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Categoría: Psicología (página 1 de 5)

Trastorno de Estrés Post-Traumático en investigadores del escenario del crimen. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “PTSD symptoms experienced and coping tactics used by crime scene investigators in the United States” de Rosanskt J. A., Cook J., Rosenberg H. y Sprague J. E. (2019), en el cual se analiza la presencia de síntomas de estrés post-traumático y las estrategias de afrontamiento más utilizadas por investigadores del escenario del crimen.

A veces nos olvidamos de que cualquier profesional es también una persona. Esperamos que un médico no tenga problemas de salud o que se cuide mucho más que otras personas. Nos parece raro que un psicólogo tenga problemas de salud mental. Nos sorprende que un profesor de historia no recuerde una fecha importante de esta. O que un matemático haga que errores de cálculo sencillos, como una multiplicación.

Hablamos de personas preparadas para afrontar aquello que su labor requiere. Pero eso solo implica una menor probabilidad de tener ciertos problemas o errores. Formarse y adquirir experiencias profesionales no implica haber aprendido por completo como afrontar todos los riesgos de la profesión. Para corregir percepciones tan erróneas hace falta normalizar que, por más preparación que haya, nadie está libre de riesgos.

Todas las profesiones tienen asociados posibles problemas. Por ello, investigar la prevalencia de tales problemas puede ser clave para mejorar la calidad de vida personal, social y profesional de muchas personas.

Así es el caso de este estudio. Se analiza la prevalencia de síntomas relacionados con el trastorno de estrés postraumático (TEPT) en investigadores del escenario del crimen (CSIs). También se analizan las estrategias de afrontamiento, el apoyo social percibido y la resiliencia de estos.

La exposición a eventos traumáticos, tales como desastres naturales, cadáveres o violencia, puede dar lugar al desarrollo de TEPT. El TEPT es un problema de salud mental que conlleva recuerdos y sueños angustiantes y/o experiencias disociativas (desrealización y/o flashbacks). A nivel comportamental suele darse la evitación de todos aquello que recuerda el evento traumático. Son típicas la alta activación fisiológica y psicológica y las emociones como vergüenza, culpa, ira y tristeza.

El inicio, la duración, la gravedad y los síntomas específicos del TEPT varían entre los individuos. Estas variaciones pueden deberse a múltiples factores. Algunos factores pre-trauma son las diferencias interindividuales en personalidad y las estrategias de afrontamiento adquiridas. Factores post-trauma claves son la disponibilidad de apoyo social y el uso de las estrategias adecuadas de afrontamiento.

Muchas personas sufren de un número insuficiente de síntomas como para considerar clínicamente la presencia de TEPT. No obstante, el sufrimiento está presente. Ante estímulos relacionados con el evento traumático aparece el estrés, sea a nivel psicológico, social, familiar o laboral.

Las profesiones más estresantes probablemente sean aquellas que tratan de cuestiones de vida o muerte. Oficiales de policía, bomberos, técnicos de emergencias son profesionales que se enfrentan a eventos potencialmente traumáticos contantemente.

No obstante, hay otros profesionales, como los CSIs, más enfocados en el análisis del contexto en el que ocurren estos eventos. Están expuestos repetidamente a escenarios en los que hubo violencia, muerte, daños y también a sus secuelas. Su trabajo puede implicar examinar, oler, tocar y recolectar cuerpos descompuestos o fluidos corporales. No sería extraño que algunas de estas experiencias se conviertan en traumáticas. El desarrollo de síntomas de estrés post-traumático ocurre independientemente del nivel de entrenamiento profesional.

En el estudio se analizan distintas variables relacionadas con el TEPT y la profesión de CSI ya observadas en estudios previos. Participan 225 CSIs de varias regiones de EE. UU. Los instrumentos de evaluación son diferentes cuestionarios pertinentes (síntomas TEPT, resiliencia, etc.) en formato online.

Más de la mitad de los CSIs han informado haber experimentado 7 de 20 síntomas asociados al TEPT (DSM V). Los más frecuentes fueron las creencias negativas sobre uno mismo, los otros y el mundo (48%) y la hipervigilancia (44%).

Un cuarto de la muestra ha tenido problemas de sueño y comportamientos evitativos de recuerdos, pensamientos y emociones relacionados con escenarios del crimen. También tuvieron sensaciones de desrealización y dificultades de concentración. De toda la muestra analizada, un 9,3 % encajaría en un diagnóstico de TEPT.

Todos los síntomas han sido experimentados por al menos 10 sujetos. Cabe destacar que los síntomas registrados como más frecuentes no son específicos solo del TEPT. Síntomas como el insomnio o la hipervigilancia están asociados a muchos otros problemas cotidianos.

En cuanto a estrategias de afrontamiento, la mayoría de los participantes utilizaron a menudo 4 de 14 estrategias expuestas. Cumplir con las tareas que deben cumplir, sin procrastinar o evitarlo, es una estrategia llevada a cabo por 94% de los sujetos. Un 80% han utilizado un método de aprendizaje. Extraen enseñanzas de la experiencia y, así, uno se enfoca en la utilidad de haber vivido una situación.

Aprender a vivir con la experiencia traumática es una estrategia que aparece en el 79% de los casos. Y, similarmente, un 73% aplica la aceptación de un hecho y que este no puede cambiarse. Algunos sujetos bromean sobre el evento traumático. Otros hacen deporte o se enfocan en sus hobbies para vaciar la mente. Otros, y menos de lo que se debería, hablan con alguien sobre el tema. En cualquier caso, es importante que las estrategias de afrontamiento sean activas y que funcionen.

Menos de la mitad de la muestra (38%) informó haber consumido alcohol como estrategia de afrontamiento. Es un sondemasiado alto y relevante, teniendo en cuenta el daño y la evitación que supone. En la misma línea, se observó que a más síntomas de TEPT experimentados, mayor frecuencia de consumo de alcohol como estrategia de afrontamiento.

Los sujetos con más síntomas de TEPT consideran más frecuentemente no poder afrontar lo vivido.  A mayor número de síntomas de TEPT, menor apoyo social. Tambien se destaca la baja resiliencia y el cobijarse en creencias religiosas como asociados al número de síntomas de TEPT.

En estudios similares de diferentes países se han observado resultados similares. Los CSIs sufren de síntomas de estrés contigentes a sus tareas de investigación del escenario del crimen. Aunque falte mucha investigación, estos datos deberían tenerse en cuenta.

Los profesionales deben construir redes de apoyo social, ya que este impacta en el bienestar y en la reducción de estrés. La resiliencia, también clave,  podría ser objeto de formación para estos profesionales. Asímismo, promover la participación en tratamientos para problemas de salud mental debería ser imprescindible.

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Trastornos de personalidad en la población criminal. ¿Cómo tratarlos? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Schema therapy in forensic settings” de Bernstein D. P., Clercx M. y Keulen-De Vos M. (2019), en el cual se describe la utilidad de la Terapia de Esquema en el tratamiento de los trastornos de personalidad de pacientes en ámbito forenses.

Eres psiquiatra forense y tienes varios pacientes con trastornos de personalidad que han llevado a cabo varios delitos. Ya han pasado, por tanto, por la fase de evaluación y entran en una fase de tratamiento. Si lo primero que piensas es que no hay nada que hacer para prevenir que vuelvan a cometer delitos, estás ignorando años de investigación. Y si crees que no se debería hacer nada para tratar los trastornos que presentan, te olvidas de algo importante.

Por más duro que nos parezca y por más rechazo que sintamos ante la idea, hablamos de seres humanos, como tú y yo. Que por la multitud de factores que inciden en la personalidad humana, llegaron a cometer actos que puede que ni ellos habían pensado que van a cometer. Que por la razón que sea, desarrollan trastornos de personalidad y otros problemas de salud mental y una posible medida que se les aplica por sus delitos es el internamiento en un centro psiquiátrico o penitenciario.

Ofrecer un tratamiento no implica exculpar, sino intentar disminuir el riesgo de reincidencia y, por qué no, ofrecer una segunda oportunidad. Si se consigue una mejora, la persona tendrá la oportunidad de reinsertarse en la sociedad cuando se encuentre en libertad.

En cualquier caso, si estaríamos en esa situación, tendríamos que elegir el tratamiento más adecuado. Adecuado supone mínimo una eficacia demostrada empíricamente. Para algunos trastornos mentales existen tratamientos psicológicos muy buenos, pero para otros es más difícil conseguirlo. Ocurre así en el caso de los trastornos de personalidad (TPs).

Si no existen tratamientos suficientemente eficaces para estos casos ¿qué hacemos? ¿Damos por hecho que están personas volverán a cometer los mismos delitos una y otra vez? ¿Los encerramos de por vida sea cual sea el delito que hayan cometido? En algunos casos diríamos que sí, pero no todo es blanco o negro. Las personas que trabajan en este campo lo saben.

Tal es el caso de los autores de esta investigación. A falta de tratamientos adecuados por los TPs, en 2007 iniciaron un ensayo de control aleatorizado que duró tres años. El objetivo era poner a prueba la eficacia de la Terapia de Esquema (ST, Schema Therapy) en comparación con el tratamiento típicamente utilizado para los TPs (Terapia Cognitivo-Conductual).

Ese trabajo dio lugar a un apoyo empírico fuerte para la eficacia de la ST en pacientes forenses con TPs. La ST fue reconocida oficialmente en los Países Bajos como el primer tratamiento para este tipo de pacientes.

En el contexto forense, los TPs más asociados al riesgo de reincidencia de la conducta delictiva son aquellos que pertenecen clínicamente al cluster B: narcisista, antisocial, trastorno límite de la personalidad, así como el tipo paranoide del cluster A. También se presentan grandes dificultades en el caso de la psicopatía, que muchas veces se considera como imposible de tratar.

Los TPs tiene una prevalencia tres veces mayor en la población de perpetradores masculinos que en la población masculina general. En la población carcelaria la prevalencia de los TPs es de 65% en el caso de los hombres y de 43% en el caso de las mujeres. En ambos casos, la prevalencia es mayor que en la población general.

