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Características distintivas de la escritura robótica. Club de Ciencias Forenses.

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Distinguishing Characteristics of Robotic Writing” de Dumitra, Guzowski, Jean, Shaw, Warmbier y Zippo; en él nos hablan de las características que presenta la escritura robótica que intenta imitar la humana y cómo identificarla de cara a un posible peritaje.

La escritura a mano es un rasgo distintivo de cada persona y sirve de identificación ya que no hay dos personas que escriban del mismo modo, siendo muy complicado el copiar el estilo y la fluidez individual de cada uno. En la época actual el recibir un mensaje escrito a mano subconscientemente lo asociamos con una mayor personalización del mismo.

La escritura robótica tiene sus inicios en el siglo XVIII cuando inventaron máquinas que simulaban la firma de personas importantes, como el presidente de EE.UU. La primera máquina fue creada por Friedrich von Knauss él cual adaptó el mecanismo de un reloj para que fuera capaz de escribir frases cortas. En la década de 1930 se desarrolló la primera versión del Auto Pen, llamada Robot Pen, que consistía en un instrumento de escritura automático con una unidad de almacenamiento que era capaz de grabar la firma de una persona.

La primera versión comercial fue desarrollada por Robert De Shazo en 1942. El Auto Pen podía usar cualquier instrumento de escritura, variaba la velocidad de ejecución y permitía variar la calidad dependiendo del operador. Desde la década de los 60 este invento fue usado, no sólo por gobiernos sino también por corporaciones empresariales.

En 2013, Sonny Cabernal fundó el startup Bond, especializada en robótica que tienen los derechos del software de escritura. Bond es capaz de crear documentos enteros que repliquen el patrón de escritura a mano de cualquier persona. Mecánica y software trabaja juntos para adaptar la posición del útil de escritura, la velocidad y la forma de las letras y que un robot lo ejecuta en papel. El robot puede simular los movimientos de un bolígrafo operado a través de tres ejes lineales que se mueven simultáneamente.

Actualmente la robótica ha avanzado mucho en el campo de la escritura a mano, pero, ¿son capaces de replicar las variaciones naturales que produce cada individuo al escribir?

Cada vez que una persona escribe está influida por unos factores condicionales como son la posición, el agarre del bolígrafo, factores físicos como el instrumento de escritura y factores psicológicos como el estrés o la emoción. Estos factores hacen que la escritura sea individualizada y varié de una vez para otra. Los programas robóticos son desarrollados en entornos controlados y tiene dificultades para incorporar estos condicionantes, siendo demasiado perfectas y poco naturales.

El avance de la tecnología también ha supuesto un potencial abuso de ella, lo que preocupa a los especialistas forense de cara a un potencial aumento de falsificaciones mejores y más difíciles de detectar. De ahí la importancia de conocer las características de este tipo de documentos para poder identificarlos.

Para realizar el estudio se utilizó una modificación del procedimiento ACE-V (Analizar, Comparar, Evaluar y Verificar). Es un método utilizado universalmente en diferentes disciplinas forenses. El procedimiento es el siguiente:

En la fase de Análisis, un experto examina los documentos tanto el dubitado como el indubitado buscando características identificables, como son las inconsistencias que forman parte del estilo de escritura personal de cada uno resultado de los movimientos impulsivos que se realizarían con el bolígrafo repetida y consistentemente en la misma localización contextual mientras se escribe. En la fase de Comparación, como su propio nombre indica se comparan las características antes extraídas de ambos documentos. En la fase de Evaluación, el experto forense evalúa las similitudes y las diferencias observadas durante la fase anterior y emite su opinión de experto. En la fase de Verificación, un segundo experto hace una valoración independiente sin tener en cuenta los comentarios del primer examinador. Aunque en el presente estudio la parte de verificación no se realizó.

Los documentos utilizados para realizar el estudio fueron ejemplares genuinos y no originales. Los originales eran de dos tipos dirigidos y recopilados, todos ellos escritos a mano por varios autores, en tinta y de manera libre y natural. Los ejemplares no originales era muestras de escrituras robóticas hechas por Bond.

En los documentos genuinos se utilizaron documentos dirigidos y documentos recolectados. Para los ejemplares dirigidos se utilizaron la Carta de Londres, el Formulario Postal de EE.UU. 582 y un pasaje. Estos ejemplos son comunes ya que ofrecen muestras de todas las letras minúsculas y mayúsculas del alfabeto latino, así como los signos de puntuación y símbolos. Las instrucciones dadas a los autores fueron que escribieran en el entorno en el que se sintieran más cómodos y no tuvieran límite de tiempo ni restricciones sobre el útil de escritura a utilizar. Los recolectados procedían de documentos preparados en el curso normal de los negocios y de cuyo autor no se tenían dudas. Estos documentos eran de dos tipos, muestras de notas personales manuscritas y de documentos de trabajo.

Las muestras del robot fueron documentos creados imitando a seis de los autores por parte del robot.

El proceso de creación de los documentos por el Bond es el siguiente: primero se escanea a través de la web la muestra de escritura. Después se diseña la fuente de la letra del autor. Se hacen algunos retoques como el oscurecimiento de los trazos, finalización de todas las letras, y corrección de la línea base. Aunque para que no hubiera interferencias con la finalidad del estudio se evitaron los retoques. A través de un operador se crea el “render” que consiste en una versión del estilo de escritura de la persona tanto para las letras como para los números y los símbolos. Este render se transforma en código y es lo que se le comunica al robot para que realice la copia de la escritura. El robot tiene un brazo mecánico que tiene el instrumento de escritura y una platina con la que estabiliza el medio en el que se va a escribir. El robot lee el código y se mueve a través de tres ejes lo que le permite imitar el movimiento humano al escribir.

Participaron cuatro expertos en el estudio cada uno recibió 37 documentos, donde había de todos los tipos de documentos antes descritos. Sus instrucciones eran; examinar cada documento, comparar todos los documentos y agruparlos según su posible autoría, y determinar si había sido elaborado de una manera natural.

Todos los expertos clasificaron los papeles por autores correctamente e identificaron aquellos realizados por el robot. Las características que usaron para identificar la escritura robótica fueron:

  • La apariencia general de los trazos era suave y parecía estar dibujada.
  • Los trazos tenían una presión del bolígrafo uniforme.
  • Sombreado antinatural dentro de los trazos de los caracteres.
  • Presencia de trazos contundentes y falta de trazos cónicos y de arrastre.
  • El espacio entre las palabras y las letras era consistente y equidistante.
  • Exhibe formas alternativas de letras repetidas para imitar la variación.
  • Los caracteres pueden ser superpuestos con precisión.

Los cuatro expertos fueron capaces de identificar la escritura robótica identificando indicadores de escritura no natural en la producida por el Bond gracias a su entrenamiento, experiencia y los principios de identificación de la escritura a mano. Uno de ellos es que no se puede escribir igual dos veces debido a la variación natural y a la gran dificultad que existe de repetir de la misma manera las diferentes variaciones de forma de una misma letra. En la escritura humana, la fluidez de movimiento de la mano produce que unos trazos sean más oscuros y otros más claros debido a las subidas y bajadas que produce el bolígrafo sobre el papel.

El robot no puede reproducir el movimiento humano al escribir, la configuración física del robot es la responsable de la presión del bolígrafo, de los trazos contundentes, de la falta de trazos cónicos y de marcas de arrastre, así como del sombreado en la escritura. La superposición de características o la precisión exacta del espaciado son atribuibles al software.

Los expertos forenses deberían ser conscientes de la existencia de la escritura robótica y ser capaces de reconocer los indicios característicos de la reproducción mecánica. Cuando deban dar su opinión se recomienda el siguiente formato: “La escritura a mano que aparece en la evidencia muestra una presión inusual y uniforme de la pluma, falta de ritmo, trazos contundentes y falta de trazos cónicos, lo que sugiere que la escritura ejecutada no fue escrita de forma libre y natural. La evidencia encarna una apariencia de ser ejecutadas lentamente. La forma de ejecución sugiere la simulación y, por tanto, la escritura cuestionada puede no haber sido escrita por el autor conocido”.

 

Características neuropsicológicas y criminológicas de las homicidas femeninas. Club de Ciencias Forenses.

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Neuropsychological and criminological features of female homicide offenders” de Fox, Brook, Heilbronner, Susmaras y Hanlon; en él nos hablan de las características tanto neuropsicológicas como criminales de las mujeres que han cometido un asesinato, así como una comparación con sus homólogos masculinos y las diferencias que pueden presentar las autoras de crímenes premeditados y la de los impulsivos.

