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Categoría: Psicología (página 1 de 4)

Creencias sobre la tasa de error y el juicio humano en las ciencias forenses. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Beliefs about Forensic Science: beliefs about error rate and human judgment” de Ribeiro, Targen y McKimmie; en él analizan las creencias que las personas tienen sobre la precisión de las pruebas forenses, así como el testimonio de los peritos durante el juicio.

La intención de este estudio es identificar las creencias y percepciones que las personas tienen sobre la ciencia forense y las evidencias. Concretamente se investigará sobre las tasas de error y el grado de juicio humano involucrado en ella, centrándose en cada técnica y etapa (recopilación, almacenamiento, prueba, análisis, informe y presentación de evidencias). Para ello se les pidió a los participantes que piensen y describen las ciencias forenses, que proporcionen una estimación del nivel de participación humana, que juzguen cómo de probable es que ocurra un error en cada etapa del proceso y que califiquen la precisión y el nivel de participación humana para 16 técnicas forenses diferentes.

Como hipótesis de partida se manejaban que la estimación de error para cada etapa sería baja (menos del 5%) y que el juicio humano involucrado en cada fase también sería bajo (valor medio de cuatro). También se espera que los espectadores de programas sobre crímenes tengan una correlación negativa con las estimaciones de error. Se cree que las estimaciones de precisión para cada técnica serían altas (más del 90%) y que las predicciones de juicio humano serían bajas en cada técnica. Se hipotetiza que los espectadores de programas de crímenes presentarían correlaciones positivas con las estimaciones de precisión de la técnica y correlaciones negativas con las estimaciones de juicio humano. Por último, se espera que los participantes no coinciden las tasas bajas previas que proporcionan sobre la probabilidad de que ocurra un error en cada etapa del proceso de ciencia forense. Es decir, el error acumulativo para toda la etapa del proceso de la ciencia forense es probable que sume más de 100.

Se utilizó una muestra de 101 australianos (52 mujeres y 45 hombres) con edades comprendidas entre los 20 y los 70 años con una edad media de 55 años. El 83,2% habían completado la educación obligatoria y el 15,8% había hecho de jurado previamente.

El estudio se realizaba electrónicamente desde su casa, se daban las siguientes instrucciones: “Durante este estudio, se le pedirá que imagine que se ha cometido un delito y que se ha dejado evidencia forense en la escena del crimen. Imagínese que la policía ha acusado a un sospechoso del delito y habrá un juicio penal ante un jurado. Queremos que piense en todo el proceso que involucra pruebas forenses, desde la primera vez que se asiste a una escena del crimen hasta cuando la evidencia se analiza hasta el momento en que se puesta ante el tribunal ante el jurado. Sea tan específico y detallado con sus respuestas con la sea posible”. Se les preguntaba por cada etapa del proceso, con pregunta del tipo: “¿Cómo se recopilan pruebas forenses de una escena del crimen? ¿Cómo se almacenan las evidencias forenses? ¿Cómo se analizan las evidencias? ¿Cómo se analizan e interpretan los resultados de las pruebas forenses? ¿Cómo se reportan las evidencias forenses? ¿Cómo se presenta la evidencia forense al jurado?” Las estimaciones de tasas de error se evaluaban con la pregunta ¿cómo de probable es que ocurra un error durante este proceso? A la que tenían que responder con un tanto por cierto. Las estimaciones del juicio humano se medían con la pregunta “¿en qué medida este proceso evalúa el juicio humano?” Las respuestas iban desde 1 (nada) al 7 (completamente). Las 16 técnicas analizadas fueron: análisis antropológico, análisis de patrones de manchas de sangre, ADN, documentoscopia, análisis facial, huellas dactilares, análisis de incendios y explosivos, análisis de marcas de arma y herramientas, análisis de material geológico, análisis de residuos de disparo, análisis de imágenes, análisis de materiales, análisis de toxicología, análisis de voz, análisis de vida silvestre y odontología forense. Se le hacía la pregunta “¿cuáles son sus impresiones generales sobre la exactitud de los diferentes tipos de pruebas forenses que se enumeran?” Tenían que evaluarlo con un tanto por cierto. También se realizó la pregunta de “¿en qué medida cada uno de los siguientes tipos de evidencia forense involucra el juicio humano?” En cada una de las técnicas se calificaba del 1 al 7.

Más tarde se les hizo dos preguntas sobre sus hábitos televisivos. Primero se preguntó cuántas horas a la semana pasaban viendo las siguientes series: CSI (incluyendo sus franquicias: Miami, Nueva York y Cyber), Ley y Orden (incluye: Acción Criminal, Unidad de Víctimas Especiales, Juicio por Jurado y LA), Mentes Criminales, Bones, NAVY: Investigación Criminal y otras series criminales. También se les preguntó cuantas horas a la semana veían algún programa de televisión u online.

El número promedio de horas fue de 16,78 horas, el rango de los programas criminales varió desde 0,74 en Bones a 1,46 en otros programas relacionados con los crímenes.

Los resultados contradijeron algunas de las hipótesis iniciales. Contrariamente a lo que se había pensado se obtuvieron tasas más altas en estimaciones de error variando desde un 39,27% en la etapa de prueba a un 44,55% en la de análisis. Las estimaciones de error son bastante más altas de lo que se habría esperado debido al efecto CSI por el cual las personas tienen una alta fe en la precisión y fiabilidad de las ciencias forenses. También fueron más altas las estimaciones de juicio humano que fueron desde el 4,94 en la etapa de prueba al 5,55 en la de recopilación y presentación, siendo, por tanto, superior a la hipotetizada antes del estudio. Se encontrarán correlaciones positivas entre las estimaciones de error y la del juicio humano en todas las etapas, lo que significa que mientras más creyera el participante que estaba involucrado el juicio humano, mayor era la probabilidad de que ocurriera un error.

Los resultados mostraron que no había correlaciones significativas entre los hábitos de visualización de series de crímenes y las estimaciones de error. Se descubrió que los hábitos de ver series solo se correlacionaban negativamente de manera significativa con la etapa de almacenamiento y la de prueba. Lo que contradicen la H2 y la teoría del efecto CSI.

En lo relacionado a la precisión y fiabilidad de las técnicas forenses, en general son bastante buenas. Varían de unas a otras, siendo de las más bajas el análisis de documentos que obtendría un 65,18% y la más alta sería el ADN con un 89,95%. Estos resultados contradicen la H3.

En relación a la influencia del juicio humano en cada proceso sólo se obtuvieron los resultados esperados para el análisis de ADN. Los demás estuvieron por encima de los cuatro puntos esperados, llegando a 5,72 en el caso de análisis de documentos. En lo relativo a las correlaciones de exactitud y juicio humano para cada prueba, solo cinco de las 16 (sangre, ADN, documentos, dactiloscopia e imagen) se correlacionaban de manera negativa, por lo tanto, para otras pruebas los participantes que creían que era más procesos, también creía que había menos juicio humano involucrado.

En lo relativo a la H4, no hubo una correlación significativa entre los hábitos de televisión y la precisión de las pruebas. Además, se encontró tres correlaciones positivas significativas entre la visualización del crimen y el juicio humano (ADN, dactiloscopia y toxicología) que no siguen la dirección esperada. Por tanto, estos resultados contradicen la hipótesis planteada.

La última hipótesis hace referencia a que la tasa de error general de todas las etapas superará el 100, aunque la tasa de cada técnica fuese baja. Curiosamente ya desde la segunda fase (almacenamiento) rondaba el 80% superando el 100% en la tercera (prueba), la tasa total fue del 248,56%. En contraste, la tasa de error por técnicas fuera del 10,05% del ADN al 34,82% del análisis de documentos. Estos resultados apoyan la hipótesis y demuestran que los participantes ignoraron completamente sus estimaciones previas sobre las tasas de error en cada etapa del proceso cuando se les pidió que hicieran juicios sobre la precisión de las técnicas específicas.

Como se ha visto los resultados fueron sorprendentes, ya que los participantes creían que había una probabilidad sustancial de error en cada fase del proceso forense. Una explicación a esto puede ser el sistema novedoso de preguntar por cada etapa en vez de por el conjunto lo que le hizo reflexionar más en profundidad. También pudo influirles que las respuestas se tuvieran que dar a través de una barra oscilante que veían predeterminada en el 50% y ya se ha demostrado que los anclajes condicionan. Igual de sorprendentes fueron las estimaciones tan altas relativas a la influencia de juicio humano en cada etapa, ya que generalmente esta ciencia está más relacionada con la tecnología que con la intervención humana.

Aunque se correlacionó positivamente las estimaciones de error con la de juicio humano (cuanto más creía que esta involucrado el juicio humano, creía que había más error) no se ha podido establecer una correlación consistente entre ambos fenómenos.

A pesar de que tampoco se obtuvieron los resultados, por encima del 90%, que se esperaba en la precisión de la prueba. Todos los participantes creyeron que todas las pruebas eran significativamente mejores que la casualidad. La más precisa fue el ADN (89,95%) aunque sigue siendo un resultado bastante menor del esperado.

Este estudio muestra muy poco apoyo al efecto CSI, el cual asume que aquellos que ven series relacionadas con crímenes tendrán diferentes creencias y percepciones sobre las ciencias forenses que aquellos que no los ven. Sin embargo, en este estudio no se encontrarán correlaciones entre la visualización de series y las estimaciones de error para ninguna etapa del proceso forense ni para ninguna de las técnicas.

Es importante tener en cuenta que, aunque los hábitos de consumo de series criminales no estaban relacionados con sus estimaciones de precisión, este estudio demuestra que las personas no tienen una comprensión sólida de la precisión de las técnicas forenses, siendo algunas exageradas y otras subestimadas. Esto demuestra que los jurados pueden llegar a un juicio con creencias preexistentes potencialmente inexactas sobre la ciencia forense que puede afectar a su evaluación de los informes y pruebas, así como al veredicto del mismo.

Patrones de homicidios y asociación con psicopatología de los delincuentes. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “The patterns of homicide offence characteristics and their associations with offender psychopathology” de Abreu, Dickson, Barker, Flynn, Ibrahim y Shaw; en él nos hablan de la posible relación entre la psicopatología del autor con patrones concretos en los homicidios.

