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Categoría: Psicología forense (página 1 de 5)

Grafología computacional. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Handwriting analysis based on Histogram of Oriented Gradient for predicting personality traits using SVM” de Chitlangia A. y Malathi G. (2019), en el cual se presenta un modelo basado en algoritmos de aprendizaje para predecir rasgos de personalidad a partir del análisis de la escritura a mano.

La grafología es un método utilizado para entender y predecir rasgos de personalidad a partir del estilo de escritura a mano de una persona. Un grafólogo estudia la escritura de una persona de forma manual. Es decir, no suele utilizar programas informáticos ni nada similar. Utiliza su conocimiento en el tema y la experiencia. No obstante, el análisis manual consume tiempo, es costoso y depende de las habilidades del grafólogo.

En el análisis de la escritura se observan los trazos, espacios, patrones y presión que muestra lo escrito. Con ello se predicen rasgos de personalidad específicos. Se considera que la escritura a mano refleja atributos como la honestidad, miedos e incluso comportamientos.

Existen diferentes intentos de facilitar esta labor utilizando algoritmos de aprendizaje. En este estudio se muestra una de estas posibilidades. El procedimiento empieza con la recolección de muestras de escritura en papel de varios individuos. Después, cada muestra requiere diferentes etapas de pre-procesamiento: redimensionar, eliminar ruido y binarización, entre otros.

Los autores proponen un modelo que sigue las etapas reflejadas en la imagen. Las primeras dos son las anteriormente mencionadas. El siguiente paso consiste en la extracción de características con el uso de Histograma de Gradientes Orientados (HOG). HOG es una técnica utilizada para procesamiento de imágenes con el objetivo de detectar objetos posteriormente. Fue propuesto inicialmente para la detección de cuerpos humanos.

La cuarta fase implica que la información extraída de las muestras se integra en un clasificador: máquina de soporte vectorial (SVM), que se entrena y se prueba. Los resultados de las pruebas van a consistir en rasgos de personalidad predecidos.

Para estudiar la utilidad del modelo, los autores utilizan muestras de escritos a mano en papel blanco de 50 personas. Después de la fase de pre-procesamiento, se lleva a cabo la extracción de características.

Para alcanzar un reconocimiento preciso de las características es clave seleccionar el mejor método de extracción. Como ya hemos mencionado, en este caso se trata de la técnica HOG. Se utiliza para reducir la dimensionalidad de los datos entrantes (inputs). Cada dato de salida (outputs) reducido se representa como vector de características.

Para predecir la personalidad a través de las características extraídas de cada muestra se utiliza el clasificador SVM. Para la clasificación se utilizan 5 etiquetas de personalidad: energético, extrovertido, introvertido, descuidado y optimista. Bajo cada etiqueta se desarrollan clases de elementos de análisis de la escritura. Así, se posibilita la diferenciación de cada característica, al igual que en grafología se analizan trazos o espacios.

El experimento se desarrolla en dos fases. En la primera, se utiliza el 90% de los datos para entrenamiento del modelo y 10% para pruebas. En la segunda, se toma un dato como prueba y los restantes para entrenamiento. Ambas fases resultaron en una precisión de las predicciones en cuanto a personalidad de un 80%.

Por lo tanto, lo que se busca en este estudio es automatizar la grafología. Ofrecer rapidez, precisión y bajo coste. Una precisión de 80% es un buen resultado. No obstante, el número de datos utilizados fue bastante bajo, 10 muestras por clase. Lo ideal sería utilizar más de 500 muestras por clase para permitir una detección mucho más precisa.

¿Es una buena idea que la grafología se convierta en una labor automatizada? Depende como se mire. Por un lado, la precisión de la grafología varía mucho en función de las habilidades del grafólogo. Esa dependencia puede suponer limitaciones en términos de obtener una buena precisión a la hora de predecir la personalidad.

Por otro lado, la automatización de esta labor no implica que el grafólogo pueda desaparecer. Puede utilizar modelos como el presentado aquí para agilizar el análisis, como una herramienta. Pero su papel en este campo puede seguir siendo clave, por ejemplo, para investigar la relación de rasgos de escritura con rasgos de personalidad.

Se destaca la importancia que puedan tener herramientas como esta, especialmente en grafología forense, donde la precisión es crucial. Asimismo, en dicho contexto, el tiempo y el coste puede tener un valor muy importante y un modelo así  se desarrolla justamente para disminuir los recursos implicados en el análisis.

¿Te parece interesante la grafología? Si quieres conocerla más a fondo o te interesan áreas más específicas como la grafología forense o el peritaje en este campo, encuentra una formación completa en nuestro Máster en Pericia Caligráfica y Documentoscopia.

Convertirse en buen perfilador criminal. ¿Las series de crímenes ayudan? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Media effects and criminal profiling: how fiction influences perception and profile accuracy” de Bolton A. (2019), una amplia investigación en la que se analiza si la exposición a series criminales y otros medios de ficción influye en las habilidades de perfilación criminal.

La perfilación se define como el registro y análisis de las características psicológicas y conductuales de una persona. El objetivo de ello es evaluar y predecir de lo que dicha persona es capaz de hacer en un área particular o para identificar un subgrupo específico de personas.

Un ejemplo común es la perfilación de los consumidores para detectar nichos de mercado. No obstante, los que trabajan en el área de la ley, incluidos los psicólogos, utilizan el profiling a otro nivel. Buscan, por lo general, prevenir o resolver un crimen.

Las técnicas de perfilación fueron presentadas en los medios de comunicación a través de películas como El silencio de los corderos o la conocidísima serie Mentes Criminales. Y aunque la popularidad de esta técnica haya aumentado con el tiempo, su precisión y validez sigue poniéndose en duda.

Algunos investigadores, como Bandura (2009), defendieron que la exposición a la televisión y otros medios de comunicación pueden influir en la perfilación criminal y en las investigaciones relacionadas. La exposición a la televisión y otros medios alimenta una realidad social construida, en la que la audiencia es inevitablemente influenciada por creencias y cogniciones de los medios observados.

Una de las cosas que podría provocar el consumo de ficción en este sentido sería fortalecer estereotipos perpetuados. Por ejemplo, algo que se ve comúnmente en las series de crímenes es que las bandas son formadas por latinoamericanos o afroamericanos. Los terroristas son hombres del oriente medio y los francotiradores suelen ser hombres blancos.

Tal como otros autores sugieren, la exposición a la ficción puede generar sesgos que disminuyan la precisión en el profiling.  La ficción contiene muchas cuestiones falsas sobre la perfilación y son creídas por los consumidores. Y entre estos consumidores también puede haber personas que realmente trabajan en el profiling.

El estudio que Bolton ha desarrollado investiga cómo la información de ficción que adquirimos de las series criminales y otros productos similares influyen en la percepción a la hora de construir un perfil criminal psicológico.

Se plantea que se podría dar una disminución de la precisión en la perfilación si el perfilador ha sido expuesto a productos mediáticos relacionados con los crimines, como serie, películas, etc. La visualización de los medios expone a las personas a la idea de crear perfiles. Y pueden creer que han avanzado en sus habilidades de principiante, que han adquirido conocimientos para producir perfiles criminales o al menos hacerles creer que ellos o cualquier otra persona pueden ser precisos al hacerlo.

En el estudio se examinan el conocimiento y las percepciones sobre el profiling y las habilidades de análisis de las escenas del crimen en 119 sujetos. Entre ellos se incluyen profesionales de la ley locales, estatales y federales, tanto en activo como retirados, así como estudiantes en este campo.

Los participantes miraron el episodio 22 de la temporada 7 de Mentes Criminales. Antes de ello, completaron un cuestionario que solicitaba información sobre la frecuencia de exposición a productos mediáticos relacionados con crímenes y profiling. También se preguntó sobre técnicas de investigación y estereotipos de perfilación criminal. Este cuestionario se presentó pre y post exposición a la serie y a un caso real.

Por tanto, después del pre-cuestionario y del episodio de Mentes Criminales, los participantes leyeron un caso real de homicidio. En base a la información del caso, se pidió a los participantes completar el Profiling Offender Characteristics Questionnaire de Kocsis et al. (2000) para determinar el nivel de precisión de la perfilación criminal de cada participante. En este cuestionario se piden las principales características del criminal.

Además de solicitar información demográfica a los participantes, al final completaron el post-cuestionario.  Se pretendía determinar si, después de ver el episodio de Mentes Criminales, había algún cambio en las percepciones y conocimientos de los participantes.

Los participantes mostraron una tendencia a cambiar sus respuestas desde el pre hasta el post-cuestionario. Esto implica que el consumo de productos mediáticos relativos a crímenes puede provocar cambios en la percepción y creencias sobre técnicas y herramientas de investigación y profiling. No obstante, se registró mucha variabilidad en estos resultados, por lo que es difícil de interpretar.

Además, diferentes variables en conjunto y por separado predicen el rendimiento en la perfilación de un caso real. El consumo de series criminales, el status profesional, las actitudes, percepciones y creencias sobre la perfilación criminal y las investigaciones del sistema de justicia predicen ese rendimiento.