En todo el mundo el 80% de los homicidios son cometidos por hombres, esto ha provocado que las mujeres homicidas no hayan sido tan estudiadas. Es cierto que del cómputo general de homicidas la representación de las mujeres es escasa, pero, si solo se examina las mujeres criminales, el 30% de ellas han sido condenadas por homicidio frente al 23% de los hombres, según datos del Bureau of Justice Survey del 2014. Estas cifras arrojan que un porcentaje bastante alto de mujeres delincuentes han cometido un homicidio, por tanto, es interesante estudiar a este tipo de criminal.

Estudios anteriores mostraban como las mujeres autoras de un homicidio pertenecían a minorías étnicas o raciales y habían tenido una infancia difícil ya que podían tener padres delincuentes y una de cada tres había sufrido abusos psicológicos y la mitad de ellas abusos sexuales durante la infancia.

Generalmente, tenía un nivel de estudios inferior a la media de la población y provenían de zonas con un nivel socioeconómico bajo. También presentaban abuso de sustancias y trastorno de la personalidad antisocial en mayor medida que la población femenina general, al igual que tenían antecedentes penales previos y un inicio temprano en la conducta criminal. En el momento de la comisión del crimen estaban desempleados o trabajaban como prostitutas y presentaban abuso de sustancias o trastornos mentales.

La motivación para el homicidio generalmente es la resolución de un conflicto interpersonal y por ello, las víctimas suelen ser familiares, sus parejas o sus propios hijos. Cuando son sus parejas, en muchos casos, es para acabar con una historia de abuso. Son escasas las mujeres que matan a extraños, en estos casos suelen presentar mayor número de antecedentes penales juveniles y una personalidad psicopática.

Las mujeres asesinas tienen gran prevalencia de los factores de riesgos de deterioro cognitivo. Se ha comprobado que los traumas y el abuso de sustancias incrementan la impulsividad y dificultan la regulación emocional.

Los homicidas en general pueden caracterizarse por tener diferencias estructurales y de función cerebral. Un estudio por neuroimagen hecho en 270 homicidas encontró que un 18% presentaban anormalidades en la estructura cerebral como atrofia cortical o cambios en la materia blanca. Aunque esto no ha sido estudiado concretamente en agresoras femeninas se presupone que ocurre en el mismo modo.

En otro estudio se encontró que aquellos que cometieron crímenes premeditados tenían mayores puntuaciones en inteligencia, memoria, atención y funcionamiento ejecutivo que los que cometieron crímenes impulsivos.

En un estudio de autoinforme concluyó que las reclusas tenían más dificultades cognitivas, específicamente en memoria, comparada con los reclusos varones. También se ha concluido que el deterioro cognitivo en relación a la velocidad de procesamiento y atención de las reclusas se asocia a problemas de conducta. Es necesario mayor investigación en cuento a la capacidad cognitiva en mujeres delincuentes violentas.

En el estudio de Fox et al. se buscaba explorar las características cognitivas e históricas únicas de los homicidas. Para ello primero se examinaron las diferentes características demográficas, neurológicas, psiquiátricas, de abuso de sustancias, criminales y victimológicas de un grupo de agresores masculinos y otro femenino. Después, se pasó a realizar el perfil cognitivo del grupo de homicidas femeninas para después compararlo con el del grupo masculino. Para acabar, compararon los perfiles cognitivos de las homicidas impulsivas con las que cometieron el crimen con premeditación.

Para llevar a cabo el estudio se contó con 27 mujeres y 81 hombres con edades entre los 15-67 años, que estuvieran cumpliendo condena por asesinato en primer grado. Dividiéndolos luego en función del sexo y de si su crimen era premeditado o impulsivo.

Todos los participantes se sometieron a una entrevista clínica y a una batería de pruebas cognitivas, en seis dominios: funciones intelectuales, atención, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento, razonamiento y funcionamiento cognitivo, función de memoria anterógrada, funciones de lenguaje y habilidades visoespaciales.

Un alto porcentaje de las mujeres presentaban trastornos del estado de ánimo, trastorno límite de personalidad y abuso. En cambio, un alto porcentaje de los hombres presentaban trastorno de la personalidad antisocial y abuso de drogas, concretamente de marihuana. No se encontraron otras diferencias en las características sociodemográficas o criminales.

En lo relativo al perfil cognitivo las mujeres tuvieron un rendimiento deteriorado en la función ejecutiva que estaba basada en el lenguaje, así como en comprensión lectora y memoria verbal para información no estructurada. Obtuvieron puntuaciones bajas, aunque dentro de los límites normales, para el test de inteligencia, de comprensión verbal, razonamiento perceptual, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento.

En cuanto a las diferencias entre homicidas hombres y mujeres se ha visto que las mujeres obtienen peores resultados que los hombres en la codificación y el recuerdo diferido de la información verbal no estructurada, aunque se comprobó que estos últimos no eran significativos. No se ha encontrado diferencias entre el resto de dominios cognitivos.

En lo relativo a la premeditación, los hombres cuyos homicidios fueron predeterminados superaron a los impulsivos en todos los dominios, mientras que las mujeres de homicidios predeterminados superaron a las impulsivas en memoria de trabajo y dominio del lenguaje.

Como conclusión se puede decir que unas habilidades verbales disminuidas pueden estar asociadas a violencia extrema en mujeres. Aunque aquellas que cometen un crimen premeditado presenta puntuaciones mayores en las mismas.

Las mujeres con historial de abuso sexual tienen un lenguaje más pobre, una alta prevalencia de lesión cerebral, y menores niveles de premeditación. Se puede establecer, por tanto, una evidencia preliminar entre una reducción de las habilidades verbales y las lesiones craneales como potencial factor de riesgo en asesinatos de primer grado impulsivos cometidos por mujeres con un historial de abuso sexual.

Efectos de la aplicación de HCR-20 en prisiones de máxima seguridad. Club Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, a continuación presentamos el resumen del artículo “Management of violent behaviour in the correctional system using qualified risk assessments” de Henrik Belfrage, Fransson, y Susanne Strand,  en el que determinan  si la violencia institucional en una institución correccional de máxima seguridad podría evitarse utilizando evaluaciones integrales de riesgos seguidas de una gestión de riesgos adecuada. Y, ¿podría demostrarse esto una disminución en los factores de riesgo de violencia de acuerdo con el Esquema de Evaluación de Riesgos HCR-20 en el grupo de estudio?

La mayoría de los profesionales del sistema penitenciario son conscientes de que existen pocos programas de tratamiento o intervención demostrablemente eficaces para los delincuentes violentos adultos en las cárceles de máxima seguridad. La situación es particularmente problemática con respecto a los delincuentes que pueden ser diagnosticados como psicópatas, demuestran tasas de reincidencia extremadamente altas, o a menudo están involucrados en el comportamiento violento institucional.

Las evaluaciones de riesgos en el sistema legal se han convertido rápidamente en un problema importante en psiquiatría forense, psicología y disciplinas relacionadas. Nuevos instrumentos, que integran varios marcadores de riesgo para la violencia, están emergiendo en la literatura. Estos instrumentos sin duda tienen el potencial de aumentar la calidad de las evaluaciones de riesgos y la gestión de riesgos que resulta de estas evaluaciones. Uno de estos instrumentos que ha atraído gran atención es el esquema de evaluación del riesgo de violencia es el HCR-20 desarrollado por Webster y sus colegas. En varios estudios, utilizando varios grupos de estudio, el HCR-20 ha demostrado una buena confiabilidad entre evaluadores. Los resultados se obtienen principalmente de la investigación sobre la reincidencia en la delincuencia violenta después del alta de instituciones psiquiátricas, mientras que algunos pocos estudios se han ocupado de la violencia institucional.

Sin embargo, hay pocos datos sobre la validez predictiva de la violencia institucional cuando se utiliza el HCR-20 en muestras correccionales. Aunque sabemos que el HCR-20 tiene una buena validez concurrente con otros instrumentos bien validados, como el PCL-R / PCL: SV. Debido a que la evaluación de riesgos moderna pone más énfasis en la prevención que en años anteriores, el campo está menos enfocado únicamente en pronosticar posibles crímenes futuros, y en cambio está poniendo más recursos en un monitoreo cuidadoso y seguimiento durante el tratamiento / encarcelamiento y períodos de cuidados posteriores. Instrumentos como el HCR-20 pueden informar este modelo basado en la prevención, ya que promueve la reevaluación repetida de los factores de riesgo potencialmente dinámicos, cambios que serían importantes para construir y revisar los planes de gestión de riesgos y prevención de la violencia.

