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Categoría: Psicología Jurídica (página 2 de 2)

Efectos de la personalidad, técnicas de interrogación y plausibilidad en un paradigma experimental de confesión falsa. Club de las Ciencias Forenses.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Effects of personality, interrogation techniques and plausibility in an experimental false confession paradigm”, de los autores Jessica R. Klaver, Zina Lee y V. Gordon Rose, de las universidades de Alabama (USA) y Simon Fraser (Canadá), que trata de abordar los factores individuales y situacionales que pueden contribuir a la obtención de confesiones falsas.

Por lo general, una confesión es la prueba más influyente en un juicio. Incluso en casos de juicios simulados, cuando se ha pedido expresamente que no se tengan en cuenta las confesiones, éstas aumentan la tasa de veredictos de culpabilidad. Y es que es una prueba que ha demostrado un impacto más fuerte que incluso el testimonio de testigos.

Ciertamente, la mayoría de sospechosos que confiesan un crimen son culpables y en gran parte de las confesiones hay corroboración. Sin embargo, existen numerosos casos de condenas erróneas resultado de confesiones falsas. Por tanto, debido a gran influencia que tienen las confesiones en el veredicto es importante examinar qué factores pueden estar implicados en la producción de confesiones falsas.

Para este estudio los participantes fueron 219 estudiantes universitarios, en su mayoría mujeres, de unos dieciocho años, y de diverso origen étnico. Se les aplicaron test de sugestionabilidad, obediencia, autoestima y locus de control. También completaron un cuestionario de datos demográficos para indagar sobre la edad, el género, el origen étnico, la fluidez del idioma y el nivel educativo.

Posteriormente se pedía a los participantes que llevaran a cabo una prueba de mecanografía, haciéndoles creer que se estaba midiendo su velocidad. Se diseñaron dos versiones del experimento: alta y baja verosimilitud. En la de alta verosimilitud, a los participantes se les advirtió que no debían tocar la tecla ALT, ya que hacerlo bloquearía el programa y se perderían los datos. El diseño estaba preparado para que cuando pulsaran la tecla Z (muy cercana a ALT) se bloqueara el ordenador. En el diseño de baja verosimilitud, lo que no debían pulsar era la tecla ESC, que está distante de la Z, lo que haría poco plausible que la tocaran por accidente durante el ejercicio. En esta situación también se bloqueaba el ordenador al pulsar la Z en determinado momento.

Luego se dividía a los participantes en dos estrategias diferentes de interrogatorio con la finalidad de hacerles firmar una confesión escrita de que habían pulsado la tecla prohibida. Una de las estrategias consistía en minimizar el acto para normalizarlo, culpando al ordenador en lugar de al participante para darle una sensación de falsa seguridad: “No se preocupe, no fue su culpa. Varias personas lo han pulsado por accidente. La tecla es demasiado sensible y con apenas rozarla se activa. ¿Es eso lo que pasó?”

En la condición de maximizar el acto, el experimentador inducía intimidación y exageraba la gravedad de la presunta transgresión: “Hemos llevado a cabo más de cincuenta ensayos en las últimas tres semanas y es la única vez que se ha bloqueado el ordenador. Ahora no hay manera de recuperar los datos. Usted lo ha pulsado, ¿verdad?”

En todas las condiciones se pedía al participante que firmara una confesión escrita que indicaba: “He pulsado la tecla ALT/ESC y he causado que el equipo se bloquee. Todos los datos se perdieron”. Independientemente de si firmaba, el experimentador explicaba que el ordenador tendría que ser reprogramado para que se pudiera terminar el ensayo y se le pudiera dar el crédito al estudiante y alegaba tener que salir de la habitación para hablar con el supervisor del proyecto. Una vez salía de la habitación entraba otro experimentador que se hacía pasar por otro estudiante y preguntaba al participante qué había ocurrido porque había oído voces fuera. La respuesta del participante se registraba literalmente.

Las dos medidas que se buscaban en el experimento eran la confesión falsa y la internalización de la culpa. La confesión se medía en cuanto a la firma del papel con la confesión, y la internalización en función de la respuesta dada al otro experimentador. Para evitar sesgos sólo se consideraba internalizada la culpa si el participante aceptaba haber pulsado la tecla. Si daba respuestas vagas como “creo que sí”, “no estoy seguro”, “tal vez” o “él dice que he pulsado la tecla” se consideraba que no la había internalizado.

