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Categoría: Toxicología forense

Muerte por insulina, ¿el crimen perfecto? Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Is insulin intoxication still the perfect crime? Analysis and interpretation of postmortem insulin: review and perspectives in forensic toxicology” de Bottinelli, C.; Cartiser, N.; Bévalot, F.; Fanton, L. y Guitton, J. (2020), en el que se analiza la insulina en muestras biológicas y la interpretación de sus concentraciones en la situación de las investigaciones de muerte relacionadas con insulina.

La insulina es una hormona anabólica esencial para la homeostasis de la glucosa. La desregulación de su secreción o de la respuesta celular a esta hormona pueden provocar diabetes. El tratamiento de los pacientes diabéticos tiene como objetivo prevenir la hiperglucemia y sus complicaciones a corto y largo plazo. La terapia con insulina es necesaria para la supervivencia en la diabetes tipo 1 y en muchas de tipo 2, después de unos años.

Más allá de los accidentes terapéuticos, la terapia con insulina puede ser mal utilizada, como en el dopaje o con fines suicidas o delictivos. Indudablemente, se subestima la tasa de administración de insulina exógena como causa de muerte.

De hecho, el uso de la insulina en la muerte es difícil de detectar, y aún más difícil de probar en un tribunal. La intoxicación por insulina sigue siendo difícil de reconocer debido a los síntomas inespecíficos del inicio de la hipoglucemia, el retraso en la ocurrencia de la muerte, la falta de hallazgos anatómicos en la autopsia y las dificultades para encontrar marcas de agujas. Entonces, ¿sigue siendo la intoxicación por insulina el crimen perfecto?

La insulina humana es una hormona involucrada en el metabolismo de carbohidratos, lípidos y proteínas. En las células hepáticas y musculares, la insulina humana estimula el almacenamiento de glucosa (azúcar) e inhibe su degradación. Sin estimulación, la insulina humana se secreta a un ritmo bajo, lo que se conoce como secreción basal o constitutiva.

Después de la distribución a los tejidos sensibles y la acción a través de receptores de insulina específicos, la insulina humana se elimina rápidamente, respondiendo así a los cambios en el nivel de glucosa en sangre. La insulina humana secretada por una persona sana tiene una vida media de, aproximadamente, 5 minutos. Todas las células que presentan receptores específicos de insulina pueden degradar la insulina humana. Aunque el hígado y los riñones son los principales lugares de depuración de la insulina, otros tejidos, como el muscular, desempeñan también un papel importante.

La terapia con insulina se prescribe a pacientes diabéticos como reemplazo de la deficiencia parcial o total de la secreción de insulina humana o la resistencia a la insulina. La inyección subcutánea sigue siendo la más común. El lugar de la inyección debe cambiarse con regularidad, ya que sino podría terminar por retrasarse la absorción. El principal mecanismo de intoxicación por insulina es la hipoglucemia, que conduce a hallazgos neurológicos. Los síntomas se dividen en dos categorías. Los síntomas principales están relacionados con la hiperactividad parasimpática: sudoración, temblores, taquicardia, ansiedad y hambre.

La neuroglucopenia induce manifestaciones neurológicas como confusión, mareos, dolor de cabeza, visión nublada, pérdida de la motricidad fina y alteración del habla, convulsiones y pérdida del conocimiento. Estos síntomas pueden estar asociados con cambios de comportamiento, como irritabilidad, ira irracional y agresividad.  Finalmente, se desarrolla encefalopatía, con coma hipertónico, caracterizada por una dilatación pupilar y baja reactividad, palidez y respiración profunda. Si la hipoglucemia persiste, puede producirse la muerte o secuelas neurológicas. El inicio tardío del tratamiento es un factor importante que influye en el resultado. Se han descrito algunas formas atípicas de intoxicación por insulina: agravamiento de una condición psiquiátrica, edema pulmonar e infarto de miocardio.

La intoxicación por sobredosis de insulina puede ser accidental, por un error en la dosis o tipo de insulina. Pero puede ser también intencional; esto es, suicida o criminal. En sujetos vivos, la sobredosis se diagnostica fácilmente por hipoglucemia asociada con una concentración inadecuada de insulina en sangre. En una situación post mórtem, estas demostraciones se complican por la relativa falta de fiabilidad del ensayo de glucemia, incurriendo en una serie de dificultades.

Así, los autores del artículo, tras una revisión literaria, proponen un diagrama lógico de dos pasos para la evaluación post mortem de la sobredosis de insulina.

El primer paso analítico destaca la importancia de conocer la técnica de ensayo. El inmunoanálisis es el método más utilizado. Pero, aparte de la insulina humana fisiológica y su precursor, la proinsulina, otras moléculas y, particularmente, los análogos de la insulina, pueden interferir en esta técnica. Por tanto, el inmunoanálisis mide una concentración de insulina correspondiente a todas las moléculas que reaccionan con los anticuerpos del kit.

Dependiendo de la selectividad de los anticuerpos, el resultado puede referirse a insulina humana libre o análogos, productos de degradación y metabolitos, o moléculas similares. Así, para la interpretación es indispensable un buen conocimiento de la reactividad cruzada de un kit específico. Una diferencia en los hallazgos entre un kit específico de insulina humana y uno que interactúa con análogos puede sugerir la presencia de uno o más análogos, aunque sin determinar el tipo o la proporción.

El segundo paso del diagrama lógico se refiere a la interpretación de los resultados de la insulina en sangre. El riesgo de descartar falsamente una sobredosis radica en la determinación post mortem de una concentración considerada fisiológica o terapéutica, o en la no detección de insulina a pesar de la sobredosis.

Es decir, producirse una subestimación. También debe tenerse en cuenta la posibilidad de degradación de la insulina e, incluso, sus análogos. Por tanto, es importante tener en cuenta la posible degradación in corpore durante el intervalo entre la muerte y la toma de muestras. También la degradación in vitro debida a hemólisis de la muestra, o a las malas condiciones de almacenamiento.

Cuando la muerte ocurre después de una intervención médica por intoxicación, puede ser útil analizar muestras anteriores a la muerte, menos afectadas por la degradación y el metabolismo. Otra posible fuente de error es una patología o tratamiento médico que aumenta el nivel de insulina humana en sangre. La evidencia de la investigación y la buena comunicación entre los diversos actores clave (investigadores, médicos forenses y toxicólogos) son clave.

Establecer la sobredosis como causa de muerte parece requerir ir más allá de los simples hallazgos del análisis, teniendo en cuenta las circunstancias de la muerte, los datos de la autopsia, el estado diabético de la víctima y la sensibilidad a la insulina y glucémica en el momento de la muerte. Determinar la muerte debida o relacionada con la sobredosis de insulina sigue siendo un desafío. No obstante, los avances en las técnicas están haciendo que el “crimen perfecto” sea cada vez más difícil de cometer mediante el uso de la insulina.

