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Categoría: Perfiles criminales (Página 1 de 8)

Necrofilia en homicidas sexuales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Patterns of Necrophilic Behaviors in Sexual Homicide: A Criminological Perspective” de Chopin, J. y Beauregard, E. (2020), en el cual se investigan la necrofilia y los patrones de comportamientos necrofílicos en casos de homicidio sexual.

La necrofilia se define como la gratificación sexual que se obtiene al tener relaciones sexuales con cadáveres. Este comportamiento está clasificado por el DSM V, describiéndose como una “excitación sexual intensa y recurrente que involucra cadáveres”.

La mayoría de los necrófilos no mantienen relaciones sexuales con los muertos, contentándose con fantasear con actos sexuales post-mortem. Si deciden actuar, los individuos necrófilos utilizan diferentes contextos para encontrar cuerpos de personas que ya están muertas. En algunos casos, el homicidio puede preceder al acto necrofílico. Algunos estudios han considerado a los homicidas sexuales necrofílicos como un tipo específico de delincuente.

Sin embargo, pocos estudios han examinado casos de homicidio sexual, incluyendo actos necrofílicos, basándose la mayoría de estos en informes de casos. Aunque dichos estudios brindan una visión única de las características de los homicidas sexuales necrofílicos, son difíciles de generalizar, pudiendo representar los casos más extremos o inusuales.

En cuanto a las características demográficas de estos homicidas, son siempre hombres y en su mayoría solteros, aunque a menudo viven con alguien. Otros autores encontraron que la edad promedio era de 26 años, siendo la mayoría trabajadores o desempleados. Asimismo, casi todos tenían detenciones previas. En cuanto a su estilo de vida sexual, se ha identificado que los asesinos pseudonecrofílicos (es decir, con atracción transitoria por los cadáveres) tienen más probabilidades de ser heterosexuales en comparación con los asesinos necrofílicos genuinos, mientras que otros estudios encontraron que algunos de ellos pueden sufrir disfunciones sexuales.

Las tipologías teóricas y clínicas a menudo consideran las conductas necrofílicas presentes en el homicidio sexual como una categoría en sí misma. El estudio de los autores investiga las características del delincuente, la víctima y el crimen de los homicidios sexuales donde se perpetraron actos necrofílicos para determinar si la motivación principal para matar está asociada con la obtención de cadáveres o si los actos sexuales post-mortem fueron conductas desviadas secundarias.

La muestra utilizada en este estudio se extrajo de la base de datos internacional de homicidios sexuales. Esta incluye homicidios sexuales resueltos y no resueltos ocurridos entre 1948 y 2018 en Francia y Canadá. Para responder a esta pregunta de investigación, se utilizó una muestra de 109 casos resueltos, donde se identificaron actos sexuales post mortem.

Las características del delincuente, comportamientos sexuales y no sexuales están asociados con esta parafilia. A diferencia de ciertas clasificaciones, las clasificaciones empíricas se identifican a partir de un número adecuado de observaciones, lo que aumenta la generalización de los hallazgos. El mejor modelo sugirió que los homicidas sexuales involucrados en conductas necrofílicas pueden dividirse en cuatro grupos: oportunistas, experimentales, preferenciales y sádicos.

Los oportunistas constituyen el grupo más importante del modelo. Estos son en su mayoría solteros, consumieron alcohol antes del delito y es más probable que tengan condenas penales previas. Estas características son congruentes con estudios previos sobre individuos para los cuales los actos necrofílicos no son la motivación principal del delito.

Curiosamente, los delitos perpetrados por este tipo se caracterizaron por dos aspectos principales: la presencia de robo y la baja diversidad de actos sexuales ante-mortem. Por un lado, la toma de objetos pertenecientes a la víctima puede suceder después de la agresión sexual y el homicidio. Por otro, quitarle objetos a la víctima puede ser la motivación principal, mientras que los actos sexuales y el homicidio suceden como una ocurrencia tardía, siendo esto más probable.

Los experimentales suelen estar en una relación, consumieron alcohol o drogas antes del delito y agredieron solo a mujeres víctimas. Se observaron dos tendencias principales. En primer lugar, estos delincuentes cometieron una importante diversidad de actos sexuales ante-mortem. En segundo lugar, los hallazgos indicaron que estos delincuentes no participaron en actos sádicos ante-mortem y post-mortem. Con base en la diversidad de actos sexuales ante-mortem perpetrados, puede suponerse que estaban motivados principalmente para tener relaciones sexuales con una víctima viva.

Los preferenciales son en su mayoría solteros, presentan disfunciones sexuales y tienen un estilo de vida más solitario. Esto sugiere que presentan dificultades relacionales y no logran establecer relaciones normales (sociales, sexuales…). Se observan dos posibles patrones de “verdadera necrofilia”.

En algunos casos, estos agresores intentaron tener interacciones sexuales ante-mortem pero, ante el fracaso de completar con éxito el crimen, optaron por matar a su víctima para tener una pareja que no se resistiese o le rechazara. Asimismo, la principal motivación puede ser obtener un cadáver con fines sexuales. En estos casos, la muerte de la víctima está motivada por el impulso necrofílico. En tales situaciones, es más probable que las actividades sexuales post mortem se combinen con la mutilación corporal y el desmembramiento.

Finalmente, los sádicos tienen un perfil relativamente común y están bien socializados (sin un estilo de vida solitario). Estas personas poseían una colección sexual (es decir, películas, imágenes mostrando comportamientos sexuales desviados…) que alimentaba sus fantasías sexuales desviadas. La necrofilia en un proceso sexual sádico puede tener diferentes propósitos. Los actos necrofílicos pueden considerarse como una forma definitiva de degradación y humillación.

Asimismo, en algunos casos se perpetraron actos necrofílicos porque los comportamientos ante-mortem y el asesinato no fueron suficientemente satisfactorios para el delincuente. Para los agresores sádicos, los actos sexuales post-mortem se consideran actos secundarios de un proceso centrado en la humillación, tortura y muerte de las víctimas.

Por tanto, los hallazgos proporcionan evidencia empírica de que los homicidas sexuales involucrados en conductas necrofílicas constituyen una población heterogénea de delincuentes. Consecuentemente, los investigadores criminales deben ser conscientes de que la presencia de actos sexuales post-mortem no se refiere a una sola categoría de homicidas sexuales. Es importante observar otros comportamientos en la escena del crimen para determinar la hipótesis de trabajo y priorización de sospechosos. Los profesionales también deben adaptar el tratamiento de estos individuos en función de la motivación de los actos necrofílicos.

Así, la investigación futura, entre otras cuestiones, debe probar la validez de esta clasificación con datos de otros países. También se necesita más investigación empírica para analizar los factores de riesgo psicológicos y del desarrollo de los diferentes tipos de homicidas sexuales involucrados en conductas necrofílicas.

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La predicción de antecedentes penales en violadores desconocidos. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Assisting the Investigation of Stranger Rapes: Predicting the Criminal Record of U.K. Stranger Rapists From Their Crime Scene Behaviors” de Almond, L.; McManus, M.; Bal, A.; O’Brien, F.; Rainbow, L. y Webb, M. (2018), en el que se investiga la predicción de antecedentes penales de agresores sexuales desconocidos mediante el análisis de las escenas del crimen en casos de violación en Reino Unido.

Los métodos de investigación policial utilizados actualmente en el Reino Unido para delitos graves sin resolver han combinado la investigación y el uso de investigadores conductuales, quienes brindan apoyo y asesoramiento en la investigación de dichos casos.

Las estadísticas publicadas por el Ministerio de Justicia en 2013 mostraban que alrededor de 97.000 personas son violadas cada año en el Reino Unido, siendo el 87% mujeres. Asimismo, el 10% de las agresiones sexuales contra una mujer las cometió un extraño. Los casos de violación por extraños o agresores desconocidos pueden ser particularmente difíciles de resolver. A menudo se carece de evidencia física, y a veces solo el relato proporcionado por la víctima está disponible para los investigadores.

El marco central de la elaboración de perfiles criminales es que las acciones en la escena del crimen se utilizan para hacer inferencias sobre las características un delincuente desconocido. La gran mayoría de los agresores sexuales tiene antecedentes penales; investigaciones previas sugieren que alrededor del 84% de los violadores desconocidos tienen condenas previas. Estos infractores, por tanto, ya están registrados en el sistema. Así, la elaboración de perfiles sobre antecedentes penales tiene el potencial de ser una poderosa herramienta de investigación. Para la práctica forense, los psicólogos han examinado la relación entre los comportamientos en la escena del crimen y los antecedentes penales del delincuente.