Los diagnósticos de TPs son muy relevantes en las conductas criminales. Los delincuentes con un diagnóstico de TP son los que cometen los crímenes más graves y violentos. También muestran mayores tasas de reincidencia en comparación a los perpetradores sin TPs. Por eso, una terapia eficaz debe alcanzar también la disminución de la tasa de reincidencia.

La Terapia Cognitivo-Conductual tiende a enfocarse en el control de la conducta agresiva y mostró resultados moderados. En cambio, la ST abarca síntomas del trastorno, características asociadas y muchos otros aspectos. La base teórica de la ST se construye sobre las tradiciones cognitiva, conductual, psicodinámica y experiencial.

El concepto central de la ST es el modo esquema. Este representa los estados fluctuantes que dominan el comportamiento, las emociones y las cogniciones del sujeto. El modo esquema está determinado por la activación de un esquema desadaptativo adquirido en edades tempranas. La activación de ese esquema desencadena una respuesta emocional relacionada. Ante esta última aparece una respuesta de afrontamiento.

Existen cuatro áreas de modo esquema. El modo infantil hace referencia a respuestas emocionales universales en la etapa infantil: ira, miedo, tristeza, vergüenza e impulsividad. La internalización de exigencias parentales severas o crítica punitiva provoca el modo de padres disfuncionales. El modo afrontamiento desadaptativo consiste en intentos extremos para afrontar la activación de los esquemas, sea través de la rendición, evitación o sobrecompensación. Por último, el modo saludable implica una reflexión sana sobre uno mismo y sentimientos de alegría y placer.

Las personas con TPs muestran patrones específicos del modo esquema. Los modos esquema se activan ante estímulos externos y tienen correlatos cognitivos y fisiológicos. Las últimas evidencias muestran que juegan un papel importante en el comportamiento criminal y violento.

Los eventos que llevan a una conducta criminal se inician a menudo con el modo infantil. Este, a su vez, lleva una secuencia en escalada de otros modos y a menudo se culmina con modos de sobrecompensación (afrontamiento). Estos últimos son los que están presentes cuando se comete el delito.

Un ejemplo muy gráfico que proporcionan los autores es el siguiente. La pareja de un sujeto rechaza tener sexo con él/ella. Esto hace que el sujeto se sienta inferior, frustrado y furioso. Por tanto, se activan modos infantiles de humillación, de impulsividad e ira, respectivamente. Para afrontar todas estas emociones, el sujeto intenta sobrecompensar con un modo de auto-engrandecimiento. En este caso dominan la sensación de poder y la activación sexual.

El sujeto sale a la calle, busca una víctima, por lo que hablamos de un modo depredador. El sujeto toca puertas al azar hasta que una mujer contesta. El sujeto procede a manipular a la persona para que entre en su casa, por lo que se da aquí la activación de un modo de engaño y manipulación. De forma violenta, tira al suelo a la mujer y le amenaza con matarle si no coopera (modo de intimidación y ataque).

En este ejemplo vemos como el modo infantil desencadena los demás modos. Los cuatro modos posteriores y junto con el modo de sobrecontrolador paranoico son los que más aparecen en pacientes en contexto forense. Los cinco implican una cascada de respuestas con el fin de afrontar emociones derivadas del modo infantil (y de la situación que lo desencadena) a través de la sobrecompensación.

Los factores externos de riesgo (p. ej. abuso infantil, negligencia, factores genéticos, etc.) y de protección (p. ej. apoyo, oportunidades económicas, genética, etc.) modulan el desarrollo de los esquemas en la infancia. Los modos esquema desadaptativos se derivan del poder de los factores de riesgo que aumentan la probabilidad de aparición de conductas antisociales. Asimismo, los modos esquema sanos son los factores protectores que disminuyen esa probabilidad.

Por tanto, la probabilidad de comportamientos violentos y/o criminales en un momento concreto viene determinada por la activación relativa de los modos desadaptativos y sanos. Mayor activación de los primeros sobre los segundos, mayor el riesgo para la aparición de conductas violentas y/o criminales. Los factores de riesgo y de protección del entorno del sujeto a lo largo de su vida (especialmente en la etapa en la que comete el delito) interaccionan de forma recíproca con los modos esquema.

Por ejemplo, tener un grupo de amigos con comportamientos antisociales puede incrementar la fuerza de los modos desadaptativos. Al mismo tiempo, la presencia de estos modos puede aumentar la probabilidad de buscar relacionarse con amigos así.

Sin ánimo de entrar en muchos detalles, decir que las fases de tratamiento de la ST son dos. Una es una fase de evaluación y conceptualización del caso, con psicoeducación para el sujeto. Se le familiariza con los conceptos abordados y se le ayuda en la auto-aplicación.  En la fase de cambio se utiliza una gran variedad de técnicas para reducir la fuerza de los esquemas y respuestas de afrontamiento desadaptativos, así como de los modos esquema. Se busca romper los patrones disfuncionales e iniciar formas de afrontamiento saludable.

Cuando se trata de pacientes en ámbito forense con TPs graves se necesitan modificaciones importantes en la terapia. Una es que se enfatiza más en los modos esquemas que en lo desadaptativo. La razón es que muchos de estos pacientes tienen grandes dificultades para mostrar vulnerabilidad y/o hablar sobre la infancia.

Se necesita mucho tiempo y atención para construir una alianza terapéutica entre terapeuta y paciente. No hay que olvidar que estos sujetos suelen acudir a terapia como obligación judicial, por lo que a menudo les falta motivación.

Faltan muchas más investigaciones sobre la aplicación de la Terapia de Esquema en pacientes en ámbito forense. Aun así, esta intervención ya está establecida como eficaz para los TPs dentro y fuera del contexto forense. La labor de estos profesionales muestra resultados prometedores. Además, puede que sea imprescindible para disminuir las tasas de reincidencia delictiva.

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La formación en detección de mentiras: ¿qué hay que saber? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Teaching students about sender and receiver variability in lie detection” de Masip J., Levine T. R., Somastre S. y Herrero C. (2019), en el cual se analiza la eficacia pedagógica de una actividad de formación en detección de mentiras, con la finalidad principal de  corregir los sesgos  y adquirir conocimientos precisos.

La detección del engaño es un tema de diversos cursos de psicología y comunicación. Para adquirir un conocimiento preciso en el campo, hace falta que reemplazar los conceptos erróneos y creencias falsas sobre la detección de mentiras.

La detección de mentiras es un área afectada por diversos mitos y creencias falsas. Por ejemplo, muchos consideran que aquellos que mienten muestran siempre señales comportamentales que indican engaño.

Otra creencia común es que existen personas muy habilidosas en detectar mentiras. En cambio, esta es una realidad muy poco frecuente. En las investigaciones previas se ha observado que la capacidad general para detectar mentiras es ligeramente superior al azar (54%).

Los dos roles principales en una interacción los ocupan un receptor y un emisor. Las investigaciones en detección de mentira se centran en dos aspectos clave relacionados con el proceso de intercambio de mensajes veraces y engañosos.

Uno es la precisión de detección de mentiras, que hace referencia a la habilidad del receptor en distinguir entre mensaje veraces y falsos. El segundo aspecto es el procesamiento sesgado de los receptores que inclina hacia evaluaciones del mensaje muy poco objetivos y sesgadas. El sesgo más relevante en este caso es un sesgo de la veracidad (o de la verdad) que provoca mayor evaluación de los mensajes como veraces que como engañosos.

Si alguien detecta una mentira ¿es porque el receptor es muy receptivo, porque el que miente lo hace mal o ambas? ¿Cuándo una mentira se toma por veraz es porque el emisor es creíble o el receptor crédulo? Hace falta cierto conocimiento para no confundir aspectos relevantes del receptor con los del emisor. Por ello, para entender la detección del engaño y los procesos subyacente se necesita de un conocimiento más definido y empírico.

La precisión y la presencia de sesgos dependen de cuatro de constructos. Detectar un mensaje engañoso depende de la transparencia y credibilidad del emisor. Asimismo, este proceso también depende de la habilidad para la detección de la mentira y credulidad del receptor.

Hasta qué punto el emisor parece honesto cuando dice la verdad y engañoso cuando miente hace referencia a la transparencia. La credibilidad es el grado de honestidad o engaño que aparenta el emisor, independientemente de la veracidad del mensaje.

En cuanto al receptor, su habilidad de detectar las mentiras es el grado en el cual es capaz de distinguir correctamente entre mentiras y verdades. Su credulidad, otro aspecto clave, es hasta qué punto juzga los mensajes como veraces, independientemente de la veracidad del mensaje recibido.

La transparencia del emisor y la habilidad del receptor impactan en la precisión de la detección de mentiras. En cambio, la credibilidad del emisor y la credulidad del receptor influyen en la presencia o ausencia de respuestas sesgadas.

Para un conocimiento lo más preciso posible, es importante tener en cuenta la variabilidad de estas características del receptor y del emisor. En cuanto al receptor, hay poca variabilidad en habilidades para la detección de mentiras. De forma similar ocurre en cuanto a la credulidad de los receptores, tendemos a considerar los mensajes más como veraces que como engañosos.

En cuanto al emisor, la credibilidad y la transparencia son dos dimensiones con mucha variabilidad. Es decir, los comportamientos de los que emiten mensajes engañosos son poco uniformes y, por ello, detectar mentiras no es una labor fácil.

El estudio se enfoca en tres cuestiones. Una es observar si la variabilidad de los constructos de los receptores y emisores de la muestra (50) es consistente con la observada en otros estudios. Segundo, se verifica si el procedimiento de formación en detección de mentiras corrige las creencias erróneas de los estudiantes. Si es así, la evaluación de los constructos debería ajustarse a los hallazgos previos en la fase post-formación. Es decir, debería ser más precisa en comparación con la fase pre-formación.

Por último, también se solicitan auto-informes sobre los constructos. Se pregunta a los participantes cuánto de transparente, creíbles, crédulos y habilidosos en detección de mentiras creen ser. Este análisis tiene el fin de detectar el sesgo o prejuicio de punto ciego.

El estudio se lleva a cabo a lo largo de cuatro fases de evaluación y formación. En la primera fase se aplica un cuestionario. Este mide el conocimiento previo sobre la variabilidad de los constructos en otros. Asimismo, se evalúa cómo se perciben los propios sujetos en términos de dichos constructos.