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El tejido esquelético como alternativa de análisis. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Skeletal tissue, a viable option in forensic toxicology? A view into post mortem cases” de Vandenbosch, M.; Rooseleers, L.; Van Den Bogaert, W.; Wuestenbergs, J.; Van de Voorde, W. y Cuypers, E. (2020), en el cual se estudia la viabilidad de utilizar el tejido esquelético como matriz alternativa para evaluar el consumo de xenobióticos.

En toxicología forense, la sangre y la orina son las muestras estándar para realizar análisis, pues se dispone de mucho material de referencia. Esto hace muy factible la identificación inequívoca y la determinación cuantitativa de fármacos. A veces, sin embargo, en los casos en que el cuerpo está extremadamente putrefacto, la sangre y orina no están disponibles, por lo que se requieren alternativas.

Aunque en los últimos años se investigan muchas muestras alternativas para detectar la presencia de drogas u otras sustancias toxicológicas, se ha prestado muy poca atención al uso de tejido esquelético. De hecho, se ha demostrado que este es un depósito para ciertos medicamentos. El tejido esquelético también resiste la putrefacción mejor que muchas otras muestras. Así, este tipo de tejido consta de dos partes: el tejido óseo y la médula ósea.

Específicamente, las partes del hueso que contienen más tejido óseo trabecular parecen tener una concentración más alta en comparación con el tejido óseo cortical, más compacto. Aparte de la variación observada dentro de un solo hueso, también se observa una gran variación en la concentración de fármaco que se encuentra dentro de los diferentes huesos del esqueleto. Los huesos largos tienden a dar concentraciones más altas en comparación con los huesos pequeños e irregulares.

Por su parte, la médula ósea tiene la ventaja de que está bien protegida de cualquier contaminación siempre que el hueso esté intacto, lo que incluye casos de descomposición extrema. Algunos estudios han comparado la capacidad de detectar sustancias entre la médula ósea y la sangre. No obstante, llegaron a conclusiones diferentes según el analito, la dosis y el intervalo entre la muerte y la administración. Por el momento, la ausencia de datos de referencia de las concentraciones de fármaco en el tejido esquelético humano plantea un problema para realizar pruebas toxicológicas de manera significativa y confiable en material esquelético humano.

Entonces, ¿se pueden detectar todos los xenobióticos en la médula y el tejido óseo? ¿Los niveles de fármacos encontrados en los huesos o la médula ósea son representativos de los niveles encontrados en sangre en el momento de la muerte?

En el estudio de los autores se evaluó la capacidad para detectar fármacos de interés forense en hueso (médula), así como la idoneidad del hueso como muestra válida para análisis toxicológico. En una primera etapa, los especímenes se compararon con respecto a su capacidad para detectar drogas en un cribado rutinario estándar. En la segunda etapa de la investigación, se aplicaron métodos validados a estas muestras para cuantificar las siguientes drogas: citalopram, clomipramina, metadona y sus metabolitos.

Se obtuvieron muestras post mortem humanas de 11 casos en Bélgica desde abril de 2018 a septiembre de 2019. Los casos se seleccionaron después de detectar metadona, citalopram o clomipramina en sangre. El hueso de la clavícula se eligió como muestra de elección debido a su alta accesibilidad durante la autopsia. Los huesos se limpiaron de tejidos blandos con un bisturí y una máquina lijadora. Tras cortar del hueso un anillo, el interior de este se limpió aún más de los rastros de médula ósea. También se tomó una muestra de sangre.

Cabe señalar que los procedimientos de recolección de tejido esquelético para el análisis de medicamentos no se han estandarizado. En la mayoría de estudios publicados, las muestras se obtienen de ubicaciones aleatorias. Los autores, sin embargo, tomaron las muestras de forma estandarizada, como es recomendable para el desarrollo de una base de datos de referencia. Esto se debe a que la ubicación anatómica influye en las concentraciones de fármaco encontradas.

Aunque la médula ósea mostró intensidades más altas de varios elementos, la mayoría de las sustancias se detectaron usando sangre. En algunos casos, los metabolitos estaban ausentes en la sangre pero se detectaron en la médula ósea. Como explicación podría observarse que el alto contenido de grasa de la médula influye en el número de compuestos detectados. En cualquier caso, el 80,5% de las veces la médula ósea demostró ser una alternativa válida para el análisis de sangre.

Al comparar los resultados de la precipitación de proteínas de la sangre con los resultados de la extracción de hueso, se detectaron menos compuestos en el tejido óseo. Este menor rendimiento del tejido óseo para detectar fármacos podría explicarse por el método de extracción. Los huesos se extrajeron durante 72h a temperatura ambiente, lo que podría provocar la degradación de determinadas sustancias no estables a temperatura ambiente. Otra explicación podría ser que estos medicamentos simplemente no se incorporan al tejido óseo.

Solo se detectó una sustancia (bromazepam) en el tejido óseo que no estaba presente en la sangre o la médula ósea. No obstante, un método altamente sensible desarrollado para las benzodiazepinas mostró que esta sustancia también está presente en la sangre. Esto significa que todos los fármacos que se detectaron en el tejido óseo también se detectaron en la sangre. Así, los hallazgos muestran que, al detectar estas sustancias en el tejido óseo, podría haberse producido una ingesta reciente de dicha sustancia.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que las drogas estudiadas fueron la metadona, citalopram y clomipramina. Estos medicamentos deben tomarse crónicamente para mantener un estado estable. Por tanto, los compuestos detectados en el tejido óseo pueden representar un uso crónico de sustancias. Esto confirmaría la hipótesis de que el tejido óseo sirve como depósito de drogas para casos de abuso crónico de sustancias. Lamentablemente, se carecía de antecedentes médicos del individuo en los 11 casos.

Así, se identificaron con éxito múltiples fármacos en todas las matrices de la muestra. Se detectaron menos sustancias en los huesos que en la sangre, pero se confirmó que el tejido esquelético es una alternativa válida cuando no hay sangre disponible. En especial, la médula ósea mostró un gran potencial.

En conclusión, bajo las condiciones experimentales del estudio de los autores, se reveló una indicación de que el tejido esquelético puede usarse para estimar las concentraciones en sangre de metadona y citalopram. Por ende, tanto el hueso como la médula ósea son de gran interés potencial y pueden ser útiles para determinar la posible implicación de fármacos en casos de toxicología forense.

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La información contextual en Toxicología Forense. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “The effect of contextual information on decision-making in forensic toxicology” de Hammett, H. J. y Dror, I. E. (2020), en el que se describe la importancia de la información contextual a la hora de tomar decisiones en el ámbito de la toxicología forense.

La toxicología forense consiste en el análisis de fluidos biológicos en busca de drogas, alcohol o venenos. El fin consiste en evaluar el papel de estas sustancias en casos de actuación humana, muertes súbitas y casos penales.