Los resultados muestran que un 43% de los participantes confesaron haberlo hecho aun siendo inocentes y un 10% llegó a internalizar la culpa, es decir, a creerlo de verdad. Además, si se minimizaban los hechos era mucho más probable una confesión y una internalización, y también influyó altamente si los hechos eran plausibles (tecla cercana o alejada). De hecho, ningún participante internalizó la culpa en el caso de la baja plausibilidad, ni siquiera minimizando los hechos. Esto concuerda con otros experimentos que afirman que los eventos pueden ser implantados en la memoria en la medida en la que son plausibles para la persona.

En cuanto a las otras variables, se encontró que había una tendencia mayor a las confesiones en las mujeres pero los datos no llegaron a ser significativos. Tampoco hubo diferencias significativas en cuanto a la etnia ni las variables de personalidad estudiadas. Sin embargo, sí se encontró que las personas más sugestionables eran más propensas a firmar la confesión falsa, aunque curiosamente esta evidencia se cumplía únicamente en los participantes caucásicos.

Es posible que se requieran otros paradigmas para estudiar la influencia del comportamiento en las confesiones falsas, o quizás sean otros rasgos de la personalidad los que han de someterse a estudios. Lo que es seguro es que aún nos queda mucho por averiguar y que, dados estos resultados, debemos tener cautela a la hora de minimizar los hechos en un interrogatorio.

Bajo presión: Mujeres que asumen la culpa de crímenes que no han cometido. Club de las Ciencias Forenses.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, esta semana les proponemos un resumen del artículo “Under pressure: Women who plead guilty to crimes they have not committed”, de la autora Stephen Jones, de la Universidad de Bristol, en el cuál se analiza la posibilidad de que haya factores de género que empujen a las mujeres a confesar crímenes que no han cometido.

Hace trescientos años, las mujeres ardían en la hoguera acusadas por brujería. A día de hoy, no dudamos de que todas ellas eran inocentes inculpadas por la paranoia y el miedo. Pero, ¿sabía que en la mayoría de los casos ellas mismas se declaraban culpables? Y lo hacían a sabiendas de cuál sería su condena por ello alentadas por la presión de sus seres queridos y por consecuencias que traería sobre ellas seguir manteniendo su inocencia. La falsa confesión era la salida fácil a un infierno físico y psicológico.

Aunque esto pueda parecernos algo del pasado, el estudio de Stephen Jones echa un vistazo a las cárceles inglesas para sacar a la luz el testimonio de decenas de mujeres que se declararon a sí mismas culpables de crímenes que no habían cometido. Basándose en estudios anteriores que compartían su hipótesis, llevó a cabo 50 entrevistas semiestructuradas a mujeres condenadas sobre su relación con sus co-acusados para indagar en las causas de su falsa declaración.

Las razones por las que las personas confiesan falsamente son complejas y variadas, pero lo que tienden a tener en común es la creencia de que mentir diciendo que cometieron el crimen en cuestión será más beneficioso que continuar manteniendo su inocencia. Según un estudio de Gudjonsson y Sigurdsson, las tres razones más comunes dadas por todos los prisioneros para hacer falsas confesiones fueron la presión policial, la protección de otra persona y la prevención de la detención policial. Dentro de esas tres razones, las mujeres eran mucho más propensas que los hombres a hacer una falsa confesión para proteger a otra persona. Un estudio posterior de estos mismos autores demostró que la baja autoestima de las mujeres las llevaba a ser más complacientes en las solicitudes hechas por otras personas, especialmente en figuras de autoridad (y sobre todo si son hombres), para evitar conflictos. Esta reacción se vería acentuada en situaciones en las que se sienten impotentes como es el caso de una detención policial.

Al parecer, hay algunas formas de presión para admitir la culpa a las que las mujeres son especialmente sensibles respecto a los hombres:

  • Responsabilidades familiares: Como cuidadora primaria, las mujeres sufren un estrés considerable cuando están separadas de sus familias. La presión de “hacer lo correcto” las podría llevar a confesar si creen que eso sería beneficioso para sus seres queridos, como por ejemplo, consiguiendo una pena menor y así pudiendo salir antes de la cárcel para volver con ellos.
  • Coacción: Algunas mujeres habían sido obligadas a confesar crímenes cometidos por sus parejas bajo amenazas e intimidación por parte de éstas.
  • Deseo de proteger a sus parejas: Aunque no es raro que un hombre confiese un crimen para proteger a su mujer, es significativamente mayor el número de veces que ocurre a la inversa. La idea de brindar protección y permanecer leal a la pareja masculina es un tema recurrente de por qué algunas mujeres confiesan los delitos. Algunos autores defienden que este comportamiento es fruto de una relación codependiente y de la necesidad de anteponer las necesidades de los demás por encima de la suyas.

