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Categoría: Piscología del testimonio (página 1 de 2)

Enfoque cognitivo para la detección de mentiras. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “A cognitive approach to lie Detection: A meta-analysis” de Vrij, Fisher y Blank; en él hacen un metaanálisis sobre el enfoque cognitivo para la detención de mentiras. Se centra en tres técnicas: imponer una carga cognitiva, alentar a los entrevistadores a decir más y hacer preguntas inesperadas.

El enfoque cognitivo para la detección de las mentiras parte de la observación de que mentir es más agotador mentalmente que decir la verdad. Para llevar a cabo este análisis se tuvieron en cuenta los estudios que se centraban en detectar la mentira a través de la observación del comportamiento de alguien o escuchando el discurso de una persona cuando no hay de fondo otra información relevante.

Esta teoría se centra en que se pueden magnificar las diferencias en las señales (no)verbales indicativas de la carga cognitiva mostradas por las personas sinceras y los mentirosos a través de intervenciones sobre los principios cognitivos que hacen que la tarea de mentir sea aun más exigente cognitivamente. Las estrategias que pueden ayudar a la detección de mentiras serían. Imponer una carga cognitiva, alentar a los entrevistados a proporcionar más información y hacer preguntas inesperadas.

Imponer una carga cognitiva hace alusión a hacer que las entrevistas sean más difíciles mentalmente. Al mentir se gastan más recursos cognitivos, al aumentar la dificultad mental se reducen los recursos, si se sigue aumentando puede llegar el momento en que no sean capaces de hacer frente a las solicitudes que se les hagan y por tanto no poder mentir. Algunas de las tácticas que se usarían serían: contar sus historias en orden inverso, mantener el contacto visual con el entrevistador, hacer dos tareas simultáneamente (coger algo y hablar) o si hay varias personas contar su historia por turnos según vaya decidiendo el entrevistador.

Pedir más información, por un lado, sirve para contrastar detalles o encontrar nuevas pistas, y, por otro lado, a los mentirosos les podría resultar complicado añadir más detalles que a los sinceros. Además, los detalles que añaden pueden ser de menor calidad o ser menos creíbles. Hay cuatro estrategias que funcionan para forzar el añadir más detalles: el uso de otro investigador adicional, el dar una respuesta modelo (que tenga muchos detalles), el uso de dibujos y la aplicación de la entrevista cognitiva.

La última técnica mencionada, el hacer preguntas inesperadas, se basa en que los mentirosos se preparan previamente las respuestas en base a las preguntas que creen que les harán, ya que eso hace que mentir tenga una menor carga cognitiva. El hacer una pregunta inesperada les obligará a crear una respuesta en ese mismo momento y ahí presentarán mayores niveles de carga cognitiva mientras que los sinceros tendrán los mismos niveles para las respuestas esperadas como para las inesperadas.

Para comprobar su efectividad se calculó el tamaño del efecto reflejando la diferencia en las tareas de precisión obtenidas con los enfoques estándar y de detección cognitiva de la mentira. Y luego se integraron siguiendo la metodología metaanalítica estándar. Se realizaron los cálculos separando la precisión de detección de la verdad y de la mentira para posteriormente sacar también la precisión total. Se utilizaron de medición los odd ratio y la d de Cohen.

Para incluirse en el metaanálisis los estudios debían cumplir los siguientes criterios de inclusión: emplear alguna forma de manipulación de detección cognitiva de la mentira e informar de alguna medida de exactitud de detección de mentira. En total se obtuvieron 14 estudios experimentales que reunían esas condiciones.

Como resultados se encontró que el enfoque de detección de mentiras cognitivas era superior al enfoque estándar para las tres medidas de precisión de detección. Para la verdad fue de 67% frente al 57%, para la mentira fue de 67% frente al 47% y para el combinado fue de 71% frente al 56%. Este porcentaje de detección estándar del 56% se encuentra muy próximo a la tasa del 54% que se encuentra típicamente en la investigación del engaño (Bond y DePaulo, 2006), sin embargo, el enfoque cognitivo es bastante superior con un 71%.

Se analizó también si los juicios sobre la precisión eran realizados por humano o por algoritmos, y la efectividad de las técnicas cognitivas mencionadas anteriormente. Los resultados basados en los odd ratios y en la d de Cohen mostraron que la manera de tomar decisiones (humanos o algoritmos) no importaba mucho para la precisión final. Para la precisión de la verdad funcionaba mejor el enfoque cognitivo cuando está basado en criterios objetivos y mostró una escasa ventaja sobre el enfoque estándar para los observadores humanos. Lo contrario ocurría con la detección de la mentira, el enfoque cognitivo funcionaba mejor cuando los jueces eran humanos. Esto puede ser debido a que las personas presentamos un sesgo de verdad, tendemos a pensar que la persona objetivo está diciendo la verdad y por ello, para los humanos hay un mayor margen de mejora para aumentar la precisión de la mentira.

En lo que respecta a las técnicas empleadas no tuvieron un efecto moderador significativo en la precisión total. Para la detección de la verdad la técnica más efectiva fue alentar a los entrevistados a decir más, seguido de las preguntas inesperadas y, por último, imponer una carga cognitiva. Por el contrario, para la detección de la mentira la más eficaz fue imponer una carga, seguida de hacer preguntas inesperadas y, por último, alentar a decir más.

Estos resultados coinciden con la justificación teórica. Alentar a los entrevistados a decir más animaría particularmente a los que cuenta la verdad a hablar más. Debido a ello se obtienen mejores resultados con esa técnica cognitiva que con la estándar en la detección de la verdad. Además, se señaló que los mentirosos tendrían mayores problemas al hacer frente a una carga cognitiva, como se ha demostrado, lo que significa que también las técnicas cognitivas tienen mejores resultados que la técnica estándar para la detección de la mentira.

En resumen, los hallazgos metaanalíticos confirmaron la superioridad del enfoque de detección cognitiva de la mentira. Condujo a una mejor precisión de detección total (71% vs 56%), una mejor detección de la verdad (67% vs 57%) y de la mentira (67% vs 47%) que el enfoque estándar. Los humanos se beneficiarán más de la detección cognitiva de mentiras. Además, se demostró que cada técnica tiene una ventaja diferente, siendo más eficaz la carga cognitiva para detectar mentiras y el alentar a hablar para detectar la verdad.

En cuanto a la aplicación de estas técnicas se recomienda que sean basadas en un contexto de entrevista de recuperación ininterrumpida y no en el típico acusatorio de la policía, basado en el falso mito de que el sospechoso no quiere hablar. Además, se ha demostrado que el enfoque de recuperación ininterrumpida aumenta significativamente la probabilidad de una confesión verdadera y disminuye la probabilidad de confesiones falsas con respecto a la técnica acusatoria.

Auqnue es verdad que la técnica cognitiva mejora la detección, sus índices no superan el 70%, lo que hace que todavía tenga un gran margen de mejoría y que no sea útil en su aplicación en el uso clínico o para la detección masiva en los controles fronterizos, ya que en esos casos su tasa de error tendría que ser mucho más baja. Pero este es un problema que ninguna herramienta de evaluación actual ha conseguido resolver.