Aunque a menudo se percibe como “objetiva”, muchos aspectos de la toxicología forense implican la interpretación y toma de decisiones subjetivas que dependen del examinador forense. Por tanto, es importante comprender el papel de los factores humanos cognitivos en la configuración de las decisiones en esta disciplina. El sesgo cognitivo puede surgir de diferentes fuentes. Algunas de estas fuentes pueden estar relacionadas con el caso en cuestión, como materiales de referencia o información irrelevante del caso. Otras no tienen nada que ver con el caso en cuestión, sino más bien con el examinador.

Tres aspectos clave de un caso de toxicología pueden verse afectados por el sesgo cognitivo: la selección de las pruebas o estrategia del caso; la identificación de una sustancia durante la detección de drogas; y la interpretación de los resultados de las pruebas.

Por ejemplo, la selección de pruebas puede verse influenciada por el sesgo de frecuencia esperada. Si el toxicólogo basa incorrectamente sus decisiones en experiencias pasadas y suposiciones sobre las personas involucradas en el caso, entonces el tratamiento del caso está sesgado. Durante la detección de drogas, las comparaciones pueden verse afectadas si, por ejemplo, el analista recibe información contextual sobre el caso. La interpretación en toxicología forense a menudo es subjetiva; se basa en el toxicólogo individual específico que realiza el trabajo, su propio conocimiento y experiencia personal. Esto puede crear expectativas que conduzcan a sesgos de confirmación o visión de túnel.

Sin embargo, a excepción de los autores, ningún estudio ha examinado empíricamente los posibles sesgos en la toma de decisiones de toxicología forense. El inmunoensayo se utiliza en toxicología forense para examinar rápidamente muestras biológicas en busca de grupos o “familias” de fármacos. Los resultados no proporcionan evidencia inequívoca de la presencia de un fármaco. Así, cualquier hallazgo positivo debe ser confirmado por otra técnica más sofisticada. Esto se debe a que se sabe que los inmunoensayos pueden presentar falsos positivos.

Los inmunoensayos son pruebas simples de cambio de color. En el penúltimo paso de la prueba se observa la intensidad del color producido por la muestra y se convierte a un valor numérico. Al igual que muchas pruebas en toxicología forense, el cribado de inmunoensayos se realiza en lotes. Esto es, se analizan varios casos juntos, a veces con repeticiones de muestras de cada caso, así como muestras de control positivas y negativas. También es común que el analista que realiza el inmunoensayo sea diferente al toxicólogo que informa e interpreta el caso.

Por tanto, al igual que con otras disciplinas forenses, los métodos utilizados en toxicología forense pueden producir datos ambiguos. Para los toxicólogos que deciden sobre las pruebas, puede haber un marco existente dentro de la organización que pueda guiar la elección de los análisis. Esto es más común en los laboratorios acreditados. En otros laboratorios no existe un conjunto estándar de pruebas de detección y las decisiones se toman ad hoc, caso por caso. En este escenario, la elección de las pruebas es subjetiva y, en consecuencia, puede verse afectada por el sesgo de frecuencia esperado.

Teniendo estos datos en cuenta, los autores investigaron en su estudio el efecto de la información contextual en el análisis de los datos producidos durante una prueba de inmunoensayo, concretamente para opiáceos. El estudio se centró en la elección de pruebas de drogas para cinco casos post-mortem. Los participantes fueron 58 estudiantes de tercer año de Ciencias y Química Forense. Recibieron capacitación para analizar datos de inmunoensayos y determinar la estrategia del caso antes de completar las tareas. Estos completaron la tarea de inmunoensayo (experimento 1); de estos, 53 participantes completaron la tarea de estrategia de caso (experimento 2).

Los resultados muestran que los participantes eligieron diferentes formas de abordar el siguiente paso de la prueba a partir de los mismos datos cuando contaban con diferente información contextual irrelevante.

En el experimento 1, la presencia de información del caso provocó una disminución en la precisión al analizar los datos brutos de los inmunoensayos. Esto fue incluso cuando el contexto reforzó la decisión matemáticamente correcta. Esto podría deberse a la carga cognitiva general de la tarea. Así, el acceso a la información del caso afecta a la toma de decisiones.

Aunque la respuesta matemáticamente correcta es clara, se sabe que el inmunoensayo produce tanto falsos positivos como falsos negativos. Dado esto, una estrategia científica válida podría ser repetir o confirmar todos los casos límite. No obstante, esto solo debería hacerse si es un procedimiento pre-documentado en el laboratorio, no si depende de que los resultados sean los ‘esperados’ o no.

Sin embargo, lo que es más probable que ocurra es que el analista derive el caso a un toxicólogo experimentado. Este leería las circunstancias del caso para tomar la “mejor” decisión. En este curso de acción encontramos tres problemas.

El primero es que analizar los datos de los inmunoensayos es una decisión científica, la cual debe tomarse sobre la base de criterios científicos. La exposición a la información del caso compromete esta independencia científica. La información contextual se utiliza para “llenar los vacíos” de pruebas difíciles. El segundo problema son las consecuencias de una confirmación innecesaria; esto puede hacer perder tiempo y recursos, generando costes innecesarios. En el peor de los casos, podría destruir una muestra limitada, dando un resultado incorrecto. El tercer problema son las consecuencias de que, al no producirse la confirmación, no se detecte una sustancia que está presente.

En el experimento 2, se demostró que la información demográfica (edad y origen étnico) afecta a la elección de las pruebas realizadas para los casos post-mortem, aún cuando las circunstancias entre casos son idénticas. En el estudio, las diferencias en la elección de las pruebas por parte de los participantes se basaron en sus experiencias personalespasadas, suposiciones o percepciones sobre el uso de drogas entre ciertos grupos de edad y/o etnias.

En consecuencia, no se aboga por limitar el acceso a la información contextual. En su lugar, buscar un enfoque coherente y documentado para elegir las pruebas reduciría los sesgos en estas decisiones. Los límites de edad se utilizan comúnmente en los laboratorios de toxicología forense cuando se toman decisiones sobre las pruebas, para minimizar la carga de trabajo. No obstante, es importante que estos se basen en pruebas científicas fiables y actualizadas sobre el uso de drogas en determinadas poblaciones, no en las experiencias pasadas o percepciones del toxicólogo.

Por lo tanto, los autores proponen que, cuando sea posible, los laboratorios de toxicología forense utilicen un marco coherente para elegir las pruebas, así como que las variaciones o decisiones de cada caso se documenten y justifiquen debidamente.

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Signos de intoxicación en la cavidad oral. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Oral Manifestations of Poisons in View of Forensic Odontology-A Review” de Arthanari, A.; Doggalli, N.; M. A. y Rani, S. (2020), en el cual se realiza una revisión de cómo distintos tipos de tóxicos afectan a la cavidad oral de una persona, dejando signos de intoxicación.