Sin embargo, existe poca investigación internacional sobre las relaciones entre los comportamientos en la escena del crimen y los delitos cometidos por los delincuentes reincidentes. Entre estos estudios, Lea, Hunt y Shaw intentaron explorar las asociaciones entre la conducta criminal y los antecedentes penales. Con una muestra de 106 violadores desconocidos del Reino Unido, encontraron que los delincuentes que robaron a la víctima tenían más probabilidades de tener condenas previas por robo, respaldando hallazgos de investigaciones anteriores. También se observó que los delincuentes que tomaron precauciones usando disfraces tenían más probabilidades de tener antecedentes penales.

En contraposición, no se encontró una asociación significativa entre los comportamientos delictivos violentos y las condenas previas violentas. En consecuencia, los estudios anteriores indican que existe alguna evidencia de que los comportamientos delictivos pueden ser útiles para predecir los antecedentes penales de violadores desconocidos, lo que posteriormente puede ayudar con la posible priorización e identificación. Por esta razón, los autores llevaron a cabo su propio estudio para comprobar la validez del potencial de esta teoría.

La muestra de datos consistió en 474 violadores desconocidos condenados contra una víctima femenina. En este estudio, la violación por un desconocido se definió como una violación en la que el autor y la víctima no se conocían entre sí. El comportamiento en la escena del crimen constaba de 22 variables en total. Estas variables pueden clasificarse ampliamente como: ocultación de identidad, comportamiento delictivo, precauciones de salida tomadas, acercamiento, ubicación, vestimenta y escena. Los antecedentes o preconvicciones consistieron en 9 variables: antecedentes penales, robo, daños penales, drogas, robo, delito sexual puntual, delito sexual, hurto y violencia.

Los resultados revelaron varios hallazgos significativos. Por un lado, los comportamientos instrumentales, que mostraban experiencia criminal, eran indicativos de antecedentes penales de tipo más instrumental (ej. Delitos contra la propiedad). Solo se observaron unos pocos factores asociados con preconvicciones violentas y no con preconvicciones sexuales. La “referencia a la policía” y la “entrada forzada” se asociaron significativamente con antecedentes de robo y hurto. No obstante, también se consideró que la referencia a la policía estaba asociada con daños criminales y drogas.

Por su parte, la entrada forzada estaba relacionada con robos y antecedentes penales en general. Las condenas anteriores vinculadas a la entrada forzada indican una tendencia hacia los tipos de delitos adquisitivos. Investigaciones anteriores encontraron que la entrada forzada es un comportamiento predictivo en la escena del crimen en todos estos tipos de delitos.

Robar a la víctima se asoció significativamente con tres antecedentes de condenas penales: robo, hurto y delitos adquisitivos para los violadores desconocidos que muestran esta conducta en la escena. Investigaciones anteriores no han explorado la relación entre el daño criminal y las conductas delictivas en violadores desconocidos. El hecho de que una condena previa por daño criminal incluyera la mayoría de las conductas delictivas es alentador y sugiere que la investigación futura debería considerar explorar más a fondo esta variable de condena. No se encontró ningún comportamiento asociado con las preconvicciones por delitos sexuales.

Así, muchos de los hallazgos revelados son nuevos y no se capturaron ni midieron previamente. Esto se ha atribuido al hecho de que las conductas delictivas entre la población de delincuentes sexuales estén cambiando. Este cambio puede facilitarse por el crecimiento de Internet y el aumento general de la actividad online para las actividades del día a día y las delictivas. Por ejemplo, en los últimos años se ha observado un aumento en el fenómeno de las citas online iniciaba en determinados casos violaciones de desconocidos, dando lugar a un nuevo tipo de delincuente sexual.

El análisis de dichas citas ha revelado marcadas diferencias en comparación con otros violadores desconocidos. Por ejemplo, en el caso de las citas online, los agresores tienen menos probabilidades de tener condenas penales (49%) en comparación con otros violadores desconocidos (84%). Así, la investigación futura debería explorar más a fondo este nuevo tipo de delincuente sexual, para conocer mejor la práctica investigativa de sus conductas y dinámicas.

Además, el hallazgo de que algunas conductas predijeron las convicciones previas de un violador desconocido tiene varias implicaciones importantes. Entre estas, ayudar a priorizar los antecedentes potenciales que investigar del agresor es una gran ventaja para las investigaciones de delitos sexuales. Además de mejorar las tasas de detección y detención de agresores sexuales, podría llevar a un empleo más eficiente de los recursos de investigación.

Los hallazgos actuales también son útiles para la investigación conductual, ya que esta depende de la información estadística para respaldar cualquier afirmación conductual realizada.

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La validez de los perfiles criminales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Analysing criminal profiling validity: Underlying problems and future directions” de Ribeiro, R. A. B. y Soeiro, C. B. B. M. (2021), en el que se analiza la validez de los estudios sobre la perfilación criminal.

La elaboración de perfiles criminales o delictivos es una técnica de análisis del comportamiento utilizada para ayudar a identificar determinadas características de un agresor, como patrones conductuales y de personalidad, mediante el análisis de la escena del crimen, el modus operandi y la victimología. Otro método consiste en analizar las características comunes a los delincuentes más violentos. No obstante, se han realizado relativamente pocos estudios que evalúen su validez.

La mayoría de los estudios realizados sobre esta técnica se han realizado sobre delitos sexuales, homicidios e incendiosprovocados, ya que son los ámbitos en los que se han utilizado con más frecuencia. En contraposición, existe cierta controversia en cuanto al uso de perfiles criminales para delitos, por ejemplo, de hurto, teóricamente más simples y comunes. Algunos apoyan su uso, mientras que otros lo refutan, dada la dificultad para identificar características de comportamiento comunes utilizadas en la elaboración de perfiles.

Al elaborar dichos perfiles, es importante tener en cuenta la existencia de dos enfoques diferentes. El enfoque idiográficoconsidera los rasgos específicos de los delincuentes para determinar las características distintivas. Se enfoca en información fáctica basada en el razonamiento deductivo combinado con un método basado en la evidencia forense. Con este enfoque, se desarrolla un perfil criminal analizando un caso (o casos) particular, cometido por un solo delincuente.

En contraste, el enfoque nomotético examina las características comúnmente inferidas de grupos de delincuentes. Este enfoque estudia lo abstracto, subrayando el razonamiento inductivo y un proceso estadístico, comparativo y/o correlacional. Parte de la premisa de que, si ciertos delitos son similares pero cometidos por diferentes delincuentes, entonces estos delincuentes pueden compartir rasgos de personalidad comunes. En este enfoque se pueden identificar dos métodos principales diferentes de elaboración de perfiles criminales: el método clínico frente a los métodos estadísticos.

Estos son solo algunos de los métodos de perfilación criminal existentes. Teniendo en cuenta las cuestiones de validezrelativas a la elaboración de perfiles delictivos, los autores realizaron una revisión sistemática. Dicha revisión sistemática examinó artículos publicados entre 1995 y mayo de 2020 sobre la validez de perfiles criminales de múltiples bases de datos. Finalmente, se seleccionaron un total de 8 artículos.

En general, los estudios se distribuyen en Australia (3), América (3) y Asia (2). Cinco estudios utilizaban métodos cuantitativos y cualitativos; los tres restantes utilizaban métodos retrospectivos. En cuanto a participantes y muestras: dos estudios se basan en información recopilada por agentes de policía, dos por estudiantes universitarios y un estudio realizado por profesionales forenses de salud mental. Los tres estudios restantes, que empleaban métodos retrospectivos, versaban sobre casos de homicidio. En cuanto a los tipos de validez explorados, cinco artículos se centran en la validez aparente, tres en la predictiva y uno analiza la validez de constructo.

En general, los resultados muestran que la elaboración de perfiles delictivos aún requiere más investigación sobre su validez. No obstante, se identificaron algunos problemas, con respecto a los que los autores sugieren una guía para abordarlos. Un hallazgo interesante es la confusión entre precisión y validez, lo que lleva a algunos autores a considerar estos dos conceptos diferentes como idénticos. Mientras que la precisión mide la exactitud de un instrumento (ausencia de errores), la validez evalúa el objetivo subyacente del instrumento (midiendo si, de hecho, evalúa lo que pretende).

No obstante, cabe señalar que ambos son fundamentales para que la elaboración de perfiles delictivos se convierta en una herramienta sólida de investigación científica. Teniendo esto en cuenta, es importante que los estudios futuros sobre psicometría de perfiles delictivos aclaren con precisión qué se está evaluando (validez, precisión, etc.) y que recurran a definiciones consensuadas y empíricas.