Técnica y actitud del entrevistador y confesiones falsas. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “The combined effects of questioning technique and interviewer manner on false confessions” de Paton, Bain, Gozna, Gilchrist, Heim, Gardner, Cairns, McGranaghan y Fischer; en él que se realiza un examen empírico sobre como afecta de forma combinada tanto la técnica de interrogación como la actitud en la que la realiza en entrevistador sobre las confesiones falsas.

Primeramente, se realizó un estudio piloto donde se pretendía comprobar cuál era la influencia de las diferentes actitudes que mantenía el entrevistador. Para ello se utilizó una muestra de 104 estudiantes universitarios que se sometieron a una entrevista severa o amistosa y clasificaron el comportamiento de los entrevistadores con una escala de Likert de cinco puntos para evaluar el grado en que los entrevistadores mostraban 18 actitudes: nervioso, severo, amigable, comprensivo, asertivo, confiado, organizado, profesional, firme, respetuoso, positivo, formal, cálido, severo, organizado, efectivo, autoritario, competente y negativo. También se utilizó otra escala de Likert, en este caso, de once puntos para evaluar el grado en que los participantes experimentaron presión para confesar.

Para poder llevar a cabo las entrevistas cuatro estudiantes universitarios varones fueron entrenados por el investigador principal para realizar los interrogatorios después de una denuncia falsa de robo. Realizaron las entrevistas siguiendo un guion preparado.

Después se realizó el estudio principal, los participantes creían que era un experimento sobre los rasgos de personalidad y su relación con el desempeño en las tareas. Para poder llevarlo a cabo se utilizó una muestra de 120 miembros (53 hombres y 67 mujeres) de edades comprendidas entre los 16 y los 62 años, con una edad media de 28 años. Cada uno de los participantes era evaluado individualmente y tenían que contestar los dos cuestionarios del estudio piloto. Al acabar recibirían un cheque de regalo de diez libras. Los cheques estaban en la mesa que tenían enfrente. En un determinado momento del experimento el miembro del equipo que estaba con ellos abandonaba la sala dejando solos a los participantes. Al volver aseguraba que faltaba uno de los cheques y acusaba del “robo” a los participantes.

Pasados unos dos minutos entraba uno de los entrevistadores. Se presentaba como miembro del equipo de investigación e informaba al participante de que tenía que llevar a cabo unas preguntas sobre el asunto del cheque. Estas entrevistas se daban bajo dos condiciones, amistosa o severa. En la condición amistosa el entrevistador para establecer una buena relación y parecer cálido y amistoso se presentaba usando su nombre, mantenía contacto visual, sonreía y adoptaba una postura relajada. En la condición severa para parecer formal y abrupto usaba su nombre completo, no sonreía y adoptaba una postura severa y autoritaria. A continuación, en ambas condiciones, se le pedía al participante que contaran con sus propias palabras el suceso mientras tomaban notas. Después de esta fase de recuerdo libre el entrevistador realizaba una serie de preguntas prestablecidas en el guion, donde también tomaban nota de la respuesta. Además, de las dos condiciones había cuatro variantes de preguntas en cada una: minimización, preguntas repetitivas, preguntas guiadas y preguntas no guiadas. En la primera de ella se hacían afirmaciones del tipo “no te preocupes” o “estoy seguro de que no se dio cuenta de que esto era un tema importante”. En la segunda, se preguntaba hasta seis veces si había cogido el vale. En la tercera era del estilo “los cheques estaban claramente visibles en la mesa, por lo que hubiera sido fácil coger uno ¿no?”. En la última, se utilizó una aproximación propia del método PEACE.

Después de la fase de preguntas se hizo un resumen de todo lo que le habían contado y se les preguntaba si quería añadir algo más. Más tarde, tendían que firmar su declaración y un documento “aceptando la responsabilidad por el vale faltante”. Aquellos que no lo firmaron a la primera se les insistió dos veces más. Al acabar el interrogador abandonaba la sala y volvía el investigador que les informaba sobre las intenciones reales del experimento y se las pedía que completaran las dos escalas antes mencionadas.

Al realizar un análisis multivariado se encontró diferencias significativas en las calificaciones entre las condiciones del entrevistador severo y el amigable en cuatro de los 18 componentes analizados. Lo más severos fueron juzgados como más duros y severos. Los amistosos destacaron en simpatía y comprensión.

Ninguno de los participantes confesó falsamente durante la etapa del interrogatorio de la entrevista. Cada confesión falsa se obtuvo cuando se le pidió que firmará la confesión. En total se consiguieron 37 declaraciones falsas: 14 de ellas fueron a través de preguntas no dirigidas (9 amistosas y 5 severas), diez fueron con la minimización (7 amistosas y 3 severas), 9 fueron con preguntas guiadas (5 severas y 4 amistosas) y 4 con preguntas repetitivas (2 amistosas y 2 severas). Hay que destacar que el modelo repetitivo fue estadísticamente significativo, ya que con cada aumento unitario del mismo se asociaba con una disminución de la probabilidad de conseguir una confesión falsa.

La interacción entre la actitud del entrevistador y la técnica no fue significativa en relación a la presión para confesar. Aquellos que confesaron calificaron el interrogatorio con un grado de presión más alto que aquellos que no confesaron.

Este estudio es una primera aproximación a los efectos de combinar la actitud del entrevistador más la técnica usada. Casi un tercio de los participantes firmaron la confesión falsa y la mayoría confesaron inmediatamente cuando se les presentó la declaración. Lo hicieron a pesar de la falta de evidencia incriminatoria, en ausencia de presión externa y a pesar de no ser conscientes de las consecuencias de confesar.

En relación a las técnicas, contrariamente a lo que se esperaba, la condición de preguntas no guiadas fue la que obtuvo un mayor número de confesiones falsas. Esta técnica a pesar de no ser coercitiva puede ser manipuladora psicológicamente. Si los participantes se sintieron cómodos y creyeron que habían establecido confianza con el entrevistador, aumentaría la vulnerabilidad para cumplir con la solicitud de firmar la confesión falsa. Por el contrario, el cuestionamiento repetitivo fue el que menos confesiones falsas provocó. La inferencia de culpabilidad transmitida al preguntar repetidamente a los participantes si habían cogido un cheque pudo haber provocado una oposición, alentando a la negación contra el mismo. Si los participantes se sintieron ofendidos en vez de intimidados pudo ser lo que hizo que no confesasen. Por tanto, puede ser que las preguntas repetitivas tengan un efecto antagónico y reduzca el riesgo de confesiones falsas.

El que las actitudes del investigador no tuvieran un efecto significativo en las confesiones falsas pudo deberse a las manipulaciones experimentales. La naturaleza potencialmente estresante del experimento pudo hacer que los participantes tuvieran una percepción más negativa del entrevistador amigable y, además, varios de los comportamientos del cuestionario eran parecidos y difíciles de diferenciar.

También hay que destacar que en este experimento los entrevistadores severos obtuvieron menos confesiones falsas de lo que se esperaba. Esto puede explicarse porque al exponerse a alguien percibido como hostil y grosero provocaba sentimientos de molestia y de falta de respeto lo que redujo la posibilidad de cooperación y aumentó la resistencia a la confesión.

Curiosamente la actitud amistosa más la técnica de las preguntas no guiadas fue la que obtuvo puntuaciones más altas en cuanto a presión por confesar. Esto puede deberse a que la actitud informal y comprensiva del entrevistador combinada con la ausencia de preguntas coercitivas creaba una forma sutil de manipulación psicológica que provocó que los participantes experimentaran una alta presión por confesar y firmar así la declaración falsa.