La cavidad oral es la parte que aporta la información más importante en casos de consumo de venenos o tóxicos. La razón radica en que es relativamente fácil analizar qué tipo de tóxico se ha consumido en base a los cambios de color. Las manifestaciones orales hacen referencia, por su parte, a cambios clínicos o en la autopsia en la cavidad oral.

Así, las intoxicaciones pueden producirse mediante tóxicos que se encuentran en diversos ámbitos. En los hogares encontraríamos detergentes, desinfectantes, antisépticos… O el uso de medicamentos, dado el abuso de drogas, sobremedicación o una medicación errónea. Por otro lado, también encontramos venenos de fuentes agrícolas como pesticidas, fungicidas, etc., o de origen industrial, en las fábricas donde muchos tóxicos son producidos, tratados y manufacturados.

Una intoxicación también puede producirse mediante ingesta de comidas y bebidas, debido a una contaminación accidental o por los aditivos y preservantes de la comida. En cualquier caso, estás no son las únicas fuentes, pues son diversas (mordeduras de serpientes u otros animales, contaminación urbana, intoxicación por gas de alcantarillado, etc.).

Así, una de las clasificaciones que puede establecerse de los tóxicos es distinguiendo entre químicos y fisiológicos o farmacológicos. En los tóxicos químicos, a su vez, puede distinguirse entre aquellos de origen inorgánico (corrosivos y sales metálicas y no metálicas) y orgánico (volátiles, alcaloides…).

Los tóxicos fisiológicos/farmacológicos, por su parte, nos permiten diferenciar entre tóxicos corrosivos (fuerte álcalis —un compuesto empleado en determinados medicamentos, sobretodo efervescentes—, mineral, y ácidos orgánicos) e irritantes (de origen metálico, vegetal o gases).

Bien, tras estas breves referencias teóricas, a continuación se exponen una serie de elementos junto a los signos orales de intoxicación que cada sustancia deja.

Por un lado, los compuestos organofosforados aluden al nombre general de cualquier compuesto que contenga fósforo. Dichos compuestos se utilizan ampliamente en la agricultura para la protección de cultivos, el control de plagas y, además, en usos veterinarios, médicos y los denominados “gases nerviosos” en operaciones químicas.

En base a su toxicidad y uso clínico se clasifican en compuestos de alta, intermedia o baja toxicidad. La mayoría son agentes altamente solubles en lípidos (grasas) y se absorben bien en la piel, las membranas mucosas orales y la membrana conjuntiva (ojos). Con respecto a sus manifestaciones clínicas, si bien dependen de diversos factores, la mayoría de intoxicaciones por fósforo se caracterizan, a nivel oral, por desprender un olor a ajo.

La fostoxina y fumitoxina son componentes empleados para fumigar y el control de plagas. Su manifestación oral, cuando se ingiere, se produce al presentar un olor muy penetrante.

El plomo, en la boca, causa astringencia (desecación y contracción) y un sabor metálico. Las manifestaciones orales incluyen un “tono plomo” (gris azulado) de la piel con palidez y una línea azul a lo largo de la encía, con un borde negro azulado en los dientes (esto último síntoma de una intoxicación crónica).

Por su parte, el arsénico es un elemento que se observa principalmente en minerales. De hecho, la contaminación de aguas subterráneas por arsénico es un importante problema de salud pública global. La exposición crónica al arsénico causa varios tipos de lesiones cutáneas. Los signos y síntomas también se encuentran en la lengua, la mucosa gingival y la bucal.

Otra sustancia que podemos nombrar es el ácido bórico, el cual puede utilizarse como pesticida, en desinfectantes o en productos de higiene como pastas de dientes. Las manifestaciones, tanto generales como orales, por su intoxicación incluyen cianosis intensa por la pérdida de oxígeno en la sangre de los labios y uñas (presentan un color azulado o morado). La cavidad oral también presenta inflamaciones y manchas marrones, sufriendo sobretodo efectos corrosivos.

El último ejemplo lo encontramos en el ácido sulfúrico. Este es uno de los químicos industriales de mayor entidad. Es usado en la industria eléctrica, joyería, laboratorios químicos y la agricultura, siendo la ingesta la forma más común de intoxicación. Su manifestación oral se observa en lengua, encías, mucosa bucal y paladar esponjosos, amarillentos e insensibles.

Bien, realizando varios estudios de caso, los autores observaron los siguientes signos de intoxicación, en función del tóxico identificado.

En el primer caso se examinó a un hombre adulto por intoxicación con organofosforados. El examen de la cavidad oral reveló un engrosamiento de las mucosas orales con una decoloración blanquecina de la encía adherida. La lengua también mostraba manchas blancas.

En el segundo caso se trató a un joyero que, accidentalmente, se intoxicó ingiriendo ácido sulfúrico. Sufrió quemaduras cutáneas inmediatas de diversa extensión y profundidad. Bucalmente, tenía un trismo (contracción de los músculos de la mandíbula y boca) severo, con lengua, encías, mucosa bucal y paladar esponjosos, amarillentos e insensibles.

El tercer caso también era una intoxicación mortal por ácido sulfúrico por parte de una mujer joven. Se observó hinchazón en los labios con signos de cianosis, una decoloración amarillenta de la mucosa oral y de la lengua, así como una decoloración excesivamente blanquecina de los dientes. El análisis químico determinó la ingesta del tóxico como la causa de la muerte.

El cuarto caso examinado fue el de un mecánico fallecido, con un presunto historial de consumo de matarratas mezclado con ácido de batería, presentando las cavidades bucales un color café. El examen clínico reveló una congestión y ulceración de la boca. En la autopsia se observaron erosiones y pequeñas hemorragias en los labios y en la cara dorsal de la lengua.

El último y quinto caso presentado es el de una adolescente fallecida por la mordedura venenosa de una serpiente. Todo su cuerpo se había puesto pálido y salía espuma de su boca. Esto coincide con las manifestaciones orales más habituales producidas por el veneno de serpientes. Dichas manifestaciones incluyen: hemorragia sistémica espontánea, detectada más frecuentemente en los surcos gingivales y paralización de los músculos bucales, faciales y del cuello. También se forma localmente espuma y se produce una decoloración azulada o negruzca de la cavidad oral y la cara.

En conclusión, las encías y la lengua son las partes de la cavidad oral donde más visibles son los efectos de los diferentes tóxicos expuestos. Y, de estas observaciones, puede beneficiarse la Toxicología Forense, sin perjuicio de otras técnicas y tecnologías que permitan esclarecer la investigación forense.

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Nanotecnología forense: identificación de huellas dactilares latentes. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Role of nanomaterials for forensic investigations and latent fingerprinting – a review” de Prasad V., Lukose S., Agarwal P. y Prasad L. (2020), en el cual se revisa el importante papel que actualmente tiene la nanotecnología en la detección de huellas dactilares latentes.

La nanotecnología es el campo científico que estudia materiales a escala nanométrica. Esta área también puede ser definida como la síntesis de materia a nivel atómico, con tamaño entre 1 y 100 nanómetros (nm).

