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Categoría: Psicología forense (página 1 de 5)

Índices de psicopatía, ¿mayores en poblaciones reclusas? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Are Prisoners More Psychopathic than Non- forensic PopulationsProfiling Psychopathic Traits among PrisonersCommunity AdultsUniversity Students, and Adolescents” de Boduszek, D.; Debowska, A.; Sherretts, N.; Willmott, D.; Boulton, M.; Kielkiewicz, K.; Popiolek, K. y Hyland, P. (2019), en el cual se comparan los índices de psicopatía entre población reclusa, adultos, estudiantes universitarios y adolescentes. 

La psicopatía suele considerarse como una de las enfermedades mentales más antiguas de la historia. Sin embargo, no existe mucho consenso sobre las características de este desorden y cómo tratarlo. Siendo más específicos, la inclusión de la conducta criminal / antisocial como un componente fundamental de la psicopatía sigue siendo polémica. 

Hasta la fecha, la herramienta de evaluación más utilizada ha sido la Lista de Verificación de la psicopatía actualizada, componiéndose este trastorno de cuatro conjuntos de rasgos. Estos son: la manipulación interpersonal (engaño, grandiosidad…), el afecto insensible (esto es, falta de empatía o remordimientos), un estilo de vida errático (debido a la impulsividad o irresponsabilidad) y una conducta antisocial (desvío social, comportamiento criminal…). Sin embargo, cuando se ha aplicado este método podría haberse producido una sobreestimación del trastorno en delincuentes, al incluirse como un rasgo la conducta antisocial o criminal. 

Varias fuentes han indicado que el comportamiento antisocial / criminal debe considerarse como una posible consecuencia más que como una parte integral de la psicopatía. Por ello, se ha propuesto también un método alternativo de evaluación no verbal: la Escala de Rasgos de Personalidad Psicopática. Esta se compone de cuatro dimensiones:  

  • La capacidad de respuesta afectiva, por ejemplo: los déficits en reacciones emocionales hacia otras personas. 
  • La capacidad de respuesta cognitiva, esto es: déficits en el compromiso cognitivo con los demás. 
  • La manipulación interpersonal, como un estilo comunicativo engañoso y coercitivo. 
  • El egocentrismocentrarse exclusivamente en los propios intereses y creencias. 

La exclusión de los aspectos conductuales hace que la escala sea adecuada para su uso con una variedad de muestras, incluidas las poblaciones no infractoras y la juventud. Aunque los niños y adolescentes no pueden ser diagnosticados con un trastorno de la personalidad, reconocer ciertos problemas desde el principio y obtener una comprensión más profunda de la estabilidad de los rasgos en las etapas del desarrollo podría servir para diseñar mejores estrategias de intervención, rápidas y eficientes. 

Por otro lado, las diferencias cualitativas y cuantitativas en la expresión de los rasgos psicopáticos pueden explorarse con el uso de técnicas analíticas centradas en la persona, como el análisis de perfiles latentes. Estos permiten revelar variaciones en la intensidad de los rasgos, así como las agrupaciones de los rasgos entre individuos. 

Así pues, ¿cuáles pueden ser los índices reales de psicopatía en la población tanto reclusa como no reclusa? 

Para intentar dar respuesta a esta cuestión, los autores aplicaron la Escala de Rasgos de Personalidad y el análisis de perfiles latentes a cuatro grupos/muestras de participantes en su propio estudio. A saber: 772 reclusos de la cárcel de Pensilvania (EE.UU); 1201 adultos de la comunidad del norte de Inglaterra; 2080 estudiantes universitarios, de dos universidades del norte de Inglaterra; y 472 adolescentes de una escuela secundaria en el norte de Inglaterra. En todos ellos, se incluyeron tanto a hombres como mujeres, siento estas últimas mayoritarias en las muestras de adultos y universitarios. Los datos recabados procedían de entre los años 2015 y 2017 incluidos. 

Los resultados revelaron que los adolescentes eran los que más puntuación obtuvieron en déficits de la capacidad de respuesta afectiva. En la capacidad de respuesta cognitiva fueron los que más puntuación obtuvieron, seguidos de los reclusos. Los universitarios y los adultos obtuvieron más puntos que los presos y adolescentes en la manipulación interpersonal. En términos de egocentrismo, los universitarios mostraron puntajes más altos que los adultos de la comunidad y los reclusos. 

En el caso de los adolescentes, dichos resultados pueden sugerir que esos rasgos, relacionados con la empatía afectiva y cognitiva, se contrarresten y la empatía se desarrolle más en la época adulta. En este sentido, investigaciones anteriores atestiguan diferencias relacionadas con la edad y el desarrollo más tardío de determinadas regiones del cerebro.  

Consecuentemente, parece que algunos de los rasgos centrales de la psicopatía pueden ser maleables. Esto ofrece una vía prometedora para las intervenciones dirigidas a los jóvenes identificados como en riesgo de psicopatía adulta, si bien se requiere de más investigación.  

Además de los resultados referentes a los adolescentes, el estudio proporciona más pruebas de la existencia de grupos de psicopatía cualitativamente diversos 

A grandes rasgos, aunque se detectaron ciertas variaciones en los patrones de puntuación entre las muestras, se identificaron: un grupo de psicopatía baja para todas las muestras, grupos claros de psicopatía alta para los presos y universitarios, y un aumento de los grupos de psicopatía entre los adultos y adolescentes de la comunidad.  

Concretamente, se identificaron grupos de alta psicopatía por igual para los presos y universitariosEstos grupos eran casi idénticos en tamaño, lo que sugiere que el aumento de la psicopatía no es más común entre las poblaciones forenses que entre las no forenses.  

Específicamente, dado que la psicopatía alta se identifica en aproximadamente el 7% de las poblaciones adultas (siendo igual el porcentaje para las muestras del estudio), parece que algunos de esos rasgos pueden aliviarse naturalmente en el proceso de maduración y socialización. Sin embargo, esto sugiere, a su vez, que los reclusos no son más psicopáticos que las poblaciones no penitenciarias. 

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Comunicación y aislamiento: el silo de la justicia. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Dismantling the justice silos: Flowcharting the role and expertise of forensic science, forensic medicine and allied health in adult sexual assault investigations” de Kelty, S. F.; Julian, R.; Bruenisholz, E. y Wilson-Wilde, L. (2018), en el cual se analizan los riesgos que, en casos de delitos sexuales, conlleva la falta de comunicación y el aislamiento de los distintos profesionales de las ciencias forenses intervinientes en la investigación (lo que se denomina efecto silo de la justicia).

Con la creciente dependencia en la prestación de servicios forenses multidisciplinares y multiagenciales, el riesgo de que exista una falta de comunicación también incrementa. Y, este riesgo, puede verse materializado en última instancia en resultados injustos, sobretodo en crímenes graves como los delitos sexuales. Esto se debe a que, cuando más grave o complejo es un delito, más posibilidades existen de contar con personal multidisciplinar en la investigación.

La ausencia de una comunicación significativa y regular entre la ciencia forense, la medicina, el derecho y la policía se calificó como el “efecto silo de la justicia“. Este se refiere al aislamiento o falta de comunicación entre estas ramas y sus profesionales que trabajan en el mismo caso o similares, en especial cuando se trata de delitos sexuales. Como consecuencia, esto puede resultar en sentencias injustas y erróneas.

Así pues, para tratar de detectar e incidir en puntos críticos al respecto, el estudio contó con 121 participantes, profesionales de la medicina forense, las ciencias forenses, la Ley y las fuerzas del orden.

Como resultado, se extrajo un diagrama de flujo en el que se observa el proceso de investigación de delitos sexuales con víctimas adultas, desde la alegación de estos al uso de la evidencia forense en el enjuiciamiento. En el diagrama se subraya cuáles son los puntos críticos en las decisiones que tienen mayor impacto en el caso, con el fin de ofrecer orientación a los profesionales involucrados.

Así pues, típicamente el primer punto crítico en el proceso sería la respuesta de los primeros intervinientes (policía, hospitales, clínicas especializadas en violaciones, servicios de apoyo a las víctimas). En este punto, los factores de riesgo se corresponden, principalmente, con el riesgo de perder o no recopilar evidencia forense con potencial de valor. El origen de este riesgo se fundamenta en la falta de conocimiento forense o conciencia al respecto de su eficiencia y otras cuestiones. La filosofía o las políticas de las organizaciones combinadas con el nivel de conciencia forense pueden tener un impacto positivo o negativo en la recogida efectiva de evidencia.

El segundo punto crítico radica en la toma de decisiones de los investigadores policiales: si estos deciden llamar a expertos forenses y, de ser así, quiénes. Esto es, se trata sobretodo de elegir correctamente al experto forense con amplios conocimientos en la materia (por ejemplo, un médico forense experto en delitos sexuales). Del mismo modo, es importante que estos expertos no se salgan de los límites de su conocimiento y eviten la contaminación involuntaria de la evidencia, por ejemplo, mediante prácticas desfasadas.

El tercer punto crítico se trata de la presentación oportuna de la evidencia del delito sexual para su análisis, seguida del intercambio efectivo de la información correspondiente. Pues bien, el primer factor de riesgo se fundamenta en la importancia del tiempo, ya que con el paso de este aumentan las posibilidades de perder, eliminar o contaminar la evidencia. El segundo factor se corresponde con el limitado catálogo de análisis forenses practicados habitualmente (ADN, huellas…), en adición a las decisiones de triaje (la clasificación del caso y su importancia), las cuales en casos de delitos sexuales suelen hacerse individualmente en lugar de a través de reuniones de equipo o en base a una mayor comunicación con otros profesionales involucrados, ya sean estos de la misma organización u otras distintas (efecto silo).