Se recomienda, por tanto, una investigación futura más exhaustiva sobre los factores que hacen que se produzca una confesión falsa.

Relación entre rapport e información obtenida en las entrevistas con sospechosos. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “No rapport, no comment: The relationship between rapport and communication during investigative interviews with suspects” de Collins y Carthy; en él estudian la relación entre el vínculo con el sospechoso y la información relevante que aporta para la investigación.

El rapport o la relación que se crea durante una entrevista es de vital importancia para que la misma se desarrolle de una manera óptima. A pesar de que ha sido seleccionado como uno de los elementos más importantes a la hora de llevar a cabo una entrevista hasta la fecha hay poca investigación empírica que lo relacione con la información extraída.

Lo primero que hay que hacer es medir la relación, para ello hay que identificar una gama de componentes de comunicación adecuados y ver si están presentes y si influyen en la cantidad que se obtiene de información relevante.

En el contexto de la investigación el fin de la entrevista es conseguir el mayor número de datos verídicos relacionados con la misma y se intentan obtener de personas que no siempre pueden querer proporcionarlos, por tanto, el rapport no sería tanto tener una relación cálida y cercana con la otra persona como en la entrevista terapéutica sino conseguir llegar a un “acuerdo operacional” donde el entrevistador y la fuente tienen una relación productiva basada en la cooperación y el respeto.

El rapport ha sido estudiado comparando diferentes estilos de entrevista. El estilo humanitario produjo un recuerdo superior, más información central y periférica que el enfoque dominante. Otro estudio evaluó el rapport establecido con testigos oculares adultos utilizando la entrevista cognitiva. Las técnicas que se incluían eran el uso de conversaciones breves, la divulgación de información personal y el empleo de estímulos. No se pudo establecer una relación directa con el rapport y un aumento de la información revelada, aunque parece que los participantes recordaron información menos inexacta y fueron más resistentes a la información errónea posterior al hecho.

En el presente estudio se utilizaron entrevistas con agresores sexuales, donde el rapport es de mayor importancia por varias razones. Normalmente este tipo de agresores minimizan y distorsionan la naturaleza y la severidad de sus crímenes. Si la víctima es un niño se origina una gran respuesta por parte de la sociedad y conlleva un gran estigma social. Además, los investigadores tienen actitudes más negativas hacía estos agresores y esto tiene un impacto en la calidad de la entrevista. Esto generalmente lleva a que dichos sujetos sean menos cooperativos y aporten menos información.

Se basó en el modelo de comportamiento de comunicación de Tickle- Degnen y Rosenthal (1990) para seleccionar varios componentes de la comunicación verbal que encajan en los tres componentes que señalaron los autores como influyentes a la hora de mantener un buen rapport: positividad, atención mutua y coordinación.  La atención mutua está presente cuando los participantes están enfocados e interesados entre sí. La positividad es cuando la naturaleza amigable de la interacción proporciona resultados efectivos y prácticos a los participantes. La coordinación ocurre cuando los participantes cooperan entre sí.

Además, se examinó la relación entre el rapport y el aporte de información relevante para la investigación. Se buscaba ver qué componentes son más frecuentes y su relación con la información, al igual que comprobar cómo varía dependiendo del momento de la entrevista en el que se presente.

Se analizaron 82 transcripciones de entrevistas con sospechosos. Los criterios de inclusión fueron que todos los sospechosos tenían que estar investigados por posesión y distribución de pornografía infantil y los investigadores tenían que estar en posesión del PIP (Programa de Investigación de Profesionalización del Reino Unido) nivel 2, y todos tenían que ser casos cerrados. Los investigadores fueron 20 (tres mujeres y 17 hombres). Las entrevistas tuvieron lugar entre 2008 y 2011, como requisito los abogados de los investigados tenían que estar presentes. La duración de las mismas fue de entre 15 a 141 minutos siendo la media de 45 minutos.

La hipótesis es que a mejor rapport mayor cantidad de información relevante sería revelada. Los hallazgos que se obtuvieron apoyan esta hipótesis.

Se obtuvieron diferencias de frecuencia, siendo la atención la que más veces se presentó, seguida de la coordinación y por último la positividad. Esto se puede explicar debido a que uno de los puntos donde más insiste el modelo de entrevista PEACE, que es el utilizado por los investigadores, es en la importancia de la escucha activa. También puede explicarse porque en este tipo de crímenes los investigadores se ven muy presionado por obtener buenas pruebas y los acusados prestan especial atención debido a que la entrevista marcará su futuro, como hombres libres o culpables.

En cuanto a la coordinación es importante resaltar que el tomarse un tiempo en explicar como se va a desarrollar la entrevista, que se familiaricen con el entorno donde se realiza y demás aspectos favorecen la comunicación con el entrevistado y aumenta el número de información que aportan.

La positividad fue el componente menos usado. Se correlacionó de forma marginal y negativa con la información, soló cuando se presentaba al final de la entrevista, ya que tanto al comienzo como hacia la mitad no se encontró ningún tipo de relación. Esto puede ser explicado porque este tipo de entrevista no sea un tipo donde pueda plantearse en buenas condiciones la positividad como podría hacerse en las entrevistas terapéuticas. Sería mejor basarla en una consideración neutral con una interacción respetuosa como señala el modelo PEACE.

En cuanto al momento temporal casi todos los comportamientos relacionados con el rapport se daban al inicio de la entrevista, lo que concuerda con las instrucciones que se dan en el modelo PEACE. Sin embargo, aunque casi todos los esfuerzos se hacían en la fase inicial, la información que se aportaba en esta fase por parte del entrevistado era escasa ya que, en ese momento, generalmente, están escuchando las normas y se muestran todavía a la defensiva, por ello es importante mantener el buen rapport durante toda la entrevista. La atención se mantuvo en los mismos niveles durante toda la entrevista, mientras que la coordinación tiene un mayor peso al principio de la misma para disminuir y mantenerse estable a lo largo de la fase media y final. Sin embargo, solo se correlacionó con un mayor número de información en la fase media y final. Esto puede deberse a que es el elemento que más tiempo tarda en establecerse.

Por todo ello, se recomienda que se haga un esfuerzo en mantener un buen rapport durante toda la entrevista si se quiere obtener una mayor cantidad de información de calidad.

Comparativa de técnicas de entrevista en relación a la mejora de la memoria y la detección del engaño. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “A comparision of different investigative interviewing techniques in generating differential recall enhancement and detecting deception” de De Rosa, Hiscock-Anisman, Blythe, Bogaard, Hally y Colwell; en él hacen una comparativa entre diferentes técnicas de entrevista de investigación y su relación con un mayor número de recuerdos y la detección del engaño.

Detectar el engaño es complicado para cualquier persona, incluso para los profesionales de la ley. Es cierto que hay ciertas técnicas que facilitan la obtención de recuerdos honestos. El concepto de mejora de la recuperación diferencial (DRE) explica el rendimiento de estas técnicas, contra más DRE mayores diferencias presentan las declaraciones honestas y engañosas y mejor detección del engaño.  El estudio de la DRE comenzó cuando se descubrió las diferentes demandas cognitivas e interpersonales de los encuestados engañosos y honestos, por ejemplo, una persona que quiera mentir deberá dar los suficientes detalles, pero tendrá que tener cuidado en no dar datos contradictorios o decir de más.