En la segunda fase, de 3 semanas de duración, los participantes deben responder a 8 preguntas (p. ej. ¿Cuál es tu película favorita y por qué?). A cuatro de ellas deben responder con mentiras.

A continuación, cada participante responde ante sus compañeros a las mismas preguntas. Los demás deben evaluar si el emisor miente, su transparencia (% de evaluación correcta) y su credibilidad (%.de evaluación del emisor como sincero). El porcentaje de evaluaciones correctas de los receptores sirve de medida de habilidad. El porcentaje de mensaje evaluados por los receptores como veraces se considera como medida de credulidad, indicando la presencia del sesgo de veracidad.

En la tercera fase, los sujetos reciben formación basada en los hallazgos empíricos sobre la detección de la mentira. Esta información también se hace accesible a los alumnos de manera online. La cuarta fase es similar a la primera y corresponde a la post-evaluación del conocimiento. Cabe destacar que, para obtener datos de la eficacia de la formación, solo se tienen en cuenta 24 sujetos—solo aquellos que no faltaron a ninguna sesión de formación—.

Los resultados fueron similares a los de otros estudios (p. ej. Levine, 2016) en cuanto a las características del receptor. Se observó poca variabilidad en cuanto a las habilidades de detección de mentiras. Las habilidades de detección correcta superaron ligeramente el azar, siendo la media de detección de las mentiras 54,70%.

La variabilidad de la credulidad de los receptores en esta muestra fue inesperadamente alta. El sesgo de veracidad se hizo presente en la primera fase, dado que el 63,38% de las evaluaciones de los receptores fueron juicios de veracidad.

En la evaluación inicial de la fase 1, los sujetos consideraron que tanto los emisores como los receptores suelen variar mucho en transparencia, credibilidad, credulidad y habilidades de detección de mentiras. En cambio, en la fase 4, posterior a la formación, los resultados son sin duda alguna consistentes con los hallazgos previos.

Es decir, los participantes integraron correctamente la cuestión de mayor variabilidad de la transparencia y credibilidad de los emisores. Aprendieron que los que mienten varían mucho en credibilidad y transparencia. Lo mismo ocurrió en cuanto a la menor variabilidad real de la credulidad y habilidades de los receptores. Quedó claro que los que se dedican a detectar mentiras son similares en la poca habilidad de hacerlo y en su alto nivel de credulidad.

Estos cambios en el aprendizaje se observó en cuanto a cómo son los demás. En la auto-percepción de los cuatro constructos no hubo cambios y los sujetos no corrigieron sus falsas creencias. A pesar de haber recibido feedback sobre los constructos a nivel personal y formación, el sesgo de punto ciego permaneció.

A pesar de esa permanencia del sesgo del punto ciego, observado en muchos otros profesionales, una formación adecuada para la detección de mentiras corrige los sesgos, como el sesgo de la veracidad, y ofrece mayor objetividad en esta labor. Aunque sea extremadamente raro encontrar personas con altas habilidades en detección de mentiras, quedan pocas dudas de la necesidad de formación.

Puede que la formación no aumente directamente ni indudablemente el porcentaje de evaluaciones correctas de la mentira.  Pero muy probablemente podría hacerlo indirectamente a través de la reducción de creencias falsas, sesgos y otros impedimentos para una evaluación objetiva y fiable.

 

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Sesgos en la evaluación psicológica forense. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Forensic clinicians’ understanding of bias” de MacLean N., Neal T. M. S., Morgan R. D. y Murrie D. C. (2019), en el cual se analiza una cuestión de gran importancia a nivel profesional: entender y atender los sesgos cognitivos. Este artículo se enfoca en los sesgos que se pueden dar en el área de la psicología forense.

Los sesgos cognitivos y los errores de razonamiento pueden ser problemáticos para cualquier profesión. No obstante, en las evaluaciones psicológicas forenses, los errores de evaluación pueden quebrantar la justicia. Las opiniones profesionales tienen mucho peso en las decisiones judiciales. Los sesgos, de no ser tenidos en cuenta, pueden tener alto impacto en las vidas de los acusados. Por ejemplo, si van a ser ingresados en un centro psiquiátrico o penitenciario, el tiempo que van a estar encerrados, etc.

Aunque los sesgos no lleven necesariamente a conclusiones incorrectas, apoyarse en factores relevantes y no en información sesgada aumenta la probabilidad de alcanzar una conclusión objetiva. Sobre qué son los sesgos y otros aspectos relacionados hemos hablado en otros artículos de recomendable lectura.

Como humanos, los expertos forenses también son susceptibles a los sesgos. No obstante, saber que existen y qué son los sesgos podría promover que estos apliquen prácticas para minimizar sus efectos.

Como evidencias, se ha observado que tanto los expertos forenses como otros profesionales tienden a reconocer una alta presencia de sesgos en las actuaciones de sus compañeros. Sin embargo,  la propia actuación se considera como muy poco sesgada. Esta diferencia de percepción entre el comportamiento propio y de los demás se llama sesgo o prejuicio de punto ciego.

Se han observado otros sesgos comunes en las actuaciones de profesionales del campo jurídico-forense. El más destacable y común en este contexto parece ser adversarial allegiance (traducción inexacta a lealtad de confrontación). Este fenómeno se refiere a la tendencia de los expertos forenses a interpretar involuntariamente datos de evaluación de tal manera que apoyen a la parte que representa. Si representan a la defensa, tienden a interpretar los datos de manera congruente con este rol y ocurre lo mismo cuando representan a la acusación, aunque sea contradictorio.

En paralelo o en interacción con adversarial allegiance, se registraron otros sesgos. El sesgo de confirmación, que se refiere a la tendencia de buscar y atender información que confirma las hipótesis que el profesional tiene, en lugar de información que pueda desconfirmarlas.

El efecto de anclaje implica la tendencia a confiar más en la información obtenida inicialmente que en la obtenida a posteriori. Por último, se observó alta presencia de diagnosis momentum. Similar al efecto de anclaje, hace referencia a la tendencia de volverse cada vez más seguro de un diagnóstico inicial y excluir otras posibilidades sin suficiente escepticismo.

¿Qué pueden hacer los psicólogos forenses para mitigar el efecto de los sesgos en las evaluaciones de salud mental? Sobre esta cuestión se ha investigado más en el contexto de toma de decisiones médicas. Las estrategias más recomendadas son cuatro.

Primero, apuntar secuencialmente toda la información recopilada en entrevistas, para evitar basarse en la propia capacidad de memoria. Segundo, buscar datos que pueda desconfirmar la información obtenida, un método que evita la activación del sesgo de confirmación.

Otra estrategia supone generar y trabajar con checklist (p. ej. de información que hay que recoger, fuentes que hay que consultar, etc.). Al seguirlas, obliga al profesional a tener en cuenta todo aquello que está en la lista y evita un modo automático. Por último, se sugieren estrategias de ralentización en el trabajo. Es decir, que el profesional se permita centrarse en una sola tarea.

Aparte de los sesgos antes mencionados, en el estudio también se pregunta sobre la familiaridad con el sesgo endogrupal (favoritismo endogrupal). Este implica la tendencia a favorecer, beneficiar y valorar mejor a las personas del propio grupo que de un exogrupo.

Las  estrategias utilizadas en el estudio fueron: leer libros y artículos para reducir sesgos, utilizar información de líneas base de comportamiento, tener en cuenta a la oposición (acusación o defensa), buscar información desconfirmatoria y utilizar métodos y técnicas estandarizadas y estructuradas para obtener información.

En el estudio participaron 120 psicólogos forenses con una experiencia media de 18 años aproximadamente. El objetivo principal del estudio se define como el análisis del nivel de familiaridad de los psicólogos forenses con los sesgos. También se explora si los psicólogos forenses son capaces de discriminar entre sesgos y estrategias de mitigación reales y simuladas.

Para analizar el nivel de familiaridad, se pide a los participantes indicar si (o no) conocen los sesgos planteados y las estrategias de reducción. Para verificar la discriminación entre sesgos y estrategias reales y falsos, se incluyen en el listado estrategias inexistentes (p. ej. priorizar siempre la información inicial) e inefectivas (p. ej. introspección), y sesgos falsos (p. ej. error de distintividad o falacia de acomodación). Se pide posteriormente elegir una definición de cuatro para cada sesgo real identificado  y, así, confirmar una familiaridad real con el concepto.

Se observó que, generalmente, los participantes detectaron correctamente los sesgos y estrategias falsas. Un 61% consideró que uno de los sesgos falsos era real y un 39% detectó correctamente todos los sesgos falsos. En cuanto a las estrategias, un 93% de los sujetos consideraron erróneamente que la introspección es una estrategia efectiva. Además, un 30% de los profesionales informaron haber utilizado la introspección como estrategia en su trabajo. A modo general, la mayoría de los participantes mostraron familiaridad con las estrategias efectivas. Al mismo tiempo, muchos de ellos fueron incapaces de discriminar entre estrategias efectivas e inefectivas.

Cabe destacar que la introspección no se considera una estrategia efectiva debido a que puede dar lugar a un falso sentido de seguridad (he reflexionado si hay sesgos, no los encuentro, por lo tanto, no están). Además, no solo no disminuye los sesgos, sino que los puede incrementar. Se ha observado que la introspección puede funcionar como un sesgo de punto ciego. En cualquier caso, no se trata de no hacer nunca uso de la introspección, sino utilizarla junto a otras estrategias.

Para observar las diferencias individuales de habilidades de reflexión que se dan entre estos profesionales se utilizó el Test de Reflexión Cognitiva (CRT; Cognitive Reflection Task, Frederick, 2005). Este test requiere la resolución de 3 problemas ante los cuales se activa naturalmente una respuesta que es intuitiva y errónea. Los profesionales deben detectar que es errónea, reflexionando deliberadamente y encontrar la respuesta correcta. Los resultados en este test se compararon con la capacidad de detectar los sesgos falsos.

Se observó, tal como se esperaba, que aquellos profesionales con altas puntuaciones en CRT  detectaron correctamente todos o casi todos los sesgos falsos planteados en el estudio. Dicho de otro modo, los sujetos que fueron capaces de superar las respuestas intuitivas en el CRT y pasar a una fase reflexiva fueron mejores en detectar los sesgos falsos. Por otro lado, y en contra de lo esperado, no se encontraron relaciones entre las puntuaciones en el CRT y la detección de estrategias de reducción de sesgos.