La validez predictiva es el segundo tipo de validez más discutido en los estudios de perfiles criminales. Esto es de gran importancia, ya que la validez predictiva evalúa si la elaboración de perfiles criminales tiene éxito en la predicción de las características de los futuros delincuentes. Algunos autores evaluaron la elaboración de perfiles delictivos para casos de homicidio utilizando métodos estadísticos (modelos de regresión multivariante). Sus estudios indican que, aunque existe validez predictiva, podría mejorarse teniendo en cuenta variables de la escena del crimen. Aun así, estos estudios fueron innovadores y probaron estadísticamente la validez de la elaboración de perfiles criminales para los infractores de homicidio japoneses.

Con respecto a la evaluación de los modelos de perfiles criminales, se ha encontrado que el modelo de Keppel y Walter para asesinatos y/o asesinos sexuales tiene problemas estructurales empíricos y, como tal, no es posible validarlo. Este intento de validación es, sin embargo, importante ya que utiliza un enfoque estadístico (escala de proximidad) para validar la elaboración de perfiles criminales por asesinatos sexuales.

Cuanto más se acerque la elaboración de perfiles criminales a la validación estadística, mayor será la posibilidad de que sea reconocida como una herramienta empírica que contribuya a las investigaciones penales.

Aunque puede que no sea posible probar todos los tipos de validez de los perfiles criminales, pueden esbozarse algunas sugerencias. Así, sería prudente desarrollar categorías para evaluar las características de las variables de la elaboración de perfiles, que luego deberían someterse a pruebas mediante determinados procedimientos estadísticos.

Para mejorar la validez de la elaboración de perfiles criminales, los autores proponen también la elaboración de una lista de verificación con variables basadas en teorías y modelos adaptados a tipos específicos de delitos violentos (por ejemplo, homicidio, delitos sexuales e incendios provocados).

Esto debería facilitar la evaluación de diferentes tipos de validez y contribuir a una metodología más rigurosa de elaboración. Por tanto, se sugiere un modelo integrador que incluya varios procedimientos estadísticos comparativos y confirmatorios, junto con un enfoque inductivo basado en modelos psicológicos y teóricos.

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El perfil del delincuente sexual coreano. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling Korean sex crimes: Offender characteristics and crime scene actions” de Kim, S.; Almond, L. y Eyre, M. (2019), en el que se analiza el perfil criminal del delincuente sexual coreano.

El perfil criminal, o análisis de conducta, suele ser empleado especialmente en casos de delitos violentos. Por ello los delitos sexuales no son una excepción. Contrariamente, son, junto a los homicidios, los crímenes más frecuentes y apropiados en los que utilizar la perfilación.

Sin embargo, las clasificaciones de los agresores sexuales han experimentado diversas críticas y cambios con el paso del tiempo. Específicamente, diversos estudios intentaron mejorar la comprensión de las características del delincuente al diferenciar los comportamientos delictivos.

Los perfiles de agresores sexuales existentes han sido realizados mayoritariamente en países occidentales, como EE.UU, Reino Unido o Canadá. Por ello, deberían realizarse estudios para asegurar que los enfoques de elaboración de perfiles pueden generalizarse a delitos sexuales cometidos en otras naciones. Esto es, no se trata solo de aumentar nuestro conocimiento sobre la conducta criminal. El objetivo también es comprobar si las teorías basadas en contextos occidentales se aplican a contextos no occidentales. O si, por el contrario, existen diferencias culturales, etc.

Debido a estos motivos, la elaboración del perfil criminal del agresor sexual coreano resulta interesante y necesario.

En Corea del Sur, el número de delitos sexuales es muy superior al de otros delitos violentos. En 2018, se registraron 23.478 mientras que, en comparación, se observaron 309 homicidios y 821 robos. Así las cosas, algunos investigadores destacados realizaron estudios significativos para establecer modelos coreanos de comportamiento delictivo. Estos también tienen utilidad para la elaboración de perfiles criminales.

Así, varios estudios mostraron recientemente resultados notables al comparar comportamientos delictivos coreanos y occidentales. Concretamente, se descubrió que había similitudes y diferencias entre los delincuentes de homicidiocoreanos, finlandeses y suecos en los comportamientos de mutilación en los cuerpos de las víctimas. Encontramos otro ejemplo en un estudio comparativo entre homicidas sexuales coreanos y canadienses (aquí podéis leer más sobre homicidas sexuales).

Por tanto, se han realizado algunos estudios sobre comportamientos y características delictivas en Corea del Sur. No obstante, todavía hay poca investigación para probar si los perfiles occidentales de delincuentes sexuales están validados. Con el fin de identificar diferencias, de haberlas, los delitos sexuales entre Occidente y Corea del Sur, el conocimiento se puede utilizar como base científica para mostrar la necesidad de desarrollar un modelo temático adecuado de los delitos sexuales coreanos.

Con este fin, los autores examinaron un total de 50 casos de crímenes sexuales representativos acontecidos entre 2006 y 2009. La edad de las víctimas iba desde los 6 hasta los 50 años. La de los agresores, todos hombres, desde los 16 hasta los 56 años. En el 72% de los casos, los agresores eran extraños, y en el 28% conocidos de las víctimas. Los archivos del caso generalmente contenían los perfiles de los delincuentes, métodos delictivos, información de la escena del crimen y declaraciones de los delincuentes y las víctimas.

Bien, se establecieron 27 variables sobre características de los agresores, escenas del crimen y el delito en sí. Esto es, cómo fueron perpetrados. Posteriormente, se compararon las variables identificadas en los agresores sexuales coreanos con los occidentales (concretamente de Gran Bretaña). Cada caso se clasificó en base a tres temas, o temas híbridos, según la puntuación de frecuencia de la ocurrencia de variables.

Los resultados fueron los siguientes. El 84% de los casos fueron asignados a un tema concreto y el 14% como híbridos. De los primeros, el 44% se clasificó dentro del tema de participación y hostilidad, el 20% se clasificó como tema de control y el 20% se clasificó como robo. En el primer tema, casi el 60% de los agresores conocían a las víctimas, mientras que en los otros dos era entre el 20% y el 10%.

Se encontró que los dos países eran diferentes en la frecuencia del comportamiento delictivo. Particularmente, en acciones en la escena del crimen entre delincuentes coreanos y británicos. El agresor sexual coreano suele cometer penetración vaginal, fuerza a la víctima a participar y también abusa verbalmente de ella. El británico, si bien también realiza la penetración vaginal, no comparte el resto de las características típicas. Se caracteriza más por ataques sorpresa a las víctimas.

Por otro lado, se detectaron ocho variables de acción en la escena del crimen, contextualizadas en la hostilidad o participación, idénticas al modelo británico. Sin embargo, cinco variables sobre el participación u hostilidad se indicaron en el contexto coreano por parte del agresor. Concretamente: violencia única, rasgar la ropa, identificar a la víctima, degradar a la víctima e insinuar conocer a la víctima. Además, los comportamientos de sexo oral se observaron con mayor frecuencia en la participación y hostilidad.

Asimismo, los agresores sexuales coreanos tienen más probabilidades de tratar a la víctima como un objeto sexual, al tiempo que también desean tener relaciones sociales con las víctimas. La explicación de esto puede ser debido a la cultura sexual coreana, sobretodo el extendidísimo uso de la pornografía. Los delincuentes pueden relacionar comportamientos hostiles con la adquisición de relaciones debido al modelo que se muestra en la pornografía. Por lo tanto, pueden transferir esta conexión a sus actos sexuales.

Estas diferencias sugieren que la investigación transcultural es necesaria. Además, los antecedentes previos de robo y delito sexual, conocer a la víctima y usar vehículos diferían dentro de los comportamientos dominantes entre un país y otro.

La investigación de estas diferencias y del significado implícito tras ellas aumentará nuestro conocimiento sobre los delitos sexuales según distintos países. Por ello, los resultados apoyan la idea de que las asociaciones entre las características del delincuente y las acciones en la escena del crimen se pueden utilizar como una técnica de investigación y perfilación.

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Hibristofilia en hombres, un estudio de caso. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Aggressive hybristophilia in men and the affect of a female serial killer” de Pettigrew, M. (2019), en el que se estudia la hibristofilia en hombres, específicamente mediante un caso real.

La hibristofilia es una parafilia sexual inusual descrita originalmente por John Money. Puede definirse como la atracción sexual hacia alguien que se sabe que comete, o ha cometido, actos violentos.