Normalmente los mentirosos se preparan un “guion” para que les sea más fácil la tarea, de esta manera son capaces de responder la necesidad de dar la suficiente información al entrevistador, pero sin caer en contradicciones o revelar más de lo que quiere. Generalmente las personas honestas no llevan preparado este guion y no están preocupados por caer en pequeñas contradicciones o desviarse del tema principal. También destaca que los mentirosos al basarse en un guion cuentan siempre la misma historia mientras que las narraciones de las personas honestas incluyen cambios, ya que sea basan en sus recuerdos y no en un guion prestablecido.

El entrevistador primeramente deberá dejar una fase de recuerdo libre donde cada uno haga una narrativa libre. Después, aplicará una serie de técnicas que harán más fácil distinguir entre las declaraciones honestas y las engañosas como son la restauración mental del contexto, el recuerdo desde otra perspectiva y la memoria de orden inverso.  Después de la aplicación de estas técnicas se puede pasar a una fase de preguntas con opciones cerradas.

Hay varios tipos de entrevista de investigación que utilizan estas técnicas como son la entrevista por pasos que comprende la construcción de relaciones, la transferencia de control y la obtención de un relato libre, y luego otras tareas de recuperación. La entrevista cognitiva que es similar a la anterior, pero utiliza técnicas de recuperación de recuerdo libre en vez de otras más guiadas como la entrevista por pasos. La entrevista de realidad es similar a la entrevista cognitiva, pero incluye preguntas de elección forzada. Estas preguntas sirven de claves de recuerdo adicional y hace que sea más difícil al mentiroso usar su guion prestablecido.

Se supone que la entrevista por pasos generará menos diferencias entre ambos tipos de declaración que la cognitiva, y ésta a su vez generará menos que la entrevista de realidad. También la entrevista de realidad será más precisión en la detección del engaño que la cognitiva, y la entrevista por pasos tendrá una menor precisión de detección del engaño que la cognitiva.

Para realizar el estudio se utilizó una muestra de 180 participantes masculinos encarcelados, siendo un 56,7% caucásicos, un 25,6% afroamericanos, un 14,4% hispanos, un 1,6% asiáticos y un 1,7% de otra raza. Se escogieron presos porque ellos ya habían vivido una entrevista interrogativa y porque el fin general era aplicarlo a las entrevistas de la policía.

Los participantes fueron testigos de un robo y luego se les asignó un rol, los que recibieron el de honestos se le pidió que dieran en las entrevistas la información más honesta que pudieran y lo más completa para que pudieran declarar culpable al ladrón. Por el contrario, aquellos que tuvieron el rol engañoso se le dijo que imaginara que conocían al ladrón y que por tanto tenían que hacer lo posible para que no fuera declarado culpable. Los participantes tenían cinco minutos para prepararse la entrevista. Hubo nueve entrevistadores capacitados, que entrevistaron a cada recluso haciéndoles una entrevista por pasos, una entrevista cognitiva y una entrevista de realidad.

Para que las entrevistas tengan un DRE alto debe aumentar la cantidad de información veraz única aportada y disminuir la información falsa. Las declaraciones honestas crecen con la suma espontanea de detalles a lo largo de toda la entrevista, cosa que no ocurre con las declaraciones falaces. Es importante crear situaciones en las que los testigos, así como los sospechosos que son inocentes se sientan cómodos y tengan oportunidad de contar su versión del hecho.

En el estudio se les dio libertad a la hora de mentir, casi todos optaron por señalar a un falso culpable lo que les permitía ser sinceros en la mayor parte de los detalles del hecho y solo fabricar o distorsionar los detalles del autor. Estos participantes dieron menor número de detalles a la hora de usar las técnicas de restauración mental del contexto, el recuerdo desde otra perspectiva y la memoria de orden inverso. Por tanto, el engaño fue más simple y tuvieron especial cuidado en contar siempre la historia que habían diseñado, así como no caer en contradicciones.

Para que una entrevista de investigación sea útil debe obtener la mayor información real posible, maximizar las diferencias entre respuestas veraces y falaces y estas diferencias deben de ser fáciles de observar. Para maximizar el recuerdo y protegerlo de posibles contaminaciones se utilizan técnicas como la transferencia de control al entrevistado, hacer énfasis en la relación, el uso del relato libre y la utilización de estrategias como restauración mental del contexto, el recuerdo desde otra perspectiva y la memoria de orden inverso.  Evaluar el número de detalles único es una buena estrategia para detectar el engaño y es fácil de entrenar ya que con una capacitación de entre cuatro a ocho horas fue suficiente para clasificar con mayor éxito la veracidad o falsedad de las afirmaciones, ya que en los relatos honestos hay de media 50 nuevos detalles añadidos nuevos. Se puede decir que si el número de detalles agregados después del relato libre es superior a aquel proporcionado en el mismo se considera creíble la declaración y viceversa.

Los tres tipos de entrevista se compararon para obtener información, obtener DRE y detectar engaños. La entrevista de realidad tuvo un mejor desempeño que las otros en las tres áreas. Esto es importante porque las técnicas y los criterios de evaluación tienen una base teórica, las técnicas de entrevista no son difíciles de aprender para los profesionales, al igual que los criterios de contenido, no se requieren herramientas especiales para su aplicación y, además, pueden ser usadas tanto en interacciones cara a cara como en telefónicas o por internet.

 

Diferencias entre entrevista estándar y cognitiva. Club de Ciencias Forenses.

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Train-the-trainer” de Molinaro, Fisher y Mosser; en él de un programa de entrenamiento para formar a los agentes de policía en la técnica de la entrevista cognitiva.

El trato con fuentes humanas es indispensable en cualquier función de seguridad, pero no siempre se sabe como conseguir la máxima información y de la máxima calidad. Los investigadores se han dedicado en los últimos años ha aplicar los principios de cognición y comunicación para mejorar las prácticas de las entrevistas. Uno de esos métodos es la entrevista cognitiva que ha demostrado que tiene un mayor éxito en tanto la calidad como la cantidad de la información que se consigue con su aplicación.

A pesar de que se ha demostrado a través de diversos estudios científicos su eficacia, las fuerzas del orden no siempre utilizan este método. En EE.UU. ya en el año 1999 el Departamento de Justicia lanzó unas directrices sobre la mejora en los métodos de entrevista a testigos, a pesar del tiempo transcurrido un estudio elaborado en 2015 descubrió que, aunque los investigadores consideraban que estos métodos eran eficaces solo el 14,6% de los mismos habían recibido capacitación en esas técnicas. El conocimiento de su existencia no es suficiente para poder llevarlas a cabo, sino que se necesita una formación específica en las mismas.

En las academias de policía de EE.UU. se dedican en el mejor de los casos dos horas de formación exclusivamente en entrevista a testigos. Los detectives más adelante reciben más formación de la mano de sus compañeros, pero está no siempre está basada en la ciencia. Actualmente hay académicos especializados en entrevista cognitiva que se dedican a formar a las fuerzas y cuerpos de seguridad, pero su número es insuficiente para poder llevar a cabo una formación a nivel general de todos los miembros de la policía. Además, esta practica puede no ser la más correcta, ya que los académicos tienen éxito formando a los estudiantes, pero no siempre a los policías.