Tomando como punto de partida algunos casos muy graves de violencia institucional en las cárceles suecas de máxima seguridad, junto con los desalentadores resultados del tratamiento en psicópatas, un proyecto de desarrollo en la prisión sueca de máxima seguridad Hall se lanzó con el objetivo de realizar evaluaciones exhaustivas de riesgos, que incluían calificaciones de psicopatía, como base para la gestión de riesgos inicializada en todos los casos. No se suponía que las actividades del programa tuvieran lugar antes de que se llevara a cabo una evaluación de riesgos. El estudio se centró en la pregunta: ¿se podría evitar la violencia institucional a través de evaluaciones de riesgo integrales seguidas de una gestión de riesgos adecuada? Además, ¿podría demostrar esto una disminución en el número de factores de riesgo de violencia según HCR-20 en el grupo de estudio?

Para comprobarlo se realizó lo siguiente: Todos los delincuentes con antecedentes de criminalidad violenta, encarcelados en algún momento durante el período de estudio en la prisión de máxima seguridad sueca Hall, se consideraron grupo de estudio (N = 47). Estos reclusos estaban sujetos a evaluaciones de la vida real utilizando el esquema de evaluación de riesgos HCR-20. Todos los artículos en el HCR-20 se calificaron como O (No), 1 (Posiblemente) o 2 (Sí). Se utilizaron las versiones suecas autorizadas de HCR-20 y PCL: SV. Estas son traducciones literales, elaboradas en estrecha colaboración con los autores canadienses, y por lo tanto los hallazgos en este estudio deben ser interpretables usando los esquemas originales.

Aproximadamente un tercio del grupo de estudio fueron sujetos a una segunda evaluación de HCR-20 después de un mínimo de 3 meses y un máximo de 24 meses (M = 12 meses). El objetivo fue evaluar los posibles efectos de las intervenciones, es decir, para ver si con el tiempo, se había logrado reducir algunos de los factores de riesgo más importantes para la violencia en el grupo de estudio. La preferencia fue realizar reevaluaciones después de aproximadamente 6 meses, que es un período de seguimiento utilizado a menudo en la investigación sobre el HCR-20 en el contexto psiquiátrico. Sin embargo, por razones prácticas, el rango de tiempo para las evaluaciones de seguimiento se hizo más amplio de lo originalmente planeado.

Aquellos internos que fueron evaluados por segunda vez fueron aquellos que no habían sido transferidos a otras salas o instituciones por algún motivo. La razón más común para tales transferencias fue que los reclusos habían alcanzado una cierta cantidad de tiempo institucional que los calificaba para salas / instituciones de menor seguridad. Otras razones para tales transferencias fueron pruebas positivas de drogas, posesión de teléfonos móviles, amenazas, violencia, etc. Por lo tanto, el número total de evaluaciones de riesgos realizadas en el proyecto fue de 60.

Al comienzo del proyecto la mayoría de los reclusos tenían condenas de más de 4 años. Antes de que comenzara el proyecto, todo el personal recibió un día completo de capacitación sobre evaluación de riesgos, factores de riesgo comunes para la violencia, los principios básicos del HCR-20 y PCL: SV y estrategias adecuadas de gestión de riesgos para los delincuentes con diversos trastornos mentales. Además, cuando se estaba ejecutando el proyecto, los autores repetidamente celebraron sesiones de orientación en las que ciertos reclusos, a petición del personal, estaban sujetos a discusiones sobre la mejor actuación. Después de cada evaluación de riesgo realizada por los autores, los resultados se discutieron con los miembros del personal y se diseñó una estrategia de gestión de riesgos para cada caso en particular. Por lo tanto, los miembros del personal eran plenamente conscientes de las características de personalidad de cada recluso (por ejemplo, diagnósticos psiquiátricos), qué factores de riesgo para la violencia mostraban y cómo manejar mejor esos factores de riesgo.

Por tanto, todos los reclusos estaban sujetos a diferentes estrategias de gestión de riesgos. Lo que podría ser una buena estrategia de gestión de riesgos, por ejemplo, para una persona no psicopática, podría ser devastador para una persona psicópata. Por ello, el objetivo de este estudio fue investigar si un mayor conocimiento por parte del personal de los factores de riesgo y las estrategias adecuadas de gestión de riesgos tendría algún efecto sobre la incidencia de la violencia.

La muestra fue toda masculina, con una edad media de 32 años en el momento de la primera evaluación (rango = 21-56). Todos los reclusos tenían un historial de criminalidad violenta, y 12 (26%) habían sido sentenciados por intento de homicidio u homicidio. La duración media de la sentencia fue de 5,4 años, que oscila entre 1,5 años y 10 años. 38 presos (81%) del grupo de estudio fueron diagnosticados por los evaluadores con al menos un diagnóstico de trastorno de la personalidad de acuerdo con el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Cuarta Edición (DSM-IV). El diagnóstico más común fue el trastorno de personalidad antisocial (29). Otros diagnósticos fueron el trastorno límite de la personalidad (3), el trastorno esquizoide de la personalidad (1), el trastorno de personalidad no especificado (3), el trastorno depresivo mayor (1) y el trastorno de ansiedad generalizada (1). Un total de 18 (38%) reclusos cumplieron los criterios diagnósticos de psicopatía, es decir, recibieron puntajes de 18 o más en PCL:SV.

Los resultados mostraron lo siguiente: Para medir los incidentes graves de violencia en la prisión, se estudiaron los archivos oficiales de la Prisión Hall, donde se registran todos los incidentes. Durante los 5 primeros años hubo una media de 14 casos graves por año, que comprenden 4 casos de violencia hacia el personal, 16 casos de violencia hacia otros reclusos, 13 casos de daños a la propiedad, 40 casos de amenazas contra el personal y 12 casos de amenazas contra otros reclusos. Los incidentes solo se contaron una vez, utilizando el principio de que solo se observó la forma más severa de violencia en cada incidente. Una pelea entre los reclusos, por ejemplo, que incluía amenazas, daños a la propiedad y violencia física, se contabilizaba únicamente como “violencia hacia otros reclusos”.

Sin embargo, en los siguientes 5 años, no hubo más de una media de cinco incidentes violentos graves registrados al año. Hubo solo dos casos de violencia hacia otros reclusos, y ninguno hacia el personal. Se notaron tres casos de daños a la propiedad y trece casos de amenazas al personal.

Por tanto, tras la aplicación de estas medidas, hubo una clara disminución de la violencia en la prisión durante el período del proyecto, pasando de un promedio de 14 incidentes violentos por año (al inicio del proyecto), a un promedio de 5 incidentes violentos por año durante el último periodo del proyecto. En términos porcentuales, corresponde a una disminución del 64%.

Como complemento a la medida de los incidentes de violencia, se realizaron también evaluaciones de seguimiento con el objetivo de rastrear posibles cambios en los puntajes de riesgo de los reclusos de acuerdo con HCR-20. Debido a limitaciones prácticas, como se describió anteriormente, no todos los reclusos podrían estar sujetos a reevaluaciones durante el período de estudio. Sin embargo, los 13 (28%) miembros del grupo de estudio que estuvieron sujetos a evaluaciones de seguimiento no difirieron del grupo de estudio completo en ninguno de los aspectos estudiados en este proyecto. La distribución de los puntajes PCL: SV, por ejemplo, fue muy similar. Aproximadamente un tercio (31%) cumplió con los criterios de diagnóstico según PCL: SV, mientras que 1 (6%) recibió la puntuación máxima de 24.

La comparación de las puntuaciones HCR-20 entre el grupo de estudio completo (N = 47) y el grupo de seguimiento (N = 13) mostró que no se había podido reducir significativamente ninguno de los factores de riesgo de HCR-20. Inicialmente, esto se consideró decepcionante y sorprendente, sobre todo porque se pudo demostrar una clara disminución de la violencia en la prisión durante el período del proyecto. Entonces, ¿por qué no hubo una reducción de esos factores de riesgo?

A primera vista, los resultados de este estudio fueron, por un lado, muy alentadores, pero, por otro lado, muy desalentadores. En general, y lo más importante, los niveles de violencia se redujeron durante el período del proyecto. Sin embargo, esta reducción se realizó sin una reducción significativa de los factores de riesgo importantes para la violencia en el grupo de estudio. Las preguntas se centraron en este estudio (¿Podría evitarse la violencia institucional mediante evaluaciones exhaustivas de riesgos seguidas de una gestión de riesgos adecuada? ¿Podría mostrarse esto en una disminución de los factores de riesgo de violencia según HCR-20 en el grupo de estudio?), por lo tanto, podría responderse ‘sí’ y ‘no’.

