clubforenses.com

clubforenses.com

Categoría: Perfiles criminales (página 1 de 6)

Recuperación del cuerpo tras las 48 primeras horas, implicaciones en la investigación de homicidios sexuales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Body Recovery after the “First48”: implications for sexual homicide investigations” de Reale y Beauregard; en él nos hablan de los factores que influyen a la hora de recuperar un cuerpo.

Siempre se dice que las primeras 48 horas en la investigación de un homicidio son las más importantes. En el presente artículo se analizan las características de la víctima y del victimario, así como del lugar que pueden influir en que un cuerpo sea recuperado dentro de ese margen de tiempo.

En este estudio se hicieron cuatro hipótesis. La primera de ellas es que los agresores que presentan determinadas características (condenas previas) tomarán medidas para que el cuerpo tarde en recuperarse más de 48 horas. La segunda de las hipótesis es que los casos que tengan víctimas con determinadas características (víctimas marginales) llevará más de 48 horas localizar el cuerpo. La tercera es que los cuerpos que hayan sido abandonados en determinados lugares, en el exterior, llevará más de 48 horas localizarlos. Por último, aquellos asesinos que tengan conciencia forense provocarán que se tarde más de 48 horas en localizar el cuerpo.

Los datos para el estudio se obtuvieron de la Royal Canadien Mounted Police (RCMP). Para incluirse tenían que ser casos consumados y tenían que cumplir la definición de homicidio sexual del FBI, incluyendo al menos uno de los siguientes elementos: falta de atuendo en la víctima, la exposición de las partes sexuales de la víctima, que el cadáver presente una posición sexual, objetos insertados en las cavidades de la víctima, evidencia de actividad sexual o evidencia de actividad sexual sustitutiva, interés o fantasía sexual.

Se manejó una muestra de 250 casos ocurridos en Canadá desde 1948 a 2010. Se comparó los casos donde el cuerpo había sido recuperado en las primeras 48 horas y en los que no, contando desde la última vez que fue vista la víctima con vida. Se optó por esa franja temporal porque según los investigadores es cuando se produce una mayor obtención de información y de evidencias forenses. De los casos analizados un 56,4% fueron recuperados en las primeras 48 horas y el 43,6% restante pasado ese tiempo.

También se analizaron siete características del victimario como es la edad, la raza, si poseía o no una dirección fija, su estado civil, condenas previas por otros delitos violentos, condenas previas por delitos sexuales o cualquier condena por delitos contra la propiedad. Un 63,2% de la muestra eran blancos, con una edad media de 28 años, un 51,8% estaba casado, un 92% tenía residencia fija y un 59,6% tenía antecedentes por delitos contra la propiedad.

Además, se examinaron cinco características de la víctima que son edad, sexo, raza, si es una víctima marginal (trabajadora sexual, vagabunda, aborigen), y su relación con el agresor. La mayor parte de las víctimas eran mujeres (87,6%), blancas (63,2%) con una edad media de 27 años.

También se realizó un estudio de las variables relacionadas con el lugar. Por un lado, podían ser relativas al lugar donde se tuvo el primer contacto entre víctima y agresor y por otro, el lugar donde se abandonó el cuerpo. Se analizó en ambos casos si era el lugar de residencia de la víctima, cómo la trasladó, si era un lugar público o una localización exterior. El primer contacto con la víctima se produjo en exteriores en un 32,8% de los casos y se abandonó el cuerpo en exteriores en un 59,8% de los mismos. La siguiente ubicación más usada fue la residencia de la víctima, siendo el lugar de contacto en un 26,6% de los casos y el lugar de abandono del cuerpo en un 25,2%.

En relación a la conciencia forense del agresor se analizó si destruyó pruebas, si manipuló a la víctima o la escena, si tomó otras precauciones, si se localizó semen u otros indicios biológicos y si el cuerpo de la víctima había sido movido, desechado o desmembrado. Lo más común fue desechar el cuerpo (42,8%), destruir pruebas (38,8%) y mover el cuerpo de la víctima (30,8%).

Los resultados que aportó el análisis son que en los casos con agresores de más edad el cuerpo se recupera después de las primeras 48 horas. Al igual que ser soltero, tener un historial previo de delitos violentos y de delitos contra la propiedad también en estos casos se recuperaba el cuerpo pasado esa franja temporal. La edad de la víctima es la única variable que influenciaba en la recuperación del cuerpo. En relación a la localización, la residencia de la víctima, el transporte del cuerpo y las localizaciones exteriores hacían que pasarán más de 48 horas para localizar el cuerpo. Influían de la misma manera el destruir pruebas, mover el cuerpo o desecharlo.

Las investigaciones anteriores demostraron que un agresor organizado tenía una planificación cuidadosa y una conciencia forense. Por ello, una de las hipótesis era que en los casos donde el agresor tenía conciencia forense el cadáver sería descubierto después de las primeras 48 horas. Esta hipótesis quedó confirmada con los resultados, en los cuáles se vio que los agresores que eliminan pruebas o intentan deshacerse del cuerpo de la víctima retrasaban en mayor medida su descubrimiento. Lo que coincide además con la literatura preexistente. Aunque hay que señalar que trasladar el cadáver de ubicación no obtiene tan buenos resultados como desechar el cuerpo de la víctima (enterrarlo, ocultarlo, sumergirlo), ya que no solo retrasa su aparición, sino que puede comprometer la integridad de las pruebas forenses. Esto coincide con la tipología de organizado propuesta por Ressler para los homicidios sexuales.

Se hipotetizó que cuando se contacta o abandonaba a la víctima al aire libre se retrasaría su descubrimiento. Los resultados dicen que es más posible que se retrase su aparición si el contacto se produjo mientras se dirigían hacía algún lugar y es menos probable cuando abandonan el cuerpo en un lugar público. Parece ser que influye más el lugar de contacto primario que el lugar de abandono, ya que si por ejemplo se captura a la víctima mientras hace autostop esto dificultaría la investigación debido a que no se conocería su ubicación exacta ni el momento en el que se produjo. Esto se correspondería con la tipología de delincuente geográficamente móvil de Holmes y DeBurger.

En relación a los agresores se planteó que aquellos que tenían condenas anteriores tomaran medidas para retrasar la aparición del cadáver. Esto no se pudo confirmar ya que la única variable que se confirmó es que era más probable que estuviera casado. Esto está en línea con la literatura preexistente que afirma que los asesinos organizados son más estables y tienen más posibilidades de vivir en pareja.

Por último, en relación a las características de la víctima se hipotetizó que aquellas que fuera marginales se tardaría más de 48 horas en recuperar el cuerpo. Esto no puedo establecerse, ya que la única característica que parece relacionada era la edad de la víctima. Los resultados muestran que víctimas más jóvenes tienen menos probabilidades de ser encontradas después de las primeras 48 horas.

Estos hallazgos pueden ayudar en los casos de desapariciones donde se sospeche que puede haber detrás un posible delito. En los casos donde el cuerpo no se haya encontrado en 48 horas, los esfuerzos deberán centrarse en buscar cuerpos ocultos. También pueden ayudar a dar prioridad a sospechosos en los casos donde el cuerpo no haya aparecido en las primeras 48 horas, donde se recomienda que se centren en sospechosos casados.

Opciones de ubicación del crimen: Un análisis geográfico de los asesinos en serie alemanes. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Crime location choices: A geographical analysis of German serial killers” de Synnott, Bakker, Ioannou, Canter y Van der Kemp; en él nos hablan de las posibles diferencias entre las distancias que recorren los diferentes tipos de asesinos, a través de un análisis de 49 asesinatos en serie resueltos en Alemania.

Las investigaciones sobre comportamiento espacial de los delincuentes han demostrado que las elecciones de lugares para los delitos no son aleatorias, sino que son decisiones influidas por tanto por su experiencia como por su conocimiento sobre el área.

Los asesinatos en serie, en general, son cometidos a más distancia del hogar que el resto de crímenes. Para estudiar este tipo de casos es habitual centrarse en el lugar donde abandona el cuerpo, ya que normalmente tiene un significado psicológico para él. El lugar de abandono del cadáver suele llevar un proceso de elección más consciente que el lugar donde capta a la víctima. Investigaciones previas apuntan a que los asesinos que dejan el cuerpo en la escena recorren distancias más cortas hasta su domicilio que aquellos que escogen otro lugar para dejar el cuerpo.

Para realizar este estudio se tomó una muestra de 49 asesinos en serie. Todos los autores fueron varones, la edad de inicio iba desde los 16 a los 51 años, con una edad media de 27 años. El número mínimo de asesinatos fue de tres y el máximo de 15, siendo la media cuatro. El total de los delitos fueron 225. Aproximadamente el 65% de los delincuentes eran solteros. El 59% estaba desempleado en el momento de cometer los delitos. El 75,5% de los asesinos vivió en una sola casa durante los crímenes, el 14,3% en dos y un 10,2% en tres.  En cuanto a los motivos el 53,1% tenían un motivo sexual, el 42,9% su motivación fue económica, un 2% tenía motivación mixta y otro 2% tenía esquizofrenia.

El material utilizado fueron mapas con los lugares de los crímenes marcados y un dossier adicional para cada asesino. Se utilizó como referencia el lugar de abandono del cuerpo, ya que es el sitio sobre el que se realiza una investigación más sólida. Se utilizaron cinco categorías para etiquetar los lugares: ambiente natural (bosques, prados, …), espacios verdes en un entorno construido (espacio verde, parque…), ambiente construido de uso general (calle, aparcamiento, parque infantil…), entorno construido para uso industrial (fábrica, planta de alcantarillado, obra en construcción, basurero …) e interior (casa, galería comercial, estación de tren, tren…). También se diferenció el estado civil de los delincuentes en tres categorías, en individual (solteros y divorciados), casados o en una relación (casados o prometidos), parcialmente casados o en una relación (aquellos que habían estado casados durante una parte de sus crímenes y la otro solteros).

Lo que se pretendía era ver si había diferencias en los procesos de elección del lugar del crimen entre los asesinos que abandonan o no el cuerpo y entre los que tenía una motivación sexual o económica. Para ellos se examinó las distancias entre el hogar y los crímenes y los sitios donde abandonaban el cuerpo.

Los resultados generales confirman los hallazgos anteriores sobre las distancias que viajan los asesinos en serie para cometer los delitos. El tipo de sitio de recuperación del cuerpo solo se correlacionó positivamente con la distancia recorrida del hogar a la distancia total de la muestra cuando la ubicación de la recuperación estaba en un entorno natural.

En el presente estudio la distancia media general fue de 11,05 kilómetros, siendo 4,55 km mayor que en estudios anteriores. La media para este tipo de delitos en EE.UU. es de 15 km y Reino Unido de 9 km. Esto indica que los asesinos en serie alemanes recorren más distancias que otros tipos de criminales, pero están en la media respecto a sus homólogos de otros países.

El tamaño medio de la zona donde cometieron los crímenes fue de 30 kilómetros y era altamente consistente, lo que significa que los asesinos son constantes en las distancias que recorren. Cuando se producía un cambio de domicilio había diferencias en las distancias, esto puede explicarse por la importancia psicológica que todavía tenía el hogar anterior para el delincuente. Investigaciones anteriores habían descubierto que los delincuentes cometen primeramente sus crímenes más cerca de su hogar anterior que del actual y con el tiempo esa tendencia se va revirtiendo.

El lugar de recuperación del cuerpo que estaba ubicado en un entorno natural correlacionó positivamente con la distancia entre el hogar y la comisión del crimen mientras que aquellos que se encontraban en un espacio verde, en un entorno construido o en el interior correlacionaban negativamente. Esto puede no ser sorprendente, ya que investigaciones anteriores descubrieron que los delincuentes que operan en un entorno rural viajan más lejos de sus hogares que lo de los entornos urbanos.

En un principio no se encontraron diferencias entre aquellos asesinos que se deshacen del cadáver en otro lugar que aquellos que lo abandonan en donde lo mataron, aunque estos resultados deberían ser tomados en cuenta con precaución.

Tampoco se encontraron diferencias significativas entre los asesinos con una motivación sexual y aquellos con motivación económica. Esto parece indicar que ambos grupos estén influenciados por los mismos factores en su comportamiento espacial y que no constituyan subtipos útiles para clasificarlos según el mismo.

Las mayores distancias que recorren los asesinos en serie frente a otro tipo de delincuentes pueden explicarse mejor por el papel que juegan las emociones anticipadas que por la teoría de las actividades rutinarias, al igual que la mayor planificación de este tipo de delitos.