La utilidad de la nanociencia y la nanotecnología se conoce desde el siglo IV. El oro fue utilizado por primera vez como nanopartícula por los romanos en las copas de Licurgo, aplicándose como agente de recubrimiento. Actualmente, la nanotecnología se puede aplicar ampliamente en diferentes campos como electrónica, desarrollo y análisis de drogas y construcción.

Adicionalmente a su vital importancia en muchos otros campos, también tiene un impacto significativo en las ciencias forenses. En este caso hablamos de nano-forensics, la última innovación en este campo. La evolución de los nano-sensores y nano-dispositivos permite identificar evidencias anónimas. Los instrumentos utilizados previamente en otros campos para estudiar nanomateriales también consiguen dar respuestas en las ciencias forenses. Uno de ellos es el microscopio de fuerza atómica (AFM).

La aplicación de nanotecnología en las ciencias forenses ya cubre varias áreas. En documentoscopia, con la ayuda del AFM, se ha conseguido analizar el cruce de tintas analizando ciertas superficies de documentos. En el análisis de manchas secas de sangre se ha conseguido determinar la edad de estas. Se utilizó el AFM también en este caso, analizando la elasticidad de los eritrocitos.

La Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR) es un método utilizado para producir varias copias de un fragmento de ADN. Estudios recientes han mostrado que las nanopartículas de oro tienen la habilidad de incrementar la eficiencia de la PCR. Cuando se añaden de 0,7 a 13 nm de partículas de oro, el tiempo de la PCR se reduce.

En el análisis de huellas dactilares se ha observado que el uso de nanopartículas tienen un gran potencial para mejorar este proceso. Se trabaja en el desarrollo de nuevas técnicas conocidas como nano-huellas (dactilares). Cualquier avance en este campo será muy valioso dado que las huellas son evidencias de una identidad humana. Por tanto, en investigaciones de escenarios de crimen serían de mucha utilidad, especialmente para detectar las huellas dactilares latentes.

Las huellas dactilares latentes son aquellas invisibles al ojo humano. Se trasfieren a las superficies a través de secreciones corporales y contaminantes encontrados en los dedos. Son las más difíciles de identificar a diferencia de las huellas patentes y las plásticas. Las patentes se observan a simple vista. Se plasman en las superficies a través de sustancias como sangre, pintura o grasa. Las huellas plásticas son aquellas generadas por la presión de los dedos en objetos blandos, como jabón, cera o pegamento.

Las huellas dactilares contienen secreciones corporales y agentes contaminantes del medio en el que se encuentran. Las secreciones provienen de 3 tipos de glándulas: ecrinas, apocrinas y sebáceas. La elección de la técnica para detectar huellas latentes depende tanto del contenido de la huella, así como de la naturaleza de la superficie. Por eso, existen varios métodos con diferentes nanopartículas que vamos a describir a continuación.

Nanopartículas de plata. La plata metálica tiene afinidad con componentes orgánicos que residen en las huellas. Este tipo de nanopartículas se han utilizado como reactivo desde 1970 para visualizar huellas latentes en superficies porosas de papel. El método utilizado tiene la habilidad de mostrar huellas en superficies expuestas a luz solar intensa durante varias horas. La desventaja es alto coste en tiempo y dinero, poca estabilidad y un procesamiento destructivo que contamina los documentos.

Nanopartículas de oro. Juegan un papel importante en la visualización de huellas latentes por su naturaleza inerte, alta selectividad y sensibilidad. También tienen atributos que permiten almacenar las huellas por un largo periodo de tiempo. El método utilizado es el de deposición multimetal (MMD).

Confieren mayor intensidad y claridad en las huellas encontradas comparado con métodos que utilizan nanopartículas de plata. Su desventaja es su no utilidad en huellas encontradas en paredes y suelos. Básicamente, no sirve para ningún objeto/superficie demasiado grande como para sumergirlo en una bañera de laboratorio.

Nanopartículas de óxido de zinc. Tienen propiedades que permiten la transición de huellas latentes a patentes a temperatura ambiente. También presenta una propiedad adhesiva que facilita la interacción con residuos lipídicos y proteínicos de las huellas a temperatura ambiente. Permiten determinar la antigüedad de las huellas en superficies no porosas. En cambio, no son muy efectivas para las huellas encontradas en superficies porosas.

Nanopartículas de sílice. Su uso es un método novedoso que mejora la detección de huellas latentes por su facilidad de síntesis. También tienen la habilidad de recubrir tintes, lo que previenen la foto-descomposición. Sirve para huellas plasmadas en superficies no porosas. Se ha observado un mecanismo electrostático entre estas nanopartículas y residuos de huellas similar al que se da en MMD.

Nanopartículas de óxido de aluminio. Con este tipo de partículas se desarrollaron nano-polvos no tóxicos y eco-friendly. Esos nano-polvos se sintetizas con: nano-partículas de óxido de aluminio, recubiertas de eosina amarilla y un extracto hidrofóbico vegetal. El extracto repele moléculas de agua y permite que los polvos se adhieran a los componentes oleicos de huellas latentes.  Estas nanopartículas permiten visualizar huellas en superficies porosas y no porosas. Además, sirven para identificar huellas muy difuminadas o descoloridas.

Hay muchos más métodos y nano-partículas que se han desarrollado, pero muchos de ellos son bastante más complejos para resumir. Incluso existen métodos de imagen con espectroscopio que permiten detectar metabolitos de cocaína en huellas latentes. De todas las nanopartículas, las de oro parecen tener una capacidad más amplia. Por sí solas o junto a diferentes reactivos permiten la identificación de huellas latentes en diferentes situaciones. Ya sabía Hodgins, el rey del laboratorio de la serie Bones, que el oro le permitirá resolver el caso.

Como conclusión, la nanotecnología parece de gran utilidad en las ciencias forenses. Gracias a todos los avances científicos, la identificación de huellas, así como otros procesos del contexto forense, será cada vez más preciso y, probablemente, más fácil y rápido.

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Patrones de abuso y niveles postmortem de gabapentina. Club de Ciencias Forenses

gabapentina Patrones de abuso y niveles postmortem de gabapentina. Club de Ciencias Forenses

Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Gabapentin – related Deaths: Patterns of Abuse and Postmortem levels” de Thrap, Hobron y Wright; en él nos hablan sobre los patrones que siguen las muertes relacionadas con la Gabapentina.

La Gabapentina (ácido 1- (aminometil)ciclohexanoacético) es un análogo a GABA, es un medicamento para tratar el control de las convulsiones y la posterapéutica, también es útil para el dolor crónico y la neuropatía periférica general. Su uso fue aprobado por la FDA en 1993. En los últimos años se uso ha aumentado, entre 2011 y 2015 en EE.UU. se pasó de los 33 millones de recetas a los 57 millones. Como efectos secundarios de su uso terapéutico destacan mareos, somnolencia, fatiga, ataxia y edema periférico. Hay pocos casos en la literatura preexistente sobre sobredosis fatales, en la mayoría la concentración en sangre era superior a 37 mg. En la mayoría de los casos el paciente sobrevivió con los cuidados de apoyo, y presentaron coma, hipotensión, depresión respiratoria, somnolencia y dificultad para hablar.