Así, podemos distinguir entre dos tipos: la hibristofilia pasiva, más común, y la agresiva. La pasiva se conceptualiza típicamente con casos de mujeres que escriben cartas a asesinos en serie y condenados a muerte. Las intenciones de estas cartas suelen ser establecer o iniciar algún tipo de relación romántica. Los hibristófilos pasivos suelen presentar delirios, creyendo que pueden cambiar al objeto de su afecto.

En cambio, la hibristofilia agresiva, más inusual, hace referencia a cuando la persona ayuda a perpetrar los actos de violencia. En estos casos, el hibristófilo no percibe que, realmente, su pareja le está manipulando. Sin embargo, no es habitual que el hibristófilo y la persona objeto de su afecto lleguen a experimentar una intimidad. Comúnmente, el hibristófilo se limitará a fantasear con que se produce semejante contacto.

En la literatura al respecto, escasa de por sí, esta parafilia suele describirse en mujeres. Money señala que los estereotipos de género dictan que los hombres son delincuentes y las mujeres pasivas o cómplices. Esta descripción se correspondería con el síndrome de Bonnie y Clyde. No obstante, Money afirma claramente que también puede ocurrir lo contrario.

Algunos afirman que la prevalencia (o dominio) de la hibristofilia en mujeres es una extensión de la fascinación de estas por los verdaderos delitos, mucho más que los hombres. Aún así, las motivaciones subyacentes a la hibristofilia siguen siendo especulativas. Sin embargo, el varón heterosexual está ausente en todas esas especulaciones sobre los orígenes de la hibristofilia.

Tal exclusión de los hombres en la materia se debe al reconocimiento de la hibristofilia como la única parafilia que se encuentra más comúnmente en mujeres que en hombres. Por tanto, para suplir este vacío, el autor expuso un caso real de hibristofilia agresiva en hombres heterosexuales.

Londres, febrero de 2014. Joanne Dennehy fue sentenciada a cadena perpetua por tres delitos de asesinato y dos tentativas, entre otros cargos. Sus tres cómplices, todos hombres, también recibieron su condena por ayudarla después de cometer los asesinatos. El principal de los tres, además, fue condenado por tentativa de asesinato.

Durante dos semanas, Dennehy apuñaló a tres hombres e intentó matar a otros dos por los mismos medios. El juez de sentencia la describió como “una asesina en serie cruel, calculadora, egoísta y manipuladora”. Asimismo, apuntó cómo a Dennehy le fascinaban los distintos hombres que entraron en contacto con ella. Los cómplices, aunque culpables de sus actos, actuaron bajo su influencia.

El primer cómplice fue el amigo y amante de Dennehy. Utilizando su conocimiento local, él encontró lugares en los que disponer de los cuerpos de las víctimas. Además, sus acciones facilitaron dos intentos de asesinato, al llevarla a lugares donde podría atacar a víctimas elegidas al azar.

El segundo cómplice, el compañero de casa de Dennehy, ayudó a deshacerse de víctimas y, posteriormente, engañó a la policía. El objetivo era que Dennehy pudiera evadir la aplicación de la ley durante más tiempo. El tercer cómplice dio cobijo a Dennehy y su primer cómplice sabiendo que la policía les buscaba.

Así pues, la asesina en serie presentada aquí difiere en sus comportamientos de la literatura existente. Su motivación era la gratificación sexual y sus víctimas no estaban indefensas por edad o la enfermedad. Asimismo, eligió apuñalar a las víctimas y no usar una manera más pasiva de matar, como el envenenamiento o asfixia.

Con respecto a sus cómplices masculinos, el segundo y tercero eran padres. Este último tenía 56 años y carecía de antecedentes violentos ni penales. Protegerla mientras intentaba evadir la ley no le sirvió nada más que para obtener la aprobación y gratitud de ella. El segundo, en cambio, sí contaba con antecedentes penales, pero no por delitos violentos.

El primer cómplice, su amante, tenía también antecedentes penales, pero no por delitos violentos. En las cartas que escribía a Dennehy se refería a ella como su “diablesa carnal”, manifestando su atracción sexual y su admiración. Para él, era emocionante perpetrar delitos que él no había, y probablemente nunca hubiera, experimentado de no ser por ella.

Esto último coincide con el perfil del hibristófilo agresivo. Asimismo, cualquier miedo que puedan sentir hacia la persona objeto de deseo es superado por la atracción y excitación. Lo negativo se torna positivo; experimentan una reacción opuesta a la reacción natural de pánico. Así, los cómplices (e hibristófilos en general) se convierten, en esencia, en personajes cambiados debido a esa fascinación y atracción.

Si bien la temática central es la hibristofilia, cabe señalar que el reclutamiento de cómplices también ayudó a la asesina. Tanto en términos prácticos, como a través del poder y gratificación experimentados al hacer que otros cumplan sus órdenes. En cualquier caso, a pesar de la influencia que ejercen otros, la hibristofilia no puede mitigar las acciones. Lo mismo se puede decir de la pedofilia. No puede ni debe permitir ninguna mitigación en casos de delitos sexuales perpetrados contra niños.

Cabe añadir que, en las sentencias, si bien es bastante correcto que no contemplaran ninguna mitigación, se aprecia un sesgo de género. Históricamente, en los casos en que una mujer ha ayudado a un asesino en serie, se ha hecho una distinción entre los dos delincuentes.

Sentencias previas han considerado que la mujer hibristófila puede ser rehabilitada si se aparta de la influencia del delincuente deseado. Tal pensamiento puede reflejarse en sentencias menos duras. En contraposición, no se consideró lo mismo para este caso, con los cómplices masculinos. Parece así que la afirmación de hibristofilia en hombres es algo ignorada en comparación con las mujeres.

Finalmente, es necesario establecer una distinción entre una pareja dispuesta y una pareja cautivada, actuando dentro del contexto de esta parafilia sexual. Se sostiene que un diagnóstico debe tomar nota de cuán alejadas están las acciones del cómplice de su carácter normal.

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Pedofilia adquirida y del desarrollo, ¿cómo se diferencian? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling acquired pedophilic behavior: Retrospective analysis of 66 Italian forensic cases of pedophilia” de Camperio, A. S.; Scarpazza, C.; Covelli, V. y Battaglia, U. (2019), en el cual se distingue entre la pedofilia adquirida y del desarrollo a través de la elaboración de perfiles forenses de criminalidad.

Actualmente, se sabe que los trastornos neurológicos se asocian comúnmente con síntomas psiquiátricos. No obstante, es más difícil aceptar que una serie de trastornos neurológicos, debido a su presentación predominantemente conductual y a veces extraña, en ocasiones se diagnostican erróneamente como psiquiátricos. La pedofilia adquirida podría ser uno de ellos. El primer caso de pedofilia adquirida registrado se remonta a 1862, cuando se acusó a un hombre de 78 años sin antecedentes criminales de abuso infantil. Este hombre tenía afectadas muchas funciones cognitivas.

Sin embargo, hasta ahora, los consultores forenses que trabajan en abusos sexuales infantiles todavía carecen de maneras fiables de identificar a delincuentes cuyo comportamiento pedófilo -probablemente- sea de origen adquirido y no del desarrollo. Una identificación correcta es imprescindible para seleccionar la terapia y/o el castigo más adecuados. El comportamiento pedófilo adquirido se diferencia del trastorno pedófilo del desarrollo en muchos aspectos: etiología, aspectos neurológicos, posibles terapias, modus operandi y consecuencias legales.

La pedofilia adquirida se refiere a impulsos sexuales hacia niños que surgen más adelante en la vida. Surge como consecuencia de una condición neurológica y con una etiología clara. En consecuencia, se causa una “fractura conductual” en la conducta manifestada antes y después del desarrollo de la enfermedad cerebral. Tampoco se asocia con otros trastornos psiquiátricos ni influencias psicológicas o genéticas.

En contraposición, en la pedofilia del desarrollo el interés pedófilo es más estable a lo largo de la vida, comúnmente surgiendo en la adolescencia. Asimismo, suele combinarse con trastornos mentales como el de personalidad. La etiología, a su vez, se ubica en un origen multifactorial y complejo. Se refiere a influencias genéticas, momentos vitales estresantes, aspectos neuroquímicos, exposición a la testosterona… Además de a factores psicológicos.

Por lo tanto, mientras que la pedofilia del desarrollo se clasifica dentro de los trastornos psiquiátricos, la pedofilia adquirida tiene un claro origen neurológico.

La base neuronal de ambas también es diferente. La pedofilia del desarrollo se caracteriza por alteraciones funcionales cerebrales o estructurales sutiles, sin anomalías neuroanatómicas evidentes. Es más fácil de estudiar a nivel grupal. Contrariamente, las alteraciones evidentes estructurales del cerebro que surgen más adelante en la vida son fundamentales para diagnosticar la conducta pedófila adquirida. En este caso, se pueden identificar dichas alteraciones más fácilmente a nivel individual.

