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Categoría: Psicopatía (página 1 de 4)

Índices de psicopatía, ¿mayores en poblaciones reclusas? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Are Prisoners More Psychopathic than Non- forensic PopulationsProfiling Psychopathic Traits among PrisonersCommunity AdultsUniversity Students, and Adolescents” de Boduszek, D.; Debowska, A.; Sherretts, N.; Willmott, D.; Boulton, M.; Kielkiewicz, K.; Popiolek, K. y Hyland, P. (2019), en el cual se comparan los índices de psicopatía entre población reclusa, adultos, estudiantes universitarios y adolescentes. 

La psicopatía suele considerarse como una de las enfermedades mentales más antiguas de la historia. Sin embargo, no existe mucho consenso sobre las características de este desorden y cómo tratarlo. Siendo más específicos, la inclusión de la conducta criminal / antisocial como un componente fundamental de la psicopatía sigue siendo polémica. 

Hasta la fecha, la herramienta de evaluación más utilizada ha sido la Lista de Verificación de la psicopatía actualizada, componiéndose este trastorno de cuatro conjuntos de rasgos. Estos son: la manipulación interpersonal (engaño, grandiosidad…), el afecto insensible (esto es, falta de empatía o remordimientos), un estilo de vida errático (debido a la impulsividad o irresponsabilidad) y una conducta antisocial (desvío social, comportamiento criminal…). Sin embargo, cuando se ha aplicado este método podría haberse producido una sobreestimación del trastorno en delincuentes, al incluirse como un rasgo la conducta antisocial o criminal. 

Varias fuentes han indicado que el comportamiento antisocial / criminal debe considerarse como una posible consecuencia más que como una parte integral de la psicopatía. Por ello, se ha propuesto también un método alternativo de evaluación no verbal: la Escala de Rasgos de Personalidad Psicopática. Esta se compone de cuatro dimensiones:  

  • La capacidad de respuesta afectiva, por ejemplo: los déficits en reacciones emocionales hacia otras personas. 
  • La capacidad de respuesta cognitiva, esto es: déficits en el compromiso cognitivo con los demás. 
  • La manipulación interpersonal, como un estilo comunicativo engañoso y coercitivo. 
  • El egocentrismocentrarse exclusivamente en los propios intereses y creencias. 

La exclusión de los aspectos conductuales hace que la escala sea adecuada para su uso con una variedad de muestras, incluidas las poblaciones no infractoras y la juventud. Aunque los niños y adolescentes no pueden ser diagnosticados con un trastorno de la personalidad, reconocer ciertos problemas desde el principio y obtener una comprensión más profunda de la estabilidad de los rasgos en las etapas del desarrollo podría servir para diseñar mejores estrategias de intervención, rápidas y eficientes. 

Por otro lado, las diferencias cualitativas y cuantitativas en la expresión de los rasgos psicopáticos pueden explorarse con el uso de técnicas analíticas centradas en la persona, como el análisis de perfiles latentes. Estos permiten revelar variaciones en la intensidad de los rasgos, así como las agrupaciones de los rasgos entre individuos. 

Así pues, ¿cuáles pueden ser los índices reales de psicopatía en la población tanto reclusa como no reclusa? 

Para intentar dar respuesta a esta cuestión, los autores aplicaron la Escala de Rasgos de Personalidad y el análisis de perfiles latentes a cuatro grupos/muestras de participantes en su propio estudio. A saber: 772 reclusos de la cárcel de Pensilvania (EE.UU); 1201 adultos de la comunidad del norte de Inglaterra; 2080 estudiantes universitarios, de dos universidades del norte de Inglaterra; y 472 adolescentes de una escuela secundaria en el norte de Inglaterra. En todos ellos, se incluyeron tanto a hombres como mujeres, siento estas últimas mayoritarias en las muestras de adultos y universitarios. Los datos recabados procedían de entre los años 2015 y 2017 incluidos. 

Los resultados revelaron que los adolescentes eran los que más puntuación obtuvieron en déficits de la capacidad de respuesta afectiva. En la capacidad de respuesta cognitiva fueron los que más puntuación obtuvieron, seguidos de los reclusos. Los universitarios y los adultos obtuvieron más puntos que los presos y adolescentes en la manipulación interpersonal. En términos de egocentrismo, los universitarios mostraron puntajes más altos que los adultos de la comunidad y los reclusos. 

En el caso de los adolescentes, dichos resultados pueden sugerir que esos rasgos, relacionados con la empatía afectiva y cognitiva, se contrarresten y la empatía se desarrolle más en la época adulta. En este sentido, investigaciones anteriores atestiguan diferencias relacionadas con la edad y el desarrollo más tardío de determinadas regiones del cerebro.  

Consecuentemente, parece que algunos de los rasgos centrales de la psicopatía pueden ser maleables. Esto ofrece una vía prometedora para las intervenciones dirigidas a los jóvenes identificados como en riesgo de psicopatía adulta, si bien se requiere de más investigación.  

Además de los resultados referentes a los adolescentes, el estudio proporciona más pruebas de la existencia de grupos de psicopatía cualitativamente diversos 

A grandes rasgos, aunque se detectaron ciertas variaciones en los patrones de puntuación entre las muestras, se identificaron: un grupo de psicopatía baja para todas las muestras, grupos claros de psicopatía alta para los presos y universitarios, y un aumento de los grupos de psicopatía entre los adultos y adolescentes de la comunidad.  

Concretamente, se identificaron grupos de alta psicopatía por igual para los presos y universitariosEstos grupos eran casi idénticos en tamaño, lo que sugiere que el aumento de la psicopatía no es más común entre las poblaciones forenses que entre las no forenses.  

Específicamente, dado que la psicopatía alta se identifica en aproximadamente el 7% de las poblaciones adultas (siendo igual el porcentaje para las muestras del estudio), parece que algunos de esos rasgos pueden aliviarse naturalmente en el proceso de maduración y socialización. Sin embargo, esto sugiere, a su vez, que los reclusos no son más psicopáticos que las poblaciones no penitenciarias. 

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La Triada Oscura y las conductas de fraude. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The effect of the dark triad on unethical behavior” de Harrison A., Summers J. y Mennecke B. (2016), en el cual se analiza el papel de los rasgos de personalidad de la Triada Oscura en las conductas de fraude.

El fraude en la era digital implica comportamientos bastante diferentes de lo que los investigadores del fraude están acostumbrados. No obstante, es probable que detrás de las conductas de fraude estén los mismos perfiles psicológicos que en el fraude no digital. Es decir, los hallazgos previos en cuanto a estos perfiles pueden seguir siendo válidos. El cambio de comportamiento puede ser simplemente la adaptación al nuevo entorno: lo digital.

Las conductas no éticas se definen como actos que provocan daño ajeno y que son ilegales o inaceptables moralmente para la comunidad extensa. Las investigaciones sobre el fraude han sacado a la luz importantes factores psicológicos que afectan a la propensión de llevar a cabo conductas no éticas. No obstante, que afecten no equivale a que sean causas de las conductas fraudulentas. Cuáles son las causas de tales conductas sigue siendo una pregunta sin responder.

Algunos factores personales han sido considerados ampliamente como factores predisponentes de ciertas conductas. Algunos serían: nivel educativo, estatus socio-económico o rasgos de personalidad. Estos últimos son los que reciben atención en el estudio citado. ¿Cómo influyen ciertos rasgos de personalidad en las conductas de fraude? E incluso ¿cómo influyen estos rasgos en el proceso de toma de decisiones?

Los rasgos de personalidad de interés en la conducta fraudulenta son aquellos que conforman la conocida triada oscura. Estos tienen un papel destacable en varias conductas antisociales y el fraude es una de ellas. Hablamos de psicopatía, narcicismo y maquiavelismo. Cuando se presentan de manera combinada, suelen considerarse como predictivos de actitudes y comportamientos egoístas, manipulativos e insensibles.

Estos rasgos influyen en conductas no ética, pero se desconoce si, por ejemplo, afectan a la toma de decisiones. Saberlo es importante porque para llevar a cabo cualquier conducta, primero se toma la decisión de hacerlo. Las decisiones pueden ser más o menos conscientes, pero el proceso de toma de decisiones siempre está presente.

En cuanto al fraude, las conductas relacionadas se analizan desde una perspectiva interaccionista. Es decir, los individuos que deciden cometer fraude responden a una serie de factores que interaccionan entre sí. Hay motivación para cometer un fraude o engañar. Se da la oportunidad de engañar a otro individuo y aprovecharse de él. Por último, hay habilidad de racionalizar los actos no éticos desde un código ético propio, no compartido.

Por ejemplo, imagínate que vas a una entrevista de trabajo. Para aumentar las probabilidades de conseguir el puesto (motivación), puedes mentir sobre tu historia laboral. Sabes, además, que la empresa entrevistadora no suele verificar las credenciales de los aspirantes (oportunidad), porque es una empresa pequeña, con mucha carga de trabajo y necesitan contratar ya. Al decidir mentir en esta entrevista puedes pensar algo así como no creo que sea poco ético, es una mentira de nada; con lo competitivo que está el mercado, me vale la pena mentir, todos mienten en algún momento. ¡Tan grave no es! (racionalización desde un código ético propio).

Este sería un ejemplo de la estructura del llamado triángulo del fraude. Muchas veces también se considera un cuarto elemento: las capacidades del individuo. Una persona evalúa si tiene la capacidad de llevar a cabo exitosamente la conducta fraudulenta. En el ejemplo anterior sería evaluar si tenemos la habilidad de mentir.

Aquel que quiera cometer un fraude debe detectar la oportunidad de hacerlo. La dificultad de asegurar que las identidades digitales son reales y la posibilidad de anonimidad da lugar a oportunidades de engaño y reduce la presión al conformismo con las normas sociales en contra del fraude.

La motivación para cometer un fraude es necesaria en términos de tener como meta obtener una serie de beneficios. No obstante, esa búsqueda de beneficios se presenta más en términos de necesidad de responder a problemas que un individuo experimenta como difíciles de resolver: tener problemas económicos, no encontrar un trabajo, etc.

Racionalizar las conductas de fraude implica que el individuo sigue teniendo actitudes de rechazo hacia tales conductas en la sociedad. Lo que ocurre es que encuentra justificaciones para sus conductas no éticas lo suficientemente convincentes para que distorsione su percepción desde una conducta no ética hacia una conducta justificada. La racionalización es la reconciliación de intenciones deshonestas con un código ético personal que habilita al individuo a actuar de manera deshonesta o inmoral en contextos y situaciones específicas.

¿Por qué voy a avisar a la dependienta de la vuelta incorrecta de dinero si no es atenta a su trabajo? (culpar a la víctima). Yo no miento por mentir; pero si no lo hago ahora, se va enfadar y le voy a quitar toda la ilusión que tenía (hacer el bien).

En el contexto digital, los fraudes son mayoritariamente de naturaleza económica. No obstante, también hay motivaciones no monetarias. Por ejemplo, la presión social de conseguir un estatus de éxito, poder e influencia, algo muy típico en el mercado actual. Las prácticas fraudulentas online más comunes son una descripción falsa de los productos/servicios a vender y la no entrega de dichos productos/servicios. Los canales de comunicación más comunes son los correos electrónicos y la paginas web.

Dada la frecuencia de este tipo de fraudes, los autores de la investigación desarrollan un estudio endos fases enfocado en la venta digital de un producto tecnológico. En dicho estudio participan 329 sujetos.