Lo más destacable es que a mayor nivel educativo, mejor rendimiento en el profiling. Aquellos con más años de educación formal detectaron mejor datos como: género, raza, altura, color del pelo, familiaridad con la localización y comodidad con ella para cometer el crimen, fantasías sobre el crimen, el uso de la fuerza, alteración de las pruebas y muchas otras.

En el Profiling Offender Characteristics Questionnaire ningún participante ha acertado al 100%. Casi el 60% de los participantes obtuvieron un acierto de 50% o mayor en este cuestionario de análisis del caso real. Se destaca que el 73% de los profesionales activos, el 57% de los retirados y el 51% de los estudiantes han registrado un nivel de acierto del 50% o más en dicho análisis. Solo una mujer, profesional activa de la ley, con menos de 5 años de experiencia ha registrado un 80% de precisión.

La mayoría crearon un perfil generalmente acertado del criminal del caso real. No obstante, 10 sujetos crearon un perfil mucho más similar al expuesto en el episodio de Mentes Criminales. Otro dato interesante es que los años de experiencia profesional parecen no asegurar un buen perfil. Se observó mucho más nivel de acierto en la perfilación de los profesionales en activo. Los estudiantes son los que menos acertaron.

A modo general, se concluye que ver series de crímenes, entre otros productos similares, puede tener un impacto negativo en creencias, actitudes y rendimiento en el profiling. Más importante aún, ver series como Mentes Criminales puede tener un impacto positivo cuando se trata de personas con educación y practica relativas a los procedimientos de investigación y la perfilación criminal.

Es decir, hace falta también un conocimiento real de cómo funciona el profiling y el sistema judicial para ser un buen perfilador. En ese caso, las series pueden aportar algo, pero no sirven para reemplazar la formación. ¡Ya nos gustaría!

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Psicopatología del canibalismo. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The psychopathological profile of cannibalism: a review of five cases” de Raymond S., Léger A. y Gasman I., en el cual se analizan cinco casos de canibalismo y los perfiles psicopatológicos relacionados.

En la sociedad actual, el canibalismo es extremadamente raro y representa un acto de violencia impensable. Se define como un acto que implica el consumo de un individuo de una especie (o partes de él) por parte de otro individuo de la misma especie.

Hay muchos ejemplos de canibalismo en la mitología, cuentos de hadas o literatura. Además, hay muchas expresiones lingüísticas que implicaría canibalismo, a menudo con connotaciones sexuales. Por ejemplo, está para comérselo/a. No obstante, nadie dice tal expresión con la intención de comerse a nadie.

No pensamos en el canibalismo y puede que pocos se atrevan a bromear con ello. Simplemente excluimos esa posibilidad de nuestra cabeza. Esto es así porque el canibalismo, al igual que muchos otros temas, sigue siendo un gran tabú.

Un ejemplo en este sentido es que en muchos países europeos el canibalismo está ausente en el Código Penal. En Francia se considera un acto de degradación del cuerpo de la víctima si ocurre después de un crimen. Si hay canibalismo sin crimen se considera un acto de tortura. En el Código Penal español no hay mención directa alguna del canibalismo. Algunos consideran que se sobreentiende a través del artículo 526, pero no queda muy claro.

En el reino animal el canibalismo no es algo tan extraño, excepto para los humanos. Cuando ocurre, no es una decisión individual o costumbre, sino que depende de una variedad de factores. Por ejemplo, el aumento poblacional de una especie. El canibalismo suele darse más entre las hembras y más a menudo en épocas de hambruna.

El canibalismo entre humanos como práctica recurrente no está documentado suficientemente. No hay evidencias de ello, excepto en circunstancias extremas como las situaciones de hambruna o como parte de una conducta antisocial.

En cualquier caso, la mayoría de los antropólogos coinciden en que hay tres tipos de canibalismo humano: como ritual, de supervivencia y patológico. El canibalismo ritual ocurriría en grupos tribales como norma social, donde el sistema de creencias autoriza la ingesta de personas.

El canibalismo de supervivencia ocurre excepcionalmente en situaciones muy extremas. Aquel que lo practica normalmente está en contra de tal acto, pero situaciones como hambruna, asedios militares o naufragios le obliga a ello.

El canibalismo patológico es una práctica individual y voluntaria, altamente condenada por la sociedad. Hay unos cuantos casos muy famosos, por ejemplo, J. Dahmer, arrestado en 1991, que mató y descuartizo a 17 hombres y se alimentó de ellos. Fue diagnosticado con un trastorno de personalidad mixta, con rasgos fetichistas antisociales, sádicos y obsesivos.

Hay pocos estudios sobre este tipo de canibalismo también extremadamente raro. De los casos analizados parecen emerger dos perfiles. Por un lado, individuos que sufren de formas extremas de parafilia. Por otro lado, individuos que sufren trastornos psicóticos severos.

En esta investigación, los autores analizan cinco casos que implican canibalismo. Se trata de 5 personas internadas en el Hospital Paul Guiraud de Francia en algún momento de los últimos 20 años. Estos 5 pacientes son todos hombres, con un historial de aislamiento y deterioro social. Todos ellos han tenido una infancia disfuncional, con negligencia emocional. Tres de ellos han sufrido violencia familiar y los dos restantes fueron víctimas de abuso sexual. Solo dos sujetos de los cinco tienen historial criminal.

Los 5 pacientes tienen un historial de atención psiquiátrica con hospitalización. Todos han mostrado un cumplimiento deficiente de las recomendaciones de salud mental en la etapa posterior a la hospitalización.

Del análisis de estos casos, se pueden extraer dos grupos que difieren en diagnóstico y psicopatología. El primer grupo se compone de tres sujetos diagnosticados con esquizofrenia paranoide. El segundo grupo se compone de dos sujetos con un diagnóstico de trastorno de personalidad mixta (TPM), con rasgos sádicos asociados a la parafilia.

Psicopatología

En el grupo de esquizofrenia, el ataque a las víctimas se inició con impulsividad, sin premeditación. Un factor predisponente que contribuyó a ello es el uso de sustancias como el cannabis o el cese de la toma de medicación. El factor precipitante fue a menudo trivial, por ejemplo, una discusión con la familia sobre la herencia. Los tres pacientes de este grupo presentaban delirios de persecución o alucinaciones místicas.

En el segundo grupo, los sujetos con TPM admitieron haber tenido fantasías canibalísticas o planes ocultos relacionados con el canibalismo en el pasado. Además, se destaca la ausencia total de tabús en estos sujetos y ausencia de delirios. No se destacan factores predisponentes, pero sí precipitantes diferentes de los del grupo anterior. Se trata de sentimientos de humillación y ambos sujetos de este grupo atacaron a su víctima cuando sufrían una muy baja autoestima.

Relación con las víctimas y modus operandi

En el grupo con esquizofrenia, todas las víctimas pertenecían a la pareja parental. Se habla, por tanto, de canibalismo en un contexto de parricidio. En los tres casos hubo relaciones hijo-padre/madre de dependencia con un gran componente de hostilidad. Esto explicaría la elección de los órganos a ingerir: orejas, ojos, manos y antebrazos. Los sujetos no saborearon la carne (sin apreciaciones conscientes de la carne, como cuando probamos algo), la ingirieron cruda y no hubo evidencias de satisfacción sexual.

En el grupo con TPM las cosas son bastante diferentes. Los dos sujetos de este grupo eran conocidos de sus víctimas y mantenían una relación marcada por la cosificación. Las víctimas eran parte de una situación de punto muerto del agresor, marcada por fuertes sentimientos de humillación. En estos casos, los agresores seleccionaron cuidadosamente las partes a ingerir, sí saborearon la carne previamente cocinada.

También hubo elementos de placer sexual. Uno de los sujetos había planeado canibalismo con necrofilia y el otro presentó activación sexual y eyaculó durante el acto de canibalismo. No hubo remordimientos posteriores, ni implicaciones morales, ambos tratando los hechos como unos eventos casuales.

Perfil psicológico

Aunque cada caso tenga sus particularidades, los autores concluyen que, para el grupo con esquizofrenia, el canibalismo es una reacción de autodefensa ante amenazas percibidas o ante un daño destructivo físico o psicológico. Por ejemplo, los sujetos utilizaron expresiones como me estaba comiendo vivo o me sentía consumido por ella. Se trata de una dinámica de auto-presentación, que el otro (la víctima) sepa que uno existe, que tiene poder.

No solo cometieron el crimen, sino una exageración del acto a través del canibalismo, una defensa adicional. Siguieron un concepto de violencia fundamental, relacionado con la supervivencia: yo o él/ella (sin olvidar que hay una patología mental de fondo). Estos sujetos pasaron al cuidado de unidad psiquiátrica, sin sentencia de prisión.

Para el grupo con TPM, el canibalismo permitió un restablecimiento narcisista. Estos actos ocurrieron en el contexto de una intensa frustración, humillación (percibida) y conflicto entre las realidades internas y externas. Supusieron una liberación de la tensión basada en ira y aumentaron la autoestima de los agresores.

