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Categoría: Piscología del testimonio (página 1 de 2)

Diferencias entre entrevista estándar y cognitiva. Club de Ciencias Forenses.

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Train-the-trainer” de Molinaro, Fisher y Mosser; en él de un programa de entrenamiento para formar a los agentes de policía en la técnica de la entrevista cognitiva.

El trato con fuentes humanas es indispensable en cualquier función de seguridad, pero no siempre se sabe como conseguir la máxima información y de la máxima calidad. Los investigadores se han dedicado en los últimos años ha aplicar los principios de cognición y comunicación para mejorar las prácticas de las entrevistas. Uno de esos métodos es la entrevista cognitiva que ha demostrado que tiene un mayor éxito en tanto la calidad como la cantidad de la información que se consigue con su aplicación.

A pesar de que se ha demostrado a través de diversos estudios científicos su eficacia, las fuerzas del orden no siempre utilizan este método. En EE.UU. ya en el año 1999 el Departamento de Justicia lanzó unas directrices sobre la mejora en los métodos de entrevista a testigos, a pesar del tiempo transcurrido un estudio elaborado en 2015 descubrió que, aunque los investigadores consideraban que estos métodos eran eficaces solo el 14,6% de los mismos habían recibido capacitación en esas técnicas. El conocimiento de su existencia no es suficiente para poder llevarlas a cabo, sino que se necesita una formación específica en las mismas.

En las academias de policía de EE.UU. se dedican en el mejor de los casos dos horas de formación exclusivamente en entrevista a testigos. Los detectives más adelante reciben más formación de la mano de sus compañeros, pero está no siempre está basada en la ciencia. Actualmente hay académicos especializados en entrevista cognitiva que se dedican a formar a las fuerzas y cuerpos de seguridad, pero su número es insuficiente para poder llevar a cabo una formación a nivel general de todos los miembros de la policía. Además, esta practica puede no ser la más correcta, ya que los académicos tienen éxito formando a los estudiantes, pero no siempre a los policías.

La finalidad de este estudio es comparar la calidad de las entrevistas a testigos realizadas por los capacitados por instructores que utilizan procedimientos de capacitación policial estándar y por los capacitados por instructores para utilizar la entrevista cognitiva. La literatura existente dice que la utilización de la entrevista cognitiva produce más información y hay menor riesgo de realizar preguntas sugestivas, debido al mayor uso de las preguntas abiertas. Por todo ello, la hipótesis es que las personas entrenadas en entrevista cognitiva conseguirían una mayor información, además, realizarían menos preguntas, más preguntas abiertas y menos preguntas sugerentes.

Para el experimento se reclutaron cuatro capacitadores provenientes del FBI y de un departamento de policía de gran envergadura. Todos eran hombres con edades comprendidas entre los 44 y los 58 años. Todos ellos tenían experiencia como detectives (22 años de media) y como capacitadores (14 años). Se contó con 25 entrevistadores extraídos de los estudiantes de psicología de una universidad pública. El 59% eran mujeres y las edades estaban comprendidas entre los 19 y los 26 años. En cuanto a la raza un 55% eran latinos, un 27% afroamericanos, un 14% caucásicos y un 5% de otras etnias. Los testigos fueron un grupo de 50 estudiantes, siendo un 73% mujeres con edades comprendidas entre los 18 y los 47 años. Los participantes recibían 10 dólares o créditos de investigación para sus clases. En lo relativo a la etnia un 50% eran latinos, un 32% afroamericanos, un 14% caucásicos y un 5% de otras etnias.

Todas las entrevistas se llevaron a cabo en salas pequeñas y sencillas que contenían dos sillas y un escritorio o mesa. El entrevistador y el testigo estaban sentados frente a frente. Las entrevistas fueron grabadas en audio.

Los vídeos que se utilizaron para que los vieran los testigos eran dos escenas de películas de Hollywood con más de dos décadas de antigüedad. En una había dos ladrones armados que asaltaban una cafetería y robaban a los clientes. El otro era un rabo a un banco por parte de tres individuos armados. Ambos fragmentos duraban cinco minutos.

El procedimiento fue el siguiente, primero se formó a los capacitadores en la técnica de la entrevista cognitiva en cuatro sesiones de unas 3 o 4 horas cada una. El primer día iba sobre los antecedentes teóricos de la entrevista cognitiva y las dinámicas sociales que se forman en la misma. El segundo día versaba sobre los componentes cognitivos basados en la memoria. El tercer día se habló de los elementos comunicativos de la técnica. El último día se centró en cómo se debe capacitar a las personas en el uso de esta técnica. También se realizaron diferentes juegos de roles para ver la aplicación de la técnica y que errores se podía cometer. Además, tenían como deberes realizar entrevistas cognitivas a amigos y familiares que posteriormente era analizadas en las sesiones.

Los capacitadores que formarían en entrevista estándar tuvieron una sesión de formación. En la cual podían preguntar sobre el estudio, sobre los estudiantes a los que formarían y podían familiarizarse con la sala donde se llevaría a cabo la formación. Las instrucciones era que dieran la formación como lo hacían en la vida real. El instructor proveniente de la policía pidió una sesión de dos horas de duración y el del FBI quería dos sesiones de dos horas de duración cada una de ellas.

Los entrevistadores recibieron su formación en grupos de seis. Los que se formarían en entrevista cognitiva tuvieron tres sesiones, la primera de ellas fue para las dinámicas sociales, la segunda se dedicó a la cognición y la última a la comunicación. Los entrevistadores realizaron diversos juegos de roles y tenían como deberes practicar con amigos y conocidos. Los que recibieron el entrenamiento estándar se dividieron entre los que la recibieron por parte de la policía que en una sesión de dos horas habló de factores que pueden influir en una entrevista, la detección del engaño y factores demográficos relevantes en una entrevista. Los que tuvieron al capacitador del FBI tuvieron dos sesiones de dos horas, donde el primer día se trataron las técnicas para realizar buenas entrevistas y el segundo se realizó un ejercicio de escucha activa y se aplicaron las técnicas aprendidas el día anterior.

Por último, los entrevistadores hablaban con los testigos. Ninguna de las entrevistas superó los 50 minutos de duración siendo el tiempo medio de 22.53 minutos. Cada entrevistador realizó dos entrevistas.