En la fase 1, además de completar un cuestionario con datos demográficos y escalas relativas a sus rasgos de personalidad, los participantes estimaron el valor de 6 tipos de productos de tecnología: smartphones, ordenadores de sobremesa, laptops, tablets, cámaras digitales y DVDs. Lo relevante de estas estimaciones es el valor que se la da a un iPhone que no está en perfecto estado, está usado y tiene arañazos. Por otro lado, los participantes estiman el valor de todos los productos mencionados para evitar que en la fase 2 recuerden el precio estimado en la fase 1.

La fase 2 ocurre una semana más tarde y participan los mismos sujetos. En esta fase, se pide la creación de un anuncio de venta del iPhone, mencionando precio, estado y descripción. Las diferencias entre ambas fases mostrarían la intención de engañar a posibles compradores y si existen relaciones entre dichas intenciones y los rasgos de personalidad de la triada oscura. Por ejemplo, si un sujeto estima en la  fase 1 un precio de 100 euros y de 200 en la fase 2 y, además, informa de que el estado del móvil es nuevo, estaría intentando engañar al futuro comprador.

Lo principal de los resultados es que los rasgos de personalidad asociados a la triada oscura sí influyen en el comportamiento de fraude. Más interesante aún, se observa que diferentes rasgos de la triada oscura afectan a diferentes factores del triángulo del fraude. Es decir, diferentes constructos de la triada oscura facilitan diferentes partes del proceso de la decisión de engañar.

El narcisismo correlaciona positivamente con la motivación de cometer fraudes. No obstante, el narcisismo implica desear aparentar poder y prestigio, pero internamente hay mucha inseguridad. Esto encaja con el hallazgo de los autores en cuanto a alta motivación de cometer fraudes, pero una muy baja percepción de ser capaz de cometerlos.

Las altas puntuaciones en maquiavelismo muestran un importante impacto en la motivación y en la percepción de oportunidad de cometer fraudes. El deseo de control y poder de estos individuos generan alta motivación para engañar a otros. No obstante, aun de percibir oportunidades para engañar, la poca confianza que suelen tener en otros disminuye dicha percepción.

La psicopatía parece jugar un papel central en la decisión de cometer un fraude. En el estudio se ha observado que este constructo, asociado a amoralidad y propensión a actuar impulsivamente, es el que mayor impacto tiene en el proceso de decisión de cometer fraudes. Esto es así por efectos destacables en la racionalización. La racionalización también suele considerarse como uno de los factores más cruciales del triángulo del fraude. Si alguien es capaz de justificar cualquier acto, será difícil que no lo lleve a cabo.

En conclusión, en los comportamientos fraudulentos tienen mayor impacto los rasgos relativos a psicopatía y maquiavelismo y mucho menos los relativos a narcicismo. Un enfoque interaccionista como el de este estudio permite detectar influencias más específicas de diferentes factores, como son, en este caso, los rasgos de personalidad de la triada oscura. Cada comportamiento implica una serie de pasos y casi todos los comportamientos humanos son complejos. Por ello, se necesita un análisis de  los factores que influyen en cada uno de esos pasos, con el fin de desarrollar modelos de prevención e intervención más eficaces.

 

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Vínculos entre el maltrato infantil y las tipologías de asesinos en serie. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “A behaviour sequence analysis of serial killers’ lives: from childhood abuse to methods of murder” de Marono A. J., Reid S., Yaksic E. y Keatley D. A. (2020), en el cual se analizan posibles vínculos entre sufrir abuso infantil y cometer crímenes en serie con la ayuda del Análisis Secuencial de la Conducta.

Un homicidio se define como la acción/conducta de matar a una persona. Es un término que incluye subcategorías tales como: crimen, homicidio múltiple y homicidio involuntario. En el segundo grupo encontramos a los asesinos en serie. El FBI define a los asesinatos en serie como el asesinar a dos o más personas en eventos separados. Es un acto intencional, premeditado y no es un crimen impulsivo o en respuesta a una amenaza percibida.

No hay que confundir a los asesinos seriales con los asesinos en masa ni con los asesinos frenéticos. Los asesinos en masa matan a 4 o más personas durante un solo evento, sin intervalos temporales distintivos entre un asesinato y otro. Los crímenes de un asesino frenético ocurren en dos o más lugares distintos, de manera consecutiva y sin periodos de enfriamiento emocional entre los crímenes.

Los avances en tecnología, así como la creación de amplias bases de datos han permitido el desarrollo de modelos predictivos, por ejemplo, para predecir quién es probable que cometa asesinatos en serie. También se pretende interpretar los patrones de conducta con el fin de predecir reincidencias.

Independientemente del tipo de predicción, para desarrollar tales modelos es necesario entender la cadena de eventos que preceden a los asesinatos. Una forma de hacerlo es clasificando las conductas relacionadas con los crímenes, agrupándolas, por ejemplo, según la forma de aproximarse a las víctimas.

Las primeras clasificaciones eran muy simples: conductas/crímenes organizados y desorganizados. Dada su simplicidad, las tipologías se han desarrollado ampliamente. En cualquier caso, el refinamiento de las tipologías no asegura la existencia de asesinos en serie (u otros tipos) prototípicos.

El profiling es una técnica retrospectiva. Aunque sea muy útil, no está exenta de posibles errores. Y, para poder perfilar de manera más adecuada, se ha sugerido que es importante incluir datos de los historiales de los criminales y/o factores de personalidad. En el historial personal lo que se destaca de gran importancia son los eventos más traumáticos, especialmente aquellos relacionados con la violencia.  El maltrato infantil sería uno de ellos.

La OMS define el maltrato infantil como los abusos y la desatención de menores de 18 años, e incluye todos los tipos de maltrato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otro tipo que causen o puedan causar un daño a la salud, desarrollo o dignidad del niño, o poner en peligro su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder. La exposición a la violencia de pareja también se incluye a veces entre las formas de maltrato infantil.

Muchas investigaciones han sugerido que el perfil de un asesino en serie incluye a menudo haber sufrido maltrato infantil. La relación entre ese daño en la etapa infantil y las conductas criminales se explicarían, por ejemplo, por haber desarrollado habituación y tolerancia al dolor (según el tipo de maltrato recibido).

El maltrato infantil también se ha asociado con problemas de procesamiento cognitivo. Por ejemplo, sesgos de atribución hostiles, accesibilidad de respuestas agresivas, evaluaciones positivas de la agresividad, etc.

En algunos estudios se han mostrado relaciones entre abuso infantil y crímenes basado en gratificación sexual. El 50% de los asesinos en serie analizados han informado haber sufrido de abuso psicológico. Un 36% ha sufrido de maltrato físico en la infancia y un 26% de abuso sexual.

Conocer estas relaciones es de gran utilidad. No obstante, se desconocen las vías secuenciales entre el maltrato infantil y las diferentes tipologías de asesinos en serie. Para ello, los autores proponen aplicar el Análisis Secuencial de la Conducta (ASC).

El ASC es un método cuyo objetivo es entender las relaciones dinámicas entre las progresiones conductuales y las interacciones sociales que tienen lugar a lo largo del tiempo. Con ello se investigan las vinculaciones entre cadenas de comportamiento y eventos. Determina cuánto es de probable (en comparación con el nivel de azar) que un evento sea consecuente a otro antecedente. Por ejemplo, el sujeto X ha sufrido un abuso A; ¿cuánto es de probable que se dé el comportamiento B, C o D?

En este estudio, se analizan dos eventos, aunque el análisis permite la vinculación de tantos eventos/comportamientos como se considere adecuado. El primer evento es el tipo de maltrato infantil sufrido. El segundo evento hace referencia a los crímenes y se tienen en cuenta los tipos de asesinos en serie, así como con el comportamiento en la escena del crimen (características del modus operandi).

Los autores del estudio se enfocan en tres tipos de abuso: físico, psicológico y sexual. La tipología de asesinos en serie que se utiliza es la basada en motivaciones: lujuria, ira, poder y ganancias económicas.

En cuanto a conducta que se dan en el escenario del crimen, se analiza cómo se asesinó a la víctima y qué se hizo posteriormente con el cuerpo. La muestra de análisis se compone de 233 asesinos en serie que han sido víctimas de maltrato infantil. Los crímenes de estos sujetos han ocurrido entre 1850 y 2014.

A modo general, los resultados del estudio muestran que diferentes tipos de maltrato afectan a diferentes tipologías de asesinos y comportamiento criminales.

Haber sufrido de maltrato físico aumenta las probabilidades de mostrar una conducta homicida exagerada. Es decir, de hacer mucho más daño a la víctima del necesario para quitarle la vida. En cualquier caso, los asesinos en serie que más conductas violentas muestran (p. ej. tortura, mutilación, etc.) son aquellos que han sufrido de abusos sexuales y/o maltrato psicológico.

Entre los asesinos en serie que han sufrido de abusos sexuales se observó una tendencia de llevar a cabo el crimen con rapidez. Aunque no se pueda determinar el porqué, una hipótesis es que aquellos que han sufrido de abuso sexual sienten ira y culpabilidad, lo que les hace arremeter y matar con rapidez.

Un crimen con rapidez se ha observado en todos los casos en los que la motivación se basa en el poder. Y en este subgrupo, al igual que entre aquellos que han sufrido abusos sexuales, no se dan conductas homicidas exageradas. Tampoco se observan torturas o mutilaciones a las víctimas.

 La motivación de poder implica obtener placer a través de la sensación de tener control sobre las víctimas. Pero más allá del placer, según evidencias previas, estos asesinos en serie ven el matar como una necesidad. De ahí la rapidez y la falta conductas homicidas que inflijan dolor innecesario.

Aquellos asesinos en serie clasificados como siguiendo unas motivaciones de lujuria (que suelen ser violadores) a menudo han llevado a cabo actividades sexuales postmortem y toturas. La existencia de estas conductas se observa como independiente al tipo de abuso que hayan sufrido en la infancia.

Las explicaciones en este caso se centran en la presencia de parafilias anormales o sadismo sexual. En cualquier caso, parece que la presencia de abuso sexual en sus historiales, sea asilado o junto a otros tipos de maltrato, guarda relación con la presencia de mutilaciones y/o torturas a las víctimas.

De manera opuesta a muchas investigaciones previas, en este estudio no se observan patrones consistentes para la forma de asesinar a las víctimas y la disposición del cuerpo a posteriori, en función de la tipología. Ya existen autores que sugieren que, aunque se puedan clasificar a los asesinos en serie, las tipologías no son mutuamente excluyentes. Haría falta prestar más atención a qué factores influyen a métodos criminales específicos y menos en sus motivaciones individuales.

Cabe destacar que el análisis de los autores tiene el objetivo de mostrar la utilidad del ASC.  Utilizar tan solo dos momentos temporales puede que no sea suficiente para sacar grandes conclusiones, por lo que se necesitan más estudios.

 Asimismo, con este estudio pretenden subrayar la posible importancia de eventos de violencia o de gravedad similar que han ocurrido tempranamente en la vida de los asesinos en serie. El maltrato infantil tiene graves impactos en la vida de las personas, a corto y largo plazo.

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Trastornos de personalidad en la población criminal. ¿Cómo tratarlos? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Schema therapy in forensic settings” de Bernstein D. P., Clercx M. y Keulen-De Vos M. (2019), en el cual se describe la utilidad de la Terapia de Esquema en el tratamiento de los trastornos de personalidad de pacientes en ámbito forenses.