El objetivo de perfilar es poder inferir características del delicuente basándose en los detalles de la escena del crimen y de la víctima. Hay tres enfoques: el primero de ellos, el de investigación criminal se basa en la experiencia que tenga la persona a cargo de realizar el perfil. Otro de los métodos es el estadístico científico que se basa en el análisis multivariado de la información de la escena para inferir características de los delincuentes y de los procesos psicológicos. Y por último, está el del profesional clínico. Estos enfoques ayudan tanto a priorizar sospechosos como a la vinculación del crimen y a la evaluación del riesgo de los delincuentes en entornos clínicos.

En el estudio actual se van a usar datos de la escena del crimen como características propias del delito que se han identificado previamente como útiles para predecir información sobre el delincuente.

Los estudios previos demostraron que los homicidas con enfermedad mental tienen menos posibilidades de que la víctima sea un extraño, suelen tener más edad y un historial más problemático. También se descubrió que este tipo de agresores tiene características propias. Los esquizofrénicos y las personas que sufren psicosis utilizan más los instrumentos afilados. Generalmente las personas con esquizofrenia tenían más posibilidades de apuñalar a un miembro de su familia. Las personas con trastornos afectivos utilizaban más el método de estrangulación/asfixia.

En la literatura existente hasta ahora hay tres limitaciones principales a la hora de analizar los homicidios y su relación con la psicopatología. La primera de ellas es que suelen utilizar muestras pequeñas y no tienen en cuenta la enfermedad mental de los delincuentes. En segundo lugar, lo que sí que tienen en cuenta la enfermedad mental se centran en relacionar al agresor con el crimen y no tienen en consideración el contexto dinámico del homicidio. Por último, los datos suelen ser extraídos de informes policiales donde puede ser que no consten todos los datos relacionados con la enfermedad mental.

Los objetivos del presente estudio son dos: el primero es ver si la estructura de las características del hecho puede ser interpretada de una manera útil para la investigación de homicidios. El segundo es identificar patrones y enfermedades psiquiátricas en los agresores antes de cometer el hecho. En este sentido, basándose en la literatura preexistente se hace la hipótesis de que las personas con esquizofrenia están asociados a homicidios domésticos contra parientes sanguíneos cometidos con un instrumento afilado, en el caso del trastorno bipolar será cometido por estrangulación/asfixia contra un miembro de la familia o su pareja. En relación a la depresión, será el homicidio del hijo por medio de ahogamiento/asfixia.

Para comprobar estas hipótesis se analizó una muestra de 759 agresores en Inglaterra y Gales que habían tenido contacto con los servicios de salud mental 12 meses antes de la agresión y que el tribunal había pedido una evaluación. Algunas características de la muestra era que 685 son hombres mientras que 123 son mujeres. En el 97% de los casos hubo una sola víctima, en el 2% de los casos hubo dos víctimas y en 1% hubo tres o más. En relación a las víctimas, un 59% eran hombres y un 41% mujeres con una edad media de 42 años.

Se seleccionaron cuatro características en relación al homicidio que fueron señaladas como útiles para predecir la información del agresor: edad de la víctima, género de la víctima, principal circunstancia de la agresión y método del homicidio.

Se descubrieron tres patrones principalmente:

  1. Patrón de homicidio masculino con conflicto: en este caso la víctima eran hombres jóvenes de entre 15 a 24 años de edad que murieron a causa de patadas o golpes y el motivo fue una pelea o discusión.
  2. Patrón de homicidio femenino íntimo: la víctima era una mujer mayor de 55 años. La causa de la muerte era la estrangulación y el motivo una disputa doméstica o un acto irracional.
  3. Patrón de homicidio infantil: en este caso la víctima era un niño desde recién nacido hasta los 14 años, la causa de la muerte era ahogamiento o asfixia y el motivo principal era el maltrato infantil.

En relación a los trastornos psiquiátricos se estableció que la “dependencia al alcohol”, la “dependencia a la droga” y los “trastornos de personalidad” estaban más relacionado con el primer patrón comentado. El diagnóstico de “esquizofrenia u otros trastornos delirantes” guardaba más relación con el segundo patrón. Por último, el diagnóstico de “enfermedad depresiva” y “trastorno bipolar” guardaban más relación con el tercer patrón. El diagnóstico psiquiátrico “otro/desconocido” no se pudo relacionar con ningún patrón concreto, esto es probable que se deba a que dentro de esta denominación hay siete patologías diferentes y por tanto sea demasiado inespecífica como para producir una relación.

El análisis multivariado ha demostrado por primera vez que las características de los homicidios se pueden separar en patrones que puede ser útiles al evaluar la escena del crimen, asociando cada patrón a un posible diagnóstico de trastorno psiquiátrico.

Si se ponen en relación los resultados con estudios anteriores se puede ver que el primer patrón identificado concuerda con los estudios que dicen que las peleas y discusiones son precursores del homicidio en personas con trastorno de personalidad o dependencia al alcohol. Al igual que estudios previos demostraron la relación entre trastorno de personalidad y el uso de patadas y golpes como método de agresión en el homicidio, y que las personas con este trastorno tienen más opciones de matar a un conocido.

En relación a la esquizofrenia, los estudios anteriores decían que estaba relacionada con el uso de instrumentos afilados. En el presente estudio no se pudo establecer dicha relación, ya que se relacionó con la estrangulación según el segundo patrón. Lo que sí que se puedo relacionar con estudios previos es que en la estrangulación hasta el 75% de las víctimas eran mujeres, lo que concuerda con los datos obtenidos.

En lo que respecta al tercer patrón es coincidente en lo relativo a la depresión, ya que estudios anteriores concluían que los niños tienen alto riesgo de ser víctimas de un autor deprimido. Lo que no coincidió con lo anterior es lo referente al trastorno bipolar que estaría más relacionado con el homicidio difuso. Una posible explicación para esto es que los homicidios cometidos por personas que sufren dicho trastorno se dan más durante la fase de depresión que durante la maníaca y por eso hay más coincidencias en el tipo de homicidio con el trastorno depresivo.

Si bien es cierto que las personas con enfermedades mentales no suelen cometer muchos homicidios, estos patrones que se han conseguido realizar pueden ser de utilidad a los investigadores.

Elementos irracionales en la toma de decisiones criminales. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “The Moderating Effect of Criminal Thinking on Certainty of Apprehension in Decisions to Engage in Antisocial Behavior: Replication and Extension” de Walters, Morgan y Scanlon; en él nos hablan de los elementos irracionales que se presentan en la toma de decisiones sobre si participar o no en un acto criminal.

Desde que Beccaria publicó su tratado sobre el crimen y el castigo, pasando por la Escuela Clásica, hasta la Teoría de la Elección Racional y Teoría de las Actividades Rutinarias, la disuasión ha sido estudiada para explicar y prevenir el crimen. Sin duda estas dos teorías han aportado mucho conocimiento acerca de los requisitos racionales en la toma de decisiones en relación con el delito, sin embargo, dejan de lado elementos no racionales que también entran en juego en la toma de decisiones. Justamente ese el tema principal de este estudio, en el cual se pretende investigar sobre los elementos no racionales de la toma de decisiones, en forma de pensamiento criminal proactivo y reactivo, y como apoyan, suprimen y moderan los requisitos racionales del proceso de toma de decisiones.

Los requisitos racionales en la toma de decisiones en relación al crimen son de naturaleza utilitarista. Básicamente implican un análisis entre los costes y el beneficio que se perciben sobre la participación en algún acto criminal. En ellos se centra la Teoría de la Elección Racional que nos dice que, si los beneficios percibidos por participar en un acto criminal son mayores que sus costes el individuo cometerá el delito, si no se abstendrá de ello. Los costes serían la certeza de recibir un castigo, la severidad del mismo y la rapidez del castigo. Sin embargo, los elementos racionales en la toma de decisiones están limitados por factores situacionales, emocionales y cognitivos.

Dentro de los factores antes mencionados nos encontramos con los situacionales, de él se ocupa la Teoría de las Actividades Rutinarias. Esta teoría nos dice que el crimen se producirá si hay un objetivo deseado, una ausencia de guardianes capaces y un delincuente motivado. El primero de ellos podía ser descrito como cualquier objeto o persona que sea accesible y valiosa para el delincuente. Estrategias como el endurecimiento de objetivos, la eliminación de los mismos o el control de los accesos buscan reducir las oportunidades criminales. El segundo de los elementos serían por ejemplo el propietario de una vivienda, un vecino mirando por la ventana, un vigilante nocturno o un perro guardián. El tercer elemento es quizás el menos estudiado, pero dentro del delincuente motivado es donde destacan más los factores no racionales.

Dos de las características no racionales más importantes de un delincuente motivado son las emociones y el pensamiento no racional. La Teoría de las Actividades Rutinarias explica con bastante predicción el delito económico o adquisitivo es menos eficaz en su explicación del delito no económico o expresivo.

Los factores no racionales de la emoción y el pensamiento criminal desempeñan un papel decisivo a la hora de tomar decisiones criminales. Estilos de pensamiento criminal como el aplacamiento (externalización de la culpa), el privilegio (darse permiso para violar los derechos de los demás y las normas sociales), el poder (luchar por el control de los demás) o el superoptimismo (creencia de poder evitar las consecuencias negativas) comprenden la dimensión proactiva del pensamiento criminal. Estilos de pensamiento como el corte (eliminación rápida de elementos disuasorios con palabras o frase), la indolencia cognitiva (falta de razonamiento crítico) y descontento (dificultad para mantener el enfoque y completar tareas) representan la vertiente reactiva.  El pensamiento proactivo sirve para eliminar las emociones morales y favorecer el comportamiento criminal mientras que el reactivo estimula las emociones hedonistas que interferirán en el análisis racional de coste -beneficio.

El presente estudio lo que busca era comprobar como varía la realización de actos criminales dependiendo del riesgo de que te pillen y cómo varía el pensamiento criminal en base a ese comportamiento. Para ello se contó con la participación de 319 estudiantes universitarios (106 hombres y 213 mujeres) con edades comprendidas entre los 18 y los 59 años. De los cuales el 64,6% eran blancos, el 19,1% eran hispanos, el 9,4% eran negros y el 6,9% restante eran de otras razas.