¿Cómo se debe interpretar este resultado? La reducción de la violencia es muy probablemente un resultado del proyecto. Nada más de lo que se incluyó en el estudio se modificó durante el período del proyecto. Había la misma categoría de delincuentes, en general los mismos miembros del personal, básicamente el mismo acceso a varios programas de tratamiento, educación, trabajo, etc., como antes de que comenzara el proyecto. Y no hubo disminución en el número de incidentes violentos en ninguna de las otras salas de la prisión durante el período de estudio. Por lo tanto, la disminución de la violencia fue indudablemente consecuencia del proyecto, lo cual es un resultado positivo.

Se pueden identificar al menos tres explicaciones posibles, ligeramente diferentes. En primer lugar, el uso de evaluaciones de riesgos calificadas ha mejorado en gran medida la gestión de riesgos. La planificación del tiempo de reclusión en la prisión es más fácil y más adecuada cuando los miembros del personal son plenamente conscientes de las premisas, es decir, qué características de personalidad y qué factores de riesgo específicos para la violencia están presentes para ciertos reclusos. Segundo, el mayor conocimiento entre el personal sobre los diferentes rasgos de personalidad y factores de riesgo de los reclusos, y cómo manejar mejor las diversas situaciones que pueden evolucionar debido a tales características y factores de riesgo, ha mejorado en gran medida la gestión de riesgos en la prisión. En tercer lugar, el hecho de que el proyecto se estuviera ejecutando y de que los reclusos recibieran mucha más atención de la habitual tenía un efecto reductor de la violencia. Uno debe recordar que muchos de los ofensores en el grupo de estudio tienen rasgos de personalidad tales como grandiosidad, narcisismo, egocentrismo, etc., y por lo tanto disfrutan mucho la atención, no menos importante de investigadores y expertos. Esto podría haber tenido un efecto positivo, a pesar de que, hasta donde se sabe, no se ha demostrado previamente que esto tenga un efecto reductor de la violencia.

Científicamente, es imposible saber con certeza qué fue lo más influyente como factor reductor de la violencia en este proyecto. Es posible, tal vez incluso probable, que las tres explicaciones dadas anteriormente estén involucradas en cierta medida. Sin embargo, algo desconcertante fue el hecho de que la disminución de la violencia durante el período de estudio, independientemente de los factores explicativos que pudiera haber, no se podía ver en términos de una reducción de factores de riesgo importantes en el HCR-20. Esto fue particularmente desconcertante ya que encontramos, en un estudio previo de violencia institucional en las cárceles de máxima seguridad suecas, que el HCR-20 tenía una buena validez predictiva.

Es importante no olvidar distinguir entre la presencia de un cierto número de factores de riesgo entre los delincuentes y la naturaleza de los factores de riesgo que exhiben. Algunos factores de riesgo son dinámicos y, por lo tanto, es posible modificarlos o incluso eliminarlos, mientras que otros son estáticos y apenas o pueden cambiarse. Entre los pacientes con enfermedades mentales, por ejemplo, en muchos casos podemos reducir sus factores de riesgo drásticamente con la medicación adecuada. También en poblaciones psiquiátricas forenses, se ha demostrado que los factores de riesgo pueden reducirse significativamente con el tiempo a través del tratamiento. En las poblaciones carcelarias, sin embargo, parece ser más difícil lograr cualquier cambio positivo en los factores de riesgo a lo largo del tiempo, particularmente para aquellos reclusos que tienen un alto grado de rasgos de personalidad psicopática. Sin embargo, no poder disminuir los factores de riesgo de violencia no significa necesariamente que no se pueda disminuir el riesgo o la incidencia de la violencia. Este estudio indica que una gestión adecuada y correcta de los riesgos, utilizando los mejores factores de protección disponibles, puede reducir la violencia a pesar de que no se pueden reducir los factores de riesgo importantes. Sin embargo, se necesitan más estudios confirmatorios sobre este tema antes de que podamos sacar tales conclusiones (ya que también existen investigaciones científicas similares fuera de las prisiones que muestran resultados contrarios).

La generalización de estos resultados debe verse como algo limitada, principalmente debido al grupo de estudio comparativamente pequeño, pero también debido a las dificultades científicas relacionadas con el enfoque. La evaluación de los cambios en los factores de riesgo a lo largo del tiempo es indudablemente un desarrollo bueno y prometedor en el área de la investigación de la evaluación. Sin embargo, no es únicamente lo suficientemente bueno, es decir, los incidentes de violencia o las recaídas en la criminalidad son, y probablemente siempre serán, de gran importancia. En este estudio, por ejemplo, si solo se hubiese evaluado los cambios en los factores de riesgo, el resultado hubiera sido muy desalentador, mientras que los resultados fueron muy buenos si solo se hubieran tenido en cuenta los incidentes de violencia. Por lo tanto, se debe tener en cuenta que los cambios en los factores de riesgo son más probables en algunas poblaciones que en otras, dependiendo de la naturaleza del grupo de estudio y los factores de riesgo que puedan modificarse con mayor facilidad. En consecuencia, el HCR-20 podría ser una herramienta demasiado ‘áspera’ como para medir los cambios en los factores de riesgo en las poblaciones correccionales, en contraste con su utilidad demostrada en las poblaciones psiquiátricas forenses.

Diferencia de homicidios típicos y atípicos, y el papel del perfilador criminal. Club Ciencias Forenses.

En este artículo abordaremos la diferencia entre los homicidios típicos y los homicidios atípicos. Los investigadores de homicidios, incluso aquellos que en grandes agencias manejan docenas de homicidios cada año, dedicaron la mayoría de sus carreras a investigar homicidios típicos. Estos incluyen homicidios en los que el perpetrador tiene una relación con la víctima; la víctima se dedica a la actividad de drogas; o la víctima es un objetivo, espectador o participante en otra actividad ilegal. Los homicidios atípicos son aquellos que no caen en una de estas áreas; incluyen crímenes en serie.

Los investigadores veteranos pasan sus carreras en agencias como Detroit, Baltimore, Nueva Orleans y otros departamentos que investigan literalmente cientos de homicidios cada año. Los homicidios de rutina son para el trabajo policial lo que diagnosticar y tratar la gripe es para un médico. Los médicos de práctica general pueden diagnosticar la gripe de manera eficiente y rápida, pero la mayoría de los médicos rara vez ven enfermedades exóticas. Para diagnósticos atípicos, los médicos suelen consultar a un especialista. Los homicidios son similares. La mayoría de los homicidios que estos investigadores ven son el equivalente de la gripe. El homicidio típico a menudo involucra a personas con un historial de violencia y cuando los detectives llegan a la escena, no es raro que conozcan tanto a la víctima como al perpetrador.

La diferencia entre los homicidios que los investigadores están acostumbrados a ver y los que los detienen es la diferencia entre los típicos y atípicos homicidios. Muchos investigadores toman atajos cuando investigan homicidios típicos. Estos accesos directos ayudan a agilizar el proceso y pueden ahorrar dinero y tiempo. Investigar a fondo todos los homicidios sería una pérdida de recursos para un investigador experimentado, pero los accesos directos dejan los casos que faltan por investigar para el perfilador.

La mayoría de los homicidios se cometen principalmente por uno de los tres tipos de perpetradores: (1) la víctima tiene una relación con el perpetrador: amantes, cónyuges, hijos, vecinos o compañeros de trabajo; (2) la víctima se dedica al uso, compra, venta, almacenamiento o distribución de drogas ilegales; o (3) la víctima es un objetivo inocente (es decir, un empleado de una tienda) o está involucrado en actividades socialmente marginales (es decir, prostitución, comportamiento de pandillas). Estos son homicidios típicos. Los casos que atormentan a los investigadores son aquellos que no encajan en el modelo de investigación por el cual han sido entrenados. Una vez que se les acaban los sospechosos y siguen todos los pasos hacia su fin lógico, no saben qué hacer: su capacitación y experiencia no los han preparado para investigar homicidios que no encajan en una categoría típica.

Los homicidios cometidos por asesinos en serie, asesinos psicóticos o perpetradores que no encajan en uno de los tres tipos principales enumerados anteriormente se consideran homicidios atípicos. Estos homicidios constituyen una minoría de los homicidios que se cometen, pero cuando los investigadores abordan los homicidios atípicos como lo harían con los homicidios típicos, se topan con un callejón sin salida. En este punto, sus casos se han enfriado y es difícil o imposible adquirir la evidencia necesaria, evidencia que podría haberse recopilado fácilmente desde el principio. Estos casos permanecerán inactivos hasta que nuevas pruebas salgan a la luz; es posible que nunca estén cerrados. Pero los casos también se enfrían cuando los investigadores simplemente se quedan sin pistas. En los homicidios típicos, las investigaciones se parecen más a las películas. Hay un grupo finito de sospechosos y es probable que el perpetrador sea uno de ellos. Esas reglas no funcionan con los homicidios atípicos. Hay un número infinito de posibles sospechosos, así como un número infinito de motivos. Si los investigadores no reconocen esta diferencia al comienzo de la investigación, pronto se encontrarán dando vueltas.