Con respecto a las posibles terapias, la pedofilia del desarrollo no ha logrado ser tratada con éxito si el pedófilo no tiene voluntad de compromiso. En contraposición, la pedofilia adquirida se puede abordar tratando la afección médica subyacente. Sin embargo, el tratamiento exitoso no siempre se da, ya que en ocasiones la pedofilia adquirida surge como síntoma de trastornos neurodegenerativos.

El modus operandi se diferencia en que los pedófilos del desarrollo buscan víctimas activamente, son planificadores y niegan más su conducta si se les pilla. Los pedófilos adquiridos, en cambio, no planean tanto sus agresiones y son menos depredadores. Finalmente, las consecuencias legales para los pedófilos del desarrollo (los depredadores sexuales) son mucho más severas, mientras que para los otros el castigo legal puede no ser la solución más efectiva.

Así las cosas, los autores del artículo revisaron 66 casos jurídicos de conducta pedófila ocurridos en Italia entre 2005 y 2015. Estos involucraban un abuso sexual contra al menos una víctima de 13 años o menor, según la definición más restrictiva de pedofilia. El objetivo era identificar perfiles conductuales mensurables que ayuden a los profesionales a distinguir entre ambos tipos de pedofilia. Los resultados fueron los siguientes.

Parece indicarse que las personas cuyas parafilias surgieron a raíz de trastornos neurológicos se comportan de forma distinta a quienes tenían pedofilia del desarrollo. Así, se pudo establecer el perfil de individuos con pedofilia adquirida con información derivada de pruebas médicas, la historia de los agresores y modus operandi.

Particularmente, se observaron 6 características específicas: ausencia de enmascaramiento, de premeditación, de antecedentes penales sexuales, confesiones espontáneas, sentimientos de culpa y ser mayor de 50 años. Las más significativas eran la ausencia de enmascaramiento, las confesiones de culpa y la edad. Finalmente, el análisis de correlación destaca que las diferentes características o señales de alerta están fuertemente correlacionadas con estas tres principales.

Asimismo, se detectaron dos grupos de individuos dentro de este perfil. Por un lado, aquellos agresores en los que se detectaron cuatro o más características; por otro lado, aquellos con tres o menos características del perfil. Los resultados parecen indicar que los casos de conducta pedófila adquirida representan una proporción pequeña, aunque representativa, de los agresores sexuales de niños.

Dos de las seis características son indicativas de la naturaleza adquirida de los intereses sexuales alterados: la edad avanzada y la ausencia de delito sexual previo. Otras dos reflejan el descontrol impulsivo: ausencia de premeditación y de tentativas para enmascarar la conducta delictiva.

Finalmente, la culpa y las confesiones espontáneas, aunque relacionadas entre sí, podrían explicarse por juicios morales limitados. También puede deberse a que, si algunos agresores son incapaces de distinguir lo moral o correcto, confiesen sus crímenes fácilmente, en los que no ven nada malo.

Es importante subrayar que la presencia de estas características no puede conducir a un diagnóstico clínico de pedofilia adquirida. Más bien, debería impulsar una rápida evaluación neurocientífica. En cualquier caso, estos hallazgos sirven para mejorar la comprensión de la pedofilia y tener una mayor efectividad del sistema de justicia, no para excusar la pedofilia.

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Homicidio sexual: un análisis criminológico. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Sexual Homicide: a Criminological Perspective” de Chopin, J. y Beauregard, E. (2019), en el cual se analiza desde una perspectiva criminológica el homicidio sexual.

Los homicidios sexuales son un delito complejo que representan una pequeña proporción de los crímenes violentos. Sin embargo, al ser uno de los más violentos, los medios de comunicación les dan mucha atención. Esto provoca que en las comunidades el miedo se incremente entre la gente. De hecho, a pesar de ser inusuales, los homicidios sexuales suelen requerir bastante tiempo de investigación y costes.

Tradicionalmente, el homicidio sexual se ha definido como el asesinato intencional de una persona cuando existe un elemento sexual en el asesinato. No obstante, para otros investigadores, la actividad sexual no es necesaria. Esto se debe a que el acto de matar en sí mismo puede considerarse la fuente de gratificación sexual.

La mayoría de los estudios utilizan la definición proporcionada por el FBI, debiendo existir al menos uno de los siguientes elementos: vestimenta o falta de vestimenta de la víctima; exposición de las partes sexuales del cuerpo de la víctima; posicionamiento sexual del cuerpo; inserción de objetos extraños en las cavidades de la víctima; evidencia de relaciones sexuales (oral, anal o vaginal); y evidencia de actividad sexual sustitutiva, interés o fantasía sádica.

En estudios comparativos recientes a nivel internacional, se apreciaron diferencias entre la forma de cometer el delito, víctimas y agresores de países de distintos continentes (Canadá, Francia, Escocia y Corea, concretamente). Las conclusiones parecían apuntar a que, al menos en Francia y Canadá, los agresores presentaban más similitudes que diferencias. Aún así, estas últimas también se aprecian.

También se ha tratado de comparar al asesino sexual con otro tipo de criminales violentos. El objetivo de esto era tratar de determinar si se trata de un perfil específico de agresor.

Así pues, se ha comparado a los homicidas sexuales con homicidas sin componente sexual y con delincuentes sexuales que no cometen homicidios. Los resultados fueron diversos. Por un lado, comparándolos con los delincuentes sexuales, los homicidas sexuales suelen alegar más problemas de soledad y de ira. Los agresores de ambos grupos presentaban desórdenes mentales, antecedentes penales por crímenes violentos y/o sexuales, una estructura familiar disfuncional y fueron víctimas de delitos sexuales.

Sin embargo, los delincuentes sexuales no homicidas eran más proclives a realizar la penetración vaginal y humillar a la víctima. No obstante, también puede distinguirse entre estos delincuentes sexuales violentos y no violentos. Estos últimos suelen estar más especializados en lo que es exclusivamente el delito sexual. Los violentos tienen más antecedentes penales. Del mismo modo, son más versátiles en la forma de cometer el delito, al igual que los homicidas sexuales.

Por su parte, los homicidas sexuales suelen caracterizarse por abusos y una variedad de conductas problemáticas y/o trastornos. Entre estos últimos, es más probable que tengan trastornos esquizoides y limítrofes de la personalidad. También que opten por seleccionar una víctima, usar un arma y consumir drogas y alcohol antes de cometer delitos. Contrariamente, parecen menos proclives a obligar a sus víctimas a participar en actos sexuales o humillarlas, así como a tener una personalidad dependiente o antisocial.

En comparación a los homicidas y los delincuentes sexuales violentos, los homicidas sexuales tienden más a exhibir un comportamiento parafílico, tener una percepción negativa de sí mismos y su entorno, tener una colección sexual que involucre a niños, reportar disfunciones sexuales y utilizar sustancias psicoactivas. En cuanto al comportamiento en la escena del crimen, son más propensos a usar un enfoque de estafa o sorpresa, cometer el crimen en una residencia, golpear a la víctima y usar la asfixia o un arma intencionalmente.

Consecuentemente, puede decirse que el homicida sexual es un perfil criminal concreto. No obstante, los homicidios sexuales pueden explicarse en parte como una escalada de la violencia sexual. Un factor que incrementa el riesgo de que un delito sexual termine en homicidio es el acceso y uso de un arma. Asimismo, la resistencia de la víctima también incrementa este riesgo en casos de homicidio sexual no intencionado. Es decir, cuando el objetivo solo era cometer el delito sexual y no el homicidio.

Aún así, otra parte de este tipo de homicidios es cometido por psicopatologías individuales como el sadismo sexual. Estudios previos ya evidenciaron la relación entre la psicopatología y el sadismo y, asimismo, una elevada violencia. En lo referente al sadismo sexual, existe cierto consenso con respecto a lo que le caracteriza. Esto es, una conducta violenta o denigrante; la reacción de la víctima (miedo, dolor…); y/o el sentimiento de poder y control resultante se esta conducta.

Con respecto al comportamiento espacial de los homicidas sexuales, no suelen recorrer mucha distancia desde donde viven. Esta distancia suele ser mayor cuando las víctimas son adultas.

En cualquier caso, la violencia en los homicidios sexuales puede ser de tres tipos. Inadvertida, por falta de atención; indiscriminada, usada cuando se considera necesaria; e intencional, por ejemplo, para evitar ser identificado. Sin embargo ¿qué hay de los homicidas sexuales de víctimas concretas (niños y la tercera edad)?