Para la realización del estudio se les mostraba tres escenarios. En el primero de ellos, tenían que imaginar la posibilidad de adquirir ilegalmente las preguntas para el examen final de una asignatura en la que no les iba muy bien. En el segundo, tenían la opción de robar un billete de 50 dólares de la mesa de un dormitorio. El tercer escenario era que un amigo les había pedido que vendieran una libra de marihuana. Las probabilidades de que les pillaran eran de 50%, 10% y 1%, tenían que analizar cada situación en cada uno de estos porcentajes. Los participantes tenían que contestar la posibilidad que había de que participaran en ese acto criminal contestando del 1 al 5. Después tenían que contestar a dos preguntas más: ¿Cómo de moralmente equivocado es participar en un comportamiento antisocial? ¿Cuánto control personal necesitaría ejercer para abstenerse de involucrarse en el comportamiento antisocial? El pensamiento criminal proactivo y reactivo fue medido a través de esas preguntas evaluado con una versión del Inventario Psicológico de los Estilos de Pensamiento Criminal – Forma Corta. También se incluyeron cuatro variables de control en la investigación que fueron un autoinforme de comportamiento ofensivo reciente, la edad, el sexo y la raza. La administración de la encuesta era online y el tiempo de realización de 20 minutos.

Se confirmó que conforme era menor la posibilidad de que te cogieran aumenta la probabilidad de participar en el comportamiento criminal. Los resultados indicaron que el 10% de posibilidad de captura se asoció con una probabilidad significativamente mayor de participar en la conducta antisocial que un 50% de certeza de ser atrapado. El 1% de certeza se asoció con una probabilidad significativamente mayor de participar en la conducta antisocial que el 10%. El pensamiento proactivo se correlacionó más alto con las percepciones de baja ilicitud moral, mientras que el reactivo se correlacionó más alto con las percepciones de control personal disminuido frente a las oportunidades antisociales. Los participantes con niveles más altos de pensamiento criminal reportaron la mayor probabilidad de involucrase en un comportamiento antisocial en los tres niveles de certeza. El pensamiento criminal moderará el efecto de la certeza sobre la probabilidad de involucrarse en un comportamiento antisocial al aumentar desproporcionadamente la probabilidad de participar cuando las posibilidades de ser atrapado eran bajas y el pensamiento criminal era alto.

Se concluye que los requisitos racionales, la certeza de ser atrapados, y los elementos no racionales, el pensamiento criminal, de la toma de decisiones antisociales contribuyen significativamente a las decisiones de las personas de participar en conductas antisociales. Las personas con niveles más altos de pensamiento criminal tenían más posibilidades de participar en estas oportunidades que los que presentaban niveles más bajos, independientemente de la certeza de aprehensión. Cuanto más baja era la posibilidad de ser atrapado mayor era la probabilidad de que una persona con alta mentalidad criminal participase en el acto. Por tanto, lo pensamiento de invulnerabilidad y excepcionalidad envalentonaron a los participantes a medida que disminuían las probabilidades de detención.  Aquellos con un pensamiento reactivo ejercen un mayor control personal cuando la certeza de castigo es alta que cuando es baja.

Una implicación de estos resultados es que los factores no racionales también son importantes en la toma de decisiones criminales.  El pensamiento criminal reactivo estimula la emoción hedonista, que a su vez interfiere con la función utilitaria del proceso de toma de decisiones. El pensamiento proactivo limita o anula la emoción moral, lo que limita el impacto de las consideraciones morales de las decisiones. Otra implicación es que las intervenciones cognitivo – conductuales deben ser efectivas para abordar la toma de decisiones criminales.  Los valores, enseñar habilidades cognitivas básicas y mejorar el autocontrol deben ser efectivos para abordar la toma de decisiones.

 

 

Características neuropsicológicas y criminológicas de las homicidas femeninas. Club de Ciencias Forenses.

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Neuropsychological and criminological features of female homicide offenders” de Fox, Brook, Heilbronner, Susmaras y Hanlon; en él nos hablan de las características tanto neuropsicológicas como criminales de las mujeres que han cometido un asesinato, así como una comparación con sus homólogos masculinos y las diferencias que pueden presentar las autoras de crímenes premeditados y la de los impulsivos.

En todo el mundo el 80% de los homicidios son cometidos por hombres, esto ha provocado que las mujeres homicidas no hayan sido tan estudiadas. Es cierto que del cómputo general de homicidas la representación de las mujeres es escasa, pero, si solo se examina las mujeres criminales, el 30% de ellas han sido condenadas por homicidio frente al 23% de los hombres, según datos del Bureau of Justice Survey del 2014. Estas cifras arrojan que un porcentaje bastante alto de mujeres delincuentes han cometido un homicidio, por tanto, es interesante estudiar a este tipo de criminal.

Estudios anteriores mostraban como las mujeres autoras de un homicidio pertenecían a minorías étnicas o raciales y habían tenido una infancia difícil ya que podían tener padres delincuentes y una de cada tres había sufrido abusos psicológicos y la mitad de ellas abusos sexuales durante la infancia.

Generalmente, tenía un nivel de estudios inferior a la media de la población y provenían de zonas con un nivel socioeconómico bajo. También presentaban abuso de sustancias y trastorno de la personalidad antisocial en mayor medida que la población femenina general, al igual que tenían antecedentes penales previos y un inicio temprano en la conducta criminal. En el momento de la comisión del crimen estaban desempleados o trabajaban como prostitutas y presentaban abuso de sustancias o trastornos mentales.

La motivación para el homicidio generalmente es la resolución de un conflicto interpersonal y por ello, las víctimas suelen ser familiares, sus parejas o sus propios hijos. Cuando son sus parejas, en muchos casos, es para acabar con una historia de abuso. Son escasas las mujeres que matan a extraños, en estos casos suelen presentar mayor número de antecedentes penales juveniles y una personalidad psicopática.

Las mujeres asesinas tienen gran prevalencia de los factores de riesgos de deterioro cognitivo. Se ha comprobado que los traumas y el abuso de sustancias incrementan la impulsividad y dificultan la regulación emocional.

Los homicidas en general pueden caracterizarse por tener diferencias estructurales y de función cerebral. Un estudio por neuroimagen hecho en 270 homicidas encontró que un 18% presentaban anormalidades en la estructura cerebral como atrofia cortical o cambios en la materia blanca. Aunque esto no ha sido estudiado concretamente en agresoras femeninas se presupone que ocurre en el mismo modo.

En otro estudio se encontró que aquellos que cometieron crímenes premeditados tenían mayores puntuaciones en inteligencia, memoria, atención y funcionamiento ejecutivo que los que cometieron crímenes impulsivos.

En un estudio de autoinforme concluyó que las reclusas tenían más dificultades cognitivas, específicamente en memoria, comparada con los reclusos varones. También se ha concluido que el deterioro cognitivo en relación a la velocidad de procesamiento y atención de las reclusas se asocia a problemas de conducta. Es necesario mayor investigación en cuento a la capacidad cognitiva en mujeres delincuentes violentas.

En el estudio de Fox et al. se buscaba explorar las características cognitivas e históricas únicas de los homicidas. Para ello primero se examinaron las diferentes características demográficas, neurológicas, psiquiátricas, de abuso de sustancias, criminales y victimológicas de un grupo de agresores masculinos y otro femenino. Después, se pasó a realizar el perfil cognitivo del grupo de homicidas femeninas para después compararlo con el del grupo masculino. Para acabar, compararon los perfiles cognitivos de las homicidas impulsivas con las que cometieron el crimen con premeditación.

Para llevar a cabo el estudio se contó con 27 mujeres y 81 hombres con edades entre los 15-67 años, que estuvieran cumpliendo condena por asesinato en primer grado. Dividiéndolos luego en función del sexo y de si su crimen era premeditado o impulsivo.

Todos los participantes se sometieron a una entrevista clínica y a una batería de pruebas cognitivas, en seis dominios: funciones intelectuales, atención, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento, razonamiento y funcionamiento cognitivo, función de memoria anterógrada, funciones de lenguaje y habilidades visoespaciales.

Un alto porcentaje de las mujeres presentaban trastornos del estado de ánimo, trastorno límite de personalidad y abuso. En cambio, un alto porcentaje de los hombres presentaban trastorno de la personalidad antisocial y abuso de drogas, concretamente de marihuana. No se encontraron otras diferencias en las características sociodemográficas o criminales.

En lo relativo al perfil cognitivo las mujeres tuvieron un rendimiento deteriorado en la función ejecutiva que estaba basada en el lenguaje, así como en comprensión lectora y memoria verbal para información no estructurada. Obtuvieron puntuaciones bajas, aunque dentro de los límites normales, para el test de inteligencia, de comprensión verbal, razonamiento perceptual, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento.

En cuanto a las diferencias entre homicidas hombres y mujeres se ha visto que las mujeres obtienen peores resultados que los hombres en la codificación y el recuerdo diferido de la información verbal no estructurada, aunque se comprobó que estos últimos no eran significativos. No se ha encontrado diferencias entre el resto de dominios cognitivos.

En lo relativo a la premeditación, los hombres cuyos homicidios fueron predeterminados superaron a los impulsivos en todos los dominios, mientras que las mujeres de homicidios predeterminados superaron a las impulsivas en memoria de trabajo y dominio del lenguaje.

Como conclusión se puede decir que unas habilidades verbales disminuidas pueden estar asociadas a violencia extrema en mujeres. Aunque aquellas que cometen un crimen premeditado presenta puntuaciones mayores en las mismas.

Las mujeres con historial de abuso sexual tienen un lenguaje más pobre, una alta prevalencia de lesión cerebral, y menores niveles de premeditación. Se puede establecer, por tanto, una evidencia preliminar entre una reducción de las habilidades verbales y las lesiones craneales como potencial factor de riesgo en asesinatos de primer grado impulsivos cometidos por mujeres con un historial de abuso sexual.

¿Escuchan voces en su cabeza? Realidad vs. Simulación. Club Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, a continuación presentamos el resumen del artículo “Listening to voices: The use of phenomenology to differentiate malingered from genuine auditory verbal hallucinations” de McCarthy-Jones y Philip Resnick,  en el que se explican las características fundamentales del fenómeno de “escuchar voces en la cabeza” y las pautas principales para diferenciar un caso genuino de uno simulado.