La finalidad de este estudio es comparar la calidad de las entrevistas a testigos realizadas por los capacitados por instructores que utilizan procedimientos de capacitación policial estándar y por los capacitados por instructores para utilizar la entrevista cognitiva. La literatura existente dice que la utilización de la entrevista cognitiva produce más información y hay menor riesgo de realizar preguntas sugestivas, debido al mayor uso de las preguntas abiertas. Por todo ello, la hipótesis es que las personas entrenadas en entrevista cognitiva conseguirían una mayor información, además, realizarían menos preguntas, más preguntas abiertas y menos preguntas sugerentes.

Para el experimento se reclutaron cuatro capacitadores provenientes del FBI y de un departamento de policía de gran envergadura. Todos eran hombres con edades comprendidas entre los 44 y los 58 años. Todos ellos tenían experiencia como detectives (22 años de media) y como capacitadores (14 años). Se contó con 25 entrevistadores extraídos de los estudiantes de psicología de una universidad pública. El 59% eran mujeres y las edades estaban comprendidas entre los 19 y los 26 años. En cuanto a la raza un 55% eran latinos, un 27% afroamericanos, un 14% caucásicos y un 5% de otras etnias. Los testigos fueron un grupo de 50 estudiantes, siendo un 73% mujeres con edades comprendidas entre los 18 y los 47 años. Los participantes recibían 10 dólares o créditos de investigación para sus clases. En lo relativo a la etnia un 50% eran latinos, un 32% afroamericanos, un 14% caucásicos y un 5% de otras etnias.

Todas las entrevistas se llevaron a cabo en salas pequeñas y sencillas que contenían dos sillas y un escritorio o mesa. El entrevistador y el testigo estaban sentados frente a frente. Las entrevistas fueron grabadas en audio.

Los vídeos que se utilizaron para que los vieran los testigos eran dos escenas de películas de Hollywood con más de dos décadas de antigüedad. En una había dos ladrones armados que asaltaban una cafetería y robaban a los clientes. El otro era un rabo a un banco por parte de tres individuos armados. Ambos fragmentos duraban cinco minutos.

El procedimiento fue el siguiente, primero se formó a los capacitadores en la técnica de la entrevista cognitiva en cuatro sesiones de unas 3 o 4 horas cada una. El primer día iba sobre los antecedentes teóricos de la entrevista cognitiva y las dinámicas sociales que se forman en la misma. El segundo día versaba sobre los componentes cognitivos basados en la memoria. El tercer día se habló de los elementos comunicativos de la técnica. El último día se centró en cómo se debe capacitar a las personas en el uso de esta técnica. También se realizaron diferentes juegos de roles para ver la aplicación de la técnica y que errores se podía cometer. Además, tenían como deberes realizar entrevistas cognitivas a amigos y familiares que posteriormente era analizadas en las sesiones.

Los capacitadores que formarían en entrevista estándar tuvieron una sesión de formación. En la cual podían preguntar sobre el estudio, sobre los estudiantes a los que formarían y podían familiarizarse con la sala donde se llevaría a cabo la formación. Las instrucciones era que dieran la formación como lo hacían en la vida real. El instructor proveniente de la policía pidió una sesión de dos horas de duración y el del FBI quería dos sesiones de dos horas de duración cada una de ellas.

Los entrevistadores recibieron su formación en grupos de seis. Los que se formarían en entrevista cognitiva tuvieron tres sesiones, la primera de ellas fue para las dinámicas sociales, la segunda se dedicó a la cognición y la última a la comunicación. Los entrevistadores realizaron diversos juegos de roles y tenían como deberes practicar con amigos y conocidos. Los que recibieron el entrenamiento estándar se dividieron entre los que la recibieron por parte de la policía que en una sesión de dos horas habló de factores que pueden influir en una entrevista, la detección del engaño y factores demográficos relevantes en una entrevista. Los que tuvieron al capacitador del FBI tuvieron dos sesiones de dos horas, donde el primer día se trataron las técnicas para realizar buenas entrevistas y el segundo se realizó un ejercicio de escucha activa y se aplicaron las técnicas aprendidas el día anterior.

Por último, los entrevistadores hablaban con los testigos. Ninguna de las entrevistas superó los 50 minutos de duración siendo el tiempo medio de 22.53 minutos. Cada entrevistador realizó dos entrevistas.

Se concluyó que los estudiantes entrenados en entrevista cognitiva se adhirieron a los elementos de la misma, hicieron pocas preguntas y alentaron a hablar a los entrevistados, hicieron mayor número de preguntas abiertas e hicieron menos preguntas sugestivas, teniendo, por tanto, una información más precisa. Se puede concluir que los entrevistadores que utilizaron la entrevista cognitiva obtuvieron más información de más calidad que los que llevaron a cabo las entrevistas estándares. Estos resultados pueden ser debidos a que las personas que se formaron en entrevista cognitiva tuvieron elementos más específicos del protocolo de la entrevista, se recibió una explicación extensa de cada uno de ellos, incluyó ejercicios de roles y tuvieron que realizar deberes que después eran analizados mientras que nada de eso ocurrió en los que recibieron la formación en entrevista estándar. A pesar de que en el entrenamiento estándar también se les instruía a realizar preguntas abiertas, evitar las sugerentes y realizar bocetos estos elementos no fueron integrados por los alumnos. Esto puede deberse a que la teoría decía eso, pero se contradecía con lo que podían ver en los ejemplos que les pusieron. Se cree por tanto que no solo hay que dar formación sobre qué pasos se deben dar sino también los porqués de cada uno de ellos y complementarlos con ejemplos y ejercicios prácticos coherentes con lo explicado.

Aunque pueda parecer que sería más fácil entrenar a policías profesionales que cuentan con experiencia previa en entrevistas, esto no tiene porque ser así, ya que a lo largo de sus carreras pueden haber adquirido hábitos que sean perjudiciales para el aprendizaje de las nuevas técnicas como la entrevista cognitiva.

El experimento, por tanto, demuestra que la capacitación por parte de capacitadores experimentados puede conducir a entrevistas más efectivas y subraya la importancia de transmitir la ciencia de la mejora de la memoria a las operaciones tanto de inteligencia como policiales.

La influencia del entrevistador en la precisión de las respuestas de los niños. Club de Ciencias Forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Effects of interviewer behavior on accuracy of children’s responses” de Jessica Sparling, David Wilder, Megan Boyle y Jennifer Kondash,  en donde explican como influye el comportamiento del entrevistador en la precisión de las respuestas de los niños.

La evaluación de la precisión de los informes de los niños se ha convertido en un tema importante de estudio. Algunas investigaciones sobre entrevistas con niños se han centrado en cómo la conducta del entrevistador influye en la declaración de los niños. Diferentes investigadores sugirieron que las entrevistas impropias tienen el potencial de evocar información falsa de los niños y describieron cuatro amplias categorías de técnicas inadecuadas de entrevista: preguntas sugestivas (por ejemplo, preguntando “¿La tocó de forma íntima?” cuando un niño ha reconocido ser tocado pero no ha mencionado ningún toque inapropiado), influencia (por ej., decirle al niño lo que ha dicho o ha visto sobre un tema), refuerzo y castigo (es decir, la entrega de declaraciones de aprobación y desaprobación dependientes de un informe del niño), y la eliminación de la experiencia directa (por ejemplo, invitar a un niño a especular sobre lo que pudo haber ocurrido).