Por último, el cuarto punto crítico se corresponde con el análisis de los informes forenses, siendo el factor principal de riesgo la legibilidad de los informes: cómo de fácil o clara resulta su lectura y comprensión para los demás intervinientes del proceso que no son médicos o profesionales forenses, como abogados o policías.

Con respecto a los canales de comunicación y retroalimentación de las prácticas forenses en casos de delitos sexuales en adultos, se identificaron tres. El primero de ellos se refiere a la calidad de la evidencia recogida; para formalizar este canal, los investigadores podrían añadir su contacto profesional, como un correo electrónico, para que otros investigadores puedan comunicarse con ellos, plantearles dudas… etc. De hecho, los primeros podrían incluso añadir a su informe distintas observaciones y sugerencias de mejora para retroalimentar a los otros profesionales.

De manera similar, el segundo canal se refiere a la retroalimentación por parte de policías, abogados, etc, con los investigadores forenses sobre la legibilidad y calidad de sus informes. Idealmente, este debería producirse por el mismo medio en que se recibió la comunicación, por ejemplo, un email. Por último, han de tenerse en cuenta los grupos de trabajo como medio para el aprendizaje, revisión e intercambio de buenas y malas prácticas y para dar visibilidad a la utilidad de las prácticas y conocimientos de cada rama profesional, sin necesidad de tratar ningún caso específico en dichas reuniones. Su esencia es la colaboración, y, para su implementación y éxito, necesitan del apoyo organizacional y el reconocimiento de su valor.

Así pues, a pesar de los beneficios de estos grupos, las explicaciones al por qué muchas agencias no practican tales reuniones, o no habitualmente, son los cambios en los jefes y el personal del grupo, no entender o creer en los beneficios que conllevan y la reducción del número de personal o del tiempo disponible para acudir a las reuniones. Sin embargo, cada vez hay más conciencia de dichos beneficios en las políticas multidisciplinares, multiagenciales y de compañerismo.

Como recomendaciones para mejorar las investigaciones futuras de casos de delitos sexuales en adultos, encontramos: por un lado, evaluar la viabilidad de un defensor de las víctimas y determinar en qué agencia u organización estaría mejor ubicado para apoyar a la víctima desde el inicio del proceso a la preparación del juicio, pues existe una carencia de esta figura. Asimismo, se recomienda entrenar a profesionales policiales, médicos…, en la importancia del ADN en casos sin sospechosos y con agresores conocidos de la víctima, así como en la importancia de otros tipos de evidencia en casos de delitos sexuales.

Por otro lado, la integración y formalización de los bucles de retroalimentación y los canales de comunicación en todo el proceso de forma holística. Finalmente, se recomienda asegurar las reuniones de los grupos de trabajo, ya sea en un ambiente semi-formal o informal, para fomentar el conocimiento recíproco que, en última instancia, derive en la colaboración exitosa entre profesionales multidisciplinares y agencias.

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Déficits en las funciones ejecutivas como posibles predictores de la violencia de pareja. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “A systematic review of executive cognitive function intimate partner violent offenders” de Humenik A. M., Grounds Z., K., Mayer H. M. y Dolan S. L. (2020), en el cual se analizan múltiples evidencias relativas a la relación entre las disfunciones cognitivas de las funciones ejecutiva y el comportamiento violento en la pareja.

La violencia de pareja (VP) es un problema de salud pública que afecta a millones de mujeres y hombres, niñas y niños en todo el mundo. Está conectada con múltiples consecuencias negativas: problemas de salud física y psicológica, aumento de costes, victimización y morbilidad.

Este concepto -violencia de pareja- abarca comportamientos desadaptativos como la violencia física, psicológica y sexual, el acoso y el control del comportamiento del otro. Para explicar las causas de la VP se han desarrollado diversas teorías que atienden a factores socio-culturales, contextuales, de personalidad, entre otros. Aunque hayan recibido cierto apoyo empírico, fallan en explicar las probables contribuciones de algunas variables biológicas.

En este sentido, existen evidencias de la relación entre las disfunciones neuropsicológicas y la agresión. Más específicamente, se habla de disfunciones de las funciones cognitivas ejecutivas (FEs) que facilitan las conductas de agresión.

En cualquier caso, la VP y la agresión en general son dos constructos que difieren en cuanto a rasgos de personalidad implicados, comportamientos antisociales y presencia de psicopatologías. Ello implica que, si las disfunciones de las FEs están asociadas a la agresión, no necesariamente serán de gran importancia en la violencia de pareja. La VP es un proceso complejo, que va más allá de las conductas de agresión per se.

Por ello, se necesita evaluar de manera específica las conexiones entre la violencia de pareja y las FEs. Los autores de este estudio recopilan los hallazgos en cuanto a estas conexiones, atendiendo a las funciones cognitivas de alto nivel o ejecutivas que ya han mostrado importancia en los comportamientos de agresión.

Estas FEs son: la memoria de trabajo (MT), la flexibilidad cognitiva, la inhibición (control inhibitorio), la fluencia y la toma de decisiones. Todas están mediadas por el proceso de atención y tienen un papel importante en el control y la regulación de procesos implicados en las intenciones, planificación y desarrollo de las conductas necesarias para conseguir una meta. En general, las disfunciones en el funcionamiento de las FEs están asociadas a dificultades académicas, profesionales e interpersonales.

Los estudios sobre agresión y FEs indican que los sujetos que presentan mayores niveles de impulsividad, desinhibición e inflexibilidad cognitiva también muestran conductas agresivas más violentas y con mayor frecuencia. También hay evidencias de que los déficits en las FEs de mayor gravedad están asociados a tipos específicos de comportamientos antisociales.

Los estudios sobre violencia de pareja y su relación con el funcionamiento de las FEs muestran resultados mixtos que vamos a describir a continuación. Estos hallazgos provienen de 22 estudios que incluyen mediciones de FEs y cuyas muestras de estudio se componen de sujetos mayores de edad y que hayan llevado a cabo conductas de violencia de pareja.

La flexibilidad cognitiva es la habilidad de pensar sobre algo de múltiples maneras e incluye el concepto de cambio mental (de creencias, punto de vista, etc.). En general, es una de las funciones más estudiadas en relación a la agresión.

De los estudios analizados, 20 muestran relaciones entre déficits en flexibilidad cognitiva y la violencia de pareja. La relación se explicaría por la puesta en práctica de estrategia inefectivas de resolución de problemas. Por ello, cada vez que el sujeto violento se encuentra con una situación de pareja que considera como un problema, aplica estrategia de resolución basadas en la agresividad y la violencia.

Aunque los grupos control varían de estudio a estudio, generalmente los maltratadores registran mayor cantidad de errores en las tareas de flexibilidad cognitiva y responden más lentamente. Comprados con grupos de sujetos no violentos, los sujetos maltratadores fallan más. En cambio, en otros estudios son los que más fallan en las tareas de flexibilidad cognitiva pero no más que los agresores sexuales.

La memoria de trabajo es la habilidad de almacenar y manipular información en la consciencia por un corto periodo de tiempo.  Es clave en la regulación del procesamiento de la información social, de la atención y de las conductas orientadas a metas.

Los déficits de la MT se han asociado con una interpretación errónea de las señales sociales. Esta interpretación errónea es un factor de riesgo para las agresiones, tanto en niños/as como en adultos. Más específicamente, los sujetos implicados en conductas violentas suelen mostrar un peor rendimiento en tareas de memoria de trabajo espacial que los sujetos no violentos.

En cuanto a los maltratadores, hay resultados mixtos debido a la diversidad de metodología y medidas que utilizan. Por ejemplo, en un estudio se comparan sujetos condenados por VP con dependencia de alcohol (VP+), sujetos no condenados por VP con la misma dependencia (VP-) y sujetos fumadores como grupo control. En la tarea de recuperación de dígitos contando hacia atrás, el grupo VP+ ha mostrado el peor rendimiento.

En otro estudio se ha comparado el rendimiento de sujetos maltratadores con y sin historial de otras conductas violentas y un grupo control sin condenas. En una tarea de span de memoria para dígitos, ambos grupos de sujetos maltratadores han mostrado peores resultados que el grupo control. Además, el grupo de maltratadores con historial de otras conductas violentas exhibió el peor rendimiento.

 Resultados como estos indican la presencia de patrones de déficits de la MT diferenciales entre aquellos que cometen VP y aquellos que cometen conductas violentas de manera más generalizada. Aun así, los resultados difieren en función de la tarea requerida y, a veces, se observan diferencias no significativas o bien significativa, pero de tamaño de efecto pequeño.

El control inhibitorio es la habilidad de controlar y autorregular la atención y los impulsos propios. En pacientes forenses, los problemas de la capacidad de inhibición son el predictor más fuerte del comportamiento agresivo. Asimismo, la desinhibición está muy relacionada con la impulsividad y muchas veces se solapan. La impulsividad tiene alta relevancia en este contexto, siendo una característica repetidamente asociada a las conductas de agresión.

Los sujetos que maltratan a sus parejas exhiben mucha más desinhibición que sujetos que no cometen este tipo de conductas. La desinhibición se encuentra asociada a niveles más altos de agresión tanto mutuamente en pareja, como de maltrato de marido a mujer y de maltrato de marido a mujer con violencia grave.