Con los homicidios típicos sería una pérdida de mano de obra y esfuerzo realizar entrevistas exhaustivas con testigos tangenciales o parientes, establecer trayectorias de cuerdas o llevar a cabo otros procesos caros y lentos. La búsqueda del caso se puede centrar de manera mucho más eficiente en un sospechoso específico y probable. La mayoría de los investigadores no tienen los lujos de tiempo, dinero o mano de obra. Lo más probable es que lleven varios homicidios u otros casos simultáneamente. Por lo tanto, los atajos y la heurística funcionan bastante bien y, a menudo, conducen a condenas exitosas. Sin embargo, cuando un homicidio atípico es investigado de esta manera, cuando los investigadores se dan cuenta de que han estado siguiendo el camino equivocado, los testigos han desaparecido y la evidencia valiosa e insustituible ha desaparecido. Del mismo modo, los vecinos han olvidado lo que pudieron haber visto o escuchado y sus recuerdos están manchados por la cobertura de los medios.

Los perfiladores criminales reciben casos que otros profesionales e investigadores ya han intentado resolver. Estos casos a menudo han pasado por las manos de varios investigadores diferentes a lo largo de un tiempo. Durante ese tiempo, el material se pierde o se pasa por alto información importante. Es por ello fundamental la figura del perfilador criminal, que cuenta con los conocimientos científicos necesarios para poder ofrecer luz a esos casos sin salida aparente. Para las personas interesadas en la figura del perfilador criminal, podéis comprobar los campos tratados en el Master de Criminal Profiling de Behavior & Law.

La importancia de proporcionar información antes y después de la autopsia a un ser querido. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Importance of explanation before and after forensic autopsy to the bereaved family: lessons from a questionnaire study” de Ito, Takako; Nobutomo, Koichi; Fujimiya, Tatsuya y Yoshida, Ken-ichi,  que explican la importancia de una buena explicación a los familiares antes y después de realizar la autopsia a un ser querido.

Las autopsias del forense tienen como objetivo revelar la causa y la forma de las muertes no naturales. La información de la autopsia se revela a la familia en el duelo. En Japón, la policía o el fiscal solicita a los forenses que realicen una autopsia en las universidades para investigar crímenes, y para mantener los secretos relacionados con la investigación del delito, la ley ha restringido la divulgación de la información de una autopsia forense. En este artículo se realiza un estudio en Japón que tiene como objetivo investigar si las familias en duelo recibieron una explicación suficiente antes y después de una autopsia forense y cómo se sintieron acerca de la explicación.

En el estudio se tuvo en cuenta a 403 familias en duelo que solicitaron certificados de defunción de sus familiares a los Departamentos de Medicina Forense de las universidades de Tokio y Yamaguchi. Se envió una carta de presentación, un cuestionario anónimo y un sobre prepago a estos sujetos y a algunos miembros de la Asociación Nacional de Familias Supervivientes. El cuestionario incorporó 19 cuestiones sobre la calidad de la información dada antes y después de una autopsia, y las percepciones de la explicación sobre el procedimiento y el resultado de la autopsia forense.

De los 403 cuestionarios enviados, 122 familias respondieron. Los encuestados perdieron a sus familiares por homicidio o lesión en 45 casos, accidentes de tráfico en 26 casos, muerte asociada a la práctica médica en 11 casos y muerte relacionada con el trabajo en cuatro casos. De los 122 encuestados, el 52.4% expresaron sentimientos positivos, 37.6% negativos y 9.8% indiferentes sobre la autopsia.

Aunque en Japón no se requiere el consentimiento para una autopsia forense, el oficial de policía avisó de forma previa al 81.5% de los encuestados. Entre los encuestados, el 42.3% y el 36.5% percibieron la calidad de la información en la autopsia como inadecuada y deficiente, respectivamente, y solo el 21.2% la consideraron suficiente. Muchas familias (70,7%) no estaban dispuestas a dar su consentimiento debido a la insatisfacción o falta de explicación por parte de los policías. El 36,4% solicitó información más detallada sobre el propósito, la institución y los procesos relacionados con una autopsia forense.

Dos tercios (65.2%) de los parientes fueron informados de los hallazgos de la autopsia de los oficiales de policía. De los 105 encuestados a las preguntas sobre la calidad de la información ofrecida, el 70.0% consideró que fue suficiente y comprensible. Sin embargo, muchos (82%) parientes deseaban recibir información de la persona que realizó la autopsia.

Esta investigación estudió si las familias se frustraron y enojaron debido a las explicaciones insuficientes de los hallazgos de la autopsia. Entre las familias que se frustraron y enojaron después de la autopsia, el 75.5% aún no había sido informado de los hallazgos de la autopsia más de 2 años después de la autopsia. Por lo tanto, la falta de información después de la autopsia durante mucho tiempo había cambiado significativamente los sentimientos del pariente en una dirección negativa. Por el contrario, entre los encuestados que no tuvieron reacciones negativas a la autopsia forense, no hubo mucha diferencia entre los que estaban informados (56.5%) y los que no (43.5%) después de la autopsia. Sin embargo, aquellos que no tuvieron reacciones negativas no se vieron afectados por la información de la autopsia, probablemente porque fueron resignados a información restringida sobre la autopsia dirigida por la policía.

También se examinó si una explicación insuficiente o una baja satisfacción sobre la calidad de la explicación antes de la autopsia hacía que las familias se sintieran frustradas o enojadas. Entre las familias que se sintieron más frustradas y enojadas después de la autopsia, las tres cuartas partes no estaban satisfechas con la explicación antes de la autopsia. El cuestionario mostró que la mayoría (86.4%) de los encuestados consideraba que las explicaciones eran inapropiadas o indiferentes a los sentimientos de los familiares. Las reacciones negativas después de una autopsia se correlacionaron con percepciones negativas tales como explicación insuficiente o baja satisfacción con la calidad de la explicación antes de la autopsia. Estos resultados sugieren que una explicación insuficiente o deficiente sobre los procesos de preautopsia y hallazgos posteriores a la autopsia habría dejado a muchas familias demasiado frustradas y enojadas.

Se resume por tanto que las familias se frustraron y enojaron cuando no se les había informado adecuadamente el propósito y el proceso de la autopsia de antemano. La explicación insuficiente sobre los hallazgos de la autopsia también empeoró sus sentimientos. Estos datos por tanto demuestran que una explicación más temprana y suficiente del propósito, proceso y hallazgos relacionados con una autopsia forense realizada por personas que realizan autopsias y un oficial de enlace de la policía contribuiría a una mejor comprensión y aceptación de la autopsia forense por parte de familias afligidas. La información sobre autopsias forenses y el nombramiento del oficial de enlace ayudaría enormemente a mejorar la calidad de los servicios orientados a ayudar a las familias en su proceso de duelo.

¿Son realmente diferentes las mujeres acosadoras y los hombres acosadores?. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “A study of women who stalk”, de Rosemary Purcell y Pathe Michele, que examinan si las mujeres acosadoras difieren de sus homólogos masculinos en psicopatología, motivación, comportamiento y propensión a la violencia.

El término “acosador” se describe habitualmente como un “hombre que persigue a un sujeto del sexo contrario”. Los estudios clínicos y epidemiológicos confirman que los autores principales de este crimen son los hombres y que la abrumadora mayoría de las víctimas son mujeres. No obstante, el acoso es un comportamiento neutral en cuanto al género. Sin embargo, se le ha prestado poca atención a las mujeres que persisten en inmiscuirse y acechar a otros.

Ser acosado por mujeres no es raro. Los estudios basados ​​en la comunidad sobre la victimización por acecho indican que las mujeres son identificadas como perpetradoras en el 12% -13% de los casos. Los estudios realizados en entornos de salud mental forense han informado tasas más altas, a menudo reflejando la mayor incidencia de erotomanía en estas poblaciones. El 32% de los sujetos (N = 24 de 74) investigados por una unidad especializada en anti-acoso eran mujeres, seis de los cuales fueron clasificadas como erotómanas. Una investigación de Harmon encontró similarmente que el 33% de acosadores (N = 16 de 48) referidos a una clínica de psiquiatría forense eran mujeres, aunque esta tasa bajó al 22% (N = 38 de 175) en un estudio posterior y más grande. Otros estudios han informado tasas entre el 17% y el 22%. Además de los relatos de víctimas de primera mano, abundan ejemplos ilustrativos de hostigadoras en informes de prensa sobre el acoso de celebridades (por ejemplo, el actor Brad Pitt, la autora Germaine Greer y el presentador David Letterman).