Se concluyó que los estudiantes entrenados en entrevista cognitiva se adhirieron a los elementos de la misma, hicieron pocas preguntas y alentaron a hablar a los entrevistados, hicieron mayor número de preguntas abiertas e hicieron menos preguntas sugestivas, teniendo, por tanto, una información más precisa. Se puede concluir que los entrevistadores que utilizaron la entrevista cognitiva obtuvieron más información de más calidad que los que llevaron a cabo las entrevistas estándares. Estos resultados pueden ser debidos a que las personas que se formaron en entrevista cognitiva tuvieron elementos más específicos del protocolo de la entrevista, se recibió una explicación extensa de cada uno de ellos, incluyó ejercicios de roles y tuvieron que realizar deberes que después eran analizados mientras que nada de eso ocurrió en los que recibieron la formación en entrevista estándar. A pesar de que en el entrenamiento estándar también se les instruía a realizar preguntas abiertas, evitar las sugerentes y realizar bocetos estos elementos no fueron integrados por los alumnos. Esto puede deberse a que la teoría decía eso, pero se contradecía con lo que podían ver en los ejemplos que les pusieron. Se cree por tanto que no solo hay que dar formación sobre qué pasos se deben dar sino también los porqués de cada uno de ellos y complementarlos con ejemplos y ejercicios prácticos coherentes con lo explicado.

Aunque pueda parecer que sería más fácil entrenar a policías profesionales que cuentan con experiencia previa en entrevistas, esto no tiene porque ser así, ya que a lo largo de sus carreras pueden haber adquirido hábitos que sean perjudiciales para el aprendizaje de las nuevas técnicas como la entrevista cognitiva.

El experimento, por tanto, demuestra que la capacitación por parte de capacitadores experimentados puede conducir a entrevistas más efectivas y subraya la importancia de transmitir la ciencia de la mejora de la memoria a las operaciones tanto de inteligencia como policiales.

La influencia del entrevistador en la precisión de las respuestas de los niños. Club de Ciencias Forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Effects of interviewer behavior on accuracy of children’s responses” de Jessica Sparling, David Wilder, Megan Boyle y Jennifer Kondash,  en donde explican como influye el comportamiento del entrevistador en la precisión de las respuestas de los niños.

La evaluación de la precisión de los informes de los niños se ha convertido en un tema importante de estudio. Algunas investigaciones sobre entrevistas con niños se han centrado en cómo la conducta del entrevistador influye en la declaración de los niños. Diferentes investigadores sugirieron que las entrevistas impropias tienen el potencial de evocar información falsa de los niños y describieron cuatro amplias categorías de técnicas inadecuadas de entrevista: preguntas sugestivas (por ejemplo, preguntando “¿La tocó de forma íntima?” cuando un niño ha reconocido ser tocado pero no ha mencionado ningún toque inapropiado), influencia (por ej., decirle al niño lo que ha dicho o ha visto sobre un tema), refuerzo y castigo (es decir, la entrega de declaraciones de aprobación y desaprobación dependientes de un informe del niño), y la eliminación de la experiencia directa (por ejemplo, invitar a un niño a especular sobre lo que pudo haber ocurrido).

Se examinaron los efectos de las preguntas sugestivas, la información de vacilación, las declaraciones de aprobación y desaprobación, y la solicitud (es decir, la presentación de una pregunta después de una respuesta inicial) sobre la precisión de los niños en las entrevistas. Los niños estuvieron expuestos a las cinco técnicas anteriores o solo a preguntas sugestivas durante las entrevistas sobre la visita. Los niños expuestos a las cinco técnicas de entrevista tenían más probabilidades de responder preguntas de forma incorrecta; sin embargo, no fue posible determinar cuál de las cinco técnicas tuvo el mayor efecto en la respuesta de los niños. En un estudio de seguimiento, se examinaron los efectos de las declaraciones aprobadas, la información de la actitud agresiva y el cuestionamiento sugestivo sobre la precisión de los niños. Los niños respondieron incorrectamente con mayor frecuencia cuando el entrevistador entregó declaraciones aprobadas supeditadas a que el niño proporcionara información inexacta.

Para el experimento participaron tres niños: Matthew (4 años), Owen (5 años) y Abby (8 años). Todos los niños tenían habilidades lingüísticas apropiadas para su edad, no tenían discapacidades o diagnósticos psiquiátricos, y estaban en clases de educación general en sus escuelas. Todas las sesiones se llevaron a cabo en una universidad en una sala que contenía un ordenador (para mirar videos) y una mesa y dos sillas. Los videos se obtuvieron de varios recursos en línea y consistieron en clips de dibujos animados para niños (por ejemplo, Scooby Doo) de 3 a 5 minutos de duración. Hasta 20 preguntas y respuestas correctas correspondientes basadas en eventos en cada video fueron preparadas por adelantado. Los videos fueron asignados aleatoriamente a las diversas condiciones de los estudios; es decir, cada video tenía la misma probabilidad de ser utilizado en cada condición de cada estudio. Para garantizar que la exposición repetida a un video no afectara la respuesta, los participantes vieron cada video solo una vez.

La variable dependiente fue la precisión de las respuestas de los participantes a las preguntas del entrevistador. Los participantes fueron entrevistados en sesiones que tuvieron lugar durante varios días. Las respuestas precisas se definieron como respuestas “sí” o “no” a una pregunta que requería la respuesta correspondiente. Las respuestas inexactas se definieron como una respuesta “sí” o “no” a una pregunta para la cual la respuesta opuesta sería apropiada. Si un participante respondió “No sé” a una pregunta, esa pregunta y respuesta se excluyeron del análisis (se excluyeron de una a dos preguntas por sesión). En el Experimento 1, el refuerzo se definió diciendo “bueno” y sonriendo. El castigo se definió diciendo “eso no está bien” y frunciendo el ceño. Una respuesta neutral se definió como un asentimiento rápido y decir “bien” sin inflexión vocal. Las preguntas generales, que se usaron en ambos experimentos, se definieron como preguntas afirmativas o negativas que contenían información sobre eventos en los videos (por ejemplo, preguntando si Scooby Doo se había caído). En el Experimento 2, las preguntas sugestivas se definieron como preguntas afirmativas o negativas que contenían información sobre eventos que no ocurrieron en los videos (por ejemplo, preguntando “¿No cayó Scooby?” Cuando no lo hizo). La información de co-testigo se definió como una pregunta precedida por la frase “Alguien me dijo que…”.

Al comienzo del Experimento 1, se les dijo a los participantes que miraran de cerca todos los videos porque les harían algunas preguntas. Para cada sesión, a los participantes se les mostró el video (descrito anteriormente) y posteriormente fueron entrevistados por el experimentador. Las entrevistas fueron precedidas por la dirección “Voy a hacerle algunas preguntas. Responda ‘sí’ o ‘no’ y hágalo lo mejor que pueda”. Se implementaron cuatro condiciones diferentes: control, refuerzo para respuestas imprecisas, castigo por respuestas precisas y refuerzo más castigo. El entrevistador, que era la misma persona en ambos experimentos, llevaba una camisa de diferente color para cada condición para ayudar a los participantes a discriminar entre las condiciones.