Eres psiquiatra forense y tienes varios pacientes con trastornos de personalidad que han llevado a cabo varios delitos. Ya han pasado, por tanto, por la fase de evaluación y entran en una fase de tratamiento. Si lo primero que piensas es que no hay nada que hacer para prevenir que vuelvan a cometer delitos, estás ignorando años de investigación. Y si crees que no se debería hacer nada para tratar los trastornos que presentan, te olvidas de algo importante.

Por más duro que nos parezca y por más rechazo que sintamos ante la idea, hablamos de seres humanos, como tú y yo. Que por la multitud de factores que inciden en la personalidad humana, llegaron a cometer actos que puede que ni ellos habían pensado que van a cometer. Que por la razón que sea, desarrollan trastornos de personalidad y otros problemas de salud mental y una posible medida que se les aplica por sus delitos es el internamiento en un centro psiquiátrico o penitenciario.

Ofrecer un tratamiento no implica exculpar, sino intentar disminuir el riesgo de reincidencia y, por qué no, ofrecer una segunda oportunidad. Si se consigue una mejora, la persona tendrá la oportunidad de reinsertarse en la sociedad cuando se encuentre en libertad.

En cualquier caso, si estaríamos en esa situación, tendríamos que elegir el tratamiento más adecuado. Adecuado supone mínimo una eficacia demostrada empíricamente. Para algunos trastornos mentales existen tratamientos psicológicos muy buenos, pero para otros es más difícil conseguirlo. Ocurre así en el caso de los trastornos de personalidad (TPs).

Si no existen tratamientos suficientemente eficaces para estos casos ¿qué hacemos? ¿Damos por hecho que están personas volverán a cometer los mismos delitos una y otra vez? ¿Los encerramos de por vida sea cual sea el delito que hayan cometido? En algunos casos diríamos que sí, pero no todo es blanco o negro. Las personas que trabajan en este campo lo saben.

Tal es el caso de los autores de esta investigación. A falta de tratamientos adecuados por los TPs, en 2007 iniciaron un ensayo de control aleatorizado que duró tres años. El objetivo era poner a prueba la eficacia de la Terapia de Esquema (ST, Schema Therapy) en comparación con el tratamiento típicamente utilizado para los TPs (Terapia Cognitivo-Conductual).

Ese trabajo dio lugar a un apoyo empírico fuerte para la eficacia de la ST en pacientes forenses con TPs. La ST fue reconocida oficialmente en los Países Bajos como el primer tratamiento para este tipo de pacientes.

En el contexto forense, los TPs más asociados al riesgo de reincidencia de la conducta delictiva son aquellos que pertenecen clínicamente al cluster B: narcisista, antisocial, trastorno límite de la personalidad, así como el tipo paranoide del cluster A. También se presentan grandes dificultades en el caso de la psicopatía, que muchas veces se considera como imposible de tratar.

Los TPs tiene una prevalencia tres veces mayor en la población de perpetradores masculinos que en la población masculina general. En la población carcelaria la prevalencia de los TPs es de 65% en el caso de los hombres y de 43% en el caso de las mujeres. En ambos casos, la prevalencia es mayor que en la población general.

Los diagnósticos de TPs son muy relevantes en las conductas criminales. Los delincuentes con un diagnóstico de TP son los que cometen los crímenes más graves y violentos. También muestran mayores tasas de reincidencia en comparación a los perpetradores sin TPs. Por eso, una terapia eficaz debe alcanzar también la disminución de la tasa de reincidencia.

La Terapia Cognitivo-Conductual tiende a enfocarse en el control de la conducta agresiva y mostró resultados moderados. En cambio, la ST abarca síntomas del trastorno, características asociadas y muchos otros aspectos. La base teórica de la ST se construye sobre las tradiciones cognitiva, conductual, psicodinámica y experiencial.

El concepto central de la ST es el modo esquema. Este representa los estados fluctuantes que dominan el comportamiento, las emociones y las cogniciones del sujeto. El modo esquema está determinado por la activación de un esquema desadaptativo adquirido en edades tempranas. La activación de ese esquema desencadena una respuesta emocional relacionada. Ante esta última aparece una respuesta de afrontamiento.

Existen cuatro áreas de modo esquema. El modo infantil hace referencia a respuestas emocionales universales en la etapa infantil: ira, miedo, tristeza, vergüenza e impulsividad. La internalización de exigencias parentales severas o crítica punitiva provoca el modo de padres disfuncionales. El modo afrontamiento desadaptativo consiste en intentos extremos para afrontar la activación de los esquemas, sea través de la rendición, evitación o sobrecompensación. Por último, el modo saludable implica una reflexión sana sobre uno mismo y sentimientos de alegría y placer.

Las personas con TPs muestran patrones específicos del modo esquema. Los modos esquema se activan ante estímulos externos y tienen correlatos cognitivos y fisiológicos. Las últimas evidencias muestran que juegan un papel importante en el comportamiento criminal y violento.

Los eventos que llevan a una conducta criminal se inician a menudo con el modo infantil. Este, a su vez, lleva una secuencia en escalada de otros modos y a menudo se culmina con modos de sobrecompensación (afrontamiento). Estos últimos son los que están presentes cuando se comete el delito.

Un ejemplo muy gráfico que proporcionan los autores es el siguiente. La pareja de un sujeto rechaza tener sexo con él/ella. Esto hace que el sujeto se sienta inferior, frustrado y furioso. Por tanto, se activan modos infantiles de humillación, de impulsividad e ira, respectivamente. Para afrontar todas estas emociones, el sujeto intenta sobrecompensar con un modo de auto-engrandecimiento. En este caso dominan la sensación de poder y la activación sexual.

El sujeto sale a la calle, busca una víctima, por lo que hablamos de un modo depredador. El sujeto toca puertas al azar hasta que una mujer contesta. El sujeto procede a manipular a la persona para que entre en su casa, por lo que se da aquí la activación de un modo de engaño y manipulación. De forma violenta, tira al suelo a la mujer y le amenaza con matarle si no coopera (modo de intimidación y ataque).

En este ejemplo vemos como el modo infantil desencadena los demás modos. Los cuatro modos posteriores y junto con el modo de sobrecontrolador paranoico son los que más aparecen en pacientes en contexto forense. Los cinco implican una cascada de respuestas con el fin de afrontar emociones derivadas del modo infantil (y de la situación que lo desencadena) a través de la sobrecompensación.

Los factores externos de riesgo (p. ej. abuso infantil, negligencia, factores genéticos, etc.) y de protección (p. ej. apoyo, oportunidades económicas, genética, etc.) modulan el desarrollo de los esquemas en la infancia. Los modos esquema desadaptativos se derivan del poder de los factores de riesgo que aumentan la probabilidad de aparición de conductas antisociales. Asimismo, los modos esquema sanos son los factores protectores que disminuyen esa probabilidad.

Por tanto, la probabilidad de comportamientos violentos y/o criminales en un momento concreto viene determinada por la activación relativa de los modos desadaptativos y sanos. Mayor activación de los primeros sobre los segundos, mayor el riesgo para la aparición de conductas violentas y/o criminales. Los factores de riesgo y de protección del entorno del sujeto a lo largo de su vida (especialmente en la etapa en la que comete el delito) interaccionan de forma recíproca con los modos esquema.

Por ejemplo, tener un grupo de amigos con comportamientos antisociales puede incrementar la fuerza de los modos desadaptativos. Al mismo tiempo, la presencia de estos modos puede aumentar la probabilidad de buscar relacionarse con amigos así.

Sin ánimo de entrar en muchos detalles, decir que las fases de tratamiento de la ST son dos. Una es una fase de evaluación y conceptualización del caso, con psicoeducación para el sujeto. Se le familiariza con los conceptos abordados y se le ayuda en la auto-aplicación.  En la fase de cambio se utiliza una gran variedad de técnicas para reducir la fuerza de los esquemas y respuestas de afrontamiento desadaptativos, así como de los modos esquema. Se busca romper los patrones disfuncionales e iniciar formas de afrontamiento saludable.

Cuando se trata de pacientes en ámbito forense con TPs graves se necesitan modificaciones importantes en la terapia. Una es que se enfatiza más en los modos esquemas que en lo desadaptativo. La razón es que muchos de estos pacientes tienen grandes dificultades para mostrar vulnerabilidad y/o hablar sobre la infancia.

Se necesita mucho tiempo y atención para construir una alianza terapéutica entre terapeuta y paciente. No hay que olvidar que estos sujetos suelen acudir a terapia como obligación judicial, por lo que a menudo les falta motivación.

Faltan muchas más investigaciones sobre la aplicación de la Terapia de Esquema en pacientes en ámbito forense. Aun así, esta intervención ya está establecida como eficaz para los TPs dentro y fuera del contexto forense. La labor de estos profesionales muestra resultados prometedores. Además, puede que sea imprescindible para disminuir las tasas de reincidencia delictiva.

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El maltrato animal y los crímenes en masa: ¿están relacionados? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Harming animals and massacring humans: characteristics of public mass and active shooters who abused animals” de Arluke A., Lankford A. y Madfis E. (2018), en el cual se analizan las características de asesinos en masa con historial de maltrato animal.

Durante décadas, se ha estudiado la tendencia de asesinos en serie a dañar o torturar animales. Por ejemplo, se ha visto que el historial de maltrato animal aparece mucho más en asesinos en serie que en los casos de crímenes por violencia de género. El historial de maltrato animal puede provenir de la infancia, adolescencia o etapa adulta.

Los asesinos en serie comparten características con otros tipos de criminales. Un ejemplo son los tiradores activos y en masa. Características compartidas son la mayor probabilidad a asesinar desconocidos y a llevar a cabo crímenes premeditados. También comparten rasgos de personalidad, tales como una agresividad instintiva o insensibilidad.

Tanto los tiradores activos como los tiradores en masa hacen referencia a personas que atacan en lugares públicos con el objetivo de dañar a más de una víctima. Los asesinos en masa son aquellos que provocan la muerte de cuatro o más víctimas. En cambio, los tiradores activos no se definen por ningún límite mínimo del número de víctimas.

A diferencia de los casos con asesinos en serie, en estos  no se ha estudiado tanto la posible presencia de historial de maltrato animal. Dado que comparten características con otros tipos de criminales, es de esperar que también presenten historiales de maltrato animal.

En cualquier caso, también muestran diferencias importantes, por lo que asumirlo sería un grave error. De hecho, algunos investigadores subrayan que los perfiles psicológicos  de los asesinos en serie son bastante diferentes de los tiradores activos y asesinos en masa.

Los asesinos en masa y los tiradores activos son diferentes también de otros tipos de asesinos en masa más específicos. Por ejemplo, de los que participan en violencia de bandas, tráfico de drogas, asesinatos de familias, grupos terroristas o genocidios.

El estudio se basa en tres objetivos. Uno es identificar todos los casos registrados sobre asesinos en masa y tiradores activos desde 1966 a 2018, que incluyen además un historial de maltrato animal. El segundo objetivo es analizar la naturaleza de la violencia de estos hacia animales y personas. Por último, se pretenden evaluar las diferencias entre este tipo de criminales con y sin historial de maltrato animal.

El maltrato animal que se atiende en este estudio es aquel más explícito como pegar y disparar animales de compañía, prenderles fuego, torturar, mutilar y otros similares. Además, tiene que haber ocurrido antes del ataque hacia las personas y no ser parte del crimen en masa.