En vista de estos resultados, el debate se ha centrado en si debía tratarse a las mujeres igual que a los hombres ante la ley o si se debían hacer concesiones para las diferentes necesidades de los dos sexos. La opinión del Ministerio de Justicia para la cuestión es: “La igualdad en este contexto no significa necesariamente que todos deban ser tratados de la misma manera, sino que la política debe promover la igualdad de resultados”.

Se propone como posibles soluciones que las mujeres sean interrogadas por policía femenina, que se advierta al jurado de que el testimonio puede ser poco fiable o que se requieran evidencias adicionales para corroborar la confesión. Sin embargo, se considera que el “trato especial” podría estar infantilizando a las mujeres en el sistema judicial, pero parece la única manera de lograr un trato justo a nivel penal.

¿Cómo distinguir la verdad en los testimonios infantiles? Club Ciencias Forenses.

¿Cómo distinguir la verdad en los testimonios infantiles? Club Ciencias Forenses.

¿Cómo distinguir la verdad en los testimonios infantiles? Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, esta semana les sugerimos un resumen del artículo “¿Está la verdad en sus palabras? Distinguiendo la declaraciones veraces y engañosas de los niños”, de los autores Shanna Mary Williams y Victoria Talwar de la Universidad McGill (Canadá), R. C. L. Lindsay y Nicholas Bala de la Universidad de Queen (Canadá) y Kang Lee de la Universidad de Toronto (Canadá), que trata sobre el testimonio de los niños.

En las últimas décadas, se ha incrementado el número de niños que deben testificar en los tribunales, lo que ha llevado a un mayor interés en investigar la fiabilidad y la credibilidad de los testigos infantiles. Puesto que los niños pueden ser entrenados para contar historias falsas, es necesario analizar métodos fiables para que los adultos puedan distinguir con precisión entre las declaraciones veraces y engañosas de los niños. El objetivo del presente estudio es analizar la eficacia de un software, el Buscador Lingüístico y Contador de Palabras, en inglés Linguistic Inquiry Word Count (LIWC), para distinguir entre las narraciones inventadas y veraces de los niños. Además, el análisis computarizado de testimonios de niños se comparó con el análisis computarizado de testimonios de adultos. Los niños empiezan a contar mentiras alrededor de los 3 años de edad. Sin embargo, con el fin de tener éxito y para evitar la detección, los niños deben aprender a controlar su comportamiento expresivo no verbal. Incluso los niños en edad preescolar son capaces de controlar su comportamiento no verbal para parecer sinceros, y esta capacidad mejora con la edad. Además de controlar la conducta expresiva no verbal, el buen mentiroso debe asimismo controlar sus manifestaciones verbales con el fin de evitar inconsistencias en sus falsas declaraciones. Se ha demostrado que la habilidad de los niños para mantener sus mentiras y evitar la detección se incrementa con la edad. A medida que los niños crecen, su habilidad para elaborar mentiras y mantener la coherencia en sus declaraciones falsas aumenta. Cuando testifican en un juicio, los niños suelen tener que proporcionar muchos detalles acerca de los hechos. Por lo tanto, en términos de relevancia forense, es más importante investigar las habilidades del niño para elaborar narraciones libres verídicas e inventadas sobre los hechos.

Puesto que en general los adultos son incapaces de reconocer las técnicas de engaño de los niños, se han desarrollado métodos más sistemáticos de análisis del engaño, como el Reality Monitoring (RM) o el Análisis de Contenido Basado en Criterios (CBCA). El Análisis de Contenido Basado en Criterios examina las declaraciones en base a 19 criterios (por ejemplo: estructura lógica y correcciones espontáneas) y la presencia de cada criterio en una declaración aumenta la probabilidad de que sea veraz. Este procedimiento logra calificar correctamente relatos veraces en un 65%-90% de las veces. El Reality Monitoring (RM) también se ha desarrollado en un intento de calificar correctamente verdades y mentiras, con algunos estudios que demuestran ser más eficaz que el CBCA. El RM se basa en el principio de que las declaraciones veraces contienen más información sensorial, contextual, y temporal, mientras que los relatos falsos contienen más referencias a mecanismos cognitivos. Mediante el uso de esta técnica, se puede calificar correctamente la veracidad de las declaraciones en un 64%-85%. A pesar de que estos dos métodos han sido utilizados con éxito para detectar relatos veraces, inducidos y falsos, existen algunas limitaciones para el uso de estas técnicas con niños pequeños. En general, tanto el RM como el CBCA se pueden utilizar para discriminar declaraciones veraces y falsas cuando son largas. Sin embargo, ambos métodos requieren instrucción. Para solucionar esto, los investigadores han logrado desarrollar un software para analizar la veracidad de las declaraciones de adultos. Uno de ellos es el Buscador Lingüístico y Contador de Palabras (LIWC). Este programa detecta los patrones semánticos del lenguaje mediante el análisis de texto y el cálculo de la frecuencia de las palabras empleadas en relación al recuento total.