Se hicieron preguntas generales durante todas las condiciones, con un total de 12 preguntas por sesión para Matthew y Abby (debido a limitaciones de tiempo) y 20 preguntas por sesión para Owen. En la condición de control, se entregó refuerzo para cada respuesta, independientemente de la precisión de la respuesta. Por lo tanto, uno esperaría ver niveles más bajos (pero no inexistentes) de respuestas inexactas en esta condición que en las otras condiciones. En el refuerzo para las condiciones de respuesta imprecisas, todas las respuestas precisas fueron seguidas por una respuesta neutral y las respuestas inexactas fueron seguidas por el refuerzo, como se definió anteriormente. En el castigo por la condición de respuesta precisa, todas las respuestas precisas fueron seguidas por el castigo, como se definió anteriormente; las respuestas inexactas fueron seguidas por una respuesta neutral, como se definió anteriormente. En el refuerzo más las condiciones de castigo, el refuerzo se entregó dependiendo de respuestas inexactas y el castigo se aplicó a respuestas precisas.

En cuanto a los resultados del Experimento 1 los niveles más altos de inexactitud ocurrieron durante el refuerzo y las condiciones de castigo para todos los participantes. Además, la condición de control produjo niveles relativamente bajos de inexactitud para todos los participantes. Matthew respondió incorrectamente a una media de 33% (rango, 8% a 50%) de las preguntas en la condición de refuerzo y castigo y una media de 8% (rango, 0% a 17%) de las preguntas en la condición de control. Owen respondió incorrectamente a una media del 53% (rango, 37% a 65%) de las preguntas en el refuerzo más las condiciones de castigo, y una media del 20% (rango, 10% a 39%) de las preguntas en la condición de control. Abby respondió inexactamente a una media de 58% (rango, 25% a 92%) de las preguntas en la condición de refuerzo más castigo y una media de 17% (rango, 8% a 25%) de las preguntas en la condición de control.

Estos resultados sugieren que ambos antecedentes (es decir, la estructura de las preguntas) y las consecuencias (es decir, el refuerzo y el castigo) pueden influir en la precisión de la respuesta de los niños a las preguntas de un entrevistador. Además, la respuesta diferencial observada entre los participantes sugiere que algunos niños pueden ser más o menos sensibles a técnicas específicas de entrevistador. Esto es importante porque la mayoría de los estudios previos sobre este tema no se han llevado a cabo de una manera que permita dicho análisis. Finalmente, en estudios previos, ni el cuestionamiento sugestivo ni el suministro de información sobre la agresividad aumentaron sustancialmente la imprecisión. En contraste, los resultados del presente estudio sugieren que estas dos técnicas pueden aumentar la imprecisión en algunos niños. Las diferencias metodológicas entre el estudio actual y la investigación previa pueden explicar este hallazgo.

De todos modos, los niños en este estudio tenían edades comprendidas entre 4 y 8 años. Es probable que existan algunas diferencias de desarrollo en las habilidades del lenguaje en este rango de edad que puedan afectar la precisión. De hecho, las directrices de la entrevista forense reflejan esto; las recomendaciones para los niños más pequeños requieren preguntas más específicas que para los niños mayores. La investigación futura debe investigar las diferencias adicionales relacionadas con la edad en la sensibilidad a las técnicas del entrevistador.

Asumir la culpa por otros. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Taking Blame for Other People’s Misconduct”, de los autores Jennifer Willard, Stephanie Madon and Timothy Curran, de la Universidad de Kennesaw, que estudian el fenómeno de las confesiones falsas para encubrir a otras personas. 

Por lo general, la atención a la hora de investigar sobre confesiones  se centra en si son verdaderas o falsas, tomando de punto de partida que cuando son falsas se trata de un culpable que se niega a asumir la culpa. Olvidamos tener en cuenta a aquellos que confiesan y, sin embargo, su confesión es falsa porque en realidad son inocentes. Parejas que se cubren entre ellas, amigos que se protegen, personas extorsionadas para confesar un delito que no han cometido. Sabemos que existen las confesiones falsas para encubrir a otra persona, de hecho, ya indagamos al respecto hace unos meses. ¿Pero qué tipo de personas son más propensas a hacerlo?

El propósito de esta investigación fue (a) identificar las diferencias individuales que predicen la probabilidad de estar en una situación en la que es posible asumir la culpa, (b) replicar y ampliar la identificación de las diferencias individuales que distinguen entre las personas que asumen la culpa por los demás y los que no lo hacen, y (c) identificar los factores situacionales asociados con el comportamiento de culpa.

Participaron 213 estudiantes universitarios, en su mayoría mujeres, y 42 hombres inscritos en un tratamiento para el abuso de sustancias. Los participantes debían completar una encuesta sobre la conducta de asumir la culpa en nombre de otra persona. Aquellos que nunca se habían encontrado en una situación así debían contestar sobre un escenario hipotético. Debían valorar del 1 al 7 diversos factores situacionales que habían influido (o podrían influir) en su decisión de asumir o no la culpa en esa situación. Estos factores situacionales incluyeron (1) la presión ejercida por el perpetrador, (2) la gravedad percibida del acto, (3) la lealtad al perpetrador, (4) la obligación para con el perpetrador, (5) el sentimientos de responsabilidad sobre el acto, y (6) cómo de diferentes se perciben las consecuencias para uno mismo en en comparación con la persona que cometió el crimen. La versión para la muestra del abuso de sustancias incluía dos ítems adicinales sobre incentivos para asumir la culpa y probabilidad de ser descubierto.

Encontramos que el 67% de los participantes (142) se habían encontrado en una situación así y el 61% de estos (86) asumieron la responsabilidad por la otra persona.  Lo más habitual era hacerlo por un amigo o pareja (65%), un conocido (17%), un familiar (13%) u otro (4%). Los tres principales delitos fueron el fraude (17%), la conducta desordenada (17%) y el robo (11%). Para la muestra de tratamiento para el abuso de sustancias, el 90% de los participantes (38) indicó haber estado en una situación de este calibre y el 76% de ellos (29) asumió la culpa de otra persona; por un amigo o pareja (39%), un familiar (32%), un conocido (21%) u otro (7%). En su caso, los tres principales delitos asumidos fueron los relacionados con drogas (59%), los relacionados con el alcohol (35%) y el robo (28%).  Además, estos individuos resultaron ser más extrovertidos, reportaron sentir más lealtad hacia el verdadero culpable e indicaron más incentivos para asumir la culpa que los individuos que cometieron el delito.