Los sujetos maltratadores dan respuestas más rápidas en tareas de Stroop emocional con palabras agresivas. Aquellos que también tienen un historial de otras conductas violentas muestran un tiempo de reacción aún mayor.

Ello sugiere dificultades para inhibir los estímulos emocionales distractores. Estas dificultades llevan a déficits de resolución de problemas en situaciones cargadas emocionalmente (como los conflictos) y, consecuentemente, se desarrollan respuestas agresivas. Los estudios que no encuentran diferencias significativas destacan por tener muestras de estudio muy pequeñas, lo que no permite sacar conclusiones fiables.

La fluidez es la habilidad de producir información verbal o no verbal durante un periodo de tiempo determinado sin repetir las respuestas.  Muy pocos estudios analizan la fluidez verbal en relación a las conductas violentas. En general, los resultados indican que no hay diferencias significativas en la fluidez verbal entre sujetos molturadores y no maltratadores.

Por último, la toma de decisiones es la habilidad cognitiva de hacer una elección lógica de varias opciones. Los déficits en toma de decisiones han mostrado asociaciones con el comportamiento violento numerosas veces. Además, los comportamientos de riesgo y de agresiones impulsivas parecen compartir déficits en la zona orbitofrontal del cerebro, con un papel clave en la toma de decisiones.

En algunos estudios se han observado importantes déficits en la toma de decisiones de sujetos que cometen violencia de pareja. Dedican menos tiempo al proceso deliberativo, muestran una peor calidad de decisión, se arriesgan más y presentan mayor aversión a posponer las conductas. En cualquier caso, hay resultados mixtos. Por ejemplo, algunos estudios sugieren un mejor rendimiento de estos sujetos comparado con los que cometen otro tipo de conductas violentas. Otros sugieren que no hay déficit alguno en la toma de decisiones.

Cada vez más estudios consideran los daños cerebrales traumáticos y el abuso de sustancias como factores que influyen en el funcionamiento neuropsicológico. Estos factores también afectarían a las funciones ejecutivas y estarían relacionados con las conductas de violencia de pareja.

Tanto los comportamientos de agresión como de consumo de drogas se han asociado a dificultades para considerar a priori las consecuencias de una conducta, así como dificultades para la inhibición conductual. El uso de drogas como, por ejemplo, el alcohol, puede incrementar la gravedad de las agresiones. El alcohol y otras drogas limitan la capacidad de autorregulación del comportamiento y de procesamiento de las señales sociales. Por ello, sería similar a lo mencionado en los déficits de memoria de trabajo.

En cuanto al daño cerebral de origen traumático, destacar que muchos sujetos con conductas violentas también tienen historial de alguna lesión en la cabeza (p. ej. golpes por accidente). La prevalencia de este tipo de daño cerebral es alta en la población de sujetos maltratadores y posiblemente mayor que en la población general.

En conclusión, puede haber múltiples fuentes de déficit en las funciones ejecutivas. Estos déficits no se pueden pasar por alto en las conductas violentas porque, generalmente, hay evidencias de su importancia. Ello no implica justificar las conductas violentas por causas biológicas, ni descartar el papel de otro tipo de factores como contextuales, socio-económicos, culturales u otros. Mejor conocimiento sobre qué impacta, influye o provoca las conductas violentas, mayores posibilidades de desarrollo de estrategias eficaces de prevención y tratamiento.

 

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La Triada Oscura y las conductas de fraude. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The effect of the dark triad on unethical behavior” de Harrison A., Summers J. y Mennecke B. (2016), en el cual se analiza el papel de los rasgos de personalidad de la Triada Oscura en las conductas de fraude.

El fraude en la era digital implica comportamientos bastante diferentes de lo que los investigadores del fraude están acostumbrados. No obstante, es probable que detrás de las conductas de fraude estén los mismos perfiles psicológicos que en el fraude no digital. Es decir, los hallazgos previos en cuanto a estos perfiles pueden seguir siendo válidos. El cambio de comportamiento puede ser simplemente la adaptación al nuevo entorno: lo digital.

Las conductas no éticas se definen como actos que provocan daño ajeno y que son ilegales o inaceptables moralmente para la comunidad extensa. Las investigaciones sobre el fraude han sacado a la luz importantes factores psicológicos que afectan a la propensión de llevar a cabo conductas no éticas. No obstante, que afecten no equivale a que sean causas de las conductas fraudulentas. Cuáles son las causas de tales conductas sigue siendo una pregunta sin responder.

Algunos factores personales han sido considerados ampliamente como factores predisponentes de ciertas conductas. Algunos serían: nivel educativo, estatus socio-económico o rasgos de personalidad. Estos últimos son los que reciben atención en el estudio citado. ¿Cómo influyen ciertos rasgos de personalidad en las conductas de fraude? E incluso ¿cómo influyen estos rasgos en el proceso de toma de decisiones?

Los rasgos de personalidad de interés en la conducta fraudulenta son aquellos que conforman la conocida triada oscura. Estos tienen un papel destacable en varias conductas antisociales y el fraude es una de ellas. Hablamos de psicopatía, narcicismo y maquiavelismo. Cuando se presentan de manera combinada, suelen considerarse como predictivos de actitudes y comportamientos egoístas, manipulativos e insensibles.

Estos rasgos influyen en conductas no ética, pero se desconoce si, por ejemplo, afectan a la toma de decisiones. Saberlo es importante porque para llevar a cabo cualquier conducta, primero se toma la decisión de hacerlo. Las decisiones pueden ser más o menos conscientes, pero el proceso de toma de decisiones siempre está presente.

En cuanto al fraude, las conductas relacionadas se analizan desde una perspectiva interaccionista. Es decir, los individuos que deciden cometer fraude responden a una serie de factores que interaccionan entre sí. Hay motivación para cometer un fraude o engañar. Se da la oportunidad de engañar a otro individuo y aprovecharse de él. Por último, hay habilidad de racionalizar los actos no éticos desde un código ético propio, no compartido.

Por ejemplo, imagínate que vas a una entrevista de trabajo. Para aumentar las probabilidades de conseguir el puesto (motivación), puedes mentir sobre tu historia laboral. Sabes, además, que la empresa entrevistadora no suele verificar las credenciales de los aspirantes (oportunidad), porque es una empresa pequeña, con mucha carga de trabajo y necesitan contratar ya. Al decidir mentir en esta entrevista puedes pensar algo así como no creo que sea poco ético, es una mentira de nada; con lo competitivo que está el mercado, me vale la pena mentir, todos mienten en algún momento. ¡Tan grave no es! (racionalización desde un código ético propio).

Este sería un ejemplo de la estructura del llamado triángulo del fraude. Muchas veces también se considera un cuarto elemento: las capacidades del individuo. Una persona evalúa si tiene la capacidad de llevar a cabo exitosamente la conducta fraudulenta. En el ejemplo anterior sería evaluar si tenemos la habilidad de mentir.

Aquel que quiera cometer un fraude debe detectar la oportunidad de hacerlo. La dificultad de asegurar que las identidades digitales son reales y la posibilidad de anonimidad da lugar a oportunidades de engaño y reduce la presión al conformismo con las normas sociales en contra del fraude.

La motivación para cometer un fraude es necesaria en términos de tener como meta obtener una serie de beneficios. No obstante, esa búsqueda de beneficios se presenta más en términos de necesidad de responder a problemas que un individuo experimenta como difíciles de resolver: tener problemas económicos, no encontrar un trabajo, etc.

Racionalizar las conductas de fraude implica que el individuo sigue teniendo actitudes de rechazo hacia tales conductas en la sociedad. Lo que ocurre es que encuentra justificaciones para sus conductas no éticas lo suficientemente convincentes para que distorsione su percepción desde una conducta no ética hacia una conducta justificada. La racionalización es la reconciliación de intenciones deshonestas con un código ético personal que habilita al individuo a actuar de manera deshonesta o inmoral en contextos y situaciones específicas.

¿Por qué voy a avisar a la dependienta de la vuelta incorrecta de dinero si no es atenta a su trabajo? (culpar a la víctima). Yo no miento por mentir; pero si no lo hago ahora, se va enfadar y le voy a quitar toda la ilusión que tenía (hacer el bien).

En el contexto digital, los fraudes son mayoritariamente de naturaleza económica. No obstante, también hay motivaciones no monetarias. Por ejemplo, la presión social de conseguir un estatus de éxito, poder e influencia, algo muy típico en el mercado actual. Las prácticas fraudulentas online más comunes son una descripción falsa de los productos/servicios a vender y la no entrega de dichos productos/servicios. Los canales de comunicación más comunes son los correos electrónicos y la paginas web.

Dada la frecuencia de este tipo de fraudes, los autores de la investigación desarrollan un estudio endos fases enfocado en la venta digital de un producto tecnológico. En dicho estudio participan 329 sujetos.

En la fase 1, además de completar un cuestionario con datos demográficos y escalas relativas a sus rasgos de personalidad, los participantes estimaron el valor de 6 tipos de productos de tecnología: smartphones, ordenadores de sobremesa, laptops, tablets, cámaras digitales y DVDs. Lo relevante de estas estimaciones es el valor que se la da a un iPhone que no está en perfecto estado, está usado y tiene arañazos. Por otro lado, los participantes estiman el valor de todos los productos mencionados para evitar que en la fase 2 recuerden el precio estimado en la fase 1.