De 88 casos de criminales en masa y tiradores activos, se han detectado 20 casos a nivel mundial en los cuales el criminal tenía un historial confirmado de maltrato animal.  La mayoría de ellos eran de hombres (95%) estadounidenses (45%), de raza blanca (95%) y con una media de edad de 25 años.

 En el 75% de los 20 casos se registró maltrato de animales durante la infancia. En el 65% de los casos los animales maltratados eran gatos o perros. Asimismo, en el 75% de los casos, el maltrato se llevó a cabo desde muy cerca del animal (no es lo mismo disparar desde 3 metros que disparar a quemarropa).

Nueve de los 20 casos se registraron en EE.UU. También se encontraron en otros países como, por ejemplo, en Australia (1996), en Escocia (1996) o en Noruega (2011). De todos los casos de la muestra, en un 60% la escuela fue la escena del crimen.

Analizando a los criminales de EE. UU., se destaca una diferencia importante entre los criminales con y sin historial de maltrato animal. Esta es que los primeros son significativamente más jóvenes en el momento del ataque a personas (22,7 años de media vs. 35,2 años en los casos sin historial de maltrato animal).

Los asesinos en masa y los tiradores activos con historial de maltrato animal hicieron daño a un mayor número de víctimas que los sujetos sin historial. Un caso fue registrado como extremo y sin historial de maltrato animal: Stephen Paddock asesinó a 58 víctimas y provocó heridas a aproximadamente 700 personas (Las Vegas, 2017).

En los demás 11 casos que ocurrieron en otros países, los criminales también eran la mayoría blancos y jóvenes, aunque la media de edad se sitúa en los 28 años (vs. menores de 25 años en EE.UU.). También se observó un mayor número de víctimas en los casos con historial de maltrato animal.

Aparte de los datos demográficos y el número de víctimas, se observó otra característica asociada a la presencia de historial de maltrato animal. Hay una menor probabilidad de que los criminales con historial de maltrato animal falleciesen en la escena del crimen.

En términos generales, la cantidad de asesinos en masa y tiradores activos con historial de maltrato animal está muy por debajo de la cantidad de otros criminales que llevan a cabo homicidios múltiples y con ese mismo historial. Como ya hemos mencionado, maltratar animales es mucho más común entre los criminales en serie. Por ejemplo, en un estudio se registró que un 90% de asesinos en serie sádicos de la muestra analizada habían maltratado animales en el pasado.

No obstante, el menor registro de historial de maltrato animal entre los asesinos en masa y tiradores activos no conlleva la ausencia real de maltrato animal. Estos casos suelen recibir menor atención mediática a largo plazo. Por eso, también es probable que se indague menos sobre sus pasados. Además, si los criminales actúan a edad adulta, puede ser difícil encontrar historiales de  las etapas más tempranas de sus vidas.

No obstante, no se descarta la existencia de diferencias psicológicas reales y claves entre este tipo de criminales y asesinos en serie sádicos. Los asesinos en serie sádicos suelen presentar rasgos psicopáticos de una forma marcada. Este hecho no es tan común en el caso de los asesinos en masa y tiradores activos. No suelen sentir atracción hacia la tortura y/o el sadismo.

En la mayoría de los casos, el maltrato animal se llevó a cabo desde muy cerca con respecto a la víctima animal. En algunos estudios se ha visto que esta característica está asociada a una violencia más grave hacia las personas.

Por lo general, la resistencia humana a matar aumenta a medida que la distancia hasta la victima disminuye. En cambio, aquellos más determinados a matar, más perturbados o con rasgos psicopáticos más marcados, se sentirían menos inhibidos por la distancia entre ellos y la víctima.

Aunque la muestra sea pequeña, se obtienen evidencias interesantes. Los asesinos en masa y tiradores activos con historial de maltrato animal maltrataron perros y/o gatos y a quemarropa. Por lo tanto, este tipo de criminales (al igual que muchos criminales en serie) pueden presentar más a menudo rasgos psicopáticos. Asimismo, dado el bajo número de casos con historial de maltrato animal, esta actividad dañina y delictiva no puede considerarse como una señal robusta de futuros tiradores.

Conoce más sobre este tipo de criminales y sus características en nuestro Máster en Criminal Profiling o aprende cómo investigarlos en nuestro Experto Universitario en Investigación Criminológica.

Negociando cara a cara vs online: los rasgos de la Triada Oscura marcan la diferencia. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos un artículo muy interesante titulado “The dark side of negotiation: examining the outcomes of face-to-face and computer-mediated negotiations among dark personalities” de Crossley L., Woodworth M., Black P.J. y Hare R. (2015), que combina el contexto de negociación (online vs cara a cara) con los rasgos de los tres tipos de personalidad que componen la Triada Oscura: psicopatía, maquiavelismo y narcicismo. ¿Tener o no estos rasgos marca alguna diferencia a la hora de negociar? Sigue leyendo para averiguarlo.

La Triada Oscura es un concepto que hace referencia a rasgos de personalidad que se dan en las personalidades psicopáticas, maquiavélicas y narcisistas. Se consideran en conjunto, formando este constructo de Triada Oscura, porque comparten una serie de rasgos considerados negativos, que se reflejan en las interacciones con los demás y con el mundo en general.  Lo que más se ha asociado a la Triada Oscura es un comportamiento de explotación, manipulación e insensibilidad hacia los demás en una gran variedad de situaciones cara-a-cara (p. ej. en el trabajo).

Aunque la Triada Oscura se puede considerar como un constructo único, se debe tener en cuenta que cada tipo de personalidad conlleva también atributos únicos y una sola persona puede encajar en un tipo o en varios, dándose combinaciones diferentes en cada sujeto. Por separado, cada tipo de personalidad se asocia de manera más recurrente a ciertos comportamientos: la psicopatía se asocia más a un estilo de vida anti-social, el maquiavelismo a la manipulación y a ser orientado a metas, y el narcicismo a comportamientos de grandiosidad y auto-adoración.

¿Qué tienen que ver personalidad y negociación? Existe una gran cantidad de investigaciones que llegan a la conclusión de que los rasgos de personalidad son uno de los mayores predictores del rendimiento en una negociación, aunque suele ser clave si en la negociación se necesita competir o cooperar. Hay rasgos que suponen una ventaja para lo primero y no para la segundo y al revés; por ejemplo, ser más simpático o agradable da mejores resultados en una negociación en la que se necesita cooperar y serlo menos da mejores resultados cuando se necesita competir, por lo que, por lo menos las personalidades psicopáticas, lo harían mejor en una negociación competitiva. Y sería así porque se les asocian una actitud más hostil y menos agradable.

La negociación es un contexto casi-perfecto para observar habilidades de persuasión y manipulación y se espera que los sujetos con personalidades de la Triada Oscura lo hagan muy bien y mejor que los sujetos que no presentan estos rasgos. Pero, ¿por qué deberían hacerlo tan bien? Pues, aparte de que se les asocian comportamientos de manipulación que podrían darles ventaja en una negociación, no hay que olvidar que la negociación es principalmente un proceso comunicativo.  Se ha observado que los sujetos con personalidades de la Triada Oscura tienen sus “trucos” para manipular a través de la comunicación. Estos “trucos” se basan principalmente en el lenguaje no verbal: el contacto visual, el tono de voz que utilizan, copiar las expresiones faciales del receptor, dándoles más credibilidad, etc. El uso de claves no verbales sí son útiles en negociaciones cara a cara, pero no se espera que ocurra lo mismo en negociaciones mediante ordenador (por escrito), contexto que claramente difiere en la cantidad y diversidad de información que se puede recibir desde la otra persona.

En la comunicación a través del ordenador el lenguaje no verbal desaparece, la expresión escrita es más controlada, no se puede observar la consecuencia inmediata de aquello que se dice o de los gestos, etc. En definitiva, conversar y negociar por internet ocurre en un contexto en el que faltan muchas claves contextuales y socio-emocionales que sí median en la comunicación cara a cara. Por lo tanto, este estudio plantea que los sujetos con personalidades de la Triada Oscura van a negociar mejor cara a cara que los que no presentan rasgos de este tipo, pero no pasará lo mismo en las negociaciones en línea, por la falta de esas claves socio-emocionales que mencionábamos.

Partiendo de estas ideas, el estudio se desarrolla de la siguiente manera: participan 206 universitarios/as con una media de edad de 20 años, a los cuales se les evalúan rasgos de personalidad típicos de la Triada Oscura con tres cuestionarios pertinentes, cada uno para cada tipo de personalidad (psicopática, maquiavélica y narcisista). Se obtienen cuatro tipos de puntuaciones altas y baja: las primeras tres son de cada tipo de personalidad y una puntuación total en la Triada Oscura. La negociación en este estudio es una situación en la que los sujetos deben negociar la compraventa de unas entradas al concierto, durante un máximo de 20 minutos y, después de asignar aleatoriamente el contexto de negociación (cara a cara vs chat) y el rol (vendedor o comprador), reciben un documento en el cual se concreta: qué se negocia (precio de la entrada, productos de merchadising, asiento y acceso al backstage), posibles precios de compra-venta (según el rol) y la cantidad de dinero que van a ganar como beneficio de la negociación. Así, en el rol de comprador, a menor precio que consigue los productos, más beneficio y, del mismo modo, en el rol del vendedor, a mayor precio que consigue por los productos, más beneficio; en este proceso podían conseguir un total de 9$ y este beneficio es la variable que se espera que difiera entre grupos.

Los autores encuentran dos resultados principales. Considerando la Triada Oscura como único constructo, lo que encuentran es que el grupo con altas puntuaciones en la Triada Oscura es el que peores resultados ha obtenido de todos los grupos en la negociación por ordenador, es decir, el que menos beneficio ha obtenido. Además, y tal como se esperaba, este mismo grupo ha obtenido mejores resultados en la negociación cara a cara que el grupo con puntuaciones bajas en la Triada Oscura.

Considerando las personalidades psicopática, maquiavélica y narcisista por separado, se obtienen nuevos datos sobre las dos primeras en cuanto al éxito en las negociaciones cara a cara: los sujetos con puntuaciones altas en ambas ganaron mucho más dinero que los sujetos con puntuaciones altas en psicopatía, pero bajas en maquiavelismo, independientemente de la vía de comunicación de la negociación; hasta cierto punto, esto puede indicar que hay algunos atributos clave que son la llave del éxito en la negociación. También se observó que los sujetos con altas puntuaciones en maquiavelismo han obtenido mayores beneficios en la negociación cara a cara que por ordenador. Como este grupo destaca, siendo el maquiavelismo el único que indica una relación recurrente con el éxito en negociaciones cara a cara, los autores consideran que puede ser por rasgos como orientación a metas y comportamientos típicos de “los fines justifican los medios”.

Cabe destacar que el narcicismo no ha mostrado relaciones con el éxito en la negociación cara a cara y se puede deber a que los comportamientos principales asociados al narcicismo son la insensibilidad hacia los demás y la búsqueda de atención. En la base de estos comportamientos se encuentran otras motivaciones con poco impacto en las negociaciones.

Concluyendo, las diferencias individuales parecen interaccionar con el contexto de comunicación, influyendo en los resultados de una negociación y, por tanto, esta variable debería ser tenida en cuenta cuando se negocia con diferentes personalidades, porque hay ventajas diferenciales según el tipo de comunicación que se utiliza. También cabe destacar que, si se hiciera el mismo estudio, pero con una negociación vía videochat, los resultados podrían ser bien diferentes por la inclusión de algunas claves contextuales que desaparecen en los mensajes escritos.