La sobredosis de opioides recetados ha sido la causa de muerte en 471 casos en Virginia. El número de muertes por Gabapentina ha aumentado en los últimos años, así como su abuso en el entorno clínico. En el año 2017 la Junta de Medicina incluyó la Gabapentina en su lista de medicamentos regulados para monitorear su prescripción.

El presente estudio es una revisión retrospectiva de los casos de muerte por Gabapentina para poder tener una mayor comprensión de sus efectos terapéuticos al igual que potencialmente tóxicos o letales. Se incluyeron 104 casos ocurridos entre 2014 y 2017 en el distrito Occidental de Virginia. La limitación temporal es que antes de ese año la prueba para la Gabapentina solo se podía realizar en laboratorios externos y era relativamente extraño que se pidiese. Las pruebas toxicológicas que se hacen en la actualidad relacionadas con drogas incluyen opiáceos (oxicodona, oximorfona, hidromorfona, hidrocodona, morfina y buprenorfina), cocaína / benzoilecgonina, metanfetamina/MDMA, anfetamina /fentermina, benzodiazepinas, barbitúricos, fenciclidina, carisoprodol/meprobamato, tramadol, fentanilo, metadona, zolpidem, difenhidramina /ciclobenzaprina, dextrometorfano y amitriptilina /nortriptilina; así como un test de alcoholemia.

Para cada caso se revisó edad, sexo, historial médico, concentraciones en sangre y en humor vítreo de Gabapentina, y de cualquier otra sustancia detectada. Además, un patólogo determinó si la Gabapentina tenía relación con la causa de la muerte o no. También, se examinaron 53 casos en los que el conductor de un accidente no letal dio positivo a la Gabapentina.  Se tomaron como muestra, en el caso de los cadáveres dos viales de sangre con preferencia de los vasos femorales o de los vasos ilíacos, subclavios o del corazón, también se recogió un vial de orina si estaba presente, así como un vial del humor vítreo. En el caso de las personas vivas se les recogió dos viales de sangre del brazo. Todas las muestras se conservaron a 4ºC hasta su análisis. Las muestras fueron analizadas en un cromatógrafo de líquidos conectado a un espectrómetro de masas.

Se realizaron tres análisis: el primero de ellos era para determinar las concentraciones en sangre de Gabapentina entre las muertes y así poder distinguir entre aquellas donde el fármaco causó la muerte, donde contribuyó y en las que no tuvo un papel relevante. También se examinó las muestras de los conductores. El segundo análisis se encargó de determinar la cantidad en sangre en todos los muertos y comprobar las diferencias dependiendo del tipo de muerte (accidental, natural o suicidio). El último análisis se hizo para establecer la relación de la concentración en sangre con la concentración en el humor vítreo.

De los 104 casos mortales donde estaba implicada la Gabapentina, 65 fueron mujeres y 39 hombres. De ellos 72 casos estaban relacionados con la droga, 12 eran suicidios, 19 muertes naturales y 1 homicidio. En 49 de los casos la Gabapentina fue causa directa de la muerte y en otros 11 casos contribuyó su toxicidad a la muerte. En 51 casos fue accidental la muerte, solo 9 casos se utilizó como objeto de suicidarse. En 44 casos no tuvo un papel determinante, 21 fueron intoxicaciones por medicamentos. De los 53 casos de accidentes, solo 47 de ellos se tenía notas sobre el sexo y la edad de los infractores, siendo 27 hombres y 20 mujeres con una edad media de 45 años. En 48 casos se detectó otras drogas adicionales, siendo la más común (26 casos) las benzodiazepinas.

En relación con los niveles que se detectaron como causante directo de la muerte se sitúa la concentración entre 1,1 y 59,2 mg/L, estando la media en 24,8 mg/L. Para el grupo que no se consideró relevante para la muerte los niveles estaban entre 1,0 y 23,0 mg/L, siendo la media de 10,6 mg/L. En el grupo de conductores los niveles eran de 1,5 a 31,0 mg/L, estando la media en 11,0 mg/L.

El análisis 2 destacó unos niveles de Gabapentina mayores (22,0) en los casos de accidentes que en los casos de muerte natural (9,9), aunque los suicidios fueron los que los presentaron más altos, alcanzando los 27,8.  En 38 de 49 casos donde la Gabapentina fue la causa de la muerte se detectó también la presencia de al menos un opioide más. En 9 de los 11 casos donde estuvo relacionada pero no fue la causa directa también se detectaron otras drogas. En las muertes naturales sin relación con la Gabapentina solo estuvo presente otras drogas en 9 de 19 casos. En los casos de los conductores en 17 de 49 casos se encontró también rastros de oxicodona, en 10 de 49 de hidrocodona y en 7 de ellos de buprenorfina. También se encontraron trazas de antidepresivos en todas las categorías.

En relación al tercer análisis se determinó que había diferencias de valores, siendo los niveles de Gabapentina en el humor vítreo menores que en sangre, oscilando entre el 21,4% más alto en sangre al 76,2% menor en el humor vítreo. Esto nos dice que el humor vítreo es una prueba que se puede realizar cuando en el contexto forense no haya sangre disponible pero que los resultados saldrán con una concentración menor.

Este estudio deja claro que la Gabapentina debería incluirse dentro de las pruebas habituales de tóxicos en las muertes y no esperar a una petición expresa del investigador del caso ya que en los últimos años ha aumentado sus prescripciones.

 

La pantalla del móvil revela toda nuestra vida. Club Ciencias Forenses.

la pantalla del móvil revela toda nuestra vida. club ciencias forenses La pantalla del móvil revela toda nuestra vida. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Lifestyle chemistries from phones for individual profiling”, de los autores Amina Bouslimani, Alexey V. Melnik, Zhenjiang Xu, Amnon Amir, Ricardo R. da Silva, Mingxun Wang, Nuno Bandeira, Theodore Alexandrov, Rob Knight y Pieter C. Dorrestein, de la Universidad de California, que estudian los restos orgánicos de los teléfonos móviles.

Sabemos que nuestro móvil tiene todo sobre nosotros. En las redes sociales están los datos de nuestros amigos, dónde trabajamos e incluso dónde estamos pasando las vacaciones. En la galería de imágenes hay más fotos de nuestra vida privada en un año de las que nuestros padres se hicieron en toda una vida. En Youtube hay un registro de qué música escuchas y Google sabe dónde has estado. Nuestro móvil puede realizar un análisis completo de nuestras vidas y nuestra forma de ser. Pero, ¿sabías que puede hacerlo también sin necesidad de desbloquear tu pantalla?