La fase 2 ocurre una semana más tarde y participan los mismos sujetos. En esta fase, se pide la creación de un anuncio de venta del iPhone, mencionando precio, estado y descripción. Las diferencias entre ambas fases mostrarían la intención de engañar a posibles compradores y si existen relaciones entre dichas intenciones y los rasgos de personalidad de la triada oscura. Por ejemplo, si un sujeto estima en la  fase 1 un precio de 100 euros y de 200 en la fase 2 y, además, informa de que el estado del móvil es nuevo, estaría intentando engañar al futuro comprador.

Lo principal de los resultados es que los rasgos de personalidad asociados a la triada oscura sí influyen en el comportamiento de fraude. Más interesante aún, se observa que diferentes rasgos de la triada oscura afectan a diferentes factores del triángulo del fraude. Es decir, diferentes constructos de la triada oscura facilitan diferentes partes del proceso de la decisión de engañar.

El narcisismo correlaciona positivamente con la motivación de cometer fraudes. No obstante, el narcisismo implica desear aparentar poder y prestigio, pero internamente hay mucha inseguridad. Esto encaja con el hallazgo de los autores en cuanto a alta motivación de cometer fraudes, pero una muy baja percepción de ser capaz de cometerlos.

Las altas puntuaciones en maquiavelismo muestran un importante impacto en la motivación y en la percepción de oportunidad de cometer fraudes. El deseo de control y poder de estos individuos generan alta motivación para engañar a otros. No obstante, aun de percibir oportunidades para engañar, la poca confianza que suelen tener en otros disminuye dicha percepción.

La psicopatía parece jugar un papel central en la decisión de cometer un fraude. En el estudio se ha observado que este constructo, asociado a amoralidad y propensión a actuar impulsivamente, es el que mayor impacto tiene en el proceso de decisión de cometer fraudes. Esto es así por efectos destacables en la racionalización. La racionalización también suele considerarse como uno de los factores más cruciales del triángulo del fraude. Si alguien es capaz de justificar cualquier acto, será difícil que no lo lleve a cabo.

En conclusión, en los comportamientos fraudulentos tienen mayor impacto los rasgos relativos a psicopatía y maquiavelismo y mucho menos los relativos a narcicismo. Un enfoque interaccionista como el de este estudio permite detectar influencias más específicas de diferentes factores, como son, en este caso, los rasgos de personalidad de la triada oscura. Cada comportamiento implica una serie de pasos y casi todos los comportamientos humanos son complejos. Por ello, se necesita un análisis de  los factores que influyen en cada uno de esos pasos, con el fin de desarrollar modelos de prevención e intervención más eficaces.

 

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Los perfiles de agresores sexuales y homicidas de personas de la tercera edad. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The unusual victim: understanding the specific crime processes and motivations for elderly sexual homicide” de Chopin J. y Beauregard E. (2019), en el cual se analizan los aspectos diferenciales de los homicidios sexuales con víctimas de la tercera edad, en comparación con los homicidios sexuales que afectan a víctimas jóvenes y adultas.

A pesar de ser un crimen horrible, la investigación de la violencia sexual cuyas víctimas son personas de tercera edad es muy limitada. Las agresiones sexuales y crímenes contra las personas de tercera edad son relativamente raras en comparación con aquellas que afectan a otros grupos de edad.

Aun así, las agresiones sexuales y crímenes con víctimas de tercera edad (VTE) conforman un grupo diferenciado de casos con víctimas adultas y jóvenes (VAJ). Por ello, se deben analizar sus características por separado y, así, poder crear perfiles criminales más precisos.

Investigaciones previas en agresiones sexuales a VTE vs. VAJ

En las agresiones sexuales que afectan a VTE hay mayor violencia física. Esta se observa en las estrategias de aproximación a la víctima y en la agresión per se. Suele haber más golpes violentos y consecuencias más graves a nivel físico.

La mayoría de las agresiones ocurren en el domicilio de la víctima. Esto es congruente con la evidencia de que el domicilio de una víctima suele ser uno de los escenarios más comunes de violación. Las motivaciones del perpetrador en este tipo de agresiones se clasifican en tres dimensiones: basadas en ira, sexuales y oportunistas. Los autores añaden una cuarta posible, que sería la experimental.

Cuanto se trata de ira, esta es una ira típicamente misógina, con humillación sexual y fantasías sádicas. El agresor suele mostrar un alto grado de expresión de la ira y comportamientos antisociales en etapas juvenil y adulta. La aproximación a la víctima suele ser de tipo súbito y agreden a la víctima sin que haya necesariamente penetración.

Cuando se trata de motivaciones sexuales lo que se busca es la gratificación sexual. Estos agresores suelen consumir y poseer mucho material pornográfico y suelen presentar conductas sexuales desviadas.  La ira suele estar ausente, con bajos niveles de violencia física y altos niveles de penetración sexual. Asimismo, después de la agresión, suelen dejar libre a la víctima deliberadamente.

Los agresores sexuales oportunistas de VTE aprovechan situaciones de vulnerabilidad de la víctima. Por ejemplo, cuando no hay nadie que les pueda proteger. Este tipo de agresiones pueden darse a menudo en un contexto de robo. No suele haber penetración sexual, sino besos o caricias sexuales. El escenario suele darse en zonas públicas o exteriores.

También podría existir una cuarta dimensión de la motivación: experimental. Estos agresores sexuales buscarían deliberadamente una experiencia sexual con una víctima vulnerable elegida. Serían agresores de tipo hibrido, cuya experiencia con VTE no estaría muy bien definida.

Investigación actual sobre los homicidios sexuales con VTE

Los autores del estudio analizan diferencias entre 513 casos de homicidios sexuales que implican víctimas entre 16 y 45 años y 56 casos que implican víctimas de 65 años o más. Se excluyen las edades entre 45 y 65 años debido a características que se solapan y, por ello, dificultades para clasificar de manera precisa adultos y personas de tercera edad. Asimismo, los casos con víctimas de menores de 16 años se excluyen debido a que conforman un cluster normalmente bien diferenciado.

Los casos provienen de una base de datos oficial, con casos de Francia y Canadá y abarcan el periodo desde 1984 hasta 2018. Para que un homicidio sea considerado de naturaleza sexual debe tener al menos una de varias características. Por ejemplo, la exposición de partes sexuales del cuerpo de la víctima y/o evidencias de actividad sexual o sustitutos de ella.

Por un lado, se observa que los homicidios sexuales a VTE conforman un grupo diferenciado de los casos con VAJ, al igual que lo observado en las agresiones sexuales.  En la mayoría de los casos el escenario del crimen es el domicilio de la víctima, donde también ocurre la aproximación a ella.

La mayor probabilidad de que los crímenes ocurran en el domicilio se explicarían por las rutinas de las VTE. Suelen desarrollarse en el domicilio, además de las situaciones comunes de soledad, jubilación o enfermedad que provoca la permanencia en casa.

Algo parecido ocurriría en el caso de las víctimas menores, cuyas actividades también se desarrollan mayoritariamente en el hogar. Otra similitud con los casos que implican menores es la mayor cantidad de criminales que son conocidos de la víctima.

Al igual que en las agresiones, los homicidios sexuales a VTE son mucho más violentos que los homicidios sexuales de VAJ. Esto puede deberse a que la mayoría de estos criminales suelen actuar con motivaciones de ira y sadismo, ambas asociadas a altos niveles de violencia.

En cuanto a conductas sexuales per se, no hay muchas diferencias en las conductas normalizadas (p. ej. penetración vaginal). En cambio, si se detecta un alto número de conductas extrañas, como la penetración con objetos o actividad sexual postmortem. La primera se puede considerar como una conducta de tortura o sustituto de actividad sexual debido a disfunción sexual. La segunda es una conducta parafílica, pero también puede darse como resultado de una disfunción sexual.

Aparte de estas diferencias generales, los autores desarrollan una clasificación para los criminales sexuales de VTE según sus motivaciones y mediante el análisis del modus operandi, similar a la descrita para las agresiones sexuales. Se trataría de motivaciones sexuales, de robo, sádicas y experimentales.

Los criminales motivados sexualmente atacan a mujeres y especialmente cuando están durmiendo. En todos los casos se da penetración vaginal y suele haber mucha diversidad de actos sexuales cometidos comparado con otros tipos de agresores. Entre ellas, se da la penetración con objetos extraños en una tercera parte de los casos.

Suelen utilizar métodos ilegales para entrar en el domicilio. Matan a la víctima especialmente porque suelen ser conocidos, pero rara vez llevan a cabo conductas para destruir pruebas. También roban cosas de valor de la víctima, pero impulsivamente más que llevarse souvenirs.

Los motivados por el robo también atacan principalmente a mujeres, en sus domicilios y mientras están durmiendo o llevando a cabo alguna actividad doméstica. Lo más diferencial de estos criminales es que lo principal es el robo, mientras que la agresión sexual y el homicidio son subsecuentes y basadas en la oportunidad. Las agresiones sexuales suelen ser relativas a masturbación y similar. En la agresión y el homicidio se suelen notar aspectos que indican la falta de premeditación.

Los criminales sádicos atacan exclusivamente a mujeres en sitios exteriores y especialmente cuando las víctimas hacen deporte. Suelen ser desconocidos para las víctimas. No buscan actividades sexuales comunes ni suele haber gran diversificación de estas. En cambio, cometen actos sexuales de dominancia, tortura psicológica y/o física, humillación y/o mutilación. Lo que les motiva, por tanto, es el sufrimiento de la víctima y no la naturaleza sexual de sus conductas. Suelen utilizar armas para matar a la víctima y suelen destruir pruebas.

