiliza un enfoque cualitativo y retrospectivo para el análisis de 9 casos de abuso sexual en los cuales el delincuente es una mujer. Dos de los casos implican a una misma agresora, con dos víctimas hermanas. En total se analizan 11 víctimas, con un rango de edad de 3 a 10 años y 8 ASM, con un rango de edad entre 33 y 70 años. Los casos provienen de la Unidad Bambi del Hospital Pediátrico de Turín, una unidad multidisciplinar entrenada específicamente para detectar los casos de menores que sufren de abuso sexual. En el análisis se tienen en cuenta datos clínicos y judiciales, tanto de las víctimas como de las agresoras. De esta forma, es posible mirar más de cerca las relaciones entre ambas partes y no solo los roles de cada uno por separado.

La mayoría de los abusos sexuales a víctimas de corta edad (menores de 5 años) de las analizadas ocurren en un contexto de cuidados. Lo curioso es que la mayoría de las ASM eran cuidadoras puntuales de las víctimas. Estas ASM eran abuelas paternas en 5 casos (45%), la madre biológica en 3 casos (27%), una vecina en 2 casos (18%) y una empleada cuidadora en un caso (9%).

 En cambio, el acercamiento sexual a las victimas mayores de 9 años se expresa de manera distinta. No se dan tanto en un contexto de cuidado y hay acciones más explicitas o sugestivas de la ASM hacia la víctima. Es decir, se acercan más al concepto de agresión que de abuso sexual. Se observa una predominancia del involucramiento o la exposición de las victimas a contenido pornográfico. Además, estas víctimas no tenían una relación de alto apego emocional, común en las victimas más pequeñas, y desarrollaron miedo hacia la agresora. Estas diferencias indican una modulación del comportamiento de las agresoras. No se acercan solo a las victimas que consiguen engañar, sino que adaptan su comportamiento a la edad de las víctimas.

En la mayoría de los casos, no solo hubo abusos sexuales, sino también violencia asistencial y otras formas de abuso. Se destaca la dificultad de obtener pruebas físicas de las víctimas, dado que se observa que en el 60% de los casos hay algún tipo de contacto con contenido sexual, pero son abusos sin penetración. Lo que más se registran son acciones coercitivas o manipulativas a nivel verbal, para presenciar actos sexuales de las agresoras, para exponerse a contenidos pornográficos o para participar en ellos. Estos resultados son coherentes con otras investigaciones donde se ha visto que solo en 1% de los casos se dieron evidencias físicas significativas. En algunos casos, las señales físicas de abuso aparecieron unos días más tarde después del abuso, por lo que el primer análisis médico resultó en una falta de pruebas. En otros casos, cuando la exploración medica se lleva a cabo muy tarde, no se registra nada porque el tejido joven tiene una alta capacidad de regeneración.

Algunos autores consideran que los casos de contacto sin penetración son los más frecuentes porque el abuso se lleva a cabo con más facilidad, enmascarándolo como una extensión de los cuidados de los menores (lavar, vestir, aplicación de cremas genitales, etc.). No hay una demanda directa de actividad sexual por parte de la agresora, sino una actitud activa de manipulación del menor.

De los casos analizados, solo en los menores de 5 años se dieron casos de penetración (con el dedo u objetos pequeños). Las agresoras podrían aprovecharse de la dificultad de los niños y niñas más pequeñas en diferenciar entre su piel, su cuerpo y la de otros. Hasta cierta edad, no se tiene consciencia sobre los limites propios del cuerpo y hay una percepción cargada de fantasía que facilita el engaño y la manipulación de los menores.

Aunque el daño físico sea menor o ausente en muchos casos, el daño psicológico siempre está presente. De hecho, hay estudios que evidencian un mayor daño psicológico de las víctimas cuando el agresor es una mujer. En los casos analizados, se observaron muchas señales de estrés psicológico de las víctimas. Las más frecuentes fueron: comportamiento rígido, hiperactividad, ansiedad, regresión de las funciones mentales, comportamientos de abuso, intimidación y una estructuración inicial de un falso yo.

La observación clínica a medio y largo plazo mostró que las victimas desarrollaron diversos problemas de salud mental y/o comportamentales. Las fobias específicas o los miedos injustificados, los comportamientos sexualizados, ideas constantes relativas al sexo, masturbación compulsiva, aislamiento social y depresión, insomnio y agresividad hacia los adultos fueron los más frecuentes.

Entre las ASM hay mucha heterogeneidad en cuanto a profesiones, nivel de estudios, historial de problemas de salud mental propio o de familiares y muchas otras características. No hay un perfil común de abuso sexual a menores ni de la condición de víctima, pero en el caso de las ASM sí destacan algunas características que se repiten a lo largo de la muestra: personas simples, carentes de estrategias de afrontamiento para los eventos estresantes de la vida, con comportamiento de negligencia hacia los menores de los que abusaron y hacia otros menores con lo que se relacionaron en el pasado, comportamientos intrusivos y autoritarios, cierta agresividad e historial familiar de violencia (sea como víctima directa o presenciándolo).

¿Por qué es tan importante prestar más atención a estos casos y registrarlos adecuadamente? El análisis de estos casos muestra que en el 75% de los ellos las ASM se quedaron libres de cargos. En un solo caso se condenó a la agresora a un arresto domiciliario de 7 años y a la compensación económica a la familia de la víctima.

Tanto en la experiencia judicial, como en la literatura científica sobre el tema, se observa que a las ASM se les consideran como menos culpables, menos violentas, menos peligrosas. Reciben condenas con menos frecuencia o de menos duración que en los casos en los que el agresor es un hombre y se les da más importancia a factores familiares presentes o pasados.

El testimonio de los menores es el elemento con más influencia en los resultados del procedimiento judicial. No obstante, se presentan diversos obstáculos para la validación de esos testimonios. Con frecuencia (y también se observó en esta muestra), se invalida a los menores como testigos. Además, la distancia temporal entre la primera denuncia y el interrogatorio formal suele ser muy larga; en estos casos fue de 8,5 meses de media. Cuando ocurre esto, fácilmente se invalida el testimonio de los menores como prueba o se le da poca credibilidad. Por eso, muchos casos de abuso sexual llevado a cabo por mujeres acaban libres de condena o con absolución.

Por último, y en cuanto a las relaciones entre víctimas y agresora, se destaca un mayor daño psicológico y mayor inhabilitación para la vida diaria como consecuencia al abuso sexual. Además, cuanto menor sea la víctima mayores daños. Estas diferencias según edad y tipo de relación se dan especialmente por la mediación del apego. Una víctima que espera  protección del adulto y que este responda a sus necesidades más básicas, que recibe a cambio actos de abuso, puede desarrollar patrones de apego desorganizado. Este tipo de apego puede provocar comportamientos desadaptativos tanto en la infancia como en la adultez, ira sin motivo, alternancia de agresividad y desapego, entre otras.

En conclusión, el abuso sexual de menores llevado a cabo por mujeres es una cuestión que no recibe la atención suficiente ni equivalente a la atención que reciben los abusos sexuales a menores llevados a cabo por hombres. Al haber tanta heterogeneidad de características relativas a las víctimas, a las agresoras y a las relaciones entre ellas, se hace necesario un análisis más profundo, de corte más cualitativo, que mejore la detecciónfutura de abusos sexuales a menores y a sus agresores/as.

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