Otros estudios previos señalaron que los homicidas sexuales de niños parecen tener más trastornos o desórdenes mentales. También tienen una mayor excitación sexual desviada por parafilias como la pedofilia. Asimismo, poseen más probabilidades de planear el crimen, esconder el cuerpo, establecer contacto previo con su víctima y utilizar la pornografía antes del delito.

En contraposición, son menos proclives a reportar drogodependencias o abuso del alcohol, disfunciones sexuales o una personalidad narcisista. De hecho, se han llegado a identificar perfiles concretos de homicidas sexuales de niños y adolescentes, según la edad de la víctima y el tipo de violencia usada. Con respecto a víctimas de edad avanzada, los escasos estudios identificaron que los agresores suelen ser mucho más jóvenes, matarlas en su residencia y ensañarse con ellas.

Así las cosas, el estudio de los homicidios y homicidas sexuales ha evolucionado a un enfoque más basado en datos. Este cambio de tendencia de la tradición clínica lo marcaron los estudios empíricos del FBI, si bien no eran representativos. No obstante, cada vez más se estudian muestras lo suficientemente grandes como para generalizar los hallazgos de los nuevos estudios.

Por ello, las investigaciones futuras deberían seguir ahondando en los distintos perfiles concretos de homicidas sexuales. Del mismo modo, deberían tenerse en cuenta los tipos específicos de víctimas para su investigación, especialmente si son víctimas vulnerables.

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Índices de psicopatía, ¿mayores en poblaciones reclusas? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Are Prisoners More Psychopathic than Non- forensic PopulationsProfiling Psychopathic Traits among PrisonersCommunity AdultsUniversity Students, and Adolescents” de Boduszek, D.; Debowska, A.; Sherretts, N.; Willmott, D.; Boulton, M.; Kielkiewicz, K.; Popiolek, K. y Hyland, P. (2019), en el cual se comparan los índices de psicopatía entre población reclusa, adultos, estudiantes universitarios y adolescentes. 

La psicopatía suele considerarse como una de las enfermedades mentales más antiguas de la historia. Sin embargo, no existe mucho consenso sobre las características de este desorden y cómo tratarlo. Siendo más específicos, la inclusión de la conducta criminal / antisocial como un componente fundamental de la psicopatía sigue siendo polémica. 

Hasta la fecha, la herramienta de evaluación más utilizada ha sido la Lista de Verificación de la psicopatía actualizada, componiéndose este trastorno de cuatro conjuntos de rasgos. Estos son: la manipulación interpersonal (engaño, grandiosidad…), el afecto insensible (esto es, falta de empatía o remordimientos), un estilo de vida errático (debido a la impulsividad o irresponsabilidad) y una conducta antisocial (desvío social, comportamiento criminal…). Sin embargo, cuando se ha aplicado este método podría haberse producido una sobreestimación del trastorno en delincuentes, al incluirse como un rasgo la conducta antisocial o criminal. 

Varias fuentes han indicado que el comportamiento antisocial / criminal debe considerarse como una posible consecuencia más que como una parte integral de la psicopatía. Por ello, se ha propuesto también un método alternativo de evaluación no verbal: la Escala de Rasgos de Personalidad Psicopática. Esta se compone de cuatro dimensiones:  

  • La capacidad de respuesta afectiva, por ejemplo: los déficits en reacciones emocionales hacia otras personas. 
  • La capacidad de respuesta cognitiva, esto es: déficits en el compromiso cognitivo con los demás. 
  • La manipulación interpersonal, como un estilo comunicativo engañoso y coercitivo. 
  • El egocentrismocentrarse exclusivamente en los propios intereses y creencias. 

La exclusión de los aspectos conductuales hace que la escala sea adecuada para su uso con una variedad de muestras, incluidas las poblaciones no infractoras y la juventud. Aunque los niños y adolescentes no pueden ser diagnosticados con un trastorno de la personalidad, reconocer ciertos problemas desde el principio y obtener una comprensión más profunda de la estabilidad de los rasgos en las etapas del desarrollo podría servir para diseñar mejores estrategias de intervención, rápidas y eficientes. 

Por otro lado, las diferencias cualitativas y cuantitativas en la expresión de los rasgos psicopáticos pueden explorarse con el uso de técnicas analíticas centradas en la persona, como el análisis de perfiles latentes. Estos permiten revelar variaciones en la intensidad de los rasgos, así como las agrupaciones de los rasgos entre individuos. 

Así pues, ¿cuáles pueden ser los índices reales de psicopatía en la población tanto reclusa como no reclusa? 

Para intentar dar respuesta a esta cuestión, los autores aplicaron la Escala de Rasgos de Personalidad y el análisis de perfiles latentes a cuatro grupos/muestras de participantes en su propio estudio. A saber: 772 reclusos de la cárcel de Pensilvania (EE.UU); 1201 adultos de la comunidad del norte de Inglaterra; 2080 estudiantes universitarios, de dos universidades del norte de Inglaterra; y 472 adolescentes de una escuela secundaria en el norte de Inglaterra. En todos ellos, se incluyeron tanto a hombres como mujeres, siento estas últimas mayoritarias en las muestras de adultos y universitarios. Los datos recabados procedían de entre los años 2015 y 2017 incluidos. 

Los resultados revelaron que los adolescentes eran los que más puntuación obtuvieron en déficits de la capacidad de respuesta afectiva. En la capacidad de respuesta cognitiva fueron los que más puntuación obtuvieron, seguidos de los reclusos. Los universitarios y los adultos obtuvieron más puntos que los presos y adolescentes en la manipulación interpersonal. En términos de egocentrismo, los universitarios mostraron puntajes más altos que los adultos de la comunidad y los reclusos. 

En el caso de los adolescentes, dichos resultados pueden sugerir que esos rasgos, relacionados con la empatía afectiva y cognitiva, se contrarresten y la empatía se desarrolle más en la época adulta. En este sentido, investigaciones anteriores atestiguan diferencias relacionadas con la edad y el desarrollo más tardío de determinadas regiones del cerebro.  

Consecuentemente, parece que algunos de los rasgos centrales de la psicopatía pueden ser maleables. Esto ofrece una vía prometedora para las intervenciones dirigidas a los jóvenes identificados como en riesgo de psicopatía adulta, si bien se requiere de más investigación.  

Además de los resultados referentes a los adolescentes, el estudio proporciona más pruebas de la existencia de grupos de psicopatía cualitativamente diversos 

A grandes rasgos, aunque se detectaron ciertas variaciones en los patrones de puntuación entre las muestras, se identificaron: un grupo de psicopatía baja para todas las muestras, grupos claros de psicopatía alta para los presos y universitarios, y un aumento de los grupos de psicopatía entre los adultos y adolescentes de la comunidad.  

Concretamente, se identificaron grupos de alta psicopatía por igual para los presos y universitariosEstos grupos eran casi idénticos en tamaño, lo que sugiere que el aumento de la psicopatía no es más común entre las poblaciones forenses que entre las no forenses.  

Específicamente, dado que la psicopatía alta se identifica en aproximadamente el 7% de las poblaciones adultas (siendo igual el porcentaje para las muestras del estudio), parece que algunos de esos rasgos pueden aliviarse naturalmente en el proceso de maduración y socialización. Sin embargo, esto sugiere, a su vez, que los reclusos no son más psicopáticos que las poblaciones no penitenciarias. 

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Déficits en las funciones ejecutivas como posibles predictores de la violencia de pareja. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “A systematic review of executive cognitive function intimate partner violent offenders” de Humenik A. M., Grounds Z., K., Mayer H. M. y Dolan S. L. (2020), en el cual se analizan múltiples evidencias relativas a la relación entre las disfunciones cognitivas de las funciones ejecutiva y el comportamiento violento en la pareja.

La violencia de pareja (VP) es un problema de salud pública que afecta a millones de mujeres y hombres, niñas y niños en todo el mundo. Está conectada con múltiples consecuencias negativas: problemas de salud física y psicológica, aumento de costes, victimización y morbilidad.

Este concepto -violencia de pareja- abarca comportamientos desadaptativos como la violencia física, psicológica y sexual, el acoso y el control del comportamiento del otro. Para explicar las causas de la VP se han desarrollado diversas teorías que atienden a factores socio-culturales, contextuales, de personalidad, entre otros. Aunque hayan recibido cierto apoyo empírico, fallan en explicar las probables contribuciones de algunas variables biológicas.

En este sentido, existen evidencias de la relación entre las disfunciones neuropsicológicas y la agresión. Más específicamente, se habla de disfunciones de las funciones cognitivas ejecutivas (FEs) que facilitan las conductas de agresión.