Los actos de canibalismo fueron una forma de eliminar los sentimientos de inferioridad y/o vulnerabilidad en una atmósfera megalomaníaca. Por ejemplo, uno de los sujetos dijo haberse sentido como un héroe. Ya no se trata de un yo o él/ella, sino de un él/ella es yo, dónde la víctima es algo inferior y el poder de destruirla reivindica el yo.

Por tanto, el tema central es el ego y el narcicismo. Los sujetos siguieron un deseo intenso de superar frustraciones fuertemente enraizadas y comportamientos socio-emocionales inadecuados a través de un acto extraordinario. De los dos sujetos de este grupo, uno declaró enajenación mental y otro fue sentenciado a 30 años de prisión.

Todo lo observado en el análisis de estos casos encaja con lo visto en otras investigaciones. El canibalismo aparece asociado a dificultades en la infancia (p. ej. abuso físico, suicidio de miembros familiares, etc.). Los agresores suelen tener un historial de problemas psiquiátricos. También cometen crímenes más violentos que otro tipo de criminales, sugiriéndose mayores niveles de ira.

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Trastornos de personalidad en la población criminal. ¿Cómo tratarlos? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Schema therapy in forensic settings” de Bernstein D. P., Clercx M. y Keulen-De Vos M. (2019), en el cual se describe la utilidad de la Terapia de Esquema en el tratamiento de los trastornos de personalidad de pacientes en ámbito forenses.

Eres psiquiatra forense y tienes varios pacientes con trastornos de personalidad que han llevado a cabo varios delitos. Ya han pasado, por tanto, por la fase de evaluación y entran en una fase de tratamiento. Si lo primero que piensas es que no hay nada que hacer para prevenir que vuelvan a cometer delitos, estás ignorando años de investigación. Y si crees que no se debería hacer nada para tratar los trastornos que presentan, te olvidas de algo importante.

Por más duro que nos parezca y por más rechazo que sintamos ante la idea, hablamos de seres humanos, como tú y yo. Que por la multitud de factores que inciden en la personalidad humana, llegaron a cometer actos que puede que ni ellos habían pensado que van a cometer. Que por la razón que sea, desarrollan trastornos de personalidad y otros problemas de salud mental y una posible medida que se les aplica por sus delitos es el internamiento en un centro psiquiátrico o penitenciario.

Ofrecer un tratamiento no implica exculpar, sino intentar disminuir el riesgo de reincidencia y, por qué no, ofrecer una segunda oportunidad. Si se consigue una mejora, la persona tendrá la oportunidad de reinsertarse en la sociedad cuando se encuentre en libertad.

En cualquier caso, si estaríamos en esa situación, tendríamos que elegir el tratamiento más adecuado. Adecuado supone mínimo una eficacia demostrada empíricamente. Para algunos trastornos mentales existen tratamientos psicológicos muy buenos, pero para otros es más difícil conseguirlo. Ocurre así en el caso de los trastornos de personalidad (TPs).

Si no existen tratamientos suficientemente eficaces para estos casos ¿qué hacemos? ¿Damos por hecho que están personas volverán a cometer los mismos delitos una y otra vez? ¿Los encerramos de por vida sea cual sea el delito que hayan cometido? En algunos casos diríamos que sí, pero no todo es blanco o negro. Las personas que trabajan en este campo lo saben.

Tal es el caso de los autores de esta investigación. A falta de tratamientos adecuados por los TPs, en 2007 iniciaron un ensayo de control aleatorizado que duró tres años. El objetivo era poner a prueba la eficacia de la Terapia de Esquema (ST, Schema Therapy) en comparación con el tratamiento típicamente utilizado para los TPs (Terapia Cognitivo-Conductual).

Ese trabajo dio lugar a un apoyo empírico fuerte para la eficacia de la ST en pacientes forenses con TPs. La ST fue reconocida oficialmente en los Países Bajos como el primer tratamiento para este tipo de pacientes.

En el contexto forense, los TPs más asociados al riesgo de reincidencia de la conducta delictiva son aquellos que pertenecen clínicamente al cluster B: narcisista, antisocial, trastorno límite de la personalidad, así como el tipo paranoide del cluster A. También se presentan grandes dificultades en el caso de la psicopatía, que muchas veces se considera como imposible de tratar.

Los TPs tiene una prevalencia tres veces mayor en la población de perpetradores masculinos que en la población masculina general. En la población carcelaria la prevalencia de los TPs es de 65% en el caso de los hombres y de 43% en el caso de las mujeres. En ambos casos, la prevalencia es mayor que en la población general.

Los diagnósticos de TPs son muy relevantes en las conductas criminales. Los delincuentes con un diagnóstico de TP son los que cometen los crímenes más graves y violentos. También muestran mayores tasas de reincidencia en comparación a los perpetradores sin TPs. Por eso, una terapia eficaz debe alcanzar también la disminución de la tasa de reincidencia.

La Terapia Cognitivo-Conductual tiende a enfocarse en el control de la conducta agresiva y mostró resultados moderados. En cambio, la ST abarca síntomas del trastorno, características asociadas y muchos otros aspectos. La base teórica de la ST se construye sobre las tradiciones cognitiva, conductual, psicodinámica y experiencial.

El concepto central de la ST es el modo esquema. Este representa los estados fluctuantes que dominan el comportamiento, las emociones y las cogniciones del sujeto. El modo esquema está determinado por la activación de un esquema desadaptativo adquirido en edades tempranas. La activación de ese esquema desencadena una respuesta emocional relacionada. Ante esta última aparece una respuesta de afrontamiento.

Existen cuatro áreas de modo esquema. El modo infantil hace referencia a respuestas emocionales universales en la etapa infantil: ira, miedo, tristeza, vergüenza e impulsividad. La internalización de exigencias parentales severas o crítica punitiva provoca el modo de padres disfuncionales. El modo afrontamiento desadaptativo consiste en intentos extremos para afrontar la activación de los esquemas, sea través de la rendición, evitación o sobrecompensación. Por último, el modo saludable implica una reflexión sana sobre uno mismo y sentimientos de alegría y placer.

Las personas con TPs muestran patrones específicos del modo esquema. Los modos esquema se activan ante estímulos externos y tienen correlatos cognitivos y fisiológicos. Las últimas evidencias muestran que juegan un papel importante en el comportamiento criminal y violento.

Los eventos que llevan a una conducta criminal se inician a menudo con el modo infantil. Este, a su vez, lleva una secuencia en escalada de otros modos y a menudo se culmina con modos de sobrecompensación (afrontamiento). Estos últimos son los que están presentes cuando se comete el delito.

Un ejemplo muy gráfico que proporcionan los autores es el siguiente. La pareja de un sujeto rechaza tener sexo con él/ella. Esto hace que el sujeto se sienta inferior, frustrado y furioso. Por tanto, se activan modos infantiles de humillación, de impulsividad e ira, respectivamente. Para afrontar todas estas emociones, el sujeto intenta sobrecompensar con un modo de auto-engrandecimiento. En este caso dominan la sensación de poder y la activación sexual.

El sujeto sale a la calle, busca una víctima, por lo que hablamos de un modo depredador. El sujeto toca puertas al azar hasta que una mujer contesta. El sujeto procede a manipular a la persona para que entre en su casa, por lo que se da aquí la activación de un modo de engaño y manipulación. De forma violenta, tira al suelo a la mujer y le amenaza con matarle si no coopera (modo de intimidación y ataque).

En este ejemplo vemos como el modo infantil desencadena los demás modos. Los cuatro modos posteriores y junto con el modo de sobrecontrolador paranoico son los que más aparecen en pacientes en contexto forense. Los cinco implican una cascada de respuestas con el fin de afrontar emociones derivadas del modo infantil (y de la situación que lo desencadena) a través de la sobrecompensación.

Los factores externos de riesgo (p. ej. abuso infantil, negligencia, factores genéticos, etc.) y de protección (p. ej. apoyo, oportunidades económicas, genética, etc.) modulan el desarrollo de los esquemas en la infancia. Los modos esquema desadaptativos se derivan del poder de los factores de riesgo que aumentan la probabilidad de aparición de conductas antisociales. Asimismo, los modos esquema sanos son los factores protectores que disminuyen esa probabilidad.

Por tanto, la probabilidad de comportamientos violentos y/o criminales en un momento concreto viene determinada por la activación relativa de los modos desadaptativos y sanos. Mayor activación de los primeros sobre los segundos, mayor el riesgo para la aparición de conductas violentas y/o criminales. Los factores de riesgo y de protección del entorno del sujeto a lo largo de su vida (especialmente en la etapa en la que comete el delito) interaccionan de forma recíproca con los modos esquema.

Por ejemplo, tener un grupo de amigos con comportamientos antisociales puede incrementar la fuerza de los modos desadaptativos. Al mismo tiempo, la presencia de estos modos puede aumentar la probabilidad de buscar relacionarse con amigos así.

