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Categoría: Psicología (página 1 de 6)

El perfil del delincuente sexual coreano. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling Korean sex crimes: Offender characteristics and crime scene actions” de Kim, S.; Almond, L. y Eyre, M. (2019), en el que se analiza el perfil criminal del delincuente sexual coreano.

El perfil criminal, o análisis de conducta, suele ser empleado especialmente en casos de delitos violentos. Por ello los delitos sexuales no son una excepción. Contrariamente, son, junto a los homicidios, los crímenes más frecuentes y apropiados en los que utilizar la perfilación.

Sin embargo, las clasificaciones de los agresores sexuales han experimentado diversas críticas y cambios con el paso del tiempo. Específicamente, diversos estudios intentaron mejorar la comprensión de las características del delincuente al diferenciar los comportamientos delictivos.

Los perfiles de agresores sexuales existentes han sido realizados mayoritariamente en países occidentales, como EE.UU, Reino Unido o Canadá. Por ello, deberían realizarse estudios para asegurar que los enfoques de elaboración de perfiles pueden generalizarse a delitos sexuales cometidos en otras naciones. Esto es, no se trata solo de aumentar nuestro conocimiento sobre la conducta criminal. El objetivo también es comprobar si las teorías basadas en contextos occidentales se aplican a contextos no occidentales. O si, por el contrario, existen diferencias culturales, etc.

Debido a estos motivos, la elaboración del perfil criminal del agresor sexual coreano resulta interesante y necesario.

En Corea del Sur, el número de delitos sexuales es muy superior al de otros delitos violentos. En 2018, se registraron 23.478 mientras que, en comparación, se observaron 309 homicidios y 821 robos. Así las cosas, algunos investigadores destacados realizaron estudios significativos para establecer modelos coreanos de comportamiento delictivo. Estos también tienen utilidad para la elaboración de perfiles criminales.

Así, varios estudios mostraron recientemente resultados notables al comparar comportamientos delictivos coreanos y occidentales. Concretamente, se descubrió que había similitudes y diferencias entre los delincuentes de homicidiocoreanos, finlandeses y suecos en los comportamientos de mutilación en los cuerpos de las víctimas. Encontramos otro ejemplo en un estudio comparativo entre homicidas sexuales coreanos y canadienses (aquí podéis leer más sobre homicidas sexuales).

Por tanto, se han realizado algunos estudios sobre comportamientos y características delictivas en Corea del Sur. No obstante, todavía hay poca investigación para probar si los perfiles occidentales de delincuentes sexuales están validados. Con el fin de identificar diferencias, de haberlas, los delitos sexuales entre Occidente y Corea del Sur, el conocimiento se puede utilizar como base científica para mostrar la necesidad de desarrollar un modelo temático adecuado de los delitos sexuales coreanos.

Con este fin, los autores examinaron un total de 50 casos de crímenes sexuales representativos acontecidos entre 2006 y 2009. La edad de las víctimas iba desde los 6 hasta los 50 años. La de los agresores, todos hombres, desde los 16 hasta los 56 años. En el 72% de los casos, los agresores eran extraños, y en el 28% conocidos de las víctimas. Los archivos del caso generalmente contenían los perfiles de los delincuentes, métodos delictivos, información de la escena del crimen y declaraciones de los delincuentes y las víctimas.

Bien, se establecieron 27 variables sobre características de los agresores, escenas del crimen y el delito en sí. Esto es, cómo fueron perpetrados. Posteriormente, se compararon las variables identificadas en los agresores sexuales coreanos con los occidentales (concretamente de Gran Bretaña). Cada caso se clasificó en base a tres temas, o temas híbridos, según la puntuación de frecuencia de la ocurrencia de variables.

Los resultados fueron los siguientes. El 84% de los casos fueron asignados a un tema concreto y el 14% como híbridos. De los primeros, el 44% se clasificó dentro del tema de participación y hostilidad, el 20% se clasificó como tema de control y el 20% se clasificó como robo. En el primer tema, casi el 60% de los agresores conocían a las víctimas, mientras que en los otros dos era entre el 20% y el 10%.

Se encontró que los dos países eran diferentes en la frecuencia del comportamiento delictivo. Particularmente, en acciones en la escena del crimen entre delincuentes coreanos y británicos. El agresor sexual coreano suele cometer penetración vaginal, fuerza a la víctima a participar y también abusa verbalmente de ella. El británico, si bien también realiza la penetración vaginal, no comparte el resto de las características típicas. Se caracteriza más por ataques sorpresa a las víctimas.

Por otro lado, se detectaron ocho variables de acción en la escena del crimen, contextualizadas en la hostilidad o participación, idénticas al modelo británico. Sin embargo, cinco variables sobre el participación u hostilidad se indicaron en el contexto coreano por parte del agresor. Concretamente: violencia única, rasgar la ropa, identificar a la víctima, degradar a la víctima e insinuar conocer a la víctima. Además, los comportamientos de sexo oral se observaron con mayor frecuencia en la participación y hostilidad.

Asimismo, los agresores sexuales coreanos tienen más probabilidades de tratar a la víctima como un objeto sexual, al tiempo que también desean tener relaciones sociales con las víctimas. La explicación de esto puede ser debido a la cultura sexual coreana, sobretodo el extendidísimo uso de la pornografía. Los delincuentes pueden relacionar comportamientos hostiles con la adquisición de relaciones debido al modelo que se muestra en la pornografía. Por lo tanto, pueden transferir esta conexión a sus actos sexuales.

Estas diferencias sugieren que la investigación transcultural es necesaria. Además, los antecedentes previos de robo y delito sexual, conocer a la víctima y usar vehículos diferían dentro de los comportamientos dominantes entre un país y otro.

La investigación de estas diferencias y del significado implícito tras ellas aumentará nuestro conocimiento sobre los delitos sexuales según distintos países. Por ello, los resultados apoyan la idea de que las asociaciones entre las características del delincuente y las acciones en la escena del crimen se pueden utilizar como una técnica de investigación y perfilación.

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Hibristofilia en hombres, un estudio de caso. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Aggressive hybristophilia in men and the affect of a female serial killer” de Pettigrew, M. (2019), en el que se estudia la hibristofilia en hombres, específicamente mediante un caso real.

La hibristofilia es una parafilia sexual inusual descrita originalmente por John Money. Puede definirse como la atracción sexual hacia alguien que se sabe que comete, o ha cometido, actos violentos.

Así, podemos distinguir entre dos tipos: la hibristofilia pasiva, más común, y la agresiva. La pasiva se conceptualiza típicamente con casos de mujeres que escriben cartas a asesinos en serie y condenados a muerte. Las intenciones de estas cartas suelen ser establecer o iniciar algún tipo de relación romántica. Los hibristófilos pasivos suelen presentar delirios, creyendo que pueden cambiar al objeto de su afecto.

En cambio, la hibristofilia agresiva, más inusual, hace referencia a cuando la persona ayuda a perpetrar los actos de violencia. En estos casos, el hibristófilo no percibe que, realmente, su pareja le está manipulando. Sin embargo, no es habitual que el hibristófilo y la persona objeto de su afecto lleguen a experimentar una intimidad. Comúnmente, el hibristófilo se limitará a fantasear con que se produce semejante contacto.

En la literatura al respecto, escasa de por sí, esta parafilia suele describirse en mujeres. Money señala que los estereotipos de género dictan que los hombres son delincuentes y las mujeres pasivas o cómplices. Esta descripción se correspondería con el síndrome de Bonnie y Clyde. No obstante, Money afirma claramente que también puede ocurrir lo contrario.

Algunos afirman que la prevalencia (o dominio) de la hibristofilia en mujeres es una extensión de la fascinación de estas por los verdaderos delitos, mucho más que los hombres. Aún así, las motivaciones subyacentes a la hibristofilia siguen siendo especulativas. Sin embargo, el varón heterosexual está ausente en todas esas especulaciones sobre los orígenes de la hibristofilia.

Tal exclusión de los hombres en la materia se debe al reconocimiento de la hibristofilia como la única parafilia que se encuentra más comúnmente en mujeres que en hombres. Por tanto, para suplir este vacío, el autor expuso un caso real de hibristofilia agresiva en hombres heterosexuales.

Londres, febrero de 2014. Joanne Dennehy fue sentenciada a cadena perpetua por tres delitos de asesinato y dos tentativas, entre otros cargos. Sus tres cómplices, todos hombres, también recibieron su condena por ayudarla después de cometer los asesinatos. El principal de los tres, además, fue condenado por tentativa de asesinato.

Durante dos semanas, Dennehy apuñaló a tres hombres e intentó matar a otros dos por los mismos medios. El juez de sentencia la describió como “una asesina en serie cruel, calculadora, egoísta y manipuladora”. Asimismo, apuntó cómo a Dennehy le fascinaban los distintos hombres que entraron en contacto con ella. Los cómplices, aunque culpables de sus actos, actuaron bajo su influencia.

El primer cómplice fue el amigo y amante de Dennehy. Utilizando su conocimiento local, él encontró lugares en los que disponer de los cuerpos de las víctimas. Además, sus acciones facilitaron dos intentos de asesinato, al llevarla a lugares donde podría atacar a víctimas elegidas al azar.