El programa LIWC permite analizar el contenido de una declaración en base a una narración escrita. El LIWC analiza las palabras de un relato y las compara con más de 2.000 palabras de un diccionario almacenado. Gracias a este diccionario, se ha descubierto que las declaraciones falsas se caracterizan por contener menos pronombres en primera persona del singular (yo, mi, mio), menos pronombres en tercera persona (él, ella, ellos), más palabras negativas (odio, ira, enemigo), menos palabras excluyentes (pero, excepto, sin), y más verbos de movimiento (caminar, moverse, ir). Se ha planteado que este patrón lingüístico disminuye la carga cognitiva, permitiendo al mentiroso mantener la consistencia y alejarse de la mentira. El engaño requiere más carga cognitiva y mayores habilidades de procesamiento que decir la verdad. Dadas las diferencias de desarrollo en el comportamiento engañoso de los niños y sus habilidades cognitivas y lingüísticas con los adultos, no está claro si los marcadores lingüísticos del LIWC discriminarán los relatos veraces e inventados de los niños. El estudio analizó narraciones veraces e inventadas tanto de niños (4 a 7 años) como de adultos (18 a 25 años) mediante el LIWC para detectar las diferencias en los patrones lingüísticos de los relatos. Se examinaron relatos más extensos de niños obtenidos de testimonios en simulacros de juicio. Niños y adultos testificaron sobre los detalles de un hecho realmente experimentado o un evento que nunca habían vivido realmente. Junto con el análisis de veracidad proporcionado por el LIWC, se examinaron asimismo las habilidades “intuitivas” de adultos no expertos en la detección de relatos verdaderos e inventados de niños y adultos. A continuación, se compararon las opiniones proporcionadas por los adultos no expertos con las tasas de engaño obtenidos a través del análisis del LIWC.

Los hallazgos del estudio revelan diferencias lingüísticas significativas entre los relatos veraces y falsos, así como entre los diferentes grupos de edad dentro de la muestra. En cuanto a las diferencias entre las declaraciones veraces e inventadas, en su conjunto los resultados son consistentes con investigaciones previas, lo que sugiere que con la edad la habilidad de los niños para mantener sus mentiras mejora. Lo que en general sugiere que los marcadores verbales de engaño de los niños pueden ser resultado de sus intentos por disminuir la carga cognitiva y el efecto de la edad (la elaboración de relatos inventados mejora con la edad). Además, en comparación con los adultos, los niños pueden utilizar estrategias diferentes cuando elaboran las declaraciones inventadas y estas pueden cambiar durante el desarrollo. Los resultados avalan igualmente el uso del programa LIWC en la generación de marcadores lingüísticos para determinar la veracidad de las declaraciones de los niños. El uso del LIWC puede ser un método de evaluación más eficaz que otros métodos de análisis (por ejemplo: el RM) ya que este permite un examen más rápido de las declaraciones y una mayor objetividad. El LIWC puede ser una técnica viable alternativa para calificar las declaraciones veraces e inventadas. No obstante, existen algunas limitaciones en este estudio. En primer lugar, el desarrollo del lenguaje en los niños no se evaluó adecuadamente. En futuros estudios se debería proporcionar un análisis de las habilidades verbales de los niños como una posible covariable. Una cuestión particularmente importante será determinar la edad en la que los efectos del patrón observado en los niños cambia al de los adultos. Para apoyar aún más este hallazgo, debería llevarse a cabo un estudio complementario con una muestra de mayor tamaño. Las futuras investigaciones deberían asimismo comparar y medir directamente la precisión del método LIWC con otros enfoques analizados en este trabajo (CBCA y RM). La habilidad para detectar eficazmente las declaraciones engañosas de los niños tiene posibles implicaciones para los profesionales del sistema judicial (policías, abogados, trabajadores sociales, y jueces). A medida que los niños son, cada vez más, llamados a declarar en juicio, es importante determinar los métodos eficaces para analizar sus declaraciones. Este estudio es el primero que ofrece un análisis de los relatos de los niños empleando este software. El LIWC discrimina eficazmente las declaraciones veraces e inventadas de los niños. No obstante, una investigación y replicación adicional serían necesarias para valorar su utilidad en otras situaciones y edades. El estudio proporciona un punto de partida para el desarrollo de softwares de análisis lingüístico que pueden ser utilizados para determinar la veracidad de las declaraciones de niños.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

