Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el artículo “Does she kill like he kills? Comparison of homicides committed by women with homicides committed by men in Spain” de Santos-Hermoso, J.; Quintana-Touza, J. M.; Medina-Bueno, Z. y Gómez-Colino, M. R. (2021), en el que los autores realizan un análisis de las diferencias entre cómo matan las mujeres y cómo matan los hombres.

Los estudios sobre las conductas delictivas han mostrado que la mayoría de los delitos, especialmente los violentos, son cometidos por hombres.

En el contexto español, la tasa media de delincuencia de los hombres entre los años 2010 y 2018 fue cinco veces superior a la de las mujeres.

A pesar de las diferencias que refleja este dato, a lo largo de los últimos 20 años se ha registrado un aumento constante del número de mujeres condenadas por delitos violentos. Y no sólo en España; de hecho, Finlandia constató un aumento de los homicidios cometidos por mujeres entre 1995 y 2004.

Si bien el estudio de mujeres como víctimas de homicidio ha sido ampliamente estudiado, no ocurre lo mismo si pensamos en ellas como victimarias. Esto es así, principalmente, por el bajo nivel de prevalencia de mujeres asesinas. Y dentro del grupo de investigaciones sobre mujeres homicidas, aún hay menos que analicen los homicidios cometidos por ellas fuera del ámbito familia.

Pero ¿qué sabemos hasta ahora? Pues bien, una de las principales conclusiones extraídas de estos estudios comparativos, es que las mujeres matan principalmente a miembros de su familia, mientras que los hombres tienden a matar a conocidos y extraños.

En cuanto al género de las víctimas, la mayoría de los estudios muestran que tanto hombres como mujeres, prefieren a estas últimas.

Por otro lado, parece ser que las víctimas de corta edad tienden a asociarse con mujeres, principalmente por la implicación de estas en los casos de filicidio.

Con respecto a las características de los agresores, la literatura habla de que las mujeres tienden a estar casadas o en pareja y conviven con otras personas, mientras que los hombres suelen ser solteros y vivir solos. Otro dato sería que ellos suelen tener más antecedentes penales que ellas.

Sobre el consumo de alcohol y drogas, también es más probable que los hombres hayan consumido alguna sustancia, mientras que, con respecto a enfermedades mentales, es más probable que sean ellas las que tengan un diagnóstico previo.

Los hombres matan en escenarios públicos y al aire libre, mientras que las mujeres lo hacen en espacios cerrados, como los hogares. Ellos, además, usan armas de fuego en mayor medida, y ellas tienden a utilizar la asfixia o las armas blancas.

Con estos datos de trabajos anteriores, los autores realizan un estudio con la intención de profundizar en las diferencias entre unos y otros homicidios, pero sin limitarse a un ámbito específico como pueden ser los casos de pareja o los filicidios.

Para ello, analizan casos que corresponden a 577 homicidios resueltos por la Guardia Civil española entre 2013 y 2018 (un 95,5% del total de los casos registrados en esos años).

¿Cuáles fueron los resultados obtenidos?

En primer lugar, hay que señalar que las mujeres perpetradoras constituyeron un 9,8% del total de los perpetradores analizados. De este porcentaje, 3 de cada 4 fueron cometidos por mujeres en el ámbito familiar, destacando los casos de filicidio.

Con respecto al género de las víctimas, sorprendentemente se observó que las mujeres matan predominantemente a hombres, y no a mujeres como se creía; mientras que en los hombres ocurre al contrario. Las mujeres también preferirían a personas jóvenes, por lo que en aquellos casos en los que la víctima es un hombre joven, es más probable que el homicidio lo haya cometido una mujer.

En cuanto al perfil psicosocial, las mujeres asesinan a víctimas que pueden ser consideradas vulnerables, ya sea por lo que acabamos de comentar sobre la juventud, o por el hecho de que estas víctimas puedan exhibir algún tipo de enfermedad o dificultad mental en mayor medida que las víctimas de los hombres.

Sobre los perpetradores, la información que arrojan los autores es que las mujeres son, de media, algo mayores que los hombres, pero la diferencia no es significativa.

Un hallazgo importante que confirma conclusiones de otras investigaciones es que, en mayor medida que los hombres, las mujeres tienden a presentar o estar diagnosticadas con trastornos mentales en momento del incidente. Por otro lado, los hombres están más frecuentemente bajo la influencia de sustancias.

Un hallazgo interesante que las mujeres tienden a cometer los homicidios durante la tarde. No suelen llevarlos a cabo en presencia de testigos, probablemente porque ya hemos visto que prefieren espacios cerrados.

Además, tal y como sugerían otras investigaciones, parece ser que las mujeres tienden a desplazar los cuerpos. Esto puede explicarse porque la mayoría de sus víctimas son familiares y pueden optar por el desplazamiento del cuerpo como método de desvinculación; por otro lado, dado que las víctimas menores de edad están asociadas a las mujeres, sus cuerpos son más sencillos de mover.

Parece que existe consenso en que las armas de fuego son utilizadas principalmente por hombres y los métodos de asfixia por mujeres. De los 100 casos del estudio en los que se utilizaron armas de fuego, sólo 1 involucró a una mujer agresora.

En términos de los comportamientos de los perpetradores posteriores al homicidio, los estudios sugieren que las mujeres permanecen en la escena y tienden a confesar con mayor frecuencia que los hombres.

Este estudio proporciona una base interesante sobre la que seguir investigando las diferencias entre los homicidios cometidos por hombres y los cometidos por mujeres. Si bien una limitación existente podría ser que, sabemos que las mujeres cometen principalmente los homicidios en el ámbito familiar, ¿pero existen diferencias entre los homicidios familiares cometidos por mujeres y hombres?

Por otro lado, aún es necesario desarrollar estudios que incluyan el análisis de otras variables, como si existe o no relación previa entre víctima y victimario.

Los autores señalan este punto como una idea de la que pueden partir investigaciones futuras.

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