Por último, los criminales experimentales atacan tanto a hombres como a mujeres de la tercera edad, generalmente en sus domicilios. En la mayoría de los casos los criminales son conocidos de las víctimas y es así como se aprovechan para entrar en sus casas. No suelen implicarse en agresiones sexuales típicas.

En cambio, suele haber presencia de actos extraños como la penetración con objetos y actividades sexuales postmortem. En estos casos es donde la hipótesis de disfunción sexual encaja más, así como las fantasías sexuales desviadas. Suelen planear el ataque, reflejándose esto en la ausencia de golpes y muchos de los crímenes se cometen con un arma.

Como conclusión, observamos que analizar los casos de agresión y homicidio con víctimas de la tercera edad como un grupo separado es crucial, dado que se pueden encontrar diferencias destacables con respecto a los casos con VAJ (aunque se requiere mucha más investigación). Estas diferencias serían cruciales cuando se evalúa el riesgo de reincidencia, se desarrollan perfiles criminales e incluso cuando se trata de evaluación y tratamiento.

Aunque este tipo de casos sean menos frecuentes, es importante estudiarlos porque debido al incremento de la población de la tercera edad, dicha frecuencia puede aumentar.

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El peso de los factores protectores en la reincidencia de conductas violentas. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Assessing protective factors in treated violent offenders: associations with recidivism reduction and positive community outcomes” de Coupland R. B. A. y Olver M. E. (2020) en el cual se analiza la utilidad de evaluar factores protectores en pos de predecir reincidencia de la violencia y de obtener buenos resultados post-tratamiento de reducción de la violencia.

En los últimos 20 años, se registró un importante avance en la evaluación del riesgo de violencia. De estos avances, implementados tanto en la investigación como en la práctica profesional, se destacan varios: el desarrollo de herramientas de evaluación y predicción eficaces, la proliferación de factores de riesgo dinámicos, la evaluación del cambio en cuanto riesgos y la validación cruzada de los métodos de evaluación a nivel internacional.

No obstante, un área de bastante importancia quedó atrás: los factores protectores. Sigue habiendo dificultades tanto en cuanto a su conceptualización, como en cuanto a su medición e identificación.

Los factores protectores podrían generar beneficios saludables y es muy probable que estén ligados a resultados individuales positivos. Buscar tales factores para las personas con historial de delincuencia podría mitigar el riesgo de violencia. Es posible que provoquen mejoras en el panorama en cuanto a una reintegración exitosa. A grandes rasgos, aportarían una visión más esperanzadora y optimista en las evaluaciones forenses.

Algunos autores consideran que la evaluación enfocada (solo) al riesgo puede crear actitudes pesimistas en los terapeutas que tratan con personas violentas. Asimismo, este enfoque puede alimentar predicciones excesivas de reincidencia y pasar por alto resultados positivos potenciales como conseguir un trabajo, retomar la formación, etc. En la misma línea, se plantea un posible sesgo hacia lo negativo mientras las evaluaciones de riesgo solo se basen en factores de riesgo.

En los últimos años, el enfoque ha tomado una dirección hacia factores protectores dinámicos. Por ejemplo, una red de apoyo social fuerte o estilos de afrontamiento. Pero, ¿qué son los factores protectores?

Los factores de riesgo directa o indirectamente incrementan la probabilidad de reincidencia de un delincuente. En cambio, los factores protectores tienen un efecto amortiguador en el riesgo de reincidencia. Aun así, el rol exacto que tienen estos factores es aún poco claro, pero se plantea que podrían mediar entre el riesgo de violencia y reincidencia.

Diversos factores protectores se han estudiado y han recibido apoyo empírico o conceptual. Estos muestran relevancia tanto en la población de delincuentes juveniles como adultos. Algunos serían: apoyo de una red prosocial fuerte, red de apoyo emocional, uso apropiado del tiempo de ocio, actividad y afiliación religiosa, actitudes positivas hacia la intervención, alojamiento estable y habilidades de afrontamiento adaptativo o de resolución de problema prosociales.

Una de las listas de verificación más conocidas en cuanto a evaluación de factores protectores para la población forense es SAPROF (Structures Assessment of Protective Factors). Contiene 17 factores protectores, de los cuales 15 son dinámicos. Estos están clasificados en 3 grupos: internos, motivacionales y externos.

Se puede decir que a lo largo de los diferentes estudios en los cuales se utiliza SAPROF los resultados son generalmente buenos. No obstante, también se encuentran inconsistencias entre estudios, así como dificultades en cuanto a predicción del riesgo de violencia en subpoblaciones específicas, p. ej. mujeres delincuentes.

Los autores de este estudio analizan una muestra de 178 delincuentes (análisis documental) que fueron encarcelados por alguna actividad violenta. Estos participaron en un programa de reducción de la violencia de alta intensidad en un centro psiquiátrico de máxima seguridad de Canadá. La muestra presenta, en su mayoría, algún problema de salud mental: psicosis, depresión, trastornos de personalidad, abuso de sustancias, etc. Más del 70% de la muestra presentaba un trastorno de personalidad antisocial.

La duración media de las sentencias es de 6 años. La edad media de inicio de actividades violentas es de 18 años. La mayoría tenía un historial de violencia, encontrándose un 56% de delitos violentos sin homicidio, un 38% de delitos violentos con homicidio, un 5% de delitos no violentos y un 2% con delitos sexuales violentos.

El programa de tratamiento es Aggressive Behavioral Control (ABC). Su duración es de 6 a 8 meses y tiene como objetivo reducir la reincidencia de violencia en hombres con un extenso historial de violencia o con problemas serios de mala conducta institucional. Es un programa multidisciplinar, con psicoeducación, instrucción de habilidades de prevención de la reincidencia y terapia individual y grupal para atender las necesidades criminógenas.

Ha mostrado eficacia en disminuir la frecuencia y gravedad de nuevas mala conductas institucionales. Asimismo, disminuye, según las evidencias, la probabilidad de reincidencia en delincuentes afiliados a bandas o altos en psicopatía. Los cambios positivos que provoca se han asociado a un decremento de la violencia en la comunidad.

En el análisis de la muestra se utilizan, aparte de SAPROF, una lista de factores protectores (lista PF) con factores recopilados de las evidencias científicas. Otra es la herramienta de evaluación de riesgo y planificación de tratamiento VRS (Wong & Gordon, 1999-2003). Asimismo, el conocido HCR-20 (segunda versión, Webster et al., 1977) que evalúa el riesgo mediante 10 factores relativos al historial criminal, 5 factores clínicos 5 factores de gestión del riesgo. Esta herramienta tiene una alta precisión predictiva para la violencia.

En términos generales, el tratamiento aplicado a la muestra parece haber dado buenos resultados. Los cambios positivos se han registrado en los factores protectores internos y motivacionales del SAPROF, pero no los externos. El menor nivel de mejora se ha observado en el periodo desde post-tratamiento hasta la incorporación en la comunidad. En cambio, desde la fase de pre-tratamiento hasta la incorporación en la comunidad se han observado cambios importantes en los factores protectores. En términos de puntuación del SAPROF, las mejoras se dieron en un 40%.

Las correlaciones entre factores de riesgo y protectores se muestra inversa. Es decir, a mayor protección, menor riesgo de reincidencia. Asimismo, los hombres con historial de violencia más grave y con mayor riesgo de reincidencia mostraban menos factores protectores. Por tanto, ambos tipos de factores no son independientes. Aun así, los datos muestran que estos factores no representan a un mismo constructo, es decir, no son las dos caras de una misma moneda. Lo más probable es que se solapen, por ejemplo, compartiendo consecuencias.

Las herramientas de evaluación de factores protectores predicen la reincidencia comunitaria e institucional. Específicamente, baja protección se asocia a incrementos de las tasas de violencia y reincidencia general, así como con una mayor frecuencia y gravedad de las malas conductas institucionales.

Cuando se analizan los cambios en protección en función de las medidas de riesgo, no se observa una predicción incremental desde pre a post- tratamiento. Es decir, no aparece un patrón constante de, por ejemplo, mayor protección, menor riesgo de reincidencia.  Los autores plantean que esto puede deberse a que el tratamiento aplicado a los delincuentes no se centra en factores protectores o en incrementar la protección.

En cambio, se centra en disminuir el riesgo de reincidencia y la violencia. Y, como hemos mencionado antes, si protección y riesgo no son dos caras de la misma moneda, reducir los niveles de riesgo no necesariamente debería incrementar la protección.

Lo más importante es que un enfoque en la reducción del riesgo provocaría una reducción de la reincidencia. No obstante, no volver a cometer delitos no equivale a un funcionamiento adecuado en la comunidad ni a una reinserción exitosa. Por eso, parece que para conseguir lo segundo, los factores protectores deben ser tenidos en cuenta en la rehabilitación y reintegración en la comunidad.

Asimismo, los autores recomiendan que las herramientas de evaluación de factores protectores no se utilicen solo para predecir la reincidencia, porque de esta forma no cumplen como medidas de protección, sino simplemente informan del riesgo.