A pesar de la frecuencia con la que las mujeres se dedican al acoso, hasta ahora ningún estudio ha considerado los contextos en los que este comportamiento emerge entre las mujeres o si las acosadoras se diferencian de sus contrapartes masculinas en relación con las características de acoso o propensión a la violencia. Una mayor conciencia y atención a este problema se indica por varias razones. En nuestra experiencia, aquellos que se ven víctimas de un acosador femenino a menudo se enfrentan a la indiferencia y el escepticismo de las fuerzas del orden y otras agencias de ayuda. No es infrecuente que las víctimas masculinas aleguen que sus quejas han sido trivializadas o desestimadas, a algunas víctimas se les dice que deben ser “halagadas” por toda la atención. En el caso del acoso por parte de mujeres del mismo sexo, la orientación sexual tanto de la víctima como del perpetrador se cuestiona con frecuencia, y las autoridades a menudo adoptan de manera inapropiada un motivo homosexual. Los estudios de victimización indican que las mujeres rara vez son enjuiciadas por delitos de acoso, y es más probable que se proceda con la intervención de la justicia penal en los casos en que un sospechoso acusado de acechar a una mujer. La evidencia disponible sugiere que el acoso por parte de las mujeres todavía no se ha otorgado al grado de seriedad asociado al acoso perpetrado por los hombres. Esto a pesar de cualquier evidencia empírica que pueda existir (o no) de que las mujeres son menos intrusas o persistentes en su acoso o representan una amenaza menor para sus víctimas.

El estudio que resumimos describe un grupo de mujeres acosadoras y las compara con un grupo de acosadores masculinos para examinar cualquier diferencia en las características demográficas; estado psiquiátrico; motivación, métodos o duración del acecho; o las tasas de amenazas asociadas y asalto.

El material del caso se extrajo de referencias durante un período de 8 años (1993-2000) a una clínica comunitaria de salud mental forense que se especializa en la evaluación y el manejo de los acosadores y las víctimas de acecho. Las remisiones provenían de todo el estado australiano de Victoria (población: 4,7 millones), predominantemente a través de tribunales, servicios correccionales comunitarios, policía y médicos. La información de colaboración estaba disponible por lo general en forma de declaraciones de víctimas, resúmenes policiales de los delitos, registros penales oficiales e informes psicológicos o psiquiátricos. Para los propósitos de este estudio, definimos el acoso como un intento persistente (duración de al menos 4 semanas) y repetido (10 o más) de comunicarse con una víctima que percibió el comportamiento como desagradable y provocador de miedo. Esta fue una definición intencionalmente conservadora para garantizar que los miembros del grupo de estudio fueran inequívocamente acosadores. La clasificación psiquiátrica empleó los criterios DSM-IV.

Se identificó un subgrupo de mujeres acosadoras y se las comparó con sus contrapartes masculinas en relación con las características demográficas y de acecho. Los resultados fueron los siguientes:

En cuanto al perfil demográfico, de 190 acechadores remitidos a la clínica durante el período de estudio, 40 (21%) eran mujeres. La edad media de las mujeres fue de 35 años (rango = 15-60). Solo tres mujeres tenían relaciones íntimas estables cuando comenzaron sus actividades de acecho; la mayoría eran solteras (60%, N = 24), con 33% (N = 13) separadas o divorciadas. La mayoría tenían trabajo, aunque el 35% estaban desempleadas. Los acosadores masculinos y femeninos no difirieron en términos de edad o estado civil o de empleo. Sin embargo, las acosadoras eran significativamente menos propensas que los acosadores masculinos a tener antecedentes de ofensas criminales o delitos violentos.

En cuanto al estado psiquiátrico, se encontraron 12 trastornos delirantes manifestados (tipo erotomaníaco [N = 81 y tipo celoso [N = 21, con dos infatuaciones mórbidas categorizadas como trastorno delirante, tipo no especificado]). El otro eje que se diagnosticó fue esquizofrenia (una de los cuales exhibió ideas delirantes erotomaníacas), trastorno bipolar y trastorno depresivo mayor. Se diagnosticaron trastornos de la personalidad en 20 de las mujeres acosadoras (predominantemente dependientes [N = 61, límite de personalidad [N = 61, y tipos narcisistas [N = 31]). No se asignó un diagnóstico en dos casos. La tasa de abuso de sustancias fue menor en mujeres que en hombres acosadores. En la parte contraria, el perfil de diagnóstico (presencia de trastornos delirantes, trastornos de la personalidad, parafilias, esquizofrenia u otros trastornos del eje I) de las mujeres acosadoras no difirió significativamente del de los acosadores.

Sobre la relación previa con la víctima, en el 95% de los casos, las mujeres acosadoras persiguieron a alguien previamente conocido por ellos. 16 (40%) de las víctimas eran contactos profesionales, que en la mayoría de los casos eran profesionales de la salud mental, aunque también había varios profesores perseguidos o profesionales del derecho. En aproximadamente el 23% de los casos (N = 9), la víctima era una ex pareja íntima (siete eran hombres, dos eran mujeres). Alrededor del 18% (N = 7) fueron víctimas a través de otros contextos relacionados con el trabajo (por ejemplo, colegas o clientes), y el 15% (N = 6) fueron conocidos casuales. Solo dos mujeres acechaban extraños. La naturaleza de la relación anterior difería significativamente de la de los acosadores masculinos, siendo las mujeres acosadoras significativamente más propensas a apuntar a contactos profesionales y significativamente menos propensas a perseguir extraños.

La tasa de acoso entre personas del mismo sexo fue significativamente mayor entre las mujeres acosadoras, con 48% (N = 19) persiguiendo a otras mujeres, mientras que 9% (N = 13) de los hombres acosaron a otros hombres.

Sobre la motivación para la búsqueda y el contexto en el que surgió, el 45% (N = 18) de las mujeres acosadoras fueron clasificadas como buscadoras de intimidad, el acoso surgió del deseo de establecer una intimidad íntima y amorosa con la víctima, que en la mayoría de los casos (78%, N = 14 de 18) fue un contacto profesional. Diez mujeres (25%) fueron consideradas acosadoras “rechazadas”, que respondieron a la terminación de una relación cercana persiguiendo a la víctima. En la mayoría de los casos de acoso rechazado, el acoso siguió a la ruptura de una relación sexual íntima, aunque una mujer comenzó a acosar a su psiquiatra después del cese abrupto de la psicoterapia a largo plazo. En el 18% (N = 7) de los casos, el acoso se clasificó como “resentido”, el acosador busca castigar y atormentar a una víctima percibida como maltratada o menospreciada. Cuatro casos (10%) fueron considerados como pretendientes incompetentes, y el acecho sirvió como un medio crudo e intrusivo de establecer una fecha. No hubo instancias entre mujeres con acoso sexual depredador motivado sexualmente, mientras que el 7% (N = 11) de los varones demostraron este patrón de acecho. Significativamente más mujeres acosadoras fueron motivadas por el deseo de establecer una intimidad amorosa con el objeto de su atención no deseada, pero no difirieron de sus homólogos masculinos en la frecuencia de tipos de acecho rechazados, resentidos o incompetentes. La duración del acecho varió entre 2 meses y 20 años (mediana = 22 meses), que no difirió significativamente de la de los hombres acosadores (mediana = 12 meses).

En cuanto a los métodos de acoso, las acosadoras eran significativamente menos propensas que los acosadores a seguir a sus víctimas, pero significativamente más propensas a favorecer las llamadas telefónicas. Las mujeres acosadoras también mostraron la misma propensión a las amenazas y la violencia que sus homólogos masculinos, aunque las tasas de agresión física fueron algo mayores entre los acosadores masculinos. Trece mujeres acosadoras infligieron daños a la propiedad de sus víctimas (siete que eran hombres, seis que eran mujeres), incluida una mujer que causó daños extensos al auto deportivo de su ex prometido y otra que pintó mensajes obscenos en la cerca de la casa de su víctima. Nueve acosadoras asaltaron a sus víctimas (tres que eran hombres, seis que eran mujeres). La naturaleza de los ataques no difirió cualitativamente de la de los perpetradores masculinos, aunque no hubo agresiones sexuales cometidas por mujeres acosadoras. Si bien las tasas de amenazas y ataques no difirieron significativamente, las acosadoras tuvieron menos probabilidades que sus homólogos masculinos de proceder de amenazas explícitas a agresiones físicas reales.