En conclusión, las confesiones falsas que surgen del deseo de proteger a otra persona o de la presión ejercida por los verdaderos culpables han recibido alarmantemente poca atención. Este estudio ha investigado el potencial de las diferencias individuales y factores situacionales pero es un tema que merece atención.

Familiaridad y falsas memorias en la rueda de reconocimiento. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Feelings of familiarity and false memory for specific associations resulting from mugshot exposure”, de los autores Alan W. Kersten y Julie L. Earles, de la Universidad de Florida, que analizan cómo las ruedas de reconocimiento pueden afectar a la memoria de los testigos.

El 27 de octubre de 1985, una mujer fue violada en su propia casa, en Virginia (Estados Unidos). Ella dijo a la policía que la habitación estaba a oscuras y no pudo ver la cara del agresor, pero dos de sus vecinos testificaron haber visto a un hombre llamado Walter Snyder fuera de la casa la víctima poco antes del ataque. Snyder fue interrogado y su foto fue incluida entre las que se mostraron a la víctima para el reconocimiento. La mujer no le señaló como el perpetrador pero sí que manifestó que las cejas de él le resultaban familiares. Meses después, en la rueda de reconocimiento, la víctima le reconoció como culpable. Después de siete años en prisión, la familia logró que se hicieran pruebas de ADN (en ese momento novedosas) y tras tres pruebas diferentes fue descartado como culpable.

Este caso demuestra los peligros asociados con la presentación de fotos de los sospechosos a los testigos oculares y a las víctimas de un crimen. Aunque puede ser una herramienta de investigación útil, también puede tener el efecto de contaminar la memoria de los testigos oculares sobre el evento. Si un individuo representado en las fotografías se asemeja al autor real o si resulta familiar a la víctima por otras razones, puede hacer que un testigo recuerde más tarde haber visto al individuo representado cometer el crimen. Como por ejemplo en este caso, que Walter Snyder resultaba familiar a la víctima porque ella lo había visto pasear en el vecindario. Este proceso se llama “transferencia inconsciente”.

Para estudiar en profundidad este proceso, los investigadores utilizaron a 80 estudiantes, con una edad media de 20 años, y 40 ancianos, con una media de 71 años.  A cada participante se le mostró una serie de fragmentos de vídeo de actores que realizaban acciones sencillas y luego se les indicó que recordaran qué actor realizó esa tarea. Completaron esta tarea 36 veces cada uno.

Después de las presentaciones, los 40 adultos mayores y la mitad de los jóvenes (otros 40) fueron examinados inmediatamente para ver cuánto podían reconocer correctamente. Los 40 jóvenes restantes fueron examinados de nuevo tres semanas más tarde.

Según los resultados, tanto los participantes más jóvenes como los mayores eran más propensos a reconocer falsamente los acontecimientos si los actores que aparecían en esos eventos también habían aparecido en las fotos. Además, para los adultos mayores, la toma de fotografías significaba que experimentaban una sensación de familiaridad cuando veían al actor actuar en los fragmentos de vídeo, incluso si se les había preguntado una acción diferente cuando vieron las fotos. Los investigadores creen que esto probablemente signifique que las personas mayores reconocieron la cara familiar, pero no pudieron ubicar por qué. Por su parte, los más jóvenes tenían tendencia a crear más falsos recuerdos siempre que la pregunta y la fotografía le hubieran sido presentadas de manera conjunta en la tarea, ya que esto parecía crear algún tipo de aprendizaje asociativo que afectaba al recuerdo original.

En conclusión, tras la primera rueda de reconocimiento, ya sean fotos o en persona, un mismo testigo no debería ser llamado de nuevo para un segundo reconocimiento ya que su recuerdo del evento está enturbiado por la visión de los sospechosos.

No esperarás que me crea eso, ¿no? Club ciencias forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo ““You don’t expect me to believe that, do you?” Expectations influence recall and belief of alibi information”, de la autora Elizabeth A. Olson, de la Universidad de Wisconsin-Whitewater, que aborda cómo la presunción de culpa afecta a la credibilidad y al recuerdo de la coartada.

Seguro que has oído alguna vez acerca de la profecía autocumplida. De manera que cuando esperamos conseguir algo lo acabamos consiguiendo fruto de nuestra propia fe en nosotros mismos, y cuando creemos que vamos a fracasar lo hacemos porque nos autosaboteamos sin darnos cuenta. Las expectativas tienen un gran poder en cómo percibimos el mundo, siendo un importante sesgo. Esa es una de las razones de que en la investigación se utilice el “doble ciego”, que consiste en no saber qué grupo de personas son las de control y cuál el grupo experimental hasta analizar los resultados para que nuestras expectativas no influyan en cómo analizamos los datos o en cómo tratamos a los sujetos.

También podemos encontrar en la práctica el “efecto halo”, que consiste en, a partir de un solo rasgo o característica, formarnos expectativas que nos impiden ver la realidad. Algo muy común cuando nos enamorábamos de la persona más atractiva del instituto. Y es que se ha demostrado que esto nos ocurre también de adultos en entrevistas de trabajo o a la hora de juzgar la inocencia de alguien.

Éste es un problema común en las investigaciones policiales, donde, cuando el entrevistador determina que el entrevistado es culpable, cambia su percepción de él. El problema con esto es que cuando se presume la culpabilidad, se tienden a escuchar y recordar sólo la información que apunta al engaño y la culpa. Simplemente no prestamos atención a los hechos que refutan nuestras suposiciones. No es necesariamente sea intencional, sino que simplemente observamos que los datos confirman nuestra hipótesis.

Para estudiar este fenómeno 285 estudiantes universitarios vieron un vídeo de un joven que relataba lo que había hecho durante unas horas en un día en particular. A algunos de ellos se les dijo que su narrativa era una coartada antes de que vieran el vídeo y a otros se les dijo después. Además, a algunos se les dijo que era culpable mientras que a otros se les dijo que era inocente, y a un tercer grupo no se le dijo nada sobre ese aspecto. Después de ver el video, se pidió a los participantes que escribieran tantos detalles como recordaran. Por último, se les pidió que calificaran la credibilidad del actor sobre su coartada.

Los resultados son coherentes con lo que decíamos de las expectativas: Los participantes a los que se les había dicho que la persona era culpable recordaron menos detalles de la coartada grabada en vídeo, encontraron la excusa menos creíble y vieron al proveedor de la coartada más negativamente que los que no se les había dicho que era culpable.