En conclusión, no se encontraron diferencias significativas entre la media de las distancias de los que abandonaban o no el cuerpo ni entre los de motivación sexual o económica. Esto indica que la presente clasificación de asesinaos en estos subgrupos no sería óptima para diferenciarlos en relación a su comportamiento espacial.

De los delitos de cuello blanco a los homicidios de cuello rojo. Parte II. Club Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, a continuación presentamos la segunda parte del resumen del artículo “The Arrogant Chameleons: Exposing Fraud-Detection Homicide” de Perri y Litchenwald , en el que explican las características de aquellos delincuentes de cuello blanco que pueden llegar a realizar crímenes al descubrir sus fraudes, así como consejos sobre cómo realizar entrevistas a este tipo de criminales. 

Muchas agencias de aplicación de la ley en América del Norte utilizan la técnica REID como método de entrevistar e interrogar a sospechosos. Los partidarios de la técnica argumentan que ayuda a extraer información de participantes poco dispuestos. La técnica utilizada en el caso de Porco parece ser la Técnica REID, y aunque generalmente es útil, existen límites para su éxito dependiendo del tipo de persona entrevistada. La técnica REID incluye nueve pasos de interrogatorio, pero algunas de estas técnicas pueden ser contraproducentes cuando se trata de personalidades psicópatas.

Una de las premisas de la Técnica REID es que el entrevistador debe tener el control de la entrevista, evitando que el sospechoso niegue la culpa al cortar las explicaciones insatisfactorias y, en última instancia, trabajar hacia una confesión.

La manipulación psicológica comienza antes de que el entrevistador abra la boca. El diseño físico de una sala de interrogatorios está diseñado para maximizar la incomodidad y la sensación de impotencia de un sospechoso. El objetivo es crear una sensación de exposición, desconocimiento y aislamiento. Una vez que comienza el interrogatorio, el entrevistador puede usar evidencia real o inventada para confrontar al sospechoso con el objetivo de hacer que el sospechoso vea lo inútil que es no confesar. Sin embargo, si el sospechoso pide un abogado, la entrevista debe detenerse. Muchas técnicas de entrevista como la Técnica REID también involucran el uso de emociones como una herramienta para ser utilizada por el entrevistador para hacer que un sospechoso brinde información veraz sobre un crimen en particular, ya sea fraude o crimen violento.

Cuando se trata de entrevistar a un delincuente de cuello rojo, los enfoques tradicionales deben modificarse radicalmente para abordar tanto el comportamiento como la perspectiva del psicópata. En los casos en que el entrevistador sospecha que se encuentra en presencia de un verdadero psicópata, es razonable comenzar la entrevista utilizando las tácticas adecuadas para un sospechoso psicópata. Si el entrevistador comienza a usar una estrategia más apropiada para un no psicópata, al darse cuenta de que la estrategia no está funcionando, es posible que no pueda cambiar las estrategias de manera efectiva a mitad de camino al interrogar al sospechoso. Con respecto a Christopher Porco, probablemente fue demasiado tarde para cambiar las estrategias y usar una estrategia psicópata como se discutió. Hubiera sido lo suficientemente inteligente como para sentir que la policía cambiaba de rumbo y usaba una estrategia diferente para él. El hecho de que los detectives siguieran tratando de evitar sus negativas en la entrevista no indujo en ningún momento a Porco a confesar o invocar su derecho a un abogado. La Técnica REID opina que si uno evita que el sospechoso niegue los hechos, el entrevistador puede reducir la probabilidad de que solicite el derecho a un abogado.

La sofisticación de Porco puede haberse derivado del conocimiento de que podría terminar la conversación en cualquier momento exigiendo la representación de un abogado. Es probable que participase en la entrevista durante todo el tiempo que lo hizo en un esfuerzo por averiguar lo que la policía sabía, al igual que la policía quería que divulgara información. Además, Porco probablemente anticipó las preguntas del entrevistador y ensayó las respuestas que le daría. Teniendo en cuenta que su padre era abogado, la comprensión de Porco de las advertencias de Miranda era sin duda mayor que la del sospechoso promedio.

Además, dado que el enfoque tradicional para entrevistar a un no psicópata puede implicar juegos de poder entre el entrevistador y el entrevistado, un psicópata verá la estrategia del entrevistador y probablemente se negará a hablar con el investigador. Es por eso que es importante para un investigador, en la medida de sus posibilidades, evaluar si él o ella está conversando con un psicópata antes de seleccionar una estrategia de entrevista. El psicópata evalúa intensamente cada movimiento y palabra que pronuncie el investigador. El psicópata es un verdadero depredador con instintos de cazador, incluso cuando no exhibe abiertamente esas cualidades. En el caso de Porco, la modificación de la Técnica REID que permitía al sospechoso pensar que tenía el control, permitiéndole revelar explicaciones inconsistentes e inverosímiles sin detener las negativas, habría producido más pruebas para los detectives y, en última instancia, para el jurado.

Por todo ello, a la hora de entrevistar a un posible psicópata, algunas de las mejores estrategias serían las siguientes:

  1. Evite confrontar al criminal de cuello rojo con el estilo que los autores observaron en el caso de Christopher Porco. Los investigadores obtuvieron poca información del enfoque que usaron.
  2. Si es evidente que el sospechoso entrevistado es probablemente el culpable, el objetivo del entrevistador es recopilar la mayor cantidad posible de hechos incoherentes e inverosímiles. Presentar evidencia incriminatoria al criminal de cuello rojo no aumenta la probabilidad de una confesión.
  3. Si el psicópata muestra emoción, el entrevistador debe ser consciente de que son emociones aprendidas al observar cómo se comportan los demás en una situación dada. No se debe modificar la estrategia creyendo que el psicópata dará una confesión del crimen. El psicópata puede estar utilizando esta estrategia por varias razones (por ejemplo, para probar la estrategia del entrevistador, evaluar cuán inteligente es el entrevistador, sondear al entrevistador por debilidad personal…).
  4. El entrevistador no debe hacer amenazas que no puede llevar a cabo. Por ejemplo, si el entrevistador dice que hay evidencia que apunta a la culpabilidad del sujeto, pero el entrevistador no la muestra cuando el sujeto pide verla, el entrevistador ha perdido cualquier posibilidad de obtener información útil. Intentar usar juegos mentales será contraproducente para el entrevistador.
  5. La entrevista del criminal psicópata no puede basarse en apelaciones de simpatía, remordimiento, arrepentimiento u obligaciones sociales. La entrevista debe basarse en un formato no emocional y el diálogo debe girar en torno a hechos y evidencia específica. Las amenazas de castigo no tienen consecuencias para este sospechoso.
  6. En caso de ser un sospechoso de “cuello rojo” (es decir, especialmente violento), un entrevistador debe considerar cuestiones de seguridad al entrevistarle.

Muchas personas, especialmente las que hacen cumplir la ley, creen que para que la entrevista sea un éxito, es imprescindible obtener la confesión. Sin embargo, la definición de una entrevista exitosa debe ser modificada para los sospechosos psicópatas. El hecho de que un detective no obtenga una confesión no significa que la entrevista no fue un éxito. De hecho, las respuestas inconsistentes e inverosímiles que el detective obtiene del criminal de cuello rojo son devastadoras cuando se revelan en el tribunal. Por lo tanto, si hay evidencia física, ya sea directa o circunstancial, las explicaciones inconsistentes ofrecidas por el acusado son invaluables para la acusación.

Los expertos analistas de conducta en gestión del fraude deben ser parte de un equipo de investigación de homicidios si la evidencia sugiere que la detección de fraude puede haber sido el motivo del asesinato. Aunque otros tipos de evidencia física pueden ayudar a encontrar posibles sospechosos, estos expertos pueden estar en una posición única para descubrir un motivo que la evidencia física no revela. Muchos de estos asesinatos revelaron poco en términos de motivos hasta que la evidencia expuso un esquema de fraude subyacente anterior al asesinato. Además, al descubrir el comportamiento fraudulento anterior al asesinato, los analistas de conducta fraudulenta pueden reducir el campo potencial de sospechosos e incluso participar en estrategias preventivas. De hecho, volviendo al caso de Porco, el vínculo con la detección de fraude fue crucial para establecer un motivo para el asesinato cuando la acusación tenía evidencia directa débil, pero evidencia circunstancial de culpabilidad. Los hechos del caso revelan que las víctimas se encontraban en una posición única para detectar el fraude, lo que explica por qué eran los objetivos de los homicidios. Sería conveniente que los expertos en gestión del fraude pudieran informar sobre posibles víctimas potenciales en riesgo. Estos expertos deben de ponerse en el lugar de la posible víctima y preguntar qué sabía que podría amenazar a alguien. ¿La posible víctima podría hacer algo con su conocimiento del fraude del acusado que podría aumentar la probabilidad de que él o ella sea un objetivo de violencia? Como hemos explicado, el delincuente de cuello rojo actúa con una violencia extrema cuando es descubierto el fraude que ha realizado (usualmente fraudes característicos de delincuentes de cuello blanco). Por ello, especialmente en los casos en los que se sospecha que quien ha realizado el fraude puede ser un psicópata y además se sospecha la existencia de un riesgo de desencadenar episodios violentos al ser descubierto, es necesaria una correcta gestión del fraude desde el análisis de la conducta del individuo para, de este modo, establecer medidas preventivas y de seguridad al tratar el conflicto, y en caso de que el conflicto ya se haya desencadenado, familiarizar a los entrevistadores con los rasgos del psicópata para planificar una estrategia de entrevista que ayude a encontrar todas aquellas incongruencias que conduzcan a su condena.

De los delitos de cuello blanco a los homicidios de cuello rojo. Parte I. Club Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, a continuación presentamos el resumen del artículo “The Arrogant Chameleons: Exposing Fraud-Detection Homicide” de Perri y Litchenwald , en el que explican las características de aquellos delincuentes de cuello blanco que pueden llegar a realizar crímenes al descubrir sus fraudes, así como consejos sobre cómo realizar entrevistas a este tipo de criminales. 

Este estudio es el segundo de una serie dedicada a comprender qué son los criminales de cuello rojo. Es fundamental partir de una base para comprender el artículo, y es que en ningún caso se pretende mostrar e imponer que existe un tipo de delincuente clasificado “de cuello rojo”, más bien es una forma coloquial que usa el estudio para referirse a un subgrupo de delincuentes de cuello blanco que son capaces de usar una violencia cruel y brutal contra personas a las que creen que han detectado sus delitos de cuello blanco. Así lo recoge el primer estudio, “Detección de fraude de homicidios: una propuesta de clasificación criminal del FBI” (Perri y Lichtenwald, 2007), siendo ellos los primeros en usar este término de “cuello rojo”.

El estudio que a continuación se resume explica por qué los criminales de cuello rojo no son capaces de cometer actos de violencia contra sus víctimas sin exponer tanto sus delitos de cuello blanco. Los datos sugieren que el rastro de evidencia dejado por el delincuente de cuello rojo muestra el fracaso del delincuente de cuello rojo en evitar la detección y revela su motivo para el asesinato. Además, los hallazgos relacionados con los criminales de cuello rojo se correlacionan con los rasgos conductuales de la psicopatía. Los autores ofrecen sugerencias sobre cómo los investigadores deben enfocar las entrevistas con acusados ​​psicópatas. La transcripción es un cuadro crítico que demuestra que los métodos tradicionales de interrogatorio pueden no ser suficientes cuando se trata del interrogatorio de criminales de cuello rojo y que se puede requerir un enfoque alternativo.

Un aspecto único de este estudio es que se basa en hallazgos extraídos de casos de homicidios en los que los delincuentes de cuello blanco se volvieron violentos y se convirtieron en delincuentes de cuello rojo cuando sus víctimas detectaron su comportamiento fraudulento. En el estudio previo que se mencionó anteriormente, se examinaron los datos disponibles de 27 casos penales, organizando los datos en una matriz. Aquí, los autores analizan evidencia de asesinato específica de un caso, derivada del estudio anterior para identificar rasgos psicológicos o tendencias de comportamiento típicas de criminales de cuello rojo identificados. La hipótesis es que la identificación de rasgos psicológicos y / o tendencias de criminales de cuello rojo podría ser beneficiosa al proponer una explicación de cómo los criminales de cuello rojo, que se han involucrado principalmente en delitos de cuello blanco, llegan a creer que son capaces de participar con éxito en un asesinato y ser capaces de escapar sin ser detectados.