Sin ánimo de entrar en muchos detalles, decir que las fases de tratamiento de la ST son dos. Una es una fase de evaluación y conceptualización del caso, con psicoeducación para el sujeto. Se le familiariza con los conceptos abordados y se le ayuda en la auto-aplicación.  En la fase de cambio se utiliza una gran variedad de técnicas para reducir la fuerza de los esquemas y respuestas de afrontamiento desadaptativos, así como de los modos esquema. Se busca romper los patrones disfuncionales e iniciar formas de afrontamiento saludable.

Cuando se trata de pacientes en ámbito forense con TPs graves se necesitan modificaciones importantes en la terapia. Una es que se enfatiza más en los modos esquemas que en lo desadaptativo. La razón es que muchos de estos pacientes tienen grandes dificultades para mostrar vulnerabilidad y/o hablar sobre la infancia.

Se necesita mucho tiempo y atención para construir una alianza terapéutica entre terapeuta y paciente. No hay que olvidar que estos sujetos suelen acudir a terapia como obligación judicial, por lo que a menudo les falta motivación.

Faltan muchas más investigaciones sobre la aplicación de la Terapia de Esquema en pacientes en ámbito forense. Aun así, esta intervención ya está establecida como eficaz para los TPs dentro y fuera del contexto forense. La labor de estos profesionales muestra resultados prometedores. Además, puede que sea imprescindible para disminuir las tasas de reincidencia delictiva.

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Sesgos en la evaluación psicológica forense. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Forensic clinicians’ understanding of bias” de MacLean N., Neal T. M. S., Morgan R. D. y Murrie D. C. (2019), en el cual se analiza una cuestión de gran importancia a nivel profesional: entender y atender los sesgos cognitivos. Este artículo se enfoca en los sesgos que se pueden dar en el área de la psicología forense.

Los sesgos cognitivos y los errores de razonamiento pueden ser problemáticos para cualquier profesión. No obstante, en las evaluaciones psicológicas forenses, los errores de evaluación pueden quebrantar la justicia. Las opiniones profesionales tienen mucho peso en las decisiones judiciales. Los sesgos, de no ser tenidos en cuenta, pueden tener alto impacto en las vidas de los acusados. Por ejemplo, si van a ser ingresados en un centro psiquiátrico o penitenciario, el tiempo que van a estar encerrados, etc.

Aunque los sesgos no lleven necesariamente a conclusiones incorrectas, apoyarse en factores relevantes y no en información sesgada aumenta la probabilidad de alcanzar una conclusión objetiva. Sobre qué son los sesgos y otros aspectos relacionados hemos hablado en otros artículos de recomendable lectura.

Como humanos, los expertos forenses también son susceptibles a los sesgos. No obstante, saber que existen y qué son los sesgos podría promover que estos apliquen prácticas para minimizar sus efectos.

Como evidencias, se ha observado que tanto los expertos forenses como otros profesionales tienden a reconocer una alta presencia de sesgos en las actuaciones de sus compañeros. Sin embargo,  la propia actuación se considera como muy poco sesgada. Esta diferencia de percepción entre el comportamiento propio y de los demás se llama sesgo o prejuicio de punto ciego.

Se han observado otros sesgos comunes en las actuaciones de profesionales del campo jurídico-forense. El más destacable y común en este contexto parece ser adversarial allegiance (traducción inexacta a lealtad de confrontación). Este fenómeno se refiere a la tendencia de los expertos forenses a interpretar involuntariamente datos de evaluación de tal manera que apoyen a la parte que representa. Si representan a la defensa, tienden a interpretar los datos de manera congruente con este rol y ocurre lo mismo cuando representan a la acusación, aunque sea contradictorio.

En paralelo o en interacción con adversarial allegiance, se registraron otros sesgos. El sesgo de confirmación, que se refiere a la tendencia de buscar y atender información que confirma las hipótesis que el profesional tiene, en lugar de información que pueda desconfirmarlas.

El efecto de anclaje implica la tendencia a confiar más en la información obtenida inicialmente que en la obtenida a posteriori. Por último, se observó alta presencia de diagnosis momentum. Similar al efecto de anclaje, hace referencia a la tendencia de volverse cada vez más seguro de un diagnóstico inicial y excluir otras posibilidades sin suficiente escepticismo.

¿Qué pueden hacer los psicólogos forenses para mitigar el efecto de los sesgos en las evaluaciones de salud mental? Sobre esta cuestión se ha investigado más en el contexto de toma de decisiones médicas. Las estrategias más recomendadas son cuatro.

Primero, apuntar secuencialmente toda la información recopilada en entrevistas, para evitar basarse en la propia capacidad de memoria. Segundo, buscar datos que pueda desconfirmar la información obtenida, un método que evita la activación del sesgo de confirmación.

Otra estrategia supone generar y trabajar con checklist (p. ej. de información que hay que recoger, fuentes que hay que consultar, etc.). Al seguirlas, obliga al profesional a tener en cuenta todo aquello que está en la lista y evita un modo automático. Por último, se sugieren estrategias de ralentización en el trabajo. Es decir, que el profesional se permita centrarse en una sola tarea.

Aparte de los sesgos antes mencionados, en el estudio también se pregunta sobre la familiaridad con el sesgo endogrupal (favoritismo endogrupal). Este implica la tendencia a favorecer, beneficiar y valorar mejor a las personas del propio grupo que de un exogrupo.

Las  estrategias utilizadas en el estudio fueron: leer libros y artículos para reducir sesgos, utilizar información de líneas base de comportamiento, tener en cuenta a la oposición (acusación o defensa), buscar información desconfirmatoria y utilizar métodos y técnicas estandarizadas y estructuradas para obtener información.

En el estudio participaron 120 psicólogos forenses con una experiencia media de 18 años aproximadamente. El objetivo principal del estudio se define como el análisis del nivel de familiaridad de los psicólogos forenses con los sesgos. También se explora si los psicólogos forenses son capaces de discriminar entre sesgos y estrategias de mitigación reales y simuladas.

Para analizar el nivel de familiaridad, se pide a los participantes indicar si (o no) conocen los sesgos planteados y las estrategias de reducción. Para verificar la discriminación entre sesgos y estrategias reales y falsos, se incluyen en el listado estrategias inexistentes (p. ej. priorizar siempre la información inicial) e inefectivas (p. ej. introspección), y sesgos falsos (p. ej. error de distintividad o falacia de acomodación). Se pide posteriormente elegir una definición de cuatro para cada sesgo real identificado  y, así, confirmar una familiaridad real con el concepto.

Se observó que, generalmente, los participantes detectaron correctamente los sesgos y estrategias falsas. Un 61% consideró que uno de los sesgos falsos era real y un 39% detectó correctamente todos los sesgos falsos. En cuanto a las estrategias, un 93% de los sujetos consideraron erróneamente que la introspección es una estrategia efectiva. Además, un 30% de los profesionales informaron haber utilizado la introspección como estrategia en su trabajo. A modo general, la mayoría de los participantes mostraron familiaridad con las estrategias efectivas. Al mismo tiempo, muchos de ellos fueron incapaces de discriminar entre estrategias efectivas e inefectivas.

Cabe destacar que la introspección no se considera una estrategia efectiva debido a que puede dar lugar a un falso sentido de seguridad (he reflexionado si hay sesgos, no los encuentro, por lo tanto, no están). Además, no solo no disminuye los sesgos, sino que los puede incrementar. Se ha observado que la introspección puede funcionar como un sesgo de punto ciego. En cualquier caso, no se trata de no hacer nunca uso de la introspección, sino utilizarla junto a otras estrategias.

Para observar las diferencias individuales de habilidades de reflexión que se dan entre estos profesionales se utilizó el Test de Reflexión Cognitiva (CRT; Cognitive Reflection Task, Frederick, 2005). Este test requiere la resolución de 3 problemas ante los cuales se activa naturalmente una respuesta que es intuitiva y errónea. Los profesionales deben detectar que es errónea, reflexionando deliberadamente y encontrar la respuesta correcta. Los resultados en este test se compararon con la capacidad de detectar los sesgos falsos.

Se observó, tal como se esperaba, que aquellos profesionales con altas puntuaciones en CRT  detectaron correctamente todos o casi todos los sesgos falsos planteados en el estudio. Dicho de otro modo, los sujetos que fueron capaces de superar las respuestas intuitivas en el CRT y pasar a una fase reflexiva fueron mejores en detectar los sesgos falsos. Por otro lado, y en contra de lo esperado, no se encontraron relaciones entre las puntuaciones en el CRT y la detección de estrategias de reducción de sesgos.

Con estos resultados, se concluye que los psicólogos forenses y otros profesionales que trabajen en este contexto no solo deben conocer la existencia de los sesgos y cómo funcionan. Necesitan aprender las estrategias realmente útiles para mitigar su efecto, sea a través de entrenamiento en las etapas formativas u otras formas de adquirir ese aprendizaje tan necesario.