Con estos resultados, se concluye que los psicólogos forenses y otros profesionales que trabajen en este contexto no solo deben conocer la existencia de los sesgos y cómo funcionan. Necesitan aprender las estrategias realmente útiles para mitigar su efecto, sea a través de entrenamiento en las etapas formativas u otras formas de adquirir ese aprendizaje tan necesario.

Negociando cara a cara vs online: los rasgos de la Triada Oscura marcan la diferencia. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos un artículo muy interesante titulado “The dark side of negotiation: examining the outcomes of face-to-face and computer-mediated negotiations among dark personalities” de Crossley L., Woodworth M., Black P.J. y Hare R. (2015), que combina el contexto de negociación (online vs cara a cara) con los rasgos de los tres tipos de personalidad que componen la Triada Oscura: psicopatía, maquiavelismo y narcicismo. ¿Tener o no estos rasgos marca alguna diferencia a la hora de negociar? Sigue leyendo para averiguarlo.

La Triada Oscura es un concepto que hace referencia a rasgos de personalidad que se dan en las personalidades psicopáticas, maquiavélicas y narcisistas. Se consideran en conjunto, formando este constructo de Triada Oscura, porque comparten una serie de rasgos considerados negativos, que se reflejan en las interacciones con los demás y con el mundo en general.  Lo que más se ha asociado a la Triada Oscura es un comportamiento de explotación, manipulación e insensibilidad hacia los demás en una gran variedad de situaciones cara-a-cara (p. ej. en el trabajo).

Aunque la Triada Oscura se puede considerar como un constructo único, se debe tener en cuenta que cada tipo de personalidad conlleva también atributos únicos y una sola persona puede encajar en un tipo o en varios, dándose combinaciones diferentes en cada sujeto. Por separado, cada tipo de personalidad se asocia de manera más recurrente a ciertos comportamientos: la psicopatía se asocia más a un estilo de vida anti-social, el maquiavelismo a la manipulación y a ser orientado a metas, y el narcicismo a comportamientos de grandiosidad y auto-adoración.

¿Qué tienen que ver personalidad y negociación? Existe una gran cantidad de investigaciones que llegan a la conclusión de que los rasgos de personalidad son uno de los mayores predictores del rendimiento en una negociación, aunque suele ser clave si en la negociación se necesita competir o cooperar. Hay rasgos que suponen una ventaja para lo primero y no para la segundo y al revés; por ejemplo, ser más simpático o agradable da mejores resultados en una negociación en la que se necesita cooperar y serlo menos da mejores resultados cuando se necesita competir, por lo que, por lo menos las personalidades psicopáticas, lo harían mejor en una negociación competitiva. Y sería así porque se les asocian una actitud más hostil y menos agradable.

La negociación es un contexto casi-perfecto para observar habilidades de persuasión y manipulación y se espera que los sujetos con personalidades de la Triada Oscura lo hagan muy bien y mejor que los sujetos que no presentan estos rasgos. Pero, ¿por qué deberían hacerlo tan bien? Pues, aparte de que se les asocian comportamientos de manipulación que podrían darles ventaja en una negociación, no hay que olvidar que la negociación es principalmente un proceso comunicativo.  Se ha observado que los sujetos con personalidades de la Triada Oscura tienen sus “trucos” para manipular a través de la comunicación. Estos “trucos” se basan principalmente en el lenguaje no verbal: el contacto visual, el tono de voz que utilizan, copiar las expresiones faciales del receptor, dándoles más credibilidad, etc. El uso de claves no verbales sí son útiles en negociaciones cara a cara, pero no se espera que ocurra lo mismo en negociaciones mediante ordenador (por escrito), contexto que claramente difiere en la cantidad y diversidad de información que se puede recibir desde la otra persona.

En la comunicación a través del ordenador el lenguaje no verbal desaparece, la expresión escrita es más controlada, no se puede observar la consecuencia inmediata de aquello que se dice o de los gestos, etc. En definitiva, conversar y negociar por internet ocurre en un contexto en el que faltan muchas claves contextuales y socio-emocionales que sí median en la comunicación cara a cara. Por lo tanto, este estudio plantea que los sujetos con personalidades de la Triada Oscura van a negociar mejor cara a cara que los que no presentan rasgos de este tipo, pero no pasará lo mismo en las negociaciones en línea, por la falta de esas claves socio-emocionales que mencionábamos.

Partiendo de estas ideas, el estudio se desarrolla de la siguiente manera: participan 206 universitarios/as con una media de edad de 20 años, a los cuales se les evalúan rasgos de personalidad típicos de la Triada Oscura con tres cuestionarios pertinentes, cada uno para cada tipo de personalidad (psicopática, maquiavélica y narcisista). Se obtienen cuatro tipos de puntuaciones altas y baja: las primeras tres son de cada tipo de personalidad y una puntuación total en la Triada Oscura. La negociación en este estudio es una situación en la que los sujetos deben negociar la compraventa de unas entradas al concierto, durante un máximo de 20 minutos y, después de asignar aleatoriamente el contexto de negociación (cara a cara vs chat) y el rol (vendedor o comprador), reciben un documento en el cual se concreta: qué se negocia (precio de la entrada, productos de merchadising, asiento y acceso al backstage), posibles precios de compra-venta (según el rol) y la cantidad de dinero que van a ganar como beneficio de la negociación. Así, en el rol de comprador, a menor precio que consigue los productos, más beneficio y, del mismo modo, en el rol del vendedor, a mayor precio que consigue por los productos, más beneficio; en este proceso podían conseguir un total de 9$ y este beneficio es la variable que se espera que difiera entre grupos.

Los autores encuentran dos resultados principales. Considerando la Triada Oscura como único constructo, lo que encuentran es que el grupo con altas puntuaciones en la Triada Oscura es el que peores resultados ha obtenido de todos los grupos en la negociación por ordenador, es decir, el que menos beneficio ha obtenido. Además, y tal como se esperaba, este mismo grupo ha obtenido mejores resultados en la negociación cara a cara que el grupo con puntuaciones bajas en la Triada Oscura.

Considerando las personalidades psicopática, maquiavélica y narcisista por separado, se obtienen nuevos datos sobre las dos primeras en cuanto al éxito en las negociaciones cara a cara: los sujetos con puntuaciones altas en ambas ganaron mucho más dinero que los sujetos con puntuaciones altas en psicopatía, pero bajas en maquiavelismo, independientemente de la vía de comunicación de la negociación; hasta cierto punto, esto puede indicar que hay algunos atributos clave que son la llave del éxito en la negociación. También se observó que los sujetos con altas puntuaciones en maquiavelismo han obtenido mayores beneficios en la negociación cara a cara que por ordenador. Como este grupo destaca, siendo el maquiavelismo el único que indica una relación recurrente con el éxito en negociaciones cara a cara, los autores consideran que puede ser por rasgos como orientación a metas y comportamientos típicos de “los fines justifican los medios”.

Cabe destacar que el narcicismo no ha mostrado relaciones con el éxito en la negociación cara a cara y se puede deber a que los comportamientos principales asociados al narcicismo son la insensibilidad hacia los demás y la búsqueda de atención. En la base de estos comportamientos se encuentran otras motivaciones con poco impacto en las negociaciones.

Concluyendo, las diferencias individuales parecen interaccionar con el contexto de comunicación, influyendo en los resultados de una negociación y, por tanto, esta variable debería ser tenida en cuenta cuando se negocia con diferentes personalidades, porque hay ventajas diferenciales según el tipo de comunicación que se utiliza. También cabe destacar que, si se hiciera el mismo estudio, pero con una negociación vía videochat, los resultados podrían ser bien diferentes por la inclusión de algunas claves contextuales que desaparecen en los mensajes escritos.

 

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Creencias sobre la tasa de error y el juicio humano en las ciencias forenses. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Beliefs about Forensic Science: beliefs about error rate and human judgment” de Ribeiro, Targen y McKimmie; en él analizan las creencias que las personas tienen sobre la precisión de las pruebas forenses, así como el testimonio de los peritos durante el juicio.

La intención de este estudio es identificar las creencias y percepciones que las personas tienen sobre la ciencia forense y las evidencias. Concretamente se investigará sobre las tasas de error y el grado de juicio humano involucrado en ella, centrándose en cada técnica y etapa (recopilación, almacenamiento, prueba, análisis, informe y presentación de evidencias). Para ello se les pidió a los participantes que piensen y describen las ciencias forenses, que proporcionen una estimación del nivel de participación humana, que juzguen cómo de probable es que ocurra un error en cada etapa del proceso y que califiquen la precisión y el nivel de participación humana para 16 técnicas forenses diferentes.

Como hipótesis de partida se manejaban que la estimación de error para cada etapa sería baja (menos del 5%) y que el juicio humano involucrado en cada fase también sería bajo (valor medio de cuatro). También se espera que los espectadores de programas sobre crímenes tengan una correlación negativa con las estimaciones de error. Se cree que las estimaciones de precisión para cada técnica serían altas (más del 90%) y que las predicciones de juicio humano serían bajas en cada técnica. Se hipotetiza que los espectadores de programas de crímenes presentarían correlaciones positivas con las estimaciones de precisión de la técnica y correlaciones negativas con las estimaciones de juicio humano. Por último, se espera que los participantes no coinciden las tasas bajas previas que proporcionan sobre la probabilidad de que ocurra un error en cada etapa del proceso de ciencia forense. Es decir, el error acumulativo para toda la etapa del proceso de la ciencia forense es probable que sume más de 100.

Se utilizó una muestra de 101 australianos (52 mujeres y 45 hombres) con edades comprendidas entre los 20 y los 70 años con una edad media de 55 años. El 83,2% habían completado la educación obligatoria y el 15,8% había hecho de jurado previamente.