Se resume por tanto que aunque las mujeres son las víctimas predominantes del crimen de acoso, es importante reconocer que en una minoría significativa de casos de acoso, las mujeres son las perpetradoras. Aunque en algunos casos se ve impulsado por el resentimiento o la represalia por las heridas percibidas, la mayoría está motivada por el deseo de establecer una relación íntima con la víctima. Las intervenciones psiquiátricas dirigidas a controlar la enfermedad mental subyacente son cruciales para la resolución de los comportamientos de acoso en este grupo, pero los terapeutas que brindan dicho tratamiento deben ser conscientes de la vulnerabilidad a veces inherente a este rol.

Subjetividad y sesgos en la interpretación forense de las pruebas de ADN. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Subjectivity and bias in forensic DNA mixture interpretation”, de los autores Itiel E. Dror y Greg Hampikian, de la Universidad de Londres, que estudian la influencia de los sesgos y la subjetividad en los análisis de ADN.

A día de hoy, la ciencia ha avanzado mucho y se ha convertido en un importante apoyo en el sistema legal. Aceptamos que los seres humanos cometen fallos y por eso elegimos creer la grabación de una cámara de vigilancia antes que el testimonio de un testigo. Y, en esta competición por la credibilidad entre las ciencias forenses, los testimonio y otros, la joya de la corona es la famosa prueba de ADN.

En los últimos años, se ha antepuesto el resultado de esta prueba por encima de cualquier testigo, prueba u opinión de cualquier experto forense. Incluso la Academia Nacional de Ciencias (NAS) hace distinción entre las disciplinas de las ciencias forenses basadas en pruebas de laboratorio y las que son la interpretación de expertos de los patrones observables (como en análisis grafológico, las huellas dactilares, etc.).

Sin embargo, olvidamos que, aunque las pruebas de laboratorio puedan parecer objetivas y carentes de cualquier sesgo, aquellos que son encargados de interpretarlas no lo son. Una prueba de ADN no es tan simple como un código de barras que pasado por una máquina nos delata al culpable, y esa creencia es la que nos lleva a la peligrosa aceptación de dichos análisis sin ningún recelo.

Por ello, el objetivo de este estudio es mostrar la subjetividad que podemos encontrar en los análisis de ADN.  Para ello, se realizó el estudio con 17 analistas cualificados y expertos en la materia que realizan esta misma labor como oficio en laboratorios acreditados. Además, se creó una información contextual como parte del montaje experimental para comprobar si esos datos influían en el análisis. La evidencia de ADN utilizada estaba relacionada con un caso de violación en grupo en el que uno de los asaltantes testificó en contra de los otros sospechosos a cambio de una sentencia menor como parte de su cooperación en un acuerdo de negociación mientras que los otros lo negaron. En este caso, la prueba del ADN era definitiva para condenar a los violadores: sin ella, la declaración del que había confesado sería insuficiente.

Cada uno de los analistas examinó las pruebas de manera independiente y debía dar su veredicto entre los tres posibles: si la prueba no le incriminaba, si no se podía ser incriminado con ella o si no era concluyente.  Si la prueba de ADN fuera objetiva todos los examinadores habrían ofrecido el mismo resultado; sin embargo, lo que encontramos es que un examinador concluyó que el sospechoso “no puede ser incriminado”, 4 examinadores concluyeron “no concluyentes”, y 12 examinadores concluyeron “que la prueba no le incriminaba”. El hecho de que los 17 examinadores de ADN no fueran consistentes en sus conclusiones, por sí mismo, sugiere que hay un elemento de subjetividad en la interpretación del ADN. Si fuera totalmente objetivo, todos los examinadores habrían llegado a la misma conclusión, sobre todo porque todos trabajan en el mismo laboratorio y siguen las mismas pautas de interpretación. Las inconsistencias observadas dentro de los 17 examinadores que llevaron a cabo su análisis sobre la misma evidencia, ‘libre de contexto’, demostraron subjetividad en el análisis de la mezcla de ADN que pueden reflejar diferencias individuales (por ejemplo:  entrenamiento, experiencia, personalidad, y motivación).

Además, encontramos que sólo 1 de los 17 coincidió con el veredicto de los analistas que realizaron la interpretación original para el juicio real. Lo cual demuestra que tener o no los datos de lo que se está analizando influye en el análisis que se realiza de ello. Por tanto, todo indica que, aunque el análisis de ADN es una herramienta realmente importante y útil en este campo, debemos recordar que quienes la utilizan sí son humanos y ellos sí son falibles.

 

Minorías sexuales: La discriminación mata. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Structural stigma and all-cause mortality in sexual minority populations”, de los autores Mark L. Hatzenbuehler, Anna Bellatorre, Yeonjin Lee, Brian K. Finch, Peter Muennig y Kevin Fiscella, en un estudio conjunto de las universidades de Nueva York, Nebraska y Pennsylvania, que analizan cómo la discriminación acorta considerablemente la esperanza de vida.

Tras un intenso debate social, el 30 de junio de 2005 se aprobó en España la ley que permite a los homosexuales casarse y adoptar. En marzo de 2007 se aprobó, además, una ley que permite a las personas transexuales cambiar su nombre y la definición legal de su sexo sin necesidad de una sentencia judicial ni una operación quirúrgica previa. Andalucía dio un paso más en junio de 2014 al aprobar una ley que reconoce el derecho de la libre autodeterminación del género sin necesidad de diagnóstico. Sin embargo, sólo 63 países tienen legislaciones específicas que prohíben y persiguen la discriminación por razón de orientación sexual y sólo en 22 se reconoce el matrimonio homosexual mientras que en 72 países la homosexualidad sigue criminalizada y perseguida y en 8 aún se castiga con pena de muerte.

Y el problema no radica sólo en la ley, sino también en la propia sociedad. Estigmatizar a individuos, ya sea por su orientación sexual, su raza/etnia o incluso su aspecto físico, conlleva un aumento en el riesgo de padecer deterioro en la salud física y mental. Es por ello que el objetivo de este estudio es demostrar cómo afecta a la esperanza de vida vivir en una sociedad altamente prejuiciosa frente a una tolerante cuando se es una minoría sexual.

Para este estudio se analizaron los datos de la Encuesta Nacional de Entrevistas de Salud y la Encuesta Nacional de Exámenes de Salud y Nutrición, todas ellas y otras más recogidas en el Centro Nacional de Estadísticas de Salud que recoge los datos referentes a este tema en la población estadounidense. Los años estudiados fueron de 1988 a 2002 (dado que antes de esa fecha no estaban disponibles los datos de las minorías sexuales). De los 21045 encuestados evaluados, 914 (4,34%) mantuvieron relaciones con personas de su mismo sexo.

Por un lado se midieron las actitudes contra las minorías sexuales a través de cuatro ítems: (1) “Si algunas personas en su comunidad sugirieran que un libro a favor de la homosexualidad se sacara de la biblioteca pública, ¿favorecería usted la eliminación de este libro o no?”; (2) “¿Debería permitirse a un hombre que admita que es homosexual enseñar en un colegio o universidad o no?”; (3) “Supongamos que un hombre que admite ser homosexual quisiera hacer un discurso en su comunidad. ¿Debería permitirse que hablara o no?”; (4) “¿Cree usted que las relaciones sexuales entre dos adultos del mismo sexo siempre son algo malo, casi siempre son algo malo, son malas sólo a veces, o no son malas en absoluto?”.  Luego se evaluaron variables de las minorías sexuales que fallecieron en esos años como nivel de ingresos, nivel educativo, percepción subjetiva de la salud, raza, sexo, edad y lugar de nacimiento.

Los resultados mostraron que había una diferencia significativa entre vivir en una comunidad con alto nivel de prejuicios y estigmatización y en una tolerante: la esperanza de vida se reducía una media de 12 años para las minorías sexuales.  Además, era tres veces más probable morir por asesinato en estas comunidades y que se cometiera suicidio con más frecuencia y a una edad mucho más temprana de lo habitual.

Aunque sería interesante ampliar este estudio en otras poblaciones y evaluando también los últimos quince años, los datos no son nada desdeñables. Es importante prevenir y concienciar en la sociedad en contra de los prejuicios y la estigmatización para evitar que el odio siga matando, incluso cuando no lo haga de forma física sino psicosocial.

Métodos de identificación del sexo en antropología forense. Club de las Ciencias Forenses.

Metodos de identificacion del sexo en antropologia forense - club ciencias forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, esta semana les proponemos un resumen del artículo “A review of sex estimation techniques during examination of skeletal remains in forensic anthropology casework”, de los autores Kewal Krishan, Preetika M. Chatterjee, Sandeep Kaur y Neha Baryah, de la Panjab University, Tanuj Panchan, del Kasturba Medical College, y RK Singh, del J.N.M. Medical College, sobre los distintos métodos de análisis del sexo de un cuerpo utilizados en antropología forense.