Un camaleón es un reptil que tiene la capacidad de cambiar el color para que coincida con su entorno con el fin de evitar la detección. Los delincuentes de cuello blanco prosperan en la capacidad de evitar la detección para llevar a cabo sus planes de fraude; Tienen la capacidad, como un camaleón, de adaptarse a un entorno determinado. ¿Qué sucede, entonces, cuando los delincuentes de cuello blanco intentan convertirse en delincuentes violentos? ¿Tienen la capacidad, como el camaleón, de cambiar su complexión para evitar la detección? ¿O no logran exponer sus verdaderos colores porque sus habilidades criminales de cuello blanco son inadecuadas cuando se aplican a actos delictivos violentos?

Los datos del caso de asesinato revelan ciertos rasgos de comportamiento que explican por qué los criminales de cuello rojo creen que sus habilidades de crimen de cuello blanco pueden duplicarse como criminales violentos. Los rasgos de comportamiento son el efecto de sus características psicopáticas. Aunque los psicópatas tratan de “mezclarse”, los déficits en su naturaleza psicopática, es decir, la grandiosidad, los controles impulsivos pobres, etc., dificultan su capacidad para prever con precisión las consecuencias de su comportamiento. Los psicópatas tienen dificultades para proyectarse hacia el futuro, lo que quiere decir que tienen problemas para comprender cómo actúan sus acciones en la vida (real), y también tienen deficiencias para reflexionar sobre su pasado. La incapacidad de un delincuente de cuello rojo para pensar en un plan que tenga en cuenta los riesgos potenciales de ser atrapado, y el rastro de evidencia dejado atrás, es otro sello distintivo de su comportamiento.

La información descriptiva es consistente con la conclusión del Dr. Hare de que debido a estos déficits, la realidad autopercibida del criminal de cuello rojo está distorsionada. Dicho de otra manera, un psicópata inventa la realidad para ajustarse a sus necesidades. La creencia grandiosa del criminal de cuello rojo de que al haber cometido un asesinato, él o ella de alguna manera evitará la detección, se prueba que es falsa. De hecho, los datos reflejan exactamente lo contrario. El egocentrismo característico de estos “camaleones” produce una visión demasiado confiada de su capacidad para evitar la detección, por lo que en algunas ocasiones no se molestan en ocultar evidencia incriminatoria.

Un ejemplo de sto lo encontramos en el caso de Robert Petrick. Janine Sutphen subestimó a su marido; Robert Petrick era, de hecho, capaz de dañarla financiera, emocional y físicamente. Después de que Sutphen se diera cuenta de los esquemas fraudulentos de Petrick que afectaban sus cuentas bancarias, Petrick comenzó a planear su asesinato. Según la acusación, Petrick mató a su esposa después de que ella hubiese detectado sus planes de fraude y posteriormente informó que había desaparecido como una forma de desviar la atención hacia él. Janine Sutphen fue encontrada cerca de su casa, envuelta en una lona, ​​saco de dormir, mantas y cadenas, y flotando en el lago Falls de Raleigh. Había muerto de asfixia. La acusación ofreció evidencia de un plan de asesinato recuperado de las búsquedas en el ordenador del acusado. El acusado había buscado bajo “22 formas de matar a un hombre con sus propias manos”, y otras búsquedas de Google incluyeron las palabras “cuello”, “chasquido” y “ruptura”. Es interesante observar que el acusado era un consultor informático que debería haber sabido que las búsquedas se guardan y se pueden recuperar. La respuesta de Petrick al uso de esta evidencia por parte de la fiscalía fue que su esposa tenía entrenamiento en artes marciales, y que podría haber estado buscando en Internet. Hubo otras búsquedas sobre el nivel del agua en el lago donde se encontró el cuerpo de Sutphen, y parecía no tener buenas explicaciones para esas búsquedas. Tampoco parecía tener razones creíbles para las búsquedas de Google sobre el tema de “descomposición corporal”, “rigor mortis” y otros sitios web que explican cómo se deteriora el cuerpo humano. Según los detectives, las búsquedas de Google ocurrieron varias semanas antes de que Petrick informara que su esposa había desaparecido y un día después de que los testigos la vieron por última vez.

Durante el período de tiempo que supuestamente faltaba su esposa, un testigo, un hombre que se hizo amigo de Petrick, recordó que cuando se le preguntó por su esposa, Petrick pareció molesto e indicó que había muerto de cáncer. Petrick engañó a las personas con signos externos de las emociones aprendidas observando a los demás y observando cómo se comportaban, emocionalmente, en un conjunto dado de circunstancias. La fiscalía encontró a otra mujer conocida por Petrick que alegó que había vaciado fraudulentamente sus cuentas bancarias para comprar un ordenador. Otra testigo testificó que ella y Robert habían estado recibiendo asesoramiento prematrimonial y habían fijado una fecha para la boda, incluso antes de haber matado a su esposa.

La Lista de verificación psicopática de Hare es una herramienta esencial para un entrevistador, no solo en la investigación de delitos de cuello blanco, sino también de delitos de cuello rojo. Los investigadores expuestos a los hallazgos de Hare pueden centrarse tanto en los aspectos tangibles de las investigaciones de homicidios como en las cualidades intangibles del comportamiento psicopático que pueden surgir durante una entrevista, cuya detección requerirá un ojo entrenado. Un entrevistador familiarizado con los rasgos puede hacer preguntas, evaluar respuestas y observar el comportamiento para determinar si la entrevista debe conformarse para adaptarse a una mentalidad psicopática. El entrevistador debe ser consciente del hecho de que el delincuente de cuello rojo está invirtiendo energía mental para comprender lo que representa el investigador.

La capacidad de uno para interpretar el comportamiento psicopático aumenta si el entrevistador no es visto como una amenaza para el delincuente de cuello rojo. Durante la primera entrevista, un entrevistador puede no tener el tiempo para explorar estos rasgos psicopáticos: a) la necesidad de estimulación, b) afecto superficial, c) insensibilidad, d) controles conductuales deficientes, e) problemas conductuales tempranos, y f) delincuencia juvenil; por lo tanto, los autores recomiendan evaluar si el entrevistador está en presencia de un psicópata al revelar aquellos rasgos que probablemente sean más cruciales.

Entre las pruebas más devastadoras que los acusados ​​pueden revelar sobre sí mismos se encuentran las declaraciones hechas a la policía o a terceros. Obtener una declaración es crítico porque el acusado puede revelar sus motivos, estado de ánimo, “hechos” inconsistentes con la evidencia física y otras imposibilidades. En la mayoría de los asesinatos estadounidenses, los acusados ​​hicieron declaraciones que son incriminatorias, poco convincentes e inconsistentes, o alguna combinación de ellas. Aunque el psicópata tiene la habilidad de parecer encantador para ejercer un comportamiento manipulador, esta fortaleza también es una debilidad en la investigación de un asesinato.

Los delincuentes de cuello rojo “camaleónicos” creen que debido a sus puntos de vista embellecidos sobre sus propias habilidades de manipulación, son capaces de crear escenarios ficticios que otros aceptarán. El hecho de que estén hablando con un investigador entrenado no disminuye el auto engaño del psicópata, y pueden disfrutar de la entrevista e intentar ser encantadores. Sin embargo, los criminales de cuello rojo comienzan a perder su capacidad de mezclar ideas y evitar la detección cuando la evidencia comienza a señalarlos como culpables de asesinato.

El hecho de que los criminales de cuello rojo no sean veraces no es tan importante como lograr que estos “camaleones” hablen. Sin embargo, los entrevistadores deben ser conscientes de que entrevistar al psicópata puede ser un desafío si la entrevista no avanza con el objetivo de obtener información inconsistente e inverosímil en lugar de hacer que el “camaleón” diga la verdad. Además, incluso si el sospechoso es confrontado con evidencia que contradice sus afirmaciones, no hay que esperar que el sospechoso muestre ansiedad o incomodidad emocional. Tales manifestaciones externas de emoción que un no psicópata exhibiría si se confrontara con evidencia incriminatoria no es característica de los psicópatas. Sin embargo, haciendo que el psicópata hable, un rastro de declaraciones que no tienen sentido vendrá de la mano y producirá una poderosa imagen de engaño y falta de credibilidad en el juicio.

Un caso que ejemplifica este punto es el homicidio de Christopher Porco. En este caso, el acusado, Christopher Porco, usó un hacha de bombero para que su padre muriera mientras dormía. El hijo asesinó a su padre, quien descubrió el comportamiento fraudulento de su hijo y se enfrentó a su hijo. Intentó matar a su madre que también había estado durmiendo junto a su marido, pero ella sobrevivió. La policía interrogó a Christopher Porco en un intento de descubrir la verdad; sin embargo, durante el interrogatorio de 6 horas, no mostró emoción, nunca se estremeció y nunca confesó el asesinato. Las inconsistencias provocadas fueron importantes, pero los entrevistadores nunca las explotaron adecuadamente.

Había signos de advertencia de las cualidades psicópatas en Christopher Porco: había dejado un rastro de comportamiento engañoso, había obtenido préstamos fraudulentamente utilizando a sus padres como deudores sin su conocimiento, y había varias correspondencias por correo electrónico entre Porco y sus padres que demostraban la tensión entre las partes. Sus padres finalmente lo confrontaron con respecto a su comportamiento fraudulento y amenazaron con ir a las autoridades para tomar medidas contra él. En un correo electrónico, su padre escribió: “¿Usaste mi firma? ¿Qué diablos estás haciendo? Deberías haberme llamado para hablarlo … Llamaré a Citibank para averiguar qué lo has hecho y les voy a decir que no voy a estar como codeudor “.

Sorprendentemente, al día siguiente, Citibank notificó a Peter Porco que su hijo también había obtenido una línea de crédito para comprar su nuevo Jeep Wrangler. Una vez más, Christopher había usado el nombre de su padre como co-signatario para asegurar el préstamo del coche. Los padres trataron de comunicarse con Christopher por teléfono, pero Christopher no les habló. En otro correo electrónico, el padre escribió: “Quiero que sepas que si vuelves a abusar de mi crédito, me veré obligado a presentar declaraciones juradas de falsificación para negar responsabilidad y eso se aplica al préstamo de Citibank si intentas reactivarlo o usar mi crédito para obtener cualquier otro préstamo “.

Varios de los psicólogos del área de Albany, Nueva York y profesionales de la salud mental familiarizados con el caso se enfocaron en el patrón continuo de mentiras y engaños de Porco y declararon que el comportamiento de Porco era consistente con el de un psicópata. Además, estos profesionales señalaron su patrón de percepciones grandiosas de sí mismo como miembro de una familia adinerada e influyente. Se sabía que Porco le había mentido a amigos y conocidos sobre una herencia ficticia por valor de millones de dólares de su abuelo. Incluso se informó que su padre le dijo a un compañero de trabajo que su hijo menor era sociópata.

Después de haber pagado la fianza, mucha gente descubrió que el comportamiento de Christopher Porco era extraño dada la gravedad de los cargos de asesinato en su contra. Mientras esperaba el juicio, se lo encontró arrogante, bebiendo en bares, asistiendo a conciertos, yendo a establecimientos de entretenimiento… Este comportamiento se ajusta a los rasgos de un individuo psicópata que necesita grandiosidad y embellecimiento.

Es interesante notar que durante una entrevista con CBS, en respuesta a una pregunta sobre visitar a su madre en el hospital, Porco declaró: “La vi, estaba hinchada y cubierta de tubos, y mi reacción fue: rompí a llorar”. Me caí al suelo allí mismo “. Sin embargo, el ex ministro de Juventud, Joseph Catalano, que había ido al hospital para estar con Porco afirmó haber quedado “impresionado por el extraño comportamiento de Christopher, porque no parecía mostrar ningún dolor”. El uso que hace el psicópata de la “estrategia del camaleón” no es sorprendente, ya que intentará leer una situación y determinar la respuesta emocional apropiada o esperada que parezca simpatizar adecuadamente con los demás. Cuando Porco fue entrevistado por la policía un día después del homicidio, no mostró ninguna emoción, lo que es notable dado que la entrevista duró más de 4 horas.

El caso de Porco es una ilustración importante de cómo no realizar una entrevista cuando el sospechoso es un delincuente de cuello rojo. Aunque hubo aspectos de la entrevista que demostraron ser útiles, el enfoque del investigador no coincidía con la estructura psicológica del entrevistado. Con demasiada frecuencia, los investigadores de crímenes violentos intentan abrumar al sospechoso jugando en su mentalidad emocional. Este enfoque es extremadamente efectivo, especialmente con un sospechoso no psicópata. Pero no es útil para un verdadero criminal de cuello rojo.