Sin embargo, es importante matizar que los investigadores acuñaron directamente las etiquetas “culpable” o “inocente”, en lugar de preguntar a los participantes por sus impresiones y dejar que ellos mismos sacaran a la luz sus propios prejuicios. Ya que no es lo mismo medir las expectativas sobre la culpa que el hecho de que sepan que son o no culpables. Pero estos resultados ilustran a la perfección cómo nos condiciona a la hora de juzgar a los demás lo que pensamos de ellos. Quizás también en la investigación policial debería aplicarse de alguna forma el “doble ciego” de la ciencia para evitar este sesgo que trae consecuencias tan graves.

“Él ha dicho qué”: El efecto de los otros y la edad en la memoria. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Other People: A child’s age predicts a source’s effect on memory”, de Rolando N. Carol de la Universidad Auburn en Montgomery (Alabama, EEUU) y Nadja Schreiber Compo de la Universidad Internacional de Florida (EEUU), que aborda cómo influye en el testimonio de los niños y adolescentes la opinión de un adulto o un igual.

“Tu amigo me lo ha contado todo. ¿Es así como pasó?”

Esas simples palabras en un interrogatorio pueden convertir un “no” en un “sí”. Durante décadas, los investigadores han estudiado las diversas técnicas de sugestión que pueden tener lugar durante las entrevistas. Los niños han demostrado ser especialmente sugestionables y uno de los métodos particularmente sencillo es decirle que otra persona (supuestamente) dijo tal cosa para lograr que el niño opine de la misma manera. Este efecto, conocido como “otras personas” (other people en inglés), es un riesgo potencial en las entrevistas dado que contamina la información y sugestiona a los testigos, especialmente cuando se trata de un crimen con testigos múltiples.

A medida que crecen, los niños se van volviendo menos dependientes emocionalmente de los padres y más de los amigos, volviéndose cada vez más vulnerables a la presión de grupo. Es por ello que es lógico pensar que, igual que sus opiniones son volubles a esa influencia también lo serán sus recuerdos, pudiendo ser sugestionados por sus iguales sin darse cuenta. Dado que cualquier niño, sea de la edad que sea, puede ser testigo de un crimen y su palabra puede ser relevante en un caso, es importante saber hasta qué punto pueden llegar a ser sugestionables y por quiénes. Los autores hipotetizaron que, a medida que los niños se hacen mayores, más sugestionables serían a la “opinión de otros” si esos otros eran sus compañeros o amigos.

Los participantes fueron 110 niños de entre 7 y 18 años. Se les organizaba en grupos de entre 12 y 30 al mismo tiempo, junto a 2 ó 3 adultos, para ver un vídeo de diez minutos de duración y una semana después debían contestar a unas preguntas de sí/no. Además, se dividió a los niños en un grupo de control al que no se le daba ningún tipo de información y en otros dos grupos: a un grupo se le decía lo que supuestamente había dicho un compañero suyo y a los otros lo que teóricamente había dicho uno de los adultos. En ambos casos se les hacía creer que la persona de la que se le daba la opinión era uno de los que había visto el vídeo con él aunque no dieran su nombre. De esta manera se podía ver la influencia de “los otros” y también cómo influía la propia edad del niño al que se pretendía manipular. El vídeo era un fragmento de la película Buscando Milagros, de manera que todos serían evaluados sobre el mismo evento, que además tenía un considerable número de detalles en tiempo.

En contra de lo esperado, la opinión de los adultos influía a los niños mucho más que la de sus compañeros, dándole más credibilidad. Además, este efecto se potenciaba cuanto más pequeño era el testigo. Sin embargo, la opinión de los compañeros no fue tan influyente como se esperaba. De hecho, cuanto mayores eran los niños menos les afectaban las opiniones ajenas, independientemente de quién fuera la fuente. Es posible que eso se deba a que no se identificaba cuál de sus amigos o compañeros estaba supuestamente dando la información. En otras investigaciones se ha demostrado en ocasiones los jóvenes tienden a ajustarse a sus pares cuando la información sobre la que discuten es de un ámbito social, pero en cuanto a datos objetivos, como en este caso recordar un vídeo, recurren a los adultos. Es posible que debido a estos dos motivos el “efecto de los otros” respecto a los compañeros no haya surtido efecto.

En conclusión, deben tenerse en cuenta, especialmente en los más jóvenes, las consecuencias del “otras personas han dicho qué”. En momentos de inseguridad, un niño se respaldará en las palabras que nosotros digamos que ha pronunciado un adulto, de manera que estaríamos manipulando su testimonio. Es por este y otros muchos motivos que debe darse una formación muy especializada a los profesionales sobre cómo llevar a cabo los interrogatorios para que sean objetivos y no sugestionen al testigo.

Si lleva gafas es inocente: El efecto de las gafas en la percepción, el reconocimiento y las impresiones. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The glasses stereotype revisited: Effects of glasses on perception, recognition and impressions of faces”, de los autores Michael Forster, Gernot Gerger y Helmut Leder, de la Universidad de Viena, que abordan los estereotipos sobre las personas con gafas y cómo afectan al reconocimiento facial.

Los escoceses son alcohólicos, las rubias son tontas y los andaluces son perezosos. ¿Quién no ha oído alguna vez uno de estos estereotipos? Los hay de raza, género, edad, procedencia o apariencia y los usamos para configurar nuestras visiones del mundo de forma subconsciente y pueden afectarnos a la hora de determinar la culpabilidad de alguien. A pesar de que los estereotipos puedan fallar, nos ayudan a tomar decisiones rápidas y economizar esfuerzos cognitivos y por eso no podemos evitar utilizarlos. Algunos de esos estereotipos los comentábamos el otro día, como es el caso del baby face: las personas con rasgos faciales aniñados parecen más inocentes e inmaduras, características útiles para un acusado pero perjudiciales para el testigo. Otro de los estereotipos es el ahora conocido como “estereotipo nerd”, que consiste en ver a los individuos que llevan gafas como más inteligentes aunque menos atractivos. Y no sólo eso, además reciben menos veredictos de culpabilidad. Sin embargo, no se ha estudiado qué tipo de gafas producen este efecto o si lo hacen todas.

Del mismo modo, en un contexto jurídico, las caras juegan un papel crucial en el reconocimiento de los testigos. Y algo tan simple como cambiar de gafas o dejar de usarlas puede influir tanto en la percepción de esa persona como en la capacidad de poder reconocerla. Es decir, que las gafas pueden influir tanto en el reconocimiento como en la evaluación de los rasgos de personalidad de un individuo. Para estudiar este hecho se llevaron a cabo cuatro experimentos.