Y, como han observado, los factores protectores pueden tener un alto potencial para añadir a un bajo riesgo de reincidencia una reinserción más exitosa en la comunidad. Una influyente revisión sobre la evaluación de riesgo de violencia (Hanson, 2009) muestra que, para la siguiente generación de herramientas, añadir los factores protectores será una adición clave.

 

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Grafología computacional. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Handwriting analysis based on Histogram of Oriented Gradient for predicting personality traits using SVM” de Chitlangia A. y Malathi G. (2019), en el cual se presenta un modelo basado en algoritmos de aprendizaje para predecir rasgos de personalidad a partir del análisis de la escritura a mano.

La grafología es un método utilizado para entender y predecir rasgos de personalidad a partir del estilo de escritura a mano de una persona. Un grafólogo estudia la escritura de una persona de forma manual. Es decir, no suele utilizar programas informáticos ni nada similar. Utiliza su conocimiento en el tema y la experiencia. No obstante, el análisis manual consume tiempo, es costoso y depende de las habilidades del grafólogo.

En el análisis de la escritura se observan los trazos, espacios, patrones y presión que muestra lo escrito. Con ello se predicen rasgos de personalidad específicos. Se considera que la escritura a mano refleja atributos como la honestidad, miedos e incluso comportamientos.

Existen diferentes intentos de facilitar esta labor utilizando algoritmos de aprendizaje. En este estudio se muestra una de estas posibilidades. El procedimiento empieza con la recolección de muestras de escritura en papel de varios individuos. Después, cada muestra requiere diferentes etapas de pre-procesamiento: redimensionar, eliminar ruido y binarización, entre otros.

Los autores proponen un modelo que sigue las etapas reflejadas en la imagen. Las primeras dos son las anteriormente mencionadas. El siguiente paso consiste en la extracción de características con el uso de Histograma de Gradientes Orientados (HOG). HOG es una técnica utilizada para procesamiento de imágenes con el objetivo de detectar objetos posteriormente. Fue propuesto inicialmente para la detección de cuerpos humanos.

La cuarta fase implica que la información extraída de las muestras se integra en un clasificador: máquina de soporte vectorial (SVM), que se entrena y se prueba. Los resultados de las pruebas van a consistir en rasgos de personalidad predecidos.

Para estudiar la utilidad del modelo, los autores utilizan muestras de escritos a mano en papel blanco de 50 personas. Después de la fase de pre-procesamiento, se lleva a cabo la extracción de características.

Para alcanzar un reconocimiento preciso de las características es clave seleccionar el mejor método de extracción. Como ya hemos mencionado, en este caso se trata de la técnica HOG. Se utiliza para reducir la dimensionalidad de los datos entrantes (inputs). Cada dato de salida (outputs) reducido se representa como vector de características.

Para predecir la personalidad a través de las características extraídas de cada muestra se utiliza el clasificador SVM. Para la clasificación se utilizan 5 etiquetas de personalidad: energético, extrovertido, introvertido, descuidado y optimista. Bajo cada etiqueta se desarrollan clases de elementos de análisis de la escritura. Así, se posibilita la diferenciación de cada característica, al igual que en grafología se analizan trazos o espacios.

El experimento se desarrolla en dos fases. En la primera, se utiliza el 90% de los datos para entrenamiento del modelo y 10% para pruebas. En la segunda, se toma un dato como prueba y los restantes para entrenamiento. Ambas fases resultaron en una precisión de las predicciones en cuanto a personalidad de un 80%.

Por lo tanto, lo que se busca en este estudio es automatizar la grafología. Ofrecer rapidez, precisión y bajo coste. Una precisión de 80% es un buen resultado. No obstante, el número de datos utilizados fue bastante bajo, 10 muestras por clase. Lo ideal sería utilizar más de 500 muestras por clase para permitir una detección mucho más precisa.

¿Es una buena idea que la grafología se convierta en una labor automatizada? Depende como se mire. Por un lado, la precisión de la grafología varía mucho en función de las habilidades del grafólogo. Esa dependencia puede suponer limitaciones en términos de obtener una buena precisión a la hora de predecir la personalidad.

Por otro lado, la automatización de esta labor no implica que el grafólogo pueda desaparecer. Puede utilizar modelos como el presentado aquí para agilizar el análisis, como una herramienta. Pero su papel en este campo puede seguir siendo clave, por ejemplo, para investigar la relación de rasgos de escritura con rasgos de personalidad.

Se destaca la importancia que puedan tener herramientas como esta, especialmente en grafología forense, donde la precisión es crucial. Asimismo, en dicho contexto, el tiempo y el coste puede tener un valor muy importante y un modelo así  se desarrolla justamente para disminuir los recursos implicados en el análisis.

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Convertirse en buen perfilador criminal. ¿Las series de crímenes ayudan? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Media effects and criminal profiling: how fiction influences perception and profile accuracy” de Bolton A. (2019), una amplia investigación en la que se analiza si la exposición a series criminales y otros medios de ficción influye en las habilidades de perfilación criminal.

La perfilación se define como el registro y análisis de las características psicológicas y conductuales de una persona. El objetivo de ello es evaluar y predecir de lo que dicha persona es capaz de hacer en un área particular o para identificar un subgrupo específico de personas.

Un ejemplo común es la perfilación de los consumidores para detectar nichos de mercado. No obstante, los que trabajan en el área de la ley, incluidos los psicólogos, utilizan el profiling a otro nivel. Buscan, por lo general, prevenir o resolver un crimen.

Las técnicas de perfilación fueron presentadas en los medios de comunicación a través de películas como El silencio de los corderos o la conocidísima serie Mentes Criminales. Y aunque la popularidad de esta técnica haya aumentado con el tiempo, su precisión y validez sigue poniéndose en duda.

Algunos investigadores, como Bandura (2009), defendieron que la exposición a la televisión y otros medios de comunicación pueden influir en la perfilación criminal y en las investigaciones relacionadas. La exposición a la televisión y otros medios alimenta una realidad social construida, en la que la audiencia es inevitablemente influenciada por creencias y cogniciones de los medios observados.

Una de las cosas que podría provocar el consumo de ficción en este sentido sería fortalecer estereotipos perpetuados. Por ejemplo, algo que se ve comúnmente en las series de crímenes es que las bandas son formadas por latinoamericanos o afroamericanos. Los terroristas son hombres del oriente medio y los francotiradores suelen ser hombres blancos.

Tal como otros autores sugieren, la exposición a la ficción puede generar sesgos que disminuyan la precisión en el profiling.  La ficción contiene muchas cuestiones falsas sobre la perfilación y son creídas por los consumidores. Y entre estos consumidores también puede haber personas que realmente trabajan en el profiling.

El estudio que Bolton ha desarrollado investiga cómo la información de ficción que adquirimos de las series criminales y otros productos similares influyen en la percepción a la hora de construir un perfil criminal psicológico.

Se plantea que se podría dar una disminución de la precisión en la perfilación si el perfilador ha sido expuesto a productos mediáticos relacionados con los crimines, como serie, películas, etc. La visualización de los medios expone a las personas a la idea de crear perfiles. Y pueden creer que han avanzado en sus habilidades de principiante, que han adquirido conocimientos para producir perfiles criminales o al menos hacerles creer que ellos o cualquier otra persona pueden ser precisos al hacerlo.

En el estudio se examinan el conocimiento y las percepciones sobre el profiling y las habilidades de análisis de las escenas del crimen en 119 sujetos. Entre ellos se incluyen profesionales de la ley locales, estatales y federales, tanto en activo como retirados, así como estudiantes en este campo.

Los participantes miraron el episodio 22 de la temporada 7 de Mentes Criminales. Antes de ello, completaron un cuestionario que solicitaba información sobre la frecuencia de exposición a productos mediáticos relacionados con crímenes y profiling. También se preguntó sobre técnicas de investigación y estereotipos de perfilación criminal. Este cuestionario se presentó pre y post exposición a la serie y a un caso real.

Por tanto, después del pre-cuestionario y del episodio de Mentes Criminales, los participantes leyeron un caso real de homicidio. En base a la información del caso, se pidió a los participantes completar el Profiling Offender Characteristics Questionnaire de Kocsis et al. (2000) para determinar el nivel de precisión de la perfilación criminal de cada participante. En este cuestionario se piden las principales características del criminal.

Además de solicitar información demográfica a los participantes, al final completaron el post-cuestionario.  Se pretendía determinar si, después de ver el episodio de Mentes Criminales, había algún cambio en las percepciones y conocimientos de los participantes.

Los participantes mostraron una tendencia a cambiar sus respuestas desde el pre hasta el post-cuestionario. Esto implica que el consumo de productos mediáticos relativos a crímenes puede provocar cambios en la percepción y creencias sobre técnicas y herramientas de investigación y profiling. No obstante, se registró mucha variabilidad en estos resultados, por lo que es difícil de interpretar.

Además, diferentes variables en conjunto y por separado predicen el rendimiento en la perfilación de un caso real. El consumo de series criminales, el status profesional, las actitudes, percepciones y creencias sobre la perfilación criminal y las investigaciones del sistema de justicia predicen ese rendimiento.

Lo más destacable es que a mayor nivel educativo, mejor rendimiento en el profiling. Aquellos con más años de educación formal detectaron mejor datos como: género, raza, altura, color del pelo, familiaridad con la localización y comodidad con ella para cometer el crimen, fantasías sobre el crimen, el uso de la fuerza, alteración de las pruebas y muchas otras.