Percepción de las pruebas forenses presentadas en juicio por los miembros del Jurado. Club Ciencias Forenses.

Percepción de las pruebas forenses presentadas en juicio por los miembros del Jurado. Club Ciencias Forenses.

Percepción de las pruebas forenses presentadas en juicio por los miembros del Jurado. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, esta vez les presentamos un resumen del artículo “Comprensión de la apreciación de las evidencias forenses por los miembros del Jurado: Investigación sobre el impacto del contexto del caso en la estimación de la solidez de las evidencias forenses“, de los autores Lisa L. Smith, Ray Bull y Robyn Holliday de la Universidad de Leicester (UK), que trata sobre las percepciones que tienen de los miembros de un jurado sobre las evidencias presentadas en un juicio.

En las últimas décadas, los tribunales han visto un asombroso incremento en la aplicación de técnicas científicas. Las actuales técnicas de las ciencias forenses son capaces de recuperar y analizar una amplia gama de materiales (por ejemplo: vidrio, fibras, pintura, residuos de pólvora) y pueden utilizarse para establecer la conexión entre una causa y un acto criminal o la escena de un delito. Aunque estos métodos de detección extremadamente sensibles pueden ser muy beneficiosos para la investigación criminal, la interpretación de tales evidencias requiere explicaciones alternativas de la presencia de pequeñas trazas de material. La función del Jurado es la interpretación contextual final de las evidencias forenses presentadas en juicio; por lo tanto, es fundamental entender de que manera los miembros del jurado perciben y evalúan esas evidencias ante los avances tecnológicos en las técnicas de análisis de evidencias ya que estos han aportado una mayor ambigüedad en la interpretación del valor probatorio. La compleja información que se presenta a los miembros del jurado en un juicio es inevitablemente asimilada en base a las creencias previas y conocimiento de cada miembro acerca de las ciencias forenses y del Sistema de Justicia Penal en general.

El modelo de toma de decisiones del jurado más ampliamente aceptado es el modelo del relato, que propone que los miembros del jurado organizan la información presentada durante un juicio en representaciones narrativas que luego utilizan para evaluar las pruebas y, finalmente, llegar a un veredicto. La construcción narrativa de los acontecimientos presentados en el juicio se basa tanto en las evidencias relacionadas con los hechos y los sujetos involucrados como en los conocimientos generales acerca de situaciones similares enjuiciadas por el jurado. Schoemaker describe el proceso del modelo del relato como un medio “para conectar los nuevos estímulos con los modelos mentales en nuestras cabezas”. Esta incorporación de nuevos estímulos (las evidencias) en los modelos mentales existentes puede ayudar a los miembros del jurado a dar sentido a una gran cantidad de información que suele ser bastante ambigua. Sin embargo, esta dependencia de los modelos mentales también puede conducir a un razonamiento y una toma de decisiones poco óptimos. Los miembros del jurado pueden llegar a depender excesivamente de estos esquemas, y esto puede dar lugar a una resistencia a cambiar la narración en base a evidencias que no encajan en el esquema preferente. El enfoque de la actual investigación ha sido el uso de modelos teóricos de probabilidad para determinar la comprensión del jurado de la estadística del testimonio que a menudo acompaña a este tipo de pruebas. Los modelos de la teoría de la probabilidad son, según algunos investigadores, especialmente útiles para evaluar la toma de decisiones del jurado, en particular en los casos en que se les presentan pruebas estadísticas o probabilísticas en forma de testimonio de testigos expertos. Generalmente, la evidencia es asociativa por su naturaleza (también conocida como prueba de identificación), es decir que puede coincidir con una muestra comparativa del acusado o de otra persona relevante para el caso. Así pues, un jurado se enfrenta tanto a pruebas físicas como a testimonios de expertos que aportan probabilidades relevantes con el fin de colaborar con el análisis del valor probatorio de las pruebas. Uno de los enfoques de la bibliografía de investigación es el teorema de Bayes, utilizado como cálculo normativo para comparar tomas de decisiones de jurados simulados relativas a la probabilidad de culpabilidad de un sospechoso. El objetivo de estos estudios es investigar el peso relativo asignado por los miembros del jurado a los distintos elementos de prueba, y el posterior impacto que esto tiene en la percepción definitiva de la culpabilidad del sospechoso. Este enfoque acerca de la interpretación probabilística de la información proporciona una explicación acerca de una posible fuente de error de los jurados al evaluar pruebas forenses. Otra potencial fuente de error que no se aborda en anteriores investigaciones, es la medida en que los miembros del jurado comprenden el valor probatorio de los distintos tipos de pruebas materiales.