Cada vez que nuestros dedos tocan el teléfono móvil, dejamos atrás pequeños restos. A veces células de piel, otras de lo que hemos tocado recientemente. Pequeñas moléculas del café del desayuno, del champú o tabaco. El móvil, que de media tenemos unas cinco horas diarias en las manos, es también una especie de diario de nuestra propia vida para un científico forense.

En este estudio analizaron las sobras químicas en los teléfonos de 39 voluntarios, pasando un simple bastoncillo por la pantalla, y los dedos de la mano derecha, comparando los patrones químicos entre ambos. La coincidencia entre ambos sugeriría que esas moléculas de la piel habían sido transferidas al teléfono de cada usuario. Los científicos identificaron muchas de las moléculas que encontraron y posteriormente los compararon con una base de datos de productos químicos que contiene los perfiles de varios compuestos, incluyendo especias, cafeína y medicinas.

Las huellas de cientos de miles de moléculas diferentes aparecieron en cada teléfono. Las moléculas reflejaban lo que había estado en el cuerpo, como los medicamentos y los alimentos. También reflejaban lo que cada persona había manejado antes de tocar el teléfono, como jabón o maquillaje. De hecho, la mayoría de las moléculas provienen de productos de belleza, medicinas y alimentos. Estos residuos ayudaron a los científicos a analizar el comportamiento de cada usuario del teléfono. Los resultados a menudo podían descubrir si al propietario de un teléfono le gustaba la comida picante, bebía café o usaba desodorante. Las pruebas podían indicar lugares que alguien había visitado recientemente o incluso podían señalar si estaba enfermo.

Incluso después de lavarnos las manos tras comer, pequeños rastros moleculares quedan en nuestros dedos y pasan al teléfono. De hecho, lavarnos las manos añade a nuestra huella molecular rastros de jabón. Cada actividad aumenta la complejidad de la huella que vamos depositando. Encontramos por ejemplo el caso del participante número 21, en cuya pantalla se apreciaban restos de un medicamento antidepresivo, el citalopram, seguramente procedente del sudor de sus manos.

Esto significa que con sólo analizar un teléfono móvil, podemos hacer un perfil de su usuario. Por ejemplo, podríamos decir si probablemente es una mujer, qué tipo de cosméticos usa, si se tiñe el cabello, si bebe café, si prefiere el vino a la cerveza o si toma comida picante. La policía ya utiliza análisis moleculares para buscar rastros de explosivos o drogas ilegales, pero pronto podrán usar los residuos del teléfono para reducir las pistas en buscar a un sospechoso o localizar a alguien que dejó un teléfono detrás en una escena del crimen. La privacidad en el siglo XXI será pronto tan sólo un recuerdo anecdótico del siglo XX.

Toxicología Forense. Club Ciencias Forenses.

Toxicología Forense. Club Ciencias Forenses.

Toxicología Forense. Club Ciencias Forenses.

Estimados suscriptores y seguidores del Club de las Ciencias Forenses, en esta ocasión les ofrecemos un resumen del artículo “Informes e interpretación de la Toxicología Forense” de los autores Tabin Millo, A. K. Jaiswal, Akhilesh R. Jhamad y O. P. Murty del Instituto de Ciencias Médicas de la India, que nos aproxima al tema de la toxicología.

El veneno puede clasificarse de varias maneras. Se suele tener en cuenta siete grandes grupos: 1. Gases: Monóxido de carbono, fosfina, cianuro, etc. 2. Sustancias volátiles: etanol, metanol, dibromuro de etileno, hidrato de cloral, etilenglicol etc. 3. Drogas: barbitúricos, benzodiazepinas, salicilatos fenotiazina, amitriptilina, opiáceos y narcóticos, anfetaminas etc. 4. Metales: Talio, selenio, plomo, mercurio, arsénico, antimonio etc. 5. Pesticidas: órganoclorados y órgano fósforos, carbonatos, allenthrine, piretroides etc. 6. Aniones: bromuros, cloratos, fluoruros, nitratos, etc. 7. Varios: Kaner, Dhatura, fertilizantes, insulina, digitales, etc. En los casos de muerte por envenenamiento el médico forense puede aconsejar el análisis de algún veneno sospechoso después de haber obtenido información relevante de los familiares, del agente a cargo de la investigación y de los hallazgos post mórtem. Sin embargo, en muchos casos, el médico y el agente investigador no tienen ningún indicio o pista concretos para buscar un veneno. En estos casos, el toxicólogo forense tiene que detectar todos los venenos comunes. Tras el análisis de la muestra, debe responder a las siguientes preguntas: 1. Si se ha detectado algún veneno. 2. Si se ha detectado, ¿cuál es su nivel? Incluso cuando la causa de la muerte está clara, es recomendable hacer una prueba de drogas general en caso de sospecha de envenenamiento. Los informes de toxicología forense suelen expresarse de diferentes formas: 1. “Las muestras no contienen ningún veneno común” 2. “El veneno común no ha sido detectado en la muestra” 3. La muestra no es apta para su análisis. Se ha propuesto que las denominaciones de los venenos comunes analizados deben reflejarse en el informe ya que la lista de estos venenos puede variar de un laboratorio a otro.

El informe firmado por cualquier investigador químico o asistente investigador químico del Gobierno sobre cualquier asunto debidamente presentado para su examen o análisis, puede ser admitido como prueba sin que el funcionario en cuestión deba ser interrogado durante el juicio para ratificarlo. El informe toxicológico es entregado al agente investigador del caso y es presentado entonces al médico forense que realizó la autopsia para dictaminar la causa de la muerte. El médico forense tiene que interpretar el informe en relación a los efectos fisiológicos de los analitos (componentes de interés analítico de una muestra) en cuanto a su concentración y los hallazgos post mórtem. El agente a cargo de la investigación tiene derecho a determinar el tipo de muerte, si fue envenenamiento por suicidio, accidental u homicida, pero el médico puede ayudar a llegar a una conclusión en base al informe toxicológico y a los hallazgos post mórtem y otras evidencias circunstanciales. El médico debe tener en cuenta muchos factores al interpretar el informe toxicológico: 1. Vía de administración. Los métodos más comunes son por vía oral, intravenosa y por inhalación. 2. Efecto sinérgico de las drogas. Es importante saber que los fármacos que se toman en combinación con otros pueden ser más tóxicos que si se examinan por separado. 3. La edad, el sexo, el peso, los factores genéticos, la tolerancia, la exposición ambiental y el estado de salud general del individuo. Todos estos factores pueden influir en la reacción de una determinada concentración de un analito o combinación de analitos. 4. Si la droga/veneno es terapéutico, nivel crónico elevado o sobredosis aguda. 5. Cuando se establece la presencia de trazas de una sustancia altamente tóxica, se puede confirmar la causa de la muerte por envenenamiento. 6. En caso de intoxicación por ingestión, la cantidad restante en el estómago en el momento de la muerte es lo que queda después de los vómitos y de la absorción. 7. En caso de intoxicación por monóxido de carbono, también hay que tener en cuenta la hemoglobina total. 8. Se ha observado que los valores varían entre las muestras de sangre tomadas de diferentes partes de un mismo cuerpo. 9. La redistribución de drogas post mórtem. La concentración de drogas en sangre varia significativamente a medida que transcurre el periodo post mórtem; tiende a incrementarse.