En el Profiling Offender Characteristics Questionnaire ningún participante ha acertado al 100%. Casi el 60% de los participantes obtuvieron un acierto de 50% o mayor en este cuestionario de análisis del caso real. Se destaca que el 73% de los profesionales activos, el 57% de los retirados y el 51% de los estudiantes han registrado un nivel de acierto del 50% o más en dicho análisis. Solo una mujer, profesional activa de la ley, con menos de 5 años de experiencia ha registrado un 80% de precisión.

La mayoría crearon un perfil generalmente acertado del criminal del caso real. No obstante, 10 sujetos crearon un perfil mucho más similar al expuesto en el episodio de Mentes Criminales. Otro dato interesante es que los años de experiencia profesional parecen no asegurar un buen perfil. Se observó mucho más nivel de acierto en la perfilación de los profesionales en activo. Los estudiantes son los que menos acertaron.

A modo general, se concluye que ver series de crímenes, entre otros productos similares, puede tener un impacto negativo en creencias, actitudes y rendimiento en el profiling. Más importante aún, ver series como Mentes Criminales puede tener un impacto positivo cuando se trata de personas con educación y practica relativas a los procedimientos de investigación y la perfilación criminal.

Es decir, hace falta también un conocimiento real de cómo funciona el profiling y el sistema judicial para ser un buen perfilador. En ese caso, las series pueden aportar algo, pero no sirven para reemplazar la formación. ¡Ya nos gustaría!

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Psicopatología del canibalismo. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The psychopathological profile of cannibalism: a review of five cases” de Raymond S., Léger A. y Gasman I., en el cual se analizan cinco casos de canibalismo y los perfiles psicopatológicos relacionados.

En la sociedad actual, el canibalismo es extremadamente raro y representa un acto de violencia impensable. Se define como un acto que implica el consumo de un individuo de una especie (o partes de él) por parte de otro individuo de la misma especie.

Hay muchos ejemplos de canibalismo en la mitología, cuentos de hadas o literatura. Además, hay muchas expresiones lingüísticas que implicaría canibalismo, a menudo con connotaciones sexuales. Por ejemplo, está para comérselo/a. No obstante, nadie dice tal expresión con la intención de comerse a nadie.

No pensamos en el canibalismo y puede que pocos se atrevan a bromear con ello. Simplemente excluimos esa posibilidad de nuestra cabeza. Esto es así porque el canibalismo, al igual que muchos otros temas, sigue siendo un gran tabú.

Un ejemplo en este sentido es que en muchos países europeos el canibalismo está ausente en el Código Penal. En Francia se considera un acto de degradación del cuerpo de la víctima si ocurre después de un crimen. Si hay canibalismo sin crimen se considera un acto de tortura. En el Código Penal español no hay mención directa alguna del canibalismo. Algunos consideran que se sobreentiende a través del artículo 526, pero no queda muy claro.

En el reino animal el canibalismo no es algo tan extraño, excepto para los humanos. Cuando ocurre, no es una decisión individual o costumbre, sino que depende de una variedad de factores. Por ejemplo, el aumento poblacional de una especie. El canibalismo suele darse más entre las hembras y más a menudo en épocas de hambruna.

El canibalismo entre humanos como práctica recurrente no está documentado suficientemente. No hay evidencias de ello, excepto en circunstancias extremas como las situaciones de hambruna o como parte de una conducta antisocial.

En cualquier caso, la mayoría de los antropólogos coinciden en que hay tres tipos de canibalismo humano: como ritual, de supervivencia y patológico. El canibalismo ritual ocurriría en grupos tribales como norma social, donde el sistema de creencias autoriza la ingesta de personas.

El canibalismo de supervivencia ocurre excepcionalmente en situaciones muy extremas. Aquel que lo practica normalmente está en contra de tal acto, pero situaciones como hambruna, asedios militares o naufragios le obliga a ello.

El canibalismo patológico es una práctica individual y voluntaria, altamente condenada por la sociedad. Hay unos cuantos casos muy famosos, por ejemplo, J. Dahmer, arrestado en 1991, que mató y descuartizo a 17 hombres y se alimentó de ellos. Fue diagnosticado con un trastorno de personalidad mixta, con rasgos fetichistas antisociales, sádicos y obsesivos.

Hay pocos estudios sobre este tipo de canibalismo también extremadamente raro. De los casos analizados parecen emerger dos perfiles. Por un lado, individuos que sufren de formas extremas de parafilia. Por otro lado, individuos que sufren trastornos psicóticos severos.

En esta investigación, los autores analizan cinco casos que implican canibalismo. Se trata de 5 personas internadas en el Hospital Paul Guiraud de Francia en algún momento de los últimos 20 años. Estos 5 pacientes son todos hombres, con un historial de aislamiento y deterioro social. Todos ellos han tenido una infancia disfuncional, con negligencia emocional. Tres de ellos han sufrido violencia familiar y los dos restantes fueron víctimas de abuso sexual. Solo dos sujetos de los cinco tienen historial criminal.

Los 5 pacientes tienen un historial de atención psiquiátrica con hospitalización. Todos han mostrado un cumplimiento deficiente de las recomendaciones de salud mental en la etapa posterior a la hospitalización.

Del análisis de estos casos, se pueden extraer dos grupos que difieren en diagnóstico y psicopatología. El primer grupo se compone de tres sujetos diagnosticados con esquizofrenia paranoide. El segundo grupo se compone de dos sujetos con un diagnóstico de trastorno de personalidad mixta (TPM), con rasgos sádicos asociados a la parafilia.

Psicopatología

En el grupo de esquizofrenia, el ataque a las víctimas se inició con impulsividad, sin premeditación. Un factor predisponente que contribuyó a ello es el uso de sustancias como el cannabis o el cese de la toma de medicación. El factor precipitante fue a menudo trivial, por ejemplo, una discusión con la familia sobre la herencia. Los tres pacientes de este grupo presentaban delirios de persecución o alucinaciones místicas.

En el segundo grupo, los sujetos con TPM admitieron haber tenido fantasías canibalísticas o planes ocultos relacionados con el canibalismo en el pasado. Además, se destaca la ausencia total de tabús en estos sujetos y ausencia de delirios. No se destacan factores predisponentes, pero sí precipitantes diferentes de los del grupo anterior. Se trata de sentimientos de humillación y ambos sujetos de este grupo atacaron a su víctima cuando sufrían una muy baja autoestima.

Relación con las víctimas y modus operandi

En el grupo con esquizofrenia, todas las víctimas pertenecían a la pareja parental. Se habla, por tanto, de canibalismo en un contexto de parricidio. En los tres casos hubo relaciones hijo-padre/madre de dependencia con un gran componente de hostilidad. Esto explicaría la elección de los órganos a ingerir: orejas, ojos, manos y antebrazos. Los sujetos no saborearon la carne (sin apreciaciones conscientes de la carne, como cuando probamos algo), la ingirieron cruda y no hubo evidencias de satisfacción sexual.

En el grupo con TPM las cosas son bastante diferentes. Los dos sujetos de este grupo eran conocidos de sus víctimas y mantenían una relación marcada por la cosificación. Las víctimas eran parte de una situación de punto muerto del agresor, marcada por fuertes sentimientos de humillación. En estos casos, los agresores seleccionaron cuidadosamente las partes a ingerir, sí saborearon la carne previamente cocinada.

También hubo elementos de placer sexual. Uno de los sujetos había planeado canibalismo con necrofilia y el otro presentó activación sexual y eyaculó durante el acto de canibalismo. No hubo remordimientos posteriores, ni implicaciones morales, ambos tratando los hechos como unos eventos casuales.

Perfil psicológico

Aunque cada caso tenga sus particularidades, los autores concluyen que, para el grupo con esquizofrenia, el canibalismo es una reacción de autodefensa ante amenazas percibidas o ante un daño destructivo físico o psicológico. Por ejemplo, los sujetos utilizaron expresiones como me estaba comiendo vivo o me sentía consumido por ella. Se trata de una dinámica de auto-presentación, que el otro (la víctima) sepa que uno existe, que tiene poder.

No solo cometieron el crimen, sino una exageración del acto a través del canibalismo, una defensa adicional. Siguieron un concepto de violencia fundamental, relacionado con la supervivencia: yo o él/ella (sin olvidar que hay una patología mental de fondo). Estos sujetos pasaron al cuidado de unidad psiquiátrica, sin sentencia de prisión.

Para el grupo con TPM, el canibalismo permitió un restablecimiento narcisista. Estos actos ocurrieron en el contexto de una intensa frustración, humillación (percibida) y conflicto entre las realidades internas y externas. Supusieron una liberación de la tensión basada en ira y aumentaron la autoestima de los agresores.

Los actos de canibalismo fueron una forma de eliminar los sentimientos de inferioridad y/o vulnerabilidad en una atmósfera megalomaníaca. Por ejemplo, uno de los sujetos dijo haberse sentido como un héroe. Ya no se trata de un yo o él/ella, sino de un él/ella es yo, dónde la víctima es algo inferior y el poder de destruirla reivindica el yo.

Por tanto, el tema central es el ego y el narcicismo. Los sujetos siguieron un deseo intenso de superar frustraciones fuertemente enraizadas y comportamientos socio-emocionales inadecuados a través de un acto extraordinario. De los dos sujetos de este grupo, uno declaró enajenación mental y otro fue sentenciado a 30 años de prisión.