Para el primer experimento se pidió a un total de 76 participantes que calificara el éxito, la inteligencia, la confiabilidad, el atractivo, la simpatía y la cooperación de 78 caras: 26 sin gafas, 26 con gafas de montura gruesa y 26 con gafas con cristal al aire. Los resultados mostraron que las personas sin gafas se veían más atractivas y agradables que las que llevaban gafas con montura gruesa. Pero las caras con gafas sin montura tuvieron los mismos resultados que no llevar gafas en esas dos variables. En cuanto al éxito y la inteligencia, las personas con gafas (de los dos tipos) fueron calificadas como más exitosas e inteligentes que las que no llevaban gafas. Por otro lado, las personas con gafas al aire se veían más dignas de confianza que las que no llevaban gafas, pero no hubo diferencias en cuanto a cooperación.

Los ojos son una parte central y muy informativa del rostro humano y es a donde miramos principalmente cuando miramos una cara. Además, sabemos que llevar gafas cambia el aspecto de esta zona. Por ello, en el segundo experimento se pidió a 20 personas que evaluaran 26 caras en tres versiones (sin gafas, con gafas al aire y con gafas de montura gruesa), lo que hace un total de 78 imágenes. Para que atendieran a las imágenes se les pidió que valoraran el atractivo y la peculiaridad de cada rostro. Se realizó un seguimiento ocular de los observadores mientras estudiaban las fotos y se encontró que dedicaban más tiempo a la zona ocular cuando las imágenes llevaban fotos. Curiosamente los dos tipos de gafas atraían la atención el mismo tiempo.

Como hemos visto, las gafas afectan a cómo miramos un rostro, así que era relevante estudiar también si nos afectaría ese cambio en la percepción a la hora de discriminar caras. Para esto se mostraban dos caras, al mismo tiempo o secuencialmente, y debía decirse lo más rápido posible si se trataba de la misma cara o no. Los participantes fueron 20 estudiantes y examinaron 180 pares de caras. Una de las dos caras de la pareja siempre llevaba gafas y la otra no, para ver la influencia de este elemento. Los resultados muestran que cuando ambas caras se presentan simultáneamente requiere más tiempo discriminarlas cuando una de ellas lleva gafas de montura gruesa pero no afectaba a la exactitud, es decir, sólo les realentizaba. Pero no se encontró tal efecto cuando las imágenes eran secuenciales, que es como ocurre en la vida real ya que la identificación de testigos ocurre tiempo después del crimen.

Una vez demostrada la capacidad de discriminación, se buscó evaluar el reconocimiento. Para ello, 24 estudiantes tuvieron que ver rostros sin gafas y más tarde con gafas, sin que se les pidiera que las memorizaran, ya que en una situación real no se es consciente de la necesidad de memorizar un rostro. Los resultados muestran que hay mayor reconocimiento cuando la imagen era idéntica, es decir, cuando no añadíamos ni quitábamos elementos como las gafas. Por otro lado, las gafas sin montura tenían más posibilidades de evaluarse como que se habían visto previamente (falsos positivos).

En conclusión, las gafas afectan a la imagen que nos formamos de la persona, pero no todas las gafas producen el mismo efecto en el observador. También lograban llamar más la atención y ralentizar la discriminación, pero lo realmente importante es que las gafas sin montura daban la sensación de haber visto una cara anteriormente, lo que puede conseguir que un inocente sea acusado por los testigos oculares de ser el culpable falsamente. Así que jugar con las gafas puede ser un elemento interesante en un juicio según si uno es culpable o inocente.

La credibilidad en casos de agresión sexual cuando se es obeso. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The Effects of Obesity Myths on Perceptions of Sexual Assault Victims and Perpetrators’ Credibility”, de los autores Niwako Yamawaki, Christina Riley, Claudia Rasmussen and Mary Cook, de la Universidad Brigham Young, que abordan como afecta la obesidad a la credibilidad en casos de agresión sexual.

Los derechos humanos de las mujeres han mejorado a lo largo de los años. Sin embargo, la violación y la agresión sexual siguen siendo una amenaza común para las mujeres en todo el mundo. En Estados Unidos, aunque los incidentes reportados han disminuido, se estima que una de cada seis mujeres es víctimas de violación cada año. Además, aproximadamente el 64% de las agresiones sexuales no se informa a las autoridades. Por lo tanto, la violación y las agresiones sexuales cometidas contra las mujeres continúan siendo graves preocupaciones sociales y de derechos humanos, ya que siguen siendo altamente infravaloradas independientemente de las recientes disminuciones en la prevalencia.

Pero otra preocupación que merece atención y examen es la subutilización de los recursos apropiados por las víctimas. Se calcula que sólo una de cada cuatro víctimas de agresión sexual o violación recibe ayuda o asesoramiento. Esta subutilización y falta de denuncia puede atribuirse a la victimización secundaria, que se refiere a un proceso en el cual las actitudes y reacciones negativas de los demás hacia las víctimas las disuaden de buscar ayuda. Ocurre tanto en entornos formales (por ejemplo, hospitales o comisarías) como en entornos informales (entre familiares y amigos), se culpa a la víctima, se excusa al agresor y se minimiza el incidente. En consecuencia, la victimización secundaria intensifica los efectos psicológicos negativos sobre las víctimas de violación y de agresión sexual, y este proceso de re-victimización es, de hecho, más severo que el trauma original.

Para entender la victimización secundaria, se han estudiado en diversas investigaciones algunas características relacionadas con las víctimas y los agresores y qué características del observador que pueden influir en las actitudes negativas de un individuo hacia las víctimas de violación. Los investigadores encontraron que algunas características del observador son predictores significativos de las actitudes negativas hacia las víctimas de violación. Por ejemplo, se ha encontrado diferencias raciales (se culpa más a la víctima cuando es de una raza diferente a la de su agresor), sexuales (se culpa más a la víctima cuando es un hombre), sobriedad (se las culpabiliza más si habían tomado alcohol previamente), la relación (si se conocían de antes se culpabiliza menos al agresor por haber “malinterpretado” la relación entre ambos) o la clase social (si el agresor es de clase alta se minimiza el suceso).

Otro factor importante pero a menudo ignorado que puede influir en gran medida las actitudes negativas de un observador hacia las víctimas de violación es la obesidad y ese fue el objetivo de este estudio. Una de cada cinco personas en España tiene obesidad, porcentaje que asciende a una de cada tres en Estados Unidos, no es una población despreciable y menos cuando hay datos de que ser obeso afecta la credibilidad en casos de agresión sexual. Además, este estudio quería demostrar que tener ciertas ideas preconcebidas o mitos sobre la obesidad nos lleva a juzgar más duramente a este colectivo cuando realizan una denuncia de este tipo.