Perfilación criminal del incendiario forestal. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Forest arsonist: criminal profiling and its implications for intervention and prevention” de Soeiro C. y Guerra R. (2014), en el cual se explican las características más comunes de incendiarios forestales de Portugal y la utilidad de la perfilación criminal de estos para desarrollar pautas de prevención e intervención.

Solo existen dos líneas de investigación del incendiario forestal, una portuguesa y otra española, que mediante la técnica del perfilamiento criminal han obtenido una tipología que informa sobre qué tipo de persona cometerá con mayor probabilidad un incendio forestal (González, Muñoz, Cacerrada y Sotoca, 2017). Esta cita resume perfectamente el estado de la cuestión sobre la investigación de los incendiarios forestales. El artículo que presentamos proviene de la línea portuguesa de investigación.

En los países europeos, los incendios forestales representan un problema de alto impacto social y económico. Para poder desarrollar actuaciones de prevención e intervención apropiadas, es esencial desarrollar estudios que describan el fenómeno.

Se estima que el interés hacia el fuego aparece entre 2 y 5 años. Con independencia a la edad de inicio de este interés, se ha sugerido que el uso del fuego con intenciones de dañar podría tener causas internas (p. ej. las alteraciones de personalidad, predisposiciones neurológicas, etc.), externas (p. ej. problemas familiares) o ambas. Existen clasificaciones de los incendiarios, como la de Geller que considera 4 tipos: con ausencia de trastornos, con trastorno mental, con trastorno neurológico e incendiarios juveniles.

El comportamiento de los incendiarios a menudo se confunde con la piromanía. En cambio, la piromanía solo explica un grupo muy pequeño de casos. Esta se expresa como el resultado de un impulso a encender deliberadamente fuegos en busca de aliviar la tensión. Ese alivio es gratificante (sienten placer), por lo que el comportamiento se refuerza positivamente y es probable que se repita.

A pesar de ese componente impulsivo, un pirómano suele preparar con antelación su futuro crimen. No suelen tener una motivación instrumental para provocar un incendio y esta es una diferencia clave de los incendiarios forestales. Estos último suelen provocar incendios con intereses monetarios, personales, políticos o por la presencia de alucinaciones o de trastornos mentales como la psicosis. En todas estas motivaciones se puede perseguir el ocultar pruebas, vengarse o responder a emociones como la ira.

Otra diferencia importante entre pirómanos e incendiarios forestales es que los primeros suelen ser observadores regulares del fuego. También presentan comportamientos incongruentes a largo plazo. Por ejemplo, pueden mostrarse muy interesados en trabajar como bomberos o ser voluntarios y, a la vez, sentir indiferencia hacia las consecuencias devastadoras de un incendio. En cualquier caso, las evidencias muestran que la piromanía supone rara vez una causa de los incendios forestales intencionados.

Los incendiarios forestales llevan a cabo sus conductas para la destrucción de la propiedad o en contra de los individuos y/o grupos. La acción incendiaria supone una forma de expresión emocional para comunicar un deseo o necesidad. Según algunos autores, el incendiario forestal debe verse como un individuo que no puede tener en el mundo el impacto que quiere tener a través de otros medios que no sea el incendio. Por lo tanto, el fuego es una estrategia para conseguir sus metas.

Este comportamiento se explica a menudo por dificultades en la resolución de problemas interpersonales y una tolerancia muy limitada a la frustración en los contextos sociales. Por lo tanto, se habla de una interacción destructiva con el mundo que le rodea.

En este estudio se analiza una muestra de 452 incendiarios forestales investigados y detenidos por la policía portuguesa entre los años 1995 y 2013. De las variables demográficas recogidas sobre estos sujetos, lo que más destaca es que la mayoría (68%) estaban solteros.

Los instrumentos utilizados son dos: un cuestionario para la perfilación de incendiarios (QIPI; Soeiro, 2002) y una entrevista psicológica basada en el PCL: SV (Hart, Cóx y Hare, 1995). El primero mide aspectos como características sociales y psicológicas del criminal y de sus víctimas, comportamiento del criminal durante la investigación policial, entre otros. La entrevista se dirige al análisis de la presencia de trastornos mentales y para identificar los aspectos mas salientes del historial del perpetrador.

Del análisis de esta muestra se obtienen los aspectos más frecuentes relacionados con el comportamiento de los incendiarios forestales. Los incendiarios suelen ser hombres solteros, de entre 20 y 35 años, con un nivel primario de educación y profesiones no cualificadas. Provocan los incendios especialmente en horario de tarde y suelen utilizar velas, cerillas o mecheros para iniciar el fuego, mayoritariamente en zonas rurales. Después de provocar el incendio, abandonan la escena del crimen y suelen residir cerca de ella. No suelen tener relación alguna con las víctimas o con el terreno incendiado (con el dueño) y no suelen tener antecedentes penales registrados.

En términos de perfilación criminal, se obtienen cuatro tipologías estadísticamente significativas. El perfil A (41,5% de los casos) incluye sujetos que actúan con instrumentalidad y/o venganza. Los sujetos suelen actuar desde motivaciones como ira, venganza, soledad o en respuesta a problemas familiares. De hecho, pueden utilizar sus conductas para expresar emociones hacia miembros familiares o conocidos. En las investigaciones policiales suelen explicar su conducta por la hostilidad hacia los afectados.

Es probable que haya un historial clínico de consumo de alcohol y/o epilepsia y suelen tener 46 o más años. El historial delictivo suele ser definido por conductas de agresión. Los incendiarios del perfil A pueden ser hombres o mujeres, que utilizan herramientas simples para encender el fuego (cerrillas, velas, etc.) en zonas de bosque o terrenos no cultivados, entre las 16 y 20 horas.

En el perfil B (3%) hablamos de una instrumentalidad orientada al beneficio (p.ej. dinero), con conductas explicadas por factores económicos o negligencias. Por lo general, son hombres, sin historial clínico relevante y con un historial de arrestos o multas para otro tipo de delitos (p. ej. conducir sin carné). Además de provocar un incendio, pueden estar implicados en delitos relacionados con la propiedad (p. ej. robo). Suelen utilizar herramientas de ignición más complejas (p. ej. productos inflamables) en las mismas escenas de crimen del perfil A, además de zonas cultivadas.

El perfil C se divide en dos sub-perfiles: C1 y C2. Ambos suponen un perfil expresivo, pero muestran diferencias importantes. El perfil C1 (55%) incluye sujetos con historial clínico de problemas mentales, como la esquizofrenia, demencia o derivados del consumo de alcohol, entre otros. Estos problemas son los que provocan la motivación para provocar un incendio.

Los sujetos suelen ser solteros, con bajo nivel educativo y estatus profesional, con edades entre 36 y 55 años y problemas de socialización. Utilizan herramientas de ignición simples, en bosques cercanos al lugar de residencia, generalmente en días laborables y en un rango temporal amplio (8 p.m.- 4 a.m.). Un aspecto destacable es que suelen quedarse un tiempo en la escena del crimen después de provocar el incendio.

El perfil C2 se da rara vez y se necesitan más datos para definirlo adecuadamente. En cualquier caso, en este grupo entrarían aquellos sujetos que sienten atracción hacia el fuego. Sujetos jóvenes, de hasta los 35 años, con un impulso irresistible para prender fuego a las cosas. La causa principal de su conducta es la falta de control de esta, pero no suelen tener historial de trastornos psiquiátricos. Curiosamente, suelen provocar el incendio y, seguidamente, suelen prestar su ayuda a los bomberos para apagarlo.

Como observamos, la perfilación criminal es una herramienta muy útil y necesaria para poder desarrollar las mejores actuaciones de prevención, evaluación, tratamiento y castigo (adecuado). En base a los perfiles encontrados, las autoras sugieren diferentes estrategias. Por ejemplo, para el perfil A sería adecuado utilizar programas educativos, además de estrategias de detección y castigo adecuados. En cambio, para el perfil C lo más adecuado sería llevar a cabo actuaciones de detección y diagnóstico, evaluación del riesgo y de tratamiento y control.

Esperemos que, en el futuro, las líneas de investigación de este tema se amplíen a más países, dado que en los últimos años varios puntos forestales del planeta han quedado gravemente afectados.

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Intermediarios en la entrevista policial a testigos con síntomas disociativos. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos “Investigative interviewing, dissociative identity disorder and the role of the Registered Intermediary” de O´Mahoney B. M., Milen B. y Smith K. (2018), en el cual se analiza el papel de los intermediarios en las entrevistas policiales con testigos que sufren del Trastorno Disociativo de Personalidad.

En algunos países, como Inglaterra, se da la posibilidad de utilizar intermediarios en las entrevistas policiales con testigos que sean menores de 18 años o que tengan un trastorno mental, problemas de aprendizaje, discapacidad o trastorno físico. Estos intermediarios son profesionales registrados, generalmente de las áreas de psicología, enfermería o logopedia.

La razón de la inclusión de los intermediarios en las entrevistas policiales es la falta general de habilidades de comunicación de los profesionales de la justicia para entrevistar adecuadamente a personas vulnerables y, por tanto, obtener información precisa.