Si quieres conocer más sobre la personalidad y cómo esta puede afectar a la conducta y a la negociación no dejes de visitar nuestro Máster en Perfilación de Personalidad y Negociación.

Validez del modelo de tres factores de Medida Interpersonal de la Psicopatía. Club de Ciencias Forenses

psicopatia 1  Validez del modelo de tres factores de Medida Interpersonal de la Psicopatía. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Construct Validity of the Three-factor model of the interpersonal measure of psychopathy” de Hampton, Vitacco y Kossom; en él nos hablan de la validez de los factores que forman la Medida Interpersonal de la Psicopatía.

Las personas con psicopatía siempre han sido descritas como que presentan un comportamiento anómalo, unas veces por ser encantadores y otras inquietantes. El término interpersonal puede referirse a cualquier comportamiento que ocurra entre dos personas, en lo referente a la psicopatía se referirá al conjunto específico de disposiciones asociadas con la falta de reciprocidad y el ejercicio del engaño y la arrogancia con el objetivo de controlar a los demás. La mayoría de los modelos contemporáneos de la psicopatía distinguen entre los rasgos interpersonales y otros elementos. Los rasgos generalmente se miden a través de autoinforme en la mayoría de las herramientas actuales. Los estudios dicen que las características interpersonales de la psicopatía junto con las afectivas son más específicas de este trastorno mientras que las de estilo de vida y componentes antisociales se pueden relacionar con otros trastornos clínicos también. Además, se cree que la comprensión de los componentes de la psicopatía de la personalidad psicópata será clave para la modificación de los problemas de comportamiento antisocial que llevan aparejados.

Las características interpersonales están asociadas con la agresión instrumental y con roles de narcisismo, poder y control sobre los demás. También se relaciona con los resultados que obtienen después de la ofensa como sentencias más bajas y apelaciones más exitosas. Algunos estudios han encontrado relaciones positivas entre las características interpersonales de la psicopatía y puntuaciones en inteligencia. Se ha descubierto también una relación con los factores ambientales, aquellos jóvenes que decían haber tenido unos padres más duros y una infancia difícil presentaban problemas de conducta más graves.

Estas características se han relacionado también con anomalías en la estructura cerebral y con la diferente activación de determinadas regiones del cerebro. Mayores puntuaciones en las facetas interpersonales están asociadas con una reducción de la materia gris en determinadas áreas y una reducción de la materia blanca en el fascículo no cincado. Esto predice una activación reducida durante el procesamiento moral de varias áreas.

La Medida Interpersonal de la Psicopatía (IM-P) fue desarrollada para evaluar las características interpersonales específicas de la psicopatía que se observen durante una entrevista semiestructurada, básicamente hay que observan la frecuencia de ciertos comportamientos a lo largo de la entrevista, por ello tiene como ventaja frente a otras herramientas que no requiere un gran entrenamiento para usarla. Estudios previos demostraron su consistencia interna, con un alto acuerdo entre evaluadores y muestra que valida las características interpersonales de la psicopatía.  También se ha demostrado que correlaciona positivamente con la edad y el rendimiento, así como con el comportamiento antisocial. Además, correlacionan positivamente con el dominio autoinformados y con la autoseguridad, y negativamente con miedo, ansiedad, timidez y socialización.

La Medida Interpersonal de la Psicopatía se encuentra dividida en tres factores: Dominio, Grandiosidad y Violaciones de los Límites. Dentro del factor Dominio están los ítems relacionados con los intentos para dominar la entrevista como son: las interrupciones, la negativa a que le interrumpan, suele ser tangencial, rellena los espacios en silencio y la perseveración. En el caso del factor Grandiosidad nos encontramos con los ítems donde intentar presentarse como únicos o superiores, los cuales son: calma inusual, superioridad ética, narcisismo, teatralidad o dureza. Por último, en el factor Violaciones de los Límites están encuadrados los comportamientos que sugieren una falta de respeto por los límites, como son: ignorar los límites profesionales, ignorar los límites personales, hace pruebas al entrevistador, hace comentarios personales, incorpora al entrevistador en historias, busca alianzas y hace contacto visual intenso.

El presente estudio pretendía validar la herramienta, para ello se obtuvo una muestra de 1.243 reclusos varones de una cárcel de Illinois. Las edades estaban comprendidas entre los 17 y los 47 años. Un 15,7% eran afroamericanos, un 46,3% eran eur estadounidenses, 6,7% eran latinos y un 1,3% “otros”. Toda la muestra participo en una entrevista semiestructurada para evaluar la psicopatía y el trastorno de personalidad antisocial, además, la mayor parte también participó en una entrevista para evaluar el uso de sustancias.

Se demuestra que los comportamientos interpersonales se muestran con una variedad de comportamientos clínicamente relevantes fuera del entorno de la entrevista y que son característicos de la psicopatía. Además, se demostró que cada factor del IM-P exhibe un patrón distintivo de correlatos.

Queda demostrado que los factores del IM -P muestran asociaciones con el factor 1 del PCL-R. El factor de Grandiosidad mostró una asociación única con la calificación en la faceta afectiva del PCL-R. Esto demuestra que los factores del IM – P no son medidas de la construcción de base amplia para la psicopatía, sino que reflejan un subconjunto de rasgos psicopáticos estrechamente alineados al núcleo interpersonal y en cierta medida a las características afectivas de la psicopatía.

La dominancia y la violación de los límites también se asocian con la edad. La grandiosidad estuvo asociada a mayor inteligencia y rendimiento. La violación de los límites también se mostró relacionada con índices del comportamiento antisocial como son los delitos violentos y no violentos y la versatilidad criminal. La grandiosidad está relacionada con puntuaciones mayores en la faceta interpersonal y afectiva del PCL-R. En cuanto a la dominancia se asoció a una mayor dependencia de la cocaína y el alcohol, así como a una menor tendencia al neuroticismo.

Los resultados pueden tener implicaciones para el sistema de justicia penal, como la gestión y el tratamiento de los delincuentes. Las diferencias en el factor violación de los límites puede explicar las diferencias entre los delitos violentos y los no violentos. La puntuación en dominancia puede ayudar en cuanto al abuso de sustancias. La grandiosidad y la audacia requieren de un mayor estudio, pero pueden estar relacionadas con la psicopatía exitosa.

De los delitos de cuello blanco a los homicidios de cuello rojo. Parte II. Club Ciencias Forenses

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, a continuación presentamos la segunda parte del resumen del artículo “The Arrogant Chameleons: Exposing Fraud-Detection Homicide” de Perri y Litchenwald , en el que explican las características de aquellos delincuentes de cuello blanco que pueden llegar a realizar crímenes al descubrir sus fraudes, así como consejos sobre cómo realizar entrevistas a este tipo de criminales. Te recomendamos leer la primera parte de “De los delitos de cuello blanco a los homicidios de cuello rojo” pulsando aquí.

Muchas agencias de aplicación de la ley en América del Norte utilizan la técnica REID como método de entrevistar e interrogar a sospechosos. Los partidarios de la técnica argumentan que ayuda a extraer información de participantes poco dispuestos. La técnica utilizada en el caso de Porco parece ser la Técnica REID, y aunque generalmente es útil, existen límites para su éxito dependiendo del tipo de persona entrevistada. La técnica REID incluye nueve pasos de interrogatorio, pero algunas de estas técnicas pueden ser contraproducentes cuando se trata de personalidades psicópatas.

Una de las premisas de la Técnica REID es que el entrevistador debe tener el control de la entrevista, evitando que el sospechoso niegue la culpa al cortar las explicaciones insatisfactorias y, en última instancia, trabajar hacia una confesión.

La manipulación psicológica comienza antes de que el entrevistador abra la boca. El diseño físico de una sala de interrogatorios está diseñado para maximizar la incomodidad y la sensación de impotencia de un sospechoso. El objetivo es crear una sensación de exposición, desconocimiento y aislamiento. Una vez que comienza el interrogatorio, el entrevistador puede usar evidencia real o inventada para confrontar al sospechoso con el objetivo de hacer que el sospechoso vea lo inútil que es no confesar. Sin embargo, si el sospechoso pide un abogado, la entrevista debe detenerse. Muchas técnicas de entrevista como la Técnica REID también involucran el uso de emociones como una herramienta para ser utilizada por el entrevistador para hacer que un sospechoso brinde información veraz sobre un crimen en particular, ya sea fraude o crimen violento.

Cuando se trata de entrevistar a un delincuente de cuello rojo, los enfoques tradicionales deben modificarse radicalmente para abordar tanto el comportamiento como la perspectiva del psicópata. En los casos en que el entrevistador sospecha que se encuentra en presencia de un verdadero psicópata, es razonable comenzar la entrevista utilizando las tácticas adecuadas para un sospechoso psicópata. Si el entrevistador comienza a usar una estrategia más apropiada para un no psicópata, al darse cuenta de que la estrategia no está funcionando, es posible que no pueda cambiar las estrategias de manera efectiva a mitad de camino al interrogar al sospechoso.

Con respecto a Christopher Porco, probablemente fue demasiado tarde para cambiar las estrategias y usar una estrategia psicópata como se discutió. Hubiera sido lo suficientemente inteligente como para sentir que la policía cambiaba de rumbo y usaba una estrategia diferente para él. El hecho de que los detectives siguieran tratando de evitar sus negativas en la entrevista no indujo en ningún momento a Porco a confesar o invocar su derecho a un abogado. La Técnica REID opina que si uno evita que el sospechoso niegue los hechos, el entrevistador puede reducir la probabilidad de que solicite el derecho a un abogado.

La sofisticación de Porco puede haberse derivado del conocimiento de que podría terminar la conversación en cualquier momento exigiendo la representación de un abogado. Es probable que participase en la entrevista durante todo el tiempo que lo hizo en un esfuerzo por averiguar lo que la policía sabía, al igual que la policía quería que divulgara información. Además, Porco probablemente anticipó las preguntas del entrevistador y ensayó las respuestas que le daría. Teniendo en cuenta que su padre era abogado, la comprensión de Porco de las advertencias de Miranda era sin duda mayor que la del sospechoso promedio.

Además, dado que el enfoque tradicional para entrevistar a un no psicópata puede implicar juegos de poder entre el entrevistador y el entrevistado, un psicópata verá la estrategia del entrevistador y probablemente se negará a hablar con el investigador. Es por eso que es importante para un investigador, en la medida de sus posibilidades, evaluar si él o ella está conversando con un psicópata antes de seleccionar una estrategia de entrevista. El psicópata evalúa intensamente cada movimiento y palabra que pronuncie el investigador. El psicópata es un verdadero depredador con instintos de cazador, incluso cuando no exhibe abiertamente esas cualidades. En el caso de Porco, la modificación de la Técnica REID que permitía al sospechoso pensar que tenía el control, permitiéndole revelar explicaciones inconsistentes e inverosímiles sin detener las negativas, habría producido más pruebas para los detectives y, en última instancia, para el jurado.