Las experiencias de oír voces en ausencia de cualquier estímulo externo apropiado, referidas en la literatura psiquiátrica como alucinaciones verbales auditivas (AVH), son una característica común de muchos trastornos psiquiátricos. Aunque se encuentran con mayor frecuencia en personas diagnosticadas con esquizofrenia, con aproximadamente tres de cada cuatro personas con este diagnóstico que experimentan AVH, también se pueden encontrar en personas con otros diagnósticos psiquiátricos como trastorno bipolar, trastorno límite de la personalidad y trastorno de estrés postraumático, así como como miembros sanos de la población general.

Los profesionales de la salud mental capacitados pueden ser engañados por personas que afirman falsamente experimentar AVH. Aunque hay pocas razones para sospechar que las personas angustiadas que acuden habitualmente a los servicios de salud mental afirman falsamente que escuchan voces, hay una serie de situaciones en las que puede haber un beneficio potencial para que las personas afirmen falsamente estar experimentando AVH. Se dice que estos individuos están simulando, lo que el DSM-IV-TR define como “la producción intencional de síntomas físicos o psicológicos falsos o extremadamente exagerados, motivados por incentivos externos”. Estos incentivos externos pueden incluir obtener pagos injustificados de asistencia social o escapar de la persecución ya sea por incompetencia para ser juzgado o por la locura en el juicio. La existencia de acusados ​​que simulan AVH en casos penales y personas que simulan AVH para obtener una ventaja financiera están bien documentados. De hecho, se ha afirmado que los AVH son el síntoma de psicosis con más frecuencia simulado por los acusados ​​delictivos.

Las razones por las que los individuos eligen simular específicamente las AVH (a diferencia de otras experiencias asociadas con la psicosis) pueden incluir la percepción de asociación entre AVH y locura a la vista del público, y la efectividad de AVH en potencialmente obtener un motivo de demencia exitoso, ya que una persona no es responsable de su conducta criminal si al momento de tal conducta como resultado de una enfermedad mental o defecto que carece de capacidad sustancial para apreciar la criminalidad de su conducta o para ajustar su conducta a los requisitos de la ley.

Por ello, el actual artículo resumido explica que la opinión primero debe establecer si el acusado tenía una “enfermedad o defecto mental”. Un diagnóstico psiquiátrico per se no es suficiente para cumplir con este requisito. El DSM-IV-TR  contiene un descargo explícito de que simplemente tener un diagnóstico incluido en el manual no implica que cumpla con los criterios legales para una enfermedad mental en una defensa por demencia. Dado que las AVH se definen como un síntoma característico de la esquizofrenia, y que la Declaración de posición de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría de 1982 sobre la defensa contra la locura estableció que para que un trastorno sea una “enfermedad o defecto mental” debería “ser de la gravedad (si no siempre de la calidad) de las condiciones que los psiquiatras diagnostican como psicosis “, es probable que las AVH conduzcan al juicio de que el individuo tiene una” enfermedad o defecto mental “.

En segundo lugar, la opinión de los expertos debe establecer evidencia de capacidad. Las AVH puede abrumar la capacidad de un individuo de conformar su conducta a los requisitos de la ley. De manera similar, en el caso de un decreto deficiente (en el que una persona escucha la voz de Dios que le ordena llevar a cabo una acción), un acusado penal podría argumentar que no conocía la ilicitud de sus acciones y, por lo tanto, calificar para la locura en los paises que no tienen un brazo “incapaz de abstenerse” de la prueba de locura. Al decidir si una persona puede negarse a obedecer un comando de AVH, el evaluador debe evaluar las consecuencias que un individuo cree que seguirá como resultado de no obedecer la voz. Las consecuencias percibidas por no obedecer una alucinación de mando pueden variar desde un sueño inquieto, a un peligro significativo para uno mismo, a la creencia de que el alma pasará la eternidad en el Infierno. Solo las consecuencias de la severidad de estos últimos tipos probablemente cumplan con el estándar de locura.

Finalmente, el acusado debe establecer que la AVH jugó un papel causal en la ofensa. Aquí es crítico para el evaluador psiquiátrico establecer la relación entre el AVH y el comportamiento criminal del acusado. En resumen, dado que las AVH verídicas pueden, por las razones mencionadas anteriormente, conducir a una defensa de demencia exitosa, las AVH simuladas pueden conducir a un resultado de prueba injusto.

Si bien la existencia de AVH simuladas naturalmente enfoca la atención en prevenir que los errores involuntarios de la justicia derivados de AVH simulados no sean detectados, también existe el peligro de injusticia que resulta de que alguien que realmente ha experimentado AVH sea incorrectamente etiquetado como simulador. Este problema fue planteado por un estudio  de Rosenhan, quien se puso en contacto con el personal de un hospital para informarles que en algún momento durante los siguientes 3 meses, una o más personas que fingían AVH tratarían de ingresar al hospital psiquiátrico. De 193 juicios sobre pacientes realizados por el personal y obtenidos por Rosenhan, el 21% fueron acusados ​​con alta confianza de estar fingiendo. Entonces se reveló que, de hecho, Rosenhan no había enviado ningún pseudopaciente al hospital. Por lo tanto, es bastante plausible que, en un tribunal de justicia, algunos acusados ​​que honestamente informan haber tenido AVH puedan ser considerados erróneamente por testimonio experto como simuladores.

La capacidad de evaluar con precisión si las AVH reivindicadas son verídicas o simuladas es, por lo tanto, de crucial importancia, particularmente para el resultado de juicios penales en los que el acusado afirma que tales experiencias son relevantes para su defensa o su competencia para ser enjuiciado. Los médicos llamados a hacer este juicio deben tener un conocimiento detallado de la fenomenología de AVH genuinos. Tales decisiones también pueden ser informadas provechosamente por el conocimiento de la fenomenología de las AVH simuladas.

Por todo esto, es fundamental conocer la fenomenología de las AVH genuinas tal como lo establece la investigación contemporánea. En este artículo que resumimos, los autores explican con detenimiento determinadas características que pueden diferenciar una AVH simulada de una real, por lo que a continuación se nombrarán algunas de las características más destacadas.

La primera es relativa a la hipótesis de que, por lo general, las voces provienen del interior de la cabeza (con el corolario de que las voces que se oyen como provenientes de fuera de la cabeza son atípicas). Sobre esto, la evidencia de investigación no respalda la afirmación de que las voces localizadas son emblemáticas de AVH genuino, y las voces localizadas externamente son atípicas. Por ejemplo, un estudio encontró que de 199 pacientes psiquiátricos (81% que habían sido diagnosticados con esquizofrenia), el 38% escucharon ambas voces provenientes de dentro y fuera de su cabeza, 34 % solo escuchó voces localizadas internamente, y 28% solo escuchó voces localizadas externamente. El segundo estudio más grande de esta pregunta, que estudió a 100 pacientes psiquiátricos (la mayoría con un diagnóstico de esquizofrenia), encontró que el 38% de los pacientes describió tener una voz que se encontraba dentro de su cabeza, mientras que el 49 % de la muestra escuchó sus voces a través de sus oídos como estímulos externos.

La segunda hipótesis, es relativa a que las voces son típicamente las de personas famosas o de grupos de personas o de extraños. Un número significativo de personas diagnosticadas con esquizofrenia identifican sus voces como las de personas famosas. Sin embargo, las voces alucinadas a menudo también eran conocidas por el paciente en la vida real, lo que indica que pueden modelarse en la memoria de una voz real. De hecho, en su estudio, el 46% de los pacientes escucharon voces que podrían identificarse como personas reales y conocidas, como un pariente, un vecino o un médico. Además, una investigación de McCarthy-Jones et al.  mostró que el 70% de los pacientes informaron que las voces que escuchaban eran como las de las personas que les habían hablado en el pasado. La literatura más amplia de AVH también está repleta de ejemplos de personas que oyen voces de personas que conocen personalmente y que han conocido en el pasado. Finalmente, en términos de escuchar las voces de grupos de personas, McCarthy-Jones et al.  encontraron que el 53% de los pacientes nunca oyeron todas sus voces hablar al mismo tiempo (como un coro).

 Entre las propiedades típicas de AVH están que los pacientes pueden escuchar un mayor número de voces de lo que se pensaba anteriormente, se demostró que las voces que hablaban en un volumen conversacional normal eran menos comunes de lo que se había pensado anteriormente, y que el 12% de los pacientes informaron escuchar voces que sentían eran idénticas “repeticiones” de recuerdos de conversaciones previas que habían experimentado (una experiencia más frecuentemente asociada con el trastorno de estrés postraumático que la psicosis). Al agregar estos hallazgos al corpus de investigación existente en esta área, se puede mejorar el perfil de la fenomenología de una “AVH típica”, que puede usarse como un mejor criterio para evaluar la validez de las AVH reclamadas. Además, el oyente de voz generalmente podrá identificar quiénes son al menos algunas de las voces (por ejemplo, identificar a algunas de ellas como personas reales y conocidas, o atribuir la voz a una entidad sobrenatural como Dios o el Diablo). Por lo general, las voces se escuchan varias veces al día o la mayoría de las veces, y la duración de cada instancia es muy variable (dura desde apenas unos segundos hasta que dura más de una hora). Las voces intentarán influir en la actividad del oyente vocal emitiendo comandos para realizar acciones específicas, y también pueden juzgar al oyente de la voz, típicamente de manera negativa, a través de comentarios críticos o abusivos dirigidos a él / ella. Además de estas voces negativas, las voces positivas muy a menudo se informarán, que son amables, amorosas y de apoyo. Las voces tenderán a ser muy repetitivas en lo que dicen. El que escucha la voz tendrá cierto control sobre sus voces, y algunos podrán hacer preguntas a las voces y obtener respuestas. Las voces individuales también suelen ir acompañadas de voces de murmullo de fondo. Además de esto, los que escuchan la voz generalmente podrán recordar claramente la primera vez que escucharon la voz, y también informarán otras formas de alucinaciones, como música, clics y golpes, alucinaciones visuales y / o alucinaciones táctiles. Además, habrán desarrollado una gama de estrategias para hacer frente a sus voces, informarán que sus voces se vuelven más frecuentes cuando están solos, y que los factores contextuales (por ejemplo, su estado de ánimo) impactan la frecuencia de sus voces.