A lo largo de la entrevista, los investigadores obtuvieron el testimonio que, para un entrevistador entrenado, habría revelado rasgos psicopáticos. Por ejemplo, durante la entrevista, Porco admitió que era impulsivo, irresponsable, mentiroso, tenía una visión exagerada de sí mismo, se involucraba en la grandiosidad y disfrutaba impresionar a los demás con hechos ficticios. Lo más importante fue la falta de una exhibición de afecto emocional. Muchos acusados ​​de asesinato no psicópatas se derrumban emocionalmente debido a la necesidad de desnudar sus almas, llorar, temblar y mostrar otros atributos que se esperan de alguien empujado a tal escenario. Sin embargo, este no fue el caso.

Suponiendo que no fuera demasiado tarde para hacerlo, una vez que los entrevistadores sospecharon que su sospechoso tenía características fuertes de un psicópata, su estrategia debería haber reflejado un enfoque no conflictivo. Uno observa a los entrevistadores tratando de “subir la voz” contra Porco con un aluvión de preguntas destinadas a romperlo emocionalmente para que él confiese el asesinato. El investigador intentó jugar con las emociones y virilidad de Porco como una estrategia para obtener una confesión, pero la estrategia no lo llevó a ninguna parte. Porco dio siempre respuestas suaves, ausentes de emoción; tampoco sus respuestas ofrecen ninguna idea del asesinato en sí. El investigador hizo preguntas sobre el fraude cometido por Porco, pero no presionó para obtener más detalles, que es precisamente el área que debería haberse examinado a fondo para revelar el verdadero motivo del acusado para el asesinato. El investigador debería haberlo confrontado con la correspondencia por correo electrónico con su padre que expuso su comportamiento fraudulento poco antes del asesinato.

El objetivo de los investigadores, en este caso, debería haber sido exponer las inconsistencias e inverosimilitudes de las respuestas de Porco. En lugar de intentar que se sienta culpable por sus acciones con la esperanza de una confesión, el investigador debería haber mantenido la calma, como Porco, para hacer preguntas. Cuando las respuestas de Porco no coincidían con la evidencia recopilada, el investigador debió haber confrontado tranquilamente a Porco sobre la inconsistencia y además le permitió la oportunidad de enterrarse con más mentiras. Cada investigador incorrectamente transfirió una explicación no psicópata sobre el asesinato tratando de infundir una emoción al asesinato para sugerir que de alguna manera la ira de Porco era el ímpetu para el asesinato. Los investigadores no entendieron que el problema no era sobre la ira o cualquier otra emoción, sino sobre usar el asesinato como una solución a un problema. Porco no participó en un debate moral interno sobre si el asesinato era una opción. La horrible manera en que realizó el asesinato no se correlaciona necesariamente con la cantidad de enojo que sentía Porco. Sin embargo, a lo largo de la entrevista, el investigador trató de vincular las emociones de Porco con el asesinato.

Aproximadamente a mitad de la entrevista, un detective de la policía del estado de Nueva York fue llamado para participar en el interrogatorio. Él fue muy responsable en su investigación, y no fue amenazante en su enfoque. Interrogó a Porco sobre su rasgo de grandiosidad, y a partir de ahí sobre el motivo de sus mentiras, sin mencionar nada relativo al asesinato. El detective no tuvo que intimidar a Porco para que admitiera que mentía. Sin embargo, a medida que avanzaba la entrevista, él también cayó en la misma estrategia que siguieron los otros detectives, que era utilizar un enfoque emocional y de confrontación.

Hay que pensar en cómo un fiscal podría usar esa admisión en un juicio con fines de destitución durante el interrogatorio de un acusado que declara inocencia. Si un acusado está dispuesto a mentir sobre los hechos más mundanos e inofensivos, ¿en qué está dispuesto a mentir cuando se trata de hechos importantes sobre un asesinato? El investigador debe tener en cuenta que atrapar a un delincuente de cuello rojo en una mentira no desquiciará emocionalmente al delincuente de cuello rojo para provocar una confesión. El criminal de cuello rojo simplemente irá a otra mentira. Contrariamente a la estrategia de investigación habitual, el remordimiento, la emoción y la pasión son irrelevantes, y el entrevistador debe explotar hábilmente este atributo psicopático. El investigador debería ser capaz de visualizar cómo se desarrollarán las respuestas inconsistentes e ilógicas del psicópata en un tribunal de justicia en beneficio de la fiscalía. Sin embargo, el criminal de cuello rojo no está pensando de antemano acerca de cómo se percibirán sus respuestas; el criminal es demasiado narcisista para ser lo suficientemente introspectivo, o para considerar cómo otros percibirán sus respuestas.

Por todo esto, es crucial que el investigador entienda a qué tipo de persona está entrevistando y elabore una estrategia efectiva. Desafortunadamente, la declaración de Porco a los investigadores no se usó en el juicio ya que los entrevistadores violaron su derecho constitucional de tener un abogado que lo represente a petición suya.

 

 

¿Escuchan voces en su cabeza? Realidad vs. Simulación. Club Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, a continuación presentamos el resumen del artículo “Listening to voices: The use of phenomenology to differentiate malingered from genuine auditory verbal hallucinations” de McCarthy-Jones y Philip Resnick,  en el que se explican las características fundamentales del fenómeno de “escuchar voces en la cabeza” y las pautas principales para diferenciar un caso genuino de uno simulado.

Las experiencias de oír voces en ausencia de cualquier estímulo externo apropiado, referidas en la literatura psiquiátrica como alucinaciones verbales auditivas (AVH), son una característica común de muchos trastornos psiquiátricos. Aunque se encuentran con mayor frecuencia en personas diagnosticadas con esquizofrenia, con aproximadamente tres de cada cuatro personas con este diagnóstico que experimentan AVH, también se pueden encontrar en personas con otros diagnósticos psiquiátricos como trastorno bipolar, trastorno límite de la personalidad y trastorno de estrés postraumático, así como como miembros sanos de la población general.

Los profesionales de la salud mental capacitados pueden ser engañados por personas que afirman falsamente experimentar AVH. Aunque hay pocas razones para sospechar que las personas angustiadas que acuden habitualmente a los servicios de salud mental afirman falsamente que escuchan voces, hay una serie de situaciones en las que puede haber un beneficio potencial para que las personas afirmen falsamente estar experimentando AVH. Se dice que estos individuos están simulando, lo que el DSM-IV-TR define como “la producción intencional de síntomas físicos o psicológicos falsos o extremadamente exagerados, motivados por incentivos externos”. Estos incentivos externos pueden incluir obtener pagos injustificados de asistencia social o escapar de la persecución ya sea por incompetencia para ser juzgado o por la locura en el juicio. La existencia de acusados ​​que simulan AVH en casos penales y personas que simulan AVH para obtener una ventaja financiera están bien documentados. De hecho, se ha afirmado que los AVH son el síntoma de psicosis con más frecuencia simulado por los acusados ​​delictivos.

Las razones por las que los individuos eligen simular específicamente las AVH (a diferencia de otras experiencias asociadas con la psicosis) pueden incluir la percepción de asociación entre AVH y locura a la vista del público, y la efectividad de AVH en potencialmente obtener un motivo de demencia exitoso, ya que una persona no es responsable de su conducta criminal si al momento de tal conducta como resultado de una enfermedad mental o defecto que carece de capacidad sustancial para apreciar la criminalidad de su conducta o para ajustar su conducta a los requisitos de la ley.

Por ello, el actual artículo resumido explica que la opinión primero debe establecer si el acusado tenía una “enfermedad o defecto mental”. Un diagnóstico psiquiátrico per se no es suficiente para cumplir con este requisito. El DSM-IV-TR  contiene un descargo explícito de que simplemente tener un diagnóstico incluido en el manual no implica que cumpla con los criterios legales para una enfermedad mental en una defensa por demencia. Dado que las AVH se definen como un síntoma característico de la esquizofrenia, y que la Declaración de posición de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría de 1982 sobre la defensa contra la locura estableció que para que un trastorno sea una “enfermedad o defecto mental” debería “ser de la gravedad (si no siempre de la calidad) de las condiciones que los psiquiatras diagnostican como psicosis “, es probable que las AVH conduzcan al juicio de que el individuo tiene una” enfermedad o defecto mental “.

En segundo lugar, la opinión de los expertos debe establecer evidencia de capacidad. Las AVH puede abrumar la capacidad de un individuo de conformar su conducta a los requisitos de la ley. De manera similar, en el caso de un decreto deficiente (en el que una persona escucha la voz de Dios que le ordena llevar a cabo una acción), un acusado penal podría argumentar que no conocía la ilicitud de sus acciones y, por lo tanto, calificar para la locura en los paises que no tienen un brazo “incapaz de abstenerse” de la prueba de locura. Al decidir si una persona puede negarse a obedecer un comando de AVH, el evaluador debe evaluar las consecuencias que un individuo cree que seguirá como resultado de no obedecer la voz. Las consecuencias percibidas por no obedecer una alucinación de mando pueden variar desde un sueño inquieto, a un peligro significativo para uno mismo, a la creencia de que el alma pasará la eternidad en el Infierno. Solo las consecuencias de la severidad de estos últimos tipos probablemente cumplan con el estándar de locura.

Finalmente, el acusado debe establecer que la AVH jugó un papel causal en la ofensa. Aquí es crítico para el evaluador psiquiátrico establecer la relación entre el AVH y el comportamiento criminal del acusado. En resumen, dado que las AVH verídicas pueden, por las razones mencionadas anteriormente, conducir a una defensa de demencia exitosa, las AVH simuladas pueden conducir a un resultado de prueba injusto.

Si bien la existencia de AVH simuladas naturalmente enfoca la atención en prevenir que los errores involuntarios de la justicia derivados de AVH simulados no sean detectados, también existe el peligro de injusticia que resulta de que alguien que realmente ha experimentado AVH sea incorrectamente etiquetado como simulador. Este problema fue planteado por un estudio  de Rosenhan, quien se puso en contacto con el personal de un hospital para informarles que en algún momento durante los siguientes 3 meses, una o más personas que fingían AVH tratarían de ingresar al hospital psiquiátrico. De 193 juicios sobre pacientes realizados por el personal y obtenidos por Rosenhan, el 21% fueron acusados ​​con alta confianza de estar fingiendo. Entonces se reveló que, de hecho, Rosenhan no había enviado ningún pseudopaciente al hospital. Por lo tanto, es bastante plausible que, en un tribunal de justicia, algunos acusados ​​que honestamente informan haber tenido AVH puedan ser considerados erróneamente por testimonio experto como simuladores.

La capacidad de evaluar con precisión si las AVH reivindicadas son verídicas o simuladas es, por lo tanto, de crucial importancia, particularmente para el resultado de juicios penales en los que el acusado afirma que tales experiencias son relevantes para su defensa o su competencia para ser enjuiciado. Los médicos llamados a hacer este juicio deben tener un conocimiento detallado de la fenomenología de AVH genuinos. Tales decisiones también pueden ser informadas provechosamente por el conocimiento de la fenomenología de las AVH simuladas.

Por todo esto, es fundamental conocer la fenomenología de las AVH genuinas tal como lo establece la investigación contemporánea. En este artículo que resumimos, los autores explican con detenimiento determinadas características que pueden diferenciar una AVH simulada de una real, por lo que a continuación se nombrarán algunas de las características más destacadas.

La primera es relativa a la hipótesis de que, por lo general, las voces provienen del interior de la cabeza (con el corolario de que las voces que se oyen como provenientes de fuera de la cabeza son atípicas). Sobre esto, la evidencia de investigación no respalda la afirmación de que las voces localizadas son emblemáticas de AVH genuino, y las voces localizadas externamente son atípicas. Por ejemplo, un estudio encontró que de 199 pacientes psiquiátricos (81% que habían sido diagnosticados con esquizofrenia), el 38% escucharon ambas voces provenientes de dentro y fuera de su cabeza, 34 % solo escuchó voces localizadas internamente, y 28% solo escuchó voces localizadas externamente. El segundo estudio más grande de esta pregunta, que estudió a 100 pacientes psiquiátricos (la mayoría con un diagnóstico de esquizofrenia), encontró que el 38% de los pacientes describió tener una voz que se encontraba dentro de su cabeza, mientras que el 49 % de la muestra escuchó sus voces a través de sus oídos como estímulos externos.

La segunda hipótesis, es relativa a que las voces son típicamente las de personas famosas o de grupos de personas o de extraños. Un número significativo de personas diagnosticadas con esquizofrenia identifican sus voces como las de personas famosas. Sin embargo, las voces alucinadas a menudo también eran conocidas por el paciente en la vida real, lo que indica que pueden modelarse en la memoria de una voz real. De hecho, en su estudio, el 46% de los pacientes escucharon voces que podrían identificarse como personas reales y conocidas, como un pariente, un vecino o un médico. Además, una investigación de McCarthy-Jones et al.  mostró que el 70% de los pacientes informaron que las voces que escuchaban eran como las de las personas que les habían hablado en el pasado. La literatura más amplia de AVH también está repleta de ejemplos de personas que oyen voces de personas que conocen personalmente y que han conocido en el pasado. Finalmente, en términos de escuchar las voces de grupos de personas, McCarthy-Jones et al.  encontraron que el 53% de los pacientes nunca oyeron todas sus voces hablar al mismo tiempo (como un coro).