Se examinaron los efectos de las preguntas sugestivas, la información de vacilación, las declaraciones de aprobación y desaprobación, y la solicitud (es decir, la presentación de una pregunta después de una respuesta inicial) sobre la precisión de los niños en las entrevistas. Los niños estuvieron expuestos a las cinco técnicas anteriores o solo a preguntas sugestivas durante las entrevistas sobre la visita. Los niños expuestos a las cinco técnicas de entrevista tenían más probabilidades de responder preguntas de forma incorrecta; sin embargo, no fue posible determinar cuál de las cinco técnicas tuvo el mayor efecto en la respuesta de los niños. En un estudio de seguimiento, se examinaron los efectos de las declaraciones aprobadas, la información de la actitud agresiva y el cuestionamiento sugestivo sobre la precisión de los niños. Los niños respondieron incorrectamente con mayor frecuencia cuando el entrevistador entregó declaraciones aprobadas supeditadas a que el niño proporcionara información inexacta.

Para el experimento participaron tres niños: Matthew (4 años), Owen (5 años) y Abby (8 años). Todos los niños tenían habilidades lingüísticas apropiadas para su edad, no tenían discapacidades o diagnósticos psiquiátricos, y estaban en clases de educación general en sus escuelas. Todas las sesiones se llevaron a cabo en una universidad en una sala que contenía un ordenador (para mirar videos) y una mesa y dos sillas. Los videos se obtuvieron de varios recursos en línea y consistieron en clips de dibujos animados para niños (por ejemplo, Scooby Doo) de 3 a 5 minutos de duración. Hasta 20 preguntas y respuestas correctas correspondientes basadas en eventos en cada video fueron preparadas por adelantado. Los videos fueron asignados aleatoriamente a las diversas condiciones de los estudios; es decir, cada video tenía la misma probabilidad de ser utilizado en cada condición de cada estudio. Para garantizar que la exposición repetida a un video no afectara la respuesta, los participantes vieron cada video solo una vez.

La variable dependiente fue la precisión de las respuestas de los participantes a las preguntas del entrevistador. Los participantes fueron entrevistados en sesiones que tuvieron lugar durante varios días. Las respuestas precisas se definieron como respuestas “sí” o “no” a una pregunta que requería la respuesta correspondiente. Las respuestas inexactas se definieron como una respuesta “sí” o “no” a una pregunta para la cual la respuesta opuesta sería apropiada. Si un participante respondió “No sé” a una pregunta, esa pregunta y respuesta se excluyeron del análisis (se excluyeron de una a dos preguntas por sesión). En el Experimento 1, el refuerzo se definió diciendo “bueno” y sonriendo. El castigo se definió diciendo “eso no está bien” y frunciendo el ceño. Una respuesta neutral se definió como un asentimiento rápido y decir “bien” sin inflexión vocal. Las preguntas generales, que se usaron en ambos experimentos, se definieron como preguntas afirmativas o negativas que contenían información sobre eventos en los videos (por ejemplo, preguntando si Scooby Doo se había caído). En el Experimento 2, las preguntas sugestivas se definieron como preguntas afirmativas o negativas que contenían información sobre eventos que no ocurrieron en los videos (por ejemplo, preguntando “¿No cayó Scooby?” Cuando no lo hizo). La información de co-testigo se definió como una pregunta precedida por la frase “Alguien me dijo que…”.

Al comienzo del Experimento 1, se les dijo a los participantes que miraran de cerca todos los videos porque les harían algunas preguntas. Para cada sesión, a los participantes se les mostró el video (descrito anteriormente) y posteriormente fueron entrevistados por el experimentador. Las entrevistas fueron precedidas por la dirección “Voy a hacerle algunas preguntas. Responda ‘sí’ o ‘no’ y hágalo lo mejor que pueda”. Se implementaron cuatro condiciones diferentes: control, refuerzo para respuestas imprecisas, castigo por respuestas precisas y refuerzo más castigo. El entrevistador, que era la misma persona en ambos experimentos, llevaba una camisa de diferente color para cada condición para ayudar a los participantes a discriminar entre las condiciones.

Se hicieron preguntas generales durante todas las condiciones, con un total de 12 preguntas por sesión para Matthew y Abby (debido a limitaciones de tiempo) y 20 preguntas por sesión para Owen. En la condición de control, se entregó refuerzo para cada respuesta, independientemente de la precisión de la respuesta. Por lo tanto, uno esperaría ver niveles más bajos (pero no inexistentes) de respuestas inexactas en esta condición que en las otras condiciones. En el refuerzo para las condiciones de respuesta imprecisas, todas las respuestas precisas fueron seguidas por una respuesta neutral y las respuestas inexactas fueron seguidas por el refuerzo, como se definió anteriormente. En el castigo por la condición de respuesta precisa, todas las respuestas precisas fueron seguidas por el castigo, como se definió anteriormente; las respuestas inexactas fueron seguidas por una respuesta neutral, como se definió anteriormente. En el refuerzo más las condiciones de castigo, el refuerzo se entregó dependiendo de respuestas inexactas y el castigo se aplicó a respuestas precisas.

En cuanto a los resultados del Experimento 1 los niveles más altos de inexactitud ocurrieron durante el refuerzo y las condiciones de castigo para todos los participantes. Además, la condición de control produjo niveles relativamente bajos de inexactitud para todos los participantes. Matthew respondió incorrectamente a una media de 33% (rango, 8% a 50%) de las preguntas en la condición de refuerzo y castigo y una media de 8% (rango, 0% a 17%) de las preguntas en la condición de control. Owen respondió incorrectamente a una media del 53% (rango, 37% a 65%) de las preguntas en el refuerzo más las condiciones de castigo, y una media del 20% (rango, 10% a 39%) de las preguntas en la condición de control. Abby respondió inexactamente a una media de 58% (rango, 25% a 92%) de las preguntas en la condición de refuerzo más castigo y una media de 17% (rango, 8% a 25%) de las preguntas en la condición de control.

Estos resultados sugieren que ambos antecedentes (es decir, la estructura de las preguntas) y las consecuencias (es decir, el refuerzo y el castigo) pueden influir en la precisión de la respuesta de los niños a las preguntas de un entrevistador. Además, la respuesta diferencial observada entre los participantes sugiere que algunos niños pueden ser más o menos sensibles a técnicas específicas de entrevistador. Esto es importante porque la mayoría de los estudios previos sobre este tema no se han llevado a cabo de una manera que permita dicho análisis. Finalmente, en estudios previos, ni el cuestionamiento sugestivo ni el suministro de información sobre la agresividad aumentaron sustancialmente la imprecisión. En contraste, los resultados del presente estudio sugieren que estas dos técnicas pueden aumentar la imprecisión en algunos niños. Las diferencias metodológicas entre el estudio actual y la investigación previa pueden explicar este hallazgo.