Obviamente, esa falta de habilidades no se debe a una actuación profesional de poca calidad, ni a falta de interés en aprender a atender a estas personas como es debido. Lo que ocurre es que se carece de guías, ayudas y/o de formación específica para ello, al igual que habíamos mencionado en otros artículos sobre la entrevista con personas con discapacidad intelectual.

El rol del intermediario registrado se ha analizado especialmente en contextos de entrevista con testigos adultos y con problemas de aprendizaje o con menores. En cambio, no hay datos suficientes sobre la entrevista con intermediarios a testigos que presentan problemas de salud mental. Un testigo puede tener algún trastorno mental ya antes de la entrevista, pero también puede desarrollar algún tipo de disociación como resultado del estrés que le provoca el caso en el que está implicado (eventos traumáticos).

La disociación se describe como el producto de afrontar sin éxito conflictos emocionales o estresores internos y externos. Este enfrentamiento provoca una ruptura en la integración normal de las funciones mentales como consciencia, memoria, percepción del yo y del entorno y conducta motora y/o sensorial. Como trastorno o síntoma de disociación pueden darse: amnesia disociativa, despersonalización, desrealización, un trastorno de identidad disociativo (TID) u otros menos frecuentes.

En la entrevista, un testigo puede presentar síntomas de disociación al rememorar eventos traumáticos sin que el entrevistador sea consciente de ello. Además, en el caso del TID, detectar variables como número de alter egos, consciencia y relación entre ellos, cuál es el implicado en el caso u otras es difícil incluso para un profesional preparado. La complejidad, la naturaleza contradictoria de las declaraciones de los sujetos con TID y los múltiples mitos alrededor de este trastorno generan muchas sospechas sobre la veracidad de sus declaraciones. Por las mismas razones, estos sujetos suelen ser considerados testigos no fidedignos.

A falta de un manual o guía para entrevistar adecuadamente a testigos con síntomas o trastornos disociativos, el entrevistador puede contar con la ayuda de un intermediario registrado. No obstante, para esta problemática mental no hay investigaciones y, por tanto, en este estudio se plantean tres dudas principales. ¿Con qué frecuencia se dan testigos con TID? ¿Hay requisitos de conocimiento para los intermediarios implicados en estos casos? ¿Y qué aconsejan los intermediarios?

El estudio se desarrolla en dos fases. En la primera fase se solicita a la Agencia Nacional del Crimen de Reino Unido el número de casos con testigos que presentan TID y en los cuales han participado un intermediario (de 2013 a 2016). De 251 casos con testigos con trastornos de personalidad, se detectan 20 casos de TID o donde este podría haber sido un factor presente.

Dos de los autores de este estudio trabajan en su vida real como intermediarios registrados. Por lo que, en la segunda fase, desarrollan un cuestionario basado en sus experiencias profesionales y en las conversaciones con oficiales de policía que han solicitado la ayuda de un intermediario en las entrevistas de testigos con TID.

Las preguntas se dirigen a intermediarios y en el estudio se consigue la participación de solo 4 profesionales de: trabajo social, logopedia, enfermería y psicología. Se pretende obtener información como: el número de casos atendido con testigos con TID, metodología, dificultades encontradas, consejos ofrecidos a los entrevistadores para facilitar la comunicación con el testigo, la formación recibida y cuál creen que sería necesaria para atender estos casos.

Los intermediarios participantes informaron haber recibido muy poca formación específica para tratar con casos de TID. Las actuaciones de estos intermediarios fueron muy variables lo que indica la falta de guía para estos casos. Por ejemplo, uno de los intermediarios se enfocó en la identidad principal, llamada host y en detectar cuando aparecía otro alter ego para hacer volver al host. Un intermediario tuvo que pedir consejo al encargado del equipo de intermediarios sobre la actuación adecuada y otro solicitó consejo tanto al equipo como a superiores de la policía.

Destacaron la dificultad de comunicación incluso en casos en los que no existe TID y la necesidad de tener en cuenta la presencia de múltiples casos de comorbilidad entre TID y ansiedad, depresión y otros. En respuesta a si creen necesario que sean los profesionales de salud mental los que atienden estos casos, los intermediarios respondieron tanto con un como con un no necesariamente. La cuestión más relevante es que habrá ciertas limitaciones en la comunicación con el testigo con TID en cualquiera de los casos.

En cuanto a los casos analizados en este estudio, se destaca haber encontrado referencia a un trastorno de personalidad dividida. Teniendo en cuenta que hablamos de profesionales, es curioso encontrar este término cuando no existe oficialmente un problema de salud mental con este nombre. Además, muchas veces se utiliza este término para designar incorrectamente a los casos de esquizofrenia. Se desconoce la prevalencia de casos de entrevistas policiales con testigos con TID o síntomas relacionados, al igual que la cantidad de casos no registrados. Las guías de actuación para estos casos también son ausentes.

Por lo tanto, hay puntos de carencia a destacar tanto para las actuaciones de los intermediarios como para los entrevistadores oficiales. A la vulnerabilidad ya dada por ser testigos de algo que puede modificar la vida de los implicados, se suma la vulnerabilidad dada por presentar síntomas disociativos y por recibir una atención inadecuada desde el sistema judicial. Hay un vacío en la investigación sobre cómo el sistema judicial atiende estos casos.

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Características del abuso sexual a menores cuando el agresor es mujer. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Child sexual abuse perpetrated by women: case series and review of the literature” de Curti S. M., Lupariello F., Coppo E., Praznik E. J., Racalbuto S. S. y Di Vella G. (2019). Se analizan una serie de casos de abuso sexual infantil llevado a cabo por mujeres y se explora la homogeneidad de características, tanto de las víctimas como de las agresoras.

La sociedad parece tener un punto ciego con respecto a las agresoras sexuales de menores. Histórica y culturalmente, los agresores sexuales se perciben como hombres. Aunque el porcentaje de agresoras sexuales de menores (ASM solo para mujeres, de aquí en adelante) está bastante por debajo del porcentaje de agresores, no cabe duda de que las mujeres también llevan a cabo este tipo de delitos. El hecho de que una mujer sea capaz de llevar a cabo tales acciones choca con la creencia común (que gradualmente se va superando) de que las mujeres son sujetos pasivos sexualmente y no tienen ni el deseo ni el potencial para cometer tales crímenes. Además, en el caso de menores es aún más difícil de creer, dada la constante práctica y atribución del rol de cuidadoras a las mujeres.

Se debe tener en cuenta que los registros sobre la prevalencia de ASM se basan en datos fuertemente influenciados por el tipo de fuente de la que provienen. Los estudios que analizan la prevalencia de ASM suelen contar los casos que llegan a la atención del sistema judicial. Y si abusos o agresiones sexuales a menores llevadas a cabo por hombres se denuncian poco, en el caso de las mujeres ese poco disminuye mucho más. En algunos registros y/o estudios, la prevalencia de ASM ronda el 10% de los casos. Las ASM que reciben una condena son aquellas que llevan a cabo actos muy graves y violentos. Probablemente haya una elevada cifra negra, sea por falta de denuncia o por una actitud más indulgente del sistema judicial o social.

Este estudio utiliza un enfoque cualitativo y retrospectivo para el análisis de 9 casos de abuso sexual en los cuales el delincuente es una mujer. Dos de los casos implican a una misma agresora, con dos víctimas hermanas. En total se analizan 11 víctimas, con un rango de edad de 3 a 10 años y 8 ASM, con un rango de edad entre 33 y 70 años. Los casos provienen de la Unidad Bambi del Hospital Pediátrico de Turín, una unidad multidisciplinar entrenada específicamente para detectar los casos de menores que sufren de abuso sexual. En el análisis se tienen en cuenta datos clínicos y judiciales, tanto de las víctimas como de las agresoras. De esta forma, es posible mirar más de cerca las relaciones entre ambas partes y no solo los roles de cada uno por separado.

La mayoría de los abusos sexuales a víctimas de corta edad (menores de 5 años) de las analizadas ocurren en un contexto de cuidados. Lo curioso es que la mayoría de las ASM eran cuidadoras puntuales de las víctimas. Estas ASM eran abuelas paternas en 5 casos (45%), la madre biológica en 3 casos (27%), una vecina en 2 casos (18%) y una empleada cuidadora en un caso (9%).

 En cambio, el acercamiento sexual a las victimas mayores de 9 años se expresa de manera distinta. No se dan tanto en un contexto de cuidado y hay acciones más explicitas o sugestivas de la ASM hacia la víctima. Es decir, se acercan más al concepto de agresión que de abuso sexual. Se observa una predominancia del involucramiento o la exposición de las victimas a contenido pornográfico. Además, estas víctimas no tenían una relación de alto apego emocional, común en las victimas más pequeñas, y desarrollaron miedo hacia la agresora. Estas diferencias indican una modulación del comportamiento de las agresoras. No se acercan solo a las victimas que consiguen engañar, sino que adaptan su comportamiento a la edad de las víctimas.