 Entre las propiedades típicas de AVH están que los pacientes pueden escuchar un mayor número de voces de lo que se pensaba anteriormente, se demostró que las voces que hablaban en un volumen conversacional normal eran menos comunes de lo que se había pensado anteriormente, y que el 12% de los pacientes informaron escuchar voces que sentían eran idénticas “repeticiones” de recuerdos de conversaciones previas que habían experimentado (una experiencia más frecuentemente asociada con el trastorno de estrés postraumático que la psicosis). Al agregar estos hallazgos al corpus de investigación existente en esta área, se puede mejorar el perfil de la fenomenología de una “AVH típica”, que puede usarse como un mejor criterio para evaluar la validez de las AVH reclamadas. Además, el oyente de voz generalmente podrá identificar quiénes son al menos algunas de las voces (por ejemplo, identificar a algunas de ellas como personas reales y conocidas, o atribuir la voz a una entidad sobrenatural como Dios o el Diablo). Por lo general, las voces se escuchan varias veces al día o la mayoría de las veces, y la duración de cada instancia es muy variable (dura desde apenas unos segundos hasta que dura más de una hora). Las voces intentarán influir en la actividad del oyente vocal emitiendo comandos para realizar acciones específicas, y también pueden juzgar al oyente de la voz, típicamente de manera negativa, a través de comentarios críticos o abusivos dirigidos a él / ella. Además de estas voces negativas, las voces positivas muy a menudo se informarán, que son amables, amorosas y de apoyo. Las voces tenderán a ser muy repetitivas en lo que dicen. El que escucha la voz tendrá cierto control sobre sus voces, y algunos podrán hacer preguntas a las voces y obtener respuestas. Las voces individuales también suelen ir acompañadas de voces de murmullo de fondo. Además de esto, los que escuchan la voz generalmente podrán recordar claramente la primera vez que escucharon la voz, y también informarán otras formas de alucinaciones, como música, clics y golpes, alucinaciones visuales y / o alucinaciones táctiles. Además, habrán desarrollado una gama de estrategias para hacer frente a sus voces, informarán que sus voces se vuelven más frecuentes cuando están solos, y que los factores contextuales (por ejemplo, su estado de ánimo) impactan la frecuencia de sus voces.

Por otro lado, existen algunas propiedades atípicas de los AVH. La técnica de preguntar sobre la presencia de características atípicas de una experiencia como método para evaluar la simulación ha sido empleada con éxito con relación a la simulación de síntomas psiquiátricos. Estas propiedades atípicas incluían estar asociado con delirios en todos los casos, usar un lenguaje artificial, no depender del contexto, ser insoportablemente angustiante y no existir estrategias para disminuir las voces malévolas, obedecer todas las órdenes y no mostrar evidencia conductual de distracción. McCarthy-Jones et al. encontraron que el 48% de los que escuchan la voz dijeron que sus voces estaban “constantemente con ellos”, incluso si no hablaban continuamente. También hay alguna evidencia de que muchos oyentes pueden escuchar voces en ausencia de ideación delirante. Se podría agregar a la lista los items encontrados por McCarthy-Jones et al. Que encontraron que en menos del 5% de los pacientes con AVH existía una voz cuyo tono de voz normal es gritar o chillar, escuchaban solo voces femeninas o solo voces de niños, nunca escuchaban la misma voz dos veces, y nunca escuchaban voces con el mismo tema o contenido. Estos ítems se combinan con los ítems señalados como atípicos, así como otros hallazgos de la literatura de investigación, para crear una lista de propiedades atípicas de las AVH. Todas estas propiedades, junto con otras como alegar que no se puede resistir a todos los comandos AVH, han sido utilizados explícitamente por los expertos como parte de sus consideraciones de que los que escuchan la voz estaban simulando sus AVH en casos judiciales.

En resumen, este documento ha identificado las propiedades fenomenológicas típicas y atípicas de las AVH, y revisó lo que se sabe sobre la fenomenología de las AVH simuladas. Ahora se requiere más trabajo, basándose en estos hallazgos, para establecer una herramienta psicométrica confiable y válida que pueda usarse para evaluar la validez de las afirmaciones de un individuo de haber experimentado AVH. Dicha herramienta podría tener el potencial de reducir los errores de justicia que ocurren a través de AVH simuladas que pasan desapercibidas, y a través de AVHs genuinos que son erróneamente etiquetados como simulados.

Diferencia de homicidios típicos y atípicos, y el papel del perfilador criminal. Club Ciencias Forenses.

En este artículo abordaremos la diferencia entre los homicidios típicos y los homicidios atípicos. Los investigadores de homicidios, incluso aquellos que en grandes agencias manejan docenas de homicidios cada año, dedicaron la mayoría de sus carreras a investigar homicidios típicos. Estos incluyen homicidios en los que el perpetrador tiene una relación con la víctima; la víctima se dedica a la actividad de drogas; o la víctima es un objetivo, espectador o participante en otra actividad ilegal. Los homicidios atípicos son aquellos que no caen en una de estas áreas; incluyen crímenes en serie.

Los investigadores veteranos pasan sus carreras en agencias como Detroit, Baltimore, Nueva Orleans y otros departamentos que investigan literalmente cientos de homicidios cada año. Los homicidios de rutina son para el trabajo policial lo que diagnosticar y tratar la gripe es para un médico. Los médicos de práctica general pueden diagnosticar la gripe de manera eficiente y rápida, pero la mayoría de los médicos rara vez ven enfermedades exóticas. Para diagnósticos atípicos, los médicos suelen consultar a un especialista. Los homicidios son similares. La mayoría de los homicidios que estos investigadores ven son el equivalente de la gripe. El homicidio típico a menudo involucra a personas con un historial de violencia y cuando los detectives llegan a la escena, no es raro que conozcan tanto a la víctima como al perpetrador.

La diferencia entre los homicidios que los investigadores están acostumbrados a ver y los que los detienen es la diferencia entre los típicos y atípicos homicidios. Muchos investigadores toman atajos cuando investigan homicidios típicos. Estos accesos directos ayudan a agilizar el proceso y pueden ahorrar dinero y tiempo. Investigar a fondo todos los homicidios sería una pérdida de recursos para un investigador experimentado, pero los accesos directos dejan los casos que faltan por investigar para el perfilador.

La mayoría de los homicidios se cometen principalmente por uno de los tres tipos de perpetradores: (1) la víctima tiene una relación con el perpetrador: amantes, cónyuges, hijos, vecinos o compañeros de trabajo; (2) la víctima se dedica al uso, compra, venta, almacenamiento o distribución de drogas ilegales; o (3) la víctima es un objetivo inocente (es decir, un empleado de una tienda) o está involucrado en actividades socialmente marginales (es decir, prostitución, comportamiento de pandillas). Estos son homicidios típicos. Los casos que atormentan a los investigadores son aquellos que no encajan en el modelo de investigación por el cual han sido entrenados. Una vez que se les acaban los sospechosos y siguen todos los pasos hacia su fin lógico, no saben qué hacer: su capacitación y experiencia no los han preparado para investigar homicidios que no encajan en una categoría típica.

Los homicidios cometidos por asesinos en serie, asesinos psicóticos o perpetradores que no encajan en uno de los tres tipos principales enumerados anteriormente se consideran homicidios atípicos. Estos homicidios constituyen una minoría de los homicidios que se cometen, pero cuando los investigadores abordan los homicidios atípicos como lo harían con los homicidios típicos, se topan con un callejón sin salida. En este punto, sus casos se han enfriado y es difícil o imposible adquirir la evidencia necesaria, evidencia que podría haberse recopilado fácilmente desde el principio. Estos casos permanecerán inactivos hasta que nuevas pruebas salgan a la luz; es posible que nunca estén cerrados. Pero los casos también se enfrían cuando los investigadores simplemente se quedan sin pistas. En los homicidios típicos, las investigaciones se parecen más a las películas. Hay un grupo finito de sospechosos y es probable que el perpetrador sea uno de ellos. Esas reglas no funcionan con los homicidios atípicos. Hay un número infinito de posibles sospechosos, así como un número infinito de motivos. Si los investigadores no reconocen esta diferencia al comienzo de la investigación, pronto se encontrarán dando vueltas.

Con los homicidios típicos sería una pérdida de mano de obra y esfuerzo realizar entrevistas exhaustivas con testigos tangenciales o parientes, establecer trayectorias de cuerdas o llevar a cabo otros procesos caros y lentos. La búsqueda del caso se puede centrar de manera mucho más eficiente en un sospechoso específico y probable. La mayoría de los investigadores no tienen los lujos de tiempo, dinero o mano de obra. Lo más probable es que lleven varios homicidios u otros casos simultáneamente. Por lo tanto, los atajos y la heurística funcionan bastante bien y, a menudo, conducen a condenas exitosas. Sin embargo, cuando un homicidio atípico es investigado de esta manera, cuando los investigadores se dan cuenta de que han estado siguiendo el camino equivocado, los testigos han desaparecido y la evidencia valiosa e insustituible ha desaparecido. Del mismo modo, los vecinos han olvidado lo que pudieron haber visto o escuchado y sus recuerdos están manchados por la cobertura de los medios.

Los perfiladores criminales reciben casos que otros profesionales e investigadores ya han intentado resolver. Estos casos a menudo han pasado por las manos de varios investigadores diferentes a lo largo de un tiempo. Durante ese tiempo, el material se pierde o se pasa por alto información importante. Es por ello fundamental la figura del perfilador criminal, que cuenta con los conocimientos científicos necesarios para poder ofrecer luz a esos casos sin salida aparente. Para las personas interesadas en la figura del perfilador criminal, podéis comprobar los campos tratados en el Master de Criminal Profiling de Behavior & Law.

La importancia del estudio de la victimología en la investigación de crímenes. Club de Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Focus on the victimologial issues” de Preetam Upadhyay,  que explica la importancia del estudio de la victimología en las investigaciones de los crímenes.

La victimología es importante en el proceso de investigación general de delitos porque no solo nos dice quiénes fueron las víctimas, su salud y su historia personal, sus hábitos sociales y su personalidad, sino que también ofrece ideas sobre por qué fueron elegidos como víctimas. La victimología en su forma más simple es el estudio de víctimas o víctimas de un ofensor en particular. Se define como el estudio exhaustivo y el análisis de las características de la víctima, y también se lo puede llamar “perfil de la víctima”.

La víctima es una parte tan importante del crimen como la escena del crimen, las armas y los testigos presenciales. La víctima ha sido tradicionalmente descuidada en la investigación policial. Esto no debe interpretarse en el sentido de que ningún servicio policial utiliza la información de la víctima, sino hasta hace poco tiempo, muchos han descuidado considerar el pasado de la víctima como importante. A menudo, la mejor manera de acercarse a un perfil es a través de la victimología, y es una de las herramientas más beneficiosas para clasificar y resolver un crimen violento. De hecho, la información de la víctima debería estar disponible para los perfiladores de las víctimas antes de que comiencen a trabajar en el caso; información tal como rasgos físicos, estado civil, estilo de vida personal, ocupación, educación, historial médico, justicia penal, sistema historia, últimas actividades conocidas, incluyendo una línea de tiempo de eventos, diarios personales (si se conocen y disponibles), mapa de viaje antes de la ofensa, historial de drogas y alcohol, amigos y enemigos, antecedentes familiares, historial de empleo y estos conducirán no solo a algunas respuestas sino también a más preguntas, que también deberían abordarse.

Hay algunas preguntas importantes que deben acompañar a cualquier estudio de la víctima; ¿Por qué esta persona en particular fue víctima? ¿Cuáles son las posibilidades de que la persona se convierta en una víctima al azar? ¿Cómo se dirigió a la persona? ¿O fue la persona una víctima de la oportunidad? ¿Qué riesgo tomó el delincuente para cometer el crimen? ¿Cómo se acercó y / o atacó a la víctima? ¿Cuál fue la reacción probable de la víctima al ataque?

En algunas investigaciones criminológicas se encuentra claramente que la víctima ha sido la principal causa del crimen. Por lo tanto, para determinar la causa del delito, la víctima debe ser considerada.