El segundo cómplice, el compañero de casa de Dennehy, ayudó a deshacerse de víctimas y, posteriormente, engañó a la policía. El objetivo era que Dennehy pudiera evadir la aplicación de la ley durante más tiempo. El tercer cómplice dio cobijo a Dennehy y su primer cómplice sabiendo que la policía les buscaba.

Así pues, la asesina en serie presentada aquí difiere en sus comportamientos de la literatura existente. Su motivación era la gratificación sexual y sus víctimas no estaban indefensas por edad o la enfermedad. Asimismo, eligió apuñalar a las víctimas y no usar una manera más pasiva de matar, como el envenenamiento o asfixia.

Con respecto a sus cómplices masculinos, el segundo y tercero eran padres. Este último tenía 56 años y carecía de antecedentes violentos ni penales. Protegerla mientras intentaba evadir la ley no le sirvió nada más que para obtener la aprobación y gratitud de ella. El segundo, en cambio, sí contaba con antecedentes penales, pero no por delitos violentos.

El primer cómplice, su amante, tenía también antecedentes penales, pero no por delitos violentos. En las cartas que escribía a Dennehy se refería a ella como su “diablesa carnal”, manifestando su atracción sexual y su admiración. Para él, era emocionante perpetrar delitos que él no había, y probablemente nunca hubiera, experimentado de no ser por ella.

Esto último coincide con el perfil del hibristófilo agresivo. Asimismo, cualquier miedo que puedan sentir hacia la persona objeto de deseo es superado por la atracción y excitación. Lo negativo se torna positivo; experimentan una reacción opuesta a la reacción natural de pánico. Así, los cómplices (e hibristófilos en general) se convierten, en esencia, en personajes cambiados debido a esa fascinación y atracción.

Si bien la temática central es la hibristofilia, cabe señalar que el reclutamiento de cómplices también ayudó a la asesina. Tanto en términos prácticos, como a través del poder y gratificación experimentados al hacer que otros cumplan sus órdenes. En cualquier caso, a pesar de la influencia que ejercen otros, la hibristofilia no puede mitigar las acciones. Lo mismo se puede decir de la pedofilia. No puede ni debe permitir ninguna mitigación en casos de delitos sexuales perpetrados contra niños.

Cabe añadir que, en las sentencias, si bien es bastante correcto que no contemplaran ninguna mitigación, se aprecia un sesgo de género. Históricamente, en los casos en que una mujer ha ayudado a un asesino en serie, se ha hecho una distinción entre los dos delincuentes.

Sentencias previas han considerado que la mujer hibristófila puede ser rehabilitada si se aparta de la influencia del delincuente deseado. Tal pensamiento puede reflejarse en sentencias menos duras. En contraposición, no se consideró lo mismo para este caso, con los cómplices masculinos. Parece así que la afirmación de hibristofilia en hombres es algo ignorada en comparación con las mujeres.

Finalmente, es necesario establecer una distinción entre una pareja dispuesta y una pareja cautivada, actuando dentro del contexto de esta parafilia sexual. Se sostiene que un diagnóstico debe tomar nota de cuán alejadas están las acciones del cómplice de su carácter normal.

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Perfilando a las víctimas de fraude de inversión. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Profiling Victims of Investment Fraud: Mindsets and Risky Behaviors” de Deliema, M.; Shadel, D. y Pak, K. (2019), en el que se analiza el perfil de las víctimas de fraude de inversión.

La estafa a inversores es uno de los delitos de cuello —o guante— blanco más antiguos.

Los estudios que describen a las víctimas de fraude de inversión comenzaron a extenderse en la década de 1990. De manera generalizada, las encuestas determinaron que se trataba de hombres de mediana edad, o mayores, casados. También tenían mayores ingresos, educación y conocimientos financieros, pero solo en relación con la población general estadounidense. Sin embargo, más allá de estas características demográficas, deben estudiarse los factores psicológicos asociados a la victimización en estos fraudes.

El estatus social influye en los estilos de vida, los comportamientos y las rutinas diarias. A su vez, estos afectan de manera diferente a la probabilidad de interactuar con los delincuentes en entornos de riesgo. Según el modelo de oportunidad, las conductas que aumentan la exposición a delincuentes motivados en entornos sin supervisión aumentan las probabilidades de victimización.

Investigaciones anteriores han demostrado que realizar compras a proveedores desconocidos en respuesta a llamadas telefónicas, correos electrónicos, anuncios televisivos… etc., no solicitados aumenta la probabilidad de ser víctima de fraude de inversión. Otro comportamiento que puede aumentar la exposición a delincuentes motivados es participar frecuentemente en intercambios de acciones.

El fraude, a menudo, también se propaga a través de “redes de afinidad”. En estas, las personas son reclutadas para participar por alguien que conocen y con quien comparten ciertas características. Esto es típico de estafas piramidales. El estereotipo de la víctima de fraude codiciosa es también una creencia muy común.

Sin embargo, prácticamente no se ha recopilado evidencia cuantitativa para respaldar esta última clasificación. En contraposición, el materialismo se ha vinculado con falta de autocontrol. Una afirmación típica es que la inversión proporcionará beneficios garantizados con poco o ningún riesgo de pérdida. Esto se relacionaría, por tanto, con la impulsividad o falta de autocontrol vinculada al materialismo.

Así pues, los autores llevaron a cabo un estudio propio. El fin era comprobar si las víctimas de fraude de inversión conocidas se involucran en actividades de inversión más arriesgadas. En dicho caso, estas aumentan la exposición a delincuentes motivados. Otro objetivo es ver si tienen creencias que los convierten en objetivos más atractivos para los estafadores.

Se contó con 214 participantes reclutados entre 8.096 víctimas conocidas de fraude de inversión. Las víctimas habían invertido dinero en empresas que, después, se declararon en bancarrota. Asimismo, habían sido nombradas acreedoras en los documentos de quiebra.

Las estafas incluían el comercio de productos online, monedas de oro, arrendamiento posterior de cajeros automáticos, exploración de petróleo y gas y planes de inversión de seguros de vida, entre otros. Asimismo, se reclutaron a 813 inversores generales a partir de listas de teléfonos fijos elegibles de EE.UU para comparar.

Los participantes completaron una encuesta de 49 preguntas basada en entrevistas en profundidad con víctimas de fraude de inversión. También se realizaron entrevistas telefónicas asistidas por ordenador.

Los resultados fueron los siguientes. Más del 80% de las víctimas eran hombres, comparados con el 42,2% de los inversores generales. La edad media de las víctimas conocidas fue de 70,7 años y de 64,8 años para los inversores generales. Los porcentajes referentes al estado civil de los participantes eran bastante más similares. Las diferencias educativas y de sueldo no eran significativas.

Las víctimas participaron en muchas más operaciones bursátiles al año que los inversores generales. Asimismo, recibieron con una mayor frecuencia solicitudes de inversión por correo, teléfono y correo electrónico. En contraposición, las probabilidades de victimización disminuyeron un 30% por cada inversión hecha siguiendo recomendaciones de amigos, familiares, vecinos… etc. El materialismo se asoció positivamente con ser víctima de fraude. Lo mismo puede decirse de la creencia de que las inversiones no reguladas son más rentables.

Así pues, algunas variables se correlacionaron considerablemente con la victimización por fraude de inversión. No obstante, ninguna fue un predictor significativo en el modelo.

En resumen: las víctimas conocidas participaron en conductas de inversión mucho más arriesgadas que podrían aumentar su exposición a los infractores a través del intercambio frecuente de acciones y la compra online, remota, de inversiones a proveedores desconocidos.

El materialismo y las actitudes favorables hacia las inversiones no reguladas también pueden contribuir al atractivo del objetivo. Esto se debe a que aumenta la susceptibilidad a los mensajes de persuasión comunes. Sin embargo, estos factores no estuvieron tan fuertemente asociados con ser una víctima como los comportamientos de inversión.

En comparación con los inversores generales, las víctimas conocidas eran más materialistas y también más propensas a estar de acuerdo en que las inversiones no reguladas producen mayores rendimientos. Los perpetradores explotan estas orientaciones psicológicas prometiendo rendimientos increíbles.

Las personas que están especialmente motivadas por el dinero pueden ignorar la improbabilidad de estas promesas o creer que las ventajas superan las pérdidas potenciales. Estas creencias también podrían indicar un exceso de confianza y una tendencia a descontar el riesgo.

Contrariamente a lo esperado, las víctimas conocidas no expresaron más interés en nuevas oportunidades de inversión que los inversores generales. Debido a que los datos se recopilaron después de que ocurriera el fraude, las víctimas pueden haberse vuelto más escépticas.

Deberían investigarse más los efectos del exceso de confianza y su relación con las diferencias de género en el ámbito. Asimismo, las campañas de educación para inversores deben reducir el estigma de las víctimas de fraude. El objetivo es que se sientan empoderadas para informar a las autoridades y hablar sobre su experiencia.