Por todo ello, a la hora de entrevistar a un posible psicópata, algunas de las mejores estrategias serían las siguientes:

  1. Evite confrontar al criminal de cuello rojo con el estilo que los autores observaron en el caso de Christopher Porco. Los investigadores obtuvieron poca información del enfoque que usaron.
  2. Si es evidente que el sospechoso entrevistado es probablemente el culpable, el objetivo del entrevistador es recopilar la mayor cantidad posible de hechos incoherentes e inverosímiles. Presentar evidencia incriminatoria al criminal de cuello rojo no aumenta la probabilidad de una confesión.
  3. Si el psicópata muestra emoción, el entrevistador debe ser consciente de que son emociones aprendidas al observar cómo se comportan los demás en una situación dada. No se debe modificar la estrategia creyendo que el psicópata dará una confesión del crimen. El psicópata puede estar utilizando esta estrategia por varias razones (por ejemplo, para probar la estrategia del entrevistador, evaluar cuán inteligente es el entrevistador, sondear al entrevistador por debilidad personal…).
  4. El entrevistador no debe hacer amenazas que no puede llevar a cabo. Por ejemplo, si el entrevistador dice que hay evidencia que apunta a la culpabilidad del sujeto, pero el entrevistador no la muestra cuando el sujeto pide verla, el entrevistador ha perdido cualquier posibilidad de obtener información útil. Intentar usar juegos mentales será contraproducente para el entrevistador.
  5. La entrevista del criminal psicópata no puede basarse en apelaciones de simpatía, remordimiento, arrepentimiento u obligaciones sociales. La entrevista debe basarse en un formato no emocional y el diálogo debe girar en torno a hechos y evidencia específica. Las amenazas de castigo no tienen consecuencias para este sospechoso.
  6. En caso de ser un sospechoso de “cuello rojo” (es decir, especialmente violento), un entrevistador debe considerar cuestiones de seguridad al entrevistarle.

Muchas personas, especialmente las que hacen cumplir la ley, creen que para que la entrevista sea un éxito, es imprescindible obtener la confesión. Sin embargo, la definición de una entrevista exitosa debe ser modificada para los sospechosos psicópatas. El hecho de que un detective no obtenga una confesión no significa que la entrevista no fue un éxito. De hecho, las respuestas inconsistentes e inverosímiles que el detective obtiene del criminal de cuello rojo son devastadoras cuando se revelan en el tribunal. Por lo tanto, si hay evidencia física, ya sea directa o circunstancial, las explicaciones inconsistentes ofrecidas por el acusado son invaluables para la acusación.

Los expertos analistas de conducta en gestión del fraude deben ser parte de un equipo de investigación de homicidios si la evidencia sugiere que la detección de fraude puede haber sido el motivo del asesinato. Aunque otros tipos de evidencia física pueden ayudar a encontrar posibles sospechosos, estos expertos pueden estar en una posición única para descubrir un motivo que la evidencia física no revela. Muchos de estos asesinatos revelaron poco en términos de motivos hasta que la evidencia expuso un esquema de fraude subyacente anterior al asesinato. Además, al descubrir el comportamiento fraudulento anterior al asesinato, los analistas de conducta fraudulenta pueden reducir el campo potencial de sospechosos e incluso participar en estrategias preventivas. De hecho, volviendo al caso de Porco, el vínculo con la detección de fraude fue crucial para establecer un motivo para el asesinato cuando la acusación tenía evidencia directa débil, pero evidencia circunstancial de culpabilidad.

Los hechos del caso revelan que las víctimas se encontraban en una posición única para detectar el fraude, lo que explica por qué eran los objetivos de los homicidios. Sería conveniente que los expertos en gestión del fraude pudieran informar sobre posibles víctimas potenciales en riesgo. Estos expertos deben de ponerse en el lugar de la posible víctima y preguntar qué sabía que podría amenazar a alguien. ¿La posible víctima podría hacer algo con su conocimiento del fraude del acusado que podría aumentar la probabilidad de que él o ella sea un objetivo de violencia? Como hemos explicado, el delincuente de cuello rojo actúa con una violencia extrema cuando es descubierto el fraude que ha realizado (usualmente fraudes característicos de delincuentes de cuello blanco).

Por ello, especialmente en los casos en los que se sospecha que quien ha realizado el fraude puede ser un psicópata y además se sospecha la existencia de un riesgo de desencadenar episodios violentos al ser descubierto, es necesaria una correcta gestión del fraude desde el análisis de la conducta del individuo para, de este modo, establecer medidas preventivas y de seguridad al tratar el conflicto, y en caso de que el conflicto ya se haya desencadenado, familiarizar a los entrevistadores con los rasgos del psicópata para planificar una estrategia de entrevista que ayude a encontrar todas aquellas incongruencias que conduzcan a su condena.

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De los delitos de cuello blanco a los homicidios de cuello rojo. Parte I. Club Ciencias Forenses

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, a continuación presentamos el resumen del artículo “The Arrogant Chameleons: Exposing Fraud-Detection Homicide” de Perri y Litchenwald , en el que explican las características de aquellos delincuentes de cuello blanco que pueden llegar a realizar crímenes al descubrir sus fraudes, así como consejos sobre cómo realizar entrevistas a este tipo de criminales. 

Este estudio es el segundo de una serie dedicada a comprender qué son los criminales de cuello rojo. Es fundamental partir de una base para comprender el artículo, y es que en ningún caso se pretende mostrar e imponer que existe un tipo de delincuente clasificado “de cuello rojo”, más bien es una forma coloquial que usa el estudio para referirse a un subgrupo de delincuentes de cuello blanco que son capaces de usar una violencia cruel y brutal contra personas a las que creen que han detectado sus delitos de cuello blanco. Así lo recoge el primer estudio, “Detección de fraude de homicidios: una propuesta de clasificación criminal del FBI” (Perri y Lichtenwald, 2007), siendo ellos los primeros en usar este término de “cuello rojo”.

El estudio que a continuación se resume explica por qué los criminales de cuello rojo no son capaces de cometer actos de violencia contra sus víctimas sin exponer tanto sus delitos de cuello blanco. Los datos sugieren que el rastro de evidencia dejado por el delincuente de cuello rojo muestra el fracaso del delincuente de cuello rojo en evitar la detección y revela su motivo para el asesinato. Además, los hallazgos relacionados con los criminales de cuello rojo se correlacionan con los rasgos conductuales de la psicopatía. Los autores ofrecen sugerencias sobre cómo los investigadores deben enfocar las entrevistas con acusados ​​psicópatas. La transcripción es un cuadro crítico que demuestra que los métodos tradicionales de interrogatorio pueden no ser suficientes cuando se trata del interrogatorio de criminales de cuello rojo y que se puede requerir un enfoque alternativo.

Un aspecto único de este estudio es que se basa en hallazgos extraídos de casos de homicidios en los que los delincuentes de cuello blanco se volvieron violentos y se convirtieron en delincuentes de cuello rojo cuando sus víctimas detectaron su comportamiento fraudulento. En el estudio previo que se mencionó anteriormente, se examinaron los datos disponibles de 27 casos penales, organizando los datos en una matriz. Aquí, los autores analizan evidencia de asesinato específica de un caso, derivada del estudio anterior para identificar rasgos psicológicos o tendencias de comportamiento típicas de criminales de cuello rojo identificados.

La hipótesis es que la identificación de rasgos psicológicos y / o tendencias de criminales de cuello rojo podría ser beneficiosa al proponer una explicación de cómo los criminales de cuello rojo, que se han involucrado principalmente en delitos de cuello blanco, llegan a creer que son capaces de participar con éxito en un asesinato y ser capaces de escapar sin ser detectados.

Un camaleón es un reptil que tiene la capacidad de cambiar el color para que coincida con su entorno con el fin de evitar la detección. Los delincuentes de cuello blanco prosperan en la capacidad de evitar la detección para llevar a cabo sus planes de fraude; Tienen la capacidad, como un camaleón, de adaptarse a un entorno determinado. ¿Qué sucede, entonces, cuando los delincuentes de cuello blanco intentan convertirse en delincuentes violentos? ¿Tienen la capacidad, como el camaleón, de cambiar su complexión para evitar la detección? ¿O no logran exponer sus verdaderos colores porque sus habilidades criminales de cuello blanco son inadecuadas cuando se aplican a actos delictivos violentos?

Los datos del caso de asesinato revelan ciertos rasgos de comportamiento que explican por qué los criminales de cuello rojo creen que sus habilidades de crimen de cuello blanco pueden duplicarse como criminales violentos. Los rasgos de comportamiento son el efecto de sus características psicopáticas. Aunque los psicópatas tratan de “mezclarse”, los déficits en su naturaleza psicopática, es decir, la grandiosidad, los controles impulsivos pobres, etc., dificultan su capacidad para prever con precisión las consecuencias de su comportamiento. Los psicópatas tienen dificultades para proyectarse hacia el futuro, lo que quiere decir que tienen problemas para comprender cómo actúan sus acciones en la vida (real), y también tienen deficiencias para reflexionar sobre su pasado. La incapacidad de un delincuente de cuello rojo para pensar en un plan que tenga en cuenta los riesgos potenciales de ser atrapado, y el rastro de evidencia dejado atrás, es otro sello distintivo de su comportamiento.

La información descriptiva es consistente con la conclusión del Dr. Hare de que debido a estos déficits, la realidad autopercibida del criminal de cuello rojo está distorsionada. Dicho de otra manera, un psicópata inventa la realidad para ajustarse a sus necesidades. La creencia grandiosa del criminal de cuello rojo de que al haber cometido un asesinato, él o ella de alguna manera evitará la detección, se prueba que es falsa. De hecho, los datos reflejan exactamente lo contrario. El egocentrismo característico de estos “camaleones” produce una visión demasiado confiada de su capacidad para evitar la detección, por lo que en algunas ocasiones no se molestan en ocultar evidencia incriminatoria.

Casos de delincuencia de cuello rojo

El caso de Robert Petrick

Un ejemplo de esto lo encontramos en el caso de Robert Petrick. Janine Sutphen subestimó a su marido; Robert Petrick era, de hecho, capaz de dañarla financiera, emocional y físicamente. Después de que Sutphen se diera cuenta de los esquemas fraudulentos de Petrick que afectaban sus cuentas bancarias, Petrick comenzó a planear su asesinato. Según la acusación, Petrick mató a su esposa después de que ella hubiese detectado sus planes de fraude y posteriormente informó que había desaparecido como una forma de desviar la atención hacia él. Janine Sutphen fue encontrada cerca de su casa, envuelta en una lona, ​​saco de dormir, mantas y cadenas, y flotando en el lago Falls de Raleigh. Había muerto de asfixia.

La acusación ofreció evidencia de un plan de asesinato recuperado de las búsquedas en el ordenador del acusado. El acusado había buscado bajo “22 formas de matar a un hombre con sus propias manos”, y otras búsquedas de Google incluyeron las palabras “cuello”, “chasquido” y “ruptura”. Es interesante observar que el acusado era un consultor informático que debería haber sabido que las búsquedas se guardan y se pueden recuperar. La respuesta de Petrick al uso de esta evidencia por parte de la fiscalía fue que su esposa tenía entrenamiento en artes marciales, y que podría haber estado buscando en Internet.

Hubo otras búsquedas sobre el nivel del agua en el lago donde se encontró el cuerpo de Sutphen, y parecía no tener buenas explicaciones para esas búsquedas. Tampoco parecía tener razones creíbles para las búsquedas de Google sobre el tema de “descomposición corporal”, “rigor mortis” y otros sitios web que explican cómo se deteriora el cuerpo humano. Según los detectives, las búsquedas de Google ocurrieron varias semanas antes de que Petrick informara que su esposa había desaparecido y un día después de que los testigos la vieron por última vez.