Por otro lado, existen algunas propiedades atípicas de los AVH. La técnica de preguntar sobre la presencia de características atípicas de una experiencia como método para evaluar la simulación ha sido empleada con éxito con relación a la simulación de síntomas psiquiátricos. Estas propiedades atípicas incluían estar asociado con delirios en todos los casos, usar un lenguaje artificial, no depender del contexto, ser insoportablemente angustiante y no existir estrategias para disminuir las voces malévolas, obedecer todas las órdenes y no mostrar evidencia conductual de distracción. McCarthy-Jones et al. encontraron que el 48% de los que escuchan la voz dijeron que sus voces estaban “constantemente con ellos”, incluso si no hablaban continuamente. También hay alguna evidencia de que muchos oyentes pueden escuchar voces en ausencia de ideación delirante. Se podría agregar a la lista los items encontrados por McCarthy-Jones et al. Que encontraron que en menos del 5% de los pacientes con AVH existía una voz cuyo tono de voz normal es gritar o chillar, escuchaban solo voces femeninas o solo voces de niños, nunca escuchaban la misma voz dos veces, y nunca escuchaban voces con el mismo tema o contenido. Estos ítems se combinan con los ítems señalados como atípicos, así como otros hallazgos de la literatura de investigación, para crear una lista de propiedades atípicas de las AVH. Todas estas propiedades, junto con otras como alegar que no se puede resistir a todos los comandos AVH, han sido utilizados explícitamente por los expertos como parte de sus consideraciones de que los que escuchan la voz estaban simulando sus AVH en casos judiciales.

En resumen, este documento ha identificado las propiedades fenomenológicas típicas y atípicas de las AVH, y revisó lo que se sabe sobre la fenomenología de las AVH simuladas. Ahora se requiere más trabajo, basándose en estos hallazgos, para establecer una herramienta psicométrica confiable y válida que pueda usarse para evaluar la validez de las afirmaciones de un individuo de haber experimentado AVH. Dicha herramienta podría tener el potencial de reducir los errores de justicia que ocurren a través de AVH simuladas que pasan desapercibidas, y a través de AVHs genuinos que son erróneamente etiquetados como simulados.

La influencia del entrevistador en la precisión de las respuestas de los niños. Club de Ciencias Forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Effects of interviewer behavior on accuracy of children’s responses” de Jessica Sparling, David Wilder, Megan Boyle y Jennifer Kondash,  en donde explican como influye el comportamiento del entrevistador en la precisión de las respuestas de los niños.

La evaluación de la precisión de los informes de los niños se ha convertido en un tema importante de estudio. Algunas investigaciones sobre entrevistas con niños se han centrado en cómo la conducta del entrevistador influye en la declaración de los niños. Diferentes investigadores sugirieron que las entrevistas impropias tienen el potencial de evocar información falsa de los niños y describieron cuatro amplias categorías de técnicas inadecuadas de entrevista: preguntas sugestivas (por ejemplo, preguntando “¿La tocó de forma íntima?” cuando un niño ha reconocido ser tocado pero no ha mencionado ningún toque inapropiado), influencia (por ej., decirle al niño lo que ha dicho o ha visto sobre un tema), refuerzo y castigo (es decir, la entrega de declaraciones de aprobación y desaprobación dependientes de un informe del niño), y la eliminación de la experiencia directa (por ejemplo, invitar a un niño a especular sobre lo que pudo haber ocurrido).

Se examinaron los efectos de las preguntas sugestivas, la información de vacilación, las declaraciones de aprobación y desaprobación, y la solicitud (es decir, la presentación de una pregunta después de una respuesta inicial) sobre la precisión de los niños en las entrevistas. Los niños estuvieron expuestos a las cinco técnicas anteriores o solo a preguntas sugestivas durante las entrevistas sobre la visita. Los niños expuestos a las cinco técnicas de entrevista tenían más probabilidades de responder preguntas de forma incorrecta; sin embargo, no fue posible determinar cuál de las cinco técnicas tuvo el mayor efecto en la respuesta de los niños. En un estudio de seguimiento, se examinaron los efectos de las declaraciones aprobadas, la información de la actitud agresiva y el cuestionamiento sugestivo sobre la precisión de los niños. Los niños respondieron incorrectamente con mayor frecuencia cuando el entrevistador entregó declaraciones aprobadas supeditadas a que el niño proporcionara información inexacta.

Para el experimento participaron tres niños: Matthew (4 años), Owen (5 años) y Abby (8 años). Todos los niños tenían habilidades lingüísticas apropiadas para su edad, no tenían discapacidades o diagnósticos psiquiátricos, y estaban en clases de educación general en sus escuelas. Todas las sesiones se llevaron a cabo en una universidad en una sala que contenía un ordenador (para mirar videos) y una mesa y dos sillas. Los videos se obtuvieron de varios recursos en línea y consistieron en clips de dibujos animados para niños (por ejemplo, Scooby Doo) de 3 a 5 minutos de duración. Hasta 20 preguntas y respuestas correctas correspondientes basadas en eventos en cada video fueron preparadas por adelantado. Los videos fueron asignados aleatoriamente a las diversas condiciones de los estudios; es decir, cada video tenía la misma probabilidad de ser utilizado en cada condición de cada estudio. Para garantizar que la exposición repetida a un video no afectara la respuesta, los participantes vieron cada video solo una vez.

La variable dependiente fue la precisión de las respuestas de los participantes a las preguntas del entrevistador. Los participantes fueron entrevistados en sesiones que tuvieron lugar durante varios días. Las respuestas precisas se definieron como respuestas “sí” o “no” a una pregunta que requería la respuesta correspondiente. Las respuestas inexactas se definieron como una respuesta “sí” o “no” a una pregunta para la cual la respuesta opuesta sería apropiada. Si un participante respondió “No sé” a una pregunta, esa pregunta y respuesta se excluyeron del análisis (se excluyeron de una a dos preguntas por sesión). En el Experimento 1, el refuerzo se definió diciendo “bueno” y sonriendo. El castigo se definió diciendo “eso no está bien” y frunciendo el ceño. Una respuesta neutral se definió como un asentimiento rápido y decir “bien” sin inflexión vocal. Las preguntas generales, que se usaron en ambos experimentos, se definieron como preguntas afirmativas o negativas que contenían información sobre eventos en los videos (por ejemplo, preguntando si Scooby Doo se había caído). En el Experimento 2, las preguntas sugestivas se definieron como preguntas afirmativas o negativas que contenían información sobre eventos que no ocurrieron en los videos (por ejemplo, preguntando “¿No cayó Scooby?” Cuando no lo hizo). La información de co-testigo se definió como una pregunta precedida por la frase “Alguien me dijo que…”.

Al comienzo del Experimento 1, se les dijo a los participantes que miraran de cerca todos los videos porque les harían algunas preguntas. Para cada sesión, a los participantes se les mostró el video (descrito anteriormente) y posteriormente fueron entrevistados por el experimentador. Las entrevistas fueron precedidas por la dirección “Voy a hacerle algunas preguntas. Responda ‘sí’ o ‘no’ y hágalo lo mejor que pueda”. Se implementaron cuatro condiciones diferentes: control, refuerzo para respuestas imprecisas, castigo por respuestas precisas y refuerzo más castigo. El entrevistador, que era la misma persona en ambos experimentos, llevaba una camisa de diferente color para cada condición para ayudar a los participantes a discriminar entre las condiciones.

Se hicieron preguntas generales durante todas las condiciones, con un total de 12 preguntas por sesión para Matthew y Abby (debido a limitaciones de tiempo) y 20 preguntas por sesión para Owen. En la condición de control, se entregó refuerzo para cada respuesta, independientemente de la precisión de la respuesta. Por lo tanto, uno esperaría ver niveles más bajos (pero no inexistentes) de respuestas inexactas en esta condición que en las otras condiciones. En el refuerzo para las condiciones de respuesta imprecisas, todas las respuestas precisas fueron seguidas por una respuesta neutral y las respuestas inexactas fueron seguidas por el refuerzo, como se definió anteriormente. En el castigo por la condición de respuesta precisa, todas las respuestas precisas fueron seguidas por el castigo, como se definió anteriormente; las respuestas inexactas fueron seguidas por una respuesta neutral, como se definió anteriormente. En el refuerzo más las condiciones de castigo, el refuerzo se entregó dependiendo de respuestas inexactas y el castigo se aplicó a respuestas precisas.

En cuanto a los resultados del Experimento 1 los niveles más altos de inexactitud ocurrieron durante el refuerzo y las condiciones de castigo para todos los participantes. Además, la condición de control produjo niveles relativamente bajos de inexactitud para todos los participantes. Matthew respondió incorrectamente a una media de 33% (rango, 8% a 50%) de las preguntas en la condición de refuerzo y castigo y una media de 8% (rango, 0% a 17%) de las preguntas en la condición de control. Owen respondió incorrectamente a una media del 53% (rango, 37% a 65%) de las preguntas en el refuerzo más las condiciones de castigo, y una media del 20% (rango, 10% a 39%) de las preguntas en la condición de control. Abby respondió inexactamente a una media de 58% (rango, 25% a 92%) de las preguntas en la condición de refuerzo más castigo y una media de 17% (rango, 8% a 25%) de las preguntas en la condición de control.

Estos resultados sugieren que ambos antecedentes (es decir, la estructura de las preguntas) y las consecuencias (es decir, el refuerzo y el castigo) pueden influir en la precisión de la respuesta de los niños a las preguntas de un entrevistador. Además, la respuesta diferencial observada entre los participantes sugiere que algunos niños pueden ser más o menos sensibles a técnicas específicas de entrevistador. Esto es importante porque la mayoría de los estudios previos sobre este tema no se han llevado a cabo de una manera que permita dicho análisis. Finalmente, en estudios previos, ni el cuestionamiento sugestivo ni el suministro de información sobre la agresividad aumentaron sustancialmente la imprecisión. En contraste, los resultados del presente estudio sugieren que estas dos técnicas pueden aumentar la imprecisión en algunos niños. Las diferencias metodológicas entre el estudio actual y la investigación previa pueden explicar este hallazgo.