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El diamante del fraude y el maquiavelismo. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Fraud diamond, Machiavellianism and fraud intention” de Utami, I.; Wijono, S.; Noviyanti, S. y Mohamed, N. (2019), en el que se analizan los factores causales del diamante del fraude, junto a la relación entre una personalidad maquiavélica y la intención de fraude.

El fraude constituye un grave problema para las organizaciones, públicas y privadas, así como para sus interesados (los llamados stakeholders). Internacionalmente, las formas más comunes de fraude son la apropiación indebida de activos y la corrupción. En contraposición, la menos frecuente es el fraude de estados financieros.

Así las cosas, existen diversas teorías que han intentado explicar la conducta de fraude. Entre las más destacadas encontramos la hipótesis del triángulo del fraude. Esta postula la presión, oportunidad de delinquir y racionalización como los factores motivacionales del fraude. Sin embargo, muchos estudiosos encuentran lagunas en este planteamiento.

En su lugar, este hipotético triángulo ha evolucionado a lo que podríamos llamar el diamante del fraude. Consiste en un añadido a los factores del triángulo, componiéndose el total de la presión, oportunidad, racionalización y capacidad.

La capacidad del individuo debemos entenderla holísticamente. Esto es, en el plano intelectual, la resiliencia al estrés y la culpa, la posición dentro de la organización, la confianza y la habilidad de obligar y engatusar a otros. Un alto puesto jerárquico, como determinados cargos, se consideraría con altas o mayores capacidades para cometer fraude comparado con otros. Podemos decir que, en esencia, la capacidad es la habilidad del individuo de controlar su organización.

La presión se manifiesta de diversas formas; puede ser una presión social, económica, vital, por cargas familiares… De acuerdo con la Declaración sobre normas de auditoría, es un factor inherente que motiva a cometer fraude. Entre los directores, por ejemplo, esta presión puede manifestarse en el fraude impulsado por incentivos. Otro motivo sería evitar situaciones perjudiciales para su firma, como incumplir un pacto de deuda.

Con respecto a la oportunidad delictiva, es más fácil que esta se produzca cuando los controles internos de la organización son escasos y débiles. La racionalización, por su parte, suele definirse como el predecesor al fraude. Es la habilidad del perpetrador del fraude para justificar sus actos como racionales, facilitando mitigar su disonancia cognitiva. Las tres justificaciones más comunes son la negación de víctimas, del daño causado y de la responsabilidad.

Debido a que los factores individuales se ven muy afectados por el ambiente, también debemos centrarnos en los factores inherentes que afectan a las personas y que, potencialmente, desencadenan la intención de fraude. Entre estos encontramos el maquiavelismo. Los individuos altamente maquiavélicos tienden a tomar decisiones éticas basadas en sus propios intereses, utilizando el engaño y la manipulación para lograr sus objetivos.

Así pues, los factores del diamante del fraude y el maquiavelismo son capaces de influir en la intención de fraude. La presión y capacidad, como el maquiavelismo, son factores internos del individuo que, unidos, incrementan la intención de fraude. Esto ocurre sobretodo cuando dicho maquiavelismo es alto. Por su parte, la oportunidad como factor externo puede aumentar, si va ligada al maquiavelismo, la intención de fraude. Un ejemplo sería carecer de un sistema interno de denuncias en la organización, u otros medios de control.

Así las cosas, con el fin de medir los factores y rasgos maquiavélicos, se llevó a cabo un experimento con 419 estudiantes de universidades indonesias. Los participantes realizaron diversos tests. Así, los sujetos leyeron el perfil de la empresa y su rol y tarea en el experimento como gerente de compras, a cargo de autorizar la adquisición de materia prima de una empresa papelera. Del mismo modo, los autores dividieron a los participantes entre aquellos con un alto y bajo nivel maquiavélico.

En general, los resultados mostraron que los factores del diamante y las actitudes maquiavélicas afectan a la intención de fraude.

La presión, sobretodo vital, se mostró como un factor determinante para la intención de fraude entre los participantes. Entre los motivos encontramos, generalmente, la codicia, vivir más allá de sus medios, grandes gastos o deudas personales, pérdidas financieras e incapacidad para cumplir con un pronóstico financiero.

La racionalización sirve como justificación del fraude y los actos no éticos del individuo. Consecuentemente, algunos autores sugieren que cuando esos actos no se pueden justificar, es más improbable que se produzca el fraude. Con respecto a la oportunidad, se comprobó que los sistemas internos de denuncia son mecanismos efectivos para mitigar el fraude.

Finalmente, las personas con alta capacidad tienden a correr más riesgos y exhibir una mayor intención de fraude. Por tanto, la investigación constató que la capacidad es un gran factor de refuerzo del triángulo, ahora diamante, del fraude.

Por último, en este estudio, la consideración moral indicada por la intención de fraude se ve afectada por la personalidad maquiavélica. Las personas con alto maquiavelismo tienden al egoísmo y priorizan los resultados sobre el proceso. Por lo tanto, es probable que exhiban una mayor intención de fraude que aquellos con un bajo maquiavelismo.

Por tanto, el estudio reveló que los factores del diamante del fraude hacen que aumente el fraude intencional. Sin embargo, no interactúan con la personalidad maquiavélica tanto como pueda parecer. El diamante del fraude es el principal factor que incide en la intención de fraude. Los rasgos maquiavélicos son factores que fomentan la intención de fraude, pero no son un factor impulsor (interacción) de los componentes del diamante del fraude con respecto a la intención de fraude.

En conclusión, el estudio demuestra que existen relaciones causales entre los componentes del diamante del fraude y la intención de fraude. Además, también existe una relación causal entre el maquiavelismo e intención de fraude. El maquiavelismo fomenta directamente la intención de fraude, pero no interactúa con el componente del diamante del fraude para fomentar la intención de fraude.

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Delincuentes violentos: ¿castigar o rehabilitar? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Should all violent offenders be treated equally? Perceptions of punishment and rehabilitation for violent offenders with varying attributes” de Atkin-Plunk C. A. (2020), en el cual se examinan las preferencias diferenciales de sanción para los delincuentes violentos en función de sus atributos personales.

Criminales, agresores sexuales, ladrones, delincuentes juveniles… si pudieses elegir, ¿optarías por castigos, rehabilitación o ambas?

Hasta los años ’70, la ideología correccional estaba mayoritariamente basada en la rehabilitación de los individuos implicados en conductas delictivas. Con la aparición de diversas publicaciones que ponían en duda la eficacia de los programas de rehabilitación, el enfoque ha cambiado hacia acciones más punitivas. Por ello, la población correccional registró un aumento destacable.

En este proceso de cambio, la opinión publica también se tuvo en cuenta. Muchos investigadores del momento han analizado si la población se orienta hacia lo punitivo tanto como los legisladores. Las tendencias registradas mostraban que la población tiene una actitud altamente punitiva hacia la criminalidad. Acepta leyes duras de castigo, optan por la encarcelación, sentencias más largas y la pena de muerte.

En cualquier caso, la población sigue apoyando los programas de rehabilitación.  Esto lleva al concepto de justicia equilibrada. Aunque deseemos castigar duramente a los que incumplen la ley, también aprobamos la rehabilitación e incluso la reintegración. Generalmente, parece que se ha superado la visión de los años ’20 tipo enciérralos y tira la llave.

Se ha visto que incluso los individuos más conservadores, que atribuyen la culpa de los delitos a factores disposicionales (p. ej. personalidad), también reconocen que los factores situacionales pueden llevar a cometer delitos. Aunque haya una visión muy punitiva de los delitos (p. ej. como ocurre en el estado de Texas), muchas personas optan por sanciones de rehabilitación para los delincuentes no violentos.

Cuando se trata de conductas violentas, hay una tendencia de preferencia para los castigos severos. Muchas personas consideran que en la rehabilitación no funciona para los delincuentes violentos. Por ello, si tenemos que elegir una intervención para un traficante de drogas, es más probable que optemos por la rehabilitación. En cambio, si el delincuente es un violador, esa opción no nos parece viable.

Hasta aquí, queda claro que la gravedad del delito nos influye a la hora de elegir sanciones. Dónde hay violencia, queremos más castigo. Lo que queda menos claro es qué condiciones o atributos de los delincuentes violentos influyen en las preferencias de sanción.

Es decir, aparte de diferentes tipologías de delitos, ¿nos influye saber que el delincuente sufre de drogodependencias u trastornos mentales, que ha vivido bajo patrones de abuso o que ha prestado servicio militar? El estudio citado pretende indagar en ello.

La elección de tales atributos se basa en evidencias de que solemos juzgar una conducta como moralmente incorrecta en función del estado mental del delincuente. En cambio, cuando elegimos una sanción, tenemos en cuenta el daño causado por tales conductas.

Una asignación de sanciones más duras se da cuando consideramos que el delincuente es moralmente responsable del daño causado. Por ello, es posible que ciertos atributos reduzcan o aumenten la percepción sobre la responsabilidad moral del delincuente y, consecuentemente, asignar sanciones más o menos duras.