Durante el período de tiempo que supuestamente faltaba su esposa, un testigo, un hombre que se hizo amigo de Petrick, recordó que cuando se le preguntó por su esposa, Petrick pareció molesto e indicó que había muerto de cáncer. Petrick engañó a las personas con signos externos de las emociones aprendidas observando a los demás y observando cómo se comportaban, emocionalmente, en un conjunto dado de circunstancias. La fiscalía encontró a otra mujer conocida por Petrick que alegó que había vaciado fraudulentamente sus cuentas bancarias para comprar un ordenador. Otra testigo testificó que ella y Robert habían estado recibiendo asesoramiento prematrimonial y habían fijado una fecha para la boda, incluso antes de haber matado a su esposa.

La Lista de verificación psicopática de Hare es una herramienta esencial para un entrevistador, no solo en la investigación de delitos de cuello blanco, sino también de delitos de cuello rojo. Los investigadores expuestos a los hallazgos de Hare pueden centrarse tanto en los aspectos tangibles de las investigaciones de homicidios como en las cualidades intangibles del comportamiento psicopático que pueden surgir durante una entrevista, cuya detección requerirá un ojo entrenado. Un entrevistador familiarizado con los rasgos puede hacer preguntas, evaluar respuestas y observar el comportamiento para determinar si la entrevista debe conformarse para adaptarse a una mentalidad psicopática. El entrevistador debe ser consciente del hecho de que el delincuente de cuello rojo está invirtiendo energía mental para comprender lo que representa el investigador.

La capacidad de uno para interpretar el comportamiento psicopático aumenta si el entrevistador no es visto como una amenaza para el delincuente de cuello rojo. Durante la primera entrevista, un entrevistador puede no tener el tiempo para explorar estos rasgos psicopáticos:

  1.  La necesidad de estimulación.
  2.  Afecto superficial.
  3.  Insensibilidad.
  4.  Controles conductuales deficientes.
  5.  Problemas conductuales tempranos.
  6.  Delincuencia juvenil.

Por lo tanto, los autores recomiendan evaluar si el entrevistador está en presencia de un psicópata al revelar aquellos rasgos que probablemente sean más cruciales.

Entre las pruebas más devastadoras que los acusados ​​pueden revelar sobre sí mismos se encuentran las declaraciones hechas a la policía o a terceros. Obtener una declaración es crítico porque el acusado puede revelar sus motivos, estado de ánimo, “hechos” inconsistentes con la evidencia física y otras imposibilidades. En la mayoría de los asesinatos estadounidenses, los acusados ​​hicieron declaraciones que son incriminatorias, poco convincentes e inconsistentes, o alguna combinación de ellas. Aunque el psicópata tiene la habilidad de parecer encantador para ejercer un comportamiento manipulador, esta fortaleza también es una debilidad en la investigación de un asesinato.

Los delincuentes de cuello rojo “camaleónicos” creen que debido a sus puntos de vista embellecidos sobre sus propias habilidades de manipulación, son capaces de crear escenarios ficticios que otros aceptarán. El hecho de que estén hablando con un investigador entrenado no disminuye el auto engaño del psicópata, y pueden disfrutar de la entrevista e intentar ser encantadores. Sin embargo, los criminales de cuello rojo comienzan a perder su capacidad de mezclar ideas y evitar la detección cuando la evidencia comienza a señalarlos como culpables de asesinato.

El hecho de que los criminales de cuello rojo no sean veraces no es tan importante como lograr que estos “camaleones” hablen. Sin embargo, los entrevistadores deben ser conscientes de que entrevistar al psicópata puede ser un desafío si la entrevista no avanza con el objetivo de obtener información inconsistente e inverosímil en lugar de hacer que el “camaleón” diga la verdad. Además, incluso si el sospechoso es confrontado con evidencia que contradice sus afirmaciones, no hay que esperar que el sospechoso muestre ansiedad o incomodidad emocional. Tales manifestaciones externas de emoción que un no psicópata exhibiría si se confrontara con evidencia incriminatoria no es característica de los psicópatas. Sin embargo, haciendo que el psicópata hable, un rastro de declaraciones que no tienen sentido vendrá de la mano y producirá una poderosa imagen de engaño y falta de credibilidad en el juicio.

Caso de Christopher Porco

Un caso que ejemplifica este punto es el homicidio de Christopher Porco. En este caso, el acusado, Christopher Porco, usó un hacha de bombero para que su padre muriera mientras dormía. El hijo asesinó a su padre, quien descubrió el comportamiento fraudulento de su hijo y se enfrentó a su hijo. Intentó matar a su madre que también había estado durmiendo junto a su marido, pero ella sobrevivió. La policía interrogó a Christopher Porco en un intento de descubrir la verdad; sin embargo, durante el interrogatorio de 6 horas, no mostró emoción, nunca se estremeció y nunca confesó el asesinato. Las inconsistencias provocadas fueron importantes, pero los entrevistadores nunca las explotaron adecuadamente.

Había signos de advertencia de las cualidades psicópatas en Christopher Porco: había dejado un rastro de comportamiento engañoso, había obtenido préstamos fraudulentamente utilizando a sus padres como deudores sin su conocimiento, y había varias correspondencias por correo electrónico entre Porco y sus padres que demostraban la tensión entre las partes. Sus padres finalmente lo confrontaron con respecto a su comportamiento fraudulento y amenazaron con ir a las autoridades para tomar medidas contra él. En un correo electrónico, su padre escribió: “¿Usaste mi firma? ¿Qué diablos estás haciendo? Deberías haberme llamado para hablarlo … Llamaré a Citibank para averiguar qué lo has hecho y les voy a decir que no voy a estar como codeudor “.

Sorprendentemente, al día siguiente, Citibank notificó a Peter Porco que su hijo también había obtenido una línea de crédito para comprar su nuevo Jeep Wrangler. Una vez más, Christopher había usado el nombre de su padre como co-signatario para asegurar el préstamo del coche. Los padres trataron de comunicarse con Christopher por teléfono, pero Christopher no les habló. En otro correo electrónico, el padre escribió: “Quiero que sepas que si vuelves a abusar de mi crédito, me veré obligado a presentar declaraciones juradas de falsificación para negar responsabilidad y eso se aplica al préstamo de Citibank si intentas reactivarlo o usar mi crédito para obtener cualquier otro préstamo “.

Varios de los psicólogos del área de Albany, Nueva York y profesionales de la salud mental familiarizados con el caso se enfocaron en el patrón continuo de mentiras y engaños de Porco y declararon que el comportamiento de Porco era consistente con el de un psicópata. Además, estos profesionales señalaron su patrón de percepciones grandiosas de sí mismo como miembro de una familia adinerada e influyente. Se sabía que Porco le había mentido a amigos y conocidos sobre una herencia ficticia por valor de millones de dólares de su abuelo. Incluso se informó que su padre le dijo a un compañero de trabajo que su hijo menor era sociópata.

Después de haber pagado la fianza, mucha gente descubrió que el comportamiento de Christopher Porco era extraño dada la gravedad de los cargos de asesinato en su contra. Mientras esperaba el juicio, se lo encontró arrogante, bebiendo en bares, asistiendo a conciertos, yendo a establecimientos de entretenimiento… Este comportamiento se ajusta a los rasgos de un individuo psicópata que necesita grandiosidad y embellecimiento.

Es interesante notar que durante una entrevista con CBS, en respuesta a una pregunta sobre visitar a su madre en el hospital, Porco declaró: “La vi, estaba hinchada y cubierta de tubos, y mi reacción fue: rompí a llorar”. Me caí al suelo allí mismo “. Sin embargo, el ex ministro de Juventud, Joseph Catalano, que había ido al hospital para estar con Porco afirmó haber quedado “impresionado por el extraño comportamiento de Christopher, porque no parecía mostrar ningún dolor”. El uso que hace el psicópata de la “estrategia del camaleón” no es sorprendente, ya que intentará leer una situación y determinar la respuesta emocional apropiada o esperada que parezca simpatizar adecuadamente con los demás. Cuando Porco fue entrevistado por la policía un día después del homicidio, no mostró ninguna emoción, lo que es notable dado que la entrevista duró más de 4 horas.

El caso de Porco es una ilustración importante de cómo no realizar una entrevista cuando el sospechoso es un delincuente de cuello rojo. Aunque hubo aspectos de la entrevista que demostraron ser útiles, el enfoque del investigador no coincidía con la estructura psicológica del entrevistado. Con demasiada frecuencia, los investigadores de crímenes violentos intentan abrumar al sospechoso jugando en su mentalidad emocional. Este enfoque es extremadamente efectivo, especialmente con un sospechoso no psicópata. Pero no es útil para un verdadero criminal de cuello rojo.

A lo largo de la entrevista, los investigadores obtuvieron el testimonio que, para un entrevistador entrenado, habría revelado rasgos psicopáticos. Por ejemplo, durante la entrevista, Porco admitió que era impulsivo, irresponsable, mentiroso, tenía una visión exagerada de sí mismo, se involucraba en la grandiosidad y disfrutaba impresionar a los demás con hechos ficticios. Lo más importante fue la falta de una exhibición de afecto emocional. Muchos acusados ​​de asesinato no psicópatas se derrumban emocionalmente debido a la necesidad de desnudar sus almas, llorar, temblar y mostrar otros atributos que se esperan de alguien empujado a tal escenario. Sin embargo, este no fue el caso.

Suponiendo que no fuera demasiado tarde para hacerlo, una vez que los entrevistadores sospecharon que su sospechoso tenía características fuertes de un psicópata, su estrategia debería haber reflejado un enfoque no conflictivo. Uno observa a los entrevistadores tratando de “subir la voz” contra Porco con un aluvión de preguntas destinadas a romperlo emocionalmente para que él confiese el asesinato.

El investigador intentó jugar con las emociones y virilidad de Porco como una estrategia para obtener una confesión, pero la estrategia no lo llevó a ninguna parte. Porco dio siempre respuestas suaves, ausentes de emoción; tampoco sus respuestas ofrecen ninguna idea del asesinato en sí. El investigador hizo preguntas sobre el fraude cometido por Porco, pero no presionó para obtener más detalles, que es precisamente el área que debería haberse examinado a fondo para revelar el verdadero motivo del acusado para el asesinato. El investigador debería haberlo confrontado con la correspondencia por correo electrónico con su padre que expuso su comportamiento fraudulento poco antes del asesinato.

El objetivo de los investigadores, en este caso, debería haber sido exponer las inconsistencias e inverosimilitudes de las respuestas de Porco. En lugar de intentar que se sienta culpable por sus acciones con la esperanza de una confesión, el investigador debería haber mantenido la calma, como Porco, para hacer preguntas. Cuando las respuestas de Porco no coincidían con la evidencia recopilada, el investigador debió haber confrontado tranquilamente a Porco sobre la inconsistencia y además le permitió la oportunidad de enterrarse con más mentiras.

Cada investigador incorrectamente transfirió una explicación no psicópata sobre el asesinato tratando de infundir una emoción al asesinato para sugerir que de alguna manera la ira de Porco era el ímpetu para el asesinato. Los investigadores no entendieron que el problema no era sobre la ira o cualquier otra emoción, sino sobre usar el asesinato como una solución a un problema. Porco no participó en un debate moral interno sobre si el asesinato era una opción. La horrible manera en que realizó el asesinato no se correlaciona necesariamente con la cantidad de enojo que sentía Porco. Sin embargo, a lo largo de la entrevista, el investigador trató de vincular las emociones de Porco con el asesinato.