El estudio se realizaba electrónicamente desde su casa, se daban las siguientes instrucciones: “Durante este estudio, se le pedirá que imagine que se ha cometido un delito y que se ha dejado evidencia forense en la escena del crimen. Imagínese que la policía ha acusado a un sospechoso del delito y habrá un juicio penal ante un jurado. Queremos que piense en todo el proceso que involucra pruebas forenses, desde la primera vez que se asiste a una escena del crimen hasta cuando la evidencia se analiza hasta el momento en que se puesta ante el tribunal ante el jurado. Sea tan específico y detallado con sus respuestas con la sea posible”. Se les preguntaba por cada etapa del proceso, con pregunta del tipo: “¿Cómo se recopilan pruebas forenses de una escena del crimen? ¿Cómo se almacenan las evidencias forenses? ¿Cómo se analizan las evidencias? ¿Cómo se analizan e interpretan los resultados de las pruebas forenses? ¿Cómo se reportan las evidencias forenses? ¿Cómo se presenta la evidencia forense al jurado?” Las estimaciones de tasas de error se evaluaban con la pregunta ¿cómo de probable es que ocurra un error durante este proceso? A la que tenían que responder con un tanto por cierto. Las estimaciones del juicio humano se medían con la pregunta “¿en qué medida este proceso evalúa el juicio humano?” Las respuestas iban desde 1 (nada) al 7 (completamente). Las 16 técnicas analizadas fueron: análisis antropológico, análisis de patrones de manchas de sangre, ADN, documentoscopia, análisis facial, huellas dactilares, análisis de incendios y explosivos, análisis de marcas de arma y herramientas, análisis de material geológico, análisis de residuos de disparo, análisis de imágenes, análisis de materiales, análisis de toxicología, análisis de voz, análisis de vida silvestre y odontología forense. Se le hacía la pregunta “¿cuáles son sus impresiones generales sobre la exactitud de los diferentes tipos de pruebas forenses que se enumeran?” Tenían que evaluarlo con un tanto por cierto. También se realizó la pregunta de “¿en qué medida cada uno de los siguientes tipos de evidencia forense involucra el juicio humano?” En cada una de las técnicas se calificaba del 1 al 7.

Más tarde se les hizo dos preguntas sobre sus hábitos televisivos. Primero se preguntó cuántas horas a la semana pasaban viendo las siguientes series: CSI (incluyendo sus franquicias: Miami, Nueva York y Cyber), Ley y Orden (incluye: Acción Criminal, Unidad de Víctimas Especiales, Juicio por Jurado y LA), Mentes Criminales, Bones, NAVY: Investigación Criminal y otras series criminales. También se les preguntó cuantas horas a la semana veían algún programa de televisión u online.

El número promedio de horas fue de 16,78 horas, el rango de los programas criminales varió desde 0,74 en Bones a 1,46 en otros programas relacionados con los crímenes.

Los resultados contradijeron algunas de las hipótesis iniciales. Contrariamente a lo que se había pensado se obtuvieron tasas más altas en estimaciones de error variando desde un 39,27% en la etapa de prueba a un 44,55% en la de análisis. Las estimaciones de error son bastante más altas de lo que se habría esperado debido al efecto CSI por el cual las personas tienen una alta fe en la precisión y fiabilidad de las ciencias forenses. También fueron más altas las estimaciones de juicio humano que fueron desde el 4,94 en la etapa de prueba al 5,55 en la de recopilación y presentación, siendo, por tanto, superior a la hipotetizada antes del estudio. Se encontrarán correlaciones positivas entre las estimaciones de error y la del juicio humano en todas las etapas, lo que significa que mientras más creyera el participante que estaba involucrado el juicio humano, mayor era la probabilidad de que ocurriera un error.

Los resultados mostraron que no había correlaciones significativas entre los hábitos de visualización de series de crímenes y las estimaciones de error. Se descubrió que los hábitos de ver series solo se correlacionaban negativamente de manera significativa con la etapa de almacenamiento y la de prueba. Lo que contradicen la H2 y la teoría del efecto CSI.

En lo relacionado a la precisión y fiabilidad de las técnicas forenses, en general son bastante buenas. Varían de unas a otras, siendo de las más bajas el análisis de documentos que obtendría un 65,18% y la más alta sería el ADN con un 89,95%. Estos resultados contradicen la H3.

En relación a la influencia del juicio humano en cada proceso sólo se obtuvieron los resultados esperados para el análisis de ADN. Los demás estuvieron por encima de los cuatro puntos esperados, llegando a 5,72 en el caso de análisis de documentos. En lo relativo a las correlaciones de exactitud y juicio humano para cada prueba, solo cinco de las 16 (sangre, ADN, documentos, dactiloscopia e imagen) se correlacionaban de manera negativa, por lo tanto, para otras pruebas los participantes que creían que era más procesos, también creía que había menos juicio humano involucrado.

En lo relativo a la H4, no hubo una correlación significativa entre los hábitos de televisión y la precisión de las pruebas. Además, se encontró tres correlaciones positivas significativas entre la visualización del crimen y el juicio humano (ADN, dactiloscopia y toxicología) que no siguen la dirección esperada. Por tanto, estos resultados contradicen la hipótesis planteada.

La última hipótesis hace referencia a que la tasa de error general de todas las etapas superará el 100, aunque la tasa de cada técnica fuese baja. Curiosamente ya desde la segunda fase (almacenamiento) rondaba el 80% superando el 100% en la tercera (prueba), la tasa total fue del 248,56%. En contraste, la tasa de error por técnicas fuera del 10,05% del ADN al 34,82% del análisis de documentos. Estos resultados apoyan la hipótesis y demuestran que los participantes ignoraron completamente sus estimaciones previas sobre las tasas de error en cada etapa del proceso cuando se les pidió que hicieran juicios sobre la precisión de las técnicas específicas.

Como se ha visto los resultados fueron sorprendentes, ya que los participantes creían que había una probabilidad sustancial de error en cada fase del proceso forense. Una explicación a esto puede ser el sistema novedoso de preguntar por cada etapa en vez de por el conjunto lo que le hizo reflexionar más en profundidad. También pudo influirles que las respuestas se tuvieran que dar a través de una barra oscilante que veían predeterminada en el 50% y ya se ha demostrado que los anclajes condicionan. Igual de sorprendentes fueron las estimaciones tan altas relativas a la influencia de juicio humano en cada etapa, ya que generalmente esta ciencia está más relacionada con la tecnología que con la intervención humana.

Aunque se correlacionó positivamente las estimaciones de error con la de juicio humano (cuanto más creía que esta involucrado el juicio humano, creía que había más error) no se ha podido establecer una correlación consistente entre ambos fenómenos.

A pesar de que tampoco se obtuvieron los resultados, por encima del 90%, que se esperaba en la precisión de la prueba. Todos los participantes creyeron que todas las pruebas eran significativamente mejores que la casualidad. La más precisa fue el ADN (89,95%) aunque sigue siendo un resultado bastante menor del esperado.

Este estudio muestra muy poco apoyo al efecto CSI, el cual asume que aquellos que ven series relacionadas con crímenes tendrán diferentes creencias y percepciones sobre las ciencias forenses que aquellos que no los ven. Sin embargo, en este estudio no se encontrarán correlaciones entre la visualización de series y las estimaciones de error para ninguna etapa del proceso forense ni para ninguna de las técnicas.

Es importante tener en cuenta que, aunque los hábitos de consumo de series criminales no estaban relacionados con sus estimaciones de precisión, este estudio demuestra que las personas no tienen una comprensión sólida de la precisión de las técnicas forenses, siendo algunas exageradas y otras subestimadas. Esto demuestra que los jurados pueden llegar a un juicio con creencias preexistentes potencialmente inexactas sobre la ciencia forense que puede afectar a su evaluación de los informes y pruebas, así como al veredicto del mismo.

Patrones de homicidios y asociación con psicopatología de los delincuentes. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “The patterns of homicide offence characteristics and their associations with offender psychopathology” de Abreu, Dickson, Barker, Flynn, Ibrahim y Shaw; en él nos hablan de la posible relación entre la psicopatología del autor con patrones concretos en los homicidios.

El objetivo de perfilar es poder inferir características del delicuente basándose en los detalles de la escena del crimen y de la víctima. Hay tres enfoques: el primero de ellos, el de investigación criminal se basa en la experiencia que tenga la persona a cargo de realizar el perfil. Otro de los métodos es el estadístico científico que se basa en el análisis multivariado de la información de la escena para inferir características de los delincuentes y de los procesos psicológicos. Y por último, está el del profesional clínico. Estos enfoques ayudan tanto a priorizar sospechosos como a la vinculación del crimen y a la evaluación del riesgo de los delincuentes en entornos clínicos.

En el estudio actual se van a usar datos de la escena del crimen como características propias del delito que se han identificado previamente como útiles para predecir información sobre el delincuente.

Los estudios previos demostraron que los homicidas con enfermedad mental tienen menos posibilidades de que la víctima sea un extraño, suelen tener más edad y un historial más problemático. También se descubrió que este tipo de agresores tiene características propias. Los esquizofrénicos y las personas que sufren psicosis utilizan más los instrumentos afilados. Generalmente las personas con esquizofrenia tenían más posibilidades de apuñalar a un miembro de su familia. Las personas con trastornos afectivos utilizaban más el método de estrangulación/asfixia.

En la literatura existente hasta ahora hay tres limitaciones principales a la hora de analizar los homicidios y su relación con la psicopatología. La primera de ellas es que suelen utilizar muestras pequeñas y no tienen en cuenta la enfermedad mental de los delincuentes. En segundo lugar, lo que sí que tienen en cuenta la enfermedad mental se centran en relacionar al agresor con el crimen y no tienen en consideración el contexto dinámico del homicidio. Por último, los datos suelen ser extraídos de informes policiales donde puede ser que no consten todos los datos relacionados con la enfermedad mental.

Los objetivos del presente estudio son dos: el primero es ver si la estructura de las características del hecho puede ser interpretada de una manera útil para la investigación de homicidios. El segundo es identificar patrones y enfermedades psiquiátricas en los agresores antes de cometer el hecho. En este sentido, basándose en la literatura preexistente se hace la hipótesis de que las personas con esquizofrenia están asociados a homicidios domésticos contra parientes sanguíneos cometidos con un instrumento afilado, en el caso del trastorno bipolar será cometido por estrangulación/asfixia contra un miembro de la familia o su pareja. En relación a la depresión, será el homicidio del hijo por medio de ahogamiento/asfixia.