De todos modos, los niños en este estudio tenían edades comprendidas entre 4 y 8 años. Es probable que existan algunas diferencias de desarrollo en las habilidades del lenguaje en este rango de edad que puedan afectar la precisión. De hecho, las directrices de la entrevista forense reflejan esto; las recomendaciones para los niños más pequeños requieren preguntas más específicas que para los niños mayores. La investigación futura debe investigar las diferencias adicionales relacionadas con la edad en la sensibilidad a las técnicas del entrevistador.

Asumir la culpa por otros. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Taking Blame for Other People’s Misconduct”, de los autores Jennifer Willard, Stephanie Madon and Timothy Curran, de la Universidad de Kennesaw, que estudian el fenómeno de las confesiones falsas para encubrir a otras personas. 

Por lo general, la atención a la hora de investigar sobre confesiones  se centra en si son verdaderas o falsas, tomando de punto de partida que cuando son falsas se trata de un culpable que se niega a asumir la culpa. Olvidamos tener en cuenta a aquellos que confiesan y, sin embargo, su confesión es falsa porque en realidad son inocentes. Parejas que se cubren entre ellas, amigos que se protegen, personas extorsionadas para confesar un delito que no han cometido. Sabemos que existen las confesiones falsas para encubrir a otra persona, de hecho, ya indagamos al respecto hace unos meses. ¿Pero qué tipo de personas son más propensas a hacerlo?

El propósito de esta investigación fue (a) identificar las diferencias individuales que predicen la probabilidad de estar en una situación en la que es posible asumir la culpa, (b) replicar y ampliar la identificación de las diferencias individuales que distinguen entre las personas que asumen la culpa por los demás y los que no lo hacen, y (c) identificar los factores situacionales asociados con el comportamiento de culpa.

Participaron 213 estudiantes universitarios, en su mayoría mujeres, y 42 hombres inscritos en un tratamiento para el abuso de sustancias. Los participantes debían completar una encuesta sobre la conducta de asumir la culpa en nombre de otra persona. Aquellos que nunca se habían encontrado en una situación así debían contestar sobre un escenario hipotético. Debían valorar del 1 al 7 diversos factores situacionales que habían influido (o podrían influir) en su decisión de asumir o no la culpa en esa situación. Estos factores situacionales incluyeron (1) la presión ejercida por el perpetrador, (2) la gravedad percibida del acto, (3) la lealtad al perpetrador, (4) la obligación para con el perpetrador, (5) el sentimientos de responsabilidad sobre el acto, y (6) cómo de diferentes se perciben las consecuencias para uno mismo en en comparación con la persona que cometió el crimen. La versión para la muestra del abuso de sustancias incluía dos ítems adicinales sobre incentivos para asumir la culpa y probabilidad de ser descubierto.

Encontramos que el 67% de los participantes (142) se habían encontrado en una situación así y el 61% de estos (86) asumieron la responsabilidad por la otra persona.  Lo más habitual era hacerlo por un amigo o pareja (65%), un conocido (17%), un familiar (13%) u otro (4%). Los tres principales delitos fueron el fraude (17%), la conducta desordenada (17%) y el robo (11%). Para la muestra de tratamiento para el abuso de sustancias, el 90% de los participantes (38) indicó haber estado en una situación de este calibre y el 76% de ellos (29) asumió la culpa de otra persona; por un amigo o pareja (39%), un familiar (32%), un conocido (21%) u otro (7%). En su caso, los tres principales delitos asumidos fueron los relacionados con drogas (59%), los relacionados con el alcohol (35%) y el robo (28%).  Además, estos individuos resultaron ser más extrovertidos, reportaron sentir más lealtad hacia el verdadero culpable e indicaron más incentivos para asumir la culpa que los individuos que cometieron el delito.

En conclusión, las confesiones falsas que surgen del deseo de proteger a otra persona o de la presión ejercida por los verdaderos culpables han recibido alarmantemente poca atención. Este estudio ha investigado el potencial de las diferencias individuales y factores situacionales pero es un tema que merece atención.

Familiaridad y falsas memorias en la rueda de reconocimiento. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Feelings of familiarity and false memory for specific associations resulting from mugshot exposure”, de los autores Alan W. Kersten y Julie L. Earles, de la Universidad de Florida, que analizan cómo las ruedas de reconocimiento pueden afectar a la memoria de los testigos.

El 27 de octubre de 1985, una mujer fue violada en su propia casa, en Virginia (Estados Unidos). Ella dijo a la policía que la habitación estaba a oscuras y no pudo ver la cara del agresor, pero dos de sus vecinos testificaron haber visto a un hombre llamado Walter Snyder fuera de la casa la víctima poco antes del ataque. Snyder fue interrogado y su foto fue incluida entre las que se mostraron a la víctima para el reconocimiento. La mujer no le señaló como el perpetrador pero sí que manifestó que las cejas de él le resultaban familiares. Meses después, en la rueda de reconocimiento, la víctima le reconoció como culpable. Después de siete años en prisión, la familia logró que se hicieran pruebas de ADN (en ese momento novedosas) y tras tres pruebas diferentes fue descartado como culpable.

Este caso demuestra los peligros asociados con la presentación de fotos de los sospechosos a los testigos oculares y a las víctimas de un crimen. Aunque puede ser una herramienta de investigación útil, también puede tener el efecto de contaminar la memoria de los testigos oculares sobre el evento. Si un individuo representado en las fotografías se asemeja al autor real o si resulta familiar a la víctima por otras razones, puede hacer que un testigo recuerde más tarde haber visto al individuo representado cometer el crimen. Como por ejemplo en este caso, que Walter Snyder resultaba familiar a la víctima porque ella lo había visto pasear en el vecindario. Este proceso se llama “transferencia inconsciente”.

Para estudiar en profundidad este proceso, los investigadores utilizaron a 80 estudiantes, con una edad media de 20 años, y 40 ancianos, con una media de 71 años.  A cada participante se le mostró una serie de fragmentos de vídeo de actores que realizaban acciones sencillas y luego se les indicó que recordaran qué actor realizó esa tarea. Completaron esta tarea 36 veces cada uno.

Después de las presentaciones, los 40 adultos mayores y la mitad de los jóvenes (otros 40) fueron examinados inmediatamente para ver cuánto podían reconocer correctamente. Los 40 jóvenes restantes fueron examinados de nuevo tres semanas más tarde.

Según los resultados, tanto los participantes más jóvenes como los mayores eran más propensos a reconocer falsamente los acontecimientos si los actores que aparecían en esos eventos también habían aparecido en las fotos. Además, para los adultos mayores, la toma de fotografías significaba que experimentaban una sensación de familiaridad cuando veían al actor actuar en los fragmentos de vídeo, incluso si se les había preguntado una acción diferente cuando vieron las fotos. Los investigadores creen que esto probablemente signifique que las personas mayores reconocieron la cara familiar, pero no pudieron ubicar por qué. Por su parte, los más jóvenes tenían tendencia a crear más falsos recuerdos siempre que la pregunta y la fotografía le hubieran sido presentadas de manera conjunta en la tarea, ya que esto parecía crear algún tipo de aprendizaje asociativo que afectaba al recuerdo original.

En conclusión, tras la primera rueda de reconocimiento, ya sean fotos o en persona, un mismo testigo no debería ser llamado de nuevo para un segundo reconocimiento ya que su recuerdo del evento está enturbiado por la visión de los sospechosos.