En el estudio participaron 575 estudiantes universitarios de criminología. Estos contestaron a varias preguntas completando un cuestionario. Para cada pregunta hay 4 versiones en las que se plantea un atributo diferente: drogodependencia, trastornos mentales, veteranos e individuos que han sufrido de violencia doméstica.

También se registran diferentes variables demográficas, así como el riesgo percibido de ser víctima, importancia que se da a la religión y actitudes racistas. Todas ellas se han seleccionado en base a evidencias previas de relación con actitudes de castigo de los delincuentes.

¿Cuál debería ser la meta de las sentencias para delincuentes violentos: castigar o rehabilitar?

Tal como se esperaba, los participantes no ven a todos los delincuentes violentos de la misma manera. Por ejemplo, creen que la rehabilitación debería ser la primera elección cuando se trata de delincuentes que sufren de trastornos mentales (38,9%). Por otro lado, creen que los que menos deberían recibir este tratamiento como primera elección son aquellos delincuentes que han sufrido de violencia doméstica (12,1%).

Para una justicia equilibrada optan aproximadamente la mitad de los sujetos, tanto para delincuentes que sufren de drogodependencias (45,7%), como para aquellos que sufren de trastornos mentales (47,8%) o son militares veteranos (45,4%). Para los delincuentes que han sufrido de violencia doméstica se registran mayores preferencias para sanciones típicas como el encarcelamiento (62%).

¿Se merecen estos delincuentes violentos tener acceso a programas de rehabilitación? ¿Es posible rehabilitarlo y son estos programas eficaces? ¿Cooperan los delincuentes con los profesionales de rehabilitación en ese proceso?

Las respuestas a estas preguntas conforman creencias sobre los programas de rehabilitación. Lo que se pretende es observar si estas creencias son diferentes en función de las características de cada participante (p. ej. sexo, raza) del estudio.  Por ejemplo, ¿son la raza o la ideología política características que marcan la diferencia en estas creencias sobre rehabilitación?

En todos los casos de delincuentes violentos con los diferentes atributos planteados se observa que, cuando los participantes creen que estos merecen tener acceso a la rehabilitación y/o que esta es eficaz, hay mucha más probabilidad de optar por un sistema de justicia equilibrada. También hay mayor tendencia en estos casos a mostrar preferencias hacia la rehabilitación por encima del castigo.

En el caso de los delincuentes violentos con trastornos mentales o con drogodependencias, la variable demográfica con mayor impacto es la ideología política. Específicamente, si los participantes se identifican con una ideología conservadora, las preferencias de castigo son mayoritarias y mucho más que en los sujetos liberales. Cuando se trata de delincuentes violentos militares veteranos, quienes se identifican con una ideología política moderada apoyan más el castigo y menos la rehabilitación que los liberales.

Otra variable demográfica con un papel destacable es el año de estudio en el que se encuentran los participantes. La preferencia por la justicia equilibrada se da más en sujetos que se encuentran en el último año de carrera cuando se trata de delincuentes violentos con drogodependencias.

La nota media del curso parece mostrar una asociación con las preferencias de castigo/rehabilitación para los delincuentes violentos que han vivido en un entorno de violencia doméstica. Específicamente, a mayor nota media, mayor probabilidad de optar por un sistema de justicia equilibrada. Para este tipo de delincuentes, también influyen en las preferencias de castigo/rehabilitación la raza y el género de los participantes. Parece que los hombres blancos son los que más optan por la rehabilitación y no por el castigo.

En resumen, las creencias de que la rehabilitación funciona, que los delincuentes violentos se merecen acceso a ello e incluso que estos vayan a colaborar en su proceso de tratamiento (para los veteranos) están detrás de las preferencias por una justicia equilibrada y para la rehabilitación como primera elección por encima del castigo.

Ello ocurre en todos los casos, pero con matices. Los porcentajes de probabilidad de optar por una preferencia de justicia equilibrada debido a las creencias antes mencionadas son mayores cando se trata de delincuentes violentos con trastornos mentales y menores para los que han vivido en entornos de violencia doméstica. La ideología política y el nivel de formación influyen en algunos casos, por lo que los atributos de los delincuentes violentos sí impactan en las preferencias de sanción.

Todo ello implica que la opinión pública no es tan punitiva como se ha pensaba. Las creencias sobre la eficacia de la rehabilitación y la posibilidad de que estos delincuentes mejoren a través de ello generan unas preferencias diferentes que cuando no se cree en el tratamiento. Asimismo, la responsabilidad moral que se atribuye a un delincuente varía según ciertos atributos. Es decir, la población percibe de manera diferente la causa de la conducta violenta.

Pero ¿qué pasa cuando se trata de personas no delincuentes? ¿También evaluaríamos la responsabilidad de manera diferente cuando, por ejemplo, sufren de drogodependencias o de trastornos mentales? Os invitamos a la reflexión.

 

 

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Déficits en las funciones ejecutivas como posibles predictores de la violencia de pareja. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “A systematic review of executive cognitive function intimate partner violent offenders” de Humenik A. M., Grounds Z., K., Mayer H. M. y Dolan S. L. (2020), en el cual se analizan múltiples evidencias relativas a la relación entre las disfunciones cognitivas de las funciones ejecutiva y el comportamiento violento en la pareja.

La violencia de pareja (VP) es un problema de salud pública que afecta a millones de mujeres y hombres, niñas y niños en todo el mundo. Está conectada con múltiples consecuencias negativas: problemas de salud física y psicológica, aumento de costes, victimización y morbilidad.

Este concepto -violencia de pareja- abarca comportamientos desadaptativos como la violencia física, psicológica y sexual, el acoso y el control del comportamiento del otro. Para explicar las causas de la VP se han desarrollado diversas teorías que atienden a factores socio-culturales, contextuales, de personalidad, entre otros. Aunque hayan recibido cierto apoyo empírico, fallan en explicar las probables contribuciones de algunas variables biológicas.

En este sentido, existen evidencias de la relación entre las disfunciones neuropsicológicas y la agresión. Más específicamente, se habla de disfunciones de las funciones cognitivas ejecutivas (FEs) que facilitan las conductas de agresión.

En cualquier caso, la VP y la agresión en general son dos constructos que difieren en cuanto a rasgos de personalidad implicados, comportamientos antisociales y presencia de psicopatologías. Ello implica que, si las disfunciones de las FEs están asociadas a la agresión, no necesariamente serán de gran importancia en la violencia de pareja. La VP es un proceso complejo, que va más allá de las conductas de agresión per se.

Por ello, se necesita evaluar de manera específica las conexiones entre la violencia de pareja y las FEs. Los autores de este estudio recopilan los hallazgos en cuanto a estas conexiones, atendiendo a las funciones cognitivas de alto nivel o ejecutivas que ya han mostrado importancia en los comportamientos de agresión.

Estas FEs son: la memoria de trabajo (MT), la flexibilidad cognitiva, la inhibición (control inhibitorio), la fluencia y la toma de decisiones. Todas están mediadas por el proceso de atención y tienen un papel importante en el control y la regulación de procesos implicados en las intenciones, planificación y desarrollo de las conductas necesarias para conseguir una meta. En general, las disfunciones en el funcionamiento de las FEs están asociadas a dificultades académicas, profesionales e interpersonales.

Los estudios sobre agresión y FEs indican que los sujetos que presentan mayores niveles de impulsividad, desinhibición e inflexibilidad cognitiva también muestran conductas agresivas más violentas y con mayor frecuencia. También hay evidencias de que los déficits en las FEs de mayor gravedad están asociados a tipos específicos de comportamientos antisociales.

Los estudios sobre violencia de pareja y su relación con el funcionamiento de las FEs muestran resultados mixtos que vamos a describir a continuación. Estos hallazgos provienen de 22 estudios que incluyen mediciones de FEs y cuyas muestras de estudio se componen de sujetos mayores de edad y que hayan llevado a cabo conductas de violencia de pareja.

La flexibilidad cognitiva es la habilidad de pensar sobre algo de múltiples maneras e incluye el concepto de cambio mental (de creencias, punto de vista, etc.). En general, es una de las funciones más estudiadas en relación a la agresión.

De los estudios analizados, 20 muestran relaciones entre déficits en flexibilidad cognitiva y la violencia de pareja. La relación se explicaría por la puesta en práctica de estrategia inefectivas de resolución de problemas. Por ello, cada vez que el sujeto violento se encuentra con una situación de pareja que considera como un problema, aplica estrategia de resolución basadas en la agresividad y la violencia.

Aunque los grupos control varían de estudio a estudio, generalmente los maltratadores registran mayor cantidad de errores en las tareas de flexibilidad cognitiva y responden más lentamente. Comprados con grupos de sujetos no violentos, los sujetos maltratadores fallan más. En cambio, en otros estudios son los que más fallan en las tareas de flexibilidad cognitiva pero no más que los agresores sexuales.

La memoria de trabajo es la habilidad de almacenar y manipular información en la consciencia por un corto periodo de tiempo.  Es clave en la regulación del procesamiento de la información social, de la atención y de las conductas orientadas a metas.