Aproximadamente a mitad de la entrevista, un detective de la policía del estado de Nueva York fue llamado para participar en el interrogatorio. Él fue muy responsable en su investigación, y no fue amenazante en su enfoque. Interrogó a Porco sobre su rasgo de grandiosidad, y a partir de ahí sobre el motivo de sus mentiras, sin mencionar nada relativo al asesinato. El detective no tuvo que intimidar a Porco para que admitiera que mentía. Sin embargo, a medida que avanzaba la entrevista, él también cayó en la misma estrategia que siguieron los otros detectives, que era utilizar un enfoque emocional y de confrontación.

Hay que pensar en cómo un fiscal podría usar esa admisión en un juicio con fines de destitución durante el interrogatorio de un acusado que declara inocencia. Si un acusado está dispuesto a mentir sobre los hechos más mundanos e inofensivos, ¿en qué está dispuesto a mentir cuando se trata de hechos importantes sobre un asesinato? El investigador debe tener en cuenta que atrapar a un delincuente de cuello rojo en una mentira no desquiciará emocionalmente al delincuente de cuello rojo para provocar una confesión. El criminal de cuello rojo simplemente irá a otra mentira.

Contrariamente a la estrategia de investigación habitual, el remordimiento, la emoción y la pasión son irrelevantes, y el entrevistador debe explotar hábilmente este atributo psicopático. El investigador debería ser capaz de visualizar cómo se desarrollarán las respuestas inconsistentes e ilógicas del psicópata en un tribunal de justicia en beneficio de la fiscalía. Sin embargo, el criminal de cuello rojo no está pensando de antemano acerca de cómo se percibirán sus respuestas; el criminal es demasiado narcisista para ser lo suficientemente introspectivo, o para considerar cómo otros percibirán sus respuestas.

Por todo esto, es crucial que el investigador entienda a qué tipo de persona está entrevistando y elabore una estrategia efectiva. Desafortunadamente, la declaración de Porco a los investigadores no se usó en el juicio ya que los entrevistadores violaron su derecho constitucional de tener un abogado que lo represente a petición suya.

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Los asesinos jóvenes ¿son psicópatas?. Club Ciencias Forenses

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Amigos del Club de Ciencias Forenses, a continuación presentamos el resumen del artículo “Characteristics of Homicidal and Violent Juveniles” de David S y Geoffrey McKey en el que se investigan las características de los homicidas juveniles. 

Los homicidas juveniles han recibido considerable atención en los medios de comunicación y en la literatura de ciencias sociales en los últimos años. Debido a varios obstáculos metodológicos, se sabe relativamente poco sobre las características premórbidas y ofensivas de esta población. A pesar de los datos que sugieren una disminución general del homicidio juvenil desde 1993, las tasas siguen siendo preocupantes. Se ha observado que este fenómeno representa una gran preocupación social porque los perpetradores desafían las concepciones de larga data de la niñez y la adolescencia y crean serios dilemas para los sistemas de justicia penal y juvenil.

La mayoría de los estudios en esta área sufren de importantes limitaciones metodológicas al existir una dependencia excesiva en tamaños de muestra pequeños que limitan la validez externa de las conclusiones. Además, la mayoría de los estudios han utilizado muestras que abarcan un amplio rango de edad de delincuentes, que pueden ignorar diferencias importantes de desarrollo. Varios esfuerzos han utilizado muestras mixtas de personas homicidas agresivas y perpetradores de homicidios sin haber abordado directamente si los dos grupos son equivalentes en las variables de interés. Finalmente, los investigadores han demostrado una preferencia por estudiar a jóvenes que asesinan a miembros de la familia cuando, de hecho, este subgrupo representa solo del 10% al 20% de los casos de homicidio juvenil. Muchas de estas limitaciones metodológicas se pueden atribuir a la infrecuencia relativa de este delito y las dificultades relacionadas para encontrar una muestra grande en un entorno único.

Los estudios de predicción se han centrado en una variedad de factores psicológicos, cognitivos, familiares y ambientales que pueden estar asociados con el riesgo de un joven de asesinar. Los estudios con un enfoque en los predictores psicológicos han investigado la presencia del psicoticismo, las tendencias psicopáticas, o deficiencias de control de los impulsos en esta población. Los estudios de predicción cognitiva generalmente se han centrado en la inteligencia, las discapacidades de aprendizaje y las anomalías neurológicas. La mayoría de los estudios que examinan predictores familiares de homicidio en menores han examinado historias de abuso doméstico, inestabilidad y violencia, así como antecedentes penales y psiquiátricos anteriores. Finalmente, los estudios de predicción ambiental han examinado la influencia de las armas y las pandillas sobre el comportamiento homicida en la juventud.

El presente estudio que resumimos compara las características demográficas, históricas, clínicas, ofensivas y forense de una gran muestra de hombres jóvenes acusados ​​de asesinato con un grupo de comparación acusado de otros delitos graves y violentos. El objetivo principal del análisis es aumentar la comprensión de la juventud homicida a través de una comparación clínicamente significativa que mejora sobre varias debilidades metodológicas encontradas en estudios anteriores.

Para ello, se realizó una revisión de casos de una muestra grande de hombres jóvenes acusados ​​de delitos graves (es decir, asesinato, asalto y agresión con la intención de matar, secuestro, conducta sexual criminal, robo a mano armada, incendio premeditado y robo con allanamiento) que fueron derivados de 1987 a 1997 a un hospital psiquiátrico forense afiliado a una universidad para la evaluación preliminar de su competencia para ser juzgados y de su estado mental en el momento de la infracción. El funcionamiento psicológico, intelectual y social de cada menor fue evaluado por un psiquiatra y un psicólogo del personal al ingresar al establecimiento. Los diagnósticos del Eje I se obtuvieron mediante entrevistas semiestructuradas corroboradas por medidas de evaluación objetiva y protectora de la personalidad.

Las estimaciones de inteligencia se obtuvieron utilizando medidas WISC-III y WAIS-R, así como los registros escolares anteriores. Los asistentes sociales del caso recopilaron historias personales de registros, miembros de la familia, documentos legales y otras fuentes de garantía. Un total de 30 hombres acusados ​​de asesinato se compararon con una muestra de 62 hombres acusados ​​de otros delitos graves y violentos. Las mujeres fueron excluidas del análisis debido a su muy baja representación (n = 7, 7.1%) en esta muestra.

Se recogieron datos demográficos, históricos, clínicos, ofensivos y forenses de cada cuadro hospitalario de menores, que incluía informes médicos, psicológicos y educativos previos, así como documentos legales, policiales y judiciales acompañantes. Los datos demográficos consistieron en la raza, la edad, el estado socioeconómico familiar, el estado de custodia (por ejemplo, en hogares de guarda) del menor y la presencia de hermanos. Datos históricos relacionados con la estabilidad familiar (por ejemplo, planteada por padres o adoptados), antecedentes familiares de salud mental, antecedentes de abuso físico, antecedentes de abuso sexual, antecedentes de negligencia, detenciones previas, colocación institucional correccional previa, antecedentes de abuso de sustancias, antecedentes mentales servicios de salud e historial de intentos de suicidio.

Los datos clínicos contenían el grado actual y el estado de inscripción escolar del menor, colocación previa en clases remediales, emocionalmente discapacitadas, discapacitados mentales educables, historial de suspensiones o expulsiones, absentismo escolar y opinión del psiquiatra examinador del menor. Los datos ofensivos y forenses incluyen el número de cargos, la presencia de un codemandado, el uso de un arma, la ubicación del delito, la negación del acusado o la admisión de culpabilidad, la competencia para ser juzgado y tres variables que ocurren en el momento del delito: uso de sustancias, estado psiquiátrico (p. ej., descontinuación de medicamentos) y estado mental (p. ej., locura).

Para abordar los problemas metodológicos de las diferencias entre jóvenes acusados ​​de asesinato e intento de asesinato, los jóvenes de esta muestra acusados ​​de homicidio (n = 30) se compararon con jóvenes acusados ​​de intento de homicidio (asalto y agresión con intención de matar) (n = 27). Los resultados indicaron que no hubo diferencias significativas entre los grupos. En un análisis por separado, los juveniles se dividieron en tres grupos de edad (14 años y menos, 15 años y 16 años o más) para evaluar las diferencias en el desarrollo. No se encontraron diferencias significativas. Para abordar las preocupaciones de que los menores acusados ​​de intento de homicidio podrían ser diferentes de los delincuentes violentos no homicidas, se realizó un análisis por separado: no se encontraron diferencias significativas.

En cuanto a características demográficas, tampoco se observaron diferencias significativas entre las características demográficas de los dos grupos. La edad promedio fue de aproximadamente 15 años para los jóvenes homicidas y no homicidas. Aproximadamente las tres cuartas partes de los acusados ​​en ambos grupos eran afroamericanos. Una tendencia no significativa sugirió que los jóvenes homicidas tenían menos probabilidades de ser hijos únicos (13.3%) en comparación con otros jóvenes violentos (35.5%).

En cuanto a las características clínicas, los diagnósticos más frecuentes para jóvenes homicidas fueron trastorno de adaptación o abuso de sustancias (50.0%), mientras que los miembros del grupo no homicida eran más propensos a sufrir trastornos crónicos u orgánicos como trastorno de conducta, trastorno por déficit de atención, psicosis o trastornos del estado de ánimo (69.4%).

Por otro lado, se encontraron dos diferencias grupales significativas en las áreas de ofensas y características forenses. Los homicidas juveniles tenían más probabilidades de haber actuado solos (46.7%) que los hombres acusados ​​de otros delitos violentos (8.1%). Además, los asesinatos fueron significativamente más probables de haber sido cometidos en un entorno doméstico (40%) en comparación con otras ofensas violentas (6.5%).

Otras dos características ofensivas merecen mención. Hubo una tendencia que indica que los homicidas juveniles tenían más probabilidades (50%) de haber usado un arma de fuego que el grupo no homicida (19.4%) durante la comisión de la ofensa. Sin embargo, también hubo una tendencia que reflejó una mayor tasa de servicios de salud mental en el momento de la infracción en el grupo no homicida (40.5%) en comparación con la juventud homicida (8%). No se encontraron diferencias grupales significativas con respecto a las características forenses de la muestra. Sin embargo, una tendencia no significativa indicó que los jóvenes homicidas (78.6%) tenían más probabilidades de haber sido declarados competentes para ser juzgados que los jóvenes no homicidas (43.5%).

La mayoría de los acusados ​​de homicidio tenían un CI dentro del rango normal de inteligencia. Estos resultados son consistentes con estudios previos de autores de homicidios adolescentes que informan de rangos de CI dentro del rango límite a normal. El estado escolar general de los acusados ​​de homicidio, sin embargo, fue pobre. Muchos habían repetido al menos un grado (59.3%), habían estado en clases con problemas de aprendizaje (19.2%) y / o tenían antecedentes de absentismo escolar (60.0%) o expulsiones previas (71.4%). Sin embargo, los menores enfrentados a cargos por homicidio en esta muestra tenían menos probabilidades de repetir un grado o estar en clases con discapacidades de aprendizaje en comparación con poblaciones similares. Por lo tanto, si bien esta población puede, en promedio, poseer una inteligencia adecuada y tasas comparativamente bajas de desórdenes crónicos externos, sus historias escolares aún sugieren un ajuste deficiente, desconexión y relaciones interpersonales posiblemente tensas.

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