La provocación de la víctima tiene una parte definida en la etiología de la victimización. Por ejemplo, si una persona no ha actuado con razonable autoprotección desde hace mucho tiempo con su dinero, joyas u objetos de valor, y se ha convertido en víctima de robo, no puede ser considerado una víctima inocente, ha creado una situación de oportunidad de tentación, dando incentivos y ayuda criminal. La precipitación de las víctimas está ligada a la cultura, el tiempo y el lugar. Los delincuentes pueden percibir determinados comportamientos de la víctima como una acción facilitadora (incluir tentación, invitación, etc.). Se podría decir que en esos casos la acción de la víctima ha desencadenado el comportamiento del delincuente, por lo que se entiende que las cualidades personales de la víctima tienen un papel importante en esta selección de víctimas propicias.

Se resume por tanto que el comportamiento de la víctima en interacción con el delincuente importa, mientras que la creación de un riesgo especial se asocia con los atributos o el comportamiento habitual de la víctima más que con algunas características del delincuente.

Análisis de los delincuentes sexuales armados frente a aquellos que no usan armas. Club Ciencias Forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Preliminary insights and analysis into weapon enabled sexual offenders” de Paul Dawson, Alasdair Goodwill y Louise Dixon,  que explican las diferencias encontradas entre los delincuentes sexuales que atacan usando armas y los que no usan instrumentos para sus ofensas.

El uso de armas como parte de una conducta delictiva más amplia ha aumentado tanto la conciencia pública como el interés de investigación y elaboración de Iniciativas en justicia penal para abordar el problema. En Inglaterra y Gales esto se puede ver en las encuestas de opinión pública a gran escala y las estadísticas registradas por la policía. Por ejemplo, en 2012 el 51 por ciento de los intentos de homicidio, el 22 por ciento de los robos y el uno por ciento de las violaciones involucraron un cuchillo o instrumento afilado. Dichas estadísticas pueden ser de interés en términos de tendencias, perfiles de problemas o desarrollo de políticas, pero no fueron diseñadas específicamente para medir la prevalencia de armas.

Ha habido una variedad de investigaciones criminológicas que han incluido el uso de armas en parte, asociándolo con una variedad de factores como la experiencia criminal, impulsividad, psicopatía, fantasías agresivas frecuentes, enfermedad mental del delincuente, etc. El “efecto de las armas” afirma que la mera presencia de un arma hace que las personas se comporten de forma más agresiva, lo que podría tener implicaciones para las investigaciones policiales para predecir la peligrosidad o la escalada de delincuentes. Diversas investigaciones afirman que los delincuentes sexuales que usaban armas eran un grupo complejo, por ejemplo, que mostraban más violencia en su carrera, psicosis, sadismo, alcoholismo, drogadicción y trastorno de la personalidad.

Uno de los beneficios de examinar conductas específicas de la escena del crimen, como el uso de armas para la policía, se relaciona con el concepto de perfil del delincuente. Este es un término general con numerosas definiciones, pero para el presente artículo se define como la identificación de la personalidad principal y las características de comportamiento de un delincuente en función de cómo se cometió un delito, y en particular la suposición de homología. El supuesto de homología establece que cuanto más similar es un crimen y cómo se comete (o diferente), más similares (o diferentes) deberían ser los delincuentes. Con base a este concepto, se esperaría que los delincuentes habilitados para armas fueran demográficamente diferentes a los delincuentes que no tienen armas y, por lo tanto, el análisis específico enfocado en armas debería dar frutos para las investigaciones. La investigación que resumimos se centra en las diferencias encontradas en los delincuentes que cometían crímenes violentos y sexuales, y concluyeron que dos temas dominantes eran importantes para entender por qué los delincuentes usan armas. Estas fueron pruebas de planificación (por ejemplo, temas relacionados con el oportunismo y el control) y el uso emocional de un arma (por ejemplo, temas relacionados con la ira y el poder).

Las preguntas que trata de resolver la investigación son:  ¿Cuál es la prevalencia de delincuentes sexuales con armas en el Reino Unido? Y  ¿Cuáles son las diferencias entre delincuentes sexuales armados y no armados en términos de: variables demograficas; forma de ataque, e identificación de las variables que mejor predicen a los infractores que usan armas?.

Para resolver a estas preguntas se usó una muestra de 1.618 asaltos sexuales graves resueltos registrados por la Sección de Análisis de Delitos Graves (SCAS) de la Agencia del Crimen Organizado Serio. SCAS es una unidad analítica con responsabilidad nacional para llevar a cabo un trabajo analítico en nombre de todas las fuerzas policiales. SCAS recopila y analiza información sobre delitos graves que cumplen sus criterios, sobre todo asesinatos desconocidos y agresiones sexuales graves y / o violaciones. La muestra incluyó violaciones (n = 1.273), agresiones indecentes (n = 177) e intentos de violación (n = 168) con una víctima solitaria y un delincuente solitario. No hubo casos duplicados. Todos los casos de SCAS que cumplieron con estos criterios se proporcionaron para el análisis. Todas las infracciones tuvieron lugar en el Reino Unido durante los últimos 25 años, y la mayoría de los casos (85 por ciento) se cometieron después del año 2000. El resto se produjo en gran medida en la década de 1990 (14 por ciento) con números muy pequeños en la década de 1970 (n = 2, 0,1 por ciento) o años ochenta (n = 17, 1 por ciento).

Todos los ofensores eran hombres. Las edades estaban disponibles para la mayoría de los delincuentes (n = 1,519, 94 por ciento): la edad media fue de 28 años. El 39% tenían empleo, otro 33% eran estudiantes, y un 21% desempleados. En términos del estado de relación de los delincuentes, la mayoría eran solteros (n = 640, 40 por ciento); un número menor estuvo casado (n = 168, 10 por ciento); separados (n = 34, 2 por ciento); o divorciado (n = 46, 3 por ciento). La mayoría de los delincuentes eran blancos europeos (n = 1,157, 72 por ciento). La mayoría de las víctimas eran mujeres (n = 1,533, 95 por ciento). La edad media de la víctima era de 25 años, con un amplio rango (de 2 a 93 años). La mayoría de las víctimas eran blancas europeas (n = 1,254, 78 por ciento).

Los datos anónimos se proporcionaron a los autores en forma de hoja de cálculo de Microsoft Excel que contenía variables que describían los datos demográficos básicos de la víctima y el delincuente (si se conocía), uso del arma, cómo se aproximaba el delincuente, comportamientos ofensivos, niveles de daño a la víctima, las precauciones usadas por el ofensor y cualquier diálogo verbal del ofensor durante la ofensa. Todas las variables en los datos eran binarias (es decir, el comportamiento presente o no). Las variables por encima del 95 por ciento o por debajo del 5 por ciento de frecuencia fueron eliminadas de acuerdo con investigaciones previas que argumentan que no agregan valor en términos de diferenciación entre los delincuentes dada su frecuencia. Las variables que se eliminaron fueron; asalto (99 por ciento); agresión sexual (99 por ciento); lesiones graves (3%), cualquier tema verbal (98%); atacar en un lugar desconocido (2 por ciento); todos los sitios de lesiones corporales específicos fuera de la cabeza o la cara (es decir, genitales 0,3 por ciento, senos 0,9 por ciento, manos 0,3 por ciento); violencia inmediata (4 por ciento); ofensor separado (2 por ciento); ofensor divorciado (4 por ciento); la discapacidad física del interno (2 por ciento); delincuente sin hogar (2 por ciento); un enfoque relámpago (2 por ciento); masturba a la víctima (2 por ciento).

Los grupos de variables menos frecuentes se unieron en variables individuales en casos temáticamente similares. Estos incluyeron una variable de “disfunción sexual” creada que fusionó la “eyaculación retardada” individual, la “eyaculación precoz” y la “incapacidad para mantener la erección”; una “variable de sexo degradante” que combina “inserción de objetos”, “sexo anal”, “eyaculación sobre la víctima”; una variable de “agresión verbal” que fusionó “el delincuente insulta a la víctima” y “el delincuente usa lenguaje abusivo”; un tema verbal personal que fusionó al ofensor “tranquilizador”, “disfrute de la víctima”, “relación”, “cumplido” o “disculparse” con la víctima; una variable de “precauciones forenses” que fusionó al delincuente usando “guantes”, “condón”, “destruyendo la medicina forense” o “bañando / limpiando a la víctima” después de la ofensa. Un pequeño número de variables nuevas se resumieron a partir de los datos para examinar los casos más extremos, como el delincuente presentando “más de un arma”, “dos o más lesiones en la cabeza o en la cara” y “dos o más precauciones”.

Los resultados, en función de las dos preguntas planteadas fueron las siguientes. En cuanto a la pregunta “¿Cuál es la prevalencia de delincuentes sexuales con armas en el Reino Unido?”, los resultados indican lo siguiente: Un total de 316 (20 por ciento) de los 1,618 delincuentes utilizaron armas durante la ofensa. El arma más frecuente fue un cuchillo (n = 255, 81 por ciento de los usuarios de armas) con un menor número de armas de fuego (n = 24, 8 por ciento) y objetos contundentes identificados (n = 42, 13 por ciento). Esto suma más del 100 por ciento debido a un pequeño número de delincuentes (n = 22, 7 por ciento) que usan más de un arma durante la ofensa.

¿Hay diferencias demográficas entre delincuentes armados y no armados? No se encontraron diferencias significativas entre los delincuentes armados y no armados en términos de su edad, salud mental, estado sentimental o etnia. Los delincuentes que utilizaron armas eran significativamente más propensos que los delincuentes no armados a tener empleo, tener una disfunción sexual de algún tipo (aunque sigue siendo una minoría dentro de ambos grupos) y tener más actos delictivos en su historial.

¿Hay diferencias en la forma de ataque entre los que usan y no usan armas? La cercanía usando técnicas de confianza (por ejemplo, presentarse como una figura de autoridad u ofrecer asistencia a la víctima) fue utilizado significativamente más a menudo por el grupo no armado que por los usuarios del arma. Los delincuentes armados eran significativamente más propensos a usar un acercamiento por sorpresa y atacar al aire libre.

En cuanto al daño producido, la lesión fue significativamente más probable durante las ofensas armadas. Los delincuentes armados eran significativamente más propensos a infligir una lesión moderada o mínima. Tres cuartas partes de las lesiones para el grupo no armado usaron violencia mínima. Además, los delincuentes armados eran significativamente más propensos a infligir dos o más lesiones en la cabeza.

Los comportamientos de ataque sexual degradantes (por ejemplo, la eyaculación en la víctima, la inserción de objetos y la penetración anal) fueron significativamente más altos para los delincuentes armados. Los delincuentes armados eran significativamente más propensos a robarle a la víctima durante la ofensa. La mayoría de las víctimas, independientemente del uso de armas, resistieron al agresor ya sea verbal o físicamente. Aunque, los delincuentes armados encontraron una resistencia verbal significativamente mayor, recibieron menos resistencia física de las víctimas. Los delincuentes armados eran significativamente más propensos a involucrar sexualmente a su víctima como parte de la ofensa, por ejemplo, obligando a la víctima a masturbar o practicar sexo oral al atacante.

Se describió que la mayoría de los delincuentes tenían al menos una amenaza verbal durante la ofensa, aunque los delincuentes armados eran significativamente más propensos a presentar esa amenaza verbal. En cuanto a las precauciones tomadas, los delincuentes armados eran significativamente más propensos a usar cualquier tipo de precaución durante su ofensa, especialmente para ocultar su identidad.

En cuanto a la pregunta formulada de si pueden identificarse las variables que mejor predicen a los delincuentes armados, todas las variables que alcanzaron significación en el análisis previo que comparaban ofensores sexuales con y sin armas se retuvieron para un posterior análisis multivariable (un total de 47 variables). Las variables estadísticamente significativas dentro del modelo de agresores que usaron armas fueron: uso de restricciones, secuestro o detención ilegal, tema verbal en torno a la seguridad, tema verbal en relación personal / relación, violencia no solo por resistencia, víctima masturbando al delincuente, violencia después del contacto, robo / robo de la víctima, uso de drogas o alcohol por parte de las víctimas, algo de violencia en la resistencia, y un tema verbal sexual de ofensor. Cada una de estas variables fue significativa.

Las variables significativamente asociadas con la ofensa no armada fueron: una víctima femenina, usando un enfoque de confianza, resistencia física de la víctima, un delincuente usando un vehículo y conductas sexuales degradantes. Las variables abuso de menores y besos en la cara del delincuente no llegaron a ser variables significativas.

¿Son realmente diferentes las mujeres acosadoras y los hombres acosadores?. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “A study of women who stalk”, de Rosemary Purcell y Pathe Michele, que examinan si las mujeres acosadoras difieren de sus homólogos masculinos en psicopatología, motivación, comportamiento y propensión a la violencia.