No esperarás que me crea eso, ¿no? Club ciencias forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo ““You don’t expect me to believe that, do you?” Expectations influence recall and belief of alibi information”, de la autora Elizabeth A. Olson, de la Universidad de Wisconsin-Whitewater, que aborda cómo la presunción de culpa afecta a la credibilidad y al recuerdo de la coartada.

Seguro que has oído alguna vez acerca de la profecía autocumplida. De manera que cuando esperamos conseguir algo lo acabamos consiguiendo fruto de nuestra propia fe en nosotros mismos, y cuando creemos que vamos a fracasar lo hacemos porque nos autosaboteamos sin darnos cuenta. Las expectativas tienen un gran poder en cómo percibimos el mundo, siendo un importante sesgo. Esa es una de las razones de que en la investigación se utilice el “doble ciego”, que consiste en no saber qué grupo de personas son las de control y cuál el grupo experimental hasta analizar los resultados para que nuestras expectativas no influyan en cómo analizamos los datos o en cómo tratamos a los sujetos.

También podemos encontrar en la práctica el “efecto halo”, que consiste en, a partir de un solo rasgo o característica, formarnos expectativas que nos impiden ver la realidad. Algo muy común cuando nos enamorábamos de la persona más atractiva del instituto. Y es que se ha demostrado que esto nos ocurre también de adultos en entrevistas de trabajo o a la hora de juzgar la inocencia de alguien.

Éste es un problema común en las investigaciones policiales, donde, cuando el entrevistador determina que el entrevistado es culpable, cambia su percepción de él. El problema con esto es que cuando se presume la culpabilidad, se tienden a escuchar y recordar sólo la información que apunta al engaño y la culpa. Simplemente no prestamos atención a los hechos que refutan nuestras suposiciones. No es necesariamente sea intencional, sino que simplemente observamos que los datos confirman nuestra hipótesis.

Para estudiar este fenómeno 285 estudiantes universitarios vieron un vídeo de un joven que relataba lo que había hecho durante unas horas en un día en particular. A algunos de ellos se les dijo que su narrativa era una coartada antes de que vieran el vídeo y a otros se les dijo después. Además, a algunos se les dijo que era culpable mientras que a otros se les dijo que era inocente, y a un tercer grupo no se le dijo nada sobre ese aspecto. Después de ver el video, se pidió a los participantes que escribieran tantos detalles como recordaran. Por último, se les pidió que calificaran la credibilidad del actor sobre su coartada.

Los resultados son coherentes con lo que decíamos de las expectativas: Los participantes a los que se les había dicho que la persona era culpable recordaron menos detalles de la coartada grabada en vídeo, encontraron la excusa menos creíble y vieron al proveedor de la coartada más negativamente que los que no se les había dicho que era culpable.

Sin embargo, es importante matizar que los investigadores acuñaron directamente las etiquetas “culpable” o “inocente”, en lugar de preguntar a los participantes por sus impresiones y dejar que ellos mismos sacaran a la luz sus propios prejuicios. Ya que no es lo mismo medir las expectativas sobre la culpa que el hecho de que sepan que son o no culpables. Pero estos resultados ilustran a la perfección cómo nos condiciona a la hora de juzgar a los demás lo que pensamos de ellos. Quizás también en la investigación policial debería aplicarse de alguna forma el “doble ciego” de la ciencia para evitar este sesgo que trae consecuencias tan graves.

“Él ha dicho qué”: El efecto de los otros y la edad en la memoria. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Other People: A child’s age predicts a source’s effect on memory”, de Rolando N. Carol de la Universidad Auburn en Montgomery (Alabama, EEUU) y Nadja Schreiber Compo de la Universidad Internacional de Florida (EEUU), que aborda cómo influye en el testimonio de los niños y adolescentes la opinión de un adulto o un igual.

“Tu amigo me lo ha contado todo. ¿Es así como pasó?”

Esas simples palabras en un interrogatorio pueden convertir un “no” en un “sí”. Durante décadas, los investigadores han estudiado las diversas técnicas de sugestión que pueden tener lugar durante las entrevistas. Los niños han demostrado ser especialmente sugestionables y uno de los métodos particularmente sencillo es decirle que otra persona (supuestamente) dijo tal cosa para lograr que el niño opine de la misma manera. Este efecto, conocido como “otras personas” (other people en inglés), es un riesgo potencial en las entrevistas dado que contamina la información y sugestiona a los testigos, especialmente cuando se trata de un crimen con testigos múltiples.

A medida que crecen, los niños se van volviendo menos dependientes emocionalmente de los padres y más de los amigos, volviéndose cada vez más vulnerables a la presión de grupo. Es por ello que es lógico pensar que, igual que sus opiniones son volubles a esa influencia también lo serán sus recuerdos, pudiendo ser sugestionados por sus iguales sin darse cuenta. Dado que cualquier niño, sea de la edad que sea, puede ser testigo de un crimen y su palabra puede ser relevante en un caso, es importante saber hasta qué punto pueden llegar a ser sugestionables y por quiénes. Los autores hipotetizaron que, a medida que los niños se hacen mayores, más sugestionables serían a la “opinión de otros” si esos otros eran sus compañeros o amigos.

Los participantes fueron 110 niños de entre 7 y 18 años. Se les organizaba en grupos de entre 12 y 30 al mismo tiempo, junto a 2 ó 3 adultos, para ver un vídeo de diez minutos de duración y una semana después debían contestar a unas preguntas de sí/no. Además, se dividió a los niños en un grupo de control al que no se le daba ningún tipo de información y en otros dos grupos: a un grupo se le decía lo que supuestamente había dicho un compañero suyo y a los otros lo que teóricamente había dicho uno de los adultos. En ambos casos se les hacía creer que la persona de la que se le daba la opinión era uno de los que había visto el vídeo con él aunque no dieran su nombre. De esta manera se podía ver la influencia de “los otros” y también cómo influía la propia edad del niño al que se pretendía manipular. El vídeo era un fragmento de la película Buscando Milagros, de manera que todos serían evaluados sobre el mismo evento, que además tenía un considerable número de detalles en tiempo.

En contra de lo esperado, la opinión de los adultos influía a los niños mucho más que la de sus compañeros, dándole más credibilidad. Además, este efecto se potenciaba cuanto más pequeño era el testigo. Sin embargo, la opinión de los compañeros no fue tan influyente como se esperaba. De hecho, cuanto mayores eran los niños menos les afectaban las opiniones ajenas, independientemente de quién fuera la fuente. Es posible que eso se deba a que no se identificaba cuál de sus amigos o compañeros estaba supuestamente dando la información. En otras investigaciones se ha demostrado en ocasiones los jóvenes tienden a ajustarse a sus pares cuando la información sobre la que discuten es de un ámbito social, pero en cuanto a datos objetivos, como en este caso recordar un vídeo, recurren a los adultos. Es posible que debido a estos dos motivos el “efecto de los otros” respecto a los compañeros no haya surtido efecto.

En conclusión, deben tenerse en cuenta, especialmente en los más jóvenes, las consecuencias del “otras personas han dicho qué”. En momentos de inseguridad, un niño se respaldará en las palabras que nosotros digamos que ha pronunciado un adulto, de manera que estaríamos manipulando su testimonio. Es por este y otros muchos motivos que debe darse una formación muy especializada a los profesionales sobre cómo llevar a cabo los interrogatorios para que sean objetivos y no sugestionen al testigo.

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