El valor probatorio de las pruebas forenses se determina en base a varias características de las pruebas en el contexto de una escena del crimen en particular. La ubicación, la orientación, la singularidad y la movilidad son factores que pueden contribuir al posible valor probatorio de las pruebas. Los dos estudios presentados en este trabajo utilizan variaciones sistemáticas en dos características de la evidencia, la movilidad, y la relevancia, para cuantificar el valor probatorio de los distintos tipos de pruebas forenses. Al definir el valor probatorio en base a estos dos factores, es posible determinar si estos aspectos de las pruebas son considerados por los potenciales miembros del jurado cuando se toman decisiones sobre el valor probatorio. En el primer estudio, los potenciales jurados evaluaron la solidez de la evidencia forense en ausencia de contexto del caso para determinar si la movilidad y relevancia juegan un papel en la percepción del valor probatorio. El segundo estudio tiene como objetivo determinar el impacto del contexto del caso sobre la evaluación de la solidez de las pruebas, y por lo tanto, cómo afecta la propuesta de integración de la información del caso en una narración a la percepción de la fuerza probatoria (tal y como describe el modelo del relato).

Los hallazgos del primer estudio respecto a la capacidad de los participantes para evaluar la solidez de los distintos elementos de prueba parecen prometedores, ya que sugieren que la movilidad y la relevancia son factores importantes en el proceso de evaluación. Al demostrar que los potenciales jurados son sensibles a dos importantes factores de la solidez de las pruebas (movilidad y relevancia) en ausencia de cualquier información contextual y que en este estudio no estaban haciendo juicios basados únicamente en el tipo de prueba (ADN, huellas dactilares, calzado), los resultados plantean que los jurados son capaces de entender algunos de los entresijos que determinan teóricamente el valor probatorio de las pruebas forenses. Esto parece contrario a algunas investigaciones previas, que han señalado que los jurados simulados no razonan de manera eficiente en situaciones judiciales. El enfoque del modelo del relato, considera que la conducta de los miembros del jurado está influida tanto por la situación (el juicio y las pruebas recogidas) como por el individuo (personalidad, creencias, actitudes, etc.). En el caso de un juicio con pruebas sólidas, los factores situacionales serán especialmente relevantes, y por lo tanto, este enfoque podría predecir que las diferencias individuales de los jurados juegan un papel relativamente insignificante en las decisiones del jurado. Sin embargo, en los casos en que las evidencias son inconsistentes o ambiguas, la falta de señales situacionales claras dará lugar a una mayor influencia de los prejuicios y experiencias del jurado. Es igualmente importante discutir el impacto de estos resultados sobre los veredictos dictados por los participantes, puesto que es la decisión final tomada por los miembros reales del jurado en un juicio. Los resultados de esta investigación indican que, aunque el peso de las pruebas forenses inconsistentes mejora cuando se acompaña del contexto del caso, no se ve reflejado en un correspondiente aumento de los veredictos de culpabilidad en estas condiciones. Esta investigación tiene algunas limitaciones importantes. El proceso de toma de decisiones de jurados reales en casos reales está en gran medida fuera del alcance de los investigadores, por lo que hay que recurrir a la simulación como metodología de investigación. El uso de situaciones artificiales es un problema para la generalización de los resultados a jurados reales. La investigación presentada en este artículo intenta solucionar este problema recurriendo a ciudadanos potencialmente elegibles para formar parte de un jurado como participantes. En consecuencia, sería conveniente que las futuras investigaciones en este campo se llevaran a cabo con sujetos que hayan ejercido de jurados reales para mejorar la generalización de los resultados.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno

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