De todos modos, los niños en este estudio tenían edades comprendidas entre 4 y 8 años. Es probable que existan algunas diferencias de desarrollo en las habilidades del lenguaje en este rango de edad que puedan afectar la precisión. De hecho, las directrices de la entrevista forense reflejan esto; las recomendaciones para los niños más pequeños requieren preguntas más específicas que para los niños mayores. La investigación futura debe investigar las diferencias adicionales relacionadas con la edad en la sensibilidad a las técnicas del entrevistador.

La importancia de proporcionar información antes y después de la autopsia a un ser querido. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Importance of explanation before and after forensic autopsy to the bereaved family: lessons from a questionnaire study” de Ito, Takako; Nobutomo, Koichi; Fujimiya, Tatsuya y Yoshida, Ken-ichi,  que explican la importancia de una buena explicación a los familiares antes y después de realizar la autopsia a un ser querido.

Las autopsias del forense tienen como objetivo revelar la causa y la forma de las muertes no naturales. La información de la autopsia se revela a la familia en el duelo. En Japón, la policía o el fiscal solicita a los forenses que realicen una autopsia en las universidades para investigar crímenes, y para mantener los secretos relacionados con la investigación del delito, la ley ha restringido la divulgación de la información de una autopsia forense. En este artículo se realiza un estudio en Japón que tiene como objetivo investigar si las familias en duelo recibieron una explicación suficiente antes y después de una autopsia forense y cómo se sintieron acerca de la explicación.

En el estudio se tuvo en cuenta a 403 familias en duelo que solicitaron certificados de defunción de sus familiares a los Departamentos de Medicina Forense de las universidades de Tokio y Yamaguchi. Se envió una carta de presentación, un cuestionario anónimo y un sobre prepago a estos sujetos y a algunos miembros de la Asociación Nacional de Familias Supervivientes. El cuestionario incorporó 19 cuestiones sobre la calidad de la información dada antes y después de una autopsia, y las percepciones de la explicación sobre el procedimiento y el resultado de la autopsia forense.

De los 403 cuestionarios enviados, 122 familias respondieron. Los encuestados perdieron a sus familiares por homicidio o lesión en 45 casos, accidentes de tráfico en 26 casos, muerte asociada a la práctica médica en 11 casos y muerte relacionada con el trabajo en cuatro casos. De los 122 encuestados, el 52.4% expresaron sentimientos positivos, 37.6% negativos y 9.8% indiferentes sobre la autopsia.

Aunque en Japón no se requiere el consentimiento para una autopsia forense, el oficial de policía avisó de forma previa al 81.5% de los encuestados. Entre los encuestados, el 42.3% y el 36.5% percibieron la calidad de la información en la autopsia como inadecuada y deficiente, respectivamente, y solo el 21.2% la consideraron suficiente. Muchas familias (70,7%) no estaban dispuestas a dar su consentimiento debido a la insatisfacción o falta de explicación por parte de los policías. El 36,4% solicitó información más detallada sobre el propósito, la institución y los procesos relacionados con una autopsia forense.

Dos tercios (65.2%) de los parientes fueron informados de los hallazgos de la autopsia de los oficiales de policía. De los 105 encuestados a las preguntas sobre la calidad de la información ofrecida, el 70.0% consideró que fue suficiente y comprensible. Sin embargo, muchos (82%) parientes deseaban recibir información de la persona que realizó la autopsia.

Esta investigación estudió si las familias se frustraron y enojaron debido a las explicaciones insuficientes de los hallazgos de la autopsia. Entre las familias que se frustraron y enojaron después de la autopsia, el 75.5% aún no había sido informado de los hallazgos de la autopsia más de 2 años después de la autopsia. Por lo tanto, la falta de información después de la autopsia durante mucho tiempo había cambiado significativamente los sentimientos del pariente en una dirección negativa. Por el contrario, entre los encuestados que no tuvieron reacciones negativas a la autopsia forense, no hubo mucha diferencia entre los que estaban informados (56.5%) y los que no (43.5%) después de la autopsia. Sin embargo, aquellos que no tuvieron reacciones negativas no se vieron afectados por la información de la autopsia, probablemente porque fueron resignados a información restringida sobre la autopsia dirigida por la policía.

También se examinó si una explicación insuficiente o una baja satisfacción sobre la calidad de la explicación antes de la autopsia hacía que las familias se sintieran frustradas o enojadas. Entre las familias que se sintieron más frustradas y enojadas después de la autopsia, las tres cuartas partes no estaban satisfechas con la explicación antes de la autopsia. El cuestionario mostró que la mayoría (86.4%) de los encuestados consideraba que las explicaciones eran inapropiadas o indiferentes a los sentimientos de los familiares. Las reacciones negativas después de una autopsia se correlacionaron con percepciones negativas tales como explicación insuficiente o baja satisfacción con la calidad de la explicación antes de la autopsia. Estos resultados sugieren que una explicación insuficiente o deficiente sobre los procesos de preautopsia y hallazgos posteriores a la autopsia habría dejado a muchas familias demasiado frustradas y enojadas.

Se resume por tanto que las familias se frustraron y enojaron cuando no se les había informado adecuadamente el propósito y el proceso de la autopsia de antemano. La explicación insuficiente sobre los hallazgos de la autopsia también empeoró sus sentimientos. Estos datos por tanto demuestran que una explicación más temprana y suficiente del propósito, proceso y hallazgos relacionados con una autopsia forense realizada por personas que realizan autopsias y un oficial de enlace de la policía contribuiría a una mejor comprensión y aceptación de la autopsia forense por parte de familias afligidas. La información sobre autopsias forenses y el nombramiento del oficial de enlace ayudaría enormemente a mejorar la calidad de los servicios orientados a ayudar a las familias en su proceso de duelo.

¿Son realmente diferentes las mujeres acosadoras y los hombres acosadores?. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “A study of women who stalk”, de Rosemary Purcell y Pathe Michele, que examinan si las mujeres acosadoras difieren de sus homólogos masculinos en psicopatología, motivación, comportamiento y propensión a la violencia.

El término “acosador” se describe habitualmente como un “hombre que persigue a un sujeto del sexo contrario”. Los estudios clínicos y epidemiológicos confirman que los autores principales de este crimen son los hombres y que la abrumadora mayoría de las víctimas son mujeres. No obstante, el acoso es un comportamiento neutral en cuanto al género. Sin embargo, se le ha prestado poca atención a las mujeres que persisten en inmiscuirse y acechar a otros.

Ser acosado por mujeres no es raro. Los estudios basados ​​en la comunidad sobre la victimización por acecho indican que las mujeres son identificadas como perpetradoras en el 12% -13% de los casos. Los estudios realizados en entornos de salud mental forense han informado tasas más altas, a menudo reflejando la mayor incidencia de erotomanía en estas poblaciones. El 32% de los sujetos (N = 24 de 74) investigados por una unidad especializada en anti-acoso eran mujeres, seis de los cuales fueron clasificadas como erotómanas. Una investigación de Harmon encontró similarmente que el 33% de acosadores (N = 16 de 48) referidos a una clínica de psiquiatría forense eran mujeres, aunque esta tasa bajó al 22% (N = 38 de 175) en un estudio posterior y más grande. Otros estudios han informado tasas entre el 17% y el 22%. Además de los relatos de víctimas de primera mano, abundan ejemplos ilustrativos de hostigadoras en informes de prensa sobre el acoso de celebridades (por ejemplo, el actor Brad Pitt, la autora Germaine Greer y el presentador David Letterman).

A pesar de la frecuencia con la que las mujeres se dedican al acoso, hasta ahora ningún estudio ha considerado los contextos en los que este comportamiento emerge entre las mujeres o si las acosadoras se diferencian de sus contrapartes masculinas en relación con las características de acoso o propensión a la violencia. Una mayor conciencia y atención a este problema se indica por varias razones. En nuestra experiencia, aquellos que se ven víctimas de un acosador femenino a menudo se enfrentan a la indiferencia y el escepticismo de las fuerzas del orden y otras agencias de ayuda. No es infrecuente que las víctimas masculinas aleguen que sus quejas han sido trivializadas o desestimadas, a algunas víctimas se les dice que deben ser “halagadas” por toda la atención. En el caso del acoso por parte de mujeres del mismo sexo, la orientación sexual tanto de la víctima como del perpetrador se cuestiona con frecuencia, y las autoridades a menudo adoptan de manera inapropiada un motivo homosexual. Los estudios de victimización indican que las mujeres rara vez son enjuiciadas por delitos de acoso, y es más probable que se proceda con la intervención de la justicia penal en los casos en que un sospechoso acusado de acechar a una mujer. La evidencia disponible sugiere que el acoso por parte de las mujeres todavía no se ha otorgado al grado de seriedad asociado al acoso perpetrado por los hombres. Esto a pesar de cualquier evidencia empírica que pueda existir (o no) de que las mujeres son menos intrusas o persistentes en su acoso o representan una amenaza menor para sus víctimas.

El estudio que resumimos describe un grupo de mujeres acosadoras y las compara con un grupo de acosadores masculinos para examinar cualquier diferencia en las características demográficas; estado psiquiátrico; motivación, métodos o duración del acecho; o las tasas de amenazas asociadas y asalto.

El material del caso se extrajo de referencias durante un período de 8 años (1993-2000) a una clínica comunitaria de salud mental forense que se especializa en la evaluación y el manejo de los acosadores y las víctimas de acecho. Las remisiones provenían de todo el estado australiano de Victoria (población: 4,7 millones), predominantemente a través de tribunales, servicios correccionales comunitarios, policía y médicos. La información de colaboración estaba disponible por lo general en forma de declaraciones de víctimas, resúmenes policiales de los delitos, registros penales oficiales e informes psicológicos o psiquiátricos. Para los propósitos de este estudio, definimos el acoso como un intento persistente (duración de al menos 4 semanas) y repetido (10 o más) de comunicarse con una víctima que percibió el comportamiento como desagradable y provocador de miedo. Esta fue una definición intencionalmente conservadora para garantizar que los miembros del grupo de estudio fueran inequívocamente acosadores. La clasificación psiquiátrica empleó los criterios DSM-IV.