Para comprobar estas hipótesis se analizó una muestra de 759 agresores en Inglaterra y Gales que habían tenido contacto con los servicios de salud mental 12 meses antes de la agresión y que el tribunal había pedido una evaluación. Algunas características de la muestra era que 685 son hombres mientras que 123 son mujeres. En el 97% de los casos hubo una sola víctima, en el 2% de los casos hubo dos víctimas y en 1% hubo tres o más. En relación a las víctimas, un 59% eran hombres y un 41% mujeres con una edad media de 42 años.

Se seleccionaron cuatro características en relación al homicidio que fueron señaladas como útiles para predecir la información del agresor: edad de la víctima, género de la víctima, principal circunstancia de la agresión y método del homicidio.

Se descubrieron tres patrones principalmente:

  1. Patrón de homicidio masculino con conflicto: en este caso la víctima eran hombres jóvenes de entre 15 a 24 años de edad que murieron a causa de patadas o golpes y el motivo fue una pelea o discusión.
  2. Patrón de homicidio femenino íntimo: la víctima era una mujer mayor de 55 años. La causa de la muerte era la estrangulación y el motivo una disputa doméstica o un acto irracional.
  3. Patrón de homicidio infantil: en este caso la víctima era un niño desde recién nacido hasta los 14 años, la causa de la muerte era ahogamiento o asfixia y el motivo principal era el maltrato infantil.

En relación a los trastornos psiquiátricos se estableció que la “dependencia al alcohol”, la “dependencia a la droga” y los “trastornos de personalidad” estaban más relacionado con el primer patrón comentado. El diagnóstico de “esquizofrenia u otros trastornos delirantes” guardaba más relación con el segundo patrón. Por último, el diagnóstico de “enfermedad depresiva” y “trastorno bipolar” guardaban más relación con el tercer patrón. El diagnóstico psiquiátrico “otro/desconocido” no se pudo relacionar con ningún patrón concreto, esto es probable que se deba a que dentro de esta denominación hay siete patologías diferentes y por tanto sea demasiado inespecífica como para producir una relación.

El análisis multivariado ha demostrado por primera vez que las características de los homicidios se pueden separar en patrones que puede ser útiles al evaluar la escena del crimen, asociando cada patrón a un posible diagnóstico de trastorno psiquiátrico.

Si se ponen en relación los resultados con estudios anteriores se puede ver que el primer patrón identificado concuerda con los estudios que dicen que las peleas y discusiones son precursores del homicidio en personas con trastorno de personalidad o dependencia al alcohol. Al igual que estudios previos demostraron la relación entre trastorno de personalidad y el uso de patadas y golpes como método de agresión en el homicidio, y que las personas con este trastorno tienen más opciones de matar a un conocido.

En relación a la esquizofrenia, los estudios anteriores decían que estaba relacionada con el uso de instrumentos afilados. En el presente estudio no se pudo establecer dicha relación, ya que se relacionó con la estrangulación según el segundo patrón. Lo que sí que se puedo relacionar con estudios previos es que en la estrangulación hasta el 75% de las víctimas eran mujeres, lo que concuerda con los datos obtenidos.

En lo que respecta al tercer patrón es coincidente en lo relativo a la depresión, ya que estudios anteriores concluían que los niños tienen alto riesgo de ser víctimas de un autor deprimido. Lo que no coincidió con lo anterior es lo referente al trastorno bipolar que estaría más relacionado con el homicidio difuso. Una posible explicación para esto es que los homicidios cometidos por personas que sufren dicho trastorno se dan más durante la fase de depresión que durante la maníaca y por eso hay más coincidencias en el tipo de homicidio con el trastorno depresivo.

Si bien es cierto que las personas con enfermedades mentales no suelen cometer muchos homicidios, estos patrones que se han conseguido realizar pueden ser de utilidad a los investigadores.

Elementos irracionales en la toma de decisiones criminales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “The Moderating Effect of Criminal Thinking on Certainty of Apprehension in Decisions to Engage in Antisocial Behavior: Replication and Extension” de Walters, Morgan y Scanlon; en él nos hablan de los elementos irracionales que se presentan en la toma de decisiones sobre si participar o no en un acto criminal.

Desde que Beccaria publicó su tratado sobre el crimen y el castigo, pasando por la Escuela Clásica, hasta la Teoría de la Elección Racional y Teoría de las Actividades Rutinarias, la disuasión ha sido estudiada para explicar y prevenir el crimen. Sin duda estas dos teorías han aportado mucho conocimiento acerca de los requisitos racionales en la toma de decisiones en relación con el delito, sin embargo, dejan de lado elementos no racionales que también entran en juego en la toma de decisiones. Justamente ese el tema principal de este estudio, en el cual se pretende investigar sobre los elementos no racionales de la toma de decisiones, en forma de pensamiento criminal proactivo y reactivo, y como apoyan, suprimen y moderan los requisitos racionales del proceso de toma de decisiones.

Los requisitos racionales en la toma de decisiones en relación al crimen son de naturaleza utilitarista. Básicamente implican un análisis entre los costes y el beneficio que se perciben sobre la participación en algún acto criminal. En ellos se centra la Teoría de la Elección Racional que nos dice que, si los beneficios percibidos por participar en un acto criminal son mayores que sus costes el individuo cometerá el delito, si no se abstendrá de ello. Los costes serían la certeza de recibir un castigo, la severidad del mismo y la rapidez del castigo. Sin embargo, los elementos racionales en la toma de decisiones están limitados por factores situacionales, emocionales y cognitivos.

Dentro de los factores antes mencionados nos encontramos con los situacionales, de él se ocupa la Teoría de las Actividades Rutinarias. Esta teoría nos dice que el crimen se producirá si hay un objetivo deseado, una ausencia de guardianes capaces y un delincuente motivado. El primero de ellos podía ser descrito como cualquier objeto o persona que sea accesible y valiosa para el delincuente. Estrategias como el endurecimiento de objetivos, la eliminación de los mismos o el control de los accesos buscan reducir las oportunidades criminales. El segundo de los elementos serían por ejemplo el propietario de una vivienda, un vecino mirando por la ventana, un vigilante nocturno o un perro guardián. El tercer elemento es quizás el menos estudiado, pero dentro del delincuente motivado es donde destacan más los factores no racionales.

Dos de las características no racionales más importantes de un delincuente motivado son las emociones y el pensamiento no racional. La Teoría de las Actividades Rutinarias explica con bastante predicción el delito económico o adquisitivo es menos eficaz en su explicación del delito no económico o expresivo.

Los factores no racionales de la emoción y el pensamiento criminal desempeñan un papel decisivo a la hora de tomar decisiones criminales. Estilos de pensamiento criminal como el aplacamiento (externalización de la culpa), el privilegio (darse permiso para violar los derechos de los demás y las normas sociales), el poder (luchar por el control de los demás) o el superoptimismo (creencia de poder evitar las consecuencias negativas) comprenden la dimensión proactiva del pensamiento criminal. Estilos de pensamiento como el corte (eliminación rápida de elementos disuasorios con palabras o frase), la indolencia cognitiva (falta de razonamiento crítico) y descontento (dificultad para mantener el enfoque y completar tareas) representan la vertiente reactiva.  El pensamiento proactivo sirve para eliminar las emociones morales y favorecer el comportamiento criminal mientras que el reactivo estimula las emociones hedonistas que interferirán en el análisis racional de coste -beneficio.

El presente estudio lo que busca era comprobar como varía la realización de actos criminales dependiendo del riesgo de que te pillen y cómo varía el pensamiento criminal en base a ese comportamiento. Para ello se contó con la participación de 319 estudiantes universitarios (106 hombres y 213 mujeres) con edades comprendidas entre los 18 y los 59 años. De los cuales el 64,6% eran blancos, el 19,1% eran hispanos, el 9,4% eran negros y el 6,9% restante eran de otras razas.

Para la realización del estudio se les mostraba tres escenarios. En el primero de ellos, tenían que imaginar la posibilidad de adquirir ilegalmente las preguntas para el examen final de una asignatura en la que no les iba muy bien. En el segundo, tenían la opción de robar un billete de 50 dólares de la mesa de un dormitorio. El tercer escenario era que un amigo les había pedido que vendieran una libra de marihuana. Las probabilidades de que les pillaran eran de 50%, 10% y 1%, tenían que analizar cada situación en cada uno de estos porcentajes. Los participantes tenían que contestar la posibilidad que había de que participaran en ese acto criminal contestando del 1 al 5. Después tenían que contestar a dos preguntas más: ¿Cómo de moralmente equivocado es participar en un comportamiento antisocial? ¿Cuánto control personal necesitaría ejercer para abstenerse de involucrarse en el comportamiento antisocial? El pensamiento criminal proactivo y reactivo fue medido a través de esas preguntas evaluado con una versión del Inventario Psicológico de los Estilos de Pensamiento Criminal – Forma Corta. También se incluyeron cuatro variables de control en la investigación que fueron un autoinforme de comportamiento ofensivo reciente, la edad, el sexo y la raza. La administración de la encuesta era online y el tiempo de realización de 20 minutos.

Se confirmó que conforme era menor la posibilidad de que te cogieran aumenta la probabilidad de participar en el comportamiento criminal. Los resultados indicaron que el 10% de posibilidad de captura se asoció con una probabilidad significativamente mayor de participar en la conducta antisocial que un 50% de certeza de ser atrapado. El 1% de certeza se asoció con una probabilidad significativamente mayor de participar en la conducta antisocial que el 10%. El pensamiento proactivo se correlacionó más alto con las percepciones de baja ilicitud moral, mientras que el reactivo se correlacionó más alto con las percepciones de control personal disminuido frente a las oportunidades antisociales. Los participantes con niveles más altos de pensamiento criminal reportaron la mayor probabilidad de involucrase en un comportamiento antisocial en los tres niveles de certeza. El pensamiento criminal moderará el efecto de la certeza sobre la probabilidad de involucrarse en un comportamiento antisocial al aumentar desproporcionadamente la probabilidad de participar cuando las posibilidades de ser atrapado eran bajas y el pensamiento criminal era alto.