El término “acosador” se describe habitualmente como un “hombre que persigue a un sujeto del sexo contrario”. Los estudios clínicos y epidemiológicos confirman que los autores principales de este crimen son los hombres y que la abrumadora mayoría de las víctimas son mujeres. No obstante, el acoso es un comportamiento neutral en cuanto al género. Sin embargo, se le ha prestado poca atención a las mujeres que persisten en inmiscuirse y acechar a otros.

Ser acosado por mujeres no es raro. Los estudios basados ​​en la comunidad sobre la victimización por acecho indican que las mujeres son identificadas como perpetradoras en el 12% -13% de los casos. Los estudios realizados en entornos de salud mental forense han informado tasas más altas, a menudo reflejando la mayor incidencia de erotomanía en estas poblaciones. El 32% de los sujetos (N = 24 de 74) investigados por una unidad especializada en anti-acoso eran mujeres, seis de los cuales fueron clasificadas como erotómanas. Una investigación de Harmon encontró similarmente que el 33% de acosadores (N = 16 de 48) referidos a una clínica de psiquiatría forense eran mujeres, aunque esta tasa bajó al 22% (N = 38 de 175) en un estudio posterior y más grande. Otros estudios han informado tasas entre el 17% y el 22%. Además de los relatos de víctimas de primera mano, abundan ejemplos ilustrativos de hostigadoras en informes de prensa sobre el acoso de celebridades (por ejemplo, el actor Brad Pitt, la autora Germaine Greer y el presentador David Letterman).

A pesar de la frecuencia con la que las mujeres se dedican al acoso, hasta ahora ningún estudio ha considerado los contextos en los que este comportamiento emerge entre las mujeres o si las acosadoras se diferencian de sus contrapartes masculinas en relación con las características de acoso o propensión a la violencia. Una mayor conciencia y atención a este problema se indica por varias razones. En nuestra experiencia, aquellos que se ven víctimas de un acosador femenino a menudo se enfrentan a la indiferencia y el escepticismo de las fuerzas del orden y otras agencias de ayuda. No es infrecuente que las víctimas masculinas aleguen que sus quejas han sido trivializadas o desestimadas, a algunas víctimas se les dice que deben ser “halagadas” por toda la atención. En el caso del acoso por parte de mujeres del mismo sexo, la orientación sexual tanto de la víctima como del perpetrador se cuestiona con frecuencia, y las autoridades a menudo adoptan de manera inapropiada un motivo homosexual. Los estudios de victimización indican que las mujeres rara vez son enjuiciadas por delitos de acoso, y es más probable que se proceda con la intervención de la justicia penal en los casos en que un sospechoso acusado de acechar a una mujer. La evidencia disponible sugiere que el acoso por parte de las mujeres todavía no se ha otorgado al grado de seriedad asociado al acoso perpetrado por los hombres. Esto a pesar de cualquier evidencia empírica que pueda existir (o no) de que las mujeres son menos intrusas o persistentes en su acoso o representan una amenaza menor para sus víctimas.

El estudio que resumimos describe un grupo de mujeres acosadoras y las compara con un grupo de acosadores masculinos para examinar cualquier diferencia en las características demográficas; estado psiquiátrico; motivación, métodos o duración del acecho; o las tasas de amenazas asociadas y asalto.

El material del caso se extrajo de referencias durante un período de 8 años (1993-2000) a una clínica comunitaria de salud mental forense que se especializa en la evaluación y el manejo de los acosadores y las víctimas de acecho. Las remisiones provenían de todo el estado australiano de Victoria (población: 4,7 millones), predominantemente a través de tribunales, servicios correccionales comunitarios, policía y médicos. La información de colaboración estaba disponible por lo general en forma de declaraciones de víctimas, resúmenes policiales de los delitos, registros penales oficiales e informes psicológicos o psiquiátricos. Para los propósitos de este estudio, definimos el acoso como un intento persistente (duración de al menos 4 semanas) y repetido (10 o más) de comunicarse con una víctima que percibió el comportamiento como desagradable y provocador de miedo. Esta fue una definición intencionalmente conservadora para garantizar que los miembros del grupo de estudio fueran inequívocamente acosadores. La clasificación psiquiátrica empleó los criterios DSM-IV.

Se identificó un subgrupo de mujeres acosadoras y se las comparó con sus contrapartes masculinas en relación con las características demográficas y de acecho. Los resultados fueron los siguientes:

En cuanto al perfil demográfico, de 190 acechadores remitidos a la clínica durante el período de estudio, 40 (21%) eran mujeres. La edad media de las mujeres fue de 35 años (rango = 15-60). Solo tres mujeres tenían relaciones íntimas estables cuando comenzaron sus actividades de acecho; la mayoría eran solteras (60%, N = 24), con 33% (N = 13) separadas o divorciadas. La mayoría tenían trabajo, aunque el 35% estaban desempleadas. Los acosadores masculinos y femeninos no difirieron en términos de edad o estado civil o de empleo. Sin embargo, las acosadoras eran significativamente menos propensas que los acosadores masculinos a tener antecedentes de ofensas criminales o delitos violentos.

En cuanto al estado psiquiátrico, se encontraron 12 trastornos delirantes manifestados (tipo erotomaníaco [N = 81 y tipo celoso [N = 21, con dos infatuaciones mórbidas categorizadas como trastorno delirante, tipo no especificado]). El otro eje que se diagnosticó fue esquizofrenia (una de los cuales exhibió ideas delirantes erotomaníacas), trastorno bipolar y trastorno depresivo mayor. Se diagnosticaron trastornos de la personalidad en 20 de las mujeres acosadoras (predominantemente dependientes [N = 61, límite de personalidad [N = 61, y tipos narcisistas [N = 31]). No se asignó un diagnóstico en dos casos. La tasa de abuso de sustancias fue menor en mujeres que en hombres acosadores. En la parte contraria, el perfil de diagnóstico (presencia de trastornos delirantes, trastornos de la personalidad, parafilias, esquizofrenia u otros trastornos del eje I) de las mujeres acosadoras no difirió significativamente del de los acosadores.

Sobre la relación previa con la víctima, en el 95% de los casos, las mujeres acosadoras persiguieron a alguien previamente conocido por ellos. 16 (40%) de las víctimas eran contactos profesionales, que en la mayoría de los casos eran profesionales de la salud mental, aunque también había varios profesores perseguidos o profesionales del derecho. En aproximadamente el 23% de los casos (N = 9), la víctima era una ex pareja íntima (siete eran hombres, dos eran mujeres). Alrededor del 18% (N = 7) fueron víctimas a través de otros contextos relacionados con el trabajo (por ejemplo, colegas o clientes), y el 15% (N = 6) fueron conocidos casuales. Solo dos mujeres acechaban extraños. La naturaleza de la relación anterior difería significativamente de la de los acosadores masculinos, siendo las mujeres acosadoras significativamente más propensas a apuntar a contactos profesionales y significativamente menos propensas a perseguir extraños.

La tasa de acoso entre personas del mismo sexo fue significativamente mayor entre las mujeres acosadoras, con 48% (N = 19) persiguiendo a otras mujeres, mientras que 9% (N = 13) de los hombres acosaron a otros hombres.

Sobre la motivación para la búsqueda y el contexto en el que surgió, el 45% (N = 18) de las mujeres acosadoras fueron clasificadas como buscadoras de intimidad, el acoso surgió del deseo de establecer una intimidad íntima y amorosa con la víctima, que en la mayoría de los casos (78%, N = 14 de 18) fue un contacto profesional. Diez mujeres (25%) fueron consideradas acosadoras “rechazadas”, que respondieron a la terminación de una relación cercana persiguiendo a la víctima. En la mayoría de los casos de acoso rechazado, el acoso siguió a la ruptura de una relación sexual íntima, aunque una mujer comenzó a acosar a su psiquiatra después del cese abrupto de la psicoterapia a largo plazo. En el 18% (N = 7) de los casos, el acoso se clasificó como “resentido”, el acosador busca castigar y atormentar a una víctima percibida como maltratada o menospreciada. Cuatro casos (10%) fueron considerados como pretendientes incompetentes, y el acecho sirvió como un medio crudo e intrusivo de establecer una fecha. No hubo instancias entre mujeres con acoso sexual depredador motivado sexualmente, mientras que el 7% (N = 11) de los varones demostraron este patrón de acecho. Significativamente más mujeres acosadoras fueron motivadas por el deseo de establecer una intimidad amorosa con el objeto de su atención no deseada, pero no difirieron de sus homólogos masculinos en la frecuencia de tipos de acecho rechazados, resentidos o incompetentes. La duración del acecho varió entre 2 meses y 20 años (mediana = 22 meses), que no difirió significativamente de la de los hombres acosadores (mediana = 12 meses).

En cuanto a los métodos de acoso, las acosadoras eran significativamente menos propensas que los acosadores a seguir a sus víctimas, pero significativamente más propensas a favorecer las llamadas telefónicas. Las mujeres acosadoras también mostraron la misma propensión a las amenazas y la violencia que sus homólogos masculinos, aunque las tasas de agresión física fueron algo mayores entre los acosadores masculinos. Trece mujeres acosadoras infligieron daños a la propiedad de sus víctimas (siete que eran hombres, seis que eran mujeres), incluida una mujer que causó daños extensos al auto deportivo de su ex prometido y otra que pintó mensajes obscenos en la cerca de la casa de su víctima. Nueve acosadoras asaltaron a sus víctimas (tres que eran hombres, seis que eran mujeres). La naturaleza de los ataques no difirió cualitativamente de la de los perpetradores masculinos, aunque no hubo agresiones sexuales cometidas por mujeres acosadoras. Si bien las tasas de amenazas y ataques no difirieron significativamente, las acosadoras tuvieron menos probabilidades que sus homólogos masculinos de proceder de amenazas explícitas a agresiones físicas reales.

Se resume por tanto que aunque las mujeres son las víctimas predominantes del crimen de acoso, es importante reconocer que en una minoría significativa de casos de acoso, las mujeres son las perpetradoras. Aunque en algunos casos se ve impulsado por el resentimiento o la represalia por las heridas percibidas, la mayoría está motivada por el deseo de establecer una relación íntima con la víctima. Las intervenciones psiquiátricas dirigidas a controlar la enfermedad mental subyacente son cruciales para la resolución de los comportamientos de acoso en este grupo, pero los terapeutas que brindan dicho tratamiento deben ser conscientes de la vulnerabilidad a veces inherente a este rol.

Delincuentes sexuales online desde una perspectiva de adicción a Internet (II). Club Ciencias Forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, os presentamos la segunda parte del resumen del interesante artículo “Understanding Sexually Deviant Online Behavior from an Addiction Perspective” de Kimberly Young, en donde se explica el comportamiento de los delincuentes sexuales online desde la perspectiva de la adicción al sexo en Internet. En esta segunda y última parte mostramos las diferencias entre el comportamiento de los delincuentes sexuales online y los delincuentes sexuales del entorno físico, y todas las etapas por las que pasan los primeros.

A diferencia de los delincuentes sexuales infantiles clásicos que exhiben patrones crónicos y persistentes de conducta sexualizada hacia los niños que suelen comenzar en la adolescencia temprana, cada uno de los 22 casos que explicamos en el anterior artículo fueron delincuentes por primera vez sin antecedentes de delincuencia sexual hacia los niños. Sus ofensas parecían estar relacionadas por completo con las salas de chat en donde realizan juegos de roles de fantasía sexual en línea. Usando como base el modelo de adicción de Young, los usuarios de fantasía siguen cinco etapas de desarrollo: descubrimiento, exploración, escalada, compulsión y desesperanza o arrepentimiento. Las etapas resaltan cómo los usuarios utilizan Internet como medio de escape progresivo como parte de un ciclo de adicción. Usando el modelo de Young para analizar los estudios de caso, cada una de las etapas se describe con más detalle para discutir su comportamiento desde una perspectiva de adicción.