Se identificó un subgrupo de mujeres acosadoras y se las comparó con sus contrapartes masculinas en relación con las características demográficas y de acecho. Los resultados fueron los siguientes:

En cuanto al perfil demográfico, de 190 acechadores remitidos a la clínica durante el período de estudio, 40 (21%) eran mujeres. La edad media de las mujeres fue de 35 años (rango = 15-60). Solo tres mujeres tenían relaciones íntimas estables cuando comenzaron sus actividades de acecho; la mayoría eran solteras (60%, N = 24), con 33% (N = 13) separadas o divorciadas. La mayoría tenían trabajo, aunque el 35% estaban desempleadas. Los acosadores masculinos y femeninos no difirieron en términos de edad o estado civil o de empleo. Sin embargo, las acosadoras eran significativamente menos propensas que los acosadores masculinos a tener antecedentes de ofensas criminales o delitos violentos.

En cuanto al estado psiquiátrico, se encontraron 12 trastornos delirantes manifestados (tipo erotomaníaco [N = 81 y tipo celoso [N = 21, con dos infatuaciones mórbidas categorizadas como trastorno delirante, tipo no especificado]). El otro eje que se diagnosticó fue esquizofrenia (una de los cuales exhibió ideas delirantes erotomaníacas), trastorno bipolar y trastorno depresivo mayor. Se diagnosticaron trastornos de la personalidad en 20 de las mujeres acosadoras (predominantemente dependientes [N = 61, límite de personalidad [N = 61, y tipos narcisistas [N = 31]). No se asignó un diagnóstico en dos casos. La tasa de abuso de sustancias fue menor en mujeres que en hombres acosadores. En la parte contraria, el perfil de diagnóstico (presencia de trastornos delirantes, trastornos de la personalidad, parafilias, esquizofrenia u otros trastornos del eje I) de las mujeres acosadoras no difirió significativamente del de los acosadores.

Sobre la relación previa con la víctima, en el 95% de los casos, las mujeres acosadoras persiguieron a alguien previamente conocido por ellos. 16 (40%) de las víctimas eran contactos profesionales, que en la mayoría de los casos eran profesionales de la salud mental, aunque también había varios profesores perseguidos o profesionales del derecho. En aproximadamente el 23% de los casos (N = 9), la víctima era una ex pareja íntima (siete eran hombres, dos eran mujeres). Alrededor del 18% (N = 7) fueron víctimas a través de otros contextos relacionados con el trabajo (por ejemplo, colegas o clientes), y el 15% (N = 6) fueron conocidos casuales. Solo dos mujeres acechaban extraños. La naturaleza de la relación anterior difería significativamente de la de los acosadores masculinos, siendo las mujeres acosadoras significativamente más propensas a apuntar a contactos profesionales y significativamente menos propensas a perseguir extraños.

La tasa de acoso entre personas del mismo sexo fue significativamente mayor entre las mujeres acosadoras, con 48% (N = 19) persiguiendo a otras mujeres, mientras que 9% (N = 13) de los hombres acosaron a otros hombres.

Sobre la motivación para la búsqueda y el contexto en el que surgió, el 45% (N = 18) de las mujeres acosadoras fueron clasificadas como buscadoras de intimidad, el acoso surgió del deseo de establecer una intimidad íntima y amorosa con la víctima, que en la mayoría de los casos (78%, N = 14 de 18) fue un contacto profesional. Diez mujeres (25%) fueron consideradas acosadoras “rechazadas”, que respondieron a la terminación de una relación cercana persiguiendo a la víctima. En la mayoría de los casos de acoso rechazado, el acoso siguió a la ruptura de una relación sexual íntima, aunque una mujer comenzó a acosar a su psiquiatra después del cese abrupto de la psicoterapia a largo plazo. En el 18% (N = 7) de los casos, el acoso se clasificó como “resentido”, el acosador busca castigar y atormentar a una víctima percibida como maltratada o menospreciada. Cuatro casos (10%) fueron considerados como pretendientes incompetentes, y el acecho sirvió como un medio crudo e intrusivo de establecer una fecha. No hubo instancias entre mujeres con acoso sexual depredador motivado sexualmente, mientras que el 7% (N = 11) de los varones demostraron este patrón de acecho. Significativamente más mujeres acosadoras fueron motivadas por el deseo de establecer una intimidad amorosa con el objeto de su atención no deseada, pero no difirieron de sus homólogos masculinos en la frecuencia de tipos de acecho rechazados, resentidos o incompetentes. La duración del acecho varió entre 2 meses y 20 años (mediana = 22 meses), que no difirió significativamente de la de los hombres acosadores (mediana = 12 meses).

En cuanto a los métodos de acoso, las acosadoras eran significativamente menos propensas que los acosadores a seguir a sus víctimas, pero significativamente más propensas a favorecer las llamadas telefónicas. Las mujeres acosadoras también mostraron la misma propensión a las amenazas y la violencia que sus homólogos masculinos, aunque las tasas de agresión física fueron algo mayores entre los acosadores masculinos. Trece mujeres acosadoras infligieron daños a la propiedad de sus víctimas (siete que eran hombres, seis que eran mujeres), incluida una mujer que causó daños extensos al auto deportivo de su ex prometido y otra que pintó mensajes obscenos en la cerca de la casa de su víctima. Nueve acosadoras asaltaron a sus víctimas (tres que eran hombres, seis que eran mujeres). La naturaleza de los ataques no difirió cualitativamente de la de los perpetradores masculinos, aunque no hubo agresiones sexuales cometidas por mujeres acosadoras. Si bien las tasas de amenazas y ataques no difirieron significativamente, las acosadoras tuvieron menos probabilidades que sus homólogos masculinos de proceder de amenazas explícitas a agresiones físicas reales.

Se resume por tanto que aunque las mujeres son las víctimas predominantes del crimen de acoso, es importante reconocer que en una minoría significativa de casos de acoso, las mujeres son las perpetradoras. Aunque en algunos casos se ve impulsado por el resentimiento o la represalia por las heridas percibidas, la mayoría está motivada por el deseo de establecer una relación íntima con la víctima. Las intervenciones psiquiátricas dirigidas a controlar la enfermedad mental subyacente son cruciales para la resolución de los comportamientos de acoso en este grupo, pero los terapeutas que brindan dicho tratamiento deben ser conscientes de la vulnerabilidad a veces inherente a este rol.

¿Qué relación existe entre los rasgos psicopáticos y el racismo? Un enfoque teórico. Club Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Is There a Relationship Between Psychopathic Traits and Racism?”, de los autores Kaine Grigg y Lenore Manderson, que exponen, desde un punto de vista teórico , y posteriormente a través de una investigación, la relación existente entre los rasgos psicopáticos y el racismo. En esta primera publicación resumiremos los aspectos teóricos, centrándonos en los resultados de la investigación en el próximo artículo.

La psicopatía tiene una larga historia tanto en la investigación de la psicología forense criminal como en la práctica clínica, con una amplia gama de actitudes y comportamientos antisociales que coexisten regularmente con la psicopatía. Las actitudes racistas se consideran antisociales y comparten muchas similitudes con los rasgos de personalidad psicopáticos, incluso en su desarrollo y su manifestación. Tanto la psicopatía como el racismo tienen impactos perjudiciales significativos y penetrantes en la sociedad; mejorar la comprensión de cada construcción y las posibles formas de reducir su impacto social, por lo tanto, sería útil.

Las características distintivas de la psicopatía incluyen encanto superficial y egocentrismo, las características afectivas incluyen niveles superficiales e impredecibles de emoción y deficiencias en la culpa, empatía y remordimiento, y las características conductuales incluyen la participación en actividades erráticas, negligentes, de riesgo y de búsqueda de sensaciones que violan las normas sociales y legales, asi como una incapacidad para mantener relaciones a largo plazo y la explotación indiferente y deliberada de otros. Los investigadores además han relacionado la psicopatía con un rango de comportamiento antisocial violento y no violento y con conductas de alto riesgo.

En cuanto a la estabilidad de la psicopatía, la investigación empírica sugiere que la psicopatía en la infancia y la adolescencia es igualmente estable y se presenta de manera similar a la psicopatía en la edad adulta, y que las características de la psicopatía adolescente muestran una estabilidad moderada de los componentes afectivos, incluida la falta de empatía y remordimiento, emociones superficiales, egocentrismo y engaño a lo largo de la transición de la adolescencia a la adultez. Esta constancia sugiere que la psicopatía infantil puede convertirse en un factor estable y duradero de rasgos de personalidad.

El desarrollo de la psicopatía se ha relacionado con los déficits individuales en características como el temperamento y la inhibición conductual, el desarrollo moral y emocional, el procesamiento sociocognitivo y la disfunción emocional y cognitiva general, por ello es esencial comprender cómo se nutren tales características. Dichos déficits se ven considerablemente afectados por la crianza de los hijos, lo que sugiere posibles asociaciones entre el desarrollo de la psicopatía y una gama de variables parentales pobres. Apoyando esta proposición, niveles más altos de síntomas de Trastorno de Personalidad Antisocial, que abarcan rasgos psicopáticos, han sido vinculados a una gran cantidad de variables parentales que incluyen maltrato infantil, menores niveles de cuidado paterno y materno, mal vínculo parental, y abusos físicos, psicológicos o sexuales.

Pues bien, el desarrollo de actitudes racistas ha sido explorado de manera similar. Investigaciones recientes propusieron que tanto el racismo como el sexismo son dos formas interrelacionadas de actitudes discriminatorias vinculadas a través de creencias de jerarquías sociales, que pueden ser atribuibles a los rasgos subyacentes de la personalidad. Por ello, similar al cultivo de la psicopatía, también se han establecido vínculos entre la crianza estricta y rígida, el desarrollo de la personalidad y las consecuentes actitudes racistas. No es sorprendente que comportamientos y actitudes indeseables como el racismo se desarrollen en niños que experimentan una crianza negativa, dado el significativo poder del rechazo y aceptación de los padres al moldear nuestras personalidades como niños y adultos, aunque el enfoque en la crianza autoritaria como la causa de las actitudes racistas en los niños ha sido reemplazado por una mayor comprensión sociocognitiva.

En contraste, la crianza positiva, que incluye el uso de técnicas de empatía, parece disminuir los comportamientos antisociales y limitar el desarrollo de los rasgos de personalidad psicópata y las actitudes racistas. De manera similar, los niveles de empatía parecen estar relacionados con las actitudes racistas y son un moderador importante de tales actitudes. Como la empatía es un antecedente clave del comportamiento prosocial y del desarrollo moral, estos vínculos son aún más importantes en una investigación de actitudes racistas y rasgos de personalidad psicopática. Además, el desarrollo del comportamiento intimidatorio se ha relacionado con el comportamiento antisocial posterior, la criminalidad y la violencia, lo que podría incluir el desarrollo de actitudes racistas y rasgos de personalidad psicopática.