Se concluye que los requisitos racionales, la certeza de ser atrapados, y los elementos no racionales, el pensamiento criminal, de la toma de decisiones antisociales contribuyen significativamente a las decisiones de las personas de participar en conductas antisociales. Las personas con niveles más altos de pensamiento criminal tenían más posibilidades de participar en estas oportunidades que los que presentaban niveles más bajos, independientemente de la certeza de aprehensión. Cuanto más baja era la posibilidad de ser atrapado mayor era la probabilidad de que una persona con alta mentalidad criminal participase en el acto. Por tanto, lo pensamiento de invulnerabilidad y excepcionalidad envalentonaron a los participantes a medida que disminuían las probabilidades de detención.  Aquellos con un pensamiento reactivo ejercen un mayor control personal cuando la certeza de castigo es alta que cuando es baja.

Una implicación de estos resultados es que los factores no racionales también son importantes en la toma de decisiones criminales.  El pensamiento criminal reactivo estimula la emoción hedonista, que a su vez interfiere con la función utilitaria del proceso de toma de decisiones. El pensamiento proactivo limita o anula la emoción moral, lo que limita el impacto de las consideraciones morales de las decisiones. Otra implicación es que las intervenciones cognitivo – conductuales deben ser efectivas para abordar la toma de decisiones criminales.  Los valores, enseñar habilidades cognitivas básicas y mejorar el autocontrol deben ser efectivos para abordar la toma de decisiones.

 

 

Características neuropsicológicas y criminológicas de las homicidas femeninas. Club de Ciencias Forenses.

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Neuropsychological and criminological features of female homicide offenders” de Fox, Brook, Heilbronner, Susmaras y Hanlon; en él nos hablan de las características tanto neuropsicológicas como criminales de las mujeres que han cometido un asesinato, así como una comparación con sus homólogos masculinos y las diferencias que pueden presentar las autoras de crímenes premeditados y la de los impulsivos.

En todo el mundo el 80% de los homicidios son cometidos por hombres, esto ha provocado que las mujeres homicidas no hayan sido tan estudiadas. Es cierto que del cómputo general de homicidas la representación de las mujeres es escasa, pero, si solo se examina las mujeres criminales, el 30% de ellas han sido condenadas por homicidio frente al 23% de los hombres, según datos del Bureau of Justice Survey del 2014. Estas cifras arrojan que un porcentaje bastante alto de mujeres delincuentes han cometido un homicidio, por tanto, es interesante estudiar a este tipo de criminal.

Estudios anteriores mostraban como las mujeres autoras de un homicidio pertenecían a minorías étnicas o raciales y habían tenido una infancia difícil ya que podían tener padres delincuentes y una de cada tres había sufrido abusos psicológicos y la mitad de ellas abusos sexuales durante la infancia.

Generalmente, tenía un nivel de estudios inferior a la media de la población y provenían de zonas con un nivel socioeconómico bajo. También presentaban abuso de sustancias y trastorno de la personalidad antisocial en mayor medida que la población femenina general, al igual que tenían antecedentes penales previos y un inicio temprano en la conducta criminal. En el momento de la comisión del crimen estaban desempleados o trabajaban como prostitutas y presentaban abuso de sustancias o trastornos mentales.

La motivación para el homicidio generalmente es la resolución de un conflicto interpersonal y por ello, las víctimas suelen ser familiares, sus parejas o sus propios hijos. Cuando son sus parejas, en muchos casos, es para acabar con una historia de abuso. Son escasas las mujeres que matan a extraños, en estos casos suelen presentar mayor número de antecedentes penales juveniles y una personalidad psicopática.

Las mujeres asesinas tienen gran prevalencia de los factores de riesgos de deterioro cognitivo. Se ha comprobado que los traumas y el abuso de sustancias incrementan la impulsividad y dificultan la regulación emocional.

Los homicidas en general pueden caracterizarse por tener diferencias estructurales y de función cerebral. Un estudio por neuroimagen hecho en 270 homicidas encontró que un 18% presentaban anormalidades en la estructura cerebral como atrofia cortical o cambios en la materia blanca. Aunque esto no ha sido estudiado concretamente en agresoras femeninas se presupone que ocurre en el mismo modo.

En otro estudio se encontró que aquellos que cometieron crímenes premeditados tenían mayores puntuaciones en inteligencia, memoria, atención y funcionamiento ejecutivo que los que cometieron crímenes impulsivos.

En un estudio de autoinforme concluyó que las reclusas tenían más dificultades cognitivas, específicamente en memoria, comparada con los reclusos varones. También se ha concluido que el deterioro cognitivo en relación a la velocidad de procesamiento y atención de las reclusas se asocia a problemas de conducta. Es necesario mayor investigación en cuento a la capacidad cognitiva en mujeres delincuentes violentas.

En el estudio de Fox et al. se buscaba explorar las características cognitivas e históricas únicas de los homicidas. Para ello primero se examinaron las diferentes características demográficas, neurológicas, psiquiátricas, de abuso de sustancias, criminales y victimológicas de un grupo de agresores masculinos y otro femenino. Después, se pasó a realizar el perfil cognitivo del grupo de homicidas femeninas para después compararlo con el del grupo masculino. Para acabar, compararon los perfiles cognitivos de las homicidas impulsivas con las que cometieron el crimen con premeditación.

Para llevar a cabo el estudio se contó con 27 mujeres y 81 hombres con edades entre los 15-67 años, que estuvieran cumpliendo condena por asesinato en primer grado. Dividiéndolos luego en función del sexo y de si su crimen era premeditado o impulsivo.

Todos los participantes se sometieron a una entrevista clínica y a una batería de pruebas cognitivas, en seis dominios: funciones intelectuales, atención, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento, razonamiento y funcionamiento cognitivo, función de memoria anterógrada, funciones de lenguaje y habilidades visoespaciales.

Un alto porcentaje de las mujeres presentaban trastornos del estado de ánimo, trastorno límite de personalidad y abuso. En cambio, un alto porcentaje de los hombres presentaban trastorno de la personalidad antisocial y abuso de drogas, concretamente de marihuana. No se encontraron otras diferencias en las características sociodemográficas o criminales.

En lo relativo al perfil cognitivo las mujeres tuvieron un rendimiento deteriorado en la función ejecutiva que estaba basada en el lenguaje, así como en comprensión lectora y memoria verbal para información no estructurada. Obtuvieron puntuaciones bajas, aunque dentro de los límites normales, para el test de inteligencia, de comprensión verbal, razonamiento perceptual, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento.

En cuanto a las diferencias entre homicidas hombres y mujeres se ha visto que las mujeres obtienen peores resultados que los hombres en la codificación y el recuerdo diferido de la información verbal no estructurada, aunque se comprobó que estos últimos no eran significativos. No se ha encontrado diferencias entre el resto de dominios cognitivos.

En lo relativo a la premeditación, los hombres cuyos homicidios fueron predeterminados superaron a los impulsivos en todos los dominios, mientras que las mujeres de homicidios predeterminados superaron a las impulsivas en memoria de trabajo y dominio del lenguaje.

Como conclusión se puede decir que unas habilidades verbales disminuidas pueden estar asociadas a violencia extrema en mujeres. Aunque aquellas que cometen un crimen premeditado presenta puntuaciones mayores en las mismas.

Las mujeres con historial de abuso sexual tienen un lenguaje más pobre, una alta prevalencia de lesión cerebral, y menores niveles de premeditación. Se puede establecer, por tanto, una evidencia preliminar entre una reducción de las habilidades verbales y las lesiones craneales como potencial factor de riesgo en asesinatos de primer grado impulsivos cometidos por mujeres con un historial de abuso sexual.

¿Escuchan voces en su cabeza? Realidad vs. Simulación. Club Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, a continuación presentamos el resumen del artículo “Listening to voices: The use of phenomenology to differentiate malingered from genuine auditory verbal hallucinations” de McCarthy-Jones y Philip Resnick,  en el que se explican las características fundamentales del fenómeno de “escuchar voces en la cabeza” y las pautas principales para diferenciar un caso genuino de uno simulado.

Las experiencias de oír voces en ausencia de cualquier estímulo externo apropiado, referidas en la literatura psiquiátrica como alucinaciones verbales auditivas (AVH), son una característica común de muchos trastornos psiquiátricos. Aunque se encuentran con mayor frecuencia en personas diagnosticadas con esquizofrenia, con aproximadamente tres de cada cuatro personas con este diagnóstico que experimentan AVH, también se pueden encontrar en personas con otros diagnósticos psiquiátricos como trastorno bipolar, trastorno límite de la personalidad y trastorno de estrés postraumático, así como como miembros sanos de la población general.

Los profesionales de la salud mental capacitados pueden ser engañados por personas que afirman falsamente experimentar AVH. Aunque hay pocas razones para sospechar que las personas angustiadas que acuden habitualmente a los servicios de salud mental afirman falsamente que escuchan voces, hay una serie de situaciones en las que puede haber un beneficio potencial para que las personas afirmen falsamente estar experimentando AVH. Se dice que estos individuos están simulando, lo que el DSM-IV-TR define como “la producción intencional de síntomas físicos o psicológicos falsos o extremadamente exagerados, motivados por incentivos externos”. Estos incentivos externos pueden incluir obtener pagos injustificados de asistencia social o escapar de la persecución ya sea por incompetencia para ser juzgado o por la locura en el juicio. La existencia de acusados ​​que simulan AVH en casos penales y personas que simulan AVH para obtener una ventaja financiera están bien documentados. De hecho, se ha afirmado que los AVH son el síntoma de psicosis con más frecuencia simulado por los acusados ​​delictivos.

Las razones por las que los individuos eligen simular específicamente las AVH (a diferencia de otras experiencias asociadas con la psicosis) pueden incluir la percepción de asociación entre AVH y locura a la vista del público, y la efectividad de AVH en potencialmente obtener un motivo de demencia exitoso, ya que una persona no es responsable de su conducta criminal si al momento de tal conducta como resultado de una enfermedad mental o defecto que carece de capacidad sustancial para apreciar la criminalidad de su conducta o para ajustar su conducta a los requisitos de la ley.