En la mayoría de los casos, no solo hubo abusos sexuales, sino también violencia asistencial y otras formas de abuso. Se destaca la dificultad de obtener pruebas físicas de las víctimas, dado que se observa que en el 60% de los casos hay algún tipo de contacto con contenido sexual, pero son abusos sin penetración. Lo que más se registran son acciones coercitivas o manipulativas a nivel verbal, para presenciar actos sexuales de las agresoras, para exponerse a contenidos pornográficos o para participar en ellos. Estos resultados son coherentes con otras investigaciones donde se ha visto que solo en 1% de los casos se dieron evidencias físicas significativas. En algunos casos, las señales físicas de abuso aparecieron unos días más tarde después del abuso, por lo que el primer análisis médico resultó en una falta de pruebas. En otros casos, cuando la exploración medica se lleva a cabo muy tarde, no se registra nada porque el tejido joven tiene una alta capacidad de regeneración.

Algunos autores consideran que los casos de contacto sin penetración son los más frecuentes porque el abuso se lleva a cabo con más facilidad, enmascarándolo como una extensión de los cuidados de los menores (lavar, vestir, aplicación de cremas genitales, etc.). No hay una demanda directa de actividad sexual por parte de la agresora, sino una actitud activa de manipulación del menor.

De los casos analizados, solo en los menores de 5 años se dieron casos de penetración (con el dedo u objetos pequeños). Las agresoras podrían aprovecharse de la dificultad de los niños y niñas más pequeñas en diferenciar entre su piel, su cuerpo y la de otros. Hasta cierta edad, no se tiene consciencia sobre los limites propios del cuerpo y hay una percepción cargada de fantasía que facilita el engaño y la manipulación de los menores.

Aunque el daño físico sea menor o ausente en muchos casos, el daño psicológico siempre está presente. De hecho, hay estudios que evidencian un mayor daño psicológico de las víctimas cuando el agresor es una mujer. En los casos analizados, se observaron muchas señales de estrés psicológico de las víctimas. Las más frecuentes fueron: comportamiento rígido, hiperactividad, ansiedad, regresión de las funciones mentales, comportamientos de abuso, intimidación y una estructuración inicial de un falso yo.

La observación clínica a medio y largo plazo mostró que las victimas desarrollaron diversos problemas de salud mental y/o comportamentales. Las fobias específicas o los miedos injustificados, los comportamientos sexualizados, ideas constantes relativas al sexo, masturbación compulsiva, aislamiento social y depresión, insomnio y agresividad hacia los adultos fueron los más frecuentes.

Entre las ASM hay mucha heterogeneidad en cuanto a profesiones, nivel de estudios, historial de problemas de salud mental propio o de familiares y muchas otras características. No hay un perfil común de abuso sexual a menores ni de la condición de víctima, pero en el caso de las ASM sí destacan algunas características que se repiten a lo largo de la muestra: personas simples, carentes de estrategias de afrontamiento para los eventos estresantes de la vida, con comportamiento de negligencia hacia los menores de los que abusaron y hacia otros menores con lo que se relacionaron en el pasado, comportamientos intrusivos y autoritarios, cierta agresividad e historial familiar de violencia (sea como víctima directa o presenciándolo).

¿Por qué es tan importante prestar más atención a estos casos y registrarlos adecuadamente? El análisis de estos casos muestra que en el 75% de los ellos las ASM se quedaron libres de cargos. En un solo caso se condenó a la agresora a un arresto domiciliario de 7 años y a la compensación económica a la familia de la víctima.

Tanto en la experiencia judicial, como en la literatura científica sobre el tema, se observa que a las ASM se les consideran como menos culpables, menos violentas, menos peligrosas. Reciben condenas con menos frecuencia o de menos duración que en los casos en los que el agresor es un hombre y se les da más importancia a factores familiares presentes o pasados.

El testimonio de los menores es el elemento con más influencia en los resultados del procedimiento judicial. No obstante, se presentan diversos obstáculos para la validación de esos testimonios. Con frecuencia (y también se observó en esta muestra), se invalida a los menores como testigos. Además, la distancia temporal entre la primera denuncia y el interrogatorio formal suele ser muy larga; en estos casos fue de 8,5 meses de media. Cuando ocurre esto, fácilmente se invalida el testimonio de los menores como prueba o se le da poca credibilidad. Por eso, muchos casos de abuso sexual llevado a cabo por mujeres acaban libres de condena o con absolución.

Por último, y en cuanto a las relaciones entre víctimas y agresora, se destaca un mayor daño psicológico y mayor inhabilitación para la vida diaria como consecuencia al abuso sexual. Además, cuanto menor sea la víctima mayores daños. Estas diferencias según edad y tipo de relación se dan especialmente por la mediación del apego. Una víctima que espera  protección del adulto y que este responda a sus necesidades más básicas, que recibe a cambio actos de abuso, puede desarrollar patrones de apego desorganizado. Este tipo de apego puede provocar comportamientos desadaptativos tanto en la infancia como en la adultez, ira sin motivo, alternancia de agresividad y desapego, entre otras.

En conclusión, el abuso sexual de menores llevado a cabo por mujeres es una cuestión que no recibe la atención suficiente ni equivalente a la atención que reciben los abusos sexuales a menores llevados a cabo por hombres. Al haber tanta heterogeneidad de características relativas a las víctimas, a las agresoras y a las relaciones entre ellas, se hace necesario un análisis más profundo, de corte más cualitativo, que mejore la detecciónfutura de abusos sexuales a menores y a sus agresores/as.

¿Estamos preparados para evaluar la veracidad de testimonios de personas con discapacidad intelectual? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Criteria-bases Content Analysis in true and simulated victims with intelectual disability” de Manzanero A.L., Scott M.T., Vallet R., Aróztegui J. y Bull R. (2019), en el cual se examina la capacidad natural de las personas para discriminar entre declaraciones verdaderas y falsas de personas con discapacidad intelectual, así como las características diferenciales de estas declaraciones, utilizando la técnica CBCA.

Las personas con discapacidad intelectual (DI) suelen ser víctimas de varios delitos y suelen estar implicadas en procedimientos legales/policiales más a menudo que el resto de la población. Un gran número de estos procedimientos no llegan a juicio. La razón podría ser la falta de adaptación del sistema policial y judicial a las características de estas personas. También afectan los mitos que encontramos en la población sobre una supuesta capacidad limitada de las personas con DI a la hora de testificar con precisión. En muchos casos, las declaraciones de personas con DI han sido consideradas menos creíbles y, a la vez, existe el mito de que a estas personas se les cree más fácilmente. ¿Algún punto a su favor?

En algunos estudios, se ha mostrado que las personas con DI pueden tener el mismo rendimiento que otras sin DI en contextos forenses. Esta similitud puede deberse a que la memoria autobiográfica de las personas con DI es bastante estable a lo largo del tiempo. Además, se propone que dar declaraciones falsas supone el uso de más recursos cognitivos que decir la verdad. Es un proceso complejo, por lo que las personas con DI tendrían cierta dificultad para generar una historia falsa.

Existen pocos estudios que analicen las características diferenciales de las declaraciones verdaderas y falsas de testigos con DI. En otras poblaciones, como los menores, se ha propuesto el uso de algunos procedimientos útiles `para evaluar la credibilidad del testimonio. Un procedimiento es el Sistema de Análisis de Validez de las Declaraciones (Statement Validity Assesment, SVA), que se utiliza especialmente con menores víctimas de abusos sexuales. El componente central de SVA es el Análisis de Contenido Basado en Criterios (Criteria-based Content Analysis, CBCA). Esta técnica parte de la idea de que las declaraciones sobre eventos reales son cualitativamente diferentes de aquellas que no se basan en una experiencia real.

Los objetivos de este estudio son tres. Primero, probar el uso de CBCA en el análisis de declaraciones falsas y simuladas de testigos con DI. Segundo, comprobar la capacidad natural o intuitiva de las personas para discriminar entre estos dos tipos de declaraciones. Y, por último, también se busca comprobar esa capacidad natural a través de un análisis de macrodatos, para mejorar la calidad de la clasificación.

Antes del estudio, dos psicólogos forenses tomaron declaraciones a 29 personas con DI. Trece de estas eran testigos reales de un incendio del autobús en el cual iban de excursión. Los 16 restantes conocían el evento, pero no habían estado presentes en dicha excursión. Por lo tanto, tenían que contar lo que pasó en base a lo que habían escuchado sobre el caso, generando una falsa declaración y haciendo creer a los evaluadores que habían estado presentes en el incendio.

En el estudio participan 33 estudiantes españoles como evaluadores. Estos no tienen experiencia alguna en el análisis de credibilidad de los testimonios, ni conocimientos específicos sobre la DI. Los participantes miran 29 videos, de los cuales 16 contienen declaraciones verdaderas y 13 declaraciones falsas. Después de visualizar cada video, tienen que considerar si el testimonio que acaban de escuchar es falso o verdadero.