En cualquier caso, la VP y la agresión en general son dos constructos que difieren en cuanto a rasgos de personalidad implicados, comportamientos antisociales y presencia de psicopatologías. Ello implica que, si las disfunciones de las FEs están asociadas a la agresión, no necesariamente serán de gran importancia en la violencia de pareja. La VP es un proceso complejo, que va más allá de las conductas de agresión per se.

Por ello, se necesita evaluar de manera específica las conexiones entre la violencia de pareja y las FEs. Los autores de este estudio recopilan los hallazgos en cuanto a estas conexiones, atendiendo a las funciones cognitivas de alto nivel o ejecutivas que ya han mostrado importancia en los comportamientos de agresión.

Estas FEs son: la memoria de trabajo (MT), la flexibilidad cognitiva, la inhibición (control inhibitorio), la fluencia y la toma de decisiones. Todas están mediadas por el proceso de atención y tienen un papel importante en el control y la regulación de procesos implicados en las intenciones, planificación y desarrollo de las conductas necesarias para conseguir una meta. En general, las disfunciones en el funcionamiento de las FEs están asociadas a dificultades académicas, profesionales e interpersonales.

Los estudios sobre agresión y FEs indican que los sujetos que presentan mayores niveles de impulsividad, desinhibición e inflexibilidad cognitiva también muestran conductas agresivas más violentas y con mayor frecuencia. También hay evidencias de que los déficits en las FEs de mayor gravedad están asociados a tipos específicos de comportamientos antisociales.

Los estudios sobre violencia de pareja y su relación con el funcionamiento de las FEs muestran resultados mixtos que vamos a describir a continuación. Estos hallazgos provienen de 22 estudios que incluyen mediciones de FEs y cuyas muestras de estudio se componen de sujetos mayores de edad y que hayan llevado a cabo conductas de violencia de pareja.

La flexibilidad cognitiva es la habilidad de pensar sobre algo de múltiples maneras e incluye el concepto de cambio mental (de creencias, punto de vista, etc.). En general, es una de las funciones más estudiadas en relación a la agresión.

De los estudios analizados, 20 muestran relaciones entre déficits en flexibilidad cognitiva y la violencia de pareja. La relación se explicaría por la puesta en práctica de estrategia inefectivas de resolución de problemas. Por ello, cada vez que el sujeto violento se encuentra con una situación de pareja que considera como un problema, aplica estrategia de resolución basadas en la agresividad y la violencia.

Aunque los grupos control varían de estudio a estudio, generalmente los maltratadores registran mayor cantidad de errores en las tareas de flexibilidad cognitiva y responden más lentamente. Comprados con grupos de sujetos no violentos, los sujetos maltratadores fallan más. En cambio, en otros estudios son los que más fallan en las tareas de flexibilidad cognitiva pero no más que los agresores sexuales.

La memoria de trabajo es la habilidad de almacenar y manipular información en la consciencia por un corto periodo de tiempo.  Es clave en la regulación del procesamiento de la información social, de la atención y de las conductas orientadas a metas.

Los déficits de la MT se han asociado con una interpretación errónea de las señales sociales. Esta interpretación errónea es un factor de riesgo para las agresiones, tanto en niños/as como en adultos. Más específicamente, los sujetos implicados en conductas violentas suelen mostrar un peor rendimiento en tareas de memoria de trabajo espacial que los sujetos no violentos.

En cuanto a los maltratadores, hay resultados mixtos debido a la diversidad de metodología y medidas que utilizan. Por ejemplo, en un estudio se comparan sujetos condenados por VP con dependencia de alcohol (VP+), sujetos no condenados por VP con la misma dependencia (VP-) y sujetos fumadores como grupo control. En la tarea de recuperación de dígitos contando hacia atrás, el grupo VP+ ha mostrado el peor rendimiento.

En otro estudio se ha comparado el rendimiento de sujetos maltratadores con y sin historial de otras conductas violentas y un grupo control sin condenas. En una tarea de span de memoria para dígitos, ambos grupos de sujetos maltratadores han mostrado peores resultados que el grupo control. Además, el grupo de maltratadores con historial de otras conductas violentas exhibió el peor rendimiento.

 Resultados como estos indican la presencia de patrones de déficits de la MT diferenciales entre aquellos que cometen VP y aquellos que cometen conductas violentas de manera más generalizada. Aun así, los resultados difieren en función de la tarea requerida y, a veces, se observan diferencias no significativas o bien significativa, pero de tamaño de efecto pequeño.

El control inhibitorio es la habilidad de controlar y autorregular la atención y los impulsos propios. En pacientes forenses, los problemas de la capacidad de inhibición son el predictor más fuerte del comportamiento agresivo. Asimismo, la desinhibición está muy relacionada con la impulsividad y muchas veces se solapan. La impulsividad tiene alta relevancia en este contexto, siendo una característica repetidamente asociada a las conductas de agresión.

Los sujetos que maltratan a sus parejas exhiben mucha más desinhibición que sujetos que no cometen este tipo de conductas. La desinhibición se encuentra asociada a niveles más altos de agresión tanto mutuamente en pareja, como de maltrato de marido a mujer y de maltrato de marido a mujer con violencia grave.

Los sujetos maltratadores dan respuestas más rápidas en tareas de Stroop emocional con palabras agresivas. Aquellos que también tienen un historial de otras conductas violentas muestran un tiempo de reacción aún mayor.

Ello sugiere dificultades para inhibir los estímulos emocionales distractores. Estas dificultades llevan a déficits de resolución de problemas en situaciones cargadas emocionalmente (como los conflictos) y, consecuentemente, se desarrollan respuestas agresivas. Los estudios que no encuentran diferencias significativas destacan por tener muestras de estudio muy pequeñas, lo que no permite sacar conclusiones fiables.

La fluidez es la habilidad de producir información verbal o no verbal durante un periodo de tiempo determinado sin repetir las respuestas.  Muy pocos estudios analizan la fluidez verbal en relación a las conductas violentas. En general, los resultados indican que no hay diferencias significativas en la fluidez verbal entre sujetos molturadores y no maltratadores.

Por último, la toma de decisiones es la habilidad cognitiva de hacer una elección lógica de varias opciones. Los déficits en toma de decisiones han mostrado asociaciones con el comportamiento violento numerosas veces. Además, los comportamientos de riesgo y de agresiones impulsivas parecen compartir déficits en la zona orbitofrontal del cerebro, con un papel clave en la toma de decisiones.

En algunos estudios se han observado importantes déficits en la toma de decisiones de sujetos que cometen violencia de pareja. Dedican menos tiempo al proceso deliberativo, muestran una peor calidad de decisión, se arriesgan más y presentan mayor aversión a posponer las conductas. En cualquier caso, hay resultados mixtos. Por ejemplo, algunos estudios sugieren un mejor rendimiento de estos sujetos comparado con los que cometen otro tipo de conductas violentas. Otros sugieren que no hay déficit alguno en la toma de decisiones.

Cada vez más estudios consideran los daños cerebrales traumáticos y el abuso de sustancias como factores que influyen en el funcionamiento neuropsicológico. Estos factores también afectarían a las funciones ejecutivas y estarían relacionados con las conductas de violencia de pareja.

Tanto los comportamientos de agresión como de consumo de drogas se han asociado a dificultades para considerar a priori las consecuencias de una conducta, así como dificultades para la inhibición conductual. El uso de drogas como, por ejemplo, el alcohol, puede incrementar la gravedad de las agresiones. El alcohol y otras drogas limitan la capacidad de autorregulación del comportamiento y de procesamiento de las señales sociales. Por ello, sería similar a lo mencionado en los déficits de memoria de trabajo.

En cuanto al daño cerebral de origen traumático, destacar que muchos sujetos con conductas violentas también tienen historial de alguna lesión en la cabeza (p. ej. golpes por accidente). La prevalencia de este tipo de daño cerebral es alta en la población de sujetos maltratadores y posiblemente mayor que en la población general.

En conclusión, puede haber múltiples fuentes de déficit en las funciones ejecutivas. Estos déficits no se pueden pasar por alto en las conductas violentas porque, generalmente, hay evidencias de su importancia. Ello no implica justificar las conductas violentas por causas biológicas, ni descartar el papel de otro tipo de factores como contextuales, socio-económicos, culturales u otros. Mejor conocimiento sobre qué impacta, influye o provoca las conductas violentas, mayores posibilidades de desarrollo de estrategias eficaces de prevención y tratamiento.