Por ello, el actual artículo resumido explica que la opinión primero debe establecer si el acusado tenía una “enfermedad o defecto mental”. Un diagnóstico psiquiátrico per se no es suficiente para cumplir con este requisito. El DSM-IV-TR  contiene un descargo explícito de que simplemente tener un diagnóstico incluido en el manual no implica que cumpla con los criterios legales para una enfermedad mental en una defensa por demencia. Dado que las AVH se definen como un síntoma característico de la esquizofrenia, y que la Declaración de posición de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría de 1982 sobre la defensa contra la locura estableció que para que un trastorno sea una “enfermedad o defecto mental” debería “ser de la gravedad (si no siempre de la calidad) de las condiciones que los psiquiatras diagnostican como psicosis “, es probable que las AVH conduzcan al juicio de que el individuo tiene una” enfermedad o defecto mental “.

En segundo lugar, la opinión de los expertos debe establecer evidencia de capacidad. Las AVH puede abrumar la capacidad de un individuo de conformar su conducta a los requisitos de la ley. De manera similar, en el caso de un decreto deficiente (en el que una persona escucha la voz de Dios que le ordena llevar a cabo una acción), un acusado penal podría argumentar que no conocía la ilicitud de sus acciones y, por lo tanto, calificar para la locura en los paises que no tienen un brazo “incapaz de abstenerse” de la prueba de locura. Al decidir si una persona puede negarse a obedecer un comando de AVH, el evaluador debe evaluar las consecuencias que un individuo cree que seguirá como resultado de no obedecer la voz. Las consecuencias percibidas por no obedecer una alucinación de mando pueden variar desde un sueño inquieto, a un peligro significativo para uno mismo, a la creencia de que el alma pasará la eternidad en el Infierno. Solo las consecuencias de la severidad de estos últimos tipos probablemente cumplan con el estándar de locura.

Finalmente, el acusado debe establecer que la AVH jugó un papel causal en la ofensa. Aquí es crítico para el evaluador psiquiátrico establecer la relación entre el AVH y el comportamiento criminal del acusado. En resumen, dado que las AVH verídicas pueden, por las razones mencionadas anteriormente, conducir a una defensa de demencia exitosa, las AVH simuladas pueden conducir a un resultado de prueba injusto.

Si bien la existencia de AVH simuladas naturalmente enfoca la atención en prevenir que los errores involuntarios de la justicia derivados de AVH simulados no sean detectados, también existe el peligro de injusticia que resulta de que alguien que realmente ha experimentado AVH sea incorrectamente etiquetado como simulador. Este problema fue planteado por un estudio  de Rosenhan, quien se puso en contacto con el personal de un hospital para informarles que en algún momento durante los siguientes 3 meses, una o más personas que fingían AVH tratarían de ingresar al hospital psiquiátrico. De 193 juicios sobre pacientes realizados por el personal y obtenidos por Rosenhan, el 21% fueron acusados ​​con alta confianza de estar fingiendo. Entonces se reveló que, de hecho, Rosenhan no había enviado ningún pseudopaciente al hospital. Por lo tanto, es bastante plausible que, en un tribunal de justicia, algunos acusados ​​que honestamente informan haber tenido AVH puedan ser considerados erróneamente por testimonio experto como simuladores.

La capacidad de evaluar con precisión si las AVH reivindicadas son verídicas o simuladas es, por lo tanto, de crucial importancia, particularmente para el resultado de juicios penales en los que el acusado afirma que tales experiencias son relevantes para su defensa o su competencia para ser enjuiciado. Los médicos llamados a hacer este juicio deben tener un conocimiento detallado de la fenomenología de AVH genuinos. Tales decisiones también pueden ser informadas provechosamente por el conocimiento de la fenomenología de las AVH simuladas.

Por todo esto, es fundamental conocer la fenomenología de las AVH genuinas tal como lo establece la investigación contemporánea. En este artículo que resumimos, los autores explican con detenimiento determinadas características que pueden diferenciar una AVH simulada de una real, por lo que a continuación se nombrarán algunas de las características más destacadas.

La primera es relativa a la hipótesis de que, por lo general, las voces provienen del interior de la cabeza (con el corolario de que las voces que se oyen como provenientes de fuera de la cabeza son atípicas). Sobre esto, la evidencia de investigación no respalda la afirmación de que las voces localizadas son emblemáticas de AVH genuino, y las voces localizadas externamente son atípicas. Por ejemplo, un estudio encontró que de 199 pacientes psiquiátricos (81% que habían sido diagnosticados con esquizofrenia), el 38% escucharon ambas voces provenientes de dentro y fuera de su cabeza, 34 % solo escuchó voces localizadas internamente, y 28% solo escuchó voces localizadas externamente. El segundo estudio más grande de esta pregunta, que estudió a 100 pacientes psiquiátricos (la mayoría con un diagnóstico de esquizofrenia), encontró que el 38% de los pacientes describió tener una voz que se encontraba dentro de su cabeza, mientras que el 49 % de la muestra escuchó sus voces a través de sus oídos como estímulos externos.

La segunda hipótesis, es relativa a que las voces son típicamente las de personas famosas o de grupos de personas o de extraños. Un número significativo de personas diagnosticadas con esquizofrenia identifican sus voces como las de personas famosas. Sin embargo, las voces alucinadas a menudo también eran conocidas por el paciente en la vida real, lo que indica que pueden modelarse en la memoria de una voz real. De hecho, en su estudio, el 46% de los pacientes escucharon voces que podrían identificarse como personas reales y conocidas, como un pariente, un vecino o un médico. Además, una investigación de McCarthy-Jones et al.  mostró que el 70% de los pacientes informaron que las voces que escuchaban eran como las de las personas que les habían hablado en el pasado. La literatura más amplia de AVH también está repleta de ejemplos de personas que oyen voces de personas que conocen personalmente y que han conocido en el pasado. Finalmente, en términos de escuchar las voces de grupos de personas, McCarthy-Jones et al.  encontraron que el 53% de los pacientes nunca oyeron todas sus voces hablar al mismo tiempo (como un coro).

 Entre las propiedades típicas de AVH están que los pacientes pueden escuchar un mayor número de voces de lo que se pensaba anteriormente, se demostró que las voces que hablaban en un volumen conversacional normal eran menos comunes de lo que se había pensado anteriormente, y que el 12% de los pacientes informaron escuchar voces que sentían eran idénticas “repeticiones” de recuerdos de conversaciones previas que habían experimentado (una experiencia más frecuentemente asociada con el trastorno de estrés postraumático que la psicosis). Al agregar estos hallazgos al corpus de investigación existente en esta área, se puede mejorar el perfil de la fenomenología de una “AVH típica”, que puede usarse como un mejor criterio para evaluar la validez de las AVH reclamadas. Además, el oyente de voz generalmente podrá identificar quiénes son al menos algunas de las voces (por ejemplo, identificar a algunas de ellas como personas reales y conocidas, o atribuir la voz a una entidad sobrenatural como Dios o el Diablo). Por lo general, las voces se escuchan varias veces al día o la mayoría de las veces, y la duración de cada instancia es muy variable (dura desde apenas unos segundos hasta que dura más de una hora). Las voces intentarán influir en la actividad del oyente vocal emitiendo comandos para realizar acciones específicas, y también pueden juzgar al oyente de la voz, típicamente de manera negativa, a través de comentarios críticos o abusivos dirigidos a él / ella. Además de estas voces negativas, las voces positivas muy a menudo se informarán, que son amables, amorosas y de apoyo. Las voces tenderán a ser muy repetitivas en lo que dicen. El que escucha la voz tendrá cierto control sobre sus voces, y algunos podrán hacer preguntas a las voces y obtener respuestas. Las voces individuales también suelen ir acompañadas de voces de murmullo de fondo. Además de esto, los que escuchan la voz generalmente podrán recordar claramente la primera vez que escucharon la voz, y también informarán otras formas de alucinaciones, como música, clics y golpes, alucinaciones visuales y / o alucinaciones táctiles. Además, habrán desarrollado una gama de estrategias para hacer frente a sus voces, informarán que sus voces se vuelven más frecuentes cuando están solos, y que los factores contextuales (por ejemplo, su estado de ánimo) impactan la frecuencia de sus voces.

Por otro lado, existen algunas propiedades atípicas de los AVH. La técnica de preguntar sobre la presencia de características atípicas de una experiencia como método para evaluar la simulación ha sido empleada con éxito con relación a la simulación de síntomas psiquiátricos. Estas propiedades atípicas incluían estar asociado con delirios en todos los casos, usar un lenguaje artificial, no depender del contexto, ser insoportablemente angustiante y no existir estrategias para disminuir las voces malévolas, obedecer todas las órdenes y no mostrar evidencia conductual de distracción. McCarthy-Jones et al. encontraron que el 48% de los que escuchan la voz dijeron que sus voces estaban “constantemente con ellos”, incluso si no hablaban continuamente. También hay alguna evidencia de que muchos oyentes pueden escuchar voces en ausencia de ideación delirante. Se podría agregar a la lista los items encontrados por McCarthy-Jones et al. Que encontraron que en menos del 5% de los pacientes con AVH existía una voz cuyo tono de voz normal es gritar o chillar, escuchaban solo voces femeninas o solo voces de niños, nunca escuchaban la misma voz dos veces, y nunca escuchaban voces con el mismo tema o contenido. Estos ítems se combinan con los ítems señalados como atípicos, así como otros hallazgos de la literatura de investigación, para crear una lista de propiedades atípicas de las AVH. Todas estas propiedades, junto con otras como alegar que no se puede resistir a todos los comandos AVH, han sido utilizados explícitamente por los expertos como parte de sus consideraciones de que los que escuchan la voz estaban simulando sus AVH en casos judiciales.

En resumen, este documento ha identificado las propiedades fenomenológicas típicas y atípicas de las AVH, y revisó lo que se sabe sobre la fenomenología de las AVH simuladas. Ahora se requiere más trabajo, basándose en estos hallazgos, para establecer una herramienta psicométrica confiable y válida que pueda usarse para evaluar la validez de las afirmaciones de un individuo de haber experimentado AVH. Dicha herramienta podría tener el potencial de reducir los errores de justicia que ocurren a través de AVH simuladas que pasan desapercibidas, y a través de AVHs genuinos que son erróneamente etiquetados como simulados.

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