Los déficits de la MT se han asociado con una interpretación errónea de las señales sociales. Esta interpretación errónea es un factor de riesgo para las agresiones, tanto en niños/as como en adultos. Más específicamente, los sujetos implicados en conductas violentas suelen mostrar un peor rendimiento en tareas de memoria de trabajo espacial que los sujetos no violentos.

En cuanto a los maltratadores, hay resultados mixtos debido a la diversidad de metodología y medidas que utilizan. Por ejemplo, en un estudio se comparan sujetos condenados por VP con dependencia de alcohol (VP+), sujetos no condenados por VP con la misma dependencia (VP-) y sujetos fumadores como grupo control. En la tarea de recuperación de dígitos contando hacia atrás, el grupo VP+ ha mostrado el peor rendimiento.

En otro estudio se ha comparado el rendimiento de sujetos maltratadores con y sin historial de otras conductas violentas y un grupo control sin condenas. En una tarea de span de memoria para dígitos, ambos grupos de sujetos maltratadores han mostrado peores resultados que el grupo control. Además, el grupo de maltratadores con historial de otras conductas violentas exhibió el peor rendimiento.

 Resultados como estos indican la presencia de patrones de déficits de la MT diferenciales entre aquellos que cometen VP y aquellos que cometen conductas violentas de manera más generalizada. Aun así, los resultados difieren en función de la tarea requerida y, a veces, se observan diferencias no significativas o bien significativa, pero de tamaño de efecto pequeño.

El control inhibitorio es la habilidad de controlar y autorregular la atención y los impulsos propios. En pacientes forenses, los problemas de la capacidad de inhibición son el predictor más fuerte del comportamiento agresivo. Asimismo, la desinhibición está muy relacionada con la impulsividad y muchas veces se solapan. La impulsividad tiene alta relevancia en este contexto, siendo una característica repetidamente asociada a las conductas de agresión.

Los sujetos que maltratan a sus parejas exhiben mucha más desinhibición que sujetos que no cometen este tipo de conductas. La desinhibición se encuentra asociada a niveles más altos de agresión tanto mutuamente en pareja, como de maltrato de marido a mujer y de maltrato de marido a mujer con violencia grave.

Los sujetos maltratadores dan respuestas más rápidas en tareas de Stroop emocional con palabras agresivas. Aquellos que también tienen un historial de otras conductas violentas muestran un tiempo de reacción aún mayor.

Ello sugiere dificultades para inhibir los estímulos emocionales distractores. Estas dificultades llevan a déficits de resolución de problemas en situaciones cargadas emocionalmente (como los conflictos) y, consecuentemente, se desarrollan respuestas agresivas. Los estudios que no encuentran diferencias significativas destacan por tener muestras de estudio muy pequeñas, lo que no permite sacar conclusiones fiables.

La fluidez es la habilidad de producir información verbal o no verbal durante un periodo de tiempo determinado sin repetir las respuestas.  Muy pocos estudios analizan la fluidez verbal en relación a las conductas violentas. En general, los resultados indican que no hay diferencias significativas en la fluidez verbal entre sujetos molturadores y no maltratadores.

Por último, la toma de decisiones es la habilidad cognitiva de hacer una elección lógica de varias opciones. Los déficits en toma de decisiones han mostrado asociaciones con el comportamiento violento numerosas veces. Además, los comportamientos de riesgo y de agresiones impulsivas parecen compartir déficits en la zona orbitofrontal del cerebro, con un papel clave en la toma de decisiones.

En algunos estudios se han observado importantes déficits en la toma de decisiones de sujetos que cometen violencia de pareja. Dedican menos tiempo al proceso deliberativo, muestran una peor calidad de decisión, se arriesgan más y presentan mayor aversión a posponer las conductas. En cualquier caso, hay resultados mixtos. Por ejemplo, algunos estudios sugieren un mejor rendimiento de estos sujetos comparado con los que cometen otro tipo de conductas violentas. Otros sugieren que no hay déficit alguno en la toma de decisiones.

Cada vez más estudios consideran los daños cerebrales traumáticos y el abuso de sustancias como factores que influyen en el funcionamiento neuropsicológico. Estos factores también afectarían a las funciones ejecutivas y estarían relacionados con las conductas de violencia de pareja.

Tanto los comportamientos de agresión como de consumo de drogas se han asociado a dificultades para considerar a priori las consecuencias de una conducta, así como dificultades para la inhibición conductual. El uso de drogas como, por ejemplo, el alcohol, puede incrementar la gravedad de las agresiones. El alcohol y otras drogas limitan la capacidad de autorregulación del comportamiento y de procesamiento de las señales sociales. Por ello, sería similar a lo mencionado en los déficits de memoria de trabajo.

En cuanto al daño cerebral de origen traumático, destacar que muchos sujetos con conductas violentas también tienen historial de alguna lesión en la cabeza (p. ej. golpes por accidente). La prevalencia de este tipo de daño cerebral es alta en la población de sujetos maltratadores y posiblemente mayor que en la población general.

En conclusión, puede haber múltiples fuentes de déficit en las funciones ejecutivas. Estos déficits no se pueden pasar por alto en las conductas violentas porque, generalmente, hay evidencias de su importancia. Ello no implica justificar las conductas violentas por causas biológicas, ni descartar el papel de otro tipo de factores como contextuales, socio-económicos, culturales u otros. Mejor conocimiento sobre qué impacta, influye o provoca las conductas violentas, mayores posibilidades de desarrollo de estrategias eficaces de prevención y tratamiento.

 

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La Triada Oscura y las conductas de fraude. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The effect of the dark triad on unethical behavior” de Harrison A., Summers J. y Mennecke B. (2016), en el cual se analiza el papel de los rasgos de personalidad de la Triada Oscura en las conductas de fraude.

El fraude en la era digital implica comportamientos bastante diferentes de lo que los investigadores del fraude están acostumbrados. No obstante, es probable que detrás de las conductas de fraude estén los mismos perfiles psicológicos que en el fraude no digital. Es decir, los hallazgos previos en cuanto a estos perfiles pueden seguir siendo válidos. El cambio de comportamiento puede ser simplemente la adaptación al nuevo entorno: lo digital.

Las conductas no éticas se definen como actos que provocan daño ajeno y que son ilegales o inaceptables moralmente para la comunidad extensa. Las investigaciones sobre el fraude han sacado a la luz importantes factores psicológicos que afectan a la propensión de llevar a cabo conductas no éticas. No obstante, que afecten no equivale a que sean causas de las conductas fraudulentas. Cuáles son las causas de tales conductas sigue siendo una pregunta sin responder.

Algunos factores personales han sido considerados ampliamente como factores predisponentes de ciertas conductas. Algunos serían: nivel educativo, estatus socio-económico o rasgos de personalidad. Estos últimos son los que reciben atención en el estudio citado. ¿Cómo influyen ciertos rasgos de personalidad en las conductas de fraude? E incluso ¿cómo influyen estos rasgos en el proceso de toma de decisiones?

Los rasgos de personalidad de interés en la conducta fraudulenta son aquellos que conforman la conocida triada oscura. Estos tienen un papel destacable en varias conductas antisociales y el fraude es una de ellas. Hablamos de psicopatía, narcicismo y maquiavelismo. Cuando se presentan de manera combinada, suelen considerarse como predictivos de actitudes y comportamientos egoístas, manipulativos e insensibles.

Estos rasgos influyen en conductas no ética, pero se desconoce si, por ejemplo, afectan a la toma de decisiones. Saberlo es importante porque para llevar a cabo cualquier conducta, primero se toma la decisión de hacerlo. Las decisiones pueden ser más o menos conscientes, pero el proceso de toma de decisiones siempre está presente.

En cuanto al fraude, las conductas relacionadas se analizan desde una perspectiva interaccionista. Es decir, los individuos que deciden cometer fraude responden a una serie de factores que interaccionan entre sí. Hay motivación para cometer un fraude o engañar. Se da la oportunidad de engañar a otro individuo y aprovecharse de él. Por último, hay habilidad de racionalizar los actos no éticos desde un código ético propio, no compartido.

Por ejemplo, imagínate que vas a una entrevista de trabajo. Para aumentar las probabilidades de conseguir el puesto (motivación), puedes mentir sobre tu historia laboral. Sabes, además, que la empresa entrevistadora no suele verificar las credenciales de los aspirantes (oportunidad), porque es una empresa pequeña, con mucha carga de trabajo y necesitan contratar ya. Al decidir mentir en esta entrevista puedes pensar algo así como no creo que sea poco ético, es una mentira de nada; con lo competitivo que está el mercado, me vale la pena mentir, todos mienten en algún momento. ¡Tan grave no es! (racionalización desde un código ético propio).

Este sería un ejemplo de la estructura del llamado triángulo del fraude. Muchas veces también se considera un cuarto elemento: las capacidades del individuo. Una persona evalúa si tiene la capacidad de llevar a cabo exitosamente la conducta fraudulenta. En el ejemplo anterior sería evaluar si tenemos la habilidad de mentir.