 

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La Triada Oscura y las conductas de fraude. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The effect of the dark triad on unethical behavior” de Harrison A., Summers J. y Mennecke B. (2016), en el cual se analiza el papel de los rasgos de personalidad de la Triada Oscura en las conductas de fraude.

El fraude en la era digital implica comportamientos bastante diferentes de lo que los investigadores del fraude están acostumbrados. No obstante, es probable que detrás de las conductas de fraude estén los mismos perfiles psicológicos que en el fraude no digital. Es decir, los hallazgos previos en cuanto a estos perfiles pueden seguir siendo válidos. El cambio de comportamiento puede ser simplemente la adaptación al nuevo entorno: lo digital.

Las conductas no éticas se definen como actos que provocan daño ajeno y que son ilegales o inaceptables moralmente para la comunidad extensa. Las investigaciones sobre el fraude han sacado a la luz importantes factores psicológicos que afectan a la propensión de llevar a cabo conductas no éticas. No obstante, que afecten no equivale a que sean causas de las conductas fraudulentas. Cuáles son las causas de tales conductas sigue siendo una pregunta sin responder.

Algunos factores personales han sido considerados ampliamente como factores predisponentes de ciertas conductas. Algunos serían: nivel educativo, estatus socio-económico o rasgos de personalidad. Estos últimos son los que reciben atención en el estudio citado. ¿Cómo influyen ciertos rasgos de personalidad en las conductas de fraude? E incluso ¿cómo influyen estos rasgos en el proceso de toma de decisiones?

Los rasgos de personalidad de interés en la conducta fraudulenta son aquellos que conforman la conocida triada oscura. Estos tienen un papel destacable en varias conductas antisociales y el fraude es una de ellas. Hablamos de psicopatía, narcicismo y maquiavelismo. Cuando se presentan de manera combinada, suelen considerarse como predictivos de actitudes y comportamientos egoístas, manipulativos e insensibles.

Estos rasgos influyen en conductas no ética, pero se desconoce si, por ejemplo, afectan a la toma de decisiones. Saberlo es importante porque para llevar a cabo cualquier conducta, primero se toma la decisión de hacerlo. Las decisiones pueden ser más o menos conscientes, pero el proceso de toma de decisiones siempre está presente.

En cuanto al fraude, las conductas relacionadas se analizan desde una perspectiva interaccionista. Es decir, los individuos que deciden cometer fraude responden a una serie de factores que interaccionan entre sí. Hay motivación para cometer un fraude o engañar. Se da la oportunidad de engañar a otro individuo y aprovecharse de él. Por último, hay habilidad de racionalizar los actos no éticos desde un código ético propio, no compartido.

Por ejemplo, imagínate que vas a una entrevista de trabajo. Para aumentar las probabilidades de conseguir el puesto (motivación), puedes mentir sobre tu historia laboral. Sabes, además, que la empresa entrevistadora no suele verificar las credenciales de los aspirantes (oportunidad), porque es una empresa pequeña, con mucha carga de trabajo y necesitan contratar ya. Al decidir mentir en esta entrevista puedes pensar algo así como no creo que sea poco ético, es una mentira de nada; con lo competitivo que está el mercado, me vale la pena mentir, todos mienten en algún momento. ¡Tan grave no es! (racionalización desde un código ético propio).

Este sería un ejemplo de la estructura del llamado triángulo del fraude. Muchas veces también se considera un cuarto elemento: las capacidades del individuo. Una persona evalúa si tiene la capacidad de llevar a cabo exitosamente la conducta fraudulenta. En el ejemplo anterior sería evaluar si tenemos la habilidad de mentir.

Aquel que quiera cometer un fraude debe detectar la oportunidad de hacerlo. La dificultad de asegurar que las identidades digitales son reales y la posibilidad de anonimidad da lugar a oportunidades de engaño y reduce la presión al conformismo con las normas sociales en contra del fraude.

La motivación para cometer un fraude es necesaria en términos de tener como meta obtener una serie de beneficios. No obstante, esa búsqueda de beneficios se presenta más en términos de necesidad de responder a problemas que un individuo experimenta como difíciles de resolver: tener problemas económicos, no encontrar un trabajo, etc.

Racionalizar las conductas de fraude implica que el individuo sigue teniendo actitudes de rechazo hacia tales conductas en la sociedad. Lo que ocurre es que encuentra justificaciones para sus conductas no éticas lo suficientemente convincentes para que distorsione su percepción desde una conducta no ética hacia una conducta justificada. La racionalización es la reconciliación de intenciones deshonestas con un código ético personal que habilita al individuo a actuar de manera deshonesta o inmoral en contextos y situaciones específicas.

¿Por qué voy a avisar a la dependienta de la vuelta incorrecta de dinero si no es atenta a su trabajo? (culpar a la víctima). Yo no miento por mentir; pero si no lo hago ahora, se va enfadar y le voy a quitar toda la ilusión que tenía (hacer el bien).

En el contexto digital, los fraudes son mayoritariamente de naturaleza económica. No obstante, también hay motivaciones no monetarias. Por ejemplo, la presión social de conseguir un estatus de éxito, poder e influencia, algo muy típico en el mercado actual. Las prácticas fraudulentas online más comunes son una descripción falsa de los productos/servicios a vender y la no entrega de dichos productos/servicios. Los canales de comunicación más comunes son los correos electrónicos y la paginas web.

Dada la frecuencia de este tipo de fraudes, los autores de la investigación desarrollan un estudio endos fases enfocado en la venta digital de un producto tecnológico. En dicho estudio participan 329 sujetos.

En la fase 1, además de completar un cuestionario con datos demográficos y escalas relativas a sus rasgos de personalidad, los participantes estimaron el valor de 6 tipos de productos de tecnología: smartphones, ordenadores de sobremesa, laptops, tablets, cámaras digitales y DVDs. Lo relevante de estas estimaciones es el valor que se la da a un iPhone que no está en perfecto estado, está usado y tiene arañazos. Por otro lado, los participantes estiman el valor de todos los productos mencionados para evitar que en la fase 2 recuerden el precio estimado en la fase 1.

La fase 2 ocurre una semana más tarde y participan los mismos sujetos. En esta fase, se pide la creación de un anuncio de venta del iPhone, mencionando precio, estado y descripción. Las diferencias entre ambas fases mostrarían la intención de engañar a posibles compradores y si existen relaciones entre dichas intenciones y los rasgos de personalidad de la triada oscura. Por ejemplo, si un sujeto estima en la  fase 1 un precio de 100 euros y de 200 en la fase 2 y, además, informa de que el estado del móvil es nuevo, estaría intentando engañar al futuro comprador.

Lo principal de los resultados es que los rasgos de personalidad asociados a la triada oscura sí influyen en el comportamiento de fraude. Más interesante aún, se observa que diferentes rasgos de la triada oscura afectan a diferentes factores del triángulo del fraude. Es decir, diferentes constructos de la triada oscura facilitan diferentes partes del proceso de la decisión de engañar.

El narcisismo correlaciona positivamente con la motivación de cometer fraudes. No obstante, el narcisismo implica desear aparentar poder y prestigio, pero internamente hay mucha inseguridad. Esto encaja con el hallazgo de los autores en cuanto a alta motivación de cometer fraudes, pero una muy baja percepción de ser capaz de cometerlos.

Las altas puntuaciones en maquiavelismo muestran un importante impacto en la motivación y en la percepción de oportunidad de cometer fraudes. El deseo de control y poder de estos individuos generan alta motivación para engañar a otros. No obstante, aun de percibir oportunidades para engañar, la poca confianza que suelen tener en otros disminuye dicha percepción.

La psicopatía parece jugar un papel central en la decisión de cometer un fraude. En el estudio se ha observado que este constructo, asociado a amoralidad y propensión a actuar impulsivamente, es el que mayor impacto tiene en el proceso de decisión de cometer fraudes. Esto es así por efectos destacables en la racionalización. La racionalización también suele considerarse como uno de los factores más cruciales del triángulo del fraude. Si alguien es capaz de justificar cualquier acto, será difícil que no lo lleve a cabo.

En conclusión, en los comportamientos fraudulentos tienen mayor impacto los rasgos relativos a psicopatía y maquiavelismo y mucho menos los relativos a narcicismo. Un enfoque interaccionista como el de este estudio permite detectar influencias más específicas de diferentes factores, como son, en este caso, los rasgos de personalidad de la triada oscura. Cada comportamiento implica una serie de pasos y casi todos los comportamientos humanos son complejos. Por ello, se necesita un análisis de  los factores que influyen en cada uno de esos pasos, con el fin de desarrollar modelos de prevención e intervención más eficaces.

 

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