Debido a los vínculos inversos entre la empatía y los problemas de conducta, las actitudes racistas y los rasgos psicopáticos, así como las similitudes en los caminos del desarrollo del racismo y la psicopatía, se esperaría una relación entre los rasgos psicópatas y las actitudes racistas. Los fuertes vínculos entre la psicopatía y varias conductas antisociales violentas y no violentas añaden más peso a esta idea, pero aún no se han realizado investigaciones que exploren esta relación propuesta.

Para poder demostrar de un modo empírico esta relación entre los rasgos psicopáticos y el racismo, los autores Kaine Grigg y Lenore Manderson realizaron una investigación con 402 participantes cuyo objetivo principal fue examinar la relación explicada anteriormente, y cuyo objetivo secundario fue explorar la consistencia de esta relación entre adolescentes y adultos. La metodología, resultados y conclusiones podrán consultarse en el siguiente artículo del Club Forenses.

Relación entre la salud mental, los problemas del comportamiento y los problemas de juego entre adolescentes

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Identifying the Relationship Between Mental Health Symptoms, Problem Behaviors and Gambling Among Adolescents ”, de los autores Jérémie Richard y Jeffrey Derevensky, del Centro Internacional para Problemas Juveniles de Juego y Comportamientos de Alto Riesgo, de la Universidad McGill. En el presente estudio investigan la relación existente entre los síntomas de salud mental, problemas de comportamiento, y problemas de juego (ludopatía) entre adolescentes.

La adolescencia representa un período de desarrollo social y psicológico significativo que puede conducir a la experimentación con múltiples comportamientos de alto riesgo. Aunque las asociaciones con el problema de los juegos de azar en la juventud se han establecido en la literatura de investigación, hay una falta de coherencia en los resultados y las medidas utilizadas para evaluar estos constructos al tiempo que se considera el impacto del género y la edad.

El juego es un problema de salud pública y mental prevalente y creciente entre los adolescentes. Además, aunque los adolescentes a menudo comienzan a apostar de vez en cuando y con fines recreativos (es decir, juegos de azar sociales), pueden progresar más rápidamente que los adultos del juego social al juego problemático o desordenado. Las tendencias en los comportamientos de juego destacan que entre los jóvenes y adultos, la tasa de problemas de juego es dos veces mayor entre los hombres en comparación con las mujeres. En comparación con las mujeres, los hombres informan un mayor riesgo, comienzan a apostar más temprano, dedican más tiempo y dinero a apostar, apuestan con mayor frecuencia y experimentan mayores tasas de problemas relacionados con el juego. Como los juegos de azar desordenados pueden estar estrechamente relacionados con comportamientos de externalización y consumo de sustancias en los hombres, entre las mujeres el juego desordenado parece asociarse más estrechamente con los síntomas de depresión y los estilos de afrontamiento de evitación.

La adolescencia marca un período importante de desarrollo psicológico y social que a menudo va acompañado de eventos de transición positivos y negativos. La salud mental y los problemas de comportamiento son bastante comunes en los adolescentes, con altas tasas de prevalencia de depresión, ansiedad, uso de sustancias y trastorno de la conducta. De importancia, un estudio reciente mostró cómo los problemas de internalización y externalización pueden surgir en la primera infancia y permanecer presentes a lo largo de la vida. Además, los jóvenes a menudo tienen más responsabilidad, autonomía y libertad durante la adolescencia , lo que a menudo conduce a una mayor experimentación con una variedad de comportamientos de alto riesgo (incluidos los juegos de azar, el consumo de drogas y el comportamiento sexual sin protección).Finalmente, los adolescentes también tienden a manifestar altos niveles de impulsividad y generalmente son más vulnerables a la presión social. Combinados, estos factores de riesgo aumentan la probabilidad de un compromiso adolescente excesivo en las actividades de juego.

El juego durante la adolescencia se ha asociado con una amplia gama de resultados psicológicos, sociales y académicos negativos. Por ejemplo, se ha informado que las tasas de ansiedad, depresión, baja autoestima, delincuencia y consumo de sustancias son significativamente más altas en los adolescentes que juegan. El juego desordenado también se ha asociado con mayores tasas de problemas de conducta, comportamientos antisociales, trastorno por déficit de atención e hiperactividad y trastornos de internalización en los jóvenes. Para dar cuenta de esto, se ha sugerido que los juegos de azar podrían servir como un mecanismo de adaptación inadaptada en el que los adolescentes participan en el juego para disociarse o escapar de los acontecimientos estresantes de la vida. Si estas estrategias de afrontamiento desadaptativas no se reconocen en las primeras etapas de la adolescencia, el comportamiento continuo del juego podría conducir al desarrollo de problemas médicos o psiquiátricos graves más adelante en la vida. Dadas las consecuencias generalizadas asociadas con los juegos de azar adolescentes desordenados, una mejor comprensión de la relación entre los síntomas de salud mental, las conductas problemáticas y el juego apoyarían los esfuerzos futuros de prevención e intervención con los adolescentes.

Por todo esto, la investigación de la que hablamos en este artículo busca identificar los síntomas de salud mental (ansiedad, depresión…) y los problemas de comportamiento (agresión, delincuencia…) asociados con el riesgo de desarrollar un problema de juego y una mayor frecuencia de apuestas.

Este estudio utilizó datos de la Junta de Servicios de Salud Mental, Alcohol y Drogas, y la Encuesta del Centro de Servicios de Educación del Condado de Wood sobre el Consumo de Alcohol y Otras Drogas entre adolescentes en secundaria y preparatoria en Wood County, Ohio. Las encuestas se administraron a todos los estudiantes de escuelas públicas de séptimo a duodécimo grado. Para garantizar el consentimiento informado y el anonimato en la encuesta, se proporcionó a cada director de la escuela un formulario de consentimiento que se le entregó a los padres informándoles de la importancia de la encuesta. Luego, los estudiantes completaron las encuestas administradas por sus respectivos profesores de aula, se les informó que las encuestas eran completamente anónimas, y pudieron retirarse de la participación en cualquier momento sin penalización.

Un total de 6,818 adolescentes de entre 10 y 19 años de edad de las escuelas públicas de Wood County Ohio participaron en el estudio.

Se realizaron medidas sobre comportamientos problemáticos y salud mental, utilizando la Escala de gravedad del problema de Ohio Scales for Youth (OSY). Se desarrolló sobre la base de cuatro fuentes de información: Los comportamientos problemáticos basados ​​en el DSM-IV, problemas comunes de jóvenes con trastornos emocionales, consultas con proveedores de servicios de cuidado infantil, y artículos de instrumentos de uso común que evalúan la psicopatología.

Se midió también la participación en el juego (A los participantes se les preguntó con qué frecuencia participaban en diferentes actividades durante los últimos 12 meses en una escala de 5 puntos que variaba de 0 (nada) a 5 (diariamente). La frecuencia del juego se recodificó según si realizaban juegos de azar frecuentes (participación más de una vez al mes) y juegos sociales / sin juego (participación menos de una vez al mes o no participar en absoluto).).

Por último, se midieron también los problemas de apuestas en riesgo, evaluando 17 items sobre la gravedad de los juegos de acuerdo con criterios del DSM-IV sobre el juego patológico.

Las respuestas mostraron que un 6,7% de los participantes (n=458) estaban en riesgo por un problema de juego (316 hombres y 142 mujeres). El 13,1% (n=891) se clasifican como jugadores frecuentes (más de una vez al mes). Además, el 32% de los hombres y el 47,1% de las mujeres que indicaron un problema de ansiedad alto tenían un mayor riesgo de un problema de juego. Análisis adicionales revelaron que había un patrón similar para individuos con problemas depresivos altos, donde el 38.2% de los hombres y el 59% de las mujeres con problemas depresivos altos tenían un mayor riesgo de un problema de juego.

Además, el 50,6% de los hombres y el 64,1% de las mujeres con problemas de alta agresividad eran jugadores frecuentes. Los resultados también mostraron que los hombres y las mujeres con puntuaciones altas de ansiedad y de depresión tenían una probabilidad significativamente mayor de apostar con frecuencia. Por último, este análisis reveló que el 26.6% de los hombres y el 32% de las mujeres con altos problemas delincuentes / antisociales eran considerados jugadores frecuentes.

En cuanto a los resultados según edades: las personas de 13 a 15 años y de 16 a 19 años, todos los problemas de salud mental y las conductas problemáticas se relacionaron significativamente con los riesgos de adicción al juego y la frecuencia de los juegos de apuestas. Para los niños de 10-12 años, los problemas de ansiedad y delincuencia alta no se relacionaron significativamente con el riesgo de adicción al juego, aunque estos problemas de salud mental y de conducta se relacionaron con una mayor frecuencia de participación en actividades de juego. En cuanto a los problemas depresivos y agresivos, los niños de 10-12 años tenían una probabilidad significativamente mayor de estar en riesgo de desarrollar adicciones al juego o de ser jugadores frecuentes cuando estos problemas eran de gran gravedad.

En conclusión, los hallazgos del estudio destacan la relación entre las conductas de juego y una variedad de síntomas de salud mental y conductas problemáticas en jóvenes adolescentes. Esto es de vital importancia ya que los altos niveles de problemas agresivos, de ansiedad, depresivos o antisociales ponen a los adolescentes en riesgo, no solo en términos de su bienestar psicológico y social, sino también aumentando su riesgo de comportamientos de juego problemáticos y desordenados. Dado que el juego es fácilmente accesible y se ha vuelto más aceptado socialmente, debe prestarse mayor atención a los comportamientos y síntomas que aumentan la probabilidad de participación juvenil en el juego. Este estudio fortalece nuestra comprensión actual de estos síntomas y, como tal, puede ayudar en el desarrollo de futuros programas de intervención dirigidos a conductas problemáticas de juego de una manera holística. Es decir, prestar atención no solo a las conductas de juego, sino a las secuelas psicológicas y sociales asociadas.

 

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