Para este experimento se creo un escenario de violación heterosexual. Una chica, Janet, acusaba a su compañero de estudio de haber abusado de ella mientras estudiaban juntos en el dormitorio de él. Janet afirmaba estar dolida ya que ella protestó y se negó y aun así fue forzada por su amigo. Por el contrario, el chico, Mark, afirmaba que había sido consentido y que de hecho fue Janet la que inició la aproximación sexual, y decía estar sorprendido y dolido por la acusación de su amiga. Esta historia se les presentaba a los ciento sesenta y cinco estudiantes universitarios que participaron de este estudio en el que se les dividía en tres grupos. La diferencia entre los grupos residía en el físico de los personajes: en una Janet era obesa y Mark, no; en otra, era Mark el obeso y no Janet; y en la última lo eran ambos. Posteriormente se pasaba un cuestionario que tomaban tres medidas: atribución de la culpa a las víctimas, una escala de credibilidad sobre los testimonios de ambos y una escala de mitos sobre la obesidad (como, por ejemplo, que los obesos buscan llamar la atención o que no les importa que se aprovechen de ellos).

Los resultados muestran que la obesidad afecta a la credibilidad: La gente veía más creíble la versión del agresor cuando la víctima era obesa y él no, y menos creíble cuando el obeso era él y no ella o cuando eran obesos los dos. En contraste, la credibilidad de la víctima no variaba: no importaba si ella era obesa o no, o si lo era su atacante; lo que varía es la credibilidad que damos al agresor. Sin embargo, sí que se encontró que la obesidad afectaba a la credibilidad de la víctima cuando el observador creía en los mitos sobre la obesidad, pero únicamente cuando la víctima es la obesa y no su agresor. Se especula el porqué de este hallazgo y los investigadores creen que es posible que se deba a que de por si una queja por violación siempre parece menos creíble si no hay violencia o armas y se pone en duda que siendo más corpulenta la víctima no pueda defenderse del agresor. También es posible que se apoyen en mitos como que “nadie se siente atraído por una persona obesa” o “las personas obesas están desesperadas por llamar la atención”, de manera que se toma menos en serio a la víctima e incluso se la culpabiliza, ya no sólo de que la agresión fuera consentida, sino de haber buscado ellas mismas que sucediera. Los hombres resultaron creer esos mitos más que las mujeres.

En muchos casos de agresión sexual no hubo testigos o pruebas fiables para probar el sexo no consensuado, por lo tanto, durante el procesamiento legal, la credibilidad de la presunta víctima y de su agresor se ha convertido en un factor crucial para convencer a los miembros del jurado. Este estudio muestra que la credibilidad se ve afectada por el peso y es importante concienciarnos de que los mitos sobre la obesidad pueden llevarnos a ver menos creíbles ciertas denuncias y no dar el apoyo y la ayuda necesaria a las víctimas.

La privación del sueño provoca confesiones falsas. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Sleep deprivation and false confessions”, de los autores Steven J. Frenda, Shari R. Berkowitz, Elizabeth F. Loftus, and Kimberly M. Fenn, en un estudio conjunto de la Universidad de Nueva York, la Universidad de California y la Universidad de Michigan, que aborda como la privación del sueño hace más propensas a las personas a firmar una confesión falsa.

En Estados Unidos se calcula que al menos el 4% de las personas condenadas a muerte eran en realidad inocentes. Los estudios sobre condenas erróneas reconocidas nos dicen que las confesiones falsas son un importante factor. Entendemos confesión falsa cuando una persona inocente hace la falsa declaración de culpabilidad y añade la narrativa de por qué y cómo cometió el delito. Aunque incluso sin la narrativa, una confesión de culpabilidad convierte al sospechoso en el blanco de la investigación criminal. Incluso cuando se avisa al jurado de que la confesión ha sido forzada, ésta afecta su percepción del acusado e influye en su decisión.

Sería fácil pensar que las confesiones falsas sólo aparecen tras algún tipo de coacción física; sin embargo, los interrogadores a menudo recurren a estrategias de coacción psicológicas. La falta de sueño afecta a muchas de las habilidades cognitivas que pueden ser cruciales en la resistencia a este tipo de coacción: además de alterar el estado de ánimo, reduce el control inhibitorio, lo que lleva a la gente a tomar decisiones más arriesgadas e interfiere con su capacidad para anticipar y medir las consecuencias de sus acciones. Además, investigaciones recientes han puesto en relación la falta de sueño con la formación de recuerdos falsos y distorsionados de sucesos pasados, lo que sugiere que las personas privadas de sueño son especialmente vulnerables a sugestión y manipulación.

Debido a la gravedad de utilizar estas técnicas, cuyos resultados no influyen a los culpables sino que van en detrimento de los inocentes es el objetivo de esta investigación comprobar la tendencia a confesar algo de lo que se es inocente a gente descansada y gente privada de sueño para comprobar las diferencias entre ambos grupos.

En el experimento participaron 88 estudiantes universitarios de entre 18 y 23 años, de diverso origen étnico y la mitad mujeres. Consistía en tres sesiones de laboratorio: tanto en la primera como en la segunda se les pedía que hicieran unos test a ordenador, entre ellos unos para medir la impulsividad cognitiva, y se les advertía que no debían tocar la tecla ESC del ordenador o se perderían los datos. Entre ambas sesiones se dejaba pasar una semana. Tras la segunda, a la mitad se les dejó dormir en el laboratorio y a la otra mitad se les obligó a permanecer toda la noche despiertos, ocurriendo la tercera sesión al día siguiente por la mañana. En esta sesión se les acusaba falsamente de haber pulsado la tecla ESC en la primera sesión y se les dio una declaración para que la firmaran, afirmando haber pulsado la tecla.

Tras la primera solicitud de que firmaran, encontramos que la mitad de lo que no han dormido aceptan, mientras que de los descansados sólo lo hacen el 18%. Tras una segunda y última insistencia, el 68,2% de los que no han dormido confiesan y un 38,6% de los que sí lo han hecho. Sin embargo, los datos realmente impactantes son en correlación a las otras pruebas realizadas. En relación al nivel de somnolencia subjetiva percibida, independientemente de en qué grupo experimental estuvieran, los participantes que reportaban altos niveles de somnolencia tenían 4,5 veces más posibilidades de confesar que en participantes con bajos niveles de somnolencia. También se encontró que los participantes que eran impulsivos eran más vulnerables a las confesiones falsas, tal y como se esperaba.