En algunos casos, la historia, las circunstancias y los hallazgos post mórtem pueden sugerir claramente que el envenenamiento es la causa más probable de la muerte, pero el informe toxicológico puede ser negativo. Las posibles explicaciones de falsos negativos son: 1. En los casos en que la víctima/fallecido ha ingresado en el hospital con una gran demora, la posibilidad de detectar veneno en las vísceras disminuye. 2. Material biológico Insuficiente (tejido, sangre, orina, etc.) para su análisis. 3. En la descomposición post mórtem, muchos venenos presentes en el tejido sufren cambios químicos que no pueden ser detectados. 4. Todo el veneno puede desaparecer de los pulmones, en el caso de veneno volátil por evaporación u oxidación. 5. El veneno puede haber sido vomitado, excretado, neutralizado, metabolizado, desintoxicado hasta tal punto que no puede ser detectado. 6. Algunos alcaloides vegetales no pueden ser detectados por análisis químico. 7. Es bien sabido que los procedimientos habituales de cribado toxicológico no detectan la hemoglobina como la carboxihemoglobina, la sulphamethemoglobina y la metahemoglobina, los diuréticos, disolventes, los compuestos radiactivos, los antibióticos, los anti-inflamatorios no esteroideos, excepto la aspirina y el paracetamol, los bloqueadores de canales de calcio y los bloqueadores beta. 8. Algunos fármacos se metabolizan rápidamente y puede existir una completa asimilación del veneno por el cuerpo. 9. Las toxinas biológicas y el veneno de serpiente son proteínas y no pueden ser separados de los tejidos del cuerpo. 10. Algunos venenos orgánicos se descomponen debido a la inadecuada conservación. 11. Algunos medicamentos presentan dosis muy bajas y necesitan una considerable cantidad de vísceras y un análisis delicado. 12. La diamorfina (heroína) rara vez se detecta ya que rápidamente se hidroliza en monoacetyl morfina que no suele ser detectada. 13. Algunos compuestos inorgánicos son demasiado antagónicos (Hg, fósforo etc.). 14. Los anestésicos están principalmente compuestos de éster y se hidrolizan a temperatura ambiente. 15. Algunas sustancias pueden tener diferencias en la estructura en relación a su tipología de fármaco. 16. La manipulación de las vísceras durante la preservación por intereses particulares o motivos equivocados. 17. El uso de técnicas analíticas inadecuadas. 18. Algunos laboratorios no hacen pruebas de drogas, enzimas y toxinas. 19. Escaso control de calidad del laboratorio, análisis defectuosos puesto que muchos laboratorios no están acreditados y las mejoras y actualización de las instalaciones son insuficientes. 20. La localización de una sustancia que no puede ser reseñada al ser natural o constituyente del cuerpo como los fosfatos. 21. La falta de instrumental sofisticado. 22. La carencia de científicos con conocimientos técnicos, cualificados y con experiencia. No obstante, una exploración negativa no significa necesariamente que una toxina no este presente. Únicamente quiere decir que no se ha hallado ninguno de los que se encontraba en la lista.

Por otra parte, las causas de falsos positivos se deben a: 1. La descomposición. Cuando la muestra no está bien conservada y se envía para su análisis después de un determinado tiempo, existe la posibilidad de producción post mórtem de alcohol etílico, cianuro, monóxido de carbono, cetonas, sulfuros, etc., que puede proporcionar un falso positivo. Se ha observado que la producción autógena de alcohol en los tejidos de un cuerpo en descomposición puede ocurrir debido la acción de ciertos microorganismos. Asimismo se sabe que existe una producción esporádica de pequeñas cantidades de monóxido de carbono (10%) en la sangre almacenada. Las aminas también se producen durante la descomposición, lo que puede interferir con el análisis de drogas. En los tejidos en descomposición puede existir una producción de fosfina proveniente de la reducción bacteriana de fosfato. Por lo tanto es importante absorber el gas H2S de la muestra descompuesta antes del examen de fosfuro para evitar falsos positivos. 2. El uso de un conservante inapropiado. Si las vísceras se conservan en formol o alcohol desnaturalizado puede dar falsos positivos ya que pueden contaminarse con el metanol, el butanol y el sulfato de cobre. 3. Los falsos positivos en los inmunoensayos se deben principalmente a un cruce de reactividad y semejanza estructural. 4. El instrumental inadecuado y la falta de estandarización pueden conducir a falsos positivos o falsos negativos. 5. Los errores en las cantidades de la sustancias debidos a un fallo humano durante el examen de las vísceras. 6. La manipulación de las vísceras durante la preservación por intereses particulares o motivos equivocados.

Orfila, considerado el padre de la toxicología, estableció muchos de los principios rectores de la toxicología que siguen siendo validos hoy en día. Estos son: 1. La experiencia es fundamental para la credibilidad y la fiabilidad. 2. Todos los hechos que rodean el caso deben presentarse a los analistas. 3. Todas las pruebas deben entregarse debidamente identificadas, etiquetadas y cerradas. 4. Todas las pruebas deben realizarse y registrarse debidamente. 5. Los reactivos deben ser muestras puras y el control de muestras debe estar libre de los analitos de interés para el análisis. 6. Todas las pruebas deben repetirse y compararse con las muestras cuyas cantidades conocidas de analitos de interés han sido añadidas. La realización de una prueba positiva empleando preferentemente una metodología debe ser confirmada con otra técnica siempre que las decisiones se basen en los resultados. La combinación de los hallazgos de la exploración clínica del paciente, del tratamiento de los registros, de los aspectos de la autopsia, y de las pruebas puntuales presentadas por laboratorios toxicológicos, juega un papel fundamental en la conclusión del dictamen definitivo.

Es importante para el patólogo y toxicólogo forenses descubrir el modo más apropiado para analizar la muestra biológica, realizar e interpretar los informes según el caso y ayudar al agente a cargo de la investigación a llegar a una conclusión lógica. En la práctica de laboratorio, la disponibilidad de información, la cadena adecuada, los reactivos puros con una doble confirmación, y la repetición de las pruebas siguen siendo la clave del éxito para un buen informe de laboratorio. El patólogo forense tiene que interpretar el informe toxicológico en vista de sus conocimientos acerca de la historia, de las características clínicas, de los registros de tratamiento y de los aspectos de la autopsia.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club de Ciencias Forenses

Traducción y edición: Leticia Moreno