Todo lo observado en el análisis de estos casos encaja con lo visto en otras investigaciones. El canibalismo aparece asociado a dificultades en la infancia (p. ej. abuso físico, suicidio de miembros familiares, etc.). Los agresores suelen tener un historial de problemas psiquiátricos. También cometen crímenes más violentos que otro tipo de criminales, sugiriéndose mayores niveles de ira.

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Trastornos de personalidad en la población criminal. ¿Cómo tratarlos? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Schema therapy in forensic settings” de Bernstein D. P., Clercx M. y Keulen-De Vos M. (2019), en el cual se describe la utilidad de la Terapia de Esquema en el tratamiento de los trastornos de personalidad de pacientes en ámbito forenses.

Eres psiquiatra forense y tienes varios pacientes con trastornos de personalidad que han llevado a cabo varios delitos. Ya han pasado, por tanto, por la fase de evaluación y entran en una fase de tratamiento. Si lo primero que piensas es que no hay nada que hacer para prevenir que vuelvan a cometer delitos, estás ignorando años de investigación. Y si crees que no se debería hacer nada para tratar los trastornos que presentan, te olvidas de algo importante.

Por más duro que nos parezca y por más rechazo que sintamos ante la idea, hablamos de seres humanos, como tú y yo. Que por la multitud de factores que inciden en la personalidad humana, llegaron a cometer actos que puede que ni ellos habían pensado que van a cometer. Que por la razón que sea, desarrollan trastornos de personalidad y otros problemas de salud mental y una posible medida que se les aplica por sus delitos es el internamiento en un centro psiquiátrico o penitenciario.

Ofrecer un tratamiento no implica exculpar, sino intentar disminuir el riesgo de reincidencia y, por qué no, ofrecer una segunda oportunidad. Si se consigue una mejora, la persona tendrá la oportunidad de reinsertarse en la sociedad cuando se encuentre en libertad.

En cualquier caso, si estaríamos en esa situación, tendríamos que elegir el tratamiento más adecuado. Adecuado supone mínimo una eficacia demostrada empíricamente. Para algunos trastornos mentales existen tratamientos psicológicos muy buenos, pero para otros es más difícil conseguirlo. Ocurre así en el caso de los trastornos de personalidad (TPs).

Si no existen tratamientos suficientemente eficaces para estos casos ¿qué hacemos? ¿Damos por hecho que están personas volverán a cometer los mismos delitos una y otra vez? ¿Los encerramos de por vida sea cual sea el delito que hayan cometido? En algunos casos diríamos que sí, pero no todo es blanco o negro. Las personas que trabajan en este campo lo saben.

Tal es el caso de los autores de esta investigación. A falta de tratamientos adecuados por los TPs, en 2007 iniciaron un ensayo de control aleatorizado que duró tres años. El objetivo era poner a prueba la eficacia de la Terapia de Esquema (ST, Schema Therapy) en comparación con el tratamiento típicamente utilizado para los TPs (Terapia Cognitivo-Conductual).

Ese trabajo dio lugar a un apoyo empírico fuerte para la eficacia de la ST en pacientes forenses con TPs. La ST fue reconocida oficialmente en los Países Bajos como el primer tratamiento para este tipo de pacientes.

En el contexto forense, los TPs más asociados al riesgo de reincidencia de la conducta delictiva son aquellos que pertenecen clínicamente al cluster B: narcisista, antisocial, trastorno límite de la personalidad, así como el tipo paranoide del cluster A. También se presentan grandes dificultades en el caso de la psicopatía, que muchas veces se considera como imposible de tratar.

Los TPs tiene una prevalencia tres veces mayor en la población de perpetradores masculinos que en la población masculina general. En la población carcelaria la prevalencia de los TPs es de 65% en el caso de los hombres y de 43% en el caso de las mujeres. En ambos casos, la prevalencia es mayor que en la población general.

Los diagnósticos de TPs son muy relevantes en las conductas criminales. Los delincuentes con un diagnóstico de TP son los que cometen los crímenes más graves y violentos. También muestran mayores tasas de reincidencia en comparación a los perpetradores sin TPs. Por eso, una terapia eficaz debe alcanzar también la disminución de la tasa de reincidencia.

La Terapia Cognitivo-Conductual tiende a enfocarse en el control de la conducta agresiva y mostró resultados moderados. En cambio, la ST abarca síntomas del trastorno, características asociadas y muchos otros aspectos. La base teórica de la ST se construye sobre las tradiciones cognitiva, conductual, psicodinámica y experiencial.

El concepto central de la ST es el modo esquema. Este representa los estados fluctuantes que dominan el comportamiento, las emociones y las cogniciones del sujeto. El modo esquema está determinado por la activación de un esquema desadaptativo adquirido en edades tempranas. La activación de ese esquema desencadena una respuesta emocional relacionada. Ante esta última aparece una respuesta de afrontamiento.

Existen cuatro áreas de modo esquema. El modo infantil hace referencia a respuestas emocionales universales en la etapa infantil: ira, miedo, tristeza, vergüenza e impulsividad. La internalización de exigencias parentales severas o crítica punitiva provoca el modo de padres disfuncionales. El modo afrontamiento desadaptativo consiste en intentos extremos para afrontar la activación de los esquemas, sea través de la rendición, evitación o sobrecompensación. Por último, el modo saludable implica una reflexión sana sobre uno mismo y sentimientos de alegría y placer.

Las personas con TPs muestran patrones específicos del modo esquema. Los modos esquema se activan ante estímulos externos y tienen correlatos cognitivos y fisiológicos. Las últimas evidencias muestran que juegan un papel importante en el comportamiento criminal y violento.

Los eventos que llevan a una conducta criminal se inician a menudo con el modo infantil. Este, a su vez, lleva una secuencia en escalada de otros modos y a menudo se culmina con modos de sobrecompensación (afrontamiento). Estos últimos son los que están presentes cuando se comete el delito.

Un ejemplo muy gráfico que proporcionan los autores es el siguiente. La pareja de un sujeto rechaza tener sexo con él/ella. Esto hace que el sujeto se sienta inferior, frustrado y furioso. Por tanto, se activan modos infantiles de humillación, de impulsividad e ira, respectivamente. Para afrontar todas estas emociones, el sujeto intenta sobrecompensar con un modo de auto-engrandecimiento. En este caso dominan la sensación de poder y la activación sexual.

El sujeto sale a la calle, busca una víctima, por lo que hablamos de un modo depredador. El sujeto toca puertas al azar hasta que una mujer contesta. El sujeto procede a manipular a la persona para que entre en su casa, por lo que se da aquí la activación de un modo de engaño y manipulación. De forma violenta, tira al suelo a la mujer y le amenaza con matarle si no coopera (modo de intimidación y ataque).

En este ejemplo vemos como el modo infantil desencadena los demás modos. Los cuatro modos posteriores y junto con el modo de sobrecontrolador paranoico son los que más aparecen en pacientes en contexto forense. Los cinco implican una cascada de respuestas con el fin de afrontar emociones derivadas del modo infantil (y de la situación que lo desencadena) a través de la sobrecompensación.

Los factores externos de riesgo (p. ej. abuso infantil, negligencia, factores genéticos, etc.) y de protección (p. ej. apoyo, oportunidades económicas, genética, etc.) modulan el desarrollo de los esquemas en la infancia. Los modos esquema desadaptativos se derivan del poder de los factores de riesgo que aumentan la probabilidad de aparición de conductas antisociales. Asimismo, los modos esquema sanos son los factores protectores que disminuyen esa probabilidad.

Por tanto, la probabilidad de comportamientos violentos y/o criminales en un momento concreto viene determinada por la activación relativa de los modos desadaptativos y sanos. Mayor activación de los primeros sobre los segundos, mayor el riesgo para la aparición de conductas violentas y/o criminales. Los factores de riesgo y de protección del entorno del sujeto a lo largo de su vida (especialmente en la etapa en la que comete el delito) interaccionan de forma recíproca con los modos esquema.

Por ejemplo, tener un grupo de amigos con comportamientos antisociales puede incrementar la fuerza de los modos desadaptativos. Al mismo tiempo, la presencia de estos modos puede aumentar la probabilidad de buscar relacionarse con amigos así.

Sin ánimo de entrar en muchos detalles, decir que las fases de tratamiento de la ST son dos. Una es una fase de evaluación y conceptualización del caso, con psicoeducación para el sujeto. Se le familiariza con los conceptos abordados y se le ayuda en la auto-aplicación.  En la fase de cambio se utiliza una gran variedad de técnicas para reducir la fuerza de los esquemas y respuestas de afrontamiento desadaptativos, así como de los modos esquema. Se busca romper los patrones disfuncionales e iniciar formas de afrontamiento saludable.

Cuando se trata de pacientes en ámbito forense con TPs graves se necesitan modificaciones importantes en la terapia. Una es que se enfatiza más en los modos esquemas que en lo desadaptativo. La razón es que muchos de estos pacientes tienen grandes dificultades para mostrar vulnerabilidad y/o hablar sobre la infancia.

Se necesita mucho tiempo y atención para construir una alianza terapéutica entre terapeuta y paciente. No hay que olvidar que estos sujetos suelen acudir a terapia como obligación judicial, por lo que a menudo les falta motivación.

Faltan muchas más investigaciones sobre la aplicación de la Terapia de Esquema en pacientes en ámbito forense. Aun así, esta intervención ya está establecida como eficaz para los TPs dentro y fuera del contexto forense. La labor de estos profesionales muestra resultados prometedores. Además, puede que sea imprescindible para disminuir las tasas de reincidencia delictiva.

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