Aquel que quiera cometer un fraude debe detectar la oportunidad de hacerlo. La dificultad de asegurar que las identidades digitales son reales y la posibilidad de anonimidad da lugar a oportunidades de engaño y reduce la presión al conformismo con las normas sociales en contra del fraude.

La motivación para cometer un fraude es necesaria en términos de tener como meta obtener una serie de beneficios. No obstante, esa búsqueda de beneficios se presenta más en términos de necesidad de responder a problemas que un individuo experimenta como difíciles de resolver: tener problemas económicos, no encontrar un trabajo, etc.

Racionalizar las conductas de fraude implica que el individuo sigue teniendo actitudes de rechazo hacia tales conductas en la sociedad. Lo que ocurre es que encuentra justificaciones para sus conductas no éticas lo suficientemente convincentes para que distorsione su percepción desde una conducta no ética hacia una conducta justificada. La racionalización es la reconciliación de intenciones deshonestas con un código ético personal que habilita al individuo a actuar de manera deshonesta o inmoral en contextos y situaciones específicas.

¿Por qué voy a avisar a la dependienta de la vuelta incorrecta de dinero si no es atenta a su trabajo? (culpar a la víctima). Yo no miento por mentir; pero si no lo hago ahora, se va enfadar y le voy a quitar toda la ilusión que tenía (hacer el bien).

En el contexto digital, los fraudes son mayoritariamente de naturaleza económica. No obstante, también hay motivaciones no monetarias. Por ejemplo, la presión social de conseguir un estatus de éxito, poder e influencia, algo muy típico en el mercado actual. Las prácticas fraudulentas online más comunes son una descripción falsa de los productos/servicios a vender y la no entrega de dichos productos/servicios. Los canales de comunicación más comunes son los correos electrónicos y la paginas web.

Dada la frecuencia de este tipo de fraudes, los autores de la investigación desarrollan un estudio endos fases enfocado en la venta digital de un producto tecnológico. En dicho estudio participan 329 sujetos.

En la fase 1, además de completar un cuestionario con datos demográficos y escalas relativas a sus rasgos de personalidad, los participantes estimaron el valor de 6 tipos de productos de tecnología: smartphones, ordenadores de sobremesa, laptops, tablets, cámaras digitales y DVDs. Lo relevante de estas estimaciones es el valor que se la da a un iPhone que no está en perfecto estado, está usado y tiene arañazos. Por otro lado, los participantes estiman el valor de todos los productos mencionados para evitar que en la fase 2 recuerden el precio estimado en la fase 1.

La fase 2 ocurre una semana más tarde y participan los mismos sujetos. En esta fase, se pide la creación de un anuncio de venta del iPhone, mencionando precio, estado y descripción. Las diferencias entre ambas fases mostrarían la intención de engañar a posibles compradores y si existen relaciones entre dichas intenciones y los rasgos de personalidad de la triada oscura. Por ejemplo, si un sujeto estima en la  fase 1 un precio de 100 euros y de 200 en la fase 2 y, además, informa de que el estado del móvil es nuevo, estaría intentando engañar al futuro comprador.

Lo principal de los resultados es que los rasgos de personalidad asociados a la triada oscura sí influyen en el comportamiento de fraude. Más interesante aún, se observa que diferentes rasgos de la triada oscura afectan a diferentes factores del triángulo del fraude. Es decir, diferentes constructos de la triada oscura facilitan diferentes partes del proceso de la decisión de engañar.

El narcisismo correlaciona positivamente con la motivación de cometer fraudes. No obstante, el narcisismo implica desear aparentar poder y prestigio, pero internamente hay mucha inseguridad. Esto encaja con el hallazgo de los autores en cuanto a alta motivación de cometer fraudes, pero una muy baja percepción de ser capaz de cometerlos.

Las altas puntuaciones en maquiavelismo muestran un importante impacto en la motivación y en la percepción de oportunidad de cometer fraudes. El deseo de control y poder de estos individuos generan alta motivación para engañar a otros. No obstante, aun de percibir oportunidades para engañar, la poca confianza que suelen tener en otros disminuye dicha percepción.

La psicopatía parece jugar un papel central en la decisión de cometer un fraude. En el estudio se ha observado que este constructo, asociado a amoralidad y propensión a actuar impulsivamente, es el que mayor impacto tiene en el proceso de decisión de cometer fraudes. Esto es así por efectos destacables en la racionalización. La racionalización también suele considerarse como uno de los factores más cruciales del triángulo del fraude. Si alguien es capaz de justificar cualquier acto, será difícil que no lo lleve a cabo.

En conclusión, en los comportamientos fraudulentos tienen mayor impacto los rasgos relativos a psicopatía y maquiavelismo y mucho menos los relativos a narcicismo. Un enfoque interaccionista como el de este estudio permite detectar influencias más específicas de diferentes factores, como son, en este caso, los rasgos de personalidad de la triada oscura. Cada comportamiento implica una serie de pasos y casi todos los comportamientos humanos son complejos. Por ello, se necesita un análisis de  los factores que influyen en cada uno de esos pasos, con el fin de desarrollar modelos de prevención e intervención más eficaces.

 

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Grafología y lateralidad: análisis de la preocupación generalizada en zurdos vs. diestros. Club de Ciencias Forenses

 Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Worry assessment by handwriting analysis of right-handed and left-handed individuals” de Mudaliar L., Bhandari D. y Dabholkar (2017), en el cual se evalúa la preocupación mediante el análisis de la escritura en busca de posibles diferencias entre diestros y zurdos.

Escribir a mano es una habilidad motora compleja que implica múltiples procesos e impulsos a nivel sensorial, neurológico y fisiológico. Específicamente, en el proceso de escribir a mano participan la percepción visual, conocimiento de formas, vías motoras y sensoriales del sistema nervioso, así como la anatomía y fisiología de huesos y músculos del brazo.

Cuando aprendemos escribir a mano, empezamos por prácticas muy simples y vamos cada vez a lo más complejo. A medida que se perfecciona el proceso de escritura, expresamos patrones inconscientes propios a través de ella. La forma de escribir expresa características individuales y un experto grafólogo puede captarlas, analizarlas e inferir rasgos de personalidad del escritor.

La grafología es entender la psique humana a través de los impulsos que están detrás del escribir y que se plasman en un papel. No tienen que ser necesariamente letras, también dan información los dibujos, los garabatos, las firmas o los escritos numéricos. Los patrones conductuales del escritor se predicen a partir de los rasgos de escritura como tamaño, presión, numero de interrupciones, márgenes, velocidad de escritura, espaciado e inclinación.

La grafología se utiliza especialmente en el campo forense, por ejemplo, en casos de fraude y/o falsificación. Además, el enfoque holístico del análisis de la escritura parece tener cierto valor diagnóstico y podría ofrecer pautas útiles en psicoterapia. Y aunque el análisis de la escritura para inferir rasgos de personalidad puede que no tenga evidencias totalmente consistentes, sí puede utilizarse para identificar condiciones neurológicas.

Ser zurdo o diestro es una característica que se expresa de muchas maneras en nuestras vidas. Por ejemplo, influye en nuestra percepción del bien  del mal. Como no, escribir también es un área que recibe influencias de la lateralidad. Escribir a mano es una actividad neuromuscular, por lo que está influida por la lateralidad del escritor.  Y si la escritura refleja la personalidad y la lateralidad implica diferencias a varios niveles como neurológica y/o muscular, entonces ¿las personalidades también están influidas por la lateralidad? ¿Muestran los diestros y los zurdos rasgos de personalidad diferenciales en su escritura a mano?

Los autores de este estudio intentan responder a esta pregunta. Haciendo un análisis grafológico, analizan si hay diferencias en la evaluación de la preocupación de los escritores en función de su lateralidad. Para ello, analizan muestras de escritos a mano de 50 diestros y 50 zurdos. Estos también cubren una escala que mide la tendencia general a preocuparse (preocupación como rasgo), una cuestión importante en algunos problemas de salud mental, por ejemplo, el Trastorno de Ansiedad Generalizada.

Lo que observan es ciertas características de escritura sí muestran diferencias significativas entre diestros y zurdos. Por ejemplo, más diestros (35%) que zurdos (15%) escriben con una inclinación izquierda. La inclinación hacia la izquierda denota quietud, tranquilidad, pensar antes de actuar y tendencia a ser solitario.

Asimismo, más zurdos (35%) que diestros (25%) escribieron con inclinación derecha. Este tipo de inclinación se interpreta como asertividad, confianza y a veces (junto a otras características presentes) como insensibilidad.

La escritura a mano sin inclinación se observa en el 50% de los zurdos y el 45% de los diestros. También se observan diferencias en cuanto a los márgenes de página. El 80% de los diestros dejan un margen izquierdo y el 20% centran el texto. En cambio, el 60% de los zurdos dejan un margen izquierdo, 30% centran el texto y también se encuentra un 10% que dejan un margen derecho, algo no observado entre los diestros.

Un margen izquierdo refleja una orientación hacia el pasado y dificultades para dejar las cosas atrás. El margen derecho, observado en esta muestra solo en los zurdos, denota miedo a lo desconocido y preocupación constante sobe el futuro. Centrar el texto se interpreta como buena organización, estabilidad y toma de decisiones duradera y clara.