Aparte de los sujetos sin experiencia, dos evaluadores profesionales entrenados en el uso de la técnica CBCA analizan las transcripciones de los videos. El CBCA contiene 19 criterios, cuya presencia indica la veracidad del testimonio. En el estudio se utilizan 17 porque los dos restantes no son relevantes para el caso.

De todos los criterios del CBCA, solo uno fue determinante de la verdad: cantidad de detalles. La falta de discriminación entre las declaraciones falsas y las verdaderas de los demás criterios del CBCA puede deberse a una gran variabilidad de la muestra o a los déficits en el desarrollo del lenguaje y de la articulación que implica la DI. En cualquier caso, los evaluadores profesionales clasificaron correctamente un 81% de las declaraciones.

El análisis de los testimonios que llevaron a cabo los sujetos no profesionales dio lugar a una discriminación correcta de declaraciones verdaderas y falsas por encima de lo que se podría conseguir por azar (50%). Un 62% de los testimonios fueron clasificados correctamente. Si se consideran por separado, falsos y verdaderos, se detectaron correctamente 65% de los testimonios falsos y 59% de las verdaderos.

Clasificar correctamente a un 62% de los testimonios implica un rendimiento superior al azar de un 12%. Este nivel de acierto no es suficiente en el contexto forense y esa es la razón por la que se necesitan herramientas como el CBCA. Además, los cuerpos policiales (y otros) consiguen un porcentaje similar de aciertos cuando analizan las declaraciones de personas con un desarrollo normativo.

También se comprobó si el cociente intelectual (IQ) marca alguna diferencia en cómo se evalúan los testimonios. Los resultados indicaron que la clasificación que hicieron los evaluadores no profesionales es independiente del IQ de los participantes. El mismo resultado se observó en estudios previos.

Buscando relaciones entre los criterios de CBCA y las evaluaciones de los participantes no profesionales, se encuentra que cuatro de los criterios del CBCA median en la valoración de la veracidad de los testimonios. Es decir, para decidir si un testimonio es verdadero, los sujetos que evalúan de manera intuitiva tienen en cuenta la estructura de la producción/narración, la cantidad de detalles, las complicaciones inesperadas de la historia y los detalles característicos.

Como se observa, la cantidad de detalles aparece como criterio relevante tanto para evaluadores profesionales como para no profesionales. Un resultado curioso, ya que las personas con DI suelen dar pocos detalles en una narración, incluso si esta es veraz. ¿Qué ocurriría si las declaraciones veraces de personas con DI se compararían con las de la población general? En el análisis de los testimonios de las personas con DI, especialmente de aquellas que presentan un vocabulario reducido y déficits de las memorias semántica y autobiográfica, se correría un alto riesgo. Esto implicaría que se podría juzgar erróneamente la credibilidad de estas personas y, por tanto, podría ocurrir una revictimización.

Por lo tanto, en el análisis de veracidad de los testimonios, no solo es necesario el uso de herramientas diseñadas para tal fin, sino también una adecuación de estas a la diversidad poblacional. En el caso de personas con DI, se hace especialmente relevante, dado que, y como ya se ha mencionado, son a menudo víctimas de diversos delitos.

Validez del modelo de tres factores de Medida Interpersonal de la Psicopatía. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Construct Validity of the Three-factor model of the interpersonal measure of psychopathy” de Hampton, Vitacco y Kossom; en él nos hablan de la validez de los factores que forman la Medida Interpersonal de la Psicopatía.

Las personas con psicopatía siempre han sido descritas como que presentan un comportamiento anómalo, unas veces por ser encantadores y otras inquietantes. El término interpersonal puede referirse a cualquier comportamiento que ocurra entre dos personas, en lo referente a la psicopatía se referirá al conjunto específico de disposiciones asociadas con la falta de reciprocidad y el ejercicio del engaño y la arrogancia con el objetivo de controlar a los demás. La mayoría de los modelos contemporáneos de la psicopatía distinguen entre los rasgos interpersonales y otros elementos. Los rasgos generalmente se miden a través de autoinforme en la mayoría de las herramientas actuales. Los estudios dicen que las características interpersonales de la psicopatía junto con las afectivas son más específicas de este trastorno mientras que las de estilo de vida y componentes antisociales se pueden relacionar con otros trastornos clínicos también. Además, se cree que la comprensión de los componentes de la psicopatía de la personalidad psicópata será clave para la modificación de los problemas de comportamiento antisocial que llevan aparejados.

Las características interpersonales están asociadas con la agresión instrumental y con roles de narcisismo, poder y control sobre los demás. También se relaciona con los resultados que obtienen después de la ofensa como sentencias más bajas y apelaciones más exitosas. Algunos estudios han encontrado relaciones positivas entre las características interpersonales de la psicopatía y puntuaciones en inteligencia. Se ha descubierto también una relación con los factores ambientales, aquellos jóvenes que decían haber tenido unos padres más duros y una infancia difícil presentaban problemas de conducta más graves.

Estas características se han relacionado también con anomalías en la estructura cerebral y con la diferente activación de determinadas regiones del cerebro. Mayores puntuaciones en las facetas interpersonales están asociadas con una reducción de la materia gris en determinadas áreas y una reducción de la materia blanca en el fascículo no cincado. Esto predice una activación reducida durante el procesamiento moral de varias áreas.

La Medida Interpersonal de la Psicopatía (IM-P) fue desarrollada para evaluar las características interpersonales específicas de la psicopatía que se observen durante una entrevista semiestructurada, básicamente hay que observan la frecuencia de ciertos comportamientos a lo largo de la entrevista, por ello tiene como ventaja frente a otras herramientas que no requiere un gran entrenamiento para usarla. Estudios previos demostraron su consistencia interna, con un alto acuerdo entre evaluadores y muestra que valida las características interpersonales de la psicopatía.  También se ha demostrado que correlaciona positivamente con la edad y el rendimiento, así como con el comportamiento antisocial. Además, correlacionan positivamente con el dominio autoinformados y con la autoseguridad, y negativamente con miedo, ansiedad, timidez y socialización.

La Medida Interpersonal de la Psicopatía se encuentra dividida en tres factores: Dominio, Grandiosidad y Violaciones de los Límites. Dentro del factor Dominio están los ítems relacionados con los intentos para dominar la entrevista como son: las interrupciones, la negativa a que le interrumpan, suele ser tangencial, rellena los espacios en silencio y la perseveración. En el caso del factor Grandiosidad nos encontramos con los ítems donde intentar presentarse como únicos o superiores, los cuales son: calma inusual, superioridad ética, narcisismo, teatralidad o dureza. Por último, en el factor Violaciones de los Límites están encuadrados los comportamientos que sugieren una falta de respeto por los límites, como son: ignorar los límites profesionales, ignorar los límites personales, hace pruebas al entrevistador, hace comentarios personales, incorpora al entrevistador en historias, busca alianzas y hace contacto visual intenso.

El presente estudio pretendía validar la herramienta, para ello se obtuvo una muestra de 1.243 reclusos varones de una cárcel de Illinois. Las edades estaban comprendidas entre los 17 y los 47 años. Un 15,7% eran afroamericanos, un 46,3% eran eur estadounidenses, 6,7% eran latinos y un 1,3% “otros”. Toda la muestra participo en una entrevista semiestructurada para evaluar la psicopatía y el trastorno de personalidad antisocial, además, la mayor parte también participó en una entrevista para evaluar el uso de sustancias.

Se demuestra que los comportamientos interpersonales se muestran con una variedad de comportamientos clínicamente relevantes fuera del entorno de la entrevista y que son característicos de la psicopatía. Además, se demostró que cada factor del IM-P exhibe un patrón distintivo de correlatos.

Queda demostrado que los factores del IM -P muestran asociaciones con el factor 1 del PCL-R. El factor de Grandiosidad mostró una asociación única con la calificación en la faceta afectiva del PCL-R. Esto demuestra que los factores del IM – P no son medidas de la construcción de base amplia para la psicopatía, sino que reflejan un subconjunto de rasgos psicopáticos estrechamente alineados al núcleo interpersonal y en cierta medida a las características afectivas de la psicopatía.

La dominancia y la violación de los límites también se asocian con la edad. La grandiosidad estuvo asociada a mayor inteligencia y rendimiento. La violación de los límites también se mostró relacionada con índices del comportamiento antisocial como son los delitos violentos y no violentos y la versatilidad criminal. La grandiosidad está relacionada con puntuaciones mayores en la faceta interpersonal y afectiva del PCL-R. En cuanto a la dominancia se asoció a una mayor dependencia de la cocaína y el alcohol, así como a una menor tendencia al neuroticismo.

Los resultados pueden tener implicaciones para el sistema de justicia penal, como la gestión y el tratamiento de los delincuentes. Las diferencias en el factor violación de los límites puede explicar las diferencias entre los delitos violentos y los no violentos. La puntuación en dominancia puede ayudar en cuanto al abuso de sustancias. La grandiosidad y la audacia requieren de un mayor estudio, pero pueden estar relacionadas con la psicopatía exitosa.

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