La antropología forense afronta la identificación de restos humanos en contextos legales, siendo la aplicación de esta ciencia al contexto legal. La necesidad de identificación encuentra su origen en la presencia de desastres naturales o artificiales, donde los cuerpos de las víctimas son altamente descompuestos, desmembrados o mutilados más allá de todo reconocimiento posible.

La identificación en la antropología forense se divide a su vez en un procedimiento de dos pasos, que incluye el análisis global y el análisis de los rasgos puntuales. Es en el análisis global donde se identifican rasgos como la edad, el sexo, la estatura y otras muchas variables que servirán como clave importante para la identificación forense.

La estimación de sexo es quizá el paso integral más importante para establecer un perfil biológico durante el escrutinio de los restos oseos del individuo. Una estimación precisa del sexo es vital para la estimación de la edad, genealogía o estatura del individuo, debido a que un distinto sexo modifica los patrones de edad y crecimiento bajo los cuáles se realiza el estudio morfológico. Existen, sin embargo, multitud de métodos que han sido originados en los últimos años para poder determinar el sexo del individuo, que a su vez pueden dividirse (de forma general) en dos grandes grupos (morfológicos y métricos) y en otros grupos menores. También existe un tercer gran grupo, la metodología molecular, pero esta práctica (aunque con un mayor grado de confiabilidad) suelen ser complicados, invasivos y muy caros (tanto en tiempo como en recursos).

En esta investigación, los autores clasificaron los distintos métodos de estimación del sexo en antropología forense, para posteriormente analizarlos y determinar cuáles de ellos resultan más útiles.

  • Métodos morfológicos: esta metodología se apoya en el análisis visual de los rasgos sexuales dismórficos, dando resultados rápidos y válidos. Ciertos rasgos determinantes del sexo, por ejemplo, solo pueden ser analizados morfológicamente. Sin embargo, estos rasgos se encuentran altamente influidos por el nivel de subjetividad, siendo más fiables cuanto más intactos se encuentran los huesos.
  • Métodos métricos: se basan en las diferencias de la dimensión de los cuerpos de hombres y mujeres, utilizando diferentes métodos estadísticos que pueden ser utilizados para determinar el sexo de los individuos. Los resultados numéricos obtenidos son fáciles de analizar e interpretar, pero su fiabilidad depende de la precisión del método estadístico utilizado.
  • Métodos que utilizan radiografías digitales: los investigadores han observado que la osteología forense produce resultados tan precisos como otros estudios osteométricos, llegando incluso a tener una precisión todavía mayor al utilizar métodos virtuales o radiografías digitales. Pueden ser especialmente útiles en casos de semi-descomposición.
  • Métodos que utilizan tomografía computerizada o resonancia magnética: se trata de métodos no invasivos que proporcionan resultados muy precisos. Pese a que se trata de métodos más caros de utilizar, aportan resultados altamente concluyentes en la determinación del sexo de los individuos.
  • Métodos geométricos-morfométricos: es un método relativamente nuevo consistente en la cuantificación morfológica de las estructuras rígidas con relieves que suelen ser ignorados por métodos tradicionales. Permiten un análisis morfológico más detallado, evitando la pérdida de datos. Su mayor problema, sin embargo, es que implica una gran cantidad de tiempo para su utilización, así como un número de marcadores limitado.
  • Método de diagnosis probabilística sexual: es un método métrico basado en bases de datos de distintas poblaciones de referencia, que analiza las diferencias en los huesos de la cadera.
  • Métodos moleculares: una preservación pobre o la pérdida de elementos esqueléticos provocan que en ocasiones los métodos de diagnóstico morfológicos o morfométricos no sean aplicables. En estas situaciones, los investigadores acuden a los métodos moleculares, analizando así el ADN de los individuos en los casos en los que el esqueleto se encuentra muy degradado.

Por último, ¿qué opinan los autores sobre las distintas metodologías de análisis del sexo de los restos? En realidad, todos coinciden en que la precisión de los métodos depende de la preservación y estado del cuerpo analizado. Los métodos morfológicos son más simples se hacer pero más complejos de juzgar, dado que hay que tener en cuenta elementos como la nutrición, ocupación, genealogía u orígenes geográficos. Por su parte, aunque los métodos métricos tradicionales aportan datos más objetivos, provocan discrepancias entre los observadores si los marcadores no están bien definidos.

En la actualidad, para defender los resultados hallados en un análisis, un antropólogo forense hará uso preferentemente de una combinación de ambos métodos: morfológicos y métricos. El resto de métodos tienden a ser más caros de realizar, no tienen en cuenta la varianza entre poblaciones, etc. Especialmente interesante, sin embargo, es el método de análisis de los huesos de la cadera de los individuos. Finalmente, los métodos moleculares, aunque altamente sofisticados, suelen ser caros, muy invasivos y complejos de realizar, aunque pueden son utilizados en casos en los cuáles los otros métodos son imposibles de utilizar.

Trastornos de personalidad en el sistema judicial español.

Trastornos mentales en sistema judicial español - club ciencias forenses

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, esta semana les proponemos un resumen del artículo “Trastornos de la personalidad en la jurisprudencia española”, de los autores Florencia Lorenzo García, José R. Agustina, Esperanza L. Gómez-Durán y Carles Martin-Fumadó, de la Universitat Internacional de Catalunya, sobre el trato que reciben los trastornos de personalidad a efectos de responsabilidad y culpabilidad penal.

Diversos estudios a lo largo de la historia han desmitificado la idea del enfermo mental como máximo culpable de las conductas criminales, representando este grupo un porcentaje ínfimo dentro de los autores de actos criminales. Dejando de lado, sin embargo, las enfermedades mentales más graves (que suelen actuar como eximentes parciales o totales si se demuestra la influencia de la misma en la voluntad del individuo en el momento de la comisión del acto), la jurisprudencia no ha mantenido un criterio único sobre la influencia y consecuencia de la aparición de trastornos de personalidad en los individuos.

Los trastornos de personalidad, como las enfermedades mentales (aunque en menor medida), pueden suponer una afectación a las capacidades cognoscitivas y volitivas de los individuos que llevan a cabo hechos criminales, representando por tanto una modificación en la responsabilidad penal de los mismos. Sin embargo, debido al debate mantenido en torno a la influencia real que los trastornos de personalidad puedan provocar en los individuos, suelen ser tratados de diversas maneras (en ocasiones, incluso contradictorias) a la hora de su consideración jurídica.

Esta investigación, dirigida por autores interesados en analizar el papel de los trastornos mentales en las diversas sentencias emitidas, consistió en un estudio descriptivo retrospectivo alrededor de las mismas, analizando un total de 77 sentencias entre 1998 y 2010.

La primera conclusión a la que llegaron los autores fue la confusa terminología que se utilizaba en torno a diversos trastornos (por ejemplo, la psicopatía era llamada de formas muy distintas entre sentencias), lo cual pondría ya de relevancia la confusión en el uso de estos trastornos en el ámbito judicial. En segundo lugar, y en lo que a frecuencia se refiere, los trastornos que más aparecieron fueron el límite, el antisocial, el no específico y el mixto, muchos de ellos asociados al consumo de sustancias (los cuales tuvieron mayor incidencia en la imputabilidad del individuo). Sin embargo, la mayoría de trastornos tuvieron una influencia atenuante en la responsabilidad del individuo (75% de los casos), a excepción del obsesivo-compulsivo.

¿En qué modo afectó, por tanto, la presencia de trastornos en las distintas sentencias? En los casos estudiados, la presencia de trastornos se tradujo en medidas como la reducción de un grado en la pena, o la aplicación de la misma en su mitad inferior. En otros tantos casos (25%), no fue considerado como elemento atenuatorio la presencia de trastornos.

Por último, ¿qué ocurrió cuando se encontraron trastornos de personalidad asociados con cociente intelectual límite o con trastornos mentales severos? Tal y como plantean los autores, es doctrina general que solo en los casos más graves se valoren como eximentes incompletas. En el caso de las sentencias revisadas, tan solo en 4 de ellas fueron utilizados los trastornos como eximente incompleto, y siempre tratándolo como “disminuciones leves de las capacidades volitivas y cognitivas”.

En conclusión, y como defienden los autores, más allá de la psicopatía hay una gran complejidad y dificultad para establecer una doctrina general sobre la incidencia de los trastornos de la personalidad sobre la culpabilidad, considerando que deben ser estudiados caso por caso. Un trastorno de personalidad, por sí mismo, no serviría para aplicar una eximente incompleta, quedando tan solo como atenuantes; tan solo con la presencia de casos graves relacionados con los mismos (toxicomanías, trastornos más severos, etc.) se plantearía la eximente.

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