En términos generales, se puede decir que hay bastante heterogeneidad. Hay algunas diferencias destacables entre zurdos y diestros, pero no es suficiente para considerar que se deban a la lateralidad.

Atendiendo a la hipótesis principal del estudio, id est niveles diferentes de preocupación en función de la lateralidad y observada en la escritura a mano de los participantes, se destaca que no se han registrado diferencias significativas. Los niveles de preocupación se reflejan de manera similar entre zurdos y diestros y hay heterogeneidad.

Un 30% de diestros y un 25% de zurdos muestran baja preocupación. Un 55% y 65% de diestros y zurdos, respectivamente, muestran un nivel medio de preocupación. Por ultimo, 15 y 10% se corresponden a diestros y zurdos con altos niveles de preocupación.

En conclusión, que la personalidad de los zurdos y diestros sean diferentes podría perfectamente ser solo un mito. Claro está que los autores solo analizan el nivel general de preocupación y no la personalidad en general. No obstante, es un paso más que añade información interesante. Siempre con cautela, se puede deducir que el rasgo de preocupación generalizada no varía en función de la lateralidad.

En cuanto a la utilidad de la grafología, este estudio es buen ejemplo. Recordar que la grafología puede ser una buena herramienta de apoyo a otras técnicas, herramientas o métodos, tal como vimos en un artículo anterior sobre el diagnostico de TDAH.

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El fraude empresarial: ¿cuestión de ética personal u organizacional?

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Fraud and understanding the moral mind: need for impementation of organizational characteristics into behavioral ethics” de Houdek P. (2019), en el cual se analiza el porqué y el cómo de la ocurrencia del fraude a nivel empresarial desde el punto de vista del funcionamiento de la moral humana.

En el año 2015, nos contaban que Volkswagen había alterado los resultados de los controles técnicos de emisiones contaminantes en 11 millones de automóviles. Este escándalo dañó la reputación de esta organización tan admirada e innovadora. Unos hechos de tal magnitud no podían deberse a un puñado de ingenieros que querían engañar. Probablemente había toda una cadena de gestión y dirección que aprobó tal fraude.

Hay muchos ejemplos de fraudes empresariales. Lo más preocupante no solo es el fraude en sí y sus consecuencias, sino un comportamiento de las personas que los cometen aparentemente sin culpa y sin grandes esfuerzos para esconderlas. Por eso, no sería descabellado preguntarnos: ¿el fraude es la excepción o la regla?

La ética conductual es un área de estudio que puede arrojar luz sobre los procesos implicados en el razonamiento moral, las emociones relacionadas y el impacto de los factores situacionales en el comportamiento deshonesto.

Existen muchos estudios sobre las respuestas humanas ante dilemas morales. No obstante, se conoce muy poco sobre su ocurrencia en contextos organizacionales. Hay cuatro aspectos de la conducta no ética poco explorados que los autores de este estudio analizan y los describimos a continuación.

1.La deshonestidad y el engaño como características deseables en algunas profesiones y sectores. La habilidad de engañar puede ser un rasgo de valor para algunas profesiones. Ser capaz de convencer a otros a través de la mentira a veces se considera como una competencia y no como una razón para desconfiar.

Según diversas estimaciones, se descubre solo un cuarto de los fraudes financieros y el castigo raramente se corresponde a la magnitud del daño provocado. Si una empresa lleva a cabo actividades fraudulentas, fácilmente se genera una cultura empresarial basada en engañar a los clientes. Además, si una organización obtiene beneficios del fraude y el engaño, la motivación para prevenir tales conductas puede ser nula.

Lo que se nos dice es que ser deshonesto señala la baja integridad de las personas que muestran tales conductas y la violación de las normas se castiga. Esto es algo que todos sabemos de manera explícita o implícita. No obstante, no es algo universal. Estereotípicamente, el engaño es parte de algunas profesiones como las ligadas a la política, inversiones, espionaje, venta y artes escénicas.

De los pocos estudios relativos al engaño y la profesión hay uno muy interesante. En dicho estudio, los participantes observaban jugadores que tenían que elegir entre engañar a su contrincante o no. Los participantes que habían observado el desarrollo del juego, clasificaron posteriormente a cada jugador en un tipo de profesión u otra.

Los jugadores que habían engañado fueron preferidos mayoritariamente para ventas e inversiones bancarias. La mayoría de los jugadores honestos fueron clasificados en roles de contable y gestor y especialmente en sectores sin ánimo de lucro. Por tanto, el engaño había sido considerado como signo de habilidad o competencia para ciertas profesiones.

El comportamiento de fraude no siempre es algo buscado deliberadamente. A veces, las personas justifican tales conductas racionalizando y, así, disminuyendo las amenazas a la faceta moral de su autoconcepto. Por ejemplo, cuando la vuelta de una compra es errónea y beneficiosa para nosotras, algunas no decimos nada. Justificamos de diversas maneras: así aprende quien se haya equivocado, a nosotras también se nos ha engañado otras veces, nos dimos cuenta muy tarde, etc.

Por otro lado, engañar, mentir o hacer daño deliberadamente puede generar auténticas emociones positivas. Y estas no solo aparecen en personas con psicopatía/sociopatía. Por ejemplo, pensemos en la cantidad de conductas de bullying que se dan en la escuela. Asimismo, las conductas de engaño en relación a las cualidades o rendimiento de uno mismo también pueden elevar la autoconfianza. Y la alta autoconfianza puede llevar a que uno mismo se convierta objetivamente en una persona exitosa.

2.La deshonestidad puede ser un costo aceptable a cambio de otros rasgos deseados de un empleado. La racionalización de las conductas de fraude puede que sea uno de los mecanismos psicológicos esenciales que permiten la persistencia y/o ocurrencia de la deshonestidad. Si las personas pueden justificar porqué sus conductas no son problemáticas, tales conductas pueden propagarse.

Un estudio relacionó la habilidad de racionalizar con la creatividad. Ambas podrían partir de la misma fuente, es decir, la habilidad (mental) de romper las reglas, sean estas la toma de decisiones convencional o las normas sociales. En dicho estudió se observó que las personas más creativas estaban más dispuestas a engañar. Primar la creatividad también aumentaba esa disposición.

Parece que la relación entre creatividad y deshonestidad está mediada por la habilidad de racionalizar, es decir, de modificar creativamente las reglas. Por tanto, a nivel organizacional, sería fácil que donde se consiga un compromiso con la creatividad y la innovación, también se consiga un menor respeto para las normas sociales. Además, algunas empresas pueden priorizar la contratación/promoción de empleados creativos y pasar por alto actividades deshonestas (y reforzarlas).

Se ha observado que las personas que engañan en las entrevistas de trabajo no quedan necesariamente en desventaja. Por ejemplo, a candidatos que, cuando se les preguntaron por sus debilidades contestaron con frases más típica de fanfarroneo (p. ej. suelo trabajar demasiado), se les percibieron menos empáticos, de confianza u honestos, pero, a la vez, más inteligentes, flexibles o capaces.

3.La deshonestidad y el engaño pueden ser vistas incluso como actividades prosociales, por lo menos desde el punto de vista del que toma una decisión. Un ejemplo es cuando mentimos para proteger a otros e incluso para darles un beneficio, como ocurre con las mentiras piadosas. Alabamos el trabajo de un niño, aunque tenga poca calidad o alabamos la comida de una pareja, aunque no nos haya gustado.

Una mentira se considera como algo malo solo cuando es beneficiosa para el que la cuenta. Si la mentira sirve en beneficio de otros se ve como una virtud.  De manera similar, un empleado puede mentir con el fin de beneficiar a su empresa y aunque afecte a otra, esa conducta puede considerarse como virtud por parte de sus jefes y del equipo. Por tanto, las mentiras vistas como prosociales pueden fortalecer lazos intra-grupo e incluso aumentar el estatus del que miente.

No obstante, a largo plazo, las mentiras pueden volverse en contra del que las emite, disminuir su estatus moral y hacer daño a aquellos que en un principio haya defendido o protegido. Y aunque alguien que miente puede llegar a ser visto como empático, también puede ser visto como cobarde e incapaz de resolver los problemas, optando por la deshonestidad en lugar de afrontar. Además, las personas deshonestas nunca llegan a recibir un feedback realista sobre sus decisiones o rendimiento y, por tanto, no podrán mejorar o corregir fallos.

Otro dato relevante es que si alguien detecta que un compañero de trabajo es deshonesto o comete fraudes e informa de ello, ¿quién quedará afectado? Todos tenemos cierto miedo a ser acusados de chivatos y no es solo un miedo, la posibilidad de tales acusaciones es real. En un estudio se observó que el 82% de las personas que denunciaron fraudes intra-empresa acabaron despedidos, dimitieron por coacción o vieron modificadas drásticamente sus responsabilidades.

4.La implementación de sistemas éticos ineficientes es probable si muchas intervenciones situacionales recomendadas por la ética conductual no funcionan por las razones antes descritas. Que exista un código de conducta en la empresa no influye en las actitudes de los empleados. Muchas empresas que cometen fraudes tienen un código ético y, por desgracia, puede ser un simple adorno.