1 – Descubrimiento

En la etapa de descubrimiento, los usuarios hacen el descubrimiento inicial de que los sitios web para adultos y las salas de chat sexualmente explícitas existen y están disponibles en Internet. Un hombre que hace investigación en línea puede tropezar accidentalmente con un sitio web pornográfico o una mujer ingresa a una sala de chat social y conoce a un hombre que la incita a ‘hablar sucio’ con él. En cualquier caso, la persona descubre la emoción sexual del acto, lo que abre la puerta a una mayor exploración. Muchos proveedores de servicios de Internet (ISP) permiten que existan salas de chat orientadas sexualmente con nombres que indiquen claramente los tipos de prácticas sexuales que serán habladas por los participantes. Esas prácticas van desde la más común hasta la más desviada. En los 22 casos, los clientes comenzaron como usuarios “de fantasía” participando en diálogos eróticos en salas de chat de orientación sexual a menudo conocido como “cibersexo”, en el que dos (o más) usuarios en línea intercambian discursos privados sobre fantasías sexuales y el acto puede ir acompañado de autoestimulación sexual. No es raro encontrar temas pedófilos en la sala de chat que permiten a los usuarios intercambiar fantasías relacionadas con temas sexuales que involucran interacciones entre adultos y niños (aunque este tipo de salas de chat se encuentran con más frecuencia en la Dark Web). Para los clientes, el tema de fantasía comienza como una novedad creada a través de las salas de chat del ciberespacio y su disponibilidad anónima.

2- exploración

En la etapa de exploración, pueden comenzar a experimentar, explorar nuevos sitios web como sitios de pornografía o juegos de azar, o pueden ingresar a una sala de chat por primera vez. Cualquiera que sea el comportamiento, para la persona que se vuelve adicta, por lo general es algo nuevo y algo tentador, y generalmente no es algo que hubieran hecho si pensaban que alguien estaba mirando. En el caso de Jack (uno de los ejemplos que muestra el estudio), una vez que descubrió uno de estos chat, comenzó a usar Internet para buscar otros sitios web para adultos. “Lo hice un par de horas a la semana al principio, luego aumentó a más. Empecé a quedarme hasta tarde en el trabajo y llegar los fines de semana solo para mirar porno. Me odié a mí mismo. Me aburrí de la pornografía y comencé a chatear con otras mujeres. Tuvimos sexo por teléfono, algunos me mostraron sus cámaras web y estaban desnudos, e incluso algunos se masturbaban para mí “. Muchas personas secretamente comienzan a experimentar en línea sin temor a ser atrapadas. Se sienten alentados por la aceptación de la cultura del ciberespacio, especialmente cuando están ocultos detrás del anonimato de la pantalla de la computadora, y muchos se sienten menos responsables de sus acciones a través de Internet. Dentro del contexto anónimo del ciberespacio, se eliminan los mensajes convencionales sobre el sexo, lo que permite a los usuarios representar fantasías sexuales ocultas o reprimidas en un laboratorio privado. Además, las experiencias en línea a menudo ocurren en la privacidad del hogar, oficina o dormitorio de uno, lo que facilita la percepción de anonimato y el uso de Internet es personal e imposible de rastrear. Para cualquier persona que alguna vez haya tenido curiosidad acerca de una fantasía particular oculta o desviada, el ciberespacio ofrece una forma anónima de explorar y disfrutar de esas fantasías.

3- escalada

En la etapa de escalada, el comportamiento aumenta cuando los usuarios sienten que tienen que buscar nueva pornografía cada vez que están en línea, tienen que hacer otra apuesta en un casino virtual, o tienen que ingresar a la sala de chat y ver quién más está en línea. Cruzan la línea del uso de Internet como una herramienta productiva para desarrollar un hábito recurrente. El usuario se siente obligado a conectarse, se siente más obsesionado con estar en línea y el comportamiento se vuelve más arraigado y ritual. Disfrutan de sitios particulares, establecen relaciones en línea con un conjunto regular de usuarios con los que tienen cibersexo, tienen sexo telefónico o se reúnen para tener sexo en la vida real. Jack comenzó a navegar por sitios de chat en busca de mujeres. “Fue tan erótico escuchar acerca de sus fantasías más salvajes, cosas en las que nunca pensé“, explicó. “Me dije que era inofensivo. Racionalicé mentirle a mi esposa sobre la necesidad de trabajar hasta tarde y empecé a perder fechas límite en el trabajo, pero después de 20 años de matrimonio es emocionante reavivar algo sobre mi propia sexualidad. Discutí lo que dijeron estas mujeres. Todo fue solo una fantasía. Eran todas las edades y antecedentes, me sentía como un Playboy virtual, pero todo parecía estar bien, siempre y cuando solo estuviera en línea, no parecía estar mal.” El riesgo de experimentar fantasías en línea desviadas sexualmente es que el delincuente sexual virtual comienza distorsionar lo que es el sexo normal “Me masturbo todas las noches con pornografía en línea desagradable y pervertida“, explicó un cliente. “Lo que más me excita son los aspectos tortuosos de ver fotos que de otro modo serían inaccesibles. Ahora, el sexo con mi esposa parece tan aburrido en comparación. Cuando tengo relaciones sexuales con mi esposa, siempre fantaseo con las imágenes que vi recientemente en la Web. Esto está destruyendo mi matrimonio. Ahora estamos durmiendo en camas separadas y estoy solo toda la noche con mi ordenador en lugar de ella. Sé que esto está enfermo. Quiero dejar de hacerlo, pero me siento demasiado débil para parar “. A medida que el alcohólico requiere dosis cada vez mayores de la droga para lograr la misma sensación y placer de la experiencia, el delincuente sexual virtual se aburre con fantasías rutinarias y ahora se ve para la próxima gran emoción virtual. En la etapa de escalamiento, el comportamiento se vuelve más crónico y pronunciado de tal forma que los usuarios de fantasía se saturan con un flujo continuo de contenido sexual que puede tomar formas más arriesgadas y riesgosas. En los casos de delincuentes sexuales virtuales, comienzan a participar en fantasías sexuales pedófilas.

Para lidiar con la doble vida que ocurre, el usuario de fantasía a menudo racionaliza el comportamiento y rechaza lo que dice o hace en línea con auto declaraciones como, “Es solo una fantasía de computadora” o “Esto no es lo que realmente soy“. Se separan de la experiencia sexual en línea y perciben su mundo secreto de fantasía como una vida paralela que está completamente separada de quienes son en la vida real. Sin embargo, estas racionalizaciones son temporales y eventualmente se descomponen a medida que se vuelve cada vez más disgustado por sus acciones en línea y experimenta episodios de desesperación, ya que las promesas de parar se rompen y los intentos de dejar de hacerlo fracasan. También pueden progresar hacia temas más desviados sexualmente que normalmente encontrarían reprobables y que con el tiempo se vuelven aceptables a medida que se vuelven cada vez más “insensibles” a la experiencia.

4- Compulsividad

El comportamiento habitual se vuelve una obsesión compulsiva. En esta etapa, la vida se vuelve inmanejable, ya que las relaciones o carreras se ponen en peligro debido a la conducta compulsiva. Patrick Carnes explica mejor la compulsividad sexual: “La experiencia sexual es la fuente de nutrición, foco de energía y origen de la emoción. La experiencia se convierte en un alivio del dolor y la ansiedad, la recompensa por el éxito y una forma de evitar abordar otros problemas emocionales en la vida de la persona. La adicción es realmente un estado alterado de conciencia en el que el comportamiento sexual “normal” palidece en comparación en términos de emoción y alivio de los problemas asociados con el sexo “. Jack a menudo describió sus sesiones en línea como un” aumento de las drogas “. Sintió una realidad alterada, como si la persona que estaba en línea no se superpusiera con la persona que era en la vida real. Es un tema común entre los 22 participantes. Cada uno de ellos describió su uso de Internet, ya sea en las salas de chat de sexo o en la pornografía en Internet, como una avalancha o un ataque que experimentaron mientras estaban en línea. Sentían como si Internet se tratara menos de usar como herramienta de información, sino como forma de escape psicológico. De la misma manera, la experiencia sexual en línea del usuario de fantasía produce un estado alterado de conciencia que se asocia con la reducción de la tensión y muestra una retirada progresiva en el uso de la computadora como un medio para evitar las complicaciones y responsabilidades de la vida. En esta etapa, el usuario se ve impulsado en gran medida por estados de tensión y agitación cada vez más dolorosos, al igual que un alcohólico se ve obligado a beber en momentos de estrés excesivo o una persona que come demasiado se ve obligada a comer en momentos de tensión. Exhibe patrones adictivos y continúa participando en la actividad a pesar de sus riesgos potenciales conocidos, incluido el arresto y el encarcelamiento. Después de su arresto, Jack explicó, “después de un tiempo supe que estaba mal, sabía que estaba al borde de un gran problema y ¿para qué? Mi vida se convirtió en un lío aislado y solitario. Me di cuenta de que podría perder mi trabajo, mi matrimonio y el respeto de todos los que amo si me atraparan. Tengo dos hijas y nunca pensaría en hacer algo inapropiado con ellas, pero no pude evitar detenerme a pesar de conocer todas las consecuencias de mis acciones “.

5- Desesperación

En la etapa de desesperación, el adicto golpea ese “fondo rocoso” metafórico solo para darse cuenta de la magnitud del daño infligido a causa de su adicción. Se desarrollan sentimientos de impotencia, especialmente cuando se da cuenta de lo descontrolada que se ha vuelto la vida. En esta etapa, el adicto se da cuenta del exceso no saludable del comportamiento solo para intentar la abstinencia total. A menudo cancelarán su servicio de Internet, desconectarán los routers o instalarán un software de filtrado para intentar detener el comportamiento compulsivo. El adicto tiene problemas para mantenerse “limpio”, y se siente desesperado por volver a encauzar su vida. Dado que la recaída está a solo un clic del mouse, el adicto vuelve a los patrones anteriores y comienza el ciclo una vez más. Dado que el adicto carece del control adecuado de los impulsos, es más probable que incursione en material sexual inapropiado o desviado, que es fácilmente accesible a través de Internet. Esto es especialmente problemático cuando el adicto experimenta en salas de chat con temas pedófilos e incesto. Si bien estas se etiquetan como salas de chat de “solo fantasía”, es difícil descifrar qué es un hecho y qué es una fantasía, según los diálogos de chat. En estos 22 casos, cada cliente describió sentimientos de baja autoestima, haciendo declaraciones: “Me odio a mí mismo”, “Soy débil”, “Soy defectuoso“, o “Soy asqueroso por mi hábito sucio“. Hicieron repetidos intentos de abstinencia y tuvieron repetidas incidencias de recaída. Han continuado de esta forma durante meses o años antes de su arresto y con frecuencia esperan ser atrapados. Lo ven como una manera de aliviarse de sus vidas en línea secretas y como una forma de detenerse finalmente.

Con todo esto concluimos que con la proliferación de salas de chat sexualmente explícitas, grupos de noticias y sitios web, Internet ofrece una salida para la exploración inicial de una persona curiosa, y el ciberespacio, con su falta de restricciones, crea acceso inmediato a salas de chat sexualmente explícitas consideradas ofensivas, incluyendo intereses infantiles. La mayoría de las personas aún no se dan cuenta de que existe un riesgo al involucrarse en actividades sexuales en línea. Si bien de alguna manera puede parecer algo aislado que nunca le sucedería a la gente que conocemos, las conductas sexuales en línea pueden ocurrir en el ambiente familiar, reduciendo así la sensación de riesgo y permitiendo conductas aún más aventureras. La variedad y el alcance de estas fantasías habilitadas por ordenador son ilimitadas y aún están evolucionando. En la era de Internet, las salas de chat nuevas, la nueva tecnología y los nuevos usuarios en línea ayudan a construir nuevas experiencias de fantasía sexual. Desde la perspectiva legal, dada la proliferación de contenido sexualmente explícito en Internet, los psicólogos forenses, las fuerzas del orden público y el sistema judicial en general deberían considerar el papel de Internet y su potencial para la adicción en el desarrollo del comportamiento sexual en línea inapropiado o desviado, especialmente en lo que se refiere a intereses pedófilos.

Dada la permisividad sexual de la subcultura del ciberespacio, las evaluaciones forenses deberían examinar la conducta que diferencia a los delincuentes sexuales clásicos de los delincuentes sexuales virtuales o los adictos a la fantasía que participan en temas pedófilos, en el contexto de cómo utilizan Internet. Desde una perspectiva clínica, las evaluaciones forenses de delincuentes sexuales virtuales también deberían evaluar si el usuario exhibe síntomas de uso compulsivo de Internet. ¿El cliente demuestra una pérdida significativa y regular de control de impulso? ¿El cliente muestra una preocupación por Internet? ¿El cliente continúa participando en la actividad sabiendo sus posibles consecuencias?.

También es importante evaluar si el cliente informa intentos fallidos de autorregulación y la incapacidad de controlar el comportamiento en línea. La adicción a Internet y la participación de personas que por lo demás son pro-sociales y respetuosas de la ley en el comportamiento sexual ilegal en línea con los niños han aumentado de manera alarmante a medida que ha aumentado la disponibilidad de Internet.

Antiguas entradas