En conclusión, la privación del sueño tiene consecuencias desastrosas a la hora de obtener confesiones, impulsando a los inocentes a declarar; especialmente cuando se trata de personas vulnerables al cansancio o impulsivas. Es por ello que esta técnica no debería ser utilizada para lograr confesiones, del mismo modo que no deberían llevarse a cabo interrogatorios durante la noche ni de más de 12 o incluso 24 horas como en ocasiones se ha hecho, para evitar que el desgaste cognitivo haga el mismo efecto que la privación del sueño.

La entrevista estratégica para detectar el engaño. Club de las Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Strategic Interviewing to Detect Deception: Cues to Deception across Repeated Interviews”, de los autores Jaume Masip, Iris Blandón-Gitlin, Carmen Martínez, Carmen Herrero y Izaskun Ibabe, en un estudio conjunto de la Universidad de Salamanca, la Universidad Estatal de California y la Universidad del País Vasco, que trata de cómo discernir la verdad de la mentira con un procedimiento original durante un interrogatorio.

La detección del engaño es extremadamente difícil. Las personas apenas pueden distinguir una mentira por encima de la probabilidad de azar, y por ahora, los profesionales son apenas un poco más precisos en la detección. Es por ello que es importante seguir estudiando este campo y hallar nuevas conductas que discriminen a los mentirosos de los veraces.

Esta investigación recicla la idea de que los mentiros son tan consistentes en sus respuestas como los sinceros porque siguen una “estrategia de repetición” en las entrevistas. Por ello, el objetivo de este experimento fue diseñar un procedimiento que eludiera esa estrategia haciendo que no supieran que iban a ser entrevistados una segunda vez y presionando a los sospechosos para obtener una respuesta rápida, sin darles tiempo a forzar la memoria o desarrollar una mentira.

Los participantes fueron 48 estudiantes, con una edad media de 20 años, repartidos en 15 mujeres y 9 hombres en cada uno de los dos grupos experimentales (inocentes y culpables). Para motivarles con el interrogatorio, se les incentivó diciendo que los declarados culpables deberían escribir una redacción sobre una asignatura que detestaran.

Para este experimento, los participantes asignados en el rol de culpables cometían un falso crimen, y los inocentes realizaban unas tareas a petición del experimentador como ver un pequeño documental o jugar al tetris. A ambos grupos se les informaba de que se les consideraba sospechosos de un crimen y serían entrevistados, y su máxima debía ser convencer al entrevistador de que eran inocentes. Por tanto, los inocentes sólo debían ser sinceros, mientras que los culpables debían mentir, fingiendo que habían realizado las mismas tareas que los inocentes. La entrevista tenía lugar ese mismo día, pero después de que a los culpables se les diera toda la información que requirieran sobre las actividades sobre las que debían mentir. En la entrevista ambos grupos recibían las mismas preguntas y tenían las siguientes características:

  1. Se centraba en la coartada (las tareas de los inocentes), no en el delito. Lo normal es que en un interrogatorio la policía tiene una información limitada sobre el crimen pero es fácil obtener información sobre las coartadas. Por ejemplo, si un detenido afirma que estuvo viendo un programa de televisión a cierta hora, sería una buena técnica ver el programa e interrogarle con preguntas muy específicas acerca de él para comprobar si realmente lo ha visto.
  2. Se les hicieron preguntas centrales y periféricas. Los datos centrales serían los esenciales, los que no pueden cambiarse sin alterar la historia. Mientras que los periféricos son irrelevantes, detalles añadidos. Sin embargo, a la hora de interrogar, lo más probable es que los culpables tengan muchos datos centrales (qué, dónde y cómo), ya que han podido preguntar al respecto a los experimentadores, pero apenas tendrán información periférica, mientras que los inocentes tendrán de ambos tipos ya que realmente vivieron la experiencia.
  3. Las preguntas se centraron en los detalles muy específicos. ¿De qué color era la puerta? Por muy bien que hubieran preparado su coartada, una sola palabra podía contestar correctamente esa pregunta.
  4. Se pidió a los entrevistados que respondieran lo más rápido posible. La velocidad de respuesta es algo cognitivamente exigente para los mentirosos ya que, por una parte, la información no está codificada de la misma forma en la memoria largo plazo al ser inventada y requiere más tiempo, y por otra parte, si no la recuerdan necesitan inventar algo coherente para decir en su lugar, lo que también requiere tiempo.
  5. La clave fundamental era que la entrevista se repetiría una semana después y sin previo aviso.

La primera hipótesis a contrastar sería que los culpables solicitarían información central a los experimentadores para prepararse para el interrogatorio, pero no periférica. La segunda sería que los culpables contestarían menos preguntas correctamente que los inocentes en ambas entrevistas, debido a la información incompleta que poseían. Efecto que se vería con más fuerza en las preguntas periféricas (tercera hipótesis). Además, dado que ocurriría una semana entre ambas entrevistas, tendría lugar una degradación en el recuerdo y éste ocurriría con más fuerza en los culpables por no recordar vivencias sino palabras, por lo que al repetir las preguntas encontraríamos más incongruencias entre ambas entrevistas que en los inocentes (cuarta hipótesis) y esto ocurriría también con más fuerza en los detalles periféricos (hipótesis cinco). Por otro lado, al obligar a responder rápido sería más probable que se recurriera a respuestas evasivas por la incapacidad para improvisar una mentira o no recordar los datos, así que sexta hipótesis era que los mentirosos darían más respuestas evasivas, y la séptima hipótesis, que las darían particularmente en las preguntas sobre datos periféricos.

En los resultados se encontró que, efectivamente, los culpables se centraron en la información principal y obviaron la periférica. Además contestaron menos preguntas correctamente que los inocentes. Sin embargo, no pudo probarse la distinción entre información central y periférica respecto a la memoria. Quizás porque la información que solicitaron fue demasiado escasa o porque estuvo mal codificada y no pudieron recordarla una semana después. Por otro lado, la coherencia, es decir, mantener la misma versión todo el tiempo, era un indicador válido de la verdad, del mismo modo que las respuestas fueron un indicador de las mentiras. Sin embargo, no sólo fueron más evasivos en los datos periféricos, sino también en los centrales. Y al contrario ocurrió con la coherencia, donde no se encontraron resultados diferentes entre los dos tipos de información.

En conclusión, este estudio nos aporta unas interesantes estrategias para detectar la mentira, pero es importante replicarlo en situaciones reales para darle mayor validez externa. Además, debe tenerse en cuenta que no hay criterios inequívocos para la detección de la mentira. Una respuesta errónea, incongruente o evasiva puede deberse también a un bajo cociente intelectual, personas altamente sugestionables, ansiedad o déficit de memoria. Sin embargo, los datos son muy prometedores y pueden ser una herramienta muy útil en el futuro.

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