En un sistema ético efectivo los gestores, directivos o managers deben modelar y moldear el comportamiento deseado. También hay intervenciones conductuales simples con posibles efectos importantes. Una sería el nudging, empujar a la gente hacia la honestidad, por ejemplo, utilizando recordatorios morales. Además, se pueden practicar narrativas, escribir diferentes respuestas a diferentes problemas, juego de roles, etc.

Los empleados deben ver que las sanciones ocurren si se viola el código de conducta. En cualquier caso, las soluciones a los dilemas morales en una organización rara vez son simples y/o claras. El castigo de la deshonestidad puede llevar a su disminución (o evitación del castigo), pero afecta negativamente también a otros no implicados. Se pueden dar fácilmente situaciones de injusticia y el clima positivo puede verse afectado por un aumento de desconfianza.

Por último, las medidas situacionales actuales y predominantes a favor de la ética no son capaces de resolver dilemas organizacionales complejos. Se requieren estudios más realistas con respecto a la realidad organizacional, con dilemas diversos, ente otras cosas. Y se requiere reducir las discrepancias que hay en cuanto al beneficio versus costes de las conductas relativas a la ética.

 

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Características de los agresores sexuales juveniles. Club de Ciencias Forenses

Amigos el Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Differences in psychosexual development among child, peer and mixed juvenile sex offenders” de Lillard C. M., Cooper-Lehki C., Fremouw W. J. y DiSciullo V. A. (2019), en el cual se repasan las diferencias más destacables entre los tipos de agresores sexuales juveniles.

Las agresiones sexuales son crímenes graves con consecuencias graves. Se definen como el comportamiento que incluye cualquier interacción sexual con una persona de cualquier edad, en contra de la voluntad de la víctima, sin su consentimiento, con agresividad, manipulación, explotación o amenazas.

Durante mucho tiempo, la investigación en esta área se ha enfocado en hombre adultos que cometen agresiones sexuales. Recientemente, se han incluido en el estudio los agresores sexuales juveniles. Estos suelen ser adolescentes, con edad menor a los 18 años en el momento que cometieron la agresión.

Se estima que la mitad de los abusos sexuales a menores y el 20% de las agresiones sexuales son cometidas por agresores sexuales juveniles. Inicialmente se ha planteado que los agresores sexuales adultos y juveniles representan una sola población. No obstante, investigaciones recientes refutan esta creencia. Se ha observado que la mayoría de los agresores sexuales juveniles (ASJ) no vuelen a cometer delitos sexuales. Las tasas de reincidencia varían entre el 5 y el 15 %.

Por ejemplo, en un estudio se analizó una muestra de más de 20.000 sujetos que fueron arrestados por un delito cuando tenían entre 12 y 23 años.  Se observó que, de los sujetos con un solo arresto, el 3 % había vuelto a cometer una agresión en etapa adulta. El 12,3 % de los que habían sido arrestados por múltiples agresiones sexuales lo han vuelto a hacer en etapa adulta. El 95,5 % de los agresores sexuales adultos nunca habían sido arrestados por una agresión sexual en etapa juvenil.

Estos datos sugieren que solo una pequeña proporción de los ASJ reinciden en la etapa adulta. Asimismo, los ASJ que sí reinciden de adultos suelen ser los que han cometido múltiples agresiones sexuales cuando eran menores. Con todo ello, se destaca la importancia de separar los ASJ que han cometido múltiples agresiones sexuales de lo que se han cometido una sola agresión sexual.

Los ASJ conforman un grupo heterogéneo. No obstante, existen diversas tipologías. Una de ellas se construye en función del tipo de víctima y habría dos tipos de ASJ. ASJ con víctimas en etapa infantil o ASJ infantiles y ASJ con víctimas iguales (peer, edades parecidas con los ASJ, amigos, etc.) o ASJ de iguales. A partir de esta clasificación, se han hecho diversas comparaciones que vamos a resumir a continuación.

Características de las víctimas. Los ASJ infantiles suele cometer varias agresiones a la misma víctima. En cambio, los ASJ de iguales suelen tener mayor número de víctimas. Ambos tipos suelen atacar a conocidos. No obstante, los ASJ infantiles tienden a atacar más a familiares. Los ASJ que atacan a hermanos/as suelen mostrar una mayor tasa de abuso físico y sexual y cometer crímenes más graves. También es más probable que estos hayan sido diagnosticados con algún trastorno de la conducta.

En cuanto al género de las víctimas, los ASJ de iguales suelen atacar exclusivamente a mujeres. En cambio, los ASJ infantiles no suelen optar por un género u otro exclusivamente, aunque la mayor proporción se compone de victimas masculinas.

Características del agresor. En términos de edad no suele haber diferencias entre ASJ infantiles y de iguales, aunque hay algunos estudios que destacan que los segundos suelen ser mayores que los primeros. La raza se encuentra como no diferencial. No obstante, al igual que en el tema de la edad, algunos estudios encuentran que los ASJ infantiles suelen ser caucásicos y los ASJ de iguales afro-americanos.

En términos psicológicos, los ASJ infantiles suelen experimentar más ansiedad y tener más trastornos relativos al uso de drogas. También suelen tener una autoestima más baja, un rendimiento psicosocial más pobre y mayor probabilidad de sufrir de bullying.

Los ASJ de iguales muestran conductas más agresivas y más externalizantes. Suelen tener un estatus socioeconómico más bajo, una supervisión parental mínima y un historial criminal familiar más largo. También exhiben más conductas de delincuencia, sexo consentido, más amigos de la misma edad y mayor número de victimas desconocidas.

Características de la agresión. Los ASJ de iguales suelen atacar más en sitios públicos. Los ASJ infantiles, en cambio, suelen atacar a sus víctimas en contextos de residencia o casas de acogida. Los dos tipos de ASJ no difieren en cuanto al tipo de arma o las drogas que utilizan durante la agresión.

Desarrollo psicosexual de los agresores sexuales juveniles. Existen pocos datos al respeto. Las diferencias más destacables serían, por ejemplo, que los ASJ de iguales, así como los mixtos (víctimas menores, pero de cualquier edad) suelen informar de más experiencias sexuales consentidas y mayor uso de pornografía que los ASJ infantiles. Los ASJ mixtos también suelen tener más fantasías atípicas. En pruebas falométricas no se observaron diferencias.

Estudio. Como existen tan pocos datos sobre el desarrollo psicosexual de los ASJ, los autores estudian estas diferencias en 74 jóvenes internados en reformatorios, que han cometido alguna agresión sexual. Dos criterios de inclusión en la muestra lo suponen la disponibilidad de una evaluación psicológica y de un perfil obtenido con el Multiphasic Sex Inventory-II (MSI-II).

Congruentemente con resultados de estudios anteriores, los ASJ de iguales de esta muestra han llevado a cabo agresiones con mayor violencia y gravedad. También suelen tener en su historial criminal más condenas por delitos no violentos. En términos específicos de psicosexualidad, las únicas diferencias encontradas se refieren a los ASJ de iguales. Estos parecen tener mayores problemas de disfunción sexual y eréctil que los ASJ infantiles.

Cabe destacar que una subescala de MSI-II relativa a acoso infantil (escala Child Molestation) consigue diferenciar con alta precisión los ASJ infantiles de otros tipos. Es decir, es capaz de predecir el grupo al que pertenece un ASJ, así como el tipo de historial.

Utilizando una clasificación de 3 grupos, ASJ infantiles, de iguales y mixtos, se observan diferencias en cuanto a características de la víctima, agresión, agresor y tratamiento previo relativo a las agresiones. Los ASJ infantiles y de iguales suelen tener víctimas femeninas.

En cambio, los mixtos presentan una mayor heterogeneidad en género de la víctima. En cuanto a relación con la víctima, los datos son similares a lo antes mencionado, sumando que los ASJ mixtos suelen atacar tanto a víctimas conocidas y/o familiares, como desconocidas. Generalmente, los ASJ mixtos presentan patrones amplios, heterogéneos y sin discriminación por género, edad y otras. También estos suelen cometer su primera agresión a edades mucho más tempranas que los ASJ infantiles.

Los ASJ infantiles no suelen tener en su historial algún tipo de tratamiento relativo a las conductas de agresión sexual. Aproximadamente la mitad de los ASJ de iguales y la mayoría de los mixtos sí han recibido tal tratamiento. Entre los ASJ mixtos es común la existencia de varios tratamientos, sin completar y sin adherencia. Los fallos en los tratamientos suelen ser factores de riesgos muy importantes en cuanto a reincidencia y también informan de mayor peligrosidad.

En los estudios que analizaron agresores sexuales adultos mixtos se ha sugerido que estos suelen ser más peligrosos y tienen mayor probabilidad de reincidencia, así como la necesidad de tratamientos más intensivos. También hay posturas que no coinciden con lo anteriormente mencionado y, en cualquier caso, se necesitan más estudios similares con la población de ASJ.

 

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